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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de felinos | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Así es la vida de Barto, un ocelote rescatado del tráfico de vida silvestre en Colombia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/asi-es-la-vida-de-barto-un-ocelote-rescatado-del-trafico-de-vida-silvestre-en-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Absorto, el&nbsp;ocelote gruñe con emoción mientras el cangrejo avanza lentamente frente a sus ojos color caramelo.&nbsp;La pinza derecha, entre azul y verde, es dos o tres veces más grande que la izquierda y el crustáceo la mantiene erguida, como si se tratara de un escudo y estuviera a punto de entrar en batalla. Sin moverse, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>En octubre de 2024, autoridades en Cali, Colombia, encontraron un ocelote (Leopardus pardalis) de aspecto enfermizo mientras hacían efectiva una orden de captura en contra de un criminal en un lujoso barrio de la ciudad.</em></li>



<li><em>Además del comercio de pieles y la pérdida de hábitat, el tráfico ilegal de especies con fines de mascotismo ha sido uno de los principales problemas que han enfrentado los ocelotes en Latinoamérica: en Colombia, desde 2010, las autoridades han decomisado más de 340 de estos félidos, entre ejemplares vivos y muertos.</em></li>



<li><em>Un ocelote en el mercado negro puede costar alrededor de 6 millones de pesos (unos 1400 dólares).</em></li>



<li><em>En Cali, el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (DAGMA) se encargó de valorar y recuperar al ocelote decomisado mediante un proceso exitoso, pero de un futuro incierto.</em></li>
</ul>



<p>Absorto, el&nbsp;<strong>ocelote gruñe con emoción mientras el cangrejo avanza lentamente frente a sus ojos color caramelo.</strong>&nbsp;La pinza derecha, entre azul y verde, es dos o tres veces más grande que la izquierda y el crustáceo la mantiene erguida, como si se tratara de un escudo y estuviera a punto de entrar en batalla. Sin moverse, el félido lo observa caminar torpemente sobre el concreto seco, la silueta de las pinzas difusa contra el tono menta de la malla sombra y la malla de acero de simple torsión que sirve como trasfondo.</p>



<p>Durante alrededor de un minuto, el ocelote vigila los movimientos del cangrejo. Tuerce la nariz, olfatea el aire y se encoge sobre sí mismo. Tensiona los músculos de su forma esbelta y ágil, forjada para cazar. Las manchas de su flanco derecho, estelas negruzcas llamadas cadenetas, parecen formar cuatro dedos de una mano esquelética. Relucen, al igual que su pelaje azafrán claro, bajo el sol de las once de la mañana en Cali, Colombia. Así, agazapado, su cuerpo se ve tenso, como un resorte a punto de salir disparado.</p>



<p>A un par de metros, el cangrejo se aleja con su pinza azulada en el aire. Detrás, un mono aullador gruñe, provocado por un hombre. Se escuchan cantos de loras, chillidos de guacamayas y los gritos desesperados de media docena de monos capuchinos. Un río corre al otro lado de la vegetación, a su derecha. Hay sonidos lejanos de autos, murmullos de personas y el golpe acuoso de gusanos que caen a un estanque desde casi un metro de altura. También hay olores a los que el ocelote se ha ido acostumbrando desde hace casi siete meses. Algunos, quizás, los conoció hace años,&nbsp;<strong>antes de su captura y la separación de su madre</strong>, pero casi todos son nuevos: tortugas hicoteas, tortugas charapas, tortugas de tierra, caracaras, águilas, zarigüeyas, heces y orinas de decenas de animales que van y vienen, humanos y los demás como él, incluido el otro ocelote —ese a quien teme—, que aún está tan cerca.</p>



<p>A pesar de todo lo que ocurre a su alrededor, se concentra en el cangrejo. Lee sus pasos y levanta de manera pausada sus gruesas zarpas. Mantiene las garras contraídas —las cinco de cada pata delantera y las cuatro de cada trasera—, mientras da un paso y luego otro, el vientre blanco espolvoreado pegado al concreto, las orejas redondas enfocadas como antenas parabólicas en su presa.</p>



<p>Se acerca en silencio, las almohadillas de sus extremidades ahogan el peso de su cuerpo. Nuevamente, da otro paso y otro más, en cámara lenta, y queda a casi un metro y medio de distancia de la pinza que lo desafía.&nbsp;<strong>En otra vida, saltaría, golpearía al cangrejo con sus zarpas</strong>&nbsp;y rápidamente trituraría el caparazón con sus colmillos. Lo comería con gusto, extrayendo la carne blanca con su lengua rugosa. Pero esta mañana de abril de 2025, encoge las patas delanteras y, de repente, se detiene, como si el juego y la fantasía de libertad hubiesen terminado.</p>



<p>Se incorpora, observa al cangrejo violinista a través de las rejas de su jaula de cuatro por cuatro metros, y camina con aparente tedio hasta una casa de madera blanca que le sirve de dormitorio. Sale segundos más tarde y da vueltas y vueltas, en tanto su presa dobla por una esquina y desaparece.</p>



<p>A escasos metros, alguien susurra su nuevo nombre: «Barto».</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263723"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/12171418/ocelote-colombia-horizontal.jpg" alt="Ilustración de Alma Ríos." class="wp-image-263723" /><figcaption class="wp-element-caption">Ilustración de Alma Ríos.</figcaption></figure>



<h3 class="wp-block-heading">El decomiso</h3>



<p>El 8 de octubre de 2024, agentes de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol de la Policía Nacional de Colombia llegaron a una casa en Ciudad Jardín, un lujoso barrio residencial en el sur de&nbsp;<strong>Cali</strong>. Varios investigadores venían desde Bogotá para hacer efectiva una orden de captura relacionada con&nbsp;<strong>armas y tráfico de drogas</strong>. Durante el allanamiento, los agentes escucharon un sonido extraño. Con precaución entraron al cuarto de donde provenía. En una jaula oscura, con doble enmallado,&nbsp;<strong>hallaron a un ocelote (<em>Leopardus pardalis</em>) de aspecto enfermizo</strong>.</p>



<p>Sin saber muy bien qué hacer, pidieron apoyo a la unidad local de la policía y al Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (DAGMA), una entidad ambiental adscrita a la Alcaldía, que se encarga, entre otras funciones, de cuidar, atender y, en la medida de lo posible,&nbsp;<strong>rehabilitar a los animales incautados por tráfico de fauna</strong>. El hombre a quien se le decomisó el ocelote se rehúso a contarle a los agentes cuál era el nombre del félido, con qué lo alimentaba o cómo lo había obtenido. Tampoco dijo para qué lo tenía allí.</p>



<p>Desde 2010, las autoridades<strong>&nbsp;en Colombia han decomisado más de 340 ocelotes, entre ejemplares vivos y muertos</strong>, de acuerdo con datos obtenidos a través de derechos de petición al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, seis secretarías distritales de ambiente de las principales ciudades del país y las 33 corporaciones autónomas regionales, los organismos que normalmente reciben los animales traficados.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263374"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/07233606/Colombia-2-Contenedores-piscinas-concreto-jaulas-tortugas-aves-felinos-Cali-Foto-Santiago-Wills-768x512.jpg" alt="Colombia 2 Contenedores piscinas concreto jaulas tortugas aves felinos Cali - Foto Santiago Wills" class="wp-image-263374" /><figcaption class="wp-element-caption">Contenedores plásticos, piscinas de concreto y jaulas alojan tortugas, aves y felinos decomisados en Cali. Los ocelotes Barto, Ernesto y Gato viven en las jaulas que se ven frente a las de las loras. Foto: Santiago Wills</figcaption></figure>



<p>La mayoría de estos félidos vivían en hogares como mascotas. Las personas llevaban a casa los cachorros luego de matar a su madre —casi siempre debido a conflictos relacionados con muertes de animales domésticos o por simple miedo—, o se los compraban a traficantes,&nbsp;<a href="https://ojo-publico.com/5550/operacion-peluche-asi-funciona-la-caza-ilegal-y-el-trafico-monos" target="_blank" rel="noreferrer noopener">quienes actualmente&nbsp;<strong>los venden por cerca de 6 millones de pesos</strong></a><strong>&nbsp;(alrededor de 1400 dólares</strong>). Luego los criaban como si fueran gatos domésticos hasta que agredían a alguien, el costo de alimentarlos se volvía insostenible o hasta que escapaban de sus encierros y asustaban a los vecinos, quienes llamaban a las autoridades. Algunas personas los entregan de manera voluntaria, pero otras hacen todo lo posible por esconderlos, incluso después de que ha habido ataques a personas o animales domésticos.</p>



<p><strong>El ocelote es el tercer félido más grande de América</strong>, después del jaguar (<em>Panthera onca</em>) y el puma (<em>Puma concolor</em>). Entre las al menos once especies de félidos pequeños que viven en el continente (estudios genéticos recientes han elevado subespecies a la categoría de especies), todas pertenecientes al género&nbsp;<em>Leopardus,</em>&nbsp;con la excepción del yaguarundí (<em>Herpailurus yagouaroundi</em>), el ocelote es el de mayor tamaño y el más estudiado.&nbsp;<strong>Pesa entre 10 y 15 kilogramos</strong>, el equivalente de un perro Beagle adulto, y<strong>&nbsp;mide entre 1 y 1.4 metros</strong>&nbsp;desde la punta de su nariz hasta el final su cola (<a href="https://creators.spotify.com/pod/profile/wildanimals/episodes/Bobby--the-worlds-largest-ocelot-ebri4s#:~:text=Apr%2027%2C%20202030:08,ocelots%20had%20the%20last%20laugh." target="_blank" rel="noreferrer noopener">Bobby</a>, el ocelote más grande que se ha registrado, pesaba 18.6 kg, similar a un Bull Terrier adulto).</p>



<p>El tono de su pelaje es blanco en el vientre, la garganta, la boca, los cachetes, el contorno posterior de las orejas y alrededor de los ojos. En el resto del cuerpo, los tonos oscilan desde ámbar pálido hasta el canela. Cadenas de manchas con patrones únicos recorren sus flancos y los ayudan a camuflarse entre los matorrales. Los ocelotes pueden distinguirse fácilmente del margay (<em>Leopardus wiedii</em>) y la oncilla (<em>Leopardus pardinoides</em>) por la forma de sus cadenetas: las de los ocelotes tienen las manchas abiertas, mientras que las del margay y la oncilla son cerradas.</p>



<p>Al igual que ocurre con los demás félidos pintados,&nbsp;<strong>las manchas sirven para identificar a la especie</strong>&nbsp;y a cada individuo. Sus formas pueden asemejarse a contornos de islas, especies de hongos poco conocidas, mapas de ríos, siluetas de pinturas rupestres de cuevas europeas o dedos de manos esqueléticas en proceso de abrirse.</p>



<p>Para su infortunio,&nbsp;<strong>su belleza inverosímil atrae a los humanos desde hace miles de años</strong>. Sus pieles, al igual que las del jaguar, se comerciaban y eran de uso común entre los nobles de culturas como la inca, la maya, la olmeca, la azteca, la mexica, la calima y otras decenas en la Amazonía y el resto de América (en algunos casos, las&nbsp;<a href="https://www.mesoweb.com/Simposio/pdf/25/Martinez.2012.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">enterraron</a>&nbsp;con ellos). La pasión por las pieles sobrevivió a la caída de las culturas precolombinas y, con el tiempo,&nbsp;<strong>ganó terreno en Europa y Estados Unidos</strong>.</p>



<p>El clímax de la atracción llegó el siglo pasado, luego de que&nbsp;<a href="https://www.newyorker.com/magazine/2022/03/28/should-leopards-be-paid-for-their-spots" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Jacqueline Kennedy —no es broma— sin querer popularizara el estampado de leopardo</a>&nbsp;entre la población general, como narra Jo Weldon en su libro&nbsp;<em>Fierce: The History of Leopard Print</em>. Los ocelotes fueron los félidos más afectados. De acuerdo con&nbsp;<a href="https://www.researchgate.net/publication/265666588_The_Tigrilladas_in_Colombia" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un estudio</a>, anualmente se cazaron cerca de 200 000 animales de esta especie desde principios y mediados de los años 70.&nbsp;<strong>Solo entre 1968 y 1969, Estados Unidos reportó la importación legal de más de 262 000 pieles de ocelote</strong>&nbsp;(de estas, más de 140 000 provenían de Brasil y casi 50 000 de Colombia).</p>



<p>La caza indiscriminada mermó de forma tan drástica la población de individuos que naciones como Brasil, Colombia y otros países de la Amazonía prohibieron la caza interna de félidos. En 1972, incluso&nbsp;<strong>el gobierno estadounidense buscó frenar la importación de pieles</strong>&nbsp;a través de&nbsp;<a href="https://www.nytimes.com/1972/02/03/archives/us-moves-to-bar-pelts-of-big-cats-proposes-to-add-8-species-to-the.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">una propuesta</a>&nbsp;del Departamento de Estado.</p>



<p>La preocupación por las poblaciones de ocelotes y otros félidos manchados contribuyó en parte a la aprobación y entrada en vigor, en 1975, de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), el acuerdo que regula el comercio global de especies para evitar la sobreexplotación y posible extinción de animales, plantas y hongos.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/12171311/Diana-Stasiukynas.jpg" alt="" class="wp-image-263711" /></figure>



<p>Gracias a CITES, la venta de pieles disminuyó considerablemente, aunque no desapareció por completo. Entre 1980 y 1984, por ejemplo,&nbsp;<strong>Paraguay, el principal comercializador tras la oficialización del tratado</strong>,&nbsp;<a href="https://cites.org/sites/default/files/eng/cop/07/prop/E07-Prop-21_Felis.PDF" target="_blank" rel="noreferrer noopener">exportó más de 120 000 pieles</a>&nbsp;de ocelote.</p>



<p>La caza para las confecciones de moda dejó de ser el mayor problema de la especie solo hasta finales de los 80, cuando&nbsp;<strong>el ocelote pasó del Apéndice II al Apéndice I</strong>&nbsp;del tratado, la clasificación reservada para las plantas, animales y hongos más amenazados.</p>



<p>Con el fin de ese comercio, las poblaciones se comenzaron a recuperar. En 1990, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la organización encargada de evaluar el estado de las especies,&nbsp;<strong>clasificó al ocelote como Vulnerable</strong>, lo que quiere decir que la población se había reducido a la mitad y las causas eran conocidas. Seis años más tarde, en la siguiente clasificación,<strong>&nbsp;el ocelote pasó a ser de Preocupación Menor</strong>, una categoría en la que se encuentran las especies que no están en peligro de extinción. Allí ha permanecido hasta la actualidad.</p>



<p>Hoy las principales amenazas a las que se enfrentan los ocelotes son la fragmentación y la pérdida de hábitat, la caza por retaliación y el tráfico ilegal para el mercado de mascotas en países como Colombia, de acuerdo con la&nbsp;<a href="https://www.iucnredlist.org/fr/species/11509/97212355" target="_blank" rel="noreferrer noopener">UICN</a>.</p>



<p>En la primera mitad del siglo XX se puso de moda tener ocelotes como mascotas. Actores y actrices de Hollywood, cantantes de ópera y músicos fueron fotografiados con estos animales. El más famoso sin duda fue Babou, un ejemplar que al parecer&nbsp;<a href="https://www.anothermag.com/design-living/2472/salvador-dalis-ocelot" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un presidente colombiano le regaló a Salvador Dalí en los años 70</a>.</p>



<p>Babou viajaba a todas partes con el pintor surrealista, destruyendo lo que encontraba a su paso y viviendo una vida más bien miserable, según un amigo del artista, excepto por un día en que escapó y asustó a los comensales de un lujoso restaurante.</p>



<p>De acuerdo con biólogos y veterinarios,&nbsp;<strong>la vida coartada de Babou es la regla para los félidos que terminan en los hogares de las personas</strong>, sin importar los recursos que estas tengan. En su medio natural, los ocelotes pasan horas recorriendo los bosques en busca de presas. Un estudio en las selvas peruanas halló, por ejemplo, que los ocelotes caminaban, en promedio,&nbsp;<a href="https://www.researchgate.net/publication/284152759_A_field_study_of_ocelots_Felis_pardalis_in_Peru" target="_blank" rel="noreferrer noopener">casi 10 horas cada noche</a>.</p>



<p>Su vida, como la de muchos otros félidos, está definida por el movimiento y la exploración de su territorio, que cambia a diario con la aparición de nuevas presas y estímulos. Estos comportamientos están claramente limitados en una jaula, una casa o cualquier otra clase de encierro.</p>



<p>En el caso del ocelote incautado en Cali, esto resultaba evidente tanto para los agentes que lo descubrieron, como para el personal del DAGMA que llegó ese mismo día a la casa en Ciudad Jardín.<strong>&nbsp;El animal parecía llevar por lo menos un año en cautiverio.</strong>&nbsp;Tenía el pelaje descolorido y un aspecto enfermizo. Desesperado, bufaba y gruñía cuando las personas se acercaban. Sus ojos caramelo miraban con aparente furia.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263375"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/07234243/Colombia-3-Veterinaria-mono-capuchino-hogar-de-paso-DAGMA-Foto-Santiago-Wills-768x512.jpg" alt="Colombia 3 Veterinaria mono capuchino hogar de paso DAGMA - Foto Santiago Wills" class="wp-image-263375" /><figcaption class="wp-element-caption">Una veterinaria limpia los dientes de un mono capuchino sedado en el quirófano del hogar de paso del DAGMA. Foto: Santiago Wills</figcaption></figure>



<p>El equipo de rescate tardó casi una hora en meterlo en una cesta de protección para trasladarlo hasta el hogar de paso del DAGMA. En una de las fotos que le tomaron ese día, se encuentra parado en su estrecha jaula con los ojos entrecerrados. En medio de la oscuridad, se adivinan las negras cadenetas en forma de cuatro dedos que marcan su flanco derecho.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Los compañeros de encierro</h3>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263376"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/07234724/Colombia-4-Joven-ocelote-hogar-de-paso-Dagma-Cali-Foto-Santiago-Wills-768x512.jpg" alt="Colombia 4 - Joven ocelote hogar de paso Dagma Cali - Foto Santiago Wills" class="wp-image-263376" /><figcaption class="wp-element-caption">Un joven ocelote gruñe al ver a un periodista asomándose al cajón de madera donde descansa, en el hogar de paso del Dagma, en Cali. Foto: Santiago Wills</figcaption></figure>



<p>Cuando recibieron al nuevo, el ocelote residente más antiguo a cargo del DAGMA era Tontín, un félido que había llegado de cachorro en 2017 y se había criado en las jaulas y pasillos arbolados del vivero donde se ubica el hogar de paso, en el norte de Cali. Se ganó su nombre a pulso: se comió una tortuga y una iguana, y atacó a otro ocelote y a una de sus cuidadoras.</p>



<p><strong>Durante años trataron de reubicarlo en vano</strong>&nbsp;en el zoológico de la ciudad, pero este ya tenía suficientes félidos y no quería incurrir en un gasto adicional. Para octubre de 2024, cuando llegó el ocelote incautado en Ciudad Jardín, Tontín ya llevaba un tiempo enfermo y algunos de los biólogos y veterinarios estaban preocupados por su futuro.</p>



<p>Otros dos ocelotes en el hogar de paso eran Ernesto y Gato. Ernesto llegó en 2020. Según la mujer que lo entregó a la Policía, el animal había entrado a su casa en busca de alimento. Tenía solo un testículo, pero, en general, estaba sano. Los ocelotes macho alcanzan la madurez sexual y abandonan a sus madres alrededor de los dos años. Las hembras maduran aproximadamente al año y medio.</p>



<p>Ernesto no había alcanzado esa edad o, cuando menos, esa madurez. Tenía comportamientos juveniles y, por cómo buscaba a las personas era evidente que había sido la mascota de alguien.&nbsp;<strong>Buscaba acercarse a los humanos y jugar con ellos</strong>. En lugar de cazar y matar las presas que le dejaban en su jaula, jugaba con ellas. Nunca perdió esa actitud infantil, de acuerdo con Leidy Albino, una bióloga de 31 años que forma parte del equipo del DAGMA.</p>



<p>Gato llegó en 2022 y tenía una personalidad muy diferente. Cuando aún era un juvenil, las personas que lo mantenían como mascota lo llevaron a un veterinario. El profesional lo atendió, pero les dijo a los dueños que debían entregarlo. Un par de días después, llamaron al hogar de paso.</p>



<p>Cuando lo evaluaron,&nbsp;<strong>el animal pesaba apenas 3 kilogramos y estaba en pésimas condiciones</strong>. Le habían limado los colmillos y lo habían amansado. Ingresó a una cuarentena, lo desparasitaron y, poco a poco, se volvió más fuerte. No solo jugaba a cazar, sino que, contrario a Ernesto, era capaz de matar y comer pequeñas presas vivas. Creció y maduró, y conservó su instinto de cazador. En las noches, cuenta el personal del DAGMA,&nbsp;<strong>a Gato le gusta acechar a las personas desde su jaula</strong>. Si se acercan mucho, a veces lanza un zarpazo.</p>



<p>El ocelote que encontraron durante el allanamiento en el sur de la ciudad tenía características de uno y de otro, aunque estas tardaron en manifestarse. Parecía un adulto, pero su tamaño era más pequeño de lo normal. Era castrado, pesaba 8.9 kg y medía 107 centímetros desde la nariz hasta la cola.&nbsp;<strong>Su pelaje parecía desgastado y pálido</strong>, quizás por la falta de luz a la que había estado sometido. Sus ojos caramelo seguían a las personas con aparente desconfianza.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/12171316/Leidy-Albino.jpg" alt="" class="wp-image-263712" /></figure>



<p>La veterinaria que lo valoró al ingresar calificó su estado corporal con un 2.5/5.&nbsp;<strong>Los exámenes de sangre dieron positivo para&nbsp;<em>Bartonella</em></strong>, un género de bacterias que puede causar problemas cardíacos, letargia, anemia transitoria, afecciones renales, neurológicas y óseas, entre otros problemas. En los humanos, estas bacterias producen la enfermedad de rasguño de gato, que puede ocasionar ganglios linfáticos hinchados, fiebre, dolor de cabeza, fatiga y pérdida de apetito. Le recetaron antibióticos, lo dejaron en cuarentena hasta que se curó y lo trasladaron a una de las jaulas.</p>



<p>Su recuperación estuvo dirigida por Delio Orjuela, el coordinador operativo del hogar de paso de fauna del DAGMA, y su equipo. Orjuela, un recursivo veterinario de 57 años, llegó por primera vez a la entidad en 2017. De niño, en Fresno, Tolima, grababa en casetes el audio de&nbsp;<em>Naturalia</em>, un programa de animales que se transmitió en la televisión colombiana durante casi veinte años.</p>



<p>Cuando se graduó de la escuela quería estudiar Zoología, pero la carrera no existía en el país. Por error, se matriculó en una licenciatura en Biología, en Cali, sin saber que el énfasis del programa no estaba en el estudio de los animales, sino en la enseñanza.</p>



<p>Le fue tan mal en la universidad que su padre dejó de apoyarlo económicamente, así que tuvo que rebuscarse dinero cortando césped y vendiendo enciclopedias puerta a puerta. Un día, en 1987, se cansó y fue al zoológico de la ciudad a pedir empleo.</p>



<p><strong>En ese tiempo, la mayoría de los trabajadores eran campesinos</strong>, pues las labores requerían de un esfuerzo que escapaba a la mayoría de la población: cortar y acarrear más de 100 kilos de pasto para los rinocerontes, limpiar los encierros de elefantes, tapires y osos, y preparar los alimentos de centenares de aves, reptiles y mamíferos marinos.</p>



<p>Orjuela era flaco y no estaba acostumbrado al trabajo físico, por lo que compensó su debilidad con energía y tiempo. A los pocos meses, empezó a seguir de cerca a Jorge Alberto Gardeazabal, uno de los pioneros en la veterinaria de animales silvestres en Colombia. Aprendió lo que pudo de él hasta que se dio cuenta de que debía regresar a la universidad, esta vez a la carrera correcta.</p>



<p>El zoológico le prestó dinero para la matrícula a cambio de su trabajo. En 1997, se graduó de la Universidad del Tolima y regresó a tiempo completo a la capital del Valle del Cauca.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263377"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/07234941/Colombia-5-Delio-Orjuela-veterinarios-guacharaca-Foto-Santiago-Wills-768x512.jpg" alt="Colombia 5 - Delio Orjuela veterinarios guacharaca - Foto Santiago Wills" class="wp-image-263377" /><figcaption class="wp-element-caption">Delio Orjuela y su equipo de veterinarios operan la órbita izquierda infectada de una joven guacharaca que perdió un ojo. Cada día, hacen procedimientos para intentar salvar animales de decenas de especies que llegan maltratados o rescatados del tráfico. Foto: Santiago Wills</figcaption></figure>



<p>Estuvo en el Zoológico de Cali hasta 2005. Allí conoció las particularidades de delfines, leones marinos, caballos, tigres, leones, cocodrilos, loros, águilas y otros animales con los que había soñado viendo Naturalia. También vio de cerca y revisó a decenas de ocelotes. Manejarlos a veces era complicado, un rezago de su comportamiento silvestre.</p>



<p>Los ocelotes son cazadores oportunistas. En las noches caminan por el bosque en busca de sus presas, un listado inagotable que, dependiendo del lugar, incluye ratas, coatíes, perezosos, tamandúas, tortugas, ranas, serpientes, peces, lagartos, iguanas, pavas, aves domésticas —la principal fuente de conflictos con los humanos—, pacas, pecaríes, insectos, armadillos, venados pequeños, monos aulladores y decenas de especies de aves silvestres.</p>



<p>“Tienen una cola relativamente más corta que la de otros félidos pequeños, como el margay, lo que les impide moverse con la misma agilidad en las ramas de los árboles”, dice Orjuela. No obstante, son escaladores lo suficientemente buenos como para cazar monos y perezosos.&nbsp;<strong>Los territorios de los machos suelen cubrir el de varias hembras</strong>, así que las peleas, sobre todo en coberturas boscosas reducidas, son comunes.</p>



<p>En cautiverio viven cerca de 20 años, casi el doble de lo habitual en sus hábitats naturales, pues evitan enfermedades, enfrentamientos, el estrés y desgaste natural que conlleva la depredación. Al igual que otros félidos, con frecuencia pasan los días recorriendo sus jaulas de manera casi enfermiza.&nbsp;<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0168159100001696" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Sus horarios de actividad cambian</a>&nbsp;y, en parte, pierden sus hábitos nocturnos para ajustarse al horario de los humanos. Si un animal termina por descuido en su jaula o si, como Babou, un día logran evadirse y disfrutar de algo de libertad, pueden llegar a atacar.</p>



<p>Al principio, Barto —el nombre que le pusieron al nuevo ocelote en referencia a la&nbsp;<em>Bartonella</em>, la bacteria que portaba—, era arisco y algo traicionero. Costaba manejarlo. Bufaba constantemente y lanzaba zarpazos. Poco a poco, sin embargo, se fue acostumbrando al encierro que Orjuela había diseñado.</p>



<p>El hogar de paso funciona dentro de una hectárea en el vivero del DAGMA, el equivalente a un poco más de una cancha de fútbol. Mensualmente, en promedio, llegan casi 400 animales, por lo que, a pesar de las maromas y esfuerzos que hace Orjuela, ni el espacio ni la financiación son suficientes.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263378"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/07235340/Colombia-6-Jaulas-de-periquitos-hogar-de-paso-DAGMA-Foto-Santiago-Wills-768x512.jpg" alt="Colombia 6 - Jaulas de periquitos hogar de paso DAGMA - Foto Santiago Wills" class="wp-image-263378" /><figcaption class="wp-element-caption">Jaulas de periquitos en el hogar de paso del DAGMA. El personal debe encontrar espacio para alojar a las centenares de aves, reptiles y mamíferos que llegan cada mes. Foto: Santiago Wills</figcaption></figure>



<p>Algunas de las jaulas de dos por dos metros se encuentran organizadas en paralelo y tienen subdivisiones entre ellas, lo que permite ampliarlas cuando la rotación de animales no es muy grande. Esos espacios privilegiados casi siempre se reservan para los félidos y los mamíferos grandes. Barto comenzó a vivir en uno de ellos al poco tiempo de llegar. Su hogar incluye una casita de madera blanca, un bidón de gasolina rojo vacío y gruesas sogas anudadas que cuelgan del techo para que juegue.</p>



<p>Allí se recuperó en menos de medio año con la ayuda del personal del DAGMA. Ganó casi medio kilo en el primer mes y su pelaje azafrán claro con los cuatro dedos esqueléticos se tornó bruñido. Su temperamento también cambió. Tenía una personalidad casi infantil, similar a la de Ernesto. Ese temperamento es la consecuencia de la castración temprana a la que seguramente lo sometieron, comenta Leidy Albino.</p>



<p>Barto aprendió a entrar a un cubil adyacente al encierro, donde es fácil manejarlo para ponerle vacunas o guardarlo mientras limpian su espacio. Lo llamaban por su nombre para que entrara y luego le daban pollo o carne en un ejemplo de condicionamiento clásico. A Orjuela no le gusta bautizarlos, pero es inevitable que alguien lo haga después de un tiempo. Hoy, cuando Albino lo llama por su nombre, Barto hace un sonido similar a un rugido y se restriega con las rejas (es más bien un gruñido ronco, pues los ocelotes en realidad no rugen, sino que maúllan, chillan, bufan y hacen otros sonidos, pero los únicos félidos que tienen la estructura en la laringe para rugir son los que pertenecen al género&nbsp;<em>Panthera</em>).</p>



<p>Orjuela y Albino se alegran de su progreso, aunque no saben muy bien qué va a pasar con él. Algo parecido ocurre con los demás ocelotes en el hogar de paso.&nbsp;<strong>En enero de 2025, Tontín tuvo que ser sacrificado</strong>. Tenía una patología renal crónica y pancreatitis, pero, más allá de eso, ningún zoológico o refugio había querido recibirlo en casi siete años.</p>



<p>Al igual que ocurre con los jaguares, rehabilitar a un ocelote que ha sido una mascota o que ha tenido contacto estrecho con humanos es prácticamente imposible, según comenta Diana Stasiukynas, coordinadora de Ciencias de la organización Panthera en Colombia. Se han liberado algunos, pero nadie sabe muy bien qué ha ocurrido con ellos, ya que es muy costoso ponerles collares. En ese sentido,&nbsp;<strong>no se puede decir que esas liberaciones hayan sido exitosas</strong>.</p>



<p>La rehabilitación de ocelotes suele ser difícil, por un lado, porque es necesario que aprendan a cazar, pues en la mayoría de los casos sus madres nunca les pudieron enseñar. Barto, por ejemplo, no sabe matar. Una vez le pusieron una codorniz en la jaula y jugaba con ella, la golpeaba con las almohadillas de sus patas y la perseguía, pero no la mataba. La tuvieron que sacar, sacrificarla y luego dársela para que se la comiera. El instinto de algunos puede sobreponerse, pero entrenarlos es un proceso costoso y los organismos ambientales a veces son reacios a otorgar permisos para darles presas vivas.</p>



<p>Por otro lado, y esto es quizás lo más difícil en opinión de Orjuela, deben aprender a temer nuevamente a las personas. Esto rara vez ocurre, pues los animales asocian a los humanos con su comida y, por lo tanto, los buscan. Cuando los liberan en un lugar silvestre, los ocelotes de cautiverio suelen acercarse a las personas, por lo que los pueden matar por miedo o por retaliación. En el mejor de los casos, alguien llamará otra vez a las autoridades para que se los vuelvan a llevar.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263379"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/07235550/Colombia-7-Barto-hogar-de-paso-Foto-Santiago-Wills-768x512.jpg" alt="Colombia 7 - Barto hogar de paso - Foto Santiago Wills" class="wp-image-263379" /><figcaption class="wp-element-caption">Barto, en su jaula, en el hogar de paso. De acuerdo con un estudio, los ocelotes pueden llegar a caminar 10 horas cada noche en busca de alimento. Foto: Santiago Wills</figcaption></figure>



<p>Los expertos consideran que salvo casos extraordinarios, los ocelotes traficados no pueden liberarse. Debido a ello, el mejor escenario para estos félidos es terminar en un zoológico o en un refugio de vida silvestre.&nbsp;<strong>Pero en Colombia, ni los unos ni los otros dan abasto.</strong>&nbsp;La mayoría ya tienen parejas de ocelotes exhibidos o pocos recursos para alimentar nuevos carnívoros. En un lugar como el hogar de paso del DAGMA, donde los recursos y el espacio son limitados, esto a veces significa que Orjuela debe tomar decisiones sobre la vida y la muerte de los animales.</p>



<p>Desde que fueron decomisados, el DAGMA ha ofrecido sin éxito a Ernesto, a Gato y a Barto a zoológicos y refugios. Lo más probable es que los diez o quince años de vida que le quedan a Barto en cautiverio se reduzcan, excepto contadas ocasiones, a los 16 metros cuadrados enriquecidos con cuerdas, bidones, maderas y otros elementos donde hoy se entretiene observando a los animales que ocasionalmente pasan frente a su encierro. E incluso ese futuro es incierto.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Los hombres hablan</h3>



<p>Barto mira a través de las rejas hacia la malla sombra, pero no hay nada. El cangrejo se resiste a volver. Da vueltas y vueltas por su encierro, pero el crustáceo se ha ido. Entra a su casa de madera blanca, se acuesta y, de inmediato, sale de nuevo. Al otro lado de la reja, ahora hay un hombre desconocido. Lo observa con sus ojos caramelo y bufa antes de caminar hasta una placa metálica reforzada que lo separa de la jaula de otro ocelote.</p>



<p>La tarde del 25 de marzo, Barto percibió la presencia del otro félido y se acercó a la placa. El otro, Ernesto, hizo lo mismo. Apretaron, golpearon y de alguna manera hicieron fuerza hasta que el metal se dobló y se creó una apertura. En ese momento, Barto lo tuvo frente a frente por primera vez.</p>



<p>Se abalanzó sobre su cuerpo y lucharon hasta que Ernesto atrapó su pata delantera izquierda. Intentó liberarla de sus fauces, pero lo mordió con más fuerza. Sintió cómo los colmillos raspaban su piel y cercenaban la división entre dos de sus dedos. Ernesto sostuvo su pata allí, la sangre corriendo por la herida, hasta que una mujer y un hombre los separaron con agua. Tuvieron que suturarlo, reconstruir la parte interdigital y cogerle cinco puntos. Luego fortalecieron la división entre las dos jaulas, para evitar que volvieran a pelearse.</p>



<p>Barto pasea por su pequeño y delimitado hogar. Se acerca un poco a un hombre nuevo y desconocido que sostiene una cámara fotográfica en sus manos. Lo observa, se aburre y se aleja hacia la placa. Fuera de su encierro, el mono aullador dejó de gruñir, pero los capuchinos continúan gritando. Lo mismo las loras y las guacamayas, que rara vez se detienen. Sus chillidos y cantos hacen parte del trasfondo de la vida de Barto, al igual que las máquinas lejanas, el estallido ocasional de la pólvora y las voces insistentes de las personas. Se acuesta en su casa mientras el hombre nuevo (el periodista) y el hombre que ya conoce (Delio Orjuela) hablan y hablan:</p>



<p>—Es lamentable dejar que se envejezca en cautiverio… aquí tuvimos uno que era más pequeño [que Barto] cuando llegué en 2017. Nunca lo pudimos reubicar y murió hace cuatro meses…</p>



<p><strong>—¿Ese fue…?</strong></p>



<p>—Hubo que hacer la eutanasia [a Tontín] después de siete años en cautiverio. Le buscamos espacio en zoológicos y nunca le conseguimos… El otro ocelote [Ernesto] casi le arranca la mano al vecino. Ellos son implacables. Si uno les da la oportunidad…</p>



<p><strong>—¿Rompió la lámina? ¿Por qué?</strong></p>



<p>—Porque esa es una de las cosas que la gente no entiende. Muchas veces no es estar vivo, no es respirar, es calidad de vida. Entonces, para uno de ellos saber que hay otro como él al lado, eso no está bien. El asunto es que nosotros en los centros de atención de fauna, pues hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos… Yo insisto en que la fauna visibiliza a la autoridad ambiental. La autoridad ambiental puede hacer lo que quiera con ruido, con contaminación del río o del aire, pero eso no se nota como se nota el maltrato a un animal. Esto es viral, lo que le pasa a un animal se vuelve viral… Yo sostengo que se debe invertir más en estos animales porque ellos finalmente son la imagen de la autoridad…</p>



<p><strong>—¿Cuánto tiempo le van a dar a Barto, por ejemplo?</strong></p>



<p>—Mira, al que murió hace cuatro meses, le dimos más de siete años. Somos muy pragmáticos. Esto al final es como una guerra. Tengo que pensar en qué puedo salvar… Sabemos de la bondad que hay en cada persona y en el corazón de todo el equipo, sabemos que todos han querido salvarlos. Pero si se llega a la situación [de decidir sobre el destino de un animal], va a tocar elegir, y pues no nos vamos a detener, porque tomamos decisiones de esa clase todos los días… Nos toca.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263380"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/07235810/Colombia-8-Barto-ojos-color-caramelo-Foto-Santiago-Wills-768x512.jpg" alt="Colombia 8 - Barto - ojos color caramelo - Foto Santiago Wills" class="wp-image-263380" /><figcaption class="wp-element-caption">Barto observa a un humano parado frente a su jaula con sus ojos color caramelo. Su futuro es incierto, al igual que el de los demás ocelotes que terminan siendo vendidos como mascotas. Foto: Santiago Wills</figcaption></figure>



<p><em><strong>*Este texto forma parte de una alianza entre Mongabay Latam y&nbsp;<a href="https://casamacondo.co/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Casa Macondo</a>.</strong></em></p>



<p><em><strong>**Imagen principal</strong>: Barto, un ocelote rescatado en una vivienda en Colombia, en 2024, se aferra a los alambres de su jaula en el hogar de paso del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente, en la ciudad de Cali.&nbsp;<strong>Foto:&nbsp;</strong>Santiago Wills</em></p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/gonzalo-ortuno-lopez/"></a><a href="https://es.mongabay.com/by/santiago-wills/">Santiago Wills</a> en Mongabay Latam. </em><a href="https://es.mongabay.com/2025/08/incierto-destino-ocelotes-rescatados-trafico-colombia/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Puedes revisarlo aquí.</em></a></p>



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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119434</guid>
        <pubDate>Wed, 13 Aug 2025 15:20:46 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/18102255/Colombia-1-Barto-ocelote-rescatado-en-vivienda-en-Colombia-2025-Foto-Santiago-Wills.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Así es la vida de Barto, un ocelote rescatado del tráfico de vida silvestre en Colombia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Sin salida: la irreversible realidad de los felinos que son rescatados del tráfico de animales</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/sin-salida-la-irreversible-realidad-de-los-felinos-que-son-rescatados-del-trafico-de-animales/</link>
        <description><![CDATA[<p>En un centro de rescate de Iquitos, al norte de la Amazonía peruana, vive Otto, un viejo&nbsp;jaguar&nbsp;(Panthera onca) que durante 13 años estuvo encerrado en una pequeña jaula de cemento. Era parte de la “colección privada” de un político regional de Perú que lo mantenía cautivo en una de sus propiedades, junto a otros animales [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Una investigación de Mongabay Latam revela que el tráfico de félidos, una amenaza para la biodiversidad de América Latina, sigue siendo poco documentado y en la mayoría de los países no existen registros centralizados ni información detallada por especie.</em></li>



<li><em>Es casi imposible que los animales rescatados puedan volver a la vida silvestre, ya que no cuentan con habilidades esenciales como cazar, temer a los humanos y defenderse, y pueden ser fuente de nuevas enfermedades al ser reintroducidos.</em></li>



<li><em>Hay pocos lugares con las condiciones necesarias para rehabilitar a estos animales en la región y hay bajas probabilidades de éxito, se requieren grandes extensiones de tierra, inversiones enormes de dinero y mucho tiempo.</em></li>



<li><em>Hacer liberaciones sin un protocolo adecuado puede desencadenar nuevos conflictos con comunidades o afectar la salud y la genética de poblaciones silvestres, de las que aún se conoce muy poco.</em></li>
</ul>



<p>En un centro de rescate de Iquitos, al norte de la Amazonía peruana, vive Otto, un viejo&nbsp;<strong>jaguar</strong>&nbsp;(<em>Panthera onca</em>) que durante 13 años estuvo encerrado en una pequeña jaula de cemento. Era parte de la “colección privada” de un político regional de Perú que lo mantenía cautivo en una de sus propiedades, junto a otros animales silvestres. En marzo de 2024, cuando pudieron rescatarlo, los veterinarios notaron que estaba en muy mal estado:<strong>&nbsp;no podía levantarse, pesaba tan solo 50 kilogramos, estaba deshidratado</strong>, le habían arrancado las garras, le habían quitado los colmillos y cortado las orejas.</p>



<p>Ahora, más de un año después, su condición ha mejorado. Pesa 90 kilogramos y aunque ya camina con dificultad recostándose en las paredes, ha perdido todas sus habilidades de jaguar. No puede saltar, trepar, nadar, cazar ni recorrer largas distancias. Aunque está en mejores condiciones, tendrá que continuar su vida en cautiverio, acompañado por Orita, una jaguar hembra rescatada luego de que a su madre la mataran unos agricultores, y por Togos, un ocelote que durante tres años fue criado por una familia como “mascota” —con juguetes, cama y casa de madera— hasta que reaccionó instintivamente y lastimó a uno de ellos. Aunque parecen casos excepcionales, historias como estas se repiten a lo largo de toda Latinoamérica.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263396"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/08020849/Peru-1-Prince-Jaguar-centro-de-rescate-Pilpintuwasi-Foto-Max-Cabello-768x512.jpg" alt="Perú 1 - Prince - Jaguar centro de rescate Pilpintuwasi - Foto Max Cabello" class="wp-image-263396" /><figcaption class="wp-element-caption">Prince, un jaguar geronte que fue rescatado en la Amazonía peruana, al que le cortaron la punta de las orejas y lo tuvieron más de 10 años en una pequeña jaula. Foto: Max Cabello</figcaption></figure>



<p>Desde las zonas altas de Los Andes, a más de 4000 metros sobre el nivel del mar, hasta las vastas selvas tropicales, bosques secos, manglares, humedales y desiertos,&nbsp;<strong>América Latina es habitada por una gran diversidad de gatos silvestres</strong>&nbsp;con características únicas. El jaguar —el félido más grande del continente americano— y&nbsp;<strong>el puma</strong>&nbsp;(<em>Puma concolor</em>) —un animal hábil que se adapta con facilidad a condiciones muy distintas desde el norte de Canadá hasta el sur de Chile— suelen ser los más conocidos. Pero, junto con ellos,&nbsp;<strong>otra decena de gatos silvestres medianos y pequeños recorren la región</strong>.</p>



<p>Se conoce que, de las&nbsp;<strong>38 especies de félidos</strong>&nbsp;registradas en el mundo actualmente, al menos una tercera parte se encuentra en Latinoamérica. Hay algunos manchados, como&nbsp;<strong>el ocelote</strong>&nbsp;(<em>Leopardus pardalis</em>), el tercero más grande de la región, que se mueve principalmente por bosques y selvas tropicales; o&nbsp;<strong>el margay</strong>&nbsp;(<em>Leopardus wiedii</em>), un gato pequeño que trepa árboles con agilidad y que tiene una cola más larga que su cuerpo.</p>



<p>Hay otros más extraños, como&nbsp;<strong>el</strong>&nbsp;<strong>yaguarundí</strong>&nbsp;(<em>Herpailurus yagouaroundi</em>), que por su cuerpo alargado, y su cabeza pequeña, se asemeja más a una nutria o a una comadreja que a un félido. Bien al norte está&nbsp;<strong>el lince rojo</strong>&nbsp;(<em>Lynx rufus</em>), también conocido como gato montés, un gato mediano de orejas puntiagudas que se mueve entre las zonas frías y áridas del sur de Canadá hasta Oaxaca, en el sur de México.</p>



<p>Su diversidad y su belleza los han llevado a ser víctimas de una amenaza difícil de enfrentar:&nbsp;<strong>el tráfico de fauna</strong>. Los sacan de sus hábitats —donde cumplen funciones clave para la salud de los ecosistemas— para adornar salas como “trofeos”, para hacer collares, carteras o correas con sus garras, cráneos, colmillos y pieles, e incluso se comercializan vivos ilegalmente para convertirlos en “mascotas”. Claro que, en palabras de Jim Sanderson, fundador y director de la&nbsp;<a href="https://smallcats.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Fundación para la Conservación de los Pequeños Felinos Salvajes</a>&nbsp;(SWCCF, por sus siglas en inglés), “por muy lindos que parezcan, realmente no son muy buenas mascotas… su caca huele terrible. Realmente espantoso. Si lo supieran, se les quitaría esa idea absurda de tenerlos en la casa”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263437"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/08092525/Gatos-silvestres-Colombia-Mexico-Argentina-Guatemala-no-tienen-estadisticas-detalladas-del-trafico-Foto-cortesia-Christian-Gutierrez-768x512.jpg" alt="Gatos silvestres - Colombia México Argentina Guatemala no tienen estadísticas detalladas del tráfico - Foto cortesía Christian Gutiérrez" class="wp-image-263437" /><figcaption class="wp-element-caption">Países como Colombia, México, Argentina y Guatemala no cuentan con estadísticas detalladas sobre el tráfico de félidos. Foto: Christian Gutiérrez</figcaption></figure>



<p>Aunque el tráfico de fauna es considerado un delito en la mayoría de los países de América Latina, aún se sabe muy poco sobre su magnitud, sus impactos y su verdadero alcance. Como señala José Fernando González-Maya, director científico del Proyecto de Conservación de Aguas y Tierras (ProCAT) y copresidente del Grupo de Especialistas en Pequeños Carnívoros de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN),&nbsp;<strong>es una problemática desatendida y subdimensionada</strong>. “Aunque tenemos indicios, datos y algunas sospechas de cómo funciona, apenas estamos rasguñando la superficie. Las estimaciones sobre los datos de incautaciones son una mínima parte de lo que realmente se está traficando”, asegura.</p>



<p>Países como&nbsp;<strong>Colombia, México, Argentina y Guatemala</strong>, por ejemplo,<strong>&nbsp;no cuentan con estadísticas nacionales</strong>&nbsp;detalladas ni desglosadas por especie. Y la mayor parte del comercio ilegal de fauna sigue ocurriendo sin ser detectado ni sancionado. “Esta ha sido, es y seguirá siendo una de las amenazas más críticas sobre la biodiversidad”, insiste González-Maya, quien también es profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana.</p>



<p>En el “mejor” de los casos, algunos gatos silvestres logran ser rescatados. Pero, ¿qué ocurre después?&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;siguió de cerca seis historias de félidos rescatados en seis países de la región. A pesar de los enormes esfuerzos y la buena voluntad de veterinarios, centros de rescate y conservacionistas, el panorama no es bueno: en la gran mayoría de los casos, salir de su hábitat natural es una condena a muerte o a una vida en cautiverio para estos carnívoros.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Mascotas que no son mascotas</strong></h3>



<p>En octubre de 2024, agentes de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol de la Policía Nacional de Colombia llegaron hasta una vivienda en un lujoso barrio residencial de la ciudad de Cali. Tenían que hacer efectiva una orden de captura relacionada con armas y tráfico de drogas, pero durante el allanamiento escucharon un sonido extraño. En una jaula oscura, con doble enmallado, hallaron un ocelote: el tercer felino más grande del país y —según el libro&nbsp;<a href="https://naturalia.me/wp-content/uploads/2013/12/los-felinos-colombia-2012.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Felinos de Colombia</a>— el que con mayor frecuencia se tiene de forma ilegal en cautiverio como mascota. El animal, que parecía llevar por lo menos un año encerrado, tenía el pelaje desgastado y pálido y lucía enfermo.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263438"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/08092929/Gatos-silvestres-Barto-ocelote-Cali-Colombia-cautiverio-Foto-cortesia-Santiago-Wills-768x512.jpg" alt="Gatos silvestres - Barto ocelote Cali Colombia cautiverio - Foto cortesía Santiago Wills" class="wp-image-263438" /><figcaption class="wp-element-caption">Barto, un ocelote rescatado en Cali, Colombia, que tendrá que permanecer el resto de su vida en cautiverio. Foto: Santiago Wills</figcaption></figure>



<p>En México, Mitsuo —un lince rojo rescatado— pasó su primer año en libertad, pero luego fue capturado por personas que quisieron tenerlo como si se tratara de un “gato doméstico”. Para disminuir el peligro que significaba mantenerlo en casa, intentaron quitarle sus colmillos y, durante el proceso, el lince casi muere de una hemorragia. Sora, otra lince, fue sacada de su madriguera cuando estaba recién nacida para ser ofrecida como mascota en redes sociales.&nbsp;<strong>Aunque intentaron rehabilitarla, no pudo ser liberada.</strong>&nbsp;Según datos compartidos por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), desde 2015 hasta principios de 2025, la Procuraduría General&nbsp;<strong>ha incautado 59 ejemplares de lince rojo en ese país</strong>.</p>



<p>“Los gatos silvestres no son animales que se alimenten de plantas, que no se esconden ni huyen. Todo lo contrario. Necesitan aprender a cazar, a matar y a comer. Y lo hacen mientras su madre los protege de los extraños”, asegura Jim Sanderson, director de&nbsp;<a href="https://smallcats.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">SWCCF</a>. Por eso, cuando se rescatan crías que fueron separadas de su madre —de la que aprenden todo hasta casi los dos años— es muy difícil que desarrollen esas habilidades. “Sin madre, sin práctica de caza, sin experiencia, es difícil que sobrevivan por su cuenta”, dice.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263418"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/08070222/Mexico-5-Mitsuo-se-deja-inyectar-y-revisar-por-veterinaria-Alondra-Foto-Lizeth-Ovando-768x512.jpg" alt="México 5 - Mitsuo se deja inyectar y revisar por veterinaria Alondra - Foto Lizeth Ovando" class="wp-image-263418" /><figcaption class="wp-element-caption">Mitsuo es un lince rojo al que le intentaron quitar los colmillos para tenerlo como mascota. Foto: Lizeth Ovando</figcaption></figure>



<p>Además, como explica González-Maya, de ProCAT, “un individuo que es víctima de tráfico es un individuo que ya está<strong>&nbsp;‘improntado’</strong>”, un término que se usa para describir la vinculación y dependencia del animal con el ser humano. En palabras sencillas, empiezan a asociar al humano como “el que les trae comida” y no aprenden a cazar. Por más tiempo, recursos y esfuerzos técnicos que se inviertan,<strong>&nbsp;es una tendencia casi imposible de reparar</strong>, lo que reduce al mínimo sus posibilidades de volver a la vida silvestre, comenta el especialista.</p>



<p>Cazar —dice Esteban Payán, doctor en biología, experto en félidos y fundador de la consultora Boutique Carbon— es muy difícil. “Imagina que cada vez que te da hambre tienes que entrar en una pelea para poder comer. No solo es desgastante, sino que también es peligroso, porque las presas tienen sus mecanismos de defensa evolutivos, como cuernos, cascos, dientes, velocidad, patadas, etc.”, afirma. “Para los felinos, alimentarse implica esforzarse y, si no saben hacerlo, quedan heridos o están condenados a morir de hambre”, insiste. Por eso, la gran mayoría de félidos rescatados deben permanecer el resto de su vida en cautiverio.</p>



<p>Sanderson recuerda un caso que ilustra mejor la situación. En un centro de rescate de Ecuador —comenta— intentaron rehabilitar durante más de un año a una cría de ocelote, pero, desafortunadamente, el animal se acostumbró a que la gente lo alimentara y al sabor del pollo.<strong>&nbsp;Cuando lo liberaron desconocía por completo su entorno</strong>, no sabía cazar y, probablemente, no pudo encontrar ninguna presa. Entonces empezó a morir de hambre y se acercó a la gente. “Vio un pollo suelto y lo atrapó. Los pobladores lo vieron y lo mataron al instante. Es un caso lamentable. Un año en un centro de rescate, dos semanas libre y luego muerto”, dice Sanderson, quien agrega que “pese a las buenas intenciones de rehabilitación y liberación, esto es algo que sucede todo el tiempo”.</p>



<p>Con un reto extra: gran parte de las liberaciones o reintroducciones que se hacen en América Latina&nbsp;<strong>no incluyen un seguimiento</strong>&nbsp;a través de collar con GPS o cámaras trampa de los individuos, por lo que —a diferencia del caso de Ecuador—, nunca se sabe realmente qué pasó con ellos.</p>







<h3 class="wp-block-heading"><strong>Tráfico, una amenaza común</strong></h3>



<p>El tráfico de félidos adopta distintas formas y varias de ellas pueden observarse en torno a la caza (legal e ilegal) en Argentina.&nbsp;<strong>Los pumas atraviesan una situación ambigua en este país sudamericano</strong>: aunque están recuperando territorios donde llevaban décadas desaparecidos, la falta de cifras impide tener certezas sobre la cantidad y la densidad de la población existente.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263298"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/06232428/Puma-silvestre-Foto-Susana-Torres-Mongabay-Latam.jpg" alt="Argentina 1 Puma silvestre - Foto Susana Torres. Especial de Gatos Silvestres 2025" class="wp-image-263298" /><figcaption class="wp-element-caption">Un puma rescatado de los criaderos para cotos de caza en Argentina. Foto: cortesía Susana Torres</figcaption></figure>



<p>En el país existen&nbsp;<strong>criaderos ocultos</strong>&nbsp;donde cachorros de diferentes especies —pero especialmente de puma— crecen en condiciones deplorables para luego ser&nbsp;<strong>vendidos a cotos (terrenos) de caza ilegal</strong>. Algunos ejemplares son criados en cautiverio y otros son extraídos ilegalmente de la naturaleza. Los cazadores, por lo general extranjeros, pagan altos precios por participar en lo que se conoce popularmente como “cazas enlatadas”, en las que se les garantiza que tendrán a su disposición el animal que buscan para dispararle y llevarse “el trofeo” —también ilegalmente— a casa.</p>



<p>Como explica Kai Pacha, fundadora de Pumakawa —un centro de rescate en la provincia de Córdoba al que han llegado varios de los pumas incautados—,&nbsp;<strong>para que puedan cazarlos fácilmente</strong>, los animales son encerrados en pequeñas jaulas, les lastiman las patas y los mantienen deshidratados durante mucho tiempo para que, al dejarlos salir, se muevan en la dirección que sus captores esperan: hacia el agua.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263306"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/06235642/Argentina-8-Foto-Facebook-de-Jason-Bruce-%E2%80%93-Headhunter-Chronicles-768x432.jpg" alt="Argentina 8 Foto Facebook de Jason Bruce – Headhunter Chronicles" class="wp-image-263306" /><figcaption class="wp-element-caption">El cazador Jason Bruce (derecha) participó de la caza de un puma en Argentina, con el apoyo de la empresa Caza &amp; Safari. Foto: Facebook de Jason Bruce – Headhunter Chronicles</figcaption></figure>



<p>“Las pésimas condiciones en la que se desarrollan en esos criaderos les hace perder las cualidades que les permiten ser depredadores tope cuando se mueven en libertad”, agrega Carina Righi, investigadora de Wildlife Conservation Society (WCS) Argentina. Por lo que es prácticamente imposible que vuelvan a la vida silvestre. Además,&nbsp;<strong>tampoco se sabe, a ciencia cierta, el número anual de ejemplares cazados.</strong></p>



<p>La escasez de datos es un rasgo común de la región.&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;solicitó a 40 autoridades ambientales, judiciales y policiales de Argentina, Colombia, México, Guatemala y Perú las cifras oficiales sobre incautaciones y rescates de félidos (vivos, muertos o sus partes) a nivel nacional. Solo Perú cuenta con una base de datos de incautaciones a nivel nacional, donde además detalla el nombre de la especie y, en algunos casos, el destino donde llegó el ejemplar. El resto solo cuenta con información parcial, por lo que&nbsp;<strong>una mirada general (pero subestimada) sobre el tráfico de félidos</strong>&nbsp;en estos países podría verse de la siguiente manera.</p>



<p>En Argentina, la&nbsp;<a href="https://drive.google.com/file/u/6/d/1YLaKUtM7W4bpYX3rrXw28_w4SVEG121Y/view?usp=sharing" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Subsecretaría de Ambiente de la Nación</a>&nbsp;(antes Ministerio de Ambiente) informó que, entre 2017 y 2024,&nbsp;<strong>el animal más traficado en el país fue el puma</strong>, con 167 incautaciones. La mayoría eran “trofeos de caza” conformados por cráneos, pieles y garras, pero también se rescataron 20 ejemplares vivos que iban destinados a “surtir” cotos de caza.</p>



<p>El informe aclara que los datos “incluyen sólo las incautaciones efectuadas por el área de fiscalización de fauna del Estado Nacional” y que no existe en el país una base de datos sistematizada que recopile todo lo relacionado al tráfico de fauna, así que las operaciones que las provincias hayan realizado por su cuenta no figuran en el resumen general.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263400"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/08022023/Peru-4a-artesanias-hechas-con-partes-de-jaguar-en-Iquitos-Foto-Max-Cabello-768x512.jpg" alt="Perú 4a - artesanías hechas con partes de jaguar en Iquitos - Foto Max Cabello" class="wp-image-263400" /><figcaption class="wp-element-caption">En 2024, las autoridades de fauna forestal en Loreto, Perú, realizaron un megaoperativo en las tiendas de artesanías hechas con partes de jaguar en Iquitos. Foto: Max Cabello</figcaption></figure>



<p>En Guatemala, las estadísticas solo reportan las incautaciones de grandes grupos de vertebrados, es decir que desde 2010 a 2025 las autoridades tienen registro de&nbsp;<strong>790 incautaciones de mamíferos silvestres</strong>, pero no se sabe cuántos de estos son félidos.</p>



<p>En México, el tercer país más grande de la región y fronterizo con&nbsp;<strong>Estados Unidos</strong>&nbsp;—<strong>país con el mayor número de decomisos de partes de jaguar entre 2000 y 2018</strong>,&nbsp;<a href="https://cites.org/sites/default/files/articles/CITES_Study_on_Illegal_Trade_in_Jaguars_ESP.pdf#page=14" target="_blank" rel="noreferrer noopener">según las Naciones Unidas</a>— las cifras de incautaciones de félidos a nivel nacional son desproporcionadamente bajas. Según la respuesta de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) a una solicitud de información, entre 2015 y 2024 se incautaron 12 subproductos de jaguar (piel, cráneos y especímenes completos), dos piezas de lince, una piel de ocelote y seis piezas de subproductos de puma. Además, aseguraron que no tenían estadísticas o registro de félidos traficados en redes sociales.</p>



<p>Sin embargo,&nbsp;<a href="https://zslpublications.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/acv.70001" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un estudio</a>&nbsp;publicado en enero de 2025 en la revista&nbsp;<em>Animal Conservation</em>&nbsp;evidenció que en ese país, solo a través de redes sociales y plataformas de internet, se vendieron entre 2011 y 2022&nbsp;<strong>las partes de 68 jaguares y 34 pumas</strong>; y se ofrecieron los colmillos de al menos siete ocelotes, así como las pieles de siete linces y tres margays. Las publicaciones analizadas también sugieren que al menos 15 jaguares, cinco ocelotes y tres linces vivos fueron ofrecidos como mascotas.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263399"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/08022017/Peru-3-Subgerencia-de-gestion-de-fauna-silvestre-en-Loreto-productos-hechos-con-partes-de-jaguar-Foto-Max-Cabello-768x512.jpg" alt="Perú 3 - Subgerencia de gestión de fauna silvestre en Loreto - productos hechos con partes de jaguar - Foto Max Cabello" class="wp-image-263399" /><figcaption class="wp-element-caption">En las oficinas de la subgerencia de gestión de fauna silvestre en Loreto, Amazonía peruana, se conservan varios de los productos hechos con partes de jaguar que las autoridades decomisan, como tapices hechos con pieles curtidas de jaguar. Foto: Max Cabello</figcaption></figure>



<p>“Estas diferencias hacen que sea especialmente difícil determinar, a partir de la información fragmentada y limitada disponible actualmente, si el comercio ilegal está aumentando o no”, señala&nbsp;<a href="https://cites.org/sites/default/files/articles/CITES_Study_on_Illegal_Trade_in_Jaguars_ESP.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un informe</a>&nbsp;publicado por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) sobre el tráfico del jaguar, en 2021. Esto muestra la gravedad del delito y la dificultad para obtener información confiable, ya que&nbsp;<strong>el resto de gatos silvestres son mucho menos investigados y estudiados</strong>&nbsp;que el jaguar.</p>



<p>En Colombia tampoco hay información que reúna las incautaciones o rescates realizados por las autoridades nacionales, la Policía, las 33 Corporaciones Autónomas —autoridades ambientales territoriales— y las secretarías de ambiente distritales de las principales ciudades. El Ministerio de Ambiente respondió que actualmente se encuentra en una “fase de recopilación, organización y análisis de insumos proporcionados por las autoridades ambientales regionales”, por lo que, por ahora, no hay un estimado de las cifras a nivel nacional.</p>



<p>Una base de datos realizada para esta investigación muestra, sin embargo, la escala del problema. Si solo hablamos de ocelotes, como el que fue incautado a finales del año pasado en Cali,&nbsp;<strong>desde 2010 se han decomisado más de 340 de estos animales</strong>, entre ejemplares vivos y muertos, según la información de cada una de las corporaciones autónomas y secretarías distritales, obtenida vía transparencia. La mayoría vivían en hogares como mascotas.</p>



<p>De todos los países analizados para este especial, Perú es el único que lleva un registro a nivel nacional sobre incautaciones y decomisos de félidos. El Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) informó a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;que, entre 2014 y 2024, el país registró la incautación de&nbsp;<strong>591 especímenes de félidos</strong>&nbsp;(entre los que se incluyen partes, productos y animales vivos o muertos). De estos, 183 eran ejemplares vivos de nueve especies:&nbsp;<strong>el ocelote era el más incautado (42 ejemplares)</strong>, seguido por el margay (33), y el puma y el yaguarundí (con 27 cada uno). Además, se incautaron 128 pieles, 124 colmillos, 51 garras y 22 cráneos.</p>



<p>“Todavía nos hace falta entender la magnitud del tráfico de fauna y, en especial, de los félidos. Y los gobiernos de la región deberían prestar mucha más atención a esto. No es posible que todavía estén saliendo tigrillos —o cualquier especie de gato silvestre— por un aeropuerto o una terminal de buses”, insiste el experto González-Maya.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Falta de información y de protocolos</strong></h3>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263439"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/08093712/Gatos-silvestres-yaguarundi-Herpailurus-yagouaroundi-cuerpo-cafe-alargado-cabeza-pequena-Foto-cortesia-Christian-Gutierrez-768x512.jpg" alt="Gatos silvestres - yaguarundí Herpailurus yagouaroundi cuerpo café alargado cabeza pequeña - Foto cortesía Christian Gutiérrez" class="wp-image-263439" /><figcaption class="wp-element-caption">El yaguarundí (‘<em>Herpailurus yagouaroundi</em>’) es un félido muy distinto al resto. Tiene un cuerpo alargado y una cabeza pequeña. Foto: Christian Gutiérrez</figcaption></figure>



<p>A un centro de rescate que se encuentra en el departamento de Petén, en Guatemala, llegó en 2024 un yaguarundí. Es uno de los nueve que ha recibido el lugar desde 2012 y que han sido entregados por la División de Protección a la Naturaleza (Diprona) y el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).</p>



<p>Las autoridades lo encontraron a más de 400 kilómetros de distancia, en la ciudad capital. Sin embargo, al centro no le entregaron muchos detalles sobre cómo llegó, dónde fue incautado, en qué condiciones estaba, o si lo recuperaron de una casa o del monte. Esa historia desconocida&nbsp;<strong>es un reto más en los difíciles procesos de evaluación y posible rehabilitación</strong>. Además, no saber de dónde vienen los animales y cuáles son sus “costumbres” puede generar nuevos problemas.</p>



<p>Los gatos silvestres rescatados, dice el copresidente del Grupo de Especialistas en Pequeños Carnívoros, son “una papa caliente”. “Lo que suele ocurrir —explica— es que las autoridades necesitan darle al animal una disposición rápida. ¿Por qué? Porque una liberación adecuada, que cumpla con los estándares y protocolos necesarios, es extremadamente costosa, de largo plazo y tiene muy pocas probabilidades de éxito”. Esto, sin mencionar que los pocos centros de rescate en la región&nbsp;<strong>ya no dan abasto</strong>, que los recursos y el espacio son limitados y que reciben nuevos animales constantemente.</p>



<p>Payán coincide: “Son animales que pueden vivir 15 años y hay que alimentarlos con enormes cantidades de carne costosa; que no se pueden tener en jaulas de 2×2 metros porque se estresan y se lastiman intentando salir de ahí, y hay muy pocos refugios habilitados —o con cupos disponibles para recibir más animales— que cumplan con todos esos requisitos”.</p>



<p>La falta de información y de protocolos, señalan los expertos, conducen a liberaciones inadecuadas que pueden acarrear otros problemas sanitarios y genéticos. Los jaguares del Chocó biogeográfico, por ejemplo, no son iguales a los de Centroamérica o a los de la Amazonía. Pese a que son de la misma especie, sus poblaciones tienen diferencias genéticas. “Si liberamos un ejemplar en una zona que no es la de su población, estamos alterando esa composición genética que lleva siglos evolucionando. Y si, además, no se hizo un trabajo juicioso para saber si el individuo estaba enfermo, ponemos en riesgo a los que se encuentran en estado silvestre”, dice Payán.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263420"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/08070240/Mexico-7-linces-bebes-son-alimentados-con-biberon-Foto-Lizeth-Ovando-768x512.jpg" alt="México 7 - linces bebés son alimentados con biberón - Foto Lizeth Ovando" class="wp-image-263420" /><figcaption class="wp-element-caption">En México, algunos linces bebés son vendidos como mascota a través de redes sociales. Foto: Lizeth Ovando</figcaption></figure>



<p>Si hablamos de conservación, agregan los investigadores, el objetivo es proteger a las poblaciones de la especie en estado silvestre, con su composición genética y salud, y no ponerlas en riesgo por el bienestar de un individuo. Además,<strong>&nbsp;puede haber otros agravantes</strong>: si se reubica a un animal que estaba comiendo ganado o aves de corral, se está trasladando el problema a una comunidad humana que no necesariamente lo tenía. “Y así seguimos dañando la imagen de la especie, a pesar de que sabemos que podemos convivir con ellos”, insiste Payán.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263405"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/08022101/Peru-8-Prince-chequeo-veterinario-Pilpintuwasi-Foto-Marlon-del-Aguila-768x512.jpg" alt="Perú 8 - Prince chequeo veterinario - Pilpintuwasi - Foto Marlon del Águila" class="wp-image-263405" /><figcaption class="wp-element-caption">El jaguar Prince en chequeos médicos realizados después de un año de su rescate. Foto: cortesía Marlon del Águila</figcaption></figure>



<p>¿Cómo cambiarlo? Para González-Maya está pendiente un tema urgente: la regulación. “Tiene que haber una reglamentación clara sobre los mínimos que deben tener las autoridades ambientales o los centros de rehabilitación para atender y procesar estos casos. Que desde un punto de vista netamente veterinario y técnico se cree un protocolo que permita evaluar el estado en el que llegan para definir el destino final de estos animales, ya sea su liberación o permanecer en cautiverio o, cuando sea inevitable, la eutanasia”, dice.</p>



<p>Si es un animal recién capturado del monte, que está lastimado, pero que no ha tenido contacto con humanos y se puede rehabilitar en el corto plazo, aumentan las posibilidades de una liberación, comenta González-Maya. “Pero —agrega— los que tenían al gatito de meses, es claro que va a terminar en cautiverio”.</p>



<p>Como hasta ahora no existe en la región un protocolo con ese nivel de detalle, la rehabilitación y la posibilidad de liberación se vuelve un tema “subjetivo”. Por eso, para los expertos, las liberaciones no son necesariamente “casos exitosos”. “<strong>Son muy pocos los animales que han sido liberados con collares</strong>&nbsp;para monitorearlos, por lo que no se sabe qué ocurrió con ellos”, dice Payán. ¿Pudieron volver a cazar? ¿Murieron al enfrentarse con otro ejemplar por un territorio? ¿Fueron cazados? ¿Los mataron por comerse una gallina? ¿Se enfermaron?</p>



<p>“Sí hay formas de hacer reintroducciones exitosas, pero eso requiere muchos procesos que en la actualidad no se están haciendo, empezando por monitorear y por medir”, insiste el experto.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Xamã, uno de los pocos casos de éxito</h3>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263385"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/08005631/Brasil-2-Xama-2022-cuando-fue-capturado-en-Mato-Grosso-Foto-Noelly-Castro-World-Animal-Protection-768x512.jpg" alt="Brasil 2 - Xamã 2022 cuando fue capturado en Mato Grosso- Foto Noelly Castro - World Animal Protection" class="wp-image-263385" /><figcaption class="wp-element-caption">El caso del jaguar Xamã, en Brasil, es uno de los pocos eventos de reintroducción exitosos en la región. Su proceso de rehabilitación costó entre 140 mil y 180 mil dólares. Foto: cortesía Noelly Castro – World Animal Protection</figcaption></figure>



<p>En Brasil, gracias al trabajo de la organización&nbsp;<a href="https://oncafari.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Onçafari</a>&nbsp;y al apoyo de la organización World Animal Protection, se encuentra<strong>&nbsp;uno de los pocos casos que son ejemplo</strong>&nbsp;en la región: Xamã, que fue rescatado cuando tenía tan solo dos meses, se convirtió en el primer jaguar macho en ser reintroducido con éxito en el bioma amazónico.</p>



<p>Aunque Brasil&nbsp;<a href="https://ora.otca.org/wp-content/uploads/2022/10/ORA_Informe-Tecnico-Trafico-Especies-CITES_jul2022_ESP.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">también se enfrenta</a>&nbsp;a la caza ilegal de jaguares, el comercio ilegal de partes de félidos y venta de gatos silvestres para colecciones privadas, Xamã no fue víctima de tráfico. En 2022, cuando era un cachorro, tuvo que enfrentarse a los devastadores incendios que se extendieron en el estado de Mato Grosso, en el arco de deforestación amazónico,<strong>&nbsp;donde avanza con fuerza la agroindustria</strong>. Se sospecha que su madre fue víctima del incendio o que perdió al cachorro mientras intentaba huir de las llamas, por lo que Xamã fue encontrado solo, desnutrido, deshidratado y débil.</p>



<p>Desde entonces empezó una tarea titánica para ayudarlo a recuperarse. Pero, para dar el primer paso, dos aspectos fueron claves: que a pesar de su cansancio temporal gozaba de buena salud y que era extremadamente reacio a los humanos. Con eso, los expertos confiaron en que podría ser un buen candidato para una posible reintroducción en la naturaleza. Sin embargo, nada estaba garantizado.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_263386"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/08/08005927/Brasil-3-Recinto-en-Para-donde-vivio-Xama-antes-de-ser-reintroducido-en-la-naturaleza-Foto-cortesia-Oncafari-768x512.jpg" alt="Brasil 3 - Recinto en Pará donde vivió Xamã antes de ser reintroducido en la naturaleza - Foto cortesía Onçafari" class="wp-image-263386" /><figcaption class="wp-element-caption">Recinto de Onçafari, de 15 mil metros cuadrados, donde tuvo lugar gran parte de la rehabilitación de Xamã. Foto: cortesía Onçafari</figcaption></figure>



<p>El proceso duró casi dos años. Después de pasar cinco meses en el hospital veterinario de Sinop, en Mato Grosso, el félido estuvo en condiciones de viajar más de 700 kilómetros por tierra para llegar al enorme recinto de rehabilitación de Onçafari, con 15 mil metros cuadrados, en la mitad del bosque amazónico.</p>



<p>Poco a poco&nbsp;<strong>aprendió a alimentarse por sí mismo y dejó de ser sumiso</strong>&nbsp;con los jaguares libres que paseaban al otro lado de la reja. Hacía respetar su territorio con actitudes desafiantes. Fue entonces cuando, en octubre de 2024, la puerta del refugio se abrió finalmente para que, cuando quisiera, saliera a la selva, una técnica conocida como&nbsp;<em>soft release</em>.&nbsp;<strong>Xamã tardó 12 horas en dejar el resguardo y nunca más volvió</strong>.</p>



<p>A partir de entonces es monitoreado por un collar GPS que emite su ubicación 12 veces al día. En estos meses no solo se ha mantenido vivo, sino que se ha desplazado por más de 43 mil hectáreas. Por eso los biólogos, veterinarios y conservacionistas consideran que, hasta ahora, ha sido un caso exitoso. Lograrlo, sin embargo, implicó la participación de decenas de&nbsp; profesionales, tiempo, espacio y mucho dinero. Según Júlia Trevisan, bióloga y coordinadora de vida silvestre de World Animal Protection, el proceso de rehabilitación hasta la liberación fue posible&nbsp;<strong>gracias a una inversión de entre 140 mil y 180 mil dólares</strong>, unas cifras difíciles de lograr para cada individuo rescatado.</p>



<p>Ahora, en libertad, Xamã se enfrenta a otras amenazas. Los jaguares han sufrido&nbsp;<strong>una pérdida de casi el 38 % de su hábitat en Brasil</strong>&nbsp;e importantes disminuciones de sus poblaciones en todo su rango de distribución. Según el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales, esta especie está clasificada como Vulnerable en el país, pero en algunas zonas las poblaciones han sido evaluadas como En Peligro o En Peligro Crítico de extinción, debido a su aislamiento, protección deficiente o la poca cantidad de ejemplares.</p>



<p>Jim Sanderson, sin embargo, cree en un futuro prometedor: “Lo que nos da realmente esperanza es saber que la naturaleza puede responder muy rápido, que las poblaciones de estos félidos pueden recuperarse. Pero esto solo es posible si les damos la oportunidad”.</p>



<p><em><strong>Imagen principal:&nbsp;</strong>Ilustración de Alma Ríos</em></p>



<p><strong>REFERENCIAS</strong></p>



<p><em>CITES. (2021). Estudio de CITES sobre el comercio ilegal de jaguares. Secretaría de la CITES. https://cites.org/sites/default/files/articles/CITES_Study_on_Illegal_Trade_in_Jaguars_ESP.pdf</em></p>



<p><em>CITES (2022). Informe mundial sobre el comercio de fauna y flora silvestres. Ginebra (Suiza) https://cites.org/sites/default/files/common/docs/S-World_Wildlife_Trade_Report_CITES.pdf</em></p>



<p><em>De la Torre, J.A.; Duchez, K.; Radachowsky, J. Characterization and Extent of Illegal Trade in Jaguars and Other Felid Species via Social Media in Mexico. Anim. Conserv. 2025, https://doi.org/10.1111/acv.70001.</em></p>



<p><em>Payán Garrido, E. y Soto Vargas, C. 2012. Los Felinos de Colombia. Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Instituto de Investigaciones de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt y Panthera Colombia. 48 pp. https://naturalia.me/wp-content/uploads/2013/12/los-felinos-colombia-2012.pdf</em></p>



<p><em>Ruiz-Tagle, M.N., Sosnowski, M., Barthuly, B., Petrossian, G.A. 2022. Tráfico Ilegal de Cinco Especies del Apéndice I de CITES Emblemáticas para la Región Amazónica. Informe técnico preparado para el Proyecto Bioamazonía. Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, Brasil. Disponible en: https://ora.otca.org/wp-content/uploads/2022/10/ORA_Informe-Tecnico-Trafico-Especies-CITES_jul2022_ESP.pdf</em></p>



<p><em>El artículo original fue publicado por&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/by/gonzalo-ortuno-lopez/"></a><a href="https://es.mongabay.com/by/daniela-quintero-diaz/">Daniela Quintero Díaz</a>&nbsp;en Mongabay Latam.&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/2025/08/felinos-rescatados-trafico-animales-latinoamerica/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Puedes revisarlo aquí.</em></a></p>



<p><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119443</guid>
        <pubDate>Tue, 12 Aug 2025 15:35:31 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Sin salida: la irreversible realidad de los felinos que son rescatados del tráfico de animales]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Áreas protegidas y territorios indígenas: el refugio clave para los jaguares en la Amazonía</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/areas-protegidas-y-territorios-indigenas-el-refugio-clave-para-los-jaguares-en-la-amazonia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cuando se habla de&nbsp;jaguares, la Amazonía representa un mosaico complejo de ecosistemas con diferencias en la composición del suelo, características hidrológicas, condiciones climáticas y en la presión que ejercen las actividades humanas sobre ellos. Todos estos factores afectan la abundancia y distribución del&nbsp;gran félido americano&nbsp;y hace difícil establecer sus densidades poblacionales. La complejidad de esta [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Más de 20 científicos se unieron para estimar la densidad de jaguares en 22 áreas protegidas y territorios indígenas en la Amazonía de Brasil, Perú, Ecuador y Colombia.</em></li>



<li><em>Los resultados del análisis mostraron una población de 6389 individuos en las zonas de estudio, cifra supera la población estimada de jaguares en varios países donde se distribuye la especie.</em></li>



<li><em>El hallazgo sorprendió a los expertos, ya que su área de estudio representa tan solo el 2.5 % de la cuenca amazónica.</em></li>



<li><em>El estudio sugiere la implementación de programas de monitoreo continuo en las áreas protegidas de la Amazonía para garantizar que sigan siendo un bastión para la especie.</em></li>
</ul>



<p>Cuando se habla de&nbsp;<strong>jaguares</strong>, la Amazonía representa un mosaico complejo de ecosistemas con diferencias en la composición del suelo, características hidrológicas, condiciones climáticas y en la presión que ejercen las actividades humanas sobre ellos. Todos estos factores afectan la abundancia y distribución del&nbsp;<strong>gran félido americano</strong>&nbsp;y hace difícil establecer sus densidades poblacionales.</p>



<p>La complejidad de esta enorme selva tropical ha llevado a que la mayoría de los estudios sobre el jaguar presenten estimaciones de población para pocos sitios, lo que&nbsp;<strong>dificulta evaluar la situación del depredador en toda la región</strong>.</p>



<p>“Las estimaciones de densidad publicadas para la Amazonía son escasas e incluso las estimaciones de población de jaguares para toda su área de distribución se produjeron con pocos datos de la&nbsp;<strong>Amazonía</strong>, que&nbsp;<strong>representa aproximadamente el 70 % de la distribución de la especie</strong>”, indica&nbsp;<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0006320725000473" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un artículo publicado en marzo en la revista Biological Conservation</a>&nbsp;y que pretende llenar ese vacío de información.</p>



<p>Más de 20 científicos se unieron y utilizaron datos de cámaras trampa combinados con modelos espaciales para&nbsp;<strong>estimar las densidades de jaguares en 22 áreas protegidas en Brasil, Colombia, Perú y Ecuador</strong>. De esta manera encontraron un promedio de 3.08 jaguares por cada 100 kilómetros cuadrados.</p>



<p>En algunas áreas las densidades del félido eran mucho menores, con un promedio de 0.6 jaguares en el caso de la Reserva Biológica Cuieiraras, en el bajo río Negro (Brasil), y en otras eran muy altas, con 9.97 jaguares en la Reserva de Desarrollo Sostenible Mamirauá, en las llanuras de inundación del río Amazonas, también en Brasil.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259141"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/03111733/Jaguar-SERFOR-768x512.jpg" alt="El jaguar es una especie categorizada como Casi Amenazada por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza. Foto: cortesía Serfor" class="wp-image-259141" /><figcaption class="wp-element-caption">El jaguar es una especie categorizada como Casi Amenazada por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza. Foto: cortesía Serfor</figcaption></figure>



<p>“Nuestros resultados revelaron que las 22 áreas protegidas combinadas albergan un&nbsp;<strong>tamaño estimado de población de jaguares de 6389 individuos</strong>, lo que destaca la importancia de las áreas protegidas para la conservación de esta especie emblemática”, resalta el artículo, que además insta a implementar programas de monitoreo continuo en todas las áreas protegidas de la Amazonía y frenar las crecientes presiones por actividades humanas, “lo cual es fundamental para garantizar que estas áreas sigan siendo un bastión para la especie”.</p>



<p><strong>Lee más |</strong><a href="https://es.mongabay.com/2025/03/entrenador-perros-tigreros-rastrean-jaguares-protegerlos/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Con olfato y corazón: la historia del entrenador y los “perros tigreros” que rastrean jaguares para protegerlos</a></p>



<h4 class="wp-block-heading">El reto de saber cuántos</h4>



<p>Valeria Boron, experta en jaguares y félidos neotropicales, asesora principal de programas de WWF en Reino Unido y coautora del artículo, recuerda que en 2018 participó de un estudio científico importante porque estimaba la población del jaguar en toda su distribución, pero reconoce que, al ver los datos,&nbsp;<strong>se aprecia un vacío de información para la Amazonía</strong>. “Ya había unos datos publicados para Amazonía, pero no muchos”, comenta.</p>



<p>En eso coincide Marcelo Oliveira, oficial senior de Conservación de la Biodiversidad en WWF Brasil, quien menciona que&nbsp;<strong>durante mucho tiempo hubo escasa colaboración científica</strong>, porque pocos investigadores compartían datos antes de publicar sus artículos. Esto hizo que Oliveira pusiera sobre la mesa el tema de la cooperación en varias reuniones de&nbsp;<em>Jaguar Alliance</em>, una alianza de varias organizaciones que trabajan por la conservación del jaguar.</p>



<p>Hace unos seis años Oliveira y varios colegas empezaron a mapear los sitios e instituciones que tenían datos sobre el gran félido de América y hace aproximadamente tres años Oliveira comenzó a&nbsp;<strong>organizar la cooperación</strong>&nbsp;entre todos los socios que hoy son coautores del estudio.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_241019"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/03/20152652/Familia-Tolosa-Beltran.-Vereda-Sabanas-de-la-Fuga-768x512.jpeg" alt="" class="wp-image-241019" /><figcaption class="wp-element-caption">Jaguar fotografiado por una cámara trampa ubicada en la vereda Sabanas de La Fuga, Colombia. Foto: cortesía de las Comunidades Monitoras Corredor del Jaguar</figcaption></figure>



<p>Los científicos quedaron sorprendidos con los resultados que obtuvieron. Guilherme Costa Alvarenga, biólogo en la Unidad de Investigación para la Conservación de la Vida Silvestre de la Universidad de Oxford, asociado del Instituto Mamirauá para el Desarrollo Sostenible y autor principal del artículo científico, asegura que&nbsp;<strong>uno de los hallazgos más sorprendentes fue el gran tamaño de la población estimada</strong>&nbsp;de jaguares, sobre todo si se considera que el estudio abarca sólo una pequeña porción de la Amazonía.</p>



<p>“Para ponerlo en perspectiva, predijimos aproximadamente 6000 jaguares en un área de más de 200 000 kilómetros cuadrados dentro de las&nbsp;<strong>22 áreas protegidas muestreadas</strong>. Esta cifra es particularmente importante dado que nuestra área de estudio representa sólo el&nbsp;<strong>2.5 % de la cuenca amazónica</strong>”, dice Costa.</p>



<p>El artículo científico destaca que tan solo 22 áreas albergan un tamaño poblacional que supera incluso las estimaciones para países enteros, como México, que son de gran relevancia para la conservación del jaguar. Sin embargo destaca que muchos sitios, como la Reserva Extractiva Chico Mendes, el Parque Nacional de Juruena y la Estación Ecológica Terra do Meio, que aún presentan altas densidades de jaguares, están ubicados a lo largo del arco de deforestación de Brasil, donde&nbsp;<strong>la pérdida de bosques va en aumento</strong>, especialmente en tierras públicas sin título de propiedad.</p>



<p>Otro aspecto importante del estudio es que no sólo considera áreas naturales protegidas sino también algunos&nbsp;<strong>territorios indígenas</strong>, de los cuales también&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2022/07/ipbes-reconoce-los-aportes-de-los-pueblos-indigenas-en-la-conservacion-de-las-especies-silvestres-del-planeta/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">existe amplia información científica</a>&nbsp;sobre su importancia en la conservación de la biodiversidad y la lucha contra la crisis climática.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_215119"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2020/05/18014804/Jaguar-en-Cuyabeno_-c%C3%A1mara-trampa-%C2%A9WWF-Ecuador-1.jpg" alt="Jaguar captado por cámara trampa en Cuyabeno, Ecuador. Foto: ©WWF Ecuador." class="wp-image-215119" /><figcaption class="wp-element-caption">Jaguar captado por cámara trampa en Cuyabeno, Ecuador. Foto: ©WWF Ecuador</figcaption></figure>



<p>Precisamente, la información de Colombia se basa en los datos y el trabajo que han hecho los indígenas del resguardo Predio Putumayo, en el sur del país.</p>



<p>“Es importante que se demuestra con datos, y no sólo con palabras, que el papel de los pueblos indígenas en la conservación es realmente clave”, dice Jaime Cabrera, especialista en monitoreo comunitario de WWF Colombia, organización que trabaja y asesora al resguardo Predio Putumayo.</p>



<p>Cabrera comenta que un factor que influye en que muchos pueblos indígenas en Colombia sean exitosos en la conservación de los bosques es que tienen una&nbsp;<strong>gran autonomía sobre sus territorios</strong>&nbsp;y los resguardos son propiedad colectiva, cosa que no ocurre en otros países de la región. “En la COP16 de Biodiversidad que se realizó en Cali [en octubre de 2024] una de las grandes conclusiones es que se debe trabajar en la seguridad jurídica de los territorios indígenas porque su aporte a la conservación es grandísimo”, afirma Cabrera.</p>



<p><strong>Lee más</strong>&nbsp;|<a href="https://es.mongabay.com/2025/04/reintroduccion-jaguares-animales-rescatados-trafico/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">La reintroducción de los jaguares: ¿qué pasa con los animales que son rescatados del tráfico?</a></p>



<h4 class="wp-block-heading">Zonas con mayor y menor densidad de jaguares</h4>



<p>Uno de los resultados más notables del análisis es que&nbsp;<strong>la densidad de jaguares varía significativamente entre algunas áreas</strong>. Sin embargo, los científicos aseguran que esto no significa necesariamente que las zonas donde se estima una menor presencia de jaguar estén menos conservadas, sino que el paisaje amazónico es heterogéneo.</p>



<p>“Nuestros resultados revelaron que las mayores densidades de jaguares ocurren en regiones con mayor&nbsp;<strong>productividad primaria</strong>&nbsp;[cantidad de biomasa que producen las plantas]”, indica el artículo científico.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_248084"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/12/08185301/PORTADA-brazil_0609-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-248084" /><figcaption class="wp-element-caption">Un mosaico de reservas forestales legales, pastos y explotaciones de soja en la Amazonia brasileña. Foto: Rhett A. Butler</figcaption></figure>



<p>Esa mayor productividad primaria, explica Boron, refleja mejores condiciones para los jaguares, “hay más recursos, más cantidad de presas y mayores densidades de jaguar”.</p>



<p>Cabrera agrega que en territorios con mayor productividad, el jaguar no necesita moverse en áreas tan extensas porque tiene&nbsp;<strong>presas suficientes y la vegetación</strong>&nbsp;se regenera más rápido. Además, menciona que algunos de los lugares más productivos están hacia la desembocadura del río Amazonas y en la parte occidental del bioma, donde hay mayor aporte de nutrientes de los Andes.</p>



<p>Según el investigador, Mamirauá está en la desembocadura del Amazonas y tiene unas densidades de jaguar muy grandes porque&nbsp;<strong>hay muchos peces</strong>&nbsp;y este es&nbsp;<strong>el felino más acuático</strong>&nbsp;que existe, así que “pesca mucho”. “Esto no significa que, por ejemplo, Mamirauá esté mejor conservado que Predio Putumayo, lo que pasa es que simplemente la productividad es mayor”, enfatiza.</p>



<p>Los científicos que participaron en el estudio insisten en que mientras los jaguares prosperan en la Amazonía,&nbsp;<strong>las poblaciones en otras regiones se enfrentan a graves amenazas humanas</strong>, a menudo hay muy pocos individuos y muchos viven aislados.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_253730"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2024/08/19164210/EK000352-768x512.jpg" alt="Jaguar captado en cámara trampa en Colombia. Foto: Cortesía ProCAT." class="wp-image-253730" /><figcaption class="wp-element-caption">Jaguar captado en cámara trampa en Colombia. Foto: Cortesía ProCAT</figcaption></figure>



<p>“Esta pérdida de conectividad provoca&nbsp;<strong>endogamia</strong>&nbsp;y una&nbsp;<strong>menor diversidad genética</strong>, lo que aumenta aún más la susceptibilidad de las poblaciones”, comenta Costa, y agrega que desafortunadamente el caso de la Amazonía es una excepción porque la realidad de los jaguares en gran parte de su área de distribución es preocupante.</p>



<p>Aunque la situación de la Amazonía sigue siendo alentadora hasta el momento, Oliveira considera que sigue siendo muy importante&nbsp;<strong>reducir la deforestación y mantener los corredores ecológicos</strong>. “Si tenemos áreas protegidas aisladas, tenemos un problema. Hay que mantener la conexión entre esas áreas y esa es una estrategia muy importante no sólo para los jaguares, sino para toda la biodiversidad”.</p>



<p><strong>Lee más</strong>&nbsp;|&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/03/sol-luna-cachorros-jaguar-rescatados-trafico-fauna-silvestre-peru/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Sol y Luna, los dos cachorros de jaguar rescatados del tráfico de fauna silvestre en Perú</a></p>



<h4 class="wp-block-heading">Más estudios sobre jaguar en proceso</h4>



<p>Los resultados del artículo publicado en la revista&nbsp;<em>Conservation Biology</em>&nbsp;son un gran avance en el conocimiento y conservación del jaguar en la Amazonía,&nbsp;<strong>uno de los lugares más importantes para la supervivencia del felino a largo plazo</strong>. Sin embargo, quedan muchos temas por explorar.</p>



<p>Valeria Boron comenta que el ejercicio de establecer las densidades del jaguar ahora se está repitiendo a escala regional para tener estimaciones más robustas.&nbsp;<strong>El jaguar es una especie que vive a densidades bajas</strong>, entonces las áreas protegidas no son suficientes para garantizar su supervivencia a largo plazo. WWF, junto con la Universidad de Oxford, utiliza datos de movimientos de los jaguares, obtenidos a través de collares satelitales para modelar corredores entre todas las áreas protegidas y tierras indígenas a lo largo del rango de distribución de la especie.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_254931"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2024/10/30124550/04110011_V1.jpeg" alt="Jaguar captado en la Reserva de la Biosfera Maya, en Guatemala. Foto: WCS Guatemala." class="wp-image-254931" /><figcaption class="wp-element-caption">Jaguar captado en la Reserva de la Biosfera Maya, en Guatemala. Foto: WCS Guatemala</figcaption></figure>



<p>“Es crucial profundizar nuestra comprensión de las estrategias más efectivas para mejorar la conectividad entre poblaciones de jaguar. Con este conocimiento podemos desarrollar e implementar planes de acción viables para restaurar y mantener corredores funcionales”, comenta Guilherme Costa Alvarenga.</p>



<p>Otro tema en el que está trabajando WWF es un estudio a gran escala, junto con el Zoológico de Londres, sobre las presas del jaguar.&nbsp;<strong>“No se puede pensar sólo en el jaguar, el jaguar depende de sus presas”</strong>, dice Boron.</p>



<p>También hay un estudio que está próximo a salir que se centra en cuáles son las cuencas más importantes de la Amazonía para las especies de agua dulce y superponerlas con las densidades de jaguares porque “<strong>entre los grandes felinos, el jaguar es el más asociado al agua</strong>“. “Por ejemplo, en una zona como Pantanal [en Brasil] caza en el agua y se ha registrado el caso de uno que aprendió a bucear para cazar caimanes”, cuenta Boron.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>REFERENCIA</strong></h4>



<p><em>Alvarenga, G. C., Tobler, M. W., Boron, V., de Carvalho Jr, E. A. R., Morato, R. G., Endo, W., … &amp; da Costa, M. O. (2025). Jaguar (Panthera onca) density and population size across protected areas and indigenous lands in the Amazon biome, its largest stronghold. Biological Conservation, 303, 111010.</em></p>



<p><em><strong>*Imagen principal:</strong>&nbsp;jaguar, en un río dentro del Parque Nacional Madidi, Bolivia.&nbsp;<strong>Foto:</strong>&nbsp;SERNAP</em></p>



<p><em>El artículo original fue publicado por </em><a href="https://es.mongabay.com/by/antonio-jose-paz-cardona/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Antonio José Paz Cardona</em></a><em> en Mongabay Latam. </em><a href="https://es.mongabay.com/2025/04/areas-protegidas-territorios-indigenas-refugio-clave-jaguares-amazonia/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Puedes revisarlo aquí.</em></a></p>



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<p></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
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        <pubDate>Thu, 10 Apr 2025 01:11:53 +0000</pubDate>
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