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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Filosofía en Colombia | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Schelling: filósofo de la contingencia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/schelling-filosofo-de-la-contingencia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Después de la traducción de la Fenomenología del espíritu de Hegel, el maestro Jorge Aurelio Diaz se ha dedicado a realizar otras traducciones del idealismo alemán. Presentamos aquí la reseña, de su propia pluma, de su más reciente traducción de Schelling: &#8220;Introducción a la filosofía moderna&#8221;, en Siglo editorial. Especial para Filosofía y coyuntura.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por: <strong><em>Jorge Aurelio Díaz, filósofo colombiano.</em></strong></p>



<p>Friedrich Wilhelm Joseph Schelling, uno de los grandes pensadores del Idealismo alemán, dictó, en 1827, una serie de conferencias sobre la llamada filosofía moderna, que va desde sus comienzos con René Descartes hasta culminar con el mismo Schelling. Siglo Editorial, en su Colección <em>A-corta distancia</em>, acaba de publicar la traducción al español de dichas conferencias, con una excelente presentación, tanto de la figura del autor como del contenido de la obra, por parte de Carlos Andrés Ramírez, especialista en el pensamiento del filósofo alemán<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="647" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12095013/Imagen-de-WhatsApp-2025-11-12-a-las-09.46.32_1fa18208-647x1024.jpg" alt="" class="wp-image-122345" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12095013/Imagen-de-WhatsApp-2025-11-12-a-las-09.46.32_1fa18208-647x1024.jpg 647w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12095013/Imagen-de-WhatsApp-2025-11-12-a-las-09.46.32_1fa18208-190x300.jpg 190w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12095013/Imagen-de-WhatsApp-2025-11-12-a-las-09.46.32_1fa18208-768x1216.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/12095013/Imagen-de-WhatsApp-2025-11-12-a-las-09.46.32_1fa18208.jpg 798w" sizes="(max-width: 647px) 100vw, 647px" /></figure>



<p>Se trata de un texto de cuya traducción al español no se disponía, y que viene así a enriquecer nuestro acervo bibliográfico, al ofrecer una excelente panorámica de uno de los periodos más representativos del pensamiento occidental. Porque es bien sabido que dicho pensamiento sufrió un cambio significativo con la filosofía cartesiana, al pasar de fijar su atención en la realidad circundante, para centrarla en el examen del pensamiento mismo. Se trata del llamado “giro a la subjetividad” que caracteriza al pensamiento moderno, y que le otorga al ser humano un lugar privilegiado en lo que respecta a la búsqueda de la verdad. Todavía hoy, en el siglo xxi, seguimos inmersos en ese marco conceptual que ha hecho del ser humano el centro de su atención, condicionando así nuestra manera de abordar los grandes temas que atañen a la humanidad, como la política, el arte, la religión, la historia, la sociedad, etc.</p>



<p>El libro, de formato reducido, ofrece una exposición muy esclarecedora de dicha evolución del pensamiento, al analizar las filosofías de Descartes, Spinoza, Leibniz, Wolff, Kant y Fichte, para desembocar en la filosofía del propio autor, a la que llama “filosofía de la naturaleza”. Termina con una dura crítica al pensamiento de su colega Hegel y a su pretendido idealismo absoluto, así como a las corrientes irracionalistas lideradas por F. H. Jacobi.</p>



<p>Pocos pensadores, como Schelling, disponían de la necesaria perspectiva para ofrecernos una visión de conjunto sobre los inicios del pensamiento moderno, ya que asumió una posición que podríamos llamar intermedia con respecto a ese giro. Si bien reconoce la importancia e incluso necesidad del mismo, busca, sin embargo, mantener la reflexión filosófica conectada con dicha realidad; de ahí su apelativo de “filosofía de la naturaleza”.</p>



<p>Sin embargo, desde una perspectiva contemporánea, lo que más puede llamar nuestra atención en estas conferencias es lo que señala con claridad el profesor Ramírez en su presentación de la obra, al hacer ver cómo una persona de características tan conservadoras y “burguesas”, como lo fue Schelling, elaboró en realidad una filosofía con una poderosa carga revolucionaria. En sus palabras: “La filosofía de Schelling conserva el impulso revolucionario de la filosofía moderna, tal como la describe a partir de Descartes, en cuanto su filosofía negativa resulta ser la consumación del racionalismo moderno”. Como bien lo señala Ramírez, “los filósofos no son dueños de sus ideas”.</p>



<p>El texto comienza señalando la necesidad que tiene la filosofía de tomar en cuenta su historia para poder seguir avanzando, porque se trata de buscar siempre nuevos horizontes que nos permitan situarnos de manera adecuada en nuestro presente. Pasa luego a considerar el pensamiento de René Descartes, que marca “el derrumbamiento de la escolástica”, y a quien califica como un “revolucionario según el espíritu de su nación”. Sin embargo, es en el pensador judío B. Spinoza donde Schelling encuentra “una figura mejor, más hermosa, más satisfactoria”.</p>



<p>Luego de examinar los alcances y las limitaciones del spinocismo, pasa a considerar el sistema del pensador alemán Gottfried Leibniz, al que considera como “silenciosamente opuesto al de Spinoza”. Desde su perspectiva de filósofo y matemático, Leibniz no considera que la realidad esté conformada, como en Spinoza, por una única sustancia, sino por una infinitud de “mónadas”, especie de unidades virtuales radicalmente diferentes entre sí. Sin embargo, Schelling muestra cómo esta diferencia, que parece diametralmente opuesta, viene a ser el resultado de concepciones en realidad muy cercanas.</p>



<p>Especial interés merece la presentación del pensamiento de I. Kant, quien, como dice Schelling, “apareció inesperadamente como instaurador de la filosofía y le devolvió la seriedad científica, y con ella, a la vez, la dignidad perdida”. Porque fue Kant quien, con su pensamiento crítico, despertó el mayor interés entre sus contemporáneos y se convirtió en el centro de una muy viva controversia, que será el caldo de cultivo para el surgimiento del Idealismo alemán.</p>



<p>Para Schelling, la filosofía crítica kantiana logró exactamente el efecto contrario de lo que se propuso. Si su propósito era terminar con la metafísica tradicional, lo que en realidad logró fue despertar un nuevo y renovado interés por su cultivo. “El juicio de la historia –nos dice– habrá de ser que nunca se había llevado a cabo una lucha tan dura, externa e interna, en torno a los bienes supremos del espíritu humano, y que en ninguna época el espíritu científico había tenido experiencias más profundas y más ricas en resultados, que aquellas que ha tenido después de Kant”.</p>



<p>Procede luego Schelling a exponer su propio sistema de pensamiento, en un apretado discurso que, a pesar de la brevedad y la complejidad de los temas, constituye tal vez la mejor exposición del mismo. Sin embargo, para compensar en parte el elevado nivel de abstracción en el que se mueve la exposición schellinguiana, cabe muy bien recordar y acudir a las indicaciones que ofrece el profesor Ramírez en la Presentación del libro, donde podemos ver las implicaciones tanto antropológicas, como sociales y políticas de la llamada “Filosofía de la Naturaleza”.</p>



<p>En cuanto a las duras críticas que le hace Schelling al idealismo de su colega Hegel, es verdad que están marcadas por un cierto resentimiento, proveniente, como nos dice Ramírez, de considerarse “como una figura destronada por quien no había sido, en sus inicios, sino un comentador y un heredero de su propia filosofía”. Sin embargo, bien vale la pena tenerlas en cuenta, porque apuntan sin duda a elementos del idealismo hegeliano que no suelen examinarse con el debido cuidado. En particular, la crítica apunta a su excesivo conceptualismo, que lo aparta de la realidad a la que sin embargo pretende comprender. Todo hubiera ido bien, dice Schelling, “si se hubiera circunscrito a ello y si hubiera ejecutado dicho pensamiento, renunciando estricta y definitivamente a todo lo positivo”; pero no lo hizo, porque cayó en “la pretensión de que el concepto es <em>todo</em> y no deja nada por fuera”.</p>



<p>En las páginas finales, el texto ofrece una aguda crítica a las pretensiones del irracionalismo que, escudado en los límites que Kant le había establecido al ejercicio de la razón, busca acceder a las realidades últimas y espirituales mediante el sentimiento y la fe. Sin embargo, Schelling señala con cuidado las diferencias entre ese irracionalismo y las que considera justas pretensiones de la mística.</p>



<p>Con el título de “Sobre la oposición nacional en la filosofía”, el texto termina con unas muy someras consideraciones acerca de las diferencias que, a su parecer, existen entre las maneras de hacer filosofía en los tres grandes centros de su época: Alemania, Francia y Gran Bretaña.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Schelling, Friedrich Wilhelm Joseph (2025). <em>Introducción a la Filosofía Moderna</em>. Trad. Jorge-Aurelio Díaz. Colección A-corta distancia. Bogotá: Siglo Editorial.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122344</guid>
        <pubDate>Wed, 12 Nov 2025 14:58:25 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Schelling: filósofo de la contingencia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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        <item>
        <title>Mujeres y filosofía en Colombia: Diana Melisa Paredes y la Sociedad Colombiana de Filosofía</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/filosofia-y-coyuntura/mujeres-y-filosofia-en-colombia-diana-melisa-paredes-y-la-sociedad-colombiana-de-filosofia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Presentamos una entrevista con la filósofa Diana Melisa Paredes en torno a su papel como presidenta de la Sociedad Colombiana de Filosofía y a propósito del IX Congreso Colombiano de Filosofía a realizarse en la Universidad Tecnológica y pedagógica de Tunja entre los días 18 al 21de septiembre.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Profesora Diana Melisa, Muchas gracias por aceptar esta entrevista para este espacio de El Espectador.</strong></p>



<p><strong>¿Qué significó para usted su elección como presidenta de la &#8220;Sociedad Colombiana de Filosofía&#8221; en 2021, que la erigió como primera mujer al frente de esta asociación académica?</strong></p>



<p>Esta elección la denomina de un modo magistral mi querido amigo Leonardo Tovar, fue una especie de batalla como las que libraba el Mío Cid. Si recuerdan, él ganaba batallas sin estar en el campo, en mi caso gané una batalla antes de entrar a este. Esta anécdota tiene una explicación: para noviembre de 2021 todavía no era miembro de la Sociedad Colombiana de Filosofía, pero venía trabajando muchos años atrás de la mano con los colegas de la Comisión Educativa de la SCF y participando en muchos eventos organizados por ella. No me animaba a presentarme, pero ese año lo hice y justo en el momento en que se estaba aceptando mi vinculación, en simultánea se dio la elección de la nueva junta y varios colegas me solicitaron postularme como presidenta. Esto, considerando la trayectoria que me acompañaba y también teniendo a la vista la importancia de contar con una participación más amplia de las mujeres en esta institución. Mi elección la he asumido como un gesto deferente de mis colegas que atesoro, un voto de confianza y de cariño que me convirtió no solo en la primera mujer frente a esta asociación académica, sino también en la primera presidenta fuera de Bogotá. Eso va a marcar el horizonte de la gestión colegiada que le propuse a la junta que me ha acompañado durante tres años, enfocada en la reactivación de los capítulos regionales y en el diseño e impulso de una estrategia que fortaleciera los vínculos internacionales, nacionales y regionales de la Sociedad Colombiana de Filosofía.</p>



<p><strong>Para las personas que no están familiarizadas con ello, ¿qué es la Sociedad Colombiana de Filosofía? Brevemente, ¿cuál es su historia? ¿Quiénes la integran? ¿Cuál es su papel en la educación?</strong></p>



<p>La Sociedad Colombiana de Filosofía es una entidad sin ánimo de lucro que inició sus actividades en la década del 70 del siglo pasado. Su objetivo es convocar a las y los académicos, investigadores y profesionales colombianos cuyo trabajo se enfoque en el cultivo, divulgación y enseñanza de la filosofía para consolidar proyectos, tareas e intercambios colectivos que fomenten y propicien el crecimiento de la disciplina filosófica. La estrategia para ello, además de la organización cada dos años del Congreso Colombiano de Filosofía, ha sido fortalecer los lazos con otras agremiaciones semejantes a la nuestra, por ello participamos en la Red Iberoamericana de Filosofía y también consolidar el trabajo por capítulos regionales, estos últimos tienen actualmente presencia activa en Medellín, Armenia, Bucaramanga, Barranquilla y Bogotá, pero con la expectativa de abrir nuevos capítulos en otras ciudades o regiones del país. Con el fin de materializar esta diversidad, la Junta Directiva actual cuenta con 4 vocales que proceden de algunas de estas ciudades y, tal como mencioné, me encuentro fuera de Bogotá, exactamente en la ciudad de Medellín.</p>



<p>En la junta nos encargamos de animar la discusión filosófica por todo el territorio colombiano así como de hacer visible a nivel nacional e internacional todas nuestras iniciativas, para ello hemos acudido a estrategias diversas que relaciono brevemente: organización de agendas en programas radiales, grabación de videos, realización de entrevistas,&nbsp; redacción de documentos en los que se destacaba la importancia del cultivo de la filosofía y las humanidades, &nbsp;lanzamiento de libros, realización de conversatorios, foros, debates, ponencias o conferencias en eventos regionales, nacionales e internacionales, entre otros.&nbsp;</p>



<p>En cuanto a temas educativos, se mantiene una interlocución constante con las universidades que cuenten con programas en el campo filosófico; primero, con el fin de apoyar la revisión de los cambios normativos en educación superior; segundo, &nbsp;convocar a jornadas en las que se revise el impacto de estos cambios y, tercero, &nbsp;derivar de allí elementos que permitan participar en las mesas del DANE para la clasificación de la Filosofía en este nivel educativo, marcanado las oportunidades laborales de los futuros egresados y egresadas de estas instituciones. Hace poco más de 9 años la SCF cuenta con una comisión educativa que ha venido tejiendo vínculos con la educación básica y media, así como con otras formas no escolares de la enseñanza de la filosofía. De esta Comisión se han generado iniciativas como el impulso del Observatorio en Enseñanza de la Filosofía en Colombia; la participación en la organización de dos versiones de Olimpiadas Colombianas de Filosofía en los que profesores y estudiantes de grados 10 y 11 se han dado cita con apoyo de la Red Colombianas de Programas de Filosofía en el Quindío, Atlántico y Antioquia; la promulgación de un documento en 2024 en el que se presentó al público un proyecto de educación filosófica que creemos necesita el país;&nbsp; el despliegue de todo el trabajo político en torno a la formulación de una Ley Estatutaria de Educación que condujo a la construcción de varios documentos, algunos para la firma de quienes nos apoyaban en la exigencia de un derecho a la filosofía y las humanidades en nuestro país, así como los correspondientes al articulado que postulábamos para la inclusión en la normativa en cuestión; finalmente, nos estamos sumando a iniciativas editoriales para impulsar la divulgación filosófica con jóvenes en los niveles de educación básica y media. En síntesis, estamos profundamente comprometidos con la educación en el país, puntualmente con el fortalecimiento de la educación filosófica en Colombia.</p>



<p><strong>A propósito de esto, la Sociedad Colombiana de Filosofía (SCF) ha promovido que dentro de la Ley Estatutaria en Educación se incluya un artículo que reconozca el &#8220;derecho a la filosofía&#8221; dentro de todos los niveles y modalidades del sistema educativo colombiano. Frente a la opinión de que la filosofía es una especulación inútil que sólo interesa a algunos desocupados, ¿por qué considera usted que se debe garantizar este &#8220;derecho a la filosofía&#8221; a toda la población?</strong></p>



<p>Haciendo eco de la petición que circuló en Change.org titulada <em>Derecho a la Filosofía en la Ley Estatutaria Colombiana</em>, pues se trata de una voz colectiva, considero que se debe garantizar el derecho a la formación en filosofía resaltando su sentido como disciplina que ha generado otros saberes y que se ha ido especializando&nbsp; y el papel que ha cumplido en los procesos históricos, sociales y culturales, al dedicarse muchos filósofos y filósofas a atender problemas en cada época y contexto teniendo, en algunos casos, una alta injerencia política en la toma de decisiones. Si bien pueden existir muchas discusiones en torno a lo que se entiende por filosofía, algo que no era objeto de la ley, en lo que estábamos de acuerdo todos los proponentes del cambio es que producto de nuestra relación con el saber filosófico teníamos una mayor amplitud de miras para tratar con diferentes situaciones, problemas o preguntas, a sabiendas que hemos optado por campos especializados de este saber; no obstante, en general, el cultivo de la filosofía nos ha permitido argumentar de manera amplia sobre un tema, considerar las variaciones o posibilidades de algún tópico aunque ello implique poner en tensión las alternativas existentes y, finalmente, comprender que siempre es posible polemizar en torno a una idea. Lo que queremos es que los niños, niñas, jóvenes y ciudadanos en general tengan esa misma posibilidad de indagar o disentir, de creer en otras opciones posibles para los problemas y la existencia misma.</p>



<p><strong>A pocos días de terminar su gestión, ¿cuál es su balance de su actividad al frente de la SCF?</strong></p>



<p>Los balances son momentos de recapitulación, los asumo como una forma de ajustar los sueños. Considero que la Sociedad Colombiana de Filosofía es un equipo, es decir, no se trata solo de una gestión individual, sino de una apuesta y un compromiso colectivo. La gestión de estos 3 años estuvo orientada por un trabajo en tres niveles de relación: internacional, nacional y regional. Planteamos como junta directiva una serie de acciones que condujeron, en primer lugar, a un fortalecimiento del vínculo con otras asociaciones o &nbsp;grupos análogos, participando en el trabajo con la Red Iberoamericana de Filosofía y las discusiones llevadas a cabo en Portugal, así como la proyección de nuestra participación en el congreso de esta&nbsp; red en&nbsp; 2024. Sumado a ello, hemos insistido en mantener un intercambio fluido con investigadoras e investigadores internacionales con quienes se ha sostenido un trabajo permanente, no solo a propósito del VIII y IX Congreso, sino también para garantizar la participación en otros formatos de divulgación y discusión filosófica.</p>



<p>En segundo lugar, a nivel nacional, se ha impulsado la consolidación de un Observatorio Colombiano en Enseñanza de la Filosofía, la realización de dos versiones de las Olimpiadas Colombianas de Filosofía y estamos avanzando en un convenio con la Universidad del Norte con el fin de realizar un diagnóstico a nivel de Colombia para la caracterización la enseñanza de la filosofía. También estamos trabajando de la mano con propuestas editoriales que buscan penetrar en todas las regiones a través de materiales de divulgación filosófica.</p>



<p>En tercer lugar, en el plano regional, tenemos una amplia organización de actividades a lo largo del año que involucran a nuestros vocales de la junta así como los equipos de trabajo de las universidades o redes de investigación con las que tienen vínculo. Por ejemplo, organizamos una agenda semestral en la que incluimos:&nbsp; el lanzamiento de libros y conversatorios, tratando de instalar en la memoria del público una frecuencia y presencia de la Sociedad Colombiana de Filosofía, también hacemos algo análogo con el programa radial El Puente de la Universidad Minuto de Dios y con eventos relacionados con hitos de nuestro campo. Durante el año de realización del congreso empleamos estos espacios y otras estrategias para generar la expectativa en torno al tema que nos convoque. Finalmente, hemos venido perfilando una agenda de discusión de la política educativa en el país y de discusiones de índole didáctica y formativa. Esperamos dejar a la siguiente junta una especie de legado: ocuparnos en los siguientes dos años de avanzar en la discusión sobre la educación filosófica en educación superior, los retos, posibilidades y tensiones que se enfrentan en este nivel.</p>



<p>Para cerrar, reitero que es un sueño, uno de mucho trabajo y compromiso, pero que nos permite proyectar una comunidad filosófica trabajando unida en defensa de las humanidades.</p>



<p><strong>Además de ser presidente de la SCF, durante estos años usted ha sido la directora del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia, una de las escuelas filosóficas más prestigiosas del país. A partir de su experiencia como educadora y directiva, ¿cuál es su visión sobre el estado de la filosofía en Colombia, y en particular sobre el papel de las mujeres en este campo?</strong></p>



<p>Considero que en muchas instituciones de educación superior de carácter privado se han afectado considerablemente las matrículas en los pregrados en humanidades, especialmente en Filosofía. Ya en 2015, luego de las reformas emitidas por el Ministerio de Educación Nacional respecto a los programas de Licenciatura, se había sufrido un revés, especialmente para este tipo de instituciones y más si tienen un carácter confesional, puesto que la práctica profesional con un número de créditos más alto no resulta del interés para quienes estén interesados en una opción religiosa; también institucionalmente supone mayores costos de inversión en los programas cuyo retorno no era equiparable, esto lo pudimos evidenciar en un encuentro de programas de Filosofía y Licenciatura en Filosofía realizado en la Universidad de Antioquia en Medellín en mayo de 2017. No obstante, en las instituciones de educación superior de carácter público hay una esfuerzo amplio en las unidades encargadas de la formación humanística por preservar la oferta de programas en el campo filosófico a nivel de pregrado y posgrado. Así como el desarrollo de propuestas de formación en estos campos de carácter general. Lo anterior me permite afirmar que se constituyen entonces en fuertes escenarios de defensa de nuestro saber pues, aunque tengamos planes de desarrollo distintos, apelamos a una visión general y crítica de la formación que demanda la presencia de las humanidades en todas las profesiones.</p>



<p>En educación básica y media hay una situación ambigua, no encuentro otro término para nombrar este fenómeno. Tenemos antecedentes en los estudios realizados por el ICFES en 2007 sobre la enseñanza de la filosofía en la educación precedente, así como el Documento 14 del MEN en 2010 que muestran, por un lado, la fragmentariedad en su enseñanza; mientras que por otro, se rescata la necesidad de la filosofía en la educación de niños, niñas y jóvenes si queremos impulsar una educación para la deliberación y el diálogo crítico en el marco de una concepción de sociedades democráticas, así como para el fortalecimiento de la creatividad. Sin embargo, solo tres años después, en 2013 ve la luz el documento de alineación para las Pruebas Saber 11 emitido por el ICFES en el cual la prueba del área de Filosofía se fusiona con el área de Lenguaje. Quizá hay interpretaciones de esta acción que la catalogan como una ampliación del radio de alcance de la formación filosófica y su ponderación en las pruebas estandarizadas, esto considerando que se vincula explícitamente la filosofía con la competencia en lectura crítica. También hay otras que la entienden como una invisiblización, destrucción o desaparición de la especificidad de la filosofía, a pesar de aceptarse la ausencia de unidad en su enseñanza. No pretendo que elijamos una u otra postura, lo que rescato es que justo esta tensión ha producido múltiples debates, foros, encuentros, publicaciones y espacios de revisión que avivan la pregunta por el sentido de nuestro saber en este nivel de educación.</p>



<p>Sumado a lo dicho, <em>creo que hay una reconfiguración del trabajo con la filosofía. Observo la existencia cada vez de un mayor número de espacios en el país en el que se despliegan las denominadas prácticas filosóficas, por ejemplo hay una apropiación amplia del programa Filosofía para Niños, una mayor presencia de Talleres filosóficos, cafés filosóficos y espacios para la consultoría filosófica; también un aumento de blogs, canales de You Tube y otros formatos en los que se expone la intersección entre cine y filosofía, literatura y filosofía, comic y filosofía. Creo que hemos comprendido el poder que tiene asumir los espacios educativos como grandes laboratorios de formación en filosofía.</em></p>



<p>En cuanto a la pregunta por el papel de las mujeres en este campo, he insistido que me interesa contar con lectores de mis ideas porque estas les parezcan interesantes y no porque sientan que con ello se está saldando alguna deuda conmigo al ser mujer. Comprendo plenamente las dificultades históricas por las que hemos tenido que atravesar para tener acceso a muchos espacios y legados de la cultura, intento honrar a las mujeres que me precedieron y que lucharon por el acceso a múltiples derechos con el trabajo disciplinado y el esfuerzo por impulsar experiencias educativas en filosofía para todas las personas, de manera tal que puedan acceder a mejores recursos y oportunidades tanto académicas como profesionales. A nivel de Colombia conozco las propuestas de muchas autoras como Ángela Calvo, Laura Quintana, Emilse Galvis, Diana Acevedo, Marieta Quintero, entre otras. Pero he llegado a ellas por las preguntas que me he formulado en torno a la educación, la política y la enseñanza de la filosofía. Me han parecido potentes sus ideas en alguno de estos campos y creo fervientemente en que cualquier persona debería contar con la oportunidad de introducir ideas o tensiones en el campo filosófico.</p>



<p><strong>Y, por último, con el auspicio de la SCF entre el 18 y el 21 de septiembre de 2024 se llevará a cabo en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja el IX Congreso Colombiano de Filosofía, ¿cuál es la temática del congreso y por qué es importante asistir al mismo?</strong></p>



<p>La temática de este año es orígenes, herencia y proyecciones de la crítica. Este tema fue pensado teniendo en cuenta la coincidencia de varios hechos vitales para quienes nos dedicamos a la filosofía, a saber: los 300 años del natalicio de Inmanuel Kant, los 40 años de la muerte de Michel Foucault y los ecos de las celebraciones llevadas a cabo durante 2023 sobre los 100 años de la Escuela de Frankfurt. Si bien son conmemoraciones en torno a autores o movimientos filosóficos, ponen de cara nuevamente la pregunta por el sentido que tiene pensar la crítica en el presente.</p>



<p>Consideramos crucial que asistan a nuestro congreso porque a lo largo de la historia de la filosofía, la crítica misma ha sido tanto un rasgo de nuestro saber y del quehacer asociado a este, como una ruta de trabajo. Para algunos filósofos y filósofas la filosofía debe ser crítica o no sería tal, con ello se le encarga la responsabilidad de revisar las condiciones de cada época, de modo tal que se descubran las formas totalitarias que las atraviesan con el fin, ojalá, de apuntar a su supresión. Para otros y otras la crítica se ha concentrado en el reconocimiento de los límites de nuestro saber y de nuestra acción, esto con el fin de dar cuenta sobre la naturaleza del primero y los parámetros de la segunda. También hay investigadores e investigadoras que optan por perspectivas genealógicas con las que exponen los modos de existencia y los sentidos de tópicos como&nbsp; el sujeto, el saber, el gobierno o la verdad. Se trata pues de un escenario de discusión amplio el que nos convoca, esperamos que sea la oportunidad para revisar el potencial crítico del saber filosófico, así como los caminos que se abren en torno a una visión edificante de esta.&nbsp;</p>



<p></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=105513</guid>
        <pubDate>Wed, 18 Sep 2024 22:08:56 +0000</pubDate>
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        <title>La lectura de la Fenomenología de Hegel enriquece el pensamiento: Jorge Aurelio Díaz</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/filosofia-y-coyuntura/la-lectura-de-la-fenomenologia-de-hegel-enrique-el-pensamiento-jorge-aurelio-diaz/</link>
        <description><![CDATA[<p>Con motivo de su traducción de la Fenomenología del Espíritu de Hegel, publicada por Siglo del Hombre Editores (2022), hablamos con el maestro Jorge Aurelio Díaz sobre filosofía en Colombia, prácticas filosóficas, la filosofía como forma de vida, su nueva traducción, entre otros temas. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>En el año 2022 fue publicada por la editorial <strong>Siglo del Hombre Editores</strong> una nueva traducción de la <em>Fenomenología del espíritu </em>de Hegel, una obra capital de la filosofía moderna. La nueva traducción fue realizada por el maestro colombiano <strong>Jorge Aurelio Díaz</strong>, un especialista en la filosofía del filósofo alemán y a quien ha dedicado obras como <em>Estudios sobre Hegel </em>(1986) y <em>Ensayos de filosofía I y II </em>(2015). El maestro Jorge Aurelio ha formado con generosidad, seriedad y rigor a decenas de filósofos en el país, y se ha dedicado también a la titánica y difícil labor de la traducción. En este campo ha realizado traducciones de Descartes, de Hegel y de algunos estudios sobre Hegel.</p>



<p>En “Filosofía y coyuntura” hablamos con él sobre su llegada a la Universidad Nacional, los estudios hegelianos en Colombia, el quehacer filosófico y la filosofía como forma de vida, y, desde luego, sobre su traducción de la <em>Fenomenología del Espíritu</em>.&nbsp;</p>



<p>Estimado maestro Jorge Aurelio, gracias por aceptar esta entrevista en este espacio de <strong>El Espectador.</strong></p>



<p><strong><em>Damián Pachón</em></strong><em>. Después de haber sido profesor en Venezuela, ¿cómo vio el ambiente académico en la Universidad Nacional, el nivel filosófico, y cómo valora lo que hasta esa fecha se había escrito en Colombia sobre la filosofía de Hegel?</em></p>



<p><strong>Jorge Aurelio Díaz</strong>. Ingresé por concurso a la Universidad Nacional de Colombia en el año 1985, luego de haber trabajado por más de 10 años en la Universidad Simón Bolívar de Caracas, Venezuela. Como había estado ausente del país por más de 20 años, no sabía del ambiente conflictivo que estaba viviendo la Universidad Nacional durante los últimos 10 años. Ese mismo año se cerró la Universidad por la dureza de los conflictos, y fue nombrado rector el Profesor Marco Palacio, quien la reabrió al año siguiente luego de tomar varias medidas.</p>



<p>El ambiente académico en el Departamento de Filosofía era muy bueno, a pesar de las circunstancias conflictivas en el seno de la Universidad, gracias al grupo de profesores con un elevado nivel académico. Sobre Hegel no se había escrito mucho en Colombia, como bien puede verse en el libro publicado por la Universidad Santo Tomás, con motivo del IV Congreso de Filosofía Latinoamericana, titulado “Tendencias actuales de la filosofía en Colombia”. Allí hice una presentación de lo publicado en Colombia hasta la fecha (1988), a la que el profesor Ramón Pérez Mantilla le hizo unos cuestionamientos muy acertados, confirmando lo dicho por mí acerca de que hubiera sido él y no yo quien hubiera debido hacer esa recensión del hegelianismo en nuestro país.</p>



<p><strong><em>DP</em></strong><em>. En esos años se discutía desde la Universidad Santo Tomás sobre la existencia o no de una filosofía colombiana y latinoamericana. Tengo entendido que usted participó en un congreso de 1986 donde se discutieron esos problemas. ¿Nos puede recordar cuál fue su posición al respecto?</em></p>



<p><strong>JAD</strong>. Considero que las discusiones que se llevaron a cabo en Colombia, fomentadas por el grupo de profesores de la Universidad Santo Tomás, en torno a la existencia o no de una filosofía latinoamericana, mostraron dos caras. Una negativa, a mi parecer, en la medida en que algunos pretendían elaborar un pensamiento totalmente autónomo, independiente o separado del pensamiento filosófico elaborado sobre todo en Europa. Pretensión que, lejos de mostrar una verdadera libertad y autonomía del pensamiento, reflejaba un sentimiento de inferioridad. Pero tenía igualmente una cara muy positiva, que impulsaba una reflexión sería acerca del papel de la labor filosófica en el seno de nuestras sociedades.</p>



<p>Infortunadamente ese movimiento se vio en buena medida frustrado por las diversas crisis que se presentaron en el seno de la Universidad Santo Tomás, y que interrumpieron abruptamente un proceso que prometía un valioso y fecundo futuro, como pudo evidenciarse precisamente en ese IV Congreso, en el que participamos filósofos de las mas diversas tendencias.</p>



<p>Cabe sin embargo señalar que los estudios de filosofía se han venido desarrollando en Colombia, como puede constatarse en los diversos programas de filosofía que se imparten en varias universidades tanto públicas como privadas, en el fortalecimiento de la Sociedad Colombiana de Filosofía, en las revistas especializadas que se publican actualmente, todas ellas con un muy buen nivel académico, en los diversos congresos nacionales y regionales, así como en otros fenómenos que esperan ser analizados y valorados con la debida consideración.</p>



<p><strong><em>DP</em></strong><em>. Un aspecto que le reconocen sus discípulos, sus estudiantes, es la generosidad con que usted entrega su saber, la disposición al diálogo, su generosidad intelectual. Sustentado en esa labor que ha realizado por años, ¿cuál cree usted sea la labor de un auténtico profesor de filosofía? ¿Cuál es su responsabilidad con los estudiantes y, desde luego, con la disciplina? ¿Qué aconseja usted a aquellos que quieren dedicarse a la enseñanza de la filosofía?</em></p>



<p><strong>JAD.</strong> Esta pregunta es particularmente difícil de responder en un espacio tan estrecho como el de una entrevista, por muy diversas razones. Pero la principal es que no considero que pueda haber un modelo de profesor que pudiera servir de referente para perfilar la labor docente. Entiendo que la relación del profesor de filosofía con la docencia, con sus estudiantes, con la universidad, con el país, con la política y con sus convicciones personales plantea problemas y preguntas que cada uno deberá tratar de responder a su manera y con los mejores elementos de crítica, a la vez que dependen en gran medida de las circunstancias inevitablemente diversas y cambiantes que determinan a cada individuo. Creo que con estas consideraciones, bien puedo pasar a la siguiente pregunta.</p>



<p><strong><em>DP</em></strong><em>. Usted ha hablado constantemente y ha escrito sobre la “filosofía como forma de vida”, para usar la expresión de Pierre Hadot en sus valiosos trabajos sobre la filosofía antigua. ¿Considera usted que hoy, dadas las prácticas filosóficas más ortodoxas, el exceso de burocratización del saber, el imperativo de publicar papers, etc., se ha perdido esa conexión de la filosofía con la vida en el sentido en que lo pensaron el mismo Hadot, María Zambrano o, incluso, el último Foucault?</em></p>



<p><strong>JAD</strong>. Para responder en la forma más sencilla esta pregunta, no menos compleja que la anterior, yo diría que hay al menos dos tendencias en las formas de abordar la reflexión filosófica, que si bien son muy distintas, pueden sin embargo presentar formas de complementariedad. Una primera es la que Usted señala cuando habla de la filosofía “como forma de vida”, que yo considero la manera “clásica” en la tradición filosófica desde la Grecia antigua, y a la cual, como Usted anota, he tenido ocasión de referirme en algunos de mis escritos. Pero hay otra forma muy diferente de entender la filosofía, y que considero más “moderna”, para la cual se trata de una labor científica y académica, muy semejante a las de otras “profesiones”, que busca perfilar algunos problemas específicos y tratar de hallarles soluciones adecuadas, sin que ello implique necesariamente comprometer la propia vida en ello.</p>



<p>Como puede verse, son dos formas muy diferentes de abordar las tareas de un “filósofo”, que no se excluyen entre sí por completo, pero sí tienen consecuencias importantes para la elección de los temas de reflexión, la manera de examinarlos, los métodos de análisis, los resultados que se buscan, los autores que se estudian, etc. Ambas son válidas y pueden incluso combinarse en diversas “dosis”; por mi parte, me he inclinado siempre por la forma “clásica”, sin desdeñar por ello la forma “moderna”, &nbsp;&nbsp;</p>



<p>En cuanto a los procesos de burocratización a los que Usted hace referencia, creo que están teniendo consecuencias negativas para ambas maneras de ejercer las funciones filosóficas, y que resulta necesario impulsar una reflexión seria para contrarrestarlas. El problema básico, a mi parecer, se halla en la necesidad que tienen las instituciones de establecer parámetros para medir y controlar la labor de los docentes e investigadores, pero tales parámetros suelen tener un carácter cuantitativo que permite manejarlos con más efectividad. Ahora bien, ¿puede una labor de carácter cualitativo como suele ser la docencia y la investigación, ser medida con elementos cuantitativos?</p>



<p>Para hablar en términos “ecológicos”: buscando destruir las plagas con insecticidas, se termina matando a los pajaritos que son las que las controlan. La única manera de evitar dicho problema es consolidando verdaderas “comunidades académicas” que sean las que otorguen reconocimientos y “castiguen” con sus críticas las producciones académicas de los colegas; labores que no pueden dejarse en manos de los gobiernos, de las autoridades, ni de burócratas, que no están capacitados para ejercerlas.</p>



<p><strong><em>DP</em></strong><em>. Hablando del quehacer filosófico, hoy hay un auge de nuevas prácticas filosóficas, como el café filosófico, consultoría filosófica, filosofía en la calle, la tradicional filosofía para niños, al igual que la proliferación de blogs, canales de YouTube, pódcast, etc., de divulgación filosófica, ¿qué opinión le merecen estas prácticas? ¿Considera que vulgarizan la filosofía o le restan rigor filosófico a los problemas que se plantean?</em></p>



<p><strong>JAD</strong>. En esto de la divulgación de la filosofía yo comparto la idea de André Malraux, cuando, siendo ministro en Francia, sacó de algunos museos obras de arte para colocarlas en estaciones del metro de París: el arte no se degrada por descender hasta el pueblo, sino que, por el contrario, lo eleva. Sin embargo, no podemos negar que la cultura en general, y por consiguiente también la filosofía, tiene una tendencia “elitista”: separa a la persona de lo que Spinoza consideraba el <em>vulgus</em>, es decir, el hombre ordinario. Es algo que deberían considerar quienes abogan por la llamada “socialización de la cultura”: ¿dónde están los límites de los procesos de homogeneización?</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="734" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/09160050/Fenomenologia-734x1024.jpg" alt="" class="wp-image-103006" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/09160050/Fenomenologia-734x1024.jpg 734w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/09160050/Fenomenologia-215x300.jpg 215w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/09160050/Fenomenologia-768x1071.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/09160050/Fenomenologia.jpg 1080w" sizes="(max-width: 734px) 100vw, 734px" /></figure>



<p><strong><em>DP</em></strong><em>. Volviendo al tema de Hegel, es bien conocido por todos sus largos años de dedicación al estudio de su filosofía, al idealismo alemán y, en general, a la filosofía moderna. ¿Cómo nace la idea de traducir la Fenomenología, la obra capital de Hegel como decía Marx? ¿Cuáles eran, supongo, sus malestares con las traducciones existentes, específicamente, con la de W. Roces que es la que más ha circulado e América Latina? ¿Cuál fue el mayor reto de realizar la traducción de esa obra, una de las más difíciles de la historia del pensamiento?</em></p>



<p><strong>JAD</strong>. Aquí son varias las preguntas, y no voy a responderlas todas, para no alargar demasiado mi respuesta. Comencé a traducir la <em>Fenomenología del Espíritu</em> para mis estudiantes, porque consideraba que la traducción de Wesceslao Roces, sin dejar de ser correcta, presentaba algunas dificultades de lectura que podían mejorarse. Avancé luego en la traducción por diversos motivos, y, cuando nos encerró la pandemia del Covid-19, decidí aprovechar esos dos años para terminarla. No considero que mi traducción sea mejor que, por ejemplo, la de Antonio Gómez Ramos, en su edición bilingüe de Abada Editores; sólo espero que no sea inferior. En todo caso, ofrece una oportunidad más a los lectores de habla hispana de abordar un texto tan fecundo como difícil, que pertenece sin duda alguna a lo mejor del pensamiento filosófico occidental. Mi traducción cuenta con una Presentación elaborada por el profesor y colega Luis Eduardo Gama; sin duda una de las mejores introducciones al pensamiento de Hegel elaboradas en español.</p>



<p>Aprovecho la ocasión para agradecer a la Editorial Siglo del Hombre por la edición de esta obra, que contó con todo el exquisito cuidado de quienes laboran en ella.</p>



<p><strong><em>DP</em></strong><em>. Por último, maestro Jorge Aurelio, pasados más de 200 años de la publicación de la Fenomenología, a su parecer ¿por qué esta obra de gran calado especulativo -en el sentido filosófico del término- se mantiene vigente? ¿Qué le puede decir ella al mundo de hoy?&nbsp;</em></p>



<p>Esta pregunta ha sido ya respondida por extenso en la Presentación del profesor Gama, a la que me referí en la respuesta anterior. Sin embargo, puedo añadir que la <em>Fenomenología del Espíritu</em> se sitúa, en la historia del pensamiento occidental, junto a las obras más significativas que han marcado el desarrollo de la cultura. Pienso, por ejemplo, en los diálogos de Platón, los escritos filosóficos de Aristóteles, la<em> Suma de Teología </em>de Tomás de Aquino, las <em>Meditaciones </em>de René Descartes, los escritos de John Locke o de David Hume, <em>Ser y Tiempo </em>de Martín Heidegger, etc. Hacerla accesible a los estudiosos de habla hispana considero que constituye un aporte valioso al cultivo de la filosofía en nuestro medio. Son obras que, como el vino, maduran con el tiempo, y a las que cada nueva generación de estudiosos puede y debe acudir para enriquecer su pensamiento y aprender a pensar por cuenta propia.</p>
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        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=103005</guid>
        <pubDate>Tue, 09 Jul 2024 21:10:50 +0000</pubDate>
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