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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de diario El Espectador | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Otro Día del Periodista sin don Guillermo Cano</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/don-guillermo-cano-martir-del-periodismo-colombiano/</link>
        <description><![CDATA[<p>¡La falta que hace don Guillermo Cano en Colombia! Semblanza y homenaje al mártir  del periodismo colombiano, a través del testimonio de quienes trabajaron a su lado, a propósito del Día del Periodista y del “Año Guillermo Cano”, así declarado por el Ministerio de Cultura en el centenario de su nacimiento.   </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Foto: Archivo El Espectador. Don Guillermo Cano Isaza, director de El Espectador (1925-1986).</em></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>“Mataron a Guillermo Cano (…) Acaba de pasar. Por eso no quiero volver a Colombia. Están matando a mis amigos”: Gabriel García Márquez en “Un vida”, la biografía sobre el Nobel.</strong></h2>



<p>Don Guillermo Cano fue el periodista que en esencia todos deberíamos ser. Su valentía es la prueba de que el periodismo se lleva en la sangre hasta el día de la muerte. Su sacrificio habrá valido la pena cuando el periodismo colombiano sea otra vez lo que fue en sus mejores épocas. Salía de su periódico amado, hace casi cuarenta años, cuando la mafia le cobró con balas su gallardía. El periodismo quedó huérfano. Se dice Día del Periodista pero no feliz.</p>



<p>Don Guillermo dijo lo que se tenía que decir, publicó verdades, hizo lo que periodísticamente tocaba hacer durante una de las épocas más oscuras de Colombia, sino la más oscura. La suya fue, como escribió Antonio Caballero <em>“una vida digna de haber sido vivida”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-fundaci-n-guillermo-cano-isaza wp-block-embed-fundaci-n-guillermo-cano-isaza"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="MKMpbqQQUR"><a href="https://fundacionguillermocano.com.co/guillermo-cano/visiones-multiples/vida-digna-ser-vivida/">La vida digna de ser vivida</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;La vida digna de ser vivida&#8221; &#8212; Fundación Guillermo Cano Isaza" src="https://fundacionguillermocano.com.co/guillermo-cano/visiones-multiples/vida-digna-ser-vivida/embed/#?secret=oq2MLgd1hP#?secret=MKMpbqQQUR" data-secret="MKMpbqQQUR" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p>Para que valga la pena ser periodista en Colombia, el mejor tributo para alguien de su estatura moral es respetar y exigir respeto por los principios de este oficio.</p>



<p class="has-text-align-center"><strong>IGNACIO GÓMEZ, director de <em>Noticias Uno</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="757" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213033/A-CANO-NACHO-1024x757.jpeg" alt="" class="wp-image-111411" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213033/A-CANO-NACHO-1024x757.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213033/A-CANO-NACHO-300x222.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213033/A-CANO-NACHO-768x568.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213033/A-CANO-NACHO-1536x1135.jpeg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213033/A-CANO-NACHO-2048x1514.jpeg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Foto: Archivo El Espectador. </em></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-ec530c9ae77cb2b0f660f95c07e66aae"><strong>Fue legendaria su fama como buen titulador.</strong></p>



<p>A Guillermo Cano lo conocí prácticamente desde mis primeras letras, porque mi papá hacía verificación de si habíamos aprendido a leer o no, poniéndonos a leer en voz alta los artículos de <strong>El Espectador</strong>. Personalmente, lo conocí un lunes de julio de 1986, cuando entré a trabajar como reportero del equipo de <em>Informes Especiales</em> que dirigía Fabio Castillo y que más tarde, bajo mi dirección, se empezó a llamar PIE, Periodismo Investigativo <strong>El Espectador.</strong></p>



<p>En esa época ya conocía su papel, por ejemplo, frente al gobierno semimilitar de Julio César Turbay, frente a los abusos de los bancos y las denuncias contra el Grupo Gran Colombiano, su descubrimiento de Gabriel García Márquez como escritor y su pasión por el club deportivo Santafé, del que fue uno de sus fundadores.</p>



<p>En el mundo del periodismo digital de hoy no se entiende la dificultad de titular para un medio impreso; eso depende del tamaño y la página asignados. Se trata de utilizar pocas palabras y Guillermo Cano era el maestro en ese tema. Era legendaria la forma como había resuelto la titulación de la toma del Palacio de Justicia: <em>“A sangre y fuego”.</em></p>



<p>Estaba pendiente de cada detalle durante la elaboración del diario. Era común que él se metiera al archivo a buscar la foto correcta de la edición del día siguiente o verlo en la biblioteca consultando periódicos viejos para sus columnas. Era un demócrata, que fue definitivo para que la democracia se mantuviera en su época.</p>



<p>Yo creo que si Guillermo Cano viviera el periodismo no sería como el que se está haciendo hoy en Colombia. <strong>Fue paradigma y mantuvo en alto la vara del periodismo colombiano.</strong> <strong>A los demás colegas les daría vergüenza ser corruptos o hacer las cosas que hoy hacen políticamente si don Guillermo Cano estuviera vivo.</strong></p>



<p>Era muy dulce para hacer sus reclamos. Recuerdo la primera charla con él. Fue sobre un error que había cometido yo al convertir una queja de la Procuraduría en una investigación. Me angustié mucho y él me tranquilizó. Me dijo que eso me iba a pasar muchas veces como periodista y que lo que tenía que hacer era evitarlo cada vez más.  A un colega, al que le decíamos <em>Platanito</em>, por dejarse <em>chivear</em> con un informe sobre el Palacio de Justicia, le dijo: <em>“Ay, muchacho, ¡cómo te fue a pasar eso!”.</em> Ese fue todo el reproche”.</p>



<p>Cuando entré a trabajar a <strong>El Espectador</strong> ya se hablaba de que Pablo Escobar iba a matarlo. Ya habían matado a gente de <strong>El Espectador</strong>, se sabía que ser de <strong>El Espectador</strong> significaba un riesgo para la vida: desde el conductor de la redacción hasta el director, que ya entonces era símbolo del periodismo colombiano.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7cab3b0a99a07df93524ce90000744d1"><strong> “Era una época en la que el oficio no lo enseñaban en las universidades, sino que se aprendía al píe de la vaca, respirando tinta de imprenta, y El Espectador tenía los maestros mejores y de buen corazón pero de mano dura. Guillermo Cano había empezado allí desde las primeras letras, con notas taurinas tan severas y eruditas que su vocación dominante no parecía ser de periodista sino de novillero”: Gabriel García Márquez en “Vivir para contarla”.</strong></p>



<p class="has-text-align-center"><strong>OSCAR ALARCÓN, columnista de El Espectador</strong> <strong>y autor de <em>Microlingotes</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="354" height="472" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213057/A-CANO-ALARCION.jpeg" alt="" class="wp-image-111412" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213057/A-CANO-ALARCION.jpeg 354w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213057/A-CANO-ALARCION-225x300.jpeg 225w" sizes="(max-width: 354px) 100vw, 354px" /></figure>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-530a086ade24503e84dd619052db25e5"><strong>Don Guillermo Cano encarnó el valor de la verdad. </strong></p>



<p>Varias veces en sus <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/oscar-alarcon/guillermo-cano">columnas de opinión</a>, Óscar Alarcón ha referido sus recuerdos sobre el maestro de periodistas.</p>



<p>“Era un ruido infernal la redacción en aquellos tiempos. El tecleo incesante de las máquinas de escribir, los télex que escribían solos, los teletipos de las agencias internacionales, los teléfonos repicando, los noticieros radiales que muchos reporteros sintonizaban con alto volumen. Hasta un colega de judiciales que escribía dictándose así mismo con voz baritonal. Ese era el ambiente ruidoso en el que se producía El Espectador dirigido por Guillermo Cano Isaza en los años 70 y 80, época en la que el computador era apenas una especulación de los futuristas”.</p>



<p>“Guillermo Cano era una persona especial que recorría pausadamente todos los lugares del segundo piso del edificio de la Avenida 68, con una joroba que lo caracterizaba desde joven, heredada de su abuelo Fidel, fundador de <strong>El Espectador</strong>. Igual con su cabello blanco, propio de los Cano, y ahora de quienes fuimos sus discípulos”.</p>



<p>“También iba al archivo de fotografía en donde un día encontró la foto de Pablo Escobar cuando era joven y ladronzuelo precoz, y le sirvió para mostrarlo como un delincuente deseoso de grandeza, de la mala”.</p>



<p class="has-text-align-center"><strong>ALEXANDRA PINEDA, ex reportera, hoy radicada en París   </strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="223" height="223" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08202048/CANO-ALEXANDRA.jpg" alt="" class="wp-image-111405" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08202048/CANO-ALEXANDRA.jpg 223w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08202048/CANO-ALEXANDRA-150x150.jpg 150w" sizes="auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px" /></figure>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-17a3676f1ea58d7182720d620e745b21"><strong>Don Guillermo Cano enseñó ética con su ejemplo.</strong></p>



<p>Conocí a don Guillermo Cano en enero de 1980, cuando me contrató para trabajar en <strong>El Espectador.</strong> Yo tenía 25 años y escribir en ese diario era lo que siempre había soñado desde que decidí ser periodista. Trabajé sólo tres años. Hasta ese momento era impensable que don Guillermo fuera asesinado por la mafia.  </p>



<p>Durante los primeros meses me encargué de la información laboral y después empecé a cubrir la Cámara de Representantes y a hacer reportajes.</p>



<p>A don Guillermo lo veíamos poco durante el día pero todas las mañanas, sin falta, salía de su despacho y daba una vuelta por la redacción para saludar. Era una persona afable pero quizás un poco tímida. Recuerdo que en algunas ocasiones se detuvo a preguntarme qué opinaba sobre un tema de actualidad. Lo hizo el día que García Márquez se fue del país tras enterarse de que altos mandos militares tenían planes de detenerlo para interrogarlo. Yo le dije que para mí García Márquez estaba por encima del bien y del mal y que era absurdo que quisieran detenerlo. Al día siguiente encontré mis palabras en el editorial de <strong>El Espectador.</strong>&nbsp;</p>



<p>Así era don Guillermo. Un hombre que sabía escuchar. Era, para muchos de nosotros jóvenes periodistas, <strong>una figura paternal&nbsp;que con su ejemplo nos enseñó una ética en el ejercicio de la profesión</strong>. <strong>Nos enseñó que el buen periodismo tiene que ser independiente de todos los poderes: del poder político, del poder económico, del poder de las armas.</strong>&nbsp;</p>



<p>Sus únicos compromisos inquebrantables eran con la verdad, con la justicia, con el respeto de los derechos humanos. Y con su amada Ana María Busquets.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-cde8f53e85ea7b66a30da9fb792cea00"><strong>“Nadie que no lo conociera de cerca hubiera podido vislumbrar, detrás de esas maneras suaves y un poco evasivas, la terrible determinación de su carácter”: Gabriel García Márquez sobre Guillermo Cano en “Vivir para contarla”. </strong></p>



<p class="has-text-align-center"><strong>ORLANDO HENRÍQUEZ, ex reportero</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213123/A-CANO-ORLANDO-1024x682.jpeg" alt="" class="wp-image-111413" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213123/A-CANO-ORLANDO-1024x682.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213123/A-CANO-ORLANDO-300x200.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213123/A-CANO-ORLANDO-768x512.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213123/A-CANO-ORLANDO-1536x1023.jpeg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213123/A-CANO-ORLANDO-2048x1364.jpeg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Foto: Archivo El Espectador. </em></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6531fbd77ae59493e21efac92f94457"><strong>Si don Guillermo Cano viviera, estaría decepcionado del periodismo colombiano. &nbsp;</strong></p>



<p>Tenía 25 años cuando conocí a don Guillermo Cano en 1983.</p>



<p>Empecé como redactor judicial y terminé como editor encargado de la sección Política, tras el nombramiento del colega Carlos Murcia (q.e.p.d), autor del famoso <em>Periscopio Político</em>, como cónsul en Barcelona, España.</p>



<p>En 1985 le rendimos un homenaje especial a don Guillermo, después de que el Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, le otorgó el Premio Nacional de Periodismo, por su columna dominical <em>Libreta de Apuntes</em>.&nbsp; En esa reunión, en el primer piso del periódico, que tenía su sede en la Avenida 68 con calle 22, don Guillermo nos dijo en tono de humor, palabras más palabra menos, que él padecía de alergia a los homenajes. Sin embargo, bailó muy contento con su señora esposa Ana María Busquets de Cano.</p>



<p>Si don Guillermo viviera, estaría demasiado triste y hasta decepcionado del periodismo que se hace hoy en Colombia, porque siempre defendió la libertad de expresión, la independencia, la objetividad, la veracidad, y la imparcialidad.</p>



<p>Esos principios rectores del periodismo los escribió don Guillermo Cano en 1984 cuando en una especie de premonición dijo: “Solo la independencia, el carácter, la objetividad y el buen criterio del periodista y de los medios pueden vencer estas tormentas terribles del nuevo mundo amenazado por todas partes de la libre información”.</p>



<p>Sobre el filo del mediodía de ese aciago 17 de diciembre hablamos de manera sucinta sobre la naciente creación del llamado Grupo de Los Ocho, integrado por igual número de países latinoamericanos, que tenía entre sus fines buscar una solución pacífica al candente conflicto centroamericano que se vivía en esa época.</p>



<p>Estaba en el periódico cuando ocurrió el trágico hecho. Al cuerpo de redacción le quedó un indescriptible dolor en el alma. Luego del sepelio, toda la prensa protestó con la Marcha del Silencio por ese vil asesinato de Don Guillermo Cano. Salimos desde la Plaza de Bolívar de Bogotá. Ese día no circuló ningún periódico, tampoco hubo noticieros en radio y televisión.</p>



<p>Don Guillermo ofrendó su vida por la verdad, la honestidad, la rectitud y la defensa de la justicia y la democracia.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-e903213ca0bf43c50540c6f3ffe21b9e"> <em>“Todos fuimos cobardes, menos él, que parecía tan tímido. (…) Armado solo con papel periódico y tinta de imprenta, Guillermo Cano, director de El Espectador, fue el primer periodista que tuvo el coraje de hacerles frente a los criminales (&#8230;) Trabajé a su lado muy poco tiempo, pero me alcanzó para descubrir de qué tamaño era la fortaleza de su espíritu. (..) estaba hecho con la misma materia indestructible con que hicieron a su abuelo, don Fidel Cano, que fundó El Espectador y pasó más de la mitad de su vida en la cárcel, perseguido por denunciar las arbitrariedades que los gobernantes cometen cuando los enloquece el poder”: <strong><a href="https://fundacionguillermocano.com.co/noticias/juan-gossain-recuerda-guillermo-cano/">Juan Gossain.</a></strong></em></p>



<p class="has-text-align-center"><strong>MARÍA JIMENA DUZÁN, directora del podcast <em>A fondo</em>  </strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="681" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213206/A-CANO-DUSSAN-1024x681.jpeg" alt="" class="wp-image-111414" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213206/A-CANO-DUSSAN-1024x681.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213206/A-CANO-DUSSAN-300x200.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213206/A-CANO-DUSSAN-768x511.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213206/A-CANO-DUSSAN-1536x1022.jpeg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213206/A-CANO-DUSSAN-2048x1363.jpeg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right"><em>Foto: Archivo El Espectador. </em></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-80141c68c7bec2bb9f22ed4b416371eb"><strong>Don Guillermo Cano tuvo olfato periodístico.</strong></p>



<p>Ingresó a <strong>El Espectador</strong> recién graduada de bachiller, 16 años, siendo estudiante de Ciencia Política en los Andes. En 2018 contó en el portal <em>Cerosetenta</em> sus recuerdos sobre don Guillermo Cano.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-cerosetenta wp-block-embed-cerosetenta"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="SfjxxH1l22"><a href="https://cerosetenta.uniandes.edu.co/mi-primer-trabajo-como-periodista-maria-jimena-duzan/">Mi primer trabajo como periodista: María Jimena Duzán</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="«Mi primer trabajo como periodista: María Jimena Duzán» — Cerosetenta" src="https://cerosetenta.uniandes.edu.co/mi-primer-trabajo-como-periodista-maria-jimena-duzan/embed/#?secret=mJiKfbwzQ9#?secret=SfjxxH1l22" data-secret="SfjxxH1l22" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>“Mientras trabajaba con él, me enseñó a hacer dos cosas. La primera que uno no le podía tener miedo a los políticos. Lo segundo, investigar muy bien y conocer cómo se trabajaba con las fuentes, algo que hasta el día de hoy le agradezco profundamente a Guillermo Cano”.</p>



<p>“… Guillermo tenía el olfato del periodista. Él me enseñó la necesidad de salir a buscar y mirar, que es fundamental sobre todo ahora donde el periodismo digital se ha vuelto un periodismo de salón. Yo creo que hay que volver a salir y seguir saliendo, porque siempre es importante saber qué pasa: qué pasa por fuera de los lugares donde uno no puede llegar…”.</p>



<p>“Guillermo me enseñó que el periodismo debía ser independiente, que siempre debíamos tener una posición política, pero ser independientes. Me enseñó a no ser un periodista de cócteles. (…) él no estaba con los poderosos. Y ese desprecio del poder siempre (…) me ha acompañado”.</p>



<p class="has-text-align-center"><strong>ANTONIO ANDRAUS, ex reportero, comentarista deportivo y editor</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="669" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213229/A-CANO-ANDRAUS-669x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-111415" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213229/A-CANO-ANDRAUS-669x1024.jpeg 669w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213229/A-CANO-ANDRAUS-196x300.jpeg 196w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213229/A-CANO-ANDRAUS-768x1176.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213229/A-CANO-ANDRAUS-1003x1536.jpeg 1003w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213229/A-CANO-ANDRAUS-1337x2048.jpeg 1337w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213229/A-CANO-ANDRAUS-scaled.jpeg 1672w" sizes="auto, (max-width: 669px) 100vw, 669px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Foto: Archivo El Espectador. </em></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-1a8568f5a97a97925f1e418a96acdafd"><strong>Don Guillermo Cano fue director y consejero. &nbsp;</strong></p>



<p>Conocí a don Guillermo en octubre de 1969, siendo corresponsal deportivo del periódico en Cartagena.</p>



<p>Acababa de cubrir la Serie Mundial de Béisbol Aficionado, en República Dominicana, y a mi regreso, me encontré con la grata noticia de que viajaría a cubrir los Juegos Bolivarianos, en Maracaibo, Venezuela, con el colega Isaías González y con el reportero gráfico, Humberto Rojas. Vine a Bogotá unos días antes de los Bolivarianos para conocer a mis compañeros de viaje y a la redacción de deportes, que encabezaba&nbsp;el inolvidable director de Deportes, Mike Forero-Nougués. Y fue don Mike, quien me llevó a la oficina de don Guillermo.&nbsp;Yo tenía 22 años.</p>



<p>Don Guillermo era un verdadero director. Tenía conocimiento de todo, y nunca se le escapaba nada de lo que fuera noticia. Rondaba por la redacción, de sección en sección, escuchando a los redactores y participando en las tertulias de los periodistas; contribuyendo como verdadero consejero y director, sobre&nbsp;qué era lo importante y por dónde se podía desarrollar la noticia. Vivía mejor informado que muchos redactores.</p>



<p>Recuerdo una charla muy larga y&nbsp;nostálgica. A don Guillermo con don Mike y doña Ana María, su esposa, les correspondió la cobertura de los Juegos Olímpicos de Munich 1972, cuando el &#8221;septiembre negro’’ de la magna cita deportiva. A su regreso, en una tarde cualquiera, don Guillermo apareció, como&nbsp;siempre&nbsp;lo hacía, después del mediodía en la redacción, y a boca de jarro, lo rodeamos para&nbsp;conocer sus impresiones sobre lo acontecido. Fue memorable su disertación de los&nbsp;hechos y de lo que había significado el resquebrajamiento de los Juegos por cuestiones&nbsp;políticas, que en el deporte no cabe por ningún ángulo.</p>



<p>Jamás supimos sobre un posible atentado contra su vida. Nunca tuvo escolta. Nunca&nbsp;utilizó los servicios de un conductor. Todas las noches salía en su Subaru camino a su residencia solo. Nunca intuimos que la verticalidad del periódico frente a la delincuencia organizada, podría ser un factor determinante para que vilmente lo asesinaran aquella nefasta noche del 17 de diciembre de 1986.</p>



<p>Las cosas han cambiado tanto en el periodismo que a uno le queda difícil en estos momentos delinear lo bueno de lo malo. El apetito político obnubila a muchos colegas y&nbsp;a otros, les queda grande ser por lo menos ecuánimes e imparciales. Ser periodista es&nbsp;ser&nbsp;periodista. Y&nbsp;punto.</p>



<p class="has-text-align-center"><strong>Héctor Hernández, director de <em>Primera Página</em></strong></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-d43312cf7bd7e5e4700cd532c6acf479"><strong>Don Guillermo Cano fue un periodista serio e independiente. </strong><strong></strong></p>



<p>Trabajé con don Guillermo desde 1985 hasta el día del asesinato. Era reportero judicial.</p>



<p>El día de su muerte, estuve con él en su oficina haciendo la polla de fútbol: jugaba el Cali y el Club América. Don Guillo era muy tímido, pero en materia noticiosa muy directo. Si a uno lo <em>chiveaban,</em> lo abordaba y le decía: <em>&#8220;Mire a ver qué más hay&#8221;</em> y no lo volvía a determinar.&nbsp; Lo castigaba a uno con la indiferencia.&nbsp; Pero si uno <em>chiveaba</em>, todo el día lo buscaba. Y subía sus abundantes cejas, y le repetía a cada nada:<em> &#8220;buena, buena&#8221;.</em></p>



<p>Él era riguroso y le daba a uno rienda suelta si estaba bien argumentado. Ese periodismo serio e independiente muy poco se ve ahora. En <em>Primera Página</em>, medio que dirijo, hacemos el periodismo de los ochentas, el que llevaba a la práctica don Guillo.</p>



<p>Todas las charlas con él eran memorables. Sobre hechos noticiosos. Sobre enfoques, sobre a qué fuentes acudir, etcétera.</p>



<p>Don Guillermo hacía lo que él creía que debía hacer. Unos días antes del asesinato, dio una entrevista en la que dijo que a uno lo pueden matar saliendo del periódico,&nbsp;pero no con la certeza de que lo fuesen a hacer. Nunca me imaginé que se fueran a meter con semejante institución y a la vez, una persona tan indefensa físicamente.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-d50fa78b59691cdd5b01ca1273f04aeb">“Lo único que se me ocurrió entonces, ofuscado por la conmoción, fue el mismo impulso instintivo de siempre: llamar por teléfono a Guillermo Cano para que me contara la noticia completa, y para compartir con él la rabia y el dolor de su muerte”: <strong>Gabriel García Márquez.</strong></h2>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Gabo reportero en El Espectador de los años 50, en la sede de la Avenida Jiménez con 4a. Foto: Archivo El Espectador. </em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="779" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213248/A-CANO-GABO.jpeg" alt="" class="wp-image-111416" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213248/A-CANO-GABO.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213248/A-CANO-GABO-300x228.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/08213248/A-CANO-GABO-768x584.jpeg 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-fundaci-n-guillermo-cano-isaza wp-block-embed-fundaci-n-guillermo-cano-isaza"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="HFhKnLuQKr"><a href="https://fundacionguillermocano.com.co/guillermo-cano/visiones-multiples/mis-memorias-guillermo-cano/">De mis memorias: Guillermo Cano</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;De mis memorias:&lt;br&gt; Guillermo Cano&#8221; &#8212; Fundación Guillermo Cano Isaza" src="https://fundacionguillermocano.com.co/guillermo-cano/visiones-multiples/mis-memorias-guillermo-cano/embed/#?secret=JLjoGu9Lx0#?secret=HFhKnLuQKr" data-secret="HFhKnLuQKr" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=111394</guid>
        <pubDate>Sun, 09 Feb 2025 13:10:07 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Otro Día del Periodista sin don Guillermo Cano]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Réquiem por el lector de periódicos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/requiem-por-el-lector-de-periodicos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los periódicos de papel pertenecen a la infancia feliz de muchos colombianos y se siguen leyendo por costumbre o por placer. Da tristeza pensar que un día los echaremos de menos.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-19eb7afaceba8fd335e1d6d7dad70fae">&#8220;<em>Tu amor es un periódico de ayer</em> / <em>Que nadie más procura ya leer</em> / <em>Sensacional cuando salió en la madrugada</em> / <em>A mediodía ya noticia confirmada</em> / <em>Y en la tarde materia olvidada</em> / <em>Tu amor es un periódico de ayer</em> / <em>Fue el titular que alcanzó página entera</em> / ¿Y para qué leer un periódico de ayer?&#8221; <strong>(Héctor Lavoe)</strong></p>



<p>El otro día conversaba con la manicurista sobre mis <em>padrastros</em>. Sí, padrastros y en plural.</p>



<p>—Si no los quiere en su vida, deje de leer periódicos, me dijo ella sin vacilaciones.</p>



<p>—¡Está usted loca! Me pide un imposible, señorita —repliqué.</p>



<p>—La tinta al contacto con la piel causa resequedad y padrastros. Le tocará usar crema hidratante —agregó. </p>



<p>Los periódicos se están volviendo una rareza y un día –espero que muy, muy lejano- serán nada más que una pieza de hemeroteca. Ya no se ven colgados a la entrada de droguerías o misceláneas. El señor con el periódico debajo de un brazo y paraguas en el otro, o el que lee sentado en el parque, en el <em>metro</em> o en el autobús, es un espécimen en extinción. Recuerdo al tío que pasaba horas felices leyendo en el baño.</p>



<p>Cuando no había teléfonos celulares, los periódicos se leían con tanta devoción que había tiempo hasta para llenar el crucigrama. Cargar un periódico te hacía ver como alguien interesante o al menos informado. Todavía hay bichos raros que leen el periódico con el desayuno del domingo. </p>



<p>Los domingos las familias se reunían alrededor del periódico, así tuvieran chimenea. La edición era gigante y traía revistas. Cuadernillos y más cuadernillos. Cada quien encontraba lo suyo: el papá las noticias de política, los jóvenes las páginas deportivas, los niños las tiras cómicas, las señoras el horóscopo, el desempleado los avisos clasificados&#8230; A cierta edad uno lee hasta los obituarios. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="478" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/06105011/Requiem-2-1-478x1024.jpg" alt="" class="wp-image-102858" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/06105011/Requiem-2-1-478x1024.jpg 478w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/06105011/Requiem-2-1-140x300.jpg 140w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/06105011/Requiem-2-1-717x1536.jpg 717w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/06105011/Requiem-2-1.jpg 747w" sizes="auto, (max-width: 478px) 100vw, 478px" /></figure>



<p>Ya nadie roba periódicos porque cada vez hay menos lectores. No lo digo yo. Lo dicen las noticias, vaya paradoja. Una vecina viene cada mes a que le regale periódicos para limpiar ventanas y hacer la cama del gato. En otro tiempo envolvían panelas y maduraban aguacates. ¿Quién de niño no hizo barquitos de papel? </p>



<p>Uno <em>se hacía matar </em>(no literalmente) por el periódico. Cómo olvidar la fiebre que causó <strong>El Espectador</strong> a finales de los años 80 con su concurso de los martes <em>¿Dónde está Javier?</em> Llegábamos a la droguería antes de las 7:00 a.m. para ser los primeros en encontrar al rockero entre el gentío, en una doble página a todo color, para encerrarlo en un círculo y enviarlo al apartado aéreo 1367 de Bogotá.</p>



<p>Un locura semejante no se veía desde 1955 cuando el periódico publicó por entregas, durante catorce días consecutivos, el “<em>Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre”. </em>Su autor, Gabriel García Márquez, abrevió el título y convirtió su reportaje en el libro “Relato de un náufrago”. &nbsp;</p>



<p>Gabo puso en sus memorias lo que pasó entonces: &#8220;<em>La rebatiña para comprar el periódico en la puerta de <strong><a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/la-historia-detras-del-relato-de-un-naufrago-segun-gabriel-garcia-marquez/">El Espectador&nbsp;</a></strong>antes de que saliera a la calle era cada vez mayor. Los empleados del centro comercial se demoraban para comprarlo y leer el capítulo en el autobús. Pienso que el interés de los lectores empezó por motivos humanitarios, siguió por razones literarias y al final por consideraciones políticas, pero sostenido siempre por la tensión interna del relato”.</em></p>



<p>El 22 de marzo de 1987, en su cumpleaños 100, <strong>El Espectador</strong> publicó una edición gordísima donde venía un cuadernillo titulado <em>&#8220;Autobiografía de un periódico&#8221;</em>. Recuerdo haberlo leído <em>de pe a pa</em> durante varios días y, terminada la lectura, supe qué quería ser cuando grande: quería ser periodista. En un periódico. Eso y nada más. Tenía 16 años recién cumplidos.&nbsp;</p>



<p>El puesto de periódicos y el voceador (repartidor de prensa) merecen un capítulo aparte en la historia del periodismo colombiano. Recuerdo con especial gratitud a Mariaté, una mujer amable que vendía periódicos extranjeros en la esquina de la carrera 7a con calle 19, aquí en Bogotá. Los viernes recogía mi ejemplar del domingo anterior de <em>El País </em>de España y la revista <em>El País Semanal</em>. Tengo la suscripción digital pero no es lo mismo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="708" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/06204559/Requiem-3-1024x708.jpg" alt="" class="wp-image-102893" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/06204559/Requiem-3-1024x708.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/06204559/Requiem-3-300x207.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/06204559/Requiem-3-768x531.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/06204559/Requiem-3.jpg 1351w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>“No veo ninguna posibilidad de que la actual generación de jóvenes acabe convirtiéndose en lectora de periódicos”</em>: Wolfgang Münchau, periodista alemán.</strong></h2>



<p>¿Quién lee periódicos hoy? Buena pregunta. ¿Se están acabando los periódicos? David Remnick, el director de la icónica revista <em>The New Yorker</em> le dijo a un colega de El País algo que, digo yo, podría interpretarse como el principio del fin de los periódicos impresos: “<em>Los más afectados han sido los periódicos pequeños y de tamaño medio. Publicamos hace un año una historia sobre el último reportero de medio ambiente en Virginia Occidental, epicentro de la minería del carbón. Lo despidieron. Así que ya no hay nadie que despierte cada mañana con la misión de escribir sobre el efecto de esa industria en el aire que respiras o en el agua que bebes. Me parece trágico. La desaparición de ese periodismo de proximidad está entre las causas de que nuestra imagen entre el público se haya vuelto terrible. No confían en nosotros…”.</em></p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-a65e0f7ec1f15ba409d90ec89c95784f">Sí, hay crisis y también desconfianza en los medios. Puede que lo primero obedezca a lo segundo. Los jóvenes están inmersos en otro cuento. <em>“</em><strong><em>No veo ninguna posibilidad de que la actual generación de jóvenes acabe convirtiéndose en lectora de periódicos como lo hicieron las generaciones jóvenes anteriores”,</em> </strong>sentenció <a href="https://elpais.com/opinion/2024-05-28/los-estudiantes-no-leen-lo-que-escribimos.html">Wolfgang Münchau</a>.<strong> </strong>&nbsp;</p>



<p>Es posible que el periodista alemán tenga razón. El otro día le envié a mi hija mayor la foto de un artículo de página entera, a seis columnas, sobre un tema que, sabía yo, era de su interés.</p>



<p>—Te guardaré este recorte —le dije.</p>



<p>—Ahórrate la molestia, papá. Yo busco el artículo por internet —me contestó.</p>



<p>Llegué a pensar que sufría de papirofobia. </p>



<p>¡Caramba! ¡El mundo que conocíamos se fue al traste, mientras me amarraba los zapatos!</p>



<p><em>“Si bien el periodismo en general está en apuros, hay medios en ciertas partes del mundo que continúan siendo rentables, independientes y ampliamente confiables”,</em> dice el último informe del <a href="https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/es/digital-news-report/2024/dnr-resumen-ejecutivo">Instituto Reuters.</a> Advierte también que ahora la gente consume noticias a través de Facebook, Youtube, WhatsApp, TikTok y X, en ese orden.</p>



<p>Quienes pasamos por una sala de redacción, comprobamos que los reporteros de antes llevaban el periodismo en la sangre, lo mismo que -algunos- el licor los viernes por la tarde, antes, durante o después del cierre de edición.</p>



<p>¿Quién no le avisó a la familia, con el ego inflado, para que compraran el periódico del día siguiente porque su nombre aparecería en letra le molde? Un amigo enmarcó su primer artículo, hizo lo mismo con el cheque del primer sueldo. Créanme.</p>



<p>Se ejercía el periodismo por pura vocación, tanto que muchos pasaron sin escalas del bachillerato a una sala de redacción, pues no existían las facultades de periodismo en los años 50. Gabo lo dijo mejor: <em>&#8220;&#8230; se aprendía al píe de la vaca, respirando tinta de imprenta, y <strong>El Espectador</strong> tenía los maestros mejores y de buen corazón pero de mano dura&#8221;</em>, refiriéndose, entre otros, a don Guillermo Cano, el director.</p>



<p>El modelo de negocio cambió: ahora el alma desmantelada del periodismo son los clics.</p>



<p>Los periodistas de la Bogotá de antes eran gente prestante como los médicos y los poetas. Vestían de sombrero y gabardina oscura, a juego con el clima gris de la ciudad, pipa o cigarrillo en mano, frente a una ruidosa máquina de escribir, junto al diccionario de sinónimos, la grabadora y la libreta de apuntes. ¿Murieron los diccionarios? Nada se publicaba sin el visto bueno del corrector que se pillaba nuestras faltas ortográficas. Ala, ¿Qué será de la vida de esos personajes?</p>



<p>La generación de periodistas de la década 80 y del 90 (a la que pertenecí) de alguna manera fue privilegiada, testigos de una época dorada del periodismo colombiano, y de transformaciones en el mundo, sin olvidar que muchos reporteros pagaron el máximo precio por la lealtad al oficio, empezando por don Guillermo Cano: Pablo Escobar lo quitó del camino cuando del periódico iba hacia su casa.</p>



<p>Si usted no tenía con qué comprar un ejemplar, se conformaba con leer la primera página, ahí, colgada de la puerta de cualquier negocio. La noticia de hoy era más espeluznante que la de ayer; la gente estaba ávida de saberlo todo: el carro-bomba que explotaba, el personaje al que secuestraban, el futbolista al que mataban, el pícaro que tumbaba al Estado. La sangre estaba en los titulares o los titulares untados de sangre. Así que los periódicos –tanto como los noticieros de radio y televisión- eran parte de nuestra canasta familiar. No sé si lo sigan siendo. Que deje de circular un periódico debería ser motivo de tristeza, aunque no creo que sea el fin&#8230; no todavía. </p>



<p>“La<em> “chiva”</em> era para los periodistas lo que la “<em>guerra del centavo”</em> para los conductores de bus. Había que ser el primero en dar la noticia. Pero una noticia verdadera, no inventada.</p>



<p>El escritor Andrés Ospina cuenta una anécdota sobre el cronista&nbsp;José Joaquín Jiménez, quien solía escribir para diario El Tiempo sobre el hampa bajo el seudónimo de Ximénez. La mañana del 7 de marzo de 1935, Germán Arciniegas, el director, leyó con sospecha un titular insólito: <em>“Picardías increíbles: El esqueleto del Libertador fue vendido a un anticuario”.</em> El reportero aseguraba que un tipo venezolano había negociado, por cuatro mil pesos, los restos mortuorios de Simón Bolívar a una tienda de antigüedades. La misma nota afirmaba que el mismo tipo se presentó en el mismo anticuario ofreciendo la osamenta de cuando Bolívar tenía 17 años al mismo comprador, que obviamente se percató del fraude.</p>



<p>Jiménez se defendió alegando que la gente hablaba del asunto en el Café Granada. El autor de “Ximénez”, la biografía sobre el reportero judicial, recrea la conversación de aquel con el jefe:</p>



<p class="has-text-align-right">—&#8221;¿De manera que en los cafetines cuentan un chisme y usted lo convierte en noticia?</p>



<p class="has-text-align-right">—No son chismes. Son ´la voz del pueblo´.</p>



<p class="has-text-align-right">—¿Y no se le ocurrió buscar evidencias antes de darle vitrina a ´la voz del pueblo´?</p>



<p class="has-text-align-right">—Eso habría demandado mucho tiempo y seguramente en <strong>El Espectador</strong> se nos habrían adelantado contándolo&#8221;.</p>



<p>Varios tabloides estadounidenses reprodujeron la insólita “noticia” y la reprimenda de Arciniegas a Ximénez fue contundente: <em>“Es mejor que la gente lo reconozca como un buen periodista. No como un buen chismoso. ¿Entendido?”.</em></p>



<p>Algún parecido con este tiempo no es mera coincidencia. </p>



<p>La verdad es el alma inquebrantable del periodismo, su <em>&#8220;centro de gravedad, alrededor de esto lo demás se edifica solo&#8221;,</em> dicho por don José “<em>el Mono”</em> Salgar, maestro de periodistas en <strong>El Espectador</strong>. </p>



<p>Muchos medios perdieron su fuerza y virtud por andar persiguiendo <em>clickbait</em>s. No sé si moriré antes de que mueran los periódicos impresos. Una buena parte de mi tiempo lo invierto (todavía) en leerlos y una parte de mi sueldo se va en cremas humectantes para evitar los padrastros por recomendación de mi manicurista. Estaremos de luto el día en que se silencien las rotativas. Hace rato se silenciaron los télex, los faxes y las máquinas de escribir.</p>



<p>Larga vida para el diario de mis amores, <strong>El Espectador </strong>de papel, decano de la prensa colombiana, o como dijo Fernando Vallejo <em>“el único de los periódicos de los tiempos de Silva (el poeta) que ha perdurado y que hoy sigue saliendo día a día, religiosamente como sale el sol”.  </em></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=102742</guid>
        <pubDate>Sun, 07 Jul 2024 12:56:24 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Réquiem por el lector de periódicos]]></media:description>
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