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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Creta | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Deméter</title>
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        <description><![CDATA[<p>Una de las doce deidades principales del Olimpo, “Diosa madre” o “Diosa distribuidora”, Deméter es la protectora divina de la agricultura y así mismo de la civilización y de la fecundidad. Su abuela fue Gea, la primera divinidad, y su madre Rea, y de ambas heredaría la tarea de custodiar la Tierra, y de allí [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Una de las doce deidades principales del Olimpo, “Diosa madre” o “Diosa distribuidora”, Deméter es la protectora divina de la agricultura y así mismo de la civilización y de la fecundidad. Su abuela fue Gea, la primera divinidad, y su madre Rea, y de ambas heredaría la tarea de custodiar la Tierra, y de allí deriva su nombre: <em>da </em>(tierra) y <em>mitir </em>(madre). Siendo hija del titán Crono, Deméter se convertirá así en la tercera generación femenina encargada de velar por los sembradíos y las cosechas y de guardar a los pastores y campesinos. Deméter simboliza entonces el ciclo de la vida, por lo que se le reconoce como la “portadora de las estaciones”. Los romanos la llamaron “Ceres”, y a veces su mito puede confundirse con la diosa Cibeles, venerada en la antigüedad en Asia Menor. Hermana mayor de Zeus, esta diosa fue una de las primeras divinidades a las que se les rindió culto, y su adoración data del siglo VII a.C., cuando Homero la citó en alguna de sus epopeyas, y algunas figuras de cerámica corroboran que ya en la Era Neolítica se le rendía devoción, siendo durante siglos la diosa más popular entre los campesinos, y su adoración se extendió por toda Grecia desde mucho antes de que apareciera el panteón olímpico. Se dice que fue la misma Deméter quien ordenó levantar en Eleusis un templo en su nombre y en donde se llevarían a cabo los rituales de iniciación conocidos como los misterios eleusinos, donde se homenajeaba a la diosa y a su hija ofreciéndole ciertos sacrificios. Los secretos del templo debían permanecer guardados, destacándose la historia de Melisa, quien se negaría a revelar el conocimiento de Deméter y por lo que sería torturada hasta morir. Deméter castigó a sus asesinos enviando una plaga de abejas que brotaron del cuerpo de Melisa, y como premio a su valentía y fidelidad las sacerdotisas que presidían las ceremonias serían conocidas como “melisas”. A Deméter solía representársele con la cabeza y el pelo de un caballo, y un cuerpo de mujer del que brotaban serpientes y otras bestias míticas que se asomaban por sus trajes de lujo. Montada sobre su carruaje, muchas veces acompañada de su hija Perséfone, también conocida como Core “la doncella”, y quien en los textos prehelénicos aparece invocada junto a su madre como <em>to theo </em>(las dos diosas). La cabeza de Deméter está adornada por una corona de espigas y en sus manos porta una antorcha y una hoz. La acompañaba un delfín, una paloma, la flor de la amapola y una cornucopia (aquel cuerno rebosante de frutos, granos, flores y toda clase de manjares que simbolizan la riqueza, la abundancia y la prosperidad). Sería esta diosa quien instruyó a los seres humanos en el oficio de la agricultura, enseñándoles a arar, recolectar semillas, sembrar los campos y cuidar de los cultivos. Tal vez el mito más conocido sobre Deméter es en el que aparecerá como protagonista junto a su hija Perséfone, apoyando esa figura maternal que cuidará de sus hijos sin importar el costo ni los sacrificios. Y así tuvo que sacrificarse la diosa cuando Hades, dios del inframundo, se enamorara de la hermosa Perséfone, y tras abrir un gran cráter en la tierra raptara a la hija consentida de Deméter. Leucipe, la oceánide que jugaba con Perséfone y que no intervino para evitar el secuestro de la niña, sería castigada por la diosa que la convertiría en sirena. La melancólica diosa de la fertilidad se sumergió en la congoja y estuvo deambulando nueve días sin comer ni beber, mientras intentaba dar con el paradero de su hija y la lloraba sobre la piedra Agelasta. Durante este tiempo la tierra fue invadida por la desolación y la esterilidad de sus campos. Hécate, diosa de la brujería, presentó a Deméter el dios sol, Helios, aquel que todo lo veía y que seguramente fue testigo del rapto de Perséfone, y quien efecto le confirmaría a la madre que su hija había sido casada con el mismísimo Hades, que ahora la mantenía retenida en el fondo de la tierra y la había convertido en la reina del infierno. Deméter abandonó el Olimpo tratando de encontrar las puertas del inframundo, descendió a los confines de la Tierra y asumió la figura de una anciana llamada Doso, y estando reposando junto a un pozo fue abordada por las hijas del rey de Eleusis, en Ática, el rey Celeo, a quienes mintió diciéndoles que provenía de Creta y que había sido liberada por un grupo de piratas que la habían tenido cautiva. El rey Celeo y su esposa Metarina acogieron con agrado a la anciana, e incluso Celeo le ofreció a Doso ser mentora de sus dos hijos varones: Demofonte y Triptólemo. En retribución a la generosidad demostrada por la familia real, Deméter quiso concederle a Demofonte la gracia de la divinidad, para lo cual lo embadurnó de ambrosía y sopló su milagro sobre el cuerpo del niño mientras lo sostenía en sus brazos. Para sellar el ritual de inmortalidad el pequeño tenía que ser quemado cada noche sobre carbones ardientes, ritual que Deméter seguía en secreto y hasta que finalmente fue sorprendida por Metanira. La madre se horrorizó al ver a su hijo ardiendo sobre las brasas al rojo vivo, y decepcionada porque los humanos ignoraran el valor del ritual, Deméter dejó a medio terminar su tarea de convertir a Demofonte en un ser inmortal y, en un gesto menos macabro, decidió enseñar a Triptólemo los oficios del agricultor. Se dice que fue por medio de Triptólemo que toda Grecia se enteraría del arte de la agricultura, cuando Deméter lo llevaría a todos los rincones a bordo de su carruaje alado y amparándolo como su madrina, y así lo demostró cuando castigó a Linco, rey de Escitia, quien atentó contra la vida de Triptólemo negándose además a enseñar el cultivo del trigo en su reino, y recibiendo como pena divina la transformación en lince. Deméter no logró encontrar a su hija, y fue entonces cuando Zeus, padre de Perséfone, decidió intervenir pidiéndole a Hermes que descendiera al Hades y rescatara a su hija. La misión de Hermes parecía haber tenido éxito, pero antes de abandonar el subsuelo Hades engaña a Perséfone y la invita a probar seis semillas de granada, aunque algunos sugieren que la doncella las comería sin que hubiera sido tentada por el mismo demonio, pero sea como sea las seis semillas servirían como un conjuro para que Perséfone tuviera que retornar cada seis meses al Tártaro y pasar junto a Hades el resto del año. Es así como cada seis meses Perséfone alegra con su presencia a Deméter, siendo las estaciones alegres, coloridas y florecidas del verano y la primavera, y luego seis meses de ausencia donde su madre se mostrará triste, mustia, marchita y fría como lo demuestran el invierno y el otoño. Deméter también tuvo otros amoríos y otros hijos, como Pluto y Filomelo, cuyo padre sería el mortal Yasión, hijo de Zeus y Electra, y que sería asesinado luego de que su celoso padre se enterara de la aventura con su tía. Así mismo sería asediada por el dios de los océanos, Poseidón, quien no se dejaría engañar cuando la diosa en su forma vacuna intentó ocultarse entre una manada de caballos del rey Oncos, y trasformado en toro Poseidón tomó a Deméter por la fuerza y le dio dos hijos: Despena, la innombrable, y un corcel de crines color azabache al que bautizó Arión. Aparece bendiciendo a Fítalo con el regalo de una higuera y como recompensa por haber cuidado de ella durante la búsqueda de su hija, y así también figura en el relato en el que Limos, dios de la hambruna, recibió el castigo de morar en las tripas de Erisictón para mantenerse siempre hambriento y esto porque el dios había talado un árbol. Se le emparenta con la diosa egipcia Isis, asociada con el cambio estacional y quien también buscaría en el inframundo a un ser amado, en su caso se trataría de su esposo Osiris, y en algún momento el mito grecorromano de Deméter empezaría absorbiendo a la figura de Isis, siendo así que las sacerdotisas egipcias debían también instruirse en las enseñanzas de la diosa griega de la agricultura. El Museo Británico de Londres conserva una vieja estatua de mármol que fue encontrada en la ciudad de Cnido, y decir por último a modo de dato que la palabra “cereal” deriva del latín “cerealis”, y esto como referencia a esta diosa llamada Ceres.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 18 Feb 2023 00:41:34 +0000</pubDate>
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        <title>Hera (Juno)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/hera-juno/</link>
        <description><![CDATA[<p>Entre las tantas mujeres que tuvo el promiscuo Zeus, Hera “Ἥρα” fue sin duda la que estaba considerada como su esposa oficial. Hija del titán Crono y de Rea, Hera había sido ingerida por su padre luego que a éste le vaticinaran que uno de sus hijos le daría muerte para quedarse con su trono. El [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Entre las tantas mujeres que tuvo el promiscuo Zeus, Hera “Ἥρα” fue sin duda la que estaba considerada como su esposa oficial. Hija del titán Crono y de Rea, Hera había sido ingerida por su padre luego que a éste le vaticinaran que uno de sus hijos le daría muerte para quedarse con su trono. El titán ya se había engullido a sus otras hermanas Hestia y Deméter, y después de ella se tragó a Hades y a Poseidón, hasta que Rea se aseguró de que su hijo menor, Zeus, no padecería la desdicha de ser comido por su padre, haciéndole creer a su marido que una piedra envuelta en un pañal era el último de su descendencia. Rea escondió a Zeus en una gruta ubicada en Creta y esperó hasta que éste se hiciera fuerte, cuando entonces Metis dio de beber una pócima a Crono para que trasbocara a sus demás hijos, dando origen a la rebelión liderada por Zeus de los dioses contra los titanes, conocida como la Gigantomaquia, y que luego de diez años lograrían ganar los dioses olímpicos. Los romanos la conocerían como la diosa Juno, pero no se ponen de acuerdo respecto al significado de su nombre: horas, héroe, ternera. Tampoco se sabe respecto a su crianza, que se le atribuye a Tetis y a su esposo Océano, pero también se dice que fue criada por las Horas, por el héroe Témeno, o por las hijas de Asterión. Su mito precede al de otros dioses del Olimpo, por lo que hacia el 801 a.C. su presencia en toda Grecia ya era adorada y venerada, siendo una de las primeras divinidades a las que se le construiría un templo cerrado, quizás para oficiar las bodas al interior de un recinto que estaba consagrado a la diosa encargada por velar la santificación de las parejas. Este templo ubicado en las inmediaciones de las ciudades micénicas de Argos y Micenas, concretamente en Samos, sería agrandado y remplazado por el templo de Hereo, uno de los más grandes construidos en la antigua Grecia, y en donde se llevaban a cabo las festividades conocidas como las “Hereas”. Pero el mito de Hera se extendería a otras regiones, gozando de una popularidad que abarcaba territorios como Armenia, Babilonia, Irán, Egipto y Asiria, y por lo que otros muchos templos se edificaron en su honor, como el templo de Olimpia. Tratándose de su hermana mayor, Zeus y Hera compartían un mismo estatus como dioses olímpicos, por lo que su presencia en la vida del gran dios opacaría a sus dos antiguos matrimonios con Metis y Tetis. En <em>La Ilíada </em>Hera le dice a Zeus: “También yo soy una deidad, nuestro linaje es el mismo y el artero Crono me engendró la más venerable, por mi abolengo y por llevar el nombre de esposa tuya, de ti que reinas sobre todos los inmortales.” Se cuenta que Hera rechazaría más de trescientas propuestas que Zeus ideó para seducirla, y al ver que no encontraría su aprobación decidió que lo mejor sería engañarla, transformándose en un desahuciado pájaro cuco que volaba en la lluvia sin encontrar amparo. Hera se conmovió del pájaro y lo acunó entre sus senos, y fue entonces cuando Zeus recuperó su forma y consiguió poseer a la diosa. La boda fue de lo más especial, ya que Hera es por definición la “Diosa del matrimonio”, y el lugar elegido para su celebración sería el jardín de las Hespérides, aunque Homero en <em>La Ilíada </em>indica la cumbre del Ida, de Frigia, como el sitio donde se celebrarían las nupcias. Al festejo acudieron todos los dioses y semidioses a excepción de Erigia, diosa de la pereza, que no en vano tendría su castigo por tan grande desacato y terminaría convertida en tortuga. Hera se perfila de esta manera como un prototipo de la esposa tradicional, celosa de su marido, vengativa con sus amantes, irascible y neurótica, preocupada por mantener un entorno familiar, y aunque no sobresalía particularmente por ser una madre ejemplar. Con Zeus tuvo a Ares, dios de la guerra; Ilitía, diosa de los partos; Hebe, diosa de la juventud, y Enio, diosa de la destrucción. A Hera se le suele representar como una mujer matriarcal, madura, coronada con el “polos” (la corona de las grandes diosas), acompañada de un cetro y aposentada en su trono, glorificada y majestuosa. Lleva en su mano una granada o a veces una cápsula de amapola como símbolo de fertilidad. También sería la madre del dios Hefesto, dios de los herreros, luego de que se enterara que su esposo había tenido a la diosa Atenea cuando ésta brotó de la cabeza de Zeus. A su manera, envidiosa, ella también se las arregló para tener a su propio hijo sin la intervención de un hombre. Pero a la madre no le gustó el aspecto jorobado y la cojera de Hefesto, por lo que lo arrojó del Olimpo, acto que le valdría la furia del huérfano, que al desarrollar sus destrezas con el fuego y el hierro forjaría un trono siniestro para su madre. Hera se sentó en la silla que tenía el embrujo de apresarla, y no pudo liberarse hasta que negoció con Hefesto, dándole a la bella Afrodita para desposarla. Otros relatos dicen que Hera escapó cuando Dioniso emborrachó a Hefesto y lo llevó de regreso al Olimpo en el lomo de una mula. De igual forma existe otro relato en donde Hera vengó el nacimiento de Atenea considerándolo una infidencia más de su esposo, y acudiendo al auxilio de su abuela Gea para que de la tierra hiciera brotar a otro de sus hijos, conocido como Tifón. La diosa figura en una cantidad de historias que componen la mitología griega, y en casi todos aparecerá tramando venganzas contra las amantes del mujeriego empedernido que era su marido o celando sus actuaciones, y en las cuales a pesar de recibir uno que otro castigo generalmente suele salirse con la suya. Tal es el caso de Leto, quien tendría problemas para parir después de que Hera le hubiera prohibido a esta amante asentarse en tierra firme, asegurándose además de retener a su hija Ilitía para que velara el alumbramiento, y hasta que Leto encontró la isla flotante de Delos y fue allí donde pudo por fin dar a luz a los dioses Apolo y Artemisa. Sémele fue otra amante que tuvo que sufrir la violenta venganza de una esposa despechada, y así su hijo Dioniso que sería despedazado por un par de titanes enviados por Hera para asesinarlo. Zeus recogió el corazón de Dioniso y lo dio de comer a Sémele, y aunque otras versiones dicen que lo coció a su propia pierna, pero sea de una u otra forma permitió que Dioniso volviera a nacer, y por lo que es conocido como el “nacido dos veces”. Por su parte Sémele sería obligada por Hera para que le pidiera a Zeus que se mostrara en su forma original, y a lo que ni ella ni su infiel esposo pudieron negarse, y luego de lo cual los rayos del verdadero dios manifestándose ante una mortal acabarían por matarla. Otra amante que no escapó de la ira de Hera sería la princesa argiva llamada Ío, a quien Zeus trató de ocultar transformándola en una ternera blanca. Pero su esposa, experta en las mañas de su infiel marido, sospechó que esa ternera escondía algún secreto y le pidió a Zeus se la regalara para encargarse ella misma de sus cuidados. Según los relatos de Ovidio Hera le confió la custodia de Ío al gigante Argos Panoptes para que éste vigilara con sus cien ojos a la ternera, pero enviado por Zeus el intrépido Hermes, disfrazado de pastor, entretuvo al guardián con historias banales hasta que acabó durmiendo cada uno de sus cien párpados, y tras lo cual aprovechó para ejecutarlo de una pedrada y rescatar a Ío. Hera tomó los ojos de Argos y con ellos adornó el plumaje del pavo real, además de dejar a Ío convertida para siempre en vaca, obligándola a vagar sin sosiego y a ser continuamente azuzada por un tábano. Otra amante que padecería haberse entrometido en la vida conyugal de Hera sería la reina de Libia, Lamia, quien se convirtió en un monstruo después del espanto sufrido tras la muerte de sus dos hijos a manos de Hera, que además agravaría su dolor obligándola a no cerrar nunca los ojos para así mantener latente el asesinato de sus hijos. Zeus quiso remediar su sufrimiento permitiéndole sacarse y ponerse los ojos según su antojo, pero desde entonces Ío no pudo tolerar que otras mujeres se convirtieran en madres y desde entonces se dedicó a devorar a los recién nacidos. A Antígona, otra mujer que se atrevió a coquetear con su marido, le convirtió sus cabellos en serpiente, y los dioses queriendo apiadarse de ésta, acabaron transformándola en cigüeña. Tampoco saldrían bien librados aquellos que complotaran para que su marido cometiera sus infidencias, como en el caso de Eco que entretenía con el poder de su oratoria a la diosa Hera mientras Zeus se escapaba con alguna de sus amantes, y al enterarse de la treta la esposa traicionada silenciaría la melodiosa voz de Eco, limitándola a repetir únicamente la última palabra que había escuchado. Así también castigó con la locura a Tamante e Ino por haberse ocupado de la crianza de Dioniso. Pero sin duda el mito en el que estará más presente la inagotable esposa celosa será en el del héroe Herácles, conocido como Hércules para los romanos. Herácles fue el producto de una infidencia más de Zeus, y quien tuviera que pagar el enojo y la deshonra de Hera desde antes de nacer y a lo largo de toda su vida. A la madre Heracles y amante de su esposo, Alcmena, la diosa traicionada le sujetó las piernas y las amarró con un nudo para que no pudiera dar a luz, pero una ayudante de Alcmena llamada Galantis se las arregló para servir en el parto, y por lo que Hera la castigaría convirtiéndola en comadreja. Alcmena intentó contentar a Hera bautizando a su hijo con un nombre que significa “la gloria de Hera”, pero esto no serviría para aplacar su odio. Después intentó asesinar a Herácles dejando en su cuna un par de serpientes, las cuales fueron estranguladas por la fuerza hercúlea de un niño que ya empezaba a mostrar las condiciones propias de un futuro héroe. Zeus quiso engañar a su esposa y le pidió que amantara a un infante, ocultándole que se trataba de su hijastro Herácles, y la leyenda cuenta que una vez la diosa se enteró del engañó y desprendió la boca del niño que se amamantaba de su seno, un chorro de leche materna fue expulsado y a esa mancha en el universo es a lo que se le conoce como la “Vía láctea”. Hera le pidió al rey de Micenas, Euristeo, que le encomendara al valiente Herácles el cumplimiento de doce tareas que parecían imposibles, y más aún cuando la peligrosa diosa estaría al acecho y en un intento por impedir el cometido del héroe. Fue así como dificultó la pelea que Herácles sostenía con la hidra de Lerna enviando un cangrejo para que le picara los pies, o cuando elevó las aguas del río e hizo que un tábano espantase a las vacas que Herácles había robado a Gerión, y tras lo cual Hera saldría malherida por una flecha de tres puntas que Herácles logró incrustarle en el pecho derecho. Hera soplaría vientos y desataría tempestades cuando Herácles regresaba a Troya y haría todo lo que estuviera a su alcance para que el héroe no completara su hazaña, pero finalmente Herácles se presenta ante Euristeo ofreciendo el ganado a Hera, quien se negó al sacrificio del Toro de Creta ya que era un símbolo de gloria. El toro quedó en libertad y luego de un largo peregrinaje llegó hasta Maratón, por lo que es conocido como el Toro de Maratón. Al final la historia de Herácles y Hera parece haber terminado en un final feliz, y antes de que el héroe muriera y fuera consagrado como otro dios olímpico ya ambos habían limado sus asperezas. Parece que fue Herácles quien defendió y dio muerte a Porfirión, el gigante que ya había arrancado las vestiduras de Hera y que estaba a punto de violarla, dándole un flechazo que acabaría además con una larga historia de conflictos entre una mujer y su hijastro. Incluso se dice que como recompensa Hera ofreció a su hija Hebe para que Herácles la desposara. Hera es figura en otras tantas leyendas donde se muestra siempre violenta y combativa, susurrándole a Artemisa al oído para que matara a Calisto, tramando un plan maquiavélico para acabar con todo aquel que se atreviera a amenazar su matrimonio y desafiar su honra y su belleza. Es el caso de Gerana, reina de los pigmeos, quien se preció de ser más hermosa que Hera y por lo que recibió en castigo la trasformación en grulla, y cuyo pájaro sería un eterno enemigo de los habitantes de su antiguo reino. Tiro fue asesinado por Pelias en un templo dedicado a Hera, lo que jamás perdonaría la diosa, y fue por esto que decidió ayudar a Jasón a cruzar sin apuros los pasos de Caribdis y Escila y encargarse de que su navío superara las Rocas Cianeas, y de esta forma los Argonautas pudieran hacerse al vellocino de oro con el cual finalmente destronarían a Pelias de Yolco. La <em>hybris</em> de los reyes de Tracia, Hemo y Ródope, sería castigada por la diosa cuando estos se creyeron tan soberbios como los dioses y acabaron siendo trasformados en las montañas de los Balcanes y los montes Ródope. Sin embargo uno de los mitos en donde mayor influencia habrá tenido la esposa de Zeus, fue aquel acaecido durante la boda de Tetis y Peleo, y en la cual se llevó a cabo una competencia por elegir a la más bella de todas las diosas. El juez encargado de otorgar el premio de una manzana a la más bella estaba en cabeza del príncipe troyano de Paris, a quien no convenció la propuesta de Hera de convertirlo en un hombre adinerado si la elegía a ella como la ganadora del certamen, y así también rechazó los ofrecimientos de Atenea, para quedarse finalmente con el ofrecimiento de Afrodita, quien prometió otorgarle el amor correspondido de la mortal más hermosa de la tierra. El amor entre Paris y Helena desataría la guerra de Troya, guerra que estuvo influenciada por los tantos dioses que intervinieron de parte y parte, inclinándose Hera por el bando de los aqueos como venganza contra Paris por no haberla premiado con la manzana de la discordia. <em>La Ilíada </em>cuenta cómo Hera se peleó incluso con su hijo Ares y e hirió con el arco a la diosa Artemisa, y cómo entretuvo a Zeus para que éste desatendiera su protección a los troyanos, y así también protegió a Menelao convirtiéndolo en inmortal y amparó a Aquiles cuando éste se enfrentó a Eneas. Con su marido discutía sobre cualquier asunto y su furia se desataría sobre cualquier mortal, como en el caso del sacerdote Tiresias, quien quedaría convertido en mujer luego de desanudar una pareja de serpientes que estaban copulando, y quien pasados siete años volvería a recuperar su género luego de repetir el acto con otras dos serpientes que encontraría amándose en su camino. La pareja de dioses apostaron por quién lograba alcanzar un mayor placer sexual, creyendo Zeus que era el caso de la mujer y por su parte Hera creyendo que se trataba del hombre, y quién mejor para dilucidar esta duda que aquel que vivió la experiencia de poseer ambos sexos. Tiresias, quien como mujer había tenido dos hijos, dio la razón a Zeus testimoniando que el placer femenino era un noventa por ciento superior al placer de los hombres, y por lo que Hera enojada privó de la vista al desgraciado sacerdote. No pudiendo desobedecer el actuar de su mujer, Zeus quiso mitigar en parte la pena de Tiresias dotándolo con el don de la clarividencia y la profecía. Y en algún momento de la eternidad Hera tendría que agotarse de las infidencias de su marido y fue entonces cuando complotó con Apolo, Atenea y Poseidón para que se unieran y juntos destronaran a Zeus en una rebelión que en principio parecía sencilla, cuando lograron atarlo a la cama en la que dormía y hurtarle su rayo para que no pudiera defenderse. Sin embargo el dios de los cielos recibió la ayuda de Tetis y Brearei (el gigante de cien brazos), quienes liberaron a Zeus para que éste retomara el control del Olimpo. De alguna forma los insurgentes recibieron su castigo por semejante irreverencia, teniendo que amainar Zeus los ánimos acalorados de su mujer, sujetándola con cadenas de oro y atándole un par de yunques en sus pies. Pero no todo sería un desencuentro permanente en la pareja, y también Zeus se encargaba de celar, velar y proteger a su esposa, como cuando la libró del peligro que la acechaba luego de que Ixión la atacara en medio de un arrebato incontenible por poseerla, ocultando a su reina en una nube que fabricó para que ni Ixión ni ningún otro la atacara jamás, cuidando de su diosa, la diosa de su Olimpo.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 02 Dec 2022 23:58:38 +0000</pubDate>
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