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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Gramsci en Colombia Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Gramsci y la lógica de lo político</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/gramsci-y-la-logica-de-lo-politico/</link>
        <description><![CDATA[<p>En este artículo explicamos en 9 pasos la lógica de la política: la finalidad de la misma y la estrategia para el logro de la hegemonia, la cual comporta la llamada batalla cultural. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Jorge Luis Borges dijo: “los astros y los hombres vuelven cíclicamente”. Este verso pone de presente que nada se va para siempre, que hay cosas que permanecen ahí, sepultadas, y que pueden revivir para actuar en la actualidad. El verso también patentiza que la tradición no es un mármol frio del pasado, sino que puede actualizarse, o lo que es lo mismo, que existen “pasados proyectivos”. Gramsci es uno de esos hombres que hoy está de vuelta. Así lo testimonian su presencia en la política contemporánea actual, especialmente, en los progresismos, en los debates en la filosofía política e, incluso, en las tácticas de la neoderecha que parece haber entendido mejor a Gramsci que la misma izquierda, pues se ha tomado en serio el tema de la batalla cultural en los medios y los artefactos culturales, al igual que la conquista del sentido común de la gente. Pero ¿a qué se debe este renacer de Gramsci? La respuesta es sencilla: porque su obra es una caja de herramientas que sirve para <em>analizar</em> la realidad política actual, pero no solo para analizarla, sino que ofrece <em>horizontes teórico-prácticos</em> para transformarla. Veamos algunos puntos clave que nos permiten sustentar lo dicho:</p>



<p class="wp-block-paragraph">1º. El ser humano hace la historia, puede cambiar la realidad en la que vive, tal como pensó Gramsci, quien sostuvo: “La historia como acaecimiento es pura actividad práctica”, es decir, la <em>voluntad colectiva, común,</em> produce transformaciones, no solo en el nivel económico, sino en el&nbsp;<em>nivel cultural, intelectual y moral.&nbsp;</em>Tener conciencia de la historia como creación típicamente humana es un punto de partida fundamental para evitar la indiferencia, la resignación, el conformismo y la&nbsp;<em>claudicación</em>&nbsp;ante el presente, pues el porvenir siempre es abierto. El materialismo histórico o, lo que es lo mismo, la <em>filosofía de la praxis,</em> concibe al humano como un protagonista de su propia historia. Es una filosofía o concepción elaborada del mundo que, por medio de la <em>acción política</em>, <em>deviene</em> <em>historia</em> <em>viva.</em> De esta manera se rechaza el optimismo neoliberal del fin de la historia que paraliza el pensamiento y la acción y que pretende inculcarnos la idea <em>del fin del futuro</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2º. El análisis debe partir de “lo que hay”, del mundo que se tiene, de la situación de la infraestructura con sus relaciones de producción, situación económica, grupos de interés, empresas, etc., sin caer en el determinismo económico, pues, en estricto sentido, la disputa por la economía ya es una disputa política. Gramsci decía: “Lo que determina la acción política no es la estructura económica, sino la interpretación que se dé de esta y de las llamadas leyes que rigen su desarrollo. Estas leyes no tienen nada de común con las leyes naturales”. El sujeto no está determinado por su posición de clase, no es ésta la que le otorga la <em>autoconciencia</em>, pues el sujeto <em>político</em> no se constituye como tal <em>antes</em> del conflicto político, sino justamente <em>gracias a él</em>. Igualmente, “lo que hay” requiere pensar en <em>las fuerzas políticas</em>, sus intereses, sus luchas, las tendencias hegemónicas, las ideologías; así como en la correlación de las fuerzas militares y la geopolítica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. La política consiste en una batalla intelectual, cultural y moral que disputa el&nbsp;<em>sentido común</em>&nbsp;(opiniones, creencias, supersticiones, prejuicios, valoraciones, certezas, en fin, la concepción del mundo de la gente) de la sociedad. El sentido común es generalmente conservador, contiene visiones retrógradas del mundo, <em>es un abecedario mental</em> con el que nos movemos en la realidad, con el que la interpretamos; el sentido común es misoneísta, pero puede contener un núcleo crítico, un <em>buen sentido</em> que se manifiesta en nuestras prácticas, muchas veces en contra del sentido común dominante. Ahora, <em>la lucha cultural</em> consiste en una <em>guerra de posiciones</em> donde se va avanzando en el terreno de la sociedad civil, conquistando lugares, derrumbando sus fortificaciones, conquistando porciones de <em>sentido</em>, tomando ideológicamente a la sociedad. Desde luego, como toda batalla, implica luchar contra la cultura del adversario. Y en esa tarea el análisis de sus discursos ideológicos, de su literatura, de su propaganda, de los contenidos de la radio, de la televisión, del cine, de su teatro y hasta de sus fiestas etc., es fundamental. Hoy, básicamente, la sociedad es un campo de batalla por la conquista de la atención y en la búsqueda del consentimiento de las grandes más. Y en esa tarea llegar a las masas a través de los artefactos culturales es clave, es imperioso e implica un trabajo permanente. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">4. En la lucha por conquistar el sentido común se requiere partir de lo “que hay”, criticarlo, elaborarlo y “superarlo” en una visión nueva de sociedad (o nueva <em>concepción del mundo</em>) que se debe difundir y consolidar por medio de la propaganda, la discusión, la seducción, la persuasión, el trabajo cultural, etc. Como ha dicho Boaventura de Sousa Santos: “esa lucha tiene lugar en la educación formal y en la promoción de la educación popular, en los medios de comunicación, en el apoyo a los medios alternativos, en la investigación científica, en la transformación curricular de las universidades, en las redes sociales, en la actividad cultural, en las organizaciones y movimientos sociales, en la opinión pública y en la opinión publicada. A través de ella se construyen nuevos sentidos y criterios de evaluación de vida social y de la acción política”. Entonces, se trata de vencer, superar el sentido común hegemónico, dominante, elevarlo al concepto, esclarecerlo, y construir una nueva filosofía democrática que, con <strong><em>la mediación de los intelectuales</em></strong>, pretenda convertirse en un <em>nuevo sentido común</em> que, a la vez, se convierta en “norma de vida”, que devenga acción práctica cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, hay que dialogar con la <strong>cultura popular</strong>, extraer de ella sus puntos críticos, emancipadores, positivos, que contribuyan a la pelea por la conquista de la hegemonía. Pero debe tenerse en cuenta que destruir el sentido común de la clase dirigente, oligárquica, señorial, aristocrática, corrupta, etc., y cambiarlo por una concepción del mundo que defienda lo&nbsp;<em>común</em>&nbsp;(tierra, agua, aire, conocimiento, intereses colectivos)&nbsp;<em>toma tiempo</em>, y requiere trabajo con las “gentes sencillas”. Se trata de un humanismo plebeyo como dice Luciana Cadahia. Para lograrlo, es necesario el&nbsp;<em>trabajo social, la militancia, la educación popular, el trabajo en cultura política,</em>&nbsp;pues las ideas progresistas, novedosas, etc., no ganan la aprobación de la gente de un momento a otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">5. Sustituir una <em>vieja</em>&nbsp;<em>concepción del mundo</em>, por ejemplo, la neoliberal, basada en el darwinismo social, el exitismo, el egoísmo, la competencia, la destrucción de la naturaleza, la mecanización de los procesos vitales en la sociedad del frenesí, etc., requiere&nbsp;<em>deconstruirla</em>&nbsp;y sustituirla por un nuevo&nbsp;<em>sentido</em>&nbsp;común, que, por ejemplo, esté afincado y constituido por <em>otros valores y prácticas</em>. Se trata de una rebelión de los instintos vitales contra la tanatopolítica que devasta y arruina nuestro mundo. En esas luchas se puede recoger y aprender de la tradición, recoger los sedimentos revolucionarios y los restos de libertad y dignidad aún no realizados en la historia de las luchas emancipatorias, como pensaron algunos miembros de la Escuela de Frankfurt y en nuestro medio colombiano Orlando Fals Borda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. Lo anterior exige la política. El fin de esta <em>es crear una nueva hegemonía</em>, materializarla, mantenerla y reproducirla. Solo así se crea una nueva sociedad. La política es el arte de seducir y convencer para que los nuevos intereses de un grupo o partido se impongan en la mayoría de la sociedad y reciban el respaldo de la gente. En eso consiste que una determinada idea, visión del mundo o&nbsp;<em>programa político</em>&nbsp;se torne&nbsp;<em>hegemónico</em>. La hegemonía es el paso de lo particular y de los intereses económicos-corporativos a una <em>universalidad</em> que recoge esos intereses y los identifica con los de toda la sociedad, de tal manera que la mayoría los asuma como <em>propios</em>. Por eso, no hay hegemonía sin universalización de posturas emancipatorias. Ahora, la&nbsp;<em>contienda por el poder</em>&nbsp;y por ganar la&nbsp;<em>dirección de la sociedad</em>&nbsp;se da no solo a nivel de la sociedad política (parlamentos, sistema electoral, poder ejecutivo) sino especial y principalmente en el campo de la <em>sociedad civil</em>, es decir, en las organizaciones políticas, sindicales, educativas, grupos ambientales, movimientos pro LGBTI, grupos religiosos, movimientos culturales e intelectuales, organizaciones u ONG´s en defensa de los derechos humanos. <em>La sociedad civil es, entonces, el campo de batalla ideológica por la obtención del consentimiento y el consenso.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">7º. En la&nbsp;<em>lucha antagónica</em>&nbsp;<em>por la hegemonía</em>&nbsp;es fundamental el papel de los intelectuales, de los estratos más conscientes, en pleno contacto con la sociedad. Es así como se puede elaborar, en la retroalimentación con los&nbsp;<em>sectores subalternos</em>, una visión más coherente y sistemática de la realidad. Por eso, los intelectuales son fundamentales en la construcción de la&nbsp;<em>ideología</em>, entendida no como falsa conciencia, sino como un conjunto o sistema de ideas que encarnan una visión específica de sociedad. Esas ideologías tienen poder de <em>identificación</em> y de movilización de afectos en pro de la construcción de una nueva concepción del mundo. Aquí, la ideología es el cemento o pegante que cohesiona a los grupos que representan las alternativas políticas. Sin ideología no hay, entonces, hegemonía.&nbsp; Y esta hegemonía presupone la ideología, implica la creación de “un bloque social” no solo como sujeto político, sino como una unidad <em>intelectual y moral</em> donde teoría y práctica han convergido, donde se da esa unidad. Eso ocurre cuando la gente encarna una concepción del mundo, lo vive y lo materializa en sus prácticas cotidianas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">8. La construcción de hegemonías es una tarea permanente, pues esta nunca es absoluta, ni totalizante, de tal manera que no clausura lo social, ni totaliza la realidad; mucho menos elimina una de las características fundamentales de las sociedades actuales:&nbsp;<em>el conflicto y el antagonismo.</em>&nbsp;Aquí no hay paraísos, ni fin de la historia, solo un devenir conflictivo de lo social. El objetivo es construir un nuevo orden donde haya un nuevo bloque dirigente, producto de una <em>voluntad colectiva nacional-popular</em> que es, a la vez, una unidad intelectual y moral como nueva forma de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">9. El pensamiento de Gramsci no es un dogma, ni un catálogo de conceptos o recetas para el cambio social. No. Es una caja de herramientas útiles donde es lo real-concreto y su análisis el que <em>enriquece</em> la teoría y, ésta, a su vez, permite ampliar la comprensión de la realidad favoreciendo la praxis colectiva. Importante es resaltar el gran papel que Gramsci le da a <em>lo político</em> sobre lo económico, su antideterminismo y anti-economicismo, su crítica de la toma del poder, la reciprocidad dialéctica entre estructura y superestructura, la relevancia de la cultura y el trabajo cultural, el papel dado a la lucha, el conflicto y el antagonismo social, la importancia de articular una visión de mundo con un <em>nuevo lenguaje</em> político que conquiste a las grandes mayorías para así construir otro mundo posible. Es por estas razones que Gramsci está de vuelta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132962</guid>
        <pubDate>Sat, 12 Sep 2026 16:01:36 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Gramsci y la lógica de lo político]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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        <title>El neoliberalismo se instala como un virus en el sentido común.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/filosofia-y-coyuntura/el-neoliberalismo-se-instala-como-un-virus-en-el-sentido-comun/</link>
        <description><![CDATA[<p>Presento aquí el Prólogo de mi libro  &#8220;La disputa del sentido común y la transformación del orden social. Los aportes de Antonio Gramsci&#8221;.  El cambio social exige dar la batalla cultural por la conquista del sentido común en el cual hemos naturalizado el capitalismo. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Prólogo del libro &#8220;La disputa del sentido común y la transformación del orden social. Los aportes de Antonio Gramsci&#8221;. Ediciones Desde abajo, 2024. </strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El filósofo italiano Norberto Bobbio<a id="_ftnref1" href="#_ftn1">[1]</a> decía que clásico es el autor que cumple, al menos, con tres requisitos: primero, es un intérprete de la época que le tocó vivir, de tal manera que esa época es incomprensible, en parte, sin sus aportes; segundo, ha construido herramientas teóricas, tipologías, categorías, ha acuñado conceptos, etc., imprescindibles para comprender mejor la sociedad y la historia, y tercero, es un autor actual, si bien parcialmente, que cada generación tiene necesidad de releer y de reinterpretar, y lo es justamente porque sus aportes teóricos y conceptuales pueden ayudar a esclarecer el presente<a id="_ftnref2" href="#_ftn2">[2]</a>. Yendo más allá de Bobbio, se puede agregar que también es clásico un autor cuyos aportes pueden ser utilizados fructíferamente en disciplinas distintas a la suya. Un autor clásico lo es, pues, por su legado intelectual y por la vigencia, siempre parcial, de este.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Clásico en cualquier disciplina es también lo que pertenece a una tradición intelectual; tradición que es un pretérito acumulado, un reservorio cultural de ideas. La tradición es lo que la misma historia nos entrega; <em>traditio </em>en latín: ‘algo que se transmite’, un legado. Clásico es lo que sobrevive a las ruinas del tiempo, es lo que deja huella, aquello que nunca se ha ido y que, por lo mismo, siempre ha estado ahí, presente, sin ser barrido por el paso de la historia. Es también lo que sirve de modelo, por ser ejemplar. Es lo que se puede rescatar y poner a actuar en el presente. El filósofo italiano Antonio Gramsci (1891-1937) es uno de esos autores.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="576" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/10/iml-1-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-106248" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Desde su aparición en las primeras décadas del siglo xx, el pensamiento del filósofo italiano Antonio Gramsci realizó aportes significativos a la corriente del marxismo, específicamente, frente al mecanicismo, al dogmatismo, el economicismo y la desatención al papel de la cultura del llamado marxismo vulgar. La obra de Gramsci significó una fructífera revolución que engrosó el acervo del pensamiento original de Marx y Engels. Así, es reconocido en procesos actuales como el de Podemos en España<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>; el socialismo autóctono bolivianoen la versión de Álvaro García Linera del año 2015; el grupo Presidencialismo y Participaciónde la Universidad Nacional de Colombia, dirigido por Miguel Ángel Herrera Zgaib y Juan Carlos García, o los estudios del profesor Jorge Gantiva Silva centrados en la actualidad de Gramsci para el pensar y la cultura, entre otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿A qué se debe, entonces, la actualidad de Gramsci? A su renacer en el marco de los procesos políticos contemporáneos y a la vigencia de un arsenal de conceptos útiles, especialmente, en la lógica de la política. Esta es la razón por la cual Gramsci vuelve (como los astros) a estar de moda, a ser vigente. En efecto, como lo recuerda Íñigo Errejón —uno de los fundadores del partido Podemos en España—, tras el movimiento 15-M<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a> de 2011, Gramsci permitió ver que es posible la actividad política entendida como una lucha por el sentido y como articulación de una suma compleja y «contradictoria de iniciativas culturales, sociales y electorales-institucionales que van cambiando los equilibrios de fuerzas en favor de los gobernados». Es decir, se evidenció la posibilidad de construir voluntad común colectiva y articular al pueblo en defensa de la democracia y en claro reto a las oligarquías y sus privilegios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El regreso de Gramsci se debe, además, a la relectura constructivista y posmarxista de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>, que puso en primer plano el concepto de hegemonía. Este término es relevante asimismo para el llamado «ciclo nacional-popular latinoamericano» (2002-2013), iniciado con el chavismo y seguido en países como Bolivia, Ecuador, la Argentina kirchnerista, el Brasil de José Ignacio Lula Da Silva, y que entró en claro retroceso en el año 2013 con la caída del precio internacional del petróleo y la muerte de Hugo Chávez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos procesos políticos trajeron de nuevo la necesidad de repensar el legado de Gramsci para la política contemporánea. De ahí que conceptos como reforma cultural y moral, sociedad civil, guerra de posiciones, lucha por el sentido y la cultura, sentido común, papel de los intelectuales, bloque histórico, voluntad popular y colectiva, voluntad común, articulación política, hegemonía, ideología&nbsp; etc., vuelvan a estar a la orden del día para pensar las posibilidades de la política en sociedades cada vez más plurales, diversas y complejas, y donde no se acepta la muerte de la política o pospolítica, como la llamó <a>Jean Baudrillard</a><a href="#_ftn6" id="_ftnref6">[6]</a>, sino que se concibe la historia de manera abierta a la acción práctica, humana y transformadora.&nbsp; Este es el aspecto que me interesa resaltar aquí, pues permite luchar contra el fatalismo y el nihilismo típico de nuestro tiempo. Veamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde los escritos tempranos de Antonio Gramsci hay una constante reiteración en que la historia humana es producto de la voluntad, y, en este sentido, el humano tiene incidencia en el decurso histórico. Ya en un trabajo juvenil, de 1910, titulado «Oprimidos y opresores», decía</p>



<p class="wp-block-paragraph">“La Revolución francesa ha abatido muchos privilegios, ha levantado a muchos oprimidos; pero no ha hecho más que sustituir una clase por otra en el dominio. <em>Ha dejado, sin embargo, una gran enseñanza: que los privilegios y las diferencias sociales, puesto que son producto de la sociedad y no de la naturaleza, pueden sobrepasarse”<a href="#_ftn7" id="_ftnref7"><strong>[7]</strong></a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta ética <em>práxica</em>, comprometida con los oprimidos, está sustentada en la convicción gramsciana de que el hombre es voluntad, la cual, desde el punto de vista marxista, «significa conciencia de la finalidad, lo cual quiere decir, a su vez, noción exacta de la potencia que se tiene y de los medios para expresarla en acción»<a href="#_ftn8" id="_ftnref8">[8]</a>. Por eso, para Gramsci, Marx es el ingreso de la inteligencia en la historia, la reivindicación de la conciencia y del poder transformador del hombre. Esta postura es una lucha contra la indiferencia, esa inercia de la historia; contra la apatía, la resignación, el fatalismo, el pesimismo, el escepticismo, la modorra del espíritu y la naturalización de la historia. Es la plena convicción de que «el ser es, en cada caso, el resultado nunca definitivo de la acción humana»; por lo tanto, el futuro es siempre abierto. Es lo que podemos llamar, según Diego Fusaro, «la <em>desfatalización</em> del ser»<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a>. Esta <em>desfatalización</em> comporta una postura ontológica, puesto que no hay creación ni reproducción del «ser social» sin la actividad práctica humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta <em>desfatalización</em> de lo existente alumbra un futuro siempre abierto, donde el ser humano, como voluntad común organizada, produce, fabrica y reproduce su existencia. Esta constante producción y fabricaciónde la vida humana es lo que aquí designamos con el término de <em>antropoiesis</em>, concepto formado a partir de <em>poiesis </em>y <em>antropos</em>, y que designa la ‘capacidad que tiene el hombre para producir y fabricar su propia realidad humana y social’. Denota, también, la capacidad creativa del humano, con la cual introduce la novedad y el sentido en la historia, en medio de sus condicionamientos y posibilidades. Igualmente, permite resaltar la <em>singularidad</em> del humano en medio de la maraña de lo vivo-inerte, sin necesidad de caer en el antropocentrismo, pues es imposible negar su trascendencia y su libertad frente al férreo determinismo natural al que están sometidos los otros seres. La <em>antropoiesis</em> es la respuesta del humano frente al terror, la desazón y la intemperie existencial que engendra la crisis actual, y permite pensar esa condición de inacabamiento del ser humano. Su existencia, su apertura, su libertad, su trascendencia, sus procesos de autotransformación, su condición social, su relación con la naturaleza, en fin, el eterno labrado sobre sí mismo que ha sido y que lo asemejan a una «obra de arte que se produce a sí misma» con todo lo bueno y lo malo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es esta postura antropológica la que rescatamos aquí, que permea la obra de Gramsci, y la que se encuentra en la base de nuestro optimismo, de esa lucha por reconfigurar la gramática de la sociedad, de transformarla a partir de la disputa colectiva y la creación de un nuevo sentido común. Se trata de disputar ese “lente con el que nos movemos en la vida cotidiana”, ese abecedario mental con el que interpretamos el mundo y sus fenómenos, pues es en el sentido común donde están instalados el racismo, el clasismo, el complejo de hijo de puta o inferioridad<a href="#_ftn10" id="_ftnref10">[10]</a>, el esnobismo cultural, la corrupción de lo público; es en el sentido común _y esto es sumamente relevante- donde se <em>naturaliza</em> el neoliberalismo, y donde se asienta el conformismo y la impotencia, donde se da la “impotencia reflexiva”, pues como dice Mark Fisher: “en un grado nunca visto en ningún otro sistema social,&nbsp;<em>el capitalismo se alimenta del estado de ánimo de los individuos</em>, al mismo tiempo que los reproduce. Sin dosis iguales de delirio y confianza ciega, el capitalismo no podría funcionar”.<a href="#_ftn11" id="_ftnref11">[11]</a> Es decir, el capitalismo “logró modelar nuestra vida y nuestro&nbsp;<em>habitus</em>&nbsp;mental y consiguió imponerse como un modo de vida”<a href="#_ftn12" id="_ftnref12">[12]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También se trata de ir más allá <em>del pensamiento crítico </em>(pasando por él) y construir un <em>pensamiento alternativo</em>, propositivo, vigoroso, desde el sur global que permita hacerle frente al Antropoceno o capitaloceno. Solo así es posible configurar un <em>nuevo orden social</em><a id="_ftnref13" href="#_ftn13">[13]</a>, un nuevo modo de vida, con valores, normas, instituciones y una racionalidad técnica diferentes. Por eso, ya en las conclusiones, cuando se haya realizado el recorrido conceptual por la obra de Gramsci, reflexionaremos sobre la disputa del sentido común para superar las herencias coloniales de larga duración, y sobre la subversión del orden social neoliberal. Aquí la ayuda del pensamiento de Fals Borda, de quien conmemoramos desde ya, los cien años de su nacimiento, es fundamental. La apuesta se trata, como se verá, de aprovechar todo el potencial de los conceptos de hegemonía y disputa del sentido común al interior de lo que Fals llama “subversión”, trastocamiento, cambio, del orden social. De esta forma, cambio social y hegemonía aparecen rearticulados. </p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> BOBBIO, Norberto. <em>Teoría general de la política. </em>Madrid, Trotta, 2009.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> <em>Ibíd., </em>p. 128</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> ERREJÓN, Ínigo. <em>La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009): un análisis discursivo. </em>Universidad Complutense de Madrid (Repositorio), 2012.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> El 15-M es el movimiento de Los Indignadosque tomó fuerza en el año 2011 y que se manifestó en varias ciudades de Europa y Estados Unidos. En el caso específico de España, se refiere a las aglomeraciones, especialmente encabezadas por las juventudes, que tuvieron lugar el 15 de mayo en diferentes ciudades, en clara oposición al régimen neoliberal, a la dictadura económica de los bancos, a los desahucios de las viviendas, al bipartidismo y la corrupción, entre otras causas. El 15-M llevó la discusión pública a la plaza y se mostró como un claro proceso de radicalización de la democracia participativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> LACLAU, Ernesto, y MOUFFE, Chantal. <em>Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia. </em>Buenos Aires, 2010.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> BAUDRILLARD, Jean. <em>Las estrategias fatales. </em>Barcelona, Anagrama, 2006.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> GRAMSCI, Antonio. <em>Antología. </em>Akal, 2018, p. 17-18.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref8" id="_ftn8">[8]</a> GRAMSCI, Antonio. <em>Para la reforma intelectual y moral, </em>Catarata, 2016, p. 16.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a> FUSARO, Diego. <em>Antonio Gramsci: la pasión de estar en el mundo. </em>México: Siglo XXI editores, 2018, p. 158.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref10" id="_ftn10">[10]</a> PACHÓN, Damián. <em>Superar el complejo de hijo de puta. Para una introducción del pensamiento decolonial: fuentes, categorías y debates. </em>Bogotá, Desde abajo, 2023.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref11" id="_ftn11">[11]</a> FISHER, Mark. <em>Realismo capitalista. ¿No hay alternativa? </em>Buenos Aires: Caja Negra, 2016, p. &nbsp;66-67.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref12" id="_ftn12">[12]</a> TRAVERSO, Enzo. <em>Revolución: una historia intelectual.&nbsp;</em>Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2022, p. 52.<em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref13" id="_ftn13">[13]</a> Uso este concepto en el sentido que lo operativiza Orlando Fals Borda en: <em>La subversión en Colombia. Visión del cambio social en la historia. </em>Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1967.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
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        <pubDate>Sat, 05 Oct 2024 18:40:30 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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