<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/tag/el-odio-lo-agotamos-siendo-jovencitas-y-ahora-nos-ignoramos/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>Blogs de El odio lo agotamos siendo jovencitas y ahora nos ignoramos | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>¿Se les debe dar voz a los victimarios en los libros?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/se-les-debe-dar-voz-a-los-victimarios-en-los-libros/</link>
        <description><![CDATA[<p>Si la maldad existe en la naturaleza humana, ¿es correcto darles voz a los malos en las obras de ficción y de no ficción? Les hice esta pregunta a personajes del mundo literario y periodístico, a raíz de la polémica mundial por el Caso Bretón que sacudió a España.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Imágenes tomadas de la cuenta en X de editorial Anagrama. </em></p>



<p>La editorial Anagrama <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/anagrama-cancela-la-distribucion-del-libro-sobre-el-caso-jose-breton-noticias-hoy">canceló la distribución</a> del libro “El odio”, del periodista español Luisgé Martín, tras la polémica desatada porque el autor de la obra le dio voz al victimario, José Bretón, quien en 2011 asesinó a sus hijos de 6 y 2 años. El mundo literario y periodístico quedó dividido entre quienes aplauden la medida y aquellos que la rechazan.</p>



<p>A favor se pronunció la columnista <a href="https://elpais.com/babelia/2025-03-25/el-odio-y-la-inhumanidad-de-lo-humano.html">Ana Caballé</a> en El País de España: &#8220;Dar voz al asesino con el propósito de acercarnos al máximo a dicha oscuridad, lleva consigo un nuevo dolor para la víctima, obligada de un modo u otro a revivir lo sucedido&#8221;, refiriéndose a la madre de los dos pequeños, Ruth Ortiz, quien declaró a la prensa: &#8220;No podemos dar voz a los asesinos&#8221;.</p>



<p>En contra se pronunció la escritora <a href="https://www.vozpopuli.com/opinion/caso-breton-prohibido-comprender.html">Marisol Oviedo </a>en el portal Voz Populi: “Si aceptamos que el dolor de una madre baste para prohibir un libro, pronto cualquier excusa servirá para prohibir a los escritores que escriban. La literatura es hija de nuestro ancestral instinto de querer comprender (…) Quien no comprende, no puede analizar correctamente la situación (…) Comprender es sobrevivir, Los escritores escribimos para comprender (…) pedirle a un escritor que renuncie a escribir sería como exigir al león que no tenga hambre”.</p>



<p>En Colombia, tenemos el caso de la novela <em>Montes de María</em>, (Periscopio Casa Editorial), de la cual hice una reseña para este blog, y que da voz a las víctimas pero también a los victimarios (en este caso a los paramilitares a través de personajes de ficción). La lectora Yolanda Arévalo se quejó en las redes sociales. &nbsp;“¿Debería alguien hacer dinero vendiendo el libro? ¿Y dónde quedan dolorosos recuerdos y la falta de reparación y justicia a todas esas víctimas?”. Otro lector, José Dolores Astorquizas, opinó: “Los asesinos están escribiendo sus biografías. Ni para escribir tuvieron el pudor que debe tener un artista o un escritor al narrar cosas tan sucias como su existencia”. &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="LdMyjTjD9t"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-novela-de-daniel-angel-sobre-la-masacre-de-el-salado/">La novela de Daniel Ángel sobre la masacre de El Salado</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;La novela de Daniel Ángel sobre la masacre de El Salado&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-novela-de-daniel-angel-sobre-la-masacre-de-el-salado/embed/#?secret=RGztj2K8L2#?secret=LdMyjTjD9t" data-secret="LdMyjTjD9t" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>El escritor bogotano Daniel Ángel respondió así a las críticas: “Pensé que si iba a escribir algo sobre la masacre también tendría que usar la voz de los victimarios, con el riesgo de que me dijeran que estaba haciendo una apología al paramilitarismo. Si lo decidí, fue porque tengo la convicción de que la literatura es el espacio para poner en escena a todos esos personajes que no logramos entender: al pederasta, al sicario, al tirano, al hombre que asesina a sus hijos, no para entenderlo (incluso la sicología o la psiquiatría están a años luz de hacerlo), sino para mostrarlos y preguntarnos qué es lo que se ha hecho mal en la sociedad para que estas personas hayan hecho lo que hicieron”.&nbsp;</p>



<p><strong>¿Se les debe dar voz a los victimarios en las obras de ficción y no ficción?</strong></p>



<p><strong>JUAN DAVID CORREA</strong>, exministro&nbsp;de Cultura, escritor y periodista.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="400" height="400" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171352/A-BRETON-CORREA.jpg" alt="" class="wp-image-114098" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171352/A-BRETON-CORREA.jpg 400w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171352/A-BRETON-CORREA-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171352/A-BRETON-CORREA-150x150.jpg 150w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p class="has-large-font-size"><strong>“Debemos indagar en los rincones oscuros de la mente” </strong><strong></strong></p>



<p>Yo no he leído el libro. Las víctimas tienen todo su derecho a manifestar su incomodidad. Pero también creo que cuando la censura llega a la literatura estamos perdidos. Pienso en la historia misma de la literatura, poblada de seres moralmente reprochables, personajes inspirados en realidades oscuras del alma; es precisamente la indagación sobre esa maldad y esos rincones ocursos como los llamó James Ellroy lo que en el fondo nos ha posibilitado tratar de imaginar lo que habita en esas mentes.</p>



<p>Creo que la discusión tendría que ser literaria y no acudir a argumentos de la cancelación que se parecen más a los argumentos de la Inquisición. Pienso en algunos ejemplos evidentes como Raskólnikov en <em>Crimen y castigo</em>, <em>Hamlet</em>, 1.280 almas de Jim Thompson, donde el sheriff de un pueblo es un tipo brutal; <em>Toño Ciruelo</em>, la novela de Evelio Rosero, <em>La metamorfosis,</em> de Franz Kafka; <em>El adversario</em>, de Emmanuel Carrère o American Psycho que se ocupa de la mente de un asesino en la Nueva York de los años 90.</p>



<p>Hacerle el juego a la ultraderecha de creer que debe haber corrección política en el arte o la literatura es un asunto muy peligroso. Por supuesto, los delitos no son admisibles, pero en el territorio de la imaginación tenemos que permitirnos ir a esos insondables Jekyll y Mr. Hyde que hacen parte de nuestra vida.</p>



<p>Es bastante complejo el momento que vivimos, en donde se pretenden borrar los límites de la ficción y la realidad. Me encantaría que vieran la película <em>El segundo acto</em>, que expone la distancia que estamos perdiendo frente a lo que podemos imaginar y lo que creemos que es verdad.</p>



<p><strong>PIEDAD BONNETT, poeta y columnista</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="480" height="480" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171334/A-BRETON-PIEDAD.jpg" alt="" class="wp-image-114096" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171334/A-BRETON-PIEDAD.jpg 480w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171334/A-BRETON-PIEDAD-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171334/A-BRETON-PIEDAD-150x150.jpg 150w" sizes="(max-width: 480px) 100vw, 480px" /></figure>



<p class="has-large-font-size"><strong>“Muchos escritores se han equivocado en sus posturas”</strong></p>



<p>Yo sé que Luisgé cometió un error imperdonable: no haber investigado a la madre y haberle dado credibilidad al asesino. Cometió un error garrafal, ético, que está pagando ahora, pero eso no quiere decir que yo sea partidaria de que no pueda publicar su libro o lo saquen de las librerías. Eso entra dentro de la onda de cancelar a la gente.</p>



<p>Me parece que él debería dar explicaciones, pedir perdón o decir porqué lo hizo y defender su posición. </p>



<p>Estoy de acuerdo con Marisol Oviedo. Creo que muchos escritores a lo largo de la vida se han equivocado en sus posturas y para eso somos lectores críticos.</p>



<p>Y sí, creo que a los victimarios hay que darles voz. Eso es lo que estamos haciendo en Colombia con la JEP. ¿Qué tal que los victimarios no tuvieran voz? Es la única manera de llegar a la reparación. Es una manera de hacer paz. También se trata de entender la mente, incluso la de los psicópatas más espantosos. Son fenómenos humanos que los demás tenemos derecho a comprender.</p>



<p>No he leído el libro, ni lo voy a leer porque no me interesa ese tema, me parece muy doloroso, pero los lectores están en su derecho de elegir si lo leen o no lo leen.</p>



<p><strong>IRENE VASCO, escritora y promotora de lectura</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="640" height="428" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171408/A-BRETON-IRENE.jpg" alt="" class="wp-image-114099" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171408/A-BRETON-IRENE.jpg 640w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171408/A-BRETON-IRENE-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px" /></figure>



<p class="has-large-font-size"><strong>“Los lectores definen lo que quieren leer”</strong></p>



<p>La censura está controlando al mundo y eso no debe ser. Yo pienso que la libertad de expresión y la libertad de lecturas deben estar garantizadas. Se debería poder publicar lo que sea y son los lectores los que definen qué quieren leer y qué prefieren dejar de lado. Un lector crítico no se deja influenciar y, en cambio, podrá controvertir los textos.</p>



<p><strong>DIEGO FERMIANO, editor y crítico literario</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="600" height="600" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171427/A-BRETON-DIEGO.jpg" alt="" class="wp-image-114100" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171427/A-BRETON-DIEGO.jpg 600w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171427/A-BRETON-DIEGO-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/05171427/A-BRETON-DIEGO-150x150.jpg 150w" sizes="auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px" /></figure>



<p class="has-large-font-size"><strong>“Los crímenes en la literatura no son apología”</strong></p>



<p>Cuando hablamos de literatura, es necesario recordar que estamos pisando terreno de ficción, o de no ficción, es decir, nos ubicamos en un mundo imaginado o calcado de la realidad. Así, entonces, dar voz a los victimarios en una novela o relato es un ejercicio de recreación artística, al igual que es fundamental mostrar el dolor de las víctimas y las situaciones vividas.</p>



<p>Por otra parte, pretender que un trabajo literario sea motivo de escándalo público, o material para pleitos judiciales, es un despropósito, ya que (aunque posible), sería un laberinto infructuoso determinar qué es y qué no es verdad, y si esto sirve o no para enjuiciar o liberar a alguien de culpas.</p>



<p>Muchos libros sobre crímenes se han escrito en la historia de la literatura, pero estos no son, bajo ninguna forma, una apología o una acusación formal para nadie. Antes bien, son formas artísticas de elucidar la voluntad humana, y las consecuencias (o accidentes) de vivir. Como dijo Paul Auster, que desapareció tan rápido y en una llamarada de gloria: «En el mundo real nos ocurren cosas que se parecen a la ficción. Y si la ficción resulta real, entonces quizá debamos reconsiderar nuestra definición de realidad…»</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=114037</guid>
        <pubDate>Sun, 06 Apr 2025 13:44:43 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04175613/A-EL-ODIO.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Se les debe dar voz a los victimarios en los libros?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Joan Fontaine (1917-2013)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/joan-fontaine-1917-2013/</link>
        <description><![CDATA[<p>Relatar su historia es tener que referirnos también a la de su hermana Olivia, como si hubieran nacido siamesas pero el destino las hubiera separado para convertirlas en rivales y enemigas. Joan de Beauvoir de Havilland fue la hija menor de un abogado y una actriz que andaban por esos días instalados en Tokio debido [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Relatar su historia es tener que referirnos también a la de su hermana Olivia, como si hubieran nacido siamesas pero el destino las hubiera separado para convertirlas en rivales y enemigas. Joan de Beauvoir de Havilland fue la hija menor de un abogado y una actriz que andaban por esos días instalados en Tokio debido al trabajo del padre. Allí nacieron sus dos hijas, en un país asiático del que no conservarán tampoco ningún recuerdo. Joan no gozó de buena salud, padeció de una infección de estreptococos y de anemia infantil, pero estas afecciones fueron viéndose atenuadas por el tiempo. La familia regresa a Estados Unidos, la pareja se divorcia, y es entonces cuando la madre se mudará a Saratoga, California, en compañía de sus dos pequeñas de dos y tres años. Joan y su hermana asistirán a la escuela en Los Gatos High School y más adelante concluirán en el Notre Dame Convent Roman Catholic, en Belmont, California. Ambas hermanas comenzaron a tomar clases de dicción, interesándose las dos por el mundo de la actuación y del espectáculo, y alentados sus sueños por una madre quien, tal vez, sin proponérselo, también promovería una descarnada competencia entre las hermanas. Años más tarde, ya conocida la historia de rivalidad entre ambas, Joan explicaría en un reportaje: “El odio, lo agotamos siendo jovencitas. Ahora nos ignoramos.” Ambas eran estudiantes destacadas, siendo un poco más aventajada la hermana mayor, quien ya mostraba su particular interés por el mundo actoral dando inicio a sus estudios de arte dramático. A los 15 años Joan viaja a Japón para reunirse con su padre, y luego de pasar dos años entre la cultura nipona, retorna a California para seguir los pasos de su hermana mayor. Su madre no estaba del todo contenta con la decisión de Joan de convertirse, como su hermana, en actriz, y le propuso a su hija que al menos cambiara su nombre para que el público no las relacionara. En cierto modo esto pudo representar una ruptura simbólica, como una división espiritual de estas siamesas separadas, y desde entonces Joan desistió de su apellido y asumió el de su padrastro. Su primera aparición en el mundo cinematográfico fue en 1935 en las producciones <em>Call it a day </em>y <em>No más mujeres</em>, a lo que luego vendría la firma de un contrato con la productora RKO, de la que era dueño el excéntrico millonario Howard Hughes. Dos años más tarde grabará junto a Fred Astaire la primera película en la que el afamado bailarín no contará con su emblemática pareja, la actriz Ginger Rogers, titulada <em>Señorita en desgracia</em>. La película no tuvo una buena aceptación por parte del público, sin embargo la actuación de Joan fue notable y la crítica empezaría a interesarse en su talento. En los años siguientes Fontaine rodaría una docena de películas, destacándose en 1939 por su papel en <em>Gunga Din. </em>Ese mismo año se vencería su contrato con RKO, así como también contrajo matrimonio por vez primera, en un prontuario que la llevaría a acumular cuatro casamientos durante toda su vida. Por esos días Joan asistió a una fiesta de gala donde tuvo la oportunidad de conocer al afamado productor David O. Selznick, reconocido por su reciente éxito, <em>Lo que el viento se llevó</em>, película en la que su hermana Olivia interpretó el papel de Melania, desestimando el protagónico, el de la ingenua Scalett O’Hara, y ante lo cual la actriz expresaría: “Para hacer el papel de tonta llamen a mi hermana”. Olivia logró ser nominada al Oscar con este rol, y en adelante empezó la carrera de las hermanas por ver quién lograba primero la consagración actoral, el reconocimiento y la fama internacional, los máximos premios y galardones. La pelea era bien conocida en el ámbito del cine y la prensa gozaba de sus encontronazos, sus declaraciones abyectas, la revelación de los secretos familiares, las blasfemias. No había nada que ocultar: las hermanas se odiaban a muerte y su enemistad era una guerra pública. Joan decía que el marido de su hermana, escritor, tenía un inventario largo de mujeres y apenas un solo libro escrito. Años atrás Olivia había sido abandonada por su amante, nada menos que el multimillonario Howard Hughes, y todo porque el magnate había comenzado a coquetearle a su hermanita. Y eran este tipo de comentarios los que resonaban una y otra vez en cada entrevista que Olivia o Joan concedían para los medios. Joan y Selznick departieron en aquella fiesta sobre la novela <em>Rebecca</em>, de la escritora Daphne du Maurier, y que Alfred Hitchcock tenía planeado llevar a la gran pantalla. Era esta la oportunidad que Joan estaba esperando para destacarse por encima de su hermana mayor; el director inglés estaba preparando su debut cinematográfico en el universo estadounidense, y haría lo imposible por ser ella quien consiguiera quedarse con el anhelado papel. Audicionó varias veces y durante más de seis meses estuvo persiguiendo el protagónico, hasta que finalmente Hitchcock la elegiría entre las más de cien postuladas. Olivia había logrado renombre y notoriedad con su nominación al Oscar, pero en esa carrera profesional Joan quería ser la primera en trabajar para el reconocido director inglés, y darle así ese disgusto a su hermana, quien jamás podría arrebatarle tan destacada primicia. La película no sólo fue un éxito sino que además representó para Joan su primera nominación a la codiciada estatuilla, por la que nuevamente competiría un año más tarde, cuando Hitchcock volvió a elegirla para que protagonizara su film <em>Sospecha, </em>pasando a convertirse en la primera de las “rubias” del director, listado al que se sumarían después las actrices Ingrid Bergman, Grace Kelly y Kim Novak. Hitchcock, según diría años después Fontaine, la elegiría a ella para profundizar su desencuentro con Olivia, comentando que el lema celoso del director era el mismo de Julio César: “<em>Divide et impera</em>” <em>(Divide y vencerás)</em>, queriendo también que la actriz que había elegido como su musa fuera exclusiva y no figurara en los trabajos de otro director. La legendaria disputa entre ambas hermanas se vería exacerbada cuando Olivia fuera también nominada como Mejor Actriz por su interpretación en la película <em>Si no amaneciera. </em>Olivia había conseguido ser la primera en obtener una nominación en el año de 1937, y años más tarde con su segunda postulación competiría nada menos que con su odiada hermana, quien a la postre se alzaría con el premio, siendo la primera persona de un elenco dirigido por Hitchcock al que le reconocían con el premio de la Academia. Joan le había ganado a su hermana y peor enemiga en la carrera por obtener el máximo título, y ser la primera de las dos en consagrase en la historia de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. La ganadora subió a recibir su premio (el único Oscar que ganaría), y al bajar del estrado le pasó por el lado a su hermana, la perdedora, en un gesto que despertaría la envidia de Olivia, así como el morbo por parte de unos medios interesados desde hacía años por la llegada de este momento. Años más tarde, para 1947, Olivia tendría la oportunidad de ganar el primero de los dos premios Oscar en su carrera, con la película <em>La vida íntima de Julia Norris </em>(su segundo premio vendría dos años después con <em>La heredera, </em>película dirigida por William Wyler), y al bajar de ese podio repitió la escena que años antes había protagonizado junto a Joan, devolviéndole el gesto de desprecio cuando su hermana menor se dignó a estirarle la mano para felicitarla y, esta vez, ganadora, Olivia se empeñaría en despreciarla. Para aliviar este menosprecio y humillación público, la también rencorosa Joan diría: “Yo me casé primero, gané el Oscar antes que Olivia y, si muero antes que ella, seguramente se indignará porque le he ganado también en eso.” En 1942 protagoniza <em>Sé fiel a ti mismo, </em>y un año más tarde obtiene su ciudadanía estadounidense, para empezar a gozar de toda una década en la que sería amada por el público, y en donde tendría la posibilidad de codearse con las principales figuras del medio y ser dirigida por los más prestigiosos. Para 1943 rodará <em>La ninfa constante, </em>película por la cual será nominada por segunda vez al Oscar, y un año más tarde participa de películas como <em>El pirata y la dama, Alma rebelde</em>, y <em>Jane Eyre</em>, esta última basada en la novela de la escritora Charlotte Brönte, y cuya actuación sería aclamada por el público y la crítica. En 1948 se destaca la película <em>Abismos, </em>y un año después <em>Carta a una desconocida</em>, inspirada en el relato del escritor austriaco Stefan Zweig. A comienzos de los años cincuenta será dirigida por el prestigioso Orson Wells en la película <em>Otelo. </em>Dos años más tarde filmará la película de aventuras medievales <em>Ivanhoe, </em>y un año después se destacan <em>El bígamo </em>y <em>Noches del Decamerón</em>, esta última producción que sería rodada en España<em>. </em>Fontaine regresa a Estados Unidos para filmar <em>La gran noche de Casanova</em>, y comenzar a partir de allí una carrera actoral que decreció en el cine pero que tomó un nuevo impulso a través del teatro y la televisión. En 1948 tuvo a su única hija, y unos años más tarde adoptaría a otra niña la cual no sabría adaptarse, y que siendo una adolescente abandonó a su madre adoptiva, perdiéndose de la escena familiar sin dejar ningún rastro. Joan nunca más la volvió a ver ni a saber nada de ella. En 1954 la vemos protagonizar en Broadway, junto a Antonhy Perkins, la exitosa obra teatral <em>Tea and sympathy. </em>Regresa al cine en 1956 con el musical <em>Serenade, </em>y con la película <em>Más allá de la duda</em>, dirigida por el austriaco Fritz Lang. Un año más tarde el director Robert Rossen tuvo la arriesgada iniciativa de reunirla junto al galán de raza negra, Harry Belafonte, en la película <em>Una isla en el sol, </em>y que no agradó a un público generalmente racista, pasando casi desapercibida para todos. A comienzos de los sesenta vuelve al teatro en producciones como <em>Vidas privadas, Cactus flower </em>y <em>El león en invierno, </em>y un año más tarde la veremos en la película <em>Viaje al fondo del mar. </em>Durante cinco años Joan Fontaine se ausentará del escenario cinematográfico y retomará con lo que sería su última película (y en la cual también participó como coproductora), <em>The witches. </em>En 1975 las hermanas tuvieron una corta tregua mientras su madre padeció un cáncer, y tras su muerte bien pudieron haberse reconciliado, pero la historia que desde siempre las entrelazó preparaba otro final fatídico y la sentencia definitiva de divorcio entre ambas. Joan se molestó cuando su madre murió en el quirófano y Olivia se lo comunicaría en un telegrama que recibió tres días después, al otro lado del mundo. Olivia se quejaba de haberle compartido la noticia y justificó su ausencia: “No vino al funeral porque tendría otra cosa mejor que hacer.” Las hermanas dejarían de hablarse para siempre, e incluso cuando tenían que coincidir en celebraciones y banquetes, los organizadores sabían que debían distanciarlas lo más lejos posible una de la otra. En una ocasión se cruzarían al ser hospedadas en un mismo hotel, para lo cual Joan exigió estar separada de su hermana por lo menos diez plantas. Eran dos potencias que no podían coincidir juntas en un mismo espacio, en un mismo mundo. “Olivia es un león, y yo un tigre; y la ley de la selva dice que no podemos llevarnos bien”, diría Joan en su momento. En 1979 saca a la luz sus anécdotas y todos sus pormenores con la publicación de su autobiografía, <em>Bed of roses. </em>Durante los años siguientes continuó su carrera actoral participando ocasionalmente en series de televisión, siendo nominada al Premio Emmy en 1980 por su actuación en la telenovela <em>Ryan’s hope</em>. Casi tres décadas después, cuando ya la creíamos retirada de la industria del séptimo arte, la veríamos reaparecer en el filme <em>Good King Wenceslas</em>. Le gustaba pilotear aviones, pescar y jugar al golf, y a estos placeres y a muchos más se dedicó durante sus últimos años, casi recluida en su condominio de Carmel Highlands, en California. Actriz versátil, Joan Fontaine podía parecer una chica ingenua, torpe y estúpida, o convencernos de que se trataba de una dama desafiante y portentosa, confiada, segura de sí misma. Murió a los 96 años de causas naturales y sin reconciliarse con su hermana Olivia. Joan había acertado así en su vaticinio de que también sería la primera en morir. Tal vez el mejor guion que interpretaron juntas, fuera del plató, se trató de un trabajo inspirado en la obra de Sun-Tzu, <em>El arte de la guerra. </em>Toda una vida de una enemistad legendaria llegaba a su final con la muerte de uno de los rivales. Allí acabaría la vida de Joan, pero no su historia, ya que para esto tendríamos que narrar el desenlace de su hermana, la cual le sobreviviría algunos años más. En 1982 Olivia tendría una actuación notable al darle vida a la reina Isabel II en la producción televisiva <em>The royal romance of Charles and Diana, </em>y al cumplir un siglo de vida la misma reina Isabel II la nombraría Dama del Imperio Británico, convirtiéndose en la persona más longeva a la que se le otorga tal distinción. En su recorrido actoral grabaría más de un centenar de películas. Desde mediados de los años cincuenta la cinco veces nominada a los premios de la Academia se trasladaría a París, donde moriría a la edad de los 104, convirtiéndose en la última celebridad de aquel cine conocido como el “Hollywood dorado” y que dejaba este mundo, y dándole un final a una historia que nunca pudo desligarse de la de su hermana. Ambas fueron un par de ganadoras consagradas, y hoy la historia las recuerda como figuras legendarias del cine de mediados del siglo XX. Ambas poseen su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, ambas alcanzaron el firmamento.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-83194" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/04/214.-JOAN-FONTAINE-300x200.jpg" alt="JOAN FONTAINE" width="300" height="200" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=83193</guid>
        <pubDate>Fri, 03 Mar 2023 09:37:51 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Joan Fontaine (1917-2013)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>