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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de dictadura | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Mi esposa y la dictadura</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/hypomnemata/esposadictadura/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cansada de mis quejas, mi esposa tomó el poder e instauró una Dictadura. Mi inutilidad para escribir una pieza literaria de prestigio y riqueza estética ocasionó este grave impase que aún no he podido resolver.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Al principio creí que era buena idea. Para nadie es un secreto que la democracia le hace mal a la literatura. La libertad no nos ha dado buenas obras y, como lo dice la historia, los libros más profundos y famosos son las que se producen en un régimen totalitario.</p>



<p>La literatura latinoamericana se burla demasiado de esos nobles hombres, padrastros de la buena escritura, los Dictadores. No podemos cuantificar cuánto se les debe. Si viviéramos en dictadura no existiría el “agotamiento” al que se refirió <a href="https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12191993">María Kodama en Manizales</a>. Y bajo esta premisa empezaron los cambios en casa.</p>



<p>Primero, se me advirtió que todas mis conversaciones serían monitoreadas y grabadas, únicamente podía hablar sobre algunos temas literarios escogidos con anterioridad. Por cuestiones de gobierno, los poetas Románticos hacían parte del índice prohibido. Su idealismo los hacía detestables. Debía leer un libro diario, sin importar el número de clases al día, y presentar un informe que analizara (en algunos casos semióticamente) el estilo y el lenguaje que utilizaba. Fueron noches aterradoras. Debía ponerme en pie, la espalda rígida y empezar a recitar pasajes de memoria con su respectivo comentario. Ante mis infructuosos intentos, tuve que ayudarme de papelitos que me ayudaban a recordar los números de página y algunas palabras desconocidas, generosidades de la Dictadora.</p>



<p>Sólo podía ver Señal Colombia, comer carnes rojas y jugar Dicciorama. En la guitarra sólo podía usar notas mayores y cuidar de que no sonara por equivocación una nota mal puesta. No podía mirar por la ventana, ni mucho menos intentar abrir la puerta sin permiso. Tomaba Ginkgo Biloba con cada comida.</p>



<p>Se desterraron a Chopin y Schubert; en su lugar se escuchaba un Bach bastante matemático que exigía concentración máxima en las tareas de escritura. Mi Dictadora repetía todos los días la noticia de Kodama y, alentándome, me gritaba al oído que teníamos que trabajar.</p>



<p>Mi Dictadora, consiente del “mens sana in corpore sano”, sabía que no sólo de largas lecturas vive el hombre; así que introdujo a su forma de gobierno ejercicios corporales que pretendían mejorar mi acondicionamiento físico y que me facilitarían el trabajo de escritura. Empecé a relajar mis falanges lavando los platos, inicié una terapia que aliviara los dolores de hombro barriendo y&nbsp; trapeando los pisos, incluso, bondades de los Dictadores, los dolores de muñeca que me atormentaban desde hacía días, fueron desapareciendo paulatinamente después de empezar a&nbsp; lavar la ropa de los dos.</p>



<p>Todo estaba bien. No podía quejarme (los castigos eran bastante molestos). Era obediente y seguía los lineamientos al pie de la letra. Sin embargo, los resultados eran pésimos. Lo que escribí esos días no era más que basura. Yo lo sabía. Mi Dictadora, en cambio, me elogiaba. Eso sí era literatura, decía, ya verá esa tal Kodama&#8230; Intenté persuadirla, pero no me escuchaba. Estaba ocupada inventando nuevos ejercicios para aliviarme unos dolores de rodillas que no me dejaban permanecer sentado frente a la pantalla del computador.</p>



<p>Al final, me sorprendí levantándome en las noches, a eso de las once, a escondidas, para escribir en una libretita que tengo escondida debajo de la nevera. Ella no debe darse cuenta. Allí garabateo mis tormentos, mis sueños de abrir la puerta, describo el sabor horrible del Ginkgo Biloba y lo detestable que es la dictadura. ¿Estaré escribiendo allí la verdadera literatura?</p>



<p>Publicado originalmente el 08 de septiembre de 2012 en El Espectador.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Hypomnémata</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120984</guid>
        <pubDate>Mon, 01 Dec 2025 12:24:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Mi esposa y la dictadura]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón</media:credit>
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                            </item>
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        <title>¿Quién de ustedes pertenece a la “generación idiota”? (Hablemos de un tal Agustín Laje)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/quien-ustedes-pertenece-la-generacion-idiota-hablemos-tal-agustin-laje/</link>
        <description><![CDATA[<p>“El fascismo es una mentira contada por matones”: Ernest Hemingway, escritor. Hay discursos que son un verdadero peligro para las sociedades democráticas, y los de Agustín Laje pueden caber en esa definición. Pero ¿Quién es este joven al que la Universidad Javeriana le cerró las puertas y que protagonizó, según Semana, una “apoteósica presentación en [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>“El fascismo es una mentira contada por matones”: Ernest Hemingway, escritor.</p></blockquote>
<p>Hay discursos que son un verdadero peligro para las sociedades democráticas, y los de Agustín Laje pueden caber en esa definición. Pero ¿Quién es este joven al que la Universidad Javeriana le cerró las puertas y que protagonizó, según Semana, una <em>“apoteósica presentación en la Feria del Libro con más de 3.000 personas y 7 horas de firma de libros”</em>? ¿Se trata acaso de la octava maravilla de la literatura?</p>
<p>No es un literato, tampoco el siguiente Premio Nobel que saldrá en hombros de la Academia sueca. Es un politólogo, bisnieto de militar, dedicado a escribir libros donde básicamente defiende el derecho de la derecha y la extrema derecha a gobernar, satanizando cualquier forma de gobierno distinta, es decir anulando a la izquierda y a la gente de izquierda (cancelar es el término de moda). El libro <em>“Generación idiota”,</em> (editorial Harper Collins), en cuya solapa se lo presenta como un intelectual y conferencista, fue construido a partir de ideas prestadas, a juzgar por las once páginas de bibliografía condensada.<strong>  </strong></p>
<p>Vino a decirles a quienes quisieron escucharlo por qué son (¿somos?) la “generación idiota”, pero luego aclara en la prensa, como si nada, que <em>“el título es un poco engañoso, porque la palabra idiota no es necesariamente un insulto”.</em> ¡Hágame el bendito favor!</p>
<p>Y siguió aclarando lo que ya no necesitaba más explicaciones, porque si se miente desde la carátula (como esos medios que adulteran la realidad en los titulares), es porque lo demás ha sido escrito con la intención de confundir, exagerar o engañar. Basta con leer lo que dice en los medios para entender las intenciones de la obra.</p>
<p><em>“La palabra idiota etimológicamente es muy rica, la podemos rastrear hasta la antigua Grecia, donde el idiota era básicamente aquel que estaba tan ensimismado, tan preocupado por lo propio, tan encerrado en las cuatro paredes de su hogar, que no se daba la oportunidad de participar en la polis”,</em> prosiguió.</p>
<p>Ir dos milenios atrás y devolverse a las carreras para afirmar que el calificativo idiota es un halago porque lo usaron los griegos, desconociendo además el caudal de sabiduría que nos aportaron sus filósofos. Una explicación bastante idiota, por cierto, joven Laje. Nacimos de noche pero no anoche.</p>
<p>Se inventó dos términos para sorprendernos: <em>adolescentrismo</em> y <em>sociedad adolescéntrica</em>. De sus respuestas se deduce que no sólo considera idiotas a los jóvenes sino también a los padres, en especial a las madres, sometidas a las cuatro paredes y a la crianza de los hijos, por culpa de la cultura machista imperante, a sabiendas de que esa realidad ha ido cambiado de a poco, en parte por las victorias del feminismo, que tanto desprecia; en parte por la apertura de pensamiento/conocimiento de la globalización  (él ve internet como un peligro para las élites) y en parte por los derechos conquistados, (que a él le causan piquiña). Sepa, joven Laje, que en estos tiempos las mujeres tienen planes distintos a quedarse en casa, ver telenovelas, plancharle la ropa al marido o mirar qué les sirven en la cena, y en caso de ser violadas reclaman el derecho a abortar porque el cuerpo es de ellas no de quienes las juzgan a la ligera.</p>
<p>Le dijo al portal <a href="https://disidentia.com/la-nueva-derecha-mas-que-simplemente-conservadora-es-enteramente-subversiva/?s=08">Disidentia</a>: <em>“La generación idiota está perdida en su incapacidad de mirar más allá de su propio ombligo narcisista”. “… ella se seduce a sí misma creyendo que la diversidad avanza simplemente porque podemos teñirnos el cabello de verde, sentirnos en un cuerpo equivocado o acostarnos con alguien del mismo sexo y celebrarlo (como enorme proeza) un mes entero cada año”.</em> Un narcisista hablando de narcisismo. Si esa afirmación no es una declaración homofóbica, ¿qué lo es entonces?</p>
<p>Y resuelve la duda cuando remata: <em>“Quizás éramos mucho más libres cuando ciertos rasgos identitarios no nos provocaban semejante malestar, porque ya estaban resueltos de antemano”.</em> De acuerdo con ese pensamiento estrecho, obtuso, la gente que no ha nacido, cuando lo haga, debe seguir los libretos ya establecidos, cuidadito si alguien piensa distinto, se comporta distinto, siente distinto, desea distinto.</p>
<p>Libros políticos como este, escritos a dos o a cuatro manos, abonan el terreno a regímenes que determinan cómo pensar, comportarse, sentir y desear. Lo que se salga de esos límites es malo, subversivo, peligroso, condenable. ¿Perverso para quién? ¿Para esos que heredan los privilegios de una generación a otra? O sea, los idiotas son los demás, ellos no. A eso mi abuela le tenía un nombre: <em>“La ley del embudo, lo ancho para uno, lo angosto para los demás”.</em></p>
<blockquote><p>Me declaro hastiado de tanta moralina, esa forma mezquina de juzgar el comportamiento humano.</p></blockquote>
<p>Usando a los adolescentes como metáfora, Agustín Laje nos culpa de lo malo que pasa como si esta generación  de ciudadanos hubiese creado las redes sociales, o estuviese creando la inteligencia artificial, o gobernáramos las naciones.</p>
<p>Esa retórica, tan elegante como rebuscada, es la forma de posar y pasar por sabios para que los demás se sientan tontos e ignorantes, con la venia de medios de comunicación que, identificados políticamente, no tienen problema en amplificar tales mensajes, en lugar de proponer una manera civilizada de entendimiento y tolerancia donde quepan todos, no donde haya que esconder, como las familias vergonzantes, a los que se rebelan o disienten.</p>
<p>De manera forzada aplica sus teorías al ámbito político, cuando en realidad ese “pensamiento adolescente” debe referirse más a la banalización general de la cultura que afecta todo, empezando por la pereza a pensar para no ir más allá del meme. No creo que el mundo sea más frívolo o farandulero que antes. Banales hemos sido siempre, sólo que ahora las redes sociales nos delatan por medio de lo que cada quien publica; sospecho que también la prensa (no toda, por fortuna), quedó atrapada en esa superficialidad. Nadie sabe hacia dónde vamos; ¿vamos hacia ninguna parte como la gallina ciega? Es probable. El único que sabe hacia dónde va es el treintañero Agustín Laje con sus bolsillos abultados luego de cada gira.</p>
<p>Dice: <em>“El idiota adolescéntrico pretende, al contrario, una completa autodeterminación que deja, sin embargo, incompleta o mutilada, en cuanto le falta siempre el componente de la responsabilidad individual”.</em></p>
<p>Vino a repetir esa carreta, ahí estaban los papás no para defenderse ellos ni a sus hijos del maltrato verbal y escrito del argentino  (<em>bullying o matoneo</em> se llama),  si no para comprar el libro adoctrinador de un candidato a político que actúa como predicador en púlpito.</p>
<p>Recordemos que antes de ser grandes, fuimos esos &#8220;adolescentes estúpidos&#8221;;  menospreciarlos es reconocer tácitamente que fracasamos como adultos. Ellos, que hasta ahora empiezan a vivir, están en todo su  derecho de  no saber nada de la vida,  a estar desorientados, porque se nos olvida que la adolesce(ncia) es el  difícil puente que el niño debe cruzar para alcanzar la mayoría de edad. Laje debió saltársela de un brinquito.</p>
<p>Algo muy malo tuvo que pasarle en sus años juveniles para emprenderla contra Greta Thunberg. <em>“Greta, en sí misma, constituye un personaje muy poco interesante…”. “Greta, en rigor, no es un personaje de redes: es un personaje construido por las principales corporaciones multimediáticas”.</em></p>
<p>La atacan a la vez que niegan el cambio climático aun teniendo las pruebas en sus narices. Si fuéramos considerados, dejaríamos el planeta mejor de lo que lo encontramos, para los <em>Lajes</em> y los no <em>Lajes</em> del futuro.</p>
<p>Bien hizo la <a href="https://www.infobae.com/colombia/2023/04/26/la-javeriana-cancelo-conferencia-del-polemico-agustin-laje-el-odio-a-la-verdadera-diversidad-es-la-marca-de-nuestro-tiempo/">Universidad Javeriana</a> cerrándole las puertas a un discurso de odio, adornado con lenguaje encopetado, que solo acepta la derecha como gobierno legítimo. Mi querido Agustín Laje, Argentina fue gobernada por una dictadura ultraderechista,  <a href="https://cuartopodersalta.com.ar/quien-es-agustin-laje-homofobico-y-antiderechos/">con 30 mil desaparecidos que borra de un plumazo</a> en otro de sus libros.  De chico, vi retratado ese horror en la película <em>La noche de los lápices</em>; valdría la pena que la vea, la produjeron en su país como prueba del dolor de las abuelas y madres plantadas en la Plaza de Mayo para  saber qué hicieron con  los suyos. La premiada película <a href="https://www.youtube.com/watch?v=EDK2FtU5oxg">“Argentina, 1985”</a> (Premios Globo de oro y Goya) puede también refrescarle la memoria.</p>
<p>No es ético dar cátedra en otros países cuando desconoce la propia historia patria. Pareciera que esa historia, para él,  comenzó con su nacimiento, en 1989, no antes; de ahí el afán por corregir, quitar lo que la afea, cualquier mancha que pueda truncarles, en el presente, el camino a los herederos políticos.</p>
<p>Ojalá no lo pongan a explicar las realidades del resto del continente porque de seguro nos dirá que la masacre de las bananeras (Colombia, 1928) la creó García Márquez para ponerla en <em>Cien años de soledad</em> o que las 6.402 ejecuciones extrajudiciales (no falsos positivos) se las inventaron las inconsolables Madres de Soacha, durante un gobierno de derecha que con métodos ultraderechistas los vistió de camuflado para que parecieran guerrilleros, como si fueran las sobras de la evolución, sin tener velas en este eterno conflicto interno, que, ¡qué curioso!, alimentaron con saña y armas los partidos políticos tradicionales  antes de repartirse el poder mediante el  Frente Nacional.</p>
<p>Esos desenlaces aberrantes, mi querido Agustín, son los peligros que se ciernen sobre las sociedades si seguimos validando la idea de que el globo terráqueo es blanco y negro, no de colores.  Cuando se tapa el arco iris, brillan esos fascismos y fascistas, que en el pasado dejaron caer sangre en los libros de historia: repasen a Mussolini en Italia o a Franco en España. Con un mundo fuera de sus cinco sentidos, debemos cuidarnos de quienes quieren pescar en el río revuelto de las provocaciones: vengan de la derecha, de la izquierda, de las extremas, de las nuevas derechas e izquierda, de los centros o de los egocéntricos, como el susodicho.</p>
<blockquote><p>“La turbulencia de los demagogos derriba los gobiernos democráticos”: Aristóteles, filósofo griego.</p></blockquote>
<p>¿Cuál es en sí el peligro de este tipo de libros?</p>
<p>Atérrese el lector, “Mi lucha”, la “gran” obra del sanguinario y antisemita Hitler, todavía se imprime y se vende porque andan entre nosotros los que creen que hay una raza única y pura, y que lo demás sobra, como sobraron seis millones de judíos cuando los gasearon en los hornos y los agotaron hasta el hambre y la muerte en los campos de concentración. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=voqvark8HHQ">“Los secretos del libro de Hitler”  </a>se puede ver en Prime Video.</p>
<p>Equivocado es creer que el fascismo es un anacronismo. Aquellos que desprecian la pluralidad de pensamiento están alentando el regreso de esas formas demenciales del poder. Lo acaba de decir el diario global El País en un titular <a href="https://elpais.com/internacional/2023-05-14/auge-de-la-extrema-derecha-y-declive-de-la-derecha-tradicional-chile-y-el-efecto-contagio-en-latinoamerica.html"><em>“Auge de la extrema derecha y el populismo y declive de la derecha tradicional: Chile y el efecto contagio en Latinoamérica”. </em></a></p>
<p>Con todo, no se les haga extraño que los próximos <em>mesías </em>salgan no de la religión si no de entre los extremistas de derecha, que confunden mano dura con violaciones a  los derechos humanos, como los cometidos por las dictaduras militares. Noten lo siguiente: Cien años le tomó a una pandemia regresar (tras la gripe española de 1918) y se cumplió ya un siglo desde que empezó la dictadura de Mussolini (1922). Insisto: la historia tiene ese don perverso de reciclarse a sí misma.</p>
<p>Más que escritor, Agustín Laje es un eficiente activista que escribe. Son cosas distintas para dejarlo claro; dudo que una feria del libro sea el escenario para políticos que fungen de escritores, ahí se equivoca la Cámara Colombiana del Libro, organizadora de la FILBO.   Una derecha colombiana huérfana y sin liderazgos, lo aplaude de píe, y si tuviera cédula colombiana o al menos la doble nacionalidad, le estarían diciendo: <em>“quédese que nosotros lo lanzamos”.</em> Les queda el librito, en todo caso.</p>
<p>Dice este personaje<em>: “La democratización de la fama destruyó los criterios con los que antes se volvía uno famoso (alguna destreza excepcional, genialidad, sapiencia, heroísmo, santidad, etcétera). La gran promesa de las redes sociales y sus sistemas basados en likes y followers es, precisamente, esa misma: poder ser famoso siendo todo lo común y corriente que soy”.</em></p>
<p>Se contradice porque la democratización que trajo internet permitió que ese alguien del montón que debió ser en el pasado, hoy tiene una tribuna; de lo contrario, lo apoteósico habría sobrado en los titulares. Yo sí celebro que la gente normalita, esa en la que nadie cree, encuentre el medio para  ser alguien, oportunidades y puertas abiertas donde en otros tiempos a otras generaciones se las cerraron en su cara. Ya no es un perfecto desconocido, joven Laje, así que no se enfade porque otras criaturas tengan, como usted, sus quince minutos de fama sobre la Tierra.</p>
<p>Su libro está en primeros lugares de ventas en el género de no ficción aunque cabría en el de ficción. Eso significa que “educar” a padres e hijos sin tener los propios es un buen negocio. Sólo espero que después de leerlo, los lectores digan, con alguito de amor propio:</p>
<p>—<em>No joven Laje, no somos la generación idiota. Tenemos cerebro y no necesitamos el suyo para pensar. </em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94701</guid>
        <pubDate>Sat, 20 May 2023 23:00:06 +0000</pubDate>
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        <title>El desprecio a la poesía</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/desprecio-la-poesia/</link>
        <description><![CDATA[<p>El desprecio a la poesía por parte del gobierno salvadoreño y su amenaza a la democracia y a la Constitución «Hay mucho más consenso en el odio a la poesía que en la propia definición de lo que realmente es la poesía». Esto manifiesta Ben Lerner en su ensayo El odio a la poesía, que [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>El desprecio a la poesía por parte del gobierno salvadoreño y su amenaza a la democracia y a la Constitución</strong></p>
<p><figure id="attachment_73163" aria-describedby="caption-attachment-73163" style="width: 1360px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/02/nayib-bukele-entre-los-militares-y-dios.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-73163" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/02/nayib-bukele-entre-los-militares-y-dios.jpg" alt="" width="1360" height="905" /></a><figcaption id="caption-attachment-73163" class="wp-caption-text">Nayib Bukele irrumpiendo en la Asamblea Legisativa de El Salvador. Foto: celag.org.</figcaption></figure></p>
<p>«Hay mucho más consenso en el odio a la poesía que en la propia definición de lo que realmente es la poesía». Esto manifiesta <strong>Ben Lerner</strong> en su ensayo <em>El odio a la poesía</em>, que bien pudiera ser el título de esta bagatela sobre <strong>El Salvador</strong>. El 6 de julio de 2019 llegué a ese pequeño país de corazón inmenso con destino al <a href="https://literariedad.co/category/amada-libertad/">Festival Internacional de Poesía <em>Amada Libertad</em></a>, cuyo nombre viene del seudónimo de <strong>Leyla Quintana Marxelli</strong>, poeta asesinada a la sombra del volcán de San Salvador por el ejército y quien se suma a una larga e impune lista de <a href="https://www.youtube.com/playlist?list=PLamv8f3xyKBjg6Ukn0vr3RlaEhKRFQ8OW">poetas caídos en la guerra civil de este país</a> al lado de <strong>Claudia María Jovel</strong>, por ejemplo, <strong>Alfonso Hernández</strong>, <strong>Lil Milagro Ramírez</strong>, <strong>Amílcar Colocho</strong> y el mismo <strong>Roque Dalton</strong>. El nombre de este último pasaba por mi mente en el momento de mi llegada al aeropuerto, mezclado con el insondable sonido de los pájaros de los alrededores, del verde poderoso de las riberas del Pacífico centroamericano y del olor de café que me hacía sentir como en casa; pero mi emoción se volvió aflicción y vergüenza pues, de un modo contundente, la agente de migración que me recibió, después de preguntarme por el motivo de mi viaje y de escuchar mi pudorosa respuesta, me hizo la peor pregunta que jamás nadie podrá volverme a hacer en la vida.</p>
<p>―Conque viene a un festival de poesía, entonces dígame <strong><em>qué es la poesía</em></strong>.</p>
<p>Hubiera preferido decir que el motivo de mi viaje era comer <em>pupusas</em>. Sí, así, a secas: <em>vine a comer pupusas (hermanas gemelas de las arepas de mi montaña andina) y a refocilarme en la cultura cafetera de San Salvador, tan parecida a la de mi amada Pereira</em>. Pero no, fui tan torpe de decir que escribía poesía.</p>
<p>―No sé qué es, señora― atiné a decir, angustiado. Pensé en alguna teoría, en algún autor o alguna autora cuyas palabras o versos ingeniosos me sacaran del inconveniente; sin embargo, no estaba para mentir ese día, ni para deshonrar la poesía (de la que, como ven, no tenía ni tengo hoy idea de qué es, aunque la ame sobre todas las cosas, menos sobre el amor) con una retórica absurda.</p>
<p><strong>Estuve varias horas en migración avergonzado, por primera vez en mis viajes al extranjero, debido a un motivo distinto al de ser colombiano</strong>, hasta cuando los organizadores del Festival demostraron mi inocencia y disculparon mi torpeza para que pudiera ingresar a disfrutar unos de los mejores días de mi vida. Hoy este recuerdo viene a mi mente revuelto por las recientes imágenes de<strong> los sucesos del 9 de febrero en San Salvador</strong>. El presidente de la República, un <em>millennial</em> narcisista, sultán venido a menos, gato mestizo con ínfulas de tigre, está sentado en la silla del presidente, sí, pero de la Asamblea Legislativa, rodeado por docenas de soldados y policías con chalecos antibalas y fusiles, mientras llora como un niño a quien le prohíben salir a jugar, y dice que acaba de escuchar a Dios, quien le pide sea paciente y mejor se tome la Asamblea otro día.</p>
<p>Muchas personas interrumpieron la trasmisión de los frívolos premios Óscar para ver el intento de golpe de <strong>Bukele</strong>, lo compararon con <strong>Maduro</strong> y su destreza nigromante de hablar con los pájaros; la Sala de lo Constitucional, la ONU, la  OEA, y hasta lo menos imaginado: el embajador y el congreso de Estados Unidos ―aliados del recién estrenado golpista― condenaron la actuación y coincidieron en que usar las fuerzas armadas de ese modo, así como el hecho de tomarse el Legislativo donde el sentido común le decía que no tenía competencia, era irrefutablemente anticonstitucional e iba en contra de la democracia. En resumidas cuentas, sin saberlo, en El Salvador, desde ese día, entre las 4 y las 5 de la tarde, la gente empezó a sentir miedo de que su país se volviera como <strong>Colombia</strong>.</p>
<p>El partido del presidente, <strong>Nuevas Ideas</strong>, había publicado un día antes de la toma, a las 10:16 de la noche, un mensaje, tal vez con pretensiones irónicas, acompañado por la foto del mandatario sonriente, que decía: <strong>«Si esta es la imagen de un líder <em>dictador</em> quiero que El Salvador sea gobernado con su dictadura los siguientes 30 años…»</strong> Al día siguiente, este chiste de mal gusto iba a tomar otras dimensiones cuando empezara la pataleta de <strong>Nayib Bukele</strong> literalmente con un llamado a la insurrección popular, a raíz de que los diputados rechazaran la aprobación de uno de los préstamos solicitados por el Ejecutivo, por 109 millones de dólares, para financiar un plan de seguridad con el fin tácito de bajar los homicidios armándose terriblemente para la guerra. El presupuesto de su gobierno, es preciso recordar, entre junio de 2019 y diciembre de 2020, estipula la estrafalaria cantidad de $1.134’820.000 (MIL CIENTO TREINTA Y CUATRO MILLONES, OCHOCIENTOS VEINTE MIL DÓLARES) para seguridad en un país de seis millones de habitantes. ¿En qué consiste este plan de seguridad? Nadie lo sabe. No ha sido hecha pública su metodología, solo sabemos que esa cifra absurda de dinero destinada a la compra de armas recuerda a <strong>la infame Seguridad Democrática colombiana</strong>, que tiene pendiente en este momento la identificación de doscientas mil personas civiles inocentes en fosas comunes.</p>
<p>A pesar de esto, de la terrible amenaza en que consiste Bukele para su propio país, para sus instituciones, para la cultura, la educación y otros derechos fundamentales que, por lo visto, no son parte de su plan de gobierno, intento demostrar que <strong>también es una amenaza para la poesía</strong>. Y es que el desprecio a la poesía del actual gobierno salvadoreño es descomunal. No me refiero a que crea que los poetas se encuentren amenazados como los ya referidos, sino de algo menos cruel pero de igual vileza: la manera cómo, desde su posición, este mandatario y sus servidores públicos están usando <strong>la imagen sagrada de Roque Dalton</strong> para hacer campaña. Sí, precisamente la imagen del autor de <strong><em>Un libro rojo para Lenin</em></strong>, que si fuera de alguna persona (porque su imagen no le pertenece a nadie, jamás a ningún gobierno) no sería solo de la gente de a pie de El Salvador, sino también de las gentes de espíritu libre de Latinoamérica y del mundo, porque la memoria de Roque Dalton ―quien aconsejaba: <strong>«No olvides nunca/ que los menos fascistas/ de entre los fascistas/ también son/ fascistas»</strong>― está siendo profanada por el tipo de personas que con toda su inteligencia combatió, hasta el punto de decidirse a tomar las armas y con esto perder la vida.</p>
<p>La ignominia nació con sentimientos encontrados, pues desde su cuenta de Twitter, el entonces posesionado <strong>Nayib Bukele</strong> ordenó, el 3 de junio de 2019, la destitución de <strong>Jorge Meléndez</strong>, quien había sido Director de Protección Civil durante diez años por el <strong>FMLN</strong>, a causa de estar <em>acusado del magnicidio de nuestro poeta Roque Dalton</em>; este, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=TcqQp8YgkMs&amp;feature=youtu.be">en una rueda de prensa</a>, al día siguiente, con su cinismo habitual y su silencio imbécil frente a los sucesos del 10 de mayo de 1975<em>,</em> se «defendió», apelando a la tan citada cojera de la justicia y diciendo que le parecía el colmo que quienes hicieron la guerra en su época, del lado de la <strong>ERP</strong>, sean tachados de criminales, cuando tuvieron muchos prisioneros que hoy en día son sus amigos. Por supuesto, podríamos decir, todos son sus amigos, exceptuando Roque, a quien mataron y desaparecieron.</p>
<p>Asimismo, quien más ha arrojado ingredientes oprobiosos a este asunto es la ministra de cultura, <strong>Suecy Callejas Estrada</strong>, quien, <em>gracias a la iniciativa del presidente</em>, también desde su cuenta de Twitter, ha manoseado una y otra vez la figura del poeta con su inclusión en un <em>programa</em> para publicar su obra (que ya se encuentra publicada por <a href="http://www.oceansur.com/catalogo/titulos/el-salvador-monografia">Ocean Sur</a>, por ejemplo, o por el Fondo de Cultura Económica de México y muchas otras editoriales comerciales,  artesanales y cartoneras en el mundo hispanohablante) y construir en la que fuera su casa un centro cultural, cuando es sabido que <b>el poeta ni siquiera tiene una tumba y su crimen está todavía en la impunidad.</b> La ministra, al parecer, nunca ha leído a Dalton y habrá, a lo mucho, buscado en Wikipedia una biografía suya, porque si supiera de quién se trata y hubiese leído con atención los libros <strong><em>Pobrecito poeta que era yo</em></strong>, <strong><em>Las historias prohibidas de Pulgarcito</em></strong> o el célebre <strong><em>El Salvador. Monografía</em></strong>, tendría certeza de que el poeta e intelectual, cuya figura están usando para sacar del camino a sus enemigos políticos, nunca se hubiera prestado para nada relacionado con la afectación de su gente y nunca le hubiera dado la mano ni siquiera a <em>los menos fascistas de entre los fascistas</em>.</p>
<p>La suerte está jugada en este asunto del desprecio a la poesía por parte del gobierno salvadoreño y de su amenaza a la democracia y a la Constitución. Esperemos que haya justicia y memoria con los poetas que han caído en la guerra y que Roque pueda seguir transitando la eternidad, libre como ha sido desde hace ochenta y cinco años. <strong>Esperemos que las instituciones del Estado salvadoreño que desconocen, como yo, qué es la poesía, al menos la respeten</strong>. Y confiemos que el siguiente poema de <strong>William Alfaro</strong>, uno de los grandes poetas contemporáneos de El Salvador, adquiera otra significación para la amorosa y bella gente de este país, que tiene la esperanza de no salir afectada por el sonido de los clarines marciales dispersos en el ambiente después del 9 de febrero del año que corre:</p>
<p style="text-align: center"><strong>Breve apunte sobre mi odio</strong><br />
Odio el nombre de mi país por no poder salvarme</p>
<p><a href="https://twitter.com/amguiral">@amguiral</a> en Twitter</p>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Sat, 15 Feb 2020 15:56:56 +0000</pubDate>
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