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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Diana Turbay Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Honrar no es usar: sobre el legado de Miguel Uribe</title>
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        <description><![CDATA[<p>Hoy abrimos la puerta de la conspiración del olvido al pensamiento de nuestro joven e intelectual jurista e internacionalista, Tomás Francisco Flórez Romero, quien, con su exquisita y renovadora pluma, nos lleva al legado de Miguel Uribe y a la manera como las banderas enarboladas tras su muerte pueden ser feriadas por quienes quedamos vivos: [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Hoy abrimos la puerta de la conspiración del olvido al pensamiento de nuestro joven e intelectual  jurista e internacionalista, Tomás Francisco Flórez Romero, quien, con su exquisita y renovadora pluma, nos lleva al legado de Miguel Uribe y a la manera como las banderas enarboladas tras su muerte pueden ser feriadas por quienes quedamos vivos: algunos, con júbilos; otros, con glorias apaciguadas u oportunismo</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La opinión de Tomás Flórez abre, así, una reflexión sobre la moralidad y apela a la ética en tiempos convulsionados, en los que los magnicidios han vuelto a tocarnos. Pero, sobre todo, apela, con bondad, a la justicia, a la restauración y a la unidad.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>En buena hora, y precisamente en estos momentos, necesitamos escuchar al futuro de Colombia, que, con su opinión, nos devuelve la esperanza y restaura la fe en nuestra amada patria.</em></p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-f56f613f wp-block-group-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="428" height="571" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Tomas-Francisoc-Florez-2.jpg?quality=60&amp;w=428" alt="Tomas Francisco Flórez Romero" class="wp-image-133823" style="width:229px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Tomas-Francisoc-Florez-2.jpg 428w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Tomas-Francisoc-Florez-2.jpg?resize=225,300 225w" sizes="(max-width: 428px) 100vw, 428px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Por Tomás F. Flórez Romero</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estudiante de Relaciones Internacionales y Jurisprudencia | Universidad del Rosario</p>
</blockquote>
</div>



<p class="wp-block-paragraph">Un sábado 7 de junio de 2025 se selló y se cerró el destino de una persona. En aquel instante, unos viles y cobardes dispararon en un barrio de Fontibón, se hizo inevitable y universal aquello que, por excelencia, define la vida: un desapacible magnicidio. En ese mismo lugar donde todo se decanta de una manera definitiva, donde incluso lo divino parece perder su arraigo, se cruzó la vida de una esperanza para nuestro país, destinada a acabarse por la cobardía de los grupos criminales o, incluso, por la responsabilidad mezquina del Gobierno complaciente de turno. Ahí, con todo el dolor, estaba Miguel Uribe Turbay.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, a un año y dos meses de aquel inexorable desenlace, en el marco del Summit de Liderazgo Valiente, tuvimos la oportunidad de honrar, una vez más y de manera pletórica, la vida de Miguel Uribe Turbay y cada uno de los rasgos que nos dejó como ejemplo para la construcción de un país mucho más justo, elevado en valores y principios que no son negociables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ninguno de nosotros puede ser indiferente la historia de Miguel ni los percances que tuvo que atravesar a lo largo de su vida: el asesinato de su madre, Diana Turbay, durante un fallido operativo de la Policía Nacional; la persecución que sufrió su padre, el señor Miguel Uribe Londoño; y la permanente pretensión de sus contradictores de reducirlo a la condición de heredero de una tradición política por ser nieto del expresidente Julio César Turbay Ayala. Pero Miguel respondía a esas circunstancias con una convicción propia. En sus palabras: <em>“El servicio público no es un logro heredado, sino una decisión consciente de comprometerse con el destino del país”</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este evento estuvo presente el presidente de la República, Abelardo de la Espriella, y su presencia me abrió una inquietud que considero inevitable: ¿estamos realmente entrando en tiempos conscientes, en los que las nuevas figuras políticas asumen un compromiso auténtico con nuestra “<em>patria”</em>? Porque hoy son muchos quienes, desde sus propias posiciones políticas e ideológicas, levantan las banderas de Miguel y reivindican su nombre. Pero honrar su memoria no puede reducirse a pronunciar su nombre, utilizar su imagen o apropiarse de aquello que representó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquella afirmación puede ser bastante cuestionada, y no quiero que se me malinterprete. El Gobierno de Abelardo de la Espriella, en efecto, ha representado un cambio de 180 grados para el país. Se trata de un hombre que ha demostrado un talante decidido para adelantar sus propuestas, dispuesto a romper con el derroche y con la complacencia institucional a la que, en mi opinión, estuvimos acostumbrados durante cuatro años. También ha demostrado una determinación considerable para poner en jaque a los grupos al margen de la ley. Lo recalcó el señor De la Espriella durante su discurso de hoy: hizo referencia a la neutralización de alias «Robinson Gutiérrez», a quien las investigaciones de la Fiscalía y los comunicados oficiales han señalado como una persona presuntamente vinculada con la financiación y la planificación del asesinato de Miguel Uribe. De hecho, me atrevería a decir que el señor De la Espriella lo recalcó, sin exagerar, al menos cuatro veces. ¡Muy pertinente de su parte!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es precisamente aquí donde quiero abrir el debate sobre la figura del presidente, y es a veces frustrante ver cómo el señor De la Espriella convierte reiteradamente la memoria de Miguel en parte de su propio relato político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero dar un paso atrás y volver a las elecciones presidenciales de las cuales Miguel era precandidato. Quiero citar las palabras de su amigo y mi compañero, Andrés Forero: «<em>No sé si Miguel hubiera ganado las pasadas elecciones, pero tengo la íntima convicción de que, más temprano que tarde, él hubiera sido presidente de Colombia. Ya nunca lo sabremos, y eso ya no importa».</em> Y quizá tenga razón. Lo verdaderamente importante es observar cómo, después de un magnicidio tan menesteroso, se desenvolvieron las elecciones en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la segunda vuelta —sin ánimo de faltar al respeto— nos encontramos frente a dos posibilidades políticas que, en buena medida, terminaron apelando a las palabras más atractivas y a las emociones más latentes, saltándose de forma olímpica los principios que Miguel tanto resaltó. Eran, en síntesis, ¡dos pusilánimes! El debate se fue perdiendo. Los principios de los líderes, las propuestas y los discursos fueron desplazados por la política del <em>clickbait</em>, el espectáculo mediático y la confrontación desembocando en una honda polarización nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos, quizá, un tiempo de relativismo moral, como advertía el Dr. Álvaro Gómez Hurtado; un tiempo en el que se desdibuja la noción misma del bien y del mal, en el que la política pierde su dimensión ética, en el que prescriben los ideales y mueren los hombres. Ese mismo relativismo moral puede extenderse a cuestiones todavía más profundas: la concepción de Dios, de la vida y de la propia muerte. Y es precisamente frente a la muerte donde la figura de Miguel adquiere hoy una dimensión particular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy puedo decir, con seguridad, que Miguel está más vivo que nunca en la memoria de quienes lo conocimos, de quienes creyeron en él y de quienes todavía encuentran en sus palabras una razón para pensar el futuro de Colombia. Pero, al mismo tiempo, no puedo dejar de preguntarme si nosotros, como sociedad, nos estamos desvaneciendo en aquello que el Dr. Luis Carlos Galán advertía desde los años ochenta: una profunda crisis moral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una crisis que se manifiesta en la manera en que socavamos la dignidad humana, en que exponemos la muerte en bolsas blancas —y reconozco, por supuesto, el valor de los resultados militares y estratégicos del Gobierno—, pero esa no es la forma, presidente. No es la forma de darse rédito mediático y resaltar su circo permanente. Apelar a un populismo punitivo. Donde se manifiesta también ser el Gobierno de los «nunca» y terminar con los de «siempre»… Cuando incluso la fe cristiana corre el riesgo de ser reducida a un simple eslogan político. Así que, señores, no lo olviden: ¡viva Cristo Rey!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces pregunto: ¿dónde ha quedado la moral, la coherencia y los principios?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alfonso López Pumarejo lo dijo hace muchísimo tiempo: «Este rasgo de nuestra democracia se ha ido marchitando con el transcurso del tiempo (&#8230;) El discurso en tono mayor, en la plaza pública o en el Parlamento, se hace cada día más escaso». Y quizá esa advertencia encuentre hoy una nueva resonancia en las palabras de Gaitán, cuando afirmaba que «malaventurados los que en el gobierno ocultan tras sus bondades las palabras de la impiedad». ¿Hasta cuándo, señores lectores, seguiremos profundizando la polarización en lugar de recuperar el tono mayor de la política, aquel en el que el debate público vuelve a estar guiado por principios y no por la confrontación ideológicamente sesgada?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es precisamente desde esa preocupación que quiero dirigirme al presidente de la República. Sé que es un hombre preparado, un jurista que reconoce y respeta la Constitución. Pero precisamente por eso considero legítimo preguntarnos: ¿su elección fue verdaderamente el resultado de sus virtudes y de la confianza depositada en sus propuestas, o estuvo también atravesada por una estrategia política destinada a dividir al país, a enfrentarnos mediante el miedo y las diferencias ideológicas? No me cabe duda de que Miguel hubiera hecho de verdad una agrupación nacional. ¿Qué pensaría él al ver el país tan dividido ahora por egos y extremismos políticos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque si algo debiese enseñarnos la historia de Miguel Uribe es que la política tiene que ser una discusión sobre el país que queremos construir y sobre los principios que estamos dispuestos a defender para hacerlo posible. Y quizá esa sea la pregunta que hoy debemos hacernos: después de Miguel, ¿qué clase de país queremos ser?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy vuelvo a sus palabras y con el sentimiento hondo de dolor de su partida: «Si con el porqué uno se lamenta, con él para qué uno se inspira». No sabremos los devenires de nuestra política actual, ni de cómo trabajará este Gobierno, al que también le deseo lo mejor, pero en el que siempre ha faltado, en mi opinión, principios, coherencia y moralidad. Y esa era la mayor certeza de Miguel: que, a pesar de todo, vale la pena creer en este país y trabajar incansablemente por él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como joven, la muerte de Miguel tocó mi puerta, y la muerte y la violencia siguen tocando la puerta de miles de colombianos más ahora. Solo quiero ver su vida como la creación de un símbolo que convoque un movimiento de restauración, como lo hacen unos buenos compañeros de Miguel y agrupaciones políticas y juveniles, pero no reducirlo a las banderas de un líder político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminando con este tema tan abyecto de la muerte, en sus épocas de cuentista, el Dr. Gómez Hurtado afirmó: «No se preocupe por mi sufrimiento, lo que no duele no es la muerte, sino lo que va quedando de vida».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mí… de vida política, por lo menos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133820</guid>
        <pubDate>Thu, 08 Oct 2026 13:29:03 +0000</pubDate>
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        <title>El día que doña Nydia Quintero culpó a César Gaviria de la muerte de su hija Diana Turbay, madre de Miguel Uribe</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-dia-que-dona-nydia-quintero-culpo-a-cesar-gaviria-de-la-muerte-de-su-hija-diana-turbay-madre-de-miguel-uribe/</link>
        <description><![CDATA[<p>Dos autores imprescindibles en la literatura colombiana nos contaron la Colombia de los años 80 y 90 con maestría. Capítulos de horror y dolor de nuestra historia: el uso de niños como sicarios y los secuestros abominables de Pablo Escobar.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph"><strong>“El informe de la necropsia señaló: ´La esperanza de vida de Diana se calculaba en quince años más´”: <em>Noticia de un secuestro.</em> &nbsp;</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong>“Por la gracia de San Judas Tadeo, que estas balas den en el blanco y sin fallar, y que el difunto no sufra”: <em>La virgen de los sicarios.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La buena literatura es imperecedera. En Colombia no muchos escritores han entendido eso. Gabriel García Márquez y Fernando Vallejo, plumas brillantes, en mi juicio de modesto lector, y testigos extraordinarios de su época, fueron capaces de contarnos a través de su prosa lo que sus ojos vieron, <em>el mundo de ayer</em> como lo llamó Stefan Zweig. La memoria que se repliega en las páginas de un libro negándose a morir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi biblioteca encontré dos libros que narran la Colombia agría de los años 80s y 90s, una que vimos en directo por televisión. Dos obras que cobran vigencia y nos ayudan a entender la sinrazón de una nación fracturada en lo político y en lo social, y cómo esas dos realidades terminan juntándose trágicamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primero, el maestro Gabo, lo hizo a través de un extenso reportaje con destellos literarios, <em>Noticia de un secuestro</em>, y el otro, Vallejo, con una novela corta, <em>La virgen de los sicarios</em>, ambas obras llevadas además al cine y la televisión. La actriz <a href="https://www.elespectador.com/cromos/famosos/premios-platino-2023-majida-issa-se-lleva-el-galardon-a-mejor-actriz-de-reparto/">Majida Issa fue premiada</a> por su papel de Diana Turbay.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Noticia de un secuestro - Tráiler oficial | Prime Video" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/B3zEorSpp74?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">García Márquez relata el antes y el después del secuestro, en 1990, de varios personajes importantes <a href="https://www.elespectador.com/judicial/quien-era-la-mama-de-miguel-uribe-asi-fue-el-secuestro-y-la-muerte-de-diana-turbay">por parte de Los Extraditables</a><strong>,</strong> al mando del narco Pablo Escobar, entre ellos la periodista Diana Turbay (madre del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay) y de cinco miembros de su equipo periodístico, pues el momento del rapto se desempeñaba como directora del tele noticiero Criptón y de la revista Hoy x Hoy. Era hija de Julio Cesar Turbay Ayala, ex presidente de la República.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">“El primer secuestro de aquella racha sin precedentes –el 30 de agosto pasado y apenas tres semanas después de la toma de posesión del presidente César Gaviria- había sido el de Diana Turbay”, dice Gabo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuenta que la periodista entró en depresión por haber llevado a sus pupilos “a la trampa sin salida”, que sus captores nunca estuvieron enmascarados, “usaban sobrenombres de tiras cómicas”, “el menor de ellos podía tener quince años”, “jugaban a las barajas, al dominó, al ajedrez”, “y muchas veces ayudaron a hacer las listas de mercado”. En cautiverio escucharon música de Rocío Dúrcal y Juan Manuel Serrat.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3 wp-block-paragraph"><strong>“También cayó entonces en la cuenta de que había olvidado cerrar la caja fuerte por las prisas con que salió la última vez rumbo al viaje de la desgracia”</strong>: &#8220;Noticia de un secuestro&#8221; sobre Diana Turbay. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Diana Turbay, que poseía “la facultad divina de percibir hasta las terceras intenciones de la gente”, anhelaba trabajar por la paz. “Ya no estoy en trance de pelear con nadie ni tengo el ánimo de armarle broncas a nadie —dijo entonces—. Ahora soy totalmente conciliadora”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vio por televisión a su familia la noche de Navidad. “Le encantó la madurez de María Carolina, le preocupó el retraimiento de Miguelito, y recordó con alarma que aún no estaba bautizado”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo con el relato, una vidente anticipó su destino trágico. La periodista murió desangrada en un quirófano, en Medellín, como resultado del fuego cruzado entre el ejército y los secuestradores. Era el 25 de enero de 1991. Hasta hoy siguen siendo confusos los hechos que rodearon su trágica muerte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo con el autor, “tenía la columna vertebral fracturada al nivel de la cintura por una bala explosiva de alta velocidad y mediano calibre que estalló en esquirlas dentro de su cuerpo y le produjo una parálisis general de la que no se habría repuesto jamás”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya separada del expresidente Turbay, doña Nydia Quintero, madre de Diana, gestora de la Caminata de Solidaridad, en varias oportunidades se enfrentó a César Gaviria por el manejo que le dio a la situación.  “Le reclamó al presidente su indiferencia y su frialdad por no cumplir con la obligación constitucional de salvar la vida de los secuestrados”, cuenta Gabriel García Márquez en <em>Noticia de un secuestro</em>.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4 wp-block-paragraph">—Mataron a Diana, señor presidente —le dijo. Y eso es obra suya, es su culpa, es la consecuencia de su alma de piedra.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph">El presidente se alegró de poder contradecirla con una buena noticia.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6 wp-block-paragraph">—No señora, dijo con su voz más calmada—. Parece ser que hubo un operativo y todavía no se tiene nada claro. Pero Diana está viva.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph">—No, replicó Nidia—. La mataron.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-8 wp-block-paragraph">(…)</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-9 wp-block-paragraph">—¿Y por qué lo sabe?</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-10 wp-block-paragraph">—Porque me lo dice mi corazón de madre”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gaviria reunió a cuatro de sus&nbsp; colaboradores, Fabio Villegas, Miguel Silva, Rafael Pardo y Mauricio Vargas para “elaborar un rechazo enérgico a la declaración de Nydia” pero después de mucho pensarlo concluyeron “que el dolor de una madre no se controvierte”.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="La virgen de los sicarios (2000) TRAILER" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/Wo-AIekMOGg?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>La virgen de los sicarios</em>, los protagonistas son Fernando, un escritor homosexual, y Alexis, un chico de 16 años que trabaja como asesino a sueldo en la Medellín de los años 80. Un <em>Ángel Exterminador</em> que va por la vida dejando regueros de sangre. Cuando matan a Alexis, el escritor busca a su asesino pero encuentra a Wilmar, tan parecido a aquel, en “barrios y barrios de casuchas amontonadas unas sobre otras en las laderas de las montañas”, y con la virtud &#8220;de desencadenarme todos mis demonios interiores”. En el fondo vacío de sus ojos verdes vio reflejada “la inmensa, la inconmensurable, la sobrecogedora maldad de Dios”.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-11 wp-block-paragraph"><strong>“—Los muchachos no son de nadie —dice él—, son de quien los necesita”, escribe Vallejo en <em>La virgen de los sicarios</em>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La obra del escritor antioqueño, de una profunda sensibilidad social, recrea la Medellín de la narcoviolencia, de la época en que “un revólver es para lo que se pueda ofrecer”, porque “aquí te disparan desde donde menos lo piensas. ¡Hasta desde un carro de funeraria!”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“—Yo a este mamarracho lo quisiera matar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Yo te lo mato —me dijo Alexis con esa complacencia suya atenta siempre a mis más mínimos caprichos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El autor usa su pluma para cuestionar a la prensa: “En la agonía de esta sociedad los periodistas son los heraldos del enterrador. Ellos y las funerarias son los únicos que se lucran”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre la industria del crimen y cómo ésta se aprovechó de los niños en condición de miseria para convertirlos en sicarios, el periodista Gonzalo Guillén, hace un relato crudo <a href="https://www.lanuevaprensa.com.co/component/k2/el-muerto-de-prueba?tztc=1">en este artículo</a>:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“En las comunas populosas de la miseria en Medellín, agentes de Escobar buscaban adolescentes de familias paupérrimas, por lo general a cargo solo de las madres, y les ofrecían la oportunidad de llevarles a ellas una estufa o un televisor nuevos a cambio de “acostar” a alguien. Primero, les enseñaban a utilizar una pistola que le regalaban y luego a cada chico lo encerraban en una habitación durante varios días, en los que debían mirar fijamente el rostro del que iban a asesinar y de él no conocían más que el nombre de pila, de manera que el día de la verdad debían seguirlo, pronunciar con un grito el nombre, la víctima volvería la cabeza de manera instintiva para ver quién lo mencionaba, el asesino constataría que era exactamente el de la foto y entonces, sí, le descerrajaría la carga de la pistola y se escabulliría, generalmente en la moto potente de un acompañante que lo esperaba, para ir recibir el pago”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Noticia de un secuestro”</em> y <em>“La virgen de los sicarios”</em> nos hablan de dos Colombias unidas por un sino trágico: la Colombia que no pasa necesidades y la Colombia, sin esperanzas, donde los que no tienen nada, se alquilan para matar para no pasar necesidades. Cuando seamos capaces de conciliar esas dos naciones, quizás entonces se escriban otros libros. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="576" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/06/ZETA-DIANA-TURBAY-2-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-116940" /></figure>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
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                    <category>Cura de reposo</category>
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        <pubDate>Fri, 13 Jun 2025 11:47:58 +0000</pubDate>
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