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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 13:01:22 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de En agosto nos vemos | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Gabriel García Márquez era Piscis y les tenía terror a los astrólogos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/gabriel-garcia-marquez-era-piscis-y-eso-lo-explicaria-todo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Gabo era un Piscis: nació un día como hoy, 6 de marzo de 1927. Encendamos 98 velas en memoria del escritor que vive eternamente en sus libros. ¿Era García Márquez la encarnación de Melquiades, o viceversa?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Gabo y su esposa Mercedes Barcha </em>(f<em>otografía del Centro Gabo)  y Melquiades (personaje de la serie &#8220;Cien años de soledad&#8221; de Netflix). </em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-489d6e611cb325a0e55d781869daea26"><strong><em>“En todo artista anida siempre una disensión esotérica: cuando la vida lo zarandea ferozmente, anhela el sosiego; cuando le es dada la tranquilidad, añora con nostalgia las tensiones”:</em></strong> Stefan Zweig, escritor austriaco. (<em>El mundo de ayer</em>). </p>



<p><em>“</em>Cien años de soledad<em> es un libro totalmente pisciano, porque Piscis rige la magia y lo trascendente”,</em> sentencia el astrologo bogotano Mauricio Puerta, <em><a href="https://spreaker.onelink.me/A4NZ/dhql1atd">El señor de las cartas astrales</a></em><strong><em>,</em></strong> con quien converso telefónicamente<strong>.</strong></p>



<p>Entonces me pongo a pensar: ¿Habría dejado de ser el genio que fue, si Gabo&nbsp;nace bajo otro signo?</p>



<p>Paciencia, ya podrán sacar conclusiones.</p>



<p>Así como Gabriel García Márquez es un personaje más dentro de su <em>Crónica de una muerte anunciada</em>, lo es también en <em>Cien años de soledad</em>, pero no por la mención que hace de sí mismo casi al final de la obra. <em>“Aquel fatalismo enciclopédico fue el principio de una gran amistad. Aureliano siguió reuniéndose todas las tardes con los cuatro discutidores, que se llamaban Álvaro, Germán, Alfonso y <strong>Gabriel</strong>, los primeros y últimos amigos que tuvo en la vida”.</em></p>



<p>No por esa mención, repito. Desde hace rato venía alimentando la sospecha de que Gabo era el gitano Melquiades. O Melquiades es Gabo, como quieran verlo, y por razones no precisamente literarias, sino más bien esotéricas, por así decirlo, relacionadas con la superchería y su personalidad de hombre tímido e introvertido (que así lo describieron quienes lo conocieron, aunque otros le endilgaron la fama de arrogante); aquel que estaba destinado a convertir la realidad en algo fantástico, y convencernos de lo contrario gracias a su pluma prodigiosa. Con su <em>realismo mágico</em> embrujó a los señores de la academia sueca, que en 1982 lo elevaron al Olimpo de los escritores al concederle el Premio Nobel de las letras.</p>



<p>He venido recogiendo pruebas sobre las que quiero hablarles.</p>



<p>Todo comenzó cuando leí una frase del escritor que llamó mi atención: <strong><em>“Mi signo es Piscis y mi mujer es Mercedes. Esas son las dos cosas más importantes que me han ocurrido en la vida, porque gracias a ellas, al menos hasta ahora, he logrado sobrevivir escribiendo”</em>.</strong> (‘Retratos y autorretratos’, 1973)</p>



<p>Ahí, en el hecho de haber nacido un día como hoy, 6 de marzo, de hace 98 años, bajo el signo Piscis, están las claves de estas pesquisas. De mil formas se ha dicho lo importante que fue para él su esposa, la Gaba (Mercedes Barcha), pero nadie se ha preguntado qué tuvo que ver su signo zodiacal con su consagración literaria y cómo conecta en esta historia el personaje de Melquiades.</p>



<p><em>“Melquiades es de las entrañas del misterio que es Piscis”,</em> añade Mauricio Puerta, que ha sido el astrólogo de cabecera de políticos y celebridades. Lleva más de 50 años haciendo cartas astrales. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/05155813/A-MAURICIO-PUERTA-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-112479" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/05155813/A-MAURICIO-PUERTA-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/05155813/A-MAURICIO-PUERTA-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/05155813/A-MAURICIO-PUERTA.jpg 960w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Mauricio Puerta, astrólogo colombiano, en su apartamento de Bogotá. Primero fue antropólogo y en un trabajo de campo conoció Tierradentro, Cauca, se enamoró de este territorio ancestral y lo convirtió en su segundo hogar. Desde allí ha contribuido a impulsar los sueños de la comunidad Nasa. Es su deseo morir en este lugar mágico, donde también fue enterrada su señora madre. </em></p>



<p>Gabo fue un auténtico Piscis. Dice Mauricio Puerta: <em>“Piscis es el signo de las EMES: la <strong>Magia</strong>, el Misterio, los <strong>Milagros</strong>, la Meditación, el <strong>Misticismo</strong>, los Movimientos de solidaridad, la Metafísica que está Más Allá de lo físico&#8230; Es el signo <em>de personas que, como Gabo, viven en otro mundo, como en el País de las Maravillas</em>. Piscis también es el signo de las ESES… <strong>Soledad</strong>, sensibilidad, sexto sentido, si quisimos, sueños…”.</em></p>



<p>Desde la página uno de la novela ya conocemos a Melquíades: <em>”… gitano corpulento de barba montaraz y manos de gorrión” que llega a Macondo cada mes de marzo</em> (mismo mes en que Gabo llegó al mundo en 1927), y sorprende a sus habitantes con <em>“una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia”.</em></p>



<p>Esta descripción puede emparentar a Gabo con el personaje por algo que dijo de sí mismo una vez: <em>“Soy escritor por timidez. <strong>Mi verdadera vocación es la de prestidigitador,</strong> pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco que <strong>he tenido que refugiarme en la soledad de la literatura</strong>. Ambas actividades, en todo caso, me conducen a lo único que me ha interesado desde niño: que mis amigos me quieran más”. </em>(‘Retratos y autorretratos’, 1973).</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-f1d5237f638a54442c1ae0f2f0068bbd"><blockquote><p><strong>&nbsp;</strong><em><strong>“El que no tenga Dios, que tenga supersticiones”:</strong> </em>Gabo en <em>El olor de la guayaba</em>.</p></blockquote></figure>



<p>Dice el <a href="https://twitter.com/CentroGabo/status/1765055433180578210">Centro Gabo</a> que <em>“por superstición Gabo no revelaba las ideas de sus libros”</em>, excepción hecha en 1997 con <em>En agosto nos vemos, </em>su novela póstuma que se publicó en 2024, a diez años de su muerte.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="ldKNMb9XAq"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/no-lean-agosto-nos-vemos/">No lean “En agosto nos vemos”…</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;No lean “En agosto nos vemos”…&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/no-lean-agosto-nos-vemos/embed/#?secret=F9Qgp4lbuY#?secret=ldKNMb9XAq" data-secret="ldKNMb9XAq" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>Su personalidad de hombre de premoniciones y corazonadas quedó manifiesta en las conversaciones que sostuvo con el periodista Plinio Apuleyo Mendoza y consignadas en el libro <em>El olor de la guayaba</em>. Página 119: <em>“Mientras haya flores amarillas nada malo puede ocurrirme. Para estar seguro necesito tener flores amarillas (de preferencia rosas amarillas) o estar rodeado de mujeres”,</em> le dijo a su amigo.</p>



<p>Curiosamente, el escritor asociaba el oro y el color oro con la mierda y los malos presagios, por lo que según reveló nunca llevaba puestas pulseras, cadenas, anillos o relojes de oro, ni había en su casa objetos con ese metal.</p>



<p>Su hermana Aida, autora del libro <em>Gabito, el niño que soñó a Macondo, </em>confirmó el asunto en un reportaje que le concedió al periodista <a href="https://www.eluniversal.com.co/suplementos/facetas/aida-garcia-marquez-y-el-nino-que-sono-macondo-126670-ITEU214914">Gustavo Tatis</a>, de El Universal de Cartagena. Eso fue en 2013, un año antes de la muerte del escritor en su casa de México.</p>



<p><em>“</em><em>Gabito es muy supersticioso”,</em> dijo ella.</p>



<p>Tatis revela el posible origen de esa personalidad. <em>“Entre los guajiros y los sucreños que conforman sus ancestros maternos y paternos, hay matices de supersticiosos. Mientras entre sus familiares guajiros es común dialogar con los muertos, entre los familiares sucreños, es común reencontrarse con los fantasmas de los muertos”.</em></p>



<p>Lo corrobora el astrólogo Mauricio Puerta: <em>“Los nativos Piscis son quienes tienen la más sincera tendencia religiosa en la más alta acepción del término”.</em></p>



<p><em>Dijo Aída: “Alguien dice que la familia García Márquez es una partida de locos” (…) “</em><em>Pero entre los locos nacen genios como Gabito”.</em></p>



<p>Gabo sentía curiosidad, incluso cierto respeto y hasta temor, por la astrología, los horóscopos y las cartas astrales, por lo que podríamos relacionar esto con otro  hecho: en <em>Cien años de soledad</em>, Melquiades se queda a vivir con la familia Buendía y en casa de ellos escribe los pergaminos en sánscrito donde está se descrito el destino de cada miembro de la familia… de la misma forma que la gente acude a la lectura de la carta astral para conocer su destino, con base en la hora y fecha de su nacimiento. </p>



<p>Podemos decir entonces que <em>Cien años de soledad</em> es una extensa carta astral que anticipa el final de los Buendía. Del mismo modo que Melquiades se adelanta al futuro con sus pergaminos, García Márquez anticipó el futuro, que es este presente, a través del mismo personaje: <strong><em>“´La ciencia ha eliminado las distancias´, pregonaba Melquiades. ´Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de casa´”.</em></strong><em></em></p>



<p>También sabemos que fue Melquiades quien, contrariando a Úrsula, introdujo a José Arcadio Buendía hasta la obsesión en el conocimiento de la alquimia, definida por la Real Academia Española como el <em>“conjunto de especulaciones y experiencias, generalmente de carácter esotérico, relativas a la transmutación de la materia, que influyó en el origen de la materia”,</em> y en las que la astrología desempeña un papel importante.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-bddac0b3ba5968af3a88b010f10f5ca9"><blockquote><p><strong><em>“No hay nada de este mundo ni del otro que no sea útil para un escritor”: </em></strong><em>(Página 265 de Vivir para contarla, su autobiografía).</em></p></blockquote></figure>



<p>En una ocasión, Gabo visitó al astrólogo Mauricio Puerta en su apartamento de Bogotá. Sucedió que en la revista <em>Semana</em> del 3 de mayo de 1993, él predijo que ese año matarían al narco Pablo Escobar, lo que efectivamente ocurrió el 2 de diciembre. La anécdota la cuenta Gabo en su libro <em>Noticia de un secuestro. </em>Publicada en 1996, la obra relata un capítulo de horror de la violencia que Pablo Escobar y <em>Los Extraditables</em> desataron en el país a principios de 1991.</p>



<p><em>—<strong>“García Márquez me dijo: sólo vengo a entrevistarlo, no quiero que me diga nada de mi signo porque yo le tengo terror a eso”,</strong></em> recuerda Puerta más de treinta años después.</p>



<p>Y es que la astrología fascinaba y asustaba con la misma intensidad al escritor, tanto que un personaje como <em>Nostradamus</em>, el famoso médico vidente francés, capturó su atención, hasta convertirse en el referente para dar vida a <em>Melquiades</em>.</p>



<p>En el libro <em>“Tras las claves de Melquiades”</em>, su hermano Eligio García Márquez sugiere que quince años antes de publicarse <em>Cien años de soledad</em>, Gabo había retratado <em>“la figura de Melquiades, y sus artes adivinatorias”, </em>en dos columnas de opinión que escribió para el diario El Heraldo, de Barranquilla, una bajo el seudónimo de <em>Septimus </em>(tomado del personaje de “La señora Dolloway”, la novela de Virginia Wolf), y la otra escrita bajo el seudónimo del vidente de Aviñón.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-41c6fc03ea7ba996bdc4115e02e871a9"><blockquote><p><em>“Nostradamus, el enigmático y cabalístico poeta a quien se le dio nada menos que por hacer profecías versificadas, en grande escala y en tal estado de desorganización, que solo después de realizados los hechos puede conocerse la exactitud de los vaticinios”:</em> Gabo, citado por Eligio García Márquez en <strong>“Las claves de Melquiades”.</strong></p></blockquote></figure>



<p>Así que desde 1950 ya rondaba en su mente Melquiades, <em>“aquel ser prodigioso que decía poseer las claves de Nostradamus”,</em> como se lee en la novela. &nbsp;</p>



<p>“<em>Más aún:</em> –escribió Eligio- <em>el propio García Márquez reconoció con posterioridad que Melquiades estaba inspirado en este personaje misterioso del siglo XVI. Lo dijo en Cartagena de Indias, en abril de 1992, a bordo del barco francés Melquiades, que había arribado a la ciudad, en una misión cultural…”.</em></p>



<p>Eligio añade que Gabo leyó la vida de aquel hombre mientras estudió en el internado de Zipaquirá, en Cundinamarca.</p>



<p>En algún momento de <em>Cien años de soledad</em> nos enteramos de que Melquiades muere durante una epidemia en Singapur pero regresó luego a la vida y a Macondo, porque no puede soportar la soledad, y de paso prepara una bebida que cura a todos los habitantes de la peste del olvido.&nbsp;</p>



<p>García Márquez, que renegó de la muerte y la convirtió en uno de los temas centrales de su obra, murió por otra peste del olvido que la ciencia conoce con el nombre de <a href="https://www.pares.com.co/post/los-a%C3%B1os-m%C3%A1s-tristes-de-gabo-cuando-ya-no-se-acordaba-ni-de-su-nombre">Alzheimer</a> <em>&#8220;cuando ya no se acordaba ni de su nombre&#8221;.</em> Pero no se equivoquen, porque en realidad nunca murió. Gabo vive en sus libros y seguirá vivo hasta donde la memoria de los vivos alcance para recordarlo y celebrarlo. &nbsp;</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=112470</guid>
        <pubDate>Thu, 06 Mar 2025 12:34:50 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Si ven a Carolina Sanín, díganle…</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/ven-carolina-sanin-diganle/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Los hombres no están contentos con su suerte y casi todos –ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros- quisieran una vida distinta de la que viven. Para aplacar –tramposamente- ese apetito nacieron las ficciones. Ellas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right"><span style="color: #0000ff">“Los hombres no están contentos con su suerte y casi todos </span><span style="color: #0000ff">–ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros- quisieran una vida distinta de la que viven. Para aplacar –tramposamente- ese apetito nacieron las ficciones. Ellas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener”: </span>Mario Vargas Llosa (<em>La verdad de las mentiras</em>)</p>
</blockquote>
<p>No conozco a Carolina Sanín; he leído algunas vainas suyas por ahí, casi siempre atraído por la polvareda que levanta cuando opina sobre algo. Tenía la corazonada de que se metería con la obra póstuma de Gabriel García Márquez, <em>&#8220;En Agosto nos vemos&#8221;</em>. Y lo hizo en una <a href="https://youtu.be/z9ooo60uRio?si=dUcBv4URvbQsOvgq">columna virtual </a>para la revista <em>Cambio</em>.</p>
<p>La llama &#8220;novela cursi&#8221; y patéticos a quienes llamamos Gabo a Gabo sin haberlo conocido, y me incluyo, porque cada vez que escribo sobre Gabo le digo Gabo. No utilizó la palabra “igualados” pero lo insinuó.</p>
<p>A él lo describe como &#8220;la mente iluminada del país&#8221;, cuestión con la que sí estoy de acuerdo. Pero al mismo tiempo casi que trata de estúpidos a los lectores por querer leer esta última obra sin saber de literatura, como si tocara pedir permiso. No leyó lo que dijo Mario Vargas Llosa sobre el anhelo compartido por hombres y mujeres de <em>“una vida artificial, hecha de lenguaje e imaginación, que coexiste con la otra, la real (…) porque la vida que tienen no les basta, no es capaz de ofrecerles todo lo quisieran…”,</em> justificando así el poder que confiere la literatura, quizás el único poder al que podemos acceder los seres humanos con entera libertad.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: right"><span style="color: #0000ff">“Cuando más se juzga, menos se ama”: Honoré de Balzac</span></p>
</blockquote>
<p>Define esta novela como: <em>&#8220;No romántica, sino amorosa-cursi, esa simplificación de los sentimientos&#8221;,</em> como si ser cursi fuera pecado. Debe ser que, a lo mejor, no ha tenido la dicha de los enamorados que caen en ridiculeces, como Ana Magdalena Bach, sin tener que ofrecer explicaciones ¿acaso epistemológicas? de sus emociones o sus deseos; la gente con sus sensiblerías es feliz, así sea de manera fugaz, ¿o quién no quiere unas  mariposas (amarillas o no), revoloteando en sus estómagos? Con más cursilería, en el mundo habría menos tiempo para ver cómo fastidiamos al otro.</p>
<p>Dos cursilerías de la adúltera señora Bach:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: right"><span style="color: #800080">“Nunca había imaginado un hombre tan bello en un empaque tan anticuado”.</span></p>
</blockquote>
<blockquote>
<p style="text-align: right"><span style="color: #800080">“… la fulminó la conciencia brutal de que había fornicado y dormido por la primera vez en su vida con un hombre que no era el suyo”.</span></p>
</blockquote>
<p>Obvio: al usar el calificativo “cursi”, Carolina Sanín nos hace creer que pertenece a la estratosfera de la existencia, más allá de lo terrenal, a esa inmortalidad reservada para quienes, según le entendí, ya escribieron un libro. Bueno, pues yo escribí uno y confío en aprender a levitar antes de terminar el segundo.</p>
<p>Se molesta porque nos hemos apropiado de Gabo y lo llamamos así, con esas cuatro letras; aunque se enfade, lo sentimos cercano a nuestros afectos y, al contrario de lo que dice con <em>sobradez</em>, sí lo hemos conocido a través de sus textos, sus cuentos, sus reportajes, sus columnas, las entrevistas que dio a voluntad y en contra de su voluntad (¡porque detestaba a los periodistas, qué curioso!) y nunca terminamos por conocerlo del todo. Es posible que Carolina Sanín se desencaje si se enterase de que algunos, como el escritor Harold Alvarado Tenorio, lo llamamos Gabito. Forzar al encéfalo a razonar sobre semejantes banalidades me parece una soberana pérdida de tiempo.</p>
<p>Entonces, se pregunta cuál es la relación filial entre los ciudadanos (no los lectores, aclara) que llaman Gabo a Gabo y aquella mente iluminada que fue él.</p>
<p>Según Sanín, hay un Gabo fetiche y otro Gabo pastiche. Y para mí, en eso radica uno de los serios problemas de este país: creer que la literatura está hecha para unos pocos, (¿quién eligió a esos elegidos?, no sabemos) en vez de atacar el problema de fondo: en qué se ha fallado (¿El sistema? ¿Las editoriales? ¿Los autores? ¿Los ministerios de Educación y Cultura? ¿Las librerías? ¿El profesorado?&#8230;) para que la literatura siga siendo el privilegio de quienes, además de poseer el gusto por la lectura, han tenido los recursos para comprar libros.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: right"><span style="color: #0000ff"><strong> </strong>“Si nosotros somos tan dados a juzgar a los demás, es debido a que temblamos por nosotros mismos”: Oscar Wilde</span></p>
</blockquote>
<p>Llama <em>aspiracionales</em> a quienes incluyen la palabra Gabo en su vocabulario por querer tener acceso a la intimidad del autor, &#8220;que es la intimidad –dice- del anciano que con alzhéimer trata de escribir algo cómo el mismo&#8221;. Todos tenemos el deseo de progresar y es nuestro derecho: a superarnos, a ser mejores personas o vivir mejor. ¡Vaya forma clasista de etiquetar, ¡también!, los sueños ajenos!</p>
<p>Ella, que conoce muy bien el tejemaneje de las redes sociales (sabe que toca estar ahí polemizando para figurar), habla de &#8220;una sensibilidad lastimera de Instagram&#8221;, ofendida porque la gente común y silvestre (¿estaría bien si decimos vulgo?) se refiere al pobre viejito que escribió una novela mala “<em>en vez del genio insondable, casi espeluznante de lo genial, que escribió Cien años de soledad&#8221;. </em>Es una pena que otros no estén a su altura intelectual, a pesar de habitar ese mismo espacio virtual-vital de la modernidad, donde cabe tanta gente como criaturas humanas hay en el mundo.</p>
<p>Quiere saber la relación entre la identidad y la edad al comparar al Gabo de veintitantos años que escribió “Ojos de perro azul” y el viejo que escribió <em>“En agosto nos vemos”.</em></p>
<p>—¿A qué edad uno es más uno y a qué edades uno es más un espíritu que lo ocupa?, se pregunta.  Una vida no alcanza para asimilar el trasfondo filosófico de esa cuestión; alcanza, si acaso, para medio vivirla, y eso con enorme esfuerzo. Solo diría, de manera atrevida, que el espíritu de Gabo se me aparece juguetón entre los párrafos cuando leo algo suyo, incluyendo esta <em>novelita ridícula</em>.</p>
<p>Dejó el interrogante como preludio de su siguiente andanada: <em>“A medida que envejeció la obra de Gabo fue más fácil y más pobre”.</em> Más adelante se pregunta de qué manera el estilo de un escritor se ve afectado por la pérdida de memoria. No sé, pero sería maravilloso que un hombre sin piernas ganara la 10K o morir a los 120 años pareciendo de 20, ¿no? Más bien, valdría la pena indagar con un especialista (el médico que trata los desbarajustes de la cabeza) si con el tiempo el cerebro pierde capacidad neuronal y si esa pérdida de neuronas limita las capacidades intelectuales del individuo y, ante todo, cómo influye en quienes, como Gabriel García Márquez, padecieron demencia. La ciencia aportaría luces sobre cómo el deterioro cognitivo o el alzhéimer interfieren en la creación artística. Si algún día descubren la cura contra esa enfermedad, es posible que los genios escriban solo genialidades, y no novelas cursis al final de sus vidas.</p>
<p>Se lamenta de que los nuevos lectores de esta novela (<em>&#8220;con escenas cinematográficas que a veces parecen instrucciones para un guión&#8221;</em>), se relacionen con el autor a través de aquella y no de las obras que la anteceden. Un escritor que se precie de amar los libros debería celebrar que la gente lea, así sea empezando con obras malas o regulares, porque no nacimos aprendidos. Algo es algo en un país donde, en promedio, los que sí leen leen menos de cuatro libros al año, según la última <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/mejoraron-los-habitos-de-lectura-camara-colombiana-del-libro-noticias-hoy/">encuesta</a> de la Cámara Colombiana del Libro e Invamer.</p>
<p>A partir del minuto 12, Carolina Sanín quiso hacer lo que todo mal reseñador de libros haría: tirarse la obra, haciendo <em>spoiler</em>, contando de qué va pero se contuvo a tiempo. Recordé que así trataban la literatura en el colegio y que así fue como nos enseñaron a aborrecerla. Porque la lectura impuesta para hacer informes (planteamiento, nudo y desenlace), privó a los de mi generación del placer de leer lo que se nos diera la gana. Hubiéramos preferido tener a la mano muchos libros, del tema que fuese, para leer a nuestro antojo, y no al antojo de un sistema que castra la imaginación para justificar una nota. Salí del colegio en el 89, ojalá eso haya cambiado.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: right"><span style="color: #0000ff">Alguna vez Ernest Hemingway sugirió &#8220;hablar sobre lo que hay en vez de lo que no hay&#8221;.</span></p>
</blockquote>
<p>Obsesionada, Carolina Sanín repite y repite hasta el cansancio (a veces jugando con su pelo negro) que la novela es mala como si creyera que la escucha gente tarada, incapaz de comprender lo que quiso decir la primera vez. Si, Carolina, ya nos dijiste que &#8220;el estilo de esta novela es malo&#8221; y que “desdibuja el realismo mágico, lo real maravilloso”, etcétera, etcétera. No somos trogloditas habitando tu misma época.</p>
<p>Entre los seguidores del canal de <em>Cambio</em> un usuario (@tutebas10) comentó algo que suscribo: <em>“Este comentario que tú haces diciendo que la estructura de la novela es similar a las instrucciones de un guión cinematográfico, me recordó la opinión del escritor y director de cine Paolo Pasolini, cuando se burló del calificativo de ´obra maestra´ del libro Cien años de soledad. Yo creo que todo el mundo proyecta una imagen muy personal en su mente de lo que lee”.</em></p>
<p>Estoy de acuerdo con ese lector. Por eso mismo respeto que a Carolina Sanín le disguste la expresión “glande de seda” (página 29), o que Gabo repita frases de otros libros suyos y que, en cambio, le guste la frase &#8220;trilla de fuego&#8221; (página 72), que, aclara, aparece también en “<em>Crónica de una muerte anunciada”</em>, en referencia a Bayardo San Román.</p>
<p style="text-align: right"><em><span style="color: #993366">“Una madrugada de vientos, por el año décimo, la despertó la certidumbre de que él estaba desnudo en su cama. Le escribió entonces una carta febril de veinte pliegos en la que soltó sin pudor las verdades amargas que llevaba podridas en el corazón desde su noche funesta. Le habló de las lacras eternas que él había dejado en su cuerpo, de la sal de su lengua, de la trilla de fuego de su verga africana”.</span></em></p>
<p>¡Y qué importa que Gabo se repita, si al fin y al cabo la vida no es más que repetición! La repetidera en dosis de 24 horas, que van desyerbando el camino hacia la muerte. La mamá de un amigo del alma tiene alzhéimer y él, con infinita paciencia, aprendió a convivir amorosamente con el casete rayado de su viejita.</p>
<p>En contraste, el argumento de <a href="https://www.revistalternativa.com/noticias-arte-y-cultura/formas-de-leer-una-novela-postuma-68830?fbclid=IwAR36oRa5wMsy5ycA4CLYDHKB3emHYO0EqyCufsepRy_uoD2gNNkUg3u9YbA">Juan Gabriel Vásquez</a>, publicado por Alternativa, me pareció lógico y sin pretensiones: <em>“… </em><em>podemos sentirnos como en casa o preguntarnos si García Márquez,<strong> </strong>que ya había comenzado a perder la memoria cuando abandonó este libro, se habrá acordado de esos ecos familiares. (…) </em><em>“</em><em>Por caminos muy extraños, la historia de este libro puede tener una consecuencia secundaria que no me parece negativa: poner en evidencia para los lectores el trabajo inhumano que es escribir una buena página de ficción”. </em>Si bien no es una revista de mi agrado, me gustó que hayan puesto en portada a Gabo, porque es reconocer la trascendencia de la literatura en general y del autor en particular.</p>
<p>Llama lagartos a los que quieren estar cerca de la marca Gabo (porque para ella es eso, una marca que los hijos explotan) y lo que ello implica en términos de ascenso social. (¡Que queee!) Ignorante estuve yo de que la literatura <em>per se</em> mejora el status.</p>
<p>Si el interés por García Márquez es puramente anecdótico, como sugiere, no es mera culpa de la gente por no cultivarse en la buena literatura. Creo que nuestra condición de país tercermundista limita sobremanera ese ideal de nación culta y llena de intelectuales (o de <em>intelectualoides),</em> que nos gustaría ser. Eso sí sería aspiracional, pero no depende ni de la literatura, ni de las editoriales, mucho menos de las buenas intenciones de los autores.</p>
<p>Al final de su improvisado soliloquio, Carolina Sanín hace algo admirable: leer el cuento “<em>Eva está dentro de su gato”,</em> escrito por Gabo a sus 20 años, <em>&#8220;con verdadero esfuerzo espiritual sobre la condición de las mujeres&#8221;, “sobre el envejecer de las mujeres y la pérdida de la belleza”, “el ser deseadas”. </em>Visto así, <em>“En Agosto nos vemos” e</em>s una especie de regreso de Gabo a sus orígenes por el tratamiento de temáticas pares.</p>
<p>Los cuentos, más cortos que las novelas, son un buen pretexto de iniciación ¡Bravo! Leamos y dejemos leer. ¡Celebremos sin moralismos a las mujeres infieles de la literatura, llámese <em>Ana Magdalena Bach</em>, llámese <em>Madame Bovary! </em></p>
<p>A lo mejor, la literatura nos enseña que la nostalgia o el tedio se sobrellevan mejor con algo de imaginación, sin importar lo bien o mal escrita que esté a ojos de los sabiondos. En ese caso, hagamos del libro un lugar democrático para coexistir sin complicar más las cosas. Al mundo le  sobran criticones  y le faltan lectores&#8230;  gente que, tumbada en un parque, lea extasiada, por ejemplo, las últimas cursilerías que escribió Gabito.</p>
<p><iframe title="Sobre la novela póstuma de García Márquez, por Carolina Sanín | CAMBIO" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/z9ooo60uRio?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98757</guid>
        <pubDate>Sun, 24 Mar 2024 11:02:40 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Si ven a Carolina Sanín, díganle…]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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