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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Filipinas | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Lai Choi San (1920)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/lai-choi-san-1920/</link>
        <description><![CDATA[<p>En los mares de la China Meridional como en el Caribe sería común la presencia de los piratas. Sea en un mar u otro, solemos imaginarlos como ciertamente fueron: tipejos barbados, borrachos empedernidos, zarrapastrosos, pistoleros descorazonados que adonde arribaban hacían de las suyas saqueando las posesiones de los pobladores y violando a sus mujeres. Pero [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>En los mares de la China Meridional como en el Caribe sería común la presencia de los piratas. Sea en un mar u otro, solemos imaginarlos como ciertamente fueron: tipejos barbados, borrachos empedernidos, zarrapastrosos, pistoleros descorazonados que adonde arribaban hacían de las suyas saqueando las posesiones de los pobladores y violando a sus mujeres.</p>
<p>Pero lo cierto es que durante la década de los años veinte del siglo veinte sería una mujer la que establecería sus dominios sobre las aguas del este asiático. Se trató de la china Lai Choi San, cuyo nombre significa “Montaña de riqueza”, quien habría heredado de su padre el legado de una escuadra de naves compuesta por lo menos de doce embarcaciones, y con la cual se convertiría en el temor de las aguas orientales.</p>
<p>Poco se conoce de su historia, y lo poco es debido a un hombre llamado Aleko Lilius, quien estuvo acompañándola en varias de sus travesías hacia el final de la década, y quien para 1931 publicó un libro con estos relatos titulándolo: <em>I sailed with pirates. </em>El autor comienza por destacar la figura de una gran líder, apenas comparable con una antecesora que unos años antes era dueña de esos mares, la también pirata china Zhèng Shì (Ching Shih).</p>
<p>Lai Choi San no se contentaría con asolar únicamente las costas que frecuentaba cerca al puerto de Macao y los mares meridionales, interesándose por cubrir un territorio mucho más amplio que la llevaría con su flota al asalto de los mares orientales y hasta Palawan, Filipinas, y el que fuera conocido como el mar de Sulu.</p>
<p>Lilius comenta del arsenal y dice que se trataba de “doce cañones de aspecto medieval de ánima lisa a bordo, y dos bastantes modernos. A lo largo de las amuradas del junco había hileras atornilladas de pesadas placas de hierro.” Y así también a la tropa la describe como “todos tipos temibles, hombres musculosos con el torso desnudo que usaban sombreros de ala ancha y pañuelos rojos atados alrededor del cuello y la cabeza”, y señala que los portugueses solían llamarlos “ladrones”.</p>
<p>Y aunque algunos pueden recordarla como a una suerte de Robin Hood que asistía a los pescadores, lo cierto es que esta montaña de riqueza haría su fortuna muchas veces con el beneplácito de comerciantes y las mismas autoridades que le permitían ejecutar sus fechorías sin ciertas restricciones.</p>
<p>No se sabe cómo murió. Una versión cuenta que en el año de 1937 su flota se enfrentó a una escuadra japonesa que tenía por misión combatir el contrabando y en donde la mítica pirata caería en batalla. Otra versión nos cuenta que esto no fue más que un rumor que la misma Lai Choi San quiso difundir para simular su muerte, y de esta forma poder pasar al anonimato tranquila y sin que ya nadie la estuviera persiguiendo.</p>
<p>La cultura popular ha recobrado su historia y ha venido sacándola del olvido, presentándola a las nuevas culturas a través de cómics, libros y series.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-90552" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/06/280.-LAI-CHOI-SAN-234x300.jpg" alt="LAI CHOI SAN" width="234" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 13 Apr 2024 12:11:55 +0000</pubDate>
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        <title>Las Sinsombrero</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/las-sinsombrero/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los sombreros de las mujeres estorbaban a cualquiera en el cine o en el teatro, y por simple sentido común también cualquiera le pediría a su dueña se abstuviera de utilizarlo durante la película o la representación teatral. Sin embargo no sería para que un público pudiera apreciar mejor el espectáculo que dos damas se [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Los sombreros de las mujeres estorbaban a cualquiera en el cine o en el teatro, y por simple sentido común también cualquiera le pediría a su dueña se abstuviera de utilizarlo durante la película o la representación teatral. Sin embargo no sería para que un público pudiera apreciar mejor el espectáculo que dos damas se retiraron sus sombreros, sino que fue un desafío y un atrevimiento tal vez improvisado de dos irreverentes, un acto sin calcular, y cuyos efectos históricos no podrían imaginar en su momento.</p>
<p>El gesto de que una mujer se despojara de su sombrero mientras paseaba por las calles madrileñas, y en plena dictadura de Primo Rivera, era un desacato a la moral pública, un acto de oprobio, y para muchos conservadores una provocación que iba más allá, siendo lo propio de transgresores, homosexuales y disidentes políticos.</p>
<p>Era la década de los años veinte del siglo veinte y andaban de paseo por la Puerta del Sol la ilustre Maruja Mallo, acompañada de Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca, cuando a Maruja y así no más y sin un motivo concreto, le dio por sacarse el sombrero: “Para descongestionar las ideas”, aclararía tiempo después con cierta sorna, y resultó que tratándose de tan controvertidos personajes muchos transeúntes comenzaron a abuchearlos, y hasta llegar a atacarlos lanzándoles piedras. “Nos apedrearon llamándonos de todo”, comentó Mallo luego de regresar de su exilio, la misma Mallo que consiguió ingresar al monasterio de Santo Domingo de Silos e incluso visitar el cenobio disfrazándose de hombre, ya que a las mujeres se les tenía prohibida la entrada.</p>
<p>Y así como Maruja Mallo fueron muchas otras las mujeres españolas que la historia ha querido reconocer por sus aportes al arte, y que habrían nacido entre los años de 1898 y 1914. El nombre de “Las Sinsombrero” es un calificativo que se les dio recientemente a través de un documental exhibido durante el Festival de Cine de Málaga en el 2015, y que da cuenta de las figuras que conformarían este insospechado movimiento. El material informativo recoge testimonios y entrevistas de amigos y familiares, además de algunos trabajos académicos y universitarios de quienes han pretendido rescatar la memoria de estas mujeres y divulgar sus obras y vidas.</p>
<p>La capital española sería el epicentro que congregaría a la mayor parte de estas destacadas intelectuales y artistas, allí estudiaron y allí compartieron con los círculos culturales las distintas corrientes del pensamiento vanguardista europeo, herederas del impulso de las mujeres de la Generación del 14, y que en su momento coincidieron con el movimiento de la Generación de 27. “Las Sinsombrero” atravesaron tres momentos cruciales en la historia española de comienzos de siglo, y hasta casi entrada la década de los cuarenta: la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil.</p>
<p>España estaba sumida en una profunda crisis económica y política luego de haber perdido las últimas colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y es en este contexto donde surgirán los primeros intereses por darle un cambio al rol que la mujer había venido desempeñando desde siempre en una historia marcada principalmente por el dominio de los hombres.</p>
<p>La Segunda República quiso incorporar a estas escritoras, pintoras y filósofas ilustres en el campo intelectual, artístico, político y económico, permitiendo que comenzaran a congregarse y a conformar los primeros movimientos feministas que abogaban por la igualdad de derechos para ambos sexos.</p>
<p>Sin embargo llegaría la Guerra Civil y con esta la cierta revolución femenina, cuando las mujeres se empeñaron en no dejarse doblegar por las políticas, y antes bien se mostraron desafiantes a la hora de impulsar toda suerte de proyectos e iniciativas que defendieran sus derechos de ser partícipes de la vida pública, del acceso a la educación superior, y especialmente del sufragio femenino. El terreno que la mujer había ganado respecto a su independencia, su formación y conciencia y sus oportunidades, sería opacado entonces por aquellos años de guerra.</p>
<p>Gracias a la labor y el esfuerzo de “Las Sinsombrero”, la mujer cobró fuerza denominándose a la par que el hombre respecto a la identidad de su producto artístico, por lo cual empezamos a escuchar las palabras “autora”, “escritora”, “pintora” o “fotógrafa”. La mujer ya no sería más una representación icónica, una presencia corpórea, el objeto sexual. Otra definición de feminidad vendría cuando las mujeres dejaron de asumir una actitud pasiva y pasaron a formar parte de la propuesta, para ser relevantes en la transformación cultural.</p>
<p>“Las Sinsombrero” conseguirían que la figura femenina de la musa pudiera ser derrocada por la mujer, siendo ahora su propia musa porque ha desistido de vivir como inspiración para los hombres. Es así como muchas de ellas compartieron de tú a tú con los principales intelectuales de la época, haciéndolas sentir bienvenidas en sus charlas y tertulias, y sin embargo desacreditándolas a la hora de mencionarlas en sus obras.</p>
<p>Ninguneadas, las mujeres buscarán su sitio en los lugares que antes les tenían vedados, y las representaciones femeninas en el arte se permitirán aparecer en posturas desafiantes, fumando, posando con actitud de intelectual o mujer fatal, pero de cualquier forma identificada con la mujer moderna.</p>
<p>Es así como en el arte la representación de la mujer cambió, y en adelante se verán presencias femeninas heroicas y valientes, personajes literarios de mujeres libres, independientes y dueñas de su propio destino, y así mismo en las obras de arte se destacará la figura de la mujer ya no como un personaje secundario sino como la protagonista principal de la obra.</p>
<p>Unidas por una misma causa, un factor importante que impulsó estos movimientos serían los espacios de reunión. Varios fueron los lugares destinados para que las mujeres se convocaran a compartir experiencias, conocimientos, y así mismo dar a conocer sus poesías y pinturas y toda clase de composiciones artísticas. Clubes, liceos, y escuelas femeninas que se abrieron para que las mujeres se relacionaran y apoyaran unas a otras, y para que dejaran de sentirse relegadas sin un sitio donde pudieran explayar con comodidad sus talentos y posibilidades.</p>
<p>Interesadas en desafiar a su tiempo y el entorno machista en el que supieron combatir, estas mujeres serían quienes provocarían grandes cambios culturales y artísticos, y que serían necesarios para darle a la mujer su justo lugar dentro del contexto social.</p>
<p>La historia de la mayoría de ellas se resume en el exilio, la censura y el silenciamiento, la prisión o la muerte. <strong>Injuriadas, atropelladas, tildadas de sucias, insultadas con toda clase de agravios e improperios, “Las Sinsombrero” le hicieron frente a toda una época de tradiciones arraigadas en el patriarcado y el machismo, sirviendo como un despertar para las generaciones de mujeres venideras.</strong></p>
<p>Se cuentan entre las mujeres que tuvieron ese enorme peso en la vanguardia artística de principios del siglo XX nombres como Rosario de Velasco, Marga Gil Roësset, María Zambrano, María Teresa León, Josefina de la Torre, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín, Delhy Tejero, Concha Méndez, Ángeles Santos, Concha de Albornoz y Luisa Carnés.</p>
<p>Después de casi un siglo podemos seguirles la pista a través de sus pinturas, libros y artículos, esculturas y en todas las obras que nos legaron, y que hoy España ha querido rescatar para sacarlas del anonimato y saber preservarlas ante el inclemente olvido, porque, como diría la directora del documental que sacó a la luz la historia de estas tantas mujeres: “Sin ellas, la historia no estaría completa.” Borges recordaría la situación que provocaría este movimiento femenino en un artículo que tituló: <em>Contrarios a la costumbre de usar sombrero.</em></p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-90477" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/06/250.-LAS-SINSOMBRERO-300x173.jpg" alt="LAS SINSOMBRERO" width="300" height="173" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 17 Nov 2023 09:53:32 +0000</pubDate>
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        <title>Kathrine Switzer (1947)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/kathrine-switzer-1947/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Kathy” comprendió que a la larga se trata de disfrutar del viaje, sin esperar por un final compensatorio. Que, tal vez, no llegar nunca, es lo que te hace grande, y que, en suma, como reza el latinajo: “Vita via est.” Su familia no es una familia de atletas, sin embargo supieron alentar su espíritu [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Kathy” comprendió que a la larga se trata de disfrutar del viaje, sin esperar por un final compensatorio. Que, tal vez, no llegar nunca, es lo que te hace grande, y que, en suma, como reza el latinajo: “<em>Vita via est.” </em>Su familia no es una familia de atletas, sin embargo supieron alentar su espíritu competitivo, y fue por esto que su padre la cuestionó cuando a la edad de los 12 años Kathrine le confesó que quería convertirse en porrista del equipo de hockey sobre hierba. “Tú no tienes que animar a los demás; los demás tienen que animarte a ti… Eso es lo que deberías hacer, porque en la vida hay que participar, no sólo mirar”, fue el consejo de su padre, quien le propuso que comenzara por correr “un kilómetro al día”. La niña no se creyó capaz, pero su padre insistió diciéndole que “no se trata de ir rápido, sino de terminar.” “Haz creer a los jóvenes que son capaces de todo y dales la oportunidad de intentarlo, porque es fundamental para que se empoderen… un niño que crece con esa seguridad es capaz de cualquier cosa”, recomienda Switzer, según su propia experiencia. La joven Kathrine no se dejó amedrentar por los hombres (todos ellos mayores) que conformaban el equipo de hockey del instituto académico ubicado a las afueras de Washington D,C., y fue así como en cuestión de pocos meses la tímida Kathrine se había desafiado a sí misma y ahora formaba parte del equipo de hockey, y hasta el punto de convertirse en una de las jugadoras más destacadas. “Aprendí que algunos días son fáciles, y otros imposibles. Lo cierto es que era una de las mejores jugadoras porque nunca me cansaba. Pero no fue pertenecer al equipo lo que me hacía sentir bien, sino correr todos los días. No en sí por correr, sino por la realización personal que yo sentía al hacerlo; me sentía poderosa. Después de aquello, nada parecía tan difícil.” Motivada por superarse a sí misma, Kathrine quiso exigirse al límite. <strong>“Tenía curiosidad acerca de lo que mi cuerpo podía hacer y, a medida que mejoraba, la sensación de mejorar mi propia marca se volvía cada vez más embriagadora”. A los 19 años, estando en perfectas condiciones físicas, interrumpe lo que hasta entonces era su pasión pero que no prometía ser más que un hobby, y se matricula en la Universidad de Siracusa para cumplir su anhelo profesional de convertirse en periodista deportiva. Sin embargo su alma de atleta quería seguir persistiendo en correr, por lo que buscó inscribirse en el grupo de atletismo femenino de la universidad. No sería una sorpresa encontrarse con que en el mundo deportivo tampoco parecía haber espacio para las mujeres (contando los varones con más de veinticinco modalidades deportivas distintas además de becas de estudio), por lo que se dirigió al entrenador del equipo masculino pidiéndole la dejara participar en las pr</strong><strong>á</strong><strong>cticas. El entrenador se burló de ella creyéndola incapaz, pero le daría la oportunidad</strong><strong>,</strong><strong> convencido de que Switzer no se presentaría. </strong>“Correr nos transforma, tanto a hombres como a mujeres. Te hace creer que eres capaz de todo. Te da una sensación de estrés añadida, pero te aporta endorfinas y posibilidades. Como joven en edad de crecimiento que corría un kilómetro diario, me dije: ‘¿podría hacer dos? ¿Serías capaz de hacer tres kilómetros diarios’?” Los miembros del equipo le dieron la bienvenida y la hicieron sentir siempre acogida durante los entrenamientos, y en donde tendría la suerte de cruzarse con Arnie, un cincuentón retirado de las pistas, que percibió el talento de Switzer y quiso convertirse en su entrenador personal. A su lado comenzaría a correr distancias cada vez más largas, hasta un día en que a Switzer se le ocurriría el disparate de proponerle correr la maratón de Boston. Se trataba de una idea descabellada no sólo porque a las mujeres se les tenía prohibido la participación en el certamen competitivo, sino porque se creía que las damas eran incapaces de soportar la maratón de 42 kilómetros, ya que este trajín podría traerles problemas de salud tales como la caída del útero, o mitos que vaticinaban la aparición de vello, bigote y pelo en pecho para la mujer que se aventuraran a una empresa que sólo competía a los machos. Arnie le pidió demostrarle que era capaz de superar la prueba de atletismo, a lo que Switzer lo retó a emprender una maratón juntos a manera de ejercicio. La prometedora maratonista no tuvo dificultad en completar la travesía, tras lo que le pediría entusiasmada a su entrenador que siguieran todavía unos cinco o seis kilómetros más. Unos kilómetros más adelante su entrenador padeció un desmayo, y al despertar, tuvo que reconocer que “las mujeres tienen un potencial oculto para el aguante y la resistencia”. Switzer ya tenía madera suficiente para poder cuestionar a qué se referían cuando le llamaban a su género el “sexo débil”. Hasta el momento ninguna mujer había corrido oficialmente la maratón, esto es, portando el dorsal con un número que la acreditara como participante admitida. El formulario de inscripción obviaba preguntar el género sexual, y dada la admiración que Kathrine sentía por el escritor J.D. Salinger, su firma consistía también en sus iniciales seguidas de su apellido: K.V. Switzer, siendo así que consiguió ingresar al evento deportivo del año 1967 sin despertar ninguna sospecha. Por aquel entonces el movimiento feminista andaba en su pleno furor. La mujer comenzaba a destacarse en los ámbitos científicos, artísticos, intelectuales, y era este el momento para que también se pronunciara exponiendo su fortaleza y sus destrezas físicas. Switzer se presentó con sus labios pintados de rojo y sus mejillas maquilladas. Se le asignó un dorsal con un número que, sin saberlo, pasaría a la historia como un símbolo de la lucha por la igualdad de géneros: 261. Se recuerda calentando sus músculos toda rodeada de hombres que la halagaban diciéndole que ya hubieran querido tenerla como su pareja. Un año antes una mujer había corrido la maratón, cuando consiguió infiltrarse a hurtadillas en la competencia luego de saltar una valla de seguridad. Ese mismo año de 1967 otra mujer también participaría del certamen, e incluso llegaría a la meta antes que Switzer, pero contrario a Katherine, ésta no portaba el dorsal que la oficializaba como la primera mujer en participar en la competencia más exigente del atletismo. Al oír el disparo de partida Switzer comenzó a hacer lo que mejor sabía, y se echó a correr. Los primeros tres kilómetros fueron un camino de rosas, hasta que un carro de la prensa se percató de que entre la multitud había un ser que no correspondía con el género. De allí en adelante no pararon en documentar su hazaña o su atrevimiento, interrumpiendo su marcha con preguntas de todo tipo. Le sacaban fotos, la saludaban por donde pasaba, sorprendidos todos de ver a aquella entrometida que no tardaría en ser sancionada. El evento que pasaría a la historia sucedería cuando Jock Semple, codirector de la carrera, se bajó de un carro para empezar a perseguir a la infiltrada, logrando sujetarla de su camisa y casi arrancándole el dorsal, mientras le imploraba: “¡Sal de mi carrera y devuélveme esos números!” El novio de Kathrine, que acompañaba de cerca a su protegida, no vaciló en darle un empellón al desconsiderado comisario. De aquel suceso quedará el recuerdo fotográfico que fue considerado por la Revista <em>Times </em>como una de las “100 fotos que cambiaron el mundo”. En ese momento Arnie le gritó: “¡Corre como nunca!” Es así como, escoltada por un cuerpo de varones que la custodiaban, Switzer continúo su carrera, mientras los reporteros la atosigaban preguntándole qué es lo que pretendía, por qué hacía lo que hacía, qué intentaba demostrar, y ella pensaba: “Sólo quiero correr y ahora me siento humillada, avergonzada y tengo miedo, mucho miedo”. Pero entonces tomó un nuevo impulso y le dijo a Arnie: “Voy a terminar esta carrera arrastrándome o a gatas si es necesario; porque si no la acabo, nadie creerá que las mujeres pueden hacerlo.” Confiesa que durante el trayecto siguiente pasó de la niñez a la edad adulta. “Yo sabía que correr me había hecho sentir tan bien que debía transmitírselo a todas las mujeres que conociera… tengo que crear esas oportunidades.” Finalmente consiguió cruzar la meta con un registro de 4 horas y 20 minutos. Al llegar no sería vituperada ni mucho menos, y por supuesto tendría que encarar a los periodistas que no dejaban de asediarla con extrema curiosidad. Sin embargo dice haber sentido un apoyo en general, y en especial de mujeres que decían haberse inspirado en su historia. Kathrine sería expulsada de la Unión Atlética Amateur, pero en adelante no dejarían de lloverle propuestas e invitaciones para que participara de maratones alrededor del mundo. Switzer dice que ese mismo día, acabada la carrera, vio la emblemática foto, y tal vez comprendió que este episodio podría tratarse de un suceso grande. Así fue. “Mi objetivo era crear oportunidades para las mujeres, así como justicia social en el deporte y en la educación… Vi cómo muchas mujeres podían lograr mejores resultados si contaban con la oportunidad o la ambición”. De manera que su empeño consistió en que el comité olímpico integrara en sus juegos la categoría femenina para el evento de la gran maratón. Durante los siguientes tres años se llevaron a cabo más de cuatrocientas carreras que permitían participar a las mujeres en más de una veintena de países, y cuya concurrencia femenina se cuenta por encima del millón. Para 1972 la maratón de Boston permite oficialmente la participación de mujeres dentro de la corrida. En 1974 Switzer gana la maratón de New York y mejora notablemente su marca en Boston con un tiempo de 2 horas y 51 minutos, obteniendo un segundo lugar en el podio. <strong>“Cuando conseguí el tercer mejor tiempo de los Estados Unidos y el sexto mejor de todo el mundo</strong><strong>,</strong><strong> me di cuenta de que si yo podia hacer eso, ¿qué podría hacer el talento que nunca había tenido una oportunidad? Si yo ayudaba a crear esas oportunidades para otras mujeres, podríamos conseguir cosas enormes.”</strong> Kathrine aprovecharía sus destrezas periodísticas para redactar notas y artículos que apoyaran a las mujeres dentro del comité olímpico. Recorrió distintas federaciones y consiguió la aprobación de casi treinta países que estaban dispuestos a permitir que sus mujeres participaran de una maratón competitiva. Organizó carreras en diferentes ciudades, recordando aquella anécdota en la que ya tenía dispuesta la convocatoria para una maratón, y las autoridades, pese a haberle concedido los permisos, auguraban que si acaso se presentarían un centenar de mujeres. La asistencia contó con más de cien mil. Pidió el apoyo de la reconocida marca cosmética <em>Avon </em>para que promoviera este tipo de eventos como una estrategia publicitaria que reflejara a la mujer empoderada y dueña de sí misma. Y fue así como después de quince años de recorrer federaciones y organismos y de contar con el aval médico que consideraba a la mujer físicamente idónea para el desafío atlético -de una resistencia y un aguante orgánico extraordinarios-, Switzer logró conseguir que el comité olímpico aprobara su propuesta, y para el año de 1984, durante los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, su sueño se haría, justamente, una realidad. “Para mí. Ese momento fue tan importante como el sufragio femenino, porque el voto suponía nuestra aceptación social e intelectual y esto, nuestra aceptación física… y ahí estaban las mujeres en igualdad de condiciones… corriendo con fuerza, elegancia y coraje.” Fue así como un público conformado por 90.000 personas se ponía de pie y ovacionaba a las competidoras que hacían historia en la gran competencia del atletismo olímpico. El impacto fue mucho mayor cuando más de dos millones de personas tuvieron la oportunidad de presenciar el evento a través de las pantallas. Kathrine considera que hace falta más cobertura e interés por parte de los medios, visualizar más el deporte femenino para que esto sirva como un incentivo tanto a las niñas como a sus padres. “Claro que hay suficientes referentes femeninos, sólo que hay que darles más publicidad”. Cree que hay un vacío considerable dentro del sistema educativo de casi todos los países: “No creo que se esté fomentando lo suficiente el deporte en los colegios… Para mí la educación es crucial, pero en muchos países educar a las mujeres es considerado una amenaza por la clase dirigente.” A partir de ese momento el número 261 y la historia de quien había promovido y llevado a cabo esta iniciativa incluyente en el deporte, se convertiría en ese símbolo que más de una llegaría a tatuarse en la piel como un recordatorio del empoderamiento femenino. Switzer no quiso hacer de este número un negocio, y antes bien fundó la organización <em>261 Fearless</em>, encargada de promover carreras y eventos deportivos, además de la creación de grupos de mujeres dedicadas a alguna labor física, sea en el terreno del arte o del deporte. Su fundación ha llegado a África, Arabia Saudí e Irán, demostrando un impacto relevante en las mujeres de comunidades vulnerables y con un bajo o nulo acceso a la educación. Resalta el ejemplo de una mujer que invirtió las ganancias de un premio de atletismo en la mejora de su aldea, fabricando un sistema de agua potable y ayudando en las mejoras de la escuela pública. “Es así como las sociedades cambian, concediendo a las personas una pequeña oportunidad… Estamos creando un programa educativo enorme… es el espíritu de las mujeres unidas haciéndote saber que no estás sola.” Considera que la educación en el deporte puede aportar en la disciplina laboral, en el éxito sentimental y en la satisfacción y el bienestar emocional. “Te da el valor para hacer lo que sea”, señala.<strong> Considera que a través del deporte pueden superarse barreras sociales y aspirar a un espacio común donde todos gocen de igualdad, valiéndose precisamente de las cosas que nos diferencian. Para ejemplarizar, explica cómo el tenis femenino puede ser más estratégico, requiere de más cálculo y suspicacia, mientras que en los hombres cuenta más la fuerza, la potencia y la velocidad. </strong><strong>“Sabemos que no disponemos de la velocidad, potencia, complexión y fuerza de los hombres, pero te</strong><strong>nem</strong><strong>os más aguante, resistencia, flexibilidad y equilibrio. Por eso es necesario que el deporte abrace la diversidad, dando igualitariamente a todas las personas la oportunidad de participar.”</strong> Ve en una maratón el ejemplo perfecto donde comulgan todos por igual. “Son de todas las razas, géneros, colores y religiones. Gordos, viejos, grandes, lentos, flacos, profesionales. Es increíble. Son personas distintas pero están corriendo juntas y se están apoyando y motivando entre ellas… la unión de la maratón, de correr y el deporte son ejemplos maravillosos de diversidad, inclusión, respeto e igualdad. Si podemos hacerlo en una maratón, ¿por qué no en todo el mundo? Todos corremos juntos y nos da igual el género, como nos da igual si corre un abogado o un fontanero. Esto derriba una gran cantidad de barreras sociales y otras limitaciones. El deporte consiste en motivar y respetar a los demás: esa es la mayor lección que he aprendido.” Respecto al comisario Semple, la maratonista no le guarda ningún recelo, e incluso pasados cinco años del histórico episodio se reencontraron para hacer las paces. Nunca le pidió perdón, confiesa Switzer, y sin embargo Semple acabó reconociendo su actuar como un equívoco, y terminaría apoyando los eventos deportivos mixtos. El encuentro dejó otra fotografía memorable en donde Semple le besa la mejilla a la mujer que años atrás había agredido. “De algún modo, él fue la fuente de inspiración que necesitaba.” Kathrine Switzer está feliz con lo que ha sido su vida. “Mi deporte es correr, y lo que más me gusta es que es sencillo, barato, no cuesta nada y es completamente accesible. La gente dice: ‘Bueno, necesitas unos zapatos’. Pues te informo de que millones de africanos corren sin usar zapatos, y, además, son muy buenos, están en lo más alto… He aprendido mucho corriendo, ha sido la mejor educación que he tenido… También he aprendido que el talento está en todas partes, sólo precisa de una oportunidad… La gente siempre me dijo que no era una buena atleta, pero me enfrenté a fondo y lo conseguí.” Los años siguientes Kathrine se dedicó a cumplir con su sueño de ser comentarista deportiva, brindando cobertura informativa para la cadena televisiva ABC respecto a los mundiales, olímpicos y distintos campeonatos y certámenes de atletismo. Ha escrito algunos libros donde describe sus experiencias personales y alienta al lector a que crea en sus capacidades propias. Dos de estos títulos son <em>Marathon woman: running the race to revolutionize women’s sport </em>y <em>26.2 Marathon stories. </em>En el 2017, luego de haber corrido casi 40 maratones por todo el mundo, Kathrine Switzer celebra sus 70 años repitiendo la proeza realizada medio siglo atrás. Portando su distintivo dorsal con el número que la haría célebre, el 261, Switzer corrió en 4 horas y 44 minutos la maratón de Boston (con un tiempo de apenas 24 minutos por debajo de lo que registró siendo una joven maratonista rebelde). En esta ocasión correría junto a casi 14.000 mujeres, y al concluir el certamen, y como un homenaje a su contribución histórica, el dorsal con el número 261 fue retirado para los próximos eventos. El número figura como símbolo en carteles de manifestaciones y en murales de todo el mundo. <strong>“El mejor momento de una maratón es cuando no tienes que ganar y puedes disfrutar de los primeros momentos de alegría… ¿Sabes? Ese fue el día más feliz de mi vida. Fue la carrera más fácil de todas: paré trece veces, hice ocho entrevistas, abracé a niñas pequeñas en el camino y miles de personas me gritaban: ‘¡Vamos, Kathrine!’” Al final de la maratón también la esperaba la primera mujer president</strong><strong>a</strong><strong> de la Asociación de Atletismo de Boston para condecorarla con una medalla, y un beso merecido de su infaltable marido Roger, “el gran amor de mi vida… ¡Fue un sueño!” </strong>En el 2018 Kathrine recibiría dos reconocimientos: por un lado el Doctorado Honorario de Letras Humanas de la Universidad de Siracusa, y otra distinción otorgada por la Universidad de Deusto, el primer Premio Deusto a los Valores en el Deporte, por tratarse de un “referente del deporte, de la igualdad y de la justicia social.” “Correr ha dado sentido a mi vida”, dice hoy día, todavía enérgica y sin detenerse. Y de esta manera continuará Kathrine Switzer corriendo por las calles del mundo con el número 261 clavado en el pecho y esa determinación que la llevó a insistir sin importar la opinión ajena. “A todo el mundo, incluso a ti, nos han dicho que no estamos a la altura, que esto no es lo nuestro; que no somos del sexo adecuado, de la raza adecuada, el color o la religión correcta. ‘No nos sirves’. Todos reciben esos comentarios. Hasta que echan a correr y pierden el miedo.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 04 Jun 2021 19:05:14 +0000</pubDate>
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