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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Diana Patricia Pinto | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Velas y naufragios</title>
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        <description><![CDATA[<p>Cuando era niña, mi papá me decía que soplar la llama de una vela para apagarla traía mala suerte a los marineros. Afirmaba que un barco naufragaría y las almas de los marineros quedarían condenadas a vivir por siempre en las profundidades del mar. Sin embargo, nunca me explicaba el porqué. No me contaba la [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Cuando era niña, mi papá me decía que soplar la llama de una vela para apagarla traía mala suerte a los marineros. Afirmaba que un barco naufragaría y las almas de los marineros quedarían condenadas a vivir por siempre en las profundidades del mar. Sin embargo, nunca me explicaba el porqué. No me contaba la historia completa, hasta que un día decidí preguntarle.</p>
<p>Es increíble cómo esas historias infantiles se graban en nuestros recuerdos. Cada vez que voy a apagar una vela, sus palabras y la historia que me contaba me vienen a la mente. Jamás apago la llama soplando, aunque sé perfectamente que hacerlo no provocará ningún naufragio.</p>
<p>Ayer cumplí años y al soplar la vela para pedir mi deseo, recordé a mi papá y la historia completa que me contaba sobre las velas y los naufragios. Una historia que un día escribimos juntos en uno de mis cuadernos. Mi padre, fue un navegante que surcó los océanos en un submarino, creo que él fue inventando la historia a medida que la escribíamos. Yo agregaba las cosas que me imaginaba mientras él narraba. La contaba con tanta convicción que durante toda mi niñez la creí verdadera.</p>
<p>Hoy les regalo este cuento de mi padre y mío. Desempolvé uno de mis cuadernos y lo comparto con ustedes:</p>
<p><strong>“La maldición de las velas apagadas: </strong></p>
<p>En las mágicas costas de la antigua y desaparecida Celtia, donde las ondinas danzaban en olas y el viento susurraba historias de tiempos olvidados, vivían dos poderosos dioses: Caer Arianrhod, la diosa de la luna, de la luz plateada, las estrellas y la fertilidad, y el dios del mar, Manannán mac Lir, cuyo nombre se fue olvidando y él se perdió en las olas del tiempo, pero cuyo poder sobre las olas era tan tremendo que era capaz de desatar las tempestades más devastadoras que ha conocido la humanidad.</p>
<p>Caer Arianrhod, de una belleza celestial, de ojos tristes y mirada penetrante, era venerada por los todos marineros celtas que surcaban los mares. Ella guiaba con su luz sagrada y plateada a los navegantes en la oscuridad de las noches y hacía que el viento susurrara canciones de esperanza para que el silencio de la noche no los asustara; ella con su triste mirada era capaz de apaciguar las tormentas más destructivas.</p>
<p>Manannán mac Lir, era un dios misterioso y sombrío, no le gustaba la humanidad y los marineros lo temían tanto como lo amaban. Su poder sobre las olas y el clima era tan grande que con un solo movimiento de su mano podía hacer que una ola gigante cayera con tal fuerza que hundía hasta los barcos más grandes. Manannán despreciaba a los marineros codiciosos y tenía por afición hacerlos naufragar.</p>
<p>Un nefasto día un grupo de marineros de corazón negro, cegados por la codicia, querían robar los tesoros de Caer Arianrhod, que se encontraban en su santuario, a medianoche, cuando Caer Arianrhod estaba durmiendo después de mostrar el camino a muchos barcos perdidos, estos hombres entraron a su santuario y apagaron las sagradas velas que lo iluminaban para en la oscuridad robar los tesoros de la diosa. Cuando Caer Arianrhod despertó, encontró su templo en la oscuridad y se dio cuenta que la habían robado, una furia jamás sentida se apoderó de ella.</p>
<p>Mientras tanto, Manannán mac Lir, sintió desde las aguas más profundas y oscuras, la ira y tristeza de Caer Arianrhod, la furia de la deidad resonaba en las olas como un grito ahogado.</p>
<p>La ira de Caer Arianrhod se apoderó de Manannán mac Lir y las dos deidades, unidas en su furia, decidieron maldecir a todos los marineros codiciosos, pero al lanzar la maldición quedo sellada en el destino de los tiempos, no sólo para los marineros sino para todo navegante que surcara los mares.</p>
<p>Con mucho rencor, Caer Arianrhod lazó la siguiente maldición a los navegantes: cada vez que alguien apagara una vela soplándola, un barco con su toda tripulación se hundiría en el océano, sus almas se arrastrarían a las profundidades más tenebrosas de los océanos, jamás saldrían de allí y vivirían por siempre dentro de una oscuridad perpetua.</p>
<p>Manannán mac Lir repitió la maldición, agregándole que cada vez que alguien apagara de un soplo una vela se desataría una tempestad devastadora en algún lugar del mundo, una tempestad que ningún barco la soportaría. Y aunque los navegantes desesperados eleven súplicas de misericordia, su alma no tendrá salvación al menos de que aquel que  apagó la vela de un soplo la vuelva a encenderla inmediatamente.</p>
<p>Caer Arianrhod tuvo un poco de misericordia y sembró una excepción a la maldición, solo podían apagarse de un soplo las llamas que se enciendan para celebrar la vida y elevar un deseo o petición.</p>
<p>A partir de ahí, la maldición del soplo de las velas no sólo se propagó por toda Celtia sino por todo el mundo, a través de todos los tiempos y por la eternidad.</p>
<p>Y cada vez que alguien, en cualquier lugar del mundo, sopla una vela para apagarla, la maldición de Caer Arianrhod y Manannán mac Lir despierta y un barco naufraga en algún rincón del mundo.</p>
<p>Manannán mac Lir se apodera de las almas de los navegantes, condenándolos a vivir en las oscuridades de los profundos océanos, allí donde no llega ni existe la luz”.</p>
<p>¿Alguna vez se han preguntado por qué en nuestro cumpleaños soplamos la llama de una vela y pedimos un deseo? Yo sí, y más de una vez. Es que no puedo evitarlo: me intriga conocer el origen de esas costumbres casi universales, esas cosas curiosas como soplar una vela y pedir un deseo.</p>
<p>Parece que todo comenzó en Grecia. Los antiguos griegos ofrecían pasteles redondos rodeados de velas a la diosa Artemisa. Al rezarle, soplaban las velas para alejar los espíritus malignos y para que quien realizaba la ofrenda tuviera salud, abundancia y vida plena. ¡Era como pedir un deseo y, de paso, espantar fantasmas!</p>
<p>Los romanos adoptaron la tradición, pero venerando a la diosa Diana, equivalente romana de Artemisa.</p>
<p>Para los celtas, que tenían un todo-en-uno místico, encender velas en el día del nacimiento era una forma de honrar a los espíritus ancestrales y pedir su protección y guía durante la vida.</p>
<p>En algunas culturas de Oriente Medio, colocaban velas en panes el día del nacimiento como símbolo de la luz divina y la abundancia. Soplarlas representaba dispersar esa luz y atraer bendiciones para el recién nacido.</p>
<p>Dentro de algunas culturas nórdicas europeas, se creía que el aliento poseía poderes mágicos. Soplar las velas transfería energía vital al pastel y, por lo tanto, se podían pedir deseos relacionados con la salud, la abundancia y la fertilidad.</p>
<p>En la Alemania del siglo XVIII se celebraba el &#8220;Kinderfest&#8221;, una fiesta para niños donde se colocaban y encendían dos velas en un dulce. Las velas representaban la luz que guiaría sus años venideros. Al final del festejo, se apagaban las velas y se creía que el humo elevaba al cielo los buenos deseos para los niños. Era como enviar una carta humeante a lo dioses.</p>
<p>Lo cierto es que todas estas tradiciones sobre la vela, apagar la llama y pedir un deseo, tienen un núcleo común: celebrar la vida, agradecer el milagro de existir, la esperanza de tener un mejor porvenir, el deseo de alcanzar sueños y anhelos, y tener un momento de unión con las personas amadas.</p>
<p>Aunque sé que un deseo no se cumplirá por soplar una vela el día que celebro mi existencia, es una tradición que deseo conservar en mi vida.</p>
<p>Pienso que las tradiciones son importantes en la vida de una persona. Pero no esas impuestas socialmente, sino aquellas que cada quien decide incluir en su vida porque tienen un verdadero significado personal, porque evocan recuerdos o permiten construir nuevos recuerdos con los seres queridos. Cada quien puede crear sus propias tradiciones.</p>
<p>Ya saben, Un barco podría naufragar si soplan la llama de una vela&#8230; al menos en la historia que me contaba mi papá.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
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        <pubDate>Thu, 13 Jun 2024 20:00:12 +0000</pubDate>
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        <title>La dañina filosofía del más vivo</title>
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        <description><![CDATA[<p>Ayer una señora se coló y me quitó el puesto en la fila del supermercado. Este incidente me recordó una historia que escuché hace días, una historia con una moraleja dudosa: “Había un señor dueño de una finca. Una mañana temprano, llegó un jornalero a pedirle trabajo y le ofreció trabajar 8 horas por 10 [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Ayer una señora se coló y me quitó el puesto en la fila del supermercado. Este incidente me recordó una historia que escuché hace días, una historia con una moraleja dudosa:</p>
<p>“Había un señor dueño de una finca. Una mañana temprano, llegó un jornalero a pedirle trabajo y le ofreció trabajar 8 horas por 10 pesos. Al mediodía, llegó otro jornalero pidiendo trabajo y le dijo que le trabajaría 3 horas por 50 pesos. El dueño de la finca aceptó.</p>
<p>El primer jornalero le reclamó al terrateniente porque le parecía injusto que le pagara 50 pesos por 3 horas de trabajo al otro jornalero. El dueño de la finca le contestó que la culpa fue de él por no ser más &#8216;vivo&#8217; y cobrar más dinero por menos tiempo de trabajo”.</p>
<p>Según quien contó la historia, la moraleja es que hay que ser más &#8220;vivos&#8221; y cobrar más para que no aparezca otro más vivo que tú.</p>
<p>Sin embargo, me parece que esa no es la moraleja correcta. El primer jornalero pidió trabajo y cobró lo que honestamente costaba su labor. El segundo jornalero, aprovechado y avivato, cobró más dinero por menos tiempo de trabajo, estafando al dueño de la finca, quien al parecer es un tonto al que le gusta regalar su dinero.</p>
<p>En esta historia se premia la viveza y la estafa, y se castiga la honestidad. Esta situación no es solo una anécdota, sino que refleja nuestro diario vivir.</p>
<p>Cuando la señora me quitó el puesto en la fila, no me quedé callada. Le dije que no fuera tan irrespetuosa, que tuviera un mínimo de educación y me devolviera mi lugar. También le pedí a la cajera que no la atendiera, porque quien seguía era yo. La cajera se hizo la sorda y atendió a la señora maleducada. No discutí más porque estaba en modo namasté y no quería confrontaciones.</p>
<p>Cuando la mujer que me robó el puesto se iba, me dijo cínicamente: &#8220;De malas, eso te pasa por estar distraída y no andar pilas&#8221;.</p>
<p>¿Distraída? Estaba haciendo normalmente una fila. Hasta ahora me entero de que, haciendo cola, tengo que estar alerta para que no me roben el puesto.</p>
<p>Lo peor de todo es que estos comportamientos son festejados, y ser un &#8220;vivo&#8221; es considerado una cualidad y no un defecto.</p>
<p>Álvaro Vargas Llosa, en su libro &#8220;La fauna política latinoamericana: neopopulistas, reyes pasmados e insoportables&#8221;, habla sobre la &#8220;cultura de la viveza&#8221;, manifestando que es una característica social muy arraigada en Latinoamérica. Para él, es un síntoma de sociedades donde existe desconfianza en las instituciones y una debilidad legal. Vargas Llosa explica que cuando los ciudadanos perciben que las &#8220;reglas del juego&#8221; (sean legales o convenciones sociales) son injustas e ineficaces, la tentación de &#8220;ser vivo&#8221; se convierte en una estrategia de supervivencia.</p>
<p>Vargas Llosa manifiesta en su libro que la astucia y la viveza se consideran como una respuesta adaptativa a un entorno hostil. Sin embargo, también hace énfasis sobre los peligros de la corrupción y la falta de ética en esta cultura de la viveza.</p>
<p>Al analizar lo expuesto por Vargas Llosa, la &#8220;cultura de la viveza&#8221; sí puede ser una capacidad de adaptación y supervivencia dentro de una sociedad sistemáticamente injusta y sin equidad; pero, por otro lado, arraiga en la población una inclinación hacia la deshonestidad y la corrupción, que transciende el entorno de la supervivencia y comienza a considerarse un &#8220;hábito útil&#8221; para buscar el beneficio propio pasando por encima de los demás, sin ningún principio ético y moral.</p>
<p>He escuchado siempre que dicen &#8220;tienes que ser el más vivo&#8221; o &#8220;mi hijo es el más vivo del colegio&#8221;. Pero, ¿quién es “el más vivo”?</p>
<p>* El que es capaz de quitarle el puesto a otro, colarse en la fila, irrespetando el tiempo y el derecho de los demás.</p>
<p>* El que estafa, cobrando más de lo que cuesta, engañando, o vendiendo que probablemente no esté en un óptimo estado y tú no lo sabes.</p>
<p>* El trepador que, para alcanzar una posición, pasa y pisa a todo el que puede sin ningún dolor moral.</p>
<p>* El adulador que, a punta de hipocresía, se gana a las personas solo por el mero interés de obtener algo.</p>
<p>* El más bravucón o bravucona que, a punta de gritos, agresividad y mala actitud, se quiere imponer porque &#8220;tiene carácter&#8221;.</p>
<p>* El oportunista que vive del &#8220;papayazo&#8221; para obtener algo &#8220;gratis&#8221; o más barato cuando no lo es.</p>
<p>Este tipo de comportamientos los vemos a diario. Por ejemplo: cuando el taxista le cobra más al turista porque no conoce las tarifas, cuando en Cartagena le cobran un almuerzo a un turista cinco veces más de lo que realmente vale, o cuando una mujer sin educación te quita tu lugar en la fila.</p>
<p>Por fortuna, yo no soy &#8220;la más viva&#8221; ni lo quiero ser. Todos los días trabajo e intento ser respetuosa y decente, sin dejarme de nadie, pero sin pasar sobre nadie para obtener algo.</p>
<p>En una sociedad que se premia la “cultura del más vivo”, se desincentiva la honestidad. Desmontar esta percepción cultural no es sencilla. Necesitamos una educación que promueva valores éticos y un compromiso colectivo por parte de la sociedad para rechazar estos comportamientos.</p>
<p>Debemos redefinir lo que consideramos como habilidades de “éxito”, comenzando con nosotros mismos, crear en nuestras vidas una cultura de integridad y respeto mutuo.</p>
<p>Ser “el más vivo” también es una forma de violencia.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
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        <pubDate>Thu, 06 Jun 2024 20:03:32 +0000</pubDate>
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        <title>Entre el escepticismo y Sailor Moon: las conspiraciones y la búsqueda de respuestas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/entre-el-escepticismo-y-sailor-moon-las-conspiraciones-y-la-busqueda-de-respuestas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Con el repunte de casos de COVID-19, resurgen en redes los vídeos y contenidos que afirman que la pandemia es una conspiración para dominar el mundo. Recientemente vi en Facebook la imagen de una pirámide de niveles de conspiraciones, dividida en colores. Esta imagen clasifica a las personas según las conspiraciones en las que creen. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Con el repunte de casos de COVID-19, resurgen en redes los vídeos y contenidos que afirman que la pandemia es una conspiración para dominar el mundo. Recientemente vi en Facebook la imagen de una pirámide de niveles de conspiraciones, dividida en colores. Esta imagen clasifica a las personas según las conspiraciones en las que creen. Aunque se comparte como un meme, en realidad es una invitación a reflexionar.</p>
<p>Personalmente, me cuesta mucho creer en la existencia de conspiraciones mundiales destinadas a manipular a toda la humanidad. La idea de un grupo de personas poderosas que controlan a la población mundial y generan estrategias macabras para lograrlo me parece demasiado descabellada. Por naturaleza, soy muy escéptica y me resulta difícil aceptar que esto sea real.</p>
<p>Curiosamente, esta es la trama principal de Sailor Moon, un anime de los años 90. En la serie, un grupo de niñas y mujeres interplanetarias, que son deidades con un gran poder, buscan individualmente controlar a la humanidad para robarles su energía vital, ya que esta les otorga un gran poder. Junto con su grupo de demonios, crean planes para apoderarse de las mentes y emociones de los humanos, y así quitarles su energía vital, hasta convertirlos en entes sin vida o incluso matarlos. Para ello, utilizan estrategias como grupos musicales masculinos similares al K-Pop actual, que enloquecen a las jóvenes y las emboban hasta robarles toda su energía. También crean programas de televisión tipo reality show que mantienen a las personas pegadas al televisor, haciéndolas perder autonomía, capacidad de pensamiento y energía vital.</p>
<p>Las Sailor Scout, lideradas por Sailor Moon, existen para evitar esto y destruir a este grupo de deidades malignas, impidiendo que roben la energía vital de los humanos. Esta es la trama básica de Sailor Moon, un anime que, creo, fue pionero en abordar temporada a temporada todo tipo de conspiraciones mundiales, interplanetarias y universales en una serie infantil.</p>
<p>Por eso, cuando veo en internet y redes sociales contenido sobre conspiraciones mundiales, mi mente recuerda con gracia algún capítulo de Sailor Moon. Y es que, sobra decirlo, desde niña adoro a Sailor Moon.</p>
<p>Sinceramente, creo que un gran porcentaje de las supuestas conspiraciones mundiales que circulan son simplemente ficción. Una forma que tenemos los humanos de explicar actos de crueldad, corrupción, crimen y otros delitos que cometemos nosotros mismos.</p>
<p>Nos encanta explicar lo que nos ocurre con la narrativa de ficción de que hay entidades y personas suprapoderosas que dominan y determinan el destino del mundo. En el cristianismo los llaman anticristos. Así como inventamos dioses para explicar de manera sobrenatural los hechos de la vida, también imaginamos una pandilla de poderosos culpables de todo.</p>
<p>Si bien dudar de todo es un principio básico de la ciencia, y no podemos creer ciegamente en ninguna versión que nos cuentan de la realidad, especialmente cuando proviene del orden establecido, tampoco podemos creer en explicaciones alternativas carentes de coherencia y hundidas en la ficción.</p>
<p>¿Por qué algunas personas se sienten atraídas por estas narrativas de conspiración? Existen varias explicaciones interesantes que merecen ser abordadas.</p>
<p>Michael Barkun, profesor estadounidense que ha estudiado la existencia de las conspiraciones y por qué la gente cada día cree más en ellas, explica que una de las razones por las que la gente cree en las conspiraciones es por algo que se denomina la “necesidad de diferenciación”. Consiste en esa necesidad de las personas de sentirse especiales o distintas, y creer en teorías conspirativas les proporciona una sensación de exclusividad y poder. Se sienten personas &#8220;despiertas&#8221; que son capaces de ver una verdad oculta que muchos no tienen la capacidad de ver.</p>
<p>Para Barkun, este sentimiento de diferenciación ayuda a las personas a crear una identidad alternativa. Así, muchos dejan de sentirse como empleados de oficina aburridos y comunes, y comienzan a percibirse como personas especiales, llenas de luz y sabiduría, se autodenominan despiertos, creen que ven el mundo desde el prisma de la verdad. La creencia en conspiraciones se convierte para ellos en una forma de distinguirse de la mayoría y sentirse parte de un grupo selecto. Sienten que están desafiando el status quo y formando parte de una comunidad de “despiertos”.</p>
<p>Barkun plantea no utilizar el término “teorías conspirativas” y hablar, en cambio, de “creencias conspirativas”, ya que a través de este cúmulo de creencias las personas asumen el conspiracionismo como su identidad o una parte importante de ella. La cosmovisión de estas personas se basa en muchas creencias conspirativas que les ayudan a encontrar un lugar en el mundo. Es una forma de entender la realidad centrada en la existencia de conspiraciones ocultas.</p>
<p>Según Barkun, el uso del término “teoría conspirativa” a menudo es despectivo, y logra desacreditar ideas y creencias alternativas que explican los sucesos de formas menos apegadas a la evidencia y más cercanas a la creencia. Y eso es cierto. Durante un tiempo, yo misma, al pensar en el concepto de teorías conspirativas, me elevaba a una posición de superioridad mental frente a aquellos que creen en ellas, sintiendo que los conspiracionistas eran personas con poca inteligencia, dicho en un tono amable. Esto puede llevar a un proceso de estigmatización, donde se clasifica como inferiores a las personas que creen en conspiraciones, considerándolas automáticamente como irracionales. Y ciertamente siento vergüenza por haber estigmatizado inconscientemente a las personas con creencias conspirativas. Sin embargo, es importante tener presente que una fuerte tendencia a creer en conspiraciones puede ser peligroso tanto para el individuo como para las personas que lo rodean.</p>
<p>Otra visión interesante es la de dos sesgos cognitivos que favorecen las creencias conspirativas. El primero es la Detección de Agencia Hipersensible, en términos muy sencillos consiste en atribuir intencionalidad a los sucesos cuando en realidad no la hay. Las personas creen que algunos sucesos de su vida son causados por otros (seres o agentes) de manera intencional. Por ejemplo, si en la noche alguien con este sesgo escucha un ruido, puede pensar que es un espanto en lugar de la casa que se está asentando o cualquier otra explicación racional que no implique un ser que tiene una intención.</p>
<p>Según Justin Barrett, el psicólogo que desarrolló este concepto, los humanos atribuimos intenciones a situaciones que son ambiguas, confusas, difíciles o amenazantes. Dentro del contexto de las creencias conspirativas, este sesgo provoca que las personas crean que sucesos complejos o de difícil explicación son el resultado de fuerzas ocultas o conspiraciones creadas intencionalmente por individuos.</p>
<p>El segundo sesgo cognitivo es el pensamiento teleológico, que es la creencia de que los acontecimientos ocurren por un propósito, razón o finalidad. El concepto de teleología surge de Aristóteles y Platón. Aristóteles destacó de manera especial su concepto de “causa final” (teleología) en su teoría de las &#8220;cuatro causas&#8221;. Luego, Platón planteó que existe un propósito tanto en la naturaleza humana como en la que no es humana. Pero, fue el filósofo Christian von Wolff quien acuñó el término teleología.</p>
<p>Dentro de la vida cotidiana, el pensamiento teleológico es la creencia de que todo nos sucede por una razón, nada es al azar. Por ejemplo, cuando alguien termina una relación amorosa o pierde su trabajo, creen que esto ocurrió con el propósito de que va a llegar algo mejor: se fue tu pareja porque vas a encontrar el amor de tu vida, pierdes tu trabajo porque te está esperando una nueva oportunidad mucho mejor. Creer en esto puede generar tranquilidad y esperanza, y los humanos tendemos a buscar este tipo de consuelo en momentos difíciles.</p>
<p>La combinación de estos dos sesgos, creer que lo que ocurre es causado y planeado por otro y que además todo ocurre para cumplir un propósito fortalece y favorece las creencias conspirativas.</p>
<p>En su libro &#8220;The Paranoid Style in American Politics&#8221;, Richard Hofstadter aborda el tema de las conspiraciones y plantea  que la desconfianza en el gobierno, los medios de comunicación tradicionales y las élites es un factor que ha fortalecido y fomentado las creencias conspirativas. Las personas, en general, sienten que se les oculta información, que lo que se les cuenta a diario está tergiversado y que las narrativas se acomodan a la realidad que quiere “vender” el grupo de poder de turno. Al percibir que la información oficial no es confiable ni veraz, y que está adaptada a los intereses particulares de unos pocos poderosos, las personas buscan explicaciones y respuestas alternativas, llegando incluso a construir ficciones para explicar los acontecimientos.</p>
<p>Por otro lado, muchas personas buscan explicaciones simples ante sucesos que les preocupan. Las teorías de la conspiración ofrecen explicaciones sencillas para sucesos complejos (por ejemplo, la pandemia), lo que resulta atractivo para quienes que tienen dificultades para aceptar la complejidad de la realidad. Estas teorías proporcionan una sensación de control y comprensión en un mundo que a menudo se siente caótico e incierto.</p>
<p>Un ejemplo de esto es la negación del cambio climático. Las teorías conspirativas afirman que el cambio climático no es real y que la evidencia científica que lo respalda es fabricada, un montaje, un engaño creado por científicos, gobiernos o élites poderosas para promover agendas políticas o económicas. Es mucho más fácil creer esto, buscar villanos a los que culpar por los problemas ambientales, que aceptar y entender científicamente que el cambio climático existe por la contaminación que nuestro modo de vida causa en el planeta. Es más sencillo ignorar las décadas de investigación que demuestran el calentamiento global causado por la actividad humana ¿Por qué es más sencillo? Porque entender el cambio climático requiere estudiar diferentes áreas de la ciencia, hacer que las neuronas trabajen, y siempre ha sido más fácil creer que comprender.</p>
<p>Un libro interesante que aborda la “necesidad de una explicación más simple” es &#8220;Voodoo Histories&#8221; de David Aaronovitch, que recomiendo.</p>
<p>Personalmente, no creo en un destino escrito e inexorable que guía la vida de los humanos, ni en una pandilla de poderosos que guían el destino de la humanidad a través de sus deseos y caprichos. Porque si creyera en lo anterior, también tendría que creer que existe Sailor Moon o un grupo de salvadores de la humanidad que tratan de salvar al mundo de las conspiraciones. Al final, la narrativa de las conspiraciones se reduce a un grupo de villanos con poder que busca controlar a la humanidad, y todo villano tiene su contraparte, su héroe salvador. Al final, todo se reduce a una visión antagonista de la vida.</p>
<p>Para mí, es crucial mantener una mente abierta pero escéptica, despojándome o intentando despojarme de estigmatizar a aquellos que creen en estas explicaciones alternativas de la vida. Como dice una frase que me encanta: “abre tu mente, que tu cerebro no va a salir volando”. Siempre hay que escuchar y estudiar todas esas explicaciones alternativas sobre los sucesos de la vida, aunque suenen inverosímiles.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
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        <pubDate>Sat, 18 May 2024 03:07:27 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Entre el escepticismo y Sailor Moon: las conspiraciones y la búsqueda de respuestas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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        <title>Ciberlapidación: burlas que destrozan vidas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/ciberlapidacion-burlas-destrozan-vidas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hoy he decidido abordar el caso del video que circula, supuestamente evidenciando la infidelidad que vivió un policía. En el vídeo, se aprecia a su pareja y a un compañero de trabajo siéndole infiel, desencadenando una serie de eventos que llevaron a la mujer, pareja del policía, a intentar quitarse la vida. Es un ejemplo [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Hoy he decidido abordar el caso del video que circula, supuestamente evidenciando la infidelidad que vivió un policía. En el vídeo, se aprecia a su pareja y a un compañero de trabajo siéndole infiel, desencadenando una serie de eventos que llevaron a la mujer, pareja del policía, a intentar quitarse la vida.</p>
<p>Es un ejemplo impactante de cómo, en la cruel danza que tejemos al replicar una y otra vez la vida privada de alguien en redes sociales revela la capacidad destructiva que podemos alcanzar. Nos arrogamos el derecho de burlarnos, señalar, ofender y ridiculizar situaciones íntimas y personales, sin reflexionar sobre el daño infligido.</p>
<p>El supuesto ofendido por la infidelidad no solo grabó la situación, sino que lo hizo con la intención dolosa de difundirla en redes para dañar a las personas con las que tiene problemas. Sin su autorización, subió el video, para que un ejército de ciudadanos anónimos convierta una situación privada en el hazmerreír nacional y dejando cicatrices emocionales a su paso, en una mujer que fue su pareja y que él expuso a la burla.</p>
<p>Al cuestionar a un amigo sobre esta conducta, me señaló, comparándola con el caso de Geraldine. Sin embargo, la situación es distinta. Geraldine Fernández, al aceptar más de cinco entrevistas en medios y redes, contribuyó a amplificar una mentira pública. Aunque se expuso, el mundo la trató como piñata, propinándole golpes sin tregua. Incluso yo compartí memes, una acción de la que ahora me avergüenzo.</p>
<p>Hoy, Colombia suelta a Geraldine para enfocarse en atacar a esta mujer y al hombre que la acompañaba. Convertimos una situación triste, difícil y dramática en una burla nacional, sin límites ni decencia para detenernos.</p>
<p>En la antigua Roma, las mujeres infieles eran castigadas con la lapidación; hoy, realizamos una acción equiparable, aunque ya no sea física. Ahora, optamos por destruir emocionalmente a las personas a través de las redes sociales, sin detenernos a reflexionar y sintiéndonos con el derecho de hacerlo.</p>
<p>Esta situación me hizo recordar un incidente de hace algunos años: una mujer en Barranquilla recibió el encargo de elaborar una torta con la forma de un personaje animado. Sin embargo, la persona que la compró no recibió lo que esperaba y compartió en redes un video y fotos burlándose tanto de la torta como de la persona que la elaboró.</p>
<p>Lo lamentable es que esta burla se extendió de manera tan generalizada en las redes sociales, llegando incluso a afectar el entorno cercano de la mujer. En su propio barrio, la comunidad se sintió con derecho a burlarse de ella cada vez que salía de su casa. Esta situación tuvo un impacto devastador; su negocio quebró, nadie volvió a comprarle una torta, y entre la constante burla y la desesperación, la señora se suicidó.</p>
<p>Hoy, estamos llevando a ese mismo limite a la mujer del vídeo de la supuesta infidelidad, sintiéndonos con la moral y el derecho de burlarnos de ella, de convertirla en un meme, de arrebatarle su humanidad y su derecho a ser respetada. Nos hemos convertido en una sociedad vergonzosa, carente de empatía, prepotente, que se cree con el derecho de destruir emocionalmente al otro, usando la burla como un arma de destrucción, con plena conciencia de ello.</p>
<p>Somos conscientes de que infligimos daño al burlarnos sin cesar de una situación privada, dramática y difícil. De la que desconocemos por completo el contexto y, aun así, nos colocamos en una posición superior para emitir juicios sobre ella.</p>
<p>Pertenecemos a una sociedad hipócrita, donde aquellos que hoy se burlan comparten publicaciones sobre prevención del suicidio y frases cliché de apoyo. Cínicamente dañamos emocionalmente a personas desconocidas.</p>
<p>El hombre que sufrió la supuesta infidelidad también cometió violencia contra la mujer al exponerla deliberadamente a la burla nacional. Hoy, miles reproducen esta violencia sin reflexionar sobre las consecuencias.</p>
<p>Aunque es poco probable que ella lea estas palabras, quiero pedir disculpas en nombre de todos aquellos que la han herido emocional y mentalmente. Somos una sociedad cínica que, paradójicamente, clama por la empatía que nos negamos a otorgar.</p>
<p>Finalizo este escrito con una frase polémica y reflexiva de Godfried Bogaard: “En el pasado, eras lo que tenías. Ahora eres lo que compartes”.</p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
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        <pubDate>Sun, 04 Feb 2024 18:12:52 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Ciberlapidación: burlas que destrozan vidas]]></media:description>
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        <title>Dejar de ser colombiana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/dejar-de-ser-colombiana/</link>
        <description><![CDATA[<p>No ser de ningún lugar o, más bien, no identificarte con ningún sitio, no arraigarte a la ciudad y al país en el que naciste y creciste, eso es lo que estoy experimentando actualmente, y debo confesar que no pertenecer a esta tierra es un anhelo. No me gusta ser colombiana, ni cartagenera, ni caribeña; [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>No ser de ningún lugar o, más bien, no identificarte con ningún sitio, no arraigarte a la ciudad y al país en el que naciste y creciste, eso es lo que estoy experimentando actualmente, y debo confesar que no pertenecer a esta tierra es un anhelo.</p>
<p>No me gusta ser colombiana, ni cartagenera, ni caribeña; me resulta fastidioso ese concepto de &#8220;ser colombiano&#8221;. ¿Qué diablos significa ser colombiano? ¿Cómo se puede definir más allá de ser un punto en el mapa? La última pregunta plantea múltiples respuestas desde muchas orillas y visiones. No creo que se pueda responder mediante una simple lista de virtudes y defectos que pretendan generalizar a la mayoría nacida en este territorio geográfico. Me propongo evitar el uso de estereotipos al tratar de definir lo que implica &#8220;ser colombiano&#8221;.</p>
<p>No desear pertenecer o sentirme hastiada de pertenecer a un lugar, a este lugar, es un sentimiento que crece en mí ¿Puedo dejar de ser colombiana? Mi pregunta no se refiere a un cambio de nacionalidad desde una perspectiva legal, sino a la complejidad de esa palabra tan desafiante: &#8220;ser&#8221;, y la intrincada conjunción de dos verbos: &#8220;dejar de ser&#8221;.</p>
<p>&#8220;Pertenecer&#8221; es una palabra poderosa, de gran peso histórico, que ha marginado pueblos enteros y ha desafiado imperios. ¿Pero qué significa realmente pertenecer? ¿Cómo podemos determinar si somos parte de algo o no? ¿Qué factores influyen en nuestra sensación de identidad y conexión con los demás? Estas son algunas de las preguntas que me asaltan cuando reflexiono sobre el concepto de pertenencia, cuando siento la voraz llama de no querer pertenecer.</p>
<p>Pertenecer, formar parte de… ¿De qué? Desde el momento en que nacemos, formamos parte de algo sin haberlo elegido conscientemente. Raramente nos cuestionamos si deseamos pertenecer o si, de hecho, formamos parte de ello. La palabra &#8220;pertenecer&#8221; teje los hilos invisibles de la historia.</p>
<p>De pertenecer nace el &#8220;sentimiento de pertenencia&#8221;, una amalgama de emociones y procesos cognitivos. Es una experiencia totalmente subjetiva que surge de nuestra “necesidad” de conectar con un grupo social, una cultura, una idea, un proyecto o un lugar concreto. Abraham Maslow llegó a definir esta sensación como una necesidad humana fundamental.</p>
<p>Maslow, diseñó una jerarquía de necesidades humanas, desde las más básicas, como la supervivencia y la seguridad, hasta las más complejas, como la autorrealización y la autoestima, ubicó la pertenencia en el tercer nivel de su famosa pirámide. Justo en el punto intermedio, por encima de las necesidades fisiológicas y de seguridad, y antes de las necesidades de estima y autorrealización.</p>
<p>Según Maslow y su teoría, la pertenencia es una necesidad humana universal. En otras palabras, todos buscamos y defendemos el &#8220;sentido de pertenencia&#8221;. Pero, ¿qué ocurre con aquellos que no experimentamos la pertenencia como una necesidad, sino todo lo contrario, como un problema? Nos encontramos en una sociedad que tiende a imponer la creencia de que necesitamos y debemos pertenecer a un lugar geográfico, y que, si no es así, somos considerados sujetos defectuosos.</p>
<p>Sin embargo, a pesar de que Maslow intentó encajar a todos en su pirámide de necesidades humanas, como si fuéramos muñequitos fabricados en serie, tuvo que reconocer que no todas las personas experimentan la misma intensidad en la necesidad de pertenecer. Me aventuro a afirmar que algunas pueden carecer por completo de esta necesidad.</p>
<p>La pirámide de necesidades humanas de Maslow siempre me ha parecido simplista, una forma de agrupar a la humanidad de manera masiva, sin tener en cuenta la diversidad, que es una característica constante de la naturaleza. La pertenencia, al igual que otras facetas de la experiencia humana, es un terreno complejo y multifacético que no puede reducirse a una estructura jerárquica rígida.</p>
<p>Encuentro cierta afinidad, aunque no completa, con la teoría de Henri Tajfel sobre la pertenencia. Tajfel desarrolló la &#8220;teoría del conflicto intergrupal&#8221; y a partir de ella elaboró el concepto de identidad social.</p>
<p>Para Tajfel, la identidad social es el sentido de pertenencia a un grupo social, que se construye mediante la categorización, identificación y comparación. En términos más sencillos, esto significa que las personas se clasifican a sí mismas y a los demás en función de criterios sociales y culturales, como género, edad, nacionalidad, poder adquisitivo, lugar de residencia, raza, entre otros. Sin embargo, todas estas categorizaciones, así como la importancia que se supone que deberían tener y su significado, han sido creados a lo largo de la historia por grupos sociales dominantes que deciden qué sí y qué no, quiénes sí y quiénes no podemos ser.</p>
<p>Para este grupo dominante, que en ocasiones ni siquiera constituye la mayoría, aquellos que no encajan en estos criterios o se rebelan contra ellos son considerados sujetos defectuosos. En esta categoría caen todas las identidades sociales que los grupos de poder discriminan, marginan y privan de sus derechos.</p>
<p>Según Tajfel, las personas se identifican con el grupo al que pertenecen (endogrupo) y comparan este con los grupos a los que no pertenecen (exogrupos). Esto lo hacen con un afán casi desesperado en busca de una valoración positiva y del favorecimiento de su endogrupo frente a los exogrupos. No solo buscan diferenciarse, sino destacarse o sentirse superiores.</p>
<p>De estas dinámicas han surgido divisiones como blancos versus negros, donde la blanquitud se eleva como una categorización superior, relegando a los demás tonos de piel a un estatus de humanos de segunda clase. También emergen enfrentamientos como cristianos versus islámicos y personas cisgénero versus personas LGBTIQ+, norte versus sur, entre otros</p>
<p>Para Tajfel, la identidad social se manifiesta en dos extremos. Por un lado, puede proporcionar autoestima, motivación, cohesión y afecto a los individuos. Por otro, puede generar prejuicios, estereotipos y discriminación hacia los grupos o categorías percibidos como diferentes, inferiores o minoritarios.</p>
<p>En el contexto colombiano, esta dinámica se hace evidente cuando los ciudadanos se comparan y, por ejemplo, asumen que la blanquitud confiere acceso y derecho a posiciones de poder, mientras que otros grupos étnicos y raciales se ven limitados a roles de servicio. Este estigma y discriminación se ha reflejado claramente en el caso de la Vicepresidenta Francia Márquez. La percepción de superioridad atribuida a la estética blanca se extiende a la población raizal, ya sea indígena o afrodescendiente.</p>
<p>Asimismo, se exalta lo que se ha denominado de manera errónea y estigmatizante como la &#8220;malicia indígena&#8221;. En la mentalidad colombiana, esta expresión sugiere una &#8220;habilidad&#8221; especial y creativa para estafar o cometer delitos. En diversas regiones del país, se considera que esta característica especial es parte integral de la identidad social de ese lugar geográfico. Culturalmente, se les enseña a los individuos que poseer esta “cualidad” los convierte en dignos representantes de la cultura paisa y cafetera.</p>
<p>En su libro &#8220;Sapiens: de animales a dioses&#8221;, el historiador israelí Yuval Noah Harari plantea una idea fascinante: lo que diferencia a los humanos de otros animales es nuestra capacidad de crear y compartir ficciones colectivas. Estas ficciones son historias imaginarias que dan sentido a nuestra existencia y cohesionan a grandes grupos de personas. Pueden abarcar ámbitos religiosos, espirituales, estéticos, políticos, económicos y culturales, variando en contenido y forma a lo largo del tiempo y el espacio.</p>
<p>Para Harari, el sentido de pertenencia surge como una consecuencia directa de estas ficciones colectivas. Al identificarnos con estas narrativas imaginarias, nos clasificamos dentro de ellas y construimos una identidad personal y social basada en estas historias. Concuerdo plenamente con Harari en este punto. Estas ficciones colectivas tienen el potencial de generar cooperación y unidad, pero también han sido responsables de la violencia, explotación, discriminación y opresión que han afectado a diferentes razas, culturas e identidades a lo largo de la historia y en todo el mundo.</p>
<p>Si combinamos las perspectivas de Tajfel y Harari, surgen ficciones colectivas que a lo largo de la historia se han presentado como verdades absolutas, dictando cómo uno debe ser, existir y comprender el mundo. Quienes encajan en estas ficciones y las aceptan son considerados superiores y se les otorgan derechos. Por otro lado, aquellos que no se ajustan a estas narrativas, que no las reconocen ni aceptan, son marginados. Su mera existencia y esencia incomodan a los demás, y a menudo los grupos dominantes buscan corregir o, lamentablemente, &#8220;neutralizar&#8221; todo lo diverso y que se salga del estándar. El cuestionamiento y la reflexión crítica sobre estas narrativas son esenciales para construir un mundo más inclusivo y equitativo.</p>
<p>Siguiendo la perspectiva de Tajfel y Harari, mi falta de identificación social como colombiana y cartagenera, y mi sensación de no pertenecer a este rincón del mundo, se debe a que no me categorizo en las clasificaciones que supuestamente definen lo que significa &#8220;ser colombiana&#8221;. Además, no comparto, acepto ni creo en las ficciones colectivas que cohesionan este país.</p>
<p>Entonces, ¿cuáles son las ficciones colectivas que prevalecen en la sociedad colombiana de hoy? Además de las religiosas, que están arraigadas en una estructura cristiana, ¿puede ser que muchas de estas ficciones tengan como punto de partida la religión? Por ejemplo, el lema policial de &#8220;Dios y Patria&#8221; o la creencia generalizada de que Colombia no podría tener un presidente ateo, como Alejandro Gaviria. Sin embargo, me surge la pregunta: ¿Existen más ficciones colectivas contemporáneas en juego?</p>
<p>Una de ellas podría ser la narrativa de la &#8220;gente de bien&#8221; y su papel social como punto de partida para categorizar, etiquetar, excluir y estigmatizar a quienes no cumplen con ciertas características para ser incluidos en esta categoría. Este patriotismo exagerado y a menudo violento ha contribuido a que Colombia sea un país marcado por la discriminación y la estigmatización en relación con cualquier forma de diversidad.</p>
<p>Descubrir, identificar y comprender estas ficciones colectivas colombianas es una tarea que va más allá del alcance de esta columna. Sin embargo, es esencial iniciar un diálogo y una reflexión crítica sobre estas narrativas compartidas para promover una sociedad más inclusiva y equitativa.</p>
<p>Mi rechazo a la identidad social como colombiana se debe a que no me identifico con las ficciones colectivas que rigen esta geografía. Por decisión propia, no me categorizo y estoy en el proceso de desvincularme de los grupos a los que, de manera involuntaria, pertenecí. Y esto último no es un proceso fácil.</p>
<p>Surge entonces la pregunta: ¿Es realmente necesario sentir un sentido de pertenencia hacia un lugar geográfico? ¿Debo forjar una conexión con un grupo social de un lugar específico? Según varias teorías psicológicas, este sentido de pertenencia se desarrolla a medida que compartimos experiencias, valores, metas y aspiraciones con grupos sociales del mismo lugar geográfico. De manera instintiva e inconsciente, comparamos cuántos rasgos físicos, culturales y emocionales compartimos con este grupo de personas y nos identificamos con ellos.</p>
<p>Pero, ¿qué ocurre si rompo las conexiones que he creado debido a la presión social o al intentar &#8220;encajar&#8221;, aunque en realidad nunca lo deseé? ¿Y si decido no forjar nuevas conexiones porque simplemente no siento que pertenezco y no deseo formar parte de lo que comúnmente se denomina &#8220;ser de un lugar&#8221;, en mi caso, &#8220;ser colombiana&#8221;?</p>
<p>Me planteo, ¿por qué mi identidad individual y social debe estar intrínsecamente ligada al lugar donde nací? ¿Y si opto por construir una identidad social que trascienda las categorizaciones y las identidades geográficas? ¿Por qué no puedo tener un autoconcepto basado en mis propias convicciones en lugar de etiquetas patrióticas impuestas desde fuera?</p>
<p>Desafiar las normas sociales y cuestionar las categorizaciones es un acto de empoderamiento, permitiéndonos definir nuestra propia identidad sin las limitaciones impuestas por la sociedad o la geografía.</p>
<p>La filosofía aborda el tema de la identidad social de una manera interesante. Se refiere a cómo los individuos se definen en relación a los grupos a los que pertenecen, y el sentido de pertenencia se entiende como una profunda necesidad humana de aceptación.</p>
<p>Martin Heidegger, en su obra, exploró extensamente la importancia de encontrar nuestro lugar en el mundo. Para Heidegger, el ser y el lugar están intrincadamente entrelazados. El ser humano solo puede comprenderse a sí mismo a través del lugar que ocupa. Sin embargo, para Heidegger, el lugar no es simplemente un espacio geográfico.</p>
<p>Aquí es donde Heidegger introduce el concepto de Dasein, que significa &#8220;sentido del ser&#8221;, &#8220;estar ahí&#8221; o &#8220;existencia&#8221;. Representa el proceso de nuestra consciencia humana vinculándose con todo lo que nos rodea.</p>
<p>Según Heidegger, el ser y el lugar son dos aspectos inseparables de la existencia humana; juntos, crean nuestra forma de existencia en el mundo. Y si el lugar no se limita únicamente a lo geográfico, ¿qué podría ser considerado un &#8220;lugar&#8221; para Heidegger? ¿La edad? ¿Los roles? ¿La raza? ¿La ocupación? Sí, todas estas y más son dimensiones desde las cuales se existe.</p>
<p>Entendido de esta manera, nuestra identidad social no está necesariamente atada a un lugar geográfico. Todos somos y existimos, pero este concepto de &#8220;lugar&#8221; es más abstracto, intangible y subjetivo. Por lo tanto, se puede construir y reconstruir una identidad social sin que esté arraigada en la geografía y su patriotismo, tomando como base lugares abstractos y existenciales.</p>
<p>En mi caso, he decidido que simplemente soy &#8220;terrícola&#8221;, una clasificación espacial que carece de categorías o etiquetas, ya que no hay con quién compararse, carece de estigmatizaciones y diferencias. ¿Con quién podría compararse un terrícola? ¿Con un marciano, un venusiano o un saturniano? Expandiendo aún más esta perspectiva y buscando una identidad completamente desprovista de categorizaciones y etiquetas, me identifico como &#8220;soleña&#8221; y &#8220;lacteana&#8221;. Estos gentilicios que acabo de inventar significan que nací en el Sistema Solar y en la Vía Láctea. ¿Qué diferencia a un &#8220;soleño&#8221; de un &#8220;alfa centuriano&#8221;? ¿Qué diferencia a un &#8220;lacteano&#8221; de un &#8220;andromedeano&#8221;? En última instancia, elijo que mi clasificación geográfica y espacial sea &#8220;terrícola&#8221;, &#8220;soleña&#8221; y &#8220;lacteana&#8221;, y construyo mi identidad social desde una perspectiva existencial alejada del regionalismo y el patriotismo.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=96332</guid>
        <pubDate>Thu, 14 Sep 2023 21:58:00 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Dejar de ser colombiana]]></media:description>
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        <title>¡Tortas viajeras en el tiempo!</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/tortas-viajeras-tiempo/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Quién se inventó festejar el cumpleaños con una torta? ¿Por qué tenemos que comer un pastel con velas y pedir un deseo cada vez que cumplimos un año más de vida? ¿Qué tiene que ver la torta con el paso del tiempo? Estas son preguntas que seguramente muchos nos hemos hecho alguna vez, sobre todo [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>¿Quién se inventó festejar el cumpleaños con una torta? ¿Por qué tenemos que comer un pastel con velas y pedir un deseo cada vez que cumplimos un año más de vida? ¿Qué tiene que ver la torta con el paso del tiempo? Estas son preguntas que seguramente muchos nos hemos hecho alguna vez, sobre todo cuando estamos a punto de soplar las velas y pedir un deseo. ¿De dónde viene esta tradición tan dulce y deliciosa? ¿Qué significado tiene? ¿Y por qué siempre hay que ponerle una vela por cada año de vida?</p>
<p>¿Qué les parece si hacemos un viaje en el tiempo para descubrir por qué festejamos nuestro cumpleaños con una torta?</p>
<p>En las lejanas tierras del Nilo, en Egipto, veneraban a los faraones como auténticos dioses, y creían que al ser coronados, estos se convertían en deidades. Y en ese momento se celebra su &#8220;nacimiento como dios&#8221;, entonces organizaban una tremenda fiesta, pues claro, cuando te conviertes en un dios, ¡necesitas celebrar con estilo! Tirar la pirámide por la ventana. Y eso fue lo que ocurrió en el tercer milenio a.C., cuando Menes, el fundador de Menfis y uno de los primeros faraones egipcios celebró su nacimiento como dios. Fue en su época cuando se tiene registro del primer cumpleaños celebrado en la historia ¿Pueden imaginar la magnitud de esta fiesta? Hasta los esclavos eran libres ese día y Egipto se emparrandaba por todo lo alto.</p>
<p>Y la celebración incluía un gran pastel. Puedo imaginar a Menes sentado en su trono, con una gran corona y la super torta frente a él. Se dice que la forma redonda del pastel y las velas que lo adornaban simbolizaban la luna llena.</p>
<p>Abandonemos la arena del Sahara y viajemos a la majestuosa Grecia, donde también se conoce la segunda torta de cumpleaños más antigua que data del siglo IV a.C. y fue elaborada por los antiguos griegos en honor al cumpleaños de la diosa Artemisa, la protectora de la naturaleza y la caza. Los griegos preparaban las obelinas, unos panes redondos con miel y frutos secos, que también simbolizaban la luna llena, y los adornaban con velas encendidas, que representaban la luz divina. Los fieles llevaban estas ofrendas al templo de Artemisa y las compartían entre ellos después de hacer sus plegarias. Y esta historia me encanta porque Artemisa es mi deidad griega favorita, ella es toda empoderada, rebelde, es la diosa feminista del panteón griego.</p>
<p>Ahora volemos en un Pegaso griego hasta Roma, donde también se celebraban los cumpleaños con tortas, pero sólo se festejaba el natalicio de los hombres (el patriarcado en todo su esplendor) ya que las mujeres no tenían derecho a este festejo sino hasta el siglo XII d.C.</p>
<p>Los romanos hacían unas tortas saladas con harina, queso y huevos, y las servían en las fiestas familiares o públicas. Algunos emperadores, como Augusto o Nerón, recibían tortas gigantescas con su efigie o con escenas de sus hazañas. Pero resulta que, en la Roma antigua, solo los hombres realmente importantes y de rango alto tenían el privilegio de celebrar su cumpleaños. Los pobres sólo conmemoraban el aniversario de la muerte del patriarca en una festividad póstuma conocida como &#8220;Genesia&#8221;.</p>
<p>Adelantamos nuestra maquina pastelera del tiempo y llegamos a la Edad Media en Alemania. Surgía una tradición que sentaría las bases de los pasteles modernos, los panaderos alemanes crearon un pan redondo con miel y frutos secos llamado &#8220;Geburtstagorten&#8221;, que significa &#8220;pastel de cumpleaños&#8221;. Lo interesante es que este pan se horneaba en un molde especial con un agujero en el centro. ¿Sabes por qué? ¡Porque al sacarlo se podía insertar una vela encendida que representaba la luz de la vida! Una hermosa manera de representar el paso del tiempo y la celebración de un nuevo año de vida.</p>
<p>La costumbre de poner una vela por cada año de vida también tiene su origen en Alemania, donde se creía que los espíritus malignos acechaban a las personas en su día de cumpleaños. Para protegerse de ellos, se encendían velas que simbolizaban la fuerza y el poder del cumpleañero, y se le pedía que soplara con fuerza para alejar a los malos espíritus. Además, se le concedía un deseo que debía guardar en secreto para que se cumpliera. Le debemos a los alemanes el deseo del cumpleaños.</p>
<p>Tres tortas de miel después, ya en el siglo XVII, los pasteles comenzaron a tener múltiples capas, glaseado y decoraciones elaboradas ¡Se hizo realidad el sueño de todos los adictos de los pudines!</p>
<p>Pero había un pequeño problema: solo las personas adineradas podían permitirse semejante exquisitez. ¿Puedes imaginar a la gente común mirando a través de las vitrinas de las panaderías y diciendo: &#8220;Algún día, mi querido pastel de cumpleaños, algún día mi paladar te probará”?</p>
<p>En la Edad Media, la torta de cumpleaños se convirtió en un símbolo de la nobleza y el poder. Los reyes y los nobles encargaban a los pasteleros unas tortas elaboradas con ingredientes exóticos y caros, como el azúcar, las especias, las frutas confitadas o el chocolate. Estas tortas se decoraban con oro, plata, joyas o escudos heráldicos, y se exhibían en las cortes como muestra de riqueza y prestigio.</p>
<p>Nos subimos en un saco de harina volador y aterrizamos en el siglo XVIII cuando la torta de cumpleaños se popularizó. Por suerte, llegó la revolución industrial y con ella la democratización de los pasteles de cumpleaños. La Revolución Industrial generó un abaratamiento de los ingredientes. Los obreros y los campesinos empezaron a hacer sus propias tortas caseras con harina, mantequilla, huevos y azúcar, y las adornaban con velas según el número de años que cumplían. ¡Vualá! Ahora todos podían tener su porción de felicidad azucarada en su día especial. Y así, el pastel de cumpleaños se convirtió en una tradición extendida por todo el mundo.</p>
<p>Con el paso del tiempo, la torta de cumpleaños fue evolucionando y adquiriendo diferentes formas, sabores y decoraciones, según la cultura y el gusto de cada país.</p>
<p>Así que ya sabes, la próxima vez que te inviten a un cumpleaños o que celebres el tuyo, no olvides agradecer al faraón Menes y a los alemanes por haber inventado esta maravillosa costumbre que nos permite disfrutar de un momento dulce y divertido. Y recuerda pedir un deseo antes de soplar las velas ¡Tal vez se te cumpla!</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
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        <pubDate>Fri, 07 Jul 2023 02:26:36 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¡Tortas viajeras en el tiempo!]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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        <title>Palabras moribundas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/palabras-moribundas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Las palabras también son víctimas. Víctimas de la estupidez humana. Abusamos de las palabras y del lenguaje, usando tanto algunas de ellas que les quitamos su valor, las exprimimos tanto que les quitamos su jugo y su trascendente significado. Empleamos las palabras simplemente porque están de moda, porque nos hacen sentir inteligentes, espirituales o cualquier [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Las palabras también son víctimas. Víctimas de la estupidez humana. Abusamos de las palabras y del lenguaje, usando tanto algunas de ellas que les quitamos su valor, las exprimimos tanto que les quitamos su jugo y su trascendente significado. Empleamos las palabras simplemente porque están de moda, porque nos hacen sentir inteligentes, espirituales o cualquier otra tontería. Es como si de tanto usar algunas palabras -sin comprender su poderoso significado- las desgastáramos y les robáramos su esencia.</p>
<p>Cuanto más de moda se vuelve una palabra, más vacío y superficial se vuelve su significado. La palabra y su significado se reducen, la comprensión del mismo se esfuma, hasta que la palabra se banaliza y se convierte en una moda tonta, una tendencia vulgar, casi como si vandalizáramos su significado.</p>
<p>Personalmente, comienzo a sentir fastidio hacia las palabras que se banalizan al convertirlas en modas. Hay muchas palabras que actualmente me caen mal, siento lástima por ellas y por lo bajo que han caído (aunque no es su culpa), por lo banal en lo que se han convertido. Estas palabras son nuestras víctimas. A veces, no se trata solo de una palabra, sino de una frase o un conjunto de palabras, y eso es aún peor, porque esos nuevos términos me causan un terrible fastidio. Algunas de estas palabras y frases son: resiliencia, empoderamiento, empatía, autenticidad o auténtico, responsabilidad afectiva, tóxico/a, superación, patriarcado, brillar, sé luz, vibrando alto, amén, tu mejor versión, sororidad, namasté&#8230; la lista es larga.</p>
<p>Cuando estas palabras se vuelven moda, comienza la pesadilla de los memes y los mensajes &#8220;edificantes&#8221; y de superación que las utilizan. Las frases con esas palabras invaden las redes sociales, los TikToks o los reels, donde nos presentan mensajes reflexivos sobre ellas, como:</p>
<p>&#8220;¿Tu pareja tiene responsabilidad afectiva? Descúbrelo aquí.&#8221; &#8220;No más relaciones tóxicas, aprende cómo salir de ellas.&#8221; &#8220;Siempre sé auténtico.&#8221;</p>
<p>¿Por qué diablos están tan de moda estas palabras? ¿A qué se debe? ¿Quién las inventa? ¿Y de dónde salen? Son preguntas que me planteo cada vez que escucho a alguien soltar un &#8220;literal&#8221;, &#8220;hater&#8221;, &#8220;total&#8221; o &#8220;cool&#8221;. Es como si hubiera un comité secreto de palabras de moda que se reúne en un búnker subterráneo para decidir qué términos van a invadir nuestras conversaciones y redes sociales.</p>
<p>Ya en serio, es desde la filología, que podemos analizar este fenómeno de la moda lingüística desde varias perspectivas. La filología nos permite comprender cómo las palabras nacen, se transforman y mueren, y cómo se relacionan con la realidad que expresan. Una de estas perspectivas es la sociolingüística que nos dice que el lenguaje es un ser vivo que muta y se adapta a los caprichos de los hablantes. Así que estas palabras de moda son una especie de tatuaje temporal que revela los gustos, la identidad y hasta la moda de los grupos sociales que las usan.</p>
<p>La pragmática, por su parte, nos explica que estas palabras de moda tienen un propósito comunicativo muy concreto. Sirven para expresar emociones, actitudes, valores y hasta juicios; para crear vínculos o diferencias con otros hablantes; para llamar la atención o causar impresión. Son como las señales luminosas en un concierto de rock, donde puedes mostrar si estás en la onda o si eres un espécimen en vía de extinción. ¡Ahí es donde entra en juego el famoso &#8220;cool&#8221;!</p>
<p>Otra perspectiva para abordar el tema es desde la lingüística cognitiva, que investiga cómo el lenguaje refleja y moldea nuestra forma de pensar y percibir el mundo. Las palabras que se ponen de moda pueden revelar aspectos de nuestra cognición, como nuestra imaginación, nuestra memoria, nuestra creatividad o nuestra capacidad de razonar. Y las palabras que se ponen de moda pueden ser metáforas, analogías, neologismos o palabras prestadas de otros idiomas que nos ayudan a comprender y expresar mejor nuestra realidad.</p>
<p>Haciendo una analogía de esas que me gustan, las palabras tendencia (según la lingüística cognitiva) son como las gafas de sol de la moda que distorsionan nuestra percepción y nos hacen creer que somos más interesantes de lo que realmente somos. ¡Ah, la magia del &#8220;empoderamiento&#8221;!</p>
<p>Y aunque me fastidie mucho que las palabras se vuelvan moda y se desgasten de tanto usarlas, en realidad, las palabras que se ponen de moda son mucho más que simples modas. Son el resultado de procesos lingüísticos, sociales y cognitivos complejos y dinámicos, que nos muestran cómo el lenguaje está vivo, respira al unísono con los hablantes, pero en ocasiones se llena de virus y mata fulminantemente algunas palabras.</p>
<p>Y así, mientras las palabras caen víctimas de la moda y la superficialidad, nos encontramos inmersos en un desfile de banalidades lingüísticas. Es como si estuviéramos en un juego de palabras al estilo de &#8216;Adivina la moda literaria&#8217;.</p>
<p>La resiliencia, ese término de moda que nos invita a ser tan fuertes como Hulk, capaces de enfrentar cualquier adversidad sin despeinarnos. Empoderamiento, la palabra que nos hace sentir tan poderosos como los líderes de una revolución, aunque luego volvamos a nuestras aburridas rutinas cotidianas. Y qué decir de la autenticidad, el concepto de moda que nos anima a ser tan genuinos como Pegasos en un mundo lleno de ovejas.</p>
<p>Pero no nos olvidemos de la responsabilidad afectiva, el código moral de las relaciones modernas, donde nos convertimos en “expertos” en evaluar y etiquetar emocionalmente a nuestras parejas. Y, por supuesto, no puede faltar el concepto de toxicidad, esa etiqueta que usamos para señalar a cualquiera que no se ajuste a nuestras expectativas o nos genere incomodidad.</p>
<p>Ah, y no olvidemos las frases motivacionales que nos llegan a través de los memes y los videos de TikTok, donde nos dan lecciones profundas y reveladoras ¡Todo en menos de 15 segundos! Porque, claro, la sabiduría instantánea es la tendencia del momento.</p>
<p>Así que a brillar y nunca olvidar la premisa del momento: sé la mejor versión de ti mismo. Vibra tan alto que tus chakras se conviertan en linternas mágicas. Y recuerda siempre decir &#8216;amén&#8217; después de cada frase, como si estuvieras en un congreso espiritual de memes.</p>
<p>En este circo de palabras vacías, me pregunto si alguna vez recuperaremos el sentido real del lenguaje o “se verán cosas peores”. Mientras tanto, seguiré contemplando con resignación cómo las palabras se convierten en víctimas de nuestra propia estupidez.</p>
<p>¿Por qué no jugar con las palabras, experimentar con ellas, aprender palabras nuevas y no acabar hasta a agonía las palabras tendencia?</p>
<p>Y tú cuéntame, ¿qué palabra te gusta usar más? ¿Qué te dice sobre ti? ¡Namasté!</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=95065</guid>
        <pubDate>Wed, 14 Jun 2023 00:07:09 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Palabras moribundas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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        <item>
        <title>¡Oh my god es Mercurio retrogrado!</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/oh-my-god-mercurio-retrogrado/</link>
        <description><![CDATA[<p>¡Qué emocionante tema vamos a abordar hoy! Preparen sus cristales mágicos y sus varitas de incienso, porque hoy vamos a sumergirnos en el fascinante mundo de la astrología, esa maravillosa creencia que nos permite culpar a los planetas de todos nuestros problemas y frustraciones, porque nos dice que los movimientos celestiales determinan nuestro destino y [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>¡Qué emocionante tema vamos a abordar hoy! Preparen sus cristales mágicos y sus varitas de incienso, porque hoy vamos a sumergirnos en el fascinante mundo de la astrología, esa maravillosa creencia que nos permite culpar a los planetas de todos nuestros problemas y frustraciones, porque nos dice que los movimientos celestiales determinan nuestro destino y que Mercurio retrogrado es la fuente de todos nuestros problemas cotidianos ¿Pero por qué demonios la gente sigue creyendo en esto? Permíteme ponerme mi bata de psicóloga cósmica y explorar el asunto.</p>
<p>Pero, antes de que los astrólogos me pronostiquen infortunios en mi carta astral y me envíen al exilio de las estrellas, quiero dejar claro que respeto las creencias de cada persona. Cada uno es libre de creer en lo que desee, ya sea en la astrología, en la existencia de unicornios coloridos o en que la tierra es más plana que una tortilla.</p>
<p>Hace unos días estábamos en Mercurio retrogrado, me entero del asunto porque varios de mis amigos y de personas que sigo en redes le anuncian al mundo cuando esto sucede, previniéndolos de todos los infortunios que esto puede causar. Es increíble, pero hasta venden libros que te explican cómo salir bien librado de Mercurio retrogrado. Les explico, según los astrólogos, Mercurio retrogrado ocurre cuando este planeta comienza su retroceso aparente y todo en nuestra vida se vuelve al revés. Se dice que las comunicaciones se entorpecen, los contratos se arruinan, los electrodomésticos se rebelan y hasta nuestros amores se desvanecen en el aire cósmico. Nadie se salva de Mercurio ¡es el bromista celestial!</p>
<p>Pero, vamos a analizar esto desde una perspectiva más científica, ¿de acuerdo? La retrogradación de Mercurio no es más que una ilusión óptica causada por las diferentes velocidades orbitales de los planetas en nuestro sistema solar. Mercurio parece moverse hacia atrás desde la perspectiva de la Tierra. Pero solo parece, porque en realidad sigue su órbita normal. Es como cuando adelantas a un carro en la carretera y parece que va hacia atrás. ¿Crees que eso afecta al funcionamiento del coche? Pues lo mismo con Mercurio.</p>
<p>Repite después de mi: No hay una fuerza mágica planetaria que afecte nuestras vidas. La psicología nos enseña que los seres humanos tienen una fuerte necesidad de encontrar significado en sus vidas. Y, ¿qué mejor manera de encontrar significado que culpar a Mercurio cuando te olvidas de pagar la factura de la luz? Porque, claro, la razón por la que olvidaste pagar la factura es que un planeta &#8220;retrocedió&#8221; su órbita ¡Gracias, Mercurio retrogrado, por arruinar mis finanzas personales! Si tu microondas deja de funcionar durante Mercurio retrogrado, es probable que necesite un arreglo o que simplemente haya llegado al final de su vida útil. Si necesitabas llegar temprano a una cita muy importante y se te espicha una llanta, se debe a las razones normales por las cuales se pinchan las llantas. Si te sale un grano en la cara, algo te picó, tu piel es grasa o son las hormonas. Convéncete, Mercurio retrogrado no tiene la culpa. Nada de lo que te suceda tiene que ver con la ubicación de un cuerpo celeste a miles de kilómetros de distancia.</p>
<p>Es gracioso cómo atribuimos nuestras desgracias a la posición de un planeta en lugar de analizar las decisiones que tomamos o las acciones que realizamos. &#8220;Mercurio retrogrado hizo que mi jefe me despidiera&#8221; o &#8220;Mercurio retrogrado arruinó mi cita romántica&#8221;. Quizás, solo quizás, nuestro jefe nos despidió porque llegamos tarde todos los días, o nuestra cita romántica fue un desastre porque hablamos sin parar sobre nosotros mismos. La astrología nos ofrece una cómoda excusa para no asumir responsabilidad y echarle la culpa a un pobre planeta que (obviamente) no tiene idea que existes.</p>
<p>La astrología también alimenta nuestra tendencia a creer en la magia y lo sobrenatural. Porque, sinceramente, ¿Quién necesita explicaciones científicas cuando puedes simplemente atribuir tus éxitos y fracasos a la posición de los astros? ¿Estudiaste arduamente y trabajaste duro para conseguir ese trabajo? ¡Bah! Fue Júpiter en conjunción con Plutón lo que te impulsó hacia el éxito. Claro, eso tiene mucho más sentido.</p>
<p>Y no olvidemos el aspecto social de la astrología. Es divertido y emocionante sentarse con amigos a leer el horóscopo y buscar similitudes en nuestras personalidades. &#8220;¡Oh, eres un Leo! Eso explica por qué eres tan egocéntrico y dramático&#8221;. ¡Qué genial es generalizar y etiquetar a las personas según el mes en que nacieron! Aparentemente, tu carácter y todo lo que eres como persona se reduce a la posición del sol en el momento del parto ¿Quién necesita años de psicología cuando puedes simplemente mirar tu signo del zodiaco?</p>
<p>La astrología interpreta la ubicación de los astros y sus constelaciones, para adivinar el futuro y  definir rasgos de la personalidad. En Babilonia se origina la astrología que conocemos hoy, ellos usaban cartas astrológicas para predecir  las estaciones y los eventos celestes. Pero, un día cualquiera, los babilonios miraron el cielo y se inventaron historias sobre las estrellas, y ahí fue cuando se jodió todo. Entonces, vinieron los griegos adoptaron la astrología, le dieron un enfoque filosófico y mitológico. Y fue cuando nació el zodíaco, que divide el cielo en doce sectores que se asocian a los doce signos, que a su vez representan a doce animales simbólicos. Cada signo tiene un planeta regente, un elemento, un número preferido, una tendencia que determina y atribuye una personalidad, etcétera. Pero también los egipcios aportaron su granito de arena, ellos crearon las casas astrológicas que se usan hoy en día.  Ah la astrología una ciencia milenaria que revela los secretos del universo (eso dicen por ahí).</p>
<p>Hagamos un pequeño ejercicio de reflexión para así intentar entender por qué la gente cree en la astrología.</p>
<p>Imagínate esto: un día, alguien te dice que tu personalidad y tu destino están codificados en los cielos ¿No te parece una idea fascinante? ¿A Quién no le gusta pensar que hay un gran plan cósmico detrás de nuestras vidas monótonas, aburridas y ordinarias? Así que, preferimos imaginar que nuestro destino lo predeterminan la posición de los planetas, en vez de tomar las responsabilidades por nuestras decisiones y acciones.</p>
<p>Creer en la astrología les permite a las personas escapar de la realidad y los hace sentirse especiales. También, nos da una manera de entendernos a nosotros mismos y a los que nos rodean, de encontrar nuestra razón de ser, un sentido a la vida y de conocer el incierto futuro. La humanidad siempre ha sentido fascinación  por el cielo, los astros y por sus misterios, la astrología nos hace creer que existe una conexión mágica entre lo que pasa arriba y lo que pasa aquí abajo. Nuestra vanidad y egoísmo afloran, cuando nos sentimos identificados con las cualidades positivas de cada signo y a su vez justificamos todos nuestros defectos debido a las influencias negativas de las constelaciones y planetas. A través de la astrología nos auto engañarnos y negamos la responsabilidad de nuestros actos y sus consecuencias.</p>
<p>Al creer en la astrología, pensamos que no tenemos el control de nuestras vidas y así buscamos razones para justificar lo que nos sucede a diario e intentamos encontrar el significado de nuestra vida en el movimiento de los astros. Al fin y al cabo, es mucho más místico, divertido e irresponsable pensar que los planetas controlan nuestras vidas.</p>
<p>Pero, ¿Qué pasa cuando las personas creen que su signo zodiacal determina su carácter, su destino y su compatibilidad con otras personas? Pues que están cayendo en una falacia lógica llamada efecto Forer o efecto Barnum. Consiste en que las personas tienden a aceptar como válidas y personalizadas unas afirmaciones genéricas y ambiguas que en realidad podrían aplicarse a cualquiera. Por ejemplo, si te digo que eres una persona sensible, creativa y con un gran potencial, seguramente te sentirás identificado. Pero eso no significa que yo te conozca o que tenga poderes adivinatorios. Simplemente estoy usando frases vagas y halagadoras que funcionan para casi todo el mundo. Si lees que eres una persona honesta y optimista porque eres Leo, te sentirás identificado y pensarás que la astrología es cierta. Y si lees lo mismo siendo Capricornio, también te sentirás identificado. Es decir, los astrólogos usan afirmaciones tan ambiguas y universales que cualquier persona puede creer que las describen a la perfección.</p>
<p>Las personas que creen en la astrología sufren de sesgo de confirmación, es cuando se recuerda, interpreta y busca sólo la información que confirma nuestras creencias, pensamientos y expectativas, entonces inconscientemente ignoramos o rechazamos la información que contradice lo que pensamos. Por ejemplo, si eres Géminis y lees que hoy tu día va a estar lleno de sorpresas, sólo te fijarás en cualquier cosa fuera de lo normal que te pase y enseguida pensarás que es una señal del destino. Si lees lo mismo siendo Escorpio también vas a creer lo mismo. Y si tienes un día aburrido y rutinario siendo Géminis, pensarás que es una excepción o que has leído mal el horóscopo.</p>
<p>El sesgo de confirmación explica por qué los horóscopos parecen acertar siempre, aunque sean vagos y generales. Los creyentes en la astrología solo prestan atención a lo que coincide con su signo y su situación, y olvidan lo que no tiene nada que ver.</p>
<p>Los astrólogos te dicen exactamente  lo que necesitas oír en ese momento y te quitan el miedo al futuro, adivinando a través de las estrellas lo que supuestamente te va a pasar. Te hacen creer que ellos tienen una conexión mágica con el universo y que ven los mensajes que envían las estrellas. Muchos aprovechándose de tu credulidad y de tu necesidad de encontrar un sentido a tu vida.</p>
<p>No hay ninguna evidencia científica de que los astros influyan en nuestra personalidad o en nuestro futuro. Lo único que influye es nuestra propia voluntad y nuestras decisiones.</p>
<p>Si eres de esas personas que culpan a Mercurio retrogrado de todas sus desgracias, debes reflexionar sobre ello y  tomar las riendas de tu existencia. El único destino que realmente importa es el que tú construyes, no aquel que supuestamente está escrito en las estrellas, porque no hay nada escrito en las estrellas.</p>
<p>La próxima vez que alguien te diga que los Aries son impulsivos, los Tauro muy tercos, los Géminis volátiles e inconstantes, los Cáncer muy sensibles, los Leo soberbios y arrogantes, los Virgo unos perfeccionistas irremediables, los Libra seductores, los Escorpio unos celosos incontrolables, los Sagitario aventureros y viajeros, los Capricornio maniáticos del trabajo y ambiciosos, los Acuario rebeldes sin causa o los Piscis unos soñadores irremediables, simplemente no hagas caso. Tu carácter,  personalidad y tu destino no dependen de la posición de los planetas. Dependen de ti mismo.</p>
<p>Nunca vas a evitar que los astros se muevan y si piensan que los movimientos de los cuerpos planetarios son los culpables de tus desgracias, nuevamente te repito, estas equivocado. Tú eres el único responsable de tu destino, no las estrellas.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
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        <pubDate>Wed, 24 May 2023 02:31:00 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¡Oh my god es Mercurio retrogrado!]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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        <title>Síndrome del Doctorismo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/sindrome-del-doctorismo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un día asistí a una reunión de trabajo en la cual cada uno debía presentarse y mencionar sus funciones. Mi equipo se presentó de la siguiente manera: &#8220;Mi nombre es Fulano, mi profesión es Tal y estas son mis funciones&#8221;. Fue una forma efectiva y sencilla de hacerlo. Luego llegó el turno de presentación de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Un día asistí a una reunión de trabajo en la cual cada uno debía presentarse y mencionar sus funciones. Mi equipo se presentó de la siguiente manera: &#8220;Mi nombre es Fulano, mi profesión es Tal y estas son mis funciones&#8221;. Fue una forma efectiva y sencilla de hacerlo.</p>
<p>Luego llegó el turno de presentación de otro equipo de la oficina, pero en lugar de que cada miembro se presentara, lo hizo aquel que consideraban el líder del equipo. Él comenzó diciendo: &#8220;Yo soy el doctor Mengano, dirijo tal cosa y ellas son las doctoras&#8230;&#8221;.</p>
<p>De esta manera se presentaron ante quien sería su jefe, es decir, a quien socialmente se consideraba el verdadero doctor de la oficina. Resulta sorprendente esta forma de actuar, ¿no les parece?</p>
<p>Es importante aclarar que ninguno de los integrantes de ese equipo es médico ni posee un doctorado. También es necesario mencionar que todos los presentes en esa mesa (excepto el director) teníamos exactamente el mismo tipo de contrato y estábamos en el mismo nivel o rango.</p>
<p>¿Entonces, por qué diablos todos se autodenominan doctores? Es una pregunta un tanto complicada de responder. Uno de mis compañeros de trabajo tiene la particularidad de presentarse siempre como &#8220;Yo soy el doctor Menganito de tal&#8230;&#8221;, tanto en el ámbito laboral como en el social. Exige a los demás, con su mirada y tono de voz, que se refieran a él como &#8220;El Doctor&#8221;. Esto me resulta bastante gracioso. Parece que él no se da cuenta del papelón que está haciendo. Creo que este comportamiento, tanto por parte de él como de muchos otros, se debe al Síndrome del Doctorismo, que se explica de la siguiente manera:</p>
<ol>
<li>Un grave problema de autoestima:</li>
</ol>
<p>Sienten que son inferiores a sus compañeros, menos inteligentes y con poca capacitación. Cuando los llaman doctores, su autoestima aumenta y recuperan la seguridad que tienen extraviada. Sin embargo, incluso si los llaman doctores, si ellos mismos se sienten incapaces, esa falta de confianza en sí mismos se refleja automáticamente en su desempeño profesional.</p>
<ol start="2">
<li>Necesidad de sentirse respetados:</li>
</ol>
<p>Esto es una consecuencia de lo anterior. Al sentirse inferiores, creen que la única forma de ser respetados es siendo llamados doctores. Sin embargo, están muy equivocados. El respeto profesional se gana por méritos propios, a través de tus conocimientos, dominio de la profesión, eficiencia y valores. Son estos aspectos los que hacen que los demás te respeten de manera espontánea.</p>
<p>El hecho de que te llamen doctor no significa automáticamente que te respeten. Puede suceder lo mismo que le ocurre a mi compañero de oficina, a quien le dicen doctor, pero a sus espaldas se ríen de él y lo bembean.</p>
<ol start="3">
<li>Creen que así demandan autoridad:</li>
</ol>
<p>Cuando son llamados doctores, sienten que tienen autoridad, se sienten los jefes. Debido a su complejo de inferioridad y la falta de respeto que perciben, exigir ser llamados doctores les hace sentir superiores y colocar a los demás por debajo de ellos.</p>
<p>Sin embargo, al igual que con el respeto, la autoridad no se gana simplemente exigiendo que te llamen doctor. En general, a estas personas les dicen doctor para halagarlos, para lambonear, pero en realidad no reconocen en ellos ninguna autoridad real.</p>
<p>Una vez ocupé un puesto en el que estuve a cargo de más de 2 mil personas, y nunca exigí que me llamaran doctora. Siempre me presenté por mi nombre y les pedía que me llamaran de esa manera.</p>
<p>Siempre permití que se dirigieran a mí de forma espontánea: Diana, Diani, Dianita, profe, seño, coordinadora, directora, jefa, comunicadora y algunos me llamaban doctora.</p>
<p>Estoy completamente convencida de que el respeto, la autoridad y el reconocimiento profesional no se logran simplemente por ser llamado doctor. Se obtienen a través de tus conocimientos, profesionalismo, excelente desempeño, buen trato hacia los demás y tus valores. No hay nada más hermoso que te llamen por tu nombre, eso es un acto de respeto genuino.</p>
<p>No tengo una relación muy buena con ese compañero de trabajo, y una de las razones seguramente es que no lo llamo doctor. Me dirijo a él por su nombre. No tengo nada en contra de él en ese sentido. Simplemente reservo el título de doctor para aquellos a quienes considero pertinente, como muestra de respeto laboral hacia aquellos que tienen un rango superior al mío, siguiendo las normas sociales en Colombia. También llamo doctor a quienes son médicos o tienen un doctorado.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94619</guid>
        <pubDate>Tue, 16 May 2023 20:56:24 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Síndrome del Doctorismo]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Más almas verdaderas menos sonrisas falsas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/mas-almas-verdaderas-menos-sonrisas-falsas/</link>
        <description><![CDATA[<p>No soy de selfis constantes, no me agrada la auto-adoración hacia mi imagen. Me parece demasiado egocéntrico y una forma de culto a una imagen que intentas vender a los demás. Hay personas que toman tantas selfies, una tras otra, y las suben a sus redes sociales, mostrándose en todas las posiciones posibles. Para mí, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>No soy de selfis constantes, no me agrada la auto-adoración hacia mi imagen. Me parece demasiado egocéntrico y una forma de culto a una imagen que intentas vender a los demás. Hay personas que toman tantas selfies, una tras otra, y las suben a sus redes sociales, mostrándose en todas las posiciones posibles.</p>
<p>Para mí, tomar selfies es un acto de autoalabanza, una necesidad incontrolable de obtener cumplidos y demostrar que soy hermoso/a. En ocasiones se convierte en una necesidad enfermiza de que alguien más te reafirme tu belleza. Es un culto insensato y hasta ridículo a la apariencia física. Este comportamiento masivo se reproduce una y otra vez en la sociedad actual. Como zombis, todos se toman fotos diarias para obtener likes, cumplidos y mensajes que les confirmen su belleza, alimentando un ego voraz que depende de la adulación obtenida a través de fotos superficiales, vacías y carentes de esencia.</p>
<p>Las poses y el estilo de fotos se han vuelto populares. Hoy en día, veo a cientos de personas tomándose fotos con una gran sonrisa falsa, mirando hacia al cielo. Esta foto elaborada y banal resulta aburrida. En Instagram, hoy vi a 13 contactos con fotos en la misma pose. El año pasado, la foto de moda era inclinarse hacia adelante y fingir una gran carcajada.</p>
<p>Para mí, las fotos tienen otro significado. Deben ser espontáneas y representar algo, ya sea un recuerdo, un momento especial o un sentimiento.</p>
<p>Para mí, las fotografías deben salir del alma, reflejar sentimientos de alegría genuinos y mostrar una sonrisa verdaderamente espontánea que nazca del corazón. No se trata de una sonrisa elaborada, fingida o postiza buscando una expresión &#8220;perfecta&#8221; pero falsa, que no sea tuya y que represente una idea de perfección. La sonrisa auténtica es la que te pertenece.</p>
<p>Vivimos en un mundo de sonrisas prefabricadas y falsas que se muestran en las fotos como si fueran sentimientos auténticos.</p>
<p>No hay fotos más bonitas que las espontáneas. Dragan Tapshanov tiene una frase que resume mi sentimiento: <em>&#8216;La fotografía se trata de capturar almas, no sonrisas&#8217;</em></p>
<p>El alma no se puede fingir, es espontánea y se muestra cuando hay sinceridad en tus emociones, cuando vibra tu ser y aflora tu esencia. Eso que llamamos alma es pura, honesta e imposible de prefabricar para una foto artificial.</p>
<p>Estamos en una sociedad que alimenta su ego con fotos artificiales. Los seres humanos son especialistas en sonrisas postizas para reflejar en una imagen sentimientos falsos, clonados y actuados. Es una sociedad insípida compuesta por cuerpos vacíos, muñecos prefabricados en serie, que se llenan con la moda y el comportamiento repetitivo, masivo y sin sentido. Es por eso que los usuarios de Instagram son alabados, ya que esta es una sociedad que vive de las apariencias, bajo el precepto de que es mejor parecer que ser.</p>
<p>Parecer es sencillo; consiste en mentir. La sociedad actual es experta en engañar, y fingir en las fotos es fácil. Pero ser, eso sí que es difícil. Requiere cultivar tu ser con bondad y amor, vivir bajo principios y defenderlos, ser honesto contigo mismo y con los demás. Ser requiere autenticidad, alejarse de los comportamientos masivos. Es difícil encontrar personas con almas auténticas y verdaderas esencias.</p>
<p>Por eso, actualmente no es común encontrar fotos que capturen el alma, que nos muestren la esencia de alguien.</p>
<p>Es por eso que mi cuenta de Instagram no está llena de selfies ni lo estará. Para mí, mis fotos deben tener un motivo auténtico, deben mostrar verdades y sentimientos reales. Cada foto que comparto representa una parte de mi alma, un pedacito de mi corazón y una revelación de mis sentimientos, mi historia y mi vida.</p>
<p>Prefiero alejarme de las personas obsesionadas con las selfies, quienes necesitan alimentar su ego con likes y cumplidos. Tomo distancia de aquellos que fingen sonrisas y tienen sentimientos postizos. Considero que no son confiables ni honestos, ni siquiera en una foto; carecen de criterio propio y se dejan dominar por la moda, viviendo pendientes del qué dirán. Este tipo de personas no me gusta tener cerca.</p>
<p>Por otro lado, me encantan las almas libres, espontáneas y auténticas, que son dueñas de sí mismas y que tienen sonrisas imperfectamente perfectas y reales.</p>
<p>Escribo mientras contemplo el cielo desde mi terraza a la una de la mañana, Morfeo discutió conmigo y se llevó mis ganas de dormir.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
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        <pubDate>Thu, 19 Jan 2023 16:41:27 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Más almas verdaderas menos sonrisas falsas]]></media:description>
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