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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 13:01:22 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de feminicidio | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El peso de la negación: Cuando evadir la culpa destruye más que el error</title>
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        <description><![CDATA[<p>Hace un par de años, el brutal feminicidio de Ana María Serrano a manos de su exnovio conmocionó a México y Colombia. El crimen, una tragedia insoportable, se agravó al ver a la familia del agresor negando lo evidente. A pesar de las pruebas irrefutables —cámaras de seguridad, chats, la escena del crimen—, los padres [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Hace un par de años, el brutal feminicidio de <strong>Ana María Serrano</strong> a manos de su exnovio conmocionó a México y Colombia. El crimen, una tragedia insoportable, se agravó al ver a la familia del agresor negando lo evidente. A pesar de las pruebas irrefutables —cámaras de seguridad, chats, la escena del crimen—, los padres de Alan Gil, han intentado por todos los medios sacarlo de la cárcel, evitando audiencias y presentando amparos, en lugar de asumir la responsabilidad de los actos de su hijo.</p>



<p>Pero fue el testimonio de la madre de Ana María, <strong>Ximena Céspedes</strong>, lo que me hizo reflexionar profundamente. En un podcast, ella planteaba un camino que, aunque doloroso, podría ofrecer un atisbo de redención. Sabiendo que el agresor podría enfrentar una condena de hasta 70 años, la madre sugirió que si él aceptara su responsabilidad, podría recibir beneficios y, algún día, tener la oportunidad de ayudar a otros hombres a no cometer el mismo error. Él era un joven brillante, primero en su clase, graduado del colegio con honores, con un futuro prometedor, y aun así se autodestruyó y destrozó la vida de otra familia. La propuesta de la madre no era un perdón, sino un llamado a la verdad. Ella entendía que la única forma de sanar es enfrentando lo ocurrido.</p>



<p>Este caso, por dramático que sea, es solo un espejo de un problema mucho más profundo que plaga nuestra sociedad: la <strong>incapacidad de asumir la responsabilidad</strong>.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>La huida de la verdad</strong></h3>



<p>Vivimos en una cultura de la negación. Nos han enseñado a &#8220;negar hasta el final&#8221; como la mejor estrategia para salir del paso. Lo vemos en las relaciones de pareja: si una persona es sorprendida en una infidelidad, su primera reacción es negarlo, sin importar cuán abrumadoras sean las pruebas. La mentira se convierte en un escudo, no para proteger a la otra persona, sino para evitar la confrontación, para salir del &#8220;lío&#8221; y mantener una fachada de inocencia. Esta negación es más destructiva que el acto mismo, porque rompe la confianza de manera irreparable y anula cualquier posibilidad de perdón y crecimiento.</p>



<p>Este patrón se repite en el ámbito público y en la justicia. Recordarán a la influencer <strong>Epa Colombia</strong>, que subió videos destrozando las instalaciones de Transmilenio en Bogotá. A pesar de que ella misma documentó su delito, la primera vez que fue capturada se negó a aceptar los cargos, me imagino por recomendación de su abogado. Es la misma lógica: si no lo acepto, no pasó, o al menos no es mi culpa. La justicia se ve obligada a gastar recursos y tiempo en demostrar lo que es evidente, en lugar de enfocarse en cómo la persona puede reparar el daño y reintegrarse, si es que es posible, a la sociedad.</p>



<p>La negación se ha vuelto tan prevalente que incluso parece que el sistema judicial, en lugar de buscar la verdad y la justicia, se dedica a negociar con la mentira, creando un ciclo vicioso donde la irresponsabilidad se premia con atajos y beneficios.&nbsp; <em>“Vamos bien, pero si puede vuélese”</em>. Lo vemos en casos como el de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD), más de uno se terminará volando y los abogados a defender lo indefendible.&nbsp;</p>



<p>Recordarán que el pasado 7 de junio cuando detuvieron al asesino de Miguel Uribe Turbay, la noticia fue que el sicario “no aceptó los cargos”. Cientos de celulares lo grabaron cometiendo el magnicidio y aún así “no aceptó cargos”. ¿A qué juegan los abogados? A ganar un caso a pesar que saquen de la cárcel a un hombre que lo haría de nuevo?. Yo me pregunto: ¿Cómo miran a la sociedad dejando libre a un asesino, a un violador o a un ladrón?&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>El alto costo de la evasión</strong></h3>



<p>No asumir la responsabilidad no solo daña a los demás, también nos destruye a nosotros mismos. La persona que se niega a enfrentar sus errores queda atrapada en un ciclo de mentiras y evasión que le impide crecer.&nbsp;</p>



<p>En lugar de aprender de la equivocación, se hunde más en la oscuridad. El joven que asesinó a Ana María Serrano tenía un gran futuro, pero al negarse a reconocer su crimen, solo se asegura un futuro de resentimiento y cárcel, sin posibilidad de redención. La propuesta de la madre era un camino para que él pudiera, tal vez, encontrar un propósito en el dolor, una forma de enmendar algo de la ruina que dejó. Pero sus padres, como en muchos otros casos que hemos visto a lo largo de los años en las noticias, tratan de ocultar los hechos y sacar del problema a su hijo en vez de ayudarlo a ser una mejor persona enfrentando sus acciones.&nbsp; Nos estamos acostumbrando a normalizar mentiras: “No lo crié”, “no lo dije”, “no me despertaron”, siempre echándole la culpa a otros, negando lo evidente. Y después nos quejamos de por qué estamos como estamos.&nbsp;</p>



<p>El mundo sería un lugar diferente si, en lugar de intentar escapar de nuestros errores, aprendiéramos a mirarlos de frente. Si una persona es infiel, debería ser capaz de admitirlo. Si alguien comete un delito, debería aceptar las consecuencias. Si alguien comete un error, reconozca sus acciones.&nbsp; La asunción de responsabilidades, aunque difícil, es el primer paso hacia la sanación, tanto para el que sufre el daño como para el que lo causa.</p>



<p>La irresponsabilidad es una epidemia que carcome la confianza, corrompe la justicia y nos impide madurar como individuos y como sociedad. La única forma de salir de este círculo vicioso es enseñar y practicar la verdad, por dolorosa que sea. Porque al final, la verdadera libertad no se encuentra al evadir la culpa, sino al <strong>aceptar las consecuencias para poder reconstruir algo valioso a partir de la ruina</strong>.</p>



<p>&#8220;El heroísmo es la capacidad de asumir la responsabilidad por tu vida sin culpar a nadie por lo que te ha pasado.&#8221;<br><strong>— Joseph Campbell<br></strong></p>



<p><strong>Andrea Villate</strong> &#8211; mavillateg@gmail.com </p>



<p>Sitio web <a href="https://andreavillate.blogspot.com/ ">https://andreavillate.blogspot.com/ </a></p>



<p>X:&nbsp;<a href="https://twitter.com/AndreaVillate" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;https://twitter.com/AndreaVillate&nbsp;</a></p>



<p>Facebook/&nbsp;&nbsp;<a href="https://www.facebook.com/andreavillateperiodista/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.facebook.com/andreavillateperiodista/</a></p>



<p>Instagram / <a href="https://instagram.com/andreavillate_cielos" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://instagram.com/andreavillate_cielos</a> <strong><br></strong></p>



<p> </p>
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        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119856</guid>
        <pubDate>Sat, 30 Aug 2025 02:02:20 +0000</pubDate>
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        <title>&amp;#8220;¡Gracias por no asesinarme!&amp;#8221; (Mi tía se salvó de un feminicidio)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/gracias-no-matarme-tia-se-salvo-feminicidio/</link>
        <description><![CDATA[<p>&#8220;Olvidemos con generosidad a aquellos que no pueden amarnos&#8221;: Pablo Neruda, escritor. G quedó cautivado con la belleza juvenil de La Mona al verla por primera vez cruzar por su casa para ir al colegio, encantado con aquel rostro candoroso, envuelto en rizos dorados e iluminado por la mirada profunda de sus ojos verdes. Un [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><strong>&#8220;Olvidemos con generosidad a aquellos que no pueden amarnos&#8221;: </strong>Pablo Neruda, escritor.</p></blockquote>
<p>G quedó cautivado con la belleza juvenil de <em>La Mona</em> al verla por primera vez cruzar por su casa para ir al colegio, encantado con aquel rostro candoroso, envuelto en rizos dorados e iluminado por la mirada profunda de sus ojos verdes.</p>
<p>Un día de tantos le soltó un piropo con una sonrisa traviesa: <em>“me lleva o me le voy detrás”.</em> Ella no se resistió a los coqueteos. G tenía 20 años y mi tía 17, cursaba décimo grado en un colegio público de Bogotá. Se hicieron novios a mediados de 1989, el año más bárbaro que Colombia recuerde por cuenta de Pablo Escobar, el capo que murió en su ley pero sin pagar por múltiples feminicidios; se habla de al menos 19 mujeres que fueron víctimas de su lujuria.</p>
<p>El romance comenzó, como todos los de esa época, con chocolatinas, esquelas, casetes con dedicatorias, peluches y cartas de amor.  El embeleso duró dos años y medio.</p>
<p>—<em>“Yo lo quise mucho porque fue respetuoso conmigo, siempre. Nunca hubo una propuesta indecente, ni un maltrato. Fue un caballero. El trato delicado hizo que yo me enamorara de él”.</em></p>
<p>De repente,  Cupido le mostró el lado envenenado de la flecha. Como en la canción de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=eOU5B7sttHw"><strong>Willie Colón</strong></a>, G tenía celos del viento que acariciaba su piel (“pues lo mismo que te quiero soy capaz hasta de odiarte yo”); incluso, la celaba con los propios hermanos de él.</p>
<p>—<em>“No quería que nadie más me mirara. Me quería solamente para él”,</em> recuerda <em>La Mona</em>, que aguantó su celotipia hasta donde pudo y cuando no pudo soportar más esos tormentos, le pidió que terminaran.  —“<em>Mejor dejemos las cosas así”</em>, rogó  y se alejó.</p>
<p>—<em>“Se me acabó el amor y me llené de miedo. Dejé de quererlo por su comportamiento enfermizo”.</em></p>
<p>Sin embargo, ofendido ante el rechazo, G no quiso dejar las cosas de ese tamaño, y empezó otro calvario para la tía: con los nervios de punta, quedó deshecha emocionalmente recién estrenada la mayoría de edad.</p>
<p>Esas conductas misóginas no son de ahora. La historia nos cuenta de hombres obsesionados y feminicidas en potencia, desde Calígula, el más cruel de los emperadores romanos (hacia lo impensable para tener a su lado a las mujeres que le gustaban, incluso quitárselas a su esposos; esa fue la suerte de Lolia Paulina: cuando se cansó de ella, la sacó de su vida amenazando con matarla si osaba acostarse con otros hombres), hasta el rey <a href="https://historia.nationalgeographic.com.es/a/hallan-instrucciones-que-dio-enrique-viii-para-ejecutar-a-ana-bolena_15801"><strong>Enrique VIII</strong> </a>de Inglaterra, que en 1536 ordenó decapitar a su esposa, Ana Bolena, acusándola de supuesta traición y adulterio con varios hombres de la Corte, incluido su propio hermano, ocultando de esa forma su rabia por no darle un heredero varón.</p>
<p><em>La Mona</em> no perdió la cabeza pero descendió al averno, vigilada y perseguida todo el tiempo.</p>
<p>—&#8221;<em>Cuando me veía en la calle o en el supermercado me insultaba con las peores palabras&#8221;.</em></p>
<p>—Ahí va la perra esa, le gritaba.</p>
<p>Con las acechanzas, llegaron las amenazas de muerte: se mataría después de matarla a ella, sino regresaba a su lado.</p>
<p>—<em>“Yo parecía un robot mirando a todas partes al mismo tiempo”.</em></p>
<p>Tenía miedo de toparse con la muerte en cualquier callejón. Se sentía observada y en cada hombre de la calle empezó a ver su figura.</p>
<p>—<em>“Dondequiera que me encontraba, decía que si yo no era para él, no sería para nadie más, que me prefería muerta”.</em>  Como si su mente le ordenara asesinarla, creyendo que era la <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=6QLqw0D_a6M"><strong>“Mala mujer” </strong></a></em>sin corazón, y que había jugado con él, como en la canción de <em>La Sonora Matancera</em>.</p>
<p>Antes de ser novios, el papá de G se suicidó de un disparo en la cabeza un 24 de diciembre; el recuerdo de esa escena macabra sumió a la tía en pensamientos sombríos, hasta imaginar que el día menos pensado saldría en los periódicos amarillistas, cubierta con una sábana blanca. Los llamaban  crímenes pasionales, no feminicidios. El término lo acuñó la antropóloga mexicana Marcela Lagarde (tomado a su vez del inglés <em>femicidi</em>) y en la legislación colombiana se usa a partir de la Ley 1761 de 2015, también llamada <a href="https://www.elespectador.com/judicial/la-importancia-de-la-ley-rosa-elvira-cely-article-745519/"><strong>Ley Rosa Elvira Cely</strong></a>, otra víctima de este repudiable delito.</p>
<p>Los seguimientos de G se intensificaron. Cual fantasma, se le aparecía a pie, en carro particular, en moto o en taxi; en cualquier parte, de día o de noche. Una vez se le atravesó de camino a la empresa. Faltando dos cuadras para llegar le cerró el paso. En una mano tenía un revólver y en la otra cuatro balas. Le dio a entender que eran dos para cada uno.</p>
<p>En medio del estupor, ignorando la amenaza, siguió su camino, pero G,  tomándola  por la fuerza,  le reventó la cara de un golpe seco. Maltratada, con el rostro y la ropa ensangrentados, llegó al trabajo. Desde entonces, un cuñado –el esposo de una hermana,  policía él- se convirtió en su escolta. Sin embargo, nada intimidaba a G, ni la demanda para alejarlo ni los ángeles que la cuidaban de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Le tocó enclaustrarse. No hubo más domingos para salir a comer helado.</p>
<blockquote><p>Dijo la escritora Sylvia Plath: <em>“No es fácil expresar lo que has cambiado. Si ahora estoy viva entonces muerta he estado, aunque, como una piedra, sin saberlo, quieta en mi sitio, mi hábito siguiendo”.</em></p></blockquote>
<p>—<em>“Mija, mejor váyase de por aquí”</em>, le imploró su mamá. <em>Perro que ladra no muerde pero tampoco hay que dar papaya”</em>, le advirtió.</p>
<p>Ninguna madre querría ser Marisela Escobedo, la mujer mexicana que, buscando justicia  por el feminicidio de su hija a manos del yerno, recibió un tiro de gracia. <strong><a href="https://www.youtube.com/watch?v=2vsHHKwqPD8"><em>“Las</em> tres muertes de Marisela Escobedo”</a></strong>, el documental de Netflix, cuenta la impactante historia.</p>
<p>Contra su voluntad, <em>La Mona</em> se fue del barrio para salvarse de lo que pudo ser una muerte segura a sus veinte años; empezó a cambiar de residencia porque el tipo se las ingeniaba para ubicarla.</p>
<p>—<em>“No hay un hueco en la tierra donde pueda esconderse de mí”,</em> la amedrentó al verla en el paradero de buses acompañada por su hermana. Delante de ella le puso el mismo revólver cerca de la sien. —<em>“¡Mátela si es muy machito!”</em>, lo retó aquella con temeridad.</p>
<p>Incapaz de destripar una mosca, se largó  escupiendo más ofensas. Por mucho tiempo usó la nueva táctica de llamar diariamente a la mamá para decirle, con tragos o sin ellos, que a su hija le quedaba un día menos sobre la Tierra, como quien lleva la cuenta regresiva en un calendario. Luego, arrepentido, hizo una última llamada, pidió perdón diciendo que jamás le haría daño al amor de su vida.  Y desapareció&#8230; Dicen que se fue de la ciudad, casado y con hijos.</p>
<blockquote><p>Escribió el poeta Ovidio: <em>“El amor ausente se desvanece y uno nuevo toma su lugar”.</em></p></blockquote>
<p><em>La Mona</em> perdonó los agravios, se disiparon los rencores. Fue un grito silencioso de su espíritu:  —<em>“¡Gracias por no asesinarme!”. </em><span style="color: #1a1a1a;font-size: 16px">Al cabo de tres años, por fin pudo regresar al lado de los suyos. </span></p>
<p><span style="color: #1a1a1a;font-size: 16px">Otras mujeres no regresaron.  </span><a style="font-size: 16px" href="https://open.spotify.com/episode/1V07ZHi3GR0IpVDWf8Osvm?si=btM6Lv1RQ8Oex1cWXe1BeA"><strong>“La nota roja”</strong> </a><span style="color: #1a1a1a;font-size: 16px">es un premiado podcast de diez episodios sobre los feminicidios ocurridos en Ciudad Juárez a partir de 1993: miles de mujeres fueron asesinadas con sevicia o desaparecidas. Por investigar estos crímenes de odio, la periodista Lydia Cacho sufrió atentados y debió exiliarse. </span></p>
<p>—<em>“Él logró superar lo de los dos. ¿Cómo? No lo sé, pero lo superó&#8221;, </em> rememora impasible, tres décadas después.</p>
<p>A sus 51 años, se sobrecoge con un ligero escalofrío cuando le pido recordar ese capítulo aterrador.</p>
<p>—¿Por qué crees que él se obsesionó contigo?</p>
<p>—<em>“Los hombres creen que las mujeres somos su propiedad privada. En eso consiste el machismo. Las mujeres también podemos obsesionarnos pero rara vez una de nosotras hace cosas horribles para dañar a la otra persona”.</em></p>
<p>No quiere que ninguna mujer pase por ese drama que la mantuvo en el precipicio de la locura, y se lo repite a Valentina, su única hija.</p>
<p>—<em>“Jamás confiarse ni quedarse callada. Llenarse de valor y denunciar. Hablar con personas allegadas, poner a la familia en alerta siempre&#8221;.</em></p>
<p>María Isabel Covaleda, sobreviviente, creó la <strong><a href="http://fundacionmaisa.com/">Fundación Maisa</a>,</strong> que trabaja en la erradicación de la violencia de género <em>“Si de verdad queremos cambiar nuestra realidad, debemos priorizar las cátedras con enfoque de género; esto implica medidas transversales que involucren a directivos, maestros, educadores, legisladores y alumnos. La educación a un niño o una niña no la da solo una familia, la brinda una nación entera”</em>.</p>
<p>Desde el aula se debe hablar obre salud mental.  Enseñar a construir relaciones afectivas sanas e identificar las señales de una relación tóxica. <em>“No es normal que una mujer decida quedarse en ese tipo de relaciones, algo en su cabeza está fallando”,</em> señala con preocupación la doctora Olga Susana Otero, sicoterapeuta de pareja.</p>
<p>No siempre una relación debe incluir maltratado físico para ser dañina. En la cinta <a href="https://www.youtube.com/watch?v=vGnVXgZJAas"><strong>“Alice, querida”</strong> </a>(Prime Video), la protagonista está atrapada en una relación abusiva, con un novio que ejerce sobre ella lo que los expertos denominan control coercitivo. Con un final inesperado, el <em>thriller</em>  propone una salida a los abusos psicológicos.</p>
<p>La obsesión es un rasgo característico del trastorno obsesivo-compulsivo, TOC, con cuadros de esquizofrenia y depresión en algunos casos. <em>La Mona</em> era joven e ingenua para saber que algo muy oscuro había en aquella frase galante  (<em>“me lleva o me le voy detrás”</em>);  hoy cuenta el cuento consciente de que su historia pudo terminar en tragedia, un  feminicidio más, otro <a href="https://www.youtube.com/watch?v=dSwifv37WE8"><strong>amor que mata</strong></a> para usar el título de la canción de Mariano Cívico.</p>
<p><iframe title="La tía D sobrevivió a un feminicidio by Alex" width="500" height="400" scrolling="no" frameborder="no" src="https://w.soundcloud.com/player/?visual=true&#038;url=https%3A%2F%2Fapi.soundcloud.com%2Ftracks%2F1523942992&#038;show_artwork=true&#038;maxheight=750&#038;maxwidth=500"></iframe></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94802</guid>
        <pubDate>Sun, 28 May 2023 00:00:30 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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