<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/tag/etica/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 13:01:22 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>Blogs de Ética | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>Algunas confusiones prácticas de Mejía Vergnaud</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/algunas-confusiones-practicas-de-mejia-vergnaud/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ser pragmáticos no equivale a ser moralmente inertes&#8211;por el contrario, el pragmatismo es en sí mismo una postura moral.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Consideren el siguiente párrafo:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>En el capítulo 12 de mi libro reciente&nbsp;<em>La ruta del pragmatismo</em>&nbsp;me pregunto si una cierta hipertrofia del sentido moral nos está volviendo incapaces de afrontar y solucionar problemas prácticos. No porque la moral no sea importante ni tenga lugar, sino porque cuando excede sus confines y crece más allá de lo debido (hipertrofia), desplaza o asfixia nuestra capacidad de resolver problemas.</p>
</blockquote>



<p>La cita proviene de una ya no tan reciente entrada del blog que publica Andrés Mejía Vergnaud en Substack, y que puede checar <a href="https://substack.com/home/post/p-170100087">aquí</a>.</p>



<p>Me parece un ejercicio instructivo detenernos en el pensamiento principal del fragmento anterior. Es éste: en Colombia existe una cierta hipertrofia del sentido moral. Puesto de otro modo: el sentido moral de los colombianos está algo sobredimensionado, desproporcionado, fuera de su justa medida.</p>



<p>Esta proposición no es intuitiva: ¿Colombia, un país con un sentido moral <em>demasiado</em> desarrollado (de alguna forma o en algún sentido)? ¿Una nación que en 2024 tuvo más o menos <a href="https://www.elcolombiano.com/colombia/en-2024-las-muertes-violentas-alcanzaron-su-punto-mas-alto-en-los-ultimos-siete-anos-en-colombia-FI29037882">13.917 homicidios</a>, <em>i.e.</em>, alrededor de 25.4 homicidios por cada 100.000 habitantes? Para efectos de contraste, piensen en Francia, donde ocurrieron <a href="https://countryeconomy.com/demography/homicides/france?utm_source=chatgpt.com">897 homicidios</a>, <em>i.e.,</em> más o menos 1.3 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2024. Uno tendería a pensar que existe en principio una relación inversa entre la robustez del sentido moral de una población y la tasa de homicidios de esa población. Si esta intuición es correcta, nuestros cruentos números parecen bastar para refutar la tesis de Vergnaud.</p>



<p>Esto no es lo único que no huele muy bien en las ideas que defiende Vergnaud. Hay, creo, problemas todavía más graves; más filosóficos, pues. Porque si en Colombia o donde sea el sentido moral puede exceder sus justas proporciones, entonces cabe preguntarse cuáles son los límites en los que debe mantenerse ese sentido. ¿Cuál es el peso exacto que una persona debe atribuirle a sus principios morales en su proceso de toma de decisiones?</p>



<p>Quiero llamar su atención sobre el hecho de que esta pregunta supone que somos más o menos libres de atribuirle una mayor o menor importancia a nuestros escrúpulos morales, y que, al menos en algunas circunstancias apremiantes, es posible que lleguemos a otorgarles un valor nulo. Quizá existen casos extraordinarios, pensamos, que nos exigen mantener cualquier tipo de evaluación moral al margen de nuestra deliberación práctica. Pero esta imagen del razonamiento moral de las personas es una ilusión&#8211;una ilusión que emana de una concepción superficial de la conducta de las personas.</p>



<p>Actuar, o mejor, <em>ser agentes</em>, es una labor teleológica. Ser agentes implica la existencia de algo que creemos ser un<em> bien</em> y que es aquello que funge como el objeto de nuestra intención. En un eslogan, actuar es <em>valorar</em>.</p>



<p>Si esto es el caso, <em>i.e.</em>, si toda acción intencional presupone la creencia de que algo es un bien, entonces debe ser falsa la opinión de que existen formas de deliberación práctica moralmente inertes. Todo el punto de pasar por un proceso de toma de decisiones consiste en determinar cuál, entre varios cursos de acción posibles, es el que debemos tomar, <em>dadas nuestras preferencias o propósitos</em>.<sup data-fn="cfad58cc-bba9-4d81-be45-423065c1fabd" class="fn"><a href="#cfad58cc-bba9-4d81-be45-423065c1fabd" id="cfad58cc-bba9-4d81-be45-423065c1fabd-link">1</a></sup> Si omitimos esas preferencias, no es claro cómo podremos determinar qué curso de acción es el correcto, o el más conveniente, etc.</p>



<p>Por estas razones, creo que haríamos mejor si, en lugar de preguntarnos por el peso que los principios morales deben tener en el ejercicio deliberativo (público o privado), examinásemos la <em>calidad</em> de ese mismo ejercicio: la solidez de las razones que llevan a nuestrxs conciudadanxs a tomar tales o cuales objetos como cosas deseables o buenas, o a pensar que sus acciones son consistentes con o propiciatorias del bien que persiguen. Colombia no sufre, creo, de un sentido moral hipertrofiado o paralizante, como opina Mejía Vergnaud. Todo lo contrario. Sufre de un sentido moral desnutrido, impotente y dejado a la buena de Dios.</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@paterdoloroso</a></em></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />


<ol class="wp-block-footnotes"><li id="cfad58cc-bba9-4d81-be45-423065c1fabd">No quiero, con esta calificación, prejuzgar contra Kant. Sin embargo, para efectos de esta entrada, no me parece útil complicar la exposición discutiendo imperativos tan controvertidos como lo son los categóricos. <a href="#cfad58cc-bba9-4d81-be45-423065c1fabd-link" aria-label="Saltar a la referencia de la nota al pie 1">↩︎</a></li></ol>


<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124555</guid>
        <pubDate>Fri, 23 Jan 2026 22:39:23 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/23154220/whatsapp_image_2025-07-10_at_1.03.02_pm.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Algunas confusiones prácticas de Mejía Vergnaud]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Baba</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El Centro Descentrado en medio del Bombardeo a la Infancia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/el-centro-descentrado-en-medio-del-bombardeo-a-la-infancia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Niños asesinados por la guerra han existido siempre, y sin importar el color político, debemos estar de acuerdo en que encontrar otra salida que no sea bombardearles es una urgencia moral.</p>
<p>La visión de que los niños tienen un valor intrínseco y derechos propios es sorprendentemente reciente. Antes de la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU (1989), la infancia era vista como mano de obra, propiedad o, como vemos en la guerra, carne de cañón.</p>
<p> Que hoy, en este siglo, con todo el conocimiento y la jurisprudencia de derechos humanos, sigamos debatiendo si es legítimo masacrarles porque han sido reclutados (muchas veces secuestrados, coaccionados o engañados) es una regresión brutal.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por Mar Candela Castilla</strong>  &#8211; Feminista Artesanal y Edu-comunicadora</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Mar   Candela -  Feminismo Artesanal" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/b-Dydysu_kY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<h1 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">0. ¿Quién diría que el presidente intergaláctico de la vida también autorizaría bombardeos a niños?</h1>



<p>Esta no es una pregunta retórica, es un lamento profundo que nos obliga a confrontar la traición ética. </p>



<p>La infancia ha sido históricamente la moneda de cambio más brutal y dolorosa de todos los conflictos. <strong>La infancia en pleno, niños y adolescentes en todas sus versiones</strong>, no son nuevos en la guerra; han sido <strong>cosificados, convertidos en herramientas y armas</strong>.</p>



<p> ¿Acaso olvidamos las declaraciones en Colombia que redujeron a les menores reclutados a la categoría de <strong>&#8220;máquinas de guerra&#8221;</strong>? Esta lógica deshumanizante es la misma que permite justificar que bombardearlos sea un &#8220;mal necesario&#8221; o un &#8220;daño colateral aceptable&#8221;.</p>



<p class="has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">Desde mi mirada como <strong>Feminista Artesanal y defensora de los derechos fundamentales</strong>, yo nunca voy a aceptar esa lógica. Es un <strong>asesinato de Estado</strong> y una aberración moral. La infancia es sujeto de especial protección. Punto.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Es cierto que el uso de menores en conflictos es una tragedia histórica universal. <strong>Nuestra propia historia lo demuestra:</strong> <strong>Francisco de Paula de Paula Santander</strong> se sumó a las filas independentistas a los 18 años de edad. Sin embargo, los menores de edad han estado involucrados mucho antes y con edades más tempranas. Desde los <strong>pajes y tamboreros de la Europa medieval</strong> y los <strong>ejércitos europeos del siglo XIX</strong>, hasta los <strong>jóvenes de las Juventudes Hitlerianas</strong> que combatieron en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, la participación de niños y adolescentes ha sido una constante. En la Guerra entre Irán e Irak (1980-1988), la propaganda estatal y religiosa llevó al reclutamiento masivo de jóvenes. Se estima que <strong>más de 550.000 estudiantes</strong> (entre educación primaria y secundaria) fueron enviados al frente, muchos de los cuales eran menores de edad, y algunos reportes de la época, citados por organismos internacionales, sugieren una tasa de mortalidad extremadamente alta entre estos combatientes, utilizados a menudo en misiones peligrosas como barrer minas con sus propios cuerpos. El costo humano fue devastador, dejando a <strong>más de 144.000 niños huérfanos</strong> al finalizar el conflicto (Zargar et al., 2007; RFE/RL, 2022). En Colombia, la vinculación existe desde la <strong>Guerra de los Mil Días</strong> hasta los conflictos contemporáneos, donde se ha documentado el reclutamiento de niños de tan solo <strong>10 o 12 años</strong> por parte de grupos armados ilegales. Al igual que en las milicias contemporáneas en <strong>Yemen, Siria, la República Democrática del Congo</strong> o en las guerras que hoy vemos en <strong>Gaza, Israel, Ucrania o Sudán</strong>, la dependencia del reclutamiento de jóvenes casi niños persiste. Actualmente, en todas las milicias se llevan a los jovencitos, y por un tecnicismo legal se les considera adultos a los 18 años, algo que, a mi juicio, merece una discusión amplia.</p>
</blockquote>



<p><strong>No obstante</strong>, que algo haya ocurrido siempre <strong>no lo hace éticamente correcto</strong>. De hecho, la existencia de niños soldados en la historia solo subraya la falla fundamental de la humanidad. </p>



<p><strong>Niños asesinados por la guerra han existido siempre, y sin importar el color político, debemos estar de acuerdo en que encontrar otra salida que no sea bombardearles es una urgencia moral.</strong></p>



<p>La visión de que los niños tienen un <strong>valor intrínseco</strong> y derechos propios es sorprendentemente reciente. Antes de la <strong>Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU (1989)</strong>, la infancia era vista como mano de obra, propiedad o, como vemos en la guerra, carne de cañón.</p>



<p> Que hoy, en este siglo, con todo el conocimiento y la jurisprudencia de derechos humanos, sigamos debatiendo si es legítimo masacrarles porque han sido reclutados (muchas veces secuestrados, coaccionados o engañados) es una regresión brutal.</p>



<p>Debemos <strong>problematizarlo</strong>: no hay que adaptarse a la idea de que hay que asesinar a algunos niños para salvar una <strong>Nación</strong>. La estrategia militar y la táctica deben ser lo suficientemente inteligentes para atacar a los grupos al margen de la ley sin asesinarles. <strong>Debe haber otra manera</strong>, y cualquier político de este siglo que justifique el uso o la masacre de la infancia en la guerra está traicionando no solo sus promesas, sino el mínimo estándar de humanidad.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">1. La Inacción del Centro y el Desafío de la Alternancia</h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/19025304/jh-1024x576.jpeg" alt="El centro descentrado en medio del bombardeo a niños en el gobierno Petro" class="wp-image-122583" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/19025304/jh-1024x576.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/19025304/jh-300x169.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/19025304/jh-768x432.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/19025304/jh.jpeg 1214w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>En Colombia, tengo que decirlo, el centro político no está articulado. Está disperso, desorientado y, a menudo, se confunde con una postura que es más bien tibia o, peor aún, decorativa. Lo he repetido y lo reitero ahora: mientras el centro no comprenda su diversidad interna ni el espectro amplio que lo compone, será muy difícil vencer a los extremos.</p>



<p><strong> El punto no es la moderación por la moderación, sino una articulación con discernimiento y un sentido profundamente histórico.</strong></p>



<p>La gran ironía que veo en el nuevo liberalismo es esta búsqueda de una postura sobria en medio de una cultura política que no sabe complementar, no sabe escuchar, y mucho menos sabe tejer. En lugar de construir puentes reales, se repiten fórmulas viejas entre conservadores y liberales que simplemente ya no responden a los dilemas de nuestro tiempo.</p>



<p>Por eso necesitamos <strong>alternancia real, no continuidad ideológica</strong>. La política posmoderna, querida gente, no se divide simplemente entre derecha y izquierda. El espectro es mucho más amplio, complejo e interdependiente. Pensar que todo se reduce a esa dicotomía binaria empobrece terriblemente el debate. Colombia necesita aprender a <strong>tejer una alternativa distinta</strong>, una que no se base en el miedo ni en la repetición, sino en la <strong>construcción ética de lo público</strong>.</p>



<p>Esta inacción del centro se traduce en un <strong>desorden absoluto</strong> y una incapacidad manifiesta para convertirse en una fuerza política atractiva. El centro, con líderes serios y un proyecto claro, debería estar convocando hoy a la base de abstencionistas, a esos <strong>millones de colombianas y colombianos</strong> que se derrotaron a sí mismos, que ya no votan, y que perdieron la esperanza en la democracia participativa con justa razón. Estamos entregando el país a los extremos porque no hemos encontrado la manera de ser esa fuerza política sólida que la mayoría anhela, una fuerza que cree que la política va más allá de la izquierda o de la derecha, y donde la diversidad sí es posible. Necesitamos un país donde todas las personas, que aunque piensen y digan diferente, estén dispuestas a dar lo mejor de sí, sin dar cabida a criminales o a gente anti-derechos.</p>



<p>El fracaso de la izquierda no debería ser, simplemente, la victoria de la derecha; debería ser <strong>el inicio de la reforma partidista</strong> de un país que transforma la política en posibilidad. </p>



<p>Esta transformación exige dignidad: para seducir a la ciudadanía que perdió la esperanza, no bastan las propuestas; <strong>se necesitan liderazgos dignos de la investidura</strong>. </p>



<p>El centro no ha logrado unirse en lo fundamental y, en cambio, ha optado por <strong>coaliciones absurdas</strong> en vez de seducir a los abstencionistas y transformar el partidismo de una buena vez. Necesitamos creer que sí hay esperanza y futuro. En medio de esta caricatura y la tragedia, estamos entregando el país al fanatismo y a los extremos, y no deberíamos estar en esta posición.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Esta tibieza que critico resuena con la voz de la anarquista Emma Goldman. Si bien estoy convencida de que el anarquismo y el anticapitalismo como marcos políticos de acción han perdido la batalla y que el reformismo partidista es la única opción real para transformarlo todo, la ética de Goldman es fundamental. Ella nos recordaba que la verdadera emancipación, el verdadero cambio, no puede venir de estructuras que solo maquillan la opresión. Goldman nos invita a rechazar esa pasividad y esa tibieza del centro, que es una forma de inacción que solo beneficia al <em>statu quo</em> y que convierte al centro en una caricatura. El centro debe acercarse a esta radicalidad ética, y hacerlo desde la acción partidista reformista, que es el único camino viable para la transformación profunda que buscamos. Sobre esto nos habló en su ensayo <em>La Tragedia de la Emancipación de la Mujer</em>.</strong></li>
</ul>



<p>Y en esa misma línea de ética pública, la pensadora boliviana <strong>Silvia Rivera Cusicanqui</strong> nos enseña que el verdadero acto político se teje desde la praxis comunitaria y en el <strong>cuerpo-territorio</strong>. Para ella, la democracia no es solo un voto, sino una acción constante de <strong>descolonización del poder</strong> que se gesta desde las bases, algo que podemos encontrar en su obra <em><strong>Un pensamiento aymara</strong></em>.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">2. Alejandro Gaviria: Marginado Partidista Necesario</h2>



<p>En medio de esta desorientación, la gran épica democrática sigue siendo cada vez que la ciudadanía logra quitarle una silla a un corrupto en el Congreso. <strong>Aún así</strong>, mi deseo —al parecer inviable en esta coyuntura— es ver a Alejandro Gaviria en el Senado. Él debería estar ahí.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/19025304/jh-1024x576.jpeg" alt="El centro descentrado en medio del bombardeo a niños en el gobierno Petro" class="wp-image-122583" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/19025304/jh-1024x576.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/19025304/jh-300x169.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/19025304/jh-768x432.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/19025304/jh.jpeg 1214w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<ul class="wp-block-list">
<li>Es increíble que el centro no haya entendido el caudal político y la marca propia de Alejandro Gaviria: es un <em>speaker</em> intelectual con una trayectoria académica y ejecutiva probada. <strong>Y es precisamente por estas calidades profesionales y éticas que no creo en las narrativas que lo han tildado de &#8216;traidor&#8217; u &#8216;oportunista&#8217;</strong> simplemente por haber tomado una decisión pragmática ante el dilema electoral. Yo confío plenamente en su integridad. Su decisión fue una muestra de madurez política: <strong>priorizar la acción sobre la pureza ideológica</strong>. Decidió juntarse desde la fe en la posibilidad y votar por su contrario político, algo que solo hace una persona que realmente ama la democracia y ama a la gente. Había que escoger el menor de dos males para evitar un mal mayor. De eso se trata la política partidista.</li>
</ul>



<p>El voto que él y decenas de <strong>políticos y políticas</strong> entregaron al Gobierno actual no era un juramento de lealtad al <strong>Mandatario</strong>; era un compromiso condicional con la ciudadanía, una esperanza de que él fuese un demócrata de oídos abiertos.</p>



<p>Esta decisión de <strong>&#8220;bajarse del delirio de superioridad moral&#8221;</strong> y actuar en la contingencia resuena con la filosofía de <strong>Hannah Arendt</strong>. Para ella, la esencia de la política reside en la <strong>acción</strong> y en el <strong>juicio</strong> dentro del <em>ámbito público</em>, incluso cuando el juicio es difícil. La acción de Gaviria es un ejemplo de la <em>vita activa</em> arendtiana <strong>(el concepto de Arendt para la &#8220;vida activa&#8221; o la &#8220;acción&#8221; pura, que se opone a la mera supervivencia y a la fabricación de objetos)</strong>, que se centra en la <strong>responsabilidad histórica</strong> ante la crisis y no en la pureza ideológica. Arendt desarrolla esta idea profundamente en su obra magna <em><strong>La Condición Humana</strong></em>.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">3. La Decadencia Ética: El Bombardeo a la Infancia</h2>



<p>Y ahora, la parte más dolorosa. Ya nos enteramos de que este Gobierno ha bombardeado a <strong>niños y niñas</strong>. La polémica actual por el Guaviare se suma al informe de, al menos, <strong>otro bombardeo</strong> que costó la vida a menores el pasado octubre, demostrando una dolorosa recurrencia. Esto es una traición a la promesa inicial del <strong>Mandatario</strong> de que “no van a morir más niños bombardeados” y nos obliga a aceptar una verdad incómoda: el <strong>Gobernante</strong> no es diferente a ningún otro que haya autorizado bombardear campamentos con <strong>menores</strong> asumiendo el riesgo como una decisión personal de Estado. Es de <strong>los mismos de siempre</strong>, solo que a la izquierda. Un encantador de serpientes a la izquierda no es diferente a un encantador de serpientes a la derecha.</p>



<p>No soy experta en seguridad. Soy <strong>ciudadana activista, defensora de la vida y de la memoria</strong>. La ética no es un lujo. Es una urgencia, y más aún cuando se gobierna.</p>



<p class="has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">El Gobierno justifica bombardear para evitar que los grupos armados recluten a menores como escudos humanos. Debemos ir más profundo en la causa. Esos niños y niñas llegan ahí, muchas veces, por la <strong>pobreza, la miseria y el abandono</strong>, sin oportunidades reales para una calidad de vida que les permita tener acceso a sus derechos fundamentales. Llegan a ese lugar creyendo que van a tener una vida digna, que están existiendo por un bien superior a sus miserables vidas, <strong>pues sí, millones de niños se sienten miserables en este mundo</strong>. En esa profunda vulnerabilidad es que les lavan el cerebro para que hagan parte de estos grupos infames. Esto es cuando llegan engañados; ni hablar cuando son realmente secuestrados. El llamado &#8216;reclutamiento forzoso&#8217; es una forma de suavizar lo que realmente pasa. La criminalidad de estos grupos no se puede justificar, <strong>Aún así</strong>, sí se puede explicar. Y si hay un nicho delincuencial, es el <strong>hambre, el abandono y la miseria</strong>, acompañado de maltrato y abuso, que acompaña a cientos de niños colombianos que luego están allá, en el monte, dando la vida por una causa que ni siquiera entienden, aprendida de memoria por resignación. <strong>No puede ser que el país que con orgullo cree en Dios mayoritariamente, con ese mismo orgullo, justifique el bombardeo a niños por alguna razón.</strong> Esa lógica plantea una pregunta que nos debería helar la sangre: <strong>¿quién decide qué vida vale más? ¿Desde qué lugar se toma esa decisión?</strong></p>



<p>Esta pregunta nos lleva al dilema ético fundamental. <strong>Michael Walzer</strong>, en su libro <em><strong>Guerras Justas e Injustas</strong></em>, nos advierte que incluso en contextos de guerra hay <strong>límites morales que no pueden cruzarse</strong>. Y desde la óptica feminista, la teórica <strong>Joan Tronto</strong>, desde la ética del cuidado, recuerda que la <strong>vulnerabilidad</strong> debe ser el centro de toda decisión pública. En este sentido, bombardear en nombre de la paz es una contradicción que normaliza el lenguaje de guerra. Gobernar, al final del día, es cuidar.</p>



<p>El Derecho Internacional Humanitario es claro: los <strong>menores</strong> reclutados siguen siendo <strong>víctimas</strong>, no combatientes legítimos. ¿Cómo puede entonces justificarse su muerte como daño colateral? La contradicción entre el opositor, que denunciaba, y el <strong>Gobernante</strong>, que justifica, no es solo política: es ética.</p>



<p>El sociólogo <strong>Avishai Margalit</strong>, en <em><strong>La Sociedad Decente</strong></em>, nos recuerda que la legitimidad política se destruye cuando se traicionan los principios sin reconocerlo. Justificar la muerte de <strong>niños y niñas</strong> que deberían ser protegidos es una humillación radical a la base ética del <strong>Estado</strong>. Como bien lo dijo <strong>Silvia Rivera Cusicanqui</strong>: <strong>“el poder tiende a reciclar sus violencias”</strong>.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">4. El Deber de No Callar y la Coherencia que Exigimos</h2>



<p>Como <strong>Feminista Artesanal</strong>, me niego a aceptar que la ética se suspenda a conveniencia. Ninguna estrategia, por &#8220;necesaria&#8221; que sea, justifica la muerte de <strong>menores</strong>. La vida no es una variable táctica. Los niños y las niñas no son escudos. La infancia es sujeto de especial protección. Callar ante su muerte sería traicionar lo esencial.</p>



<p>Por eso, citar a la gran <strong>Rosa Luxemburgo</strong> antes de que me encasillen en cualquier extremo, es necesario: <strong>“El deber de quien piensa es no callar”</strong>.</p>



<p>Como <strong>Edu-comunicadora</strong>, pienso en voz alta. La coherencia ética no es un adorno del discurso, es la base para defender los derechos fundamentales, incluso —y sobre todo— desde el poder. Bombardear <strong>niños y niñas</strong> es inaceptable. Reclutar <strong>menores</strong> es crimen de lesa humanidad. Que sea &#8216;legal&#8217; no lo hace correcto. <strong>El actual gobernante no debió ser quien diera la orden o autorización al bombardeo de niños.</strong></p>



<p>Esta reflexión se amplió por la fuerza de la realidad: el tiempo me pasó por encima y esta decadencia absoluta apareció. La coherencia exige nombrar lo que duele, incluso cuando incomoda. Porque la ética no se posterga. Porque la infancia no se negocia. Porque la memoria no se calla.</p>



<p><strong>Agradecimiento:</strong> Agradezco especialmente a la productora audiovisual Kelmen Gómez, quien hizo posible la producción y realización del video de opinión que hoy les presento, el cual grabé días antes del bombardeo a <strong>menores</strong>. Su sensibilidad, profesionalismo y compromiso con la palabra ética hicieron posible que esta reflexión tuviera también una dimensión visual y pedagógica. Gracias por ayudarme a sostener la voz cuando más se necesita.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Bibliografía y Fuentes de Consulta</h3>



<p>Aquí se detallan las fuentes y autores citados en esta columna de opinión para consulta de todas las personas:</p>



<p><strong>Filosofía Política y Ética</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Arendt, Hannah.</strong> <em>La Condición Humana</em> (1958).</li>



<li><strong>Margalit, Avishai.</strong> <em>La Sociedad Decente</em> (1996).</li>



<li><strong>Tronto, Joan.</strong> <em>Moral Boundaries: A Political Argument for an Ethic of Care</em> (1993). (Ética del Cuidado)</li>



<li><strong>Walzer, Michael.</strong> <em>Guerras Justas e Injustas</em> (1977).</li>
</ul>



<p><strong>Pensamiento Crítico y Feminismo</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Goldman, Emma.</strong> <em>La Tragedia de la Emancipación de la Mujer</em> (1910).</li>



<li><strong>Luxemburgo, Rosa.</strong> Frase célebre: “El deber de quien piensa es no callar”.</li>



<li><strong>Rivera Cusicanqui, Silvia.</strong> <em>Un pensamiento aymara</em> y otras obras.</li>
</ul>



<p><strong>Fuentes Históricas y Contexto de Conflictos Armados</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Radio Free Europe/Radio Liberty (vía JNS.org).</strong> (2022). <em>Iran&#8217;s sickening use of child soldiers</em>. (Detalla la movilización de más de 550.000 estudiantes al frente y la alta mortalidad entre combatientes en la Guerra Irán-Irak).</li>



<li><strong>Zargar, M., Araghizadeh, H., Soroush, M.R., &amp; Khaji, A.</strong> (2007). <em>Iranian casualties during the eight years of Iraq-Iran conflict</em>. Revista de Saúde Pública, 41(6). (Estudio académico que proporciona datos sobre muertes totales y el número de niños huérfanos por la guerra).</li>



<li><strong>Refworld (UNHCR).</strong> <em>Child Soldiers Global Report 2001 &#8211; Iran</em>. (Documenta el uso extensivo de niños soldados por Irán en la guerra).</li>
</ul>



<p><strong>Fuentes Periodísticas sobre la Controversia en Colombia</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>El País América Colombia</strong> y otras fuentes (2025). Informes sobre el bombardeo en Guaviare, la confirmación de la muerte de menores, y los reportes de otros casos en meses previos bajo el actual gobierno. </li>



<li>Se recomienda buscar las publicaciones bajo los títulos como <em>&#8220;Un bombardeo de las fuerzas militares pone en apuros a Petro por la muerte de varios menores de edad&#8221;</em> o <em>&#8220;Cuatro niños más murieron en otro bombardeo&#8230;&#8221;</em></li>
</ul>
]]></content:encoded>
        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122582</guid>
        <pubDate>Wed, 19 Nov 2025 08:02:57 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/19025304/jh.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El Centro Descentrado en medio del Bombardeo a la Infancia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mar Candela</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El anillo de Giges (2)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/el-valor-de-la-justicia-2/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Tiene algún punto la práctica de la justicia para alguien que siempre puede salirse con la suya?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Una de las cosas geniales de la leyenda de Giges es que pone el problema de la utilidad o del valor asociado a la justicia de una manera admirablemente perspicua. ¿Qué <em>perderíamos</em>, pregunta Platón, si pudiéramos siempre salirnos con la nuestra&#8211;si ninguna de nuestras acciones deshonestas o criminales pudiera ser detectada?</p>



<p>Es bastante común pensar que la relación entre la justicia y los distintos bienes que la vida nos puede prodigar (riqueza, fama, belleza, etc.) es de carácter instrumental. Así como no es malo ser inteligente si lo que se desea es tener plata, no es malo actuar con justicia si lo que se desea son honores, fama, incluso (al menos en teoría) riqueza. Esto es parte de lo que vimos <a href="https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/el-valor-de-la-justicia/">la semana pasada</a>.</p>



<p>Pero claro, si la relación entre la justicia y todos esos bienes es <em>meramente </em>instrumental&#8211;si la justicia es <em>tan sólo</em> un medio para la consecución de felicidad, riqueza, honores, etc.&#8211;, entonces todo el valor o la utilidad de ser justxs se esfumaría si, como Giges, siempre pudiéramos hacer trampa y salir ilesxs. ¿Qué punto tendría para nosotrxs practicar la justicia en semejante escenario? Parece que todo lo que podríamos ganar siendo justxs es <em>a lo más</em> tanto como lo que podríamos ganar usando esa bendita sortija.</p>



<p>Las apariencias son, sin embargo, engañosas. Giges puede amasar fortunas, ostentar dignidades públicas, tener a quien desee. Puede gozar de una reputación inmaculada, completamente inmerecida, y, si le reza a los dioses adecuados, quizá pueda costearse los lujos asociados a una buena conciencia. Pero hay algo que, desde una perspectiva lógica, ni siquiera Giges, o un dios, es capaz de hacer. Giges no puede actuar con justicia <em>si no actúa con justicia</em>.</p>



<p>Esto es una trivialidad, pero condensa un pensamiento fulgurante: Platón nos invita a considerar que <em>la justicia </em>es el beneficio del cual Giges se priva al actuar injustamente. Esta idea no es intuitiva. Cuando consideramos los bienes que podemos o queremos llegar a obtener, pensamos en cosas como el dinero, la inteligencia, el buen nombre, la belleza, tener relaciones significativas, hacer viajes, tener experiencias placenteras, etc. Algunas personas de delicada naturaleza incluirán el conocimiento en la lista anterior, pero pocas considerarán a la justicia como parte de aquellos bienes que, si se esmeran, podrían adquirir. Así que Platón nos debe una explicación en este punto: ¿en qué sentido o de qué forma puede la justicia, al margen de cualquier otra cosa que ella propicie, ser un bien para una persona?</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@pater_doloroso</a></em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120231</guid>
        <pubDate>Fri, 12 Sep 2025 01:55:42 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/09020007/images.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El anillo de Giges (2)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Baba</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El anillo de Giges (1)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/el-valor-de-la-justicia/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Tiene la justicia un valor por sí misma, o es valiosa sólo en la medida en la que nos permite obtener algún beneficio?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Esta semana les voy a ahorrar mis <a href="https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/ridiculos-presidenciales/">sardónicos comentarios de la política criolla</a>; en su lugar, les propongo que le echemos un ojo a un problema filosófico muy bonito que fue formulado en el siglo IV AC. </p>



<p>El problema tiene la forma de un dilema ético y fue presentado por el divino Platón en el Libro II de su magnum opus, <em>La República</em>. Puesta sucintamente, la cuestión es ésta: ¿Es la práctica de la justicia algo recomendable o valioso por sí mismo, o tan sólo lo es por los bienes que esta práctica nos permite obtener?</p>



<p>Las ventajas asociadas al hábito de la justicia son bastante obvias. Una de ellas, muy importante, es una buena reputación. Existen muchos roles sociales para los cuales la honestidad parece ser un requisito innegociable. En teoría, nadie le confiaría su dinero o su salud o su libertad o su país a alguien sabidamente corruptx. Por tanto, practicar la justicia parece algo sabio si no queremos vernos privadxs de los beneficios que se siguen del desempeño de esos roles&#8211;o si no queremos vernos agobiadxs por los males que se siguen de tener la reputación de ser gente tramposa, que son varios.</p>



<p>Todos éstos, sin embargo, son bienes que no tienen con la justicia una relación interna. Y esto implica que es posible hacerse de estos bienes sin realmente ser justxs. Basta con <em>parecerlo</em> y, claro, con asegurarnos de que esta apariencia nunca sea corregida.</p>



<p>Platón escenificó esta posibilidad a través de una leyenda que involucra al rey Giges de Lidia (<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Giges_de_Lidia">un personaje histórico</a>). En <em>La República</em>, Giges es presentado como un pastor que encuentra un anillo dotado de la singular propiedad de hacer invisible a su portador. Luego de su descubrimiento, Giges usa este anillo para seducir a Nisia, la esposa del entonces rey Candaules, y posteriormente para asesinar al propio Candaules y usurpar el trono de Lidia.</p>



<p>El punto inmediato de la inclusión de la leyenda en el diálogo platónico consiste en exponer la idea de que los seres humanos no somos justxs por querer, sino por temor (al castigo). Por tanto, una vez eliminadas todas las cosas que inspiran este temor, también quedan eliminadas todas las motivaciones que tenemos para actuar con rectitud. Esta poderosa idea, que encontraría un vigoroso defensor más o menos veinte siglos después en la figura de Thomas Hobbes, es uno de los pilares sobre los que se erige el pensamiento político occidental.</p>



<p>Más generalmente, empero, la leyenda parece entrañar la conclusión de que, mientras podamos guardar las apariencias, ser <em>in</em>justos es al menos tan provechoso para nosotrxs como ser justxs. Si esto es verdad, entonces si <em>siempre</em> pudiésemos guardar las apariencias, ser injustxs sería <em>siempre</em> para nosotrxs al menos tan beneficioso como ser justxs.</p>



<p>La cuestión permanece abierta: ¿existe algún beneficio que esté reservado para quienes practican la justicia, y que ni siquiera un Giges sea capaz de obtener? A juzgar por lo cubierto hasta este punto, las cosas no pintan bien para quienes piensan que sí. Denme unos días y les platico cómo prosigue esta venerable discusión filosófica, así como el <em>tour de force </em>que Platón empleó para dar a su pregunta una respuesta afirmativa.</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@pater_doloroso</a></em></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119970</guid>
        <pubDate>Mon, 01 Sep 2025 19:11:19 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/01133725/ring-of-gyges-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El anillo de Giges (1)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Baba</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>SER UN BUEN PROFESIONAL*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/ser-un-buen-profesional/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por considerarlo de interés para nuestros lectores, transcribimos las palabras de nuestra colega, embajadora Margarita Manjarrez Herrera, oradora invitada al grado del pasado 4 de diciembre en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, de los estudiantes de la facultad de Estudios Internacionales, Políticos y urbanos:“Muy buenas tardes, graduandos, familias, miembros de la facultad [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Por considerarlo de interés para nuestros lectores, transcribimos las palabras de nuestra colega, embajadora Margarita Manjarrez Herrera, oradora invitada al grado del pasado 4 de diciembre en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, de los estudiantes de la facultad de Estudios Internacionales, Políticos y urbanos:<br aria-hidden="true" /><span id="more-97557"></span><br aria-hidden="true" />“Muy buenas tardes, graduandos, familias, miembros de la facultad y de la comunidad universitaria. Fui invitada por el Decano, Julio Londoño Paredes, como oradora en esta ceremonia en la que ustedes reciben su grado profesional como politólogos y un doctorado en Estudios Políticos e Internacionales.</p>
<p><figure id="attachment_97559" aria-describedby="caption-attachment-97559" style="width: 288px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-97559" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Foto-Margarita-3-288x300.jpg" alt="" width="288" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Foto-Margarita-3-288x300.jpg 288w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Foto-Margarita-3-144x150.jpg 144w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Foto-Margarita-3.jpg 667w" sizes="(max-width: 288px) 100vw, 288px" /><figcaption id="caption-attachment-97559" class="wp-caption-text">Embajadora Margarita Manjarrez, Vicedecana Francesca Ramos, representantes consejo estudiantil y miembros de la facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos. Claustro Universidad del Rosario. Grados 4 de diciembre 2023.</figcaption></figure></p>
<p>Como todos quienes hemos tenido la fortuna de concluir una carrera u obtener un título de posgrado, estoy segura de que recordarán este día como uno muy especial en sus vidas. Esta invitación es un honor para mí y tomaré esta oportunidad para compartir con ustedes algunas reflexiones sobre un par de temas que estimo importantes y que lamentablemente muchos olvidan en el ejercicio profesional: uno, la humildad y el otro, la ética.<br aria-hidden="true" /><br aria-hidden="true" />Sobre el primero. Esta es una ceremonia de grado, en la que reciben un diploma que certifica algo, certifica que aprendieron y que pueden poner en práctica ese aprendizaje, que entienden y manejan con alguna experticia ciertas áreas del conocimiento. Pero en realidad, ¿qué implica un diploma, un grado?, ¿qué son más inteligentes ahora que cuando comenzaron su carrera en esta prestigiosa universidad?  ¿están más informados que antes, son mejores personas&#8230; ¿tienen por virtud de su grado un valor diferente al de otros jóvenes en nuestra sociedad?<br aria-hidden="true" /><br aria-hidden="true" />Las respuestas a estas preguntas a menudo son una cuestión de perspectiva, de contexto, pero en realidad no son preguntas que importen mucho, por ende tampoco las respuestas importarían. Sin embargo, responderlas nos ayuda a reflexionar sobre el significado y valor de obtener un título universitario.<br aria-hidden="true" /><br aria-hidden="true" />El grado, el diploma, serán valiosos en la medida en que contribuyan a que ustedes logren con ello ser útiles en la sociedad y a la vez, alimenten su propio bienestar y felicidad, como sea que ustedes conciban el ser útil o el ser feliz y estar bien.<br aria-hidden="true" /><br aria-hidden="true" />Una persona puede tener un gran conocimiento en un campo o dominio en particular y estar certificado para ello, pero eso no necesariamente la hace más feliz, más apreciada, más inteligente, mejor ser humano, no es garantía de que contribuirá al bienestar de los demás ni a construir un mundo más justo o mejor. Además, ni la inteligencia ni la experticia son estáticas, se pueden desarrollar y mejorar con el tiempo, el entrenamiento, el aprendizaje, la experiencia.<br aria-hidden="true" /><br aria-hidden="true" />Por lo tanto, la percepción de que alguien es &#8220;más inteligente&#8221; o &#8220;más capaz&#8221; porque ostente un título, no necesariamente es real.</p>
<p><figure id="attachment_97558" aria-describedby="caption-attachment-97558" style="width: 312px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-97558" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Foto-Margarita-2-300x204.jpg" alt="" width="312" height="212" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Foto-Margarita-2-300x204.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Foto-Margarita-2-150x102.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Foto-Margarita-2-768x523.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Foto-Margarita-2-1024x697.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Foto-Margarita-2.jpg 1075w" sizes="auto, (max-width: 312px) 100vw, 312px" /><figcaption id="caption-attachment-97558" class="wp-caption-text">Embajadora Margarita Manjarrez, Vicedecana Francesca Ramos, representantes consejo estudiantil y miembros de la facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos. Claustro Universidad del Rosario. Grados 4 de diciembre 2023.</figcaption></figure></p>
<p><br aria-hidden="true" />Con lo que he dicho no intento, ni mucho menos, demeritar este logro, todo lo contrario. Es importante reconocer y apreciar que este grado ha significado para ustedes esfuerzo, dedicación, años de estudio, incluso sacrificios o privaciones, pero igualmente, este grado debe recordarles que son afortunados ¡Muy afortunados y privilegiados! Ya lo dije en una ceremonia en este claustro hace algunos años, pero vale la pena repetirlo: se gradúan de la universidad más antigua de Colombia, fundada en 1653, por donde pasaron grandes hombres de nuestra historia, como José Celestino Mutis, Francisco José de Caldas, Camilo Torres, Rafael Uribe Uribe. Ahora,ustedes forman parte de una élite intelectual y académica, ¿Y porqué es una élite? porque miles de colombianos con sus mismas capacidades o hasta mejores, no pueden obtener un grado, porque en Colombia de cada 100 estudiantes que termina el bachillerato solo 48 ingresan a la educación superior y de cada 100 que ingresan solo terminan 55, en otras palabras, uno de cada cuatro bachilleres logra terminar la universidad. Por eso, recuerden su fortuna, reciban este grado con humildad y ejerzan su profesión con esa misma humildad, sepan que además este grado implica una enorme responsabilidad.<br aria-hidden="true" /><br aria-hidden="true" />Nuestro país está lleno de personas con diversidad de habilidades y conocimientos, por ello aunque es obvio estar felices por graduarse hoy, nunca dejen que el ser profesionales les impida reconocer a quienes no lo son, les impida abordar las interacciones humanas con humildad y mente abierta, reconocer que todos tenemos algo valioso que ofrecer en función de nuestras fortalezas y experiencias únicas, apreciar a quienes son menos afortunados que ustedes.<br aria-hidden="true" /><br aria-hidden="true" />No piensen ni por un momento que hoy en su grado se certifica que lo saben todo, es un momento de reconocimiento por concluir una etapa, pero siguen muchas más; sigan aprendiendo, nunca se sientan amenazados sino, por el contrario, afortunados si encuentran a mejores personas o a mejores profesionales que ustedes, a quienes les pueda enseñar, sigan dispuestos a aprender de los otros, valórenlos y trátenlos con respeto.</p>
<p><figure id="attachment_97560" aria-describedby="caption-attachment-97560" style="width: 233px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-97560" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/foto-Margarita-1-233x300.jpg" alt="" width="233" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/foto-Margarita-1-233x300.jpg 233w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/foto-Margarita-1-116x150.jpg 116w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/foto-Margarita-1.jpg 475w" sizes="auto, (max-width: 233px) 100vw, 233px" /><figcaption id="caption-attachment-97560" class="wp-caption-text">Margarita Manjarrez, Claustro Universidad del Rosario. Grados 4 de diciembre 2023.</figcaption></figure></p>
<p>Han superado una etapa, y merecen celebrarlo. Les esperan retos en un mundo muy complejo y acá paso a referirme al segundo tema de este discurso: la ética.<br aria-hidden="true" /><br aria-hidden="true" />Han terminado la universidad, la complejidad y ritmo acelerado del mundo los obligará a permanecer actualizándose, entrenándose en nuevas tecnologías, adaptándose a los rápidos cambios, a competir y sin embargo, estoy convencida de que el mayor desafío lo tendrán en ejercer sus profesiones con rectitud y honestidad, con ética.<br aria-hidden="true" /> <br aria-hidden="true" />Somos testigos con frecuencia de los escándalos de profesionales que parecían impolutos, de políticos corruptos, de empresarios a quienes no interesa la responsabilidad social, de quienes buscan el lucro a costa de lo que sea, de quienes no se sonrojan por anotar títulos falsos en sus hojas de vida o plagiar descaradamente. Pero ustedes, que tienen un verdadero diploma, que son parte de una élite, que lo han logrado con honestidad, deben aplicar esa misma honestidad en su ejercicio profesional; sus responsabilidades y compromisos deben fundarse en la ética. No caigan en el grupo de los infames, de los destacados profesionales de las mejores universidades que algunas veces encabezan  los titulares de las noticias por que los pillaron, los juzgaron y sentenciaron, por que faltaron a la ley o a la ética.<br aria-hidden="true" /><br aria-hidden="true" />Nuestra Colombia necesita de profesionales honestos y decentes. No son valores del pasado y el fin no siempre justifica los medios, aunque las prácticas corruptas sean pan diario, nunca se escuden en que porque todos lo hacen, ustedes lo harán. ¿Podemos hacer lo que sea para beneficiarnos? ¿traicionar nuestros principios, a nuestros amigos y colegas? ¿Abandonar a quienes debemos nuestro servicio y a nosotros mismos? ¿obtener provecho ilícito por hacer nuestro trabajo? la respuesta debe ser un No rotundo, no vale la pena.<br aria-hidden="true" /><br aria-hidden="true" />Queridos jóvenes, ejerzan su profesión y vivan su vida con  ética, principios y decencia. Respeten las normas aunque no les gusten, valoren la diferencia, no crean que colarse, sacar tajada, pedir comisión, pasar por encima de los demás es ser muy vivo o muy inteligente. Tengan entereza para levantarse ante la injusticia y no cedan ante la corrupción. A diario, en cada momento, practiquen la decencia y no traicionen sus principios. Cultiven la ética, riéguenla como a una planta, con cada pequeño acto honesto. Si luego, en muchos años, aunque no hayan amasado fortuna ni fama, pueden mirarse al espejo con orgullo y sin remordimientos de conciencia, sin tener nada que esconder y si sus hijos, allegados, colegas o extraños les demuestran además de amor, admiración y respeto, sepan que lo hicieron bien, que habrán vivido con decencia, con ética y con humildad, que eso es ser un buen profesional y un buen ser humano, les aseguro que eso será suficiente y el mejor premio, la mayor satisfacción en sus vidas.<br aria-hidden="true" /><br aria-hidden="true" />Finalmente, queridos jóvenes, perseveren y sean más felices de lo que son hoy, pero por favor, no dejen de lado la HUMILDAD ni la decencia, no traicionen sus principios, vivan con ÉTICA.<br aria-hidden="true" /><br aria-hidden="true" />¡Felicitaciones! y muchas gracias por escucharme.”</p>
<p>*Margarita Eliana Manjarrez Herrera es funcionaria de carrera diplomática y actualmente embajadora de Colombia en Israel. Abogada de la Universidad de los Andes con maestría en Análisis de Problemas Políticos, Económicos e Internacionales Contemporáneos de la universidad Externado de Colombia.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97557</guid>
        <pubDate>Tue, 12 Dec 2023 23:31:33 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[SER UN BUEN PROFESIONAL*]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Asociación Diplomática y Consular de Colombia</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>