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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>divorcio Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>DIVORCIO EN ORILLAS OPUESTAS*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/divorcio-en-orillas-opuestas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Casarse es relativamente fácil, siempre que se posean agallas. Dicen que el&nbsp;&nbsp;matrimonio es un camino de santidad, incluso cuando resulta un&nbsp;vía crucis.&nbsp;Que puede persistir cuando tras tanta santidad se quiera disolver el vínculo. La ley 2472 del 27 de diciembre de 2024 simplifica el proceso al contemplar el divorcio unilateral.&nbsp;Al amparo de la normatividad vigente [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Casarse es relativamente fácil, siempre que se posean agallas. Dicen que el&nbsp;&nbsp;matrimonio es un camino de santidad, incluso cuando resulta un&nbsp;<em>vía crucis</em>.&nbsp;Que puede persistir cuando tras tanta santidad se quiera disolver el vínculo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ley 2472 del 27 de diciembre de 2024 simplifica el proceso al contemplar el divorcio unilateral.&nbsp;Al amparo de la normatividad vigente el divorcio es normalmente un trámite expedito. Las normas lo que procuran es defender los derechos individuales en juego, pero no obstaculizar la disolución del vínculo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>VÍA CRUCIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El divorcio de un matrimonio civil celebrado en el extranjero se rige por&nbsp;&nbsp;la ley del domicilio conyugal o a falta de éste el del cónyuge demandado, tal como lo dispone con claridad el artículo 13 de la Ley 1ª&nbsp;&nbsp;de 1976, que subrogó el artículo 163 del Código Civil.&nbsp;&nbsp;Así las cosas, no requiere de exequatur, que es la convalidación de una sentencia extranjera por la justicia colombiana. Pero eso es en teoría. En la práctica todo divorcio en el extranjero que quiera hacerse valer en Colombia pasa por un trámite kafkiano.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primer incordio es que la competencia para todo exequatur está asignada exclusivamente a la Corte Suprema de Justicia. La demanda se debe interponer a través de abogado, y en cada caso se mirará si existe un tratado aplicable. Ese dato lo debe proporcionar el ministerio de Relaciones Exteriores. A la demanda, cuando sea el caso, debe acompañarse una certificación sobre cualquier tratado que eventualmente haya de aplicarse.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A falta de tratado es necesario obtener la prueba de la reciprocidad legislativa. Que significa que por vía diplomática debe obtenerse una certificación de que el país en cuestión también reconoce sentencias de divorcio emitidas por tribunales colombianos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>EXEQUATUR DE UN DIVORCIO EN LA MADRE PATRIA: LA MADRE DE LAS CALAMIDADES</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para descender a los casos de la vida real quiero mencionar el absurdo e irrazonable caso de las sentencias civiles expedidas en España.&nbsp;En un tratado bilateral que data de 1908 ambos países acordaron la ejecución recíproca de sentencias civiles, a condición de que sean definitivas.&nbsp;&nbsp;Ello porque no tiene sentido que en un estribo se le reconozca efecto a una sentencia que no sea final en el otro estribo. Se correría el riesgo de que una persona quede “no divorciada” en donde se divorció pero resulte divorciada en el otro país porque se le otorgó exequatur a una sentencia que no era definitiva. Quedaría casado y divorciado en distintos patios.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El pacto de marras es un&nbsp;convenio de ejecución&nbsp;(y el exequatur es la orden de que se ejecute) de sentencias civiles, a condición de que estén ejecutoriadas y que no se opongan a las leyes vigentes en el Estado en que se solicite su ejecución. Esta es la cláusula dispositiva o sustantiva del tratado. Para su desarrollo se agrega una cláusula operativa, el artículo 2, que transcribo literalmente:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Art. 2º.-&nbsp;&nbsp;La primera de, las circunstancias á que se refiere el artículo anterior, se comprobará por un certificado expedido por el Ministro de Gobierno ó de Gracia y Justicia, siendo la firma de éstos legalizada por el correspondiente Ministro de Estado ó de Relaciones Exteriores y la de éste á su vez por el Agente Diplomático respectiyo, acreditado en el lugár de la legalización” (sic).</p>



<p class="wp-block-paragraph">He transcrito el texto original, tomado del BOE (boletín oficial de España). En Colombia el texto certificado del convenio de 1908 que siempre debe obtenerse del ministerio de Relaciones Exteriores no es más que una fotocopia de un texto no oficial publicado por el ilustre compatriota Germán Cavelier (<em>q.e.p.d</em>) en una colección de tratados. Sin embargo, los inflexibles magistrados de la Corte Suprema le otorgan valor absoluto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La disposición es una cláusula operativa que se fija como una suerte de correa de transmisión del tratado. Tal tipo de disposiciones son necesarias para el desarrollo de lo acordado, pero se ajustan de acuerdo con las circunstancias. Así, España acepta que la certificación de firmeza de una sentencia colombiana la expida el mismo juzgado de circuito competente, y esa firma se apostilla de conformidad con el Convenio de La Haya de 1961. El exequatur es competencia de un juez de primera instancia. Listo el pollo. La sentencia colombiana aterriza en la Madre Patria. Pero si la sentencia emana de España la situación es radicalmente más embrollada, es la madre de las ordalías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras en España la competencia para el exequatur es de los juzgados de primera instancia (equivalentes a juzgados de circuito), en Colombia es competencia de la muy Honorable Corte Suprema de Justicia.&nbsp;&nbsp;De acuerdo con las leyes del Reino, la firmeza de la sentencia&nbsp;&nbsp;española la certifica un “letrado” (oficial adscrito al juzgado), pero nuestra Corte Suprema no acepta esa certificación, plenamente válida si se apostilla. Exige que la certificación la emita una entidad central aposentada en Madrid, la “<em>Subdirección de Cooperación Jurídica Internacional<strong>&nbsp;</strong>de la Dirección General de Cooperación Jurídica y Derechos Humanos del&nbsp;</em><em>Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes del Reino de España”.</em>&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Vaya nombre para un paquidermo burocrático!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una regla de la endiablada burocracia reza que cuánto más largo y enredado sea el nombre, menor será la labor que cumple la repartición. El principio se aplica a este caso. Es también, por ejemplo,&nbsp;&nbsp;el de nuestro pomposo ministerio de las culturas, las artes y los saberes, que de tanto abarcar se quedó sin oficio y sin rumores.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con un&nbsp;&nbsp;nombre tan imponente (más largo que el Petrotrén,&nbsp;&nbsp;Barranquilla – Buenaventura), no debe extrañarle a nadie que nos encontremos frente a una entidad impenetrable, totalmente impermeable y sanforizada contra cualquier solicitud de cooperación judicial. Ninguna disposición obliga a que luego de pasar por todas las vicisitudes del divorcio y una vez en firme la sentencia sea necesario acudir a nuevos abogados para requerir que&nbsp;&nbsp;esa entidad se digne certificar la firmeza de una sentencia, que, como se dijo, lleva la certificación de cosa juzgada firmada por un letrado adscrito al juzgado, cuya firma ha sido apostillada bajo el Convenio de La Haya de 1961. Pero el hecho es que hay un repertorio desconcertante de demandas de exequatur que la Corte Suprema ha rechazado o inadmitido porque carecen de esa certificación.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es evidente que si no se aporta la certificación de la bendita autoridad central es por una razón sencilla: es prácticamente imposible conseguirla. A menos que la pobre persona luego de todos los costos&nbsp;&nbsp;legales de su divorcio en España esté dispuesta a pagar honorarios adicionales para que sea un bufete jurídico español el que adelante la diligencia. O que contrate en Colombia un abogado de perfil astronómico que tenga contactos con un bufete español para tal gestión.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El negocito afecta por igual a cualquier persona que deba convalidar en Colombia una sentencia de divorcio en España, no importa la nacionalidad colombiana o española. El tratado de 1908 se supone que es sinalagmático, en el sentido de que las prestaciones y contraprestaciones son balanceadas, pero aquí se presenta una situación rotundamente inequitativa, un desequilibrio total: si&nbsp;&nbsp;alguien se divorcia en Colombia y quiere convalidar la sentencia en España los trámites son sencillos y expeditos y no lo dejan en la ruina.&nbsp;&nbsp;Pero si la cosa es al revés, mejor prepárese para un calvario… y para pagar abogados en ambas orillas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>DIGNO DE “AUNQUE USTED NO LO CREA, DE RIPLEY”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El remate de corrida es digno de figurar en los anales de la irracionalidad burocrática: la inaccesible subdirección española de cuya majestad depende todo no certifica en últimas nada. Se limita a dejar constancia de que es el letrado de la administración de justicia adscrito al juzgado de origen quien certifica que la sentencia en cuestión es “firme”. Y ello cuando se produce el milagro de que expida esa certificación. El que no cuente con honorarios para pagar abogados de bufetes cuyos nombres son otro ferrocarril igual de sonoro que costoso, tales como “<em>Uría Menéndez, Garrigues y Cuatrecasas</em>” o la firma criolla<strong>&nbsp;</strong>con butaco en Madrid<strong>,&nbsp;</strong>“<em>Martínez Quintero Mendoza González Laguado &amp; De la Rosa</em>” (sin comas)<em>,&nbsp;</em>que se olvide de exequatur. Como diría el recordado Emeterio, de Los Tolimenses, “no me crean tan bejuco”.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">España ha sido generosa en recibir miles de compatriotas de todas las condiciones. Quiero señalar esta circunstancia porque este escrito no pretende ser académico sino llamar la atención hacia la dramática situación que por indolencia y terquedad burocrática se mantiene para algo tan simple como darle efectividad en nuestro país a un divorcio que cumplió con todas las de la ley en España.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No cabe duda de que Colombia y España son países de justicia progresista, en donde los derechos fundamentales reciben protección efectiva, mediante acciones positivas. Pero por razones inexplicables este laberinto inextricable se mantiene, cuando bastarían dos renglones de un entendimiento diplomático, que podría ser así:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<em>Los gobiernos de España y Colombia han acordado que la certificación sobre ejecutoria prevista en el CONVENIO SOBRE EJECUCIÓN DE SENTENCIAS CIVILES celebrado en 1908 la expedirá el juzgado que emita la sentencia de divorcio que se encuentre en firme, y la firma autorizada tendrá que ser apostillada de conformidad con el Convenio de la Haya de 1961 sobre supresión de la legalización de documentos públicos extranjeros</em>”.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sería grato registrar en un texto de esa tesitura la firma de la nueva canciller. Le han caído críticas por el nombramiento, pero al margen de investigaciones en curso, tendría una oportunidad de cumplir con el país en el ramo de la diplomacia. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Nota: El presente articulo fue publicado originalmente el 12 de marzo de 2025 en el sitio las2orillas.co </strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">*José Joaquín Gori Cabrera. Embajador de Carrera (r), doctor en jurisprudencia de la Universidad del Rosario, especializado en Derecho Internacional Público de la misma universidad; egresado del <em>Foreign Service Programme</em> de la Universidad de Oxford y catedrático de derecho de los tratados y derecho internacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">**<em> Las opiniones expresadas en el blog corresponden únicamente a los autores y no comprometen a la Asociación Diplomática y Consular de Colombia -ASODIPLO, ni al Ministerio de Relaciones Exteriores. </em></p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=112658</guid>
        <pubDate>Thu, 13 Mar 2025 07:10:00 +0000</pubDate>
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        <title>Nancy Astor (1879-1964)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/sin-categoria/nancy-astor-1879-1964/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Los principales peligros de esta vida son las personas que quieren cambiarlo todo… o nada.” Ella fue de esas que nació para cambiarlo todo. A esta mujer no le temblaba la voz al momento de expresar lo que sentía. Hubiera tenido que nacer para cantante o poeta, pero siendo tan deslenguada e impulsiva lo mejor [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Los principales peligros de esta vida son las personas que quieren cambiarlo todo… o nada.” Ella fue de esas que nació para cambiarlo todo. A esta mujer no le temblaba la voz al momento de expresar lo que sentía. Hubiera tenido que nacer para cantante o poeta, pero siendo tan deslenguada e impulsiva lo mejor fue consagrarse a la política. “Mi vigor, vitalidad y descaro me repelen. Soy la clase de mujer de la que huyo”, diría en su momento.</p>
<p>Nancy nació en Danville, Estados Unidos, en medio de una familia acaudalada que años antes había perdido su fortuna pero que había logrado reponerse de esta bancarrota luego de terminada la Guerra Civil, y que ahora gozaba de latifundios y predios de los cuales sacaba una alta rentabilidad. En una de estas suntuosas mansiones, “El Mirador”, sería donde Nancy llevaría sus años felices de la infancia.</p>
<p>A sus 18 años se mudó a New York para iniciar sus estudios, y casi al llegar conoció a quien sería su primer esposo, Robert Gould Shaw II, con quien no tendría una buena relación, y con quien a la postre acabaría luego de cuatro años y la presencia en el mundo de un niño llamado como su padre. “Me casé por debajo de mis posibilidades. Todas las mujeres lo hacemos.”</p>
<p>En 1903 muere la mamá de Nancy, y es entonces cuando esta decide regresar a la vida campestre de “El Mirador” para hacerse cargo de la hacienda y de los negocios de la familia. Pero su estancia en la casa de su infancia no sería muy productiva, por lo que un año más tarde emprende un viaje por el país que tanto la maravillaría y que acabaría por conquistar: Inglaterra. A su regreso sería su padre quien le recomendaría mudarse, siendo así que para 1905, Nancy, su hijo y una de sus hermanas se trasladarían a la capital londinense.</p>
<p>El amor fue mutuo. Los ingleses se dejaron seducir por el desparpajo de aquella campechana vivaz, irónica, pícara, contestona, repentista, sagaz y hablantinosa, que parecía tener a todo una respuesta. Esta simpatía y sus encantos serían las virtudes con las que luego conseguiría ganarse no solo el aprecio sino también, años más tarde, sus votos en las urnas. Se cuenta la anécdota de una mujer que celaba a su hombre ante la presencia arrolladora de Nancy. La cuestiona: “¿Ha venido usted a llevarse nuestros maridos?” Su respuesta fue: “Si supiera usted los problemas que he tenido para librarme del mío…”</p>
<p>Sin embargo para 1906 vuelve al altar, esta vez con Waldorf Astor, otro “expatriado” como ella, un hombre que se le parecía en casi todo, ya que incluso coincidían en la fecha y año de sus nacimientos. Así también respecto a sus ideologías moralistas y a sus personalidades temperamentales, pero sobre todo a sus crianzas, ya que ambos habían nacido y pasado sus infancias en los Estados Unidos.</p>
<p>La pareja se mudó a una suntuosa mansión en Buckinghamshire, Cliveden, junto al río Támesis, y sus aposentos se convirtieron en el centro de reunión de varios prestigiosos representantes del partido conservador, y donde poco a poco Nancy iría forjando alianzas y aprendiendo el tejemaneje del mundo político, pasando muy pronto a conformar parte del círculo informal conocido como Milner’s Kindergarten.</p>
<p>Lo suyo no era celebrar banquetes donde asistía la crema y nata de la sociedad, ya que su interés parecía estar definitivamente enfocado a abrirse un campo en la arena pública y darse a conocer. “Lo único que me gusta de la gente rica es su dinero.” Fue por esto que la casa de los Astor también sirvió como un precario hospital improvisado donde se prestó servicio médico a los soldados canadienses que habían sido heridos durante los combates de la Gran Guerra.</p>
<p>Un aspecto considerable en su historia tendría que ver cuando se convirtió al cristianismo científico. Comenzó leyendo de manera desinteresada un par de libros que, de manera progresiva, paulatina, gradual, acabarían por convertirla en una férrea creyente y una fanática convencida. Su convicción era tan fuerte, que era común que estuviera intentando convencer a cualquiera de sus creencias y especialmente a sus hijos, y de esta misma forma no desaprovechaba ocasión para criticar con rigor la religión tradicional del cristianismo.</p>
<p>El marido de Nancy gozaba desde hacía años de un puesto como diputado de Plymouth en la Cámara de los Comunes, pero luego de suceder a su padre como segundo Vizconde tendría que abandonar su puesto para formar parte de la Cámara de los Lores, dejando el escaño vacante para que su esposa se aventurara en la carrera política.</p>
<p>En 1918 se llevó a cabo una reforma política que le permitió a las mujeres el poder de postularse para ejercer cargos públicos, y ese mismo año Constance Markiewicz sería la primera mujer en ser elegida por voto popular; pero no sería la primera en oficiar como diputada, ya que este honor histórico le correspondería a Nancy Astor, quien sería ciertamente la primera mujer en integrar el parlamento británico.</p>
<p>Sin embargo la campaña no sería para nada fácil, en especial porque sus supuestas conexiones provenían directamente de la carrera que había forjado su marido, y no propiamente de la esposa desconocida y lenguaraz que aparecía para robarse a gran número de votantes con su destellante simpatía. Se le achacaba además que fuera una oligarca sin mayor contacto ni conocimientos de la realidad social inglesa, y por lo cual sería increpada por alguien que le preguntó qué habían hecho los Astor por él en específico, y a lo que Nancy respondió: “Ya lo sabes, Charlie”, para luego coquetearle y sacarse una foto con él. Y era precisamente este carisma y gracia la que le valdría el aprecio de un público que se divertía con cada una de sus ocurrencias.</p>
<p>Durante su campaña también se cuidó dejando de lado sus posturas fundamentalistas, especialmente las referentes a la prohibición del alcohol, y así mismo consiguió convocar a varias mujeres en mítines y reuniones donde seguramente lograría un importante caudal de votos. “Nosotras, las mujeres, hablamos demasiado, pero ni siquiera así decimos la mitad de lo que sabemos.”</p>
<p>Siendo una de las más votadas, el 1 de diciembre de 1919 Nancy pasaba a ocupar su curul en la Cámara de los Comunes como representante del Partido Conservador, conocidos también como <em>“Tories”. </em>Y era como si Nancy adivinara su postrero porvenir y a pesar de que el camino en un principio parecía tan prometedor, y así fue: “Los pioneros pueden ser figuras destacadas, pero a menudo están solos.”</p>
<p>Una mujer en medio de un conglomerado de señores resultaba ya de por sí pintoresco. La polémica y controvertida parlamentaria procuró ser discreta en su vestir, discreta en ocupar otros espacios distintos de su escaño para codearse con los hombres en la cafetería y en fumaderos, y aunque dicha discreción no lograría explayarla al momento de contener su lengua. Según se cuenta el primer día en el parlamento la diputada tendría su primer llamado de atención luego de que la sesión se viera perturbada por no parar de hablarle a su compañero del lado.</p>
<p>Muchos fueron los contradictores que se oponían a sus propuestas, como aquella de hacer algunas reformas a las leyes de divorcio, y por lo que se le llamó hipócrita siendo que ella se había divorciado en Estados Unidos, gozando de las prebendas legales que ahora pretendía derogar. Sea como sea, lo cierto es que su paso por el órgano legislativo no tuvo mayor trascendencia. Defensora de la igualdad de sexos, propuso crear un partido especial para las mujeres, pero jamás se concretó, como sí logró cumplir con la creación de parvularios, e incluso donaría de su propio bolsillo para la financiación de proyectos educativos para menores. Estaba comprometida con la educación, y aunque sus comentarios siguieran la misma línea de la imprudencia. Decía: “La verdadera educación debería educarnos para ser algo mejor; en un egoísmo que nos una a la humanidad.”</p>
<p>Mostró siempre su simpatía por la unidad de los anglófonos y nunca ocultó su orgullo por el imperio británico. Y en donde sí que fue constante y no dio su brazo a torcer, sería en las iniciativas legales que restringieran el consumo de alcohol, y que a la postre consiguió con la ley que incrementó a los 18 años la edad en la que se permitía su consumo.</p>
<p>Durante los años veinte Nancy mantuvo una buena popularidad, inspirando a muchas mujeres a que tomaran también la iniciativa de lanzarse al ruedo político, e invitándolas además para que se enlistaran a formar parte del servicio civil y de la fuerza policial. Y pese a que también en Estados Unidos era célebre y querida, los años siguientes su imagen y aprecio comenzarían a decaer con notoriedad.</p>
<p>A finales de esta década logró mantener su curul luego de unas elecciones bastante apretadas contra el candidato laborista. El comienzo de la década de los treinta no pintaba nada bien. Incriminado por una acusación de homosexualismo, en 1931 su hijo Robert es llevado a prisión, y por esos mismos días Nancy daría un discurso bastante desacertado que acabaría por opacar todavía más su ya desgastada figura. Sucedió luego de que la selección nacional de críquet fuera derrotada, y a Nancy no se le ocurrió un mejor culpable del fracaso que el propio alcohol. Los jugadores y la gente en general no gustó mucho de que los llamaran borrachos, y su popularidad continuó decreciendo.</p>
<p>“La pena del éxito es que la gente que te asombra ahora te aburre”, decía, pero no así sucedió cuando conoció a un personaje que marcó su vida, el escritor George Bernard Shaw, con quien mantenía arraigadas e irreconciliables discrepancias, y pese a esto ambos disfrutaban de la compañía contradictoria del otro. Con Shaw viajó a la Unión Soviética cuando este le sugirió que lo acompañara y así pudiera despejarse de sus problemas. Y a pesar de que Astor se manifestaba contradictora del comunismo, su imagen se vería nuevamente deslustrada cuando su amigo se pronunció públicamente mostrándose partidario de la Rusia de Josef Stalin.</p>
<p>La verdad es que Astor tuvo incluso la valentía de cuestionar al dictador durante una entrevista a la que sería invitada, preguntándole por la muerte injusta de una buena parte de su pueblo. Según parece los traductores prefirieron cambiar el discurso y evitando molestar al mandatario dentro de sus propios dominios. Sea como sea, de regreso a Inglaterra su partido empezó a verla con cierto recelo y desconfianza, como una especie de traicionera que ahora congeniaba con las ideas del comunismo.</p>
<p>Nancy tampoco dejó una buena imagen mostrándose a favor de una nueva guerra mundial, y aunque se hubiera opuesto al nazismo por su postura contra las mujeres, sí que se parecía una simpatizante encubierta del régimen. Sería por esto que en Gran Bretaña la llamaban la mujer del <em>Führer</em>, y así mismo era conocida como la “Honorable Parlamentaria por Berlín”.</p>
<p>De lo que sí no cabrá duda es de su ideología antisemita, la misma que compartía Joseph P. Kennedy, y con quien mantuvo una copiosa correspondencia en donde al parecer ambos sugieren que Adolf Hitler podría convertirse en una solución para dos odios compartidos: los judíos y el comunismo. Sin embargo en una entrevista declaró que Hitler era muy parecido a Charlie Chaplin como para que pudieran tomarle en serio.</p>
<p>Los comentarios salidos de tono y sus tantas ocurrencias empezarían a jugarle en contra, y si antes deleitaba a las audiencias con sus dichos sardónicos, ahora Nancy se estaba convirtiendo en una señora molesta que solía perturbar y polemizar cada vez que abría la boca. Se exacerbó su odio por el comunismo y se profundizó su fanatismo religioso, logrando así que fuera su imagen la que cada vez estuviera más empañada.</p>
<p>La gente ya no le creía mucho, y esto porque su decadencia también empezó a ser notoria en su condición mental. En sus discursos se veía errante, en ocasiones perdida, incapaz de hilvanar algunas ideas, y por lo que poco a poco fue convirtiéndose más en una especie de burla que en una política útil. Ante la imposibilidad de debatir con alguien tan poco cuerdo, un parlamentario de la oposición comentó que es como “jugar al squash con un plato de huevos revueltos.”</p>
<p>Durante la Segunda Guerra su mansión volvería a ser una cede improvisada para atender otra vez a los soldados canadienses, y esto pese a que también con los ejércitos tendría sus desencuentros, y en especial cuando llamó “desertores” a aquellos soldados que se habían negado viajar a Francia. En respuesta a sus declaraciones las tropas compusieron una canción que acabaría haciéndose popular, y a la que titularon <em>La balada de los desertores del Día D: </em>“Querida Lady Astor, creemos que usted sabe mucho de la guerra. De pie en su escaño y contando mierda, usted es el bombón y el orgullo de Inglaterra. Creemos que su boca también está llorando por nosotros. Se lo dedicamos sus “Desertores del Día D” desde la soleada Italia.” Otros regimientos se atrevieron a decir que la animadversión de Astor a los ejércitos era debido a que un soldado había contagiado a su hija de una enfermedad venérea y que incluso la había embarazado.</p>
<p>Y si se creía que no era posible ganarse aún más el desprecio por buena parte de la sociedad, decir que en los últimos años también se incrementó su odio racial y su discriminación étnica. En Estados Unidos humilló a los estudiantes afroamericanos diciéndoles que su aspiración en la vida debería ser la de convertirse en los sirvientes que la atendían cuando era niña, y a los negros cristianos les recomendó agradecieran por la época esclavista ya que gracias a esta vivencia es que los negros se permitieron conocer el cristianismo.</p>
<p>Luego de haber sido reelegida siete veces consecutivas y después de veintisiete años como parlamentaria, Nancy Astor no se presentará nuevamente a las elecciones. “Ya de paso también me gustaría decir que la primera vez que Adán tuvo la oportunidad le echó la culpa a Eva.” Los <em>Tories </em>la consideraban ya un ser vetusto y ni siquiera su marido se prestó para apoyarla a una nueva candidatura, siendo así que en su discurso de despedida dejó en claro que su retiro no era del todo deseado por ella, y que tras su partida los hombres ya podían sentirse tranquilos. En su momento le escuchamos decir que “las mujeres tienen que hacer el mundo más seguro para los hombres ya que los hombres lo han hecho tan inseguro para las mujeres.”</p>
<p>Un enemigo acérrimo con quien protagonizaría sonados debates en el parlamento sería nada menos que el mismísimo Winston Churchill, a quien en una ocasión le diría: “Si usted fuese mi marido, le envenenaría el té.” Y en respuesta Churchill le contestó: “Señora, si usted fuera mi esposa, ¡me lo bebería!” Churchill diría que tener una parlamentaria como ella era tan desagradable como tener a un intruso toqueteándole en el baño, a lo que Astor respondió: “Usted no es tan atractivo como para tener que preocuparse por eso.” Para una fiesta de disfraces que estaba por celebrarse Churchill pidió alguna sugerencia para su disfraz, a lo que Astor le propuso: “¿Y por qué no viene sobrio, Primer Ministro?” Y es que desde siempre Nancy se confesaría abstemia: “Una razón por la que no bebo es porque deseo saber cuándo me lo estoy pasando bien.”</p>
<p>Los años venideros tuvo que padecer la muerte de los dos últimos hermanos que le quedaban, así como la de su mentor espiritual, además de un paro cardiaco que tuvo su marido luego de una discusión con ella, y que acabaría por distanciar a la pareja. Algunos ideales izquierdistas contagiaron la ideología del marido, por lo que la pareja se distanciaría para volver a reconciliarse un tiempo después, y hasta la muerte de Waldorf Astor en 1952, el hombre con quien compartió tantos años y con quien tendría cinco hijos. “Me niego a admitir que tengo más de 52 años, aunque eso haga a mis hijos ilegítimos”, decía, como siempre, en broma.</p>
<p>“¿Me estoy muriendo o es mi cumpleaños?”, dijo Nancy Astor, a quien se le irían yendo los suyos, sus más queridos. Ya habría muerto su amigo Shaw, y fue así como Nancy se iría perdiendo cada vez más en el olvido y en la soledad, hasta ese día del año de 1964 en el que moriría en casa de su hija, en Grimsthorpe, Lincolnshire, y sus restos descansan en Buckinghamshire.</p>
<p>Luego de un siglo de haberse convertido en parlamentaria, la ex primera ministra Theresa May inauguró en Plymouth una estatua de bronce junto a la que hubiera sido la casa de Astor, refiriéndose a ella con las siguientes palabras: “Hace cien años, Nancy Astor cambió la democracia británica para siempre y para mejor. Además de ser un monumento a una mujer valiente, espero que esta estatua inspire a personas de todos los orígenes a dar un paso al frente y participar de lleno en la vida pública.”</p>
<p>Cómica, cínica, explosiva, ingeniosa, delirante, se le recordará por sus tantas citas que no pudieron pasar desapercibidas. De carácter firme, sin pelos en la lengua al momento de defender sus ideas que bien sabía argumentar, convencida de sí misma, grotesca y vulgar, brillante, y de quien se decía incluso que tenía poderes hipnóticos, una mujer definitivamente particular y que, por lo mismo, consiguió abrirse paso en un mundo donde la única y primera mujer tendría que ser así, así como era Nancy Astor.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                    <category>Sin categoría</category>
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        <pubDate>Thu, 30 May 2024 12:14:40 +0000</pubDate>
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