<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/tag/guerra-civil/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Thu, 01 Oct 2026 16:25:25 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=7.1.2</generator>

<image>
	<url>https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/09/cropped-favicon-96.png?quality=60&#038;w=32</url>
	<title>guerra civil Archives | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
<site xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">256899664</site>        <item>
        <title>Nancy Astor (1879-1964)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/sin-categoria/nancy-astor-1879-1964/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Los principales peligros de esta vida son las personas que quieren cambiarlo todo… o nada.” Ella fue de esas que nació para cambiarlo todo. A esta mujer no le temblaba la voz al momento de expresar lo que sentía. Hubiera tenido que nacer para cantante o poeta, pero siendo tan deslenguada e impulsiva lo mejor [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>“Los principales peligros de esta vida son las personas que quieren cambiarlo todo… o nada.” Ella fue de esas que nació para cambiarlo todo. A esta mujer no le temblaba la voz al momento de expresar lo que sentía. Hubiera tenido que nacer para cantante o poeta, pero siendo tan deslenguada e impulsiva lo mejor fue consagrarse a la política. “Mi vigor, vitalidad y descaro me repelen. Soy la clase de mujer de la que huyo”, diría en su momento.</p>
<p>Nancy nació en Danville, Estados Unidos, en medio de una familia acaudalada que años antes había perdido su fortuna pero que había logrado reponerse de esta bancarrota luego de terminada la Guerra Civil, y que ahora gozaba de latifundios y predios de los cuales sacaba una alta rentabilidad. En una de estas suntuosas mansiones, “El Mirador”, sería donde Nancy llevaría sus años felices de la infancia.</p>
<p>A sus 18 años se mudó a New York para iniciar sus estudios, y casi al llegar conoció a quien sería su primer esposo, Robert Gould Shaw II, con quien no tendría una buena relación, y con quien a la postre acabaría luego de cuatro años y la presencia en el mundo de un niño llamado como su padre. “Me casé por debajo de mis posibilidades. Todas las mujeres lo hacemos.”</p>
<p>En 1903 muere la mamá de Nancy, y es entonces cuando esta decide regresar a la vida campestre de “El Mirador” para hacerse cargo de la hacienda y de los negocios de la familia. Pero su estancia en la casa de su infancia no sería muy productiva, por lo que un año más tarde emprende un viaje por el país que tanto la maravillaría y que acabaría por conquistar: Inglaterra. A su regreso sería su padre quien le recomendaría mudarse, siendo así que para 1905, Nancy, su hijo y una de sus hermanas se trasladarían a la capital londinense.</p>
<p>El amor fue mutuo. Los ingleses se dejaron seducir por el desparpajo de aquella campechana vivaz, irónica, pícara, contestona, repentista, sagaz y hablantinosa, que parecía tener a todo una respuesta. Esta simpatía y sus encantos serían las virtudes con las que luego conseguiría ganarse no solo el aprecio sino también, años más tarde, sus votos en las urnas. Se cuenta la anécdota de una mujer que celaba a su hombre ante la presencia arrolladora de Nancy. La cuestiona: “¿Ha venido usted a llevarse nuestros maridos?” Su respuesta fue: “Si supiera usted los problemas que he tenido para librarme del mío…”</p>
<p>Sin embargo para 1906 vuelve al altar, esta vez con Waldorf Astor, otro “expatriado” como ella, un hombre que se le parecía en casi todo, ya que incluso coincidían en la fecha y año de sus nacimientos. Así también respecto a sus ideologías moralistas y a sus personalidades temperamentales, pero sobre todo a sus crianzas, ya que ambos habían nacido y pasado sus infancias en los Estados Unidos.</p>
<p>La pareja se mudó a una suntuosa mansión en Buckinghamshire, Cliveden, junto al río Támesis, y sus aposentos se convirtieron en el centro de reunión de varios prestigiosos representantes del partido conservador, y donde poco a poco Nancy iría forjando alianzas y aprendiendo el tejemaneje del mundo político, pasando muy pronto a conformar parte del círculo informal conocido como Milner’s Kindergarten.</p>
<p>Lo suyo no era celebrar banquetes donde asistía la crema y nata de la sociedad, ya que su interés parecía estar definitivamente enfocado a abrirse un campo en la arena pública y darse a conocer. “Lo único que me gusta de la gente rica es su dinero.” Fue por esto que la casa de los Astor también sirvió como un precario hospital improvisado donde se prestó servicio médico a los soldados canadienses que habían sido heridos durante los combates de la Gran Guerra.</p>
<p>Un aspecto considerable en su historia tendría que ver cuando se convirtió al cristianismo científico. Comenzó leyendo de manera desinteresada un par de libros que, de manera progresiva, paulatina, gradual, acabarían por convertirla en una férrea creyente y una fanática convencida. Su convicción era tan fuerte, que era común que estuviera intentando convencer a cualquiera de sus creencias y especialmente a sus hijos, y de esta misma forma no desaprovechaba ocasión para criticar con rigor la religión tradicional del cristianismo.</p>
<p>El marido de Nancy gozaba desde hacía años de un puesto como diputado de Plymouth en la Cámara de los Comunes, pero luego de suceder a su padre como segundo Vizconde tendría que abandonar su puesto para formar parte de la Cámara de los Lores, dejando el escaño vacante para que su esposa se aventurara en la carrera política.</p>
<p>En 1918 se llevó a cabo una reforma política que le permitió a las mujeres el poder de postularse para ejercer cargos públicos, y ese mismo año Constance Markiewicz sería la primera mujer en ser elegida por voto popular; pero no sería la primera en oficiar como diputada, ya que este honor histórico le correspondería a Nancy Astor, quien sería ciertamente la primera mujer en integrar el parlamento británico.</p>
<p>Sin embargo la campaña no sería para nada fácil, en especial porque sus supuestas conexiones provenían directamente de la carrera que había forjado su marido, y no propiamente de la esposa desconocida y lenguaraz que aparecía para robarse a gran número de votantes con su destellante simpatía. Se le achacaba además que fuera una oligarca sin mayor contacto ni conocimientos de la realidad social inglesa, y por lo cual sería increpada por alguien que le preguntó qué habían hecho los Astor por él en específico, y a lo que Nancy respondió: “Ya lo sabes, Charlie”, para luego coquetearle y sacarse una foto con él. Y era precisamente este carisma y gracia la que le valdría el aprecio de un público que se divertía con cada una de sus ocurrencias.</p>
<p>Durante su campaña también se cuidó dejando de lado sus posturas fundamentalistas, especialmente las referentes a la prohibición del alcohol, y así mismo consiguió convocar a varias mujeres en mítines y reuniones donde seguramente lograría un importante caudal de votos. “Nosotras, las mujeres, hablamos demasiado, pero ni siquiera así decimos la mitad de lo que sabemos.”</p>
<p>Siendo una de las más votadas, el 1 de diciembre de 1919 Nancy pasaba a ocupar su curul en la Cámara de los Comunes como representante del Partido Conservador, conocidos también como <em>“Tories”. </em>Y era como si Nancy adivinara su postrero porvenir y a pesar de que el camino en un principio parecía tan prometedor, y así fue: “Los pioneros pueden ser figuras destacadas, pero a menudo están solos.”</p>
<p>Una mujer en medio de un conglomerado de señores resultaba ya de por sí pintoresco. La polémica y controvertida parlamentaria procuró ser discreta en su vestir, discreta en ocupar otros espacios distintos de su escaño para codearse con los hombres en la cafetería y en fumaderos, y aunque dicha discreción no lograría explayarla al momento de contener su lengua. Según se cuenta el primer día en el parlamento la diputada tendría su primer llamado de atención luego de que la sesión se viera perturbada por no parar de hablarle a su compañero del lado.</p>
<p>Muchos fueron los contradictores que se oponían a sus propuestas, como aquella de hacer algunas reformas a las leyes de divorcio, y por lo que se le llamó hipócrita siendo que ella se había divorciado en Estados Unidos, gozando de las prebendas legales que ahora pretendía derogar. Sea como sea, lo cierto es que su paso por el órgano legislativo no tuvo mayor trascendencia. Defensora de la igualdad de sexos, propuso crear un partido especial para las mujeres, pero jamás se concretó, como sí logró cumplir con la creación de parvularios, e incluso donaría de su propio bolsillo para la financiación de proyectos educativos para menores. Estaba comprometida con la educación, y aunque sus comentarios siguieran la misma línea de la imprudencia. Decía: “La verdadera educación debería educarnos para ser algo mejor; en un egoísmo que nos una a la humanidad.”</p>
<p>Mostró siempre su simpatía por la unidad de los anglófonos y nunca ocultó su orgullo por el imperio británico. Y en donde sí que fue constante y no dio su brazo a torcer, sería en las iniciativas legales que restringieran el consumo de alcohol, y que a la postre consiguió con la ley que incrementó a los 18 años la edad en la que se permitía su consumo.</p>
<p>Durante los años veinte Nancy mantuvo una buena popularidad, inspirando a muchas mujeres a que tomaran también la iniciativa de lanzarse al ruedo político, e invitándolas además para que se enlistaran a formar parte del servicio civil y de la fuerza policial. Y pese a que también en Estados Unidos era célebre y querida, los años siguientes su imagen y aprecio comenzarían a decaer con notoriedad.</p>
<p>A finales de esta década logró mantener su curul luego de unas elecciones bastante apretadas contra el candidato laborista. El comienzo de la década de los treinta no pintaba nada bien. Incriminado por una acusación de homosexualismo, en 1931 su hijo Robert es llevado a prisión, y por esos mismos días Nancy daría un discurso bastante desacertado que acabaría por opacar todavía más su ya desgastada figura. Sucedió luego de que la selección nacional de críquet fuera derrotada, y a Nancy no se le ocurrió un mejor culpable del fracaso que el propio alcohol. Los jugadores y la gente en general no gustó mucho de que los llamaran borrachos, y su popularidad continuó decreciendo.</p>
<p>“La pena del éxito es que la gente que te asombra ahora te aburre”, decía, pero no así sucedió cuando conoció a un personaje que marcó su vida, el escritor George Bernard Shaw, con quien mantenía arraigadas e irreconciliables discrepancias, y pese a esto ambos disfrutaban de la compañía contradictoria del otro. Con Shaw viajó a la Unión Soviética cuando este le sugirió que lo acompañara y así pudiera despejarse de sus problemas. Y a pesar de que Astor se manifestaba contradictora del comunismo, su imagen se vería nuevamente deslustrada cuando su amigo se pronunció públicamente mostrándose partidario de la Rusia de Josef Stalin.</p>
<p>La verdad es que Astor tuvo incluso la valentía de cuestionar al dictador durante una entrevista a la que sería invitada, preguntándole por la muerte injusta de una buena parte de su pueblo. Según parece los traductores prefirieron cambiar el discurso y evitando molestar al mandatario dentro de sus propios dominios. Sea como sea, de regreso a Inglaterra su partido empezó a verla con cierto recelo y desconfianza, como una especie de traicionera que ahora congeniaba con las ideas del comunismo.</p>
<p>Nancy tampoco dejó una buena imagen mostrándose a favor de una nueva guerra mundial, y aunque se hubiera opuesto al nazismo por su postura contra las mujeres, sí que se parecía una simpatizante encubierta del régimen. Sería por esto que en Gran Bretaña la llamaban la mujer del <em>Führer</em>, y así mismo era conocida como la “Honorable Parlamentaria por Berlín”.</p>
<p>De lo que sí no cabrá duda es de su ideología antisemita, la misma que compartía Joseph P. Kennedy, y con quien mantuvo una copiosa correspondencia en donde al parecer ambos sugieren que Adolf Hitler podría convertirse en una solución para dos odios compartidos: los judíos y el comunismo. Sin embargo en una entrevista declaró que Hitler era muy parecido a Charlie Chaplin como para que pudieran tomarle en serio.</p>
<p>Los comentarios salidos de tono y sus tantas ocurrencias empezarían a jugarle en contra, y si antes deleitaba a las audiencias con sus dichos sardónicos, ahora Nancy se estaba convirtiendo en una señora molesta que solía perturbar y polemizar cada vez que abría la boca. Se exacerbó su odio por el comunismo y se profundizó su fanatismo religioso, logrando así que fuera su imagen la que cada vez estuviera más empañada.</p>
<p>La gente ya no le creía mucho, y esto porque su decadencia también empezó a ser notoria en su condición mental. En sus discursos se veía errante, en ocasiones perdida, incapaz de hilvanar algunas ideas, y por lo que poco a poco fue convirtiéndose más en una especie de burla que en una política útil. Ante la imposibilidad de debatir con alguien tan poco cuerdo, un parlamentario de la oposición comentó que es como “jugar al squash con un plato de huevos revueltos.”</p>
<p>Durante la Segunda Guerra su mansión volvería a ser una cede improvisada para atender otra vez a los soldados canadienses, y esto pese a que también con los ejércitos tendría sus desencuentros, y en especial cuando llamó “desertores” a aquellos soldados que se habían negado viajar a Francia. En respuesta a sus declaraciones las tropas compusieron una canción que acabaría haciéndose popular, y a la que titularon <em>La balada de los desertores del Día D: </em>“Querida Lady Astor, creemos que usted sabe mucho de la guerra. De pie en su escaño y contando mierda, usted es el bombón y el orgullo de Inglaterra. Creemos que su boca también está llorando por nosotros. Se lo dedicamos sus “Desertores del Día D” desde la soleada Italia.” Otros regimientos se atrevieron a decir que la animadversión de Astor a los ejércitos era debido a que un soldado había contagiado a su hija de una enfermedad venérea y que incluso la había embarazado.</p>
<p>Y si se creía que no era posible ganarse aún más el desprecio por buena parte de la sociedad, decir que en los últimos años también se incrementó su odio racial y su discriminación étnica. En Estados Unidos humilló a los estudiantes afroamericanos diciéndoles que su aspiración en la vida debería ser la de convertirse en los sirvientes que la atendían cuando era niña, y a los negros cristianos les recomendó agradecieran por la época esclavista ya que gracias a esta vivencia es que los negros se permitieron conocer el cristianismo.</p>
<p>Luego de haber sido reelegida siete veces consecutivas y después de veintisiete años como parlamentaria, Nancy Astor no se presentará nuevamente a las elecciones. “Ya de paso también me gustaría decir que la primera vez que Adán tuvo la oportunidad le echó la culpa a Eva.” Los <em>Tories </em>la consideraban ya un ser vetusto y ni siquiera su marido se prestó para apoyarla a una nueva candidatura, siendo así que en su discurso de despedida dejó en claro que su retiro no era del todo deseado por ella, y que tras su partida los hombres ya podían sentirse tranquilos. En su momento le escuchamos decir que “las mujeres tienen que hacer el mundo más seguro para los hombres ya que los hombres lo han hecho tan inseguro para las mujeres.”</p>
<p>Un enemigo acérrimo con quien protagonizaría sonados debates en el parlamento sería nada menos que el mismísimo Winston Churchill, a quien en una ocasión le diría: “Si usted fuese mi marido, le envenenaría el té.” Y en respuesta Churchill le contestó: “Señora, si usted fuera mi esposa, ¡me lo bebería!” Churchill diría que tener una parlamentaria como ella era tan desagradable como tener a un intruso toqueteándole en el baño, a lo que Astor respondió: “Usted no es tan atractivo como para tener que preocuparse por eso.” Para una fiesta de disfraces que estaba por celebrarse Churchill pidió alguna sugerencia para su disfraz, a lo que Astor le propuso: “¿Y por qué no viene sobrio, Primer Ministro?” Y es que desde siempre Nancy se confesaría abstemia: “Una razón por la que no bebo es porque deseo saber cuándo me lo estoy pasando bien.”</p>
<p>Los años venideros tuvo que padecer la muerte de los dos últimos hermanos que le quedaban, así como la de su mentor espiritual, además de un paro cardiaco que tuvo su marido luego de una discusión con ella, y que acabaría por distanciar a la pareja. Algunos ideales izquierdistas contagiaron la ideología del marido, por lo que la pareja se distanciaría para volver a reconciliarse un tiempo después, y hasta la muerte de Waldorf Astor en 1952, el hombre con quien compartió tantos años y con quien tendría cinco hijos. “Me niego a admitir que tengo más de 52 años, aunque eso haga a mis hijos ilegítimos”, decía, como siempre, en broma.</p>
<p>“¿Me estoy muriendo o es mi cumpleaños?”, dijo Nancy Astor, a quien se le irían yendo los suyos, sus más queridos. Ya habría muerto su amigo Shaw, y fue así como Nancy se iría perdiendo cada vez más en el olvido y en la soledad, hasta ese día del año de 1964 en el que moriría en casa de su hija, en Grimsthorpe, Lincolnshire, y sus restos descansan en Buckinghamshire.</p>
<p>Luego de un siglo de haberse convertido en parlamentaria, la ex primera ministra Theresa May inauguró en Plymouth una estatua de bronce junto a la que hubiera sido la casa de Astor, refiriéndose a ella con las siguientes palabras: “Hace cien años, Nancy Astor cambió la democracia británica para siempre y para mejor. Además de ser un monumento a una mujer valiente, espero que esta estatua inspire a personas de todos los orígenes a dar un paso al frente y participar de lleno en la vida pública.”</p>
<p>Cómica, cínica, explosiva, ingeniosa, delirante, se le recordará por sus tantas citas que no pudieron pasar desapercibidas. De carácter firme, sin pelos en la lengua al momento de defender sus ideas que bien sabía argumentar, convencida de sí misma, grotesca y vulgar, brillante, y de quien se decía incluso que tenía poderes hipnóticos, una mujer definitivamente particular y que, por lo mismo, consiguió abrirse paso en un mundo donde la única y primera mujer tendría que ser así, así como era Nancy Astor.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-90554" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/06/278.-NANCY-ASTOR.jpg" alt="NANCY ASTOR" width="225" height="225" /></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                    <category>Sin categoría</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=90553</guid>
        <pubDate>Thu, 30 May 2024 12:14:40 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-1-1.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Nancy Astor (1879-1964)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">90553</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Elizabeth Bisland (1861-1929)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/elizabeth-bisland-1861-1929/</link>
        <description><![CDATA[<p>Lectora voraz, quizás de niña tendría la oportunidad de enterarse de Phileas Fogg, personaje de la novela de Julio Verne, y en donde el intrépido protagonista emprenderá un viaje alrededor del globo terráqueo que le llevará 80 días en concretar. Lo que seguramente no imaginaría es que al crecer tendría la oportunidad de imitar a [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Lectora voraz, quizás de niña tendría la oportunidad de enterarse de Phileas Fogg, personaje de la novela de Julio Verne, y en donde el intrépido protagonista emprenderá un viaje alrededor del globo terráqueo que le llevará 80 días en concretar. Lo que seguramente no imaginaría es que al crecer tendría la oportunidad de imitar a aquel personaje ficticio, en un intento por mejorar el récord de su hazaña.</p>
<p>Elizabeth nació en Louisiana, en el contexto de la Guerra Civil, por lo que su familia tendría que abandonar sus predios mientras se libraba la Batalla de Fort Bisland. Cuando la pequeña tenía alrededor de 12 años su familia regresó a su granja, y de las ruinas de un incendio logró rescatar algunos libros de la biblioteca, nutriendo su intelecto con nada menos que los más grandes literatos, como William Shakespeare y Miguel de Cervantes.</p>
<p>La vena de escritora empezó a manifestarse durante su adolescencia, cuando hizo llegar al <em>New Orleans Times Democrat </em>una serie de poemas firmados bajo el seudónimo de “BLR Dane”, y que más tarde revelaría que el autor se trataba de una avivada jovencita a la que el periódico pagó en compensación por su trabajo. Tampoco sus padres conocían del talento avezado de su hija, a quien el periódico no dudó en proponerle que hiciera parte de su redacción, por lo que Elizabeth tuvo que mudarse a la ciudad fiestera de New Orleans.</p>
<p>En 1887 Elizabeth se muda a New York para trabajar en el periódico <em>The Sun, </em>y dos años después acepta una nueva propuesta en el <em>New York World, </em>en el <em>Atlantic Monthly </em>y en el <em>North America Review,</em> para finalmente ser contratada por la afamada revista <em>Cosmopolitan, </em>quienes confiados en el bagaje literario de la escritora, así como de su elegancia y buen gusto, y del conocimiento de las ciudades de New York y New Orleans, le dejarían a cargo la redacción de las reseñas literarias, en las que se permitía tocar autores tan disímiles como León Tolstói y Don Juan Manuel.</p>
<p>Por aquel entonces el magnate director del <em>The New York World</em><em>, </em>Joseph Pulitzer, se preguntaba si era posible realizar en menos de 80 días el mítico viaje ficticio de Phileas Fogg alrededor del mundo. De inmediato le dio alas a su empresa y nombró a una de sus más intrépidas redactoras, Nellie Bly, anunciando para finales de 1889 que una de sus reporteras comenzaba la odisea de superar la marca registrada en el relato del autor francés.</p>
<p>El interés del público no se hizo esperar, y fue entonces cuando <em>Cosmopolitan </em>tomaría la arriesgada decisión de hacerle frente al propósito de su competencia y emprender también la misma carrera. Consideró conveniente seleccionar a una mujer, y la más idónea resultaba ser esa sureña de 28 años cuyos escritos de viaje estaban convencidos podrían seducir a cientos de miles de lectores. El editor le planteó la misión a Elizabeth pero la conminó a partir de inmediato, a lo que ésta se pretextaría acusando que al día siguiente la esperaban unos invitados para tomar el té de las cinco. Seis horas más tarde Bisland partía desde el oeste de New York con destino al mismo punto, y sus invitados tendrían que esperar si la hazaña a la que estaba por enfrentar la llevaría a cumplir puntual su cita del té antes de pasados 80 días.</p>
<p><em>Cosmopolitan </em>había decidido enviar a su reportera en el sentido contrario del que tomó su competencia, quien para ese momento ya andaba cruzando en un barco de vapor las aguas atlánticas que la llevarían hacia Europa.</p>
<p>Bly intentaba superar a un personaje de ficción, pero al llegar a Hong Kong se enteraría que una reportera del <em>Cosmopolitan </em>había emprendido la misma aventura pero en sentido contrario. Un operario que seguía de cerca la carrera le comentó a Bly que su rival le llevaba una ligera ventaja, ya que la había visto pasar por allí hacía tres días.</p>
<p>Bisland había comenzado su raudo peregrinaje a contrarreloj atravesando hacia el oeste en un tren que casi se descarriló por la insistencia de su apresurada pasajera. Para ese momento ya eran muchas las personas que seguían ambos diarios en espera de que cada una compartiera sus experiencias, por lo que en San Francisco Bisland sería abordada por una multitud que quería conocerla y que servirían para obstaculizar su acelerado trasegar.</p>
<p>Según contará en sus memorias, en adelante Bisland se dedicó a vivir una apuesta en la que disfrutaría del viaje, siendo que nunca llamó a esta competencia como a una “carrera”, y expresando el encanto que despertó su visita a algunas regiones del Imperio Británico, y en especial su paso por Japón.</p>
<p>Pulitzer llevó el control riguroso del tiempo empleado por su reportera, haciendo un concurso en el que los espectadores tratarían de adivinar el momento justo en el que completara su hazaña, y a sí mismo se valdría de otras publicidades y de constantes publicaciones para ganar la carrera en la venta de periódicos. Un sinnúmero de espectadores se mantenía al tanto de las publicaciones de ambas mujeres, despertando mayor interés la narrativa sensacionalista de<em> The New York World</em>, y atrayendo más que los relatos poéticos presentados por Bisland que eran publicados cada mes.</p>
<p>Las dos escritoras tenían un estilo propio, muy distinto del de su contrincante. Bisland se preciaba de un lirismo más propio de las novelas, mientras que los relatos de Bly gozaban de una emoción más precisa, llamativa para el público más básico, sin el encanto poético de su rival, y que había ido puliendo al probarse como una arriesgada reportera investigativa que se había infiltrado en redes de corrupción para obtener de primera mano un reportaje revelador.</p>
<p>Al llegar a Inglaterra, a Bisland se le informó que el barco de vapor alemán Ems que debía abordar en Southampton había ya partido, y que incluso su editor había intentado sobornar a los oficiales de la compañía naviera para que aguardaran por ella. No está claro si se trató de una maniobra sucia e intencionada, una trampa en la que Bisland caería y que la llevaría a viajar hasta Irlanda, para desde allí abordar el lento barco Bothnia que salió a mediados de enero desde Queenstown.</p>
<p>Por su parte Nellie Bly ya recorría la ruta con destino a casa en un tren expreso que su jefe había negociado para completar su viaje ganador, que tendría su final el 25 de enero de 1890 a las 3:51 de la tarde, completando un recorrido alrededor del mundo en 72 días, 6 horas y 11 minutos.</p>
<p>Los últimos días de Bisland antes de lograr su cometido serían días aciagos, acompañados por la premura y los impasses, por obstáculos insospechados y por una terrible tormenta en medio de la cual arribaría a New York. Y a pesar de que Bisland consiguió superar a Phileas Fogg, su arribo no sucedería hasta pasados casi cinco días después de Bly, completando su registro en 76 días y medio.</p>
<p>Casi nadie estaba esperando por ella, dado que Nellie Bly se le había anticipado, y sería su contrincante quien pasaría a la historia por haber ganado la apuesta de circundar el globo antes de 80 días.</p>
<p>Elizabeth Bisland compartió algunos relatos y experiencias de viaje en la revista <em>Cosmopolitan, </em>y que luego serían ampliados y compendiados en un libro que tituló: <em>En siete etapas: un viaje volando alrededor del mundo, </em>y el cual publicaría un año después de su aventura mundial. A partir de entonces se dedicó a escribir, publicando en 1906 su obra más famosa y que fue reconocida por su calidad: <em>La vida y cartas de Lafcadio Hearn, </em>además de otro libro ampliamente reconocido, titulado <em>La vida secreta: siendo el libro de un herético. </em>De manera póstuma sería publicado su libro <em>Tres hombres sensatos del Este.</em></p>
<p>Después de su odisea se casaría con un abogado, con quien construiría una residencia veraniega en Long Island a la que llamarían “Applegarth”. Posteriormente realizaría algunos viajes, interesándose particularmente en la cultura japonesa, país que visitaría dos veces más. Escribió sobre temas diversos como la vejez, y de igual forma apoyó con sus palabras el rol de la mujer en la sociedad. Estas fueron sus apreciaciones luego de un viaje en el que Bisland manifiesta su descontento por la misoginia: “Una vez que la atracción sexual desaparece, las mujeres no tienen poder en América.”</p>
<p>Para 1922 <em>New York Times </em>anunciaba a través de un obituario la defunción de la escritora Elizabeth Bisland, de quien ni siquiera se mencionaría acerca de su travesía global, siendo enterrada en el Cementerio de Woodlawn, en el barrio Bronx de New York, donde ese mismo año también sería sepultada su legendaria rival, Nellie Bly, quien además también murió por causa de una neumonía.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89835" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/05/236.-ELIZABETH-BISLAND-230x300.jpg" alt="" width="230" height="300" /></p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=89834</guid>
        <pubDate>Fri, 04 Aug 2023 05:49:27 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Elizabeth Bisland (1861-1929)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">89834</post-id>    </item>
    </channel>
</rss>