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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de docencia | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Contagiar la poesía</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/contagiar-la-poesia/</link>
        <description><![CDATA[<p>«Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela». Bien decía Charles Simic que Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela. Y no se equivocaba. Los profesores suelen mostrar, en algunos casos, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>«Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela».</strong></p>
<figure id="attachment_82432" aria-describedby="caption-attachment-82432" style="width: 830px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-82432" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/02/escuela_radiofonica_en_la_costa_atlantica.jpg" alt="" width="830" height="576" /><figcaption id="caption-attachment-82432" class="wp-caption-text">Foto: Archivo Radio Sutatenza, Biblioteca Luis Ángel Arango (1967).</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">Bien decía Charles Simic que <em><strong>Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela</strong></em>. Y no se equivocaba. Los profesores suelen mostrar, en algunos casos, a la poesía como una horrible herramienta del amor —o del desamor—, como si tuviera una finalidad única y fuera conseguir favores íntimos de las demás personas, o mostrar de qué modo puede explayarse la libido gracias a sus efectos. La muestran, por otro lado, como una invocación al pasado y no hay nada más ajeno para la infancia que el pasado, nada más extraño para ella que las palabras de los eruditos, nada más desagradable que las metáforas que no son vivas, que no se palpan en el aire o no se ven triscar, sin que se conozcan sus nombres, con los animales. <strong>Un niño que se acerque así al </strong><em><strong>arte de robar el fuego </strong></em><strong>no va a ver el dios que lo habita</strong>, como decía Cervantes citando a Juvenal, ni va a ver este oficio como un aspecto valioso de la cultura, sino que encontrará a los poetas como personas aburridas a quienes de ningún modo se pueden imitar. Y no los culpo.</p>
<p style="text-align: justify">Con estas ideas he ido en varias oportunidades a la <strong>Institución Educativa Nueva Granada, sede Simón Bolívar del corregimiento de Modín, en Cartago, Valle del Cauca</strong>, a compartir parte de mi experiencia de lectura (¿y escritura?) de poesía.</p>
<p style="text-align: justify">Encontrarme con niños y niñas que como yo crecieron entre cafetales, cuyos abuelos les han enseñado la secreta oración para espantar los perros bravos; capaces de subir a la rama más alta para bajar la guayaba deseada o contemplar la primera vez que el sol da sobre la delicada piel del afrechero, niños y niñas que entienden el juego como aprendizaje sin que venga algún profesor a pervertirles la percepción de la naturaleza, encontrarme con ellos, digo, ha sido encontrarme conmigo mismo. <strong>Verlos era entender que la poesía me salvó no porque me haya llevado por el camino de su escritura y de la docencia, sino porque nunca me dejó apartar de lo que fui</strong>: un pequeño ingenuo a rabiar que creía con ceguedad e incomparable obstinación en el ser humano. Un contador de estrellas, un echador del agua.</p>
<p style="text-align: justify">Este encuentro, de tal modo, me hizo pensar en la tarea del profesor como tal, y recordar a <strong>Dino Seguro Robayo</strong>, un hombre que ha dispuesto su vida para desandar la pedagogía, como me decía, no sin cierta burla, en su maravillosa e idílica Escuela Pedagógica Experimental (EPE) donde trabajé, «<strong>los niños aprenden a pesar de sus profesores</strong>». Y en este caso afirmé la idea de que pretender enseñar a escribir poesía es absurdo e inútil —quizá alguien aquí se pregunte sobre mis razones de haber estudiado una maestría en escritura creativa, y le diría entonces que todo se debió al azar o a un impulso ciego o a mi declarada avidez por morirme de hambre—. Absurdo e inútil, sí, al querer enseñarla, pero es indispensable no dejar de contagiarla nunca. <strong>La poesía debe pasar de mano en mano como la antorcha de los dioses</strong>, debe estar en la cotidianidad de los seres humanos. La poesía no es un castigo de los profesores de español: es una ética, o un <em>pathos</em> necesario, un modo de vida responsable con el entorno, un contexto dinámico de creación y de reconocimiento de los demás.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Los niños y las niñas, lo sabemos bien, son poetas en estado puro</strong>. No crecer sería la premisa, jugar con las palabras como se juega a las escondidas, con el trompo, las canicas, las muñecas o el balón. Contagiar la poesía y no enseñarla. <strong>Y los profesores de esta escuela de Modín entienden muy bien que la verdadera educación de calidad parte de la no prohibición, de pensar en las necesidades que los niños tienen en sus casas</strong>, de pensar, por ejemplo, en cómo solucionar la escasez de agua de la región, de ponerse tenis rotos para jugar con ellos en la cancha de polvo. Entienden que el lenguaje es mucho más que las palabras, por lo que han creado clubes de teatro y cine, danza y manualidades, y teniendo en cuenta la radio como el verdadero medio de la democracia, les demuestran a los niños que la autonomía es el camino, la creatividad tanto como la matemática. Al estar allí me enseñaron que la calidad del saber no está en seguir lo que dice el Ministerio de Educación (perito en burocracia, pero no en cultura) ni en taxonomizar el mundo. Por esta razón, creo que hay docentes más comprometidos en las instituciones con menos recursos y subestimadas tristemente por sus entes rectores, como esta, tal vez porque no alcanzan a concebirse como centros comerciales o porque sus profesores entienden que la paz no se puede dejar arrebatar por manos ambiciosas.</p>
<p style="text-align: justify">Contagiar la poesía, pues, fue lo que aprendí. De modo que les puse en las manos un cúmulo de palabras tristes y les pedí, con su perdón, que las vieran como a la naturaleza que los rodeaba y escribieran lo que les viniera a la cabeza. Intenté recordarles lo que ya sabían: que todo se trataba de crear imágenes, de apelar a la imaginación. <strong>Y los niños y las niñas de Modín, cuya sonrisa llevo por doquiera y a quienes les tengo la misma gratitud que a mis más grandes maestros de la universidad</strong>, después de escucharme leer con voz temblorosa algunos versos de Celan, escribieron los poemas más hermosos que he leído en mi vida.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right"><em>Entrada publicada originalmente en </em><a href="https://literariedad.co/2017/02/26/contagiar-la-poesia/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">literariedad.co</a></p>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Sun, 21 Feb 2021 17:04:39 +0000</pubDate>
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        <title>Los salarios sin techo en las universidades públicas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/los-salarios-sin-techo-las-universidades-publicas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Desde cuando entró en vigencia el Decreto 1279 de 2002 que estableció el régimen salarial y prestacional de los docentes de las universidades estatales, ha habido como consecuencia, una transformación tanto en los salarios como en la ponderación de las actividades que realizamos los profesores universitarios. Y antes de que el Decreto cumpla dos décadas [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Desde cuando entró en vigencia el Decreto 1279 de 2002 que estableció el régimen salarial y prestacional de los docentes de las universidades estatales, ha habido como consecuencia, una transformación tanto en los salarios como en la ponderación de las actividades que realizamos los profesores universitarios.</p>
<p>Y antes de que el Decreto cumpla dos décadas de su expedición y ad portas de la creación del nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, que absorberá a Colciencias y que de alguna manera deberá repercutir en la misión de las universidades, es conveniente saber cuáles han sido los beneficios y cuáles los perjuicios que ha causado esta norma, tanto en las instituciones como en sus profesores.</p>
<p>Solo abordaré en esta ocasión uno de los aspectos que a mi juicio merece una urgente revisión.</p>
<p>Sin duda, el Decreto 1279 estimuló la investigación al reconocer puntos salariales adicionales a los profesores por sus publicaciones, por ejemplo. Pero la norma dejó en cabeza de las universidades públicas la responsabilidad de realizar estos reconocimientos económicos que no fueron incluidos en los presupuestos que ellas reciben, de tal manera que hay un efecto perverso que parece contradictorio: por una parte la universidad quiere destacarse por las publicaciones de sus profesores y los apoya para que presenten proyectos de investigación que produzcan artículos de alto impacto, pues ese es uno de los indicadores más importantes para calificar su calidad, pero por otra parte, las universidades tienen que sufrir continuamente las consecuencias de su crecimiento en investigación por la angustia de ver afectados sus presupuestos anuales para poder cumplir con la obligación de destinar entonces una buena parte del presupuesto para pagar unos salarios por encima de los aumentos que autoriza el gobierno anualmente.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Como tantas otras medidas, se trata de normas que traen beneficios al trabajador y que son muy bien recibidas por quienes se pueden beneficiar con ellas, pero son disposiciones que los gobiernos no asumen con responsabilidad alguna para cubrir los costos adicionales que ellas implican, dejando un problema más a sus sucesores y a las instituciones.</p>
<p>Una carga muy fuerte para las universidades públicas resulta el hecho de tener que incluir los estímulos económicos en la base salarial de sus profesores. Por otra parte, se ha generado una dinámica que parece increíble, como es la aparición de un sistema salarial sin techo. En efecto, un profesor puede, vía “papers”, aumentar su salario cada año proporcionalmente al número de sus publicaciones y durante toda su vida laboral futura se le debe pagar el puntaje otorgado por cada publicación. Es así como encontramos algunos profesores con salarios superiores a los 40 millones mensuales y otros, de la misma categoría y dedicación con salarios de 6 millones mensuales.</p>
<p>Como resultado de la implementación de este sistema, en algunas áreas, más que en otras, se ha desestimulado en los últimos años la labor docente y ha aparecido en algunos docentes el afán por publicar con el fin primordial de mejorar el salario. El valor de las categorías en la carrera profesoral y el reconocimiento al buen maestro o a las personas que se dedican principalmente a la docencia ha perdido prestigio. Los estímulos a la buena docencia o a la dirección de tesis son ínfimos comparados con los estímulos a las publicaciones, privilegiándose la investigación sobre la docencia.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>El Decreto 1279 necesita con urgencia una revisión que corrija los defectos, que como el señalado, se han identificado y que están agudizando algunos de los problemas de las universidades públicas. Por ser un decreto presidencial su modificación puede ser ágil; no obstante los gobiernos no han querido hacerlo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>En varias ocasiones he propuesto una modificación sencilla para resolver al menos el problema del crecimiento desmedido del número de puntos salariales como resultado de publicaciones que tienen ese único fin. Es razonable que si existe un tope anual para el reconocimiento de bonificaciones por la dirección tesis y estas bonificaciones se conceden por una sola vez y no van a la base salarial del profesor, en el futuro también los puntos reconocidos por producción académica de un profesor en un año, según lo establecido en el capítulo V del decreto 1279, tengan un tope para incluirlos en la base salarial. En caso de tener una producción mayor, los demás puntos podrían ser reconocidos como bonificación por una sola vez. De esta manera no solo se disminuye la carga de las universidades, sino que se incentiva a los profesores a mantener una producción académica alta para lograr, cada año, unas bonificaciones nuevas que solo podrá sostener en forma indefinida, si continúa produciendo al mismo ritmo.</p>
<p>Hay medidas que son calificadas de impopulares y que los gobiernos evitan tomar, pero hay medidas que son razonables y que por lo tanto no tienen un costo político. Un ejemplo reciente es la imposición de un tope a las pensiones. Creo que en el caso que nos ocupa, sería también una decisión bien recibida poner tope a los salarios del sector público. Se me ocurre que ningún servidor público debería tener un salario mayor que el del presidente.</p>
<p>@MantillaIgnacio</p>
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        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=70011</guid>
        <pubDate>Thu, 01 Aug 2019 23:16:22 +0000</pubDate>
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