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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Thu, 16 Apr 2026 23:15:47 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Concejo de Bogotá | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El Concejo de Bogotá: la virtualidad convertida en excusa y salario asegurado</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/el-concejo-de-bogota-la-virtualidad-convertida-en-excusa-y-salario-asegurado/</link>
        <description><![CDATA[<p>Si la ciudadanía pusiera un mínimo de atención a la ligereza con la que el Concejo de Bogotá decide sesionar desde la comodidad de una pantalla, otro sería el mapa político de la capital. Más de un cabildante estaría hoy empacando cajas. Y no porque su labor de control político fuese mala o buena, sino [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Si la ciudadanía pusiera un mínimo de atención a la ligereza con la que el <a href="https://concejodebogota.gov.co/cbogota/site/edic/base/port/inicio.php"><strong>Concejo de Bogotá</strong> </a>decide sesionar desde la comodidad de una pantalla, otro sería el mapa político de la capital. Más de un cabildante estaría hoy empacando cajas. Y no porque su labor de control político fuese mala o buena, sino por algo más grave: porque han convertido la virtualidad en un refugio conveniente, una excusa perfecta y, sobre todo, un abuso de la confianza pública.</p>



<p>Lo que comenzó en enero de 2024 —con la propuesta del entonces presidente del Concejo, Juan Baena, de sesionar virtualmente “por salud pública” debido a los incendios en los cerros— terminó siendo el desayuno que anunció el almuerzo: los concejales descubrieron que, bajo cualquier pretexto, podían trabajar desde casa mientras ocho millones de bogotanos salían a cumplir sus obligaciones sin que el humo, el agua o la falta de ella, les impidiera poner un pie en la calle.</p>



<p>Después vinieron los racionamientos de agua. Y, como si se tratara de una extensión natural de esta nueva comodidad institucionalizada, la virtualidad volvió a imponerse. El Congreso de la República, no queriendo quedarse atrás, se sumó a la tendencia, mientras colegios, universidades, bancos, centros comerciales y toda empresa imaginable operaban con normalidad. El mensaje fue claro: para estas dos instituciones públicas, un día sin agua amerita quedarse en casa. Para el resto de la ciudad, no.</p>



<p>Pero la verdadera puerta giratoria del abuso institucional está en otra práctica aún más inquietante: conectarse virtualmente a sesiones presenciales bajo la figura de “incapacidad médica” o, peor, la caja negra de las excusas públicas: la “<strong>calamidad doméstica</strong>”. Un término tan amplio, tan imposible de verificar y tan conveniente, que hoy sirve lo mismo para justificar una gripa que para decir que se rompió una tubería. ¿Prueba? Ninguna. ¿Consecuencia? <strong>Un día de trabajo pagado puntualmente.</strong></p>



<p>Semana tras semana, Bogotá ve desfilar a concejales que se conectan desde donde mejor les convenga, o que aparecen diez minutos antes de finalizar la sesión para registrarse y cobrar más de 1.5 millones de pesos. Lo de menos es el compromiso con el debate público. Lo importante es asegurar el pago.</p>



<p>Ahí están los datos que obligaron al Concejo a entregar vía Derecho de Petición a <strong>Confidencial Noticias</strong>: entre enero y noviembre de 2025, sin excusa médica de por medio, Rocío Dussan registró 24 asistencias virtuales; Donka Atassanova, 15; Edisson Julián Forero, 13; Quena Ribadeneira, 13; Óscar Ramírez Vahos, 13… y así hasta completar un vergonzoso top 15. Una lista que, en un país con mayor rigor cívico, sería suficiente para provocar indignación pública y sanción electoral inmediata.</p>



<p>La concejal Dussan aseguró que sus ausencias se deben a una situación familiar delicada. Atassanova, en cambio, negó la información. Lo cierto es que <strong>Confidencial Noticias</strong> tiene los documentos oficiales firmados por la Secretaría General. Se acabaron las ambigüedades.</p>



<p>El vicepresidente del Concejo, Juan David Quintero, intenta justificar la práctica señalando que los concejales trabajan más en la calle que en el recinto. Una afirmación que busca desplazar la discusión, pero no responde el punto central: si el trabajo de calle es tan fundamental, ¿por qué entonces se conectan virtualmente solo cuando conviene, y no cuando realmente el trabajo externo lo requiere? ¿Por qué coinciden tantas conexiones virtuales con protestas o simples jornadas de conveniencia personal?</p>



<p>Más indignante aún es su defensa de las conexiones virtuales frente a quienes “llegan diez minutos antes de que finalice la sesión citada o convocada” para registrarse y cobrar. Como si la existencia de una mala práctica justificara otra. Como si los ciudadanos debieran agradecer que no les roben por varias vías al mismo tiempo.</p>



<p>El problema no es la virtualidad. Es la desfachatez. Es la construcción de un sistema de excusas que convierte al Concejo en una institución donde algunos trabajan cuando quieren, como quieren y desde donde quieren, sin consecuencias reales.</p>



<p>Y mientras tanto, Bogotá sigue pagando. Paga el salario, paga el tiempo, paga la negligencia y paga, sobre todo, el costo de un Concejo que ha confundido la representación con la comodidad, el deber con la conveniencia y la virtualidad con el ausentismo.</p>



<p>Si algo necesita esta ciudad con urgencia no es una nueva reforma política ni más discursos sobre la transparencia. Lo que necesita es que los votantes empiecen a usar su memoria en las urnas. Porque, si la ciudadanía decidiera castigar estas prácticas, no quedaría duda: más de un concejal estaría hoy buscando trabajo. Y por primera vez en mucho tiempo, Bogotá ganaría.</p>



<p><strong>Este es el top de los concejales de Bogotá que parecen estar encantados con la virtualidad:</strong></p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Rocío Dussan (24)</li>



<li>Donka Atassanova (15)</li>



<li>Edisson Julián Forero (13)</li>



<li>Quena Ribadeneira (13)</li>



<li>Óscar Ramírez Vahos (13)</li>



<li>María Clara Name (9)</li>



<li>Ana Teresa Bernal (8)</li>



<li>Óscar Bastidas (8)</li>



<li>Cristina Calderón (7)</li>



<li>Leandro Castellanos (7)</li>



<li>Rolando González (7)</li>



<li>Andrés Barrios (6)</li>



<li>Juan Manuel Díaz (6)</li>



<li>Andrés Onzaga (6)</li>



<li>Clara Lucía Sandoval (5)</li>
</ol>



<p><strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/no-conviene-votar-por-una-alianza-de-fanaticos-de-derecha/">Nota recomendada: No conviene votar por una alianza de fanáticos de derecha</a></strong></p>
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        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=123474</guid>
        <pubDate>Mon, 08 Dec 2025 13:39:17 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Concejal Juan Baena, ¿Al interior del Concejo de Bogotá persiguen a los periodistas?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/concejal-baena-al-interior-del-concejo-de-bogota-persiguen-a-los-periodistas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Toda persona entiende que las instituciones públicas deben hacer lo que esté en sus manos para garantizar la seguridad al interior de sus instalaciones, y para esto es normal que se contrate a un personal de vigilancia que deben cumplir con la tarea de mantener los ojos abiertos ante cualquier riesgo que atente contra la [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Toda persona entiende que las instituciones públicas deben hacer lo que esté en sus manos para garantizar la seguridad al interior de sus instalaciones, y para esto es normal que se contrate a un personal de vigilancia que deben cumplir con la tarea de mantener los ojos abiertos ante cualquier riesgo que atente contra la vida y la integridad de los funcionarios y ciudadanos del común allí presentes.</p>



<p>El problema es cuando estos vigilantes se exceden en sus funciones y caen en el hostigamiento, y esta actuación entra a convertirse en una especie de persecución.</p>



<p>El pasado 29 de noviembre acudí a las instalaciones del <a href="https://concejodebogota.gov.co/cbogota/site/edic/base/port/inicio.php">Concejo de Bogotá</a>, cumpliendo con mi tarea como periodista. Ese día tenía cita con los concejales Daniel Briceño y Juan Daniel Oviedo a quienes debía entrevistar.</p>



<p>Al ingresar al recinto esperé a que el concejal Oviedo me atendiera para luego buscar a su colega Daniel Briceño.</p>



<p>Cuando terminé la entrevista con el cabildante de oposición fui a buscar a su colega, y vi que se había retirado del recinto, de inmediato me detuve junto al ascensor del primer piso y le escribí a la asesora de comunicaciones del también concejal Juan David Quintero, quien bajó y me atendió durante un buen espacio de tiempo.</p>



<p>Acto seguido, pregunté cuál era el número de la oficina del concejal Briceño y me dijeron que era en el cuarto piso, razón por la que ingresé al ascensor junto a la asesora de comunicaciones del concejal Quintero, quien se dirigía a su oficina ubicada en el segundo piso. Al llegar a su destino nos despedimos y continué en el desplazamiento, con la novedad de que junto a mi estaba una integrante del personal de vigilancia quien escuchó hacia donde me dirigía.</p>



<p>Al llegar al cuarto piso la vigilante salió del ascensor detrás de mí y me preguntó hacia donde iba, le respondí que buscaba la oficina de Daniel Briceño y le expliqué que soy periodista, hecho que se podía constatar en el sticker que entregan en la recepción del Concejo de Bogotá cuando todo visitante se registra para ingresar y que yo llevaba pegado en el buzo que tenía que tenía puesto ese día.</p>



<p>Pronto pude darme cuenta que la oficina del concejal Briceño no es en el cuarto piso como me habían dicho sino en el segundo, de modo que regresé de nuevo al ascensor y detrás de mí ingresó también la vigilante.</p>



<p>Al llegar al piso 2 busqué la oficina y hablé con una de sus asesoras, quien muy amablemente me atendió por espacio de 10 minutos, explicándome que el cabildante tuvo que salir de urgencia. Mientras hablaba con ella mire a la puerta y veo a la vigilante observando lo que yo hacía, que no era sino hablar con el equipo del político bogotano.</p>



<p>Al salir de la oficina de Daniel Briceño me dirijo al ascensor y de nuevo la vigilante me sigue. En ese momento entro en furia y le pido que deje de escoltarme, que soy periodista y que estoy en cumplimiento de mi labor. Ella me responde que solo cumple con su trabajo, que no me enoje.</p>



<p>Al llegar al primer piso, me doy cuenta que la vigilante baja por las escaleras y continúa siguiéndome. Ingreso al salón del lobby y me detengo a hablar con la concejal Ana Teresa Bernal, y a lo lejos veo de nuevo a la celadora, hablando con una de sus compañeras. Cuando termino mi diálogo con la cabildante ingreso al baño y mientras estoy haciendo mis necesidades físicas ingresa una vigilante, quien al darse cuenta de que estaba orinando de inmediato se retira.</p>



<p>Al salir del baño me dirijo a la plazoleta y me detengo a hablar con la concejal Quena Ribadeneira, quien me invitó a un acto que harían en Bogotá al día siguiente en homenaje al Carnaval de Blancos y Negros. Cuando terminó de dialogar con la cabildante del Polo Democrático veo de nuevo que a lo lejos la vigilante junto a otra compañera me observaban. Mi molestia fue tal, que decidí retirarme de las instalaciones del Concejo de Bogotá y calmarme y así de paso evitar situaciones incómodas.</p>



<p>No así, no voy a dejar de preguntar al presidente del Concejo de Bogotá, <strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/hay-que-buscar-recursos-que-nos-permitan-superar-tanto-desequilibrio-social-juan-baena/">Juan Javier Baena</a></strong>, sí este el trato que se le da por parte del personal de vigilancia a quienes acudimos al cabildo distrital para cumplir con nuestra misión de informar a la ciudadanía lo que ocurre en las plenarias y comisiones de la Corporación.</p>



<p><strong>¿Corresponde este actuar a una orden expresa de la Presidencia del Concejo?; ¿es una determinación de la dirección administrativa del Concejo de Bogotá de enviar al personal de vigilancia a perseguir a los periodistas que acudimos a las instalaciones a cumplir con nuestra labor?;¿es este el trato que le otorga el Concejo de Bogotá a la prensa?;¿es la primera vez que ocurre? ¿también lo hacen con los ciudadanos del común?</strong></p>



<p>Antes de que se les ocurra decir que es mentira, invito al presidente del Concejo de Bogotá y a la directora administrativa a revisar las cámaras de seguridad. Les aseguro que en las imágenes me van a encontrar lo mismo que a la vigilante siguiéndome.</p>



<p>Espero que no vayan a decir que justo ese día las cámaras no estaban en funcionamiento.</p>



<p><strong>Oscar Sevillano</strong></p>
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        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
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        <pubDate>Fri, 13 Dec 2024 15:37:31 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>¿Es necesario asignar escoltas a los concejales de Bogotá?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/son-necesarios-escoltas-de-los-concejales-de-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Siempre he creído que el servicio que presta la Unidad Nacional de Protección debe ser para las personas que, sin importar su cargo, estrato, condición sexual, religión, etc., se configuren amenazas contra su vida por razón de su oficio o profesión. Por lo anterior, no me opongo a que se otorgue el servicio de protección [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Siempre he creído que el servicio que presta la Unidad Nacional de Protección debe ser para las personas que, sin importar su cargo, estrato, condición sexual, religión, etc., se configuren amenazas contra su vida por razón de su oficio o profesión.</p>



<p>Por lo anterior, no me opongo a que se otorgue el servicio de protección a líderes sociales, defensores de derechos humanos, incluso también a los políticos sobre los cuales se compruebe que existen riesgos contra sus vidas, bien sea por su oficio o porque de alguna manera su labor se está configurando como una amenaza a los intereses de alguien que ejerce actividades legales o ilegales.</p>



<p>El problema es que en un país como el nuestro, con una sociedad como la nuestra, este servicio que presta el Estado, hoy se encuentra desvirtuado en muchos casos, al punto en que el solo hecho de llegar a determinado cargo ya es razón para inmediatamente otorgar una o dos camionetas de lujo con mínimo cuatro escoltas, cuestión que hoy en la psicología del colombiano se toma como un asunto de estatus.</p>



<p>Y es que entre más carros y escoltas se tenga, la persona cree o considera que adquiere mayor estatus social y mayor respeto ante la sociedad. Es así como en mi vida periodística he tenido que ver como algunos personajes salidos de la nada pero que por una u otra razón se les ha otorgado este servicio, aumentaron su ego y vanidad, al punto en que los momentos en que se ha evaluado si aún tienen riesgos contra su seguridad han puesto el grito en el cielo no por miedo a ser asesinados, secuestrados o desaparecidos, sino porque temen perder el supuesto nivel de vida social.</p>



<p>Conozco además el caso del hoy superintendente de Salud, Luis Carlos Leal, quien ejerciendo como concejal de Bogotá, visitó el Hospital Santa Clara, no se le permitió la entrada porque no le conocían y además, porque no tenía, lo que para ellos era el distintivo de un cabildante de la capital del país, es decir, una camioneta de lujo con un policía escolta (<strong><a href="https://www.youtube.com/watch?v=sRdIdyqivQQ">Ver video</a></strong>).</p>



<p>Considero muy oportuna la Acción Constitucional Popular con Medida Cautelar interpuesta en el Tribunal Administrativo de Cundinamarca por el abogado Camilo Araque, quien pide suspender los efectos del convenio, contrato o acto administrativo que permite la asignación de esquemas de seguridad a los concejales de Bogotá, que, aclaro, no son las 45 personas que componen la Corporación porque algunos tomaron la decisión unilateral de no aceptarlo.</p>



<p>No desconozco que, en el pasado, algunos concejales de Bogotá hayan visto comprometida su seguridad, tal es el caso de Aída Abella cuando ejerció como cabildante en nombre de la Unión Patriótica; Antonio Sanguino y Hollman Morris, quienes llegaron al cargo con amenazas contra sus vidas y que, en la actualidad, por su labor como activistas de derechos humanos, personas como Heydi Sánchez y Julián Rodríguez Sastoque, se les deba mantener. Incluso a Julián Uscategui, quien defiende la labor de las Fuerzas Militares y de Policía, oficio que lo pone en el ojo del fusil de los grupos ilegales.</p>



<p>Sin embargo, debo decir que sí me parece bastante curioso que personajes como Juan Carlos Flórez, Susana Muhamad y Angélica Lozano quienes fueron concejales supramamente visibles no aceptaron ni carro ni escoltas. Flórez se transportaba en TransMilenio; Muhamad en bicicleta y Lozano en taxi, y nunca les sucedió algo. Actualmente, Daniel Briceño es de los pocos que fácilmente se identifica a simple vista, y por supuesto no utiliza esquema de protección y nada le ha sucedido.</p>



<p>Sin embargo, muchos de quienes son concejales de Bogotá consideran que son visibles e importantes para el mundo entero, pero no han entendido que una cosa es creer ser y otra ser. Lo cierto es que no es lo mismo presentar un proyecto de ley o acto legislativo que pise los callos de la corrupción, rentas ilícitas o de los grupos ilegales, que poner a discusión de una corporación local, proyectos de acuerdo que involucran temas urbanos que en caso de aprobarse no obliga a un debido cumplimiento porque no tienen fuerza de ley y que así se los implemente, operan únicamente para Bogotá.</p>



<p>Considero importante y necesario revisar el criterio con el que se otorga un esquema de seguridad a los concejales de Bogotá, porque al fin de cuentas, es con recursos de los ciudadanos que se paga cada escolta, que en muchos casos terminan haciendo el mercado y pagando los recibos de sus protegidos; llevando a sus hijos al colegio y lo que es peor, transportando a sus esposas al salón de belleza.</p>



<p><strong>Oscar Sevillano</strong></p>
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        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
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        <pubDate>Fri, 23 Aug 2024 14:16:05 +0000</pubDate>
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        <title>“Hay que buscar recursos que nos permitan superar tanto desequilibrio social en Bogotá”: Juan Baena</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/hay-que-buscar-recursos-que-nos-permitan-superar-tanto-desequilibrio-social-juan-baena/</link>
        <description><![CDATA[<p>El presidente del Concejo de Bogotá, Juan Baena, en entrevista con Óscar Sevillano, expresa su preocupación por Bogotá y habla además de la posibilidad de discutir de un proyecto de cobro de alumbrado público. La Alcaldía de Bogotá inicia la implementación de su Plan de Desarrollo, que contempla muchos planes en infraestructura vial y en [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>El presidente del <a href="https://concejodebogota.gov.co/cbogota/site/edic/base/port/inicio.php">Concejo de Bogotá, Juan Baena</a>, en entrevista con Óscar Sevillano, expresa su preocupación por Bogotá y habla además de la posibilidad de discutir de un proyecto de cobro de alumbrado público.</p>



<p><strong>La Alcaldía de Bogotá inicia la implementación de su Plan de Desarrollo, que contempla muchos planes en infraestructura vial y en temas sociales, ¿cree necesario la aprobación de nuevos impuestos que le permitan a Bogotá recoger el suficiente dinero para dejarlo totalmente financiado?</strong></p>



<p><strong>Juan Baena:</strong> Si se presenta un paquete tributario habrá que analizarlo primero. No sé sí la Administración lo esté pensando, pero creo que hay que buscar recursos que nos permitan superar tanto desequilibrio social y para eso hay que tener diferentes fuentes que en su mayoría pueden venir del recaudo tributario.</p>



<p><strong>Los desafíos que Bogotá tiene son inmensos por eso insisto en mi pregunta, ¿es necesario pensar en ampliar los impuestos para asegurar un mayo recaudo?</strong></p>



<p><strong>Juan Baena:</strong> Si hablamos del cobro por alumbrado un público, debo decir que este se cobra en Medellín y en muchas ciudades a diferencia de Bogotá, que hay que decir, no está bien iluminada. Sí se va a insistir en esta posibilidad pues hay que tener un liderazgo claro para hacerlo entender a la ciudadanía. Por otro lado, tenemos un Gobierno Nacional que ha demostrado querer muy poco a la ciudad y ha fortalecido el centralismo y no ha pensado además en darle una mejor retribución a la capital del país en materia de transferencias.</p>



<p><strong>¿Quiere decir entonces que el Gobierno Nacional tiene responsabilidad en este asunto?</strong></p>



<p><strong>Juan Baena: </strong>Si el Gobierno Nacional nos asegura mayores recursos Bogotá no tiene por qué buscar un mayor recaudo que le permita no solo invertir en seguridad sino además ampliar los programas sociales y de educación.</p>



<p><strong>Viene la discusión del proyecto de armonización presupuestal, ¿hay buen ambiente en el Concejo para aprobarlo?</strong></p>



<p><strong>Juan Baena: </strong>Tiene que existir buen ambiente porque sería muy torpe por parte del <a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/fraude-en-las-sesiones-del-concejo-de-bogota/">Concejo de Bogotá</a> que no lo apruebe, pero puede que usted tenga mayor información al respecto (risas).</p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=104639</guid>
        <pubDate>Mon, 19 Aug 2024 00:56:00 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>¡Hablemos mal de Bogotá!</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/hablemos-mal-de-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Escribo esta columna a medida que recorro la ciudad. ¡Ay, Bogotá! Me haces pasar unas vergüenzas. Tan fácil que es amarte, tan fácil que es odiarte.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>El día comenzó espléndido. ¡Hoy no llueve!, me doy ánimos. Porque hay días que amanezco como el poema de José Asunción Silva: quejoso de todo y de todos. Debe ser que tengo, como el título del mismo, <em>El mal del siglo</em>. Y dice así:</p>



<p class="has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-b66b7e94742ba97b581fb0d25a5deb73"><em>El paciente:</em><br>Doctor, un desaliento de la vida<br>que en lo íntimo de mí se arraiga y nace,<br>el mal del siglo… el mismo mal de Werther,<br>de Rolla, de Manfredo y de Leopardi.<br>Un cansancio de todo, un absoluto<br>desprecio por lo humano… un incesante<br>renegar de lo vil de la existencia<br>digno de mi maestro Schopenhauer;<br>un malestar profundo que se aumenta<br>con todas las torturas del análisis…</p>



<p class="has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-06ab2169ab8ec0cbe205d29be733a41e"><em>El médico:</em><br>—Eso es cuestión de régimen: camine<br>de mañanita; duerma largo, báñese;<br>beba bien; coma bien; cuídese mucho,<br>¡lo que usted tiene es hambre!…</p>



<p>Le hice caso a mi doctor. Me gusta caminar la ciudad bajo mi propio riesgo. Obvio no lo hago de noche. Tendría que estar loco. O borracho. Porque borracho cualquiera se despoja de sus cobardías o mea en cualquier pared.</p>



<p>Dicen que cuando Manuelita Sáenz llegó a Bogotá, esta ciudad le pareció poca cosa.&nbsp;En una corta convalecencia, vi por Netflix los 60 capítulos de la serie sobre Bolívar que hizo Caracol y en el episodio 49, ella dice: <em>“Yo nunca me imaginé Bogotá así.</em> (Se la imaginaba) <em>más imponente, elegante</em>, (…) <em>porque si la han nombrado capital debería ser por su grandeza”.</em></p>



<p>Pues, querida <em>Libertadora del Libertador</em>, la ciudad es lo que es y estamos de acuerdo en que, tanto ayer como hoy, le falta señorío. &nbsp;</p>



<p>Veo está ciudad desde el quinto piso de mis 53 marzos. La veo y no lo creo. Porque veo lo bonito y veo lo feo, lo tremebundo y lo bondadoso.  Lo tremebundo aparece cada día en la primera página del <em>Q´Hubo.</em> ¿Y lo bondadoso? Intento buscar agujas en un pajar.</p>



<p>Veo basura arrumada en cada esquina. La gente cochina en la calle es gente cochina en la casa. ¿Será por eso que ya nadie invita ni a onces santafereñas? Hablar mal de Bogotá es hablar de nosotros y nuestros malos comportamientos. </p>



<p>Bogotá es el basureo de todos y el cagadero de las mascotas. Me pregunto si hay más animales que habitantes. Sumen perros, gatos y ratas. Ah, y los pajaritos enjaulados. ¿Qué crimen cometerían esos pobres? Tener alas y no poder usarlas: una desgracia. Como el que tiene piernas pero le pide permiso a un pie para mover el otro. La pereza nos habita. Y la pereza es un pecado capital.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-96d85454be2752ecd1261894fa72c918"><blockquote><p><strong>&#8220;&#8230; lo que soy sería insoportable si no pudiera acordarme de lo que fui&#8221;:</strong> Fernando Pessoa, El libro del desasosiego. </p></blockquote></figure>



<p>Recuerdo que de niño me gustaban los animales, incluidos las tortugas, las babosas y los pollitos de colores. Recogía perritos de la calle y los escondía debajo de la cama; cuando la abuela los descubría, a regañadientes los aceptaba para evitar mis berrinches. El problema fue crecer. </p>



<p>De adulto, me siento incapacitado hasta para cuidar una planta. Debo decir con vergüenza que varias murieron deshidratadas en la sala, victimas no del cambio climático si no de mis olvidos. Me recrimino e incrimino como <em>El asesino de matas</em>. Estoy escribiendo un cuento a manera de descargos.  </p>



<p>¿Oyen ladrar los perros? A toda hora los escucha uno ladrar. En serio: ¿Cuántos perros hay en Bogotá? Yo veo perros por doquier. Uno mordió a mi hermana. </p>



<p>—<em>Que no se preocupe, que el animalito está vacunado contra la rabia</em>, fue la única razón que le mandaron con un vecino. ¿No les parece que urge un censo animal? Hacia 1.856 había en la ciudad 7.350 animales entre vacas, ovejas, cabras, caballos, mulas, burros y marranos, sin contar perros, gatos, gallinas u otras aves.</p>



<p>Deberían enseñarles a ser educados. Estoy hablando de los dueños, por supuesto. ¡Pero no! Ahí está la dama del perrito que lo saca a pasear por la zona verde y nunca recoge sus porquerías (las del perrito), porque ella va entretenida con su cháchara telefónica. ¡Tan de buenas que no le han robado ese aparato!</p>



<p>Deseo que nazca otro Mockus destinado a la política –no importa que también se baje los pantalones para que le paren bolas- y suba de Alcalde para terminar lo que aquel empezó. En cultura y civismo perdimos el año desde antes de que llegaran los chapetones. Si le hubiéramos hecho caso a Antanas, esa gente sacaría la basura el día que toca, y los otros desadaptados usarían el puente en lugar de hacerle fieros a la muerte.&nbsp;</p>



<p>Los excrementos animales se están convirtiendo en un problema de salud pública. De domingo a domingo hay miércoles por donde uno camine, en las calles, incluso en las zonas comunes de ciertos edificios. ¿Cuánto excremento animal produce esta ciudad al día porque del otro ni hablemos?</p>



<p>Lo siento mucho por las señoras del aseo. La gente cree que ellas son sus criadas y las de sus mascotas. Hay cierto tipo de esclavitud en esto que llaman “vida moderna”: sucede ante los ojos de todos y nadie dice nada. Las señoras del aseo son las esclavas de la dejadez ajena. —<em>Para eso les pagan</em> —dice la gente indolente. Indolente y cochina, ya se dijo.</p>



<p>Hay mucho ruido en la ciudad. Hacen ruido el señor de los aguacates con su megáfono, las motos y las bicicletas eléctricas, los bici-taxis con sus motores y sus bafles a todo volumen, -se adueñaron además de los carriles para bicicletas-, y la señora del quinto que le taconea a la del cuarto a las 6:30 de la mañana, y en la asamblea anual todos nos enteramos del chisme. Las mismas quejas cada año, como disco rayado, hacen más tediosas esas asambleas de copropietarios, y nada cambia; así somos ¿y qué? Nos gusta malvivir. Dichosos los que todavía viven en casas con zaguán y patio. A esos los envidio.</p>



<p>Figúrense: Anoche llegó un nuevo inquilino al 503. Y se puso a romper la pared a las 10:00 de la noche. En la asamblea de año entrante propondré que repartan copias del manual de convivencia… o tapones para los oídos, lo que sea más efectivo contra esta falta de consideración.</p>



<p>Hasta los perros hacen ruido y no me dejan leer. Odio las dictaduras pero apoyo el uso del bozal.</p>



<p>Atravesé toda la ciudad para escribir esta columna, montado en uno de los articulados de Transmilenio. Somos el sándwich entre el tranvía de los tatarabuelos y el Metro que, ¡si están de buenas!, verán nuestros tataranietos.</p>



<p>En mi barrio construyeron un colegio más alto que mi edificio. Los niños tienen derecho a estudiar pero a mí me quitaron el derecho a contemplar los cerros orientales. Ver tanto ladrillo me enferma. De viejito me tocará vivir en un potrero. El ladrillo nos roba la alegría de la contemplación. Creo que a partir de esta idea (los cerros sepultados por el acero y el hormigón) podría escribirse una novela distópica sobre la Bogotá del año 2100. O una “ficción especulativa”, como llama Margareth Atwood a la ciencia ficción.</p>



<p>¿Vieron? Ya no hay que ir al Salto del Tequendama para quitarse la vida, como antaño. La ciudad se llenó de deportistas extremos: llevan casco y conducen a mil mientras leen algo en el smartphone. Como siga aumentando la venta de motocicletas, aumentará el número de suicidas y potenciales asesinos.</p>



<p>En el centro un loco amenaza con sacar su cosa delante de todos si no le dan monedas. Acudan a la “ficción especulativa” para imaginar el final.</p>



<p>Veo gente contenta porque muchos venezolanos se están devolviendo para su tierra. Desde Caracas, me dice un amigo que de Colombia hacia abajo ningún país quiere a sus compatriotas. Se están yendo para Estados Unidos o España, donde nos odian a los <em>sudacas</em>.  </p>



<p>Me regreso en Transmilenio. Un perrito sube con su ama. Todos se enternecen. El perrito orina los zapatos de una pasajera. Las caras de ternura se evaporan con la orina del perrito.&nbsp;Ya no es tan lindo.</p>



<p><em>—&#8221;Señor, señor: lleva la maleta abierta&#8221;.</em> Todavía hay almas caritativas. El <em>señor señor</em> era yo, siempre despistado, creyendo que en esta ciudad no hay ladrones, como en el cuento de Gabo. &nbsp;</p>



<p>Se sube un muchacho tan flaco, tan flaco, que se me olvidó el chiste. Dice que hace magia y que es el sobrino del Mago Lorgia. Cuenta que su tío cobra 18 millones de pesos por función. Hace un truco: le entrega la baraja a un pasajero, le dice que escoja una carta y la hace aparecer en la pantalla de su celular. Casi nadie le presta atención. Pide aplausos. <em>“El que no aplauda lo desaparezco. Lo pongo al lado de Petro”. </em>Nos paraliza la inseguridad y nos polariza el mago con sus chistes flojos.</p>



<p>¿Por qué permitimos que haya niños vendedores en la calle? Otro crimen sin castigo. ¿Hasta cuándo?</p>



<p>Un bici-taxi se volcó a dos cuadras de mi casa. La señora grita por su pierna. El marido le cayó encima. Semanas atrás, también en mi barrio, otro armatoste de esos mató a un viejito. La barbarie salió en el <em>Q´hubo.</em> ¿Quién responde? ¿Por qué ni el Concejo ni el alcalde han reglamentado ese servicio de transporte? Señor burgomaestre Galán: ¿Está esperando una tragedia mayor?</p>



<p>La gente se arremolina alrededor de los accidentados. <em>“Bogotá era un poblacho chismoso”,</em> dice Vallejo en la biografía de José Asunción Silva, refiriéndose a la aldea que éramos a finales del siglo XIX. Pues, querido escritor, la costumbre de comer prójimo está en los genes.  </p>



<p>A propósito del poeta bogotano, cada niño que nazca en Bogotá debería ser arrullado por sus padres con <em>“Los maderos de San Juan”,</em> y no con el <em>“Arrurú mi niño, duérmete ya, que tengo qué hacer, lavar los pañales y hacer de comer”, </em>entre otras cosas porque la gente ya no lava pañales, y en vez de tener hijos, quieren tener perros y gatos. Poetas y poetisas: hay que escribir canciones de cuna para las mascotas: según Fenalco, en Bogotá hay alrededor de 7.275.000 y 3.564.750 son perros y perras. ¿Habrá <em>perres</em>?</p>



<p class="has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-99b6535d69bdfdb09ee43114b7b0a31a"><em>¡Aserrín!<br>¡Aserrán!<br>Los maderos de San Juan<br>piden queso, piden pan,<br>los de Roque<br>alfandoque<br>los de Rique<br>alfeñique<br>¡triqui, triqui, triqui, tran!<br>¡triqui, triqui, triqui, tran!</em></p>



<p>Observo la capital desde el mirador de la Avenida Circunvalar (la misma que lleva a Monserrate, adonde Manuelita debió encaramarse para admirar no su grandeza pero si lo mucho que ha crecido) y me pregunto si en esta Metrópoli los bogotanos albergamos nuestras 7 maravillas antiguas y modernas. </p>



<p>Me aviento con un listado exprés: El Chorro de Quevedo, La Quinta de Bolívar, Monserrate, el barrio Teusaquillo, la iglesia de San Francisco –la más antigua de Bogotá, data de 1.575, cuando éramos la capital del Nuevo Reino de Granada-; el TransMiCable de Ciudad Bolívar, el Colegio Mayor de San Bartolomé, el Museo Nacional, la Estación de la Sabana, el centro cultural Gabriel García Márquez y la Biblioteca Virgilio Barco. ¡Perdón, hice trampa! Bogotá es una maravilla por donde se le mire, pues yo como digo una cosa, digo la otra. Invito a los lectores a dejar su propio listado en los comentarios.  </p>



<p>Pensé mal, porque otra vez se largó a llover. No tengo paraguas. Perdí tantos que les perdí el afecto a esos artefactos; prefiero guarecerme por ahí, que para eso llevo siempre conmigo un buen libro. ¡Y un buen libro lo salva a uno de lo que sea: hasta del mal del siglo! </p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=101706</guid>
        <pubDate>Sun, 09 Jun 2024 16:02:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¡Hablemos mal de Bogotá!]]></media:description>
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        <title>¿Fraude en las sesiones del Concejo de Bogotá?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/fraude-en-las-sesiones-del-concejo-de-bogota/</link>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Es muy cierto que la política está llena de sinvergüencería, bellaquería, cinismo y descaro, no vamos a fingir sorpresa, pero debo decir con toda sinceridad que lo que se ha denunciado en el <strong><a href="https://concejodebogota.gov.co/cbogota/site/edic/base/port/inicio.php">Concejo de Bogotá</a></strong>, sobrepasa los límites de la tolerancia.</p>



<p>En las sesiones de la Comisión Permanente del Plan de Desarrollo del Concejo de Bogotá de los días 7 y 8 de mayo, los concejales Julián Triana, Heydi Sánchez y Clara Lucia Sandoval, manifestaron su molestia porque al parecer, algunos de sus colegas estarían en la lista de intervenciones, pero con la particularidad que aparecían registrados cuando aún no habían llegado a la sesión.</p>



<p>Quedó entonces la duda de si estos cabildantes estarían enviando a sus asesores al recinto para que ingresen a los computadores que se encuentran en sus curules para registrarlos y así pedir la palabra, asegurándose de quedar en los primeros lugares para intervenir.</p>



<p>Vienen entonces mis preguntas, ¿es la primera vez que este hecho se presenta?; ¿Quiénes son estos concejales?; ¿lo saben los presidentes de las comisiones y lo sabe también el presidente del Concejo de Bogotá, Juan Javier Baena? Y sí lo saben, ¿ya pusieron la respectiva denuncia ante los órganos de control lo mismo que en la Fiscalía para que investiguen?</p>



<p>Sí esto es cierto y sí es verdad, no entiendo porque la mesa directiva del Concejo de Bogotá no ha tomado medidas, porque es claro que se estaría fraguando el delito de suplantación de personas y de fraude en el registro de las sesiones, cosa que no se puede permitir bajo ninguna circunstancia.</p>



<p>No se trata de que los presidentes de las comisiones y de la plenaria asuman la función de “coordinadores de disciplina” como lo dijo la concejal Heydi Sánchez cuando se presentó la queja al inicio de la Comisión Permanente del Plan de Desarrollo del día 8 de mayo, sino de hacer cumplir las reglas y de hacer respetar la norma. Suficiente ya con tener que tolerar que estos personajes se registren para retirarse a los 10 o 15 minutos de una sesión que suele durar 3 o 4 horas.</p>



<p>Pero tengo más preguntas: ¿Qué papel juegan los secretarios generales en las sesiones? ¿Es que acaso se limitan a observar lo que les dice la pantalla sin verificar que la persona que se registra es efectivamente el concejal que corresponde? No puede ser que los secretarios generales se limiten a mirar un computador sin antes alzar los ojos y corroborar, para de esta manera evitar que se valide un fraude.</p>



<p>Y por supuesto, también pregunto: ¿Dónde están los delegados de los órganos de control que acompañan las sesiones? Me da la impresión de que estos funcionarios se olvidaron cuál es su misión y parecen haber delegado su tarea de vigilancia e inspección, en Consejo Como Vamos, a quien los concejales le tienen pavor. Por algo será.</p>



<p>Es hora de que la Procuraduría, la Veeduría y la Fiscalía investiguen sí esta queja corresponde a una realidad y tomen las medidas respectivas, no solo con los concejales que podrían estar ejerciendo estas malas prácticas sino además sobre los asesores, que vale recordar, son funcionarios públicos.</p>



<p>Este tipo de actuaciones no se deben permitir, y como ciudadano felicito a los concejales Heydi Sánchez, Julián Triana, Clara Lucia Sandoval y Sandra Forero por poner el tema en la lupa de la opinión pública, y no prestarse a acolitar las malas prácticas de algunos de sus colegas.</p>



<p><strong><a href="https://blogs.elespectador.com/politica/el-mensaje-no-fue-solo-para-petro/">Oscar Sevillano</a></strong></p>



<p><strong>@sevillanoscar</strong></p>
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        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=100643</guid>
        <pubDate>Fri, 10 May 2024 18:33:47 +0000</pubDate>
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