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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Cónsul | Blogs El Espectador</title>
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        <title>DE CIERTAS DEFINICIONES DE LA PALABRA DIPLOMACIA: APROXIMACIÓN DESDE EL HUMOR*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/cierta-definiciones-la-palabra-diplomacia-aproximacion-desde-humor/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los estudiosos de las relaciones internacionales y materias afines saben bien que siempre ha sido muy difícil definir el término diplomacia. Personalmente me agrada la definición que la signa como un híbrido entre arte y ciencia, pues es una combinación de diferentes ramas del saber humano con aptitudes y habilidades no ajenas a la sensibilidad, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Los estudiosos de las relaciones internacionales y materias afines saben bien que siempre ha sido muy difícil definir el término diplomacia. Personalmente me agrada la definición que la signa como un híbrido entre arte y ciencia, pues es una combinación de diferentes ramas del saber humano con aptitudes y habilidades no ajenas a la sensibilidad, para manejar situaciones delicadas e intentar prevenir o remediar las causas y efectos de la guerra. Así como se dice que la política es el arte de lo posible, diría que la diplomacia es el ejercicio de la paz.<span id="more-95381"></span></p>
<p>Nos encontramos con otro concepto general que tampoco tiene una definición unívoca. En efecto, la paz es un término tan abstracto y etéreo que sólo se materializa cuando las diferencias se llevan a una mesa de negociaciones, en un ambiente diplomático. Sin embargo, la diplomacia, esta noble actividad que realza la naturaleza humana, es vista en ocasiones como algo engañoso, sinónimo de cobardía o falta de decisión.</p>
<p>Es la impresión que se recoge luego de encontrarse con algunas frases, de personas célebres en mayor o menor grado (generalmente una frase célebre es la única manera de salir del anonimato). Más como una contribución a crear sonrisa, pues en la mayoría de los casos no concuerdo con los autores (aunque no niego que ciertos personajes históricos puedan encarnar estas acepciones), me permito dejar el siguiente registro sobre algunos de los significados paralelos de la palabra diplomacia y otros términos semejantes.</p>
<ul>
<li>Diplomacia: Es el camino más largo entre dos puntos. (Adrien Decourcelle).</li>
<li>Los diplomáticos son personas a las que no les gusta decir lo que piensan. A los políticos no les gusta pensar lo que dicen. (Peter Ustinov).</li>
<li>La oveja es diplomática con todo el mundo, porque es la comida. (Anónimo).</li>
<li>La diplomacia nace, cuando empiezan a existir los cobardes. (Anónimo).</li>
<li>La diplomacia te saca de un problema, que el tacto te hubiera evitado cometer. (Brian Bowling).</li>
<li>El diplomático es un hombre que piensa dos veces antes de no decir nada. (Anónimo).</li>
<li>Los Estados, para la diplomacia, no son los pueblos, sino los reyes que los dirigen o los esclavizan. (Juan Donoso Cortés).</li>
<li>Yo he descubierto el arte de engañar a los diplomáticos. Digo la verdad y nunca me creen. (Camillo Benso, conde de Cavour).</li>
<li>Cuando el diplomático dice sí, quiere decir quizá; cuando dice quizá, quiere decir no, y cuando dice no, no es diplomático. (Anónimo).</li>
<li>Si falla la diplomacia, recurrid a la mujer. (Carlo Goldoni).</li>
<li>Diplomacia: habilidad necesaria para conseguir que los demás se salgan con la tuya. (Anónimo).</li>
<li>Los diplomáticos ven con las orejas; el aire es su elemento, no la luz. De ahí que prefieran la calma y la oscuridad. (Ludwig Börne).</li>
<li>Un embajador es una persona honesta que se envía a mentir al extranjero, para el bienestar común. (Henry Wotton).</li>
<li>Algunos de los diplomáticos que intervienen en los negocios de estado, lo llevan a la bancarrota. (Carlos Marx).</li>
<li>Entre diplomáticos el arte de no decir nada ha sido elevado a la perfección. Cuanto más vacío es un discurso, más maravilla a los expertos por su finura. Los que se quejan por falta de precisión en un tema son sus enemigos, que le quisieran coger una imprudencia para combatirlo. (Oscar Wilde).</li>
<li>En lo que a la vida política se refiere, el problema fundamental de los diplomáticos estaba en la oportunidad de tomar parte de ella. (Lucio Anneo Séneca).</li>
<li>En ocasiones en las cancillerías, una cuestión aplazada ya está medio resuelta. “Es urgente esperar”, decía un diplomático. (André Maurois).</li>
<li>Jamás he visto a nadie que hable tanto como los diplomáticos y que se le entienda tan poco. (Henri Barbusse).</li>
<li>Cuando la diplomacia se duerme, sólo la despierta el estado de guerra. (Lenin).</li>
<li>Los diplomáticos son los últimos representantes de una tribu nómada a la que el mundo moderno todavía permite ir de un lado a otro con plumas en la cabeza. (George Bernard Shaw).</li>
<li>El buen diplomático es el que soporta los insultos de su oponente con una sonrisa en la cara. (Bertrand Russell).</li>
<li>Un diplomático es un hombre que siempre recuerda el cumpleaños de una mujer, pero nunca su edad. (Robert Frost).</li>
</ul>
<p>El célebre escritor estadounidense Ambrose Bierce, consigna en su inteligente y divertido “<em>Diccionario del diablo</em>” (“<em>Devil dictionary</em>”, titulado inicialmente “<em>The cynic’s world book</em>”), varias definiciones que me permito incluir:</p>
<ul>
<li>Cónsul. En política norteamericana, se da este nombre a quien después de no haber logrado cargo público por voto popular recibe uno de la administración con la condición de que abandone el país.</li>
<li>Diplomacia. El patriótico arte de mentir acerca del país natal.</li>
<li>Plenipotenciario. El que tiene poder absoluto. Un ministro plenipotenciario es un diplomático que tiene una total autoridad, con la condición de que nunca la ejerza.</li>
</ul>
<p>Por último, como integrante de la Carrera Diplomática, no puedo evitar intentar una definición sobre este cuerpo de servicio exterior:</p>
<ul>
<li>Carrera Diplomática: En el mundo del atletismo, carrera que junto a la de obstáculos y resistencia, exige de su practicante ser casi perfecto para no salir eliminado por otros competidores menos talentosos, pero con mejores puntos de apoyo (obviamente hablo de ciertos saltadores de garrocha).</li>
<li>Diplomático de carrera: funcionario que, a fuerza de preparación, exámenes continuos y evaluaciones permanentes, debe demostrar que no es un “diplomático a la carrera”.</li>
</ul>
<p>Si el amable lector, no está de acuerdo con estas definiciones, le recomiendo dirigir sus críticas o quejas a los autores originales, pues yo sólo puedo responder por las dos últimas, de las demás sólo he sido su fiel transcriptor.</p>
<p>*Dixon Moya Acosta es embajador colombiano de carrera. Escritor por vocación, autor de varios libros, entre otros el de ficción “<em>Relatos Diplomáticos: Apuntes imaginarios desde San Carlos</em>” (2019), que firma con su nombre literario Dixon Acosta Medellín.</p>
<p><em>Nota: e</em><em>l contenido de cada blog es responsabilidad exclusiva de los autores y no compromete a la Asociación Diplomática y Consular de Colombia.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=95381</guid>
        <pubDate>Fri, 07 Jul 2023 15:11:30 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Asociación Diplomática y Consular de Colombia</media:credit>
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                            </item>
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        <title>Cleopatra VII Thea Filopátor (69-30 a.C.)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/cleopatra-vii-thea-filopator-69-30-c/</link>
        <description><![CDATA[<p>Heredera del poder que siglos antes ostentaron las primeras faraonas como Hatshepsut, Neithotep o la famosa Nefertiti, Cleopatra VII se destacaría como una de las figuras femeninas más reconocidas en el poder. Otras Cleopatras antes y después se suscriben a un largo listado: Cleopatra la Alquimista, Cleopatra Selene II, Cleopatra I de Sira, Cleopatra V, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Heredera del poder que siglos antes ostentaron las primeras faraonas como Hatshepsut, Neithotep o la famosa Nefertiti, Cleopatra VII se destacaría como una de las figuras femeninas más reconocidas en el poder. Otras Cleopatras antes y después se suscriben a un largo listado: Cleopatra la Alquimista, Cleopatra Selene II, Cleopatra I de Sira, Cleopatra V, Cleopatra VI Trifena, pero sin duda cuando mencionamos su nombre nos referimos a la última gobernante de la Dinastía Ptolemaica de Egipto, Cleopatra VII Thea Filopátor, esa que gobernó a finales del siglo I a.C., y quien resaltó por su belleza y así también por el encanto de su inteligencia. En una época donde los romanos ya habían ganado terreno y los antiguos faraones egipcios venían gobernando como monarcas griegos helenísticos, descartando el aprendizaje del idioma propio, Cleopatra sería la primera de su dinastía en conocer a fondo el lenguaje egipcio, y aunque su lengua materna fuera la koiné griega, también se interesó en hablar el etíope, troglodita, arameo, árabe, sirio, medo, parto, latín, lo que demuestra el interés que tuvo en integrar territorios del norte africano y de Asia occidental que otrora hicieron parte del Reino Ptolemaico. No se conoce quién sería su madre, y se postulan los nombres de Cleopatra V, conocida también como Cleopatra VI Trifena, y sabemos que tuvo una hermana, Arsíone IV, y sus dos hermanos Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV. Era descendiente directa de Ptolomeo I Sóter, fundador de la dinastía, general grecomacedonio y amigo de Alejandro Magno. Su nombre significaría algo como “la gloria de su padre” o “la diosa que ama a su padre”, y quien se sabe se trató de Ptolomeo XII Auletes, el faraón que por aquellos días gobernaba un Egipto que desde hacía mucho tiempo venía sirviendo como vasallo y de manera voluntaria al creciente dominio de los romanos, y a quienes servía con sumisión, siendo así que cuando su pueblo se levantó en una revuelta, Ptolomeo XII, en compañía de su pequeña Cleopatra de 11 años, eligió la ciudad de Roma para exiliarse. El trono sería reclamado por Berenice IV, hermana mayor de Ptolomeo XII, y quien sería asesinada después de gobernar tres años, momento en el que Ptolomeo XII retomaría el poder con la ayuda de las fuerzas romanas. Hacia el 51 a.C. muere Ptolomeo XII, no sin antes legar su herencia en el trono a sus hijos Cleopatra y Ptolomeo XIII, quienes tendrían que gobernar como si se tratara de una pareja de esposos corregentes, pero siendo Ptolomeo XIII un imberbe sería Cleopatra quien trataría de sobreponerse a su hermano. La pareja de faraones heredó el mando de una sociedad revoltosa y descontenta, territorios que estaban siendo anegados por el río Nilo y que tenían inundados los sembradíos, una hambruna generalizada y una cuantiosa deuda de millones de dracmas que su padre había contraído con los romanos. Los documentos reales eran firmados únicamente por Cleopatra, mostrándose así como la gobernante oficial, y sin embargo Ptolomeo XIII gozó de la asistencia de algunos personajes influyentes dentro del gobierno, quienes evitarían que los poderes oficiales del púber desaparecieran, y es por esto que algunos otros documentos empezarían a ser emitidos con la firma de Ptolomeo XIII. Cleopatra intentó una alianza con su otro hermano, Ptolomeo XIV, pero éste ya se encontraba del lado de su hermano, y es por esto que hacia el 49 a.C. Cleopatra entendió que había perdido la batalla, por lo que decidió escapar de Alejandría y refugiarse en la región de Tebas. Por aquella época en Grecia se estaba desatando una de las confrontaciones más recordadas entre las fuerzas de Julio César contra las de su antiguo aliado, Pompeyo el Grande, en un enfrentamiento bélico en el marco de la segunda guerra civil de la República romana, el 9 de agosto del año 48 a.C., conocida como la Batalla de Farsalia. Los ejércitos de Pompeyo salieron diezmados y su líder, viejo amigo de los ptolemaicos, quiso encontrar su exilio en la tierra de los faraones, pero tan solo desembarcar, Pompeyo sería apuñalado varias veces, y su cabeza embalsamada sería enviada a Julio César por órdenes de Ptolomeo XIII, autor intelectual del crimen, y que pretendía de esta forma agraciarse con Julio César además de exponer el poder que ostentaba en Egipto. Días más tarde Julio César llegaría a Alejandría y se aposentaría nada menos que en el palacio real, mostrando su descontento por el trato innoble de haber asesinado a Pompeyo, además del gesto grotesco de decapitarlo, ya que a pesar de considerarlo su enemigo tenía pensado perdonarlo, e incluso le tenía reservado un puesto de oficio dentro de su gobierno. El faraón y la faraona en disputa de su reino quisieron presentársele a Julio César en Alejandría, llevando la delantera Cleopatra, quien no sólo aventajó en tiempo a Ptolomeo XIII sino que aprovecharía la ventaja de sus encantos para ganarse los afectos del romano. El romano no podría resistirse a la tentación, pero lo cierto es que Julio César no quería que en Egipto se desataran más guerras, y pretendía poner fin a la discordia entre ambos hermanos sin la intención de favorecer a alguno en particular, y por lo que procuró la reconciliación por medio de un acuerdo en el que además le destinaba la regencia de importantes territorios a los otros dos hermanos, Arsíone IV y Ptolomeo XIV. Pero Ptolomeo XIII desconfió de este pacto por considerarlo poco conveniente para él, por lo que decidió atacar a las tropas de Julio César y sitiar Alejandría. La pareja y las fuerzas romanas resistieron hasta que meses más tarde llegaron los refuerzos de Roma, y a comienzos del año 47 a.C. Ptolomeo XIII sería derrotado en la Batalla del Nilo, y se cree que moriría ahogado luego de intentar escapar en un bote que acabaría por naufragar. Arsíone IV, la hermana menor, y quien había estado del lado de Ptolomeo XIII liderando el sitio contra Alejandría, encontró exilio en Éfeso, siendo así que Julio César, con la potestad que le otorgaba su cargo reciente de dictador, designó al pequeño hermano menor de Cleopatra, Ptolomeo XIV, como cogobernante de Egipto, realizando una boda que los oficializaba como la pareja real. Para este momento Cleopatra ya estaba embarazada de Cesarión (“El pequeño César”), el niño que fue fruto de la unión con su amante Julio César. Al nacer, el hijo de la pareja recibió el título real de “Faraón César”, tal cual puede leerse en una estela encontrada en el serapeum de Menfis. Julio César trató de mantener oculta y distante su relación con Cleopatra, además de su hijo Cesarión, queriendo no generar descontentos en la sociedad romana, y por otra parte Cleopatra no dejaría de hacer pública la filiación que unía a las dos figuras más representativas de Roma y Egipto. Gozando del título que les sería conferido por Ptolomeo XII, <em>Socius et amicus populi Romani </em>(“Amigo y aliado del pueblo romano”), a finales del año 46 a.C. Cleopatra y su hermano Ptolomeo XIV visitaron Roma y fueron hospedados con todo lujo en el Hortis Caesaris, la villa de descanso que pertenecía a Julio César. Allí permanecieron casi dos años hasta el asesinato de Julio César, tras lo cual Cleopatra intentaría posesionar a Cesarión como heredero de su padre, pero en su herencia el dictador reconocía como sucesor legítimo a su sobrino Octavio (primer emperador romano en el año 27 a.C. y que fuera conocido como Augusto, “El venerado”), por lo cual Cleopatra tomaría la decisión de regresar a Egipto. Una vez en Egipto, y como pareciera costumbre en estas tramas dinásticas, Cleopatra envenenó a su hermano Ptolomeo XIV y nombró a su hijo Cesarión, ahora conocido como Ptolomeo XV, como corregente de Egipto. En el año 43 a.C. se desataba la tercera guerra civil de la República romana, y Cleopatra se inclinó por el triunvirato encabezado por Octavio, Marco Antonio y Lépido. Con el segundo de estos su relación iría más allá, luego de que éste quedara impactado por esa mujer que era Cleopatra, y tras una visita a Alejandría el triunviro no podría resistirse a los encantos de la faraona, y así también con un pueblo que lo recibía con afecto después de que llegara acompañado de pocas tropas y en son de paz. El historiador Suetonio Tranquilo detalla un viaje por el río Nilo a bordo de un suntuoso crucero parecido a un “palacio flotante”, y en donde el general romano acabaría por ser conquistado por el ingenio y la inteligencia de la faraona egipcia. También se dice que al momento de conocerlo Cleopatra lucía un traje que evocaba a la diosa Afrodita, lo que acabaría por deslumbrar al fascinado general. Marco Antonio permaneció durante un tiempo en Egipto disfrutando de la compañía de Cleopatra, con quien tendría dos hijos: los gemelos Alejandro Helios y Cleopatra Selene II, quienes llevan como segundo nombre el de los dioses del sol y la luna. Cleopatra convenció a su marido para que ejerciera su autoridad y ejecutara sin reparos a su hermana Arsíone IV, porque es que según se comenta Cleopatra ejercía sobre Marco Antonio como una especie de embrujo o hechizo, o así lo consideraba la sociedad romana, que emparentaba la figura de la faraona con la imagen destructiva para la civilización de Roma, como lo fuera la leyenda de Helena de Troya. En el año 39 a.C. Marco Antonio creyó conveniente dejar sus asuntos resueltos en Egipto, instituyendo plenamente a Cleopatra como la faraona única y oficial, para mudar su cuartel general a Atenas, donde se casó con Octavia la Menor, hermana de Octavio, y con quien tendría dos hijas: Antonia la Mayor y tres años más tarde a Antonia la Menor. Por aquel tiempo Octavio empezó una propaganda en contra de Marco Antonio, señalándolo de favorecer los intereses de los ptolemaicos y descuidando de esta forma sus cargos como triunviro. A manera de publicidad, Octavio mandó a construir una estatua de su esposa Livia Drusila y de su hermana y esposa de Marco Antonio, Octavia la Menor, haciéndole competencia a la estatua que años antes Julio César había erigido para Cleopatra, así también como a Cornelia, hija de Escipión el Africano, y quien medio siglo antes hubiera sido la primera mujer romana en ser distinguida inmortalizándola en una estatua. En al año 36 a.C. Marco Antonio y Cleopatra se reunieron durante una campaña militar que trataba de sofocar las invasiones del Imperio Parto, y por aquellos días la faraona daría a luz a su tercer hijo con el triunviro, niño a quien llamaron Ptolomeo Filadeldo. Además aprovecharían para formalizar sus nupcias en un evento, en el que Dion Casio relata que la faraona se vistió y se peinó y se emperifolló con todo su arsenal estético, y que sus atuendos emulaban la figura de la diosa Isis, y fue así como se proclamaría “Reina de Reyes”, y a su hijo Cesarión y corregente lo declararía con la misma distinción de “Rey de Reyes”. La faraona dejaría una constancia clara de sus propósitos por medio de decretos aprobados por su esposo y remitidos a Roma, concesiones territoriales ratificados por el triunviro y conocidos como las “Donaciones de Alejandría”, donde declararía a sus dos hijos gemelos como reyes oficiales de varios importantes territorios. Egipto le sirvió de mucho a Marco Antonio para poder emprender sus batallas, como en el año 32 a.C. cuando Cleopatra asistió a su esposo con unos doscientos barcos, lo que representaba una cuarta parte de la flota naval egipcia. Para ese momento Cleopatra pidió a Marco Antonio disolver formalmente su unión con Octavia la Menor por medio de una declaración oficial, y luego de que esta se hiciera pública ya Octavio tendría los motivos suficientes para dar inicio a la cuarta guerra civil de la República romana. La guerra estaría declarada concretamente a Cleopatra, el triunvirato ya había expirado y los pocos aliados con los que Marco Antonio contaba al interior del senado habían sido disuadidos para que apoyaran a Octavio, siendo así que para el año 31 a.C. se llevó a cabo una serie de enfrentamientos navales en los que, a pesar de contar con una fuerza superior en número, Marco Antonio y Cleopatra no pudieron contra las tropas profesionales de la armada comandada por Octavio. La batalla decisiva, acaecida en Accio, tuvo como triunfador al general encargado por Octavio, Marco Vispanio Agripa, y nada pudo hacer Cleopatra a borde de su buque conocido como el <em>Antonias, </em>ni mucho menos Marco Antonio, que esperaba en su navío de velas púrpuras en compañía de una flota de sesenta barcos apostados en la desembocadura del golfo de Ambracia, y que prefirieron darse a la huida al enterarse de que ya sus embarcaciones habían sido diezmadas. Ambos emprendieron una travesía de tres días hasta llegar a Egipto, y allí cada quien tomaría un rumbo que cada vez más lo distanciaría del otro. Los ejércitos de Octavio avanzaron en su conquista de Egipto, y viéndose acorralado, el legendario Marco Aurelio terminaría por suicidarse a sus 53 años clavándose un puñal en el estómago. Plutarco sugiere que Marco Antonio pudo ser llevado ante Cleopatra antes de morir para confesar que su muerte era un asunto de “honor”. Los restos del romano fueron embalsamados y exhumados al interior de una tumba. Cleopatra permaneció en Egipto y negoció con Octavio, mientras empezaba los preparativos para que Cesarión la sucediera como gobernante oficial de su dinastía. Pero Octavio no estaba dispuesto a aceptar las condiciones de la faraona, por lo que ésta amenazaría con quemar todo su tesoro y consumirse también a sí misma entre las llamas. Octavio pudo evitar que así fuera, y alcanzaría a reunirse con ella para insistir en que respetaría su vida y la de sus tres hijos menores, pero la faraona había escuchado que los planes de Octavio eran llevarla a Roma para exponerla junto a sus hijos en una procesión de humillación pública, a lo cual Livio menciona que la faraona diría: “<em>ou thriambéusomai</em>” (“no seré exhibida en un triunfo”). La leyenda cuenta que meses atrás venía probando distintos venenos con algunos prisioneros e incluso con sus sirvientes, pero el relato de su médico Olimpo, y el más común, es que la faraona eligió la mordida de un áspid o una cobra. Estrabón sugiere que usó algún tipo de ungüento para suicidarse, Plutarco propone que se introdujo el veneno empleando una espina, y Dion asegura que se trató de una aguja, y en cualquier caso decir que su cadáver sí tenía al parecer un pequeño pinchazo causado probablemente por una púa. Sea como fuera, en el mes de agosto del año 30 a.C., a sus 39 años de edad, la mítica Cleopatra VII Thea Filopátor se quitaba la vida al interior de una tumba que ella misma había mandado a construir. La acompañaron en su viaje al más allá sus fieles servidores Eiras (Iras) y Carmión (Charmión), así como otro número de sirvientes que se suicidaron junto a ella, para poder tener el honor de seguirla asistiéndola en el más allá. El suicidio de Cleopatra tomó por sorpresa a Octavio, quien a pesar de todo le rindió una ceremonia fúnebre que estaba a la altura de una faraona, preservando las pinturas y monedas que contenían su imagen, y así también como la estatua de bronce que mandó a erigirle Julio César al interior del templo de Venus Genetrix, en Roma, emulando la figura de la mismísima Isis, siendo la primera persona que en vida gozó de una réplica de su imagen construida en el templo de una deidad romana, y que se mantuvo en pie durante casi tres siglos. Octavio también mandó a que se hiciera una pintura que retratara a la faraona siendo picada por una serpiente, retrato que expuso en un lugar privilegiado durante su desfile triunfal en Roma. La misma suerte no tendrían las imágenes que evocaban a Marco Antonio y que Octavio, convertido ya en Augusto, mandaría a desaparecer del territorio de Egipto. Antes de caer en manos de los romanos, Cleopatra envió a su hijo Cesarión al Alto Egipto, esperanzada en que luego pudiera viajar a Nubia, Etiopía y hasta llegar a la India, para finalmente escapar a la persecución de Octavio. Pero tres semanas después Cesarión sería invitado por el mismo Octavio para que retomara su lugar como Ptolomeo XV, faraón de Egipto, pero fiel a la consigna de que “en el mundo sólo hay lugar para un César”, el primer emperador de Egipto traicionaría su promesa y acabaría asesinando al hijo que Cleopatra había tenido con Julio César. Los otros tres hijos de la faraona serían llevados a Roma y su crianza fue encomendada a su madrastra, Octavia la Menor. Años más tarde Cleopatra Selene II se casaría con el rey Juba, con quien tendría a Ptolomeo de Mauritania, y quien sería asesinado por su primo Calígula sin que éste dejara sucesor alguno, dándose así por concluida la larga dinastía ptolemaica que empezó tres siglos atrás durante el período helenístico de Alejandro Magno, y dando inicio al Principado del Imperio Romano en donde Egipto pasaría a convertirse en una suerte de provincia del Imperio. Tanto en el estilo romano como en el helenístico y por supuesto en el egipcio, la imagen de Cleopatra ha sido perpetrada a través de todo tipo de obras, pinturas, estatuas, esculturas, bustos, relieves, jarrones, vasijas de cristal y camafeos tallados, y en donde suele representársele portando sobre su cabeza la clásica diadema con una cobra enroscada y que se conoce como el “ureus”. Es característico su peculiar peinado estilo “melón” y con un moño trenzado en la parte de atrás, y que tras su llegada a Roma se popularizaría entre las mujeres, dejando claro la influencia que la faraona tendría en la moda de la época. Se le ha dibujado con el pelo de color rojizo, castaño y también negro, recogido en moño con horquillas perladas, y luciendo pendientes colgantes en forma de candongas. Su piel de un color marfil, cara redondeada, nariz aguileña, mentón prominente y ojos lanceolados que recuerdan a los dioses y a la figura masculina de su padre. Cleopatra fue la única en su dinastía que acuñó monedas con su nombre y su efigie, gesto que fue imitado por Julio César, convirtiéndose éste en el primer romano vivo en figurar en una moneda, y así también mandaría a acuñar algunas con la figura de la faraona, que sería la primera extranjera en aparecer en una moneda romana. En las monedas Cleopatra aparecerá a veces representada como la diosa Afrodita (Venus para los romanos), acentuando esos marcados rasgos masculinos, tal vez idealizada por el estilo helenístico. En la actualidad podemos apreciar en el Museo Real de Ontario el “Busto de Cleopatra”, y también son famosos la “Cleopatra de Berlín” cuyo busto conserva intacto su nariz, cosa que no le sucede al expuesto en el Museo del Vaticano y al que se le conoce como la “Cleopatra Vaticana”, todos estos hallazgos encontrados en villas romanas y que se calcula datan de una época en la que la faraona podría estar todavía con vida. En Egipto, el complejo funerario cerca de Dendera alberga el templo de Hathor, y cuyas paredes de estilo egipcio contienen imágenes talladas en relieve representando a la faraona con su hijo Cesarión. Más de cincuenta obras de la historiografía romana dan cuenta de la vida de Cleopatra. Virgilio romantizó la idea de una Cleopatra épica y melodramática, Horacio resaltaba su suicidio como un suceso positivo para los romanos, y Ovidio fue el encargado de darle forma a una faraona licenciosa, llena de codicia, y que manipuló a través de sus encantos femeninos y de su agudeza mental. La visión de estos poetas latinos persistió en la literatura del Medioevo y todavía entrado el Renacimiento. Una visión negativa de la faraona y que fue casi confirmada por varios historiadores como Plutarco, que en su libro <em>Vida de Antonio </em>se referirá a Cleopatra como una mujer encantadora por sus atributos físicos y de un carácter fuerte e ingenioso. También la describen en sus textos autores como Valero Máximo, Plinio el Viejo, Apiano y Cicerón, este último conocedor en persona de la faraona, y quien no se referirá a ella en los mejores términos. Y es que a pesar de que hoy todavía se asocie a Cleopatra con la mujer engatusadora, promiscua y libidinosa, y que sabía cómo aprovecharse de sus atractivos para seducir a los hombres, lo cierto es que solamente podemos contar entre sus amantes a dos de los más grandes del momento, con quienes además mantuvo una relación, y de quienes se aseguró una descendencia que pudiera perpetuar el poder de su dinastía. Entrado el Renacimiento la figura de la faraona egipcia empezaría a cobrar nuevos tintes, siendo así que para el siglo XIV el poeta inglés, Geoffrey Chaucer, actualizaría la historia de Cleopatra a la luz de la cristiandad medieval, con su obra <em>The legend of good women, </em>y para ese mismo período el poeta italiano Giovanni Boccacio haría lo mismo a través de su lengua. La dibujaron Rafael y Miguel Ángel, y durante el barroco fue representada a través de esculturas, pinturas, grabados, xilografías y poemas. En 1608 William Shakespeare, en la tragedia <em>Antonio y Cleopatra, </em>retrataría la figura de una faraona fogosa y apasionada que contrastaba con la imagen virginal de la reina Elizabeth, y en la música Georg Friedrich Händel le dedicaría en 1724 la ópera titulada <em>Julio César en Egipto. </em>Durante la época victoriana la imagen de Cleopatra se asociaba directamente con Egipto, una representación de la opulencia y el lujo que ciertamente supo patentar en vida con sus gastos desmesurados, y su figura se explotó para comercializar productos de hogar, lámparas de aceite, postales, litografías e incluso cigarrillos, y así también como cosméticos, popularizándose el mito de que la antigua faraona egipcia había descubierto los anhelados secretos del rejuvenecimiento. En la modernidad, y luego de un siglo XIX donde afloró la “egiptomanía”, Cleopatra se ha convertido en un ícono de la cultura popular. La literatura contemporánea la retrata a través de renombrados autores como George Bernard Shaw, Aleksandr Pushkin, o el erudito chino de la Dinastía Qing, Yan Fu, quien escribiría una extensa biografía sobre la faraona. En el cine Georges Méliès con su película <em>Cléopâtre </em>dio inicio en 1899 a una cantidad de películas dedicadas a la faraona, destacándose la de 1917, la de 1934 protagonizada por Claudette Colbert y la de 1963 con el dúo de Elizabeth Taylor y Richard Burton en el papel de Marco Antonio, siendo así que para finales del siglo XX se contaban más de cuarenta películas sobre Cleopatra, unas doscientas novelas y obras teatrales y casi medio centenar de óperas y ballets. Cleopatra fue muchas cosas. Fue una erudita en todos los campos: lingüista y escritora de varios tratados médicos, algunos de ellos conservados por Galeno y en donde estudió remedios para enfermedades capilares como la caspa y la calvicie, con una detallada medida de los pesos y medidas que debían emplearse de los distintos elementos farmacológicos. Aecio de Amida se atreve a postular a la faraona como aquella que descubrió cómo perfumar los jabones, y Pablo de Egina conservó sus recetas para teñir y rizar el cabello. Cleopatra es la figura de la mujer imperante, monarca absoluta de muchos territorios y de una gran civilización egipcia, diplomática y comandante naval, máxima potestad en asuntos económicos y administrativos como el control de precios y aranceles o los tipos de cambios para las divisas extranjeras, autoridad religiosa, constructora de varios templos dedicados a los dioses griegos y egipcios, como el Cesáreo de Alejandría en honor a Julio César e incluso de una sinagoga destinada para los judíos, legisladora y regente única y un símbolo femenino de la gobernante de todos los tiempos.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 11 Mar 2023 01:32:25 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Cleopatra VII Thea Filopátor (69-30 a.C.)]]></media:description>
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        <title>Boudica (30-61)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/boudica-30-61/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una mujer alta y de mirada imponente, de un pelo rojizo que alcanzaba llegarle hasta sus nalgas, maquillaje intimidante y gestos agresivos y desafiantes, líder guerrera, vestida de atuendos multicolores ceñidos por un broche que resaltaba su grado de nobleza, adornada con su característico collar de oro, y envilecida por un deseo insaciable de venganza. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Una mujer alta y de mirada imponente, de un pelo rojizo que alcanzaba llegarle hasta sus nalgas, maquillaje intimidante y gestos agresivos y desafiantes, líder guerrera, vestida de atuendos multicolores ceñidos por un broche que resaltaba su grado de nobleza, adornada con su característico collar de oro, y envilecida por un deseo insaciable de venganza. Así se presentaba Boudica ante los ejércitos del Imperio Romano que buscaban seguir expandiendo sus conquistas a todos los rincones de la isla británica. Su nombre ha sido deformado o traducido de varias formas, siendo un acuerdo su etimología y significado: proviene de la palabra celta <em>“bouda” </em>(victoria). Conocemos su historia a través de algunas fuentes de historiadores, principalmente de Tácito en sus <em>Anales </em>y en <em>La vida de Julio Agrícola </em>o en <em>La historia romana </em>del autor Dión Casio. El dictador Julio César había incursionado en la isla a mediados del siglo I a.C., luego de que en una segunda expedición bien aprovisionada de armas, alimentos y soldados, el hábil estratega hubiera conseguido vencer con facilidad a las hordas salvajes de bárbaros sin conocimientos militares, haciéndose en poco tiempo con el control y dominio de territorios que desde siempre estuvieron habitados por la cultura de los celtas. Durante décadas estas tribus conquistadas por el imperio debieron seguir sus políticas y rendirle tributos a los romanos, y para el año 43 Claudio ejecutaría una nueva campaña expansionista, generando batallas contra los pueblos celtas que empezaban a replegarse hacia el norte, pero que se negaban a dejarse conquistar por las legiones pretorianas. Perteneciente a la aristocracia, Boudica estaba casada desde los 18 años con Prasutago, rey de los icenos, territorios que comprenden la región de Norfolk, al este de Inglaterra. Su mandato había sido tranquilo, ya que se había mostrado aliado de los romanos y condescendiente a todas sus demandas, pero luego de su muerte el Imperio no tendría escrúpulos para apoderarse también del trono e intentar sentar allí a uno de sus cónsules. El descontento de los icenos venía de años atrás por los abusivos impuestos y tributos que debían pagar por mandato del avaro procurador Cato Deciano, y en especial luego de la revuelta de insurgencia generada a partir de las amenazas del gobernador de Britania, Publio Ostorio Esápula, cuando sugirió un desarme de los pueblos irascibles del sur. Y es que los celtas fueron siempre una cultura de armas tomar, y tras el deceso de su rey, no permitirían que cualquier extranjero viniera para ocupar su silla. Prasutago tenía dos hijas con Boudica, y según las tradiciones celtas su sucesor sería su primogénita, pero para los romanos el cargo de rey no podía ser heredado por una dama, por lo que no permitirían que la hija de Prasutago asumiera el mandato. Al morir, el rey había acumulado una deuda impagable con los romanos, quienes no dudaron en cobrarle a los nobles convirtiéndolos en sus esclavos, y así también al pueblo saqueando sus aldeas, arrebatándoles sus pertenencias y acaparando todo tipo de posesiones de valor. Y pese a que Prasutago habría dejado estipulado en su testamento que gran parte de su fortuna sería ofrecida al Emperador como un tributo para que se respetara la honra y los bienes restantes que dejara a su familia, al entonces Emperador, el excéntrico Nerón, poco le importaría, y sus soldados desnudaron y apalearon a Boudica, la azotaron a latigazos y violaron durante días a sus dos hijas, mientras su madre presenciaba el abuso perpetrado por docenas de hombres. “Estas violencias bastaron para provocar la revolución general en la isla. Los icenos, interesados más que nadie en esta querella, fueron los primeros en tomar las armas, y todas las provincias se apresuraron a seguir su ejemplo. Boudica, mujer de gran belleza y ánimo varonil, se puso a la cabeza del ejército”, comenta un historiador. Dión Casio decía de Boudica que ésta “poseía una inteligencia mayor que la que generalmente tienen las mujeres.” Los celtas requerían de un líder urgente que abanderara y le diera orden a una verdadera insurrección, y encontrarían en la lucidez mental, en la presencia enérgica y en los ánimos airados de la iracunda Boudica a la propia guía que andaban buscando. Años atrás los celtas habían hecho retroceder a los romanos luego de vencer a los invasores al mando de Julio César, hecho que estaría muy presente en el orgullo celta, y al que sumaban el suceso acaecido hacia el año 9, cuando Arminio, príncipe de los Queruscos superó a las legiones romanas en la Batalla del bosque de Teutoburgo. Ahora se creía que esta icena con vozarrón de hombre que había conseguido acaudillar a las tribus celtas, incluyendo a sus vecinos los trinovantes, podría comandar un levantamiento contundente para expulsar definitivamente a los romanos de la isla. Motivada por el odio, la venganza, el honor, la libertad o el patriotismo, Boudica reuniría en pocos meses a un ejército compuesto principalmente por guerreros comprometidos pero carentes de toda experiencia militar, y entre los que se contaban miles de niños y ancianos, e incluso discapacitados. Julio César describió a los hombres ataviados de trajes “de color verdinegro con el zumo de gualda para parecer más fieros en las batallas; se dejaban crecer el cabello y se pelaban todo el cuerpo, menos la cabeza y el bigote.” Para el año 60 Boudica había logrado reunir a un ejército de 120 mil soldados, y cuya cifra se duplica según algunas fuentes. La ira de los celtas empezó arrasando la ciudad de Camulodunum, hoy Colchester, donde se habían aposentado colonias romanas, y que con apenas doscientos soldados que la defendían nada pudieron para resistirse al enojo de Boudica. Los romanos enviaron casi tres mil soldados en auxilio de la ciudad, pero las tropas serían aniquiladas, cuando fueran emboscadas en las zonas boscosas donde los montaraces celtas tenían todas las ventajas, y apenas un grupo de soldados y sus generales alcanzarían a huir con vida. El gobernador de ese entonces, el audaz estratega Cayo Suetonio Paulino, estaba en esos días al norte de Gales liderando una campaña en la isla de Mona, actual Anglesey, y no pudiendo llegar a tiempo para apaciguar la rebelión, Boudica no detendría su ataque y avanzaría hacia la conquista de Londinum. Los celtas masacraron soldados y civiles y continuaron arrasando hasta llegar a Verulamium, que tampoco podría ser socorrida por Suetonio, y aunque éste ya estuviera advertido del ataque. Para ese momento la venganza de Boudica había cobrado la vida de más de ochenta mil civiles, a quienes según los relatos “se apresuraban no a tomar cautivos y a venderlos como esclavos, ni a ningún otro comercio de guerra, sino a la matanza, a levantar patíbulos, hogueras y cruces.” Pero sería entonces cuando Boudica tendría que vérselas cara a cara con Suetonio en la Batalla de Watling Street, entre la antigua Londinium y Viroconium, actualmente Wroxeter, en Shropshire, y más concretamente en un descampado ubicado en las Midland entre los montes Peninos y el río Támesis. Boudica se confiaba de la superioridad de su ejército, que quintuplicaba en número a las legiones romanas, y a sus soldados los motivaba el espíritu de guerra, amparados en las supersticiones más que en los ejercicios de combate. Boudica acostumbraba liberar a una liebre que escondía entre sus ropas, y adivinar en el camino que tomaba la liebre aquella ruta que la llevaría a Andraste, deidad que representaba a la victoria según las creencias de los druidas. Así, con un sinnúmero de enardecidos guerreros, desarmados muchos de ellos, algunos semidesnudos y la mayoría sin escudos, carentes todos de instrucción militar, se las verían en el campo de batalla con un ejército bien atrincherado en una zona donde no pudieran ser asaltados por sorpresa, y conducidos por una estrategia clara y conocedores del arte de la guerra, las fuerzas romanas consiguieron una avanzada paulatina y que acabaría por convertirse en una derrota despiadada contra los celtas. La técnica y experiencia superarían una vez más a la idea romántica del combate a puño limpio, y en cuestión de una tarde los romanos barrieron con todos los que se enfrentaran a sus lanzas y espadas. Bien apertrechados por sus escudos, los legionarios avanzaban paso a paso, y cada tanto sus líneas eran relevadas por otras, mientras los soldados exhaustos tomaban aire y recargaban sus provisiones. Formación en “V”, de “pinzas”, de “sierra dentada”, hileras que recorren los flancos, filas que cubren en defensa y ataques a distancia, todo el conocimiento necesario para pulverizar a las hordas desordenadas de los bárbaros energúmenos, que presos del pavor comenzarían a retroceder, apelotonándose y atropellándose unos con otros en una estampida que les evitaba la retirada, y convirtiéndose en presa fácil de quienes los perseguían y ejecutaban sin misericordia. El mismo Nerón, caracterizado por su crueldad, cuestionó el trato perpetrado a los celtas como un castigo “muy duro.” Más de cuarenta mil muertos fue el saldo de bajas reportado en los ejércitos liderados por Boudica, quien conseguiría escapar y que según dicen acabaría envenenándose para no ser apresada por los romanos. El caso es que su cuerpo nunca sería encontrado y que después de su derrota el Imperio conseguiría anexarse estos territorios, consiguiendo que en las provincias sureñas de Britania reinara la paz durante más de cuatro siglos. En el Medioevo la historia de Boudica pasaría casi al olvido, pero a partir del Renacimiento su nombre de leyenda recobraría importancia y su hazaña empezaría a hacerse notar. La reina Victoria, quien paradójicamente fue la emperatriz de un imperio expansionista, sería comparada con la guerrera que dos milenios atrás lucharía por defender los dominios de un imperio invasor. Los británicos destacaron su figura mítica y sus batallas serían contadas a través de la dramaturgia y la literatura, y en años más recientes encarnada por las actrices que le dan vida en las pantallas. Un buque de guerra ha sido bautizado con su nombre, y desde comienzos del siglo XX una estatua de bronce de la heroína acompañada de sus hijas y a bordo de su carruaje de guerra, adorna en las cercanías que da al Palacio de Westminster, y en la que se lee una esquela con dos versos de un poema dedicado a Boudica: “Regiones que el César nunca conoció, tus herederos dominarán.”</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-84884" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/07/211.-BOUDICA-300x168.jpg" alt="BOUDICA" width="300" height="168" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 10 Feb 2023 12:08:41 +0000</pubDate>
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        <title>LA DIFERENCIA ENTRE EMBAJADOR Y CÓNSUL: De los rangos, cargos y otras confusiones de la carrera diplomática (Segunda Parte)*</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_56319" aria-describedby="caption-attachment-56319" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-56319 size-medium" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/the-consul-louis-fauvel-painting-the-acropolis-at-the-background-louis-dupre-300x263.jpg" alt="the-consul-louis-fauvel-painting-the-acropolis-at-the-background-louis-dupre" width="300" height="263" /><figcaption id="caption-attachment-56319" class="wp-caption-text">&#8220;El Cónsul Louis Fauvel pintando la Acrópolis&#8221; del pintor Louis Dupre.</figcaption></figure>
<p>“Segundas partes nunca fueron buenas”, decía Don Miguel de Cervantes por interpuesta persona en el <em>Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha</em>, más exactamente a través del Bachiller Sansón Carrasco en diálogo con el buen Sancho Panza, precisamente en la segunda parte de su inmortal obra, en muestra del gran sentido del humor del genial escritor. Ese libro es muestra de todo lo contrario, así como en el cine lo fue <em>El Padrino II.</em> El lector juzgará si esta columna lo es frente a su antecesora o simplemente confirma la máxima de Cervantes. Para quienes no tuvieron oportunidad de leer la primera columna, aquí va el enlace:</p>
<p><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/los-rangos-otras-confusiones-la-carrera-diplomatica"><u>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/los-rangos-otras-confusiones-la-carrera-diplomática</u></a></p>
<p><span id="more-56318"></span>En aquella nota, titulada “De los rangos y otras confusiones de la carrera diplomática”, hablábamos de situaciones, algunas cómicas otras no tanto, en las que se confunden los rangos del escalafón diplomático, al menos en Colombia, la cual fue generosamente calificada y aprovecho para agradecer los comentarios y observaciones. Hubo quienes compartieron otras divertidas (o crueles) anécdotas, como quien manifestaba que el Jefe de Misión lo presentaba como “su” consejero personal, lo que me recuerda que algunos embajadores confunden el nombre de su posición con la de emperadores.</p>
<p>Pero volviendo a nuestro tema, varios de los amables corresponsables me preguntaron sobre un tema que muchos fuera de nuestro gremio no tienen claro: la diferencia entre embajador y cónsul. Vamos a intentar aclararlo o al menos darle fundamento a la confusión. Sea necesario decir que anteriormente aludimos a los rangos que no necesariamente coinciden con los cargos, pues en el caso del embajador, es una categoría de la carrera diplomática, pero también es un puesto; en el caso del cónsul, por el contrario, es un cargo. No existe la categoría de cónsul en la carrera diplomática.</p>
<p>Si bien en la historia, inicialmente la figura del cónsul fue de mayor jerarquía que la de embajador, no es lo que sucede actualmente y quizás por ello se origine la confusión. Durante la República romana, el cónsul era un alto magistrado que incluso podía ser comandante del ejército, mientras que el origen del embajador fue más bien humilde y peligroso. En el Antiguo Testamento ya se menciona la figura de aquellos mensajeros enviados por los gobernantes, quienes en ocasiones eran sacrificados para enviar una respuesta de guerra a una oferta de paz. Desde el Renacimiento, el concepto del embajador ha venido creciendo en importancia hasta llegar al día de hoy, como el máximo representante entre los países, tal como fue definido en el Congreso de Viena de 1815.</p>
<p>Así las cosas y para quienes preguntaban, en el caso colombiano el embajador es el diplomático de mayor jerarquía en otro país o ante un organismo internacional; mientras que el cónsul, aunque cuenta con carácter diplomático, tiene una función especialmente dirigida a la comunidad del país de origen en el país receptor, para atender sus diversos trámites, consultas y necesidades.</p>
<p>Hay varias categorías de cónsul. Está el cónsul general central (son pocos y tienen unas prerrogativas similares a la del embajador), los cónsules generales, los cónsules de primera y de segunda (este último, siempre será motivo de bromas), así como el vicecónsul (mientras que no se habla de vice-embajador, por ejemplo). Así las cosas, podría interpretarse que los consulados están supeditados a las embajadas, por ejemplo, ningún cónsul podría hacer declaraciones de orden político, lo que podría hacer el embajador, si está debidamente autorizado por la Cancillería para este tipo de manifestaciones.</p>
<p>Las embajadas siempre están en ciudad capital del otro país o en la ciudad más importante, mientras que los consulados pueden estar en diferentes localidades del país receptor y su instalación generalmente depende del número de compatriotas que residen en una región en particular. Ahora bien, cuando la oficina consular está integrada a la sede de la embajada, quien lleva la responsabilidad consular suele ser un funcionario de la misma misión diplomática, por lo cual se habla del encargado de funciones consulares y no de cónsul; pero suele ser algo complicado de explicar a los usuarios, para quienes ese funcionario es el cónsul y no son infrecuentes situaciones incómodas. Puede ocurrir que el encargado de funciones consulares en reuniones con la comunidad, sea más reconocido que el mismo embajador, lo cual es injusto para los dos funcionarios, quienes pueden ver alterada su relación laboral por estas situaciones espontáneas.</p>
<p>En este caso hablamos de dos cargos específicos (embajador y cónsul), pero la confusión puede llegar a extremos insospechados cuando mezclamos rangos y cargos. Puede suceder que el embajador sea de nombramiento de confianza y su segundo no sea un ministro plenipotenciario sino precisamente un embajador de carrera. Como suele suceder entre los militares, los funcionarios de carrera damos el trato de embajador a quien ha llegado a esa categoría tras 25 años de esfuerzo, evaluaciones y pruebas, pero en ocasiones, esto puede ser causa de más de un dolor de cabeza. Recuerdo a un embajador político que llegó hasta el punto de la exasperación pues no soportaba que, al segundo, los demás funcionarios le llamaran también embajador.</p>
<p>Debo decir que la intención de esta columna y su antecesora no es de profundidad académica. Para quienes desean profundizar en el tema, pueden consultar las Convenciones de Viena, de relaciones diplomáticas de 1961 y de relaciones consulares de 1963, así como el Decreto 274 de 2000, que regula el servicio exterior en Colombia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Dixon Moya. </strong>Ministro Plenipotenciario, ha prestado servicios en Venezuela, Nicaragua y Emiratos Árabes Unidos, actualmente Cónsul de Colombia en Chicago.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/?p=56318</guid>
        <pubDate>Wed, 10 May 2017 15:16:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[LA DIFERENCIA ENTRE EMBAJADOR Y CÓNSUL: De los rangos, cargos y otras confusiones de la carrera diplomática (Segunda Parte)*]]></media:description>
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