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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de embajador | Blogs El Espectador</title>
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        <title>SER EMBAJADOR NO ES UN DERECHO SINO UNA RESPONSABILIDAD QUE EXIGE EXCELENCIA: Carta al señor Presidente de la República, Gustavo Petro Urrego* </title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/ser-embajador-no-es-un-derecho-sino-una-responsabilidad-que-exige-excelencia-carta-al-senor-presidente-de-la-republica-gustavo-petro-urrego/</link>
        <description><![CDATA[<p>Excelentísimo señor Presidente: Respecto a sus declaraciones recientes sobre los requisitos para que una persona pueda ser nombrada como embajador de Colombia, así como las afirmaciones sobre la Carrera Diplomática y Consular de la República, es pertinente, señor presidente, aclarar importantes asuntos. En primer lugar, no, señor presidente, ser hijo(a) de un obrero no otorga, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Excelentísimo señor Presidente:</p>



<p>Respecto a sus declaraciones recientes sobre los requisitos para que una persona pueda ser nombrada como embajador de Colombia, así como las afirmaciones sobre la Carrera Diplomática y Consular de la República, es pertinente, señor presidente, aclarar importantes asuntos.</p>



<p>En primer lugar, no, señor presidente, ser hijo(a) de un obrero no otorga, por sí solo, el mérito para ser embajador<strong>,</strong>&nbsp;del mismo modo que tampoco lo otorga ser hijo de un político o de un industrial. El mérito lo tiene la persona, y ese mérito se cultiva, se construye y se gana; no se hereda ni es un regalo.</p>



<p>Desafortunadamente, señor presidente, parece usted no ser distinto a Iván Duque, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, o a los demás expresidentes: todos han desestimado la Carrera Diplomática cuando les incomoda para nombrar a sus allegados, pero no dudan en utilizarla cuando necesitan que esos mismos diplomáticos de carrera hagan el trabajo de las personas que nombran y que desconocen el oficio.</p>



<p>Y créanos que se equivoca, señor presidente, la Carrera Diplomática no es “blanca”. Muy pocos de sus miembros son descendientes directos de europeos, o llevan apellidos de origen italiano, alemán, o cualquier otro extranjero, sin que eso descalifique a quien los tenga para ingresar a la Carrera por mérito. La Carrera es diversa, y su verdadero valor está en el conocimiento, el servicio y la experiencia, no en el origen social, en el apellido, ni en la cercanía al poder.</p>



<p>Colombia, según el censo de 2018, está compuesta casi en un 90% por mestizos, seguidos de afrodescendientes e indígenas, y la Carrera Diplomática refleja no solo esta realidad étnica, sino también al país en términos de género, de origen regional y estrato socioeconómico. Ahora bien, si no es aún más diversa, la responsabilidad no recae en las y los diplomáticos de Carrera. Esa es una deuda histórica de su Gobierno y de todos los anteriores, que no han hecho lo suficiente para ampliar la base de acceso. La responsabilidad recae en sus Cancilleres y en quienes los precedieron, no en quienes hemos ingresado por concurso público abierto, compitiendo con transparencia y mérito.</p>



<p>¿Quiere usted, señor presidente ser realmente inclusivo? Pues, a cambio de nombrar embajadores, con los gastos que ello representa, por un periodo poco mayor a un año, que es lo que queda de este Gobierno, ya que los Embajadores tienen en cada cambio de Gobierno la obligación de presentar su renuncia protocolaria al nuevo Presidente, lo que se debería hacer es, por una parte, ampliar el número de cupos en la convocatoria actual al Curso Anual de Formación Diplomática y, por otra, nombrar a los embajadores de Carrera que se han preparado toda una vida para el ejercicio del cargo. Con acciones como esas le abrirá la puerta a muchos jóvenes de todos los orígenes para competir de manera transparente en un concurso público de méritos, y aquellos que ocupen los primeros puestos por excelencia académica posterior a un año de estudios, podrán ingresar a la Carrera Diplomática y Consular para, después de más de dos décadas, cuando estén formados y tengan la experiencia, opten por mérito a ser embajadoras(es) de la República, cumpliendo exactamente el mismo proceso que hemos surtido todos quienes hoy&nbsp;&nbsp;pertenecemos a la Carrera.</p>



<p>Con esa medida, que solo requiere de la voluntad de su Gobierno y la firma de la señora ministra en una resolución, podrá además neutralizar el pretexto que han usado los Gobiernos anteriores y este, de que los funcionarios de Carrera no somos suficientes para cubrir todos los cargos y que, por esa razón, han debido nombrar a políticos o sus familiares, presentadores de televisión, hermanas de artistas, hijos de empresarios, entre otros.</p>



<p>Ahora bien, ¿afirmar que todos los diplomáticos de Carrera son excelentes? Por supuesto que no. Como en cualquier cuerpo profesional, hay personas que no están a la altura del honor que representa servir al Estado colombiano. Pero son la excepción, no la regla. Y si algo habría que revisar en los requisitos para ser embajador(a) de Colombia, no es para flexibilizarlos, sino para hacerlos aún más estrictos.</p>



<p>Representar al país no es un derecho automático para nadie, ni siquiera para quienes pertenecemos a la Carrera, y mucho menos para quienes son nombrados por fuera de la Carrera. Es un privilegio, un honor y una inmensa responsabilidad que debería reservarse a quienes puedan servir a Colombia con dignidad, competencia y profundo respeto por sus instituciones.</p>



<p>Ser embajador no debe seguir siendo una recompensa familiar o política. Debe ser el resultado de décadas de servicio al Estado por parte de personas que han recorrido el camino difícil, visitando con constancia y usando incluso sus propios recursos para asistir a los colombianos en adversas circunstancias, detenidos, enfermos; organizando jornadas consulares en fines de semana interminables, enfrentando los retos del sistema de pasaportes y de las limitaciones tecnológicas en los tramites; diseñando y ejecutando, muchas veces con recursos económicos propios, iniciativas para las comunidades en el exterior, embajadores y cónsules que enfrentan las más diversas situaciones de emergencia, con escasísimos recursos y apoyo, para salvaguardar los derechos de los colombianos en su vida e integridad, así como para preservar y defender los intereses de la Nación. Ser embajador debe ser un honor para quienes han dedicado su vida al servicio diplomático profesional, han invertido en estudiar más, aprender nuevos idiomas y formarse en temas especializados, con la única finalidad de servir mejor al país y ejecutar la política exterior de Estado, no para otros intereses.</p>



<p>Ahora bien, señor presidente, no todos los nombramientos políticos son malos. De hecho, la mayoría son personas íntegras y bien intencionadas. El problema no es su calidad humana: el problema de la mayoría es que no conocen el trabajo. No saben qué es una Nota Verbal, ni cómo se redacta, ni por qué importa; no conocen las formas diplomáticas, ni entienden que no se negocia igual que en el sector privado; muchos se frustran con las restricciones legales que regulan el gasto público y no comprenden que sus actos comprometen al Estado. En resumen, aunque tengan las mejores intenciones y sean personas decentes y respetables, no son idóneas para el cargo porque no tienen la formación ni la experiencia para ello.</p>



<p>Usted, señor presidente, y sus antecesores, parecen desconocer el enorme costo en recursos públicos que implican las largas curvas de aprendizaje que sus nombrados deben recorrer. Tampoco, cuántos errores y pérdidas para el Estado evitamos las y los diplomáticos de Carrera, normalmente en silencio y a menudo ganándonos la antipatía de nuestros jefes, simplemente para proteger la institucionalidad y la dignidad del país.</p>



<p>Reducir los requisitos para ser embajador no solo constituye una falta de respeto hacia quienes hemos ingresado y ascendido mediante concursos públicos, evaluaciones anuales, cursos rigurosos y exámenes de ascenso. Significa también abrir más la puerta para que el próximo Gobierno, como lo han hechos todos, nombre a más “amigos”, premiando vínculos políticos o familiares en lugar de capacidades profesionales. Usted, señor presidente, estaría haciéndole el favor más grande a los Gobiernos que lo precedieron y a los que seguirán: concretar el deterioro del servicio exterior, la crisis de su profesionalización y de su especialización. Estaría mancillando un régimen, que aún debe seguir consolidándose, construido con esfuerzo por hijas e hijos de obreros, de maestros, de contadores, de campesinas, de bachilleres, de economistas, de miembros de las FFMM, de amas de casa, etc., e integrado por personas que se han formado por décadas con denuedo para representar con dignidad y responsabilidad a Colombia y a los colombianos.</p>



<p class="has-medium-font-size">¿Sabe usted, señor presidente, cuántos de nosotros venimos de universidades públicas? ¿Cuántos terminamos nuestros estudios en universidades privadas gracias a becas de excelencia académica o a créditos del ICETEX? ¿Sabe usted que el 100 % de los diplomáticos de Carrera somos, bilingües y que casi todos somos políglotas? ¿Que la mayoría tenemos una o varias maestrías, cuando no doctorados? La Asociación Diplomática y Consular -ASODIPLO- le ha solicitado en varias ocasiones una reunión para que usted conozca los miembros de la Carrera, para que sepa la calidad de profesionales con que cuenta el Servicio Exterior de Colombia, con quienes cuenta usted como Jefe de las relaciones internacionales del país.&nbsp;No somos una élite privilegiada; somos colombianos y colombianas que nos hemos formado para servir a Colombia con responsabilidad y compromiso y que gracias a la Carrera Diplomatica y Consular, pudimos llegar a pertenecer al servicio exterior sin tener padrinazgos políticos ni apellidos “ilustres”.<img decoding="async" class="wp-image-117315" style="width: NaNpx" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/22203732/WhatsApp-comparacion-Image-2025-06-22-at-7.14.28-PM-2.tiff" alt="Funcionarios del servicio exterior: Carrera y Libre nombramiento o provisional."></p>



<p>Por eso, señor presidente, lo que pedimos no es un favor: es respeto. Respeto por un sistema de acceso al servicio público que ha sido construido con inmenso esfuerzo por quienes hacemos parte de él, con años de servicio lejos de casa y de nuestras familias. Respeto por una vocación que no busca aplausos ni cámaras, sino resultados para Colombia. Respeto por quienes hemos entregado nuestra vida a defender los intereses del país en los lugares más complejos del mundo. Porque, dicho sea de paso, los destinos difíciles están normalmente cubiertos por las y los diplomáticos de Carrera, y lo hemos hecho con entrega y compromiso; y bien sea en Viena o en Puerto Obaldía, en Beirut o Tel Aviv, en Barinas o en París, en Tokio o en Esmeraldas, nuestra visión es el Estado y las y los colombianos en el exterior.</p>



<p>Fíjese, señor presidente que usted está transitando por el mismo camino que recorrieron esos Gobiernos que, con tanta razón, critica por su falta de respeto y dignidad hacia el servicio público. Está repitiendo la historia que prometió cambiar, pues bien recordamos sus promesas de campaña, y en el proceso, está ignorando y desvalorizando a cientos de servidores y servidoras que hemos dedicado nuestras vidas, profesional y personalmente, al Estado colombiano, a quienes habiendo ingresado por mérito al servicio exterior, somos ejemplo vivo de cómo se reparan desigualdades. Presidente, está usted cayendo en el mismo desprecio por la institucionalidad, en la misma lógica clientelista de otros gobiernos, en el mismo daño profundo a un servicio exterior que merece ser fortalecido, no destruido.</p>



<p>Y esto lo escribe alguien que viene por un lado de una rama familiar con algo más de holgura, pero que, por otro, es orgullosamente nieta de una mujer humilde: una señora de los tintos en la Caja Agraria. Mi abuelita, de origen campesino, no tuvo diplomas ni títulos, pero tuvo algo que usted hoy desprecia: dignidad, esfuerzo y un amor inmenso por su familia. Con su trabajo silencioso y sacrificios enormes, sirviendo café y lavando grecas mientras otros tomaban decisiones, logró lo que parecía imposible: que sus hijos estudiaran, que soñaran con un futuro mejor. Mis primos y yo somos parte de ese sueño. Mis colegas de la Carrera Diplomática son la concreción de su esfuerzo y de los sueños de sus madres, padres y abuelos; sueños y logros que hoy, usted, señor presidente parece querer desconocer.</p>



<p>*<strong>Mónica Beltrán Espitia</strong>, es Ministra Plenipotenciaria de la Carrera Diplomática y Consular, profesional en Finanzas y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia y master en Ciencia Política, con especialización en Estudios de Mujeres, de la Universidad de Ottawa. Actualmente se encuentra en situación administrativa de disponibilidad, siendo su anterior designación la de Ministra Plenipotenciaria en la embajada de Colombia en Canadá.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>**<em> Las opiniones expresadas en los blogs corresponden a sus autores</em>.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=117313</guid>
        <pubDate>Mon, 23 Jun 2025 11:31:00 +0000</pubDate>
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                            </item>
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        <title>LO QUE CALLAMOS LOS DIPLOMÁTICOS*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/lo-callamos-los-diplomaticos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Veía hace poco una entrevista hecha a una diplomática en un contexto de guerra, una diplomática de carrera. En un momento, hacia el final de la entrevista, se escucha claramente cómo se le quiebra la voz. Era natural, dada la situación. En su larga carrera, no era su primera entrevista y siempre ha tenido un [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Veía hace poco una entrevista hecha a una diplomática en un contexto de guerra, una diplomática de carrera. En un momento, hacia el final de la entrevista, se escucha claramente cómo se le quiebra la voz. Era natural, dada la situación. En su larga carrera, no era su primera entrevista y siempre ha tenido un excelente manejo de medios; sin embargo, en este caso particular algunos comentarios negativos, especialmente de los propios colegas, no faltaron. Unos eran típicamente machistas, pero la mayoría se referían a lo supuestamente impropio que era ese atisbo de humanidad en una diplomática. Otros, consideraban justificado ese quebranto. Personalmente lo considero no solo justificado, sino necesario, y hasta recomendable. Intentaré explicarme.<span id="more-97021"></span></p>
<p>No deja de ser curioso constatar que la mayoría de los diplomáticos profesionales hacen pocas publicaciones respecto a su trabajo y es más frecuente que lo hagan cuando se encuentran iniciando la carrera diplomática, e incluso en esas etapas suelen publicar más cosas curiosas de los lugares y acontecimientos que directamente de lo sustantivo de su labor. Es comprensible que en esas etapas uno esté más entusiasmado por publicar debido a la novedad del oficio. Lo mismo ocurre en casi cualquier carrera: un cirujano recién graduado suele tener más interés en publicar fotos de sus cirugías que un cirujano veterano. No se trata de que se haya perdido el interés en el oficio, solo que ya no es una novedad, es una realidad que uno viene ejerciendo cada día durante años.</p>
<p>En el caso de la carrera diplomática, existe otro elemento significativo que restringe nuestra participación en espacios públicos: estamos limitados por ley para expresar opiniones que puedan comprometer la política exterior de nuestro país. En el caso colombiano, específicamente el Decreto Ley 274 de 2000 (que regula el Servicio Exterior) establece en su artículo 81. <em>Prohibiciones Especiales </em>que “<em>Además de las prohibiciones establecidas para los empleados públicos del orden nacional, a los funcionarios pertenecientes a la Carrera Diplomática y Consular y, en general, a los funcionarios del servicio exterior, les está prohibido expresamente: (…) </em></p>
<ol>
<li><em>Hacer declaraciones, revelar asuntos tramitados o de los que hubiere tenido conocimiento por razón de sus funciones, sin la autorización del superior respectivo.</em></li>
</ol>
<p>Esa es una de las razones por la que los diplomáticos de carrera nos dedicamos a hacer nuestro trabajo en la sombra. Construimos documentos por medio de una cuidadosa labor de investigación y consulta con diferentes entidades, realizamos arduas negociaciones con detalles técnicos bizantinos, proporcionamos toda clase de asistencia consular a nuestros connacionales, hacemos todo tipo de trabajos imaginables en las condiciones más inusuales y casi nunca se nos da crédito por ello. Lo que llega a las noticias y redes es el resultado final de un proceso que nosotros realizamos detrás de cámaras. La firma del tratado, la cumbre, la ceremonia, el evento en el que se estrechan las manos y se toman las fotos, son la culminación de una labor que hacemos casi en secreto.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-97022 alignleft" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/10/images.jpg" alt="" width="275" height="183" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/10/images.jpg 275w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/10/images-150x100.jpg 150w" sizes="(max-width: 275px) 100vw, 275px" /></p>
<p>La curiosa excepción de facto a esta regla se puede encontrar con frecuencia en los diplomáticos que no son de carrera, usualmente políticos. Estos sí suelen dedicarse a publicar todo lo que hacen y lo que no hacen. Es comprensible: mientras los funcionarios de carrera (de todas las carreras en general) podemos dedicarnos a trabajar por el futuro de nuestro país, los políticos tienen que dedicarse a trabajar por el futuro de las elecciones. Su trabajo depende de estas. Así que deben esforzarse por hacer publicidad y propaganda constantemente, dedican su vida a ello.</p>
<p>Dos problemas surgen de esta excepción: el primero es que estas personas terminan saltándose la ley impunemente en muchas ocasiones. A pesar de que no es infrecuente que se extralimiten en sus comentarios, rara vez sufren alguna consecuencia por ello, y cuando la sufren, normalmente es mediante una amonestación simbólica o una simple reinducción que se completa en un par de horas y a la que ni siquiera asisten. Caso contrario al de los diplomáticos de carrera que sí nos vemos sometidos a procesos disciplinarios estrictos por cualquier motivo.</p>
<p>El segundo problema es que, al estar publicando sobre la diplomacia (a pesar de que no deben hacerlo), son ellos los que terminan construyendo un imaginario en torno a lo que es ser diplomático, un imaginario distorsionado y muchas veces nocivo. Terminan construyendo esa idea solemne y elitista del diplomático distanciado de la cotidianidad que poco tiene que ver con la realidad. Un imaginario superfluo que a veces los mismos diplomáticos terminamos comprando innecesariamente.</p>
<p>Los diplomáticos somos servidores públicos y, por definición, los servidores públicos se dedican a servir, especialmente aquellos que optaron por convertir su vocación de servicio en una carrera. Cada rama del sector público tiene sus particularidades y condiciones especiales, los maestros, los administradores públicos, los militares, cada carrera es importante y necesaria. Nos diferencian las circunstancias, en nuestro caso, principalmente, la misionalidad fuera del país, pero nos une una misma característica: la entrega al servicio.</p>
<p>Nos diferencian, también, cosas como la provisionalidad. A nadie se le ocurriría nombrar líder de un comando de asalto a una persona sin experiencia militar, pero pareciera normal nombrar líder de una misión a una persona sin experiencia diplomática. Además, casi nadie se pone a opinar sobre la forma de conducir una misión militar en la selva, pero todo el mundo quiere opinar sobre cómo conducir una misión diplomática en el exterior, aunque el desconocimiento sea el mismo.</p>
<p>Es terrible la encrucijada en la que nos pone el dilema respecto al manejo de la información. Nuestra restricción específica no es un capricho normativo. Tiene sentido que no opinemos abiertamente sobre los temas de nuestro trabajo porque podemos comprometer nuestra misión y con ella los intereses de nuestro país; cualquier diplomático lo sabe. Lo contradictorio es que aprendemos mucho en nuestra labor y todo ese conocimiento queda velado por nuestro deber mientras vemos cómo un ejército de opinadores se dedica a pontificar sobre lo que hacemos. Algunos intentamos cerrar esa brecha desde la academia haciendo un cuidadoso ejercicio de curaduría respecto a aquello que podemos comunicar y aquello que debemos reservarnos. La Asociación Diplomática y Consular, en particular, dedica un gran esfuerzo no solo a posicionar la experticia de nuestros diplomáticos de carrera, sino a gestionar ese conocimiento para hacerlo útil para el público. Nuestra revista Orbis es una de las herramientas que usamos para ello.</p>
<p>Sin embargo, más allá de la expresión pública o no de nuestro trabajo, es nuestra propia naturaleza humana la que muchas veces se ve afectada por esa asimetría comunicativa. Frente al estereotipo artificial que se ha construido en torno a la figura del diplomático, pareciera que no podemos atrevernos a ser humanos por tratar de entrar en un encorsetado paradigma de comportamiento alienante. Nuestra reserva es tomada como ignorancia o desinterés muchas veces, y nuestra humanidad se señala como muestra de debilidad o de desviación punible.</p>
<p>Alguna vez estuve en un búnker -Refugio antibombas- con otros diplomáticos mientras escuchábamos a lo lejos explosiones. El búnker estaba fuera de nuestras oficinas y alguien había tenido la curiosa idea de instalar una mesa de billar, así que nos dedicábamos a jugar torpe y alegremente mientras afuera el mundo parecía caerse a pedazos. Una explosión se escuchó cerca y alguno dijo “¿Sintieron el bum?” a lo que otra persona replicó “Y no es de este perreo intenso”, comentario ante el cual tuvimos para reírnos un rato.</p>
<p>Sé que las personas que estuvieron en esa situación no querrían que mencionara sus nombres ni que siquiera mencionara que ocurrió el hecho. ¿Por qué? No porque ellos consideren que fue algo malo, sino porque sabemos que estaríamos en la palestra pública por algo así. No es difícil imaginar los cuestionamientos ¿Cómo se les ocurre jugar billar mientras afuera hay un ataque?, ¿cómo se les ocurre hacer chistes en medio de la muerte?, y, peor, ¿cómo se les ocurre saber de reguetón? Eso suena muy poco protocolario. Los diplomáticos deberían escuchar solo a Vivaldi y a Erik Satie.</p>
<p>Se trataba de gente que llevaba semanas durmiendo a retazos para enfrentar una doble crisis diplomática y consular en un ambiente de guerra, de gente que estaba luchado día y noche para sacar a sus connacionales del país y para evitar que los sacaran a ellos antes de terminar su labor. Sin embargo, no los juzgarían por eso, sino por ser humanos. Un político, por supuesto, no habría hecho esos chistes, se habría dedicado a tratar de promover una imagen de solemnidad publicitaria que le sería útil para las próximas elecciones.</p>
<p>Los diplomáticos escuchamos reguetón, nos asustamos, hacemos chistes tontos, disfrutamos de pequeños momentos en medio del caos, vamos a la playa o al museo de la ciudad que visitamos si es que tenemos media hora libre (algo que rara vez ocurre) en medio de nuestro trabajo. Mientras otra gente está en las redes tratando de destacar tanto como pueda, tratando de construir una imagen de la que vive, nosotros estamos trabajando en el frente de guerra, figurado o literal, haciendo aquello a lo que hemos dedicado nuestra vida: ayudar, servir a la gente. No necesitamos el reconocimiento que requieren otro tipo de oficios (aunque no estaría de más tenerlo), pero sí necesitamos acabar con ese imaginario nefasto para que la gente entienda que somos humanos y que pueden contar con nosotros, aunque no estemos haciendo publicidad con nuestro trabajo.</p>
<p>*Carlos Arturo García Bonilla es ingeniero de la Universidad Industrial de Santander con maestría en Educación. Primer Secretario de Carrera Diplomática y actualmente, Coordinador de Selección y Capacitación en la Academia Diplomática de la Cancillería.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97021</guid>
        <pubDate>Mon, 30 Oct 2023 14:53:48 +0000</pubDate>
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                            </item>
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        <title>LA DIFERENCIA ENTRE EMBAJADOR Y CÓNSUL: De los rangos, cargos y otras confusiones de la carrera diplomática (Segunda Parte)*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/la-diferencia-embajador-consul-los-rangos-cargos-otras-confusiones-la-carrera-diplomatica-segunda-parte/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Segundas partes nunca fueron buenas”, decía Don Miguel de Cervantes por interpuesta persona en el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, más exactamente a través del Bachiller Sansón Carrasco en diálogo con el buen Sancho Panza, precisamente en la segunda parte de su inmortal obra, en muestra del gran sentido del humor del genial [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_56319" aria-describedby="caption-attachment-56319" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-56319 size-medium" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/the-consul-louis-fauvel-painting-the-acropolis-at-the-background-louis-dupre-300x263.jpg" alt="the-consul-louis-fauvel-painting-the-acropolis-at-the-background-louis-dupre" width="300" height="263" /><figcaption id="caption-attachment-56319" class="wp-caption-text">&#8220;El Cónsul Louis Fauvel pintando la Acrópolis&#8221; del pintor Louis Dupre.</figcaption></figure></p>
<p>“Segundas partes nunca fueron buenas”, decía Don Miguel de Cervantes por interpuesta persona en el <em>Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha</em>, más exactamente a través del Bachiller Sansón Carrasco en diálogo con el buen Sancho Panza, precisamente en la segunda parte de su inmortal obra, en muestra del gran sentido del humor del genial escritor. Ese libro es muestra de todo lo contrario, así como en el cine lo fue <em>El Padrino II.</em> El lector juzgará si esta columna lo es frente a su antecesora o simplemente confirma la máxima de Cervantes. Para quienes no tuvieron oportunidad de leer la primera columna, aquí va el enlace:</p>
<p><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/los-rangos-otras-confusiones-la-carrera-diplomatica"><u>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/los-rangos-otras-confusiones-la-carrera-diplomática</u></a></p>
<p><span id="more-56318"></span>En aquella nota, titulada “De los rangos y otras confusiones de la carrera diplomática”, hablábamos de situaciones, algunas cómicas otras no tanto, en las que se confunden los rangos del escalafón diplomático, al menos en Colombia, la cual fue generosamente calificada y aprovecho para agradecer los comentarios y observaciones. Hubo quienes compartieron otras divertidas (o crueles) anécdotas, como quien manifestaba que el Jefe de Misión lo presentaba como “su” consejero personal, lo que me recuerda que algunos embajadores confunden el nombre de su posición con la de emperadores.</p>
<p>Pero volviendo a nuestro tema, varios de los amables corresponsables me preguntaron sobre un tema que muchos fuera de nuestro gremio no tienen claro: la diferencia entre embajador y cónsul. Vamos a intentar aclararlo o al menos darle fundamento a la confusión. Sea necesario decir que anteriormente aludimos a los rangos que no necesariamente coinciden con los cargos, pues en el caso del embajador, es una categoría de la carrera diplomática, pero también es un puesto; en el caso del cónsul, por el contrario, es un cargo. No existe la categoría de cónsul en la carrera diplomática.</p>
<p>Si bien en la historia, inicialmente la figura del cónsul fue de mayor jerarquía que la de embajador, no es lo que sucede actualmente y quizás por ello se origine la confusión. Durante la República romana, el cónsul era un alto magistrado que incluso podía ser comandante del ejército, mientras que el origen del embajador fue más bien humilde y peligroso. En el Antiguo Testamento ya se menciona la figura de aquellos mensajeros enviados por los gobernantes, quienes en ocasiones eran sacrificados para enviar una respuesta de guerra a una oferta de paz. Desde el Renacimiento, el concepto del embajador ha venido creciendo en importancia hasta llegar al día de hoy, como el máximo representante entre los países, tal como fue definido en el Congreso de Viena de 1815.</p>
<p>Así las cosas y para quienes preguntaban, en el caso colombiano el embajador es el diplomático de mayor jerarquía en otro país o ante un organismo internacional; mientras que el cónsul, aunque cuenta con carácter diplomático, tiene una función especialmente dirigida a la comunidad del país de origen en el país receptor, para atender sus diversos trámites, consultas y necesidades.</p>
<p>Hay varias categorías de cónsul. Está el cónsul general central (son pocos y tienen unas prerrogativas similares a la del embajador), los cónsules generales, los cónsules de primera y de segunda (este último, siempre será motivo de bromas), así como el vicecónsul (mientras que no se habla de vice-embajador, por ejemplo). Así las cosas, podría interpretarse que los consulados están supeditados a las embajadas, por ejemplo, ningún cónsul podría hacer declaraciones de orden político, lo que podría hacer el embajador, si está debidamente autorizado por la Cancillería para este tipo de manifestaciones.</p>
<p>Las embajadas siempre están en ciudad capital del otro país o en la ciudad más importante, mientras que los consulados pueden estar en diferentes localidades del país receptor y su instalación generalmente depende del número de compatriotas que residen en una región en particular. Ahora bien, cuando la oficina consular está integrada a la sede de la embajada, quien lleva la responsabilidad consular suele ser un funcionario de la misma misión diplomática, por lo cual se habla del encargado de funciones consulares y no de cónsul; pero suele ser algo complicado de explicar a los usuarios, para quienes ese funcionario es el cónsul y no son infrecuentes situaciones incómodas. Puede ocurrir que el encargado de funciones consulares en reuniones con la comunidad, sea más reconocido que el mismo embajador, lo cual es injusto para los dos funcionarios, quienes pueden ver alterada su relación laboral por estas situaciones espontáneas.</p>
<p>En este caso hablamos de dos cargos específicos (embajador y cónsul), pero la confusión puede llegar a extremos insospechados cuando mezclamos rangos y cargos. Puede suceder que el embajador sea de nombramiento de confianza y su segundo no sea un ministro plenipotenciario sino precisamente un embajador de carrera. Como suele suceder entre los militares, los funcionarios de carrera damos el trato de embajador a quien ha llegado a esa categoría tras 25 años de esfuerzo, evaluaciones y pruebas, pero en ocasiones, esto puede ser causa de más de un dolor de cabeza. Recuerdo a un embajador político que llegó hasta el punto de la exasperación pues no soportaba que, al segundo, los demás funcionarios le llamaran también embajador.</p>
<p>Debo decir que la intención de esta columna y su antecesora no es de profundidad académica. Para quienes desean profundizar en el tema, pueden consultar las Convenciones de Viena, de relaciones diplomáticas de 1961 y de relaciones consulares de 1963, así como el Decreto 274 de 2000, que regula el servicio exterior en Colombia.</p>
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<p><strong>Dixon Moya. </strong>Ministro Plenipotenciario, ha prestado servicios en Venezuela, Nicaragua y Emiratos Árabes Unidos, actualmente Cónsul de Colombia en Chicago.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
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        <pubDate>Wed, 10 May 2017 15:16:42 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Asociación Diplomática y Consular de Colombia</media:credit>
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