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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 13:01:22 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Expediciones científicas | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Viaje a las profundidades: la misión científica que descubrió el fondo marino en Uruguay</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/viaje-a-las-profundidades-la-mision-cientifica-que-descubrio-el-fondo-marino-en-uruguay/</link>
        <description><![CDATA[<p>Desde la sala de control del buque de investigación&nbsp;Falkor (too), Alvar Carranza observa las imágenes transmitidas por el&nbsp;ROV SuBastian, sumergido a más de 230 metros en aguas del mar uruguayo, cuando finalmente ve los&nbsp;arrecifes. En 2010, el biólogo marino y su equipo los habían detectado usando tecnología de mapeo, pero pasaron quince años hasta que [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>La expedición número 100 del Schmidt Ocean Institute se llevó a cabo en aguas uruguayas y fue la primera exploración profunda del margen continental del país, marcando un hito para la ciencia nacional.</em></li>



<li><em>La misión conocida como Uruguay Sub200, liderada por científicos uruguayos, utilizó tecnología de punta como el buque Falkor (too) y el ROV SuBastian, capaz de alcanzar profundidades de hasta 4500 metros.</em></li>



<li><em>Se descubrió un extenso sistema de arrecifes de coral vulnerables de aguas frías, se registraron al menos 30 posibles nuevas especies para la ciencia y, por primera vez, se exploraron los restos del naufragio ROU Uruguay.</em></li>



<li><em>Las transmisiones en vivo permitieron que miles de personas siguieran los descubrimientos en tiempo real.</em></li>
</ul>



<p>Desde la sala de control del buque de investigación&nbsp;<em>Falkor (too)</em>, Alvar Carranza observa las imágenes transmitidas por el&nbsp;<em>ROV SuBastian</em>, sumergido a más de 230 metros en aguas del mar uruguayo, cuando finalmente ve los&nbsp;<strong>arrecifes</strong>. En 2010, el biólogo marino y su equipo los habían detectado usando tecnología de mapeo, pero pasaron quince años hasta que pudo observarlos con sus propios ojos. “Hola, ¿qué tal? Tanto tiempo”, alcanzó a decir antes de romper en llanto, mientras desde&nbsp;<strong>Uruguay</strong>&nbsp;miles de personas seguían el emotivo momento a través de una transmisión en vivo.</p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/descubrimiento-cocodrilos-caribe-mexicano-nuevas-especies/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Descubrimiento en el Caribe mexicano: los cocodrilos se adaptaron a las islas y se transformaron en nuevas especies</a></strong></p>



<p>A su lado, la oceanógrafa Leticia Burone, también conmovida hasta las lágrimas, agregó: “Era una duda que teníamos: si estas estructuras, si estos corales iban a estar vivos o no. Pues bien, ahora los tenemos en la pantalla”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266065"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14192103/FKt250812-S0839-20250904T154446Z-0-scicam-CoralLandscape.jpg" alt="" class="wp-image-266065" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Desmophyllum pertusum</em>, una especie de coral pétreo de crecimiento lento de aguas frías, y un pez trompetero (<em>Notopogon sp.</em>). La imagen se capturó a 203 metros de profundidad durante una inmersión con ROV en el borde exterior de la Plataforma Continental, cerca de la cabecera del cañón submarino de José Ignacio. El sitio se encuentra bajo la influencia de la corriente de Brasil, que transporta aguas tropicales y agua antártica intermedia reciclada. Foto: cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>El hallazgo marcó un momento histórico para la ciencia marina en Uruguay. Durante 29 días de misión —culminada el 19 de septiembre de 2025— el equipo <em><strong>Uruguay Sub200</strong></em>, conformado por científicos uruguayos e internacionales y respaldado por el <strong><a href="https://schmidtocean.org/">Schmidt Ocean Institute</a></strong>, logró confirmar algo inédito: los <strong>arrecifes de coral de aguas profundas</strong> frente a la costa uruguaya no solo existen, sino que están prosperando y floreciendo. Lo que encontraron superó todas las expectativas. Formados por <strong><em>Desmophyllum pertusum</em></strong> —un coral pétreo de aguas frías, de crecimiento lento y recientemente catalogado como <strong>vulnerable a la extinción</strong>— estos arrecifes se revelaron más grandes, más saludables y más llenos de vida de lo que nadie imaginaba.</p>



<p>Aquel arrecife que Alvar Carranza y Leticia Burone describieron en vivo para el público era uno de los complejos más grandes:&nbsp;<strong>cubre un área de 1.3 kilómetros cuadrados</strong>&nbsp;—el equivalente a más de 180 canchas de fútbol— y su montículo más alto alcanza los 40 metros de altura.</p>



<p>“Cuando comunicamos el hallazgo en 2010, no sabíamos si eran realmente arrecifes de coral o gigantescas rocas con coral encima”, explica Carranza, académico de la Universidad de la República y el Centro Universitario Regional del Este, a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>. “Sabíamos que había coral ahí, pero resultó que toda la estructura era arrecife: coral sobre coral, sobre coral. Desde que los encontramos, yo decía: ‘Tengo que volver para ver esto con un submarino, con cámara, con algo…’. Era una cosa pendiente. La reacción ya la vio todo el mundo: yo me emocioné hasta las lágrimas, literalmente, al ver que estaban vivos”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266067"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14194552/FKt250812-S0848-20250912T102634Z-280-scicam-New_Bamboo_Coral.jpg" alt="" class="wp-image-266067" /><figcaption class="wp-element-caption">Una posible nueva especie de coral bambú fue documentada a una profundidad de 2415 metros en la base del cañón submarino de Cabo Polonio, frente a la costa de Uruguay. Foto: cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>Pero eso no fue todo. El equipo descubrió al menos&nbsp;<strong>30 especies potencialmente nuevas para la ciencia</strong>&nbsp;—entre esponjas, caracoles y crustáceos— y documentó cientos de organismos jamás registrados en aguas uruguayas, como calamares de cristal, el enigmático pulpo&nbsp;<em>dumbo</em>&nbsp;y peces trípode.</p>



<p>“Yo trabajo con el fondo, con el sedimento, con su morfología y con lo que está dentro de él”, explica Burone, académica de la Universidad de la República. “Allí también vamos a estudiar la fauna —la microfauna, la meiofauna—&nbsp;<strong>que no se ve, pero está</strong>. Me parece que la cantidad de especies nuevas que puedan aparecer también abre otro mundo. Son trabajos muy minuciosos, que llevan tiempo y se hacen bajo lupa, con microscopio, pero aportan muchísimos datos para la biodiversidad”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266078"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14201811/FKt250812-S0844-20250909T193810Z-scicam-Calliosthoma_GreenShrimp_1.jpg" alt="" class="wp-image-266078" /><figcaption class="wp-element-caption">Una esponja (<em>Haliclona sp</em>), sobre un gran montículo de coral pétreo&nbsp;<em>Desmophyllum pertusum</em>, documentada a 269 metros de profundidad. Esta inmersión se realizó cerca de la cabecera del cañón submarino de Cabo Polonio. Foto: cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>Lo mismo podría decirse de las muestras tomadas a lo largo de la expedición, agrega Carranza: “Las muestras de la columna de agua, del plancton y las muestras macro que obtenía el ROV con sus manitos y bracitos… en todo hay cosas nuevas para describir”.</p>



<p>Cada hallazgo ha sido como encajar piezas en un gran rompecabezas, explica el científico. “Tenés fragmentos de información, pero mínimos. Yo solía contar que los paleontólogos encuentran un diente fósil y, a partir de ese diente, reconstruyen cómo se vería el animal. Esto es como ver el dinosaurio completo: antes solo veíamos los dientes, pero ahora es como si un paleontólogo viajara al pasado, a&nbsp;<em>Jurassic Park</em>, y pudiera ver todo. Es, esencialmente, lo mismo.”</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266074"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14200535/FKt250812-S0849-20250913T145454Z-scicam-Coral_Reef.jpg" alt="" class="wp-image-266074" /><figcaption class="wp-element-caption">Se documentó la presencia de peces gallineta (<em>Helicolenus dactylopterus</em>), entre corales blandos (<em>Heteropolypus sp.</em>), a 246 metros de profundidad frente a la costa de Uruguay. La inmersión con el ROV se realizó en la cabecera del Cañón de Montevideo, en la ladera superior. Foto: cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Explorar lo desconocido</h2>



<p>El objetivo de la expedición era ambicioso:&nbsp;<strong>recorrer muchos puntos en poco tiempo</strong>&nbsp;para abarcar la enorme variabilidad ecológica de la zona económica exclusiva de Uruguay. El equipo trabajó desde los 200 hasta los 4000 metros de profundidad, a lo largo de un eje norte-sur que incluyó&nbsp;<strong>seis cañones submarinos</strong>&nbsp;con biogeografías tan distintas como el ambiente subtropical y el subantártico. “Queríamos cubrir todos los gradientes ambientales del área”, explica Carranza.</p>



<p>La posibilidad de hacerlo fue única: “Encontrarnos con esta tecnología de punta fue increíble, porque en nuestro país no tenemos un equipo así a disposición. Creo que en muy pocas partes del mundo debe existir un equipo como este, un barco como este y un ROV como este”, sostiene el científico que lideró durante dos años la solicitud al Schmidt Ocean Institute para llevar a cabo la expedición.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266069"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14195213/FKt250812-20250823-Dive827PreparationAndDeployment-Ingle-7319.jpg" alt="" class="wp-image-266069" /><figcaption class="wp-element-caption">El ROV SuBastian es lanzado desde el buque de investigación Falkor (too), frente a las costas de Uruguay, para explorar las profundidades del océano. Foto: cortesía Alex Ingle / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>Los hallazgos no dejaban de sorprender al equipo. Uno de los más fascinantes fue&nbsp;<strong>la convivencia de especies subtropicales y templadas</strong>, favorecida por la confluencia de corrientes cálidas y frías frente a la costa uruguaya. Entre los habitantes registrados en estos arrecifes se encontraban peces colibrí, caracoles de hendidura, meros y tiburones.</p>



<p>Pero una escena aún más inesperada apareció en otro punto de la expedición:&nbsp;<strong>gusanos</strong>&nbsp;<em>Lamellibrachia victori</em>, que habitan en manantiales fríos ricos en metano, creciendo junto a corales de aguas profundas. Dos comunidades que sobreviven gracias a fuentes de energía totalmente distintas —una alimentada por microalimentos de la columna de agua, la otra por compuestos químicos del lecho marino— compartiendo, sin embargo, un mismo y sorprendente paisaje submarino.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266070"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14195345/FKt250812-S0847-20250910T202903Z-0-scicam-chemosynthetic_tubeworms.jpg" alt="" class="wp-image-266070" /><figcaption class="wp-element-caption">Gusanos quimiosintéticos (<em>Lamellibrachia victori</em>) crecen junto a los montículos arrecifales. Si bien no es frecuente, estudios previos han demostrado que es una parte normal de la evolución de la comunidad. Foto: cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>Uno de los momentos más conmovedores para Leticia Burone ocurrió en el cañón submarino<strong>&nbsp;Cabo Polonio</strong>, el más grande del país. Allí, pudo ver cómo las formas del fondo marino se convertían en el hogar de muchos organismos. Pero hubo una imagen que la marcó para siempre: “El&nbsp;<strong>pulpo</strong>&nbsp;bajó delante de la cámara, se dejó caer con las patitas abiertas —sus tentáculos—, y el tipo se paró ahí, como un modelo”, ríe la científica. “Parecía que nos miraba: nunca más se me va a borrar de la mente”. Para ella, fue un instante transformador: ver ese mundo vivo y en movimiento, ahí mismo, cambió por completo su forma de relacionarse con el océano.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266064"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14190950/FKt250812-S0831-20250828T024530Z-0-scicam-OctopusCliff_3.jpg" alt="" class="wp-image-266064" /><figcaption class="wp-element-caption">Un pulpo se mueve entre corales de aguas profundas a 1612 metros, durante una inmersión del vehículo operado remotamente ROV SuBastian, cerca de la histórica estación oceanográfica 320 del HMS Challenger, donde se recolectaron las primeras muestras de coral del país, hace casi 150 años. Foto: cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>Las imágenes que revelaron los secretos del fondo marino fueron posibles gracias al&nbsp;<em><strong>ROV SuBastian</strong></em>, un vehículo submarino no tripulado operado de forma remota por el equipo del Schmidt Ocean Institute. Capaz de descender hasta los 4500 metros, está equipado con cámaras de alta definición, luces potentes y brazos articulados para recolectar muestras del lecho marino. Pero maniobrar un robot así en las profundidades no está exento de riesgos.</p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/retorno-ciguenas-area-protegida-bolivia-amenazada-invasores-incendios/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">El gran retorno de las cigüeñas a un área protegida de Bolivia amenazada por invasores e incendios</a></strong></p>



<p>“En una ocasión, a 3000 metros,&nbsp;<strong>el submarino se enganchó con un cable de pesca</strong>”, recuerda Carranza. “Además tiene seis kilómetros de fibra óptica entre él y el barco, y los pilotos maniobraron durante 40 minutos para liberarlo. Hubiera sido catastrófico. No volaba una mosca en la sala de control:<strong>&nbsp;era un quirófano</strong>”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266071"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14195811/FKt250812-20250823-Dive827PreparationAndDeployment-Ingle-7396.jpg" alt="" class="wp-image-266071" /><figcaption class="wp-element-caption">La científica Leticia Burone, de la Universidad de la República de Uruguay, e investigadores observan imágenes del fondo marino transmitidas en vivo en la Sala de Control del buque Falkor (too). Foto: cortesía Alex Ingle / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>Burone cuenta que también enfrentaron inmersiones abortadas por corrientes tan fuertes que arrastraban al vehículo. “La velocidad era tan alta y el sedimento tan inconsolidado que no podíamos ver nada. Eso se transforma en un peligro para la herramienta y para los pilotos. Pero al contrario, cualquier cosita era solucionada de forma tan ágil, que te quedabas impresionadísimo”, explica la científica.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266079"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14203557/FKt250812-20250829-Dive833_Shipwreck-Ingle-1110.jpg" alt="" class="wp-image-266079" /><figcaption class="wp-element-caption">El científico Sebastián Serra y otros investigadores trabajando para identificar corales y otros organismos durante las operaciones del ROV SuBastian. Foto: cortesía Alex Ingle / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>Esta tecnología también les permitió lograr otro hito: la expedición fue la primera en explorar los restos del&nbsp;<strong>ROU Uruguay</strong>, un destructor clase cañonera que originalmente sirvió como el USS Baron durante la&nbsp;<strong>Segunda Guerra Mundial</strong>. Estados Unidos lo transfirió a Uruguay en 1952, y fue utilizado durante décadas como patrullero y buque escuela, hasta que en 1995 fue hundido en un ejercicio naval. Hoy, tres décadas más tarde, ese mismo naufragio&nbsp;<strong>se ha transformado en un sorprendente hábitat arrecifal</strong>. El equipo dedicó un día entero a estudiarlo, recopilando datos para entender cómo ha cambiado la estructura con el paso del tiempo y evaluar la posible presencia de contaminantes.</p>



<p>“Para la arqueología submarina uruguaya es un hito porque es la primera vez que se visita un naufragio a 1000 metros de profundidad y aprendimos muchísimas cosas”, agrega Carranza. “Por ejemplo, que en 30 años el destructor pasó de ser un casco desnudo al momento del hundimiento,<strong>&nbsp;a un arrecife con fecha de nacimiento</strong>. Eso sugiere que si uno deja quietito algo en el fondo marino, con suficiente tiempo, la naturaleza lo recobra, mostrando que hay potencial de restauración o de regeneración de los sistemas marinos”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266072"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14200219/FKt250812-S0833-20250829Txx-SS-Shipwreck_01.jpg" alt="" class="wp-image-266072" /><figcaption class="wp-element-caption">El equipo de investigación exploró el naufragio del ROU Uruguay bajo el agua. Foto: cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>La visita al naufragio del ROU Uruguay tuvo una carga emocional inesperada. En la tripulación científica participaron dos arqueólogos marítimos que entraron en contacto con&nbsp;<strong>extripulantes del buque</strong>&nbsp;para entrevistarlos. Sin embargo, al ver las imágenes del barco en el fondo del mar, comenzaron a compartir historias, datos y anécdotas que enriquecieron aún más la exploración. “Creo que todos lloramos ahí; no se salvó nadie porque fue muy emocionante”, recuerda Burone. “Estar en un ambiente tan alejado de la costa y poder llevar esa información, es una forma también de que la gente se adueñe de ese patrimonio cultural”, agrega la científica.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266073"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14200347/FKt250812-S0833-20250829Txx-SS-Shipwreck_02.jpg" alt="" class="wp-image-266073" /><figcaption class="wp-element-caption">El barco utilizado originalmente durante la Segunda Guerra Mundial fue donado por Estados Unidos a Uruguay en 1952 y hundido en 1995 como ejercicio naval. Foto: cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>El componente humano estuvo presente en cada momento de la expedición y marcó profundamente a quienes participaron, agrega Burone. Durante la campaña, un hecho conmovió profundamente al equipo: falleció la madre de Alvar Carranza. “Nos desmoronamos de alguna forma”, recuerda la científica. La respuesta fue unánime: respeto, contención y una red de apoyo en medio del océano.</p>



<p>“Alvar es una persona muy querida y eso quedó claro. Todos intentamos sostenerlo y él tuvo la fuerza de continuar”, agrega Burone. Fue un mes intenso, no solo por los hallazgos científicos, sino por lo vivido a nivel emocional. “Uno sube de una forma y baja de otra”, dice. Ese tránsito compartido terminó por consolidar los lazos entre el equipo científico y la tripulación del&nbsp;<em>Falkor (too)</em>, que no solo demostró excelencia técnica, sino una calidad humana que atravesó toda la campaña, afirma la especialista.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266068"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14194749/FKt250812-20250904-ShipToShoreCall-Ingle-3929.jpg" alt="" class="wp-image-266068" /><figcaption class="wp-element-caption">El jefe científico Alvar Carranza, de la Universidad de la República, junto a miembros del equipo, narra en vivo imágenes de las profundidades marinas transmitidas para el público de Uruguay y del mundo. Las tomas fueron captadas por el ROV SuBastian, operado de forma remota por pilotos desde el buque. Foto: cortesía Alex Ingle / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Compartir en tiempo real</strong></h2>



<p>Lo vivido a bordo del&nbsp;<em>Falkor (too)</em>&nbsp;traspasó las paredes del buque. A través de las transmisiones en vivo, miles de personas siguieron la expedición desde sus pantallas, presenciando en tiempo real lo que muy pocos humanos han podido ver.</p>



<p>Para el equipo fue un desafío enorme, pero también una satisfacción profunda. No solo cumplieron sus objetivos científicos, sino que lograron algo igual de valioso:&nbsp;<strong>acercar la oceanografía a la sociedad</strong>. “Uno de nuestros principales propósitos era democratizar la ciencia”, afirma Leticia Burone. Y lo lograron.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266075"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14201220/FKt250812-S0843-20250909T000444Z-scicam-Shark_Gills.jpg" alt="" class="wp-image-266075" /><figcaption class="wp-element-caption">Un tiburón gato de aguas profundas (<em>Scyliorhinus haeckelii</em>) fue documentado a 198 metros en el borde exterior de la plataforma continental, cerca de la cabecera del cañón submarino La Paloma. El sitio está influenciado por la Corriente de Brasil, que transporta aguas tropicales y centrales del Atlántico Sur. Foto: cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>Durante los&nbsp;<em>streamings</em>, el público enviaba preguntas, escuelas compartían dibujos, liceos mandaban tareas inspiradas en la campaña. “Cosas divinas como:&nbsp;<em><strong>‘Imagínense que ustedes son los científicos a bordo del Falkor’</strong></em>”, cuenta Burone con emoción. Al regresar al continente, los especialistas trajeron no solo datos y muestras, sino algo más grande: un hito colectivo, un antes y un después para el país. “Crecimos todos”, resume la investigadora.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266080"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14203734/FKt250812-20250831-Dive834_Samples-Ingle-1671.jpg" alt="" class="wp-image-266080" /><figcaption class="wp-element-caption">La científica Jessica Risaro, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Museo Argentino de Ciencias Naturales, toma submuestras de una estrella de mar para análisis de ADN en el laboratorio principal del buque de investigación Falkor (too), frente a la costa de Uruguay. Foto: cortesía Alex Ingle / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>Los datos recolectados durante la expedición orientarán la forma en que Uruguay&nbsp;<strong>gestionará y protegerá sus recursos marinos</strong>, explica Carranza. La gran ventaja es que las propias autoridades ambientales estuvieron embarcadas en la expedición y fueron parte del equipo, así que tienen la información de primera mano.</p>



<p>“También&nbsp;<strong>tenemos material para décadas</strong>&nbsp;o generaciones de investigadores. Tan solo para el análisis de video, tenemos más de 200 horas de grabaciones de alta definición: con cada video, sale más de una tesis. Es básicamente inconmensurable la cantidad de cosas que se pueden hacer con esto”, agrega Carranza.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266076"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14201447/FKt250812-S0846-20250910T103343Z-scicam-Stars_Fish.jpg" alt="" class="wp-image-266076" /><figcaption class="wp-element-caption">Estrellas y corales encontrados a una profundidad de 278 metros. Foto: cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p>Por ahora, la información se continuará compartiendo por todas las vías posibles en el corto y mediano plazo: exposiciones en museos, creación de libros, documentales, material didáctico y espectáculos artísticos, entre otros, enlistan los científicos. Estos productos irán surgiendo a medida que se procese la información recopilada.</p>



<p>“Los más veteranos siempre lo repetimos: somos de la generación de Jacques Cousteau y fuimos influenciados por lo que nos mostraba”, concluye Burone. “Para mí era el poeta azul, por sus frases profundas que resumen que uno no puede proteger lo que no conoce. Ojalá, y creo que así será, este trabajo inspire a la juventud de hoy, tal como él nos inspiró a nosotros.”</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266077"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/14201544/FKt250812-S0841-20250907T070826Z-0-scicam-Gonatus_2.jpg" alt="" class="wp-image-266077" /><figcaption class="wp-element-caption">Calamar del género Gonatus observado a 1462 metros de profundidad. Foto: cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute</figcaption></figure>



<p><em><strong>Imagen principal:</strong>&nbsp;un pulpo se mueve entre corales de aguas profundas a 1612 metros, durante una inmersión del vehículo operado remotamente ROV SuBastian, cerca de la histórica estación oceanográfica 320 del HMS Challenger, donde se recolectaron las primeras muestras de coral del país hace casi 150 años.&nbsp;<strong>Foto:</strong>&nbsp;cortesía ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute</em></p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/astrid-arellano/">Astrid Arellano</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2025/10/mision-cientifica-descubrio-fondo-marino-uruguay/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121456</guid>
        <pubDate>Sun, 19 Oct 2025 14:22:00 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Viaje a las profundidades: la misión científica que descubrió el fondo marino en Uruguay]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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        <item>
        <title>¿Estamos perdiendo la Antártida?: expedición científica encuentra microplásticos y señales de degradación en continente blanco</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/estamos-perdiendo-la-antartida-expedicion-cientifica-encuentra-microplasticos-y-senales-de-degradacion-en-continente-blanco/</link>
        <description><![CDATA[<p>Durante 70 días de navegación alrededor de la costa antártica, un equipo de57 investigadores encontraron evidencias preocupantes del impacto del cambio climáticoen la región. A bordo del buque ruso Akademik Tryoshnikov, los científicos observaron que los glaciares en la isla Rey Jorge se están derritiendo aceleradamente y que incluso se han expandido los campos de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Más de 50 investigadores de siete países dan cuenta de la paulatina degradación de la Antártida: microplásticos en el agua, derretimiento del hielo y pérdida de salinidad del océano austral. </em></li>



<li><em>Dada la conexión que existe entre la Antártida y la Amazonía, los científicos no descartan que en el hielo existan rastros de los incendios forestales.</em></li>



<li><em>La situación es preocupante puesto que la Antártida, aunque remota, tiene una dinámica de conexión constante con el resto del planeta.</em></li>



<li><em>Los cambios que ocurren en ella influyen en la regulación del clima global.</em></li>
</ul>



<p>Durante 70 días de navegación alrededor de la costa antártica, un equipo de<strong>57 investigadores encontraron evidencias preocupantes del impacto del cambio climático</strong>en la región. A bordo del buque ruso Akademik Tryoshnikov, los científicos observaron que los glaciares en la isla Rey Jorge se están derritiendo aceleradamente y que incluso se han expandido los campos de musgo. De hecho, fueron testigos de la formación de arroyos sobre las plataformas de hielo.</p>



<p>Además, observaron la presencia de<strong>microplásticos en la nieve</strong>y que la salinidad del océano austral, es decir, la concentración de sal en el agua, se ha reducido. Aunque las muestras recolectadas durante la expedición aún están siendo analizadas para llegar a conclusiones más contundentes, las observaciones preliminares reflejan<strong>la creciente fragilidad del ecosistema antártico</strong>ante el calentamiento global.</p>



<p>Esta realidad no solo es preocupante dado los impactos en cadena que estos cambios tienen sobre el ecosistema antártico— desde las pequeñas algas en el océano hasta las ballenas que allí se alimentan— sino también por<strong>las consecuencias que esta degradación puede tener sobre todo el planeta</strong>.</p>



<p>Y es que el clima global está íntimamente ligado a la Antártida. De hecho, el continente blanco, que parece tan lejano, está<strong>conectado de manera sorprendente con la Amazonía</strong>. Ambas regiones desempeñan un papel crucial en la circulación atmosférica y se modifican mutuamente explicando la dinámica climática de Sudamérica.</p>



<p>La conexión es tal que una sorprendente hipótesis está muy cerca de confirmarse tras los resultados de esta expedición:<strong>micropartículas en el hielo antártico podrían contener rastros de los incendios en la Amazonía</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259741"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/25182605/El-buque-rompehielos-de-la-Mision-Akademik-Tryoshnikov-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-259741" /><figcaption class="wp-element-caption">El buque rompehielos de la Misión Akademik Tryoshnikov. Foto: International Antarctic Coastal Circumnavigation Expedition – ICCE.Photo/Video © Anderson Astor and Marcelo Curia</figcaption></figure>



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<h3 class="wp-block-heading"><strong>Microplásticos en el hielo</strong></h3>



<p>La Antártida es el quinto continente más grande de la Tierra, mayor que Europa y supera en más de una vez y media el tamaño de Brasil. Los<strong>14 millones de kilómetros cuadrados</strong>de este desierto blanco son un regulador clave del clima. Junto con el Ártico —mucho más pequeño—, la Antártida redistribuye el calor que es absorbido en la zona ecuatorial, equilibrando la energía térmica. En otras palabras, las masas de hielo en estos dos lugares extremos del planeta son una gran maquinaria circulatoria que<strong>regula energía, afectando el clima global</strong>.</p>



<p>Este verano finalizó la Expedición Internacional de Circunnavegación Costera Antártica (ICCE), liderada por el glaciólogo brasileño Jefferson Cardia Simões, del Centro Polar y Climático (CPC – UFRGS). En total fueron 57 investigadores de siete países que recorrieron 29 mil kilómetros hasta el fin del mundo y dieron vuelta a la península antártica; recolectando;<strong>muestras de nieve y hielo</strong>, además de agua marina para entender cómo la microvida que habita en ese lugar responde a los cambios climáticos.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259738"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/25182553/Cilindro-de-nieve-para-ser-analizado-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-259738" /><figcaption class="wp-element-caption">Cilindro de nieve para ser analizado. Foto: cortesía International Antarctic Coastal Circumnavigation Expedition – ICCE / © Anderson Astor and Marcelo Curia</figcaption></figure>



<p>En una de las imágenes registradas durante los<strong>70 días de expedición</strong>, el coordinador del equipo de glaciología del Centro Polar y Climático (CPC-UFRGS), Filipe Lindau, perfora la nieve para extraer cilindros de hielo de unos 7.5 centímetros de diámetro que permitirán estudiar la atmósfera y la presencia de microplásticos. “Cada capa de nieve representa la precipitación (es decir, una nevazón) de un momento específico, revelando la atmósfera de ese entonces, los componentes químicos y la cantidad de nieve que cayó”, explica Lindau.</p>



<p>Si bien los análisis de todas las muestras, tanto de cilindros como de aguas, se llevarán a cabo en los próximos meses, observaciones en la expedición dan cuenta de la paulatina degradación de la Antártida. Tanto es así, que “<strong>los microplásticos eran visibles al pasar el agua de mar por una suerte de coladores</strong>, se veían inclusive a través de la lente de cámara fotográfica”, cuenta Venisse Schossler, climatóloga y también coordinadora de la misión.</p>



<p>Pero hay algo más que preocupa a los científicos.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259742"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/25182608/Equipo-de-glaciologos-en-el-terreno-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-259742" /><figcaption class="wp-element-caption">Equipo de glaciólogos en el terreno. Foto: cortesía International Antarctic Coastal Circumnavigation Expedition – ICCE / Photo/Video © Anderson Astor and Marcelo Curia</figcaption></figure>



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<h3 class="wp-block-heading"><strong>Se derrite el hielo</strong></h3>



<p>La conexión entre la Antártida y la Amazonia es una realidad de la que se tiene conocimiento desde hace tiempo. Ambas regiones están unidas por un corredor atmosférico y, de hecho, ocasionalmente masas de aire frío pueden llegar hasta el estado brasileño de Acre y al sur de la Amazonia del Brasil causando descensos de temperaturas. A su vez, hasta la Antártida llegan los “ríos voladores” que salen de la región amazónica. Se trata de corrientes de aire de origen tropical que transportan grandes volúmenes de humedad e incluso de calor hacia regiones extratropicales y polares.</p>



<p>Al vigésimo día de navegación, mientras el buque rompehielos Akademik Tryoshnikov avanzaba en la Antártida Oriental, región de la Isla Mill, el equipo de científicos observó la proximidad de un ciclón. “Vimos que había una ola de calor en Brasil asociada a una masa de aire caliente y húmeda que venía de la Amazonía, recorriendo el Atlántico, llegando hasta la Antártida”, explica Venisse Schossler. Esa masa contribuyó a<strong>la formación de un ciclón en la zona</strong>, y favoreció la precipitación en forma de lluvia, acelerando el derretimiento del hielo marino.</p>



<p>Aunque no se puede afirmar que estos episodios estén aumentando en frecuencia, su impacto en el equilibrio climático de la región preocupa a la comunidad científica.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259747"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/25182626/Investigadores-en-el-terreno-para-iniciar-las-perforaciones-e-extracciones-de-muestras-de-nieve-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-259747" /><figcaption class="wp-element-caption">Investigadores en el terreno para iniciar las perforaciones e extracciones de muestras de nieve. Foto: cortesía International Antarctic Coastal Circumnavigation Expedition – ICCE / Photo/Video © Anderson Astor and Marcelo Curia</figcaption></figure>



<p>Durante la circunnavegación, los especialistas fueron testigos directos del retroceso del Glaciar Lange. El climatólogo Francisco Aquino, integrante de la expedición lo explica. “Confirmamos que<strong>el frente del Glaciar Lange retrocedió al menos 400 metros</strong>entre 1995 y 2025, después de haber perdido 1.38 km entre 1956 y 1995”.</p>



<p>Los impactos también afectan al hielo marino y, a su vez, a la biodiversidad de la Antártida puesto que este hielo es vital para el suministro de<strong>nutrientes necesarios para la vida</strong>que crece y se desarrolla bajo él.</p>



<p>Debido a los aumentos de temperaturas, se ha observado una reducción de hielo marino en la Antártida desde 2016.<a href="https://nsidc.org/sea-ice-today/analyses/antarctic-sea-ice-minimum-hits-near-record-low-again">Estudios</a>publicados en la<em>National Snow and Ice Data Center</em>señalan que desde aquel año,<strong>la entrada de calor anómalo en la Antártida ha afectado la extensión promedio de su hielo marino,</strong>el que se ha reducido en 6500 kilómetros cuadrados. “Esto impacta en una disminución en la producción de krill, que se parece a un mini camarón, y que es base de la cadena alimentaria en la fauna antártica”, explica la profesora Schossler.</p>



<p>Un aumento en las lluvias, junto con el derretimiento de hielo marino y de glaciares, también puede llegar a impactar directamente a los<strong>pingüinos antárticos</strong>. Si bien esto no fue observado en la expedición, la bióloga polar, Emanuele Kuhn, especializada en la vida en ambientes extremos, y quien durante la expedición se encargó de recolectar muestras para analizar los microorganismos, relata eventos de acuerdo a su estudio y experiencia. “Los pingüinos nacen con plumas protectoras de la nieve y no de las lluvias. Entonces, los pichones, si se mojan con agua a temperaturas de 1 a 2°C,<strong>sufren estrés y mueren de hipotermia</strong>. Son animales adaptados a la nieve”, refuerza la bióloga.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259739"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/25182557/Copia-de-ICCE_AAX_20241218_F02241-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-259739" /><figcaption class="wp-element-caption">Debido a los aumentos de temperaturas, se ha observado una reducción de hielo marino en la Antártida desde 2016. Foto: cortesía International Antarctic Coastal Circumnavigation Expedition – ICCE / Photo/Video © Anderson Astor and Marcelo Curia</figcaption></figure>



<p>Dada la conexión que existe entre la Antártida y la Amazonía, cuando hay<strong>deforestación e incendios</strong>, el aire contaminado por la combustión, cargado de partículas finas, llega al fin del mundo.</p>



<p>“<strong>El aire contaminado por incendios en la Amazonia</strong>puede transportar carbono negro —una partícula altamente absorbente del calor— hasta regiones lejanas como la Antártida”, explica la profesora Schossler. Cuando estas partículas se depositan sobre la nieve y el hielo, reducen su albedo, es decir, su capacidad para reflejar la luz solar, y ello<strong>acelera el derretimiento</strong>. Además, el carbono negro, al permanecer suspendido en la atmósfera, contribuye al calentamiento global.</p>



<p>“Tenemos que comenzar a entender que, así como en el océano, también existen ondas en la atmósfera que, al propagarse, transfieren ese calor y humedad que conectan regiones remotas del globo”, agrega Claudia Parise, investigadora sobre la interacción entre océano y atmósfera en la expedición.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259745"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/25182619/Helicopteros-de-la-mision-al-regresar-al-buque-luego-de-actividades-de-expedicion-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-259745" /><figcaption class="wp-element-caption">Helicópteros de la misión, al regresar al buque, luego de actividades de expedición. Foto: cortesía International Antarctic Coastal Circumnavigation Expedition – ICCE / Photo/Video © Anderson Astor and Marcelo Curia</figcaption></figure>



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<h3 class="wp-block-heading"><strong>La pérdida de salinidad</strong></h3>



<p>Otro de los impactos observados por los científicos es que<strong>el mar está perdiendo salinidad</strong>debido al deshielo de los glaciares, lo que afecta directamente al fitoplancton. Estas algas microscópicas forman la base de la cadena alimentaria en el océano y desempeñan un papel clave en la captura de dióxido de carbono y la producción de oxígeno.</p>



<p>“La reducción de la salinidad y el aumento de la acidez de los océanos están<strong>alterando profundamente los ecosistemas marinos</strong>, afectando directamente al fitoplancton, considerado el pulmón del mundo. Sin él, existe el riesgo de que se produzcan desequilibrios en toda la cadena alimentaria marina e impactos en el clima del planeta. Estos cambios se están produciendo más rápidamente en los océanos polares, que son especialmente sensibles al cambio climático”, afirma el profesor y coordinador de la misión Simões.</p>



<p>Los cambios en la salinidad también afectan la circulación oceánica, un sistema complejo de corrientes de agua que mueven calor, nutrientes y otros elementos vitales por los océanos. Estos cambios, a su vez,<strong>alteran el equilibrio energético entre los trópicos y los polos</strong>, es decir, la distribución de calor entre estas regiones.</p>



<p>Los investigadores advierten que el debate ambiental se centra demasiado en la Amazonía, mientras que la Antártida también cumple un papel clave. Los sistemas están interconectados:<strong>los cambios en la Antártida afectan a los trópicos y viceversa</strong>.</p>



<p>De hecho, las corrientes oceánicas y atmosféricas existen debido a la diferencia de temperatura entre los trópicos y las regiones polares, lo que facilita la transferencia de energía. Los trópicos reciben más energía solar de la que pierden, mientras que las regiones polares tienen un déficit. El impacto de modificar cualquiera de estos sistemas es negativo. “<strong>Los océanos polares, especialmente por su frío, son los mayores secuestradores de carbono</strong>y sin ellos, tendríamos un 40 % más de dióxido de carbono en la atmósfera”, explica Simões.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259752"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/25182645/Pruebas-en-el-mar-de-muestras-de-agua-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-259752" /><figcaption class="wp-element-caption">Pruebas de muestras de agua en el mar. Foto: cortesía International Antarctic Coastal Circumnavigation Expedition – ICCE / Photo/Video © Anderson Astor and Marcelo Curia</figcaption></figure>



<p>En el film<em>One Strange Rock</em>, hay una escena que muestra cómo las semillas y el polvo del desierto del Sahara son transportados por el viento a través del océano Atlántico hasta la selva amazónica en Sudamérica. Son partículas ricas en fósforo y otros nutrientes esenciales que viajan miles de kilómetros en la atmósfera y caen sobre la Amazonía, enriqueciendo el suelo y revelando la profunda conexión entre ecosistemas distantes.</p>



<p>Todo se conecta, dice Lindau y “la Antártida, aunque remota, tiene una dinámica de conexión constante e influye en la regulación del clima global”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259748"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/25182632/Investigadores-glaciologos-en-el-terreno-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-259748" /><figcaption class="wp-element-caption">Investigadores glaciólogos en el terreno. Foto: cortesía International Antarctic Coastal Circumnavigation Expedition – ICCE / Photo/Video © Anderson Astor and Marcelo Curia</figcaption></figure>



<p><em><strong>*Imagen Principal:</strong>Rompehielos con la misión avanza por la Antártida. Foto: International Antarctic Coastal Circumnavigation Expedition – ICCE. Photo/Video © Anderson Astor and Marcelo Curia</em></p>



<p><em>El artículo original fue publicado por </em><a href="https://es.mongabay.com/by/soledad-dominguez/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Soledad Domínguez</em></a><em> en Mongabay Latam. </em><a href="https://es.mongabay.com/2025/04/antartida-expedicion-cientifica-encuentra-microplasticos-degradacion/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Puedes revisarlo aquí.</em></a></p>



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<p></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Medio ambiente</category>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=115494</guid>
        <pubDate>Mon, 05 May 2025 14:09:37 +0000</pubDate>
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