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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de cultura | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El deber de la desobediencia civil</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/desobediencia-civil/</link>
        <description><![CDATA[<p>Reflexiones de Albeiro Guiral sobre el emblemático libro de Thoreau.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><em>Imagen: Desobediencia civil de José J. de Olañeta, Editor.</em></p>



<p><strong>Henry D. Thoreau</strong> (1817-1862) inicia su famoso ensayo&nbsp;<strong><em>Sobre el deber de la</em>&nbsp;d<em>esobediencia civil</em></strong>&nbsp;con una cita que le atribuyen por error a Thomas Jefferson, y que al parecer era el lema de la&nbsp;<em>Democratic Review</em>&nbsp;de John L. O&#8217;Sullivan: «<strong>El mejor gobierno es el que menos gobierna</strong>». Palabras que podrían ser terribles si fuesen llevadas a la práctica por un neoliberal, y más en los tiempos que corren. Thoreau la usó, en realidad, como diatriba: el 24, o el 25 de julio de 1846, el recaudador de impuestos de su comarca le instó a ponerse al día con seis años de impuestos atrasados. Él se había resistido a pagar como oposición a la esclavitud y a los intereses expansionistas de su país, y se resistió una vez más, por lo que fue llevado a la cárcel.</p>



<p>Fue liberado al día siguiente. Sólo estuvo preso una noche porque alguien pagó, contra su voluntad, la deuda. El ensayista usó el lema como diatriba, sí, pero, irónicamente, contra la persona que le liberó (se presume que una tía), pues él consideraba que, en un Estado injusto como el suyo, la cárcel era el lugar de las personas honestas. Y ese alguien pasó por encima de sus principios. Esa experiencia causó que, entre enero y febrero de 1848, se diera a la tarea de ser conferencista en el Concord Lyceum sobre&nbsp;<strong><em>Los derechos y deberes del individuo en relación con el gobierno</em></strong>, exponiendo su resistencia tributaria e invitando a la gente de su pueblo a implementarla.</p>



<p>Esas charlas se convertirían en el delgado libro que hoy, en tiempos electorales en Colombia, quisiera evocarles, y ese lema que empecé citando, unas líneas más adelante de ese mismo libro, se iba a volver una paráfrasis poderosa: «<strong>El mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto</strong>»… Y agregaba: «…<strong>la mayoría de los gobiernos son por lo general, y todos lo son alguna vez, un inconveniente</strong>». Se preguntaba, en la época de la esclavitud, que no alcanzó a ver abolida, si no podía haber alguna forma de gobierno donde la mayoría no decidiera entre lo correcto y lo incorrecto, sino que se rigiera por la conciencia individual, y me temo que, aún hoy en día, las cosas no han cambiado: la democracia representativa no es más que el ocultamiento del individuo, pues la masa, esa muchedumbre ciega, escoge —cree escoger— sus mejores tiranos.</p>



<p>El Estado ha tejido la encrucijada a la perfección: con el pago de impuestos, le hemos sostenido económicamente la violencia, inclusive hemos patrocinado así la seguridad vitalicia de los verdugos. A pesar de esto, es incapaz de retribuirnos. Nuestra vida para él no es más que una estadística. ¿Entonces por qué esperar que nos diga qué hacer? ¿Por qué seguirle tributando?</p>



<p>Estas líneas son un llamado a la reflexión. Recordemos nuestra individualidad dotada de consciencia. Thoreau se dio cuenta en su prisión de que se compadecía del Estado, porque le resultaba inferior al individuo; de ahí en adelante iba a defender la vida interior, a «depender tan sólo de sí mismo, siempre arremangado y dispuesto a empezar de nuevo, y no estar metido en muchas cosas».</p>



<p>¿Cómo será nuestra desobediencia civil?</p>



<p></p>



<p class="has-text-align-left"><strong>Albeiro Guiral</strong><a href="https://twitter.com/amguiral"><br></a><a href="https://www.instagram.com/amguiral/">www.instagram.com/amguiral</a></p>



<p class="has-text-align-left"></p>



<p></p>



<p><strong>Referencias</strong>:<br>Thoreau, Henry D. <em>Desobediencia civil</em>. Trad. Plácido de Prada. Barcelona: José J. de Olañeta, Editor, 2016.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Wed, 11 Mar 2026 00:57:07 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El deber de la desobediencia civil]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Fabio Verdugo Flórez y Guillermo Pilpud Moreno, Titanes del Carnaval Multicolor de la Frontera</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/fabio-verdugo-florez-y-guillermo-pilpud-moreno-titanes-del-carnaval-multicolor-de-la-frontera/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una pequeña nota que encontré en el periódico Ensayos, de la Sociedad El Carácter, fechada el 15 de enero de 1916, anunciaba que ya para entonces en Ipiales se jugaba la denominada fiesta de Negritos, antesala de lo que sería luego el Carnaval de Negros y Blancos de Ipiales, y después el Carnaval Multicolor de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Una pequeña nota que encontré en el periódico Ensayos, de la Sociedad El Carácter, fechada el 15 de enero de 1916, anunciaba que ya para entonces en Ipiales se jugaba la denominada fiesta de Negritos, antesala de lo que sería luego el Carnaval de Negros y Blancos de Ipiales, y después el Carnaval Multicolor de la Frontera, la nota es del siguiente tenor: “<em>NEGRITOS. El día 6 del presente, un grupo de artesanos obsequiaron a la sociedad de Ipiales con un baile de máscaras, en el cual hicieron derroche de cultura, de honor y placer. Bien por los que saben enaltecer el trabajo y divertirse a lo caballeros</em>”, aunque breve y sencilla, nos da a entender varias cosas importantes para entender la génesis y el desarrollo del carnaval sureño: en primer lugar, el papel que los artesanos han jugado dentro del contexto cultural de la ciudad de las Nubes Verdes, se sobreentiende que fueron ellos quienes crearon el carnaval e hicieron participe a toda la ciudadanía; también el baile de máscaras anuncia que se recogía una tradición festiva fruto del mestizaje que se dio en el territorio, en donde lo indígena, lo afro y lo hispano tienen su asidero; y para terminar, la breve nota enaltece el trabajo realizado por los maestros artesanos y el sano comportamiento ahí expresado.</p>



<p>Podemos decir, sin empaches, que el carnaval en Ipiales tiene una tradición más que centenaria, y que su origen es popular, no en vano el barrio El Gólgota ha sido escenario donde se fragua esta expresión cultural sureña, atendiendo a que los carnavales ni las fiestas se decretan, su origen es espontáneo y así se mantiene a través de los tiempos. Pero no sería lo que es hoy, pese a la desidia de malas administraciones y pésimos gobernantes, si el alma que mantiene al carnaval no fuesen los artesanos y las artesanas, hombres y mujeres que han dedicado su vida entera a mantener y exaltar esa expresión popular; sería larguísima la lista para enumerar a todas y todos, permanecen en el frontispicio de nuestra memoria, y en su recuerdo en cada carnaval se dibuja una pintica en el rostro de alguien, se lanza una serpentina a los aires ipialeños, se aplaude una carroza o se baila en una murga.</p>



<p>Hoy, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, atendiendo al llamado colectivo de millones de colombianos que le apostamos a un cambio, hace reconocimiento a dos personajes sumamente importantes para la cultura ipialeña, en particular para el Carnaval Multicolor de la Frontera, se cumple así el dictamen de que los reconocimientos deben hacerse en vida, atrás pareciera quedar la oscura sombra que cubría los cuerpos yertos de tantos artistas y cultores que dejaban su legado en el anaquel de los viejos recuerdos que celosamente guardaban únicamente sus deudos; atrás las oscuras páginas cuando los reconocimientos favorecían a politicastros y familiares de éstos, para congratularse con los sapos y lagartos que los aplaudían como bufones de una decaída corte. Hoy, gracias a un cambio profundo que se da desde el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, se reconoce a aquellos que celosamente preservan la memoria cultural de los pueblos,  son ellos los maestros Fabio Verdugo Flórez y Guillermo Pilpud Moreno, ganadores del Programa Nacional de Estímulos, en la categoría de Reconocimiento a experiencias, procesos y saberes artísticos 2025.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="300" height="168" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/17105447/FABIO-VERDUGO-1.jpg" alt="Fabio Verdugo Flórez" class="wp-image-121435" style="aspect-ratio:16/9;object-fit:cover" /></figure>



<p></p>



<p>El maestro Fabio Verdugo Flórez es un teatrero impecable, hace más de 50 años viene haciendo un ejercicio como dramaturgo, lo recordamos con sus trajes de viuda enalteciendo la fiesta de Años viejos durante varios 31 de diciembre, así mismo su participación en las modalidades de disfraz individual, comparsa teatro, disfraz por pareja y carrozas. Ha sido parte esencial de la Familia Ipial. De igual forma ha llevado el nombre de Ipiales a diferentes escenarios nacionales e internacionales, dejando una huella importante de esa tradición teatrera que ha existido en Ipiales desde siempre.</p>



<p>El maestro Guillermo Pilpud Moreno es un artesano del carnaval por más de 50 años, dedicado a la elaboración de majestuosas carrozas, mini carrozas y años viejos, muchos de los cuales han ocupado los primeros puestos durante varios años; el maestro Pilpud es un referente obligado para las nuevas generaciones de artesanas y artesanos, ya que no solamente mantiene viva la tradición en la elaboración de sus piezas, sino que también innova, permitiendo que el carnaval evolucione constantemente, manteniendo la expresión estética que le es propia a su oficio, además su taller es de puertas abiertas, en donde muchos jóvenes aprenden esas maravillosas técnicas.</p>



<figure class="wp-block-image size-medium"><img decoding="async" width="300" height="200" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/17110050/GUILLERMO-PILPUD-1-300x200.jpg" alt="" class="wp-image-121437" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/17110050/GUILLERMO-PILPUD-1-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/17110050/GUILLERMO-PILPUD-1-768x513.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/17110050/GUILLERMO-PILPUD-1.jpg 860w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<p>Habituados estamos los ipialeños a contemplar en el horizonte sureño los volcanes que, como bien dice el poeta Bustos en un himno a Ipiales: “<em>La custodian dos titanes /son el Chiles y el Cumbal; /la defiende Madre sacra /mora aquende el Pastarán</em>”, &nbsp;esos titanes antes coronados de cabellos y barbas blancas, mucho más que una metáfora de la ancestralidad que habita en el territorio del pueblo Pasto, que también nos permiten comprender una mirada expectante sobre lo que se ve y una mirada anhelante de lo más allá de lo visto, esa es quizá una de las funciones de la cultura, ampliar el horizonte humano a las diferentes manifestaciones sintientes que van más allá de la pura razón, ¿acaso ver al maestro Fabio Verdugo Flórez en las tablas, en las calles o en el cine, no despierta en nosotros la emoción del personaje y el disfraz más allá de lo que el propio maestro es en sí mismo? ¿Acaso ver una pieza del maestro Guillermo Pilpud Moreno no despierta en nosotros la emoción de ver el carnaval en una de sus máximas expresiones más allá de lo ahí representado?</p>



<p>Por eso, y por mucho más, los maestros Fabio y Guillermo son los Titanes del Carnaval Multicolor de la Frontera, en hora buena por este reconocimiento que se les hace por parte del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, y los que deben venir a ellos y a todos los artistas ipialeños por parte de los entes públicos y privados. ¡A su salud, maestros!</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121433</guid>
        <pubDate>Fri, 17 Oct 2025 16:03:35 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>«Un poeta» o de la fragilidad humana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/un-poeta/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una reflexión de Albeiro Guiral sobre la aclamada película de Simón Mesa.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Aunque pudiera parecer que Simón Mesa en su nueva película se mofa con facilidad de los poetas en general, con sus luces y sus sombras, y con muchos de sus matices, creo que<strong> la película como toda obra de arte resiste múltiples lecturas</strong>, y que quedarse en el humor, y en el argumento mismo, es conformarse con el chiste fácil que es sólo una de sus capas y tal vez la más superficial.</p>



<p>Porque si bien la película nos muestra de entrada a un poeta fracasado de 54 años que vive con su mamá, que abandonó su hija para poder dedicarse a ver pasar las nubes, que se sustenta de andar prestando cinco mil pesos cada tanto, y que según el director en una entrevista para <em>El País</em> del 28 de agosto, es la personificación de sus propios temores, este personaje, Óscar Restrepo, encarnado por Ubeimar Ríos, actor natural, y poeta fuera de la pantalla, podría ser cualquier persona, y siento que <strong>el filme más que satirizar la condición de cierto tipo de artista, o de los artistas caídos en el fracaso y en el alcohol, nos habla con profundidad de la condición humana</strong>, de nuestra innegable fragilidad, y del nefasto inconveniente de nacer en Colombia, en cualquier momento de su historia, y más en la posteridad de los carteles del narcotráfico.</p>



<p>Pues si es indiscutible que en Colombia ha habido todo tipo de poetas, los nadaístas que luego fueron uribistas, por ejemplo, o evangélicos, lo que es peor; los que intentaron sobornar a un juez enviándole un fajo de billetes en una caja llena de libros de poesía… entre otros tristes ejemplos de nuestra fauna nacional, es de conocimiento popular, diríase universal, que <strong>los poetas como tal son inofensivos</strong>. Como queda demostrado en la película, son ellos mismos sus peores enemigos y sólo podrían hacerse daño a sí mismos y su existencia etérea no podría ser uno de los problemas estructurales de Colombia…</p>



<p><strong>Nadie vive de la poesía, pero de los poetas sí se alimenta el desencanto, la depresión y el sinsentido</strong>. Doy fe. Algunos se han dedicado a ser profesores, y por más desprestigio que ellos mismos sientan por este oficio, bastaría recordarles que poetas y profesores de colegio, también lo fueron el ya mítico <strong>César Vallejo</strong>, <strong>Gabriela Mistral</strong>, <strong>Idea Villarino</strong>, <strong>Antonio Machado </strong>y hasta <strong>Nicanor Parra</strong>, dentro de una lista interminable, y que aunque hayan muerto de hambre, literalmente, o en el exilio, con todos sus laureles, <strong>no los mató la poesía, sino la guerra y la precariedad</strong> en que viven los artistas, la impotencia intrínseca de los creadores de no poder subsistir de su arte, impotencia que lleva a Óscar Restrepo al alcoholismo y a la desilusión. Circunstancias que han llevado a millares de personas en general en el país a vivir también en ese desencanto, porque en Colombia la desesperanza no distingue de oficios o profesiones, porque la violencia nos ha castigado por igual.</p>



<p><strong><em>Un poeta</em>, asimismo, cuestiona con elegancia a los burócratas, y creo que los cuestiona más que a los poetas mismos</strong>. Quién que la haya visto no habrá asociado a los gestores del festival de poesía que en ella aparecen con el director de la <strong>Casa de Poesía Silva</strong>, institución fundada por la inmensa <strong>María Mercedes Carranza</strong> en homenaje de <strong>José Asunción Silva</strong>, nada más y nada menos, patrono de la película, y que hoy en día es un nido de corrupción como la peor oficina de cualquier politiquero, donde le han adeudado por años los pagos a sus trabajadores, y donde la poesía dejó de ser hace tiempo el espíritu que se pasea por sus instalaciones sagradas para darle paso al fantasma del dinero, pues su encargado, al parecer, no heredó ni una sola raya del tigre de su padre.</p>



<p>Por otro lado, es de destacar que Medellín en la cinta aparezca sin armas y sin narcos, y que Mesa nos narre otra realidad, aunque también violenta, pero sí alejada de los lugares comunes de nuestro cine. La película fue rodada en formato de 16 milímetros y es un poema visual, nada tan poético como ver a Medellín con el grano de lo analógico. <strong>La película, visualmente hablando, es un poema</strong>. </p>



<p>Una elegía, si se piensa en que Yurlady y Daniela representan a miles de jovencitas de la ciudad abandonadas por sus padres, y por el Estado, que viven en condiciones de hacinamiento deplorables, y que a pesar de todo tienen conciencia de que su salvación nada tiene que ver con la poesía, ni con el sueño de ser grandes poetas, o sea: su salvación nada tiene que ver con la educación, sino con la posibilidad tangible de ver a sus familias en paz, en tranquilidad, obteniendo su mínimo vital y, ojalá, y esto ya es una plegaria mía, aleladas de la terrible exposición al turismo sexual.</p>



<p>En fin, <em>Un poeta</em> narra el drama de los artistas en general en medio del desencanto como consecuencia de las condiciones sociopolíticas de un país de arpías como Colombia, y desvela su humanidad, mostrándonos cuán frágiles son, y nos recuerda que dentro de ellos pueden cohabitar ángeles y demonios, y que algunos son nada más que demonios, por talentosos y reconocidos que sean. Los poetas que organizan recitales para acosar a las jovencitas. Los padres que abandonan a sus hijas o hijos. Su problema no es ser poetas, es ser hombres, u hombres violentos.</p>



<p>En mi caso, pese a todo, prefiero celebrar la vida de todos los anónimos Óscar Restrepo que hay en el país, viviendo de los oficios más disímiles en sus propios pueblos, alejados del asqueroso mundillo literario. Prefiero celebrar la vida de todas las anónimas Yurlady que escriben poemas, en sus pupitres de colegio, sobre las sábanas que se secan en sus patios, y sobre los colores de su habitación de comuna en la loma, sin esperar protagonismo de ningún tipo, y no celebrar nunca a los burócratas que, sean poetas o no, viven de nuestra sangre. A los burócratas que sin acercarse en lo más mínimo a la grandeza de García Márquez sí viven convencidos de ser como él.</p>



<p>Y, como esta reseña sólo la leen poetas, porque <strong>en Colombia a nadie le importan los poetas</strong>, salvo a ellos mismos, me despido con estos versos de <strong>José Emilio Pacheco</strong> que, creo, encierran bien lo que les he querido decir hasta ahora: “Dijo Cernuda que ningún país/ ha soportado a sus poetas vivos./ Pero está bien así:/ ¿No es peor destino/ ser el Poeta Nacional/ a quien saludan todos en la calle?”</p>



<p><strong>Albeiro Guiral</strong><br><a href="https://www.instagram.com/amguiral/">www.instagram.com/amguiral</a></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120051</guid>
        <pubDate>Thu, 04 Sep 2025 15:25:55 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>UN DIBUJO PARA CAROLINA</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-ultimo-verso/un-dibujo-para-carolina-pavelstev/</link>
        <description><![CDATA[<p>Photo Credits: Renée Hernández</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-center has-source-serif-pro-font-family has-medium-font-size" style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-right:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);margin-left:var(--wp--preset--spacing--40);font-style:italic;font-weight:400">Carolina tiene tres lunares en la espalda, siempre que sonríe se forman dos huequitos en sus mejillas y siento que son las arenas movedizas de un desierto por el cual devora la inocencia con que la admiro antes de las caricias. Sus ojos son oscuros y sus caderas anchas, tiene las curvas perfectas para dar tres botes en la cama y no caerse. Un día descubrí que en la cima de sus pezones mi lengua reposaba mejor que entre mis labios, entonces supe que ocasionalmente nacemos para ser libres y nuestros, luego viene el placer y no nos pertenecen ni siquiera estas palabras.</p>



<p class="has-text-align-center has-source-serif-pro-font-family has-medium-font-size" style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-right:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);margin-left:var(--wp--preset--spacing--40);font-style:italic;font-weight:400">Carolina es demasiado ella para ser real, demasiada revolución en su corazón como para quedarme a gusto en su vida. Muchísimas ganas de todo para saber esperarnos. Demasiado dispuesta a la noche u a olvidarnos como si de una moneda al aire se tratara un abrazo. Demasiado ella para venir y demasiado yo para quedarme a su lado. Carolina toma el cigarro y aspira con fuerza la valentía de la noche, sabe que sus ojos brillan en medio de esa oscuridad y que la luz en ellos o en su boca es el precipicio perfecto para dejarme morir en su hermosura.</p>



<p class="has-text-align-center has-source-serif-pro-font-family has-medium-font-size" style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-right:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);margin-left:var(--wp--preset--spacing--40);font-style:italic;font-weight:400">Pero si algo sale mal y la noche no tuvo su voz, su sudor, sus senos, olvida todo de Carolina, olvídala por completo, no permitas que quede un vestigio de que te quería, de que la esperabas esta noche con su boca helada como hielos o diamantes, y su cercanía con un calor que envidiaría cualquier fogata. Olvídala por completo y sálvate a ti y sálvala a ella de ti antes de que sea tarde. No es saludable dejar bajo tus ojos una sombra.</p>



<p class="has-text-align-center has-source-serif-pro-font-family has-medium-font-size" style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-right:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);margin-left:var(--wp--preset--spacing--40);font-style:italic;font-weight:400">Carolina sabe que los sentimientos son prestados y suelen tener la lasitud y consistencia de un vaso o una pelota. A veces al primer resbalón se deshacen por completo. El crimen es perfecto, no queda sangre ni heridos. Esto se llama olvido, el hermano perdido de la muerte. Carolina sabe que somos un cuadro a medias, entiende que es realmente difícil esbozar un paisaje que les agrade a tantos. Porque alguien nos dibuja en la pintura y luego ya no hay forma de borrarnos.</p>



<p class="has-text-align-center has-source-serif-pro-font-family has-medium-font-size" style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-right:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);margin-left:var(--wp--preset--spacing--40);font-style:italic;font-weight:400">A Carolina no la mires tanto, no la toques, no la quieras, no la mimes mucho, no la abraces, no la hagas sentir eterna. Su condición de aire o viento la hace viajera, déjala libre, que te dé tres besos y se sumerja. No la beses mucho, no la sueñes, no la pretendas. Déjala ahogarse porque es sirena,&nbsp;permite que siga su trazo, su condición de piedra al río, de moneda al aire, de palabra al vacío, de estrella fugaz..</p>



<p class="has-text-align-right has-source-serif-pro-font-family has-medium-font-size" style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-right:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);margin-left:var(--wp--preset--spacing--40);font-style:italic;font-weight:400">                                                                                                                              <em>@pavelstev                                                                                                                                                 </em></p>



<p></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>pavelstev</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Último Verso</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=116795</guid>
        <pubDate>Mon, 09 Jun 2025 23:07:56 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[UN DIBUJO PARA CAROLINA]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">pavelstev</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Mi primera subasta de 2025</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/mi-primera-subasta-de-2025/</link>
        <description><![CDATA[<p>Mi amiga Luz Martínez me invió a La Independencia, una casa de subasta y anticuario ubicada en una casa hermosa del barrio La Macarena, cerca al Museo Nacional, en Bogotá. Una noche de marzo subastaron objetos, muebles, obra gráfica y arte elaborado entre los siglos XVIII y XXI. La Independencia es una de las tres [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Mi amiga Luz Martínez me invió a <strong>La Independencia</strong>, una <strong>casa de subasta</strong> y <strong>anticuario</strong> ubicada en una casa hermosa del barrio La Macarena, cerca al Museo Nacional, en Bogotá.</p>



<p>Una noche de marzo subastaron objetos, muebles, obra gráfica y arte elaborado entre los siglos XVIII y XXI.</p>



<p><strong>La Independencia</strong> es una de las tres casas de subasta que conozco en <strong>Bogotá </strong>y su diferencial, me pareció, es el público joven que asistió y participó en la puja.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
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</div></figure>



<p>En esta ocasión no tuve paleta y me enfoqué en observar lo más top según los pujadores: el arte internacional y el de artistas colombianos no tan mayores.</p>



<p>De La Independencia me gustan mucho los objetos decorativos, me recuerdan a una tía y a mi mamá, y los muebles. Me parecen preciosos.</p>



<p>liartedialogosobrearte@gmail.com – @LiarteconArte  </p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113977</guid>
        <pubDate>Thu, 03 Apr 2025 21:56:25 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/03165457/La-Independencia-Subasta.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Mi primera subasta de 2025]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Exposición Ecos del Río</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/exposicion-ecos-del-rio/</link>
        <description><![CDATA[<p>La exposición reúne a artistas académicos, artesanas y pescadores. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Ecos del río: lenguajes del mundo compartido</strong> reconoce y propone la circulación de tradiciones, prácticas y expresiones culturales de Colombia.</p>



<p>La muestra es el resultado de cuatro años investigación de <strong>María Camila Montalvo Senior</strong>, quien durante sus recorridos por la Amazonía y Orinoquía ha conocido a hacedores y creadores indígenas que se relacionan diariamente con los elementos de la tierra y animales.</p>



<p>La exposición reúne a artistas académicos, artesanas y pescadores. Como espectadores somos testigos de ese diálogo que conecta arquitecturas animales y humanas en las obras realizadas en diferentes técnicas como: telares, dibujos, videos, esculturas o fotografías.</p>



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<p>liartedialogosobrearte@gmail.com – @LiarteconArte  </p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113657</guid>
        <pubDate>Fri, 28 Mar 2025 23:41:36 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Exposición Ecos del Río]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Sun and Sea, ópera contemporánea de Lituania en Bogotá</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/sun-and-sea-opera-contemporanea-de-lituania-en-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Sun and Sea ganó el León de Oro en la Bienal de Arte de Venecia en 2019.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>La ropa elaborada en China, el estrés laboral, los diez días de vacaciones al año o los mares que conocemos son algunos de los temas que aborda <strong>Sun and Sea</strong>, ópera contemporánea de Lituania que se pudo ver en Bogotá.</p>



<p>La puesta en escena es desafiante y la forma de verla también. Como espectadores nos podíamos ubicar en cualquier palco del <strong>Teatro Colón</strong> y desde allí apreciar el performance, pero también todo lo que sucede en esta playa improvisada en la que no sólo estaban los artistas.</p>



<p>Parta del espectáculo, para mí, fue ver qué estaban haciendo los artistas y los personajes extras. Varios leyeron el periódico El espectador, un par jugaron con sus perritos, otros comieron, jugaron cartas y se tomaron fotos.</p>



<p><strong>Sun and Sea</strong> ganó el <strong>León de Oro en la Bienal de Arte de Venecia en 2019</strong>, y tras haberse presentado en Asia, Europa y Estados Unidos llegó a Bogotá para inaugurar el <strong>Festival NO Convencional</strong>, que presenta espectáculos atípicos en lugares inesperados.</p>



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<iframe loading="lazy" title="Ópera contemporánea Sun and Sea en Bogotá" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/XK6pBVXSXL8?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p>liartedialogosobrearte@gmail.com&nbsp;–&nbsp;@LiarteconArte &nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113651</guid>
        <pubDate>Fri, 28 Mar 2025 23:33:36 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Sun and Sea, ópera contemporánea de Lituania en Bogotá]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Las estrellas son negras de Arnoldo Palacios, recepción temprana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/las-estrellas-son-negras-de-arnoldo-palacios-recepcion-temprana/</link>
        <description><![CDATA[<p>En mayo de 1949 Arnoldo Palacios publicaba su novela “Las estrellas son negras”, anotando que los originales fueron a parar a la nube de cenizas que se levantó el 9 de abril de 1948 en Bogotá, de tal manera que el autor debió recomponerla de memoria y publicarla, para después abandonar el país y radicarse [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>En mayo de 1949 Arnoldo Palacios publicaba su novela “Las estrellas son negras”, anotando que los originales fueron a parar a la nube de cenizas que se levantó el 9 de abril de 1948 en Bogotá, de tal manera que el autor debió recomponerla de memoria y publicarla, para después abandonar el país y radicarse en Francia. Considerada por muchos la primera novela afrocolombiana, no ingresó tan pronto al canon literario nacional, pese a la amistad que Palacios tenía con influyentes personajes de la cultura bogotana, como anota Gustavo Vasco en la edición de 2010, (Palacios, 2010) sin embargo, es de anotar que ésta tuvo una recepción temprana importante, y que el autor fue ampliamente querido por ese pequeño grupo de escritores y escritoras que animaban su reducido círculo en Bogotá, como el mismo Palacios lo reconocerá en posteriores escritos y entrevistas (Zapata, 2006).</p>



<p>La novela encierra una profunda voz de denuncia frente al aislamiento y abandono del Chocó, y en general del Pacífico colombiano, dado un centralismo rampante que no permitió ni ha permitido el reconocimiento real y verdadero de las otras colombias que habitan dentro de un mismo país. Irra, el protagonista, parece encarnar en parte al propio Arnoldo, el deseo de abandonar la ciudad que pareciera enmarcar toda la desigualdad de una nación, el desasosiego al no saber vislumbrar un futuro promisorio para él y para lo suyos, el rio Quito, que es el mismo Atrato, donde van y vienen penumbras en medio de soles candentes que parecieran alumbrar a unos pocos, no sin razón el protagonista cuestiona ese destino, afirmando que los hombres están determinados por las estrellas al momento de nacer, por eso afirma con marcada desesperanza: “<em>Las de ellos titilan eternamente y tienen el precio del diamante. Y la mía, Señor, es una estrella negra… ¡Negra como mi cara, Señor!” </em>(Palacios, 1949). <em>&nbsp;</em></p>



<p>Aunque “Las estrellas son negras” no ingresó pronto al canon literario nacional, es importante resaltar que esos importantes lectores formaban parte del mundo literario colombiano de entonces y que la novela tuvo una acogida temprana por parte de un grupo intelectual, si se quiere, tal y como sucedió con otros autores, cuyas obras quedaron en grupos reducidos. Quizá la primera apreciación critica la hace el maestro José María Restrepo Millán, rector del Externado Camilo Torres, donde Palacios culminó el bachillerato, parte de este texto es incluido en la solapa de la edición príncipe: “<em>Un libro que nos ha dejado temblorosos y anhelantes, por la hondura y la acumulación de su dramatismo; por el galopante interés de su narración; por la inmediatez de su materia prima; por sus terribles implicaciones sociales y políticas; por la modernidad y pungencia de su técnica; por la fuerte libertad expresiva de su idioma. En suma, por una congregación de seis cualidades muy marcadas y no previsibles, a lo menos algunas en grado igual, y mucho menos todas juntas, dentro del repertorio de la novela colombiana</em>.” (en Palacios, 1949).&nbsp;</p>



<p>Poco después de haber publicado la novela, Palacios emprende viaje a París, buscando quizá un futuro promisorio para un afrocolombiano enfermo de poliomielitis. En agosto de 1949, la escritora Elisa Mujica escribe una columna de despedida, anotando lo siguiente: “<em>Arnoldo Palacios se va a París. El hermano de Irra, el chocoano, recibe su oportunidad. Bien por Arnoldo”</em> (Mujica, 1949)<em>, </em>y después de anotar la importancia del viaje a una ciudad eminentemente cosmopolita, y de recordar el drama de la publicación y de la pobreza en que vivió en Bogotá, anota que el libro tuvo un éxito inmediato, que la edición se agotó en las librerías, que<em> “el país la recibía como algo que había estado esperando y que necesitaba para conocerse mejor</em>” (Mujica, 1949), sobre todo porque narra, según la escritora, con crudeza la realidad que habita en Colombia, un país hastiado de formulismos, reconociendo la fuerza de los personajes y de la forma como el autor logra retratar esas pulsiones.</p>



<figure class="wp-block-image size-medium"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="182" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13165236/arnoldo-palacios-con-zapata-certegui-choco-300x182.jpg" alt="" class="wp-image-112833" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13165236/arnoldo-palacios-con-zapata-certegui-choco-300x182.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13165236/arnoldo-palacios-con-zapata-certegui-choco.jpg 750w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<p>El 31 de diciembre de 1949, en el Balance Crítico realizado por Interim (seudónimo), se lee: “<em>En la novela nueva debemos registrar el nombre y la obra de Arnoldo Palacios con su admirable “Las estrellas son negras”. Hay en Arnoldo Palacios una sorprendente capacidad de novelista. Movido y variado estilo, cualidades de observación, y sobre todo un poderoso sentido de lo humano, de lo cordialmente vivido, de lo visto y observado en un arduo caminar de dolor y de lucha. Arnoldo Palacios no es un aprendiz de novelista. Es un novelista en pleno dominio de sus capacidades intelectuales, y con una intensa vocación de escritor</em>.” (Interim, 1949).</p>



<p>En el Suplemento Literario de El Tiempo, dirigido por Jaime Posada, del 8 de enero de 1950, en la sección el mundo de los libros, se entrevista a varios de estos personajes preguntando acerca de cuáles consideran son los mejores libros publicados en Colombia en 1949, anotando que consideran la mejor novela la de Palacios, nada más ni nada menos que Hernando Téllez, Jorge Rojas, Guillermo Payán Archer, León de Greiff, Eduardo Carranza anota de la novela como “<em>una revelación</em>” (El Tiempo, 1950). Además, el 15 de noviembre de 1950, en la sección de Novedades literarias de El Tiempo, se anota que circulaba el número 39 de la revista Vida, en donde aparece publicado “La piedra del amor” de Arnoldo Palacios, lo que implica que hubo un seguimiento a la producción del autor chocoano.</p>



<p>En el periódico El Tiempo del 26 de junio de 1951 se anota que se está organizando una colecta en beneficio del autor residente en París, iniciativa del jurista Luis Carlos Pérez, esposo de la poeta Matilde Espinosa, amiga y mecenas de Palacios durante su estadía en Bogotá, se leí ahí: “<em>Las Estrellas Son Negras, una de las novelas más originales y vigorosas que últimamente han aparecido en Colombia</em>”, (El Tiempo, 1951) de donde se deduce que la novela tuvo importantes lectores.</p>



<p>Curiosamente, en 1954 se anuncia para octubre la edición de esta novela por parte de la editorial argentina “Nuestra América”, y se anuncia de esta manera: “<em>Una nueva edición. La 3ª de este jugoso libro de juventud. Una novela que pinta la desesperanza de la juventud negra de nuestro rico y ajeno Chocó, y describe en términos de un realismo apasionante el anhelo siempre inalcanzable de una raza que lucha para redimirse de los prejuicios sociales y de la explotación a la que es sometida</em>” (El Tiempo, 1954). Parece que no llegó a concretarse y al anunciar que es la 3ª edición pareciera un error de los editores, las 6 ediciones de la novela son las siguientes: <a>1949, Bogotá, Iqueima; 1971, Bogotá, Revista Colombiana; 1998, Bogotá, Ministerio de Cultura; 2007, Bogotá, Intermedio; 2010, Bogotá, Ministerio de Cultura; 2021, Bogotá, Editorial Planeta.</a></p>



<p>En la Francia de la postguerra, Palacios encontró lo que no encontró en su propia patria, un espacio y un lugar para encontrarse con quienes debatían ya el aporte del África al mundo moderno, de tal manera que inscrito en la Sorbona, tiene la posibilidad de codearse con autores europeos, africanos y antillanos que hacían esa meditación, sin dejar de sentir nunca en su piel, casi que espiritualmente, esa lluvia y esa agua tan propias de su tierra, de ese Chocó biodiverso y rico, en donde las voces viejas le narraban su propia herencia, donde los dioses primigenios negros, disfrazados en mantos de vírgenes y en estatuas de santos, seguían conduciendo su propio destino. Como lo menciona Oscar Collazos (en Palacios, 2010), es en París donde descubre sus raíces latinoamericanas, afroamericanas siendo más específicos.</p>



<figure class="wp-block-image size-medium"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="225" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13170429/arnoldo-1-1-300x225.jpeg" alt="" class="wp-image-112839" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13170429/arnoldo-1-1-300x225.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13170429/arnoldo-1-1-1024x768.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13170429/arnoldo-1-1-768x576.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13170429/arnoldo-1-1.jpeg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<p></p>



<p>De París fue a Polonia, como una coincidencia el barco que lo condujo de Cartagena de Indias a Europa era polaco, ahí en 1950 fue el vocero de Colombia en el Congreso de la Paz, empapándose de las ideas socialistas y siendo un activista, lo cual le costó la beca en la Sorbona. Sin embargo, vuelve a Francia, y con esas coincidencias que marcarían su vida, en una calle lo detiene un hombre que había descendido de un coche, era un médico que dirigía <a>el Instituto de Poliomielitis de París,</a> enfermedad que aquejó al autor desde los dos años, sería sometido a una serie de cirugías que mejorarían en algo su movilidad.</p>



<p>Algunos de sus biógrafos anotan que en Francia se casó con una mujer de la vieja nobleza francesa venida a menos económicamente. Tuvo cuatro hijos. Recorrió gran parte de los países de la entonces llamada Cortina de Hierro. Hizo importantes amistades en Francia, y en 1975, junto con su esposa Beatriz creó la “Fundación Palacios”, que en 1988 entregó el Primer Premio Omar Khayyam a la escritora rusa Katia Kranoff, premio que según nota de prensa de El Tiempo del 8 de octubre de 1988 se entregaba “<em>a una personalidad abierta al mundo, que haya consagrado su vida al arte, al respeto de la naturaleza, a cultivar la amistad</em>”, y del autor chocoano anota: “<em>Arnoldo Palacios es un andariego. Quizá la rápida y vigorosa corriente del río Atrato le abrió los caminos del mundo. Desde sus orillas trepó a la altiplanicie bogotana; fue a las soledades de Islandia; estuvo en el atosigante Nueva York; fue a Roma y Moscú</em>” (El Tiempo, 1988).</p>



<p>Antes de emprender viaje a Francia, Collazos (en Palacios, 2010) anota que regresó a Quibdó, donde escribió relatos y una obra de teatro sobre Manuel Saturio Valencia, un abogado e intelectual chocoano, el último colombiano condenado a pena de muerte, por lo menos oficialmente, sin embargo, &nbsp;por las amenazas de bomba en el teatro por parte de los “blancos” de la ciudad, la función y la obra fueron suspendidas. Enrique Buenaventura (Mendoza, 1961), recordaría que en la pensión “Gandhi”, donde vivió, entre otros con Palacios, y bautizada así con sorna por las condiciones de pobreza, tuvo extensas y largas charlas con el autor chocoano, hasta el punto que decidió abandonar sus estudios en Bogotá e irse para Istmina, “<em>La Chocó Pacífico lo recibe como aceitero de una draga</em>” (Mendoza, 1961), esta característica de Palacios, de ser tan fluido verbalmente, obedece quizá a la herencia oral existente en el Pacífico, ya que al no haber modelos educativos formales durante tanto tiempo, su propia historia, sus mitos, sus leyendas, se transmitían oralmente, perviviendo aún la “décima cimarrona”, como un claro ejemplo de esa heredad oral.</p>



<p>Parece que pese al distanciamiento de Arnoldo al vivir en Europa, tuvo cercanía con sus amigos intelectuales colombianos, hasta el punto que Carlos Medellín (1961) al describir lo que el considera son los cuatro problemas de la cultura colombiana de entonces -desarticulación, inautenticidad, insularidad e impopularidad -, y al entrar al análisis de la literatura, anota: “<em>Una cultura literaria que los colombianos estimamos apegada a la tradición nacional y parte de nuestra idiosincrasia</em>”, y señala nombres reconocidos de poetas, novelistas y ensayistas, anotando al final: “<em>Ellos son y sus obras representan una cultura literaria, un compromiso actual, ¿respondemos a este?”,</em>&nbsp; y él mismo anota que se respondería que sí, anotando nuevamente nuevos nombres, entre otros: “<em>Osorio Lizarazo, Eduardo Zalamea, Arnoldo Palacios, García Márquez, Elisa Mujica, Delgado Nieto, Zapata Olivella y Eduardo Santa</em>” (Medellín, 1961).</p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>El Tiempo (1950, 15 de noviembre). Noticiero Cultural, p. 3.</p>



<p>El Tiempo (1950, 8 de enero). Arte y literatura en 1949. El mundo de los libros, p. 5.</p>



<p>El Tiempo (1951, 26 de julio). Se está organizando colecta en beneficio de Arnoldo Palacios, p. 2.</p>



<p>El Tiempo (1954, 24 de febrero). Editorial Nuestra América (anuncio publicitario).</p>



<p>Interim (1949, 31 de diciembre). Balance crítico. Perspectiva literaria de 1949, p. 3.</p>



<p>Medellín, C. (1961, 21 de mayo). Cuatro problemas actuales de la de la cultura colombiana: desarticulación, inautenticidad, insularidad, impopularidad. <em>El Tiempo, Lectura Dominicales, </em>p. 1-2.</p>



<p>Mendoza, P. (1961, 7 de octubre). El teatro en Colombia tiene un nombre: Enrique Buenaventura. <em>El Tiempo, </em>p. 11.</p>



<p>Mujica, E. (1949, 6 de agosto). El joven novelista. Despedida a Arnoldo Palacios. <em>El Tiempo, </em>p. 17.</p>



<p>Palacios, A. (2016). El señor Ecce Homo. Cali: Litocolor.</p>



<p>Palacios, A. (2010). Las estrellas son negras. Bogotá: Ministerio de Cultura.</p>



<p>Palacios, A. (1949). Las estrellas son negras. Bogotá: Editorial Iqueima.</p>



<p>Zapata, S. (2006, junio). Retrato de Arnoldo Palacios, <em>Revista Arcadia, </em>9.&nbsp;</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
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        <pubDate>Thu, 13 Mar 2025 21:59:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Las estrellas son negras de Arnoldo Palacios, recepción temprana]]></media:description>
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        <title>Historia del Carnaval del fuego en Tumaco</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/historia-del-carnaval-del-fuego-en-tumaco/</link>
        <description><![CDATA[<p>El origen del carnaval está intimamente ligado a los feroces incendios que arrasaron a la ciudad a mediados del siglo XX. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"></h2>



<p></p>



<p>Todos los pueblos y comunidades del orbe han tenido y tienen sus momentos de jolgorio para celebrar lo que éstos consideran importante: la vida y la muerte, la siembra y la cosecha, la llegada o la partida, en fin, se conmemoran las dualidades que se vuelven experiencias existenciales y que alimentan la historia y la tradición. El porqué se celebran muchos carnavales en febrero, tiene una connotación cristiana, pero con antecedentes romanos, ya qué estos celebraban la llegada de la primavera con los saturnales, en donde con vino y bebidas se recibía la estación que para muchos significaba la vida; el cristianismo retoma estas festividades, con la connotación de que es la entrada a la preparación para la pascua, para lo cual durante cuarenta días antes del jueves santo se privaban de comer carne, de tal manera que la palabra carnaval quiere decir etimológicamente “quitar la carne”, es por ello que los carnavales inician antes del miércoles de ceniza, que es cuando supuestamente inicia el ayuno.</p>



<p>En Tumaco el inicio del Carnaval del Fuego tiene connotaciones muy especiales. La ciudad ha sufrido muchos incendios a través del tiempo, las casas de madera y el alumbrado con velas, hacían que el fuego consumiera todo lo que estuviese a su paso. Uno de los incendios más escabrosos fue el del 10 de octubre de 1947, que arrasó con las principales construcciones de la ciudad y con la mayoría de casas construidas en madera. Es así como en 1950 un grupo de personas amantes de su pueblo buscaron crear el Cuerpo de Bomberos de la ciudad, aunque no tuvo el apoyo esperado por parte del gobierno central y departamental. Ese año se organiza un concurso para recolectar fondos para el cuerpo de bomberos, para ello se nombran candidatas en los diferentes barrios u organizaciones, la que más recogiera fondos se llevaría el título de “Reina del Carnaval del Fuego”, siendo elegida en ese año Gloria Benítez del Hierro.</p>



<p>Las candidatas al reinado hacían enormes esfuerzos para recolectar fondos, en agosto de 1950, la candidata Fabiola Usubillaga hace una gira por diferentes ciudades, entre otras Cali, en donde visita a la prensa escrita y emisoras de radio para dar a conocer su prospecto, anota en entrevista para un medio capitalino, que su prima fue reina del Fuego, Gloria Benítez del Hierro, quien logró conseguir un jeep y mangueras para los bomberos de su ciudad.</p>



<p>El 29 de septiembre de 1955 se presenta otro voraz incendio en la ciudad, destruyendo nuevamente lo poco que había quedado y algo de lo que se había iniciado a reconstruir. Es así como un grupo de ciudadanos crea nuevamente el Cuerpo de Bomberos del puerto. Sin embargo, no contaban con carros extintores de incendios, por ello idearon crear un Carnaval del Fuego, con el fin de recolectar fondos y comprar un carro extintor. El origen del Carnaval del Fuego oficialmente se remonta al año 1959, durante la Alcaldía militar del capitán Pizza Benítez, buscando dotar a los bomberos de una máquina extintora, este año es elegida Ligia Rosasco Llorente como la primera Reina oficial del Fuego.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="947" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/25083127/REINA-CARNAVAL-FUEGO-1964-947x1024.jpg" alt="Reinas del Carnaval y del Fuego, acompañadas por reinas de Pasto,  Valle, entre otras, 1964. " class="wp-image-112066" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/25083127/REINA-CARNAVAL-FUEGO-1964-947x1024.jpg 947w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/25083127/REINA-CARNAVAL-FUEGO-1964-277x300.jpg 277w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/25083127/REINA-CARNAVAL-FUEGO-1964-768x831.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/25083127/REINA-CARNAVAL-FUEGO-1964-1420x1536.jpg 1420w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/25083127/REINA-CARNAVAL-FUEGO-1964.jpg 1693w" sizes="auto, (max-width: 947px) 100vw, 947px" /></figure>



<p></p>



<p>Hay que decir que inicialmente el Reinado del Fuego estaba reservado para las clases económicamente pudientes de la ciudad, aunque es de suponer que había participación de la población tumaqueña, porque ya se hablaba de carnaval. La elección y coronación se hacía en los clubes que estos frecuentaban. Hay anécdotas como la que ocurrió el 15 de febrero de 1962, cuando el teniente de aduana Julio Cadena impidió que los asistentes ingresaran a bordo del vapor “Rio Guayas”, propiedad de la Flota Mercante Grancolombiana, el fin de dicho evento social era recolectar fondos para el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Tumaco, para ello se había nombrado a Leticia Taylor candidata de lo que ellos denominan “la sociedad”, en vista del impase, debieron celebrar el homenaje a la candidata en el “Club Social Bufeos”, tal y como se desprende de la queja enviada no solamente a la prensa escrita capitalina, sino también al presidente de la república y a sus ministros. Para 1965 se celebraban bingos en las casas de las candidatas para recoger fondos. Tenemos entendido que para entonces se elegía la Reina de los Carnavales y la Reina del Fuego, está ultima elegida por reunir el mayor monto de dinero para la causa mencionada.</p>



<p>Hoy por hoy el Carnaval del Fuego es eminentemente popular. Por las calles desfilan grupos de danzas, comparsas y murgas, acompañados de música tradicional, las cantaoras se toman las tarimas principales y comparten sus cantos ancestrales, en la alborada se lleva a cabo la Noche Afro, acompañados de música. Además, se hacen concursos de juegos tradicionales con Don Cucurucho. Se hace un desfile náutico, donde participan hermosas e inteligentes mujeres de todos los barrios, comunas y veredas, para elegir a la Reina del Carnaval del Fuego. El día martes antes de ceniza, se lleva a cabo el Día del agua, antes con una connotación sacra si se quiere, hoy en día un llamado a reflexionar sobre este importante líquido vital para la existencia en el planeta.</p>



<p>En el Carnaval todo está permitido, las leyes y las normas no se cumplen, es la posibilidad de desobedecer el orden establecido, aunque siempre con respeto hacia el otro y valorando la integridad de todas las personas. Por eso en el Carnaval del Fuego los tumaqueños se disfrazan, bailan en las calles, se echan agua y espuma, se divierten con los amigos y familiares, salen a las calles para unirse con los demás en una completa alegría. La única orden que se da durante el Carnaval del Fuego es: a divertirse sanamente.</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=112064</guid>
        <pubDate>Tue, 25 Feb 2025 13:39:53 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Historia del Carnaval del fuego en Tumaco]]></media:description>
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        <title>La Galería de la memoria</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/galeria/</link>
        <description><![CDATA[<p>En el corazón de Santa Rosa de Cabal, el municipio más antiguo de Risaralda, está la Galería, y los sábados allí son los días más bellos del mundo. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>En el corazón de Santa Rosa de Cabal, el municipio más antiguo de Risaralda, está la Plaza de Mercado Los Fundadores. Los sábados en ella (en la Galería, como le conocemos amorosamente los locales) son los días más bellos del mundo. Los más coloridos y festivos, porque los campesinos y las campesinas hacen presencia para abastecerla de sus productos, y de su color. Estamos en cosecha, de modo que también se dan cita los andariegos que buscan “coloca”, los niños y las niñas que traen sus padres a comer helado cada seis meses, y a tomar pintadito y hacerse motilar en la peluquería de doña Lili; las personas del pueblo que van a mercar, a tomar tinto, jugar billar, emborracharse de amor o de aguardiente amarillo; los visitantes y turistas, que no entienden qué pasa, que lo preguntan todo, pero comen chorizo como si no hubiera un mañana.<br><br>Si hay algo que identifique a una persona de Santa Rosa, es que ama a rabiar a su pueblo, y de los millares de palabras que usa al día, la mayoría son para su pueblo, y son palabras de amor. Siempre. Razón por la que preferiría morir antes de ceder su tierra, su autonomía, o de aceptar la gentrificación, aunque desconozca esa palabra.<br><br>En la Galería podrás encontrar restaurantes (si preguntas cuál es el de La Mona te enviarán a más de cinco sitios reconocidos así, todos muy buenos), frutas y verduras de las montañas del municipio, leche de la ribera del nevado Santa Isabel, café, peluquerías, ferreterías, bostezos al por mayor y al detal, rama seca, caléndula para todo mal, encantamientos y amarres, gallinas de pelea y gallinas derrotadas (para el sancocho), millares de especias y tabaco, relojeros, reparadores de sombreros y de sombrillas, ropa vieja y muy nueva, piratas a todo destino, mor; un poeta en cada mesa de café o, en su defecto, una cantante de boleros por metro cuadrado, o un pintor mojando la palabra en la cafeína del Alicachín, del Magar, o de Capri.<br><br>También hay que decirlo, en la Galería aún hay gente que practica el arte milenario de parar el machete en más de 32 especialidades, y a veces lo pone en práctica ante tus ojos, pero esa no es una razón para dejar de visitar la Galería de Santa Rosa de Cabal.<br><br>Foto y texto: <strong>Albeiro Guiral</strong> (<a href="https://www.instagram.com/amguiral/">@amguiral</a> )</p>



<p></p>



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<p><em>Publicado originalmente en <a href="https://www.instagram.com/p/C0W4c9or77t/?img_index=10">PlanC Pereira</a>, en diciembre de 2023.</em></p>



<p></p>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=107485</guid>
        <pubDate>Fri, 01 Nov 2024 20:37:13 +0000</pubDate>
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