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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de El Vaticano | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Simone de Beauvoir (1908-1986)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/simone-beauvoir-1908-1986/</link>
        <description><![CDATA[<p>Esta parisina que revolucionaría el eterno femenino, nació en una cuna de privilegios, y en medio de un contexto bastante religioso. Asistió siempre a colegios e institutos católicos, mostrando un intelecto superior, y destacándose como la primera en su curso, y así también como una mente que desde muy pequeña se mostró desafiante ante su [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Esta parisina que revolucionaría el eterno femenino, nació en una cuna de privilegios, y en medio de un contexto bastante religioso. Asistió siempre a colegios e institutos católicos, mostrando un intelecto superior, y destacándose como la primera en su curso, y así también como una mente que desde muy pequeña se mostró desafiante ante su propia educación. En su adolescencia, y pese al descontento de su familia, la pequeña gran filósofa se declararía atea, entendiendo que las religiones servían para subyugar el espíritu humano.</p>
<p>Su padre cae en bancarrota y la familia se muda a un pequeño departamento en un barrio modesto de la capital, situación que generaba vergüenza, ya que evidenciaba que la prestante familia oligarca había caído en desgracia. Es por esta época cuando Simone empieza a cuestionar la posición social de la mujer, condicionada y sujeta a la suerte de su marido, y más inquietud tendrá toda vez que su padre le manifestara que su deseo era tener un hijo varón. Pese a esto, su padre se enorgullecía del talento de su hija y apoyó siempre su educación. Le decía: “Tienes un cerebro de hombre.”</p>
<p>La familia solía pasar sus vacaciones cerca a un parque que sería fundado décadas atrás por el bisabuelo de Simone. Según lo describió en una de sus novelas autobiográficas, su infancia sería la de una niña feliz, que gustaba de dar largos paseos a solas en medio de la naturaleza, y donde se iría despertando ese afán por dejar una huella en el mundo.</p>
<p>A la edad de los 15 años ya Simone de Beauvoir había definido su destino: quería cumplir a su vocación literaria. Es así como en 1925, obteniendo su título de bachiller, se matricula en el Instituto Católico de París, donde afianzará principalmente sus conocimientos matemáticos, para luego empezar su formación literaria en el Instituto Sainte-Marie de Neuilly. No desaprovechará el tiempo y se dedicará también al estudio del latín, ética, filosofía y psicología, dándole fin a sus estudios superiores con una tesis de grado dedicada a Gottfried Leibniz.</p>
<p>En 1929 comenzaría su historia con Jean-Paul Sartre. Uno de sus primeros encuentros sucedería en un concurso filosófico en el que ambos compitieron y en donde de Beauvoir obtendría el segundo puesto, superada por el lúcido y prometedor filósofo. Desde entonces, Simone quedaría deslumbrada por aquel hombre, quien también reconocería en ella la más idónea para convertirse en su compañera. Simone diría respecto a esas primeas impresiones que tuvo de Sartre: “Era la primera vez en mi vida que yo me sentía intelectualmente dominada por alguno.”</p>
<p>Ese mismo año de 1929 Simone fue nombrada profesora en Marsella, y así también Sartre debería encarar otro destino, por lo que el filósofo le sugirió que se casaran. En su libro <em>La fuerza de las cosas </em>la decidida filósofa dejaba en claro el porqué de su negativa: “Tengo que decir que no pensé en aceptar aquella propuesta ni un segundo. El matrimonio multiplica por dos las obligaciones familiares y todas las faenas sociales. Al modificar nuestras relaciones con los demás, habría alterado fatalmente las que existían entre nosotros dos. El afán de preservar mi propia independencia no pesó mucho en mi decisión; me habría parecido artificial buscar en la ausencia una libertad que, con toda sinceridad, solamente podía encontrar en mi cabeza y en mi corazón.” Y es que para de Beauvoir el matrimonio no era más que una “institución burguesa repugnante, similar a la prostitución, en la que la mujer depende económicamente de su marido y no tiene posibilidad de independizarse.”</p>
<p>Es así como la pareja decide establecer un pacto peculiar, controvertido, polémico para aquel entonces, y que a la luz de hoy día también lo sería: “Entre nosotros se trata de un amor necesario, pero conviene que también conozcamos amores contingentes”, es así como se lo propondría Sartre, convirtiendo su relación en ese “amor necesario”, en oposición a otros “amores contingentes”.</p>
<p>El acuerdo debía revisarse cada dos años y, de aprobarse, se renovaría por dos años más; la pareja había decidido no convivir bajo un mismo techo y de igual forma no tener hijos ni constituir un hogar. Queriendo rebelarse frente a los cánones tradicionales de la burguesía, y oponiéndose férreamente a la institución matrimonial, así como a la monogamia, la pareja consintió una relación abierta, un amor libre, donde cada quien podría tener cuántos “amores contingentes” quisiera, siendo Sartre quien mejor sabría sacarle provecho al pacto.</p>
<p>De Beauvoir tendría un corto amorío con un alumno de Sartre, pero al filósofo se le cuentan docenas de alumnas entre sus amantes. Así lo explicaba de Beauvoir: “Sartre no tenía la vocación de la monogamia; le gustaba estar en compañía de las mujeres, a las que encontraba menos cómicas que los hombres; no comprendía, a los veintitrés años, el renunciar para siempre a su seductora diversidad.”</p>
<p>En 1936 la pareja se establece en París, donde Simone se empleará como profesora del Liceo Molière, y de donde sería expulsada dos años más tarde por iniciar un idilio amoroso con una de sus alumnas.</p>
<p>Por aquellos años las renombradas editoriales Gallimard y Grasset desestimaron la publicación de su primera novela, <em>Primaldad de lo espiritual</em>, y que vería la luz pasadas cuatro décadas bajo el título de <em>Cuando predomina lo espiritual.</em></p>
<p>En 1943 Simone publicará <em>La invitada, </em>una novela que escribiría en medio de una París allanada por los nazis, y en la que tendría como referencia a su pareja, así como la relación que durante un tiempo sostuvo con una de sus más entrañables amigas, y en la cual se permitiría describir el aspecto filosófico de este modelo de relación. La autora reflexiona sobre la existencia humana, la libertad y la responsabilidad, tópicos sobre los que ahondaría en su próxima novela publicada al año siguiente: <em>La sangre de los otros. </em>Pese a los escándalos que generó <em>La invitada</em> -hasta el punto de que a de Beauvoir la suspendieron de la Educación Nacional-, la obra captó el interés de un público numeroso y la novela se consagraría de inmediato como un éxito en ventas.</p>
<p>Durante la Ocupación, de Beauvoir trabajó en el programa musical de la Radio Vichy, bajo el gobierno del mariscal Phillippe Pétain, para lo cual quiso dejar en claro su postura religiosa, manifestando públicamente no pertenecer a ningún credo ni iglesia.</p>
<p>Para ese entonces, y en colaboración con su pareja y un círculo notable de intelectuales de izquierda, Simone de Beauvoir funda la revista <em>Les Temps Moderns, </em>una revista que pretendió dar a conocer el movimiento existencialista, además de abordar temas de interés en el pensamiento contemporáneo, como el comunismo y el ateísmo.</p>
<p>Luego de la liberación de París, a de Beauvoir se le permitió retomar sus labores como profesora, sin embargo para ese momento de su vida ya se trataba de una escritora consagrada y reconocida en todo el mundo, por lo que se permitiría dedicarse de lleno y con libertad plena a su oficio como escritora y filósofa.</p>
<p>Realiza varios viajes por el mundo. Visita a Mao Zedong en China y al Che Guevara en La Habana, se pasea por Rusia y luego viaja hacia Estados Unidos, donde entablará una amistad con el músico Richard Wright, así como un romance con el escritor Nelson Algren, con quien mantendría un vínculo que se extendió durante años en un intenso ir y venir de unas trescientas cartas.</p>
<p>De Beauvoir logró su consagración en 1949 luego de la publicación de su más grande obra: <em>Le deuxième sexe (El segundo sexo), </em>referente indiscutido del movimiento feminista, en donde abordará a profundidad el rol y figura de la mujer en la construcción social. Su enérgico ensayo de casi mil páginas surge después de haberse aprobado el sufragio femenino, pero en un contexto donde la mujer siguió siendo relegada a las tareas tradicionales del hogar. Simone empezó a idear su libro una vez meditó sobre lo que significaba para ella el ser “mujer”.</p>
<p>“Este mundo ha pertenecido siempre a los hombres.” Así comenzaba el largo ensayo con el que de Beauvoir revolucionaría la condición femenina. La autora realizará un análisis exhaustivo del rol de la mujer a lo largo de la historia, ofreciendo una amplia mirada que abarcará la sociología, la psicología, antropología, biología, religión, mitos y tradiciones. Simone sostiene que lo que se entiende como “mujer” es un producto cultural, una construcción social, y que se ha cimentado sobre el cuerpo sexuado de las mujeres. La mujer coqueta, sumisa, cariñosa, devota, la mujer que desea agradar. “El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres.”</p>
<p>Sostiene pues que la cultura y la sociedad se han encargado de hacer de la mujer algo distinto del hombre. “Toda mujer consiste en el útero,” concluye finalmente, haciendo notar cómo la mujer ha sido limitada por su constitución biológica, representando para el hombre un referente del sexo, un cuerpo, algo que se reproduce y nada más allá. Para de Beauvoir ser mujer no es una condición natural, sino más bien el resultado de una historia, ya que una condición biológica no puede encasillarla, siendo pues la historia misma de la civilización la encargada de haberle dado su estatus de inferioridad. Pese a esto, considera que “el opresor no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los propios oprimidos”, y de allí que sus palabras sean un llamado de alerta que hiciera despertar a muchas.</p>
<p>Para Simone, “un hombre no puede definir a una mujer”; y sin embargo esto es lo que ha sucedido desde siempre al determinarle y definirle respecto a algo: madre, hermana, esposa. La mujer es la “Otra” frente a lo “Uno”, lo masculino, impidiéndole encontrar una correspondencia con el sujeto, ya que “él es el Sujeto, el Absoluto: ella es la Alteridad.” El sujeto, argumenta, se piensa con relación a lo que se le opone, afirmándose como lo fundamental, siendo el objeto una construcción suya y desde luego secundaria. La mujer, pues, no figura en esta relación como un sujeto, es decir, no es un “Mismo”. “Nadie es más arrogante, violento, agresivo y desdeñoso contra las mujeres, que un hombre inseguro de su propia virilidad.”</p>
<p>Visto que la mujer está como apresada en una suerte de naturaleza a la que es condenada, siendo no más que objeto, la filósofa sugiere que la mujer es “inmanencia”. Su naturaleza biológica parecería limitarla, constriñe su esencia e impide su autorrealización, exponiéndola a esa mirada reduccionista de madre, esposa o hermana. La mujer, visto así, se criará anhelando el encuentro de un hombre, es decir, su sujeto, llenándole de miedos e inseguridades, menguando su confianza y haciéndole dudar de sí misma, atormentándola con el cumplimiento de ser “mujer”, y privándose finalmente de ejercer su propia libertad. “Una mujer libre es justo lo contrario de una mujer fácil”, concluirá.</p>
<p>La autora entiende que la feminidad no es una esencia natural sino una especie de conquista, y por ello propone una mujer que ya no se identificará por su genética sino por su educación, una mujer capaz de conquistar su identidad particular y forjar criterios propios, el logro del eterno femenino, condensando así su tesis en una de sus citas más célebres: “No se nace mujer: se llega a serlo.” Y agrega: “Que nada nos limite. Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia.”</p>
<p><em>El segundo sexo </em>fue traducido a varios idiomas y tan solo en la primera semana se vendieron más de veinte mil copias, y en cuestión de meses más de un millón de estadounidenses se habían hecho a su ejemplar, suscitando en sus lectores la curiosidad, fascinación, escándalo. El Vaticano incluyó el libro entre el “Índice de Libros Prohibidos” por decreto del Santo Oficio, y también fueron famosas las palabras del escritor François Mauriac refiriéndose a la autora y también líder de la revista <em>Les Temps Moderns</em>: “Ahora lo sé todo sobre la vagina de vuestra jefa.” Sin embargo nada de esto lograría que <em>El segundo sexo </em>se difundiera por todo el mundo y hasta llegar a convertirse en un clásico, e incluso considerársele como una obra enciclopédica.</p>
<p>La obra culmen de de Beauvoir es hoy considerada sin lugar a dudas como el bastión y pilar fundacional del feminismo de la igualdad, un feminismo existencialista y, por lo mismo, humanista, ese que propugna por la igualdad de género, destacando cómo en una sociedad de iguales, ambos sexos se beneficiarían.</p>
<p>Obra condecorada con el Premio Goncourt, <em>Los mandarines </em>sería publicado en 1954, y de inmediato se ganaría la atención de los más intelectuales, así como de un público que la consagraba como una de las escritoras más leídas del momento. Ambientada en el periodo de posguerra, y valiéndose de la ficción, Simone contará algunos detalles de su relación con Nelson Algren, con quien finalmente rompería su vínculo romántico toda vez que revalidaba su pacto con Jean-Paul.</p>
<p>Hacia 1958, y comenzando con la publicación de<em> Memorias de una joven formal (Memorias de una joven de buena familia), </em>Simone se dedicará a componer una serie de libros autobiográficos, narraciones que dan cuenta del entorno aburguesado y estrictamente católico en el que se crio, su entrañable relación con el filósofo existencialista, sus primeros cuestionamientos respecto a lo que significaba encarar su propia sexualidad femenina, los tantos obstáculos que se presentaron en su vida debido a su condición biológica, y sus propias conclusiones en torno a la corriente del existencialismo.</p>
<p>Para 1964 publica <em>Una muerte muy dulce, </em>considerado por Sartre como el mejor escrito de de Beauvoir, y en donde la autora nos cuenta el final de la vida de su madre, una historia emotiva que se permite ahondar en temas como la eutanasia o el luto. En 1970, <em>La vejez, </em>es una novela en la que Simone reflexionará sobre los años dorados, la enfermedad y el abandono. Y dos años después dará a conocer su cuarta novela autobiográfica, <em>Final de cuentas</em>, un escrito en donde condensará las preocupaciones generales de su vida, sirviendo este texto como un testimonio de su época, aparte de develarnos su historia con Sylvie Le Bon, una estudiante a la que conoció años atrás y con quien entabló una enigmática relación, adoptándola legalmente como hija pero convirtiéndola ciertamente en su amante, e incluso la nombraría oficialmente heredera de su obra literaria y de su fortuna. Y todo esto a pesar de que fuera ella misma quien recomendara en uno de sus libros que lo más conveniente es que “no te enamores de una mujer.”</p>
<p>En 1980 muere su amado Jean-Paul, y un año más tarde en la <em>Ceremonia del adiós </em>la prolífica escritora recordará de primera mano las anécdotas que vivió junto al ilustre escritor, centrándose principalmente en describir los últimos diez años, y para lo cual se valió de una serie de conversaciones que mantuvieron en Roma y que habrían sido grabadas.</p>
<p>La pareja Sartre-de Beauvoir, una de las más sonadas de la época, sería sin duda una auténtica, genuina y única historia de amor. “Castor”, era este el sobrenombre que Sartre le tenía a su amada, dado que <em>“beaver” </em>(castor en inglés) rimaba con la pronunciación de “Beauvoir”. “Un amor revolucionario”, sería como le llamaría Fidel Castro a esta unión cuando estuvieron visitándolo en La Habana. Un amor que duró hasta que fuera la muerte hiciera lo suyo, a lo que de Beauvoir diría: “Su muerte nos separa. Mi muerte no nos reunirá. Así es; ya es demasiado bello que nuestras vidas hayan podido juntarse durante tanto tiempo.”</p>
<p>Los últimos treinta años los pasó residenciada en París. Fue enterrada portando en uno de sus dedos un anillo de plata que le dio Nelson Algren, y sus restos reposan en el cementerio de Montparnasse, en la división 20, junto a la tumba de Sartre.</p>
<p>Simone de Beauvoir también será recordada por ser una acérrima defensora de la legalización del aborto: “El aborto es parte integral de la naturaleza y la historia humana. Esto no es un argumento ni a favor o en contra, sino un hecho innegable. No hay pueblo, ni época donde el aborto no fuera practicado legal o ilegalmente. El aborto está completamente ligado a la existencia humana.” Fue así la fundadora del movimiento <em>Choisir, </em>además de haber servido como una de las principales redactoras del conocido <em>Manifiesto de las 343</em>, y que estaría apoyado por mujeres notables dentro del movimiento feminista, como la novelista Marguerite Duras o la actriz y cineasta Agnes Vardà.</p>
<p>Activista incansable, le vimos denunciando los maltratos perpetrados a las mujeres durante la Guerra de Argelia, mostrándose en contra del colonialismo de su país en territorios africanos, y así también le vimos protestando en medio de las revueltas de Mayo del 68, y también alzando su voz contra la Guerra de Vietnam. “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”, dijo alguna vez la autora de <em>El segundo sexo.</em></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 16 Feb 2024 06:56:14 +0000</pubDate>
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        <title>Italia, ¡belpaese! Crónica de viaje #6</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_96114" aria-describedby="caption-attachment-96114" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-96114" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-FONTANA-300x225.jpg" alt="Fontana di Trevi. " width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-FONTANA-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-FONTANA-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-FONTANA-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-FONTANA-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-FONTANA-1200x900.jpg 1200w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-96114" class="wp-caption-text">Fontana di Trevi.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanto Dante como Petrarca se referían a lo que hoy es Italia como el “belpaese” o “Bello País”, clara alusión a uno de los lugares del mundo realmente hermoso; de niños aprendimos fácilmente a reconocerlo en el mapamundi gracias a su forma de bota, Calabria haciendo cabriolas con Sicilia y Cerdeña. Atravesamos los Alpes, esas montañas majestuosas que se extienden por 9 países, ocupando todo el norte de Italia, apreciamos verdes campos que nos recuerdan de una u otra forma el altiplano en el que crecimos, ahí laboriosos campesinos priorizan los riegos y aprovechan las fértiles laderas para sus cultivos, un hermoso espacio donde las vacas y las ovejas son las protagonistas del paisaje. Llegamos a Turín, la ciudad célebre por resguardar el supuesto sudario de Jesucristo, pero más que eso, es una ciudad que conserva cuidadosamente su arquitectura romana y medieval sin dejar de ser moderna; ahí nos recibe Fanny, una excompañera de mi esposa, su hija y su esposo, ambos italianos.</p>
<p>Nos hacen un recorrido por la vieja ciudad, el palacio de Madama, el castillo de Valentino, el Museo Nacional del Risorgimento, desde luego la visita obligada a la Mole Antonelliana, durante siglos considerada la construcción de albañilería más alta de Europa. Siguiendo las márgenes del río Po, llegamos al Parco del Palentino, donde los verdores dan fe del cuidado a la naturaleza que está en la ciudad, las prácticas acuáticas en el rio llaman nuestra atención, además de los bellos edificios que están en sus márgenes, como el de la facultad de arquitectura de la célebre Universidad de Turín, fundada en 1404, una de las más antiguas de Occidente.</p>
<p>Otra vez tomamos camino, pasamos por la ciudad de Colón, Génova, ahí los viejos y nuevos barcos sobre el mar Tirreno nos hablan de la vocación marinera de la ciudad; Pisa y su famosa torre inclinada; Florencia, la ciudad imaginada por los Medici, cuna del renacimiento; y finalmente las siete colinas: la inmortal Roma, definitivamente aquí pareciera que en verdad todos los caminos conducen a ella. Estamos en la estación Roma Tiburtina, la cual mueve 51 millones de pasajeros anualmente, de tal manera que lo que nos recibe es una pequeña babel a la cual nos une el lenguaje universal del cansancio, pero también en el rostro de muchos se nota el deseo de conocer la ciudad medular.</p>
<figure id="attachment_96115" aria-describedby="caption-attachment-96115" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-96115" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-PANTEON-300x225.jpg" alt="Panteón de Agripa. " width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-PANTEON-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-PANTEON-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-PANTEON-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-PANTEON-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-3-PANTEON-1200x900.jpg 1200w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-96115" class="wp-caption-text">Panteón de Agripa.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>“¿Conque éste es el pueblo de Rómulo y Numa, de los Gracos y los Horacios, de Augusto y de Nerón, de César y de Bruto, de Tiberio y de Trajano? Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias su cuna”, así empezó su juramento Bolívar hace 218 años, tenía 22 años y ganas de libertar su patria, quisiéramos unirnos en ese grito, pero nuestra intención es más mundana y nuestros deseos aún más utópicos, de tal manera que avanzamos por la ciudad eterna. Llegamos, casi que sin querer, a la Fontana de Trevi, construcción del siglo XVIII que muestra la fastuosidad de la corte papal, de los arquitectos que buscaban inmortalizarse con sus obras, ahí cientos de personas se congregan para jurarse amor eterno, para refrescarse en medio de un verano voraz o para lanzar las monedas y pedir volver algún día a la ciudad, tres cosas a las que nos sumamos con mi esposa. El agua cristalina , las esculturas de mármol blanco, todo, todo en su conjunto muestra ese deseo de perpetuar la majestuosidad de la ciudad.</p>
<p>Llegamos al Panteón de Agripa, consagrado en el año 126, hay que hacer una larga fila para entrar, se nos acercan muchos vendedores extranjeros, africanos y árabes, ofreciendo a mi esposa una manta para entrar, a lo cual hicimos caso omiso; y precisamente al momento de entrar exigen que las mujeres no expongan sus hombros desnudos, tampoco uso de minifaldas o prendas que muestren más de lo necesario -¿qué será lo necesario?-, ante lo cual recrimino al gendarme que está en la entrada, me dice que es un templo católico dedicado a la Virgen María y que eso exige el protocolo, de tal manera que busco afanosamente al vendedor y luego de regatear -hay que hacerlo en todo Roma- logro un buen precio. La cúpula es lo que nos lleva realmente al lugar, célebre por la manera como fue construida y resistido el paso del tiempo, fue modelo a seguir durante buena parte de la historia humana. Ahí reposan los cuerpos de Víctor Manuel y su esposa Margarita, la misma que le dio nombre a la célebre pizza italiana, así mismo yace ahí el cuerpo de Rafael Sanzio. El óculo deja entrar una corriente de luz al interior que pareciera que todas las deidades romanas se congregaran para seguir perpetuándose en ese venerado lugar.</p>
<p>Trastévere es uno de los barrios más tradicionales, ahí se mantienen las construcciones medievales, entre calles estrechas se esconden buenos restaurantes y lugares para tomar un descanso, además iglesias católicas y templos dominan el lugar, imposible no deleitarnos con la deliciosa pasta, la hay de todas las variedades y para todos los gustos, además los italianos son magníficos anfitriones, alegres, hablando con las manos, saludando a todo el mundo para atraer su atención, imposible estar en Roma y no probar el gelato, delicioso helado que apacigua nuestra sed.</p>
<p>Entre Piazza Venezia y la Colina Capitolina está el Altar de la Patria o Monumento a Víctor Manuel II, el rey que unificó a Italia, y aunque esta es ya una república, llama poderosamente la atención la cantidad de monumentos en honor a sus antiguos monarcas; predomina el mármol blanco, a tal punto que nos enceguece, la bandera tricolor italiana ondea dominando todo el firmamento; una excursión de niños japoneses rompe el silencio y el recato que se exige en el lugar, pese a que sus profesores tratan de mantenerlos unidos y ordenados, la infancia no conoce barreras ni fronteras, ahí las pilatunas resaltan y hacen que todos sonriamos con ellos.</p>
<figure id="attachment_96118" aria-describedby="caption-attachment-96118" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-96118" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-5-ROMA-ANTIGUA-300x225.jpg" alt="Roma Imperial. " width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-5-ROMA-ANTIGUA-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-5-ROMA-ANTIGUA-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-5-ROMA-ANTIGUA-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-5-ROMA-ANTIGUA-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-5-ROMA-ANTIGUA-1200x900.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-96118" class="wp-caption-text">Roma Imperial.</figcaption></figure>
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<p>Caminando, como es nuestra costumbre, divisamos la Roma antigua, el corazón realmente se acelera y desde la distancia percibimos la grandeza de las antiguas construcciones. El Foro sobre la vía sacra que remata con el hermoso Coliseo Romano o Anfiteatro Flavio, los templos de Cástor y Polux, de Saturno, el arco de Tito, La Regia y muchas otras construcciones que realmente muestran la magnificencia de la ciudad imperial, no hay columna que no llame nuestra atención, no es difícil imaginar que por esa vía cruzaron triunfantes César y Marco Antonio, que como un trofeo fue exhibida Cleopatra, inclusive pareciera que los ecos de gladiadores y fieras aún resuenan por entre el Coliseo. Todo es grande, todo muestra la perspicacia de los ingenieros y arquitectos romanos, la suntuosidad de las viejas mansiones donde se escanciaban vinos y se degustaban manjares de todo el mundo conocido entonces. Las termas de Carcalla muestran viejos mosaicos donde se puede apreciar la cotidianidad de la Roma de entonces, así como el gusto por el baño que era un verdadero acontecer social.</p>
<p>Por la Via della Conciliazione llegamos al Estado Vaticano, teocracia con monarquía absoluta, quiérase o no todo gira alrededor del catolicismo, iglesia tras iglesia, templo tras templo, se divisa imponente la cúpula de la basílica de San Pedro, obra de Miguel Ángel, para entrar ahí hay una inmensa fila, la hacemos mientras contemplamos todos los alrededores donde se levantan imponentes el Obelisco traído por Calígula y la columnata de Bernini, uno de los arquitectos y escultores más famosos en Roma. Al interior de esta basílica se siente no tanto la espiritualidad católica, cuanto sí el poderío que se quiso demostrar frente al resto del mundo, ingresamos por la puerta de Filarete y divisamos la nave central, al fondo, en el presbiterio está la Gloria de Bernini antecedida por el imponente baldaquino de San Pedro y en las hornacinas las estatuas de 39 santos. En la nave de la epístola se encuentra la Piedad de Miguel Ángel, escultura que recoge realmente el dolor de una madre, inmensamente expresiva.</p>
<p>En la girola, que es el corazón de la basílica, llama poderosamente nuestra atención el monumento funerario a Alejandro VII, una de las últimas obras de Bernini, aparecen representadas como mujeres las virtudes: la caridad, la prudencia, la verdad y la justicia, el Papa ubicado sobre ellas, y lo que asombra es que éstas se encuentran sobre un manto de color rosáceo, de cuyos pliegues emerge un esqueleto sosteniendo un reloj de arena en la mano, símbolo de nuestra temporalidad terrenal, una escultura realmente asombrosa.</p>
<figure id="attachment_96116" aria-describedby="caption-attachment-96116" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-96116" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-7-ALEJANDRO-VII-300x225.jpg" alt="Monumento a Alejandro VII." width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-7-ALEJANDRO-VII-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-7-ALEJANDRO-VII-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-7-ALEJANDRO-VII-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-7-ALEJANDRO-VII-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-7-ALEJANDRO-VII-1200x900.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-96116" class="wp-caption-text">Monumento a Alejandro VII.</figcaption></figure>
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<p>Después de descender a las grutas vaticanas, donde están enterrados muchos papas, entre otros el propio San Pedro, ascendemos nada más ni nada menos que a la propia cúpula, se puede subir a pie o en ascensor, la diferencia son dos euros, escogemos la segunda ya que el cansancio después de un largo viaje empieza a cobrar la deuda. Es quizá una de las más bellas experiencias de todo el viaje, ya que se tiene la oportunidad de palpar si se quiere los mosaicos y de ver de cerca las esculturas que la componen, pero lo más maravilloso es llegar hasta la linterna, un lugar en donde se puede apreciar Roma a 360º, ver la Plaza, los jardines vaticanos, todo el verdor que rodea la ciudad, color que contrasta bellamente con el color ocre de las ruinas y de los viejos palacetes.</p>
<p>La Sixtina, los museos vaticanos, el Castillo de Sant&#8217;Angelo, la Piazza Novana, la Basílica de Santa María la Mayor, la Plaza España, la Piazza del Popolo, todo, todo es absolutamente hermoso y digno de ver, la ciudad es un museo vivo, cada rincón guarda un secreto o una leyenda. Roma al revés es Amor, así con mayúscula, porque aquí termina nuestro viaje antes de regresar a Madrid y de ahí a Bogotá. Roma, la ciudad eterna que se ha quedado grabada en nuestras retinas, Italia el bello país al cual esperamos volver algún día. De allá, de la ciudad mágica quisiera escribir una carta como Meira del Mar:</p>
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<pre style="text-align: center">Te escribo, amor, desde la primavera.

Crucé la mar para poder decirte

que, bajo el cielo de la tarde, Roma

tiene otro cielo de golondrinas,

y entre los dos un ángel de oro pasa

danzando.

La cascada de piedra que desciende

por Trinitá dei Monti hasta la plaza,

se detuvo de pronto y ahora suben

azaleas rosadas por su cuerpo.

Los árboles repiten siete veces

la música del viento en las colinas,

y el húmedo llamado de las fuentes

guía mis pasos.

Más bella que en el aire

una rota columna hallé en el césped,

caída en el abrazo de una rosa.

Cuando fluye la luz,

cuando se para

el tiempo,

asomada a los puentes Roma busca

su imagen sobre el Tevere,

y en vez del nombre suyo ve que tiembla

tu nombre, amor, en el rodante espejo.</pre>
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<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-96117" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-9-ROMA-DESDE-LA-CUPULA-300x225.jpg" alt="Roma desde la cúpula de San Pedro. " width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-9-ROMA-DESDE-LA-CUPULA-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-9-ROMA-DESDE-LA-CUPULA-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-9-ROMA-DESDE-LA-CUPULA-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-9-ROMA-DESDE-LA-CUPULA-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/ITALIA-9-ROMA-DESDE-LA-CUPULA-1200x900.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Roma desde la cúpula de San Pedro.</p>
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]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=96113</guid>
        <pubDate>Fri, 01 Sep 2023 13:46:47 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Italia, ¡belpaese! Crónica de viaje #6]]></media:description>
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