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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 13:01:22 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Día del maestro | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La letra con sangre ya no entra</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-letra-con-sangre-ya-no-entra/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los profes me odiarán por lo que voy a escribir. Suplico que el castigo no sea tan severo. Me encomiendo a Flaubert, Zweig, Capote y Gabo.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p>Tengo un sueño recurrente: estoy en clase de matemáticas, veo a la profesora Margoth y mi terror aumenta… &nbsp;Viene directo hacía mí. Me siento pegado al pupitre. Quiero escapar y no puedo. Quiero despertar y tampoco.</p>



<p>(…)</p>



<p>Siempre es lo mismo: una pesadilla sin final conocido. ¿Qué significa? &nbsp;</p>



<p>Nos referirnos con nostalgia a la escuela. La más maravillosa de todas las etapas, solemos decir, pero de seguro lo decimos por aquello del relajo, los compinches, las papas chorreadas a la hora del descanso y las vacaciones; no necesariamente por el quebradero de cabeza que nos causó el señor Aurelio Baldor y mucho menos por el inventario de castigos acumulados por nuestras faltas disciplinarias.</p>



<p>De las lágrimas en primaria, donde se nos amenazaba con la monja sin cabeza, pasamos al terror del bachillerato, donde el principal monstruo era la citación al acudiente o la matricula condicional. Nos defendíamos diciendo que ese profe mala leche <em>nos la tenía montada</em>. A veces sí, pero la mayoría de veces no era cierto. En mi curso angelitos&nbsp;propiamente no había. &nbsp;</p>



<p>Bueno, también se notaba cuando un maestro no preparaba la clase, pero, por lo general, nadie chistaba&#8230; y menos los vagos.&nbsp;</p>



<p>El primer castigo fue en tercero de primaria. Tenía deseos de orinar y la profesora no me dejó ir hasta cuando vio, en mis ojos casi llorosos y las piernas en junta extraordinaria, que la cosa era en serio. La <em>teacher</em> decía que uno debía aprender a aguantar. Que no había que malacostumbrar al cuerpo. ¡La odié con toda mi vejiga infantil!</p>



<p>De adulto sigo sin entender por qué tocaba pedir permiso para cumplir con las necesidades biológicas. ¿Acaso aquella maestra era un cuerpo glorioso? No fue divertido ver el suelo encharcado: Varios compañeros se hicieron en los pantalones.</p>



<p>Yo era entonces un inocente chiquillo (no he cambiado mucho, la verdad), de pelo lacio y arisco, al que había que domar con agua de panela. El pelo quedaba como el de un puercoespín. Que cuento de gomina ni que nada.</p>



<p>No fui un alumno problemático pero tampoco un modelo a seguir, ni el que mejores notas sacaba, porque sinceramente estudiar no me gustaba mucho que digamos. Salvo <em>Español </em>que era mi materia favorita. Eso sí, preguntaba de todo y opinaba de todo, hasta de lo que no sabía. Descubrí que los profesores aprecian más a los que participan en clase. Me hice querer. Procuraba ir dos pasos adelante. Esa sigue siendo una clave del éxito en la vida, reforzada por una frase que le repetía la abuela a las visitas los domingos por la tarde. —<em>Prefiero atajar a tener que arriar.</em> Y no hablaba de ganado.</p>



<p>Nunca fui <em>el sapo </em>y nunca me tuvieron sobrenombre. Odié los apodos y no los colocaba para que me llamaran por ni nombre que para eso tengo dos. Dos nombres. También.</p>



<p>Si no le llevé manzanas a la profe, fue porque en mi casa había calor de hogar pero no manzanas de sobra. </p>



<p>Para los tímidos como yo los libros fueron y siguen siendo un refugio seguro; en esos momentos de soledad dichosa nacieron mis ganas de escribir. Luego di mis primeros pasos como periodista en el periódico escolar, al igual que Gustave Flaubert, el autor de la celebrada novela <em>Madame Bovary</em>.</p>



<p>Azriel Bibliowicz hace la siguiente afirmación sobre el escritor francés en “Historia de una cama”, página 53: <em>“En el colegio trabaja en un periódico satírico y en él maltrata a todos los que le desagradan: alumnos, profesores y las personas de Rouen que lo incomodaban. Lo expulsan por pendenciero y desobediente”.</em></p>



<p>Recuerdo que al director del periódico estudiantil, donde yo colaboré, lo expulsaron del colegio por escribir un editorial dirigido a la rectora: <em>“Si no vives para servir, no sirves para vivir”. </em>Entendí muy temprano que a veces se usa la prensa para pequeñas venganzas, desquites. El periódico dejó de circular. ¿Les parece una amenaza a la libertad de expresión? También creo que al compañero se le fue la mano.</p>



<p>Otro que causó dolores de cabeza al profesorado fue Truman Capote, el autor de <em>A sangre fría</em>. Gerald Clarke dice lo siguiente en “La biografía definitiva” (página 66): <em>“Sus profesores solo veían una parte de sus berrinches. El profesor de biología casi perdía los estribos con Truman porque se pasaba toda la clase peinándose. (…) Truman no le hacía caso y seguía peinándose como si tal cosa. Sus notas reflejaban su descreída actitud (…) aprobó muy justo todas sus asignaturas. Ninguna de aquellas asignaturas, se decía él, le ayudaría a prepararse para su papel en la vida. Porque ya había decidido lo que quiera ser: sería escritor”.</em></p>



<p>Se cumplen 100 años del natalicio de Capote. Nació en 1924. Un día les hablaré sobre él. Su vida fue una novela.</p>



<p>En séptimo supe que quería ser periodista. Como Truman. Agradezco al colegio que ayudó a descubrir tempranamente mi vocación. </p>



<p>En quinto de primaria tuve una profesora con aspecto de bruja: Blanca era tan blanca como su nombre, coloradita, siempre vestía pantalón y blusa escotada; tenía pecas y un genio de los mil demonios. Creo que me lo contagió. No me acuerdo si tenía verrugas en la cara. El primer reglazo con regla de madera me lo gané por no saber el resultado de una multiplicación. Reprimenda que se combinaba con cien cuclillas delante de los otros.</p>



<p>—Para que escarmiente, vociferaba ella.</p>



<p>Pero uno no escarmentaba, porque ni siquiera conocía el significado de la palabra.</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>&#8220;Desde niño tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela&#8221;: Bernard Shaw. (Citado por Gabriel García Márquez en <em>Vivir para contarla</em>).</p></blockquote></figure>



<p>No recuerdo castigos severos en bachillerato. Tal vez en sexto grado, imberbe, debí permanecer de pie mirando hacia la pared por media hora, de espaldas a los demás, mientras el profesor dictaba la clase, y lo ponía a uno como el ejemplo del mal ejemplo. Ese día me confié. Por ser de apellido Velásquez por lo general era el último al que le revisaban las tareas o le tomaban la lección. Muchas veces empezaron de atrás hacia adelante.&nbsp;Ni por esas llegué a odiar el colegio con el odio visceral que debió experimentar Stefan Zweig, el escritor austriaco, para escribir lo que escribió:</p>



<p><em>“… si he de ser sincero</em> –afirma en <em>El mundo de ayer</em>, página 54- <em>todos mis años de colegio no fueron si no un constante fastidio, un aburrimiento que aumentaba año tras año la impaciencia por librarme de aquella tarea fatigosa (…) que nos amargó de una manera consciente la época más hermosa y libre de nuestras existencia”.</em></p>



<p>Cuenta que maestros y alumnos se sentían felices <em>“cuando al mediodía sonaba la campana del colegio, que les devolvía la libertad a ellos y a nosotros”.</em></p>



<p>Y, para que no quede duda de su aversión, añade una frase lapidaria. <em>“…el único momento dichoso, verdaderamente alado, que debo a la escuela, fue el día en que sus puertas se cerraron para siempre detrás de mí”.</em></p>



<p>¿Saben? <em>&#8220;El mundo de ayer&#8221; </em>es un libro que toda persona debería leer al menos una vez en su vida. </p>



<p>Lo más tenaz del cuento que les cuento es que los castigos del aula tenían su continuación en el<em> hogar dulce hogar.</em></p>



<p>¿Les suena esta frase?: —¡En la casa arreglamos! Pónganle tono dramático, labios apretados y un rostro que parecía trasfigurado. Puro suspenso en vivo y en directo. Para qué Netflix. Aquella frase, y la famosa <em>&#8220;a la salida nos vemos&#8221; </em>del buscapleitos del salón, parecía un adelanto del juicio final. Nunca fui de peleas. </p>



<p><em>En la casa arreglamos</em> significaba que tocaba enderezarlo a uno. En mi caso la de esos arreglos fue la abuela materna, alma bendita. Me salvé de muchas<em> pelas </em>por ser el nieto favorito, aunque algunas veces terminé debajo de alguna cama -hasta donde no llegaba la chancla pero sí el palo de la escoba- o agarrado de las enaguas de la tía Lucila.</p>



<p>El mismo trato benévolo debió experimentar Gabriel García Márquez, cuya madre fue bastante comprensiva por su mala ortografía, que <em>“…sigue asustando a los correctores de mis originales”,</em> como contó en <em>Vivir para contarla</em>. En la página 193 de la biografía confesó que doña Luisa Santiaga escondía de su papá Gabriel Eligio <em>“algunas de mis cartas para mantenerlo vivo, y otras me las devolvía corregidas y a veces con sus parabienes por mis progresos gramaticales y el buen uso de las palabras”.</em></p>



<p>Lo anterior demuestra que hasta las personas con faltas ortográficas pueden aspirar al Premio Nobel de Literatura. Pero primero póngase a escribir con el juicio que lo hizo Gabo. </p>



<p>Siempre he dicho que la buena ortografía es cuestión de sentido estético. Hay palabras que se ven feas, como una persona con los zapatos sucios, cuando están mal escritas. Comparto lo que se dice por ahí: nadie debería graduarse sin haber aprobado un examen de ortografía. ¿Están de acuerdo? </p>



<p>Como eslogan <em>&#8220;la letra con sangre entra&#8221;</em> quedó desterrado. Menos mal porque de violencia ya está bueno en este país. Sin embargo, hay quienes lamentan tanta permisividad ahora. Yo en cambio lamento que la pitonisa no haya dado con el chiste del sueño recurrente con mi profesora de matemáticas.</p>



<p>¡Feliz Dia del Maestro a los buenos educadores por tanta paciencia! </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=100852</guid>
        <pubDate>Thu, 16 May 2024 04:44:44 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La letra con sangre ya no entra]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>El maestro como guía: el poder transformador de la pedagogía</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/hypomnemata/el-maestro-como-guia-el-poder-transformador-de-la-pedagogia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Tómese un niño cualquiera, digo, tómese desde su estado embrionario, aplíquesele la pedagogía sociológica y saldrá un genio. El genio se hace, diga el refrán lo que quiera; [&#8230;] y lo demostraré.</p>
<p>~Miguel de Unamuno. Amor y pedagogía</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Estas palabras, dichas por don Avito Carrascal, antes de salir a buscar a la futura madre de su hijo-genio, pone en evidencia el problema pedagógico al que este  ensayo  pretende  aproximarse  ¿Qué  es  educar?  ¿Cuáles son sus finalidades? ¿Cuáles son sus estrategias?  El  personaje  de  Unamuno  se  empeña  en  crear  un ser superior y genial a quien la sociedad tendrá que alabar por su capacidad intelectual. Para lograrlo, le reprime de toda clase de afectos y le impone el conocimiento  científico.  Riñe  con  su  esposa  cuando  lo  mima y no le tiene permitido leer poesía. Su experimento es un fracaso. El joven crece, pero de nada le sirve el saber enciclopédico que ha adquirido; queda incapacitado para la vida.</p>



<p>Se  cree  que  la  educación  corresponde  a  inventar un hombre nuevo que incremente sus competencias, que mejore individualmente, sin tener en cuenta que el sujeto es educable por, y para ser parte de una sociedad, como dice Vigotski (22). Educar, desde este punto de vista, se refiere a lo que menciona Domingo Bazán:  “Dotar  de  personalidad  social  a  los  actores,  transmitir saberes y conocimientos considerados culturalmente legítimos, preparar para el mundo laboral,  formar  a  los  futuros  líderes  y  ciudadanos,  entre  otras” (55).</p>



<p>El sujeto al ser educado se le otorgan las herramientas de orden instrumental y de valor, que le ayudan a vivir en sociedad. Estos conocimientos, como se ve, no son meramente prácticos sino que tienen que ver con el desempeño social que el estudiante hará de ellos. De nada sirve saber historia si no se reflexiona e  interpretan  los  cambios  culturales  que  subyacen  de los momentos históricos. La matemática no cumple  su  labor  si  no  se  la  relaciona  con  las  otras  áreas  del  conocimiento.  Delors  lo  explicita  diciendo:  “Se  puede, en mi opinión, afirmar que el futuro pertenecerá a los que mejor sepan crear, transmitir, absorber y aplicar los conocimientos”. (45)</p>



<p>Este   autor   cita   a   la   Comisión   Internacional   sobre  Educación  para  el  siglo  xxi  cuando  nombra  los cuatro pilares de la educación: enseñar a conocer, enseñar a hacer, enseñar a ser y enseñar a convivir. En estos  cuatro  preceptos  se  centra  la  tarea  y  el  reto  de  la educación en la actualidad. Formar un ciudadano que quiera aprender y se sienta complacido al hacerlo, que aprenda algún oficio sobre un área específica que lo ayude a ser exitoso profesionalmente, que desarrolle  sus  atributos  a  través  de  la  responsabilidad  y  del  conocimiento  de  sí  mismo  y,  por  último,  que  sepa  vivir en sociedad, que comprenda a los demás como seres distintos y a la vez complementarios.</p>



<p>El concepto de individualidad que malentiende don Carrascal al pensar que su hijo debe ser egoísta: “Sé ilógico a sus ojos, le dice, hasta que renunciando a clasificarte se digan: es él, Apolodoro Carrascal, espe-cie única”, tiene que ver con lo que plantea el m.e.n: “La  subjetividad,  en  consecuencia,  se  abre  a  las  dos  dimensiones  antes  señaladas:  la  subjetividad  individual o el autoconocimiento, y la autoestima personal y  la  subjetividad  colectiva,  como  parte  de  un  todo,  desde  los  diferentes  niveles  de  interacción  social”.  (56 -57)</p>



<p>Entonces,  si  la  educación  tiene  como  propósito  esencial  formar  al  ciudadano  en  todos  los  aspectos,  es  innegable  que  esta  debe  corresponder  a  las  necesidades individuales y sociales que correspondan a la cultura en que está inmerso. El fin de educar debería ser: “Añadir una segunda naturaleza que concilie las necesidades  y  aspiraciones  individuales  con  el  bienestar de la sociedad”. (Franco 152)</p>



<p>Esta responsabilidad social le permitirá al sujeto transformar  su  entorno.  Bazán  dice  que  “la  escuela  es vista como el lugar donde se hereda la sociedad y donde se construye una sociedad mejor” (60). Quiere decir  que  el  saber  instrumental  no  es  suficiente  y  si  ese fuera el objetivo de la educación, la tarea del educando consistiría en repetir fechas y datos históricos sin relación con el presente. La educación intenta perfeccionar intencionalmente las facultades humanas a favor de la comunidad. </p>



<p>Para  llevar  a  cabo  esta  tarea,  es  necesaria  una  reflexión sobre el desarrollo del pensamiento crítico y creativo del estudiante. Pues, es mediante éste que el sujeto reconstruirá la sociedad. Los alumnos, dice José Manuel Franco: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Tienen  el  deber  no  sólo  de  reproducirla  [su  cultura],  sino  de  mejorarla.  Eso  dependerá,  en  parte,  de  la  creatividad  del  maestro  para  generar  espacios  de  aprendizaje que le permitan al joven [&#8230;] usar el entendimiento o la inteligencia sin la dirección o tutela de otro. (151)</p>
</blockquote>



<p>De  esta  manera,  se  ve  cómo  los  fundamentos  pedagógicos  tratados  encaminan  a  los  conceptos  de  autonomía  y  solidaridad  como  lineamientos  necesarios para que el alumno, por medio de la crítica y la creatividad, proponga un nuevo orden social más equitativo, justo y democrático. En esta característica se centra su responsabilidad social. </p>



<p>Sin  embargo,  surge  la  pregunta  sobre  el  papel  que desempeña el maestro en el desarrollo de la creatividad  de  sus  alumnos.  Don  Carrascal  impone  sus  decisiones a la fuerza, educa a su hijo a partir de un capricho y cree tener poder total sobre él. Su poder se basa en la autoridad de padre y científico. Su hijo es su conejillo de indias. Sin embargo, no es consecuente con  lo  que  enseña.  Le  impide  a  su  hijo  enamorarse,  pero él ama a su esposa. Le prohíbe la religión, pero él sigue algunas convicciones religiosas “por costumbre”. Esto hace que su hijo, en la madurez, le pierda el respeto e intente enfrentársele; cuando le dice que se ha enamorado el padre le contesta:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>&#8211; ¿Y quién te ha mandado enamorarte &#8211;</p>



<p>-¿Quién? El amor, o si quieres el determinismo psíquico, ese que me has enseñado. </p>



<p>El padre,  tocado  en  lo  vivo  por  este  argumento,  ex-clama:</p>



<p>-¡El  amor!,  siempre  el  amor  atravesándose  en  las  grandes empresas&#8230; El amor es anti-pedagógico, an-ti-sociológico, anticientífico anti&#8230; todo. (152)</p>
</blockquote>



<p>Esto  lleva  a  reflexionar  sobre  cómo  la  imagen  del maestro influye en la formación de sus alumnos. El docente no debería tener un perfil autoritario que se  base  únicamente  en  las  relaciones  de  poder.  Esta  coerción no sería consecuente con la función educadora  de  la  que  se  ha  hablado  anteriormente,  puesto  que, la opresión no generaría el pensamiento crítico y creativo, y mucho menos educaría en valores a la persona. Los Lineamientos Curriculares de la Educación Ética y Valores Humanos problematizan esta práctica diciendo que:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>El  autoritarismo,  el  trato  irrespetuoso,  las  prácticas  pedagógicas pasivas, la ausencia de un espíritu investigativo y científico, continúan siendo preocupación de todos los que estamos deseosos de lograr para el país una educación a tono con el espíritu de la época. (M.E.N. 61-62)</p>
</blockquote>



<p>La solución es clara: el maestro debe imponerse sobre sus estudiantes de una forma más significativa y acorde con los objetivos que plantea la reflexión sobre el quehacer pedagógico. A este respecto, José Manuel Franco, citando a Hinchey, dice:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Dos ideas claves para la enseñanza se han ido afianzando  desde  algún  tiempo:  la  primera  es  que  los  maestros  necesitan  asumir  su  liderazgo  si  se  quiere  que  los  esfuerzos  para  mejorar  la  educación  tengan  éxito;  la  segunda  es  que  los  maestros  deben  asumir  su liderazgo si la docencia aspira a ser aceptada como una profesión. (83-84)</p>
</blockquote>



<p>La  nueva  idea  de  sociedad  posmoderna  exige  una nueva manera de acercarse al alumno. La autoridad en el docente debilita; el liderazgo, por el contrario, fortalece los actos pedagógicos que se emprenden. Los  docentes  que  reflexionan  acerca  de  su  liderazgo  en la institución y en el aula con sus alumnos, además de ser creativos, inspiran, motivan, promueven el trabajo en equipo, etcétera. Todo esto desde la confianza y la credibilidad. La práctica pedagógica debería ejercerse desde el respeto y la credibilidad que el maestro les despierte a sus alumnos, y no desde la imposición tenaz de una calificación o una reprimenda. </p>



<p>Miguel de Unamuno se encargó de mostrarnos que  don  Avito  Carrascal  se  equivocó  al  querer  educar  a  su  hijo  sin  objetivos  sociales  específicos,  con  una  autoridad  sin  sentido,  sin  valores  comunitarios  e intentando separarlo de las emociones inherentes a la persona. Fracasa. </p>



<p>Hay  que  reflexionar  la  labor  docente  constantemente,  nutrirse  experiencias,  equivocarse,  estudiar,  investigar  para  que  no  tengamos  de  escuchar  la  lamentable  respuesta  de  Apolodoro,  hijo  de  don  Carrascal, cuando le dicen:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>-Mira, Apolodoro, tú no estás bueno, tú tienes algo, algún mal interior del que ni tú mismo sospechas, y es menester que el médico te examine.</p>



<p>-Sí, ya te entiendo y sé lo que crees que tengo, pero es otra cosa; conozco mi enfermedad.</p>



<p>-Sí, el amor.</p>



<p>-No, la pedagogía. (154)</p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Bazán,  Domingo.  El  oficio  del  pedagogo.  Argentina:  Homo  Sapiens Ediciones Rosario, 2008. Impreso.</p>



<p>Delors, Jacques. “Hacia la educación para todos a los largo de toda la vida”. Hacia dónde se dirigen los valores. Ed. Jérôme Bindé. México: Fondo de Cultura Económica, 2010. Impreso.</p>



<p>Franco, José. “Habilidades de liderazgo de docentes de 11° de  un  Colegio  Privado  de  Bucaramanga,  Colombia,  medidas  por  el  inventario  de  prácticas  de  liderazgo  (lpi)”. Temas III.2 (2008). Web. 7 de enero de 2017.</p>



<p>&#8212;. “El saber pedagógico del maestro como fundamento de la acción creativa y formativa en el aula de clase”. Docencia universitaria II (2010). Web. 7 de enero de 2017.</p>



<p>M.E.N. Lineamientos  curriculares.  Educación  ética  y  valores  humanos. Bogotá: M.E.N, 1998. Impreso.</p>



<p>De Unamuno, Miguel. Amor y pedagogía. España: Vincens Vives, 2008. Impreso.</p>



<p>Vigotski, Lev. El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Barcelona: Editorial Crítica, 1999. Impreso.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>Hypomnémata</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=100819</guid>
        <pubDate>Wed, 15 May 2024 14:24:32 +0000</pubDate>
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