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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Heródoto | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Sebekkara Neferusobek (1790 a.C)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Parece que el faraón Amenemhat IV moriría sin dejar un sucesor varón, y su hija mayor Neferuptah moriría a una edad temprana, relegándole a su hermana Sobekneferu la aspiración legítima al trono, siendo así como se proclamó en la primera faraona oficial egipcia, además de ser la última de su dinastía. Antes de ella gobernaron otras [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Parece que el faraón Amenemhat IV moriría sin dejar un sucesor varón, y su hija mayor Neferuptah moriría a una edad temprana, relegándole a su hermana Sobekneferu la aspiración legítima al trono, siendo así como se proclamó en la primera faraona oficial egipcia, además de ser la última de su dinastía. Antes de ella gobernaron otras mujeres como Nitocris, Merneith y Neithotep, y después de ella vendrían otras figuras como Hatshepsut, Nefertiti y Tausert. También conocida como Sobekneferu, esta antigua soberana no sería pues ni la primera ni la última, pero sí la primera en ser reconocida oficialmente como faraona de Egipto. Su nombre significa “las bellezas de Sobek”, como un homenaje a ese dios egipcio con forma de cocodrilo y creador del río Nilo, dios de la fertilidad y la agricultura. Su historia se sitúa en un período conocido hoy como el Imperio Medio de Egipto (2050-1750 a.C.), y se dice que fue la primera en ser reconocida oficialmente como faraona, ya que Neithotep y Merneith gobernarían como reinas consorte, y respecto a Nitocris muchos dudan di si realmente existió o si se confunde con el faraón llamado Neitiqerty Siptah. Lo cierto es que el nombre de Sobekneferu figura en varios listados de reyes como el de Karnak, Saqqara y Turín, siendo la única mujer en aparecer como faraona y último gobernante de la dinastía XII de Egipto. Manetón, sacerdote e historiador egipcio, cuenta que su gobierno duró 3 años, 10 meses y 14 días entre los años 1793 a 1790 a.C. En el Museo del Louvre se pueden apreciar algunas esculturas que modelan su busto, y aunque la mayoría de las que han sido encontradas apenas si tienen el torso y carecen de cabeza. En esta famosa escultura Sobekneferu viste un atuendo con escote en “V” y sobre el cual porta un faldellín masculino que era propio de los faraones, además de llevar en el cuello un distintivo que es particular de los reyes que gobernaron durante el Imperio Medio. Se cree que durante su reinado mandaría a construir estructuras en las ciudades de Heracleopolis Magna y principalmente en Hawara, donde acabaría por completar el complejo funerario dedicado a Amenemhat III, conocido por Heródoto como “El laberinto”, y por lo que algunos historiadores afirman que la faraona era en realidad su hija. A juzgar por las imágenes que la retratan, la faraona quiso adoptar una figura masculina, por lo que suele representársele con ropajes propios de los hombres que ostentaban el poder, además de portar corona y cetro tal como lo hacían los faraones que la antecedieron, y en un intento por equiparar el poder femenino con el hegemónico poder del hombre. Y a pesar de que su aspecto adquirió el talante de los varones, los títulos que ostentaba empleaban todos el sufijo femenino, siendo en todo caso una mujer que conservaba su identidad fémina. Se cree que su tumba está ubicada en el complejo de la pirámide de Mazghuna y que ella misma mandó a construir. Pasados más de treinta y seis siglos poco se puede rescatar de su historia, y sin embargo será reconocida por ser una de las más antiguas mujeres en portar los plenos poderes del gobernante sobre un imperio tan grande como lo fue el imperio de Egipto.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 19 Aug 2023 00:00:19 +0000</pubDate>
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        <title>Musas</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Esos espíritus o presencias etéreas a los que acude el poeta en busca de inspiración, esas figuras divinas con las que quiere toparse la mano creativa del pintor, las ninfas por las que espera ser abordado el músico que compone una melodía, esas fuerzas poderosas que como representaciones femeninas asisten a los artistas dotándolos de magia y creatividad, esos son los seres mitológicos a los que se les conoce como musas. La palabra musa significa “canción” o “poema”, y según parece la devoción por estos seres es originaria de Pieria, en Tracia, muy cerca de donde se ubicaba el monte Olimpo. La versión que más prolifera cuenta que fueron engendradas después de nueve noches de amor ininterrumpidas entre Zeus, gran dios del Olimpo, y la titánide Mnemósine, diosa de la memoria, y que solían acompañar al dios de las artes, el mítico Apolo, con quien tendrían casi todas algún amorío y una que otra descendencia divina, además de aprender de él los distintos oficios artísticos. Su primera aparición, luego de su nacimiento, fue cantar en coro el triunfo de los dioses olímpicos sobre los titanes, celebrando la victoria que eternizaría a su padre en el poder de los cielos. Hacia el siglo VIII antes de Cristo la creencia en las musas se extendía por todo el territorio de la Hélade, siendo una creencia que ciertamente inspiraría el arte de la Antigua Grecia, ya que toda suerte de artistas de distintas latitudes estaban convencidos de la existencia de las musas, por lo que el culto y adoración por estas figuras era común entre los poetas, escultores y músicos de la época. Desde Esparta y hasta Roma, y para rendirle tributos a las musas, se erigieron templos, altares, estatuas y toda clase de monumentos donde solían ofrecerse en sacrificio libaciones de agua, leche y miel. En el siglo IV la ya dominante iglesia romana prohibió el culto y la adoración a las musas, considerándoles rituales paganos que eran contrarios a los preceptos cristianos, y durante el Oscurantismo la invocación a estas presencias míticas podría llegar a ser condenado con la pena capital. Unos dicen que al principio fueron tres musas, otros señalan que fueron cuatro, pero la versión más difundida sería la propuesta por Hesíodo y luego respaldada por Plutarco, quienes distinguieron a nueve musas y las catalogaron según las distintas corrientes artísticas: <strong>Calíope </strong>(Καλλιόπη), “la de la bella voz”, musa de la elocuencia, la belleza y la poesía épica, amante de Apolo y con quien tendría al poeta Orfeo, asesinado por el dios Dionisio, y a quien se le representa coronada con un ramillete de laureles, portando una tabla de escritura y sujetando una lira. Es la mayor de todas y según Homero sería ella la que inspiraría sus epopeyas de <em>La ilíada </em>y <em>La odisea</em>; y también sería la encargada de mediar en la disputa entre Afrodita y Perséfone cuando ambas codiciaban al bello Adonis. Tras la muerte de su hijo y su esposo, esta ninfa acabaría parando en los sótanos del Hades.<strong> Clío </strong>(Κλειώ), “la que ofrece la gloria”, madre de Jacinto, el fiel amigo de Apolo, musa de la Historia y que suele ser representada portando un libro abierto o un rollo de pergamino mientras toca la trompeta. Se dice que fue ella quien enseñó en Grecia el alfabeto de los fenicios. <strong>Erató </strong>(Ἐρατώ), “la amorosa”, musa de la poesía lírica, amante de Apolo, y que suele aparecer con una antorcha encendida, acompañada de un arco y de flechas doradas, tal como Eros, dios del amor, con una corona de rosas ceñida a su cabeza y sosteniendo el instrumento de la cítara mientras un par de tórtolas le picotean los pies. <strong>Euterpe </strong>(Εὐτέρπη), “la muy placentera”, musa de la música, inventora del aulos (flauta doble) y que suele estar acompañada junto a otros instrumentos como el laúd y la guitarra, coronada de rosas y hojas de mirto y que funge como representante del buen ánimo. <strong>Melpóneme </strong>(Μελπομένη), “la melodiosa” era la musa de la tragedia, del ingenio y la imaginación. Su cabeza está encumbrada por una corona de pámpanos y alguna joya que la adorna, siempre cubierta de coloridas prendas, calzado alto, llevando una máscara de aspecto triste en una de sus manos, y en la otra un puñal ensangrentado (en otras versiones empuña un cetro), mientras reposa sobre una maza como símbolo de que el oficio del teatro requiere un compromiso para nada sencillo, así como de un gran talento. Triste, solitaria, descontenta a pesar de sus privilegios, y representante consumada del drama. <strong>Talía </strong>(Θάλεια), “la festiva”, musa de la comedia, anfitriona en festejos, sinónimo de abundancia, será la contraparte de su hermana Melpóneme. Con una mirada inquietante, pícara y divertida, Talía es representada con guirnaldas, calzando sandalias o borceguíes, y portando en su mano una máscara con una sonrisa dibujada. También fue amante de Apolo, y es asociada con los campos, los sembrados y la agricultura. <strong>Terpsícore </strong>(Τερψιχόρη), “la que deleita en la danza”, es la musa del baile, también la que vela por la educación, y suele representársele bailando y tocando el arpa. Es además la madre de las sirenas. Siempre vestida con prendas color blanco, <strong>Polimnia </strong>(Πολυμνία), “la de muchos himnos”, es la musa del canto. Es representada en una actitud meditativa, con un semblante muy serio, reposando su brazo sobre una roca en actitud reflexiva, mientras un velo le cubre parte del rostro y su mirada profunda se posa en los cielos. Lleva algunas cadenas sujetas a su cuerpo, y a veces aparece con un dedo en los labios como señal de silencio y prudencia. Es la creadora de la geometría, la gramática y la lira. Finalmente la menor de las musas, <strong>Urania </strong>(Οὐρανία), “la celestial”, musa de las ciencias y especialmente de la astronomía, otra amante de Apolo que figura portando un ramillete de espigas en su mano derecha y en la izquierda un globo terráqueo, y a sus pies distintos instrumentos de medición como la brújula o el compás. El poder principal de las musas consiste en susurrar al poeta las palabras justas, medidas, mezcla de su conocimiento y sus ideas, otorgándole el disparador necesario para relatar sus pensamientos con elegancia y belleza. Así también aconsejaban a los reyes en el arte de gobernar y socorrían a los oradores en el arte de la retórica, como fuera el caso de Aristeo. La profecía era también un atributo por el que eran conocidas dado su cercanía con el dios profético de Delfos, su amado Apolo. Las musas figuran en los distintos mitos como personajes secundarios, compañeras del dios Dionisio en sus banquetes y con entrada disponible al Olimpo, haciendo apariciones eventuales, como cuando sirvieron de juezas en el duelo musical que tuvo Apolo contra su retador Masias, o cuando las nueve hijas del rey Píero, las Piérides, se atrevieron a desafiarlas en una competencia de canto, terminando convertidas en urracas y sus voces transformadas en graznidos. Otras que no salieron bien libradas después de encarar a las musas fueron las temidas sirenas, que recibieron como castigo el ser desplumadas de sus colas, plumas con las que luego se adornarían las musas con el fin de humillar a las ninfas oceánicas. El cantor Tamiris, hijo de Filamón y de la ninfa Argíope, fue otro personaje al que no le fue bien luego de retarlas y de perder en la contienda. Tamiris había propuesto a las musas acostarse con ellas si salía vencedor en un duelo de canto, pero finamente sería castigado con la ceguera por su <em>hibris, </em>que es como se conoce a la ambición desmedida<em>. </em>Al comienzo de una tarea artística es el momento preciso en que es debido evocarlas, nombrándoles y requiriendo de su consuelo, su gracia y profecía, para que acudan en auxilio de la empresa artística. Es así como a lo largo de la Historia han sido varios los filósofos y poetas que han invocado la asistencia inspiradora de las musas. El ilustre Heródoto nombró a cada uno de sus nueve libros de <em>Historias </em>con el nombre de cada musa. Para impulsar la “armonía cívica y el aprendizaje”, Pitágoras recomendó a los habitantes de Crotona que levantaran un templo en honor a las musas. Platón y Hesíodo también se refieren a las musas en algunos pasajes de sus escritos, y de este mundo antiguo nos queda la biblioteca de Alejandría, la cual se construyó alrededor de un <em>mouseîon </em>(museo), que es como se le llama al “altar de las musas”, y que estaba ubicado muy cerca de la tumba de Alejandro Magno. En tiempos modernos Dante clamará el auxilio de las musas en repetidas ocasiones, como en el caso de <em>La divina comedia, </em>cuando canta desde el Infierno: “¡Oh musas, oh altos genios, ayudadme! ¡Oh memoria que apunta lo que vi, ahora se verá tu auténtica nobleza!” O en el caso de Shakespeare con su obra <em>Enrique V, </em>y en cuyo prólogo podemos leer: “Quién me diera una musa de fuego que os transporte al cielo más brillante de la imaginación; príncipes por actores, un reino por teatro, y reyes que contemplen esta escena pomposa.” John Milton, Góngora, e incontables son los artistas que expresaron sus ansias de convocarlas para que alumbraran sus obras. Hicieron presencia en el antiguo arte romano y luego tuvieron que esperar para reaparecer en el Renacimiento y cobrar mayor fuerza con el Neoclásico, siendo notoria la figura de las musas en los relieves de los monumentos, o en las esculturas que suelen adornar las fuentes. En la Ilustración la mítica presencia de la musa se manifiesta en el arte, y hacia el siglo XVIII volverán a ser símbolo de inspiración divina, como el caso de una logia compuesta por intelectuales y célebres de la época como Voltaire, Franklin y Danton, que era conocida como <em>Les neuf sœurs </em>(Las nueve hermanas). A partir de ese momento la palabra “museo” servirá además para nombrar al lugar donde se recoge historia y conocimiento que quiere compartirse con todos. Safo de Lesbos y más tarde otra poetisa, Sor Juana Inés de la Cruz, fueron llamadas como la “Décima Musa”. Los nombres de las musas aparecen bautizando plantas, árboles, ríos y mariposas, y de diferentes formas se les ha representado en los cuentos, películas, animaciones y videojuegos, y en donde seguirán su tarea de alertar el asombro del artista y servir como un gatillo en su quehacer creativo.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 23 Jun 2023 22:58:35 +0000</pubDate>
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        <title>Nitocris (2145 a.C.)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>En el Antiguo Reino de Egipto gobernó Neferkara Pepy II, y a su muerte un listado de dieciocho reyes y una reina lo sucedieron durante un convulso período de 16 años, del 2150 hasta el 2134 a.C., y que hoy conocemos como el “Reinado de los 19”. El Alto Egipto estaba siendo azotado por las bajas y las crecidas del Río Nilo, inundaciones y sequías que estropeaban los cultivos y viviendas, una hambruna generalizada por todo el territorio (y en la que se relatan escenas de canibalismo), y un descontento social que impedía a los distintos reyes gobernar en momentos tan revueltos. Neferkara Pepy II había descentralizado el poder y en muchos de estos territorios las familias más prestantes acabarían por empezar a rebelarse, y a mandar sobre sus propios dominios desobedeciendo las órdenes de los faraones. En este clima de fatalidad aparece la figura de una mujer que gobernaría antes de Nefertiti y de Hatshepsut, y que fuera posiblemente la última gobernante de la Dinastía VI de Egipto. Nitocris, cuyo nombre significa “Excelente”, gobernaría según parece durante un corto período que comprende los años de 2164 al 2162 a.C., y aunque Mantenón sugiere que pudieron haber sido 12, y tras lo cual se daría inicio a lo que ahora llamamos el Primer Período Intermedio de Egipto. El sacerdote e historiador del siglo III a.C., Manetón, comenta en sus epítomes que Nitocris era “más valiente que todos los hombres de su época, la más bella de todas las mujeres, de piel hermosa y rojas mejillas”, además de darle el crédito de ser ella quien mandó a construir la “tercera pirámide” de Guiza, perteneciente a Micerino (Menkaura), pero que parece más probable se tratara de la “tercera pirámide” ubicada en Saqqara como un tributo a Neit, antigua diosa de la guerra. Más adelante será Heródoto en su colección de <em>Historias </em>quien se refiera a una historia en particular, siendo este relato el único suceso que cuenta un poco más sobre su vida. Se dice que Nitocris reunió en un banquete a los asesinos de su hermano y marido, y a quien ella sucedió en el trono como reina, y que una vez confinados en un recinto mandó a enclaustrarlos para que no pudiera salir, y valiéndose de un cauce que había construido con antelación dejó que las aguas del Nilo corrieran hacia el interior del claustro y ahogaran a los asesinos. Una vez llevada a cabo su venganza la reina se suicidaría, y el mito dice que lo haría empleando un método un tanto increíble lanzándose a una hoguera. En palabras de Heródoto, “después de la muerte de Nitocris, el país se hunde en un estado de inestabilidad, confusión y caos.” Dado que apenas se cuenta con este par de testimonios, y ningún hallazgo se tiene hoy de una estela o inscripción de la época que dé cuenta de ella, muchos se convencen de que Nitocris nunca existió, que se trata de un mito o que se confunde con algún otro rey. En el Canón de Turín, que recoge el compendio de los faraones que gobernaron durante siglos hasta la Dinastía XIX, figura el nombre de Neithikerty, rey de la Dinastía VI, por lo que ciertamente podría tratarse de un hombre. Algunos dicen que se trata de un nombre borroso del que no pueden confiarse, y en contraste con la Lista Real de Abidos, el nombre sería el del faraón Necherkara Siptah, que igualmente figura como faraón de la Dinastía VI. Algunos egiptólogos creen que Nitocris fue la esposa de Merenra Nemtyemsaf II, “El amado de Ra”, sexto faraón de la Dinastía VI y sucesor de Neferkara Pepy II, y quien pudo haber sido faraón por un corto período, ese mismo período en el que se presume pudo haber gobernado una mujer. En el siglo III a.C. Eratóstenes dio crédito a la existencia histórica de Nitocris y discutía que había sido gobernante de Tebas durante seis años. Lo que sí es seguro es que no debe confundirse con la figura histórica de la divina adoratriz o esposa del dios Amón, que vivió hacia mediados del siglo VII a.C., hija del faraón Psamético I, y de quien sí se tienen registros históricos e incluso una tumba dedicada a ella que fue hallada en Medinet Habu, y que fuera conocida como Nitocris II. Luego de que los persas ocuparan los territorios que eran del dominio de su familia, Nitocris II se exilió en el Oráculo de Siwa, tratando de liderar desde allí una resistencia contra la satrapía de Cambises II, quien había asesinado a su hermano, el faraón Psamético III. Este suceso resulta similar al relato en el que la reina ahoga a los asesinos de su esposo y hermano, y algunos opinan que este episodio verídico inspiró la versión mítica de la supuesta Nitocris que supuestamente gobernó dos milenios antes. También se conoce de Nitocris de Babilonia, que según las <em>Historias </em>de Heródoto sería la esposa del último monarca de la ciudad de Labyneto, y que vivió en el siglo VI a.C., por la época de Darío I el persa, a quien engañaría con una ubicación arbitraria de su tumba para que éste no pudiera acceder a ella. Recientemente Nitocris ha comenzado a figurar en la cultura popular, como en el caso de un videojuego para Android en donde aparece como un <em>servant; </em>se le representa portando un cetro real, sonriente y dominante y acompañada por un espejo mágico.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 13 May 2023 00:43:54 +0000</pubDate>
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