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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Gobernación de Nariño | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Acercamiento a la literatura afronariñense</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/acercamiento-a-la-literatura-afronarinense/</link>
        <description><![CDATA[<p>1ª entrega: una posible génesis. El objetivo de estos artículos es hacer un acercamiento a la literatura afronariñense, para lo cual se recurrirá a hacer un paneo general de la manera como ha sido tratada por los cánones tradicionales, teniendo como punto de vista el marco sociopolítico desde el cual se ha hecho. Este trabajo [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><strong>1ª entrega: una posible génesis</strong>. </h2>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex"></figure>



<p>El objetivo de estos artículos es hacer un acercamiento a la literatura afronariñense, para lo cual se recurrirá a hacer un paneo general de la manera como ha sido tratada por los cánones tradicionales, teniendo como punto de vista el marco sociopolítico desde el cual se ha hecho. Este trabajo lo que menos quiere es racializar un tema que a todas luces es universal, sin embargo, se hace necesario enmarcar las concepciones creativas en los territorios desde sus propios hacedores, de tal manera que las cosmogonías pasen de ser un mero ente abstracto especulativo, para comprenderlos desde el puesto del ser humano en el mundo que habita, ya que a todas luces resulta importante la mirada que tiene el afro, el indígena o el mestizo de ese mundo, que no puede ser igual, ya que tras de sí hay una ancestralidad que demarca esos derroteros. La visión de los vencedore jamás será la misma que la de los vencidos, aunque aquí, como en toda dialéctica, el vencedor puede ser mañana un vencido más y el vencido ser mañana un vencedor más. O lo más importante, lograr llegar a consensos para poder reconocer un territorio como algo común, respetando las diferencias y buscando el bien común. Mera utopía, quizá.</p>



<p>Resulta epistémicamente complicado en este caso separar el territorio y la población de un marco geográfico determinado: el Pacífico nariñense. Sin embargo, debe hacerse esta aclaración en razón a dos puntos concretos: el primero, a que este territorio está ocupado mayoritariamente por afros, en un departamento en donde el 66,5 % son mestizos, 17,8 % son afrodescendientes y el 15,7 % son indígenas (Censo Colombia 2018); y el segundo, en razón a que durante buena parte de la historia regional, fueron los blancos quienes impusieron no solamente los procesos educativos, mayoritariamente excluyentes para los no blancos, así mismo como aquellos que difundieron sus obras o la de los suyos, no sin razón una de las primeras imprentas que llegó a la entonces Nueva Granada fue la de Barbacoas, en 1825, creando para entonces el primer periódico del sur-occidente de la actual Colombia, El Pezcador, y de ahí un sinnúmero de publicaciones periódicas, tanto en Barbacoas como en Tumaco, donde lo que se puede apreciar son los escritos de blancos y mestizos, entre estos los migrantes europeos que llegaron al territorio atraídos por la riqueza, tales como italianos, alemanes, franceses, polacos, entre otros, sumándose a una élite blanca excluyente que aprovechó siempre la mano de obra negra o indígena para fomentar y sostener sus fortunas económicas.</p>



<p>De tal manera que por más de 450 años tanto afronariñenses como indígenas no fueron contemplados dentro de los cánones literarios del departamento de Nariño, por lo menos desde el autorreconocimiento a estos dos grupos sociales, ya que si bien se habla de su lugar de origen, en ningún momento se reconoce este importante acento dentro de las concepciones escriturales que de una u otra manera permiten comprender la manera cómo se narra un territorio común con perspectivas diversas. En muchos casos, lo que hay es un “blanqueamiento” de los autores literarios, obedeciendo al canon bogotano -replicado en el pastuso- de que para poder ingresar a ese canon debía seguir demostrándose una pureza de sangre, teóricamente abolida después de la Independencia, es lo que he llamado el “pastocentrismo”, concepto que se desarrollará más adelante.</p>



<p>El ingreso del pastuso a la república fue traumático, ya que una pequeña casta, beneficiada durante más de tres siglos por las prebendas heredadas por los mal llamados conquistadores, y anquilosada en un aislamiento geográfico y social, terminarían por generar un endemismo que buscaba garantizar esa pureza de sangre, por ello no más de 5 familias marcaron el derrotero de una ciudad durante un largo periodo de tiempo. Desde luego que no se puede generalizar, hubo habitantes de la propia ciudad que se sumaron a la causa de la Independencia, movimiento americano que era imparable a inicios del siglo XIX, como aquellos que comprendieron los cambios de una modernidad, incipiente desde luego, que implicaba abrir la ciudad y romper ideológicamente los cercos del Juanambú y del Guáitara.</p>



<p>El territorio de Barbacoas, hoy los 10 municipios que conforman el Pacífico nariñense, perteneció a diferentes entes administrativos durante la colonia: Virreinato del Perú, Virreinato de la Nueva Granada y Presidencia de Quito, dentro de esta última existieron el Partido de Barbacoas y el Partido de Iscuandé, cada uno con teniente de gobernador a cargo. Durante la república, perteneció un breve periodo a Ecuador, luego a la provincia de Popayán, al Estado Soberano del Cauca, al Departamento del Cauca, al Departamento de Nariño, durante un breve periodo al Departamento de Tumaco y finalmente al Departamento de Nariño, sin dejar de mencionar que durante varios periodos fue una Provincia con cierta autonomía política y administrativa. Sin embargo, es también importante reconocer que este territorio ha sentido profundamente el influjo de Quito, Popayán y Pasto, sobre todo por la riqueza aurífera que permitía generar muchas riquezas y enriquecer a las élites de estas ciudades.&nbsp; Esto, que pareciera trivial, es importante demarcarlo, ya que así permite un acercamiento al influjo que ha tenido el territorio ya que el poder económico y político marcarán el derrotero cultural del mismo.</p>



<p>La “Imprenta de Mariano Rodríguez” llegó a Barbacoas en 1825, ahí se publicó “El Pezcador”, del cual no se conocen sino las referencias que hacen tanto Gustavo Arboleda como Sergio Elías Ortiz, de tal manera que se desconoce el contenido del mismo; las imprentas que funcionaron en la ciudad durante el siglo XIX tienen como propietarios a personajes que descollaron tanto en la política como en la economía regionales: Pérez, Díaz del Castillo, Márquez, Hurtado y Ponce, Córdova y Bravo. El contenido de los periódicos y publicaciones era generalmente de carácter comercial y político, ahí se defendían candidaturas y se anunciaban productos, compra y venta de oro, así como uno que otro chisme de corrillo que buscaba hacerse público.&nbsp;</p>



<p>La imprenta en Pasto aparece en 1837, es decir 12 años después que en Barbacoas, el puerto sobre el Telembí donde se asienta una tradición tipográfica importante, en medio de lo descrito en el párrafo anterior, se encuentran también poemas, los más románticos, algunos breves cuentos y algunas descripciones sobre el territorio y las costumbres que ahí se vivencian. La novela aparece tardíamente en lo que es el actual departamento de Nariño, “La expiación de una madre” de Rafael Sañudo, publicada en 1894, quizá el clima de Barbacoas y del territorio del Pacífico nariñense nos privaron de conocer algunas obras literarias, quizá por entregas, como se acostumbraba a hacerla por entonces en los países de habla hispana.</p>



<p>En Tumaco la imprenta aparece en 1878, al igual que en Barbacoas, los apellidos de sus propietarios rememoran a extranjeros que llegaron al territorio y tuvieron buena ventura: Acevedo, Escrucería, Manzi, Ortiz. El contenido igualmente obedece a noticias comerciales, políticas o religiosas. Algunos casos jurídicos son ventilados en sus páginas, y aparecen poemas, cuentos cortos y descripciones del territorio.</p>



<p>Como conclusión de esta primera entrega, en la literatura del periodo no aparecen escritores afronariñenses e indígenas, por lo menos publicados en las páginas de revistas y periódicos de la época, creando así un canon blanqueado, siguiendo los modelos occidentales, que será visibilizado en las primeras décadas del siglo XX en las antologías y estudios de autores publicados en Pasto, Quito, Popayán o Bogotá. Aparecen en este periodo referencias al espacio geográfico, al modo de vida de afros e indígenas, a sus costumbres y algunas tradiciones, inclusive se recogen algunas décimas y cantos que algunos viajeros tuvieron la oportunidad de escuchar, tema en el cual nos detendremos en la siguiente entrega.</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
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        <pubDate>Fri, 07 Feb 2025 14:50:45 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Construcción de ciudadanía III. Lo público y lo privado.</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_98929" aria-describedby="caption-attachment-98929" style="width: 225px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-98929" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-A-225x300.jpg" alt="Bocas de Ramos, Tumaco (Foto: JMCHB)" width="225" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-A-225x300.jpg 225w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-A-113x150.jpg 113w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-A.jpg 720w" sizes="(max-width: 225px) 100vw, 225px" /><figcaption id="caption-attachment-98929" class="wp-caption-text">Bocas de Ramos, Tumaco (Foto: JMCHB)</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un debate histórico acompaña el tema, tanto de la definición como del límite, entre lo público y lo privado, por tanto no entraremos en honduras que no nos competen, ya que lo que buscamos con estos artículos es redefinir el concepto de ciudadanía en el Pacifico colombiano, particularmente en el nariñense, donde, como se ha leído en las dos columnas anteriores, pesa, tanto en el sustrato individual como en el colectivo, el abandono estatal, la desidia política y el desamparo de los derechos fundamentales a un mínimo vital de vida digna, representado en agua potable, vivienda, salud, entre muchos otros más, cobrando especial relevancia la protección y salvaguarda de la vida, máxime cuando el narcotráfico impera por causas no difíciles de exponer, siendo más una consecuencia que una causa en sí misma de toda la violencia que se vivencia en este territorio.</p>
<p>Lo privado se entiende, generalmente, como todo aquello que tiene que ver con lo doméstico, de puertas para adentro, como dirían los viejos; y lo público compete a todo aquel relacionamiento con los otros en el campo de un ejercicio democrático de toma de decisiones, que van desde las diarias hasta las más importantes, como son elecciones o demás sistemas de participación. Aquí, en resumidas cuentas, campean la democracia heredada y el liberalismo que busca garantizar los derechos de los individuos, sin desconocer que su evolución ha permitido reconocer los derechos sociales, económicos y hasta de los Pueblos, buscando la salvaguarda de la soberanía y la autodeterminación de los mismos.</p>
<p>Pero lo privado y lo público conviven permanentemente, no se excluyen, como erróneamente muchos piensan, particularmente los servidores públicos que opinan sin entender su posición como garantes de la responsabilidad endilgada al Estado para que garantice la armonía entre todos los ciudadanos; tampoco como muchos ciudadanos creen, que al amparo de sus garantías individuales desconocen de facto la responsabilidad social que los cubre por ser, precisamente, parte de una sociedad determinada.</p>
<p>Los bienes, por tanto, pueden ser de naturaleza pública o privada, y ambos merecen el respeto por parte de los demás, como un amparo logrado en las revoluciones burguesas, pero también como la posibilidad de que exista un reparto equitativo y justo de la riqueza generada, en el caso del Estado, como parte esencial de su existencia, y en los privados como una forma solidaria frente a los demás. La felicidad y la seguridad, por tanto, devienen del consenso mutuo que debe desprenderse de entre lo público y lo privado, aunque como se ve en la actualidad, los intereses individuales, amparados en fortísimas corporaciones internacionales, desconocen lo público o se aprovechan de ello para generar mayor riqueza para sí mismos, caso Monsanto, con el tema de las semillas y los saberes colectivos acumulados durante siglos, por solo mencionar un ejemplo.</p>
<p><figure id="attachment_98930" aria-describedby="caption-attachment-98930" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-98930" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B-300x200.jpg" alt="Roberto Payán, Carnavales (Foto: Alcaldía Municipal de Roberto Payán, Facebook)" width="300" height="200" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B-768x512.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B-1024x683.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B-1200x800.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B.jpg 2048w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-98930" class="wp-caption-text">Roberto Payán, Carnavales (Foto: Alcaldía Municipal de Roberto Payán, Facebook)</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo anterior genera un problema inevitable, ya que el Estado se ve reducido a esos intereses, muchas veces ayudados por los medios de comunicación que han sido acaparados por esos grupos económicos o de interés, ante una ciudadanía que no ha sido empoderada en sus obligaciones y que ha devenido mendicante frente a la Cooperación Internacional y frente al Estado mismo, no como la lucha reivindicatoria de su autonomía y de la búsqueda del pago de una deuda histórica que nadie desconoce, sino como subsidiaria de unos recursos que luego serán cobrados en un claro detrimento con todo el territorio.</p>
<p>Además, una ciudadanía que, como se ha mencionado ya, ha sido objeto de toda clase de vejámenes y abandonos, no está preparada para asumir una responsabilidad política autónoma, por eso no existen representantes de sus organizaciones en los estamentos estatales, ni mucho menos en los organismos donde se toman decisiones trascendentales en el orden nacional.</p>
<p>Y llevado al plano de lo cotidiano, la desidia por el Estado, fruto de ese abandono y de las permanentes muestras de corrupción, hace que no se asuma un papel real como ciudadano; al contrario, la problemática se agudiza, ya que al no verse representado en lo público, todo lo que de ahí devenga no se respeta, desde el simple hecho de botar cuanta basura hay a las calles o bajo las construcciones palafítica, pasando por el irrespeto a las normas básicas de convivencia, como son el uso de andenes, respeto a los semáforos o a las vías peatonales, hasta la total indiferencia por el cuidado de las ciudades o pueblos que habitamos.</p>
<p><figure id="attachment_98931" aria-describedby="caption-attachment-98931" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-98931" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C-300x138.jpg" alt="Iscuandé (Foto: Alcaldía de Santa Bárbara – Iscuandé, Facebook)" width="300" height="138" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C-300x138.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C-150x69.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C-768x354.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C-1024x472.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C-1200x553.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C.jpg 1600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-98931" class="wp-caption-text">Iscuandé (Foto: Alcaldía de Santa Bárbara – Iscuandé, Facebook)</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tumaco es un claro ejemplo de ello; hay mucha queja por parte de todos quienes habitamos en ella, pero no hay un empoderamiento real y efectivo para generar una cultura ciudadana que parta de los propios particulares; el Estado, mirado como una alteridad que no nos corresponde, obra con indiferencia y, ante los graves problemas que aquejan al puerto, los pequeños asuntos parecen dejados al garete del propio ciudadano que, careciendo de la formación necesaria en sus derechos, desconoce también los de los demás, generando una especie de caos que se resume en la célebre frase “Es que estamos en Tumaco”, como mencionamos en la columna anterior.</p>
<p>Libertad y responsabilidad, por tanto, no pueden escindirse si queremos forjar una ciudadanía empoderada que sea capaz de lograr su propia cultura de vida en sociedad, es necesario que lo público y lo privado lleguen a un consenso que permita tanto el respeto por los derechos individuales como la responsabilidad que le compete al Estado frente a sus asociados como de éstos frente a sus obligaciones con los demás y con éste. Así se logrará forjar una cultura ciudadana que sea coherente con las particularidades que nos acompañan,</p>
<p>Para ello hace falta una comunicación efectiva que permita logras esos consensos que buscan una sociedad feliz, equitativa y justa; ese distanciamiento entre lo público y lo privado, tanto desde el campo de los derechos como de las responsabilidades, hacen que estemos en una especie de estancamiento social, además, porque muchas de esas representatividades están captadas por muchos grupos que al ciudadano del común no le dicen nada, de tal manera que es necesario partir del colegio para formar en una democracia más real a niños y jóvenes, para así, en un futuro mediato, tener verdaderos ciudadanos críticos y empoderados con su entorno.</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
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        <pubDate>Thu, 04 Apr 2024 13:05:42 +0000</pubDate>
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        <title>Adiós al Arco, bienvenida La Puerta del Morro en Tumaco!!!</title>
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        <description><![CDATA[<p>&nbsp; ¿Quién que ha ido a Tumaco no ha buscado afanosamente el Arco del Morro? Arco natural que fue escenario de rituales para el pueblo Tumaco antes de la invasión, fortaleza natural que protegía de los piratas en la Colonia, guarida de realistas y de patriotas en la Independencia. Testigo mudo de amores fortuitos y [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_92717" aria-describedby="caption-attachment-92717" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-92717" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/11/MORRO-2-300x241.jpg" alt="Arco del Morro, 1921 (P. B. Merizalde). " width="300" height="241" /><figcaption id="caption-attachment-92717" class="wp-caption-text">Arco del Morro, 1921 (P. B. Merizalde).</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién que ha ido a Tumaco no ha buscado afanosamente el Arco del Morro? Arco natural que fue escenario de rituales para el pueblo Tumaco antes de la invasión, fortaleza natural que protegía de los piratas en la Colonia, guarida de realistas y de patriotas en la Independencia. Testigo mudo de amores fortuitos y de amantes incontenibles. El 12 de noviembre pasa como la fecha en que la naturaleza transforma su propia imagen y cambia para siempre un ícono del Pacífico colombiano.</p>
<p>Para muchos el arco ubicado al noreste de la isla del Morro no pasaba de ser el fondo de una bonita fotografía que retrataba las formas que forja la naturaleza durante cientos de siglos, muchos esperaban a que la marea bajara para poder atravesar el arco y divisar a lo lejos la histórica isla del Gallo, de donde partió Pizarro con los 13 de la fama para iniciar la invasión al Perú. Sin embargo, el Arco del Morro es mucho más que eso, constituye un referente obligado para quienes quieren ubicarse, como quien utiliza hoy en día la ubicación satelital, dentro del contexto geosocial en el Pacífico sur colombiano, constituye, junto con Punta Cascajal en el municipio de Pizarro, los puntos de entrada a la hermosa bahía de Tumaco.</p>
<p>La isla estuvo habitada primigeniamente por la comunidad indígena conocida como Tumaco – La Tolita, compartiendo territorio en la provincia de Esmeraldas, en el actual Ecuador, los vestigios más antiguos datan del año 600 a.C. hasta el 700 d.C. En el Arco del Morro se han encontrado importantes piezas de oro y platino, siendo esta cultura la única en emplear este metal en toda América antes de la llegada de los europeos, así mismo se encuentran unas cuevas donde se conservó por mucho tiempo pictogramas de los pueblos primigenios. El estadounidense Marshall Saville y el alemán  Max Uhle encontraron piezas muy importantes en el sector, éstas nunca fueron devueltas y reposan en museos de sus países de origen.</p>
<p>El cronista Pedro de Arévalo en 1600 y fray Juan de Santa Gertrudis en 1757 dan cuenta de las riquezas en oro y piedras finas que se extraían de Tumaco, posiblemente de El Morro, a tal punto que el célebre cuadro “Francisco de Arobe y sus hijos Pedro y Domingo” pintado en 1599 los muestra portando finas joyas de esta cultura. Alejandro Malaspina en 1792 anota: “ Entre las dos puntas (Manglares y Guascama), se hace primero visible una pequeña isla situada cerca de la costa a 19 millas de la punta Manglares, en la cual se forma el morro de Tumaco, que es un monte no muy alto, con un pico de árboles. A su parte exterior y muy cerca, hallase un farallón llamado el Quesillo, y entre ella y la costa firme, donde se encuentra la población de Tumaco formada de españoles e indios, hay dos islas menores, de las cuales la meridional es la Isla Viciosa. Ofrece un buen puerto al Norte del morro Tumaco. (…)”</p>
<p>El oro pronto atrajo la atención de piratas ingleses, franceses y holandeses, el Arco del Morro les sirvió de escondite a Juan Godoy y Prado y a un grupo de tumaqueños para atrapar a siete piratas ingleses y darles muerte en la isla, tal y como se desprende del informe enviado por el superintendente local Bartolomé Estupiñán, recibiendo “justo castigo a su atrevimiento” , corría entonces el año de 1683 y su verdadera intención era llegar hasta Barbacoas y de ahí a Pasto. Ya antes los piratas Francis Drake, Thomas Cavendish y Richard Hawkins tenían las mismas intenciones, y aunque la fantasía ha ubicado a un lado del Arco del Morro la cueva de Morgan, lo cierto es que este famoso filibustero lo más cerca que estuvo de Tumaco fue ciudad de Panamá en 1671.</p>
<p><figure id="attachment_92718" aria-describedby="caption-attachment-92718" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-92718" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/11/MORRO-1-300x225.jpg" alt="Arco del Morro (Foto, JMCHB). " width="300" height="225" /><figcaption id="caption-attachment-92718" class="wp-caption-text">Arco del Morro (Foto, JMCHB).</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son varios los cronistas modernos que han dejado su impresión sobre la famosa isla y arco. El payanés José María Cordovez Moure, en su célebre libro “Reminiscencias de Santafe y Bogotá”, recordaría el viaje que hizo al sur de Colombia en 1854, deslumbrado por un paisaje nuevo, anota: “… Salimos a un estero, al extremo del cual se levanta el gracioso morro de altas rocas, plutónicas coronadas de lujosa vegetación, las que constituyen segura defensa de ese pedazo de tierra contra el incesante batir de las olas, que se estrellan contra el estrépito. (…) La linda isla de Tumaco sale de las ondas como ramillete de perfumadas y vistosas flores, dotada de espléndida vegetación, sobre la cual se destacan colosales y elegantes palmeras, protegidas contra los vientos del Sudoeste por el alto morro que las provee de abundante agua dulce”.</p>
<p>En 1893 Rufino Gutiérrez, hijo del célebre poeta antioqueño Gregorio Gutiérrez González, en sus “Noticias sobre Pasto y demás provincias del Sur”, se deslumbra con las islas Tumaco, La Viciosa y El Morro, de esta última describe algunos elementos naturales que ya no existen pero que se mantienen en el imaginario popular: “al frente, la isla del Morro, que parecía señalarnos con su elevado picacho el derrotero que debíamos seguir; y a la derecha un peñón solitario en medio del mar, combatido perennemente por las aguas, y que tiene el poético nombre de La Viuda. Arrimada al Morro, y como si buscara su  protección contra el embate de las olas, hay una roca enhiesta, separada  de la tierra muy pocos metros, conocida por La Virgencita.” El general Rafael Reyes, que lo acompañaba en este viaje, respecto a los nombres de esos farallones, anota: “—¿Ves aquél?  Se llama El Quesillo, y debió de bautizarlo algún serrano de esos de vida tranquila que no tienen más preocupación que su comercio”, y finaliza Gutiérrez: “La isla del Morro es bellísima y de gran feracidad; el cerro que le da el nombre va a morir en el mar en una graciosa explanada.”</p>
<p>En 1899, durante la Guerra de los Mil días, las fuerzas liberales partieron de ahí para iniciar una avanzada por el Cauca y tomar Palmira. Los gobiernistas conservadores quedaron aislados durante tres meses en la isla del Morro, siendo el Arco lugar de defensa y de avistamiento de auxilios, llegando el general Alfredo Vásquez Cobo, quien es vencido y hecho prisionero, para finalmente ser auxiliado por el ejército al mando del general Carlos Albán. El 16 de octubre de 1901, el general Benjamín Herrera, ordenó atacar Tumaco empleando el barco “Almirante Padilla”, el cual partió posteriormente hacia Panamá, siendo el Arco del Morro lugar de prisión tanto para liberales como para conservadores, según se iban midiendo las fuerzas de unos y otros.</p>
<p>El ingeniero e historiador bogotano Miguel Triana, en su libro “Por el sur de Colombia”, publicado en París en 1906, describe así el bello arco: “Dos torreones de arena, verticales sus paredes y con capotes verdes de enredaderas colgantes, surgen enhiestos como “la monja y el fraile”, indefectibles en todo decorativo de escollo. Veíamos perfectamente el arco natural de medio punto riguroso que, como un puente de verdad, une al barranco “fraile” con el cerro de El Morro, tapizado de grama”.</p>
<p>Uno de los testimonios más importantes es el que recoge el padre Bernardo Merizalde del Carmen en el libro “Estudio de la costa colombiana del Pacífico”, publicado en 1921 y que recoge sus impresiones de viajes como Vicario Provincial de los agustinos en la costa pacífica colombiana, quien a más de recopilar documentos históricos sobre las islas que conforman a Tumaco, da también una mirada poética sobre El Morro y sobre su Arco, romance del cual extraemos estos apartes:</p>
<p>Las criptas guaridas</p>
<p>talvez de alimañas,</p>
<p>evocan historias</p>
<p>de edades pasadas,</p>
<p>y tienen letreros</p>
<p>las peñas que guardan</p>
<p>mejor los recuerdos</p>
<p>quizá que las almas</p>
<p>El arco parece</p>
<p>la entrada al alcázar,</p>
<p>de hermosas nereidas</p>
<p>suntuosa morada.</p>
<p><figure id="attachment_92719" aria-describedby="caption-attachment-92719" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-92719" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/11/MORRO-3-300x230.jpg" alt="Puerta del Morro (Foto Internet ACOP FB). " width="300" height="230" /><figcaption id="caption-attachment-92719" class="wp-caption-text">Puerta del Morro (Foto Internet ACOP FB).</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cien años después, Carlos Rodríguez, “Kongo Kimbiza”, en una sentida décima nos recuerda ese ícono indestronable:</p>
<p>Como duele la caída</p>
<p>Del Morro, arco natural,</p>
<p>Un icono indestronable</p>
<p>De todo este litoral.</p>
<p>Como si un pedazo de vida</p>
<p>Se hubiera desmoronado,</p>
<p>Así se siente Tumaco</p>
<p>Sin su símbolo sagrado.</p>
<p>La naturaleza ha actuado,</p>
<p>&#8211; Y quizás en rebeldía-</p>
<p>Fijando una nueva vía</p>
<p>En su paso magistral.</p>
<p>Solo dejando el recuerdo</p>
<p>Del Morro, arco natural.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ha caído el Arco del Morro de Tumaco, el 12 de noviembre de 2022 pasa a la historia como el año de la transformación de ese espacio que seguirá siendo un emblema heráldico de su ciudad, inspiración de poetas y de cantantes, hoy se levanta La Puerta del Morro como un emblema de un territorio pujante que busca ser escenario de construcción para la paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=92716</guid>
        <pubDate>Tue, 22 Nov 2022 12:55:01 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Adiós al Arco, bienvenida La Puerta del Morro en Tumaco!!!]]></media:description>
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