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    <title>Blogs El Espectador</title>
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	<title>Blogs de Frank Sinatra | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Sophia Loren (1934)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Sofia Constanza Brigida Villani Scicolone es la romana del siglo XX. A los 5 años se enteró que ése al que llamaba “papá” era realmente el padre de su mamá, y que su abuela no era su madre, porque aquella a la que llamaba “mamita” era ciertamente su mamá. Y es que esta trama se [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Sofia Constanza Brigida Villani Scicolone es la romana del siglo XX. A los 5 años se enteró que ése al que llamaba “papá” era realmente el padre de su mamá, y que su abuela no era su madre, porque aquella a la que llamaba “mamita” era ciertamente su mamá. Y es que esta trama se tejió dado que Sofia era la hija ilegítima de un pianista y arquitecto que se negó a reconocerla, y por lo que su crianza estuvo a cargo de su madre y de sus abuelos. La futura estrella se crio cerca a Nápoles, y su infancia estuvo ambientada por la Segunda Guerra Mundial, donde la madre se las arreglaría para montar un bar al que asistían militares estadounidenses y en donde cada noche solía tocar el piano. Al parecer se trataba de una fémina despampanante, una mujer que hacía sentir vergüenza a cualquier otra, incluso a su hija, quien se confesaba intimidada por la presencia imponente de su mamá, y eso tan exótico e irresistible que despertaba en todos los demás padres que iban a recoger a sus niños a la escuela. “Me llamaban palillo”, dice Sofia refiriéndose a sus inseguridades infantiles. Y sería su misma madre quien alentara a la hija para que explotara los encantos de la juventud, postulándola en varios certámenes de belleza, muchos de los cuales ganaría: fue Princesa del Mar en 1949 y al año siguiente, con tan sólo 15 años, sería Sirena del Adriático y participaría en el gran evento de Miss Italia, siendo elegida como Señorita Elegancia. A los 16 años decide probar suerte, y en compañía de su madre viaja a la capital para tratar de conseguir ingresar a los estudios Cinecittà, y de esta experiencia Sofia recuerda la entrevista que le haría en inglés el productor de la película que estaba por filmarse, <em>Quo vadis</em> “¿Es su primera vez en Cinecittà?” “Yes!”, contestó Sofia. “¿Ha leído <em>Quo vadis</em>?” “Yes!” Y esto era todo lo que sabía decir y todo cuanto fue necesario. La joven aspirante a actriz había obtenido un papel pequeño, por el que le pagaron lo suficiente como para alimentar a su familia por dos semanas. Luego tendría la oportunidad de figurar en pequeñas producciones sin conseguir destacarse y en las que aparecía con el nombre de Sofia Villano o Sofia Lazzaro. Pero sería a comienzos de 1950 cuando se daría su despegue, luego de que se cruzara en su camino el productor Carlo Ponti, con quien ya se había conocido cuando Sofia concursó para convertirse en Miss Roma, y Carlo ofició como jurado del certamen en el que Sofía quedaría de virreina. “¿Por qué no viene a verme mañana a mi despacho?”, le propondría ese hombre que le doblaba la edad y quien a la postre acabaría convirtiéndose en su esposo, y a pesar de que en ese momento se encontraba casado y con dos hijos. La relación fue todo un escándalo y hasta la Santa Sede se pronunció en su diario tildando a Sofia de concubina, y la pareja sería incluso acusada de bigamia. Sin embargo la relación siguió su rumbo así como la carrera de la actriz, quien de la mano de Carlo conseguiría afianzarse en el mundo del cine y lanzarse finalmente hacia el estrellato. Americanizó su nombre y desde aquella época se le conocerá como Sophia Loren, pero no permitió que le operaran la nariz, cuando fue el mismo Carlo quien así se lo proponía. “Carlo, si estás sugiriendo que para hacer películas tendré que cortarme un pedazo de nariz, bueno, entonces volveré a Pozzuoli”, es lo que Sophia recuerda haber contestado. En la figura de Carlo Ponti, Sophia parecía encontrar una identidad paternal, un guía y un mentor, siendo así que para 1955, durante la filmación de la película <em>La mujer del río, </em>ambos comprendieron que querían estar juntos: “Fue durante ese rodaje que comprendimos que estábamos enamorados. Siendo mayor que yo, y más allá del amor, representaba el padre que nunca he tenido.” La pareja se casó en México en 1957, pero el matrimonio se anuló para evitar una demanda por bigamia, teniendo que alejarse de Italia, e incluso está aquella anécdota en la que Sophia viaja a Venecia para recoger la Copa Volpi de la Mostra a la Mejor Actriz por su interpretación en la película <em>La orquídea negra</em>, y donde la actriz decidiría permanecer solamente un par de horas encerrada en el teatro Lido antes de huir por temor de ser detenida. Finalmente, y tras una espera de casi diez años, y luego de que se les concediera la ciudadanía francesa, la pareja formaliza su unión y contrae nupcias en la ciudad parisina. La pareja tuvo dos hijos: Carlo y Edoardo. Sophia fue consciente de que sería su belleza física la que estaba seduciendo en las pantallas, pero que esta belleza no duraría para siempre, y de allí que buscó insistentemente madurar con sus personajes y evolucionar en sus interpretaciones, hasta el punto de ganarse un puesto como actriz destacada por su talento y ya no sólo por sus atributos. En 1954 trabaja por primera vez con Vittorio De Sica y actúa junto a Marcello Mastroianni, convirtiéndose junto a Claudia Cardinale y a un puñado de actrices como las mujeres más hermosas del neorrealismo italiano. A mediados de la década del cincuenta Sophia tendría la oportunidad de trabajar con lo más destacado del mundo hollywoodense. Se recuerdan algunas películas que rodó bajo un contrato con los Estudios Paramount: <em>Deseo bajo los olmos </em>con Anthony Perkins, <em>Orgullo y pasión </em>con Frank Sinatra, <em>Houseboat </em>junto a Cary Grant, y para fines de los cincuentas <em>Heller in Pink Tights </em>(El pistolero de Cheyenne), dirigida por George Cukor y coprotagonizada por Anthony Quinn. En la década de los sesenta Sophia cobraría aún más popularidad, participando principalmente en producciones italianas, y en donde podía hablar su lengua materna, permitiendo así una actuación mucho más natural. En 1960, con la película <em>La ciociara </em>(Dos mujeres), del director Vittorio de Sica, Sophia Loren se alzaba con la estatuilla del Óscar, siendo la primera persona en recibir tal distinción con una interpretación en una lengua distinta al inglés. El rol de la madre que lucha por sobrevivir junto a su hija en época de guerra, le valió además otros veintidós reconocimientos en varios festivales: Cannes, Berlín y Venecia, entre otros. Así relata Sophia ese momento de nerviosismo cuando se negó a asistir a los premios de la Academia para quedarse en casa y sufrir a solas la tanta incertidumbre: “Me vino la iluminación. La salsa de tomate, justo, la salsa de tomate. ¡Qué boba no haberlo pensado antes! En la cocina me sentía segura, podría distraerme de esas ansias que no conseguía aplacar. Me puse a picar cebolla, entre otras cosas para ocultar las lágrimas que me caían, e inmediatamente me sentí mejor.” Al día siguiente un amigo y colega la llamó para informarle, por si aún no lo sabía, que había sido ella la ganadora. En adelante se caracterizaría por representar personajes históricos en películas como <em>El Cid, La caída del Imperio Romano, La condesa de Hong Kong </em>dirigida por Charles Chaplin y coprotagonizada por Marlon Brando, el musical <em>El hombre de la mancha </em>junto a Peter O’Toole, <em>Arabesque </em>con Gregory Peck, <em>Lady L </em>junto a Paul Newman, <em>El puente de Cassandra </em>con Ava Gardner, y otras producciones en las que compartió el set con figuras como Peter Sellers y John Wayne. Sin embargo sus películas más memorables serán las que rodó en Italia, destacando en 1964 <em>Matrimonio a la italiana</em> dirigida por Vittorio de Sica, y en 1977 <em>Una giornata particolare </em>dirigida por Ettore Scola, ambas coprotagonizadas por la gran leyenda masculina del cine italiano, Marcello Mastroianni. Entrados los años ochenta Sophia se interpreta a sí misma en el telefilme <em>Sophia Loren: her own story, </em>y en adelante se dedicaría más a sus hijos, rechazando algunas propuestas para participar en producciones de cine y televisión. En 1982 vuelve a ser portada en los diarios de todo el mundo, pero esta vez por haber sido sentenciada a pagar un año y medio de cárcel por un asunto de evasión fiscal. En 1991, por su “contribución a la industria cinematográfica”, la Academia la reconoce otorgándole un Óscar Honorífico. Reaparecerá años después para reencontrarse con su viejo colega de plató, Marcello Mastroianni, en la película de Robert Altman, <em>Prêt-à-Porter</em>, con un reparto de lujo que incluía a Julia Roberts, Tim Robbins y Kim Bassinger, y que a la postre le valdría una quinta nominación al Globo de Oro. Para 1995 protagonizará junto a Jack Lemmon la exitosa comedia <em>Discordias a la carta, </em>y cuya interpretación le mereció un premio BAFTA y el David de Donatello a la Mejor Actriz. Ese mismo año recibirá también el Premio Cecil B. DeMille en reconocimiento a su trayectoria actoral. A comienzos del siglo XXI la veremos en <em>Nunziata </em>del 2001 y <em>Peperoni ripiene e pesci in faccia </em>de 2004, y para el 2007, ya octogenaria, un documental llamado <em>Sofia: leri, oggi, domani </em>nos contará sobre su vida y sus logros, a través de entrevistas a varios personajes destacados del cine que trabajaron junto a la mítica estrella, como el caso del director Woody Allen. Ese mismo año Sophia Loren hará parte del gran elenco de la película <em>Nine, </em>y que pese a no gozar de la simpatía del público, el filme sería nominado al Premio del Sindicato de Actores como Mejor Reparto, por contar con figuras como Daniel Day-Lewis, Penélope Cruz, Fergie, Kate Hudson, Marion Cotillard y Nicole Kidman. En el 2013 la veremos en la adaptación de la obra de teatro de Jean Cocteau, de 1930, <em>La voix humaine, </em>y que sería dirigida por su hijo Edoardo y su marido. Un año después el American Film Institute también le concedió un premio honorífico por su recorrido actoral, y en años más recientes la hemos visto activa en nuevas producciones, algunas de ellas dirigidas por su propio hijo, como la película <em>The life ahead, </em>de 2020. “La energía y la pasión con la que afronta cada escena es una maravilla digna de ver”, dice su hijo respecto al trabajo de su madre. <strong>Su vida ha gozado de una estabilidad que ha sabido mantener a pesar de ser una de las mujeres más codiciadas del mundo. Cary Grant no pudo nunca conquistarla y aunque estuvo insistiéndolo mucho, y cuando Marlon Brando se atrevió a sobrepasarse ella supo delimitar muy bien su territorio. “Le miré y con calma, mucha calma, le solté: ‘Ni se te ocurra. No tienes ni idea de cómo puedo reaccionar: debes tenerme miedo’”, así es como recuerda dicho episodio. </strong>Enérgica, vitalista, Sophia confiesa “sentir todavía el frenesí de vivir”. Como buena italiana, Sophia disfruta del ambiente familiar que desde siempre la ha venido acompañando. No le teme al paso de los años, sabe qué es lo que la hace ciertamente hermosa: “Nada hace que una mujer sea más bella que su propio convencimiento de que es bella.” Así, conocedora de lo que representa la belleza, es una mujer que ha sabido envejecer con estilo, y mantenerse siempre bella. A sus 81 años sirvió como figura publicitaria de una barra labial para la reconocida marca Dolce &amp; Gabbana y que además lleva su nombre. “Envejecer puede ser agradable, e incluso divertido, si sabes cómo emplear el tiempo, si estás satisfecho de lo que has logrado y si sigues conservando la ilusión”. Ha participado en publicidades de toda clase, desde la venta de jamones y recetarios de cocina, hasta la inauguración de cruceros y ventas de gafas o perfumes. Sophia Loren representa a la italiana por antonomasia, y así lo reconoció su país al nombrarla Miss Italia <em>ad honorem. </em>Aún conserva su mirada felina, sus seductoras curvas y sus labios voluptuosos y una feminidad que no se aparta de ella por más que le pasen los años. Sensual, divertida, sofisticada y glamurosa, hoy día sigue siendo solicitada y querida por productores, disputada por diseñadores y estilistas, y ella sigue intacta vistiendo los trajes más elegantes, perfectamente maquillada y peinada, una estrella que supera el tiempo y que ya no envejece más. Una afortunada en esta vida, así se describe, y es así como explica su gran destino: “Las dos ventajas que tuve al nacer son haber nacido sabia y haber nacido pobre.” Ella es una leyenda viva, y vivas permanecen todas las leyendas. Algo es seguro, y es que, Sophia Loren, nunca morirá, ella no.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 25 Aug 2023 21:40:49 +0000</pubDate>
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        <title>Rita Hayworth (1918-1987)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Era varias mujeres; su presencia era ambivalente, no se sabía bien si era tímida o pícara, como si ocultara un secreto, y podía fingir ser la chica tonta o la mujer más astuta, y pasar de la frivolidad a la incandescencia en un parpadeo, pero lo que está claro es que Rita Hayworth poseía una fuerza impactante que a todos deslumbraba. “Siempre he sentido que uno de los secretos de la belleza real es la simplicidad”, dijo en algún momento. Y es que su hermosura era sencilla, pero no pasaba desapercibida. Sofisticada, coqueta, de mirada intensa y con un perfil de doncella, una sonrisa cautivante y envolvente, su piel brillaba en tonos relampagueantes pese a que la contempláramos en una película filmada en blanco y negro. Ineludiblemente femenina, Margarita Carmen Cansino nació en Brooklyn, New York. Hija de padres emigrantes, un español y una irlandesa dedicados al baile, y por lo que Rita se recordará bailando desde que empezó a caminar: “Desde que pude mantenerme en pie con tres años, recibí clases de baile. No me gustaba, pero no tenía valor para decírselo a mi padre. Ensayar, ensayar, ensayar. Así fue mi infancia.” Ya de muy niña su padre decide que lo más conveniente sería desistir de darle una educación académica a su hija, para destinarla a bailar junto a él en un espectáculo donde la presentaba como su mujer, promocionando el evento con un anuncio que decía: “Joven de 14 años, de busto prominente y aspecto provocativo.” Junto a su padre, Rita recorría bares y cafés, padeciendo no sólo una explotación laboral sino además los abusos físicos a los que era sometida. Años más tarde confesaría que en varias oportunidades su padre abusó de ella sexualmente. Para 1933 decide probar suerte y se aventura en Hollywood como miembro del Spanish Ballet, y dos años más tarde la veremos figurar en apariciones cortas de películas modestas de bajo presupuesto. Destacan sus movimientos y la seducción de su baile, su poderoso atractivo fémino, y es así como Fox decide contratarla para la película <em>El infierno de Dante (La nave de Satán), </em>y dos años más tarde para la película <em>Charlie Chan en Egipto</em><em>. </em>Queriendo explotar todavía más los atributos y encantos físicos de su hija, su padre la presenta a un vendedor de autos, un tipo astuto para los negocios, y quien muy pronto la conectará con un abusivo agente de la prestigiosa productora de cine, la Columbia Pictures. Con apenas 18 años, Rita se convertiría en una mina de oro para su marido, quien sabría sacar provecho del diamante en bruto que se ocultaba detrás del atractivo físico de su esposa. Su representante en la productora comenzaría a hostigarla a la par que le ofrecía sus primeros papeles, y esta insistencia persistió durante años y no pararía mientras la actriz mantuvo su contrato con la productora. Incluso su marido le aconsejaría que se acostara con productores y ejecutivos de la empresa para que así pudiera hacerse a algunos papeles más destacados. Para ese entonces su padre, su esposo y su representante habrían sido suficiente para que Margarita no hubiera querido vérselas con los hombres en lo que restaba de su vida, y sin embargo serían los hombres los que representarían gran parte de su tragedia personal. Para ingresar en la industria cinematográfica, el marido de Margarita la sometería a una intensa transformación, donde tendría que vérselas con un estricto régimen para perder peso, tratamientos electrolíquidos y una severa depilación que ampliara su frente, así como acentuar su pelo tinturándolo y dejándolo crecer en una larga melena que fuera uno de sus distintivos más seductores. También pagó por unas clases de dicción y fonética, y para 1937 logró conseguirle un papel en la película <em>The game that kills. </em>“Él me ayudó con mi carrera y se ayudó a sí mismo con mi dinero”, diría Rita respecto a su primer marido, del cual acabaría por separarse, y quien amenazaría a la actriz si ésta llegara a abandonarlo, intimidándola con que vertería ácido en su rostro si se atrevía a dejarlo. Pese a las amenazas, Hayworth acaba cediendo a las demandas de su marido y consigue el divorcio luego de concederle casi todo su capital, a excepción del carro que se lo quedaría ella. Después de experimentar esta tremenda transformación, nacía una prometedora estrella llamada Rita Hayworth, y que tendría su primer papel destacado, y aunque secundario, pero nada menos que junto a Cary Grant, en la película de 1939, <em>Sólo los ángeles tienen alas. </em>Un año más tarde participaría en la comedia <em>Una dama en cuestión, </em>y al año siguiente la productora 20th Century Fox, que antaño le había dado la espalda, contrató sus servicios para darle vida a Doña Sol, en la película Technicolor basada en la novela de Vicente Blasco Ibáñez, <em>Sangre y arena</em>, y cuya interpretación acabaría por inmortalizar a la actriz como una <em>sex symbol</em> de las más emblemáticas de todos los tiempos. Para ese momento Rita Hayworth estaba logrando un prestigio y un reconocimiento a nivel mundial y se había convertido en una de las actrices mejor pagas. En los años siguientes sería una seguidilla de éxitos de taquilla, ya que su encanto había seducido al público, y una película en la que figurara ya aseguraba un negocio millonario para la industria. Años más tarde Frank Sinatra diría: “Rita Hayworth es Columbia.” En el film <em>La pelirroja &#8211;</em>con la vivacidad colorida que era novedad en la gran pantalla- Hayworth acabaría por consagrarse como la mujer más codiciada, gozando de gran prestancia entre los marines estadounidenses, quienes la tuvieron como su musa platónica durante la Segunda Guerra Mundial, llegando a bautizar con su nombre una de las bombas atómicas lanzadas sobre las islas Bikini en medio de ensayos nucleares, suceso que disgustó a la actriz, quien se declaraba abiertamente pacifista. Compartió con Fred Astaire de dos exitosas y recordadas comedias musicales: <em>Desde aquel beso </em>y <em>Bailando nace el amor, </em>y otras tres cintas que se destacan durante la guerra, como son <em>The strawberry blonde </em>junto a Olivia de Havilland, <em>Mi mujer favorita </em>y <em>Las modelos, </em>esta última en compañía de Gene Kelly. Años atrás había sido portada para la reconocida revista <em>Life, </em>y desde el momento en que el afamado director Orson Wells la vio en dicha portada, se juraría no descansar hasta conquistarla. Y aunque en un principio ésta se negara a toda propuesta del insistente Wells, el encanto y el talento acabarían por seducirla, y para 1943 contraerían matrimonio en una boda celebrada en Santa Mónica. La prensa anunciaba la unión de “la bella y el cerebro”, y así lo haría notar la parte intelectual de la pareja, cuando en contadas ocasiones Wells hacía alarde de sus talentos, opacando a su esposa, e incluso llegó a llamarla “idiota” frente a varios testigos. Pese a esto, Hayworth reconoció que Orson Wells sería el amor de su vida, el hombre con el que tendría a su hija Rebecca, y a quien seguiría en sus caprichos artísticos, como aquel en el que el excéntrico cineasta le daba rienda suelta a su pasión particular por la magia, y en compañía de su esposa montó un espectáculo circense conocido como el <em>Mercury wonder show, </em>y en donde Wells, con sus dotes de prestidigitador, dividía el apetecido cuerpo de Rita Hayworth en dos mitades. En 1945 rodaría <em>Esta noche y todas las noches, </em>pero sería un año después cuando acabaría por consagrarse en lo más alto del estrellato mundial y en un objeto del deseo, al encarnar a la extrovertida y sensual Gilda en la película del mismo nombre. Un poder erótico que se desprendía desde la pantalla se apoderó del mundo con su interpretación. La película resultó escandalosa luego de que su coprotagonista, el actor Glenn Ford, le diera una famosísima cachetada que, a los ojos de hoy, evidencia claramente el machismo de una época, y aunque en defensa del personaje decir que unas escenas atrás había sido el personaje de Rita quien le había propinado una bofetada al actor. Pero sobre todo la película sería una polémica por el tremendo striptease de Hayworth, y que acabaría avergonzando a toda una época. El desnudo consistió sencillamente en un simple, ligero y sutil desprendimiento de un guante. Y a la diva dócil, sumisa, mosquita muerta, le bastó con un movimiento sensual y sugestivo, sin vulgaridad, carente de mayores dramatismos, acompañada por la música y el baile, seguro y seductor gesto fino, proveniente de una presencia dulce y angelical pero al mismo tiempo demoniaca, Rita se descubrió la mano y hasta la misma iglesia tuvo sus pronunciamientos al respecto. Por considerársele inmoral y “gravemente peligrosa”, la película fue censurada o prohibida en algunos países, y pese a lo cual recaudaría una fortuna en taquilla y le valdría a Rita Hayworth el reconocimiento mundial como un ícono de la belleza del cine hollywoodense. Con su papel más memorable, Rita alcanzaba la cumbre y de manera estrepitosa señalaba un descenso, ya que nunca conseguiría tanta fama y reconocimiento como el que obtuvo a través del personaje que la posicionó en la cúspide del éxito. El poster que promocionaba la película podría haber sido también un vaticinio de que ya la carrera de Rita no sería nunca la misma: “Nunca hubo una mujer como Gilda”. Tanto habría significado para la actriz el haber participado en esta película, que en un acto de excentricidad planearía un viaje a la Cordillera de los Andes, con el fin de enterrar en un lugar remoto una copia de la cinta, donde en cualquier caso pudiera sobrevivir a una catástrofe nuclear. Rita le dará vida a la musa del Olimpo consagrada al baile, encarnando a Terpsícore en la película <em>La diosa de la danza, </em>y un año más tarde sufrirá otra transformación física, esta vez diseñada también por su marido, quien llevado de sus caprichos le dio un aspecto totalmente distinto a su esposa para que protagonizaran juntos su próxima película, <em>La dama de Shanghái. </em>La actriz lucía un look que poco agradó al público: pelo corto teñido color platino; y tampoco gustó mucho su papel de embaucadora, maquiavélica, y que morirá finalmente, dejando en el espectador un sabor agridulce. Ni siquiera la fama de Hayworth conseguiría rescatar la película, y a pesar de que su personaje fuera uno de los más recordados de su carrera, la película sería un fracaso absoluto. La propuesta parecía ser más una tarea experimental, logrando un ritmo y una narrativa que el autor se permitió explorar, y que finalmente habría conseguido sin la preocupación de que un amplio público la comprendiera. “Sabíamos que estábamos haciendo un clásico mientras la rodábamos”, dijo Rita respecto a este proyecto. La estrella de la productora Columbia Pictures se derrumbaba y así también su matrimonio con Orson, el cual intentaría rescatar, pero que finalmente acabaría, y tras lo cual se haría célebre su frase de despecho: “Todos los hombres que conozco se acuestan con Gilda, pero se levantan conmigo.” Para este entonces Rita comenzaría a abusar de la bebida y hasta el punto de convertirse en alcohólica. Durante el rodaje de <em>Los amores de Carmen, </em>de nuevo en compañía de Glenn Ford -con quien actuaría en tres películas más-, Rita se dejará seducir por el encantador magnate de la industria del cine, el mujeriego Howard Hugues, de quien quedará embarazada, pero que finalmente acabaría por abortar. La actriz se muda a París y será en la capital francesa donde conocerá a su tercer marido, el príncipe Alí Khan, con quien contraería nupcias en 1949 en una suntuosa boda celebrada en la Riviera francesa, y para ese mismo año nacería su hija Yasmin Aga. La actriz decide alejarse de su carrera y del mundo de Hollywood, y distanciarse de quien hasta ahora había venido siendo su representante, ése que desde un comienzo estuvo siempre acechándola, acosándola y también explotándola. Pero su intento por una estabilidad de pareja duraría muy poco, ya que el príncipe jamás dejaría su vida licenciosa y de consumado ludópata, por lo que un año más tarde la actriz decide pedirle el divorcio. Luego de dejar a su marido la actriz tendría que sortear un revés económico, y volvería al alcohol como sistema para paliar su descontento, sumiéndose en un proceso paulatino de autodestrucción. Víctima del despecho, o por tratarse de una buena amiga, la actriz se casó con el cantante argentino Dick Haymes, evitando así la deportación de éste, y quien sólo le daría malos tratos y se valdría de la fama de su esposa para impulsar su propia carrera. La relación llegó a su fin el día en que el cantante se atrevió a abofetearla en público. Y es que Rita seguía creyendo en el amor, y nuevamente hacía su apuesta en un intento por encontrar finalmente a su pareja, y pese a las inseguridades, traumas y temores que tal vez desconocimos. Decía que “todas las mujeres tienen cierta elegancia sobre ellas que se destruye cuando se quitan la ropa.” Pese a los tantos fracasos sentimentales, y quizás no queriendo permanecer sola, Hayworth se verá nuevamente involucrada en una relación sentimental, y en esta ocasión contraerá matrimonio con el productor James Hill. Regresa a la pantalla grande con la película <em>La dama de Trinidad, </em>y para 1953 interpretará junto a Charles Laughton a Salomé, en la película producida por su marido y con el mismo nombre, <em>Salomé, </em>aquella mujer que según la Biblia, y en complicidad con su madre Herodías, seduciría con su baile a Herodes para que éste ordenara decapitar al profeta Juan Bautista. Ese mismo año la veremos en <em>La bella del Pacífico, </em>y en los próximos años participará de algunas películas no muy relevantes, no sin antes pisar una vez más los tablados con su último musical de 1957, <em>Pal Joey. </em>Para ese mismo año rodará <em>Fuego escondido </em>compartiendo el plató con Robert Mitchum y Jack Lemmon, y un año después junto a Burt Lancaster en el film <em>Mesas separadas</em>, y después vendrían <em>The happy thieves, Llegaron a Cordura </em>y<em> La trampa del dinero. </em>En 1966, mientras rodaba junto a John Wayne y Claudia Cardinale la película <em>El fabuloso mundo del circo, </em>la actriz comenzaría a mostrar los primeros síntomas serios de una enfermedad que en ese entonces carecía de diagnóstico y por lo que siempre se confundió con alcoholismo: Alzheimer. Tres años duraría su relación con el productor, y otra vez la desventurada en el amor firmaría su divorcio, luego de alegar “crueldad mental” por parte de su marido, quien solía maltratarla tanto física como verbalmente. Testigo de estos abusos sería el protagonista de <em>Ben-Hur, </em>Charlton Heston, quien comentó haber vivido uno de los episodios más bochornosos de su vida, luego de que presenciara durante una cena en España cómo Hayworth era humillada continuamente por su esposo. Durante los años venideros Rita tendría dificultades al momento de recordar sus líneas, pese a lo cual continuó actuando y aunque de manera ocasional para coproducciones europeas de bajo presupuesto, conocidas como películas de serie B. Se destacan de esta época <em>El aventurero, </em>coprotagonizada por quien fuera también su amante durante el rodaje de la película, el seductor Anthony Quinn, así como <em>La ruta de la Salina, </em>y el que fuera su último filme: <em>La ira de Dios, </em>de 1972. La enfermedad se agravaba y se hacía notoria en su pérdida de memoria y en un penoso decaimiento físico e intelectual, que el mundo testimonió cuando fue fotografiada en el aeropuerto de Londres, y su aspecto avejentado parecía deberse, según decían todos, a los estragos que son comunes a las personas que padecen problemas con la bebida. A partir de 1981 Rita Hayworth finalmente es diagnosticada con la enfermedad de Alzheimer, y en adelante será su hija Yasmin Aga quien cuidará de ella y se convertirá legalmente en su tutora. “Tenía ataques de furia y yo pensaba que era una especie de demencia alcohólica. Fue un alivio cuando nos dijeron que era Alzheimer. No fue diagnosticada hasta 1980”, comentó Yasmin Aga. Finalmente en 1987 cayó en coma y unos meses después, a sus 68 años, una de las más grandes leyendas de la época dorada del cine hollywoodense moría en su apartamento de Manhattan. Le interesaba su oficio y no tanto sus efectos: “La diversión de actuar es volverse alguien más.” No es reconocida por la calidad de las producciones en las que participó, donde pocas películas podrían destacarse, sino por su personalidad y belleza, consiguiendo que, como lo diría el director George Cukor: “Sus fanes se interesaran por la persona más que por sus personajes”. Nunca recibió una nominación al Oscar, y apenas le vimos por allí en 1964, gala a la que asistiría para entregar la estatuilla a la Mejor Dirección. Lo cierto es que a Hayworth muy poco le importaba ese mundo de Hollywood, y varias veces soñó con distanciarse del cine y de su carrera para llevar una vida íntima, tranquila, consagrada a formar una familia. “Todo lo que quería era lo que todo el mundo quiere, ya sabes, ser amada”, dijo alguna vez aquella mujer que a pesar de ser la más codiciada no lograría jamás los afectos que hubiera merecido por parte de los hombres. Pese a los tantos trastornos e infortunios amorosos, Rita reconoce haber tenido una vida única, envidiable, colmada de privilegios: “No he tenido todo de la vida. He tenido demasiado.” Siendo uno de los más importantes emblemas del cine, la “Diosa del amor”, como sería apodada, posee su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, concretamente en el 1945 de Vine Street. El American Film Institute la ubicó en el puesto 19 dentro de su listado de las 25 actrices más influyentes y destacadas del siglo XX. Y tal vez su vida estuvo signada por un albur, una suerte, un azar, o al menos así lo creía: “Todos estamos atados a nuestro destino y no hay manera de liberarnos.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 07 Jul 2023 12:10:02 +0000</pubDate>
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