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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de escritor | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Mi esposa y la dictadura</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/hypomnemata/esposadictadura/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cansada de mis quejas, mi esposa tomó el poder e instauró una Dictadura. Mi inutilidad para escribir una pieza literaria de prestigio y riqueza estética ocasionó este grave impase que aún no he podido resolver.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Al principio creí que era buena idea. Para nadie es un secreto que la democracia le hace mal a la literatura. La libertad no nos ha dado buenas obras y, como lo dice la historia, los libros más profundos y famosos son las que se producen en un régimen totalitario.</p>



<p>La literatura latinoamericana se burla demasiado de esos nobles hombres, padrastros de la buena escritura, los Dictadores. No podemos cuantificar cuánto se les debe. Si viviéramos en dictadura no existiría el “agotamiento” al que se refirió <a href="https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12191993">María Kodama en Manizales</a>. Y bajo esta premisa empezaron los cambios en casa.</p>



<p>Primero, se me advirtió que todas mis conversaciones serían monitoreadas y grabadas, únicamente podía hablar sobre algunos temas literarios escogidos con anterioridad. Por cuestiones de gobierno, los poetas Románticos hacían parte del índice prohibido. Su idealismo los hacía detestables. Debía leer un libro diario, sin importar el número de clases al día, y presentar un informe que analizara (en algunos casos semióticamente) el estilo y el lenguaje que utilizaba. Fueron noches aterradoras. Debía ponerme en pie, la espalda rígida y empezar a recitar pasajes de memoria con su respectivo comentario. Ante mis infructuosos intentos, tuve que ayudarme de papelitos que me ayudaban a recordar los números de página y algunas palabras desconocidas, generosidades de la Dictadora.</p>



<p>Sólo podía ver Señal Colombia, comer carnes rojas y jugar Dicciorama. En la guitarra sólo podía usar notas mayores y cuidar de que no sonara por equivocación una nota mal puesta. No podía mirar por la ventana, ni mucho menos intentar abrir la puerta sin permiso. Tomaba Ginkgo Biloba con cada comida.</p>



<p>Se desterraron a Chopin y Schubert; en su lugar se escuchaba un Bach bastante matemático que exigía concentración máxima en las tareas de escritura. Mi Dictadora repetía todos los días la noticia de Kodama y, alentándome, me gritaba al oído que teníamos que trabajar.</p>



<p>Mi Dictadora, consiente del “mens sana in corpore sano”, sabía que no sólo de largas lecturas vive el hombre; así que introdujo a su forma de gobierno ejercicios corporales que pretendían mejorar mi acondicionamiento físico y que me facilitarían el trabajo de escritura. Empecé a relajar mis falanges lavando los platos, inicié una terapia que aliviara los dolores de hombro barriendo y&nbsp; trapeando los pisos, incluso, bondades de los Dictadores, los dolores de muñeca que me atormentaban desde hacía días, fueron desapareciendo paulatinamente después de empezar a&nbsp; lavar la ropa de los dos.</p>



<p>Todo estaba bien. No podía quejarme (los castigos eran bastante molestos). Era obediente y seguía los lineamientos al pie de la letra. Sin embargo, los resultados eran pésimos. Lo que escribí esos días no era más que basura. Yo lo sabía. Mi Dictadora, en cambio, me elogiaba. Eso sí era literatura, decía, ya verá esa tal Kodama&#8230; Intenté persuadirla, pero no me escuchaba. Estaba ocupada inventando nuevos ejercicios para aliviarme unos dolores de rodillas que no me dejaban permanecer sentado frente a la pantalla del computador.</p>



<p>Al final, me sorprendí levantándome en las noches, a eso de las once, a escondidas, para escribir en una libretita que tengo escondida debajo de la nevera. Ella no debe darse cuenta. Allí garabateo mis tormentos, mis sueños de abrir la puerta, describo el sabor horrible del Ginkgo Biloba y lo detestable que es la dictadura. ¿Estaré escribiendo allí la verdadera literatura?</p>



<p>Publicado originalmente el 08 de septiembre de 2012 en El Espectador.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Hypomnémata</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120984</guid>
        <pubDate>Mon, 01 Dec 2025 12:24:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Mi esposa y la dictadura]]></media:description>
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        <title>Si yo fuera un lector anónimo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/si-yo-fuera/si-yo-fuera-un-lector-anonimo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Si yo fuera un lector anónimo buscaría incrementar la felicidad exclusiva que sólo puede brindar el saborear las palabras. Aumentar el disfrute singular que ofrece la degustación de la expresión escrita. Algo que se hace posible no sólo en la lectura, sino también en el ejercicio de escribir.  En los procesos mediante los cuales les [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Si yo fuera un lector anónimo buscaría incrementar la felicidad exclusiva que sólo puede brindar el saborear las palabras. Aumentar el disfrute singular que ofrece la degustación de la expresión escrita.</p>
<p>Algo que se hace posible no sólo en la lectura, sino también en el ejercicio de escribir.  En los procesos mediante los cuales les damos forma a nuestros pensamientos, ideas y sentimientos.  En la concreción precisa de las expresiones que escribimos; dándonos cuenta de que la palabra escrita, fuera de todo cuestionamiento, tiene vida propia.</p>
<p>Reconociendo la solidez de esos aspectos, sin ninguna duda, siendo un lector anónimo, me matricularía con toda certeza, en el Taller de Literatura Creativa que conducen los escritores Julio César Londoño y Betsimar Sepúlveda.</p>
<p>Debo confesar que nunca fui propenso a participar de este tipo de actividades.  Muy probablemente esa actitud se debía a que conocí a muchas personas que se la pasaban de taller en taller sin poder encontrarse en la escritura, y sin hacer de ese instrumento  un medio para elevar su espíritu.</p>
<p>Sin embargo, con el mismo énfasis, debo confesar que agradezco el haberme matriculado en el taller.  No me arrepiento para nada y sin reservas lo recomiendo.  Me dejé convencer por Julio César Londoño, en especial  por sus estupendas columnas sabatinas de El Espectador.  Esa precisión expresiva, ese bordado del lenguaje que emplea, esa coherencia y ritmo que le imprime a su narrativa.</p>
<p>A manera de ilustración, es de ver lo misteriosa que es la vida: permitió que un suceso trágico como la actual pandemia, hiciera que este taller antes reservado sólo a las personas que vivían en la ciudad de Cali -dado que era presencial- se volviera virtual y se extendiera a personas del resto del país y de varios países del mundo. Hemos tenido participación de colegas desde Brasil, Canadá, España, Panamá y Suiza.  Tendremos participación ahora de personas desde Estados Unidos.</p>
<p>A partir del pasado febrero, los sábados entre las 9 am y la 1 pm se convirtieron en una fiesta para los más de 50 participantes que hicimos parte de la actividad en el primer semestre de 2021.  Una fiesta cuyo principal protagonista es la literatura universal a través de sus más grandes exponentes, cuidadosamente seleccionados por los profesores y muchas veces también a través de textos sugeridos por los participantes, muchos de los cuales tienen un altísimo nivel.</p>
<p>Más que un taller de escritura se trata de un auténtico centro de pensamiento, donde compartíamos ideas, perspectivas, desarrollos y escenarios sobre hechos de la historia y la actualidad.  A partir de las perspectivas múltiples, surge la riqueza y el esplendor de nuestro aprendizaje.</p>
<p>El taller se ocupa principalmente del cuento, el ensayo, la crónica, la crítica literaria y, por supuesto, la poesía.  Julio César Londoño con imaginación, creatividad, cordial sentido del humor y una gran sutileza nos permite acceder a los elementos distintivos de cada uno de los géneros, excepto el de poesía.</p>
<p>Para esto último -para abordar los versos, las estructuras poéticas y los ritmos propios que emergen de secretos recodos- contamos con la orientación de Betsimar Sepúlveda.  Ella, con la musicalidad de su voz y con su gran sensibilidad, nos encausa por el mundo de las emociones, las tensiones, el placer y el dolor.</p>
<p>El desarrollo conceptual nos permite iniciarnos en el camino de la escritura a quienes no hemos tenido esa experiencia.  Es una actividad de introducción y de perfeccionamiento a los ya iniciados en ese mundo maravilloso de poder transformar una página en blanco en algo inolvidable para quien pueda leerla.</p>
<p>El arte de jugar con palabras nos permite sentirnos lejanos descendientes de Homero, Virgilio, Dante, Cervantes, Shakespeare y Borges, a quienes considero los verdaderos Dioses del Olimpo de la Literatura Universal de todos los tiempos.</p>
<p>Nos permite hacernos parientes ya más cercanos de personajes como Wilde, Dickens, Proust, Camus, Yourcenar, Kafka, Mann, Pessoa, Neruda, Cortázar, Gabo, Rulfo; y si se quiere hermanos díscolos de los famosos que, estando vivos, hoy se venden en las librerías del mundo.</p>
<p>El Taller de Escritura Creativa de Julio César y Betsimar nos permite conocer con más profundidad ese maravilloso universo de la literatura.  Todo un espléndido medio para ser mejores seres humanos.  Todo un magnífico instrumento para tener perspectiva auténtica, para con nosotros mismos, para con los demás.</p>
<p>El Taller de Escritura es una actividad creativa que nos hace estar en permanente evolución.  Y ahora, esa evolución lo espera también a Usted, amigo lector.</p>
<p style="text-align: left;"> Si  usted  amigo  lector  desea  hacer  uso  de  esta  invitación,  puede contactarse   vía  WhatsApp  al  311 3019819  o  al  301 3208470,  e-mail:    <a href="mailto:jclondono53@gmail.com">jclondono53@gmail.com</a>.</p>
<p>Este escrito fue construido en colaboración con el compañero del Taller Giovanny Efraín Reyes.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-85521" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/08/taller-literatura.jpg" alt="Taller de Literatura" width="1280" height="1280" /></p>
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        <author>José Ricardo Mejía Jaramillo</author>
                    <category>Si yo fuera</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=85520</guid>
        <pubDate>Mon, 09 Aug 2021 13:06:26 +0000</pubDate>
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