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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Ghana | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Las Amazonas de Damohey</title>
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        <description><![CDATA[<p>En todas las latitudes encontramos historias de mujeres que participaron de batallas, algunas que lideraron ejércitos, y otras veces tropas enteras conformadas exclusivamente por mujeres, y tal es el caso de las que fueran conocidas como las Amazonas de Damohey. El reinado de Damohey tenía como capital Abomey, y estuvo en los mapas de este [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>En todas las latitudes encontramos historias de mujeres que participaron de batallas, algunas que lideraron ejércitos, y otras veces tropas enteras conformadas exclusivamente por mujeres, y tal es el caso de las que fueran conocidas como las Amazonas de Damohey. El reinado de Damohey tenía como capital Abomey, y estuvo en los mapas de este mundo entre 1625 y 1894, situado en la zona litoral de la actual República de Benín, comprendiendo también otras regiones como Togo, Ghana, Sierra Leona y Nigeria. Una veintena de dialectos componían un espectro variado de etnias, siendo predominante la de los <em>fon. </em>La conformación de un ejército de mujeres surge al parecer como una propuesta de una mujer, a quienes muchos historiadores no le dan un crédito histórico, tildándole de ser simplemente una leyenda. Hangbe parece haber sido esta mujer que reinó durante un breve período, luego de haber sucedido en el trono a su hermano mellizo, Akaba, y que vivía acompañada de un cuerpo especial de guerreras que le servían como sus guardaespaldas. Finalmente Hangbe sería destituida por su hermano menor, Agadja, y quien ahora tenía el compromiso de proteger sus dominios de los intereses de Allada, país vecino del que consiguieron independizarse hacia 1715. No siendo suficiente con los efectivos masculinos, Agadja, creó unas tropas femeninas, mujeres vírgenes y que serían también guerreras célibes, y que en principio se destacaban por sus habilidades para la caza de elefantes, pero que serían entrenadas como un cuerpo élite de combate. Conocidas como las <em>mino </em>(“nuestras madres”)<em>, </em>estos ejércitos estaban formados tanto por nativas dahomeyanas como por extranjeras cautivas, y fueron los europeos en el siglo XIX quienes las bautizarían como “Amazonas”, haciendo referencia a las valerosas combatientes de la mitología griega. Durante dos siglos estas fuerzas de combate integraron los ejércitos que actuarían en varias batallas, donde fue evolucionando su armamento, así también como sus métodos y estrategias de guerra. Empezaron luchando con arcos, flechas, palos, lanzas y cuchillos, y poco a poco la armada se haría más poderosa, y acabarían encarando las afrentas uniformadas y a punta de sofisticados mosquetes de asalto, cañones alemanes <em>Krupp</em> de diferentes calibres, ametralladoras, granadas y rifles <em>Winchester </em>de tiro rápido y de repetición<em>.</em> Se las describe como unas mujeronas de hombros atléticos y espaldas prominentes, pero no distintas de otros soldados respecto a su aspecto físico o a sus destrezas militares, siendo lo más temible en ellas su ambición, su carácter independiente, su actitud fuerte y poderosa. Las <em>mino </em>eran conocidas al interior de su tribu como las <em>ahosi </em>(“esposas del rey”), y era así porque muchas de estas mujeres a parte de pertenecer a la guardia personal del monarca, también hacían parte de su harén compuesto por centenares de consortes, y varias de ellas reclutadas a la fuerza a pesar de que estuvieran casadas. Se calcula que un tercio del ejército estaba integrado por estas mujeres, y que se contarían alrededor de unas cinco mil, y los mitos de sus hazañas van desde aquellos relatos en donde suelen decapitar a sus enemigos exponiendo sus cabezas y bebiendo su sangre, o el cuento de que raptaban algunos hombres para esclavizarlos sexualmente y luego ejecutarlos, cuando lo cierto es que el fin de las Amazonas de Dahomey y para lo cual habían sido criadas y entrenadas no era otro que la guerra. Ejercicios físicos, resistencia al dolor, técnicas de supervivencia, preparación psicológica, tácticas ofensivas y defensivas de combate. Se dice que pisaban las ramas espinosas de acacias para hacer fortalecer la planta de sus pies, y que no solían mostrar piedad a la hora de ejecutar a sus enemigos para de esta forma pulir su insensibilidad. Según parece las <em>mino </em>tenían un estatus especial y distinguido en la sociedad, y se dice que eran acompañadas por un numeroso séquito de esclavos que anunciaban con campanillas su presencia, abriendo paso para que nadie tocara a una <em>mino,</em> ya que esto podía ser castigado con la pena capital. Las <em>mino </em>tenían injerencia en la política y una participación en el boyante negocio del comercio de esclavos. Se atrevían a desafiar a los jerarcas de las aldeas y su participación en las juntas era tan activa como en los rituales, donde al lado de los hombres practicaban sacrificios humanos y compartían de una ceremonia que tenía a las <em>mino </em>como protagonistas. Realizaban desfiles donde ratificaban su lealtad a su esposo, el rey, exhibiendo atuendos vistosos además del arsenal bélico con el que pretendían defenderlo. Se ejecutaban espectáculos en los que se simulaban asaltos a un fuerte enemigo o la captura de un adversario o el rescate de un soldado preso, engrandeciendo la imagen admirable de estas guerreras que eran ejemplo entre las aldeanas. En 1724 las Amazonas fueron cruciales para que Dahomey ensanchara sus dominios territoriales, ganando la guerra contra Allada, y tres años más tarde tomándose el puerto de Ouidah y adueñándose de los predios costeros del reino vecino de Whydah, y especialmente su capital Savi. Sin embargo alguna que otra derrota tuvieron, como aquella en Porto Novo, cuando los yorubas de Oyo sometieron a los dahomeyanos a cumplir con el pago de un tributo anual consistente en 41 doncellas y 41 mancebos, aparte de un pago de ciertas piezas de mercancía. No obstante Dahomey continúa ampliando sus dominios por toda la región, su población se duplica alcanzando los dos millones de personas, y hacia mediados del siglo XVIII las conquistas de la que fuera conocida como la “Esparta negra” comprendía las zonas ribereñas de los ríos Volta y Níger y alcanzaba hasta las costas del golfo de Guinea. Para esta época Dahomey empezó a comerciar directamente con los europeos, convirtiéndose en una de los exportadores más prósperos de la creciente comercialización de esclavos, enfocando su economía en el tráfico humano y consagrándose de esta manera como una potencia comercial. Se calcula que entre los años de 1813 y durante las próximas dos décadas Dahomey exportaba unos 170.000 esclavos cada año. La venta de esclavos comenzó a venirse abajo con la guerra de Independencia norteamericana, y los ejércitos habían sido descuidados durante varios años, por lo que para mediados del siglo XIX las <em>mino </em>y la armada liderada por el rey de su momento, Ghézo, comenzarían a sufrir varias derrotas significativas. Sin embargo la debacle se daría por motivos colonialistas, cuando los franceses en su afán imperialistas quisieron apoderarse del territorio africano. Dahomey había estrechado lazos comerciales con los británicos a través de productos indispensables para su economía, como el caso del aceite de palma, y por lo que también contaría con el apoyo armamentístico con la dotación de equipos modernos con los que pudieran hacerle frente a los franceses. Hacia finales del siglo XIX Francia estableció un protectorado en Porto Novo y sus ejércitos tenían la misión de destruir las palmeras que eran fuente del aceite que comercializaban los dahomeyanos, quienes no permitieron una avanzada de los invasores, decidiéndose a atacar la guarnición francesa de Cotonou. Por aquel entonces gobernaba en Dahomey el rey Behanzin, quien establecería un tratado de paz con los franceses, pero aprovecharía para continuar la dotación de un ejército poderoso. Para 1892 los franceses encontraron el motivo para avanzar en su conquista contra Dahomey, cuando soldados <em>fon </em>dispararon contra las fuerzas apostadas en Porto Novo, y por lo que varios regimientos conformados por dos mil franceses le harían frente a más de doce mil guerreros dahomeyanos. Se dice que casi todas las <em>mino </em>morirían durante estas batallas y apenas media centena de franceses perderían la vida, representando una victoria contundente que acabaría por diezmar las fuerzas del otrora próspero reinado de Dahomey. La situación empeoró cuando los yoruba acabaron con las cosechas que aprovisionaban de alimentos a los combatientes, por lo que los dahomeyanos que quedaban con vida tendrían que abandonar la lucha y retornar vencidos a sus tierras. Esta vez sería Behanzin quien se vio forzado a negociar la paz, pero los franceses exigían el desarme completo de los ejércitos de Dahomey así como una severa indemnización por los daños ocasionados durante la guerra. Behanzin no quiso ceder y se refugió hacia el norte de sus territorios, no sin antes quemar la capital de Abomey para refrenar la abatida francesa, ganar un poco tiempo y replegar sus tropas. Una de las últimas y decisivas batallas se daría lugar en Cotonou, en el año de 1892, cuando los franceses finalmente se apropiarían de los territorios de Dahomey anexándolos como parte de sus colonias. Se calcula que apenas un puñado de Amazonas sobrevivirían de las casi quinientas que habían peleado en esta batalla, y que la última de estas, llamada Nawi, moriría hacia 1979 con más de cien años de edad. Sería cuestión de un año para que el gobierno de Behanzin fuera finalmente derrocado y su líder apresado bajo la imputación de traición. El reinado de Dahomey profesaba la creencia de un alma inmortal, donde el monarca tenía atributos divinos y a quien debían rendírsele toda clase de sacrificios, celebrando rituales en templos consagrados al culto de algunos dioses como Lisa (Sol) y Mahu (Luna). Las Amazonas de Dahomey son hoy recordadas en retratos y pinturas que destacan en las paredes de las calles de Senegal, pretendiendo así dar a conocer y reivindicar la figura de estas temibles guerreras. Sus representaciones destacan en tapicerías, alfombras y en los bajorrelieves de los muros. Así lo expresa una de las más destacadas pintoras, Yz Yseult: “La mujer es la fuerza de África, trabajan, cuidan a sus hijos y familia, montan pequeños negocios, tienen mucha imaginación y coraje. Este es un homenaje a todas esas mujeres.” De entre estas mujeres se rescata la historia de Aline Sitoé Diatta, senegalesa a la que se le reconoce haber luchado frente a la colonización de Casamance y que es conocida como la “Juana de Arco de África”, y que es hoy un símbolo de la resistencia feminista. Su figura ha sido retratada en paredes de institutos educativos y universidades, recordándosele como a una heroína o a una divinidad. Día a día crece el interés de las nuevas generaciones por rescatar estas historias y reivindicar a sus personajes. Los estudios Marvel se encuentran grabando una película de acción que protagonizará un cuerpo élite de mujeres negras inspirado en las Amazonas de Dahomey, y cuyo personaje principal de Dora Milaje estuvo presente en la película de <em>Black panther.</em></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 19 May 2023 11:26:29 +0000</pubDate>
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        <title>Brujas</title>
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        <description><![CDATA[<p>Para consagrase como bruja es preciso un estudio de años donde la iniciada comenzará a una edad temprana, cuando las “maestras” raptan a las niñas mientras sus padres dormitan, llevándolas en vuelo al lugar de celebración del aquelarre. Las niñas serán castigadas en caso de que comunicaran a sus padres su secreta formación, además que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Para consagrase como bruja es preciso un estudio de años donde la iniciada comenzará a una edad temprana, cuando las “maestras” raptan a las niñas mientras sus padres dormitan, llevándolas en vuelo al lugar de celebración del aquelarre. Las niñas serán castigadas en caso de que comunicaran a sus padres su secreta formación, además que tenían la misión de guardar los sapos con los que las “maestras” preparan los ungüentos que las hacen volar. A los seis años son seducidas con golosinas y promesas para que abjuren de la fe de Cristo, luego de lo cual se realizará una ceremonia que celebrará la apostasía y que será presidida por el demonio en su figura de macho cabrío: un hombre barbado con aspecto de cabra, de ojos saltones color azabache, garras corvas como de ave de rapiña, con cola de asno y coronado con un par de cuernos. La “maestra” presenta a su “novicia” al macho cabrío con el siguiente rezo: “Señor, ésta os traigo y presento.” La niña se hinca de rodillas ante el diablo, acepta a Satán como su Señor Dios y rechaza su antigua fe con la siguiente oración: “Reniego de Dios, de la Virgen, de todos los santos, del bautismo y confirmación, de ambas crismas, de sus padrinos y padres, de la fe y de todos los cristianos.” La nueva bruja besa la mano izquierda del diablo, así como su boca y su pecho, encima del corazón, y a continuación besará sus genitales para rematar con el “ósculo infame”, el acto de besarle puntualmente en el ano. Acto seguido, Satán la marcará con sus uñas del lado izquierdo de su cuerpo con una señal que le dejará una cicatriz imborrable y cuyo dolor perdurará durante mucho tiempo. La conmemoración acabará con un festejo en compañía de otras brujas que bailarán al son del tamborino y la flauta, y finalmente la nueva bruja es ungida por todo su cuerpo con un menjurje hediondo de color verdinegro antes de ser llevada a dar un paseo por los aires. La <em>notchnitsa</em>, que así las llamaban antaño en los Balcanes, eran las brujitas que atormentaban a los niños en sus habitaciones durante las noches, y a quienes bastaba la presencia de un adulto para que se esfumaran mágicamente. Y es así como en adelante la pequeña bruja tendrá que ganarse un prestigio, realizando todo tipo de maldades como atacar a las personas y a los ganados, destruir las cosechas y proferir blasfemias y otra clase de fechorías, hasta el momento en que obtendrá licencia para ser ella misma quien preparará sus propias pócimas, ponzoñas y polvos, podrá volar y también compartir de tú a tú con el mismísimo demonio, a través de una consigna que dice: “Señor, en tu nombre me unto; de aquí en adelante yo he de ser una misma cosa contigo, yo he de ser demonios.” La categoría más alta la adquieren las más ancianas y expertas que gozan de los afectos y cariños de Satanás, y que servirá como un órgano consultivo que actúa en compañía de media docena de diablillos que rodean siempre a su Dios. Adivinas, pitonisas, hechiceras, clarividentes, expertas en la nigromancia y en el arte del ocultismo, la imagen de las brujas varía según la época y la cultura. Las encontramos retratadas y sus historias están descritas en cuentos, novelas, películas, e incluso en quienes testimonian haberse cruzado con una de ellas. Acompañadas de sapos, serpientes, ratas, arañas, búhos y cuervos, liebres y el infaltable gato negro, una cohorte de mujeres se convoca en un aquelarre celebrado en cementerios o en la profundidad de los bosques, junto al fragor de una hoguera, gozando de un festejo pagano por medio de rituales satánicos, reunidas en conciliábulos donde a través de magia negra invocan al maligno. Ancianas decrépitas que viven aisladas junto a pantanos y lagos fangosos, de aspecto cadavérico y con la piel de un color verdoso, con narices prominentes en las que realza una abultada verruga, desdentadas y de risas agudas, burleteras y macabras, vistiendo una toga negra y portando sobre sus cabezas un sombrero puntiagudo, trepadas en sus escobas mientras surcan los cielos durante la luna llena o agregando un par de alas de murciélago a su pócima mágica, conjurando un hechizo maléfico junto a una caldera donde se cocina la medicina siniestra, el encantamiento diabólico, el mal de ojo, el brebaje demoníaco capaz de corromper y pervertir. Se dice que podían volar y que tenían el poder de metamorfosearse en cualquier animal, virtudes que les servirían para ocultarse y llevar a cabo sus propósitos funestos. Quizás por el culto a Artemisa (Diana para los romanos), diosa griega emparentada con la luna, las brujas eran asociadas a la luna llena y se dice que es durante el plenilunio cuando alcanzarían su máximo poder. La palabra en latín para denominar a la bruja es <em>maleficae, </em>término con el que fueron conocidas en Europa durante toda la época del Oscurantismo y hasta entrada la Edad Moderna. En inglés se les conoce <em>“withc”, </em>en italiano <em>“strega”, </em>en alemán <em>“hexe”, </em>en francés <em>“sorcière”, </em>y decir que la palabra en español, “bruja”, es de una etimología incierta y desconocida. En la Biblia la aparición de la bruja será ocasional, condenadas por Moisés y presentes en la historia de Saúl, quien consultó a una bruja en En-Dor para que le ayudara a comunicarse con el difunto Samuel. En la antigua Grecia la mítica diosa <strong>Hécate</strong>, asociada a la brujería, era invocada a través de ceremonias para que auxiliara a sus devotas en todos sus encantamientos. En la mitología Tesalia era el lugar oscuro donde moraban las brujas, destacándose tres como las más reconocidas: la desgarbada y horripilante <strong>Erictho </strong>con cabellos de serpientes, que habita junto a las tumbas y que sólo sale en noches lluviosas para comunicarse con los muertos; <strong>Pamphile </strong>que aparece descrita por Lucio Apuleyo en <em>El asno de Oro, </em>y quien tiene el poder de metamorfosear a los jóvenes en piedras o animales; y la bruja <strong>Canidia</strong> que se entera de todo lo que sucede al interior de los infiernos. Lo cierto es que la brujería ya era temida y condenada desde tiempos lejanos, remontándonos a la <em>Lex Cornelia </em>que prohibía las prácticas brujeriles castigándolas con la muerte. Hacia comienzos del Medioevo, Clodoveo I, rey de los francos del año 481 al 511, promulgaría otra fuerte ley en contra de las brujas y brujos y que sería conocida como <em>Lex Salica, </em>y hacia el 780 el mismo Carlomagno tipificaría en sus códigos de leyes una condena de prisión a quien fuera juzgado de brujería, además de severos castigos físicos. A lo largo de estos siglos el mundo se vería inundado de relatos verbales y cuentos escritos que describían a las brujas como personajes maléficos, ligadas al demonio, y en donde empezaba a detallarse toda clase de conjuros y reuniones, siendo la más común la ceremonia conocida como <em>Sabbat. </em>Dicho ritual consistía en abjurar <em>in totum </em>de los dogmas cristianos para ser rebautizadas en la fe de Satán, quien finalmente las estigmatizaría con su marca, sellando así un pacto en el que ambas partes se prometían y obligaban: el diablo concedería toda clase de riquezas y poderes mientras que la bruja se mantuviera siempre sumisa a cumplir sus órdenes, además de entregarle su alma para que dispusiera de ella después de morir. El <em>Sabbat </em>pudo haberse derivado de las antiguas fiestas dionisiacas consagradas al dios romano Baco, dios cornudo que se asociaba al festejo, a lo orgiástico y a la ebriedad, a todo lo carnavalesco y especialmente al vino, y también encarnado en otras figuras míticas como Pan o Mithra. Fue a comienzos de la Edad Media que el dios cornudo sería considerado como el propio diablo y sería conocido como Satanás o Lucifer. Tiempo después el ritual pagano del <em>Sabbat </em>pasaría a ser como una especie de “misa negra”, versión renovada del <em>Sabbat</em> y cuyo culto era consagrado a la devoción de demonios como Diane o Hérodiade. En un principio las mujeres acusadas de brujería serían conminadas a confesar sus culpas bajo torturas, logrando que de esta manera la sociedad se convenciera cada vez más de la existencia real de las brujas, y haciendo que su temida fama se difundiera por toda Europa. Para el siglo XIII el papa Inocencio VIII en contubernio con los sacerdotes dominicos daría inicio a una naciente persecución inquisitorial contra las brujas, castigándolas por el cargo específico de herejía. Sin embargo la persecución acérrima contra las brujas, y que se prolongaría durante cuatro siglos, empezaría en 1326 cuando el papa Juan XXIII promulgara una bula pontificia. La cacería se concentraría principalmente en mujeres, ya que la iglesia consideraba al hombre como un servidor elegido por Cristo, siendo así que la mujer, más débil e inferior que el hombre, estaría más propensa a inclinarse por el adversario maligno, y por lo cual en su momento se calculaba un millar de condenadas por cada hombre castigado por el cargo de brujería. El estereotipo de la bruja se reafirmó después de los juicios de la década de los veinte del siglo XV, y ese mismo año con los tantos tratados demonológicos como el escrito por un par de dominicos y conocido como el <em>Malleus maleficarum </em>(Martillo de las brujas), y del cual se imprimirían más de treinta mil ejemplares a lo largo de los siguientes dos siglos. También los predicamentos teológicos de San Bernardino de Siena y las aseveraciones de varios tribunales de justicia acabarían formando una imagen más definida de la bruja, todos estos consolidando su existencia y describiendo con detalle los rituales satánicos que solían celebrarse en lugares alejados del centro urbano o en cementerios donde profanarían las tumbas. Para 1484 la Iglesia Católica reconoce la existencia de la brujería por medio de la bula apostólica <em>Summis desiderantes affectibus. </em>la asociación de la brujería como un crimen de carácter sexual cobraría rigor hacia el siglo XVI, momento en el que ya eran comunes los distintos suplicios a los que eran sometidas las condenadas, y que puede apreciarse en varios grabados alemanes de comienzos de siglo en los que se representan ahorcamientos y decapitaciones, mutilaciones de miembros y brujas ardiendo en las hogueras. En todo tiempo también se contaría con un puñado de personas racionales que se atrevieron a pronunciarse en contra de semejante delirio colectivo, como el caso del valiente y muy cuerdo barón Michel de Montaigne, quien para 1563 escribiría que muchas de estas mujeres pudieran tratarse de mujeres afectadas de “locura”. Para 1571 el Santo Oficio establece por decreto real un tribunal inquisitorial en la Nueva España que le permitiera proceder con legalidad en su persecución de brujas por territorios americanos. En un comienzo los procesos eran dirigidos por el clero, pero tiempo después cualquier laico podía encargarse de llevar a cabo una persecución propia. En 1599 el rey Jacobo I de Inglaterra estableció la vil práctica de pinchar en el ojo a la mujer sindicada de brujería, y en caso de que sangrara quedaría comprobada su indiscutida culpabilidad. Los siglos XVI y XVII las brujas sufrieron la más intensa, terrorífica y sanguinaria persecución, en lo que muchos calculan cobró la vida de unas cien mil almas. La mayoría de víctimas de la Inquisición eran provenientes de familias rurales de bajos recursos. No sólo las mujeres eran condenadas a muerte, ya que era común el castigar con la misma pena a sus hijos, y en especial si se trataba de niñas. Se empleaban jugarretas innobles para determinar la culpabilidad de las sindicadas, como aquella conocida como <em>Hekseenwag </em>(“balanza de las brujas”), y que consistía en echar a la sindicada a un río con los pies y manos atados, y si flotaba es porque ciertamente se trataba de una bruja (ya que estas desalmadas poseían un peso liviano como un pájaro), y en cuyo caso sería rescatada para quemarla viva en una hoguera. Difícil demostrar su inocencia, ya que de igual manera, y en caso de no flotar, la condenada acabaría ahogándose, demostrándose de esta forma su lamentada y tardía inocencia comprobada. Pero no sería sino hasta fines del siglo XVII cuando comenzó a cuestionarse a nivel de sociedad esta práctica que cada vez perdía más su sentido. Para 1602 el pastor reformista Anton Praetorius saldría en defensa de las brujas condenando la tortura a través de un texto titulado <em>Sobre el estudio en profundidad de la brujería y de las brujas. </em>En Francia Louis XVI derogó la condena de pena de muerte y dejó como máximo castigo por brujería el destierro o el exilio; en 1692 en Estados Unidos un jurado de Massachusetts pidió perdón por los Juicios de Salem firmando un arrepentimiento público y comprometiéndose a nunca volver a repetir tan deleznables sucesos; Inglaterra abolió la legislación respecto a la brujería en el año de 1736 y aunque en 1808 se reportaría el último ahorcamiento de una bruja en territorio inglés. Jules Michelet, en 1862, tendría la iniciativa de redimir la figura de la bruja por medio de un libro donde pretendía componer un “himno a la mujer benefactora y a la vez víctima”, una rebelde y una revolucionaria de todos los tiempos, atreviéndose a señalar a la Iglesia Católica como la promotora de la “caza de brujas”, y defendiendo su obra como un escrito de contenido histórico y no un producto de la ciencia ficción. Un verdadero genocidio, una histeria o esquizofrenia colectiva, un feminicidio masivo, un machismo exacerbado que se prolongaría durante siglos, un crimen contra la humanidad que costó la vida de figuras notables como la de <strong>Juana de Arco</strong>. Y así también destacar otras brujas que han tenido un amplio reconocimiento a lo largo de la historia. En 1324 encontramos a <strong>Alice Kyteler, </strong>quien poco pudo hacer para defenderse ante el obispo de Ossory, convirtiéndose en la primera irlandesa en ser condenada por brujería. Una de sus sirvientas atestiguó que Alice solía sacrificar animales vivos en una suerte de ritual demoniaco. Se le inculpaba luego de haber enviudado en cuatro ocasiones bajo sospecha de envenenamiento, pero finalmente conseguiría escapar de su país. En 1593<strong> Maria Holl</strong>, conocida como la “Bruja de Nördlingen”, fue una de las primeras mujeres en lograr defenderse y hasta conseguir ser absuelta de sus acusaciones de brujería. En 1657, en Escocia, <strong>Maggie Wall</strong> sería quemada en una hoguera sobre la que hoy se impone un monumento de roca de más de seis metros coronado de una cruz, y que es un lugar de alto atractivo turístico, pese a que poco se sabe de la vida de Maggie y menos de su juicio, y por lo que muchos la consideran como una simple leyenda. Para 1751 <strong>Anna Schindenwind </strong>sería una de las últimas en ser ajusticiada en la hoguera en una plaza pública alemana. <strong>Joan Wytte, </strong>conocida como el “Hada de Bodmin”, nació en Inglaterra en 1775, y se decía que era vidente y curandera, de una fuerza descomunal, y que estaba poseída por el maligno. Se le recuerda por fea, desdentada y agresiva, y precisamente por revoltosa pararía en la cárcel donde moriría a la edad de los 38 años. Su cadáver fue disecado y años después sus restos fueron profanados para una sesión de espiritismo, tras lo cual dice la leyenda la bruja se manifestaría desde el más allá. <strong>Anna Göldin </strong>será una de las últimas mujeres ejecutadas en Europa, sucedió en Suiza durante el verano de 1782. Hacia finales del siglo XVIII <strong>Marie Catherine Laveau</strong>, una viuda negra que trabajaba como peluquera de las mujeres blancas y adineradas de New Orleans, conocida como la “Bruja peluquera” o la “Reina bruja”, era famosa por sus prácticas de vudú que solía realizar en compañía de su serpiente de nombre “zombi”. Finalmente <strong>Violet Mary Firth Evans</strong><strong>, </strong>nacida hacia finales del siglo XIX, y quien fuera una de las brujas más reconocidas de su tiempo por haberse interesado desde temprana edad en el arte del ocultismo y hasta llegar a convertirse en una experta. Se hacía llamar “Dion Fortune”, y junto a su esposo fundó “Fraternidad de la luz interior”. También se le recuerda por haber apoyado fuertemente a Inglaterra durante los intentos de la ocupación alemana. Sería ya entrado el siglo XX, hacia la década de los setenta, cuando los movimientos feministas se apropiaron de la imagen de la bruja como un emblema de culto y un símbolo de la resistencia femenina. Surge la revista <em>Brujas, </em>de Xavière Gauthier, que exponía en detalle “las prácticas subversivas de los movimientos feministas”, y surgen también los cultos y rituales modernos como la <em>Wicca, </em>que es como hoy se conoce al encuentro de varias mujeres que se reúnen a manera de un antiguo aquelarre. Lo cierto es que gran número de estas mujeres que fueron asesinadas por considerárseles brujas no eran otra cosa que mujeres de ciencia, estudiosas, investigadoras. Muchas de ellas eran parteras y curanderas, cocineras o consejeras, sabias en el conocimiento de plantas e hierbas con los que solían preparar brebajes y remedios, conocedoras de enfermedades que lograban tratar de manera precaria por medio de pócimas basadas en la farmacopea tradicional, y que muchos citadinos y médicos señalaron como prácticas paganas o brujeriles. Les prohibieron legar sus nuevos conocimientos y sus enseñanzas ancestrales y prefirieron silenciarlas en medio de una pira encendida. La escoba sigue siendo hoy símbolo que nos remite a la bruja voladora, así también como a un objeto ligado a la mujer consagrada a las labores del hogar. Tanzania, República Democrática del Congo, Kenia, Ghana, Angola, Nigeria, Papúa Nueva Guinea, Arabia Saudita, Nepal e India son algunos de los más de cincuenta países donde la brujería sigue siendo perseguida y penalizada con castigos de tortura y muerte. Se calcula que en la última década más de veinte mil mujeres han sido condenadas por el cargo de brujería, y en el 2020, por motivos de la pandemia, el creciente número de rezanderas de todas las especies se ha venido multiplicando, por lo que también aumentó la persecución y una nueva cacería.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Sat, 18 Mar 2023 00:35:49 +0000</pubDate>
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