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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 13 Apr 2026 16:29:31 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Conflicto armado en colombia | Blogs El Espectador</title>
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        <title>JESÚS ABAD COLORADO, UN FOTÓGRAFO DE VERDAD</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/jesus-abad-colorado-un-fotografo-de-verdad/</link>
        <description><![CDATA[<p>Al disparar su cámara, Jesús Abad Colorado nunca elige al azar un objetivo. No fotografía la belleza sino la verdad, por más atroz que ella sea, sin lentes deformantes. Por eso siempre elige rostros, manos y cuerpos horadados por la violencia y el sufrimiento. Su mirada nunca es objetiva, está emocionalmente afectada y comprometida con [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Al disparar su cámara, Jesús Abad Colorado nunca elige al azar un objetivo. No fotografía la belleza sino la verdad, por más atroz que ella sea, sin lentes deformantes. Por eso siempre elige rostros, manos y cuerpos horadados por la violencia y el sufrimiento. Su mirada nunca es objetiva, está emocionalmente afectada y comprometida con el padecimiento de las víctimas y su agonía.</p>



<p>Sus fotografías no tienen objetivos, mucho menos, pretenden ser objetivas. Son radicalmente subjetivas, desgarradoras y verdaderas. Ellas llevan nuestras miradas más allá de las víctimas, de sus heridas insondables y sus cuerpos mutilados. Sus fotografías nos interpelan por cientos de miles de vidas destrozadas y sueños truncados. Su cámara, en un segundo, registra y realza la dignidad de hombres, mujeres, niños y niñas que en vida fueron condenados al olvido y solo son reconocidos en el momento de su atroz muerte. La mayoría, campesinos que durante sus vidas honraron, cuidaron y cultivaron la tierra, la amaron, y de manera injusta y arbitraria fueron sepultados y hasta desaparecidos en sus oscuras entrañas, donde miles aún permanecen anónimos en fosas comunes por encontrar y desenterrar.</p>



<p>Así, Jesús Abad, conjura su ausencia definitiva y los resucita a este mundo. Sus vidas quedan inmortalizadas y grabadas en la recamara de la memoria colectiva. Por eso es un fotógrafo y periodista de verdad. Siempre anda armado con su cámara, con ella apunta y dispara e impide que los proyectiles de los victimarios asesinen también la memoria de sus víctimas. Su cámara es un dispositivo de la historia, nos narra con la fuerza irrebatible de las imágenes las identidades y responsabilidades de los victimarios, pero también retrata sin concesiones nuestra indolencia e insensibilidad frente a lo sucedido.</p>



<p><strong>Los múltiples rostros de la verdad</strong></p>



<p>Sin duda, los testimonios de sus incontables y dolorosas imágenes nos permiten comprender y ver la verdad contenida en esta paradójica reflexión de Kafka: <em>“Es difícil decir la verdad; <a>porque si bien es cierto que solo es una, también es cierto que es algo vivo y, por tanto, <strong>tiene un rostro vivo y cambiante”</strong></a><strong>.</strong></em> Esos cientos de rostros, fue lo que nos reveló en su discurso Jesús Abad Colorado, al recibir el Gran premio a la Vida y Obra de un periodista en la clausura de los premios Simón Bolívar de Periodismo 2024<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a> y narrarnos con sus fotografías el intrincado laberinto de violencias en que vivimos y miles mueren atrapados.</p>



<p>Porque no es cierto, en nuestra compleja realidad social y política, que una imagen valga más que mil palabras. Todas esas imágenes están inscritas y son consecuencia de una oscura trama de intereses y conflictos que apenas estamos vislumbrando, gracias a rigurosas investigaciones realizadas en los últimos años por el Centro Nacional de Memoria Histórica<a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a> y el Informe final de la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición.</p>



<p>Para conocer esas terribles verdades y sus responsables, por acción u omisión, hay que ver el documental “<strong><em>No hubo tiempo para la tristeza</em></strong>”<a href="#_edn3" id="_ednref3">[iii]</a>, en donde aparecen numerosas fotografías de Jesús Abad Colorado, y consultar el portal de la Comisión de la Verdad y su informe final “<strong><em>Hay futuro, si hay verdad”</em></strong><a href="#_edn4" id="_ednref4">[iv]</a>. Gracias a ellos y la incansable reportería gráfica de Jesús Abad, sabemos que la verdad “<strong><em>tiene un rostro vivo y cambiante”, </em></strong>que no es otro que el de las víctimas y sus victimarios. Un rostro tan vivo y mutante que en ocasiones es intercambiable e indescifrable, pues las víctimas de ayer se convierten en victimarios mañana, formando así una maraña de terror y venganzas interminables, que todavía no cesa y muchos pretenden prolongar indefinidamente en nombre de la justicia.</p>



<p><strong>Más allá de las víctimas y los victimarios</strong></p>



<p>Lo más cruel y paradójico es que el mayor número de víctimas hayan sido y sigan siendo los campesinos, las comunidades indígenas y negras, convertidas por todos los actores armados, desde los legales e institucionales hasta los ilegales, insurgentes y paramilitares, en carne de cañón y en masa de maniobra de sus mortíferas estrategias militares. Es lo que está sucediendo hoy en El Plateado, en Chocó, en Arauca, Putumayo, en el norte del Cauca, en Antioquia, para solo referir los territorios y las poblaciones más victimizadas.</p>



<p>Ayer, esos campesinos para sobrevivir al asedio del Ejército Nacional en Marquetalia, se convirtieron en guerrilleros y luego, obnubilados por sus victorias y delirios de poder, se ensañaron contra otros campesinos en su disputa territorial contra el ejército y los paramilitares. Luego, para el sostenimiento de sus filas, se transformaron en liberticidas e hicieron del secuestro una industria. Ahora son narcodependientes, traficantes y cancerberos de economías ilegales, que desafían y sepultan las esperanzas de la “Paz Total”.</p>



<p>Y, en medio de ese degradado entramado criminal, otros muchos campesinos, también para sobrevivir o cobrar venganza, se vistieron de paramilitares. Hasta llegar al extremo gubernamental de que otros campesinos, portando el uniforme del Ejército Nacional, en cumplimiento de órdenes y supuestas políticas de “seguridad democrática”, como la Directiva 029 de 2005<a href="#_edn5" id="_ednref5">[v]</a>, asesinaran a miles de jóvenes campesinos y citadinos, disfrazándolos de guerrilleros y sepultándolos como “falsos positivos”<a href="#_edn6" id="_ednref6">[vi]</a>.</p>



<p>Pero lo más inaudito es que todos los anteriores victimarios revistan sus crímenes con narrativas inverosímiles como la defensa de la democracia, la justicia social, la revolución y hasta la soberanía nacional. Narrativas que Jesús Abad Colorado con el valor, la sensibilidad, la fidelidad de sus lentes y la contundencia de sus fotografías, desnuda y deshace por completo, revelándonos verdades que no se pueden seguir ocultando con las lentes deformantes de instituciones, intereses y privilegios al servicio de los victimarios, amparados en sus coartas criminales, sean ellas supuestamente democráticas, revolucionarias y hasta populares.</p>



<p>La vida y obra periodística de Jesús Abad Colorado nos ha revelado esa terrible verdad en cientos de fotografías, confrontándonos con los rostros de miles de víctimas y los de unos cuantos victimarios, que todavía cínicamente evaden sus responsabilidades históricas gracias a la complacencia de millones de ciudadanos que los admiran y de un poderoso corifeo de medios periodísticos que los adulan, excusan y hasta llaman “salvadores de la patria”. Solo cabe esperar que la JEP no sea inferior al único desafío histórico que quizá pueda cumplir: contarnos todas las verdades, identificar a sus principales responsables y sancionarlos simbólicamente, pues no hay penas para el tamaño, número y gravedad de sus execrables crímenes. Muchos menos para reparar a sus innumerables víctimas, su desaparición irreversible y el dolor inconsolable de sus descendientes.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/jesus-abad-colorado-gran-premio-a-la-vida-y-obra-de-un-periodista-en-los-premios-simon-bolivar-2024-noticias-hoy/">https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/jesus-abad-colorado-gran-premio-a-la-vida-y-obra-de-un-periodista-en-los-premios-simon-bolivar-2024-noticias-hoy/</a></p>



<p><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://centrodememoriahistorica.gov.co/">https://centrodememoriahistorica.gov.co/</a></p>



<p><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://www.youtube.com/watch?v=das2Pipwp2w">https://www.youtube.com/watch?v=das2Pipwp2w</a></p>



<p><a href="#_ednref4" id="_edn4">[iv]</a> <a href="https://www.comisiondelaverdad.co/">https://www.comisiondelaverdad.co/</a></p>



<p><a href="#_ednref5" id="_edn5">[v]</a> <a href="https://www.infobae.com/america/colombia/2021/02/19/este-fue-la-directiva-029-de-2005-que-reglamento-el-pago-de-recompensas-de-hasta-3800000-a-militares-por-capturar-o-dar-de-baja-a-guerrilleros/">https://www.infobae.com/america/colombia/2021/02/19/este-fue-la-directiva-029-de-2005-que-reglamento-el-pago-de-recompensas-de-hasta-3800000-a-militares-por-capturar-o-dar-de-baja-a-guerrilleros/</a></p>



<p><a href="#_ednref6" id="_edn6">[vi]</a> <a href="https://www.elcolombiano.com/colombia/jep-revela-nombres-de-victimas-de-falsos-positivos-botas-congreso-BK25949594">https://www.elcolombiano.com/colombia/jep-revela-nombres-de-victimas-de-falsos-positivos-botas-congreso-BK25949594</a></p>
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        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=109052</guid>
        <pubDate>Fri, 06 Dec 2024 16:36:19 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[JESÚS ABAD COLORADO, UN FOTÓGRAFO DE VERDAD]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Vengan a la tienda de la paz</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/en-esta-tienda-del-barrio-la-candelaria-se-juntan-los-emprendimientos-de-sobrevivientes-del-conflicto-armado-colombiano-y-los-firmantes-del-acuerdo-de-paz/</link>
        <description><![CDATA[<p>Vayan a tomar té de coca o viche si no están muy biches. En esta tienda del barrio La Candelaria se juntan los emprendimientos de sobrevivientes del conflicto armado colombiano y los firmantes del acuerdo de paz.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>“…nos quitaron el derecho a morir de viejos”</em>: Martín Cruz, escritor y poeta.</p>
</blockquote>



<p>El centro histórico es mi sitio favorito de Bogotá después de mi casa. Me siento ciudadano de una época lejana que debió ser la mía en otra vida. Recorro sus calles empedradas sin apuro, la vida cultural bulle en la calle o en cualquier teatro, bar o café; en sus librerías soy como niño en dulcería; alelado observo los balcones y, arrastrado por el tiempo, saludo con desdén a Sámano, el virrey de figura jorobada que ordenó fusilar a Policarpa Salavarrieta, o, fascinado, estoy en una tertulia literaria, invitado por el virrey Ezpeleta.</p>



<p>Regreso a La Candelaria una y otra vez… siempre hay una excusa para volver. Es la ciudad en sepia dentro de otra ciudad que presume de moderna. Pero la gente, enferma de afán, pasa por la historia, ignorándola, y en el peor de los casos, pisoteándola. Deberíamos aprender a caminar despacio, porque en la lentitud nos adueñamos del tiempo, de los fantasmas que vigilan la noche, del pasado que no murió si somos capaces de entregamos a la contemplación. El forastero lo sabe. Lo sabe y lo valora. </p>



<p>Siempre hay un pretexto para regresar. </p>



<p>Aquel viernes, por ejemplo, hicimos planes con un amigo para beber algo y ponernos al día.</p>



<p>—Te espero en la <em>Calle La Esperanza</em> —le dije.</p>



<p>Debió abrir los ojos como platos porque nadie en Bogotá llega fácil a una cita por el nombre de una calle.</p>



<p>—Calle 10ª No 4-10, agregué. Arribita del Museo Militar y abajito del Museo de Bogotá, apenas a unos metros de la Librería Separata para más señas.</p>



<p>A la entrada verás una bandera de Palestina. ¡Imposible perderse con esas coordenadas!</p>



<p>Le envié la ubicación por WhatsApp. Se bajó del Transmilenio en la estación Museo del Oro: en cuestión de siete minutos nos encontramos. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>Él pidió una cerveza artesanal y yo un té de coca.</p>



<p>Nos atendió Tania, una líder social del Pacífico, de turbante, trenzas largas, sonrisa acanelada. Huyó con sus hermanos de su natal Tumaco en 2007. Las cosas no han cambiado mucho por allá. El municipio nariñense ocupa el primer lugar en número de homicidios de defensores de derechos humanos, según Indepaz.</p>



<p>Lo suyo ahora es la bebida ancestral. De eso vive. El emprendimiento se llama Afrotumac. <em>“Con el viche queremos unir territorio y ciudad”</em>, dice emocionada. <em>“Es un legado ancestral, hecho a base de caña y diferentes tipos de plantas, con propiedades curativas”. </em> Según Tania, en algunas botellas de viche curado se pueden encontrar hasta 40 plantas diferentes.</p>



<p><em>“Todo hace parte de la espiritualidad, la medicina con la que nuestros antepasados se curaban, y aún las parteras los usan en los partos. Es un legado que quiero mantener”.</em></p>



<p>Me dio un <em>chorrito</em> y me quedé con ganas de otro. <em>“Es bueno para la tensión y la próstata”</em>, añade, muy convencida.</p>



<p><em>“Quiero salir adelante. Las víctimas merecemos otras oportunidades, no que nos vean como personas que no valemos. Ya no podemos quedarnos en el pasado. Quiero que haga parte de mi historia, pero no de mi presente ni de mi futuro”,</em> relata esta madre soltera.</p>



<p>Nos enseñó todos los productos que venden en este lugar, más de 35 emprendimientos de regiones azotadas por el conflicto armado (Nariño, Cauca, Huila, Sierra Nevada de Santa Marta, Caquetá o Putumayo): chocolate, chocolatinas, varios tipos de cerveza, galletas, libros escritos por los sobrevivientes de la guerra, morrales de excombatientes del colectivo <em>La Montaña</em>, camisetas, variedad de cafés y diferentes muñecas de trapo que si hablarán contarían los procesos de sanación por los que han pasados las mujeres sobrevivientes, productos medicinales a base de coca, joyería y arte indígena hecho por mujeres que perdieron a sus hijos en la guerra,</p>



<p>Cada producto integra memorias de sus territorios y saberes ancestrales elaborados por víctimas del conflicto armado que llegaron desplazadas a Bogotá y a la cual se sumaron después algunos firmantes de la paz.<strong> </strong>Son personas que han pasado por demasiado, lo mínimo que merecen es no ser ignoradas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/22112716/Tienda-paz-2-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-101155" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/22112716/Tienda-paz-2-1024x1024.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/22112716/Tienda-paz-2-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/22112716/Tienda-paz-2-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/22112716/Tienda-paz-2-768x768.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/22112716/Tienda-paz-2.jpg 1496w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>La tienda se llama <strong>Memorias Colombia</strong> – <strong>Emprendimientos de paz</strong>. Nació en la virtualidad en 2020 y desde finales de 2023 funciona en esta casa. Síganla en<strong> </strong><a href="https://www.instagram.com/memoriascolombia">Instagram</a>.</p>



<p>Vayan o pidan a domicilio. Compren un regalo aquí. Con lo que recaudan, pagan arriendo, servicios y empleado; las ganancias van a los colectivos. </p>



<p>¡Hagamos las paces con nuestro pasado! </p>



<p>En uno de los estantes vi este libro: “<em>El último fusil, relatos y poemas</em>,” (editorial Teoría y Praxis), escrito por Martín Cruz Vega, un ex guerrillero, nacido en Marquetalia, Caldas, (1964), a quien llamaban Rubín Morro en las montañas. Martín fue el encargado de coordinar la dejación de las 9.000 armas de las FARC-EP, las cuales <em>“pasaron a custodia de las Naciones Unidas para la construcción de los tres monumentos convenidos en el Acuerdo Final de La Habana”, </em>como cuenta en el libro.</p>



<p>Lo abrí en cualquier página y este poema encontré:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-text-align-center"><em>“Nos quitaron la risa, los prados y sus múltiples colores.</em></p>



<p class="has-text-align-center"><em>La noche oscura se hizo interminable, nos apagaron los faroles de las aulas, nos prohibieron decir la verdad, nos despojaron de la educación, pisotearon nuestra historia, hicieron de Bolívar un recuerdo y, sobre él, una legalidad que nos oprime, que nos lacera, que nos hizo abrazar el justiciero metal.</em></p>



<p class="has-text-align-center"><em>Nos han quitado los derechos, los deberes se agigantan en impuestos miserables, nos quitaron el derecho a morir de viejos, nos labraron las bóvedas de la muerte para quedar insepultos en los andenes, en las fuentes de los ríos, en cualquier basurero o en un cantón militar apagaron la eternidad de los sueños, solo nos dejaron la lucha por la vida, por la paz y la esperanza y volver a soñar como los niños”.</em></p>
</blockquote>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=101152</guid>
        <pubDate>Thu, 23 May 2024 02:14:04 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Vengan a la tienda de la paz]]></media:description>
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            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La Violencia no inició con el asesinato de Gaitán</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/consideraciones-politicas/la-violencia-no-inicio-con-el-asesinato-de-gaitan/</link>
        <description><![CDATA[<p>Es hora de replantear la convención histórica de que el periodo de la Violencia en Colombia inició con el asesinado de Jorge Eliecer Gaitán. Con los nuevos datos publicados por el Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) se evidencia que los hechos victimizantes en Colombia iniciaron antes del [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Es hora de replantear la convención histórica de que el periodo de la Violencia en Colombia inició con el asesinado de Jorge Eliecer Gaitán. Con los nuevos datos publicados por el Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) se evidencia que los hechos victimizantes en Colombia iniciaron antes del asesinato del líder liberal. Aunque la información es primaria y hay <a href="https://rutasdelconflicto.com/notas/las-bases-datos-del-centro-memoria-disputas-contar-el-origen-del-conflicto-armado">debates por la metodología</a> con la que se está recolectando, lo cierto es que desde 1944 se evidencia <a href="https://micrositios.centrodememoriahistorica.gov.co/observatorio/portal-de-datos/base-de-datos/">un aumento en las cifras</a> de asesinatos selectivos y daño en bienes civiles; mientras que desde 1947 se observa el despunte en masacres, violencia sexual, entre otros. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>Incluso, ante el hostigamiento que vivían los liberales y su impunidad, en abril de 1947 (un año antes de su muerte) Gaitán le remitió al presidente Mariano Ospina y al ministro de Gobierno un <a href="https://www.comisiondelaverdad.co/la-marcha-del-silencio">“Memorial de Agravios”</a>. Ya en febrero de 1948, Gaitán convocó la “Marcha del Silencio” la cual reunió en el centro de Bogotá alrededor de 100 mil personas que protestaron contra la violencia ejercida contra simpatizantes del Partido Liberal. En la manifestación, los participantes debían guardar silencio como expresión de duelo por las victimas asesinadas por la policía en regiones como el Sumapaz, Tolima, Valle del Cauca y el Eje Cafetero.</p>



<p>Pero ¿cuál fue la fuente de la violencia en ese momento? Son varias las hipótesis planeadas, entre las que se cuentan: el triunfo del conservatismo en 1946 (luego de 16 años de liberalismo), lo cual devino en una sociedad cada vez más polarizada; la persecución y represión contra el movimiento gaitanista y los sectores subalternos que estaban emergiendo en plena Guerra Fría; sin embargo, la que más profundo ha calado está relacionada con la tenencia de la tierra.</p>



<p>Después del proyecto de reforma agraria impulsada por la Ley 200 de 1936 en el marco del gobierno de Alfonso López Pumarejo, en el campesinado se configuró la esperanza de que la tierra podía ser distribuida en un término de 10 años. La ley era expresa en proponer que, quienes concentraban tierras improductivas, tenían una década para ponerlas a producir, de lo contrario, el Estado podía expropiarlas para entregarlas a desposeídos.</p>



<p>A finales de la década del treinta e inicios del cuarenta fueron muchos los campesinos que invadieron terrenos privados improductivos con la finalidad de que el Estado cumpliera su palabra y distribuyera la tierra. Algunos de los grandes propietarios habían asumido el dictamen del gobierno y estaban dispuestos a entregar sus predios al Estado. A pesar de estos avances, con la Ley 100 de 1944 (impulsada por la misma administración de López en su segundo mandato), se instauró la contrareforma que empoderó a los propietarios de grandes extensiones y limitó los derechos adquiridos por los campesinos.</p>



<p>La respuesta de algunos terratenientes no se hizo esperar. Armaron con machetes, cuchillos y escopetas de fisto a sus peones y los enviaron a expulsar campesinos invasores, presentándose las primeras masacres y asesinatos selectivos en 1945. Este año fue traumático para el país: además del intento de golpe contra la administración de López Pumarejo en Pasto, llegó el gobierno interino de Alberto Lleras Camargo que hizo caso omiso a estos hechos delictivos y al inicio de la violencia en Colombia. Si bien el asesinato de Gaitán extrapoló la violencia, desde finales de 1944 y producto de la respuesta criminal de sectores terratenientes es que se presentan los primeros hechos victimizantes. &nbsp;</p>



<p>Aplaudo la sistematización de esta información (que empezó a realizar el CNMH en cabeza de Gloria Valencia Gaitán), pues ayuda a develar los orígenes del conflicto armado en Colombia que tiene como antecedente el periodo de la Violencia. &nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Maylor Caicedo</author>
                    <category>Consideraciones políticas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=100931</guid>
        <pubDate>Fri, 17 May 2024 11:44:28 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La Violencia no inició con el asesinato de Gaitán]]></media:description>
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        <item>
        <title>Crimen organizado, conflicto armado e impacto territorial</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-ciencias-sociales-hoy/crimen-organizado-conflicto-armado-e-impacto-territorial/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Luis Gabriel Salas*  y  Jhon Williams Montoya G.** Este libro es parte del proyecto atlas histórico del conflicto armado en Colombia, 1964-2017, financiado por el Centro de Memoria histórica a través de Minciencias (2021-2022 e incluye también los resultados de otro proyecto del 2017, financiado por el Ministerio de Justicia y del Derecho, que buscaba [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Por: Luis Gabriel Salas*  y  Jhon Williams Montoya G.**</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-large wp-image-95881" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Salas-S.-y-Montoya-G.-eds.-2023.-Crimen-organizado-conflicto-armado-e-impacto-territorial-portada-786x1024.jpg" alt="" width="786" height="1024" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Salas-S.-y-Montoya-G.-eds.-2023.-Crimen-organizado-conflicto-armado-e-impacto-territorial-portada-786x1024.jpg 786w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Salas-S.-y-Montoya-G.-eds.-2023.-Crimen-organizado-conflicto-armado-e-impacto-territorial-portada-115x150.jpg 115w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Salas-S.-y-Montoya-G.-eds.-2023.-Crimen-organizado-conflicto-armado-e-impacto-territorial-portada-230x300.jpg 230w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Salas-S.-y-Montoya-G.-eds.-2023.-Crimen-organizado-conflicto-armado-e-impacto-territorial-portada-768x1000.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Salas-S.-y-Montoya-G.-eds.-2023.-Crimen-organizado-conflicto-armado-e-impacto-territorial-portada-1200x1563.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Salas-S.-y-Montoya-G.-eds.-2023.-Crimen-organizado-conflicto-armado-e-impacto-territorial-portada.jpg 1692w" sizes="(max-width: 786px) 100vw, 786px" /></p>
<p>Este libro es parte del proyecto atlas histórico del conflicto armado en Colombia, 1964-2017, financiado por el Centro de Memoria histórica a través de Minciencias (2021-2022 e incluye también los resultados de otro proyecto del 2017, financiado por el Ministerio de Justicia y del Derecho, que buscaba evaluar las temáticas más relevantes en materia de política criminal.</p>
<p>En todo caso, el libro como un todo tiene como sujeto central la geografía del conflicto armado, entendida esta como el examen del despliegue espacial de los actores armados ilegales en el país.</p>
<p>El análisis espacial abordado a través de sus distintos capítulos se sustenta en una representación cartográfica detallada que permite una lectura multiescalar de los comportamientos y difusiones espacial del conflicto armado y de las dinámicas del crimen organizado.  Así, a través de su lectura el lector se encontrará con diversos mapas que muestran las dinámicas espaciales en todo el territorio nacional, en la región fronteriza con la República del Ecuador (Nariño y Putumayo) y en el área urbana del municipio de Tumaco, Nariño (ver mapas).</p>
<p><img decoding="async" class="wp-image-95877 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-1.png" alt="" width="330" height="357" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-1.png 372w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-1-139x150.png 139w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-1-278x300.png 278w" sizes="(max-width: 330px) 100vw, 330px" /></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-95878 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-2.png" alt="" width="361" height="312" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-2.png 669w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-2-150x130.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-2-300x259.png 300w" sizes="auto, (max-width: 361px) 100vw, 361px" /></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-95879 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-3.png" alt="" width="370" height="535" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-3.png 582w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-3-104x150.png 104w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-3-207x300.png 207w" sizes="auto, (max-width: 370px) 100vw, 370px" /></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-95880 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-4.png" alt="" width="498" height="423" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-4.png 574w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-4-150x128.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Mapa-4-300x255.png 300w" sizes="auto, (max-width: 498px) 100vw, 498px" /></p>
<p>El libro se estructura en 5 capítulos. El primero de ellos examina las dinámicas del conflicto armado después de la firma de los Acuerdos de Paz en el 2016. El propósito central del ejercicio es evaluar cuáles son las variables determinantes en el conflicto armado y cómo ellas siguen teniendo un rol en los nuevos eventos de violencia, incluyendo el reacomodamiento de los grupos armados, en particular el rearme de las disidencias y el desplazamiento y consolidación de su actividad criminal hacia las fronteras, y el impacto de los Acuerdos en los propósitos de pacificación del país. Algunas de las conclusiones precisamente apuntan a un efecto mínimo en la mayor parte del país y una disminución sustancial de la violencia en algunos focos críticos antes del acuerdo. Igualmente, una periferialización del conflicto ligada al desalojo de los grupos armados de las áreas centrales en la década del 2000 y una actividad violenta muy intensa en las fronteras en el último lustro.</p>
<p>El segundo capítulo, es un ejercicio de historiografía de la ‘violentología’ en el que se examina cómo se ha construido una tradición en estos temas desde los años1960 con diferentes enfoques y herramientas y participación de ciencias como la sociología, la ciencia política y a antropología. Además, la geografía se ha hecho, desde la década del 2000, cada vez más visible en el abordaje del sujeto especialmente por su énfasis en lo territorial y el uso de herramientas cartográficas. A partir de este análisis, por otra parte, se presenta una periodización del conflicto armado, dejando en evidencia su mutación siguiendo los cambios en la geopolítica internacional, pero también las transformaciones sociales y económicas de la nación. Esta periodización se presenta como un insumo importante para la historiografía del conflicto armado que parcialmente se aborda en los capítulos siguientes y, seguramente, también para la organización de futuras investigaciones en la geografía histórica del conflicto.</p>
<p>El tercer capítulo, por otra parte, corresponde a un esfuerzo de disertación teórica para una aproximación a la comprensión de la actividad del crimen organizado en un contexto de conflicto armado. Este es un ejercicio, desde la ciencia política, dirigido a examinar conceptualmente la idea de crimen organizado. El trabajo, meticuloso y detallado, ofrece un amplio recuento de las ideas que han permitido caracterizar el crimen organizado como una actividad compleja y evolutiva que confronta, pero también se mimetiza, continuamente con el Estado. Además, el artículo pone de manifiesto que, para el caso colombiano, no hay una línea clara que separe la actividad del crimen organizado con la actividad de los actores del conflicto armado.</p>
<p>Esta reflexión, de orden más bien teórico, se complementa en el capítulo siguiente con un ejercicio metodológico en el que se busca operacionalizar las categorías conceptuales del análisis y entendimiento del crimen organizado, con una propuesta de enfoque mixto en la que se balancea la información cuantitativa y cualitativa del crimen organizado, apoyados también en herramientas de análisis espacial, para lograr una representación cartográfica muy localizada y definida de la actividad criminal y de los actores del conflicto armado. Como herramienta principal, los autores presentan un modelo de entrevista para ser aplicado a personas de la sociedad civil, a autoridades locales y nacionales involucrados en la seguridad de las regiones en estudio. Estas entrevistas buscan reconocer la actividad de las economías ilegales y su relación con la presencia y actuar de las estructuras del crimen organizado y los grupos armados con presencia en el territorio.</p>
<p>El libro cierra con un largo y detallado capítulo en el que se  representa la puesta en marcha de los lineamientos teóricos y metodológicos establecidos en los capítulos 3 y 4 en un escenario de posacuerdo de Paz (2017). En él, y partiendo de una perspectiva geohistórica, se busca una comprensión articulada del crimen organizado con las economías ilegales, en correlación con los actores armados del conflicto y articulando las dinámicas fronterizas del sur, particularmente con la república del Ecuador, con la de los departamentos de Nariño y Putumayo. Para ello se elabora un análisis detallado de la violencia en el área urbana del municipio de Tumaco (Nariño). Este análisis sustenta sus evidencias empíricas en la aplicación de estrategias metodológicas provenientes del análisis espacial y la cartografía temática, combinado con los resultados derivados de las entrevistas aplicadas en la región de estudio, sin renunciar a establecer la necesaria relación con el contexto nacional del crimen organizado y el actuar de los actores del conflicto armado.</p>
<p>*Docente del Departamento de Geografía de la Universidad Nacional de Colombia. Fue asesor del Programa presidencial de derechos humanos y derecho internacional humanitario apoyando actividades de investigación en Geografía del Conflicto Armado.</p>
<p>** Es Ph.D. en Ciencias Geográficas de la Universidad Laval, Canadá. Tiene una magister en geografía de la Universidad Pedagógica y Tecnológica De Colombia (UPTC), sede Tunja e hizo su pregrado en Ciencias Sociales en la Universidad de la Sabana. Actualmente trabaja en el Departamento de Geografía en la Universidad Nacional de Colombia. Director del Grupo de Investigación GEOURBE.</p>
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        <author>Las Ciencias Sociales Hoy</author>
                    <category>Las Ciencias Sociales Hoy</category>
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        <pubDate>Fri, 11 Aug 2023 00:51:14 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Crimen organizado, conflicto armado e impacto territorial]]></media:description>
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        <title>¿Las negociaciones acabarán la guerra en Colombia?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/castroopina/las-negociaciones-acabaran-la-guerra-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>La paz total ha sido uno de los retos y objetivos que la sociedad colombiana se ha marcado desde hace años. El hecho de pensar en un país en el que no haya conflicto armado ha sido un sueño que desde la dejación de las armas de la guerrilla de las FARC se ha ido [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>La paz total ha sido uno de los retos y objetivos que la sociedad colombiana se ha marcado desde hace años. El hecho de pensar en un país en el que no haya conflicto armado ha sido un sueño que desde la dejación de las armas de la guerrilla de las FARC se ha ido convirtiendo desde algo posible hacía algo probable.</p>
<p>Esta fue una de las promesas del hoy presidente de la República, Gustavo Petro. En su campaña llegó a afirmar que tres semanas después de llegar al poder él iba a finalizar la guerra con el ELN, quienes hoy son el grupo armado más robusto en el país.</p>
<p><figure id="attachment_94157" aria-describedby="caption-attachment-94157" style="width: 300px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-94157 size-medium" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/63580769_101-300x169.jpg" alt="Gustavo Petro, Presdente de la República (2022-2026)" width="300" height="169" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/63580769_101-300x169.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/63580769_101-150x84.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/63580769_101-768x432.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/63580769_101.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94157" class="wp-caption-text">Gustavo Petro, Presdente de la República (2022-2026)</figcaption></figure></p>
<p>En el proceso de llamado del gobierno nacional muchos fueron los grupos al margen de la Ley que levantaron su mano para buscar la finalización de su actuar armado, y su búsqueda de encontrar una solución negociada para encontrar fin a la guerra en Colombia. Desde algunos grupos de tipo paramilitar hasta las guerrillas, absolutamente todas las aristas ideológicas y delincuenciales estaban allí presentes.</p>
<p>Tanta búsqueda de la paz, en repetidas ocasiones, me han recordado el ensayo “Sobre la paz perpetua” de Inmanuel Kant, filósofo prusiano padre del idealismo y máximo exponente del criticismo.</p>
<p><figure id="attachment_94156" aria-describedby="caption-attachment-94156" style="width: 292px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-94156 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/descarga-3.jpg" alt="Inmanuel Kant, filósofo prusiano. (1724-1804)" width="292" height="173" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/descarga-3.jpg 292w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/descarga-3-150x89.jpg 150w" sizes="auto, (max-width: 292px) 100vw, 292px" /><figcaption id="caption-attachment-94156" class="wp-caption-text">Inmanuel Kant, filósofo prusiano. (1724-1804)</figcaption></figure></p>
<p>Este histórico documento fue publicado en 1895, poco después de que Francia y Prusia firmaran la paz en Basilea. Kant sugería en este texto un orden para que la paz fuera una orden entre estados, y a la vez, una meta final de toda la humanidad. Plantea en ese documento las formas en las que el estado debe estar constituido, la forma en la que la sociedad se debería convertir y, si bien, no garantiza que a través de las sugerencias que escribió se consiga la paz, si es un lineamiento para que quienes sigan sus textos, logren construir un camino hacia la ausencia de conflictos entre estados.</p>
<p>En el desarrollo del documento Kant fija seis puntos clave para la consecución de “la paz perpetua”:</p>
<ol>
<li>No se debe tener en cuenta ninguna negociación previa, puesto que todas las anteriores fracasaron en su intento de consolidar la paz.</li>
<li>Todos los estados deben ser soberanos y republicanos.</li>
<li>Debe haber un organismo global que acoja a todos los miembros a través de una federación.</li>
<li>Debe haber unos mínimos de hospitalidad de tratamiento entre hombres.</li>
<li>Quien quiera paz, debe dar garantías de querer lograrla.</li>
<li>No debe haber intenciones secretas mientras se consolida la paz.</li>
</ol>
<p>Si bien Kant redactó una serie de parámetros para la paz entre estados, es fácilmente aplicable estas máximas reglas en los procesos de terminación de conflicto interno como el que Colombia está tratando de llevar a cabo.</p>
<p>Dentro de las sugerencias dejadas por el filósofo prusiano, lo propicio será centrarse en las últimas tres, dado que son las aplicables a la conflictividad de Colombia. Además, porque el proceso de paz no es entre dos Estados, sino entre el Estado y la insurgencia.</p>
<p>Así pues, valdría la pena contrastar la voluntad de paz, las actuaciones y los mínimos para la creación de un ambiente de paz, tales como los ceses al fuego de manera unilateral y frenar determinantemente los paros armados y los secuestros.</p>
<p>Según Indepaz, más de 237 personas han perdido la vida en por lo menos 90 ataques o masacres contra la población civil o la Fuerza Pública. Esta cifra no contempla el incesante creciente número de líderes sociales y defensores de Derechos Humanos que lamentablemente mueren semanalmente en todos los rincones de la geografía nacional.</p>
<p><figure id="attachment_94158" aria-describedby="caption-attachment-94158" style="width: 580px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-94158 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/whatsapp-image-2022-02-23-at-2-35-16-pm_39527837_20220223203700.jpg" alt="En el último año, los paros armados del ELN han afectado a más de 180 municipios. Lo que representa más del 10% de la totalidad de municipios del país." width="580" height="365" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/whatsapp-image-2022-02-23-at-2-35-16-pm_39527837_20220223203700.jpg 580w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/whatsapp-image-2022-02-23-at-2-35-16-pm_39527837_20220223203700-150x94.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/whatsapp-image-2022-02-23-at-2-35-16-pm_39527837_20220223203700-300x189.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px" /><figcaption id="caption-attachment-94158" class="wp-caption-text">En el último año, los paros armados del ELN han afectado a más de 180 municipios. Lo que representa más del 10% de la totalidad de municipios del país.</figcaption></figure></p>
<p>Esta cifra, aunada a las contradictorias posiciones en las mesas de negociación, a las solicitudes de cambiar el modelo económico y a las dilataciones que están teniendo diferentes grupos armados, especialmente el ELN, han minado la confianza de los negociadores y de la sociedad colombiana. Y más allá de la confianza de quienes negocian y de la mayoría de los colombianos, han violentado los fundamentos de la paz perpetua.</p>
<p>Actualmente estas organizaciones delictivas, que funcionan más como cárteles de drogas que como agrupaciones ideológicas que buscan un cambio en el país, no cumplen los requerimientos de que se han planteado por siglos para la construcción y consolidación de la paz. Por lo tanto, el Estado debería dejar de buscar negociaciones que serán infructíferas y retomar su rol de garante de derechos a como de lugar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>@castroopina</author>
                    <category>CastroOpina</category>
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        <pubDate>Wed, 12 Apr 2023 14:10:53 +0000</pubDate>
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