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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de El Peatón | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Escribir</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/escribir/</link>
        <description><![CDATA[<p>Permanecer en el amor por las palabras.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><em>Imagen: </em>Marcel Proust<em> escribiendo en la cama</em>.</p>



<p>Con el paso del tiempo dejé de lamentarme por la desazón que me proporcionaba la escritura. Tomé una posición diferente frente al hecho de escribir, de gratitud más que de resignación, porque entendí que alrededor de los libros que uno construye con el fin de que, al menos, no avergüencen a los amigos ni decepcionen, en parte, a esos espíritus de luz que son los lectores, a pesar de fracasar en ese propósito, subsiste la esperanza de ver la vida, con los años, encontrar el puerto que con tanta obstinación uno cree que está oculto más allá de la oscura bruma del naufragio.</p>



<p><strong>Ese puerto anhelado no sería más que la permanencia en el amor por las palabras</strong>, pues estas son lo único que tenemos para llegar a las cosas, aunque, bella paradoja, nunca nos vayan a llevar a ellas. Pues los artistas entienden que sólo les quedan signos como constancia de lo vivido, esa indefinible materia de los sueños. Y los escritores, que también trabajan con signos, con imágenes, también entienden que las palabras, propias, y las de otros, son faros que rielan en su inmensa soledad.</p>



<p><strong>Baudelaire, faro que se alcanza a ver desde todos los confines de la noche</strong>.</p>



<p>Al creer, en algún momento, que no tenemos lo tangible, sino que nos pertenecen tan sólo las palabras, decidí celebrar el lenguaje, tan misterioso y diáfano a la vez, porque en él encontraba el fuego inicial de <strong>la poesía como materia de toda sólida escritura</strong>.</p>



<p>Sin embargo, al emprender esta celebración, supe que había perdido el hogar y había ganado los caminos. Nada de lo que pensaba que había sido mío se encontraba ahora a mi lado. Al intentar erigir mi propia casa, lejos de los cafetales donde mi padre me paseara de niño dentro de un canasto, supe que sus cimientos eran endebles, que los vientos del sueño y de la inquietud la derribaban: quería volver, quería entrar en la primera noche de mi vida, oler el cielo azul oscuro de la montaña. Y desaparecer.</p>



<p>En ese instante, en que se desvaneció en su totalidad el camino de regreso, me recordé parado por primera vez frente a la puerta de la poesía, cuando aún se percibía la tibieza del cuerpo muerto de la niñez.</p>



<p>Y hoy, que me sorprendo persistiendo en la literatura después del éxodo, de nuevo en casa, reconozco que escribo, más que para buscar reconocimiento, sí para homenajear esta vida sencilla, atiborrada de libros, de viejos periódicos y de café, porque escribir me ha llevado por un cauce dificultoso, sí, pero ha sido para desembocar en lo que ahora soy, el hombre que se mantiene en pie para vencer su propio dolor. Escribo para no derrumbarme. Y esto ha valido ya la pena. Vale la pena vivir, ha valido la pena vivir.</p>



<p><strong>Albeiro Guiral</strong><a href="https://twitter.com/amguiral"><br><a href="https://www.instagram.com/amguiral/">www.instagram.com/amguiral</a></a></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Tue, 13 Jan 2026 13:43:54 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Escribir]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
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        <item>
        <title>Leviatán</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/paul-auster/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ha muerto Paul Auster. Ha muerto Leviatán. Hay humo de soledad en el aire.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Ha muerto Paul Auster. Ha muerto Leviatán. Hay humo de soledad en el aire.</p>



<p>En su obra maestra, &#8220;Leviatán&#8221;, Paul Auster nos sumerge en un laberinto literario donde la realidad se entrelaza con la ficción de manera magistral. La historia sigue los pasos de Peter Aaron, un escritor que narra los eventos que llevaron al trágico final de su amigo Ben Sachs, también escritor, brillante y enigmático, que fallece a raíz de la detonación de una bomba en Wisconsin, en plena carretera. La explosión despedaza el cuerpo hasta dejarlo irreconocible e imposible de identificar. Aaron, cuyo teléfono encuentran en uno de los bolsillos del difunto, decide revelar la verdadera historia antes de que la policía exponga su propia versión de los acontecimientos. Moría así <em>El fantasma de la Libertad</em>, el misterioso personaje que se había propuesto bombardear todas las réplicas de las estatuas de la libertad en Estados Unidos.</p>



<p>Oigo la noticia de la muerte del autor y a mi mente viene “Leviatán” y nada más que “Leviatán”. Una novela que desafía las convenciones y nos invita a explorar los rincones más oscuros de la mente humana. A través de una prosa poética evocadora, Auster nos transporta a un mundo donde los límites entre la realidad y la fantasía se desdibujan, y donde la búsqueda de la verdad se convierte en una obsesión que consume a sus personajes, aunque la verdad, como en Moby Dick, no exista y se la persiga a pesar de esta certeza.</p>



<p>Leviatán es una criatura monstruosa que simboliza el caos y la destrucción. En la mitología hebrea es un ser primordial que representa las fuerzas descontroladas de la naturaleza. Auster utiliza esta poderosa metáfora para explorar temas universales como el poder, la corrupción y la lucha entre el bien y el mal, y postular la anarquía como tema central. A través de los actos de Ben Sachs, Auster cuestiona los límites de la libertad individual y la moralidad en una sociedad marcada por la alienación y la desesperanza. ¿Qué significa ser libre en un mundo donde la realidad se desmorona? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por la libertad?</p>



<p>La dualidad es un elemento recurrente en esta novela. Cuenta la historia de un escritor acomodado y mercantil, y la de otro que pierde su vida en el ejercicio de la clandestinidad. Auster nos presenta personajes complejos que luchan con sus propias contradicciones y ambigüedades morales. ¿Qué hay detrás de las máscaras que llevamos puestas? ¿Cómo reconciliamos nuestras múltiples identidades? Estas son las preguntas que acechan a los personajes de &#8220;Leviatán&#8221;, obligándolos a enfrentarse a sus propias sombras y a tomar decisiones que definirán su destino.</p>



<p>Es un libro, pues, que cuestiona la figura del escritor. A través de Peter Aaron, Auster reflexiona sobre el proceso creativo y el sacrificio necesario para dar vida a una obra de arte. ¿Cuál es el papel del escritor en la sociedad? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por la verdad? Estas son las preguntas que atormentan a Aaron mientras busca desentrañar el misterio que rodea la desaparición de Ben Sachs, enfrentándose a sus propios demonios y descubriendo verdades que preferiría no conocer.</p>



<p>Comparada con su Trilogía de Nueva York, &#8220;Leviatán&#8221; destaca por su audacia narrativa y su profundidad temática. Auster nos sumerge en un universo literario más oscuro y provocador, donde las líneas entre el bien y el mal se desdibujan y la verdad se convierte en un concepto elusivo. Es esta ambigüedad moral la que hace que el libro sea una lectura fascinante y perturbadora, capaz de desafiar nuestras convicciones y hacernos cuestionar nuestra propia humanidad.</p>



<p>Con la partida de Paul Auster, el mundo literario pierde a uno de sus gigantes. Pierde a Peter Aaron y a Ben Sachs al mismo tiempo. Pierde a dos escritores en uno. Al que supo vivir en la comodidad de la fama pero que al mismo tiempo estaba convirtiendo a la literatura en un campo minado. Que su Leviatán siga navegando en las aguas turbulentas de la literatura, recordándonos la fragilidad y la grandeza de la mente humana. Que su voz perdure en las páginas de sus libros, inspirando o inquietando a futuras generaciones. Que siga vivo por los siglos de los siglos <em>El fantasma de la libertad</em>.</p>



<p></p>



<p></p>



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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Fri, 03 May 2024 01:32:58 +0000</pubDate>
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        <title>Caballitos de mar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/caballitos-de-mar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Bagatela sobre el pensamiento crítico. El pensamiento crítico lo tiene todo en su contra: en la escuela, son pocos los docentes que lo pregonan, y menos aún quienes lo aplican y profesan con honestidad. En la adolescencia le llaman rebeldía, y los adultos, y peor todavía, los adultos jóvenes envejecidos, miran a quienes se estrellan [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Bagatela sobre el pensamiento crítico.</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><a href="http://www.instagram.com/amguiral"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1076" height="611" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar.jpeg" alt="" class="wp-image-97569" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar.jpeg 1076w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar-150x85.jpeg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar-300x170.jpeg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar-768x436.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar-1024x581.jpeg 1024w" sizes="(max-width: 1076px) 100vw, 1076px" /></a></figure>



<p></p>



<p><strong>El pensamiento crítico</strong> lo tiene todo en su contra: en la escuela, son pocos los docentes que lo pregonan, y menos aún quienes lo aplican y profesan con honestidad.</p>



<p>En la adolescencia le llaman rebeldía, y los adultos, y peor todavía, los adultos jóvenes envejecidos, miran a quienes se estrellan contra el mundo, defendiendo su autonomía, con condescendencia similar a la usada por los eurakas para mirar a quienes todavía resisten a su <strong>barbarie epistémica</strong>, a las secuelas de su ocupación innegable.</p>



<p>En la adultez, lo etiquetan mal. A pensar críticamente le llaman e<em>star en contra de todo sin causa alguna</em>, inclusive a quienes tengan su causa y no necesiten, ni tengan por qué, explicarla, les aíslan y malversan. Hay, por supuesto, cardúmenes de idiotas que no saben por qué pelean, y se les ve en pos de los cachalotes de la colonización mental, sin inmutarse, y aunque estén en su derecho de desaparecer a su modo, como los demás, detrás de un ideal vacío o inexistente, o en las fauces del cetáceo olvido, creo que es digno, al menos, reconocer la existencia de otra especie, mucho menor, que no sabe andar en manada: los <strong>solitarios caballos de mar</strong>, embarazados de sus ideas voluminosas, que cruzan las aguas llamando a sus cosas por su nombre. Al pan, le llaman pan, y no presunto pan, si ante sus ojos lo vieron amasar; y al vino, vino, y no presunto vino, si lo vieron acendrar por días o décadas.</p>



<p>Un caballo de mar le llama genocidio a la ocupación israelí. Un cachalote le responde llamándole antisemita.</p>



<p>Un caballo de mar cree que no hay verdad absoluta. Si lo dice en voz alta, el cachalote le impone a gritos su verdad.</p>



<p>Un caballo de mar llora con gran pesadumbre en las ruinas del busto de su abuela. El ejército cetáceo que lo destruyó le llama resentido.</p>



<p>Otrora, los <strong>librepensadores</strong> se encerraban en su torre, o bebían el veneno con agrado, resultado de una sentencia injusta, pero ya no es tiempo para buscar el martirio. A la tiranía del mundo le conviene el silencio, el suicidio de quienes ejercen el pensamiento crítico o, dicha sea la verdad, el pensar por sí mismos o por sí mismas; incluso, ha hecho la ley para triunfar por encima de quienes no reconocen la autoridad formal de nadie, y en cambio, sí reconocen la autoridad moral de los lejanos maestros que les instaban a buscar adentro las respuestas, pero sin arrodillarse.</p>



<p>Para parafrasear a <strong>Brecht</strong>, ¿qué tiempos son estos en que los maestros sólo salen a luchar si se trata de defender su prima de vacaciones?</p>



<p>A esta altura de mi vida, siento ya haber pagado con creces el llevar en alto esta bandera, rojinegra o negra según quienes todo lo estigmatizan, según los traficantes de la dignidad. Sé ya que el castigo para quienes piensan por sí mismos es la soledad (alguna vez me duermo en el agua pensando en <strong>Felisberto Hernández</strong>, y dentro de mi cuerpo cansado de caballo empieza a andar mi recuerdo de hombre. Escucho el silbido lejano de algún jinete que me invita a seguirlo; entonces, como <strong>Chuang Tzu</strong>, empiezo a dudar si soy un hombre soñando que es un caballito de mar, o un caballito de mar soñando que es un hombre, pero me despierta a tiempo el equino canto de algún colega, a quien agradezco con un gesto, mientras se despide buceando en las profundidades de la noche infinita). Y, sin embargo, entre más corren las aguas, y entre más las corrientes oceánicas quieren llevarme al abismo de la uniformidad capitalista, cuán ínfimo soy, más nado en contra, seguro de que los seres diminutos y aparentemente frágiles son los predadores más feroces, y astutos.</p>



<p><strong>***</strong></p>



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<p>— Albeiro Guiral (@amguiral) <a href="https://twitter.com/amguiral/status/894631304540692480?ref_src=twsrc%5Etfw">August 7, 2017</a></p>
</blockquote>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97568</guid>
        <pubDate>Thu, 14 Dec 2023 17:18:16 +0000</pubDate>
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