<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/tag/daniel-angel/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sat, 11 Apr 2026 14:26:11 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>Blogs de Daniel Ángel | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>La novela de Daniel Ángel sobre la masacre de El Salado</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-novela-de-daniel-angel-sobre-la-masacre-de-el-salado/</link>
        <description><![CDATA[<p>Como lector me siento devastado, como si lo narrado en &#8220;Montes de María&#8221; hubiera ocurrido esta mañana, y no hace 25 años, cuando recién estrenábamos siglo. Entrevista con el autor. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Daniel Ángel, autor de la novela histórica &#8220;Montes de María&#8221;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-2885bed59c955d93fe0c30ad970f8304"><em>“Las personas del pueblo no eran malas. Malas las que llegaron aquella mañana a matarnos”.</em></p>



<p></p>



<p>Pensé que no iba a llorar, pero con el correr de las hojas entendí que los muertos de El Salado merecen cada lamento del lector.  </p>



<p>“Montes de María” (Periscopio Casa Editorial, 151 páginas) es una novela que llora y sangra. Tratándose de la historia reciente de Colombia no podía ser de otra manera. En el libro de Daniel Ángel (Bogotá, 1985), hasta los muertos hablan: <em>“Nosotros no tememos que nos maten el cuerpo, sino el alma”.</em></p>



<p>Es imposible no llorar por ellos y con ellos: con la profe Doris, con Jairito, con ´el bobo del pueblo´, con Lucho y los demás personajes: <em>“… le acaricié la mano y le dije: tranquila, madre, nos vemos donde Diosito”.</em></p>



<p>El escritor bogotano los desenterró de donde el tiempo ya no existe, para que cuenten el horror que vivieron en el preludio de aquella carnicería humana: <em>“Esto que nos ocurrió no se lo deseo ni al mismo diablo”.</em>   </p>



<p>Los paramilitares no respetaron a nadie: ni a mujeres, ni a niños, ni a hombres, ni a ancianos: <em>“Doris vio en el piso un papelito blanco (…) </em>vieja ijueputa, se morirá como todos los sapos, con las tripas por fuera<em>. Estaba firmado en la parte inferior con las iniciales AUC”.</em></p>



<p>La sevicia de la guerra y la crueldad del hombre danzan en sincronía por estas páginas: <em>“La desnucaron y luego le metieron un palo por allá”.</em></p>



<p>Hay oraciones que suenan a letanía: <em>“Es una bella noche. Una hermosa noche para la muerte”.</em></p>



<p>Un día llovieron amenazas desde un helicóptero: <em>“Coman, beban y celebren estas fiestas de fin de año, porque serán las últimas para ustedes”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-2571d7f37a28ecacab6f1a1df1fae86c"><strong><em>“Todas las noches antes de dormir me envuelvo en mi mortaja para no tener que afanar a nadie con ese trabajo”.</em> </strong>(Montes de María, novela del colombiano Daniel Ángel).</p>



<p>Uno quisiera creer que esto no ocurrió, pero sí ocurrió y duele más porque ¿Quién nos asegura que no volverá a ocurrir o que no está ocurriendo mientras leemos esto?: <em><strong>“Observé que los cerdos y algunos chulos comían y retozaban sobre los cadáveres de nuestros familiares y vecinos”.</strong></em></p>



<p>Hasta los ríos, convertidos en féretros, pueden dar razón de los difuntos: <em>“… no bebió de dicha agua, pues sabía que en ella corrían los despojos de muchos de sus conocidos, que luego de asesinados fueron arrojados a los ríos con los vientres abiertos”.</em></p>



<p>Donde está la muerte también están Dios y el diablo, aunque nos parezca que el segundo lleva la ventaja: <em>&#8220;Si pasó lo que pasó fue porque Dios así lo quiso&#8221;. </em>No así con el diablo, que en el caos siempre tiene oficio: “<em>Maulló mientras el anciano le hizo un corte con un cuchillo en una de sus patas delanteras. </em>(…) <em>nos pidió que tomáramos de esa sangre, asegurándonos que ya estábamos cruzados y que no nos entraría la bala</em> (…) <em>y nos pintó las uñas de negro, para que el ´Negro´ —como el anciano llamó a Satanás— nos reconociera en la guerra y nos pudiera defender del plomo”.</em></p>



<p>Daniel Ángel, autor, entre otras obras, de “Sepultar tu nombre”, “Silva” y “Rifles bajo la lluvia”, también les ha dado voz a los asesinos en “Montes de María”: <em>“Claro que hubiera preferido otro tipo de vida (…) pero en ese pueblo maluco en el que crecí solo había coca, putas, trago y violencia”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="QS0yY3PfeN"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/relato-pavoroso-daniel-angel-campo-exterminio-colombia/">El relato pavoroso de Daniel Ángel sobre un campo de exterminio en Colombia</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;El relato pavoroso de Daniel Ángel sobre un campo de exterminio en Colombia&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/relato-pavoroso-daniel-angel-campo-exterminio-colombia/embed/#?secret=WWP5FTgz7L#?secret=QS0yY3PfeN" data-secret="QS0yY3PfeN" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>El parque del pueblo es el teatro de la infamia transformado en anfiteatro. Los que van a morir esperan su turno en las escalinatas de la iglesia. La lotería de la muerte tiene dos números: treintaiuno y veintiuno. En lugar de un Réquiem, suenan vallenatos y se desocupan botellas de cerveza y ron. De los victimarios, conocemos sus alías, algunos están encapuchados: <strong><em>“Piraña es el mejor sacando información </em>(…) <em>ata a sus víctimas primero y luego se las come a pedazos, especialmente sus caras”.</em></strong></p>



<p>Se prepararon para el acto de ese día y los siguientes: <strong><em>“En el campamento de formación nos enseñan a destajar cuerpos humanos con motosierra y con machete”</em>.</strong></p>



<p>Otro de ellos es más específico: “<em>A los dos meses de estar allí ya había asesinado a dos de mis compañeros y comido un pedazo de nalga de uno de ellos, por extraño que parezca.</em> (…) <em>me tuvo vomitando como una semana”.</em></p>



<p>Uno quisiera creer que esto lo soñó. Pero no. La masacre de El Salado quedó incrustada en la memoria de nuestras vergüenzas como nación: 450 paramilitares, -pertenecientes a las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC-, asesinaron a más de cien personas indefensas, acusándolas de tener pactos con la guerrilla, cuando apenas amanecía el siglo XXI. Era febrero del año 2000.</p>



<p>La Serranía de San Jacinto, como también se le conoce a los Montes de María, sigue llorando a sus hijos y a sus hijas, veinticinco años después. Daniel Ángel, narrador, poeta y profesor de literatura, ha escrito este relato histórico doloroso pero necesario para recordarnos que no hay muertos ajenos porque todos somos hijos de la misma tierra. </p>



<p>Esta es una novela corta que debemos leer, porque los muertos de la guerra vuelven a la vida a través de la literatura para vivir una segunda muerte, esta sí digna, en el corazón de los lectores. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="573" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203232/A-DANI-ANGEL-573x1024.jpg" alt="" class="wp-image-113561" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203232/A-DANI-ANGEL-573x1024.jpg 573w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203232/A-DANI-ANGEL-168x300.jpg 168w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203232/A-DANI-ANGEL.jpg 667w" sizes="(max-width: 573px) 100vw, 573px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Entrevista con el autor</strong></p>



<p><strong>¿Se puede escribir un libro tan desgarrador como el que has escrito y seguir como si nada?</strong></p>



<p>No, es imposible, no solo con este libro, sino con cualquiera. Supongo que todos los escritores salimos afectados luego de escribir un libro, algo cambia, se transforma (no sé si para bien o para mal), pero transmutarse en los personajes te hace ver la vida desde otras orillas, unas que jamás hubieras vivido. Sin embargo, fue especialmente con <em>Montes de María</em> que conocí una sensibilidad más honda y dolorosa, por unos seres humanos que padecieron lo indecible, que murieron o que vieron morir a sus familiares y amigos en condiciones de total indefensión.</p>



<p>El primer día de la masacre los paramilitares llegaron a El Salado, en horas de la noche y luego de cometer cualquier cantidad de vejámenes, mandaron a dormir a los habitantes del pueblo a sus casas, pero con las puertas abiertas; entonces, me imaginaba cómo pudo ser esa noche para ellos, qué pudieron pensar y sentir, de qué modo lograron soportar el tiempo que los separaba de sus verdugos y, también, durante mucho tiempo pensé y sentí que eran insuficientes las palabras para expresarlo.</p>



<p>La investigación duró un poco más de un año, pero la escritura de la primera versión me tomó tres meses; jamás he escrito un libro tan rápido. Entendí que necesitaba deshacerme de esa carga emocional y la única forma posible era escribiendo el libro.</p>



<p><strong>Esta ficción histórica es un tributo a las víctimas del conflicto armado. En un país como Colombia, que lee muy poca literatura, ¿vale la pena insistir en la novela de La Violencia?</strong></p>



<p>Por supuesto que vale la pena seguir escribiendo sobre la historia de Colombia y sobre la historia de la violencia en Colombia. Ya sabemos que, a muchos medios de comunicación, que trabajan en contubernio con cientos de empresas que incluso llegaron a financiar el paramilitarismo, no les interesa que estas historias anden rondando por ahí; por el contrario, cambian las narrativas o simplemente les echan tierra, para que nadie recuerde nada, para que continuemos como si nada hubiera pasado.</p>



<p>No obstante, una cosa es la información sobre la violencia y otra muy distinta es la narración sobre la violencia, porque mientras la función de la información es llana y efímera, la de la narración es honda, es perdurable en la medida en que se pregunta por el fondo de los acontecimientos, no por el acontecimiento en sí, se pregunta el por qué cierto grupo humano fue capaz de hacer tal o cual cosa.</p>



<p>La literatura y el arte nos permiten reflexionar sobre nuestro papel en el mundo, ponernos en los zapatos del otro, del que ha sufrido, del que ha perdido, del que ha sido despojado de su identidad y de su humanidad.</p>



<p><strong>Tuviste la oportunidad de conocer El Salado y reconocer los escenarios reales que inspiraron la novela. ¿Qué recuerdos conservas?&nbsp;&nbsp;</strong></p>



<p>Hace quince años recorrí esa hermosa región, de paisajes alucinantes, de colores vivos y fulgurantes, de una gran riqueza cultural. Me impresioné al observar sus montañas abrillantadas por el sol, sus extensos pastizales y las carreteras de las que emergían polvaredas que parecían fantasmas de oro. Personas humildes iban y venían por estas carreteras destapadas con sus burros y los productos de sus cosechas.</p>



<p>Hablé con ellos sobre lo que pasó y bebimos algunas cervezas. Por aquella época el pueblo aún estaba deshabitado, pocos habían regresado a sus heredades y, de cierta forma, El Salado recobraba vida, porque dime tú ¿qué es de un territorio sin sus habitantes?, o en el caso contrario ¿qué es de los habitantes sin sus territorios?</p>



<p>Cuando existen este tipo de desplazamientos masivos, solemos pensar solamente en los bienes que las víctimas dejaron atrás, pero es mucho más que eso, porque al huir de sus terruños, lo que la gente abandona es todo lo que fue, su relación con el mundo, el lugar en donde están enterrados sus ancestros, sus mitos y creencias, es la memoria de sus familias.</p>



<p><strong>Entiendo que también hablaste con algunos paramilitares durante el proceso de investigación. De hecho, en tu relato dos de ellos hablan en primera persona. ¿Es necesario darles voz también a los victimarios?</strong></p>



<p>Esas entrevistas han sido de las más difíciles que he hecho en toda mi vida. Escuchar de su propia voz lo que hicieron no es fácil. Recuerdo que cuando llegué a una de las cárceles de Bogotá en la que estaba recluido uno de ellos, tenía mucho miedo y al salir tenía miedo y rabia, además de una suerte de enajenación, como si no lograra entender todo lo que había acabado de escuchar. </p>



<p>Pero, a su vez pensé que, si iba a escribir algo sobre la masacre, también tendría que usar la voz de los victimarios, con el riesgo de que me dijeran que estaba haciendo una apología al paramilitarismo. Si lo decidí, fue porque tengo la convicción de que la literatura es el espacio para poner en escena a todos esos personajes que no logramos entender: al pederasta, al sicario, al tirano, al hombre que asesina a sus hijos, no para entenderlo (incluso la sicología o la psiquiatría están a años luz de hacerlo), sino para mostrarlos y preguntarnos qué es lo que se ha hecho mal en la sociedad para que estas personas hayan hecho lo que hicieron. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="623" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203257/A-DANI-MONTES-623x1024.jpg" alt="" class="wp-image-113562" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203257/A-DANI-MONTES-623x1024.jpg 623w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203257/A-DANI-MONTES-183x300.jpg 183w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203257/A-DANI-MONTES-768x1262.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203257/A-DANI-MONTES-935x1536.jpg 935w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203257/A-DANI-MONTES.jpg 974w" sizes="(max-width: 623px) 100vw, 623px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>&#8220;La literatura y el arte nos permiten ponernos en los zapatos del otro, del que ha sido despojado de su identidad y de su humanidad&#8221;: Daniel Ángel, escritor colombiano.  </strong></h2>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113557</guid>
        <pubDate>Thu, 27 Mar 2025 12:48:50 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203105/DANIEL-ANGEL.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La novela de Daniel Ángel sobre la masacre de El Salado]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Gustavo Petro es o no es Aureliano Buendía?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/gustavo-petro-es-o-no-es-aureliano-buendia/</link>
        <description><![CDATA[<p>El presidente de la República tiene al país engolosinado hablando de él. Cuatro escritores colombianos afilaron sus plumas. La culpa la tienen Gabriel García Márquez y Aureliano Buendía.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p>Hay escritores de izquierda y los hay de derecha. Es probable que existan también escritores apáticos en cuestiones políticas. En tiempos convulsos la tibieza del centro no parece una buena idea. </p>



<p>Por estos días, en que los ánimos están caldeados, en los medios compiten el verbo y la verborrea, el análisis y las acusaciones, los juicios y la defensa…</p>



<p>Uno de esos escritores, Carlos Granés, sacó toda su artillería discursiva contra el presidente Gustavo Petro, en un medio nacional y en otro internacional. Todavía nos encandila  lo sucedido durante el primer consejo de ministros por televisión.<em> “Lo que más me impresiona de todo este debate</em> –me dijo una internauta- <em>es que la gente crea que hay que diagnosticar al presidente, en lugar de entender el problema”.</em></p>



<p>En su columna<em> &#8220;Petro tuiteando en Macondo&#8221;, Granés, </em>un escritor de derecha<em>, </em> interpretó a su manera la obra de un escritor de Izquierda (Gabriel García Márquez), dejando clara su aversión al mandatario. Lo hace en <em>La Silla Vacía</em>, portal con una clara postura <em>antipetrista</em>, que además vigila al poder y a los poderosos. Una versión exprés del mismo artículo apareció en el diario ABC de Madrid.</p>



<p>Abreviando el cuento, Granés dijo que al presidente le está sentando mal su obsesión por la lectura. Habla del <strong><em>“efecto misterioso que tienen las novelas en la cordura o la locura de los lectores”,</em></strong><em> </em>se refiere a <em>Don Quijote</em> y de cómo<em> “a Alonso Quijano se le secó el cerebro de tanto leer historias de caballería”; </em>señala que a Petro<em> “se le difuminaron las fronteras entre la realidad y la fantasía” </em>y arguye que confunde a Colombia con Macondo, al tomar al coronel Aureliano Buendía como su <em>“alter ego ficticio” </em>en el mundo real.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="400" height="270" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185100/AURELIANO-GRANES.jpg" alt="" class="wp-image-111623" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185100/AURELIANO-GRANES.jpg 400w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185100/AURELIANO-GRANES-300x203.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-2b2cd956235c42c3a885d2f7b8be5bd3"><em>“<strong>Ambos encarnan el peor delirio de todos, el que necesita para materializarse la inmolación de los otros, el que demanda la concurrencia de pueblos, de ejércitos, de naciones enteras”, </strong></em>dice Carlos Granés sobre Gustavo Petro y Aureliano Buendía.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="531" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14165925/A-LIBRO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD.jpg" alt="" class="wp-image-111602" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14165925/A-LIBRO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14165925/A-LIBRO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD-169x300.jpg 169w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<p>Muchas cosas hay para rebatir lo dicho por el antropólogo social bogotano. Diré algunas antes de cederles la palabra a tres escritores (<strong>Daniel Ángel, John Jairo Junieles y Javier Correa</strong>), quienes accedieron a dar su opinión sobre el tema.</p>



<p>Hay lectores, millones, obsesionados con la obra de Gabo (especialmente con <em>Cien años de soledad</em>), y todavía no se nos ha vaciado la cabeza por leerlo y releerlo; al contrario, la lectura puede hacer más lúcida a la gente. O menos tonta, para no parecer pretensioso.</p>



<p>Es incorrecto decir que <em>Aureliano Buendía</em> es un alter ego ficticio, pues todos los personajes de Gabo tienen sustento en la realidad, dicho por él mismo y reafirmado por Mario Vargas Llosa en su “<em>Historia de un deicidio”.</em> El coronel encarna al propio abuelo del escritor y al general Rafael Uribe Uribe, un hombre de ideas liberales. El propio Gabo es <em>Melquiades</em> o <em>Melquiades </em>es Gabo, como quieran, y eso está demostrado tanto en la biografía de Gerald Martin como en <em>Las claves de Melquiades</em>, el libro que escribió el hermano del Nobel, Eligio García Márquez.</p>



<p>Leer a Gabo implica comprender su pensamiento político (plasmado en sus novelas, cuentos y columnas), para poder entender el poder que su literatura ha ejercido sobre los lectores y, de manera particular, sobre algunos gobernantes, no solo en Colombia. Se sabe de su amistad entrañable con varios presidentes. La lista de poderosos atraídos por su magnetismo y extasiados con sus libros está en la misma biografía para quien quiera darse por enterado.  </p>



<p>Así que es fácil comprender, en parte, las razones de Gustavo Petro para invocarlo de tanto en tanto en sus discursos. En un país donde poco se lee —la mayoría sigue viendo con desdén la literatura—, qué bueno que un político, ¡un presidente de la República!, reivindique con sus guiños el placer de la lectura, así sea para que algunos columnistas le den palo. Todo debate es sano, necesario y nos espabila.</p>



<p>Cierro con esto: En la página 440 de <em>Cien años de soledad</em> hay una frase que se me antoja reveladora:<strong> <em>“No se le había ocurrido pensar hasta entonces que la literatura fuera el mejor juguete que se había inventado para burlarse de la gente…”.</em></strong></p>



<p>Es posible, por qué no, que también el presidente esté usando la literatura como un juego de niños para quitarle grandilocuencia y acartonamiento a sus discursos. Si es así, caímos en su juego: Petro tiene al país engolosinado hablando de él, para bien y para mal.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>DANIEL ÁNGEL,</strong> escritor y profesor de literatura &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184916/AURELIANO-ANGEL-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-111617" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184916/AURELIANO-ANGEL-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184916/AURELIANO-ANGEL-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184916/AURELIANO-ANGEL.jpg 972w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-292e37a8bd76d2a5caa9620a5e24c6af"><strong><em>Un hombre que persigue incansablemente el objetivo de su vida siempre será tildado de loco, de utópico.</em></strong></p>



<p>Los personajes de la ficción literaria deben tener rasgos opuestos, deben ser multidimensionales. No pueden ser enteramente buenos (¡qué pereza!) o enteramente malos (¡qué amargura!). Deben ser parecidos a los seres humanos, pues es el lugar de donde provienen. Actuar con bondad, pero también con crueldad, según transcurran los acontecimientos de la narración. Esto pasa cuando son personajes buenos, complejos, no como los de la <em>María</em> de Jorge Isaacs, planos y sin fondo; a diferencia de los personajes de García Márquez, que son profundos, misteriosos, humanos.</p>



<p>Los personajes de García Márquez pueden mentir con la misma facilidad con la que arriesgan su vida por una verdad. Son implacables cuando la situación lo amerita, pero también se acobardan en los momentos menos indicados. En especial el coronel Aureliano Buendía, que es uno de los personajes más entrañables de la literatura mundial: un hombre que arriesga su vida por sus ideales; que sucumbe al frenesí de la violencia buscando “la justicia” y, de este modo, pareciera que enloquece. Un hombre que persigue incansablemente el objetivo de su vida siempre será tildado de loco, de utópico.</p>



<p>Y en esta persecución puede cometer cualquier cantidad de desmanes. Por supuesto, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, se parece al coronel Aureliano Buendía, porque es humano, y así como hace cosas buenas, también las hace mal. Esto no quiere decir que el personaje de ficción sea moralmente superior a otro personaje, simplemente es, y punto. Es decir, que si uno quiere comparar a un ser humano con, por ejemplo, <em>El Quijote de la Mancha</em>, podría hacerlo en buen sentido: <em>“Una persona que lucha incansablemente por la justicia, por los desposeídos”,</em> como también puede hacerlo en el sentido peyorativo: <em>“Era un loco que jamás pudo ver la realidad mientras todo el mundo se burlaba de él”.</em></p>



<p>Así pues, qué bello que un ser humano se parezca a un personaje de la ficción: humano, errado, amoroso, terco, silencioso y, ante todo, mortal, porque cuando un personaje literario sabe que morirá o muere, nos enseña a los demás que cada lucha, que cada segundo de nuestras vidas ha valido la pena.</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>JOHN JAIRO JUNIELES</strong>, escritor y periodista del Caribe colombiano</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="914" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184950/AURELIANO-JUNIELES-914x1024.jpg" alt="" class="wp-image-111619" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184950/AURELIANO-JUNIELES-914x1024.jpg 914w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184950/AURELIANO-JUNIELES-268x300.jpg 268w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184950/AURELIANO-JUNIELES-768x861.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184950/AURELIANO-JUNIELES.jpg 1351w" sizes="auto, (max-width: 914px) 100vw, 914px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-7745e4815286dfe20b9c84f1287c4a17"><em><strong>El Libertador no hubiera logrado lo que alcanzó, si no se hubiera inspirado en escritores como Voltaire y Diderot</strong></em>.</p>



<p>Carlos Granés es un destacado analista, gran investigador, y sus libros los recomiendo para conocer muchos colores de ese arcoíris infinito que es nuestra realidad. Sin embargo, da la impresión que rechaza todo aquello que &#8220;simpatice&#8221; con la izquierda ideológica, y esa posición por supuesto arroja una sombra de duda sobre sus argumentaciones.</p>



<p>Por ejemplo, Petro expresa que se inspira en Aureliano Buendía, el personaje de <em>Cien años de soledad</em>, para hacer la revolución que pregona. Bolívar, el Libertador, no hubiera logrado lo que alcanzó, si no se hubiera inspirado en escritores como Voltaire y Diderot; en el mismo sentido, alguna vez le escuché personalmente a García Márquez comentar que Mitterrand -el expresidente francés socialista que abolió la pena de muerte en su país- le dijo que Jean Valjean, personaje principal de la novela <em>Los miserables</em> de Víctor Hugo, era uno de sus héroes personales.</p>



<p>Ahora, los cambios sociales necesitan un acompañamiento colectivo, es inevitable, sobre todo en sus inicios, antes de que lleguen las leyes. Me acuerdo de H.E. Luccock, que decía: <em>&#8220;Nadie puede silbar una sinfonía. Se necesita toda una orquesta para tocarla&#8221;</em> Y lo mismo pasa con cualquier transformación social. &nbsp;</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>JAVIER CORREA CORREA</strong>, escritor, periodista y catedrático</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="688" height="693" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185014/AURELIANO-CORREA.jpg" alt="" class="wp-image-111621" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185014/AURELIANO-CORREA.jpg 688w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185014/AURELIANO-CORREA-298x300.jpg 298w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185014/AURELIANO-CORREA-150x150.jpg 150w" sizes="auto, (max-width: 688px) 100vw, 688px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-0197083584c8c17ad4e88756a0996055"><em><strong>Necesitamos más Quijotes y más Aurelianos. </strong></em></p>



<p>Me gusta el juego que puedes hacer en respuesta, por aquello de los alter ego. Estoy seguro de que necesitamos más <em>Quijotes </em>y más <em>Aurelianos</em>. </p>



<p>La dialéctica explica que a partir de las contradicciones se avanza, una vez estas son detectadas y superadas. La situación actual en Colombia no me atrevo a calificarla de crisis, sino de oportunidades para que el futuro del país siga fundado en el cambio y no en la perpetuación de la injusticia. De Alonso Quijano &#8211;<em>El Quijote</em>&#8211; y del coronel Aureliano Buendía -el macondiano- aprendí que la supuesta locura es necesaria para imaginar otros mundos y que la terquedad es también clave para construirlos.</p>



<p>Todavía creo con firmeza en el gobierno del Cambio, pese a las dificultades actuales.&nbsp;</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=111597</guid>
        <pubDate>Sun, 16 Feb 2025 12:23:39 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14190554/AURELIANO-PORTTADA-FINAL.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Gustavo Petro es o no es Aureliano Buendía?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El relato pavoroso de Daniel Ángel sobre un campo de exterminio en Colombia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/relato-pavoroso-daniel-angel-campo-exterminio-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>“… el mundo siempre encuentra una forma de quitarnos las ganas de vivir”: Daniel Ángel, escritor colombiano. Desde la embestida de los conquistadores, Colombia no ha dejado de chorrear sangre, como si mantuviéramos  un pañuelo en una mano y en la otra una pala para enterrar los restos de la barbarie. Tras brevísimos descansos otra [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><strong>“… el mundo siempre encuentra una forma de quitarnos las ganas de vivir”: Daniel Ángel, escritor colombiano. </strong></p></blockquote>
<p>Desde la embestida de los conquistadores, Colombia no ha dejado de chorrear sangre, como si mantuviéramos  un pañuelo en una mano y en la otra una pala para enterrar los restos de la barbarie. Tras brevísimos descansos otra vez nos arropa la carnicería, de frente o por la espalda: a cuchillo, a machete o a plomo, con motosierra, con fusil, con bombas incendiarias que llueven del cielo “como granizo gigante”. Quedan los muertos que flotan destajados río abajo, los muertos de nadie en las fosas comunes, los muertos colgando de los árboles con sus vientres abiertos, los muertos hechos polvo en hornos crematorios clandestinos…</p>
<p>Si fuéramos una pintura en la galería de la infamia, seríamos un camposanto donde solo hay viudas y huérfanos o un campo de concentración (recordándonos la sevicia de Hitler y su hambre por exterminar judíos), con bombas de napalm, (de las mismas que se lanzaron en 1972 durante la Guerra de Vietnam,  de la cual sobrevive <a href="https://www.nytimes.com/es/2020/02/19/espanol/opinion/fotografia-tragedias.html"><strong>la foto icónica</strong></a> de niños vietnamitas huyendo despavoridos de los bombardeos), porque cualquiera de las dos escenas delatan nuestra propia insensibilidad. Sí, leyó bien: campo de concentración y bombas de napalm, ¡pero en Colombia!</p>
<p>Vamos al principio. Se cumplen setenta años del golpe de Estado del general Gustavo Rojas Pinilla, (13 de junio de 1953), el único dictador militar que tuvo Colombia en el siglo veinte, responsable junto con los militares de los asesinatos y desapariciones de inocentes en lo que se conoció como la guerra de Villarrica, al oriente del Tolima, donde acribillaron y calcinaron a campesinos indefensos, al tiempo que godos y liberales se mataban. Destituido el dictador, los partidos tradicionales se inventaron el Frente Nacional para turnarse el poder mientras la nación continuó -y continúa- desangrándose a través del pellejo de los más débiles.</p>
<blockquote>
<ul>
<li><strong><em>“Fue en ese momento cuando empezamos a encontrar tantos y tantos cuerpos quemados, muchos hombres, mujeres, niños, ancianos quemados, pero vivos, y qué más íbamos a hacer nosotros sino pegarles los tiros de gracia para que no sufrieran más”. </em></strong></li>
</ul>
</blockquote>
<p>Quien mejor cuenta nuestras desgracias es el escritor Daniel Ángel (Bogotá, 1985), que transformó la historia en una novela desgarradora y cinematográfica. Con la pericia de un sabueso, buscó y rebuscó aquí y allá hasta juntar material disperso: manuscritos, fotografías, recortes de prensa, entrevistas, viajes a los escenarios reales y toda clase de mapas. Con todo, narró lo inenarrable en las 624 páginas (dos tomos) que conforman la saga de <a href="https://www.bajalibros.com/CO/Sepultar-tu-nombre-I-Sangre-en-Daniel-Angel-eBook-2179894?frstPGI3R=aHR0cHM6Ly93d3cuZ29vZ2xlLmNvbS8=">“Sepultar tu nombre”</a>, publicada por el sello editorial Seix Barral.</p>
<p>Al atravesar con sigilo la siguiente página, con la piel de gallina y sin haber superado el impacto de las imágenes anteriores, lo peor siempre está por suceder. La parábola del sufrimiento incesante.</p>
<blockquote>
<ul>
<li><strong><em>“Las cabezas las encontraban arrojadas en riachuelos o en medio de los potreros y sin orejas, por eso se les prohibió a los niños jugar en las riberas y a las mujeres usar su agua para cocinar”.</em></strong></li>
</ul>
</blockquote>
<p>Una vez bautizado por la pluma de Daniel Ángel, el lector no querrá escabullirse: El relato estremece y amilana; se contiene el aliento, dan ganas de llorar de impotencia, de atajar a los criminales o beber con la misma sed de venganza de los otros, mientras el horizonte se tiñe con un rojo sangre <em>“como si durante la noche hubieran masacrado a cientos de ángeles en el cielo”. </em></p>
<p>Allá donde vaya, Daniel Ángel llega con su sombrero de fieltro y una sonrisa tranquila, su pinta de profesor de literatura -que lo es-, a veces  con cigarrillo en la mano y algún poema en la maleta; parece otro  personaje de sus novelas. Sin haber cumplido los 40 años, ya es un escritor de La Violencia: “Montes de María”, “Rifles bajo la lluvia” y, la más reciente, “Sepultar tu nombre”, aparte de otra obra, “Silva”, que cuenta el último día del poeta José Asunción Silva, aquel 24 de mayo de 1896, cuando quemó su corazón de un tiro.</p>
<p>Volvamos al monte y a la ciudad, escenarios de “Sepultar tu nombre”. Cual fantasma, atravesando toda la obra, aparece Erasmo Soler, que es a la vez el Teniente <em>Sombralarga</em> y a la vez León Villa Paz. ¿Por qué? Es el misterio a desentrañar. “Sepultar tu nombre” también es la novela de amor de Ulises Villa (¿o, más bien, de sus amoríos difíciles?). —<em>“Isabel es bella, es buena y no quiero dañarla, ya suficiente tengo conmigo, con esta pulsión por autodestruirme”.</em> Es la novela sobre la búsqueda de Carlos León, su hermano que desapareció siendo niño; Carlitos pudo ser cualquiera de los más de tres mil niños que fueron separados a la fuerza de sus padres y luego desplazados, (que así lo documentó  Gabo, siendo corresponsal de guerra de <a href="https://www.elespectador.com/colombia/mas-regiones/el-drama-de-3000-ninos-desplazados-article-382272/"><strong>El Espectador</strong></a> en su propio país) pero Carlos León creció siendo víctima y victimario, como si esa dualidad explicara una identidad nacional irracional, ¿acaso congénita?, sin que podamos despojarnos de ella.</p>
<p>Todo trascurre mientras el horror anda desatado: aviones como aves metálicas que escupen salivazos de fuego, mujeres violadas a la vista de los demás, la matazón en una parroquia, muertos atravesados sobre mulas, “unos encima de otros, todos decapitados”, hombres lanzados vivos desde un puente para que se los trague el río Sumapaz, la matanza de una familia el mismo día en que la esposa daba a luz, policías envueltos en llamas a los que dejan <em>“morir abrasados para ahorrar balas”,  </em>el hombre con esquirlas de una bomba que, retorciéndose de dolor dentro de una fosa, muere al cabo de dos días <em>“porque ninguno estuvo dispuesto a darle el tiro de conmiseración”,</em> las ochos líneas de la  “Oración del odio”, las casas incineradas con gente viva en su interior, <em>“como si a esa tierra hubiera llegado el fin del mundo” </em>o caminos con “<em>cadáveres de liberales sin orejas o con el pene dentro de la boca”. </em></p>
<p>En resumidas cuentas, todas las manifestaciones posibles de la maldad y la vileza. Una lectura para los vivos y para los que todavía no han nacido. Una novela histórica que reivindica lo efímero del periodismo, llevándolo a la categoría de literatura.  Usando las palabras de Gabo, Daniel Ángel ha cumplido la misión del escritor en la tierra: <em>“ponerles los pelos de punta a sus semejantes”. </em> Pero una cosa es decirlo y otra cosa es leerlo. Leerlo para no olvidar que esto sí pasó y no debería pasar más, a ver si algún día por fin  la vida y las personas tienen un valor y se nos permite morir pero de muerte natural.</p>
<blockquote>
<ul>
<li>“La novela no estaba en los muertos de tripas sacadas, sino en los vivos que debieron sudar hielo en su escondite, sabiendo que a cada latido del corazón corrían el riesgo de que les sacaran las tripas”: <em>Gabriel García Márquez, (“Dos o tres cosas sobre la novela de La Violencia”, octubre de 1959).</em></li>
</ul>
</blockquote>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=95108</guid>
        <pubDate>Sun, 18 Jun 2023 02:50:39 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Foto-daniel-Angel.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El relato pavoroso de Daniel Ángel sobre un campo de exterminio en Colombia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>