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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Wed, 15 Apr 2026 17:05:54 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Fotografía | Blogs El Espectador</title>
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        <title>“Darién”, exposición sobre migrantes de Federico Ríos Escobar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/darien-exposicion-sobre-migrantes-de-federico-rios-escobar/</link>
        <description><![CDATA[<p>En “Darién”, el fotógrafo colombiano Federico Ríos Escobar documenta los desafíos que enfrentan las personas que buscan el sueño americano.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Esta semana el tema de los <strong>migrantes</strong> volvió a acaparar la atención de todos y me acordé del trabajo que desde hace décadas realiza el <strong>fotógrafo colombiano</strong> <strong>Federico Ríos Escobar</strong>, quien documenta los desafíos físicos y sicológicos que enfrentan las personas que buscan el sueño americano.</p>



<p>Hasta febrero de 2025 parte de este trabajo se puede ver en la muestra “<strong>Darién</strong>” de la galería de Bogotá <strong>Espacio El Dorado</strong>.</p>



<p>La muestra “Darién” comienza con un mapa del continente americano que nos permite dimensionar la complejidad de la migración porque por el llamado <strong>Tapón del Darién</strong> transitan personas que llegan desde países tan lejanos como Bangladesh y Afganistán.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Exposición en Bogotá sobre migración" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/reHpCIL_94o?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Algunas fotos nos sitúan en las fronteras, otras en las lanchas y por supuesto en la selva llena de barro.</p>



<p>Hay una sección que nos permite a los espectadores ver a las personas durante el tránsito migratorio y luego en su lugar de residencia en Estados Unidos.</p>



<p>&#8220;Darién&#8221;, además de la <strong>exposición</strong> en Espacio El Dorado, cuenta con un <strong>fotolibro</strong> en el que <strong>Federico Ríos</strong> relata los viajes que él mismo ha hecho con los migrantes desde Brasil hasta Estados Unidos.   </p>



<p>liartedialogosobrearte@gmail.com – @LiarteconArte  </p>
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        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=110808</guid>
        <pubDate>Thu, 30 Jan 2025 16:10:09 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[“Darién”, exposición sobre migrantes de Federico Ríos Escobar]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>JESÚS ABAD COLORADO, UN FOTÓGRAFO DE VERDAD</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/jesus-abad-colorado-un-fotografo-de-verdad/</link>
        <description><![CDATA[<p>Al disparar su cámara, Jesús Abad Colorado nunca elige al azar un objetivo. No fotografía la belleza sino la verdad, por más atroz que ella sea, sin lentes deformantes. Por eso siempre elige rostros, manos y cuerpos horadados por la violencia y el sufrimiento. Su mirada nunca es objetiva, está emocionalmente afectada y comprometida con [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Al disparar su cámara, Jesús Abad Colorado nunca elige al azar un objetivo. No fotografía la belleza sino la verdad, por más atroz que ella sea, sin lentes deformantes. Por eso siempre elige rostros, manos y cuerpos horadados por la violencia y el sufrimiento. Su mirada nunca es objetiva, está emocionalmente afectada y comprometida con el padecimiento de las víctimas y su agonía.</p>



<p>Sus fotografías no tienen objetivos, mucho menos, pretenden ser objetivas. Son radicalmente subjetivas, desgarradoras y verdaderas. Ellas llevan nuestras miradas más allá de las víctimas, de sus heridas insondables y sus cuerpos mutilados. Sus fotografías nos interpelan por cientos de miles de vidas destrozadas y sueños truncados. Su cámara, en un segundo, registra y realza la dignidad de hombres, mujeres, niños y niñas que en vida fueron condenados al olvido y solo son reconocidos en el momento de su atroz muerte. La mayoría, campesinos que durante sus vidas honraron, cuidaron y cultivaron la tierra, la amaron, y de manera injusta y arbitraria fueron sepultados y hasta desaparecidos en sus oscuras entrañas, donde miles aún permanecen anónimos en fosas comunes por encontrar y desenterrar.</p>



<p>Así, Jesús Abad, conjura su ausencia definitiva y los resucita a este mundo. Sus vidas quedan inmortalizadas y grabadas en la recamara de la memoria colectiva. Por eso es un fotógrafo y periodista de verdad. Siempre anda armado con su cámara, con ella apunta y dispara e impide que los proyectiles de los victimarios asesinen también la memoria de sus víctimas. Su cámara es un dispositivo de la historia, nos narra con la fuerza irrebatible de las imágenes las identidades y responsabilidades de los victimarios, pero también retrata sin concesiones nuestra indolencia e insensibilidad frente a lo sucedido.</p>



<p><strong>Los múltiples rostros de la verdad</strong></p>



<p>Sin duda, los testimonios de sus incontables y dolorosas imágenes nos permiten comprender y ver la verdad contenida en esta paradójica reflexión de Kafka: <em>“Es difícil decir la verdad; <a>porque si bien es cierto que solo es una, también es cierto que es algo vivo y, por tanto, <strong>tiene un rostro vivo y cambiante”</strong></a><strong>.</strong></em> Esos cientos de rostros, fue lo que nos reveló en su discurso Jesús Abad Colorado, al recibir el Gran premio a la Vida y Obra de un periodista en la clausura de los premios Simón Bolívar de Periodismo 2024<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a> y narrarnos con sus fotografías el intrincado laberinto de violencias en que vivimos y miles mueren atrapados.</p>



<p>Porque no es cierto, en nuestra compleja realidad social y política, que una imagen valga más que mil palabras. Todas esas imágenes están inscritas y son consecuencia de una oscura trama de intereses y conflictos que apenas estamos vislumbrando, gracias a rigurosas investigaciones realizadas en los últimos años por el Centro Nacional de Memoria Histórica<a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a> y el Informe final de la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición.</p>



<p>Para conocer esas terribles verdades y sus responsables, por acción u omisión, hay que ver el documental “<strong><em>No hubo tiempo para la tristeza</em></strong>”<a href="#_edn3" id="_ednref3">[iii]</a>, en donde aparecen numerosas fotografías de Jesús Abad Colorado, y consultar el portal de la Comisión de la Verdad y su informe final “<strong><em>Hay futuro, si hay verdad”</em></strong><a href="#_edn4" id="_ednref4">[iv]</a>. Gracias a ellos y la incansable reportería gráfica de Jesús Abad, sabemos que la verdad “<strong><em>tiene un rostro vivo y cambiante”, </em></strong>que no es otro que el de las víctimas y sus victimarios. Un rostro tan vivo y mutante que en ocasiones es intercambiable e indescifrable, pues las víctimas de ayer se convierten en victimarios mañana, formando así una maraña de terror y venganzas interminables, que todavía no cesa y muchos pretenden prolongar indefinidamente en nombre de la justicia.</p>



<p><strong>Más allá de las víctimas y los victimarios</strong></p>



<p>Lo más cruel y paradójico es que el mayor número de víctimas hayan sido y sigan siendo los campesinos, las comunidades indígenas y negras, convertidas por todos los actores armados, desde los legales e institucionales hasta los ilegales, insurgentes y paramilitares, en carne de cañón y en masa de maniobra de sus mortíferas estrategias militares. Es lo que está sucediendo hoy en El Plateado, en Chocó, en Arauca, Putumayo, en el norte del Cauca, en Antioquia, para solo referir los territorios y las poblaciones más victimizadas.</p>



<p>Ayer, esos campesinos para sobrevivir al asedio del Ejército Nacional en Marquetalia, se convirtieron en guerrilleros y luego, obnubilados por sus victorias y delirios de poder, se ensañaron contra otros campesinos en su disputa territorial contra el ejército y los paramilitares. Luego, para el sostenimiento de sus filas, se transformaron en liberticidas e hicieron del secuestro una industria. Ahora son narcodependientes, traficantes y cancerberos de economías ilegales, que desafían y sepultan las esperanzas de la “Paz Total”.</p>



<p>Y, en medio de ese degradado entramado criminal, otros muchos campesinos, también para sobrevivir o cobrar venganza, se vistieron de paramilitares. Hasta llegar al extremo gubernamental de que otros campesinos, portando el uniforme del Ejército Nacional, en cumplimiento de órdenes y supuestas políticas de “seguridad democrática”, como la Directiva 029 de 2005<a href="#_edn5" id="_ednref5">[v]</a>, asesinaran a miles de jóvenes campesinos y citadinos, disfrazándolos de guerrilleros y sepultándolos como “falsos positivos”<a href="#_edn6" id="_ednref6">[vi]</a>.</p>



<p>Pero lo más inaudito es que todos los anteriores victimarios revistan sus crímenes con narrativas inverosímiles como la defensa de la democracia, la justicia social, la revolución y hasta la soberanía nacional. Narrativas que Jesús Abad Colorado con el valor, la sensibilidad, la fidelidad de sus lentes y la contundencia de sus fotografías, desnuda y deshace por completo, revelándonos verdades que no se pueden seguir ocultando con las lentes deformantes de instituciones, intereses y privilegios al servicio de los victimarios, amparados en sus coartas criminales, sean ellas supuestamente democráticas, revolucionarias y hasta populares.</p>



<p>La vida y obra periodística de Jesús Abad Colorado nos ha revelado esa terrible verdad en cientos de fotografías, confrontándonos con los rostros de miles de víctimas y los de unos cuantos victimarios, que todavía cínicamente evaden sus responsabilidades históricas gracias a la complacencia de millones de ciudadanos que los admiran y de un poderoso corifeo de medios periodísticos que los adulan, excusan y hasta llaman “salvadores de la patria”. Solo cabe esperar que la JEP no sea inferior al único desafío histórico que quizá pueda cumplir: contarnos todas las verdades, identificar a sus principales responsables y sancionarlos simbólicamente, pues no hay penas para el tamaño, número y gravedad de sus execrables crímenes. Muchos menos para reparar a sus innumerables víctimas, su desaparición irreversible y el dolor inconsolable de sus descendientes.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/jesus-abad-colorado-gran-premio-a-la-vida-y-obra-de-un-periodista-en-los-premios-simon-bolivar-2024-noticias-hoy/">https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/jesus-abad-colorado-gran-premio-a-la-vida-y-obra-de-un-periodista-en-los-premios-simon-bolivar-2024-noticias-hoy/</a></p>



<p><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://centrodememoriahistorica.gov.co/">https://centrodememoriahistorica.gov.co/</a></p>



<p><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://www.youtube.com/watch?v=das2Pipwp2w">https://www.youtube.com/watch?v=das2Pipwp2w</a></p>



<p><a href="#_ednref4" id="_edn4">[iv]</a> <a href="https://www.comisiondelaverdad.co/">https://www.comisiondelaverdad.co/</a></p>



<p><a href="#_ednref5" id="_edn5">[v]</a> <a href="https://www.infobae.com/america/colombia/2021/02/19/este-fue-la-directiva-029-de-2005-que-reglamento-el-pago-de-recompensas-de-hasta-3800000-a-militares-por-capturar-o-dar-de-baja-a-guerrilleros/">https://www.infobae.com/america/colombia/2021/02/19/este-fue-la-directiva-029-de-2005-que-reglamento-el-pago-de-recompensas-de-hasta-3800000-a-militares-por-capturar-o-dar-de-baja-a-guerrilleros/</a></p>



<p><a href="#_ednref6" id="_edn6">[vi]</a> <a href="https://www.elcolombiano.com/colombia/jep-revela-nombres-de-victimas-de-falsos-positivos-botas-congreso-BK25949594">https://www.elcolombiano.com/colombia/jep-revela-nombres-de-victimas-de-falsos-positivos-botas-congreso-BK25949594</a></p>
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        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=109052</guid>
        <pubDate>Fri, 06 Dec 2024 16:36:19 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Colombiano Alfonso Bonilla lleva su arte a FotoFest 2024</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/colombiano-alfonso-bonilla-lleva-arte-fotofest-2024/</link>
        <description><![CDATA[<p>Alfonso Bonilla vuelve a la Bienal FotoFest con Serrano Gallery, que presenta la exposición colectiva “Reflexiones”, que combina las visiones artísticas de cinco fotógrafos de diversos orígenes.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Alfonso Bonilla</strong> vuelve a la <strong>Bienal FotoFest</strong>. Tras haber participado en 2020 gracias a la invitación de <a href="https://www.serranogallery.com/resident-artists" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Serrano Gallery</strong></a>, este 2024 vuelve de la mano de esta galería ubicada en Houston (Estados Unidos) que, bajo la dirección de <strong>Valentina Atkinson</strong>, presenta la exposición colectiva “<strong>Reflexiones</strong>”.</p>



<p>La muestra, que se puede visitar entre el 9 de marzo y el 9 de abril de 2024, combina las visiones artísticas de cinco fotógrafos de diversos orígenes que, de acuerdo con la galería, “ofrecen una perspectiva distinta sobre el tiempo y el espacio, conectando a sus sujetos y espectadores en un diálogo contemplativo”.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/02/25153513/Alfonso_Bonilla_Liarte1-1-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-99939" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/02/25153513/Alfonso_Bonilla_Liarte1-1-1024x1024.png 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/02/25153513/Alfonso_Bonilla_Liarte1-1-300x300.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/02/25153513/Alfonso_Bonilla_Liarte1-1-150x150.png 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/02/25153513/Alfonso_Bonilla_Liarte1-1-768x768.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/02/25153513/Alfonso_Bonilla_Liarte1-1-1536x1536.png 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/02/25153513/Alfonso_Bonilla_Liarte1-1-2048x2048.png 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Uno de los artistas seleccionados es el colombiano <strong>Alfonso Bonilla</strong>, quien con su trabajo rinde homenaje a los tiempos hipermodernos al tejer historias intrincadas de escenas cotidianas, creando narrativas convincentes dentro de cada fotografía.</p>



<p>Bonilla participa con “<strong>Asincronías</strong>” de la serie “Reciclarte” o “Recycling Art” y con “<strong>WTC</strong>” de la serie “NYC”.</p>



<p>En sus palabras, “<strong>Asincronías</strong>” se refiere al esfuerzo que hace en este momento la humanidad para combatir la contaminación, así que la pieza invita a generar conciencia medioambiental a través de “una reinterpretación con cientos de fotografías de elementos susceptibles de ser transformados y que a la vez son un reflejo de nuestra indiferencia como protagonistas en esta sociedad”.</p>



<p>“<strong>WTC</strong>”, por su parte, hace alusión al World Trade Center de Nueva York y se convierte en “testimonio artístico que aborda la problemática migratoria global”.</p>



<p>El espectador se enfrenta a diferentes colores vivos, inspirados en esta ciudad estadounidense, que se entrelazan con el objetivo de reflejar la complejidad y diversidad de sentimientos generados por el desplazamiento forzado.</p>



<p>Cada panel de “<strong>WTC</strong>” funciona como una capa simbólica que recuerda que Nueva York es “epicentro de importantes movimientos migratorios” que se debate entre la lucha por la libertad y la búsqueda de un hogar en tierras lejanas.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153603/Alfonso_Bonilla_Liarte2-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-99941" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153603/Alfonso_Bonilla_Liarte2-1024x1024.png 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153603/Alfonso_Bonilla_Liarte2-300x300.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153603/Alfonso_Bonilla_Liarte2-150x150.png 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153603/Alfonso_Bonilla_Liarte2-768x768.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153603/Alfonso_Bonilla_Liarte2-1536x1536.png 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153603/Alfonso_Bonilla_Liarte2-2048x2048.png 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>En “<a href="https://www.serranogallery.com/reflections" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Reflexiones</strong></a>” <strong>Alfonso Bonilla</strong> expone junto a <strong>John Bernhard</strong> (Suiza), quien captura la esencia de la vida urbana de Houston, centrándose en los habitantes de las calles y su entorno; <strong>Luvia Lazo</strong> (México), quien retrata el espíritu y la cultura de los pueblos oaxaqueños con profundidad y autenticidad; <strong>Bogdan Mihai</strong> (Rumania), quien con su serie “Herencia” documenta la decadente grandeza de un histórico spa termal rumano símbolo de una sociedad en proceso de cambio; y <strong>Carlos Ocando</strong> (Venezuela), quien busca la armonía en los paisajes urbanos explorando el concepto de reflejos en su obra.</p>



<p><strong><u>Sobre la Bienal de FotoFest</u></strong></p>



<p><strong>FotoFest</strong> es una organización de artes contemporáneas y educación que se dedica a avanzar en la <strong>fotografía</strong> y la <strong>cultura visual</strong> a través de la presentación de exposiciones, programas públicos, publicaciones y currículos. La exploración de la sociedad, la cultura y la vida contemporánea a través de la lente de la fotografía y los medios relacionados es central en la misión de FotoFest que se lleva a cabo en Houston, Estados Unidos.</p>



<p>Este 2024 se realiza entre el 9 de marzo y el 21 de abril en <strong>Sawyer Yards</strong> y otros lugares en toda la ciudad, y el tema central “<strong>Critical Geography</strong>”, que propone reexaminar las comprensiones occidentales y tradicionales de la geografía mientras explora ámbitos espaciales cambiantes y emergentes.</p>



<p>“<strong>Critical Geography</strong>” toma su nombre de la subdisciplina de la geografía que cuestiona y desafía las estructuras de poder, la desigualdad y las ideologías dominantes que dan forma a los patrones espaciales.</p>



<p>La exposición explora cómo el espacio, el lugar y las comunidades están influenciados por fuerzas sociales, económicas y políticas. Mediante el análisis crítico de estas dinámicas, las obras en la exposición buscan provocar conversaciones en torno a la justicia social, la sostenibilidad ambiental y el cambio transformador.</p>



<p>“<strong>Critical Geography</strong>” presenta una gama diversa de prácticas basadas en imágenes, desde fotógrafos y narradores que arrojan luz sobre la opresión sistémica, la violencia y las preocupaciones ambientales urgentes, hasta artistas y creadores de imágenes que utilizan la cartografía, las redes sociales y la tecnología para explorar la desigualdad en contextos coloniales y poscoloniales.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153611/Alfonso_Bonilla_Liarte3-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-99942" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153611/Alfonso_Bonilla_Liarte3-1024x1024.png 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153611/Alfonso_Bonilla_Liarte3-300x300.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153611/Alfonso_Bonilla_Liarte3-150x150.png 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153611/Alfonso_Bonilla_Liarte3-768x768.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153611/Alfonso_Bonilla_Liarte3-1536x1536.png 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25153611/Alfonso_Bonilla_Liarte3-2048x2048.png 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><em>Imágenes: cortesía Alfonso Bonilla.</em></p>



<p><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a>&nbsp;/&nbsp;<a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">@LiarteconArte</a></p>
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        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98418</guid>
        <pubDate>Wed, 28 Feb 2024 15:13:07 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Elizabeth &amp;#8220;Lee&amp;#8221; Miller (1907-1977)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/elizabeth-lee-miller-1907-1977/</link>
        <description><![CDATA[<p>Aventurera y desafiante, así podríamos definir a una mujer que no vaciló ante el peligro, y, antes bien, lo encaraba con la ferocidad de un soldado experto, no temiendo entrometerse en el lugar más prohibido. Su fascinación por rebelarse sería según parece una cuestión de temperamento. A los 7 años, embelesada con los trencitos de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Aventurera y desafiante, así podríamos definir a una mujer que no vaciló ante el peligro, y, antes bien, lo encaraba con la ferocidad de un soldado experto, no temiendo entrometerse en el lugar más prohibido. Su fascinación por rebelarse sería según parece una cuestión de temperamento. A los 7 años, embelesada con los trencitos de juguete de su hermano, decidió escapar de la custodia de sus padres para comprobar con sus propios ojos cómo operaban los trenes de verdad, luego de lo cual sus padres tuvieron que rescatar a su extraviada pequeña en la estación ferroviaria. Elizabeth, más conocida como “Lee”, nació a las laderas del río Hudson, a unos 140 kilómetros de New York, en una familia que había heredado el interés por las manualidades y las artesanías. A su abuelo se le recuerda por haber enladrillado el centro educativo de artes, el Antioch College, colocando cada día un promedio de unos siete mil ladrillos. Su tío oficiaba como editor de <em>American Machinist, </em>una revista dedicada a la mecánica, y así también su padre, Theodore, de ascendencia alemana, y quien ostentaba un título en ingeniería mecánica y era un aficionado a la fotografía, además de un experto apasionado en el diseño de curiosos artilugios. De pensamiento liberal, el padre inculcó a sus hijos una vida sin mayores principios, siendo su ejemplo el de un hombre infiel y poco creyente en las religiones. Les decía: “Pueden hacer lo que les apetezca, siempre que no hagan daño a nadie.” Elizabeth creció en un entorno campestre, disfrutando con sus dos hermanos de la casita del árbol que su padre les había diseñado, imitando las técnicas de fotografía e intentando ella misma inventar nuevos e ingeniosos adminículos. Y aunque se confesara poco hábil para las manualidades, lo cierto es que Lee desde muy pequeña desestimaría las muñecas y el bordado y se vería cautivada y familiarizada con las cámaras y la fotografía. “No soy muy hábil con las manos. Soy buena con un destornillador, puedo desmontar una cámara. Pero, ¿coser un botón? Podría ponerme a gritar”, comentaría años más tarde. Su madre, Florence, temía que su hija era un poco “masculina” y que pudiera convertirse en un “chicazo”, siendo que ella quería precisamente a una muñeca, a una niña ejemplar, e incluso sería por ello que cortó el pelo de uno de sus hijos con el estilo de peinado clásico de mujer. Por su parte el padre respondió cortándole el cabello a Lee con un corte varonil. Aproximadamente a los 8 años, Lee quedó una tarde bajo el cuidado de un tipo cercano a la familia y que acabaría abusando sexualmente de la pequeña, contagiándola de gonorrea, y generándole un trauma del que según parece no se pudo reponer nunca. Desde entonces no dejó de sentirse sucia y solía bañarse varias veces al día, se convirtió en una niña irritable, avergonzada, temerosa, solitaria. Padecía ataques de ira en los que destrozaba sus pertenencias, y debido a su conducta rebelde, sería varias veces expulsada de la escuela. Lee recibió tratamiento psicológico, pero sería tal vez la práctica inusual de su padre lo que logró mitigar un poco la vergüenza de su hija, y explorar con libertad su propio cuerpo. Tan liberal era su padre, que utilizó a Lee como modelo para fotografiarla desnuda empleando la técnica estereoscópica, conservándose una de tantas fotos en la que podemos apreciar a la pequeña Lee posando sobre la nieve y vistiendo apenas su par de botas, mientras recoge sus brazos en un intento por apaciguar el frío. Tal vez estas experiencias de exposición lograron destrabar en parte los complejos de Lee, ayudarla a superar sus traumas, desnudar sus temores, y de paso revelar en ella su vocación predestinada: la de fotógrafa. Pese a lo inquietante que pueda parecer esta práctica con su hija, Theodore sería siempre para ella “el hombre más querido y en el que más confiaba”, confesó muchos años después. En adelante comenzaría un proceso de recuperación. Empezó a interactuar con otras niñas, se interesó por la cocina, el piano, la danza, y en general por el mundo de las artes escénicas. La fotografía pudo haberla salvado. A sus 10 años visitó el teatro con su madre, y fue entonces cuando entendió que lo suyo era el protagonismo, destacarse, ser reconocida, consagrarse como el centro de atención. A los 17 años mostraba un cierto descontento por su vida y confiesa haber tenido algunos pensamientos suicidas, pero justo coincidió con un viaje que la familia decide realizar por Europa. Sería en París donde Lee podría respirar el ambiente bohemio que tanto la sedujo por sentirse identificada. Disfrutó ver la cotidianidad de las prostitutas y quedó impregnada del ambiente artístico de la capital francesa, por lo que sus padres decidieron matricularla en una escuela de teatro, ya que lo de ella no parecía ser la academia formal. Pero poco tiempo después de iniciado el curso teatral, la joven Lee se dejó conquistar por el consumado mujeriego que era el director de la escuela, y una vez enterado del amorío, el padre mandaría traer de regreso a la díscola de su hija. Para 1927, a sus 20 años, ya Lee se había convertido en un mujerón de esas que impactan por su belleza. Alta y alargada, de un pelo rubio y abundante, de ojos vibrantes, claros y saltones, nariz ancha, arquetipo del ideal de los años veinte, y con ese rostro expresivo que cautivaría cualquier día a un hombre que, según la leyenda, la salvaría de sufrir un accidente de tránsito. “¿Te interesaría trabajar como modelo?” Fue lo que atinó a preguntar aquel ángel guardián, Condé Nast, y quien también fuera editor de <em>Vanity Fair </em>y de <em>New Yorker, </em>además del fundador de la prestigiosa revista <em>Vogue. </em>Ese mismo año Elizabeth Lee Miller aparecería en la portada de la revista <em>Vogue, </em>y durante los siguientes dos años su imagen sería una de las más cotizadas y requeridas por fotógrafos, publicistas y por todo el entorno del modelaje, trabajando junto a los más prestantes y reconocidos del gremio. Pero su carrera como modelo llegaría a su fin luego de que se valieran de su imagen para publicitar unas compresas para la higiene menstrual, lo cual era inédito en los medios propagandísticos, y por lo cual la modelo sería condenada como una desvergonzada. De cualquier forma Lee supo reponerse y emprender un nuevo rumbo, y esos caminos la llevarían de nuevo a mudarse a territorios galos, con el firme interés de hacerse conocer entre los artistas de vanguardia y especialmente dentro del movimiento surrealista. “Prefiero tomar una foto que ser fotografiada”, decía Lee, convencida de su propósito de convertirse en fotógrafa profesional. Corría el año de 1929 cuando la intrépida Lee se le presentó al afamado Man Ray en el cafetín <em>Le bateau ivre. </em>Así lo recuerda su protagonista: “En aquel tiempo estaba en París, así que me acerqué a él y le dije: ‘Hola, soy tu nueva alumna y aprendiz.’ Él respondió: ‘Yo no tengo alumnos ni aprendices.’ Y yo le dije: ‘Ahora sí.’” Ella tenía 24 años y él 40, y a partir de ese saludo el pintor haría parte de su vida a esa joven mujer por la que entonces abandonaría a su esposa. “Me marcho de vacaciones a Biarritz”, le dijo Man Ray. “Yo también”, le respondió su amante. Fue entonces cuando comenzó una relación en la que Miller serviría como fuente de inspiración artística: musa y pupila, el cuerpo y la imagen toda de Lee quedaría retratada en pinturas y en fotografías que hicieron parte de una obra de tinte surrealista. Se recuerda la foto que captura el <em>derriere </em>desnudo de la modelo y que tituló <em>La prière </em>(La que reza). Debido a una casualidad, Miller descubrió la técnica conocida como “solarización”, donde las zonas oscuras se revelan como zonas iluminadas y viceversa, con un borde luminoso que define las zonas de contraste, y que el afamado artista ayudaría a desarrollar, y aunque poco crédito le haya dado a su compañera. Lo cierto es que parte de la producción fotográfica atribuida a Ray, fue realmente el trabajo clandestino de Miller, y quien estaba más interesada en aprender de su mentor y darle un espacio para que éste pudiera dedicarse más tiempo a la pintura. Una vez logrado cierto renombre, Miller abre su propio estudio, y es a partir de entonces cuando empezará a codearse con los más célebres del momento, como es el caso de Dora Maar, Salvador Dalí, Joan Miró, Max Ernst, Pablo Picasso (quien la retrataría por lo menos siete veces), y también Jean Cocteau, quien apenas la conoció le propuso interpretara a una estatua que cobra vida en su película de 1930 titulada <em>La sangre de un poeta</em>. Lee pasa a formar parte del movimiento surrealista, y su propuesta es la fotografía de imágenes simbólicas e hilarantes y en donde solía valerse de la técnica de la “solarización”. En 1932 pone un punto final a su relación con Man Ray y regresa a New York para establecer un estudio junto a su hermano Erik. Para ese año la veremos exponiendo en la Galería Julien Levy de New York, y un año después realizará otra exposición en la misma galería, pero esta vez con una presentación en solitario. En 1934 contrajo matrimonio con el ingeniero egipcio Aziz Eloui Bey, a quien conoció cuando éste realizaba un viaje de negocios a New York, y por quien acabó dejando todas sus empresas y proyectos personales para mudarse junto a él a la ciudad de El Cairo. La consumada fotógrafa no desaprovecharía su tiempo para tirar una que otra fotografía del contexto social cairota, o para captar la esencia de un paisaje, como es el caso de la fotografía que sacó desde lo alto de una pirámide, y que pareciera una composición cubista a base de sombras; u otra foto que tomó cerca al desierto de Siwa, a la que tituló <em>Portraits of space, </em>y que inspiraría a René Magritte para su pintura <em>Le baiser. </em>Y aunque tendría la oportunidad de escandalizar un poco a la sociedad musulmana, siendo la única mujer que se permitía pasearse en las playas vistiendo diminutos trajes de baño, la vida apaciguada y cómoda que le brindaba Egipto acabaría por aburrirla, y necesitada de aventura, desafío y adrenalina, volvería a París, y para 1937 comenzaría un idilio con el coleccionista de arte, Roland Penrose. “Siempre he buscado una combinación utópica de libertad y seguridad y emocionalmente necesito estar completamente absorta en algún trabajo o en el hombre que amo”, diría Lee en su momento. En 1939 Miller intentó trabajar como fotógrafa de <em>Vogue, </em>pero apenas logró conseguir un puesto como asistente; sin embargo con el inicio de la Segunda Guerra Mundial algunos fotógrafos dedicados al oficio de la moda serían reclutados para disparar sus lentes hacia el frente de batalla, y en cuestión de pocos meses Elizabeth quedaría ocupando el cargo al que en un principio aspiraba. “Me parece que las mujeres tienen más probabilidades de éxito en la fotografía que los hombres… Las mujeres son más rápidas y más adaptables. Y creo que tienen una intuición que les ayuda a comprender las personalidades más rápido que los hombres”, dijo en su momento; y sí que sabría demostrar su punto, consagrándose como uno de los ojos más especiales del mundo de la fotografía. Sin embargo para 1942, y pese a la insistente desaprobación de sus familiares y amigos, contrariando a quienes se le oponían y en un desafío mortal, Lee acepta formar parte del London War Correspondents Corps y alistarse como fotoperiodista y corresponsal de guerra de la revista <em>Vogue, </em>en un cubrimiento del escenario bélico que la llevaría a batallar en distintos frentes. Se hizo a un uniforme diseñado a su medida en Savile Row y navegó el océano hasta dar con el Canal de la Mancha, para luego internarse en Francia y testimoniar con su cámara todo el horror de la guerra. Así, pues, la modelo se vistió de soldado y ofició durante años los estragos de la guerra, siendo una de las cuatro fotógrafas acreditadas por las fuerzas armadas estadounidenses. Si es cierto que para captar buenas fotografías el fotógrafo debería acercarse a su objetivo lo máximo posible, Lee conseguiría las mejores imágenes, ya que ubicaría su lente justo al frente de los cañones. Así sucedió en un episodio en el que la intrépida fotorreportera quedaría a merced de una confrontación armada, siendo ella la única en el terreno que contaba con el armamento peculiar de una simple cámara fotográfica. Así recuerda dicho suceso: “Era la única fotógrafa en kilómetros a la redonda y tenía una guerra para mí sola. Fue un impacto letal… Luego todo se lo tragó el humo… Me refugié en un puesto alemán, en cuclillas bajo las murallas. Mi talón pisó una mano inerte y arrancada y maldije a los alemanes por la sórdida y terrible destrucción que habían provocado en esta hermosa ciudad.” Al comienzo se le encomendó la discreta misión de fotografiar la cotidianidad de las mujeres abocadas al servicio de la guerra, pero con el paso de los días su interés se vio volcado hacia el lado más excitante del conflicto, testimoniando con sus fotografías la devastación luego de la Batalla de Alsacia, así como los destrozos provocados por el ataque <em>Blitz </em>de los alemanes. “Ser una buena fotorreportera es cuestión de arriesgarse y cortarlo detrás de ti”, decía. No se resistía ante el peligro, e incluso iba tras él, persiguiéndolo con sevicia. Y fue así como un mes después de que los aliados consiguieran reconquistar las playas de Normandía, Miller llegaría con la intensión de cubrir el trabajo de las enfermeras en el hospital de campaña en Omaha. Entonces no desaprovecharía el momento, y aunque le estuviera prohibido, la atrevida fotorreportera sería la única en conseguir hacer presencia en la liberación de Saint Melo, para dejar un registro de los horrores perpetrados por el uso indiscriminado de napalm, y por lo que sería enviada a prisión durante un par de días, para luego ser expulsada del primer frente de batalla. A pesar de esto, la escurridiza reportera se escabulliría de todo impedimento y acompañaría a los soldados aliados que acabarían retomando sus territorios en la Liberación de París, y de la cual nos dejó un registro icónico, gracias a la foto que capturó de una Torre Eiffel cubierta por el manto de la niebla, otorgándole un aspecto de dramatismo que bien podría simbolizar el emblema de una ciudad fantasmal. Para darle mayor profundidad a su trabajo, las fotografías de Lee vendrían acompañadas de la palabra, redactando ella misma los textos que explicaban el contexto de la imagen, ganando prestigio y reputación por la agudeza de sus descripciones y la manera sensible como lograba interrogar a los espectadores. Uno de los momentos que más parece haberla signado sería cuando fotografió a un soldado que había sido casi incinerado, y que estaba cubierto de cuerpo entero por los vendajes. El malherido le pidió en un gesto cómico y esperanzador que le tomara un retrato para ver “qué pinta tan graciosa tengo”, imponiendo el humor al dolor, y muriendo unas horas después. Sin embargo, Lee también se dio a la tarea de retratar imágenes más ligeras y que también daban cuenta del contexto social, como aquella foto que tituló <em>The way things are in Paris, </em>y en la que vemos a una joven aparcada junto a los escombros de un cafetín destrozado por los bombardeos; o las fotos de los secadores de una peluquería y que acompañaría con el siguiente texto: “De muchos reportajes publicados en Reino Unido podrías pensar que las parisinas han tenido todo lo que las inglesas anhelan, excepto pequeños detalles como la libertad y la seguridad.” La mirada con ese toque de experta en asuntos de moda estuvo siempre presente en sus composiciones, y a pesar de lo escabrosas que pudieran ser. El ojo artístico de Miller no se ausentó nunca al momento de captar lo más terrible del ser humano. Se decantaba más por destacar lo simbólico de cada imagen para dejar de lado el sensacionalismo amarillista, y de allí que sus fotos no sean una composición vacía, evidentemente cruel, para en cambio aportar una estética más representativa, y así mismo cruda, real, sujeta a la interpretación de un ojo periodístico y documental, o a la de un incauto espectador que quedará seducido por tratarse de una inconfundible pieza de arte. Varias de sus fotografías fueron expuestas en 1940 en la exhibición <em>Surrealismo hoy,</em> en la Galería Zwemmer de Londres, y un año más tarde sus fotografías participarían de la exposición <em>Gran Bretaña en guerra</em> en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de New York. Se recuerdan fotografías como la del soldado caído que flota sobre las aguas marinas, o la que titularía <em>La capilla inconformista </em>y en la que se aprecia la imagen surrealista de una inverosímil iglesia consumida absolutamente por los impactos de las bombas. Una de sus fotos más celebradas sería la serie que tituló <em>Máscaras de fuego, </em>en la que se contemplan varios rostros cubiertos por máscaras antigás, y en ocasiones acompañadas por algunas muñecas que se vislumbran entre los escombros. Lee Miller también sería la primera en llegar a los campos de concentración de Buchenwald y Dasau en el momento en que fueran liberados por las tropas aliadas, dejando para la memoria histórica el registro del escenario siniestro que los nazis habían perpetrado al interior de estos macabros recintos. Miller asegura que el pueblo alemán no desconocía el horror que se vivía en los campos de concentración, y su denuncia tal cual lo temía fue también desconocida por la revista para la que trabajaba. “No suelo sacar fotografías de horrores. Pero no creo que aquí haya una ciudad o una zona que no estén repletas de ellos. Espero que en <em>Vogue </em>piensen que estas fotografías son publicables”, le confesaba la fotógrafa a uno de sus colegas por medio de un telegrama. Y en efecto <em>Vogue </em>no quiso comprometerse a publicar las fotos, pero no así sucedió con la revista <em>Vogue </em>americana, que no vaciló ante el escándalo que las fuertes imágenes pudieran ocasionar, y se limitó a publicarlas. “¡Créanselo!” Ese fue el texto que Miller redactó para acompañar las imágenes que aparecieron con el título de <em>Fotografías en los campos de concentración de Buchenwald y Dasau. </em>Pero por lo que sin duda será más recordada es por la mítica y retadora fotografía que <em>Vogue </em>publicaría con el siguiente texto:<em> El apartamento de Múnich de Hitler: Lee Miller, que recoge la historia, disfruta del baño de Hitler. </em>Como solía hacerlo, Miller consiguió salirse con la suya y disuadir a los soldados para que le permitieran acceder al interior de la vivienda donde moraba el líder máximo y protagonista de este lado de la guerra. “Durante años he llevado la dirección de Hitler en Múnich en el bolsillo y por fin he tenido la oportunidad de usarla. <em>Mein host was not home </em>(Pero mi anfitrión no estaba en casa). Tomé algunas fotos del lugar y dormí bastante bien en la cama de Hitler. Incluso me quité el polvo de Dachau en su bañera.” Estas fueron las confesiones de Miller luego de haber sido fotografiada tomando un baño en la bañera de Adolf Hitler, ubicada en el 16 de Prinzregentenplatz de Múnich. El encargado de fotografiarla fue su aliado y colega, el corresponsal de la revista <em>Life</em>, David E. Sherman, componiendo un cuadro sugestivo y de cualquier manera provocador. Ensuciando la alfombra, bajo la bañera, descansan un par de botas enlodadas, y que recogen el terruño de su paso reciente por Dachau. A un costado de la bañera, junto a la pasta de jabón, un retrato del <em>Führer </em>contempla el desafío de una mujer que nunca temió a nada y que gozó de ese baño como si se tratara de una venganza de limpieza. “Naturalmente, tomé fotos. ¿Qué se supone que debe hacer una chica cuando una batalla aterriza en su regazo?”, decía emocionada luego de su acto de rebeldía, y que curiosamente ocurrió ese mismo 30 de abril en el que Hitler se suicidaría en compañía de su esposa Eva Braun entre las cobardes paredes de un decadente búnker. En definitiva, tras sus experiencias de guerra, evidenciar que sus fotos permiten revelarnos lo que la autora tuvo que presenciar también con sus propios ojos. Miller sería testigo de los presos que rogaban cesaran las torturas, de las pilas de cadáveres que se amontonaban en los campos de concentración, niños famélicos, soldados con heridas de muerte, y todo tipo de ejecuciones que acabarían por hacer mella en su espíritu. Durante su estancia en Francia, Miller estuvo realizando una serie de autorretratos, y en los que paulatinamente podemos apreciar un deterioro en su rostro, en sus ojos cansinos, en su boca apagada y en sus labios resquebrajados, en su piel desgastada y en esa expresión atónita, desconcertada, ausente, sin brillo y melancólica, reflejo de un alma que pareciera desengañada del mundo. “Yo lucía como un ángel, pero por dentro era un demonio”, decía. Es así como después de la guerra la aventurera fotógrafa nunca más podría reponerse, y como si se tratara de un soldado a quien le costara retomar su condición de civil, Miller se refugió en el alcohol, y ya nunca más volvería a ser la misma. Una vez acabada la guerra viajaría a Viena para capturar las imágenes de huérfanos moribundos, y luego en Hungría retrató la vida campestre, y así también tomó fotografías de las ejecuciones de algunos integrantes del nazismo que habían sido castigados con la pena capital, siendo el más recordado el del líder del gobierno húngaro, el primer ministro Laszlo Bardossy. Pero es que lo que Lee parecía disfrutar y lo que la hacía sentir viva era creer que estaba siendo parte de una película de acción. Y es que ciertamente durante unos años así fue su cotidianidad, y era ella la protagonista de una trama acelerada y cargada de adrenalina y que no dejaría de extrañar. Nostálgica de guerra, Lee se recordaría a sí misma infundiendo respeto entre las tropas, hablando el mismo lenguaje soez del soldado, y experimentando un cambio en una voz que pasó de ser acaramelada para convertirse en el vozarrón autoritario de un general. La antigua modelo se había convertido en un soldado consumado. Convencida de su potencial e interesada en que todos se enteraran de sus capacidades artísticas, Miller continuó un tiempo más como fotógrafa, y a pesar de interesarse cada vez menos por el oficio y declinar de algunas propuestas de trabajo, la famosa fotorreportera no tenía reparos en reconocerse como un espécimen único en su especie: “No seré la única reportera en París, pero sí la única dama fotógrafa, a no ser que llegue otra en paracaídas.” En 1947 se divorcia de Aziz Eloui Bey y se casa con Roland Penrose, estableciéndose de nuevo en Inglaterra, y convirtiéndose a la edad de los 40 años en madre de un niño llamado Anthony, experimentando un estrés posparto que acabaría sumiéndola en episodios depresivos, así como ataques de ira provocados principalmente por las infidelidades de su marido. Lee confesaría que jamás pudo superar en definitiva el trastorno producido por la violación de la que fue víctima en su infancia, y esto sumado a su estrés de posguerra, a sus tendencias suicidas y al consumo excesivo de alcohol, y que sería lo que le impediría sobrellevar con tranquilidad sus restantes años de vida. “Perdida es una buena forma de describirla”, fue como lo expresó su nieta, Ami Bouhassane. Por su parte, su hijo la recuerda como a una ebria a la que poco veía, deslenguada, y desentendida en todo momento de su labor de madre, y a quien incluso miraba con cierta vergüenza. “Lee tenía problemas a la hora de querer a alguien”, comentó su hijo a <em>The New York Times. </em>En 1949 la familia se muda a Farley Farm House, en Sussex, y a partir de entonces la reconocida fotógrafa casi abandonará el oficio por el que será siempre recordada. Sus últimas fotografías profesionales datan de 1953, y para 1955 elige una selección de su trabajo que exhibe en el MOMA de New York con el título de <em>The family of man. </em>Con el pasar de los años sería su esposo quien iría cobrando prestancia y reconocimiento como artista de vanguardia, siendo incluso nombrado como caballero en 1966, lo que oficialmente convirtió a Elizabeth en Lady Penrose, y a lo cual ella se burlaba con su característica mordacidad, bautizándose a sí misma como “Lady Lee”. Sus últimos años los pasó en el mismo hogar, donde solía recibir a conocidos y amigos para celebrar tertulias en las que además participaba su esposo. En la cocina también encontraría un refugio. Tomó clases de gastronomía en el Cordon Bleu de París y compiló sus propias recetas en un libro que pretendió publicar, y que cien años después de su natalicio su nieta daría a conocer bajo el título de <em>Lee Miller: a life with food, friends, and recipes. </em>Finalmente, Elizabeth Lee Miller muere a la edad de los 70 años. Después de su muerte su hijo Anthony descubrió en el ático de su casa un material fotográfico que su madre quiso mantener siempre oculto, permitiéndole comprender mucho mejor quién fue esa madre de la que apenas si sabía un par de anécdotas, y hasta el punto de comenzar un estudio de su vida y obra, y que acabó siendo la más completa biografía sobre la fotorreportera: <em>Las vidas de Lee Miller</em><em>. </em>Un año antes de su muerte asiste como invitada de honor a los Encuentros Internacionales de Fotografía celebrados en Árles. <em>The New York Times </em>anunció su muerte y eligió nombrarla con el apodo que no merecía: “Lady Penrose”. Anthony, quien confiesa no haber llorado cuando murió su madre, dice haberse conmovido toda vez se enteraba de las andanzas de mamá, derivando en ese relato de vida que un diario neoyorquino reseñó como “una especie de canto de amor a la mujer que nunca llegó a conocer”, y entonces por fin lloró. “Me di cuenta de todo lo que me había perdido, tantas cosas que querría haber sabido de ella y haber entendido”, comenta Anthony, quien desde hace años transformó la antigua casa de sus padres (y en la cual él se crio) en un museo consagrado a la memoria de sus progenitores. Además de dictar toda clase de talleres, en la actualidad el museo mantiene una exposición permanente de algunas pinturas de Roland Penrose, un par de valijas que abandonaría Man Ray en algún descuido, azulejos pintados por la mano de Picasso, y algunas fotografías de nuestra protagonista. En 1989 se llevó a cabo una exposición ambulante que dio una gira por Estados Unidos y en la que se presentaba una colección de fotos de la aclamada Lee. En el 2012 varias de sus fotografías fueron incluidas en la décimo tercera edición de la Documenta de Kassel. La vida y obra de esta mujer de muchas vidas ha sido narrada a través de libros y relatos, y en los próximos meses se espera el estreno de la película <em>Lee, </em>protagonizada por Kate Winslet en el papel de Elizabeth, y acompañada por Jude Law y Marion Cottilard.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Mon, 24 Jul 2023 07:22:21 +0000</pubDate>
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        <title>Fotos sobre crisis de agua en pueblo Wayuú ganan el Sony World Photography Award</title>
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        <description><![CDATA[<p>La serie fotográfica “Miruku” protagoniza este #MiércolesdeBlog. Se trata de un trabajo realizado por  Monty Kaplan y Marisol Méndez que retrata la crisis hídrica que afecta la vida del pueblo indígena Wayuú de Pesuapa en Colombia; y que recientemente ganó el Sony World Photography Award. La serie “Miruku” fue encargada por el British Journal of Photography y WaterAid, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>La serie fotográfica “<strong>Miruku</strong>” protagoniza este #MiércolesdeBlog. Se trata de un trabajo realizado por  <strong>Monty Kaplan</strong> y <strong>Marisol Méndez</strong> que retrata la crisis hídrica que afecta la vida del pueblo indígena Wayuú de Pesuapa en Colombia; y que recientemente ganó el Sony World Photography Award.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94489 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte-300x300.png" alt="" width="300" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte-300x300.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte-150x150.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte-768x768.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte-1024x1024.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte-1200x1200.png 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>La serie “Miruku” fue encargada por el <strong>British Journal of Photography</strong> y <strong>WaterAid</strong>, que su filial en Colombia trabaja con la comunidad para abordar la crisis del agua.</p>
<p>Por eso, la serie fotográfica se centra en los <strong>Wayuú</strong>; el mayor grupo indígena de Colombia que totaliza alrededor de 300.000 personas que habitan en la región costera desértica de La Guajira, donde las sequias prolongadas y el mantenimiento deficiente de los pozos existentes probablemente empeoren su acceso al agua.</p>
<p>Así que, más allá de encargar una serie fotográfica, este proyecto tiene como objetivo investigar cómo el cambio climático y la negligencia humana hacen, y perpetúan, que esta comunidad tenga acceso a agua potable y constante.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94490 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte1-300x300.png" alt="" width="300" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte1-300x300.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte1-150x150.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte1-768x768.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte1-1024x1024.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte1-1200x1200.png 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Monty Kaplan y Marisol Méndez viajaron a la zona en noviembre de 2021 y captaron la vida de las<strong> comunidades Wayuú</strong> y su lucha por el acceso al agua potable y segura en Pesuapa, hogar de poco más de 100 personas, y donde WaterAid instaló un sistema de filtración de agua que sirve para consumirla y asearse, proporcionándole a las mujeres y a las niñas un sitio más privado para el manejo de la higiene menstrual.</p>
<p>Todo esto quedó capturado en las fotografías que ganaron el <strong>Sony World Photography Award</strong> y que se pueden ver en este enlace: <a href="https://www.wateraid.org/uk/stories/miruku" target="_blank" rel="noopener noreferrer">https://www.wateraid.org/uk/stories/miruku</a></p>
<p>“La estética contrastante del dúo se hizo eco de las realidades diversas y delicadas de las comunidades que encontraron. Al combinar sus métodos individuales, a menudo en dípticos, Kaplan y Méndez desafían intencionalmente las representaciones unidimensionales de las personas y las situaciones. En cambio, le piden al espectador que considere diversas narrativas sobre sus sujetos: las personas son víctimas de las circunstancias más allá de su control; como las sequias, y a la vez son agentes activos de cambio en sus comunidades; protegiendo y luchando por su derecho al agua”, dicen los organizadores del proyecto.</p>
<p>Fotos: <em>British Journal of Photography x WaterAid: Miruku © Monty Kaplan and Marisol Mendez 2022</em>.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94491 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte2-300x300.png" alt="" width="300" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte2-300x300.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte2-150x150.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte2-768x768.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte2-1024x1024.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/05/Agua_Wayuu_Liarte2-1200x1200.png 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> / <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">@LiarteconArte</a></p>
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        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94486</guid>
        <pubDate>Wed, 10 May 2023 16:59:21 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Fotos sobre crisis de agua en pueblo Wayuú ganan el Sony World Photography Award]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
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        <title>Más almas verdaderas menos sonrisas falsas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/mas-almas-verdaderas-menos-sonrisas-falsas/</link>
        <description><![CDATA[<p>No soy de selfis constantes, no me agrada la auto-adoración hacia mi imagen. Me parece demasiado egocéntrico y una forma de culto a una imagen que intentas vender a los demás. Hay personas que toman tantas selfies, una tras otra, y las suben a sus redes sociales, mostrándose en todas las posiciones posibles. Para mí, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>No soy de selfis constantes, no me agrada la auto-adoración hacia mi imagen. Me parece demasiado egocéntrico y una forma de culto a una imagen que intentas vender a los demás. Hay personas que toman tantas selfies, una tras otra, y las suben a sus redes sociales, mostrándose en todas las posiciones posibles.</p>
<p>Para mí, tomar selfies es un acto de autoalabanza, una necesidad incontrolable de obtener cumplidos y demostrar que soy hermoso/a. En ocasiones se convierte en una necesidad enfermiza de que alguien más te reafirme tu belleza. Es un culto insensato y hasta ridículo a la apariencia física. Este comportamiento masivo se reproduce una y otra vez en la sociedad actual. Como zombis, todos se toman fotos diarias para obtener likes, cumplidos y mensajes que les confirmen su belleza, alimentando un ego voraz que depende de la adulación obtenida a través de fotos superficiales, vacías y carentes de esencia.</p>
<p>Las poses y el estilo de fotos se han vuelto populares. Hoy en día, veo a cientos de personas tomándose fotos con una gran sonrisa falsa, mirando hacia al cielo. Esta foto elaborada y banal resulta aburrida. En Instagram, hoy vi a 13 contactos con fotos en la misma pose. El año pasado, la foto de moda era inclinarse hacia adelante y fingir una gran carcajada.</p>
<p>Para mí, las fotos tienen otro significado. Deben ser espontáneas y representar algo, ya sea un recuerdo, un momento especial o un sentimiento.</p>
<p>Para mí, las fotografías deben salir del alma, reflejar sentimientos de alegría genuinos y mostrar una sonrisa verdaderamente espontánea que nazca del corazón. No se trata de una sonrisa elaborada, fingida o postiza buscando una expresión &#8220;perfecta&#8221; pero falsa, que no sea tuya y que represente una idea de perfección. La sonrisa auténtica es la que te pertenece.</p>
<p>Vivimos en un mundo de sonrisas prefabricadas y falsas que se muestran en las fotos como si fueran sentimientos auténticos.</p>
<p>No hay fotos más bonitas que las espontáneas. Dragan Tapshanov tiene una frase que resume mi sentimiento: <em>&#8216;La fotografía se trata de capturar almas, no sonrisas&#8217;</em></p>
<p>El alma no se puede fingir, es espontánea y se muestra cuando hay sinceridad en tus emociones, cuando vibra tu ser y aflora tu esencia. Eso que llamamos alma es pura, honesta e imposible de prefabricar para una foto artificial.</p>
<p>Estamos en una sociedad que alimenta su ego con fotos artificiales. Los seres humanos son especialistas en sonrisas postizas para reflejar en una imagen sentimientos falsos, clonados y actuados. Es una sociedad insípida compuesta por cuerpos vacíos, muñecos prefabricados en serie, que se llenan con la moda y el comportamiento repetitivo, masivo y sin sentido. Es por eso que los usuarios de Instagram son alabados, ya que esta es una sociedad que vive de las apariencias, bajo el precepto de que es mejor parecer que ser.</p>
<p>Parecer es sencillo; consiste en mentir. La sociedad actual es experta en engañar, y fingir en las fotos es fácil. Pero ser, eso sí que es difícil. Requiere cultivar tu ser con bondad y amor, vivir bajo principios y defenderlos, ser honesto contigo mismo y con los demás. Ser requiere autenticidad, alejarse de los comportamientos masivos. Es difícil encontrar personas con almas auténticas y verdaderas esencias.</p>
<p>Por eso, actualmente no es común encontrar fotos que capturen el alma, que nos muestren la esencia de alguien.</p>
<p>Es por eso que mi cuenta de Instagram no está llena de selfies ni lo estará. Para mí, mis fotos deben tener un motivo auténtico, deben mostrar verdades y sentimientos reales. Cada foto que comparto representa una parte de mi alma, un pedacito de mi corazón y una revelación de mis sentimientos, mi historia y mi vida.</p>
<p>Prefiero alejarme de las personas obsesionadas con las selfies, quienes necesitan alimentar su ego con likes y cumplidos. Tomo distancia de aquellos que fingen sonrisas y tienen sentimientos postizos. Considero que no son confiables ni honestos, ni siquiera en una foto; carecen de criterio propio y se dejan dominar por la moda, viviendo pendientes del qué dirán. Este tipo de personas no me gusta tener cerca.</p>
<p>Por otro lado, me encantan las almas libres, espontáneas y auténticas, que son dueñas de sí mismas y que tienen sonrisas imperfectamente perfectas y reales.</p>
<p>Escribo mientras contemplo el cielo desde mi terraza a la una de la mañana, Morfeo discutió conmigo y se llevó mis ganas de dormir.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93285</guid>
        <pubDate>Thu, 19 Jan 2023 16:41:27 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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