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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de consumismo | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Una corta reflexión sobre el consumismo</title>
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        <description><![CDATA[<p>Consumimos para tener, tenemos para mostrar, y mostramos para subir en el rango social. Los objetos que portamos con nosotros, muchos de ellos, se pueden considerar partes del cuerpo, extensiones de lo que somos, objetos que desempeñan el rol de las plumas y adornos de los animales y las plantas. Somos monos desnudos, por eso [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-70042" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2019/08/barbara-kruguer-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></p>
<p>Consumimos para tener, tenemos para mostrar, y mostramos para subir en el rango social. Los objetos que portamos con nosotros, muchos de ellos, se pueden considerar partes del cuerpo, extensiones de lo que somos, objetos que desempeñan el rol de las plumas y adornos de los animales y las plantas. Somos monos desnudos, por eso robamos los adornos de la naturaleza para ponérnoslos sobre la cabeza y el cuerpo (plumas, pieles, flores, dientes, colmillos, etcétera).</p>
<p>Todos somos consumistas, aunque no lo creamos así, pero claramente hay grandes diferencias entre unos y otros. No se puede negar: el consumismo capitalista produce muchas de las emociones excitantes que trae la vida moderna; también, genera aspectos horribles que nos desagradan. A la mayoría de la gente le gusta comprar ropa, accesorios, automóviles, carteras, seguridad, educación, medicinas y productos para su recreación, como paseos, música, conciertos, cine, drogas; a muchas personas les gusta viajar, y la mayoría echaríamos de menos algunas de estas cosas si tuviéramos que vivir en un mundo carente de ellas.</p>
<p>Somos ambivalente al juzgar el consumismo porque detestamos algunos de sus efectos secundarios o, digamos, de rebote, como la explotación laboral, las deudas que nos deja, la explotación ecológica, la polución, la basura, la complejidad industrial, la corrupción, las diferencias sociales que marca, la alienación para con algunos. Básicamente, seríamos más felices si estos efectos secundarios desaparecieran o al menos disminuyeran. Por otro lado, el nivel de vida que llevamos acaba con los recursos del Planeta y, además ¡lo calientan! Los ecologistas dicen que los seres humanos consumimos más de la mitad de la biomasa que crece cada año sobre la Tierra.</p>
<p>No deberíamos olvidar, nos guste o no, que <strong>el mercado influye en todos los aspectos de la cultura moderna. </strong>Deberíamos entenderlo con profundidad. La triste realidad es que no lo entendemos, y más triste todavía es saber que obedecemos a la propaganda inconscientemente. La publicidad nos bombardea con tres mil mensajes cada día (se ha estudiado). ¿Cómo no terminar creyendo en algunos de estos? ¿Cómo hacer para no consumir lo que no necesitamos?</p>
<p>La biología nuestra, por ser animales sociales y jerárquicos, nos empuja a actuar de manera que nuestro estatus aumente en la sociedad a la cual pertenecemos; así que nos hace sentir el placer de impresionar a los otros y de exhibirnos. Como todo rasgo humano, el deseo de aumentar el estatus puede llegar a ser patológico. Los narcisistas son aquellos individuos que tienden a alternar entre la búsqueda del estatus y la búsqueda del placer. Estos dos aspectos son los mismos que presenta el consumista, pues compra para aumentar su estatus, o por hedonismo; compra para impresionar a otros, o para darse alguna forma de placer.</p>
<p>Con sus compras, el narcisista quiere demostrar cuáles son sus gustos, cuál es su estatus, y magnificar su capacidad económica. Al mostrar sus gustos señala quién es, a qué grupo pertenece y quiénes son dignos de su amistad. Deseamos como amigos a las personas que comparten nuestros gustos y criterios estéticos y, por supuesto, a quienes comparten nuestros criterios morales y sociales: religión y afiliación política. Ni con el gusto ni con el estatus ni con la capacidad económica ganamos los beneficios que creemos ganar. Lo que los demás leen son los rasgos importantes de verdad, los biológicamente importantes, los rasgos estables, los que se heredan, los que están anclados en el ADN, como son el atractivo físico, la salud o resistencia a las enfermedades, la salud mental, la inteligencia y la personalidad. Cuando buscamos pareja o necesitamos contratar a una persona para que trabaje para nosotros evaluamos esos rasgos estables. La pregunta que surge es: ¿por qué diablos gastamos tanta energía, recursos y dinero, en consumir objetos que añadan algo a los rasgos que no son importantes? Ya que los demás no los consideran determinantes al elegirnos como pareja, amigo o empleado, ¿por qué nos equivocamos y les damos valor? Somos obedientes, tenemos miedo a salirnos del grupo.</p>
<p>Estas y muchas otras preguntas surgen cuando nos detenemos a pensar en lo que compramos, en lo que consumimos.</p>
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        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=70040</guid>
        <pubDate>Sun, 04 Aug 2019 12:28:51 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Una corta reflexión sobre el consumismo]]></media:description>
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        <title>Para cultivar la felicidad &amp;#8211; Desde Estanislao Zuleta</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/conversar-sentir-y-pensar-desde-el-sur/para-cultivar-la-felicidad-desde-estanislao-zuleta-y-el-elogio-de-la-dificultad/</link>
        <description><![CDATA[<p>Vivir es vibrar, pero nuestra sociedad quiere asimilar felicidad con facilidad; quiere hacernos creer, y lo ha logrado en buena manera, que la vida ideal es aquella que no exige esfuerzo, en la que todo aparece confortable, sin cultivarlo; casi que sin pedirlo. La felicidad humana debe incluir el palpitar cotidiano de la relación con [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Vivir es vibrar, pero nuestra sociedad quiere asimilar felicidad con facilidad; quiere hacernos creer, y lo ha logrado en buena manera, que la vida ideal es aquella que no exige esfuerzo, en la que todo aparece confortable, sin cultivarlo; casi que sin pedirlo.</p>
<p>La felicidad humana debe incluir el palpitar cotidiano de la relación con los otros, con el mundo; aquella relación saludable y equilibrada que hay que plantar, regar, guardar, superar&#8230; La felicidad también está sustentada en la responsabilidad y la angustia que implica el decidir, en el respeto por el otro, en el vivir con el otro incluyendo su diferencia.</p>
<p>La felicidad no es un estado de quietud y de llegada  en el cual todo está dado al alcance de nuestros deseos, como si pudiéramos sumergirnos eternamente  en una baba tibia, dulce y dormida que no requiere nada, sólo el estar ahí&#8230;</p>
<p>El facilismo, la automatización, el no tener que pensar, que recordar, que buscar, hace daño; arrebata e imposibilita la facultad humana del elegir y convierte al usuario en una extensión de la máquina que usa (o quizás la máquina lo usa a él) y en simples organismos llevados y mareados por la ola mediática del momento que promete entretenimiento, vía de escape y negación de su propia vida. Lo anterior también convierte a los otros, por ejemplo, en simples listas de envío masivo y cosificado de cumpleaños, seudorecuerdos y &#8220;me gusta&#8221; maquinales vacíos e insuficientes.</p>
<p>La gran corriente de la actual sociedad propende y alberga contradicciones enloquecedoras, se promete como la era de las comunicaciones pero su producto más frecuente son individuos aislados, encerrados, con sus ojos atareados de imágenes y sus oídos saturados de ruido; la propuesta y su logro son deambular conectados a artilugios que oculten al otro, que nieguen el entorno que se vive; pero la consecuencia mayor es que no sólo logran desvincular al otro, sino que alejan de sí mismo a quien depende de estos aparatos; al estar siempre enganchado con aquello que lo entretiene, el individuo pasa a ser un ente automatizado que no tiene tiempo de mirarse así mismo, aún peor que se aterroriza frente a un momento de silencio, de calma; un sujeto que se siente desamparado y aterrado ante el sosiego y la libertad de mirar, oler, palpar, escuchar, conocer el mundo que esta al alcance de su cotidianidad.</p>
<p>Un humano embrollado en todas estas promesas de Un Mundo Felix, como el de Aldos Huxley, sólo dará tumbos entre todas aquellas seudo-felicidades que le ofrecerán el consumismo, la secta religiosa, el partido político, el equipo de fútbol, el artista de moda; todo  el estrépito de la comunicación y el espectáculo le hará perderse de estar un poco a solas consigo mismo, viviendo, vibrando, sufriendo, gozando y volviendo a empezar con sus sueños, sus derrotas, sus logros, sus miedos.</p>
<p>Para la actualidad no hay momento peor que el del silencio, el de la calma, el del caminar lento; es una sociedad que incita al desespero, a algún tipo de esquizofrenia; y para contrarrestar esto sólo hay que tomar de nuestra humanidad la capacidad de disfrutar el silencio, de buscar un poco de soledad, de cultivar el esperar tranquilo en la fila y en la vida, de desencantarnos de las promesas de paraísos, como aquella ilusión de almacén, que quiere hacer creer que la felicidad viene empaquetada en sus artefactos que perderán vigencia en la promoción de la próxima temporada.</p>
<p>Le invito a disfrutar y profundizar en el Elogio de la Dificultad del maestro Estanislao Zuleta dando clic en los link siguientes.</p>
<p>@jairmontoyatoro</p>
<p>jairmontoyatoro@gmail.com</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center"><strong><a title="Descargar El Elogio de la Dificultad del maestro Estanislao Zuleta" href="http://conversarypensar.blogspot.com/2012/12/el-elogio-de-la-dificultad.html"> Ir al Elogio de la Dificultad del maestro Estanislao Zuleta</a></strong></p>
<p><img decoding="async" class="size-medium wp-image-148 aligncenter" alt="El elogio de la dificultad" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2014/01/El-elogio-de-la-dificultad-300x240.jpg" width="300" height="240" /></a></p>
<p style="text-align: center"><strong>Cátedra abierta Estanislao Zuleta</strong></p>
<p class="yt">
<iframe title="Cátedra abierta Estanislao Zuleta. Pensar colectivamente la universidad" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/a0yD7aSH7IQ?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
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        <author>Jair Montoya Toro</author>
                    <category>Conversar, Sentir y Pensar.... Desde el SUR</category>
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        <pubDate>Sun, 19 Jan 2014 17:34:13 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Para cultivar la felicidad &#8211; Desde Estanislao Zuleta]]></media:description>
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