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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Erich Fromm | Blogs El Espectador</title>
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        <title>¡No más salud, amor y prosperidad!</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/no-mas-salud-amor-y-prosperidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>El 31 de diciembre, como lorita amaestrada, repetí el mantra trillado de la fecha: deseé salud, amor y prosperidad para el 2025, en casi todos mis saludos de fin de año. Y, por supuesto, recibí de vuelta esas tres palabras convertidas en buenos deseos. Salud, amor y prosperidad: en esa trinidad simplista resumimos lo que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>El 31 de diciembre, como lorita amaestrada, repetí el mantra trillado de la fecha: deseé salud, amor y prosperidad para el 2025, en casi todos mis saludos de fin de año. Y, por supuesto, recibí de vuelta esas tres palabras convertidas en buenos deseos.</p>
<p>Salud, amor y prosperidad: en esa trinidad simplista resumimos lo que creemos necesitar en la vida.</p>
<p>Si Aristóteles estuviera vivo, fuéramos amigos y le hubiera enviado por WhatsApp un mensaje deseándole un “¡Feliz año nuevo lleno de salud, amor y prosperidad!”, seguramente me retiraría la amistad y me bloquea, después de leer eso, frunciría el ceño, aterrado por la simplificación que hice de la vida.</p>
<p>Para Aristóteles, buscar (y encontrar) la eudaimonia es el último fin de la vida humana ¿Qué es la eudaimonia? Es una palabra griega que, en una traducción simple, significa felicidad. Pero, en realidad, es un concepto amplio que abarca la búsqueda de una vida plena y virtuosa.</p>
<p>Quizás así debería redactar mi deseo de fin de año para Aristóteles: “¡Feliz 2025! Te deseo una vida plena, vivida de acuerdo con la virtud”. ¿Qué diablos es la virtud para Aristóteles? Es cumplir nuestra propia naturaleza con excelencia o, en palabras que suenen menos acartonadas, ser nosotros mismos a plenitud (Aunque ahora suena a frase de coach hippie de superación personal). Sin embargo, creo que la idea se entiende. Y, pensándolo mejor, comprendo que no es la búsqueda de la eudaimonia, sino vivir en eudaimonia.</p>
<p>Que millones de personas repitamos esos tres deseos como un guion universal en fin de año no es coincidencia: es el reflejo de lo banal que son nuestras aspiraciones y de lo genérica que se ha convertido la naturaleza humana. Alguien me dijo: “Esos son los deseos universales”. Yo le respondí: “Esos son los deseos genéricos de las masas”.</p>
<p>Pensamos, incluso con convicción, que estas tres palabras encapsulan todo lo que los humanos necesitamos para enfrentar la vida y ese cronómetro en cero que colocamos cada año.</p>
<p>¿Por qué salud? Alguien podría responderme: “Es el pilar del bienestar”. Aristóteles, en su obra “Ética a Nicomaco”, argumentaba que la salud es una de las condiciones necesarias para alcanzar la eudaimonia. Y, pues sí, si se piensa con el deseo idealista sin salud es difícil disfrutar de muchos aspectos de la vida, se necesita el bienestar físico y mental para ello. Eso es lo que nos enseñan que debemos creer.</p>
<p>Pero, es inevitable que enfermemos de algo. Aunque cuidemos nuestra salud al máximo, el funcionamiento de nuestro organismo depende de múltiples variables que no controlamos, así que en algún momento enfermaremos. Si nos visualizamos como una máquina biológica, en algún momento uno de nuestros mecanismos fallará. Así que desear salud, en el fondo, es una ironía y una tontería, porque, con el debido respeto a la biología, es una batalla perdida de antemano. Deseamos salud como si fuera un mantra mágico que nos mantendrá a salvo durante los 365 días del año.</p>
<p>A veces pienso que desear salud es casi como desear buen clima. Es algo que no podemos controlar. Solamente podemos prevenir desastres en caso de que el clima sea malo. Igual pasa con la salud.</p>
<p>Y si aplicamos el cinismo en sentido filosófico, Diógenes —un cínico antiguo que, entre otras muchas cosas, rechazaba las convenciones sociales— me susurra al oído que quizás sea más honesto y valioso desearnos fortaleza para afrontar el dolor y la adversidad, en lugar de desear una salud perpetua, que a fin de cuentas es solo una ilusión.</p>
<p>Mejor desearnos resiliencia para enfrentar las inevitables enfermedades que la vida nos lanzará, ya sea como confeti o como granadas. Eso depende de nuestra genética, estilo de vida, situación económica y sistema de salud. También deberíamos desear fuerza de voluntad y disciplina para evitar esas conductas que pueden deteriorar nuestra salud.</p>
<p>¿Por qué amor? Aquí la cosa se complica. Para mí, es el deseo más universalmente genérico que existe. “Te deseo amor”, ¿De qué tipo de amor estamos hablando exactamente? Porque, siendo honestos, hay amores que no se les desean ni a nuestro peor enemigo, como el amor de Frida Kahlo con Diego Rivera o el de Diana de Gales y el hoy Rey Carlos. Recordé una frase de Jean-Paul Sartre: “<em>el infierno son los otros</em>”. Esos “otros” y el amor se pueden convertir en un campo minado de desamor o en una sublime bendición. Pero ojo: ni eterno ni para siempre. Según mi muy citado y apreciado Erich Fromm, el amor real necesita esfuerzo, disciplina y compromiso.</p>
<p>El amor como lo pintan en las comedias románticas gringas es puro marketing. El amor real requiere trabajo y construcción. Es como un Lego infinito con el que, vamos construyendo en equipo las formas de nuestro corazón. (Ese verso fue poesía post-pandémica efervescente, jajaja).</p>
<p>Quizás, sería mejor nos deseamos paciencia y autoconocimiento como motores para navegar por las caóticas y turbulentas aguas del amor.</p>
<p>¿Por qué prosperidad? Desear prosperidad para ti mismo y para los demás es un eufemismo para pedir dinero, sin sentirte y parecer interesado y avaricioso. Ante todo, queremos parecer buenas personas sin codicia y desinteresadas. Cada vez que alguien desea prosperidad, Karl Marx se revuelca en su tumba, al ver cómo ese deseo perpetúa la rueda de consumo desenfrenado y de desigualdad. Rueda en la que estamos, como el hámsters obedientes.</p>
<p>Quizás, si se entiende la prosperidad no como la riqueza material ni el mero bienestar económico, sino como seguridad, estabilidad, logro y progreso en nuestros objetivos, eso sería lo que deberíamos desearnos.</p>
<p>Hay una psicóloga que se llama Carol Ryff, ella creó un modelo de bienestar psicológico que tiene seis dimensiones, la cuarta es “dominio del entorno”, que en síntesis es la capacidad de manejar los aspectos controlables de nuestra realidad, y con ello, aprovechar las oportunidades.</p>
<p>Si tenemos estabilidad económica, logramos dominar la parte de nuestro entorno que nos ayuda a desarrollar nuestro propósito en la vida… o por lo menos encontrarlo. Aunque, siendo honesta, no estoy segura de que cada individuo tenga un propósito de vida que buscar y cumplir. Eso es algo que aún estoy escudriñando. Así que cambiaría eso de “propósito de vida” por “un sentido de dirección de nuestra vida”.</p>
<p>Si vemos la existencia como un camino que estamos recorriendo —a pie, en patines, en velero o como queramos y podamos—, entonces, por decisión consciente, buscamos un sentido de dirección. A lo largo de la vida, este tiene muchas rutas distintas y destinos variados. Si tenemos control de nuestro entorno económico, podemos escoger en qué recorrer el camino, seleccionar la ruta y a qué destinos llegar primero.</p>
<p>Sin embargo, todo lo anterior, si se simplifica, se reduce a prosperidad y al deseo de dinero, con o sin avaricia, pero de dinero, al fin y al cabo. No está mal pedir dinero, ¿eh? Que no estoy diciendo eso. Pero, podemos desear algo más significativo, podemos buscar algo más trascendente.</p>
<p>¿Qué tal si nos deseamos tiempo? Tiempo para disfrutar todo aquello que ya tenemos, tiempo para cuidar y cultivar nuestras relaciones de amistad, familia y amor, tiempo para vivir significativos momentos de no hacer nada, del placer de mirar el techo, el cielo, las nubes o el mar y perdernos en nuestras reflexiones y pensamientos.</p>
<p>Desear “feliz año nuevo con salud, amor y prosperidad” es un ritual vacío, una fórmula de convención social que repetimos como loritos. Cuando expresamos estos deseos, participamos en este simulacro festivo para mantener las apariencias, agradar y encajar.</p>
<p>Jean Baudrillard diría que vivimos en una sociedad de simulacros afectivos, sociales, familiares… no más simulacros de esperanza que disfrazan la vacuidad en la que vivimos.</p>
<p>¿Y sí cambiamos el repertorio de deseos? ¿Qué deberíamos desearnos? Nietzsche afirmó una vez: “el que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”. Inspirándome en esta idea, propongo deseos más significativos que nos lleven a ese “porqué”, deseos que nos impulsen a crear, a crecer y conectarnos con nosotros y con los demás de maneras más profundas.</p>
<p>Propongo desearnos curiosidad, porque, como dijo Aristóteles, el asombro es el principio de la filosofía. Desearnos curiosidad es desear una vida llena de descubrimientos y aprendizajes. Pero no podemos desear curiosidad sin desearnos creatividad, la vida es demasiado corta para vivirla sin música, arte, historias e Inspiración.</p>
<p>Que el sentido del humor esté entre nuestros deseos, porque incluso en los momentos y circunstancias difíciles, el humor puede llegar a ser una herramienta de supervivencia, es el flotador que no dejará que nos hundamos.</p>
<p>Deberíamos desearnos aceptación, no como un sinónimo de resignación, sino como esa capacidad de hacer las paces con nosotros mismos, nuestras imperfecciones y las de los demás. Y de la mano de la aceptación, propongo que nos deseemos valentía, no sólo para enfrentar las granadas que la vida nos lance, sino para vivir nuestra vulnerabilidad sin miedo y para tener el valor de ser auténticos en un mundo de clones.</p>
<p>Todavía podemos desear y brindar por anhelos distintos en este nuevo año, no podemos olvidar que el 31 de diciembre es una convención social. Astronómica,  geológica y biológicamente no sucede nada diferente cuando nuestro planeta pasa frente al sol en ese día y mes del año, que nosotros mismos decidimos contar y nombrar de esa manera: 31 de diciembre. El próximo 29 de enero comienza el nuevo año chino, el año de la serpiente, aprovecharé esa fecha y cambiaré mis deseos, haré un brindis distinto por el nuevo año chino.</p>
<p>El 29 de enero brindaré por la ambigüedad, por nuestra compleja existencia, porque seamos capaces de abrazar tanto la alegría como el dolor con aceptación y comprensión. Brindaré por la incertidumbre, puede llegar a ser mágico desconocer lo que viene. Brindaré por la impermanencia, la extraña belleza de lo efímero y liberarnos de la pesadilla que pueden ser algunos “para siempre”.</p>
<p>Y, sobre todo, brindaré para tener la sabiduría para aceptar que la existencia no se reduce a una fórmula simplista, a esa trinidad genérica de salud, amor y prosperidad. La existencia es un viaje lleno de matices, sorpresas y contradicciones, porque, al fin y al cabo, como dijo Woody Allen: “La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes”.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=110045</guid>
        <pubDate>Sun, 05 Jan 2025 02:25:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¡No más salud, amor y prosperidad!]]></media:description>
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        <title>El amor maduro &amp;#8211; Erich Fromm</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/conversar-sentir-y-pensar-desde-el-sur/el-amor-maduro-erich-fromm/</link>
        <description><![CDATA[<p>&#8220;&#8230;El amor infantil sigue el principio: «Amo porque me aman.» El amor maduro obedece al principio: «Me aman porque amo.» El amor inmaduro dice: «Te amo porque te necesito.» El amor maduro dice: «Te necesito porque te amo&#8230;»&#8221; &#8220;&#8230;El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;&#8230;El amor infantil sigue el principio: «Amo porque me aman.» El amor maduro obedece al principio: «Me aman porque amo.» El amor inmaduro dice: «Te amo porque te necesito.» El amor maduro dice: «Te necesito porque te amo&#8230;»&#8221;</p>
<p>&#8220;&#8230;El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo como totalidad, no con un «objeto» amoroso. Si una persona ama sólo a otra y es indiferente al resto de sus semejantes, su amor no es amor, sino una relación simbiótica, o un egotismo ampliado. Sin embargo, la mayoría de la gente supone que el amor está constituido por el objeto, no por la facultad. En realidad, llegan a creer que el hecho de que no amen sino a una determinada persona prueba la intensidad de su amor. Trátase aquí de la misma falacia que mencionamos antes. Como no comprenden que el amor es una actividad, un poder del alma, creen que lo único necesario es encontrar un objeto adecuado -y que después todo viene solo-.</p>
<p>Puede compararse esa actitud con la de un hombre que quiere pintar, pero que en lugar de aprender el arte sostiene que debe esperar el objeto adecuado, y que pintará maravillosamente bien cuando lo encuentre. Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida. Si puedo decirle a alguien «Te amo», debo poder decir «Amo a todos en ti, a través de ti amo al mundo, en ti me amo también a mí mismo»&#8230;&#8221;</p>
<p>&#8220;&#8230;El amor sólo comienza a desarrollarse cuando amamos a quienes no necesitamos para nuestros fines personales&#8230;&#8221;</p>
<p>Párrafos tomados del libro El arte de amar de Erich Fromm</p>
<p>@jairmontoyatoro</p>
<p>jairmontoyatoro@gmail.com</p>
<p><a href="http://goo.gl/umvUfx"></p>
<p align="center"><strong>Ir al libro</strong></p>
<p></a></p>
<p align="center"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-666" alt="El arte de amar - Erich Fromm (pequeño)" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/09/El-arte-de-amar-Erich-Fromm-pequeño.jpg" width="300" height="442" /></a></p>
<p style="text-align: center">Imagen tomada de: <a href="http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-575267115-el-arte-de-amar-erich-fromm-_JM">http://goo.gl/dNnvt3</a></p>
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        <author>Jair Montoya Toro</author>
                    <category>Conversar, Sentir y Pensar.... Desde el SUR</category>
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        <pubDate>Fri, 18 Sep 2015 13:20:27 +0000</pubDate>
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        <title>El arte de amar &amp;#8211; Erich Fromm</title>
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        <description><![CDATA[<p>El amor tan nombrado, tan deseado, tan vivido, siempre nos dará tanta felicidad como preguntas y desencantos y aunque todos estamos, como humanos, dotados para el amor, no siempre se le vive de forma satisfactoria; un asunto tan importante como el amor vale la pena conversarlo, escrutarlo, discutirlo y es toda una fortuna hacerlo desde [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>El amor tan nombrado, tan deseado, tan vivido, siempre nos dará tanta felicidad como preguntas y desencantos y aunque todos estamos, como humanos, dotados para el amor, no siempre se le vive de forma satisfactoria; un asunto tan importante como el amor vale la pena conversarlo, escrutarlo, discutirlo y es toda una fortuna hacerlo desde el conocimiento y el sentir de Erich Fromm y su libro <strong>El Arte de Amar.</strong></p>
<p>&#8220;&#8230;El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería&#8230;</p>
<div>
<p>&#8230;En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que <strong>amar es fundamentalmente dar, no recibir.</strong></p>
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<p>¿Qué es dar? Por simple que parezca la respuesta, está en realidad plena de ambigüedades y complejidades. El malentendido más común consiste en suponer que dar significa renunciar a algo, privarse de algo, sacrificarse. La persona cuyo carácter no se ha desarrollado más allá de la etapa correspondiente a la orientación receptiva, experimenta de esa manera el acto de dar.</p>
</div>
<div>
<p>El cararácter mercantil está disupesto a dar, pero sólo a cambio de recibir; para él, dar sin recibir significa una estafa. La gente cuya orientación fundamental no es la productiva, vive el dar como un empobrecimiento, por lo que se niega generalmente a hacerlo. Algunos hacen del dar una virtud, en el sentido de un sacrificio. Sienten que, puesto que es doloroso, se debe dar, y creen que la virtud de dar está en el acto mismo de aceptación del sacrificio. Para ellos, la norma de que es mejor dar que recibir significa que es mejor sufrir una privación que experimentar una alegría.</p>
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<div>
<p>Para el carácter productivo, dar posee un significado totalmente distinto: constituye la más alta expresión de la potencia. En el acto mismo de dar, experimento mi fuerza, mi riqueza, mi poder,. Tal experiencia de vitalidad y potencia exaltadas me llena de dicha. Me experimento a mí mismo como desbordante, pródigo, vivo, y, por tanto, dichoso. Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad&#8230;</p>
<p>&#8230;Además del elemento de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho que implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas del amor. Esos elementos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.</p>
<p>&#8230;<strong>Sobre el cuidado: </strong>El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa no hay amor&#8230;</p>
<p>&#8230;El cuidado y la preocupación implican otro aspecto del amor: el de<strong> la responsabilidad.</strong> Hoy en día suele usarse ese término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior. Pero la responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario, constituye mi respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano&#8230;</p>
<p>&#8230;La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente del amor, <strong>el respeto.</strong> Respeto no significa temor y sumisa reverencia; denota, de acuerdo con la raíz de la palabra (respicere = mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. De ese modo, el respeto implica la ausencia de explotación. Quiero que la persona amada crezca y se desarrolle por si misma, en la forma que le es propia, y no para servirme. Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, como un objeto para mi uso.</p>
<p>Es obvio que el respeto lo es posible si yo he alcanzado independencia; si puedo caminar sin muletas, sin tener que dominar ni explotar a nadie. El respeto solo existe sobre la base de la libertad: el amor es hijo de la libertad, nunca de la dominación&#8230;</p>
<p>&#8230;Respetar a una persona sin conocerla, no es posible el cuidado y la responsabilidad serían ciegos sino los guiara <strong>el conocimiento.</strong> El conocimiento sería vacío si no lo motivara la preocupación. Hay muchos niveles de conocimiento; el que constituye un aspecto del amor no se detiene en la periferia, sino que penetra hasta el meollo. Sólo es posible cuando puedo trascender la preocupación por mí mismo y ver a la otra persona en sus propios términos&#8230;</p>
<p>&#8230;Puedo saber, por ejemplo, que una persona está encolerizada, aunque no lo demuestre abiertamente, pero puedo llegar a conocerla más profundamente aun; sé entonces que está angustiada, e inquieta; que se siente sola, que se siente culpable. Sé entonces que su cólera no es más que la manifestación de algo más profundo, y la veo angustiada e inquieta, es decir , como una persona que sufre y no como una persona enojada&#8230;&#8221;</p>
<p>El arte de amar (1956) &#8211; Erich Fromm.</p>
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<div>
<p>jairmontoyatoro@gmail.com</p>
<p>@jairmontoyatoro</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a title="El arte de amar - Erich Fromm" href="http://conversarypensar.blogspot.com/2012/12/elementos-del-amor.html" target="_blank"></p>
<p style="text-align: center"><strong>Dar clic para ir al libro el Arte de Amar de Erich Fromm</strong></p>
<p style="text-align: center"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-545" alt="Caratula el arte de amar - Erich Fromm" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2014/10/Caratula-el-arte-de-amar-Erich-Fromm1.jpg" width="159" height="249" /></p>
<p></a><strong><a title="El arte de amar de Erich Fromm" href="http://conversarypensar.blogspot.com/2012/12/elementos-del-amor.html" target="_blank"> </a></strong></p>
</div>
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        <author>Jair Montoya Toro</author>
                    <category>Conversar, Sentir y Pensar.... Desde el SUR</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/conversar-sentir-y-pensar-desde-el-sur/?p=532</guid>
        <pubDate>Tue, 28 Oct 2014 13:21:49 +0000</pubDate>
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