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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Eros | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Musas</title>
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        <description><![CDATA[<p>Esos espíritus o presencias etéreas a los que acude el poeta en busca de inspiración, esas figuras divinas con las que quiere toparse la mano creativa del pintor, las ninfas por las que espera ser abordado el músico que compone una melodía, esas fuerzas poderosas que como representaciones femeninas asisten a los artistas dotándolos de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Esos espíritus o presencias etéreas a los que acude el poeta en busca de inspiración, esas figuras divinas con las que quiere toparse la mano creativa del pintor, las ninfas por las que espera ser abordado el músico que compone una melodía, esas fuerzas poderosas que como representaciones femeninas asisten a los artistas dotándolos de magia y creatividad, esos son los seres mitológicos a los que se les conoce como musas. La palabra musa significa “canción” o “poema”, y según parece la devoción por estos seres es originaria de Pieria, en Tracia, muy cerca de donde se ubicaba el monte Olimpo. La versión que más prolifera cuenta que fueron engendradas después de nueve noches de amor ininterrumpidas entre Zeus, gran dios del Olimpo, y la titánide Mnemósine, diosa de la memoria, y que solían acompañar al dios de las artes, el mítico Apolo, con quien tendrían casi todas algún amorío y una que otra descendencia divina, además de aprender de él los distintos oficios artísticos. Su primera aparición, luego de su nacimiento, fue cantar en coro el triunfo de los dioses olímpicos sobre los titanes, celebrando la victoria que eternizaría a su padre en el poder de los cielos. Hacia el siglo VIII antes de Cristo la creencia en las musas se extendía por todo el territorio de la Hélade, siendo una creencia que ciertamente inspiraría el arte de la Antigua Grecia, ya que toda suerte de artistas de distintas latitudes estaban convencidos de la existencia de las musas, por lo que el culto y adoración por estas figuras era común entre los poetas, escultores y músicos de la época. Desde Esparta y hasta Roma, y para rendirle tributos a las musas, se erigieron templos, altares, estatuas y toda clase de monumentos donde solían ofrecerse en sacrificio libaciones de agua, leche y miel. En el siglo IV la ya dominante iglesia romana prohibió el culto y la adoración a las musas, considerándoles rituales paganos que eran contrarios a los preceptos cristianos, y durante el Oscurantismo la invocación a estas presencias míticas podría llegar a ser condenado con la pena capital. Unos dicen que al principio fueron tres musas, otros señalan que fueron cuatro, pero la versión más difundida sería la propuesta por Hesíodo y luego respaldada por Plutarco, quienes distinguieron a nueve musas y las catalogaron según las distintas corrientes artísticas: <strong>Calíope </strong>(Καλλιόπη), “la de la bella voz”, musa de la elocuencia, la belleza y la poesía épica, amante de Apolo y con quien tendría al poeta Orfeo, asesinado por el dios Dionisio, y a quien se le representa coronada con un ramillete de laureles, portando una tabla de escritura y sujetando una lira. Es la mayor de todas y según Homero sería ella la que inspiraría sus epopeyas de <em>La ilíada </em>y <em>La odisea</em>; y también sería la encargada de mediar en la disputa entre Afrodita y Perséfone cuando ambas codiciaban al bello Adonis. Tras la muerte de su hijo y su esposo, esta ninfa acabaría parando en los sótanos del Hades.<strong> Clío </strong>(Κλειώ), “la que ofrece la gloria”, madre de Jacinto, el fiel amigo de Apolo, musa de la Historia y que suele ser representada portando un libro abierto o un rollo de pergamino mientras toca la trompeta. Se dice que fue ella quien enseñó en Grecia el alfabeto de los fenicios. <strong>Erató </strong>(Ἐρατώ), “la amorosa”, musa de la poesía lírica, amante de Apolo, y que suele aparecer con una antorcha encendida, acompañada de un arco y de flechas doradas, tal como Eros, dios del amor, con una corona de rosas ceñida a su cabeza y sosteniendo el instrumento de la cítara mientras un par de tórtolas le picotean los pies. <strong>Euterpe </strong>(Εὐτέρπη), “la muy placentera”, musa de la música, inventora del aulos (flauta doble) y que suele estar acompañada junto a otros instrumentos como el laúd y la guitarra, coronada de rosas y hojas de mirto y que funge como representante del buen ánimo. <strong>Melpóneme </strong>(Μελπομένη), “la melodiosa” era la musa de la tragedia, del ingenio y la imaginación. Su cabeza está encumbrada por una corona de pámpanos y alguna joya que la adorna, siempre cubierta de coloridas prendas, calzado alto, llevando una máscara de aspecto triste en una de sus manos, y en la otra un puñal ensangrentado (en otras versiones empuña un cetro), mientras reposa sobre una maza como símbolo de que el oficio del teatro requiere un compromiso para nada sencillo, así como de un gran talento. Triste, solitaria, descontenta a pesar de sus privilegios, y representante consumada del drama. <strong>Talía </strong>(Θάλεια), “la festiva”, musa de la comedia, anfitriona en festejos, sinónimo de abundancia, será la contraparte de su hermana Melpóneme. Con una mirada inquietante, pícara y divertida, Talía es representada con guirnaldas, calzando sandalias o borceguíes, y portando en su mano una máscara con una sonrisa dibujada. También fue amante de Apolo, y es asociada con los campos, los sembrados y la agricultura. <strong>Terpsícore </strong>(Τερψιχόρη), “la que deleita en la danza”, es la musa del baile, también la que vela por la educación, y suele representársele bailando y tocando el arpa. Es además la madre de las sirenas. Siempre vestida con prendas color blanco, <strong>Polimnia </strong>(Πολυμνία), “la de muchos himnos”, es la musa del canto. Es representada en una actitud meditativa, con un semblante muy serio, reposando su brazo sobre una roca en actitud reflexiva, mientras un velo le cubre parte del rostro y su mirada profunda se posa en los cielos. Lleva algunas cadenas sujetas a su cuerpo, y a veces aparece con un dedo en los labios como señal de silencio y prudencia. Es la creadora de la geometría, la gramática y la lira. Finalmente la menor de las musas, <strong>Urania </strong>(Οὐρανία), “la celestial”, musa de las ciencias y especialmente de la astronomía, otra amante de Apolo que figura portando un ramillete de espigas en su mano derecha y en la izquierda un globo terráqueo, y a sus pies distintos instrumentos de medición como la brújula o el compás. El poder principal de las musas consiste en susurrar al poeta las palabras justas, medidas, mezcla de su conocimiento y sus ideas, otorgándole el disparador necesario para relatar sus pensamientos con elegancia y belleza. Así también aconsejaban a los reyes en el arte de gobernar y socorrían a los oradores en el arte de la retórica, como fuera el caso de Aristeo. La profecía era también un atributo por el que eran conocidas dado su cercanía con el dios profético de Delfos, su amado Apolo. Las musas figuran en los distintos mitos como personajes secundarios, compañeras del dios Dionisio en sus banquetes y con entrada disponible al Olimpo, haciendo apariciones eventuales, como cuando sirvieron de juezas en el duelo musical que tuvo Apolo contra su retador Masias, o cuando las nueve hijas del rey Píero, las Piérides, se atrevieron a desafiarlas en una competencia de canto, terminando convertidas en urracas y sus voces transformadas en graznidos. Otras que no salieron bien libradas después de encarar a las musas fueron las temidas sirenas, que recibieron como castigo el ser desplumadas de sus colas, plumas con las que luego se adornarían las musas con el fin de humillar a las ninfas oceánicas. El cantor Tamiris, hijo de Filamón y de la ninfa Argíope, fue otro personaje al que no le fue bien luego de retarlas y de perder en la contienda. Tamiris había propuesto a las musas acostarse con ellas si salía vencedor en un duelo de canto, pero finamente sería castigado con la ceguera por su <em>hibris, </em>que es como se conoce a la ambición desmedida<em>. </em>Al comienzo de una tarea artística es el momento preciso en que es debido evocarlas, nombrándoles y requiriendo de su consuelo, su gracia y profecía, para que acudan en auxilio de la empresa artística. Es así como a lo largo de la Historia han sido varios los filósofos y poetas que han invocado la asistencia inspiradora de las musas. El ilustre Heródoto nombró a cada uno de sus nueve libros de <em>Historias </em>con el nombre de cada musa. Para impulsar la “armonía cívica y el aprendizaje”, Pitágoras recomendó a los habitantes de Crotona que levantaran un templo en honor a las musas. Platón y Hesíodo también se refieren a las musas en algunos pasajes de sus escritos, y de este mundo antiguo nos queda la biblioteca de Alejandría, la cual se construyó alrededor de un <em>mouseîon </em>(museo), que es como se le llama al “altar de las musas”, y que estaba ubicado muy cerca de la tumba de Alejandro Magno. En tiempos modernos Dante clamará el auxilio de las musas en repetidas ocasiones, como en el caso de <em>La divina comedia, </em>cuando canta desde el Infierno: “¡Oh musas, oh altos genios, ayudadme! ¡Oh memoria que apunta lo que vi, ahora se verá tu auténtica nobleza!” O en el caso de Shakespeare con su obra <em>Enrique V, </em>y en cuyo prólogo podemos leer: “Quién me diera una musa de fuego que os transporte al cielo más brillante de la imaginación; príncipes por actores, un reino por teatro, y reyes que contemplen esta escena pomposa.” John Milton, Góngora, e incontables son los artistas que expresaron sus ansias de convocarlas para que alumbraran sus obras. Hicieron presencia en el antiguo arte romano y luego tuvieron que esperar para reaparecer en el Renacimiento y cobrar mayor fuerza con el Neoclásico, siendo notoria la figura de las musas en los relieves de los monumentos, o en las esculturas que suelen adornar las fuentes. En la Ilustración la mítica presencia de la musa se manifiesta en el arte, y hacia el siglo XVIII volverán a ser símbolo de inspiración divina, como el caso de una logia compuesta por intelectuales y célebres de la época como Voltaire, Franklin y Danton, que era conocida como <em>Les neuf sœurs </em>(Las nueve hermanas). A partir de ese momento la palabra “museo” servirá además para nombrar al lugar donde se recoge historia y conocimiento que quiere compartirse con todos. Safo de Lesbos y más tarde otra poetisa, Sor Juana Inés de la Cruz, fueron llamadas como la “Décima Musa”. Los nombres de las musas aparecen bautizando plantas, árboles, ríos y mariposas, y de diferentes formas se les ha representado en los cuentos, películas, animaciones y videojuegos, y en donde seguirán su tarea de alertar el asombro del artista y servir como un gatillo en su quehacer creativo.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 23 Jun 2023 22:58:35 +0000</pubDate>
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        <title>Ninfas</title>
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        <description><![CDATA[<p>Escondidas en lo profundo de los bosques, algún desventurado podría llegar a cruzárselas, permitiéndose gozar de su encanto y de su belleza, pero sufriendo la desgracia de padecer algún mal, locura o enamoramiento, ceguera e, incluso, la muerte. No son seres malignos, todo lo contrario. Se tratan de presencias femeninas con potestad divina y que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Escondidas en lo profundo de los bosques, algún desventurado podría llegar a cruzárselas, permitiéndose gozar de su encanto y de su belleza, pero sufriendo la desgracia de padecer algún mal, locura o enamoramiento, ceguera e, incluso, la muerte. No son seres malignos, todo lo contrario. Se tratan de presencias femeninas con potestad divina y que son las encargadas de dar vida, velar y animar las distintas manifestaciones de la naturaleza: ríos, lagos, mares, montañas, árboles, valles, cavernas… La cuestión es que son ellas quienes acuden en auxilio de animales y humanos, y no gustan ser sorprendidas de improviso por los hombres que, obnubilados por la tanta belleza, no podrán evitar reparar en ellas, mereciendo de esta forma un castigo por su indiscreción. Son representaciones de fertilidad y gracia, encargadas de la crianza de hombres y de la protección de animales, enfermeras solícitas capaces de curar toda suerte de dolencias, y dotadas de una hermosura impactante y divina. Suelen ser caracterizadas como bellas doncellas que aparecen casi siempre desnudas, luciendo una corona perlada sobre una larga cabellera color marina, de cuerpos esbeltos y lívidos que les permiten flotar y fluir con un desenvolvimiento supremo, así como transmutar y adquirir varias formas y figuras. Las ninfas solían estar presentes en las reuniones de los dioses olímpicos, y varias de estas eran incluso las hijas de algunos dioses, por lo que suele conferírseles el grado de deidad. Lo cierto es que si bien estos espíritus divinos gozaban de una prolongada juventud, no se trataba de seres inmortales, y el hecho de que pudieran morir las convierte en personajes que no corresponden ciertamente con los atributos de los dioses sempiternos. La palabra griega νύμφη (ninfa) significa “novia”, y aunque existen otras acepciones distintas, todas hacen referencia a un estado en el que la mujer está en edad de recibirse en matrimonio. Las primeras ninfas fueron concebidas por los primeros dioses, Gea y Urano, son hermanas de Afrodita, de las Furias y de los Gigantes, y a éstas se les conoce como las <em>melias</em> o <em>melíades</em>. Con ellas nace la Edad de Bronce, y a partir de allí las ninfas adquieren distintos nombres según el lugar del que se ocupan. Tenemos así en los cielos a las <em>auras, </em>las aladas hijas del viento; las <em>néfelas, </em>las nubes de las lluvias; las <em>auriae, </em>las encargadas de las brisas y también las <em>asteriae </em>que eran las ninfas de las estrellas. Las ninfas marinas son muchísimas, destacándose las <em>oceánides</em>, hijas de Océano y Tetis, las <em>náyades </em>y las <em>hidríades </em>que estaban presentes en las aguas dulces, y además de las cincuenta <em>nereidas </em>que habitaban en el Mar Mediterráneo<em>, </em>hijas de Nereo y de la oceánide Doris, y que se reconocen por portar un tridente y acompañar en sus empresas al dios de los mares, Poseidón. En los océanos también encontramos a las <em>sirenas</em>, únicas de las ninfas que tienen propósitos siniestros, ya que suelen encantar a los marineros con su melodioso canto, atrayéndolos al agua y en donde finalmente acabarán ahogándolos. Es por esto que algunos expertos toman medidas al respecto taponándose los oídos con cera caliente. En tierra encontramos a las <em>oréades, </em>guardianas de grutas y montañas; las <em>dríades, </em>protectoras de los árboles, las <em>atlántides </em>o <em>hespérides, </em>hijas del titán Atlas y custodias de la cordillera del Atlas, en África de norte; también son hijas de Atlas y de Pléyone las siete <em>pléyades</em>, famosas por ser parte de la corte de ninfas que acompañaban a la diosa Artemisa en todas sus empresas. En el inframundo nos encontramos con decenas de ninfas, destacándose las <em>lampadas </em>que portan antorchas y acompañan a Hécate, diosa de la brujería, y a quien Zeus le obsequiaría este séquito de ninfas por tratarse de una fiel aliada del Olimpo. Por último resaltar la presencia de las <em>musas</em>, que según las categorías de Hesíodo y Plutarco se trataban de nueve ninfas dotadas del poder de la profecía, y que eran quienes inspiraban la creatividad artística en sus distintas vertientes: la danza, el teatro, la música, la poesía. Las ninfas no aparecen como protagonistas de los mitos griegos, y sin embargo suelen rodear algunos de los principales seres olímpicos o emparentarse con reyes y dioses. Artemisa por ejemplo tenía por costumbre salir a cazar en compañía de unas sesenta oceánides; Poseidón se ve siempre rodeado de las nereidas<em>;</em> las <em>ménades</em> eran aquellas ninfas que solían servir a Dioniso en sus festejos; las hidríades asistían a la diosa Deméter y las <em>lamusideas</em> aparecen frecuentemente en los relatos del sátiro dios Pan; una ninfa llamada <strong>Maya</strong> tendría con Zeus al dios mensajero Hermes y también la nereide <strong>Tetis</strong> sería la madre de Aquiles y Temries, e incluso fueron las <em>thías </em>(ninfas abejas) quienes se ocuparon de la crianza del gran Apolo. En uno de los relatos de Herácles las náyades se manifiestan para frustrar los intereses del héroe, quien padeció la muerte de su amante Hylas, luego de que éste fuera engañado por las ninfas y acabara ahogándose en una fuente. <strong>Anfitrite</strong> es una nereida de las más antiguas, reconocida por sus celos desmesurados y acechada por el dios Poseidón, quien se enamoraría de ella cuando la vio bailando en Naxos junto a otras ninfas, y no vaciló para raptarla y procrear con ella al famoso dios Tritón, mensajero de los océanos. <strong>Galatea</strong> era otra nereida que habitaba en Sicilia, hija de Nereo y de la ninfa Toosa, y que debido a su encantadora belleza dejaría al cíclope Polifemo perdidamente enloquecido. Sin embargo Galatea no correspondía al cíclope ya que su corazón estaba con un pastor llamado Acis, hijo también de una ninfa y del dios Pan. El cíclope descubriría a estos amantes a orillas del mar y le daría muerte a Acis propinándole un golpe en la cabeza con una enorme piedra. Los dioses se apiadaron del dolor de la ninfa y convirtieron la sangre derramada de su amante en un río que hasta el día de hoy conserva el nombre de Acis. Otra ninfa reconocida por su historia con el dios del sol y de las artes, Apolo, es la dríade llamada <strong>Dafne</strong>, hija de la diosa Gea y del dios del río Ladón, de Arcadia. La leyenda cuenta que Eros, siendo burlado por Apolo, decidió vengarse de éste clavándole una de sus flechas de oro y enamorándolo de esta manera de Dafne, quien a su vez recibiría su herida con una flecha de plomo, lo que ocasionaba en la víctima el total desprecio por el amor. Apolo intentó de mil formas seducir a Dafne, y ante el acoso la dríade pidió el auxilio de los dioses, quienes la convertirían en un laurel para así evitar una acechanza continua del dios de las artes. Apolo arrancó algunas hojas del árbol y se fabricó una corona como un homenaje de su amor eterno, y de allí que la corona de laurel sea un símbolo del triunfo. <strong>Eco</strong> sería una oréade que fue criada por las musas, distinguida por su retórica y que se ensoberbecía de oír su melodiosa voz, y quien tendría la desventura de enamorarse del más apático y egoísta de los hombres, Narciso, un tipo vanidoso en exceso y que solía despreciar a cada una de sus pretendientes. Eco entretenía con su charla a Hera mientras Zeus se escapaba con sus amantes, y tras enterarse del engaño la diosa castigaría a la ninfa privándola de hablar, y limitándola a repetir únicamente la última palabra de su interlocutor. Eco logró encarar a su amado Narciso y éste le preguntó si era mujer, a lo que la ninfa solamente pudo replicar la palabra “mujer”. El pretensioso Narciso se burlaría de ella, y fue así como, desdichada, Eco se refugió en una cueva donde sería finalmente olvidada. <strong>Calipso </strong>fue la ninfa que hospedó en su isla a Odiseo luego de que el barco que lo llevara a casa naufragara, agasajándolo con todo tipo de banquetes y ropajes de lujo, esperando que éste desistiera de su campaña de retorno y se quedara a su lado. Fue así como consiguió que Odiseo retrasara su periplo y durante este tiempo tuvo con él dos hijos: Nausítoo y Nausínoo. Odiseo comenzó a extrañar a Penélope, su esposa, pero no conseguía desprenderse de las mieles de su amante, por lo que tendría que intervenir la diosa Afrodita quien le ofrecería a Odiseo la dotación de madera para que construyera una barca, así como los víveres suficientes para lanzarse de nuevo a la aventura marina. Se cree que la ninfa Calipso moriría de pena y desolación cuando fue abandonada por el héroe. <strong>Oenone </strong>era la ninfa que estaba casada con Paris, príncipe de Troya, y que vaticinó un desenlace fatal para su reino si Paris emprendía su viaje hacia Grecia, donde efectivamente conocería a Helena y, después de escaparse con ella, se desataría la mítica guerra contra los espartanos. Otra famosa ninfa es la dríade <strong>Eurídice</strong>, de quien el músico y poeta Orfeo se enamoró, siendo éste uno de los hombres más perseguidos y apetecidos por todas las ninfas. Eurídice muere luego de ser mordida por una serpiente, y Orfeo descenderá al Hades en su búsqueda, logrando rescatarla pero perdiéndola para siempre durante la huida, luego de que el poeta desacatara la instrucción de no mirar a su amada al rostro hasta tanto no abandonaran los infiernos, y tras lo cual Eurídice sería nuevamente arrebatada por los avernos. La palabra “ninfomanía” deriva de este mito, dado que Orfeo enloquecía a las ninfas con su canto, y en psicología hace referencia al desenfreno incontenible del apetito sexual, y aunque en la actualidad a dicha condición se le quiera cambiar el nombre por el de “hipersexualidad”. La palabra “nínfula” hace referencia a la niña precoz y avezada, tomando como referente a la <em>Lolita </em>de Nabokov, y en cuya novela el personaje mayor de Humbert Humbert suele llamar de esta manera a su amante adolescente. El encanto de las ninfas contrasta con el de la mujer sumisa, sirviendo como un modelo de libertad femenina que ejerció una grande influencia en el pensamiento del mundo antiguo. El culto de adoración incluía sacrificios de cabras y corderos, así como leche, vino y aceite. Su tributo se difundió a lo largo y ancho del territorio griego, y son decenas de estatuas y esculturas que pueden apreciarse casi siempre decorando las fuentes de las plazas. Incluso hoy día las ninfas hacen parte del folklor mitológico griego, y hay quienes aseguran haber sido testigos de un encuentro cara a cara con una de ellas. Por último mencionar que la palabra “nenúfar” proviene de la palabra “ninfa”.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 20 Jan 2023 22:54:35 +0000</pubDate>
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        <title>Julieta Capuleto (1597)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Amor a primera vista, amor prohibido, loco, pasional, inmediatista, amor en todo caso mutuamente correspondido, amor pueril y desmedido, el amor de Romeo y Julieta lleva varios siglos sirviendo como un arquetipo ideal de los amantes, un amor intemporal e imposible y con un destino inevitablemente trágico. La historia transcurre en Verona, donde dos familias [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Amor a primera vista, amor prohibido, loco, pasional, inmediatista, amor en todo caso mutuamente correspondido, amor pueril y desmedido, el amor de Romeo y Julieta lleva varios siglos sirviendo como un arquetipo ideal de los amantes, un amor intemporal e imposible y con un destino inevitablemente trágico. La historia transcurre en Verona, donde dos familias de las más poderosas, los Montesco y los Capuleto, se odian a muerte. Julieta, hija de los Capuleto, es pretendida por el conde Paris, un joven notable y buen mozo al que el padre de Julieta le pedirá esperar dos años hasta que su doncella alcance la edad de los quince y entonces sea conveniente desposarla. Sin embargo el compromiso se da por hecho y para hacerlo público celebran una fiesta de máscaras donde se infiltrará el hijo de los Montesco junto a su pandilla de amigotes. Romeo Montesco es un tipo melancólico que lamenta la pérdida de su amada Rosalía, pero que finalmente es convencido por su amigo Mercucio para que asistan a la fiesta de máscaras. El destino, o los astros, como creía el taciturno amante, lo llevará a conocer a la hija de sus enemigos, y de inmediato surgirá un amor mutuamente correspondido, y sin que ninguno de los dos conociera del apellido del otro. Durante el baile, los jóvenes tendrán la oportunidad no sólo de cruzar palabras sino también besos, y también promesas. Al despedirse, Julieta pregunta a su nodriza quién es ese joven que la tiene maravillada, enterándose que se trata de Romeo, el hijo de los Montesco. A continuación la pareja vivirá una de las escenas más emblemáticas del teatro, cuando Julieta desde su balcón se desata en un soliloquio donde le confesará a la noche su amor por el hijo de su enemigo. Romeo se ha escondido entre los jardines que dan al balcón, siendo testigo de las palabras de Julieta, por lo que no vacila en sorprenderla y en trepar por la enredadera y hasta alcanzar a su amada. La pareja aprovechará un par de minutos para confesarse su amor, antes de que sean sorprendidos por alguno de los Capuleto. Es así como los novios se precipitarán y sin dar espera buscarán a Fray Lorenzo para que los case. Por otra parte, el primo de Julieta, llamado Teobaldo, se ha enterado de la intromisión de Romeo y de sus amigos en la casa de su tío, y por lo que retará al hijo de los Montesco a un duelo a muerte. El poeta que es Romeo se negará aunque le llamen cobarde, pero será Mercucio quien tome su lugar y acepte la afrenta. Teobaldo asesina a Mercucio, lo que impele a Romeo a luchar, acabando este con la vida de Teobaldo, y por lo que el príncipe de Verona le impone a Romeo la pena del exilio. Pero antes de partir a cumplir con su castigo, los amantes se reunirán en la alcoba de la doncella y consumarán su matrimonio en una noche memorable. El padre de Julieta al verla tan afectada, decide apresurar la boda con Paris, a lo que su hija accede no sin antes haber tramado un plan de escape con su amado. Acude a Fray Lorenzo, quien conspira con los jóvenes, suministrándole a Julieta una pócima que él mismo ha preparado y que la mantendrá en estado de catalepsia por un poco más de cuarenta y dos horas. Así pues, la noche antes del casamiento Julieta bebe la pócima, y a la mañana siguiente sus familiares la encontrarán supuestamente muerta. Mientras tanto, Fray Lorenzo le hará llegar una misiva a Romeo comentándole en detalle el plan, pero la carta se extraviará en el camino, mas no así la noticia o el rumor de que la hija de los Capuleto había sido encontrada muerta en su alcoba. Romeo decide que morirá junto a su amada, y para suicidarse adquiere un veneno con el boticario, pero al llegar a la cripta donde reposa Julieta se encontrará con un último escollo, ya que Paris estaba velando a su prometida. Un nuevo duelo se desata entre los dos amantes, venciendo finalmente Romeo y sumando otro muerto a la tragedia. Romeo contemplará y acariciará a Julieta, y luego de beber el veneno ya no habrá más líneas que agregar a su historia. Es entonces cuando Julieta sale del trance y reacciona de su letargo, encontrándose con la penosa escena de los dos cadáveres de Paris y de su amado Romeo. No teniendo más opción, o sintiendo que ya nada queda para ella, Julieta decide acompañarlos clavándose una daga en el pecho. Las familias, abatidas por la tragedia, dirimen sus asperezas y es esta la historia resumida de <em>Romeo y Julieta.</em> Una de las tragedias más recordadas y famosas del dramaturgo inglés William Shakespeare, junto a las dos obras de <em>Hamlet y Macbeth, </em>y sin duda la que más veces ha sido representada. La historia no es del todo nueva. Ya Ovidio contaba en <em>Las metamorfosis </em>la historia de <em>Píramo y Tisbe, </em>en la que se encuentran varias similitudes con los amantes de Verona, y así también en el siglo III Jenofonte de Éfeso contaría sobre un amor parecido en su novela <em>Habrácomes y Antía.</em> Otras historias de amor semejantes a Romeo y Julieta se encuentran en la tradición de romances trágicos escritos desde la antigüedad, pero se cree que Shakespeare se habría inspirado concretamente en el cuento del italiano Mateo Bandello, traducido al inglés como <em>The tragical history of Romeus and Juliet, </em>publicado unos treinta años antes de comenzar a dar vida a los personajes que componían su propia tragedia inmortal. Parece que comenzaría a escribirla en 1591, dándola por concluida hacia 1597. Se cuestiona la existencia real de los personajes. Se especula de un par de amantes que protagonizaron la historia hacia el año de 1303, pero lo cierto es que no hay nada verosímil que pueda dar fe de que Romeo y Julieta no sea más que una ficción teatral. Lo que sí es cierto es que hubo un día dos familias de alto poder político apellidadas Capuleto y Montesco, e incluso Dante Alighieri menciona a estas dos familias situándolas en su obra dentro del purgatorio. No se puede afirmar tampoco una rivalidad o enemistad entre estas dos familias, pero después de Shakespeare el mito cobró vida por sí mismo. Lope de Vega aseguró que la “creencia” de que Romeo y Julieta fueran personajes verdaderos fue alimentándose con el paso del tiempo, y sin embargo nada de estas creencias resultarían siendo ciertas. La tragicomedia, porque a pesar de lo trágico tendrá su pizca de humor, se desarrolla de manera presurosa en un lapso no superior a los seis días. El autor se permite entremezclar estilos, tonos y formas poéticas del lenguaje para que cada uno de sus personajes se exprese de una manera propia, particular, que abarcan el verso blanco, los pentámetros yámbicos, el sermón, la sátira, el soneto, la metáfora, el epitalamio, la rapsodia, los monosílabos, la elegía, el estilo coloquial y los juegos de palabras que le dieron vida a una obra que lo consagró en plena época victoriana como uno de los más célebres e ilustres dramaturgos del momento. La obra gozó de gran popularidad, comenzando el tiraje de diferentes editoriales, muchas de ellas incluyendo textos explicativos, y otras versiones que fueron corrompiendo o deformando la versión original, a parte de las primeras traducciones a otros idiomas. Luego de la traducción al francés en 1783, apenas para el año de 1803 se contó con una traducción a la lengua española con el título de <em>Romeo y Julieta. </em>Para los siglos XIX y XX esta pieza teatral resultó ser la favorita de la mayoría de las compañías teatrales, y era común que se estrenaran recreando esta obra inmortal. Se han hecho un sinnúmero de adaptaciones, siendo esta la obra de Shakespeare que más variaciones ha tenido, representando el drama de los dos amantes en un sentido satírico, o llevado a otros lugares y a otras épocas como un amor intemporal. El amor de los amantes de Verona ha inspirado canciones, óperas, corales, orquestales y ballet. En la pintura la escena del balcón será una imagen repetida por muchos a través de los siglos, y en la literatura ha servido de inspiración para muchas novelas, donde el amor después de <em>Romeo y Julieta </em>empezaría a comprenderse también como un acto trágico. En el cine la obra de Shakespeare ha sido interpretada desde sus inicios, con una producción perdida que al parecer filmaría el mismísimo George Méliès. De allí en adelante han sido incontables las adaptaciones que se han visto a través de la gran pantalla, muchas de ellas grandes producciones en las que participan los más cotizados actores de cada época. Asimismo la televisión le ha dedicado un gran espacio para que la tragedia del autor inglés vuelva a ser narrada. La relación de estos amantes inmortales no está exenta del cortejo y del galanteo, y sin embargo todo surge con premura, de súbito, un amor a primera vista, y en donde el hombre se acercará a la mujer como es la costumbre, y por medio de la palabra conseguirá seducirla. Romeo emplea metáforas para seducir a la mujer que la ha deslumbrado, engatusándola, con el afán de robarle un beso, y Julieta entrará en el juego haciéndose la tímida e inocentona, la doncella cándida que no advierte la treta del galán. El poeta la describe “similar al sol, más brillante que una antorcha, una joya destellante en medio de la noche, y un ángel iluminado entre nubes oscuras.” Y más adelante se referirá a su hermosura cuando la visita en su lecho de muerte: “Tu belleza hace de esta bóveda un lugar lleno de luz.” Shakespeare jugará con los contrarios de la luz y la oscuridad, el día y la noche, el blanco y el negro, amor y odio, y tal vez una relación entre el amor y la muerte que más tarde el psicoanálisis conocería como la interacción entre el <em>tanatos </em>y el <em>eros, </em>y es por esto que Julieta describe a su enamorado como “el día en la noche”, y luego como algo “más blanco que la nieve en el lomo de un cuervo.” La relación nace y se desarrolla en un mundo ideal, y aunque conocedores de la prohibición de estar juntos, como “un par de enamorados con estrellas opuestas”, por lo que este tipo de compromisos desventurados e imposibles que parecieran desafiar al destino se conocen como <em>star-crossed lovers. </em>Su amorío tampoco estará vinculado con exclusividad al erotismo o a la sexualidad, y la pareja solamente consumará el acto sexual luego de haber contraído nupcias, quizás como una estrategia del autor para no despertar sinsabores o descontentos en el público, y legitimando de esta manera la aventura amorosa. Otro asunto que resulta perturbador para muchos es el destino que supuestamente aguarda a los suicidas, pero que como excusa muchos reclaman un paraíso para aquellos que de cualquier forma perdieron la vida por amor. De esta forma podemos encontrarnos de nuevo con un amor que va más allá de lo carnal o de lo espiritual, un amor definitivamente abstracto, azaroso, ideal, platónico. Según la fuente original, y así se lo explicará el padre de Julieta a Paris, ella “no ha visto el cambio de catorce años, deja que dos veranos más se marchiten en su orgullo, antes de que podamos pensar que ella está madura para ser novia.” Otras fuentes sugieren que la protagonista tendría 16 años, y otras proponen 18, pero sea como sea se trata de una jovencita que hasta ese momento poco o nada se había interesado en el amor, y a pesar de que el galante Paris la cortejara, lo cierto es que no había logrado despertar ese sentimiento de euforia que experimentó con solo ver a Romeo. En principio se trata de una princesita dócil, timorata, ingenua, subyugada al arbitrio y a los caprichos de sus padres, y sin embargo en unas pocas horas empezará a revelarse la figura de una mujer madura, deseosa de retar las tradiciones para unirse a un hombre solamente por amor, dueña de su destino y a pesar de que este pintara como un destino fatal; una mujer valerosa capaz de rebelarse y desafiar al patriarcado que la ha esclavizado desde siempre y tomar por fin sus propias decisiones. Julieta quiere autonomía, quiere libertad, quiere volar en el amor ideal que obnubila a la pareja, y tal será su convicción, que no vacila al momento de quitarse la vida antes que aceptar un destino que no es el suyo. “Mi único amor sólo surge de mi único odio”, le había mencionado a su amado Romeo. En Verona existe desde el siglo XIV una casa que supuestamente pertenecería a los Capuleto, contando con la decoración que describe la obra, y que se ha convertido durante siglos en un importante centro turístico. Los amantes visitan la Casa de Julieta para dejar cartas y promesas entre los intersticios de las paredes, noticas de amor en el patio con el nombre de los novios, y también es común la práctica de cerrar un candado que quedará colgando de alguno de los portones de la casa como un símbolo de un amor imposible de deshacer. Además se encuentra una estatua de Julieta que a través de los años ha ido desgastando su metal, ya que al tocarla está la superstición de que en adelante el amor le sonreirá a la pareja y le deparará los mejores augurios. Desde 1930 se vienen recibiendo cantidades de cartas de todo tipo, que a partir de 1980 comenzarían a ser contestadas por un grupo de voluntarios que hacen parte de lo que se conoce como el <em>Club di Giulietta</em>, recibiendo un aproximado de cinco mil cartas al año. Esta es pues la joven que protagoniza uno de los amores más emblemáticos y memorables de todos los tiempos, dando vida a unos amantes que representan la aventura del amor por antonomasia, siendo así que el nombre de Romeo es empleado en casi todas partes para referirse al amante. Y sin embargo, a pesar del romance, la historia tendría que verse enlutada por el desenlace fatal, y así se despide Shakespeare: “Nunca ha habido una historia más trágica que ésta, la de Julieta y su Romeo.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 23 Sep 2022 17:51:45 +0000</pubDate>
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