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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 02 Nov 2026 02:31:42 +0000</lastBuildDate>
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	<title>conservación Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Sí es posible coexistir con caimanes, jaguares y otros animales silvestres: en Colombia diseñaron una guía de seis pasos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/si-es-posible-coexistir-con-caimanes-jaguares-y-otros-animales-silvestres-en-colombia-disenaron-una-guia-de-seis-pasos/</link>
        <description><![CDATA[<p>En la vereda colombiana Los Laureles, en el departamento de Arauca, los habitantes comparten el río Cravo Norte con el caimán llanero (Crocodylus intermedius). César Castro, campesino de la zona, relata que conocen bien los territorios que este depredador de hasta siete metros de largo defiende incluso de otros de su misma especie. Aunque hay [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Wildlife Conservation Society (WCS) Colombia, junto a una docena de instituciones aliadas, acaba de publicar una guía para promover la coexistencia con la fauna silvestre.</em></li>



<li><em>El documento se nutre de experiencias que apuntan a mitigar los conflictos que nacen por la cercanía de las actividades humanas con los hábitats de especies silvestres.</em></li>



<li><em>La guía se basó en el Plan4Coex, un enfoque de planificación que busca pasar del conflicto a la coexistencia a largo plazo.</em></li>



<li><em>Grandes felinos, osos de anteojos, murciélagos y caimanes son vistos como amenaza para actividades productivas, pero la guía muestra cómo la percepción negativa puede transformarse en positiva.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En la vereda colombiana Los Laureles, en el departamento de Arauca, los habitantes comparten el río Cravo Norte con el caimán llanero (<em>Crocodylus intermedius</em>). César Castro, campesino de la zona, relata que conocen bien los territorios que este depredador de hasta siete metros de largo defiende incluso de otros de su misma especie. Aunque hay relativa tranquilidad en la convivencia, no se han librado de <strong>ataques esporádicos al ganado</strong> ni de <strong>conflictos con pescadores</strong> locales y foráneos por el enmallamiento del reptil en las artes de pesca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así como en los Llanos Orientales, en muchos territorios de Colombia los <strong>encuentros entre personas y fauna silvestre</strong> pueden desencadenar preocupación, pérdidas económicas y acciones humanas que terminan perjudicando a los animales. Para promover la coexistencia, Wildlife Conservation Society (WCS) Colombia, junto a una docena de instituciones aliadas, desarrollaron la <a href="https://colombia.wcs.org/Portals/113/Publicaciones%20y%20libros/Gu%C3%ADa%20de%20coexistencia%20fauna%20silvestre/WCS_Guia%20fauna%20silvestre_Digital%20OPT_VF.pdf?ver=39ToZLY4YkbH18I-fgdJtg%3d%3d&amp;timestamp=1791214471955" target="_blank" rel="noopener">Guía para la Gestión de las Interacciones con Fauna Silvestre</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Se construye a partir de la experiencia de más de una década de trabajo en los territorios del país junto con las comunidades, con el fin de mitigar el conflicto”, dice Germán Forero, director científico de WCS Colombia. Este documento busca ofrecer herramientas prácticas para orientar procesos que permitan <strong>c</strong>onstruir y monitorear territorios en coexistencia. La guía se ha nutrido de diferentes experiencias en el país con especies como el <strong>oso andino o de anteojos, el jaguar, el puma, los murciélagos y las águilas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lee más | <a href="https://es.mongabay.com/2026/10/cientificos-descubren-rana-venenosa-ecuador-reservan-ubicacion-protegerla-traficantes-entrevista/">Científicos descubren una rana venenosa en Ecuador, pero reservan su ubicación para protegerla de los traficantes | ENTREVISTA</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280762"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/21220335/cocodrilo-llanero-2-by-federico-mosquera-scaled.jpg" alt="La caza excesiva por la demanda internacional de pieles llevó al caimán llanero a una drástica disminución de su población. Foto: cortesía Federico Mosquera" class="wp-image-280762" style="aspect-ratio:1.3333333333333333;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">La caza excesiva por la demanda internacional de pieles llevó al caimán llanero a una drástica disminución de su población. Foto: cortesía Carlos Aya Cuero</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“La guía recoge muy bien esas experiencias, las potencia y permite tener una orientación clara y contundente en términos de <strong>generar los escenarios de coexistencia</strong>”, opina Federico Mosquera, subdirector de gestión y manejo de áreas protegidas de Parques Nacionales Naturales de Colombia, institución que ha participado en varios de los procesos citados en el documento.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La publicación se basa en el Plan4Coex</strong>, un enfoque de planificación que busca mitigar las interacciones negativas para alcanzar una <strong>coexistencia sostenible y evaluable a lo largo del tiempo</strong>, de acuerdo con la guía. Silvio Marchini, biólogo brasileño y miembro del Grupo de Especialistas en Conflicto y Coexistencia Humano-Fauna de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), junto a otros colegas, desarrolló la metodología.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Cuando nos centramos en el conflicto, la pregunta suele ser qué debemos reducir o evitar. Cuando pensamos en coexistencia, también nos preguntamos qué necesitamos construir y mantener para que las personas y la fauna puedan compartir un territorio a largo plazo”, explica Marchini. Con este enfoque, <strong>el bienestar de las personas y la conservación de las especies son objetivos que van de la mano</strong>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Las comunidades deben ser las protagonistas</h2>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280765"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/21220850/Federacion-Comunitaria-para-el-Ordenamiento-y-Manejo-de-las-Areas-Protegidas-de-Risaralda-by-WCS.png" alt="" class="wp-image-280765" style="aspect-ratio:1.423728813559322;width:1848px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Talleres junto a la Federación Comunitaria para el Ordenamiento y Manejo de las Áreas Protegidas de Risaralda. Foto: cortesía FECOMAR</figcaption></figure>



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<p class="wp-block-paragraph">Para Marchini, convertir el conflicto con la fauna silvestre en coexistencia demanda <strong>que los habitantes sean involucrados desde el inicio en la definición de los problemas</strong>, los objetivos, las acciones y la evaluación de los resultados. “Las comunidades ya tienen conocimientos, capacidades e iniciativas propias”, dice. Debe existir respaldo institucional y recursos, sin trasladar a las comunidades toda la responsabilidad de la conservación, añade el experto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cartilla propone comenzar por una <strong>evaluación de las interacciones con fauna silvestre</strong> que recoja las experiencias y percepciones de las comunidades a través de talleres participativos. En Cravo Norte, por ejemplo, los especialistas conocieron que casos aislados de depredación de animales domésticos o los encuentros inesperados con el caimán llanero están integrados en la vida diaria de sus habitantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lee más | <a href="https://es.mongabay.com/2026/10/peru-primera-coleccion-cientifica-peces-madre-de-dios-mineria-ilegal/">Perú: la primera colección científica de peces de Madre de Dios refleja los cambios que genera la minería ilegal en la vida acuática</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280758"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/21220249/oso-de-anteojos-by-Federico-Mosquera-scaled.jpg" alt="Uno de los objetivos de la guía es mitigar las interacciones negativas que generan especies de fauna silvestre, incluido el oso andino, en diferentes territorios del país. Foto: cortesía Federico Mosquera" class="wp-image-280758" style="aspect-ratio:1.4997070884592854;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Uno de los objetivos de la guía es mitigar las interacciones negativas que generan especies de fauna silvestre, incluido el oso andino, en diferentes territorios del país. Foto: cortesía Federico Mosquera</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, en el río Tomo y caño Terecay, en el departamento de Vichada, donde el caimán llanero ha sido reintroducido desde 2015, encontraron que muchas interacciones imprevistas con el reptil se deben al “desconocimiento local”, de acuerdo con la guía. Estas experiencias dejaron la lección central de que <strong>las medidas deben adaptarse a cada contexto</strong>, aunque se trate de la misma especie, señala Marchini.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El siguiente paso que propone la guía es la planificación, que incluye <strong>definir los cambios esperados y las acciones a tomar</strong>. Por ejemplo, en Cravo Norte se planificaron acciones encaminadas a evitar que los animales domésticos se acerquen al río y se conviertan en presas del caimán. También se planificaron recorridos comunitarios por el río para evitar el uso de artes de pesca no reglamentadas y actividades de educación ambiental en la escuela local, añade Forero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Vichada, por otro lado, se tiene planificado hacer nuevas liberaciones, adelanta Mosquera.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280766"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/21220858/Portada-coexistencia-e1792621624164.png" alt="La guía está está pensada para adaptarse a los contextos locales y a las realidades de cada territorio. Foto: cortesía WCS Colombia" class="wp-image-280766" style="aspect-ratio:0.8133333333333334;width:976px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">La guía está pensada para adaptarse a los contextos locales y a las realidades de cada territorio. Foto: cortesía WCS Colombia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Forero reconoce que el caimán llanero, al ser un depredador que puede alcanzar los siete metros, requiere de un <strong>trabajo minucioso con las personas antes y después de su reintroducción</strong>. La razón es sencilla: las comunidades en el río Tomo y caño Terecay no estaban acostumbradas a la presencia de la especie, pues hace décadas que había desaparecido de la zona por la cacería ilegal para la extracción de la piel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tercer paso es establecer una línea base con <strong>indicadores de daños, tolerancia o disposición a coexistir y del estado de la población silvestre</strong>. En ese proceso, Castro conoció que en Cravo Norte sobreviven las poblaciones más grandes del caimán llanero. Aún así, en los monitoreos no han contado más de 50 adultos, detalla. “Pensábamos que había muchos”, dice, pero, en realidad, el animal sigue clasificado en la categoría de <a href="https://www.iucnredlist.org/es/species/5661/181089024" target="_blank" rel="noopener">Peligro Crítico</a>, según la lista roja de especies de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).</p>



<h2 class="wp-block-heading">Implementar acuerdos y monitorearlos</h2>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280767"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/21220912/Jhonattan-Vanegas-WCS.png" alt="En un territorio biodiverso como Colombia, los seres humanos y sus actividades están cada vez más cerca de los hábitats de la vida silvestre. Foto: cortesía Jhonattan Vanegas / WCS Colombia" class="wp-image-280767" style="aspect-ratio:1.702;width:1702px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">En un territorio biodiverso como Colombia, los seres humanos y sus actividades están cada vez más cerca de los hábitats de la vida silvestre. Foto: cortesía Jhonattan Vanegas / WCS Colombia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El caimán llanero controla las poblaciones de peces</strong> y evita que los cauces se obstruyan al movilizar sedimentos con su cola. Esto es parte de lo que la comunidad aprendió en los talleres con WCS. Al ver que quedaban tan pocos y que su rol para mantener en equilibrio el ecosistema fluvial desaparecería, la comunidad se motivó a cuidarlos, asegura Castro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Precisamente, el cuarto paso que propone la guía es <strong>concertar acciones y responsabilidades</strong>. En Cravo Norte se acordó implementar acciones a nivel comunitario y predial para hacer un mejor manejo de los animales domésticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El quinto paso contempla la implementación de las medidas que pueden incluir <strong>manejo del hábitat, prácticas productivas sostenibles, infraestructura antidepredatoria</strong>, incentivos, educación y fortalecimiento de capacidades con acompañamiento técnico.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280761"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/21220321/cocodrilo-llanero-1-by-federico-mosquera-scaled.jpg" alt="El caimán llanero (Crocodylus intermedius) habita principalmente en los ríos y llanuras inundables de los Llanos de Colombia y Venezuela. Foto: cortesía Federico Mosquera" class="wp-image-280761" style="aspect-ratio:1.4997070884592854;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">El caimán llanero habita principalmente en los ríos y llanuras inundables de la Orinoquía de Colombia y Venezuela. Foto: cortesía Federico Mosquera</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Entre esas medidas, en Cravo Norte se construyeron <strong>bebederos para evitar que las vacas y los cerdos bajen al río en busca de agua</strong>, comenta el habitante de Los Laureles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La guía de seis pasos concluye con el <strong>monitoreo y evaluación</strong>. Este punto incluye la revisión de acciones e indicadores y comparación de los resultados con los cambios esperados. El objetivo es ajustar o reemplazar medidas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La coexistencia en un país megadiverso</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Federico Mosquera, de Parques Nacionales Naturales de Colombia, revisó la Guía para la Gestión de las Interacciones con Fauna Silvestre desde su concepción, pues se alínea con uno de los objetivos de la entidad: <strong>construir escenarios de coexistencia entre las especies y los modelos productivos humanos</strong>. Explica que en las áreas protegidas, ya sea por traslape con comunidades indígenas, ocupación de ciertas zonas, sobreexplotación de fauna, desarrollos forestales o pérdida de conectividad, hay interacción entre personas y animales silvestres.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280760"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/21220311/Leopardus-padalis-by-Federico-Mosquera-scaled.jpg" alt="El ocelote (Leopardus pardalis) enfrenta la caza por retaliación debido a la depredación ocasional de animales domésticos. Foto: cortesía Federico Mosquera" class="wp-image-280760" style="aspect-ratio:1.4997070884592854;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">El ocelote (<em>Leopardus pardalis</em>) enfrenta la caza por retaliación debido a la depredación ocasional de animales domésticos. Foto: cortesía Federico Mosquera</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En un país megadiverso como Colombia, esta realidad se extiende a todo el país. “Las personas que viven en áreas rurales, inclusive en las ciudades, <strong>conviven muy cerca de la biodiversidad</strong>”, señala Forero, de WCS Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras los ganaderos pueden verse afectados por la pérdida de ganado por ataques de grandes felinos o los agricultores denuncian casos donde osos de anteojos (<em>Tremarctos ornatus</em>) que se alimentan de sus cultivos, para Mosquera hace falta una discusión sobre el <strong>rol de estas especies en el equilibrio ecológico</strong> del que dependen las poblaciones humanas, para la obtención de servicios ambientales como el agua limpia y la polinización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir, <strong>la solución no está en cazar por retaliación</strong>, sino, por ejemplo, en implementar medidas de manejo adecuado del ganado, resalta Mosquera. Esto incluye sistemas de rotación silvopastoriles, implementación de cercas y cuidado veterinario. Las medidas no solo protegen al ganado del ataque de depredadores, sino que también están encaminadas a proteger su salud y su vida, reduciendo aún más la pérdida económica de los productores.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cambiar la percepción sobre la fauna silvestre</h2>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280763"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/21220347/4.Foto-Zaira-Rios_WCS-Col-1-scaled.jpg" alt="La coexistencia involucra interacciones ecológicas y sociales, de acuerdo con la guía. Foto: cortesía Zaira Ríos / WCS Colombia" class="wp-image-280763" style="aspect-ratio:1.5058823529411764;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">La coexistencia involucra interacciones ecológicas y sociales, de acuerdo con la guía. Foto: cortesía Zaira Ríos / WCS Colombia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“El principal reto es <strong>cambiar la percepción de las comunidades hacia las especies</strong>”, asegura Mosquera. Por su parte, Forero agrega que varias de las experiencias recogidas demuestran que las interacciones con la fauna silvestre pueden ser positivas y traer beneficios. Un ejemplo de eso es el desarrollo del certificado <a href="https://colombia.wcs.org/es-es/WCS-Colombia/Noticias/articleType/ArticleView/articleId/24165/Certifican-al-Cafe-Oso-Andino-como-amigable-ambientalmente.aspx" target="_blank" rel="noopener">Andean Bear Friendly</a>, sello que ya han recibido algunos cafeteros en el departamento de Valle del Cauca por su convivencia con el oso de anteojos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro desafío tiene que ver con los recursos, reconoce Forero. Seguir los pasos de la guía y, principalmente, implementar las acciones y estrategias, requiere de <strong>herramientas y recursos económicos</strong>. Por eso, aunque la guía es autoexplicativa, en muchos casos es ideal que las implementaciones sean acompañadas y apoyadas por instituciones del gobierno y organizaciones no gubernamentales o privadas, en colaboración con las comunidades o actores locales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>Esta planificación debe integrarse a otros instrumentos que existan en el territorio</strong>, los planes de ordenamiento, las estrategias de restauración, las estrategias de ordenamiento productivo”, añade Forero.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280768"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/21220934/murcielagos-by-Mario-Santana-WCS-Colombia.png" alt="Los murciélagos también han generado interacciones negativas, pero poblaciones han encontrado formas de convivir con ellos al entender su rol ecológico y reubicarlos en zonas donde no afecten las actividades humanas. Foto: cortesía Mario Santana / WCS Colombia" class="wp-image-280768" style="aspect-ratio:1.773;width:1773px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Poblaciones en Colombia han encontrado formas de convivir con los murciélagos al entender su rol ecológico y reubicarlos en zonas donde no afecten las actividades humanas. Foto: cortesía Mario Santana / WCS Colombia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Para Marchini, otro reto es <strong>dar continuidad a los procesos</strong> cuyos tiempos superan la duración de los proyectos. Explica que las medidas técnicas necesitan mantenimiento, los acuerdos necesitan seguimiento, y las relaciones de confianza requieren de presencia sostenida. “La sostenibilidad depende de que el territorio conserve la capacidad de decidir, actuar y aprender cuando termine el proyecto”, afirma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final del día, señala el especialista de la UICN, el objetivo es <strong>que las comunidades disminuyan las pérdidas y la vulnerabilidad</strong>, mientras que se reducen las amenazas que enfrenta la fauna silvestre y mejoran las tendencias poblacionales y el hábitat.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Cravo Norte, donde sus habitantes se enorgullecen de saber convivir con el caimán llanero, ahora refuerzan su vínculo con este gran depredador. Castro relata que WCS respaldó una observación de postura de huevos en verano. Y dice con emoción: “<strong>pudimos mirar el nacimiento de 114 nuevas crías</strong>, fue una experiencia bonita, aprendimos algo más del caimán”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal:</strong> A medida que crecen las fronteras ganaderas, se han registrado casos en los que los grandes felinos, como el jaguar (foto) y el puma, depredan animales domésticos. <strong>Foto:</strong> cortesía Federico Mosquera</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por</em> <a href="https://es.mongabay.com/by/ana-cristina-alvarado/">Ana Cristina Alvarado</a> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/10/coexistir-fauna-silvestre-colombia-guia-seis-pasos/" data-type="link" data-id="https://es.mongabay.com/2026/10/coexistir-fauna-silvestre-colombia-guia-seis-pasos/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134374</guid>
        <pubDate>Sat, 24 Oct 2026 14:00:00 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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        <title>Las voces de la naturaleza que dieron vida a Macondo: así se construyó el paisaje sonoro de Cien años de soledad</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/las-voces-de-la-naturaleza-que-dieron-vida-a-macondo-asi-se-construyo-el-paisaje-sonoro-de-cien-anos-de-soledad/</link>
        <description><![CDATA[<p>El aire acondicionado de la habitación de Diego Calderón dejó de funcionar cuando él y su equipo ya se habían acostado, agotados después de una jornada de grabación en el Caribe colombiano. Al abrir la ventana, el biólogo y observador de aves escuchó algo que no había sonado cuando se fue a dormir: un coro [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>La adaptación de la novela Cien años de soledad incorporó sonidos reales del Caribe colombiano para construir el paisaje sonoro de Macondo.</em></li>



<li><em>La serie de Netflix incorporó sonidos de cerca de 95 especies de aves y cinco de anfibios y lagartos, además de mamíferos e insectos.</em></li>



<li><em>Un biólogo y un sonidista grabaron en ambientes que van de bosques secos y zonas rurales a bosques conservados y humedales de la región.</em></li>



<li><em>La grabación de aves silvestres en cautiverio evidenció la presión del tráfico ilegal, mientras que el equipo apuesta por que los sonidos de la serie despierten interés por la biodiversidad y contribuyan a su conservación.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">El aire acondicionado de la habitación de Diego Calderón dejó de funcionar cuando él y su equipo ya se habían acostado, agotados después de una jornada de grabación en el <strong>Caribe colombiano</strong>. Al abrir la ventana, el biólogo y observador de aves escuchó algo que no había sonado cuando se fue a dormir: <strong>un coro de ranas</strong> que comenzaba a llenar la noche. Despertó al sonidista Sebastián Martínez y, cerca de la una de la madrugada, ambos volvieron a sacar sus equipos para registrar aquellos sonidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La grabación fue una coincidencia, pero también una muestra de la atención que exigía el trabajo: escuchar lo que aparecía, reconocerlo y encontrar la manera de capturarlo antes de que desapareciera. Esos sonidos terminarían integrados al paisaje sonoro de <strong><em>Cien años de soledad</em></strong>, la adaptación de Netflix de la novela del escritor colombiano <strong>Gabriel García Márquez</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://es.mongabay.com/2026/10/america-latina-caribe-caida-poblaciones-fauna-silvestre-informe-planeta-vivo/">Leer más: Las poblaciones de fauna silvestre cayeron un 95 % en América Latina y el Caribe en últimos 50 años | INFORME</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280169"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/13000305/Diego-foto-bio-German-Restrepo-Aricapa-%40germanrpo-2.jpg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280169" style="aspect-ratio:1.7773620205799814;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Diego Calderón, biólogo y observador de aves colombiano. Foto: cortesía Germán Restrepo Aricapa / @germanrpo</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Es un sonidito muy leve y seco, como un <em>crrr, crrr</em>, que se repite cada tanto y puede que alguien lo escuche en la serie y lo confunda con un insecto, pero es el sonido de una rana venenosa que grabamos en el Caribe colombiano”, describe Calderón. “En el momento en que está todo en silencio y que no suena nada, por allá al fondo, a lo lejos, <em>crrr, crrr</em>, suena la ranita. Y eso hace que el televidente se aterrice a que esa escena es real y está en un paisaje donde había vida”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante cinco o seis días de trabajo en campo, Calderón y Martínez reunieron más de 30 gigabytes de grabaciones. El material incluyó <strong>cantos de cerca de 95 especies de aves, sonidos de cinco especies de anfibios y lagartos, varios mamíferos e insectos, además del viento, el agua y animales domésticos.</strong> La misión era construir una biblioteca sonora que permitiera escuchar un <strong>Macondo</strong> arraigado en los ambientes del Caribe colombiano, la región que inspira la geografía ficticia de la novela.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280167"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12234129/Captura-de-pantalla-2026-10-12-a-las-4.38.11-p.m.png" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280167" style="aspect-ratio:1.5139442231075697;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Guacharaca (Ortalis garrula). Foto: cortesía Rodrigo Gaviria Obregón</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La necesidad surgió cuando el equipo de <a href="https://la-tina.co/inicio-esp/"><strong>La Tina</strong></a>, el estudio colombiano encargado del diseño sonoro, visitó el lugar donde se filmó la serie. Para Andrés Silva, gerente del estudio, el paisaje acústico del rodaje no correspondía al universo que la historia necesitaba. La producción se realizó en el departamento del Tolima, en el interior del país, mientras que Macondo remite al Caribe, con sus propios sonidos, acentos y relaciones con la naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“El caribe de colombiano es uno de los lugares donde hay mayor variedad de pájaros en el mundo”, explica Silva, diseñador de sonido e ingeniero de mezcla para audiovisuales. “Quisimos conseguir no solo fauna y sonidos de la zona —los ríos, el mar, el viento—, sino también el acento que en la costa es muy especial, por eso grabamos unos 150 extras para poder representar la actividad del pueblo. Eso fue una tarea muy interesante”.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280170"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/13001244/Captura-de-pantalla-2026-10-12-a-las-5.10.38-p.m.png" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280170" style="aspect-ratio:0.8940972222222222;width:1030px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Martejas, primates nocturnos del género Aotus. Foto: cortesía Diego Calderón-Franco / @diegoCOLbirding</figcaption></figure>



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<h2 class="wp-block-heading">Del bosque seco a la ciénaga: los ambientes de Macondo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Calderón, biólogo y fundador de <strong><a href="https://www.instagram.com/diegocolbirding/">Colombia Birding</a></strong>, recibió el encargo a través de <strong><a href="https://www.wherenext.com/blog/the-hidden-sounds-of-one-hundred-years-of-solitude">WhereNext</a></strong>, agencia creativa y productora audiovisual con la que había trabajado en proyectos anteriores. La primera temporada ya estaba filmada y editada, y sus escenas incluían sonidos procedentes de bibliotecas comerciales que no necesariamente correspondían a la fauna colombiana. La propuesta fue sustituir esos registros por sonidos capturados en la región que inspiró la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El reto consistía en recorrer distintos ambientes en muy poco tiempo, por lo que diseñaron una ruta por el Caribe, <strong>entre La Guajira y los alrededores de la Sierra Nevada de Santa Marta.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la interpretación de la geografía de la serie, narra Calderón, el recorrido comienza en un territorio árido, con cactus y vegetación adaptada a la escasez de agua; después asciende hacia montañas que evocan páramos y cumbres nevadas, para finalmente descender hacia las ciénagas donde se funda el pueblo. No se trataba de encontrar un único lugar que correspondiera a Macondo, explica el especialista, sino de reunir sonidos capaces de representar sus diferentes escenarios.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280166"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12233859/Captura-de-pantalla-2026-10-12-a-las-4.38.00-p.m.png" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280166" style="aspect-ratio:1.5043547110055424;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Saltarín dorsiazul (Chiroxiphia pareola). Foto: cortesía Rodrigo Gaviria Obregón</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Grabamos en las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta, porque esta gente subía a la sierra y debían tener aves completamente diferentes cantando allá arriba”, recuerda Calderón. “También grabamos en las zonas más bajas, <strong>en ambientes perturbados y rurales de fincas, de pastos ganaderos, de plátano</strong>… pero también grabamos en bosques en muy buen estado de conservación y en algunas zonas cenagosas o de humedales. Creo que cubrimos la mayor cantidad de hábitats y biorregiones posibles en el Caribe colombiano que permitieran a La Tina jugar al momento de diseñar el audio”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La búsqueda también incluyó sonidos de <strong>perros, gatos, burros, gallinas, cabras, ovejas y cerdos.</strong> Estos últimos eran especialmente pertinentes por la presencia recurrente de la cola de cerdo en la historia de los Buendía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Los marranos eran súper importantes, porque siempre está esa vaina en la serie de que les va a nacer un hijo con colita de marrano, por eso tenían que estar sus sonidos”, ríe Calderón.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280171"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/13001519/Sebastian-GRABANDO-1.png" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280171" style="aspect-ratio:0.802784222737819;width:1384px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">El sonidista Sebastián Martínez durante las grabaciones en el Caribe colombiano. Foto: cortesía Sebastián Martínez</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las tareas más difíciles fue registrar aves en cautiverio. En la novela, José Arcadio Buendía llena Macondo de pájaros enjaulados y su algarabía se convierte en parte de la vida del pueblo. Durante una salida, Calderón y Martínez vieron una jaula en una casa y pidieron permiso para grabar. <strong>Al entrar, descubrieron decenas de aves silvestres capturadas por comerciantes ilegales.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Eran unos comerciantes de aves que las capturaban en el monte”, recuerda el biólogo. “Tenían decenas de pájaros. Fue una escena que yo nunca había visto. Es normal ver uno o dos pájaros enjaulados, todo el mundo tiene una lora a la que quieren, pero la tienen secuestrada, básicamente. <strong>Pero ellos tenían decenas de pájaros en jaulas.</strong> Para mí fue muy difícil. Estuve casi llorando. Estaba grabando porque era necesario para la serie, pero fue muy duro”.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280165"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12233500/Captura-de-pantalla-2026-10-12-a-las-4.28.55-p.m.png" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280165" style="aspect-ratio:1.5031645569620253;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Periquito bronceado (Brotogeris jugularis). Foto: cortesía Rodrigo Gaviria Obregón</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Las aves como personajes</h2>



<p class="wp-block-paragraph">De las cerca de 95 especies de aves registradas, algunas fueron seleccionadas desde el principio por su relación con personajes y situaciones de la novela. Uno de los ejemplos más claros son las <strong>oropéndolas</strong>, conocidas localmente en Colombia como gulungos o mochileros por sus nidos colgantes. Sus vocalizaciones tienen una cualidad extraña, casi electrónica, que llamó la atención de los diseñadores sonoros. Por eso se asociaron con Melquíades, el personaje misterioso que lleva a Macondo objetos, conocimientos e ideas que alteran la vida de sus habitantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Los gulungos tienen un sonido muy futurista, muy de sintetizador o computacional, y lo hacen además mientras se paran en el nido y se mecen hacia adelante”, describe Calderón. “Es un sonido muy raro, muy sui generis y desde el principio La Tina quería que tratáramos de grabar gulungos para el <em>leitmotiv</em> [el sonido característico] de Melquíades”.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280163"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12232440/Gulungo-o-Mochilero-%40MemoGomezFoto.jpg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280163" style="aspect-ratio:1.499605367008682;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Gulungo o mochilero (Psarocolius decumanus). Foto: cortesía @MemoGomezFoto</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Para la plaza y el bullicio del pueblo se buscaron loros, guacamayas y pericos.</strong> El bichofué <em>(Pitangus sulphuratus)</em>, un ave ruidosa y común en ambientes habitados, contribuiría a evocar la cotidianidad de las localidades caribeñas. También se incorporaron aves nocturnas, cuyos cantos podían acompañar momentos de tensión o anticipar que algo estaba por ocurrir.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280160"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12231911/Bichofue-%40MemoGomezFoto.jpg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280160" style="aspect-ratio:1.499605367008682;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Bichofué (Pitangus sulphuratus). Foto: cortesía @MemoGomezFoto</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Otro vínculo particularmente cuidadoso fue el de Rebeca, quien come tierra o barro cuando siente miedo. Calderón propuso asociarla con el <strong>cargabarro</strong>, un ave del género <em>Furnarius</em> que construye nidos de barro con forma de horno. Su canto acompaña algunas apariciones del personaje, lo que construyó una relación sutil entre el comportamiento del animal y la historia.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280161"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12232152/Cargabarro-Johnnier-Arango-%40TheAndeanBirder.jpg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280161" style="aspect-ratio:1.5007898894154819;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Cargabarro (Furnarius longirostris). Foto: cortesía Johnnier Arango / @TheAndeanBirder</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El banco de sonidos incluyó, además, <strong>un cuco conocido como sinfín</strong> <em>(Tapera naevia)</em>, cuyo canto repetitivo se escucha en distintos momentos de la serie. “Esa ave silba dos notas <em>‘sin-fin’</em>, por eso la gente le tiene ese nombre onomatopéyico”. Para Calderón, esa presencia ayuda a situar a Macondo en las tierras bajas del Caribe colombiano. <strong>Algunas personas le comentaron que reconocer esas aves les hizo recordar patios familiares, parques de pueblos y casas de sus abuelas en la región.</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280162"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12232328/Sinfin-Johnnier-Arango-%40TheAndeanBirder.jpg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280162" style="aspect-ratio:0.6668421052631579;width:1267px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Sinfín (Tapera naevia). Foto: cortesía Johnnier Arango / @TheAndeanBirder</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo también se extendió a los mamíferos. En el caso de los monos, Calderón pasó cerca de una hora bajo una tropa de aulladores que encontró hacia el final de la expedición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Muchas veces estaban en silencio, <strong>pero el silencio de una tropa de monos aulladores es cero silencioso</strong>”, describe Calderón. “O sea, el hecho de que no estén gritando o aullando, no hace que estén en mute: hay sonidos de conversaciones entre ellos, escuchas que se están rascando, alguna pelea, que están caminando en el techo del bosque, quebrando ramas y dejando caer frutas”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los insectos también aportaron detalles menos evidentes. En una pausa, Calderón y Martínez acercaron micrófonos a un camino de hormigas y consiguieron registrar el sonido diminuto de sus pasos.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280172"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/13001736/Captura-de-pantalla-2026-10-12-a-las-5.08.17-p.m.png" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280172" style="aspect-ratio:1.7836812144212524;width:1880px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Monos aulladores (Alouatta seniculus). Foto: cortesía Diego Calderón-Franco / @diegoCOLbirding</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">De una biblioteca de sonidos a un paisaje vivo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para Andrés Silva, el desafío era convertir esa colección de registros en un entorno que acompañara la historia sin limitarse a ilustrar lo que aparecía en pantalla. El diseño sonoro debía responder también a una pregunta: <strong>¿a qué suena el realismo mágico?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Esto no es magia, esto no es <em>Harry Potter</em>; es más bien el absurdo de la vida real lo que hace que las historias sean fantásticas”, explica. La naturaleza debía sonar reconocible, pero también podía contribuir a la extrañeza y al tono poético de la serie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El conocimiento biológico ayudó a tomar decisiones concretas. <strong>La información entregada por Calderón incluía la identificación de las especies, sus hábitos diurnos o nocturnos, los ambientes donde viven y su relación con las personas.</strong> Ese contexto permitía saber, por ejemplo, qué ave podía escucharse cerca de una casa y cuál correspondía mejor a un bosque apartado.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280164"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12232636/Buhito-o-Pavita-Diego-Calderon-Franco-%40diegoCOLbirding.jpeg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280164" style="aspect-ratio:1.7773620205799814;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Buhito o pavita (Glaucidium brasilianum). Foto: cortesía Diego Calderón-Franco / @diegoCOLbirding</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez recibidos los archivos curados y organizados, los diseñadores y mezcladores de La Tina escucharon el material con apoyo de un libro de aves colombianas y comenzaron a relacionar las especies con personajes, lugares y escenas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La construcción final fue mucho más amplia que una sucesión de cantos. Según Silva, la sesión de <em>Pro Tools</em> de la primera temporada de la serie tenía alrededor de 700 canales: diálogos, voces reconocibles de extras, murmullos de fondo, ambientes continuos y sonidos específicos que entraban y salían a medida que avanzaba la acción. A esa mezcla se sumaban puertas, carrozas y otros sonidos de la vida cotidiana. La sensación de un ecosistema completo dependía de cómo interactuaban todas esas capas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También importaba el silencio. Silva recuerda una escena en la que José Arcadio Buendía entra en un río y recibe, en una especie de sueño, la revelación del nombre de Macondo.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280158"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12231040/Verdulejo-Johnnier-Arango-%40TheAndeanBirder.jpg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280158" style="aspect-ratio:1.499605367008682;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Verdulejo (Thraupis palmarum). Foto: cortesía Johnnier Arango / @TheAndeanBirder</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Tú escuchas esa escena y es totalmente muda”</strong>, describe Silva. “Tienes un río que se ve muy potente y él está dentro, pero no suena nada. Es una composición como la música, con contrastes”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Diego Calderón, el valor de llevar estas voces y sonidos del Caribe colombiano a millones de espectadores va más allá de la ficción: es una oportunidad para despertar curiosidad por las especies que comparten la vida cotidiana de las personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Uno no conserva lo que no ama y no ama lo que no conoce”, concluye el biólogo. “Me parece muy chévere que la gente, viendo Cien años de soledad, pueda sentir que está visitando el patio de la casa de su abuela en Mompox, en el Caribe colombiano. <strong>Eso ya hace que la serie tenga un componente de conservación y de apropiación.</strong> Eventualmente, algunas de estas especies pueden ser valoradas de una manera diferente a través de una pantalla que supuestamente no debería serlo porque es otra industria —la del entretenimiento—, pero que también puede desencadenar la conservación”.<br><strong><br><em>*Imagen principal:</em></strong> <em>Verdulejo (Thraupis palmarum). <strong>Foto:</strong> cortesía Johnnier Arango / @TheAndeanBirder</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por</em> <a href="https://es.mongabay.com/by/astrid-arellano/">Astrid Arellano</a> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/10/voces-naturaleza-macondo-paisaje-sonoro-cien-anos-de-soledad/" data-type="link" data-id="https://es.mongabay.com/2026/10/voces-naturaleza-macondo-paisaje-sonoro-cien-anos-de-soledad/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134069</guid>
        <pubDate>Tue, 13 Oct 2026 22:12:43 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Verdulejo-Johnnier-Arango-@TheAndeanBirder-610x407-1.jpg?quality=60&amp;#038;w=610" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Las voces de la naturaleza que dieron vida a Macondo: así se construyó el paisaje sonoro de Cien años de soledad]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Un bosque para el búho de Santa Marta: la desconocida especie colombiana que necesita árboles altos y bromelias &amp;#124; ESTUDIO</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/un-bosque-para-el-buho-de-santa-marta-la-desconocida-especie-colombiana-que-necesita-arboles-altos-y-bromelias-estudio/</link>
        <description><![CDATA[<p>En la Reserva Natural El Dorado, un equipo de ornitólogos esperaba el anochecer para comenzar la búsqueda de un pequeño búho. En cada punto de conteo, se separaban unos 20 metros entre sí y reproducían una grabación del canto de la especie. Luego esperaban en silencio. Si un búho respondía desde algún lugar del bosque, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Un estudio sobre el búho de Santa Marta, especie vulnerable y exclusiva de la Sierra Nevada de Santa Marta, encontró que su densidad es aproximadamente diez veces mayor en bosques conservados que en pastizales con árboles.</em></li>



<li><em>Debido a su reducido rango de distribución, esta especie está clasificada como vulnerable y no se dispone de información detallada sobre sus requerimientos ecológicos.</em></li>



<li><em>La presencia de árboles aislados en los pastizales no parece ofrecer las condiciones que el búho necesita: árboles altos, dosel cerrado y bromelias.</em></li>



<li><em>Los investigadores piden proteger los bosques y conectar sus fragmentos.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En la <strong>Reserva Natural El Dorado</strong>, un equipo de ornitólogos esperaba el anochecer para comenzar la búsqueda de un pequeño búho. En cada punto de conteo, se separaban unos 20 metros entre sí y reproducían una grabación del canto de la especie. Luego esperaban en silencio. Si un búho respondía desde algún lugar del bosque, orientaban sus brújulas hacia el origen del sonido para determinar su posición. De punto en punto, los recorridos se extendían hasta la madrugada. Así estudiaron a <em>Megascops gilesi</em>, el <strong>búho de Santa Marta</strong>, la única ave rapaz endémica de Colombia, <strong>con una distribución restringida a la Sierra Nevada de Santa Marta.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2351989426003197">estudio</a>, publicado en la revista <em>Global Ecology and Conservation</em>, buscaba comprender cómo responde esta especie a la transformación del hábitat y así entender qué tipo de bosque necesita para vivir. Para hacerlo, los investigadores compararon tres ambientes dentro de la reserva: <strong>bosques primarios</strong>, que conservan buena parte de su estructura original; <strong>bosques secundarios antiguos</strong>, que llevan años recuperándose; y <strong>pastizales con árboles dispersos</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia apareció con claridad. En los bosques con mejor estado de conservación —tanto primarios como secundarios antiguos— <strong>encontraron alrededor de diez veces más búhos</strong> que en los pastizales con árboles.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más: <a href="https://es.mongabay.com/2026/10/trafico-ilegal-orquideas-dracula-venden-antes-de-ser-descubiertas-ciencia/">Tráfico ilegal de orquídeas Dracula: las venden incluso antes de ser “descubiertas” por la ciencia | ESTUDIO</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279796"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/07030635/WhatsApp-Image-2025-04-25-at-7.00.59-PM.jpeg" alt="Búho de Santa Marta - Colombia" class="wp-image-279796" style="aspect-ratio:1.085;width:1302px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Debido a su reducida área de distribución, esta especie está clasificada como vulnerable y no se dispone de información detallada sobre sus requerimientos ecológicos. Foto: cortesía Sergio García-Murcia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Pudimos confirmar que el búho es una especie especialista de interior de bosque”, explica Sergio García-Murcia, ornitólogo colombiano e investigador del Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell. “Eso quiere decir que <strong>su hábitat óptimo es un bosque con árboles grandes, con una cobertura de dosel abundante</strong>, y que todas sus funciones ecológicas no las puede llevar a cabo en un pastizal porque no encuentra las condiciones para realizar su vida”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El estudio también permitió identificar qué características del bosque estaban asociadas con una mayor presencia del búho. <strong>Los registros fueron más frecuentes donde había árboles altos, un follaje más cerrado y bromelias.</strong> En cambio, había menos búhos en lugares con sotobosque abierto, pendientes pronunciadas y cerca de carreteras, viviendas y bordes del bosque.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el estudio tiene un alcance concreto: describe únicamente lo observado en una reserva, por lo que <strong>todavía no permite calcular cuántos individuos existen en toda la Sierra Nevada</strong> ni cómo ha cambiado su población con el tiempo.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279797"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/07052716/IMG-20260806-WA0046.jpg" alt="Búho de Santa Marta - Colombia" class="wp-image-279797" style="aspect-ratio:1.3284898806434873;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Los árboles altos y el follaje cerrado de la Sierra Nevada de Santa Marta forman parte de la estructura boscosa que el búho necesita para vivir. Foto: cortesía Sergio García-Murcia</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Un búho que había escapado a las investigaciones</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El búho de Santa Marta fue descrito como especie en 2017. Es pequeño, presenta un plumaje en tonos rojizos o grises y habita los bosques montanos de la Sierra Nevada. Su distribución restringida a esta región contribuye a que esté clasificado como especie <strong>Vulnerable</strong> a escala internacional. Pese al interés que despertó su descripción, hasta ahora faltaban estudios detallados sobre las condiciones del hábitat que necesita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Es una especie desconocida en todos sus aspectos, en su ecología básica”, explica García-Murcia, autor principal del artículo. “A partir de esa información es que uno puede tomar medidas de conservación”.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279798"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/07052949/Captura-de-pantalla-2026-10-06-a-las-10.29.03-p.m.png" alt="Búho de Santa Marta - Colombia" class="wp-image-279798" style="aspect-ratio:1.335559265442404;width:1600px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Las densidades del búho de Santa Marta fueron diez veces mayores en bosques conservados, en comparación con los pastizales con árboles. Foto: cortesía Jorge Luis Gutiérrez-Guillén</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Para encontrar las respuestas, el equipo primero recorrió sus distintos ambientes y registró cómo era la vegetación: midió el tamaño de los árboles, su grosor, la cobertura del bosque y las características del terreno. Después regresó durante la noche para buscar al búho en diferentes puntos de conteo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Salía a buscarlos a las siete de la noche, empezaba mis muestreos y en los puntos más lejanos terminaba hasta a las tres de la mañana”, relata García-Murcia.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279799"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/07053138/WhatsApp-Image-2025-06-24-at-10.56.27-PM-scaled.jpeg" alt="Búho de Santa Marta - Colombia" class="wp-image-279799" style="aspect-ratio:0.75;width:1920px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">El ornitólogo colombiano Sergio García-Murcia durante los conteos del búho de Santa Marta. Foto: cortesía Sergio García-Murcia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El método de búsqueda empleado, <strong>utilizando grabaciones del búho</strong>, permite detectar aves nocturnas que pueden ser difíciles de encontrar solo con la vista. A partir de la dirección de los llamados, los investigadores podían ubicar a los animales y registrar dónde aparecían con mayor frecuencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">García-Murcia destaca un detalle de los registros obtenidos en pastizales arbolados: las respuestas venían de pequeños fragmentos de bosque cercanos a quebradas o ríos. “Nosotros <strong>nunca vimos al búho en un árbol aislado en un potrero o en un pastizal</strong>. Siempre provenían de pequeños fragmentos”, señala. Esta observación, dice, ayuda a explicar por qué dejar árboles dispersos en un área abierta no parece sustituir las condiciones que ofrece el bosque con una estructura más completa.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279800"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/07053337/IMG-20260806-WA0045.jpg" alt="Búho de Santa Marta - Colombia" class="wp-image-279800" style="aspect-ratio:1.3333333333333333;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Las densidades fueron mayores en sitios con mayor altura y cobertura de dosel y con presencia de bromelias. En cambio, hubo menos búhos en sitios con una mayor pendiente del terreno, sotobosque abierto o con proximidad a carreteras, viviendas y bordes de bosque. Foto: cortesía Sergio García-Murcia</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">El bosque que necesita</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia entre ambientes no significa que únicamente los bosques primarios puedan albergar al búho. En El Dorado, los bosques secundarios antiguos también registraron una densidad alta, aunque el estudio no evaluó si bosques secundarios más jóvenes ofrecerían condiciones semejantes. García-Murcia considera necesario conservar tanto los bosques mejor preservados como los que llevan más tiempo recuperándose.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Lo que nos muestran estos resultados es que hay que conservar el bosque —no solo los bosques prístinos o en muy buen estado de conservación— <strong>sino esas sucesiones vegetales avanzadas que en la Sierra Nevada de Santa Marta son muy comunes</strong>”, dice.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los árboles altos y el follaje cerrado forman parte de esa estructura. También las bromelias, plantas que crecen sobre los árboles y pueden ofrecer refugio a anfibios. García-Murcia plantea una posible relación con la alimentación del búho, aunque el estudio no demuestra que la presencia de bromelias aumente su densidad por proporcionar más presas. Existen registros de que come anfibios y cangrejos, pero faltan investigaciones para establecerlo con mayor detalle. Conocer aspectos como este permitiría entender mejor qué ocurre cuando un bosque pierde árboles grandes, cobertura o continuidad.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279801"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/07053643/WhatsApp-Image-2025-07-02-at-5.01.41-PM-1.jpeg" alt="Búho de Santa Marta - Colombia" class="wp-image-279801" style="aspect-ratio:0.94;width:1504px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">El búho de Santa Marta se alimenta de anfibios como la rana <em>S. sanctaemartae</em> y la salamandra <em>Bolitoglossa savagei</em>, especies endémicas de la Sierra Nevada de Santa Marta asociadas a los microhábitats conformados por las bromelias. Foto: cortesía Sergio García-Murcia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Jorge Luis Gutiérrez-Guillén, coautor del estudio e investigador de Otus Conservation, coincide en que el conocimiento sobre esta ave empezó a construirse recientemente. Antes de esta investigación, él y otros colegas habían trabajado sobre su uso del hábitat. Entre los aspectos que aún requieren estudio están precisamente su reproducción y el papel de distintas presas en su alimentación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Es una especie que ayuda a mantener el equilibrio en el ecosistema al fungir como controlador de las poblaciones de sus presas”, describe Gutiérrez-Guillén. “Estamos hablando de <strong>una especie endémica que se está alimentando de especies endémicas también</strong>. Eso habla de la importancia de la Sierra Nevado de Santa Marta como centro de endemismo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El estudio también halló una relación negativa entre la densidad del búho y la cercanía a carreteras, casas y bordes forestales. Por ello, los autores recomiendan conservar los bosques primarios y secundarios antiguos, mejorar la conexión entre fragmentos y evitar que nuevas aperturas degraden los que permanecen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Es decir, <strong>al búho no le gusta la presencia humana</strong>, es muy susceptible a eso”, explica García-Murcia. “Además, en las regiones que son más escarpadas encontramos menos búhos porque allí el bosque es mucho más simplificado, no tiene muchos elementos. El búho prefiere los bosques estructuralmente mucho más complejos que se dan en las zonas más planas”.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279802"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/07054435/WhatsApp-Image-2025-06-22-at-12.36.33-PM.jpeg" alt="Búho de Santa Marta - Colombia" class="wp-image-279802" style="aspect-ratio:1.0229166666666667;width:1964px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Conservar al búho de Santa Marta y su hábitat ayudaría a proteger otras especies en la Sierra Nevada de Santa Marta, un importante centro mundial de endemismo de aves. Foto: cortesía Sergio García-Murcia</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Lo que falta conocer fuera de El Dorado</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La investigación ofrece datos sobre una zona concreta de la cara noroccidental de la Sierra Nevada. Guido Spinelli, biólogo de Otus Conservation que ha trabajado con el búho pero no participó en este artículo, considera que estos resultados <strong>son una base para orientar nuevas búsquedas</strong>. Advierte, sin embargo, que hace falta estudiar otros sectores antes de asumir que las densidades observadas en El Dorado se repiten en toda la montaña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Uno lo que esperaría es que en el resto de bosques conservados estuviera la misma situación de la estancia del búho”, comenta. Se trata de una expectativa, no de una estimación de sus poblaciones fuera de la reserva. Entre las tareas que propone está explorar otras zonas mediante monitoreo acústico para confirmar la presencia de la especie y evaluar las condiciones de los bosques donde se encuentre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">García-Murcia y Gutiérrez-Guillén cuentan que el equipo trabaja en otra investigación sobre la distribución del búho y su riesgo de extinción, pero esos análisis aún no forman parte de los resultados publicados en este artículo. Para García-Murcia, también <strong>hacen falta planes de manejo que reúnan investigación, educación ambiental y decisiones de conservación tomadas con quienes habitan la Sierra.</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279803"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/07055103/DSCN5518.jpg" alt="Búho de Santa Marta - Colombia" class="wp-image-279803" style="aspect-ratio:0.75;width:1350px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Un búho de Santa Marta observado por los investigadores durante los trabajos de campo en el bosque. Foto: cortesía Sergio García-Murcia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Algo muy importante también es involucrar a las comunidades: la conservación no solo se hace con un artículo científico, <strong>la conservación se tiene que dar desde los territorios</strong>”, afirma el investigador. Gutiérrez-Guillén coincide en que proteger el hábitat y ampliar el conocimiento de la especie son pasos complementarios porque permitirían identificar qué áreas requieren atención y seguir sus cambios a futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conservar estos bosques es también <strong>una forma de proteger el hábitat de otras especies</strong> de la Sierra Nevada de Santa Marta, uno de los grandes centros de endemismo de aves del mundo, explica García-Murcia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“La Sierra Nevada de Santa Marta es una joya no solo para las aves, sino para muchos otros organismos”, concluye el ornitólogo. “Es como <strong>una isla en el cielo</strong> donde solo las especies que están ahí se encuentran en ese pedacito de territorio”.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279804"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/07055301/IMG20250131174656-scaled.jpg" alt="Búho de Santa Marta - Colombia" class="wp-image-279804" style="aspect-ratio:1.3278008298755186;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Según el estudio, es fundamental conservar los bosques dentro del área de distribución del búho, así como limitar su degradación progresiva causada por la apertura de claros, la ampliación de carreteras y la construcción de viviendas. Se deben prevenir y mitigar las actividades humanas relacionadas con la infraestructura y los bordes del bosque. Foto: cortesía Sergio García-Murcia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal:</strong> el búho de Santa Marta (Megascops gilesi) es un ave rapaz endémica de Colombia, restringida a la Sierra Nevada de Santa Marta. <strong>Foto:</strong> cortesía Jorge Luis Gutiérrez-Guillén</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por</em> <a href="https://es.mongabay.com/by/astrid-arellano/">Astrid Arellano</a> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/10/buho-santa-marta-especie-desconocida-colombia-necesita-arboles-altos-bromelias/" data-type="link" data-id="https://es.mongabay.com/2026/10/buho-santa-marta-especie-desconocida-colombia-necesita-arboles-altos-bromelias/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133804</guid>
        <pubDate>Wed, 07 Oct 2026 16:13:09 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Un bosque para el búho de Santa Marta: la desconocida especie colombiana que necesita árboles altos y bromelias &#124; ESTUDIO]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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        <item>
        <title>Las entregas voluntarias: un punto ciego del tráfico de pequeños felinos en Colombia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/las-entregas-voluntarias-un-punto-ciego-del-trafico-de-pequenos-felinos-en-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una persona, en cualquier lugar de Colombia, llega a una autoridad ambiental con un tigrillo entre los brazos. Dice que ya no puede cuidarlo. Un funcionario recibe al animal, diligencia un acta de «entrega voluntaria» y el felino pasa a un centro de atención de fauna silvestre. En apariencia, el procedimiento cumple un objetivo de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Una figura creada para facilitar la entrega de animales silvestres en tenencia ilegal podría estar dificultando la comprensión de la verdadera dimensión del tráfico de pequeños felinos en el país.</em></li>



<li><em>El 60 % de estas especies registradas por las autoridades ambientales en Colombia fueron recibidos mediante una entrega voluntaria.</em></li>



<li><em>El ocelote aparece como el animal más recuperado por esta vía: representa el 56.7 % de los individuos identificados en una investigación publicada este año en la revista Biological Conservation.</em></li>



<li><em>Expertas en tráfico de fauna aseguran que los datos disponibles no permiten reconstruir de manera sistemática qué ocurrió con los animales antes de ser recuperados bajo esta figura.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Una persona, en cualquier lugar de Colombia, llega a una autoridad ambiental con un tigrillo entre los brazos. Dice que ya no puede cuidarlo. Un funcionario recibe al animal, diligencia un acta de «<strong>entrega voluntaria</strong>» y el felino pasa a un centro de atención de fauna silvestre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En apariencia, el procedimiento cumple un objetivo de conservación: sacar a un animal silvestre del cautiverio y darle una nueva oportunidad: rehabilitarlo y devolverlo a su hábitat natural o mantenerlo en un centro especializado para su cuidado. <strong>Investigadores que analizaron más de 600 registros oficiales</strong> de entregas voluntarias de pequeños felinos en el país encontraron que esta vía se ha convertido en la principal forma en que estos animales ingresan al sistema de las autoridades ambientales en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El hallazgo abrió una pregunta que hoy no tiene respuesta: <strong>¿cuántos de esos animales provienen del tráfico ilegal de fauna?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El interrogante surgió de manera inesperada. Natalia Muñoz Cassolis, abogada e investigadora especializada en comercio de vida silvestre, buscaba entender la magnitud del tráfico de jaguares en Colombia cuando, junto con otros investigadores, solicitó información a las autoridades ambientales del país sobre todos los felinos que habían ingresado a su cuidado bajo distintas figuras administrativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Cuando empecé a limpiar las bases de datos fue evidente que había muchísimos pequeños felinos y que las entregas voluntarias predominaban sobre los demás mecanismos», recuerda Muñoz Cassolis.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre 2015 y 2021, <strong>más del 60 % de los registros recopilados correspondían a entregas voluntarias,</strong> muy por encima de decomisos e incautaciones. El dato <a href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=5351720">fue publicado este año en la revista</a> <a href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=5351720">Biological Conservation</a> y constituye uno de los primeros análisis sobre pequeños felinos recuperados en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El estudio documentó 643 entregas voluntarias que involucraron 708 felinos de 11 especies distintas, entre 2015 y noviembre de 2021. El ocelote (<em>Leopardus pardalis</em>) fue, por mucho, la especie más afectada: representó el 56.7 % de los individuos registrados, casi cinco veces más que la segunda especie más común, la oncilla (<em>Leopardus tigrinus</em>).</p>



<p class="wp-block-paragraph">“El tamaño hace que la gente los quiera tener», explica Johana Herrera, investigadora y coautora del estudio, vinculada actualmente a <a href="https://www.wwf.org.co/">WWF Colombia</a>. «Algunas especies se ven como gatos grandes y esa apariencia puede resultar atractiva para algunas personas. Diferente a que fuera un jaguar o un puma, que ya tiene que estar en otras condiciones”, dice.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp; <a href="https://es.mongabay.com/2026/09/colombia-cangrejos-violinistas-golfo-de-uraba-fragmentan-microplasticos-contaminacion/">Colombia: cangrejos violinistas del Golfo de Urabá fragmentan microplásticos que podrían ser nueva fuente de contaminación | ESTUDIO</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_278078"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/09/11184539/Asi-se-recupera-una-cria-de-yaguarundi-rescatada-en-el-norte-del-Huila-10.jpg" alt="Entregas voluntarias: un punto ciego del tráfico de pequeños felinos en Colombia" class="wp-image-278078" style="aspect-ratio:1.2066365007541477;width:1600px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Una cría de yaguarundí (<em>Herpailurus yagouaroundi</em>) recuperada en el departamento del Huila, en mayo de 2025, es sostenida por una funcionaria de la Corporación Autónoma del Alto Magdalena en el Hogar de Paso de Fauna Silvestre de la autoridad ambiental. Foto: cortesía CAM</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero <strong>el porcentaje de ocelotes entregados voluntariamente no fue lo único que sorprendió al equipo</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Empecé a buscar dónde estaba regulada la figura de la entrega voluntaria y no la encontraba en ninguna parte», explica Muñoz Cassolis. «Hasta que descubrí que la definición aparece únicamente en un anexo de la <a href="https://www.minambiente.gov.co/wp-content/uploads/2021/10/Resolucion-2064-de-2010.pdf">Resolución 2064</a> del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, entidad pública que existió bajo ese nombre hasta 2011, cuando se dividió en dos carteras independientes. Ahí fue cuando <strong>entendimos que había un problema jurídico importante</strong>«.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La resolución define la entrega voluntaria como el ”acto mediante el cual un tenedor desiste de conservar un animal como mascota ya sea por pesar, porque enferma, se volvió agresivo o porque ha sido encontrado en la vía pública o en el campo, herido o desamparado y desean garantizarle su bienestar”. Para Muñoz Cassolis, esa definición entra en tensión con el resto del marco jurídico colombiano <a href="https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=259656">que prohíbe la tenencia de fauna silvestre sin autorización.<br></a><br>«Hay una completa desconexión entre la definición de entregas voluntarias y lo que dice el resto del ordenamiento legal sobre la tenencia de fauna», afirma.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un sistema con demasiados vacíos</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Las dudas no terminan en la norma. Cuando los investigadores comenzaron a revisar la información enviada por las Corporaciones Autónomas Regionales —máximas autoridades ambientales a nivel regional— encontraron otro problema: <strong>el país ni siquiera cuenta con un sistema consolidado para registrar estos casos.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">«No existe un sistema nacional funcionando», explica Muñoz Cassolis. «Cada autoridad maneja su propia información y muchas llevan simplemente un archivo en excel.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque hace 17 años, en la <a href="https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=36879">Ley 1333 de 2009</a>, el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial (hoy <a href="https://www.minambiente.gov.co/">Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible</a> – MADS) asumió el compromiso de crear el <a href="https://pifs.minambiente.gov.co/">Portal de Información sobre Fauna Silvestre (PIFS)</a>, el sistema no se encuentra actualmente disponible para consulta pública. Según respondió el Ministerio a <strong>Mongabay Latam</strong>, el PIFS tuvo una primera versión, pero actualmente está siendo sometido a revisión y ajustes técnicos y tecnológicos, por lo que aún no existe una fecha definitiva para su puesta en funcionamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque el MADS asegura que las entregas voluntarias forman parte de la información que deben registrar las autoridades ambientales y que existen instrumentos nacionales para documentar aspectos como la procedencia reportada, la fecha y circunstancias de recepción, la identificación del animal y su disposición final, <strong>los investigadores encontraron problemas de calidad y homogeneidad en la información que analizaron</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las bases de datos de las corporaciones regionales presentan nombres científicos incompletos, errores de identificación de especies, campos vacíos y formatos diferentes entre autoridades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Francisco Perera, encargado del análisis estadístico del estudio, encontró que incluso aspectos básicos variaban según la entidad que hubiera diligenciado el registro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Algunas escribían la especie completa; otras solo registraban el género y otras simplemente anotaban ‘felino’. Eso limita mucho cualquier análisis», explica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Herrera detalla un problema adicional de identificación. Ocelote, margay y oncilla pertenecen al mismo género, <em>Leopardus</em>, y son fácilmente confundibles para quien no tiene entrenamiento especializado. «Un policía tal vez va a decir: ‘No, eso es un tigrillo’, y un tigrillo puede ser un ocelote, puede ser un margay, puede ser una oncilla», explica. «No hay mucha confiabilidad de que se identifique bien la especie.»</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más | <a href="https://es.mongabay.com/2026/08/rescate-fauna-frenar-trafico-cumplir-leyes-controlar-educar-entrevista/">“La solución no es crear más centros de custodia; es frenar el tráfico, hacer cumplir las leyes, controlar y educar” | ENTREVISTA</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_278076"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/09/11184531/RECUPERACION-OCELOTE.jpg" alt="Entregas voluntarias: un punto ciego del tráfico de pequeños felinos en Colombia" class="wp-image-278076" style="aspect-ratio:1.65;width:660px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Un miembro de la Policía Nacional sostiene un ocelote (<em>Leopardus pardalis</em>) recuperado en Tumaco, Nariño, en abril de 2025, donde permanecía en cautiverio ilegal. Foto: cortesía Policía Nacional de Colombia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Los instrumentos nacionales contemplan mecanismos para reconstruir parte de la historia del animal, pero no garantizan que esa trazabilidad sea completa. El Ministerio de Ambiente explicó a <strong>Mongabay Latam</strong> que los registros pueden incluir información sobre la procedencia reportada, las circunstancias de recepción, la identificación del ejemplar, su historia clínica y el manejo previo. Sin embargo, el Ministerio reconoció que estos instrumentos <strong>no permiten necesariamente verificar cuánto tiempo permaneció un animal en cautiverio o cómo fue adquirido</strong>: esos aspectos deben ser investigados y valorados por la autoridad en cada caso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, en la base de datos analizada, los investigadores no encontraron información suficiente para reconstruir sistemáticamente quién entregó cada animal, cuánto tiempo permaneció en cautiverio o cómo llegó hasta la persona que finalmente lo entregó.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«Está muy raro que no se anote quién entrega el animal»</strong>, dice Perera. <strong>«Sin esa información es imposible saber si existen reincidencias o identificar patrones.»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta del Ministerio ayuda a explicar parte de esa dificultad. La cartera dice que, aunque la normativa permite solicitar y registrar los datos de identificación de quien entrega un animal, la Resolución 2064 no establece que la identificación plena de la persona sea un requisito absoluto para recibir y atender al ejemplar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, ¿en qué caso una entrega voluntaria llega a convertirse en una investigación penal? La respuesta tampoco está clara para las propias instituciones.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una pista que se pierde entre instituciones</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para entender si las entregas voluntarias terminan derivando en investigaciones por tráfico de fauna, <strong>Mongabay Latam</strong> consultó a la <a href="https://www.fiscalia.gov.co/">Fiscalía General de la Nación</a>. La respuesta mostró otra limitación institucional: la entidad aseguró que sus sistemas de información no permiten identificar cuántas investigaciones se originaron a partir de una entrega voluntaria de fauna silvestre, pues esa variable no existe dentro de sus mecanismos de consulta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Fiscalía también informó que no lleva un registro</strong> <strong>diferenciado que permita saber si una investigación comenzó por una entrega voluntaria, un decomiso o una incautación</strong>, por lo que tampoco puede generar estadísticas bajo esos criterios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa ausencia de información coincide con una de las principales preocupaciones planteadas por las autoras del estudio.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_278075"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/09/11184529/recuperacion_triguillo.jpg" alt="Entregas voluntarias: un punto ciego del tráfico de pequeños felinos en Colombia" class="wp-image-278075" style="aspect-ratio:1.3925;width:557px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Un pequeño felino, que era mantenido como mascota, fue recuperado por la Policía en mayo de 2018 en el departamento de Vichada y entregado a Corporinoquia. El caso terminó con la captura del hombre que llevaba al animal, quien, según la Policía, dijo haberlo encontrado y conservado como mascota. Foto: cortesía Policía Nacional</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La Fiscalía indicó, además, que <strong>una entrega voluntaria no genera automáticamente una noticia criminal.</strong> Eso significa que la sola entrega de un animal silvestre no implica que exista una investigación penal, aunque, como lo explica Muñoz Cassolis, la tenencia de fauna silvestre sin autorización está prohibida por la legislación colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La entidad también reconoció que no cuenta con herramientas para establecer si una persona que hizo una entrega voluntaria volvió a aparecer posteriormente en otra investigación por tráfico de fauna, ya que sus sistemas tampoco registran esa información.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;</strong><a href="https://es.mongabay.com/2026/08/tres-tipos-ganaderia-avanzan-sobre-habitat-jaguar-bosque-seco-sudamerica-estudio/"><strong>Tres tipos de ganadería avanzan sobre el hábitat del jaguar en el bosque seco de Sudamérica | ESTUDIO</strong></a></p>



<h2 class="wp-block-heading">Un problema difícil de medir</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El tráfico de fauna es, por definición, un mercado clandestino. Por eso los investigadores trabajan con indicadores indirectos, como decomisos, incautaciones o registros oficiales, para aproximarse a su dimensión.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Las entregas voluntarias podrían ser otro de esos indicadores. El problema es que hoy permanecen en una zona gris.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El Ministerio de Ambiente hizo una precisión importante a <strong>Mongabay Latam</strong>: las entregas voluntarias sí forman parte de la información que reportan las autoridades ambientales, pero no pueden equipararse automáticamente con tráfico ilegal. Según el Ministerio, <strong>establecer si detrás de una entrega hubo tenencia ilegal, rescate o una posible cadena de comercialización requiere analizar las circunstancias particulares de cada caso.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«Si esta figura no está siendo analizada dentro del fenómeno del tráfico, entonces estamos subestimando el problema»</strong>, explica Herrera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La investigadora aclara que el equipo no afirma que todas las entregas voluntarias correspondan a tráfico ilegal. Muchas personas, dice, efectivamente rescatan animales o deciden entregarlos cuando comprenden que no pueden mantenerlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, también existen otros escenarios posibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Si una persona tiene un animal en su casa, la pregunta es cómo llegó hasta allí», señala. «Puede haber alguien que lo rescató de buena fe, pero también puede existir una cadena de comercialización detrás de ese animal.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para los investigadores, <strong>la falta de trazabilidad impide diferenciar esos escenarios.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El vacío tiene además una dimensión internacional. La <a href="https://cites.org/esp/disc/text.php">Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas</a> (CITES), el marco global de referencia para medir el tráfico de fauna, solo contabiliza decomisos e incautaciones. «Al parecer, la figura de entrega voluntaria todavía no está siendo reconocida como un dato dentro de esa cuantificación del tráfico», dice Herrera. Es decir, <strong>mientras la cifra oficial internacional no incluya las entregas voluntarias, cualquier estimación del problema en Colombia, y en la región, arranca ya subestimada.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Muñoz Cassolis resume así la limitación de fondo: «Tienes unos sesgos de entrada. Solo estás viendo lo que la autoridad es capaz de capturar o lo que la gente es capaz de entregar, pero no tienes ninguna forma de medir qué es lo que no está siendo capturado o qué es lo que no está siendo entregado. Es decir, el iceberg completo».</p>



<h2 class="wp-block-heading">Educación o sanción</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Las respuestas obtenidas por <strong>Mongabay Latam</strong> a través de derechos de petición muestran que las autoridades ambientales tampoco actúan de manera uniforme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Corantioquia —autoridad ambiental de 80 municipios del departamento de Antioquia— aseguró que cuando una persona realiza una entrega voluntaria, la Corporación privilegia un enfoque pedagógico. Según la entidad, quienes entregan animales reciben información sobre la normatividad ambiental, la importancia ecológica de la fauna silvestre y las consecuencias de reincidir en este tipo de conductas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Corporación explicó que la estrategia busca incentivar que las personas entreguen voluntariamente animales mantenidos en cautiverio y evitar que permanezcan en condiciones inadecuadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cornare —autoridad ambiental de las cuencas de los ríos Negro y Nare—indicó que evalúa cada caso de manera individual para determinar si existen elementos suficientes para iniciar un procedimiento sancionatorio ambiental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas respuestas reflejan, precisamente, una de las preocupaciones planteadas por los investigadores: <strong>la ausencia de criterios homogéneos sobre cómo debe aplicarse la figura.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El Ministerio de Ambiente, sin embargo, no reconoce por ahora la existencia de un vacío regulatorio específico. En su respuesta a <strong>Mongabay Latam</strong>, señaló que actualmente revisa la aplicación de la Resolución 2064, incluida la recepción, el registro, la trazabilidad y la disposición de los animales entregados voluntariamente, con el propósito de identificar oportunidades de mejora y precisar responsabilidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«La ley está en un papel», dice Muñoz Cassolis. «Pero quien la aplica también tiene percepciones sociales, culturales y jurídicas que terminan determinando cómo actúa.»</p>



<h2 class="wp-block-heading">Lo que el Estado todavía no sabe</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El estudio no concluye que las entregas voluntarias estén siendo utilizadas sistemáticamente para encubrir el tráfico de fauna. Tampoco sostiene que quienes entregan animales formen parte de redes criminales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que sí evidencia es que <strong>el Estado colombiano no dispone hoy de la información necesaria para responder esas preguntas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">«Podemos tener medidas de justicia restaurativa, trabajo social, jornadas educativas», dice Muñoz Cassolis. «No estoy diciendo que a todo el mundo hay que meterlo preso o ponerle multas, pero tenemos que saber de dónde sale esto”, asegura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras las autoridades ambientales continúan recibiendo animales bajo esta figura, <strong>el Estado colombiano sigue sin saber cuántos corresponden a rescates genuinos,</strong> cuántos a tenencias ilegales aisladas y cuántos podrían ser la última evidencia visible de una cadena de tráfico que nunca llegó a investigarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal:</strong> en octubre de 2025, una ocelote juvenil fue entregada voluntariamente a la Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia (Corantioquia) después de ser encontrada en una vivienda del municipio de Caucasia, Antioquia, donde permanecía bajo tenencia humana. Tras varios meses de atención veterinaria y rehabilitación, fue liberada. <strong>Foto:</strong> cortesía Corantioquia</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/natalia-pedraza-bravo/">Natalia Pedraza Bravo</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/09/entregas-voluntarias-punto-ciego-trafico-pequenos-felinos-colombia/" data-type="link" data-id="https://es.mongabay.com/2026/09/entregas-voluntarias-punto-ciego-trafico-pequenos-felinos-colombia/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133111</guid>
        <pubDate>Thu, 17 Sep 2026 17:29:23 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Corantioquia-devuelve-a-la-libertad-a-una-ocelote-tras-meses-de-rehabilitacion-1024x683-1.jpeg?quality=60&amp;#038;w=1024" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Las entregas voluntarias: un punto ciego del tráfico de pequeños felinos en Colombia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Día Internacional de los Primates: tres proyectos para salvarlos del tráfico y la pérdida de hábitat</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/dia-internacional-de-los-primates-tres-proyectos-para-salvarlos-del-trafico-y-la-perdida-de-habitat/</link>
        <description><![CDATA[<p>Las diferentes especies de primates de América Latina padecen una crisis ecológica alarmante y se encuentran en las categorías de mayor riesgo según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).&nbsp;Una buena parte de los primates están a un paso de la extinción en estado salvaje&nbsp;debido a la destrucción [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Cada 1° de septiembre se celebra un día para activar proyectos de conservación y mitigar los riesgos que enfrentan estas especies, especialmente las más pequeñas.</em></li>



<li><em>En Bolivia, un refugio de animales recibe primates víctimas de tráfico ilegal mientras lucha contra las amenazas de la minería ilegal.</em></li>



<li><em>En Colombia, la pérdida de hábitat es el riesgo más grande para estas especies pero existen proyectos para instalar corredores y salvar territorios afectados.</em></li>



<li><em>En Perú, el tráfico es una de las amenazas más frecuentes y una serie de planes de conservación busca frenar el impacto de esta actividad ilegal.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Las diferentes especies de primates de América Latina padecen una crisis ecológica alarmante y se encuentran en las categorías de mayor riesgo según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).&nbsp;<strong>Una buena parte de los primates están a un paso de la extinción en estado salvaje</strong>&nbsp;debido a la destrucción masiva de sus hábitats, pero también debido a la caza y el tráfico ilegal. En diferentes países existen planes para salvar a estas especies.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada 1° de septiembre se celebra el Día Internacional de los Primates.&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;contactó a expertos de&nbsp;<strong>Bolivia, Colombia y Perú</strong>&nbsp;para conocer las amenazas que sufren las 217 especies de primates que viven en América Latina.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_277362"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/31224524/Yellow-tailed-woolly-monkey_%C2%A9Gerson-Ferrer-Yunkawasi-1-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-277362" style="aspect-ratio:1.4997070884592854;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Un mono lanudo de cola amarilla trepando árboles en Perú. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Entre los más afectados de la región figuran el mono araña o marimono (<em>Ateles chamek</em>), el chango o mono araña centroamericano (<em>Ateles geoffroyi</em>) y el tití de cabeza amarilla (<em>Callithrix flaviceps</em>). También, el mono capuchino de Brasil (<em>Cebus kaapor</em>), el mono capuchino ecuatorial (<em>Cebus aequatorialis</em>), el tití de alta Floresta (<em>Plecturocebus grovesi</em>), el mono guariba (<em>Alouatta guariba</em>) y el mono araña de cabeza café (<em>Ateles fusciceps</em>). Estos datos son recogidos por la UICN.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El refugio en Bolivia que rescata a primates víctimas del mascotismo</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Senda Verde es uno de los refugios de animales más grandes de Bolivia. Allí habitan 350 primates de al menos nueve especies, que, explica su directora, Vicky Ossio, fueron rescatados del tráfico ilegal.&nbsp;<strong>Muchos de ellos fueron capturados para ser vendidos como mascotas.</strong>&nbsp;Ahora, este refugio también enfrenta la amenaza de la minería ilegal que avanza sobre sus límites geográficos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Todos los primates que están ahora en el refugio fueron víctimas de tráfico ilegal.</strong>&nbsp;La mayoría de las especies que están en Senda Verde son el mono araña, los monos aulladores y los capuchinos, que, solo ellos, conforman un grupo de más de 140 individuos”, detalló Ossio en contacto con&nbsp;<strong>Mongabay Latam.</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_207087"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2019/07/07150636/Senda-Verde-26.jpg" alt="" class="wp-image-207087" style="aspect-ratio:0.868;width:1736px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Primates en el refugio Senda Verde. Foto: cortesía Senda Verde</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La experta relató que los primates llegan a Senda Verde en “pésimo estado” porque&nbsp;<strong>al ser víctimas de tráfico o ser utilizados como mascotas las condiciones</strong>&nbsp;<strong>de estas especies son “deplorables” debido a la alimentación que recibieron</strong>. Por ejemplo, contó que la última primate que llegó al refugio es una cría de mono araña y que la familia que la tenía le daba pan y leche de vaca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Llegan mal alimentados porque la gente que compra estos primates que son víctimas de tráfico piensa que hacen bien dándoles comida de humanos.&nbsp;<strong>Alimentar mal a un animal constituye maltrato y es importante que la gente sepa eso.</strong>&nbsp;Los primates llegan [a Senda Verde] físicamente y mentalmente muy dañados. Hay que recuperar la confianza y algunos no se recuperan nunca”, relató Ossio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La directora de Senda Verde afirmó que en Bolivia&nbsp;<strong>la especie de primate más afectada por el tráfico ilegal es el mono araña o marimono</strong>, el primate más grande de ese país. “Esta especie es la más vulnerable no solo por tráfico, sino también porque son alimento de pueblos indígenas”, dijo Ossio.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_191165"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2017/07/03183234/9-Amboro.jpg" alt="" class="wp-image-191165" style="aspect-ratio:1.293103448275862;width:1200px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">El mono araña (<em>Ateles chamek</em>) es una de las especies de monos que pueden verse con mayor frecuencia en el parque Amboró, Bolivia. Foto: cortesía Eduardo Franco Berton</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Esta especie enfrenta un escenario cada vez más preocupante en Bolivia. La especie fue recategorizada en 2026&nbsp;<strong>de Vulnerable (VU) a En Peligro (EN) en la nueva edición del Libro Rojo</strong>&nbsp;<strong>de Vertebrados de Bolivia</strong>, debido al fuerte descenso de sus poblaciones y al incremento de las amenazas que enfrenta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La evaluación científica establece que la población del mono araña o marimono a nivel global se redujo en&nbsp;<a href="https://www.laregion.bo/wp-content/uploads/2026/06/LibroRojoDeLosVertebradosDeBolivia_VOLUMEN_5_MAMIFEROS.pdf">al menos un 50 % durante los últimos 45 años.</a><strong>&nbsp;Entre las principales causas se encuentran la pérdida y fragmentación de su hábitat</strong>&nbsp;por incendios, deforestación, construcción de caminos, minería y expansión agropecuaria. A esto se suman la cacería, el tráfico ilegal y el uso de estos animales como mascotas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas actividades están prohibidas por la normativa boliviana que protege a la fauna silvestre, ya sea a través de la Ley 1.333 de Medio Ambiente como del Decreto Supremo 4489, que refuerza las disposiciones relacionadas con la conservación, bienestar y preservación de la fauna silvestre, incluyendo restricciones a la caza, comercialización y tenencia ilegal.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_211015"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2019/12/02112456/Monitos-aulladores-senda-verde-1.jpeg" alt="" class="wp-image-211015" style="aspect-ratio:1.1313813813813813;width:1507px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Monos aulladores en el refugio Senda Verde. Foto: cortesía Senda Verde</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El Libro Rojo de Vertebrados de Bolivia explica que el mono araña o marimono permaneció en la categoría Vulnerable durante evaluaciones anteriores y que<strong>&nbsp;ahora su situación exige medidas de conservación más urgentes</strong>. Según Ossio, una de las mayores dificultades para recuperar las poblaciones de mono araña está relacionada con su baja capacidad reproductiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Las hembras alcanzan la madurez sexual aproximadamente entre los cuatro y seis años y tienen, en promedio, una sola cría cada tres o cuatro años.</strong>&nbsp;Esto significa –dijo Ossio- que la pérdida de individuos adultos o de crías tiene consecuencias importantes para la supervivencia de las poblaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de períodos de cacería o extracción<strong>, la recuperación puede tomar décadas,</strong>&nbsp;especialmente cuando la pérdida de animales ocurre al mismo tiempo que la destrucción de los bosques donde viven.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_277364"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/31225502/777882458_1377408931234780_30847433173897722_n.jpg" alt="" class="wp-image-277364" style="aspect-ratio:1.3333333333333333;width:768px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Se detectó minería ilegal en los límites del refugio Senda Verde. Foto: cortesía AJAM</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ossio denunció que en Senda Verde, el refugio que está en los Yungas de La Paz, la minería ilegal está destruyendo sus límites. La ambientalista informó qu<strong>e una cooperativa minera excavó con maquinaria pesada sobre una superficie de 100 metros cuadrados</strong>&nbsp;y una profundidad de hasta 30 metros. Esa acción pone en riesgo el santuario que alberga a más de 1100 animales de más de 70 diversas especies. Hubo dos aprehendidos, pero recuperaron la libertad.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Colombia: primates que pierden sus bosques</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia&nbsp;<strong>es el tercer país con mayor diversidad de primates en América Latina,</strong>&nbsp;pero más de la mitad de sus especies enfrenta algún grado de amenaza, según el estudio&nbsp;<a href="https://raccefyn.co/index.php/raccefyn/article/view/3321"><em>Retos de la conservación y el conocimiento de los primates en el departamento de Tolima, Colombia</em></a>, publicado en la Revista De La Academia Colombiana De Ciencias Exactas, Físicas Y Naturales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese país hay 38 especies de primates, nueve de ellas endémicas.<strong>&nbsp;Las dos especies más afectadas son el tití cabeciblanco</strong>&nbsp;(<em>Saguinus oedipus</em>)&nbsp;<strong>y el mono araña café</strong>&nbsp;(<em>Ateles hybridus</em>), que en Colombia están catalogadas en peligro crítico de extinción.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_277365"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/31225556/Mono-Arana_13__MG_9994-768x511-1.jpg" alt="" class="wp-image-277365" style="aspect-ratio:1.5029354207436398;width:768px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Un mono araña en los bosques de Colombia. Foto: cortesía Fundación Proyecto Primates</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Andrés Link, biólogo y profesor del departamento de Biología de la Universidad de Los Andes, explicó a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;que el mayor riesgo que enfrentan los primates en Colombia es la pérdida de hábitat en todas las regiones del país.&nbsp;<strong>“Se siguen perdiendo los ecosistemas naturales, los bosques,</strong>&nbsp;sobre todo, y eso lleva de la mano el declive de las poblaciones de los primates que dependen de estos bosques para vivir”, dijo el experto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Link añadió que el tráfico y la cacería son las otras amenazas que enfrentan los primates en Colombia. “Este sigue siendo un problema porque los primates tienen ciclos de vida muy lentos y<strong>&nbsp;les cuesta recuperarse de pérdidas de individuos de sus poblaciones.</strong>&nbsp;Hay un tráfico de vida silvestre bastante grande en Colombia y los primates son algunas de las especies que más se trafican”, afirmó el biólogo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El experto es fundador de la Fundación Proyecto Primates, que se dedica al estudio y a proyectos de conservación de algunas de estas especies. Link es experto en&nbsp;<strong>el mono araña café, que en Colombia es uno de los monos más amenazados por el tráfico y la pérdida de su hábitat.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los primeros pasos de Link cerca del mono araña café fueronen la zona de Macarena, donde trabajó como asistente de campo del científico Pablo Stevenson. Esa labor fue hasta que el conflicto armado lo obligó a salir en 2001, pues la extinta guerrilla de las FARC tomó el control de esa área. En 2005 regresó a Colombia y desde ese año no paró en su labor de defensor e investigador de los primates.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_277366"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/31225641/P1020518-1-min-1024x768-1.jpg" alt="" class="wp-image-277366" style="aspect-ratio:1.3333333333333333;width:1024px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Los primates en Colombia son afectados principalmente por la pérdida de su hábitat. Foto: cortesía Fundación Proyecto Primates</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Diría que lo primero que se debe hacer es tratar de detener la destrucción de los hábitats que todavía existen.&nbsp;<strong>En muchos sitios, por ejemplo, el bosque seco tiene menos del 5 % de lo que era el bosque seco original y la Amazonía se está perdiendo rápidamente</strong>. Entonces, la primera cosa para salvarlos sería proteger todos los hábitats donde ahora viven los primates”, dijo Link.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un segundo paso, resaltó Link, será mejorar las condiciones de los primates&nbsp;<strong>a través de corredores y enriquecimiento de sitios que ya están degradados.</strong>&nbsp;“Pero lo más importante es detener la deforestación tan fuerte que se da en Colombia y tratar de detener el tráfico, que es la otra amenaza”, dijo el biólogo.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_277367"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/31225743/P1020521-min-768x576-1.jpg" alt="" class="wp-image-277367" style="aspect-ratio:1.3333333333333333;width:768px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Colombia es el tercer país con mayor diversidad de primates en la región. Foto: cortesía Fundación Proyecto Primates</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Como una medida de conservación, la Fundación Proyecto Primates&nbsp;<strong>construyó viveros de especies nativas y las plantó para crear corredores</strong>&nbsp;entre los bosques que aún quedan de pie. Con esta iniciativa los primates pueden moverse por una extensión más larga. Según esta fundación, hasta mayo de 2025 se sembraron alrededor de 15 de estos corredores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“El proceso de recuperación del ecosistema es lento, realizado, precisamente, con la paciencia de personas que están acostumbradas a quedarse quietas por horas observando a monos araña en temperaturas que están por encima de los 30 °C y rodeados de mosquitos”, relató Link, quien añadió que,&nbsp;<strong>luego de&nbsp;tres años de plantar los primeros ejemplares, en los corredores se empezaron</strong>&nbsp;<strong>a ver pasar especies terrestres, como jaguares, pumas y paujiles</strong>. Y a los cinco o seis años comenzaron a transitar especies trepadoras de árboles, como los puercoespines y los mismos monos araña.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Perú: los regeneradores del bosque en peligro</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En Perú, la situación de los primates tampoco es alentadora. Una de las principales amenazas para estas especies sigue siendo la pérdida y fragmentación de sus bosques.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fanny Cornejo, directora ejecutiva de Yunkawasi y co-vicepresidenta de países andinos del grupo de especialista de primates de la IUCN, explicó a<strong>&nbsp;Mongabay Latam</strong>&nbsp;que esta pérdida se da principalmente por<strong>&nbsp;el cambio de uso del suelo, la expansión de actividades productivas no sostenibles</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>el desarrollo de infraestructura sin una adecuada planificación territorial.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Como resultado,&nbsp;<strong>las poblaciones de primates quedan aisladas en espacios cada vez más pequeños,</strong>&nbsp;con menos alimento y mayores dificultades para desplazarse y reproducirse”, dijo Cornejo.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_277368"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/31225838/Yellow-tailed-woolly-monkey_%C2%A9Gerson-Ferrer-Yunkawasi-4-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-277368" style="aspect-ratio:1.4997070884592854;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Un mono lanudo de cola amarilla en los bosques de Perú. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso del tráfico ilegal, Cornejo explicó que muchas veces se mata a la madre primate para poder capturar a la cría.&nbsp;<strong>“Luego estos animales son trasladados durante días, escondidos en cajas o costales, sin alimento ni cuidados adecuados. Muchos mueren en el camino y los que sobreviven suelen llegar con heridas, desnutrición y un nivel muy alto de estrés</strong>”, lamentó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los primates, explicó Cornejo,<strong>&nbsp;cumplen un papel fundamental en la regeneración de los bosques porque dispersan las semillas de los frutos que consumen.</strong>&nbsp;“Por eso, cuando perdemos primates, también estamos perdiendo a algunos de los principales aliados que tienen nuestros bosques para recuperarse”, dijo la bióloga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según Cornejo, que obtuvo datos del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR),&nbsp;<strong>entre enero y octubre de 2025 se registraron más de 3500 animales silvestres afectados por el tráfico ilegal</strong>. Los mamíferos fueron el tercer grupo con más registros, después de las aves y los reptiles, y dentro de los mamíferos los primates fueron los más afectados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Pero esas cifras son solo una parte del problema. Por cada animal que logra ser recuperado,&nbsp;<strong>no sabemos cuántos otros recorrieron la misma ruta sin ser detectados o murieron durante la captura</strong>&nbsp;y el traslado. Mientras sigan existiendo personas que quieran comprar un mono, tenerlo como mascota, exhibirlo o utilizarlo para una fotografía, seguirá habiendo alguien dispuesto a sacarlo del bosque”, resaltó Cornejo.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_277369"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/31225944/Yellow-tailed-woolly-monkey_%C2%A9Gerson-Ferrer-Yunkawasi-1-1-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-277369" style="aspect-ratio:1.4997070884592854;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">En Perú, los primates también son víctimas del tráfico ilegal. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La bióloga explicó que&nbsp;<strong>los primates que aparecen con mayor frecuencia en el tráfico son principalmente especies amazónicas, que&nbsp;son capturadas para venderlas como mascotas y trasladadas desde la Amazonía</strong>&nbsp;hacia otras regiones y ciudades. Según los últimos datos que obtuvo, los monos frailes o monos ardillas fueron los más encontrados por las autoridades, junto con los machines, los pichicos y los leoncitos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“También se registran primates más grandes, como los monos choros, los maquisapas y los monos aulladores. En estos casos, el impacto puede ser todavía mayor porque&nbsp;<strong>para llevarse a una cría generalmente matan a la madre</strong>&nbsp;y estas especies tienen una reproducción lenta. La pérdida de un solo individuo adulto puede afectar a todo su grupo”, dijo Cornejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, la experta recalcó que un primate no debe vivir como mascota, ya que son animales muy sociales y que&nbsp;<strong>necesitan crecer junto con otros individuos de su especie</strong>, aprender de ellos y desplazarse por grandes áreas de bosque. “Una casa, una jaula o un patio nunca podrán reemplazar todo lo que necesitan para vivir y comportarse como primates”, dijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como medidas de conservación, Cornejo explicó que&nbsp;<strong>se necesita mayor vigilancia en los lugares donde los animales son capturados,</strong>&nbsp;pero también en las carreteras y terminales de buses, puertos y aeropuertos, donde pueden ser transportados, y en mercados y redes sociales, donde suelen ser&nbsp; comercializados.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_277370"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/08/31230024/05.jpg" alt="" class="wp-image-277370" style="aspect-ratio:1.3333333333333333;width:1280px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">La organización Yunkawasi realiza actividades de concientización en varias ciudades de Perú. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Perú cuenta con la Estrategia Nacional para Reducir el Tráfico Ilegal de Fauna Silvestre 2017-2027, que<strong>&nbsp;reconoce que este problema debe abordarse desde distintos puntos de la cadena</strong>: la captura, el transporte, la comercialización y la demanda. El reto es que estas acciones se mantengan en el tiempo y cuenten con recursos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Por ejemplo, en Amazonas, desde Yunkawasi trabajamos junto con la Asociación de Conservación Oso Dorado Hierba Buena Allpayacu en la campaña ‘<strong>Yo no soy parte de la ruta del tráfico de fauna silvestre’</strong>. Nos enfocamos en uno de esos puntos de la cadena: el transporte. Trabajamos con empresas y transportistas para que pudieran reconocer posibles casos, conocer cómo actuar y comprender que también pueden convertirse en aliados para impedir que los animales sean trasladados fuera de sus territorios”, destacó Cornejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, aclaró que el control no será suficiente si no se reduce la demanda.&nbsp;<strong>“Todavía hay personas que piensan que comprar una cría es rescatarla o darle una vida mejor</strong>, cuando en realidad esa compra hace que otros animales sean capturados. Necesitamos hablar de este tema en las escuelas, con las familias, con los turistas, con las empresas y en las redes sociales”, resaltó.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal:</strong> Mono lanudo de cola amarilla en cautiverio. <strong>Foto:</strong> cortesía Yunkawasi</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/ivan-paredes-tamayo/">Iván Paredes Tamayo</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/08/salvoconductos-para-lavar-madera-los-documentos-que-legalizan-la-extraccion-de-arboles-fantasma-en-la-amazonia-de-colombia/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132629</guid>
        <pubDate>Tue, 01 Sep 2026 17:14:36 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Yellow-tailed-woolly-monkey-in-captivity_©GersonFerrer-Yunkawasi-2-610x407-1.jpg?quality=60&amp;#038;w=610" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Día Internacional de los Primates: tres proyectos para salvarlos del tráfico y la pérdida de hábitat]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Mis SÁBADOS DE CINE..: EPISODIO 3.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/mis-sabados-de-cine-episodio-3/</link>
        <description><![CDATA[<p>Les dijimos en la PRESENTACIÓN; de este FANTÁSTICO AUTOR; aquello que “La VIDA te da SORPRESAS…SOR PRESA… jamás ..! A menos que la RELIGIOSA cometa algún DELITO… EXTRAIDO producto de largas sesiones GASTRONÓMICAS que nos llevaron a recorrer la COLOMBIA y otros paises entre ellos la península IBÉRICA con el célebre COCINERO VIAJERO… quien hizo [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Les dijimos en la PRESENTACIÓN; de este FANTÁSTICO AUTOR; aquello que “La VIDA te da SORPRESAS…SOR PRESA… jamás ..! A menos que la RELIGIOSA cometa algún DELITO… EXTRAIDO producto de largas sesiones GASTRONÓMICAS que nos llevaron a recorrer la COLOMBIA y otros paises entre ellos la península IBÉRICA con el célebre COCINERO VIAJERO… quien hizo lo mas MÁGICO de sus recetas, presentarnos à la eminencia GRIS de la FAMILIA el HERMANO CONSENTIDO de ELLOS… y HOY de nuestros LECTORES pues nos lo pidieron y aquí lo traemos… el ANTONIO MEROÑO CAMPILLO…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quien empezó a regalarnos sus OBRAS LITERARIAS, verdaderas JOYAS de COLECCIÓN las que Uds tienen el lujo de CONOCER… </p>



<p class="wp-block-paragraph">HOY nos aporta su..:</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Alana S. Portero: &quot;No dejaré que le pongan la etiqueta LGTB a mi novela para hacerla pequeña&quot;" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/zlwqd2mOlHM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Mis SÁBADOS DE CINE..: EPISODIO 3… by A.M.C</strong></p>



<h3 class="wp-block-heading">“LA MALA COSTUMBRE</h3>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;Alana S.&nbsp; Portero</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seix Barral, 2024</p>



<p class="wp-block-paragraph">252 pgs</p>



<p class="wp-block-paragraph">A ninguna persona normal debe pasar inadvertido lo mal que lo suele pasar en la vida, peor que la mayoría, el personal del colectivo LGTBI, y dentro del mismo, las personas Trans llevan la peor parte, son un grupo realmente vulnerable. Tenía alguna noticia sobre este libro, y al verlo en la biblioteca de mi ciudad, decidí cogerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está siendo todo un fenómeno editorial y social, y a diferencia de otros, tiene calidad de sobra. Veamos, Alana es una chica trans, que nació en el barrio de San Blas, que estudió historia medieval, que se viene dedicando al mundo del teatro, la animación&nbsp; sociocultural y la escritura, y esta es su&nbsp; primera novela.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La protagonista de esta novela, al igual que la autora, nació en San Blas, donde pasó su infancia y adolescencia, en los 80 y 90. Como sabe cualquier persona nacida antes de 1978 o así, esos fueron los años de la heroína, el caballo, los yonquis a mansalva tirados en medio de la calle, muriendo a chorro, de sida, de sobredosis. Y la protagonista, Alex ( de la que no es muy difícil averiguar que tiene muchos puntos en común con la autora), desde muy pronto se da cuenta de que no se siente a gusto en un cuerpo de hombre, que se siente mujer, vaya, tiene disforia de género.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alex vive en un humilde piso, con padres obreros, vecinos lo mismo, y todo rodeado de los problemas que comentábamos antes. Entre toda esa marginalidad no tardan en aparecer mujeres trans, como su vecina, Margarita, con la que no contactará hasta muchos años después, cuando tenga ya una enfermedad terminal, y Eugenia, la Moraíta, que hace la calle en otras barriadas madrileñas, y que la acogerá como a un hijo. Alex ama, lee, estudia, bebe, se droga, vive, en definitiva, amparada en un núcleo familiar muy unido, pero al que no se atreve a desvelar su secreto, que, de seguro, para sus padres no será tal. Así que vive, en apariencia, dentro de un cerrado armario, en ese barrio obrero tan digno y solidario que, a la autora, le inoculó su conciencia de clase desde el principio. Alex, como decimos, estudia, trabaja, en apariencia está cómoda dentro de su armario, pero, claro, tiene sus dudas, sus miedos, sus problemas de autoaceptación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es la novela nada explícita en cuanto a sexo y relaciones, sí lo es al describir la miseria y lo cutre de un barrio marginal hace 30, 40 años, y se hace duro de leer. Tampoco es una confesión a corazón abiero a lo Juan Goytisolo en coto vedado y En los reinos de taifa, verdadera literatura confesional gay, no, el libro es, en ese sentido, incluso algo ñoño, y ahí creo que yerra un poco el tiro. Quizá habría quedado mucho mejor una pieza totalmente autobiográfica y confesional a tumba abierta, descriptiva, dolida. Pero aun así es un bello testimonio de sufrimiento, de vértigo, dividido en cortos capítulos, con una&nbsp; prosa absorbente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Apenas sabía nada de este mundo, sin duda duro, glacial, solitario, que una ley aprobada recientemente en este país intenta, de algún modo, si eso es posible, acompañar. Me gustaría que la gente como Alana sintiera muchas de nuestras manos tendidas.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se nota que su MUNDO; nos referimos al ANTONIO MEROÑO CAMPILLO; pertenece a otra GALAXIA… esa à la que nuestros LECTORES se montaron a cabalgar como un JINETE sin DISFRAZ…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="El Jockey - Dance Scene (Virus -  Sin Disfraz)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/lBrFcsRX_-Q?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si te gustó esta &nbsp;EXPERIENCIA ARTÍCULO, y quieres AYUDARNOS haz que tu HISTORIA de DOLOR DESAPAREZCA..: AQUÍ</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="1024" width="762" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1380-1.jpeg?quality=60&amp;w=650" alt="" class="wp-image-131736" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1380-1.jpeg 769w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1380-1.jpeg?resize=223,300 223w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1380-1.jpeg?resize=762,1024 762w" sizes="(max-width: 762px) 100vw, 762px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="617" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1736-1.jpeg?quality=60&amp;w=617" alt="" class="wp-image-133578" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1736-1.jpeg 1272w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1736-1.jpeg?resize=181,300 181w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1736-1.jpeg?resize=768,1275 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1736-1.jpeg?resize=617,1024 617w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1736-1.jpeg?resize=926,1536 926w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1736-1.jpeg?resize=1234,2048 1234w" sizes="auto, (max-width: 617px) 100vw, 617px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><br></p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="168" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_4875.jpeg" alt="" class="wp-image-133582" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132127</guid>
        <pubDate>Sat, 15 Aug 2026 11:15:35 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/8a030fcd-35c6-4aae-ad90-6572dfea0737-2.jpeg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Mis SÁBADOS DE CINE..: EPISODIO 3.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132127</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Ballenas sei en Argentina: el tercer animal más grande regresó a la Patagonia y las rastrean satelitalmente para protegerlas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/ballenas-sei-en-argentina-el-tercer-animal-mas-grande-regreso-a-la-patagonia-y-las-rastrean-satelitalmente-para-protegerlas/</link>
        <description><![CDATA[<p>La&nbsp;ballena sei (Balaenoptera borealis)&nbsp;es uno de los cetáceos más misteriosos y también una de las especies más desconocidas del océano. Este cetáceo&nbsp;convirtió las costas patagónicas en un escenario clave para la ciencia marina.&nbsp;En los últimos 15 años, mantuvo un crecimiento poblacional histórico y convirtió al Golfo San Jorge, al sur de Argentina, en un espacio [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Un estudio muestra que estos cetáceos se alimentan en el Golfo San Jorge, al sur de Argentina, y luego viajan hasta Brasil para reproducirse.</em></li>



<li><em>El monitoreo a las ballenas sei se realiza con tecnología satelital, que permite seguir en vivo el recorrido de dos ejemplares.</em></li>



<li><em>Los resultados arrojados, según los expertos, pueden determinar la creación de áreas protegidas marinas en el Golfo San Jorge y zonas de protección en las costas de Brasil.</em></li>



<li><em>La ballena sei es el tercer animal más grande del mundo y está catalogado en peligro de extinción.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">La&nbsp;<strong>ballena sei (<em>Balaenoptera borealis</em>)</strong>&nbsp;es uno de los cetáceos más misteriosos y también una de las especies más desconocidas del océano. Este cetáceo<strong>&nbsp;convirtió las costas patagónicas en un escenario clave para la ciencia marina.</strong>&nbsp;En los últimos 15 años, mantuvo un crecimiento poblacional histórico y convirtió al Golfo San Jorge, al sur de Argentina, en un espacio indispensable para su supervivencia. Un equipo de científicos monitorean a dos ejemplares que ahora son analizados con tecnología satelital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ballena sei es el tercer animal más grande del planeta. Pertenece al grupo de los rorcuales y está en peligro crítico de extinción.<strong>&nbsp;Este animal permaneció desaparecido durante casi 100 años</strong>&nbsp;<strong>como consecuencia de la&nbsp;caza intensiva&nbsp;que produjo su depredación</strong>. Pero en 2024 un equipo de científicos marinos halló el rastro de una ballena sei en el litoral patagónico. Desde esa fecha, se hicieron varios estudios y monitoreos para verificar las rutas que realiza este cetáceo. Los resultados son espectaculares.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |</strong>&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/07/pemex-petrobras-acuerdo-hidrocarburos-aguas-profundas-riesgos/"><strong>Acuerdo Pemex-Petrobras: México buscará hidrocarburos en aguas profundas y expertos alertan por riesgos de derrames y opacidad</strong></a></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_275532"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/27192547/ballena-sei4.avif" alt="" class="wp-image-275532" /><figcaption class="wp-element-caption">Las ballenas sei llegan al Golfo San Jorge para alimentarse y luego realizan una recorrido hasta las costas de Brasil. Foto: cortesía Diego Cabanas/Proyecto Cetáceos San Jorge</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mariano Coscarella, biólogo e investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet),&nbsp;<strong>lidera el trabajo de campo junto a un equipo que incluye docentes e investigadores</strong>&nbsp;de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica&nbsp;(NOAA, sigla en inglés) y Rewilding Argentina con el objetivo de comprender el uso real que los animales hacen del entorno patagónico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El experto explicó a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;que&nbsp;<strong>los cetáceos se acercan a la región comprendida entre Comodoro Rivadavia y Rada Tilly, al sur de Argentina,</strong>&nbsp;<strong>buscando alimentos, especialmente la langostilla.</strong>&nbsp;Además, en esa zona las ballenas se alimentan de copépodos y pequeños peces pelágicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los copépodos son pequeños crustáceos que viven en el agua y son un componente crucial del plancton. Son extremadamente abundantes en los océanos y sirven como alimento para muchos animales marinos. Los pequeños peces pelágicos, por su parte, habitan la columna de agua, generalmente en aguas abiertas, lejos de la costa, y también alimentan a varios depredadores marinos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El especialista añadió que, según datos recopilados,&nbsp;<strong>las ballenas sei permanecen en esta zona de alimentación</strong>&nbsp;<strong>desde octubre hasta junio</strong>, momento en el que inician una travesía misteriosa que la ciencia ahora busca documentar con total precisión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Lo que tenemos establecido es que, para junio, las ballenas empiezan a migrar hacia el norte.<strong>&nbsp;Algunas lo hacen sobre la plataforma costera, otras lo hacen por fuera de la plataforma, por aguas más profundas y se dirigen al sur de Brasil</strong>. Todavía no tenemos claro cuál es el lugar de destino final en Brasil”, detalló Coscarella.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_275531"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/27192414/ballena-sei3.avif" alt="" class="wp-image-275531" /><figcaption class="wp-element-caption">Ejemplares de ballena sei son monitoreados para verificar el recorrido que realizan. Foto: Diego Cabanas/Proyecto Cetáceos San Jorge</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La tecnología que se utiliza para rastrear a las ballenas es satelital.&nbsp;<strong>Los científicos implantan rastreadores en la piel de las ballenas con una fijación en la grasa.</strong>&nbsp;Duran entre 30 y 40 días. También se utiliza otra tecnología que tiene los mismos rastreadores que se implantan un poco más profundo en la grasa y pueden durar tres o cuatro meses. El satélite toma toda la información cuando el animal sale a respirar.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Un estudio que puede ayudar a crear áreas protegidas en el mar</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Coscarella afirmó que lo importante de utilizar este tipo de tecnología es que les permite a los expertos establecer que<strong>&nbsp;el Golfo San Jorge se convirtió en una zona de alimentación para las ballenas sei</strong>&nbsp;y verificar zonas donde habitan estos cetáceos para luego crear áreas protegidas marinas. Además, este trabajo también podrá establecer la zona de reproducción de las ballenas en Brasil para establecer medidas de protección en esas áreas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |</strong>&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/07/chile-montes-submarinos-juan-fernandez-no-se-han-recuperado-pesca-arrastre/"><strong>Chile: los montes submarinos de Juan Fernández no se recuperan de la pesca de arrastre 20 años después de su prohibición</strong></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Se decidió&nbsp;<strong>rastrear los</strong>&nbsp;<strong>movimientos de esta especie mediante tecnología</strong>&nbsp;<strong>satelital para comprender cómo utilizan el entorno patagónico</strong>”, resaltó Coscarella.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_275534"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/27192759/ballena-sei2.jpg" alt="" class="wp-image-275534" /><figcaption class="wp-element-caption">Infografía realizada por el Proyecto Cetáceos San Jorge y sus aliados. Imagen: cortesía Proyecto Cetáceos San Jorge</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La ballena sei es el&nbsp;tercer cetáceo más grande del planeta, solo por detrás de la ballena azul (Balaenoptera musculus) y el rorcual común(Balaenoptera physalus).&nbsp;<strong>Puede alcanzar hasta 18 metros de largo y superar las 20 toneladas de peso,</strong>&nbsp;aunque se caracteriza por tener un cuerpo más estilizado y&nbsp;ser una de las ballenas más veloces del océano. Son grises, con el vientre blanco y su cuerpo es alargado, y tiene una aleta dorsal alta y en forma de hoz. Es raro que muestren su cola fuera del agua y su soplo es relativamente bajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según Coscarella, los primeros datos revelaron que&nbsp;<strong>uno de los animales con rastreador llegó hasta el sur de Brasil antes de perder la señal</strong>, reforzando la hipótesis de que allí podrían encontrarse sus áreas de reproducción. Actualmente, dos ballenas transmiten en tiempo real desde las costas brasileñas, lo que podría aportar información inédita sobre el destino final de su migración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El especialista aclaró que la mayor parte del seguimiento se realiza cerca del Área Natural Protegida Punta Marqués, en la provincia de Chubut, Argentina, donde los ejemplares prefieren congregarse. Si bien en esa zona se cuenta con enclaves excepcionales más al norte, como el Parque Provincial Patagonia Azul, es en este sector específico del Golfo San Jorge donde se genera un nivel altísimo de productividad biológica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Esta riqueza subacuática atrae a&nbsp;<strong>una enorme diversidad de aves marinas, delfines,</strong>&nbsp;<strong>ballenas y bancos de peces que transforman el área en un ecosistema fascinante</strong>&nbsp;para la ciencia”, remarcó a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;la bióloga Marina Riera, una de las expertas que también es parte del equipo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La experta explicó que&nbsp;<strong>este proyecto buscó conocer cómo las ballenas sei se adaptan a su hábitat y a su dieta</strong>, y que el objetivo fue hacer un estudio sobre las especies de cetáceos cerca del área protegida Punta Marqués, en el área central del Golfo San Jorge. “Queríamos conocer cuántas ballenas hay, cuándo las podemos ver, cómo se comportan y cómo se relacionan con otros grupos”, explicó Riera.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_275535"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/27192858/ballena-sei6.jpg" alt="" class="wp-image-275535" /><figcaption class="wp-element-caption">En la actualidad, dos ballenas sei monitoreadas están en costas del sur de Brasil. Foto: Diego Cabanas/Proyecto Cetáceos San Jorge</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Según la experta, el comportamiento de las ballenas sei dentro de ese espacio representaba un gran interrogante para los observadores.<strong>&nbsp;Las estimaciones aéreas previas confirmaban la presencia de cetáceos</strong>&nbsp;a partir de 40 kilómetros mar adentro, pero la tecnología satelital logró aportar la pieza que faltaba para armar el rompecabezas. La información que llegó de los dispositivos indica que los animales permanecen en una franja de 30 a 40 kilómetros de la costa y que se alimentan exclusivamente allí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Los datos confirmaron que el área de mayor uso se extiende desde el norte de Comodoro Rivadavia [Chubut] hasta el sur de la localidad santacruceña de Caleta Olivia.&nbsp;<strong>Conocer esta dinámica poblacional resulta fundamental para diseñar futuras estrategias de manejo</strong>&nbsp;y pensar en la creación de un área marina protegida que garantice la conservación del hábitat a largo plazo”, destacó Riera. Chubut es una provincia petrolera y en un golfo cercano, el San Matías, en la provincia vecina de Río Negro, ya están previstos proyectos de oleoductos e instalación de buques gasíferos en el mar.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Una especie cazada por su grasa que se encuentra en peligro de extinción&nbsp;</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Según el estudio, la mayor parte del seguimiento se realiza cerca del&nbsp;Área Natural Protegida Punta Marqués, donde los ejemplares se congregan masivamente. Aunque existen enclaves excepcionales más al norte, como el&nbsp;Parque Provincial Patagonia Azul,&nbsp;<strong>es en el Golfo San Jorge donde se registra la mayor productividad biológica</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los investigadores destacan que la información obtenida permitirá orientar políticas públicas,&nbsp;<strong>regular actividades turísticas y fortalecer la protección</strong>&nbsp;<strong>de un ecosistema clave</strong>&nbsp;para la biodiversidad del mar argentino.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/07/dia-internacional-de-los-manglares-la-sociedad-empieza-a-percibir-los-beneficios-de-estos-ecosistemas-pero-aun-no-ha-permeado-por-completo-entrevista/">Día Internacional de los Manglares: “La sociedad empieza a percibir los beneficios de estos ecosistemas, pero aún no ha permeado por completo” | ENTREVISTA</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Este aprendizaje no solo aporta a la ciencia, sino que también<strong>&nbsp;sienta las bases para un futuro sistema de&nbsp;avistaje turístico</strong>&nbsp;<strong>en la zona sur de Chubut</strong>, diversificando la economía regional y promoviendo la conservación”, destacó Riera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se estima que cerca de&nbsp;<strong>300 000 ejemplares de ballenas sei fueron cazados en el mundo y alrededor 110 000 de ellos fueron capturados en el hemisferio sur</strong>&nbsp;durante los siglos XIX y XX. Esto provocó que su población se redujera en un 80 %, lo que llevó a que la especie fuera oficialmente catalogada&nbsp;<strong>“en peligro de extinción”</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_275537"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/27193041/ballena-sei5.jpg" alt="" class="wp-image-275537" /><figcaption class="wp-element-caption">Durante los siglos XIX y XX, las ballenas sei fueron cazadas por su grasa. Foto: Diego Cabanas/Proyecto Cetáceos San Jorge</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Esta especie era cazada principalmente&nbsp;<strong>para obtener su grasa, que servía como combustible de lámparas y cera de vela,</strong>&nbsp;algo muy cotizado en el comercio de la época. La caza comercial comenzó a disminuir cuando la especie se redujo considerablemente, al punto de que la escasez promocionó otra forma más económica para iluminar las ciudades del mundo: el crudo de petróleo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo a Coscarella, en la actualidad&nbsp;<strong>todavía se cazan ballenas sei en Japón e Islandia, para consumo de su carne.</strong>&nbsp;El experto recalcó que esa práctica es reducida y que en 2025 en Japón cazaron alrededor de unos 30 ejemplares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según la lista de la Unión Internacional para la Conversación de la Naturaleza (UICN), esta especie se encuentra en peligro de extinción. Aunque se desconoce con exactitud la cantidad de ejemplares que viven en la actualidad,&nbsp;<strong>se estima que&nbsp;solo podrían quedar entre 10 000 y 50 000 en el mundo</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El seguimiento satelital de la ballena sei en Chubut abre una ventana inédita al conocimiento de una especie que eligió la Patagonia como fuente de alimento.&nbsp;<strong>Coscarella dijo que descubrir sus rutas migratorias y áreas de reproducción permitirá consolidar estrategias de conservación</strong>&nbsp;y proyectar un futuro donde ciencia, turismo y protección ambiental convivan en equilibrio.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal:</strong> las ballenas sei retornaron al Golfo San Jorge, al sur de Argentina. Esta especie está en peligro de extinción. <strong>Foto:</strong> Diego Cabanas/Proyecto Cetáceos San Jorge</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/ivan-paredes-tamayo/">Iván Paredes Tamayo</a></em> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/07/ballenas-sei-argentina-tercer-animal-mas-grande-regreso-patagonia-rastrean-satelitalmente-protegerlas/" id="https://es.mongabay.com/2026/07/ballenas-sei-argentina-tercer-animal-mas-grande-regreso-patagonia-rastrean-satelitalmente-protegerlas/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131705</guid>
        <pubDate>Sun, 02 Aug 2026 14:00:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/ballena-sei1.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Ballenas sei en Argentina: el tercer animal más grande regresó a la Patagonia y las rastrean satelitalmente para protegerlas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>No hace falta una bala: enfermedades de animales domésticos amenazan a los felinos silvestres de Latinoamérica</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/no-hace-falta-una-bala-enfermedades-de-animales-domesticos-amenazan-a-los-felinos-silvestres-de-latinoamerica/</link>
        <description><![CDATA[<p>Andrés Bräutigam es médico veterinario especializado en fauna silvestre y trabaja en un centro de rescate en San Isidro de Heredia, un cantón cercano a San José, la capital de Costa Rica. En 2025 recibió a un pequeño margay (Leopardus wiedii) que, entre sus innumerables pacientes, le es difícil olvidar. Su cuerpo, recuerda, tenía “todas [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>La expansión de las actividades humanas y la fragmentación de los ecosistemas están acercando a perros y gatos domésticos a los felinos silvestres de América Latina, facilitando la transmisión de enfermedades.</em></li>



<li><em>Expertos advierten que la combinación de pérdida de hábitat, expansión urbana y tenencia irresponsable de mascotas está creando una crisis silenciosa y poco estudiada.</em></li>



<li><em>Enfermedades como la leucemia y el sida felino ya circulan entre poblaciones silvestres, pero la falta de monitoreo y recursos impide dimensionar su verdadero impacto.</em></li>



<li><em>Aunque muchas de estas enfermedades no son mortales en animales domésticos, pueden llegar a ser letales en los gatos salvajes de la región.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Andrés Bräutigam es médico veterinario especializado en fauna silvestre y trabaja en un centro de rescate en San Isidro de Heredia, un cantón cercano a San José, la capital de Costa Rica. En 2025 recibió a un pequeño margay (<em>Leopardus wiedii</em>) que, entre sus innumerables pacientes, le es difícil olvidar. Su cuerpo, recuerda, tenía “<strong>todas las muestras del conflicto felino-humano</strong>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El animal —que se encontraba cerca de la comunidad de Turrialba, en el centro del país— había entrado a un gallinero en busca de alimento. Al verlo acorralando a las gallinas, los perros de la zona lo persiguieron y luego un habitante lo golpeó en el cráneo en represalia. Pero la historia no acabó allí. Tras ser llevado al centro de rescate, Bräutigam y su equipo evidenciaron que el margay, además de las heridas,&nbsp;<strong>estaba infectado con dos enfermedades comunes en gatos domésticos</strong>: sida (FIV) y leucemia felina (FeLV).</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274994"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/15221230/Foto-1-Credito_-Andres-Brautigam-1.jpeg" alt="Un margay que llegó al centro de rescate tras ser perseguido por perros y golpeado por humanos. Además del traumatismo, presentaba enfermedades que pudieron ser transmitidas por felinos domésticos. Foto: Andrés Bräutigam" class="wp-image-274994" /><figcaption class="wp-element-caption">Un margay llegó al centro de rescate tras ser perseguido por perros y golpeado por humanos. Además del traumatismo, presentaba enfermedades que pudieron ser transmitidas por felinos domésticos. Foto: cortesía Andrés Bräutigam</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/08/felinos-rescatados-trafico-animales-latinoamerica/">Sin salida: la irreversible realidad de los felinos que son rescatados del tráfico de animales</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Mucho de ese conflicto —dice el veterinario— se deriva de un ecosistema que está altamente alterado”. Es una cadena de eventos desafortunados. Sin un ecosistema conservado en el que el felino pueda desplazarse y camuflarse para cazar a sus presas, y con comunidades humanas que se expanden hacia zonas conservadas, el animal se acerca cada vez más a las personas e interactúa con sus animales de crianza y mascotas, pudiendo contagiarse de enfermedades de las que aún se conoce poco.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La transmisión de enfermedades de animales domésticos a felinos silvestres se ha convertido en una preocupación en aumento</strong>&nbsp;entre grupos de conservación, biólogos y médicos veterinarios. Como asegura Jim Sanderson, fundador y director de la Fundación para la Conservación de los Pequeños Felinos Salvajes (SWCCF, por sus siglas en inglés) y miembro del Grupo de Especialistas en Felinos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN),&nbsp;<strong>“es, sin duda, el asesino silencioso más grave, generalizado y devastador” para los félidos silvestres</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Enzo Aliaga-Rossel, investigador asociado del Instituto de Ecología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de La Paz y miembro del Programa de Investigación de Félidos de Bolivia (PIF), explica que el contagio de virus entre la fauna silvestre y los animales domésticos se conoce como “salto zoonótico” y ocurre cuando la actividad humana altera los ecosistemas, ocasionando el contacto estrecho.&nbsp;<strong>Los animales domésticos, comenta, actúan frecuentemente como «puentes epidemiológicos» que transmiten estos patógenos</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, el impacto potencial de las enfermedades “domésticas” no se limita a una sola especie, sino que&nbsp;<strong>puede exponer a diferentes felinos a patógenos peligrosos que, en muchos casos, pueden ser mortales</strong>, asegura la científica brasileña Flavia Tirelli, doctora en Zoología y coordinadora del&nbsp;<em>Geoffroy’s Cat Working Group</em>, una red internacional que lucha por la conservación del gato del bosque o gato montés (<em>Leopardus geoffroyi</em>) y de otros felinos silvestres.&nbsp;<strong>La transmisión de enfermedades pone en riesgo, especialmente, a los felinos silvestres que ya están en peligro de extinción.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274993"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/15221227/3-Puma_Credito_Rodrigo-Nunez.jpeg" alt="Además de amenazas como la pérdida de hábitat, la caza y el tráfico de fauna, los felinos silvestres —como el puma de la imagen— se enfrentan a la transmisión de enfermedades de animales domésticos, una problemática que alerta a los científicos y grupos de conservación. Foto: Rodrigo Núñez Pérez" class="wp-image-274993" /><figcaption class="wp-element-caption">Además de amenazas como la pérdida de hábitat, la caza y el tráfico de fauna, los felinos silvestres —como el puma de la imagen— se enfrentan a la transmisión de enfermedades de animales domésticos, una problemática que alerta a los científicos y grupos de conservación. Foto: cortesía Rodrigo Núñez Pérez</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Desde los grandes jaguares (<em>Panthera onca</em>) y pumas (<em>Puma concolor</em>), hasta los más pequeños y poco conocidos como el gato de las pampas (<em>Leopardus munoai</em>), el gato colocolo (<em>Leopardus colocola</em>) y la oncilla nebulosa (<em>Leopardus pardinoides</em>),&nbsp;<strong>se enfrentan a los riesgos de contraer enfermedades virales</strong>,<strong>&nbsp;hongos, bacterias o parásitos</strong>&nbsp;de animales domésticos. Se trata de una amenaza en aumento, que no conoce fronteras y de la que los gatos salvajes no pueden huir por instinto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2023/08/especial-los-pequenos-y-olvidados-gatos-silvestres-de-latinoamerica/">Los pequeños y olvidados gatos silvestres de Latinoamérica</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si a esto se le suman otras presiones como la pérdida de ecosistemas, el avance agrícola y urbano en sus zonas de distribución, su captura para el tráfico de fauna o la caza por retaliación (es decir, como respuesta a los ataques a animales domésticos),&nbsp;<strong>la situación que enfrentan los gatos silvestres es dramática.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta entrega especial,&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;documentó el avance de numerosas enfermedades de animales domésticos que afectan a los felinos silvestres en seis países de la región: México, Costa Rica, Ecuador, Chile, Brasil y Bolivia.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Una amenaza cada vez más cerca</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0006320712003151?via%3Dihub" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Diversos estudios</a>&nbsp;han documentado cómo los gatos y los perros domésticos pueden impactar gravemente la fauna silvestre. Los perros, por ejemplo,&nbsp;<a href="https://mammalia-aequatorialis.org/index.php/boletin/article/view/106" target="_blank" rel="noreferrer noopener">han llevado a la extinción</a>&nbsp;a&nbsp;<strong>11 especies de aves</strong>&nbsp;y han puesto en peligro la supervivencia de&nbsp;<strong>96 especies de mamíferos</strong>. Los gatos cazan y se&nbsp;<a href="https://www.nature.com/articles/s41467-023-42766-6" target="_blank" rel="noreferrer noopener">comen más de 2084 especies</a>&nbsp;de diferentes grupos de animales, de las cuales 347 (16.65 %) están amenazadas de extinción. Además de esto, durante las interacciones, pueden transmitirles enfermedades.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274992"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/15221225/4-Ocelote-USFQ-1.jpeg" alt="Un ocelote (Leopardus pardalis) es atendido en el Hospital de Fauna Silvestre (Tueri) de la Universidad San Francisco de Quito. Foto: Carolina Sáenz" class="wp-image-274992" /><figcaption class="wp-element-caption">Un ocelote (<em>Leopardus pardalis</em>) es atendido en el Hospital de Fauna Silvestre (Tueri) de la Universidad San Francisco de Quito. Foto: Carolina Sáenz</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Como explica Tirelli, “la fragmentación del hábitat y la expansión urbana han facilitado en gran medida la transmisión de patógenos entre especies domésticas y silvestres. Cuanto más aumenta esta fragmentación, con más ‘pedacitos’ de áreas naturales modificadas, los humanos traen consigo animales domésticos que pueden transmitir enfermedades a los animales silvestres”. Además, advierte Diego Ramírez-Álvarez, especialista en manejo y conservación de la biodiversidad,&nbsp;<strong>esas enfermedades “se están presentando con mayor frecuencia en los últimos años, debido al aumento de mascotas de libre deambular en territorios silvestres</strong>,<strong>&nbsp;al acortamiento de la interfaz humano-silvestre y a una pésima tenencia responsable de mascotas</strong>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cámaras trampa de biólogos y científicos en distintos países de Latinoamérica han evidenciado cómo los animales domésticos se mueven por las mismas zonas que los silvestre, compiten por recursos y se depredan, incluso al interior de áreas protegidas. “El problema no son el perro o el gato, sino que&nbsp;<strong>las personas no son conscientes de lo que pueden causar a la fauna silvestre</strong>”, señala la médica veterinaria Carolina Sáenz, directora del Hospital de Fauna Silvestre (Tueri) de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ).</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274991"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/15221223/5-Traslape-gatos.jpg" alt="Registros de cámaras trampa del Proyecto Felinos do Pampa muestran que gatos silvestres y domésticos circulan por el mismo camino, lo que aumenta el riesgo de transmisión de patógenos. A la izquierda un gato montés (Leopardus geoffroyi) y a la derecha un gato doméstico (Felis catus). Foto: Informe anual Geoffroy&apos;s Cat Working Group 2025" class="wp-image-274991" /><figcaption class="wp-element-caption">Registros de cámaras trampa del Proyecto Felinos do Pampa muestran que gatos silvestres y domésticos circulan por el mismo camino, lo que aumenta el riesgo de transmisión de patógenos. A la izquierda, un gato montés (<em>Leopardus geoffroyi</em>) y a la derecha, un gato doméstico (<em>Felis catus</em>). Foto: Informe anual Geoffroy’s Cat Working Group 2025</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">José Daniel Ramírez, biólogo costarricense, creó el programa “La amenaza invisible” para entender la relación entre las enfermedades de mascotas y los felinos silvestres en su país y para detectar patógenos que podrían pasar desapercibidos entre ellos. En el bosque nuboso de Monteverde, donde trabaja, se encuentran las seis especies de félidos de Costa Rica (jaguar, puma, oncilla, margay, ocelote y yaguarundí).&nbsp;<strong>“En el país, todas están en peligro de extinción y las enfermedades transmitidas por animales domésticos actúan como una presión adicional”</strong>, señala.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los registros de sus cámaras trampa han documentado que el mismo sendero por el que pasa una puma con sus dos crías se convierte, algunas horas más tarde, en el camino de tres perros pastores alemanes. “Esa era una de nuestras cámaras trampa más remotas. Pero no ha sido la única vez ni la única zona. Es una muestra de que están compartiendo el hábitat”, insiste Ramírez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En México, el profesor Heliot Zarza Villanueva, biólogo y vicepresidente de la&nbsp;<a href="https://www.ancjaguar.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar</a>&nbsp;(ANCJ), levanta otra señal de alerta:&nbsp;<strong>“Las áreas naturales protegidas han sido una de las estrategias de conservación más sólidas a nivel mundial. Pero no pueden proteger la biodiversidad por sí solas. Necesitan también de lo que está fuera de sus límites”</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El&nbsp;<strong>último censo de jaguares</strong>&nbsp;coordinado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la ANCJ y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP)&nbsp;<strong>mostró un crecimiento de la población en un 10 % en un periodo de seis años en ese país</strong>, pasando de 4800 ejemplares en 2018 a 5326 en 2024. Sin embargo, los investigadores advierten que este incremento —atribuido a la expansión de áreas protegidas— no significa que la especie esté a salvo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/04/areas-protegidas-territorios-indigenas-refugio-clave-jaguares-amazonia/">Áreas protegidas y territorios indígenas: el refugio clave para los jaguares en la Amazonía</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274990"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/15221220/6-Parque_Estadual_do_Turvo_Anderson_Cristiano_Hendgen_06-scaled.jpg" alt="Un margay (Leopardus wiedii) registrado en el Parque Estadual do Turvo, en el estado de Rio Grande do Sul, Brasil. Foto: Anderson Cristiano Hendgen via Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)" class="wp-image-274990" /><figcaption class="wp-element-caption">Un margay (<em>Leopardus wiedii</em>) registrado en el Parque Estadual do Turvo, en el estado de Rio Grande do Sul, Brasil. Foto: Anderson Cristiano Hendgen vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La situación se repite en otros países. “Como investigadores, solíamos ir a áreas naturales, revisar las cámaras trampa y decir: ‘Acá hay muchos ocelotes (<em>Leopardus pardalis</em>), yaguarundíes (<em>Herpailurus yagouaroundi</em>) o margays’, o ‘hay cachorros, juveniles o adultos’, y&nbsp;<strong>creíamos que esa era una muestra de poblaciones saludables y una esperanza de conservación</strong>”, señala Abel Gallo Pérez, biólogo ecuatoriano especialista en felinos silvestres. “Pero&nbsp;<strong>ahora se nos abre una nueva ventana que antes ignorábamos: ¿Y si están enfermos?</strong>&nbsp;Es una amenaza que existe, que pone en riesgo a las poblaciones de felinos silvestres y que puede llevarlas a su colapso”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En palabras de Isabel Hagnauer, veterinaria de Wildlife Rescue Costa Rica, «si desde hace muchísimos años estábamos hablando de que algunas de estas especies están en peligro de extinción,&nbsp;<strong>la posibilidad de que se infecten con estas enfermedades podría hacer que las poblaciones disminuyan mucho más rápido</strong>&nbsp;de lo que hemos visto hasta ahora”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya han ocurrido eventos similares en otras partes del mundo. En Tanzania, a principios de los años 90,&nbsp;<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/8559247/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">murió un tercio de los leones</a>&nbsp;del Parque Nacional Serengueti a causa del distemper canino (más conocido como moquillo), que fue contagiado por los perros domésticos de las comunidades de pastores masái.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Virus y parásitos, un riesgo invisible y subestimado</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">El biólogo Rodrigo Núñez, integrante de la&nbsp;<a href="https://www.alianzajaguar.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">asociación Alianza Jaguar</a>, lleva tres décadas monitoreando felinos en el occidente de México. A través de cámaras trampa ubicadas en la Reserva Chamela-Cuixmala, donde trabaja, pudo ver cómo un ocelote (<a href="https://www.gob.mx/profepa/articulos/ocelote-leopardus-pardalis?idiom=es" target="_blank" rel="noreferrer noopener">especie en peligro de extinción en México</a>) se deterioraba progresivamente. En 2011, el félido era uno de los machos dominantes del área y se encontraba sano y robusto, pero en el transcurso de un año<strong>&nbsp;se convirtió en un animal extremadamente delgado, con cambios y lesiones en la piel</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274989"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/15221209/7-Ocelote_Sarna_Credito_Rodrigo-Nunez.jpeg" alt="Ocelote con sarna registrado en la Reserva de la Biósfera Chamela-Cuixmala. Foto: Rodrigo Núñez Pérez" class="wp-image-274989" /><figcaption class="wp-element-caption">Ocelote con sarna registrado en la Reserva de la Biósfera Chamela-Cuixmala. Foto: cortesía Rodrigo Núñez Pérez</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Lo más probable es que el ocelote haya muerto de&nbsp;<strong>sarna sarcóptica, una enfermedad causada por ácaros que se alojan en la piel y que se contagia por contacto directo</strong>”, dice el experto. Aunque se cree que esta enfermedad no es muy peligrosa porque los perros y gatos pueden sobrevivir a ella, lo cierto es que la fauna silvestre la pasa “realmente mal”. Animales como los ocelotes y pumas, explica Núñez, “necesitan estar quietecitos para poder acechar a su presa. Si se están moviendo por la comezón, les va a costar mucho trabajo poder cazar. Además, como se quedan pelones (calvos), pierden la protección que les da su camuflaje”.&nbsp;<strong>Ese deterioro los puede llevar hasta la muerte</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El panorama de la transmisión es complejo porque hay distintas formas en las que los animales domésticos pueden contagiar a la fauna silvestre: intercambio de fluidos, secreciones nasales, heces en lugares no debidos e incluso por garrapatas. Enfermedades como el sida felino —también conocido como&nbsp;<strong>virus de la inmunodeficiencia felina (FIV)— y la leucemia felina (FeLV)</strong>, que&nbsp;<strong>suelen transmitirse por contacto directo con fluidos de los gatos domésticos</strong>, inquietan fuertemente a los veterinarios debido a su alta prevalencia en muchos países y la gravedad de las enfermedades asociadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La saliva, mordidas o rasguños típicos en enfrentamientos, por ejemplo, pueden contagiar los virus</strong>&nbsp;que causan inmunodepresión, anemia, pérdida de condición corporal y deterioro general de la salud del animal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho,&nbsp;<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40395123/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">investigaciones realizadas en Brasil</a>&nbsp;han identificado gatos domésticos que dieron positivo para leucemia felina y que se encuentran al interior de áreas protegidas. “Podemos reconocer esto como una amenaza real y grave para las poblaciones de felinos salvajes, especialmente en áreas protegidas, donde la densidad de estos felinos salvajes tiende a ser mayor”, señala el estudio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de los virus más conocidos, como los causantes del FIV y el FeLV,&nbsp;<a href="https://revistaft.com.br/doencas-virais-em-felinos-selvagens-nativos-do-brasil/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un estudio de 2024</a>&nbsp;dedicado a la revisión bibliográfica sobre enfermedades en felinos silvestres de Brasil también destacó&nbsp;<strong>el riesgo de exposición al virus del distemper viral canino (CDV, por sus siglas en inglés), a los adenovirus y al virus de la rabia</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro caso bien documentado en Chile es el de&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2023/08/huina-secretos-de-uno-de-los-felidos-mas-diminutos-australes-de-america/">la güiña</a>&nbsp;(<em>Leopardus guigna</em>). Las poblaciones de este felino silvestre, uno de los más pequeños de América, han contraído&nbsp;<a href="https://meridian.allenpress.com/jwd/article/51/1/199/122517/FELINE-IMMUNODEFICIENCY-VIRUS-AND-FELINE-LEUKEMIA" target="_blank" rel="noreferrer noopener">leucemia felina</a>, inmunodeficiencia felina y&nbsp;<strong><a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2213224420300778?via%3Dihub" target="_blank" rel="noreferrer noopener">endoparásitos gastrointestinales y cardiorrespiratorios</a>&nbsp;de gatos domésticos</strong>, así como&nbsp;<strong><a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/tbed.13807" target="_blank" rel="noreferrer noopener">parvovirus</a>&nbsp;de perros</strong>. Constanza Napolitano, una de las científicas que ha liderado estos estudios y directora del Laboratorio de Genética de la Conservación del Departamento de Ciencias Biológicas y Biodiversidad, de la Universidad de Los Lagos, afirma que “la evidencia de la presencia de estos tres virus de gran importancia epidemiológica la encontramos a través de todo el rango de distribución de la guiña en Chile, por lo que se puede afirmar que&nbsp;<strong>es un problema generalizado en el país y bastante grave por su extensión y magnitud</strong>”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274988"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/15221207/8-Hembra-colocolo-enferma-en-San-Fernando-Foto-Diego-Ramirez-Alvarez-1.jpeg" alt="Análisis realizados a una gata colocolo, encontrada en San Fernando, Chile, detectaron bacterias resistentes a antibióticos, una situación que preocupa a especialistas. Foto: Diego Ramírez Álvarez" class="wp-image-274988" /><figcaption class="wp-element-caption">Análisis realizados a una gata colocolo, encontrada en San Fernando, Chile, detectaron bacterias resistentes a antibióticos, una situación que preocupa a especialistas. Foto: Diego Ramírez Álvarez</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El investigador Enzo Aliaga-Rossel alerta que la<strong>&nbsp;panleucopenia felina (conocida popularmente como moquillo felino</strong>&nbsp;y causada por un virus es perteneciente a la familia&nbsp;<em>Parvoviridae</em>),<strong>&nbsp;es una de las más comunes entre animales domésticos que habitan las zonas rurales de Bolivia</strong>. Según explica, se trata de un virus altamente contagioso, extremadamente resistente y que afecta a diversas especies de fauna silvestre. “Este virus&nbsp;<strong>puede saltar fácilmente entre especies.</strong>&nbsp;Los grandes felinos, como leones o tigres, y también los pequeños, como los gatos monteses, son altamente susceptibles a contraer esta enfermedad”, insiste.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Le decimos ‘amenaza invisible’</strong>&nbsp;porque, desde afuera, puedes ver a los animales ‘normales’, pero cuando haces algunas pruebas específicas te das cuenta que tienen enfermedades que se transmiten por animales domésticos. Y ahí es donde viene la preocupación”, afirma José Rodríguez, de Costa Rica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Claudio Ahumada-Sanhueza, médico veterinario de la Unidad de Rehabilitación de Fauna Silvestre de la Universidad Andrés Bello (<a href="https://vinculacion.unab.cl/servicios/unidad-de-rehabilitacion-de-fauna-silvestre/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">UFAS-UNAB</a>) e integrante del ColoColo Project, en Chile, coincide: “Las enfermedades infecciosas que transmiten animales domésticos, como perros y gatos, terminan siendo súper graves para los animales silvestres porque ellos no están preparados para esto. Terminan enfermándose y, cuando son encontrados,<strong>&nbsp;son casos sumamente difíciles de tratar</strong>”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274972"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/15201219/3-Proyecto-Sacha-3.jpeg" alt="Una de las crías de ocelote atendidas por la fundación Proyecto Sacha, en su centro en Guayaquil. Son comunes los casos en los que los cachorros son separados de sus madres apenas a días de nacidos para traficarlos o tenerlos como mascotas. Cortesía de Proyecto Sacha." class="wp-image-274972" /><figcaption class="wp-element-caption">Una de las crías de ocelote atendidas por la fundación Proyecto Sacha, en su centro en Guayaquil. Son comunes los casos en los que los cachorros son separados de sus madres apenas a días de nacidos para traficarlos o tenerlos como mascotas. Foto: cortesía Proyecto Sacha</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Esfuerzos comunitarios para superar las dificultades del monitoreo</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En general, hacer monitoreo de felinos silvestres es una tarea sumamente compleja. Son rápidos, se camuflan, huyen y es muy difícil verlos en entornos naturales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«Muestrear vida libre es muy difícil. Ir a agarrar tigrillos, pumas o yaguarundíes para hacer un censo de enfermedades requiere mucha logística y muchos recursos”</strong>, asegura la veterinaria Natalia Montero. “Casi no se ha hecho, pero eso no significa que las enfermedades no estén allí”. Por lo mismo, los expertos consultados para este especial coinciden en que —aunque falte evidencia— las enfermedades revisten un riesgo que no puede ignorarse.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274986"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/15221200/10-OCELOTE-REINSERTADO.jpeg" alt="Un ocelote que fue atendido por el Hospital de Fauna Silvestre de la USFQ, en Ecuador. Foto: Cortesía Becky Zug" class="wp-image-274986" /><figcaption class="wp-element-caption">Un ocelote es atendido por el Hospital de Fauna Silvestre de la USFQ, en Ecuador. Foto: cortesía Becky Zug</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Aliaga-Rossel, de Bolivia, señala que, además de la dificultad de ver a estos animales en su hábitat natural, otra razón por la que hay pocos estudios es por la<strong>&nbsp;falta de “financiamiento masivo, tecnología de punta y permisos especiales”&nbsp;</strong>para monitorear y tomar muestras en poblaciones de felinos silvestres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La veterinaria Susana Illescas, que se ha encargado de la contención, anestesia y evaluación clínica de grandes carnívoros en proyectos de investigación en México, coincide con Aliaga-Rossel.&nbsp;<strong>La logística en campo para capturar felinos, anestesiarlos y tomar muestras tiene una limitación difícil de ignorar: el presupuesto.</strong>&nbsp;Tomar y procesar muestras implica una costosa cadena de frío, reactivos y laboratorios especializados. Sin estos recursos, conocer la escala y el avance de las enfermedades sigue siendo un desafío.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |<a href="https://es.mongabay.com/2026/05/el-jaguar-de-las-nubes-por-primera-vez-en-una-decada-captan-a-este-felino-en-lo-mas-alto-de-honduras/">&nbsp;El «jaguar de las nubes»: por primera vez en una década captan a este felino en lo más alto de Honduras</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“A mí un ocelote puesto en la mesa, sólo para hacerle un panel de exámenes de tres enfermedades domésticas [sida felino, leucemia felina y moquillo], me cuesta unos 500 dólares”, dice Eliana Molineros, directora médica del Proyecto Sacha, en Ecuador, que desde 2019 decidió hacerle ese “panel” de pruebas a todos los ocelotes que llegan a su centro de rescate. “Pero es importante hacerlo para tomar las mejores decisiones por ese animal y para todas las especies”, agrega.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274985"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/15221157/11-WhatsApp-Image-2026-04-30-at-7.28.32-PM-1.jpeg" alt="La vacunación y esterilización de perros y gatos domésticos hacen parte de las estrategias impulsadas para reducir amenazas sobre félidos silvestres. Foto: Cortesía ColoColo Conservation Project" class="wp-image-274985" /><figcaption class="wp-element-caption">La vacunación y esterilización de perros y gatos domésticos son parte de las estrategias impulsadas para reducir amenazas sobre félidos silvestres. Foto: cortesía ColoColo Conservation Project</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ante la dificultad de llegar a las poblaciones silvestres, y para hacer frente al avance de las enfermedades, biólogos, veterinarios, centros de rescate y organizaciones de conservación&nbsp;<a href="https://drive.google.com/file/d/1twPVJGCalLS8dD80mzkSsVtYVOyccx3z/view?usp=drive_link" target="_blank" rel="noreferrer noopener">han hecho esfuerzos conjuntos</a>&nbsp;para controlar una de las fuentes del problema:&nbsp;<strong>muestrear a los perros y gatos de las comunidades cercanas a las áreas protegidas y bosques con felinos silvestres</strong>. Así han podido identificar algunas de las enfermedades presentes y han adelantado&nbsp;<strong>campañas de vacunación y esterilización</strong>&nbsp;para los animales domésticos. También han realizado talleres sobre la&nbsp;<strong>tenencia responsable de mascotas y acuerdos con comunidades rurales</strong>&nbsp;aledañas a las áreas protegidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sólo en 2024 se esterilizaron 255 perros domésticos y 196 gatos, y se vacunaron 2020 perros domésticos y 562 gatos de zonas rurales de México, Costa Rica, Ecuador, Chile, Brasil, Bolivia, Perú, Colombia y Argentina. Pero los esfuerzos deben redoblarse e incluir participación de los Estados, pues, como advierte la bióloga Paola Nogales, coordinadora del Programa de Investigación de Félidos de Bolivia, “la frontera entre la salud de las mascotas y la fauna del bosque es hoy más delgada que nunca”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras la ciencia trabaja a contrarreloj y con fondos limitados, los felinos se acercan cada vez más a las poblaciones humanas para sobrevivir a&nbsp;<strong>la fragmentación de su hábitat, una de las principales raíces de estas nuevas amenazas.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274997"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/15223550/Foto-7.jpeg" alt="" class="wp-image-274997" /><figcaption class="wp-element-caption">Aún es muy poco lo que se sabe sobre los efectos de virus, bacterias, hongos y parásitos transmitidos por animales domésticos al gato montés. Foto: cortesía Ramiro Pereira Garbero iNaturalist</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal:</strong> Caoba es una yaguarundí (‘Herpailurus yagouaroundi’) que se contagió de leucemia felina, una enfermedad propia de gatos domésticos, por lo que deberá permanecer en cautiverio en un centro de rescate de Costa Rica. <strong>Foto:</strong> cortesía Centro de Rescate Las Pumas</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por </em><a href="https://es.mongabay.com/by/daniela-quintero-diaz/">Daniela Quintero Díaz</a> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/07/no-hace-falta-una-bala-enfermedades-animales-domesticos-amenazan-felinos-silvestres-latinoamerica/" id="https://es.mongabay.com/2026/07/no-hace-falta-una-bala-enfermedades-animales-domesticos-amenazan-felinos-silvestres-latinoamerica/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
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        <pubDate>Fri, 24 Jul 2026 21:07:35 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Principal-Credito_-Centro-de-Rescate-Las-Pumas.jpeg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[No hace falta una bala: enfermedades de animales domésticos amenazan a los felinos silvestres de Latinoamérica]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Día Internacional de los Tiburones: la carrera científica para salvarlos desde México hasta la Patagonia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/dia-internacional-de-los-tiburones-la-carrera-cientifica-para-salvarlos-desde-mexico-hasta-la-patagonia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cada 14 de julio, conservacionistas y científicos del mundo invitan a detenerse un momento para pensar en unos animales que rara vez inspiran ternura, pero que sostienen el equilibrio de los océanos desde hace más de 400 millones de años. Es el&nbsp;Día Mundial de los Tiburones, una fecha creada para recordar algo que la ciencia [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Un tercio de las especies de tiburones en el mundo está amenazada de extinción, por lo que la ciencia latinoamericana está generando evidencia clave para protegerlos. </em></li>



<li><em>En Galápagos, un estudio calculó que el turismo de avistamiento de tiburones generó 76 millones de dólares en 2023, superando ampliamente lo que dejaría la pesca ilegal con palangre.</em></li>



<li><em>En el Golfo de California, México, científicos y pescadores artesanales trabajan juntos para convertir un corredor migratorio en un área marina protegida.</em></li>



<li><em>En la Patagonia argentina, transmisores satelitales revelan por primera vez los movimientos del tiburón gatopardo.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Cada 14 de julio, conservacionistas y científicos del mundo invitan a detenerse un momento para pensar en unos animales que rara vez inspiran ternura, pero que sostienen el equilibrio de los océanos desde hace más de 400 millones de años. Es el&nbsp;<strong>Día Mundial de los Tiburones</strong>, una fecha creada para recordar algo que la ciencia repite desde hace décadas: sin depredadores tope, los ecosistemas marinos se desmoronan. Y sin embargo,&nbsp;<strong>más de un tercio</strong>&nbsp;<strong>de las especies de tiburones y rayas del planeta están amenazadas de extinción</strong>, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La mayoría es víctimas de la pesca —dirigida o incidental—, que no da tregua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En América Latina, son numerosos los ejemplos donde la ciencia ha emprendido una carrera contra el tiempo para intentar comprender y proteger a estos animales antes de que sea demasiado tarde. En Galápagos, Ecuador,&nbsp;<strong>un estudio</strong>&nbsp;<strong>le pone precio a la industria del turismo de tiburones</strong>&nbsp;para desafiar a la presión pesquera que desde hace años intenta legalizar un método de pesca que pondría en riesgo a los tiburones. En el Golfo de California, México,&nbsp;<strong>un corredor migratorio empieza a mapearse de la mano de los propios pescadores</strong>&nbsp;para convertirse en área protegida. Y en Argentina,&nbsp;<strong>transmisores satelitales están revelando los movimientos de un primitivo tiburón</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;conversó con los científicos detrás de estas tres historias. Esto es lo que están descubriendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/07/ecologo-estudia-mantarrayas-gigantes-guerra-gaza-entrevista/">El ecólogo que estudia las mantarrayas gigantes en medio de la guerra en Gaza | ENTREVISTA</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Ecuador: el avistamiento de tiburones en Galápagos gana puntos contra la pesca ilegal</h2>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274815"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/14134744/JoshuaVela_5C_1499-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-274815" /><figcaption class="wp-element-caption">Tiburón martillo. Foto: Joshua Vela</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Desde hace años el sector pesquero artesanal de la&nbsp;<strong>Reserva Marina de Galápagos</strong>&nbsp;presiona para legalizar el palangre, una línea con cientos de anzuelos prohibida en el área desde el año 2000. El argumento de ciertos pescadores es que el uso del palangre les permitiría acceder a especies de alto valor destinadas a la exportación. Para científicos y conservacionistas, en cambio,&nbsp;<strong>el palangre representa una grave amenaza</strong>: engancha todo lo encuentra en su camino, incluyendo a los tiburones amenazados de extinción que, justamente, son parte de la razón de ser del área protegida. La discusión ha vuelto una y otra vez, pero los científicos de la Fundación Charles Darwin están inclinando la balanza a favor de la conservación. Sus datos demuestran que&nbsp;<strong>el avistamiento de tiburones</strong>&nbsp;<strong>deja ganancias en el archipiélago que sobrepasan con creces las que pudiera dejar la pesca ilegal con palangre</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un equipo de científicos liderados por Gabriel Vianna, coinvestigador principal del Programa de Ecología y Conservación de Tiburones de la Fundación Charles Darwin, calculó que el turismo de avistamiento de tiburones generó, en 2023, un impacto económico de&nbsp;<strong>76 millones de dólares en Galápagos</strong>&nbsp;—cerca del 15 % de toda la economía del archipiélago— y sostuvo directamente unos 1900 empleos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El&nbsp;<strong>tiburón martillo común</strong>&nbsp;(<em>Sphyrna lewini</em>), la estrella de esa industria,<strong>&nbsp;aportó 14.6 millones de dólares</strong>, 30 veces más de lo que llegó a generar la captura de esta especie a nivel nacional, antes de que su comercialización se prohibiera en 2020.&nbsp;<strong>El tiburón ballena sumó otros 5.1 millones en apenas seis meses de temporada</strong>. Son los primeros datos que ponen a Galápagos entre las industrias de buceo con tiburones más grandes del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según&nbsp;<a href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=6017076" target="_blank" rel="noreferrer noopener">la investigación,</a>&nbsp;<strong>la pesca dirigida a los tiburones en las décadas de los 90 y 2000 dio lugar a capturas anuales estimadas entre</strong>&nbsp;<strong>63 000 y 405 000 tiburones</strong>&nbsp;solo dentro de la reserva, creada en 1998. “Esas capturas generaron ingresos netos anuales en Galápagos de entre&nbsp;<strong>0.6 y 9.4 millones de dólares</strong>&nbsp;entre 2000 y 2005”, indica el estudio. Considerando la inflación, los científicos calculan que la pesca ilegal de tiburones en Galápagos, de haber continuado a esa misma escala, habría generado aproximadamente&nbsp;<strong>7.5 millones de dólares en 2023.</strong>&nbsp;Esa cantidad representa solo el 15 % de los ingresos generados por el turismo de observación de tiburones en el mismo año.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El porcentaje real, sin embargo, sería mucho menor, dado que los niveles actuales de pesca ilegal de tiburones son mínimos en comparación con las décadas anteriores. Y es que no hay que olvidar que “a principios de la década de 2010, la caída de los precios de las aletas en el mercado negro, junto con las mejoras en la vigilancia y la aplicación de la ley, provocó un importante descenso de la pesca artesanal ilegal de tiburones dentro de la Reserva Marina de Galápagos”, señala el estudio.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274818"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/14134753/JoshuaVela_5C_5524-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-274818" /><figcaption class="wp-element-caption">Los tiburones martillo forman grandes cardúmenes. Foto: Joshua Vela</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En todo caso, estas cifras calculadas por los científicos de la Fundación Charles Darwin son la pieza que le faltaba a la discusión sobre el palangre. Otra investigación liderada por Vianna y publicada<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0308597X2600076X" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;en la revista Marine Policy&nbsp;</a>concluye que el uso sostenible de los recursos marinos es esencial para mantener los medios de vida en Galápagos, incluyendo los de los pescadores. Y es que&nbsp;<strong>el turismo consume el 70 % de la producción pesquera artesanal local,</strong>&nbsp;“así que los mismos pescadores terminan beneficiándose de que los tiburones sigan vivos”, dice Vianna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abrir una pesquería artesanal de palangre para exportación, en cambio, tendría costos sociales, económicos y ambientales mucho mayores que sus beneficios, costos que terminarían pagando otras industrias, el Gobierno y las comunidades locales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No se trata de ponerle precio a la vida de un animal”, señala Vianna a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>. “Deberíamos conservar porque los animales tienen su derecho de existir”, agrega. El problema, indica, es que “la conservación en base a ese argumento perdió”. De hecho, “<strong>las poblaciones de tiburones están entre 30 % y 40 % —tal vez entre 20 % y 40 %— de lo que eran hace 50 años</strong>. Tenemos que tener argumentos más efectivos“, explica.</p>



<h2 class="wp-block-heading">México: pescadores y científicos&nbsp;buscan proteger un corredor marino clave para los tiburones</h2>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274819"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/14134809/Marcaje_Isla_Paritda_Marla_Tomorug_Edges_Of_Earth-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-274819" /><figcaption class="wp-element-caption">Marcaje de tiburones en isla Partida. Foto: Marla Tomorug / Edges Of Earth</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Entre Loreto y Los Cabos, en el suroeste del Golfo de California, hay&nbsp;<strong>una autopista submarina</strong>&nbsp;que nadie ve desde la superficie.&nbsp;<strong>Es un corredor migratorio que conecta islas y montañas submarinas, por el que se mueven numerosas especies marinas, entre ellas tiburones</strong>. James Ketchum, cofundador de la organización Pelagios Kakunja, lleva más de una década documentando esos movimientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La especie emblema es el tiburón martillo común,&nbsp;<em>Sphyrna lewini</em>, famoso por formar los grandes cardúmenes que en los años 90 era posible ver en el Golfo de California.</strong>&nbsp;“Lo que estamos haciendo es tratar de recuperar esos grandes cardúmenes que vimos en su tiempo y que básicamente desaparecieron», dice Ketchum.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El corredor cumple varias funciones para la especie:&nbsp;<strong>es zona de alimentación, de reproducción, de descanso y de limpieza</strong>. Además, al estar conectado con las zonas costeras de crianza, el corredor es un espacio de tránsito para las hembras que van a parir cerca de la costa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que distingue a este proyecto es quiénes lo están construyendo. Desde el inicio, casi todo el trabajo de Pelagios Kakunja&nbsp;<strong>se ha hecho de la mano de pescadores artesanales</strong>&nbsp;locales, comunidades con más de 100 años pescando en estos mismos bajos con piola y anzuelo. Son ellos quienes conocen cada roca submarina y quienes han llevado a los investigadores a los sitios exactos donde han podido capturar y marcar a los animales.&nbsp;<strong>Muchos de esos pescadores fueron tiburoneros</strong>&nbsp;hasta hace pocos años; dejaron de serlo ante la escasez de animales y la caída del precio de la aleta a un tercio de lo que valía. Hoy se dedican a la pesca de escama —como pargos o cabrillas — en las mismas montañas submarinas donde antes buscaban tiburones.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274813"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/14134738/Edges-of-Earth_Marla-Tomorug_Mexico_Isla-Partida_Drone-_20240130233218_0031_D-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-274813" /><figcaption class="wp-element-caption">Los pescadores ayudan a los científicos a ubicar a los tiburones para su marcaje. Foto: Marla Tomorug/ Edges Of Earth</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Con algunos de ellos Ketchum y su equipo ya probaron que la transición hacia otras actividades productivas funciona.&nbsp;<strong>En el Parque Nacional Archipiélago Espíritu Santo, que es parte del corredor migratorio, Pelagios Kajunja financió hace unos años una embarcación para que un grupo de pescadores extiburoneros hiciera vigilancia en el área marina protegida</strong>, particularmente en el Bajo de Espíritu Santo donde está prohibido pescar con redes y otras artes de pesca consideradas de impacto. Este año, esos mismos pescadores comenzarán a ofrecer turismo de avistamiento de tiburones y fauna marina. El problema es que la protección que existe en Espíritu Santo se detiene en la frontera invisible del parque nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, a solo 20 millas al norte,&nbsp;<strong>en un islote llamado Las Ánimas,</strong>&nbsp;<strong>no existe ninguna protección ni regulación, excepto la veda de tiburones y rayas que dura tres meses</strong>. “Las Ánimas es un área abierta a la pesca”, indica Ketchum. El problema es que los tiburones martillos que nadan protegidos en Espíritu Santo se mueven hacia allí, donde barcos industriales que utilizan redes de cerco se aproximan a pescar, explica el científico. “Tiran sus grandes redes y sacan de todo, incluido los tiburones.&nbsp;<strong>Están básicamente acabando con lo que queda</strong>”, señala Ketchum.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El corredor marino que se quiere proteger —y que es al mismo tiempo una de las Áreas Importantes para Tiburones y Rayas (ISRA) reconocidas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza— cubre justamente esos vacíos. La iniciativa, sin embargo,&nbsp;<strong>deberá nacer de los pescadores</strong>&nbsp;para que pueda ver la luz. “Para que este corredor marino se pueda conservar y proteger, se tiene que involucrar a los pescadores desde un inicio y sean ellos quienes busquen las mejores herramientas para su conservación y manejo”, dice Ketchum.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Científicos empiezan a desentrañar los misterios del tiburón gatopardo en Argentina</h2>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274785"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/13203339/250921M4NC7-768x512.png" alt="" class="wp-image-274785" /><figcaption class="wp-element-caption">El tiburón Gatopardo tiene una sola aleta dorsal, siete hendiduras branquiales en lugar de las cinco, como otros tiburones, y una mandíbula de articulación primitiva. Foto: cortesía Fundación Rewilding</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas, lo que se sabía sobre el&nbsp;<strong>tiburón gatopardo</strong>&nbsp;—<em>Notorynchus cepedianus</em>, uno de los depredadores más grandes del mar argentino— era un rompecabezas armado con piezas sueltas: reportes de pesca deportiva, desembarcos ocasionales, observadores a bordo de barcos industriales. Nadie tenía un mapa real de por dónde se movían. Ahora,<strong>&nbsp;gracias a transmisores satelitales ese mapa empieza a dibujarse</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El gatopardo tiene una anatomía que delata su antigüedad evolutiva: una sola aleta dorsal, siete hendiduras branquiales en lugar de las cinco habituales y una mandíbula de articulación primitiva.&nbsp;<strong>Es uno de los tiburones de mayor tamaño que se pueden encontrar en en la Patagonia argentina</strong>&nbsp;—las hembras llegan a medir hasta 2.68 metros— y lo que es más sorprendente: este tiburón podría ser, incluso, un depredador tope más relevante que la propia orca (Orcinus orca).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nelson Bovcon, investigador del Instituto Multidisciplinario para la Investigación y el Desarrollo Productivo y Social de la Cuenca Golfo San Jorge (IIDEPyS-GSJ) y del Instituto de Hidrobiología de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, forma parte del equipo que este año, en colaboración con la Universidad Provincial del Sudoeste y Rewilding Argentina, colocó&nbsp;<strong>ocho transmisores satelitales</strong>&nbsp;en ejemplares capturados en Caleta Malaspina, Chubut, y en Cabo San Antonio, provincia de Buenos Aires.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274787"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/13203350/Marcado_TiburonGatoPardo_-Diciembre-2025_Horacio-Barbieri_06-9-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-274787" /><figcaption class="wp-element-caption">Científicos marcan un tiburón gatopardo para seguir sus movimientos. Foto: cortesía Fundación Rewilding</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La técnica de marcado es artesanal. Dado que&nbsp;<strong>estos animales nadan muy cerca de la costa,</strong>&nbsp;los pescan con caña apenas unos pocos metros desde la playa, meten al animal en escasos centímetros de agua para inmovilizarlo sobre una camilla y en menos de dos minutos lo miden, lo sexan y lo liberan. “Nadan tan cerca de la costa que a veces los agarramos de la cola y los sacamos hacia fuera. De noche escuchas los coletazos; con la linterna ves el brillo de los ojos. Es increíble la cantidad que suele haber”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los datos que empezaron a llegar confirmaron los movimientos de estos animales para entender cómo ocupan el territorio marítimo.&nbsp;<strong>Todos los ejemplares monitoreados se movieron hacia el norte</strong>&nbsp;y al menos una hembra recorrió, casi en línea recta, la distancia completa entre Chubut y la provincia de Buenos Aires. Otro ejemplar nadó 300 kilómetros de ida y vuelta entre Caleta Malaspina y el Golfo Nuevo en un mismo verano. Los hallazgos también están apuntando hacia la posibilidad de que estos animales no nadan siempre pegados al lecho marino como se pensaba, sino que ocupan toda la columna de agua, aunque esto sigue siendo una hipótesis.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El gatopardo está clasificado como Vulnerable por la UICN, aunque Bovcon aclara que esa categoría es, sobre todo, precautoria: es una de las pocas especies cuyo esqueleto no se calcifica</strong>, así que no hay forma de determinar con certeza la edad de un ejemplar ni, por lo tanto, cuántas camadas puede llegar a tener en su vida. Lo que sí hay son testimonios de pescadores que documentan una reducción de la población en las últimas tres generaciones. Además, “se conocen matanzas importantes en la década de los 80 y 90. Iban pescando y mataban de a 15, 20 ejemplares. Era algo anecdótico”, cuenta Bovcon.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_274786"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/13203345/250921M4NC8-768x512.png" alt="" class="wp-image-274786" /><figcaption class="wp-element-caption">Tiburón gatopardo, en el Parque Patagonia Azul. Por la característica de su esqueleto no hay forma de determinar con certeza las edades de los ejemplares. Foto: cortesía Fundación Rewilding</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La amenaza hoy no es tanto la pesca dirigida —nadie sale a buscar gatopardos— sino la incidental. De hecho,&nbsp;<strong>aparecen con frecuencia en las redes agalleras</strong>&nbsp;<strong>costeras de Buenos Aires que los pescadores instalan para capturar otras especies</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La función del gatopardo en el ecosistema, así como la de todos los tiburones, es indelegable. Al ser depredadores topes,&nbsp;<strong>regulan las poblaciones de otras especies marinas y garantizan el equilibrio de la cadena alimenticia</strong>. Aunque son numerosas las preguntas que aún permanecen sin respuesta para entender a esta enigmática especie, conocer sus movimientos es el primer paso para protegerla.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal: </strong>los tiburones se encuentran en la cima de la pirámide trófica. Al cazar, también se alimentan de peces heridos o enfermos, lo que regula las poblaciones de otras especies, manteniendo la salud y el equilibrio de los ecosistemas marinos. <strong>Foto: </strong>Joshua Vela</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/michelle-carrere/">Michelle Carrere</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/07/dia-internacional-tiburones-carrera-cientifica-para-salvarlos-mexico-ecuador-argentina/" id="https://es.mongabay.com/2026/07/dia-internacional-tiburones-carrera-cientifica-para-salvarlos-mexico-ecuador-argentina/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
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        <pubDate>Tue, 14 Jul 2026 23:52:28 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Día Internacional de los Tiburones: la carrera científica para salvarlos desde México hasta la Patagonia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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        <title>Nohora Alejandra Quiguantar: la mujer pasto que convirtió la búsqueda de justicia para su abuela en una carrera científica</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/nohora-alejandra-quiguantar-la-mujer-pasto-que-convirtio-la-busqueda-de-justicia-para-su-abuela-en-una-carrera-cientifica/</link>
        <description><![CDATA[<p>A&nbsp;Nohora Alejandra Quiguantar, indígena pasto, no le contaron de inmediato que&nbsp;a su abuela María Quiguantar la habían torturado y asesinado. Era 17 de febrero de 2002. Había regresado del colegio más tarde de lo habitual, en el resguardo indígena Mallamues, en Nariño, en el suroeste de&nbsp;Colombia. Tal vez se quedó jugando o recogiendo moras en [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>La lideresa indígena y bióloga se convirtió en una de las científicas indígenas de América Latina en ocupar espacios para que los conocimientos ancestrales de su comunidad en Nariño sean reconocidos y valorados por la academia.</em></li>



<li><em>La abuela de Quiguantar, asesinada y torturada, fue una lideresa y defensora del territorio de su pueblo en Nariño, en el suroeste de Colombia.</em></li>



<li><em>La investigación de esta científica documentó conocimientos sobre plantas medicinales y alertó sobre la desaparición de saberes conservados históricamente por abuelas y parteras.</em></li>



<li><em>Hoy lleva la agenda de mujeres indígenas y la defensa del conocimiento tradicional a escenarios científicos y climáticos internacionales.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">A&nbsp;<strong>Nohora Alejandra Quiguantar</strong>, indígena pasto, no le contaron de inmediato que&nbsp;<strong>a su abuela María Quiguantar la habían torturado y asesinado</strong>. Era 17 de febrero de 2002. Había regresado del colegio más tarde de lo habitual, en el resguardo indígena Mallamues, en Nariño, en el suroeste de&nbsp;<strong>Colombia</strong>. Tal vez se quedó jugando o recogiendo moras en el camino; no lo recuerda con claridad. De ese día le quedaron apenas fragmentos: la casa llena de gente, el murmullo espeso de la comunidad, los rostros tensos y ese silencio extraño del miedo cuando todavía no se entiende del todo la tragedia, pero ya se siente en el cuerpo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">María Quiguantar no era solo su abuela.&nbsp;<strong>Era partera, médica tradicional y lideresa de un proceso de recuperación de tierras que colonos, terratenientes y miembros de la Iglesia Católica</strong>&nbsp;<strong>les habían arrebatado a decenas de familias indígenas en Nariño</strong>. Su asesinato condenó a la familia al desplazamiento. Pero antes de la violencia, también había sembrado una herencia más profunda: la chagra -huerta-, las plantas medicinales y la certeza de que la salud nace de la relación con la tierra.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;</strong><a href="https://es.mongabay.com/2026/06/seis-cientificas-indigenas-llevan-conocimiento-ancestral-academia/"><strong>Seis científicas indígenas llevan el conocimiento ancestral a la academia</strong></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue allí, junto a ella, donde Nohora Alejandra Quiguantar aprendió el poder de las mujeres indígenas en el cuidado y la sanación. Vio a su abuela curar enfermedades con lo que la tierra daba e incluso asistir el parto de una de sus hermanas. Ese saber sembrado en la infancia, la llevó años después a&nbsp;<strong>convertirse en una de las pocas científicas indígenas de América Latina con voz en escenarios de Naciones Unidas y en cumbres como la Conferencia de las Partes de la Convención Marco para el Cambio Climático</strong>. Esta es su historia.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273876"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/19160937/NOHORAQUIGUANTAR7-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-273876" /><figcaption class="wp-element-caption">El asesinato de su abuela, María Quiguantar, terminó de empujar a Quiguantar. “Quería buscar justicia por lo de mi abuela. Para eso tenía que acceder a información y la información estaba en la escuela”, afirma. Foto: cortesía Ricardo Vejarano/Vorágine</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">El color de las hojas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Nohora Alejandra Quiguantar creció entre las montañas de Nariño, en una zona que colinda con el Pacífico y el Amazonas. La escuela quedaba a dos kilómetros de su casa, pero el trayecto casi nunca era directo: se detenía a trepar árboles, a mirar hojas, a preguntarse por qué unas eran verdes y otras rojizas. La curiosidad empezó así, caminando. En casa, un pequeño espacio de barro y de una sola habitación donde vivía con su mamá, su abuela y sus hermanas, encontró sus primeras respuestas.&nbsp;<strong>“Mi mamá fue mi primera maestra de biología”, dice a&nbsp; Mongabay Latam y Vorágine para el especial Científicas Indígenas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/06/marisel-mamani-cientifica-aymara-busca-reducir-uso-agroquimicos-bolivia/">Marisel Mamani: la científica aymara que busca reducir el uso de agroquímicos en Bolivia</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Su madre, Lupe Quiguantar,&nbsp;<strong>le enseñó que la ciencia también estaba en la chagra: en la sopa de quinoa, en el maíz, el trigo, los tubérculos y las plantas medicinales</strong>&nbsp;que sostenían la vida familiar. Su abuela le dejó la selección de semillas, el trabajo de huerta y la defensa del territorio. Su familia ha sido un matriarcado y el cuidado, en su comunidad, también ha sido una cuestión de mujeres. De ellas aprendió no solo a curar, sino a liderar y desafiar el destino que parecía escrito para ella: ser esposa y madre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El asesinato de María Quiguantar terminó de empujar esa decisión.&nbsp;<strong>“Quería buscar justicia por lo de mi abuela. Para eso tenía que acceder a información y la información estaba en la escuela”, afirma.</strong>&nbsp;Quiso ser abogada o médica, pero las brechas de la educación que recibió en el resguardo le cerraron esas puertas y eligió biología. Fue la primera profesional de su familia materna y una de las pocas mujeres de su generación en llegar a la universidad. A la Universidad del Quindío.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allí, Nohora Alejandra Quiguantar por fin encontró la respuesta a por qué las hojas de los árboles que la vieron crecer tenían colores distintos. Pero la academia también fue otro escenario de disputa.<strong>&nbsp;Era la única indígena en su clase.</strong>&nbsp;A los prejuicios se sumaba la ausencia de profesores indígenas y de espacios donde los sistemas de conocimiento de comunidades como la suya dialogaran en igualdad con la ciencia occidental.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;</strong><a href="https://es.mongabay.com/2026/06/avita-taricuarima-biologa-kukama-amazonia-peruana-conocimiento-cientifico-comunidad/"><strong>Avita Taricuarima: la bióloga kukama de la Amazonía peruana que devuelve el conocimiento científico a su comunidad</strong></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">De esa incomodidad nació el primer cabildo indígena universitario, un organismo estudiantil para reconocer y garantizar los derechos de los pueblos originarios. Por ejemplo, sus lenguas, creencias y prácticas. Sin embargo, las tensiones continuaron, especialmente cuando llegó el momento de su tesis de grado.&nbsp;<strong>Para ella, las plantas no eran únicamente materia, también eran memoria, protección y espiritualidad. Sus profesores, sin embargo, veían esas ideas como algo ajeno al método científico</strong>. Sus resultados no eran considerados datos y, por eso, eran invalidados.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273878"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/19161057/NOHORAQUIGUANTAR15-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-273878" /><figcaption class="wp-element-caption">“Mi mamá fue mi primera maestra de biología”, dice Quiguantar. Foto: cortesía Ricardo Vejarano/Vorágine</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">El legado de las abuelas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Pese a la resistencia, Quiguantar decidió cambiar las reglas. Implementó una metodología comunitaria y colectiva, se deshizo de la rigidez del lenguaje académico y empezó a narrar la historia de sus antepasadas a través de las plantas y de los usos que les habían dado durante generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En mingas alrededor de la tulpa -el espacio de encuentro de su resguardo- habló con madres, mujeres líderes, parteras, docentes y taitas que identificaron 90 plantas medicinales.</strong>&nbsp;Las organizó en categorías: espirituales y protectoras, curativas, tintóreas y usadas en la partería. Guante blanco como insecticida; jujún para el dolor de estómago y para “sacar el frío”; culantrillo para los trastornos menstruales. Ese fue su trabajo de grado al que tituló: “Plantas medicinales utilizadas en el resguardo indígena de Muellamués, pueblo de los pastos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el inicio supo que&nbsp;<strong>esa investigación no era solo una tesis, sino una forma de sostener una memoria sagrada que estaba desapareciendo</strong>. El cambio climático había hecho más difícil encontrar algunas plantas. Muchos jóvenes se habían ido del resguardo y quienes guardaban ese conocimiento estaban muriendo. “Mi trabajo de investigación no lo estaba haciendo para la universidad, sino para la gente”, dice. A pesar de la resistencia frente a su metodología, se graduó como bióloga,&nbsp;<strong>demostrando que el conocimiento heredado de su comunidad también podía reclamar su lugar en la ciencia</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/06/paola-moreno-roman-cientifica-quechua-lleva-microscopios-papel-escuelas-rurales-peru/">Paola Moreno-Roman: la científica quechua que lleva microscopios de papel a escuelas rurales de Perú</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Su cercanía con la Amazonía la llevó a indagar en la necesidad de políticas públicas que protejan los conocimientos tradicionales de esa zona y el rol de los sabedores tradicionales en espacios académicos. Ese reclamo terminó plasmado en un artículo que hace parte del libro&nbsp;<a href="https://www.researchgate.net/publication/376831275_Evaluacion_Rapida_de_la_Diversidad_Biologica_y_Servicios_Ecosistemicos_de_la_CuencaRegion_Amazonica_CAPITULO_4_Dialogo_de_saberes_y_conocimientos_tradicionales_asociados_a_la_diversidad_biologica">“Evaluación rápida de la diversidad biológica y servicios ecosistémicos de la cuenca/región amazónica”</a>, publicado por la Universidad Javeriana. Fueron 19 los casos de estudio que le permitieron a ella, junto a otros colegas, abordar el papel de las mujeres en la transmisión de conocimiento, los modelos de gestión de la biodiversidad y la bioeconomía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su trayectoria la llevó a retornar a su territorio,&nbsp;<strong>ser parte del Panel Científico por la Amazonía, una iniciativa regional para evaluar el estado de los ecosistemas amazónicos y proponer soluciones sostenibles, y a llegar a más de 200 jóvenes en América Latina mediante talleres</strong>&nbsp;que ella lideró. Su objetivo es construir un manifiesto colectivo sobre los problemas de las comunidades amazónicas, la tenencia de tierras y el rol de las juventudes en la preservación de la selva.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273830"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/18173828/NOHORA-Central-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-273830" /><figcaption class="wp-element-caption">La investigación de la colombiana Nohora Quiguantar documentó conocimientos sobre plantas medicinales y alertó sobre la desaparición de saberes conservados históricamente por abuelas y parteras. Foto: cortesía Ricardo Vejarano/Vorágine</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Descolonizar el conocimiento</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Crisseyda Roman conoció a Nohora Alejandra Quiguantar en septiembre de 2024,&nbsp; durante una cumbre de cambio climático en Nueva York. Entre los asistentes había dos grupos, recuerda: los que dominaban el inglés y los que no. Ambas estaban en el segundo y se volvieron cercanas. “Nohora tiene esa habilidad para conectar a pesar de las barreras lingüísticas. Me decía: ‘Yo no entiendo nada, pero estoy allí, y quiero entender’”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si acceder a investigaciones científicas ya era difícil desde su resguardo, el idioma levantaba otra frontera.</strong>&nbsp;La mayoría de los textos estaban en inglés, un idioma distante de su experiencia como mujer indígena de un pueblo que, hasta hace apenas diez años, creía extinta su lengua ancestral, el pastos, y que hoy solo unos pocos preservan.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>También faltaban referentes: quienes habían trabajado metodologías similares a las que ella buscaba aplicar escribían en otros idiomas o circulaban poco en los espacios académicos tradicionales</strong>. “Busqué muchos referentes de las epistemologías del sur [la rama de la filosofía que estudia cómo se construye, valida y limita el conocimiento]. No eran tan mencionados, pero ya de una u otra manera venían trabajando ciertos temas”, dice a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Vorágine</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;</strong><a href="https://es.mongabay.com/2026/06/rosa-marina-flores-cruz-cientifica-afrozapoteca-investigacion-ambiental-mexico/"><strong>Rosa Marina Flores Cruz: la científica afrozapoteca que sigue el camino del viento en México</strong></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa búsqueda la llevó también a enfrentarse a lo que llama&nbsp;<strong>extractivismo científico: investigaciones que llegan a los resguardos, toman conocimiento y nunca regresan</strong>. Las comunidades no saben qué pasó con su participación, dónde se publicó o para qué sirvió. Quiguantar se opone a esa lógica. Por eso insistió en una ciencia que devolviera algo a su gente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la promesa de retornar lo investigado, pudo confirmar que eran las abuelas quienes guardaban la mayor parte del conocimiento sobre plantas medicinales y que las parteras ocupaban un lugar central en ese saber hoy en riesgo de desaparecer. “Estos sistemas tienen que aterrizar en los espacios de toma de decisiones que tienen los gobiernos para que así puedan responder a las necesidades más cercanas que tienen los pueblos indígenas. Que se reconozca su trabajo desde otras miradas”, explica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Quiguantar todavía nota la cara de asombro de quienes escuchan que es científica e indígena.</strong>&nbsp;Ese debate, insiste, no está en si los pueblos originarios pueden hacer ciencia, sino en que todavía no se les reconoce plenamente como expertos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Llevar el territorio</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Nohora Alejandra Quiguantar ya rompió varios precedentes en su familia: construir un hogar en el lugar del que fue desplazada tras la muerte de su abuela, estudiar, y ocupar espacios donde antes no había mujeres como ella. “A nosotras nos han enmarcado en unos roles de reproducción y cuidado.&nbsp;<strong>Cuando iba a empezar la carrera, los comentarios eran que era una pérdida de tiempo, que ya tenía edad para casarme o mantener un marido</strong>”, cuenta.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273799"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/18153422/Mongabay_cientificasindigenas_v4_web.jpg" alt="" class="wp-image-273799" /><figcaption class="wp-element-caption">Científicas indígenas es un especial de Mongabay Latam que ahonda en las historias de seis mujeres que rompen moldes y llevan el conocimiento ancestral a la academia. Ilustración: Juan Pablo Dellacha</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Roto ese molde, su camino científico se convirtió, también, en conocimiento reconocido por aquello que su abuela María y su madre Lupe le enseñaron desde niña. Llevarlo a escenarios donde ese saber no era considerado ciencia. Eso&nbsp;<strong>le ha abierto las puertas a paneles científicos en la Amazonía, a la Cumbre de Clima de Nueva York, a ser integrante de la Coalición de Acción Feminista por la Justicia Climática de ONU Mujeres, a coordinar talleres en la COP30 en Belém, Brasil, y a crear Tejiendo Pensamiento</strong>. En esta organización, que busca empoderar a las mujeres y niñas en la conservación de ecosistemas, sigue haciendo lo mismo que aprendió en la chagra: escuchar, cuidar y defender el territorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;</strong><a href="https://es.mongabay.com/2026/06/yarina-tapuy-cientifica-kichwa-revela-misterioso-mundo-insectos-ecuatorianos/"><strong>Yarina Tapuy: la científica kichwa que revela el misterioso mundo de los insectos ecuatorianos</strong></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Su amiga Julie Topf dice que ha conocido Colombia a través de sus relatos: las montañas, el páramo, la biodiversidad y la riqueza de las comunidades indígenas de las que, casi siempre, Nohora Alejandra Quiguantar es la única representante en la mesa. “Gran parte de nuestra sociedad todavía está caminando y entendiendo el trabajo de los pueblos indígenas”, dice&nbsp; Topf.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un último reto, por ahora, mora en su comunidad. Los cargos de liderazgo suelen estar reservados para personas casadas y, hasta hoy, no ha habido ninguna mujer liderando las autoridades del resguardo</strong>. Incluso quienes se postulan, difícilmente son elegidas. Señalar esas desigualdades le ha costado distancias y cuestionamientos profundos dentro de su propio pueblo, pero también se ha convertido en parte de su propósito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todavía cuando alguien se sorprende de que una mujer indígena sea científica, recuerda que su primer laboratorio no fue una universidad, sino la chagra de su abuela. Allí aprendió que la ciencia también se siembra, se hereda y se cuida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El asesinato de María Quiguantar sigue impune.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal: </strong>Nohora Alejandra Quiguantar, lideresa indígena y bióloga, forjó una carrera científica en Colombia y el mundo. <strong>Foto:</strong> cortesía Ricardo Vejarano/Vorágine</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/mariana-guerrero/">Mariana Guerrero</a></em> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/06/seis-cientificas-indigenas-llevan-conocimiento-ancestral-academia/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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        <author>Mongabay Latam</author>
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        <pubDate>Wed, 01 Jul 2026 14:14:40 +0000</pubDate>
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