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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 21:37:07 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de El gran reencauche | Blogs El Espectador</title>
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        <title>¿Por qué no penalizar la dosis personal?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/dosis-personal/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un sencillo argumento para justificar la no penalización de la dosis personal en Colombia.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><em>(Publicado originalmente el <a href="https://web.archive.org/web/20230321090348/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/por-que-no-penalizar-la-dosis-personal">21/IX/2009</a>)</em></p>



<p>En mi anterior post (“<a href="https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-vs-relativismo/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Escepticismo y relativismo</a>”), intenté despejar algunas confusiones alrededor de la noción de escepticismo, además de ofrecer un modesto argumento—específicamente, una <em>reducción al absurdo</em>—en contra de cierta forma radical de relativismo. En esta entrada quisiera relajarme un poco y abordar un tema de actualidad en Colombia: la penalización de la dosis personal. He de confesar, desde el comienzo, que ignoro los pormenores del proyecto de ley en cuestión que promueve (¿por quinta vez? Ya perdí la cuenta) el gobierno de Uribe. Por ello, es probable que mucho de lo que diga no se aplique, o se aplique sólo en parte, al contexto político actual de Colombia. Ustedes juzgarán. Sin embargo, tengo mis razones para pensar que no es así.</p>



<p>La pregunta que quisiera plantear es la siguiente: ¿qué justificación podría tener un Estado de Derecho (de ahora en adelante ‘ED’) para penalizar la dosis personal? Es importante notar que la dosis personal no ampara el&nbsp;<em>consumo</em>&nbsp;en sitios públicos; únicamente ampara el&nbsp;<em>porte</em>&nbsp;de una determinada cantidad de droga ilegal en tales lugares. Esa cantidad debe ser tal que sea altamente razonable que la sustancia transportada no esté destinada al tráfico sino al uso personal. Así las cosas, la pregunta es: ¿por qué razón pensar que una persona es merecedora de una sanción social por el simple hecho de llevar consigo una cantidad de droga ilegal que obviamente no está destinada al comercio?</p>



<p>Creo que, en general, un gobierno dispone de dos líneas argumentativas para penalizar el porte de sustancias psicoactivas ilegales. La primera es lógicamente prioritaria a la segunda, pero ambas, presumo, son estériles. El primer argumento (A) es de corte ético, y comienza por la suposición que el ED tiene la obligación de defender los derechos de sus ciudadanos. Dado que el consumo de drogas ilegales para el disfrute personal representa una amenaza para la vida del ciudadano (uno de sus principales derechos), el ED tiene el compromiso de prevenir este consumo. Una forma, entre otras, de hacer esto, es mediante la prohibición de la dosis personal, pues se supone que ésta desestimulará (en cierta medida) el consumo. El segundo argumento (B) toma A como base y enmarca la discusión en el contexto de la lucha contra las drogas. En la medida en que tiene la obligación de defender el derecho a la vida, un ED debe combatir el fenómeno de las drogas ilegales en todos sus frentes. Uno de estos frentes es el económico. Prohibir la dosis personal supondría un obstáculo extra para la compra de droga ilegal, lo cual menguaría (hipotéticamente) la capacidad financiera de los carteles.</p>



<p>En lo que resta de esta entrada me ocuparé solamente del primer argumento. Esto es natural, pues B depende de A. A continuación, voy a desplegar el argumento A en la forma de un esquema:</p>



<p>1. El ED debe garantizar el derecho a la vida de sus ciudadanos.</p>



<p>2. Si el ED debe garantizar el derecho a la vida de sus ciudadanos, entonces debe prevenir el consumo de drogas por parte de sus ciudadanos.</p>



<p>3. El ED debe prevenir el consumo de drogas por parte de sus ciudadanos.</p>



<p>4. Si el ED debe prevenir el consumo de drogas por parte de sus ciudadanos, entonces el ED debe prohibir la dosis personal.</p>



<p>* Conclusión: El ED debe prohibir la dosis personal.</p>



<p>Si bien este razonamiento es válido (es decir, si bien las premisas del argumento sí implican la conclusión), creo que la primera premisa (“El ED debe garantizar el derecho a la vida de sus ciudadanos”), leída sin calificación, es falsa. Pues no <em>siempre</em> un ED debe garantizar el derecho a la vida de sus ciudadanos. Ésta debe ser una obligación del ED, sí, <em>pero sólo</em> <em>mientras su aplicación no viole una libertad fundamental del individuo</em>—una libertad que el ED, por su misma naturaleza, está también obligado a respetar y a hacer respetar (al menos en el caso que nos concierne, que es el de las acciones perjudiciales para la salud cuyo origen y destino es la misma persona).</p>



<p>Imaginemos, por ejemplo, que una persona decide, después de una fría meditación, privarse de la vida. ¿Sería legítimo que un ED interviniera en tal designio, bajo el estandarte de la defensa al derecho a la vida de sus ciudadanos? A mí me parece que no. El comercio de una persona con su propia vida es casi por definición algo que no es cosa de interés público. Si la relación conmigo mismo no es algo que me incumba a mí y solamente a mí, no veo entonces cuál es el punto de hablar de mis “libertades”. Esto aplica al tema que nos atañe. Cuando alguien decide consumir o portar una droga ilegal ejerce una prerrogativa inalienable que esa persona posee sobre su propio cuerpo, una prerrogativa que, de arrebatársela, un ED no tendría de Estado de Derecho sino la sigla.</p>



<p>Si la premisa 1 del argumento A tiembla, con ella tiembla todo el razonamiento que se basa en ella. Es más: si mi crítica a la premisa 1 es atinada, entonces la situación de un gobierno con ánimo de penalizar la dosis personal es bastante incómoda, pues estaría obligado a mostrar por qué, si bien es cierto que un ED debe garantizar el derecho a la vida de sus ciudadanos en la medida en que ello no conlleve la violación a libertades fundamentales del individuo, prohibir el porte de una sustancia ilícita para el consumo personal&nbsp;<em>no</em>&nbsp;implica tal violación. No obstante, esta alternativa me parece vana, por el simple hecho de que prohibir el porte—el&nbsp;<em>mero</em>&nbsp;porte—o el consumo—a secas—<em>sí</em>&nbsp;implica una violación a una libertad fundamental: a la de no ser acusado por algo que no merece castigo.</p>



<p>Éste es un caso típico de conflicto entre los deberes de un agente (en este caso, el agente es el estado). Lo que está en juego es, por un lado, el respeto debido a una prerrogativa inalienable del sujeto social, y por el otro, el imperativo de defender un derecho fundamental de los ciudadanos. Mi argumento apunta a la idea de que el último imperativo es&nbsp;<em>derrotable</em>&nbsp;por el primero (al menos en el tema que nos atañe), y que dicha derrotabilidad se basa en la naturaleza misma del ED. En este sentido, no podemos penalizar la dosis personal y a la vez preciarnos de tener un ED. Ambas cosas, me parece, son incompatibles.</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@pater_doloroso</a></em></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
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        <pubDate>Tue, 23 Sep 2025 15:04:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Por qué no penalizar la dosis personal?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Baba</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Escepticismo y relativismo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-vs-relativismo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Segunda entrega de la serie &#8220;El gran reencauche&#8221;. Esta vez, la cuestión recae en distinguir el escepticismo y el relativismo.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><em>(Entrada publicada originalmente el&nbsp;<a href="http://web.archive.org/web/20231207064048/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-y-relativismo">10 Dic 2009</a>.)</em></p>



<p>En la zona de comentarios de la entrada anterior (<a href="https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/por-que-un-blog-de-filosofia/">¿Por qué un blog de filosofía en El Espectador?</a>) leí algo que me pareció podría dar pie a una pequeña e interesante discusión filosófica. A continuación cito el fragmento en cuestión, cuyo autor es el usuario alias &#8216;sablemocho&#8217;:&nbsp;&#8220;Bien por una ventana en donde se invita al sano escepticismo, a saber que todo es relativo y que aun la verdad mas (sic) &#8220;absoluta&#8221; tiene un menos&#8221;. Lo primero que debo decir es que me procura satisfacción saber que sablemocho juzga buena la existencia de este blog. Sin embargo, quisiera hacer una aclaración con respecto al sentido del escepticismo al que mi anterior entrada invitaba.</p>



<p>Sablemocho hace una amalgama entre el escepticismo y la posición según la cual &#8220;todo es relativo&#8221; que, me parece, es desafortunada. Para mostrar por qué, permítanme hacer una distinción muy general con respecto a las&nbsp;<em>actitudes</em>&nbsp;que podemos tener ante una determinada oración. (Consideraré que una oración es un ítem lingüístico capaz de ser verdadero o falso, como por ejemplo &#8220;Julio César cruzó el Rubicón en el año 49 A.C.&#8221;.) Una actitud “oracional” <a href="http://web.archive.org/web/20231207064048/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-y-relativismo#_ftn1">[1]</a>&nbsp;muy difundida es la&nbsp;<em>creencia</em>. Cuando creemos una oración le&nbsp;<em>damos nuestro asentimiento</em>,<em>&nbsp;</em>o le&nbsp;<em>damos crédito</em>, a esa oración. Como se puede apreciar, la creencia posee un carácter fundamentalmente afirmativo <a href="http://web.archive.org/web/20231207064048/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-y-relativismo#_ftn2">[2]</a>&nbsp;que se manifiesta en el hecho de que al creer una oración&nbsp;<em>asumimos</em>&nbsp;que esa oración es&nbsp;<em>verdadera</em>&nbsp;y que su negación es&nbsp;<em>falsa</em>. Si yo creo que Platón fue gordo en un determinado momento de su vida, entonces estoy asumiendo que Platón no fue flaco en ese mismo momento de su vida.</p>



<p>Otra actitud importante es la&nbsp;<em>duda</em>. La duda tiene la peculiaridad de ser una actitud que no posee un carácter asertivo con respecto a la oración que se ha puesto en duda. Por el contrario: la duda mina el crédito que le damos a una determinada oración en un determinado momento. Ahora bien, supongamos que yo dudo, o soy&nbsp;<em>escéptico</em>&nbsp;de, que Dios exista; ¿significa esto que le doy crédito a la oración &#8220;Dios no existe&#8221;? No; dudar que Dios exista significa solamente pensar que no se posee la evidencia suficiente para creer que Dios existe, lo cual&nbsp;<em>no</em>&nbsp;es equivalente a pensar que se tiene la evidencia suficiente para apoyar que Dios&nbsp;<em>no</em>&nbsp;existe. Por tanto, cuando uno duda una oración uno no está necesariamente dándole respaldo a la negación de esa oración, pues uno puede muy bien dudar que Dios exista y también que no exista. Esto lo expresamos cuando decimos que no&nbsp;<em>sabemos</em>&nbsp;si Dios existe o no. Desde luego, podría<em>&nbsp;</em>ser que, después de todo, lo más acertado fuese creer que Dios no existe; empero, para establecer tal cosa sería necesario mostrarle al escéptico que tal creencia se encuentra también desprovista de dudas razonables. Si esto&nbsp;<em>no&nbsp;</em>se logra, ni tampoco se logra establecer que Dios sí existe más allá de toda duda razonable, entonces el consejo del escéptico es que nos mantengamos en la duda—que no creamos ni la oración &#8220;Dios existe&#8221; ni la oración &#8220;Dios no existe&#8221;. En jerga filosófica, esta actitud se conoce como la&nbsp;<em>suspensión del juicio</em>.</p>



<p>Ahora podemos volver al comentario de sablemocho y entender por qué su amalgama entre escepticismo y relativismo es desafortunada. El relativismo radical que sablemocho parece promover se basa en la idea de que la verdad de una determinada oración es siempre relativa a un contexto—a una persona, a una cultura, a un lenguaje, etc. No obstante, en la medida en que se basa en el&nbsp;<em>afirmación&nbsp;</em>de la oración &#8220;todo es relativo&#8221; (o de la falsedad de &#8220;hay algo que no es relativo&#8221;), su posición tiene muy poco de escéptica. Puede ser que sablemocho tenga buenas razones para dudar que haya algo que no sea relativo, no lo sé. Sin embargo, el paso de la&nbsp;<em>duda&nbsp;</em>acerca de si existe algo que no sea relativo a la&nbsp;<em>creencia&nbsp;</em>de que todo es relativo es el paso del escepticismo al no-escepticismo, o al&nbsp;<em>dogmatismo</em>, en términos técnicos. Y ese paso es algo que sablemocho no ha justificado, algo que dejó pendiente.</p>



<p>Pues bien, antes de cerrar esta entrada quisiera ofrecer un sencillo (aunque, me parece, eficaz) argumento en contra del tipo de relativismo que sablemocho parece abanderar. Como vimos, la idea de sablemocho parece ser que no existen verdades absolutas, en el sentido en que la verdad de una oración es siempre relativa a un determinado contexto (a una persona—&#8221;lo que es verdad para mí es falso para ti&#8221;—, o a un pueblo—&#8221;lo que es verdad para nosotros es falso para ellos&#8221;—, o a un tiempo, etc.). Supongamos que esto es verdad; ¿qué decir, entonces, de la oración &#8220;todo es relativo&#8221;? ¿Es&nbsp;<em>su</em>&nbsp;verdad también relativa, o no? Si no lo es, entonces &#8220;todo es relativo&#8221; es una verdad absoluta. No obstante, si &#8220;todo es relativo&#8221; es una verdad absoluta, luego es falso que todo sea relativo. Contradicción. Supongamos ahora que la verdad de &#8220;todo es relativo&#8221; es relativa. En tal circunstancia, sería relativo que todo es relativo, lo cual significa que en ciertos contextos sería verdad que todo es relativo, y en otros no. Pero entonces no&nbsp;<em>todo</em>&nbsp;sería relativo, puesto que habría contextos en los que no todo es relativo. Por tanto, si asumimos que la verdad de la oración &#8220;todo es relativo&#8221; es relativa, entonces se hace necesario concluir que es&nbsp;<em>absolutamente</em>&nbsp;falso que todo es relativo. De nuevo, contradicción.</p>



<p>La conclusión de este argumento es que la idea misma de que todo sea relativo resulta indefendible, pues es auto-refutatoria. Ojo: esto&nbsp;<em>no&nbsp;</em>significa que todo sea absoluto—sea lo que sea que ello quiera decir. Significa que hay al menos una cosa, una oración, cuya&nbsp;<em>verdad</em>&nbsp;no es sensible al contexto. (El mismo razonamiento se aplica,&nbsp;<em>mutatis mutandis</em>, al concepto de &#8220;falsedad&#8221;.) Y una de estas oraciones es, precisamente, &#8220;no todo es relativo&#8221;.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="http://web.archive.org/web/20231207064048/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-y-relativismo#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;El término usual en filosofía es &#8220;proposicional&#8221;.</p>



<p><a href="http://web.archive.org/web/20231207064048/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-y-relativismo#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;El término &#8220;asertivo&#8221; sería más indicado, pues especifica que la actitud en cuestión está dirigida hacia (la verdad de) una&nbsp;<em>oración</em>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Post-scriptum</h2>



<p>No tengo mucho que agregar a la primera parte de este texto publicado hace casi 16 años. La distinción entre escepticismo y relativismo no debería ser contenciosa. Pude, creo, en algún punto, advertirles acerca de la existencia de dos variedades de escepticismo, el clásico y el moderno, y acotar mi presentación al primero, que es el que creo más se ajusta a la descripción de sablemocho.</p>



<p>El argumento, por otra parte, hoy día me genera mis dudas. Algo que me preocupa es la vaguedad de la oración &#8220;todo es relativo&#8221;, que no comenté. Qué dominio recorre este &#8216;todo&#8217;? En el texto asumí que es algo así como el conjunto de todas las proposiciones (u oraciones (<em>declarativas</em>, btw), si prefieren), pero eso puede ser objetado. Aquí sería bueno conocer algo más acerca de las intenciones comunicativas de sablemocho, que yo despreocupada y algo groseramente di por dadas al redactar este artículo.</p>



<p>Buena parte de la fuerza del razonamiento que formulé depende de lo que se responda a esta cuestión. Pero otra parte depende de la <em>lógica</em> del cuantificador universal &#8216;todos&#8217; que adoptemos. Puede parecer extraño, pero no solamente hay muchos tipos de cuantificación: también hay muchas <em>interpretaciones </em>de los cuantificadores. Esto es profundo y bastante técnico, así que por hoy no puedo ir más a fondo en este tópico. ¿Quizá en una futura serie de entregas?</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@pater_doloroso</a></em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
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        <pubDate>Mon, 25 Aug 2025 16:35:54 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>¿Por qué un blog de filosofía en El Espectador?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/por-que-un-blog-de-filosofia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Primera entrega de la re-edición de las viejas entradas de La tortuga del patonejo, en la que se presentan algunas razones que respaldan este blog.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><em>(Entrada publicada originalmente el <a href="https://web.archive.org/web/20230321085246/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/por-que-un-blog-de-filosofia-en-el-espectador">5 Dic 2009</a>.)</em></p>



<p>Si se entiende esta pregunta como “¿por qué en El Espectador y no en El Tiempo (o en El Espacio, ya adentrados en ejemplos escabrosos)?”, la respuesta es obvia: porque en El Tiempo sería muy probablemente censurado, y en El Espacio no les interesaría en lo más mínimo publicarlo—lo cual es de lamentar, siendo El Espacio el periódico preferido por el segmento de población más desfavorecido del país. Creo que una mejor manera de entender la pregunta sería: ¿por qué, y para qué, publicar un blog de filosofía en el sitio internet de uno de los pocos periódicos dignos de tal nombre de Colombia? ¿No es la filosofía un asunto demasiado abstracto para ser abordado por un&nbsp;<em>diario</em>—por un medio cuyo objeto es el presente mismo? ¿Por qué sería bueno incluir en una visita al sitio de El Espectador la lectura de un blog de filosofía?</p>



<p>A la filosofía se le suele concebir como el ejercicio de personas solitarias, extrañas, alejadas del “mundanal ruïdo”,&nbsp; concentradas en pensamientos abstrusos y, finalmente, ininteligibles. A diferencia del científico, el filósofo no provee resultados concretos, no&nbsp;<em>expande&nbsp;</em>el conocimiento. Lo que encontramos en filosofía es un conjunto de teorías en pugna acerca de cómo y qué responder a una serie de preguntas bizantinas, preguntas que nadie más sino los filósofos se hacen y que no tienen mayor importancia para la gente del común. Al final de cuentas, aunque mañana se demostrase la existencia (o la inexistencia) del conocimiento&nbsp;<em>a priori</em>, la vida del señor de los seguros, o la de la ingeniera, no cambiarían. Esto no sucede con la ciencia, pues aunque el lechero y el burócrata poco entiendan de física cuántica o de biología molecular, tienen la—correcta—intuición de que el progreso de la ciencia trae consigo un avance tecnológico y, por consiguiente, un mayor bienestar para la humanidad. Los aviones, las computadoras, la luz, los medicamentos, este mismísimo blog: todo ello es fruto del avance de la ciencia. ¿Y qué ha traído el “avance de la filosofía”—si tal cosa existe?</p>



<p>Esta imagen, aunque caricatural, contiene una gota de verdad, y es que no se le hace justicia a la filosofía al juzgarla con los mismos parámetros bajo los cuales juzgamos a la ciencia. La ciencia no trabaja solamente con&nbsp;<em>conceptos</em>; la filosofía, en cambio, sí. No es la única. La matemática y la lógica también son disciplinas enteramente conceptuales, en el sentido en que no se acude al método experimental para resolver problemas lógicos o matemáticos. Un ejemplo de una pregunta clásica en filosofía es: “¿qué cosa es el conocimiento?”. Nótese que ésta podría ser una genuina preocupación científica; no obstante, la filosofía y la ciencia abordarán esta pregunta desde diferentes perspectivas y, sobre todo, con diferentes herramientas. La neurociencia buscará una respuesta acuñada en términos de los sucesos cerebrales involucrados cuando alguien dice saber algo (“cuando una persona dice saber que las rosas son rojas, las zonas D y F de su cerebro presentan una actividad eléctrica mayor que cuando está observando unas rosas rojas”). En contraste, la filosofía buscará&nbsp;<em>definir&nbsp;</em>o&nbsp;<em>esclarecer&nbsp;</em>lo que entendemos por “conocimiento” mediante un&nbsp;<em>análisis&nbsp;</em>de tal concepto—mediante una investigación de lo que se requiere para que la creencia de una persona pueda ser catalogada como una parte del conocimiento que esa persona tiene,&nbsp;<em>sean cuales sean los procesos físicos involucrados en el proceso cognitivo</em>. La neurociencia busca describir los procesos cerebrales que hacen físicamente posible el conocimiento humano; la filosofía pretende determinar qué hace que tales procesos sean genuinas instancias de conocimiento. Así pues, esperar que la filosofía nos provea del mismo tipo de respuestas que la ciencia es como esperar que un martillo pueda hacer–con éxito–las veces de un clavo.</p>



<p>Estas preocupaciones, naturalmente, son muy generales, y pocas veces se logra llegar a un verdadero consenso acerca de lo que se está juzgando. Sin embargo, no se llega a esta divergencia de opiniones por mero capricho o por especulación gratuita. Se llega a tales discrepancias con base en&nbsp;<em>argumentos</em>, es decir, mediante métodos perfectamente racionales. Y éste es un punto que no está de más enfatizar. Pues la gente del común concibe al filósofo como una persona con ideas locas, confusas u obviamente falsas—mi madre, por ejemplo, cuando abordamos algún tema polémico, me exhorta a&nbsp; pensar como una persona “real”, no como un filósofo. Pero éste es un prejuicio que se basa (como casi cualquier prejuicio) en una profunda ignorancia de lo que se prejuzga. Es indiscutible que algunos filósofos han llegado a pensar cosas muy poco intuitivas—como por ejemplo que no podemos estar seguros de si existe o no un mundo fuera de nuestras mentes—,&nbsp; pero éstos&nbsp;<em>nunca&nbsp;</em>son pensamientos “obviamente falsos”, “confusos” o “locos”. Por el contrario, esos pensamientos están fundamentados en razonamientos&nbsp;<em>deductivos</em>&nbsp;construidos a partir de ideas que el hombre de la calle aceptaría sin rechistar. De tal modo que lo que es obviamente falso no son las ideas del filósofo, sino la opinión del común de la gente de que las ideas del filósofo son obviamente falsas. Por consiguiente, si bien el ejercicio filosófico no suele llegar a la verdad, al menos procura algo que es, por así decirlo, “la antesala de la verdad”: la duda razonable. Es preferible ser circunspectos y tener en claro que muchas de nuestras creencias&nbsp;<em>podrían&nbsp;</em>ser falsas, a vivir en un sueño dogmático donde se toma lo falso por indubitablemente verdadero.</p>



<p>En conclusión, creo que si algo se puede ganar de un paseo quincenal por los jardines de la filosofía, además de un poco de cultura general—que nunca está de más, pero es siempre insuficiente—, es el buen hábito de cuestionar de manera&nbsp; racional lo que tomamos usualmente como exento de duda. En una época tan oscura como ésta, en la que se glorifica la “pasión” del colombiano (un eufemismo para su carencia de pensamiento crítico), en la cual un gran&nbsp; segmento del periodismo se reduce a servir de corifeo a quien detenta un poder casi absoluto, y en la cual personas con las más crasas opiniones posan de intelectuales y sabihondos, un poco de sano escepticismo no está de más.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Post-scriptum</h4>



<p>Ésta fue mi primera entrada en este blog. Apenas ahora caigo en cuenta de que tiene muchos más años de lo que pensaba.</p>



<p>Si tuviera que hacer hoy una entrada con el mismo tema (la utilidad de un blog de filosofía pública en El Espectador), no creo que el argumento que propondría tendría un aspecto muy diferente del que tiene el que originalmente ofrecí.</p>



<p>La conclusión sería la misma: este blog debería servirle al o la lectora en parte para ampliar su cultura filosófica, y en parte para ejercitar su razón especulativa. Ambas son cosas lindas, entretenidas y útiles para fomentar una actitud más circunspecta en torno al cúmulo de ideas, valoraciones, actitudes y puntos de vista que llamamos &#8216;opinión pública&#8217;.</p>



<p>Sin embargo, habría reservado menos tinta para el contraste entre ciencia y filosofía y más para la conexión entre la calidad de nuestras habilidades analíticas y la de nuestra vida política y social. Son tiempos más ásperos. Habría profundizado en la manera en que la filosofía nos permite evaluar nuestro comportamiento vía el examen racional de nuestras creencias. Habría tomado ejemplos puntuales para ilustrar mi tesis: la homofobia, el racismo, la misoginia y el fanatismo político o religioso son algunos de los que primero se vienen a la mente.</p>



<p>Incidentalmente, creo que habría añadido algo acerca del valor agregado que la voz del o de la filósofa le aporta al debate público. ¿Qué ponemos, mis colegas y yo, sobre la mesa? No quiero extenderme sobre este punto, así que intentaré ser breve. En una frase: una imaginación curtida por la contemplación de la posibilidad, embridada con rigor por el cultivo de la lógica, y motivada por el deseo de hallar algo bello, bueno y verdadero en este triste y bajo mundo.</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@pater_doloroso</a></em></p>
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        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118805</guid>
        <pubDate>Sat, 02 Aug 2025 19:32:33 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Por qué un blog de filosofía en El Espectador?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Baba</media:credit>
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        <title>El gran reencauche</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/el-gran-reencauche/</link>
        <description><![CDATA[<p>Se viene la re-edición de La tortuga y el patonejo.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>No supe cómo, ni por qué, ni cuándo, ni nada, pero hace un par de meses que quise publicar algo en este blog, caí en cuenta de que las treinta y tantas entradas que había publicado a lo largo de casi diez años de irregular colaboración con El Espectador, ahora se reducían a <em>tres</em>. Para colmo de males, una de éstas, en mejores tiempos la segunda entrega de una serie tripartita dedicada a lo que se conoce en filosofía como &#8216;el problema mente-cuerpo&#8217;, era ahora la segunda entrega <em>de una</em>. Si usted es de los que creen que esto no tiene sentido alguno, ya somos dos. Pero por favor no me increpe <em>a mí</em>: increpe a lxs editorxs de esta sección, quienes se tomaron la libertad de eliminar prácticamente todo mi contenido del sitio de Blogs de El Espectador, por la derecha, sin previo aviso ni bendición de mi parte.</p>



<p>En el momento en el que escribo no tengo ciencia cierta de qué fue lo que sucedió. Sé que a comienzos del año pasado lxs editorxs decidieron darle una enchuladita a la sección de blogs de El Espectador; que aparentemente me mandaron un correo; que éste nunca me llegó, y que en efecto el contenido que mencioné fue dado de baja&#8211;según criterios editoriales que aún no me comparten pero que, dado lo absurdo de sus resultados, en verdad me encantaría conocer. Si usted visita mi <a href="https://blogs.elespectador.com/author/latortugayelpatonejo/">página personal</a> en este diario notará que, junto con ésta, sólo aparecen tres entradas más. (Eliminé la entrada sobre el problema mente-cuerpo, pues sin el contexto brindado por la primera entrega, leer la segunda era tan áspero como tragarse un milhojas de cartón.)</p>



<p>Aquí podría comenzar a despotricar de lo lindo en contra de tan amables editorxs, porque razones no me faltan. Pero no hallo la motivación. Quién sabe qué les pasó por la cabeza a estas personas. Últimamente encuentro que la seriedad es un activo más bien raro en este negocio.</p>



<p>Por fortuna, existe una herramienta del <a href="http://web.archive.org">Internet Archive</a> que permite recuperar contenidos purgados de sitios web como los de El Espectador. Me alivió mucho saber esto porque, siendo un incauto usuario de esta plataforma (y no habiendo experimentado antes problema alguno), no contaba con un respaldo de <em>ninguna</em> de mis entradas (mea culpa). No es que piense que, mas allá de lo que incumbe a mi auto-biografía, todas ellas son de gran valor; pero, para parafrasear a <a href="https://www.ulb.uni-muenster.de/en/sammlungen/nachlaesse/sammlung-frege.html">Frege</a>, algo de valor puede encontrarse en ellas&#8211;o al menos eso creo. </p>



<p>Éstas son las razones que me compelen a re-publicar esas viejas entradas que una insólita directiva eliminó, en la espera de una respuesta oficial que devele la justificación editorial de esa directiva. Todavía pondero si hacer adendas o no a los textos reciclados. Probablemente lo haga; podría estar bonito.</p>



<p>No me encanta el plan de &#8216;reencauche&#8217; que les propongo; hubiera preferido no hacerlo y, sobre todo, no <em>tener </em>que hacerlo. Pero yo ya expuse aquí mis razones; quienes guardan silencio, incluso después de mis explícitos y al menos por ahora desatendidos reclamos, son otras personas.</p>



<p>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@<em>pater_doloroso</em></a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118165</guid>
        <pubDate>Wed, 23 Jul 2025 16:50:12 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Baba</media:credit>
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