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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Guerra de Secesión Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Nancy Astor (1879-1964)</title>
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        <description><![CDATA[<p>“Los principales peligros de esta vida son las personas que quieren cambiarlo todo… o nada.” Ella fue de esas que nació para cambiarlo todo. A esta mujer no le temblaba la voz al momento de expresar lo que sentía. Hubiera tenido que nacer para cantante o poeta, pero siendo tan deslenguada e impulsiva lo mejor [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Los principales peligros de esta vida son las personas que quieren cambiarlo todo… o nada.” Ella fue de esas que nació para cambiarlo todo. A esta mujer no le temblaba la voz al momento de expresar lo que sentía. Hubiera tenido que nacer para cantante o poeta, pero siendo tan deslenguada e impulsiva lo mejor fue consagrarse a la política. “Mi vigor, vitalidad y descaro me repelen. Soy la clase de mujer de la que huyo”, diría en su momento.</p>
<p>Nancy nació en Danville, Estados Unidos, en medio de una familia acaudalada que años antes había perdido su fortuna pero que había logrado reponerse de esta bancarrota luego de terminada la Guerra Civil, y que ahora gozaba de latifundios y predios de los cuales sacaba una alta rentabilidad. En una de estas suntuosas mansiones, “El Mirador”, sería donde Nancy llevaría sus años felices de la infancia.</p>
<p>A sus 18 años se mudó a New York para iniciar sus estudios, y casi al llegar conoció a quien sería su primer esposo, Robert Gould Shaw II, con quien no tendría una buena relación, y con quien a la postre acabaría luego de cuatro años y la presencia en el mundo de un niño llamado como su padre. “Me casé por debajo de mis posibilidades. Todas las mujeres lo hacemos.”</p>
<p>En 1903 muere la mamá de Nancy, y es entonces cuando esta decide regresar a la vida campestre de “El Mirador” para hacerse cargo de la hacienda y de los negocios de la familia. Pero su estancia en la casa de su infancia no sería muy productiva, por lo que un año más tarde emprende un viaje por el país que tanto la maravillaría y que acabaría por conquistar: Inglaterra. A su regreso sería su padre quien le recomendaría mudarse, siendo así que para 1905, Nancy, su hijo y una de sus hermanas se trasladarían a la capital londinense.</p>
<p>El amor fue mutuo. Los ingleses se dejaron seducir por el desparpajo de aquella campechana vivaz, irónica, pícara, contestona, repentista, sagaz y hablantinosa, que parecía tener a todo una respuesta. Esta simpatía y sus encantos serían las virtudes con las que luego conseguiría ganarse no solo el aprecio sino también, años más tarde, sus votos en las urnas. Se cuenta la anécdota de una mujer que celaba a su hombre ante la presencia arrolladora de Nancy. La cuestiona: “¿Ha venido usted a llevarse nuestros maridos?” Su respuesta fue: “Si supiera usted los problemas que he tenido para librarme del mío…”</p>
<p>Sin embargo para 1906 vuelve al altar, esta vez con Waldorf Astor, otro “expatriado” como ella, un hombre que se le parecía en casi todo, ya que incluso coincidían en la fecha y año de sus nacimientos. Así también respecto a sus ideologías moralistas y a sus personalidades temperamentales, pero sobre todo a sus crianzas, ya que ambos habían nacido y pasado sus infancias en los Estados Unidos.</p>
<p>La pareja se mudó a una suntuosa mansión en Buckinghamshire, Cliveden, junto al río Támesis, y sus aposentos se convirtieron en el centro de reunión de varios prestigiosos representantes del partido conservador, y donde poco a poco Nancy iría forjando alianzas y aprendiendo el tejemaneje del mundo político, pasando muy pronto a conformar parte del círculo informal conocido como Milner’s Kindergarten.</p>
<p>Lo suyo no era celebrar banquetes donde asistía la crema y nata de la sociedad, ya que su interés parecía estar definitivamente enfocado a abrirse un campo en la arena pública y darse a conocer. “Lo único que me gusta de la gente rica es su dinero.” Fue por esto que la casa de los Astor también sirvió como un precario hospital improvisado donde se prestó servicio médico a los soldados canadienses que habían sido heridos durante los combates de la Gran Guerra.</p>
<p>Un aspecto considerable en su historia tendría que ver cuando se convirtió al cristianismo científico. Comenzó leyendo de manera desinteresada un par de libros que, de manera progresiva, paulatina, gradual, acabarían por convertirla en una férrea creyente y una fanática convencida. Su convicción era tan fuerte, que era común que estuviera intentando convencer a cualquiera de sus creencias y especialmente a sus hijos, y de esta misma forma no desaprovechaba ocasión para criticar con rigor la religión tradicional del cristianismo.</p>
<p>El marido de Nancy gozaba desde hacía años de un puesto como diputado de Plymouth en la Cámara de los Comunes, pero luego de suceder a su padre como segundo Vizconde tendría que abandonar su puesto para formar parte de la Cámara de los Lores, dejando el escaño vacante para que su esposa se aventurara en la carrera política.</p>
<p>En 1918 se llevó a cabo una reforma política que le permitió a las mujeres el poder de postularse para ejercer cargos públicos, y ese mismo año Constance Markiewicz sería la primera mujer en ser elegida por voto popular; pero no sería la primera en oficiar como diputada, ya que este honor histórico le correspondería a Nancy Astor, quien sería ciertamente la primera mujer en integrar el parlamento británico.</p>
<p>Sin embargo la campaña no sería para nada fácil, en especial porque sus supuestas conexiones provenían directamente de la carrera que había forjado su marido, y no propiamente de la esposa desconocida y lenguaraz que aparecía para robarse a gran número de votantes con su destellante simpatía. Se le achacaba además que fuera una oligarca sin mayor contacto ni conocimientos de la realidad social inglesa, y por lo cual sería increpada por alguien que le preguntó qué habían hecho los Astor por él en específico, y a lo que Nancy respondió: “Ya lo sabes, Charlie”, para luego coquetearle y sacarse una foto con él. Y era precisamente este carisma y gracia la que le valdría el aprecio de un público que se divertía con cada una de sus ocurrencias.</p>
<p>Durante su campaña también se cuidó dejando de lado sus posturas fundamentalistas, especialmente las referentes a la prohibición del alcohol, y así mismo consiguió convocar a varias mujeres en mítines y reuniones donde seguramente lograría un importante caudal de votos. “Nosotras, las mujeres, hablamos demasiado, pero ni siquiera así decimos la mitad de lo que sabemos.”</p>
<p>Siendo una de las más votadas, el 1 de diciembre de 1919 Nancy pasaba a ocupar su curul en la Cámara de los Comunes como representante del Partido Conservador, conocidos también como <em>“Tories”. </em>Y era como si Nancy adivinara su postrero porvenir y a pesar de que el camino en un principio parecía tan prometedor, y así fue: “Los pioneros pueden ser figuras destacadas, pero a menudo están solos.”</p>
<p>Una mujer en medio de un conglomerado de señores resultaba ya de por sí pintoresco. La polémica y controvertida parlamentaria procuró ser discreta en su vestir, discreta en ocupar otros espacios distintos de su escaño para codearse con los hombres en la cafetería y en fumaderos, y aunque dicha discreción no lograría explayarla al momento de contener su lengua. Según se cuenta el primer día en el parlamento la diputada tendría su primer llamado de atención luego de que la sesión se viera perturbada por no parar de hablarle a su compañero del lado.</p>
<p>Muchos fueron los contradictores que se oponían a sus propuestas, como aquella de hacer algunas reformas a las leyes de divorcio, y por lo que se le llamó hipócrita siendo que ella se había divorciado en Estados Unidos, gozando de las prebendas legales que ahora pretendía derogar. Sea como sea, lo cierto es que su paso por el órgano legislativo no tuvo mayor trascendencia. Defensora de la igualdad de sexos, propuso crear un partido especial para las mujeres, pero jamás se concretó, como sí logró cumplir con la creación de parvularios, e incluso donaría de su propio bolsillo para la financiación de proyectos educativos para menores. Estaba comprometida con la educación, y aunque sus comentarios siguieran la misma línea de la imprudencia. Decía: “La verdadera educación debería educarnos para ser algo mejor; en un egoísmo que nos una a la humanidad.”</p>
<p>Mostró siempre su simpatía por la unidad de los anglófonos y nunca ocultó su orgullo por el imperio británico. Y en donde sí que fue constante y no dio su brazo a torcer, sería en las iniciativas legales que restringieran el consumo de alcohol, y que a la postre consiguió con la ley que incrementó a los 18 años la edad en la que se permitía su consumo.</p>
<p>Durante los años veinte Nancy mantuvo una buena popularidad, inspirando a muchas mujeres a que tomaran también la iniciativa de lanzarse al ruedo político, e invitándolas además para que se enlistaran a formar parte del servicio civil y de la fuerza policial. Y pese a que también en Estados Unidos era célebre y querida, los años siguientes su imagen y aprecio comenzarían a decaer con notoriedad.</p>
<p>A finales de esta década logró mantener su curul luego de unas elecciones bastante apretadas contra el candidato laborista. El comienzo de la década de los treinta no pintaba nada bien. Incriminado por una acusación de homosexualismo, en 1931 su hijo Robert es llevado a prisión, y por esos mismos días Nancy daría un discurso bastante desacertado que acabaría por opacar todavía más su ya desgastada figura. Sucedió luego de que la selección nacional de críquet fuera derrotada, y a Nancy no se le ocurrió un mejor culpable del fracaso que el propio alcohol. Los jugadores y la gente en general no gustó mucho de que los llamaran borrachos, y su popularidad continuó decreciendo.</p>
<p>“La pena del éxito es que la gente que te asombra ahora te aburre”, decía, pero no así sucedió cuando conoció a un personaje que marcó su vida, el escritor George Bernard Shaw, con quien mantenía arraigadas e irreconciliables discrepancias, y pese a esto ambos disfrutaban de la compañía contradictoria del otro. Con Shaw viajó a la Unión Soviética cuando este le sugirió que lo acompañara y así pudiera despejarse de sus problemas. Y a pesar de que Astor se manifestaba contradictora del comunismo, su imagen se vería nuevamente deslustrada cuando su amigo se pronunció públicamente mostrándose partidario de la Rusia de Josef Stalin.</p>
<p>La verdad es que Astor tuvo incluso la valentía de cuestionar al dictador durante una entrevista a la que sería invitada, preguntándole por la muerte injusta de una buena parte de su pueblo. Según parece los traductores prefirieron cambiar el discurso y evitando molestar al mandatario dentro de sus propios dominios. Sea como sea, de regreso a Inglaterra su partido empezó a verla con cierto recelo y desconfianza, como una especie de traicionera que ahora congeniaba con las ideas del comunismo.</p>
<p>Nancy tampoco dejó una buena imagen mostrándose a favor de una nueva guerra mundial, y aunque se hubiera opuesto al nazismo por su postura contra las mujeres, sí que se parecía una simpatizante encubierta del régimen. Sería por esto que en Gran Bretaña la llamaban la mujer del <em>Führer</em>, y así mismo era conocida como la “Honorable Parlamentaria por Berlín”.</p>
<p>De lo que sí no cabrá duda es de su ideología antisemita, la misma que compartía Joseph P. Kennedy, y con quien mantuvo una copiosa correspondencia en donde al parecer ambos sugieren que Adolf Hitler podría convertirse en una solución para dos odios compartidos: los judíos y el comunismo. Sin embargo en una entrevista declaró que Hitler era muy parecido a Charlie Chaplin como para que pudieran tomarle en serio.</p>
<p>Los comentarios salidos de tono y sus tantas ocurrencias empezarían a jugarle en contra, y si antes deleitaba a las audiencias con sus dichos sardónicos, ahora Nancy se estaba convirtiendo en una señora molesta que solía perturbar y polemizar cada vez que abría la boca. Se exacerbó su odio por el comunismo y se profundizó su fanatismo religioso, logrando así que fuera su imagen la que cada vez estuviera más empañada.</p>
<p>La gente ya no le creía mucho, y esto porque su decadencia también empezó a ser notoria en su condición mental. En sus discursos se veía errante, en ocasiones perdida, incapaz de hilvanar algunas ideas, y por lo que poco a poco fue convirtiéndose más en una especie de burla que en una política útil. Ante la imposibilidad de debatir con alguien tan poco cuerdo, un parlamentario de la oposición comentó que es como “jugar al squash con un plato de huevos revueltos.”</p>
<p>Durante la Segunda Guerra su mansión volvería a ser una cede improvisada para atender otra vez a los soldados canadienses, y esto pese a que también con los ejércitos tendría sus desencuentros, y en especial cuando llamó “desertores” a aquellos soldados que se habían negado viajar a Francia. En respuesta a sus declaraciones las tropas compusieron una canción que acabaría haciéndose popular, y a la que titularon <em>La balada de los desertores del Día D: </em>“Querida Lady Astor, creemos que usted sabe mucho de la guerra. De pie en su escaño y contando mierda, usted es el bombón y el orgullo de Inglaterra. Creemos que su boca también está llorando por nosotros. Se lo dedicamos sus “Desertores del Día D” desde la soleada Italia.” Otros regimientos se atrevieron a decir que la animadversión de Astor a los ejércitos era debido a que un soldado había contagiado a su hija de una enfermedad venérea y que incluso la había embarazado.</p>
<p>Y si se creía que no era posible ganarse aún más el desprecio por buena parte de la sociedad, decir que en los últimos años también se incrementó su odio racial y su discriminación étnica. En Estados Unidos humilló a los estudiantes afroamericanos diciéndoles que su aspiración en la vida debería ser la de convertirse en los sirvientes que la atendían cuando era niña, y a los negros cristianos les recomendó agradecieran por la época esclavista ya que gracias a esta vivencia es que los negros se permitieron conocer el cristianismo.</p>
<p>Luego de haber sido reelegida siete veces consecutivas y después de veintisiete años como parlamentaria, Nancy Astor no se presentará nuevamente a las elecciones. “Ya de paso también me gustaría decir que la primera vez que Adán tuvo la oportunidad le echó la culpa a Eva.” Los <em>Tories </em>la consideraban ya un ser vetusto y ni siquiera su marido se prestó para apoyarla a una nueva candidatura, siendo así que en su discurso de despedida dejó en claro que su retiro no era del todo deseado por ella, y que tras su partida los hombres ya podían sentirse tranquilos. En su momento le escuchamos decir que “las mujeres tienen que hacer el mundo más seguro para los hombres ya que los hombres lo han hecho tan inseguro para las mujeres.”</p>
<p>Un enemigo acérrimo con quien protagonizaría sonados debates en el parlamento sería nada menos que el mismísimo Winston Churchill, a quien en una ocasión le diría: “Si usted fuese mi marido, le envenenaría el té.” Y en respuesta Churchill le contestó: “Señora, si usted fuera mi esposa, ¡me lo bebería!” Churchill diría que tener una parlamentaria como ella era tan desagradable como tener a un intruso toqueteándole en el baño, a lo que Astor respondió: “Usted no es tan atractivo como para tener que preocuparse por eso.” Para una fiesta de disfraces que estaba por celebrarse Churchill pidió alguna sugerencia para su disfraz, a lo que Astor le propuso: “¿Y por qué no viene sobrio, Primer Ministro?” Y es que desde siempre Nancy se confesaría abstemia: “Una razón por la que no bebo es porque deseo saber cuándo me lo estoy pasando bien.”</p>
<p>Los años venideros tuvo que padecer la muerte de los dos últimos hermanos que le quedaban, así como la de su mentor espiritual, además de un paro cardiaco que tuvo su marido luego de una discusión con ella, y que acabaría por distanciar a la pareja. Algunos ideales izquierdistas contagiaron la ideología del marido, por lo que la pareja se distanciaría para volver a reconciliarse un tiempo después, y hasta la muerte de Waldorf Astor en 1952, el hombre con quien compartió tantos años y con quien tendría cinco hijos. “Me niego a admitir que tengo más de 52 años, aunque eso haga a mis hijos ilegítimos”, decía, como siempre, en broma.</p>
<p>“¿Me estoy muriendo o es mi cumpleaños?”, dijo Nancy Astor, a quien se le irían yendo los suyos, sus más queridos. Ya habría muerto su amigo Shaw, y fue así como Nancy se iría perdiendo cada vez más en el olvido y en la soledad, hasta ese día del año de 1964 en el que moriría en casa de su hija, en Grimsthorpe, Lincolnshire, y sus restos descansan en Buckinghamshire.</p>
<p>Luego de un siglo de haberse convertido en parlamentaria, la ex primera ministra Theresa May inauguró en Plymouth una estatua de bronce junto a la que hubiera sido la casa de Astor, refiriéndose a ella con las siguientes palabras: “Hace cien años, Nancy Astor cambió la democracia británica para siempre y para mejor. Además de ser un monumento a una mujer valiente, espero que esta estatua inspire a personas de todos los orígenes a dar un paso al frente y participar de lleno en la vida pública.”</p>
<p>Cómica, cínica, explosiva, ingeniosa, delirante, se le recordará por sus tantas citas que no pudieron pasar desapercibidas. De carácter firme, sin pelos en la lengua al momento de defender sus ideas que bien sabía argumentar, convencida de sí misma, grotesca y vulgar, brillante, y de quien se decía incluso que tenía poderes hipnóticos, una mujer definitivamente particular y que, por lo mismo, consiguió abrirse paso en un mundo donde la única y primera mujer tendría que ser así, así como era Nancy Astor.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Thu, 30 May 2024 12:14:40 +0000</pubDate>
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        <title>Elizabeth Taylor (1932-2011)</title>
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        <description><![CDATA[<p>De una belleza difícil de ignorar, deslumbrante a todos ojos, y en especial por los suyos. Elizabeth nació con una mirada distinta debido a su coloración particular, destinada a ser reconocida por la peculiaridad de sus iris color violeta y por tener una mutación genética que la dotó en sus párpados con dos hileras de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>De una belleza difícil de ignorar, deslumbrante a todos ojos, y en especial por los suyos. Elizabeth nació con una mirada distinta debido a su coloración particular, destinada a ser reconocida por la peculiaridad de sus iris color violeta y por tener una mutación genética que la dotó en sus párpados con dos hileras de pestañas. Una pareja de Arkansas se muda a Londres y es allí donde nace su segunda hija, pero debido a la Gran Guerra la familia decide trasladarse a Estados Unidos, y concretamente en la Meca del Séptimo Arte, donde la madre esperaba prosperar con su iniciativa de montar una galería de arte. Desde los tres años Elizabeth comenzaría su educación para convertirse en estrella, y pese a que la madre, dado su experiencia, no gustaba mucho que su hija se inclinara por las artes escénicas. Se trataba de una actriz retirada que no consiguió nunca alcanzar el estrellato, pero que había sin embargo adquirido la experiencia que le permitía comprender cómo operaba el tejemaneje dentro del mundo del cine y de la actuación. Sabía de primera mano que Hollywood “habitualmente veía una futura película para cada cara bonita”, así lo decía toda vez que los actores y actrices y ejecutivos de la industria que frecuentaban su galería reparaban en los encantos histriónicos de su pequeña hija y en su inevitable mirada color violeta. La madre no terminaba de convencerse ya que sus planes eran regresar a Inglaterra una vez acabara la guerra, negándose a la propuesta de casting que le habían ofrecido a su hija para participar de la mega producción que se consagraría como una leyenda del cine: <em>Lo que el viento se llevó.</em> No obstante, las productoras encontraron potencial en los ojos de esa niña, y en una disputa entre MGM y Universal Pictures Elizabeth acabaría firmando un contrato con la segunda en el que le ofrecían cien dólares semanales durante siete años. A los 9 años tuvo su primera aparición en la única película que finalmente filmaría con Universal Pictures y que sería de poca notoriedad: <em>There’s one born every minute. </em>Un año más tarde figuraría como parte del elenco de la película <em>Lassie Lassie come home, </em>además de participar como préstamo a la productora 20th Century Fox en la adaptación de la novela de Charlotte Brontë, <em>Jane Eyre, </em>y al año siguiente viajaría a Inglaterra para el rodaje de la película producida por MGM, <em>Las rocas blancas de Dover. </em>Pero sería ese mismo año de 1944 con la película <em>Fuego de juventud </em>que Elizabeth enamoraría con su interpretación de Velvet Brown, aquella niña que sería vista como una heroína juvenil luego de que rescatara a un caballo que estaba a punto de ser sacrificado y hasta convertirlo en un competidor de carreras. Durante el rodaje Elizabeth caería de un caballo dejándole secuelas en la espalda y que tuvo que padecer durante el resto de su vida. La niña de 12 años de ojos color violeta estaría acompañada por el también pequeño Mickey Rooney, y la película representaría un éxito tanto en taquilla como en la vida personal de la actriz, que recuerda este film como el “más emocionante” de una carrera que en aquel entonces apenas comenzaba. MGM recaudó una suma superior a los cuatro millones de dólares y le extendió el contrato a la prometedora actriz. En 1946 vendría la película <em>Courage of Lassie, </em>y para aquel momento la ya codiciada adolescente facturaba 750 dólares por semana. La talentosa actriz era conocida como <em>“One shot Liz” </em>por su eficacia al momento de actuar, donde lo más común es que le bastara con rodar una sola vez la escena para convencer a los directores de que no se haría necesario volver a repetir. Para muchos actores fue traumático el cambio del cine mudo al cine sonoro y después el color, pero nada de esto le sucedió a Elizabeth, quien se adaptaría al sonido, y sería gracias al color que los espectadores pudieron por fin enterarse del encanto y la peculiaridad cautivante de su mirada única. Y con esa única exposición de sus ojos color violeta sería ya más que suficiente. En adelante fueron varias las películas exitosas en las que participó Taylor, destacándose en su papel de Mary Skinner en <em>Life with father, </em>de 1947, y de ese mismo año encarnando a Cynthia Bishop en la película <em>Cynthia; </em>al año siguiente en el rol de Susan Prackett en la película <em>Julia Misbehaves </em>y como Carol Pringle en <em>Así son ellas</em>; y para ese mismo año se embarcará con rumbo hacia Inglaterra en el <em>RMS Queen Mary, </em>pretendiendo con la película <em>Conspirator </em>dar ese paso que a tantos actores les resulta imposible cuando comienzan de niños sus carreras. Elizabeth no tuvo mayores inconvenientes en hacer la transición de adolescente a mujer adulta, siendo que para entonces sus atributos físicos eran los de una mujer enteramente desarrollada, y aunque el filme no tuvo una buena aceptación entre el público, la crítica aplaudiría la actuación de una Elizabeth Taylor que mostraba el talento y el profesionalismo de una mujer ya mayor. El papel no le quedó grande y fue así como su última interpretación de jovencita sería en 1949 con la película <em>Little women. </em>Para la próxima década Elizabeth Taylor conseguiría protagonizar varias películas, y así también en su vida personal sería protagonista de cuatro matrimonios. Era sin duda la más pretendida, e incluso el multimillonario y dueño de la productora RKO, Howard Hughes, se atrevió a ofrecerle a la madre de Taylor la jugosa cifra de un millón de dólares si conseguía disuadirla para que se casara con él. Sin embargo Elizabeth nunca fue tentada, y según se dice este comentario solamente le generaría un “ataque de risa”. Para 1950 contrae matrimonio por primera vez con un joven aburguesado conocido como “Nicky”, a quien no soportó su desmedida ambición por el juego y la juerga y sobre todo por una “conducta abusiva” que según confiesa la actriz, y que derivaría en un aborto, por lo que la relación no llegaría a durar ni siquiera un año. Dos años más tarde se casaría de nuevo, esta vez con un actor inglés veinte años menor que ella, y con quien tendría a sus primeros dos hijos. Inicia la década y con esta un sartal de nuevos éxitos, entre los que se destacan su interpretación de Kay Bancos junto a Spencer Tracy en la comedia <em>Father of the bride, </em>y para el año siguiente <em>El padre del abuelo, </em>y junto a Montgomery Clift encarnando a la antipática adinerada Angela Vickers en la película <em>A place in the sun</em><em>. </em>Cuatro décadas después dicha película sería incluida en la reserva fílmica del National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, y cuyos filmes en custodia son resguardados por considerárseles de alto valor “cultural, histórico, o estéticamente significativos”. Dulce, bonita, agraciada, a Elizabeth no le gustó nunca que la llamaran “Liz”, insistiendo en que esto lo sabían muy bien las personas realmente cercanas a su vida. Para ese momento ya era latente una cierta rivalidad que persistiría a través del tiempo con la gran leyenda del cine, Marilyn Monroe, quien competía con Taylor a través de la 20th Century Fox, y pese a que los papeles que solían representar fueran tan distintos. Marilyn se decantaba por la comedia encarnando a la chica sensual, hilarante y algo estúpida y que a la postre la consagraría como un símbolo sexual, mientras que Taylor prefería los papeles en los que pudiera mostrar la faceta de una mujer angustiada, compleja, abatida por el drama. En 1952 actuaría junto a Joan Fontaine en la película <em>Ivanhoe, </em>y dos años después dos éxitos de taquilla: <em>La senda de los elefantes </em>y <em>La última vez que vi París. </em>En 1956 se da el lujo de compartir plató con una leyenda del cine al que le bastaron tres películas para consagrarse como mito, el galante James Dean, en la memorable película <em>Giant</em>; y para 1957 por su papel en la película rodada bajo un escenario que recordara la Guerra de Secesión, <em>El árbol de la vida, </em>la actriz recibiría una primera nominación a los premios de la Academia en la categoría de Mejor Actriz. Ese mismo año Taylor se divorciará de su segundo marido y en cuestión de un par de meses estará contrayendo nuevas nupcias. Mike Todd era un productor de cine con quien tuvo a su tercera hija, y con quien a pesar de llevar una relación no muy fluida, sería considerado por Elizabeth como uno de sus grandes amores. El productor moriría un año más tarde en un accidente de avión, y tras unos meses de luto, la necesidad de estar en pareja la llevaría a sumar un cuarto marido a su prolífico prontuario conyugal. El cantante Eddie Fisher era el mejor amigo de su exmarido y estaba casado con la reconocida actriz Debbie Reynolds, y quien luego de estar consolando a Elizabeth acabaría involucrándose con ella a nivel sentimental. El cantante dejaría a Debbie y su relación con Elizabeth desataría sin duda toda clase de escándalos, tildando a Taylor de roba maridos y ganándose sin duda el desprecio de Reynolds. Años más tarde las actrices se reconciliarían y para ese momento Debbie declararía que “en los viejos tiempos si Elizabeth veía a un hombre que quería, lo conseguía, no importaba a quien pisara por el camino.” Para cumplir a la religión de su futuro marido la actriz tuvo que convertirse al judaísmo, pero esto no significaría ningún impedimento siempre que lograra consumarse formalmente la unión. Y es que a pesar de que su historial pareciera el de una consumada libidinosa, Taylor aseguraba que su sexualidad era un asunto que compartió exclusivamente con sus esposos: “Sólo me he acostado con hombres con los que me he casado. ¿Cuántas mujeres pueden decir eso?” En 1958 protagoniza junto a Paul Newman la obra teatral de Tennessee Williams adaptada al cine, <em>Cat on a hot tin roof </em>(La gata sobre el tejado de zinc), y cuya actuación le valdría su segunda postulación al Premio Oscar, así como su primera candidatura para los premios BAFTA en la categoría de Mejor Actriz Británica. La década de los sesenta la cerraría con tres filmes que representarían algunos premios y distinciones. <em>Butterfield 8, </em>y después vendría junto a Katharine Hepburn <em>Suddenly, last summer</em>, película que le valdría una tercera postulación a la codiciada estatuilla del Oscar y así como el reconocimiento a su actuación con el Globo de Oro. Para ese momento Taylor igualaba a Marlon Brando en número de nominaciones una tras otra, siendo cuatro años consecutivos postulada para ganar el premio Oscar. Y es así como Elizabeth cerraría la década con broche de oro alzándose finalmente con el premio de la Academia a la Mejor Actriz, y que le sería otorgado luego de encarnar a una prostituta de lujo en la película de 1960, <em>Una mujer marcada.</em> Y una vez más Elizabeth Taylor protagonizará un divorcio, una nueva película y un nuevo amor. El amor y la película vinieron juntos cuando ambos protagonizaron uno de los proyectos más ambiciosos del cine y quizás el más costoso de todos los tiempos: <em>Cleopatra.</em> Taylor firmó un contrato por un millón de dólares pero debido a varios inconvenientes y retrasos la actriz acabaría embolsillándose casi siete. Durante el rodaje tuvo la oportunidad de conocer a su co-protagonista, Richard Burton, y según afirman todos y cada uno de los testigos, el fuego entre la pareja persistía incluso cuando se apagaban las luces, y la química entre los dos resultó siendo más incendiaria que la pasión vivida por Cleopatra y Marco Antonio. El director comentó que era tanto la tensión sexual entre ambos que era como “estar encerrado en una jaula con dos tigres”. A pesar de que al conocerse ambos se encontraban casados, el par de estrellas se las arreglaron para contraer matrimonio, y hasta el mismísimo Vaticano se escandalizaría con la relación tildando el encuentro como un “vagabundeo erótico”; por otro lado la prensa gozaría con la pareja estelar del <em>Jet Set, </em>los bellos y famosos “Rick y Liz” rodeados de lujos y prestigios. La pasión de Elizabeth por las joyas era desmedida, y su esposo conocía de sobra esta debilidad. “Mi madre dice que no abrí los ojos hasta ocho días después de nacer, y que cuando lo hice fue para engancharme a su anillo de casada”, confesaba Taylor. Dos joyas le regaló Burton a su mujer y que destacan por su valor e historia: el <em>Diamante amarillo de Krupp</em> y la <em>Perla Peregrina</em>, pieza esta última que perteneció a Felipe II y que aparece retratada en algunos cuadros de Velásquez. “Las chicas grandes necesitan diamantes grandes”, es lo que solía decir. En 1964 la pareja adoptaría a una niña y pasados diez años de una relación borrascosa, y como era costumbre en Taylor, deciden poner fin a su matrimonio y establecer el divorcio. Sin embargo un año después se reconciliarían y una vez más volverían a casarse, esta vez en Bostwana, y en donde Burton le regalaría a su esposa un diamante de 69 quilates y cuyo costo superó el millón de dólares, a parte de una verdadera proeza que constituyó su adquisición, y que en la década de los ochenta la actriz revendería la joya conocida como Taylor-Burton con la intención de recaudar fondos para fines benéficos en el continente africano. Taylor recuerda a ese hombre con quien compartió el set en once películas como a uno de sus grandes amores, y del cual acabaría separándose una vez más al año siguiente. Tres filmes notables de aquella época:<em> La mujer indomable </em>dirigida por Franco Zeffirelli, <em>Reflejos en un ojo dorado </em>junto a Marlon Brando, y <em>¿Quién le teme a Virgina Woolf? </em>del director Mike Nichols, y cuyo papel es según muchos el mejor de su carrera, representando para ella su segundo galardón del Oscar como Mejor Actriz. Para 1971, y ad portas de los 40 años, Elizabeth ajustaba cinco matrimonios y se había convertido en abuela. Su participación en el cine comenzó a escasear, dedicándose más a la televisión, siendo así que para 1973 la veríamos actuando en la primera película producida para la tele, <em>Divorce his-Divorce hers</em>. Ese mismo año se presentaría en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián para dar a conocer su más reciente film: <em>Una hora en la noche.</em> En 1976, fiel a su costumbre de permanecer casada, Elizabeth vuelve a apostarle al matrimonio, y en esta ocasión será con un político republicano, y a quien elegiría a último momento ya que también tenía un amorío con un abogado mexicano (con quien también estuvo a punto de casarse antes que sufrieran juntos un accidente de coche y decidieran cancelar la boda). En 1976 la veremos junto a Ava Gardner y Jane Fonda en la película dirigida por George Cukor, <em>El pájaro azul, </em>y al siguiente año en la película escrita por Ingmar Bergman, <em>A little night music (Dulce Viena); </em>y finalmente comenzar los años ochenta junto a Tony Curtis y Kim Novak en el film basado en una novela de Agatha Christie, <em>El espejo roto. </em>Los años siguientes la carrera actoral de Elizabeth se volcó más hacia el teatro, destacando su presencia en Broadway a comienzos de la década de los ochenta con dos obras que también produjo: <em>Private lives, </em>y aquella por la que sería nominada al Premio Tony, <em>The Little foxes. </em>En la televisión cosechó un sartal de participaciones en series, destacándose <em>General Hospital</em>, <em>All my children, Between Friends </em>y<em> North and South, </em>y un par de películas como <em>Poker Alice </em>y <em>Malice in Wonderland. </em>En 1988, y luego de ausentarse durante casi ocho años de la gran pantalla, Taylor regresa interpretando a una cantante de ópera con la cinta <em>Young Toscanini, </em>y al año siguiente una película para la televisión,<em> Sweet bird of youth,</em> en donde encarnará a una actriz venida a menos y que padece trastornos a causa del alcoholismo. La historia parecía calcada de la realidad. La carrera de Taylor tampoco andaba muy bien, y la relación con su esposo la afectaría tanto, que años más tarde confesó haberse vuelto por esos años una adicta al alcohol. Vodka, sirope de chocolate y un par de cubos de hielo, ése era el trago que inventó Taylor y que es un conocido como el cóctel “Chocolate Martini”. Y es así como se divorciaría de nuevo y pasado un tiempo ya estaría sumida en otra relación. “Soy una esposa muy comprometida. Y debería ser comprometida, por casarme tantas veces”, decía bromeando, sin sospechar que aún quedarían un par de matrimonios más para sumar al listado. El siguiente era un hombre menor que ella, un obrero al que había conocido años atrás y con quien contrajo nupcias a comienzos de los años noventa en la afamada mansión <em>Neverland, </em>de su amigo el “Rey del Pop”<em>. </em>Taylor sostenía desde hacía mucho tiempo una amistad con Michael Jackson, incluso sería ella misma en una premiación quien le daría el apelativo por el que se le conocerá siempre como la máxima eminencia de la cultura pop, y años más tarde cuando el cantante se vio involucrado en asuntos legales por abuso infantil, Taylor sería una de tantas que saldría a testificar a favor del buen nombre de su amigo, y así mismo no podría haber faltado al entierro de la estrella de la música mundial en el cementerio Forest Lawn. Por su parte Jackson compuso una canción para la actriz titulada <em>Elizabeth I love you, </em>y para la historia quedará una de tantas fotografías memorables en las que aparecen ambos y que fue elegida como portada para el álbum <em>Jackson History. </em>A comienzos de los años noventa Elizabeth participa en un tributo póstumo que se le rinde a Freddie Mercury, quien moriría por causa del sida, emprendiendo una fuerte campaña humanitaria para alertar sobre el contagio y recaudar fondos para la investigación de la enfermedad, labor que ya venía abanderando desde hacía casi diez años, y por lo que en 1992 le fue otorgado el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Llevaba ya seis años sin volver a las salas de cine, y regresa para 1994 compartiendo el set con John Goodman y Rosie O’Donnell en la película infantil, <em>Los Picapiedras, </em>siendo una elección desacertada, luego de que fuera nominada a los premios Golden Raspberry en la categoría Peor Actriz Secundaria. En 1996, ya divorciada, se compromete en matrimonio con el que fuera su octavo marido, pero acaba cancelando la boda puesto que otro pretendiente -que hombres nunca le faltaron- llegó antes y sería, éste sí, su último matrimonio. En 1999 le otorgan el Premio BAFTA a la trayectoria y un año después la Reina Isabel II la nombra Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico. La American Film Institute la ubicó en el séptimo puesto entre las actrices más destacadas del siglo XX. Su última aparición sería en la película para la televisión de 2001, <em>These old broads, </em>año que será recordado por el fatídico 11 de septiembre, que según la leyenda sorprendió juntos a Michael Jackson, Marlon Brando y Elizabeth Taylor, y sobre lo cual se han inventado toda clase de anécdotas, en donde las tres grandes estrellas emprendieron una huida por carretera para refugiarse a las afueras de New York, sorprendiendo a su paso a cualquier curioso que no pudiera creer los ocupantes del carro que les pasó por el lado: un tipo andrógino conduciendo, una copiloto de ojos violeta con los pelos revueltos, y ocupando casi por completo la silla de atrás un gordo enorme parecido a un mafioso italiano. En el 2003 Taylor se negó a asistir a la gala de los Oscar manifestando su abierto rechazo a la intervención de tropas estadounidenses en Irak. Los problemas sentimentales que fueron comunes en su vida estuvieron acompañados por dolencias y enfermedades que fueron surgiendo con cada amante. Fue hospitalizada más de setenta veces y tuvo que ser sometida a más de veinte operaciones, y fueron varias las ocasiones en las que la prensa se anticipaba señalando que Taylor tenía las horas contadas. Bajaba de peso hasta alcanzar los 50 kilos y unos meses más tarde recobraba 30; fue tratada por unas manchas que revelaron los rayos X en sus pulmones y que era debido a su adicción al tabaco; se dislocó cinco veces la espalda y tuvo que ser operada en dos ocasiones para remplazar sus caderas; sufría de disentería y flebitis y tuvo que someterse a una histerectomía y a una perforación en el esófago; superó un tumor cerebral y el cáncer de piel, y en dos ocasiones sobreviviría a fuertes ataques de neumonía. Sus últimos años estuvo lidiando contra la adicción al alcohol y a los barbitúricos, y hacia finales de los años ochenta la veríamos usando una silla de ruedas para desplazarse, y esto debido a la enfermedad de la escoliosis (que era su defecto de nacimiento) y a la osteoporosis que ahora la aquejaba en la edad adulta. Debido a una insuficiencia cardiaca tuvo que ser intervenida quirúrgicamente con el fin de incrustarle una válvula en su corazón, y antes de ingresar al hospital quiso advertir a sus seguidores a través de <em>Twitter</em>: “Queridos amigos, me gustaría hacerles saber antes de que esté en los periódicos que me voy al hospital para una operación en mi corazón. Les haré saber cuando esto esté acabado. Con amor, Elizabeth.” Y fue así como se despidió del mundo la gran estrella del cine hollywoodense, dejando un saludo de amor. Llevaba ya casi cuatro décadas sin que se destacara en ninguna de sus películas, ninguna fue un éxito en taquilla, pese a lo cual sus finanzas nunca se vieron comprometidas y ciertamente se trató de una millonaria. Comenzaría ganando cien dólares y acabaría firmando contratos con más de seis ceros, convirtiéndose en una de las actrices mejor pagas y la primera en ganar un millón de dólares por su actuación en una película. Pero sería debido a su faceta empresarial que Elizabeth Taylor conseguiría amasar una fortuna. Fue una de las primeras estrellas en emplear su propia imagen como el producto principal de lo que ofrecía, vendiendo con éxito ropa y cosméticos que le permitirían consolidarse como una próspera empresaria. Al morir su riqueza estaba valorada en cientos de millones de dólares. “El éxito es un gran desodorante”, remarcó quien tenía sobrada experiencia en el asunto. Nada menos que sus joyas valían ya una fortuna, las cuales junto a sus onerosos vestidos serían subastados después de su muerte, y los fondos recogidos fueron destinados a iniciativas de causas filantrópicas. Al morir dejaría una descendencia compuesta por cuatro hijos, diez nietos y cuatro bisnietos. Su colega Montgomery Cliff confesaría que Elizabeth Taylor fue la única mujer que ciertamente conseguiría atraerlo. La prensa la llamó <em>“Bigger than life”</em>, declarada para muchos como “la más hermosa del mundo”, y desde los años cuarenta la mujer de mirada violeta se inmortalizaría como un ícono indiscutible de la belleza y la sensualidad femenina.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Thu, 23 Nov 2023 23:53:29 +0000</pubDate>
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