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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>clarice lispector Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>¿Cuál fue el mejor libro que leyó en 2024?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/cual-fue-el-mejor-libro-que-leyo-en-2024/</link>
        <description><![CDATA[<p>Once personajes muestran lo que leyeron con fascinación este 2024.  Algunos hablan también de las lecturas que los decepcionó.  De pronto, en esta selección encuentra el regalo ideal para sorprender con un libro en Navidad.  O para regalarse usted.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Ana Cristina Restrepo Jiménez</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://x.com/anacrisrestrepo">Periodista</a></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph"><strong><em>“Los nombres de Feliza”, </em></strong><strong>del colombiano Juan Gabriel Vázquez.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el mejor libro que he leído en el año 2024: no solo demuestra la madurez y lucidez del autor bogotano (quien, no sé cómo, cada vez se supera a sí mismo), sino que cuenta una época del país, del mundo, de la historia de las mujeres y del arte, y de un pasado cercano que de muchas formas nos toca a todos. Con su vida y obra, sin concesiones, mujeres como Feliza Bursztyn han labrado el camino para que hoy Colombia, «el país más godo del universo godo» (como la misma artista lo definía), sea un poco más libre. Para las mujeres y los hombres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá del mundo masculino de sus amistades intelectuales como Alejandro Obregón, Álvaro Cepeda Zamudio, Gabriel García Márquez o Rogelio Salmona, y de su relación con mujeres que a contracorriente conquistaron dicha esfera del debate público, como Marta Traba o Beatriz Daza; con la<em> arcilla</em> que amasó durante 28 años de investigación (documentos, libros, poemas, recortes de prensa, fotografías, testimonios, entrevistas), Vásquez esculpe con palabras a una mujer libre… a tal punto que, a veces, el lector siente que el personaje se zafa de la pluma del autor. Los nombres de Feliza es una mirada detenida sobre la vida de la madre del «Romanticismo motorizado»: de hierro, fundida, exhibida y escondida. Y sobre su muerte «de tristeza», en París, entre amigos, con su amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La decepción</strong>: Estoy harta de “biografías” publicadas por políticos que solo hablan de sí mismos y política electoral, sin exponer su diálogo con otras formas de pensar, con otras ideologías. Son monólogos mirándose el ombligo. Nunca logro culminarlas, ¡qué aburrimiento!</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="1024" width="768" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/A-ANA-RESTREPO-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-109569" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Gonzalo Mallarino Flórez</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Poeta y narrador, <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/gonzalo-mallarino/cien-anos-de-soledad-en-netflix">columnista </a>de El Espectador.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong><em>“Tunc</em>”, del británico Lawrence Durrell.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta novela fue publicada por primera vez en 1968, más de diez años después de su famoso <em>&#8220;Cuarteto de Alejandría&#8221;.</em> Era el enésimo intento que le hacía al libro, pues lo quería leer en inglés y las veces anteriores, me había derrotado. Esta vez lo empecé tres veces y de repente <em>click</em>, empecé a sentir respirar a Durrell y a resonar su lenguaje en mi mente, como si fuera castellano.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es acerca de una temible firma internacional, Merlin, que entre otras cosas, compra inventos que pueden proporcionar enormes réditos financieros y políticos en el mundo entero. Charlock, inventor de una máquina prodigiosa, es seducido por la firma y por la bella y misteriosa Benedicta, en lo que, en apariencia, iba a ser una aventura feliz.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La decepción:</strong> El ensayo <em>“Desaparecer de sí”</em>, del francés David Le Breton. Tenía ese bello título y era acerca de las formas de derrota y de huida de todo en absoluto, a las que nos fuerza en ocasiones la sociedad del presente. Las primeras páginas fueron luminosas, pero a partir de un momento, empieza la repetición de la repetidera. No sé si era la traducción o la tediosa erudición que exhiben a veces los franceses, pero terminé el libro con inmensos sacrificios.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="1024" width="768" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/A-MALLARINO-EDITADA-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-109599" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Carolina Wiesner</strong></p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Directora del Instituto Nacional de Cancerología, (<a href="https://www.cancer.gov.co/">INC</a>), primera mujer en dirigir esta entidad en sus 90 años de historia.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-3 wp-block-paragraph"><strong><em>“La vegetariana”</em>, de la surcoreana Han Kang y “<em>La vergüenza</em>”, de la francesa Annie Ernaux.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las escritoras Han Kang, de 54 años, y  Annie Ernaux, de 84 años, ganaron el Premio Nobel de Literatura; la primera  en el año 2024 y la segunda en el 2022. El hecho de ser mujeres tiene además un atractivo particular para aquellas que sentimos una identidad de género y una mirada crítica frente al legado histórico de violencia familiar, social y ambiental.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>&#8220;La vegetariana&#8221;</em> posee un lenguaje literario sencillo, realista y sin grandes elaboraciones lingüísticas; en él, presenta la historia de una mujer, Yeonghye, desde tres miradas: la de su marido, que la observa de manera despectiva, desagradable y muy poco amorosa; la del cuñado, que la erotiza artísticamente hasta lograr un encuentro sexual con-sentido, y la su hermana mayor, que por sus decisiones en contra de las normas sociales, la estigmatiza como a una enferma mental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos enfoques, que parecen narrar la historia de tres diferentes mujeres, están conectados por los sueños de la protagonista que la hacen ser consciente de su rechazo por los valores imperantes, la presión y la violencia social.  Su solitaria rebeldía, que se expresa en el rechazo al consumo de carne -símbolo de la prosperidad y del crecimiento económico-, genera un total desconcierto familiar. Esta obra expresa la fuerza femenina del ser humano en un país oriental, que rápidamente incorporó el consumo y la estética de Occidente y que tácitamente invita a un reencuentro con una fuerza más vegetativa y femenina, frente a la animal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Señales de reencuentro con esta fuerza se podrían encontrar en <em>&#8220;La vergüenza</em>&#8220;, de Annie Ernaux. En su sencillo lenguaje literario intenta <em>“sacar a la luz los códigos y las normas de los círculos en los que se hallaba encerrada</em>”. La autora describe otras formas de violencia familiar y social, sus sentimientos y acontecimientos, a partir del impronta que, a los doce años, le generó, la intención que tuvo su padre de matar a su madre. A su narrativa, esencialmente descriptiva y realista de la Francia de la postguerra, le hizo falta una buena dosis analítica, reflexiva o metafórica; comparada con la obra anterior, esta queda como inconclusa. En contraste, Yeonghye asume una radical y difícilmente comprensible postura, genera reflexión frente a la violencia, incluso la médica,  y frente al deseo infinito de libertad a la hora de tomar sus propias decisiones.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="576" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/A-WIESNER-EDITADA-1024x576.jpeg" alt="" class="wp-image-109601" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/12/A-WIESNER-EDITADA-1024x576.jpeg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/12/A-WIESNER-EDITADA-300x169.jpeg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/12/A-WIESNER-EDITADA-768x432.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/12/A-WIESNER-EDITADA-1536x864.jpeg 1536w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/12/A-WIESNER-EDITADA-2048x1152.jpeg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Diego Firmiano</strong></p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Editor, escritor, crítico literario y director del portal cultural <a href="https://ojoaleje.wordpress.com">Ojo al Eje</a>.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-4 wp-block-paragraph">&#8220;<strong><em>D.F. Confidencial. Crónicas de delincuentes vagos y demás gente sin futuro</em>&#8220;, del mexicano J.M. Servín.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si metiéramos en una licuadora a Hunter Thompson, Gabriel García Márquez y Joseph Mitchell, con unas gotas de Jack Kerouac, saldría J.M. Servín y su libro <em>D.F. Confidencial. Crónicas de delincuentes vagos y demás gente sin futuro </em>(Almadía, 2010). Un título que no decepciona desde sus primeras páginas, porque estamos frente a un narrador, periodista y editor mexicano que ha entendido el oficio de escribir sobre los alienados, sobre esos seres errabundos con olor a anonimato, noche y desidia. Así entonces, donde otros ven perdedores, J.M. Servín ve literatura en estado puro, componiendo con altura y estilo, crónicas que no dejan indiferente al lector, pues como dice Nelson Algren, «el escritor en realidad no <em>vive, </em>observa». Esto es Servín, y bajo ese rol de <em>voyeur</em> citadino compila el material para sus piezas narrativas.</p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph"><strong>La decepción: </strong>Aunque la temática es trillada, no podemos esperar mucho de Mauricio Aranguren Molina a partir de &#8220;<em>Mi confesión: Carlos Castaño revela sus secretos&#8221; </em>(2001), ya que sus libros, que no son superventas (a pesar de tocar temas coyunturales), no logran traer nada nuevo al amarillismo literario ni enganchar al lector serio. Me refiero al título &#8220;<em>El gran fracaso de la fiscalía: 192 niños asesinados. Captura y confesión de Garavito «La bestia»&#8221; </em>(2002). Un libro que nos desinfla ante la falta de creatividad, y que al leerlo no podemos ver sino a un escritor limitado a replicar fríos archivos judiciales (y eso que Mauricio Aranguren Molina se entrevistó con Luis Alfredo Garavito como lo hizo Truman Capote con Richard Hickock y Perry Smith). No hay que culpar al autor, ni siquiera a la editorial Oveja Negra, dirigida por José Vicente Kataraín, pero nos queda la sensación de que con ese papel se hubiera escrito&nbsp;una obra maestra.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1000" height="750" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/Z-MEJOR-LIBRO-DIEGO-FERMIANO.jpg" alt="" class="wp-image-109544" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/12/Z-MEJOR-LIBRO-DIEGO-FERMIANO.jpg 1000w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/12/Z-MEJOR-LIBRO-DIEGO-FERMIANO.jpg?resize=300,225 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/12/Z-MEJOR-LIBRO-DIEGO-FERMIANO.jpg?resize=768,576 768w" sizes="auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Claudia Flórez Sepúlveda</strong></p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Secretaria General del Partido Comunista Colombiano (<a href="https://x.com/ClaudiaFlorezPC">PCC</a>) primera mujer en asumir esa posición, desde que se fundó en 1930.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-6 wp-block-paragraph">&#8220;<strong><em>Mano Dura: el Estado policial global, los nuevos fascismos y el capitalismo del Siglo XXI</em>&#8220;, del estadounidense William I. Robinson.  </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El sociólogo analiza la reconfiguración de las estructuras políticas y económicas contemporáneas y las nuevas expresiones del fascismo en el mundo, abordando con gran claridad temas como el negacionismo del cambio climático y la misoginia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este fenómeno emerge en la actual crisis del capitalismo como una respuesta autoritaria, cuya finalidad es consolidar Estados que utilizan los discursos nacionalistas y guerreristas, donde sus gobiernos intensifican el uso de fuerzas represivas y los mecanismos de control social, justificándose en la &#8220;guerra contra el terror&#8221;, la &#8220;crisis migratoria&#8221; o la &#8220;lucha contra el narcotráfico&#8221;, lo que genera la &nbsp;reproducción de mayor polarización social, mayores desigualdades y el aumento de la crisis ecológica. También ubica el papel de las nuevas tecnologías usadas en la vigilancia digital, el control de la información y la manipulación de la opinión pública mediante algoritmos y <em>fake news</em> que están ligadas a fortalecer las narrativas fascistas creando sociedades polarizadas y fragmentadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero aprovechar la oportunidad para recomendar dos títulos ideales para reflexionar en estas épocas. El primero es &#8220;<em>Esta es la historia de lucha de Cerro Norte, un barrio en la Loma de Bogotá</em>&#8220;, publicado por la editorial Teoría y Praxis. Escrito y editado por la misma comunidad, relata las valientes experiencias de las luchas sociales en el Cerro, ofreciendo una visión profunda e inspiradora de la resistencia colectiva. El otro es &#8220;<em>Propagandas Confrontadas</em>&#8220;, de la misma editorial. El profesor Ciro Eduardo Becerra analiza al detalle el impacto de la Guerra Civil Española en Colombia, explorando cómo este conflicto marcó nuestra historia política y cultural en la primera mitad del Siglo XXI.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph">Foto: David Leonardo Castilblanco.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="768" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/A-FLOREZ-EDITADA-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-109603" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;<strong>Julio César González, Matador</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://x.com/Matador000">Caricaturista</a></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph"><strong><em>“La risa caníbal, humor, pensamiento cínico y poder”,</em> del español Andrés Barba.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Existen pocos ensayos sobre el humor. Uno ve que cada vez hay menos libros de humor gráfico y humor político. A mi este libro me llegó al alma, porque reflexiona sobre el papel del humor en la cultura. Es un análisis profundo, que traspasa la epidermis y nos cuestiona como artistas y como ciudadanos. Andrés Barba, que además de ensayista es novelista y fotógrafo, cuenta cómo el humor puede ser subversivo y cómo puede actuar obviamente como contrapoder.  </p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-8 wp-block-paragraph"><strong>La decepción:</strong> <em>“Colombia, cuatro años después: Resumen de un país sin presidente”</em>, de Matador. Me decepcionó porque el colombiano tiene mente de corto plazo y ya mucha gente olvidó el nefasto gobierno de Iván Duque, que realmente fue otro gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Fue tan nefasto que hasta salió la noticia de que Donald Trump había postulado a Duque para director general de la OEA pero lastimosamente para él resultó ser una <em>fake news</em> y, además, ese cargo no existe. Ese libro me decepciona porque no está en todos los hogares colombianos y debería estar para que no volvamos a cometer los errores del pasado.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="720" height="932" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/A-MATADOR.jpg" alt="" class="wp-image-109571" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/12/A-MATADOR.jpg 720w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/12/A-MATADOR.jpg?resize=232,300 232w" sizes="auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Mima Peña</strong></p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Directora de <a href="https://open.spotify.com/show/5wcX9v5CW6TrMIDeS7NcwO">Come Cuento Podcast </a>y columnista de La República.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-9 wp-block-paragraph"><strong><em>“Mesa para dos”,</em> del estadounidense Amor Towles.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Una colección de seis cuentos y una <em>novella,</em> protagonizados por unos personajes encantadores y profundamente humanos, como el abogado serio y conservador de 65 años que, a escondidas de su familia, asiste a un lugar en Central Park en donde patina y baila con unos desconocidos, y  descubre que es allí en donde es verdaderamente feliz, o la mujer amorosa que no desampara a su marido alcohólico, así el hombre esté a kilómetros de distancia  atrapado, por una tormenta, en un aeropuerto, a punto de entrar al bar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La narración impecable de Towles, su perspicacia e ingenio, el tono a veces muy poético, pero nunca meloso, ¡los finales!, y ese ingrediente de las pequeñas serendipias de la vida, hacen que estas historias se me hayan quedado en el corazón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Debatí entre <em>“Mesa para dos”</em> y <em>“La vegetariana” </em>de Han Kang, dos historias y dos estilos, que no pueden siquiera compararse; sin embargo, me quedo con <em>“Mesa para dos”</em>, porque creo que la habilidad para encontrar belleza en los momentos más sencillos de la vida, también nos recuerda por qué la literatura importa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La decepción:</strong> No quise leer la versión digital que circulaba en redes sociales. Lo compré en la librería, hice capuchino, me acomodé en el sofá que más me gusta, y apagué el celular. Dispuesta a disfrutar una especie de bombón literario, empecé a leer <em>“En agosto nos vemos”, </em>de Gabriel García Márquez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incapaz de criticar algo escrito por uno de los mejores autores de todos los tiempos, solo digo que no encontré la magia característica de su obra. En cambio, a medida que leía, pensaba en las razones por las que él no habría querido publicar esta historia, y más preocupada por el incumplimiento de la familia al mandato del padre que por las andanzas de Ana Magdalena Bach, decidí respetar la voluntad de Gabo, y no continuar leyendo el libro que, por cualquier razón, él no quería que leyéramos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="683" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/Z-MEJOR-LIBRO-MIMA-PENA-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-109548" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Hernán Jara Muñoz</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Librero. (Librería Lerner de Bogotá)</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-10 wp-block-paragraph"><strong><em>“Volver la vista atrás”,</em> del colombiano Juan Gabriel Vásquez.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es la historia novelada de la familia Cabrera, de su migración, de cómo llegaron a Colombia, de su papel en el cine… Este autor me gusta mucho, porque casi todos sus temas son históricos y la Historia es un género que me apasiona. Su prosa es muy agradable. En su escritura aparecen el periodista que investiga y el literato que nos deja ver la exquisitez de su pluma. Es una combinación maravillosa que, además de entretenida, contiene referencias de hechos comprobados, donde se nota un trabajo de campo extraordinario y minucioso. Es un autor al que leo con placer. También recomiendo su libro anterior,&nbsp;<em>La forma de las ruinas,</em>&nbsp;que habla sobre dos personajes centrales de la historia de Colombia: Jorge Eliécer Gaitán y Rafael Uribe Uribe.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="863" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/Z-MEJOR-LIBRO-HERNAN-JARA-863x1024.jpg" alt="" class="wp-image-109550" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Juana Carolina Villa Cortes</strong></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-11 wp-block-paragraph">Escritora, poeta, gestora cultural, activista y autora de la novela<br><a href="https://www.instagram.com/juanacarolinavillacortes/"><em>&#8220;Historias de mi pierna izquierda&#8221;</em></a>, ganadora de la beca artística Estímulos 2024 del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.<br><br><strong><em>“Todos los cuentos”,</em> de la brasileña (nacida en Ucrania) Clarice Lispector.</strong></p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-12 wp-block-paragraph">Clarice Lispector es una autora fascinante, misteriosa, con una gran capacidad de explorar las naturalezas humanas profundas y de proponer una reflexión sobre lo femenino desde el ser y no desde los roles y estereotipos, a través de sus maravillosos cuentos y sus novelas. Su narrativa es experimental, innovadora, valerosa, rebelde e imponente. Sus historias rayan a veces en el absurdo, el surrealismo y la locura pero para mí son metáforas de nuestro inconsciente colectivo y nuestra lastimada civilización. Libro que contiene su obra completa de cuentos. Super recomendada.<br><br><strong>La decepción:</strong> <em>&#8220;Casandra&#8221;</em> de Christa Wolf, una novela corta sobre la cual tenía otras expectativas. Me pareció una historia pesada, aburrida. Aunque tiene buenos momentos y algunos personajes con mucha fuerza, ni me atrapó, ni me interpeló.&nbsp;Me gusta que un libro me sacuda hasta los huesos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="768" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/A-JUANA-EDITADA-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-109605" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Germán Puerta</strong></p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph"><a href="https://www.astropuerta.com.co">Divulgador científico</a>, ex coordinador del Planetario Distrital de Bogotá.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-13 wp-block-paragraph"><strong><em>“Elon Musk”,</em> del sudafricano Ashlee Vance.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos guste o no el personaje, sin duda es uno de los protagonistas del mundo científico, tecnológico y comercial del siglo XXI. Una historia fascinante del hombre que sin darnos cuenta tiene una gran influencia en nuestra vida cotidiana.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="768" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/Z-MEJOR-LIBRO-GERMAN-PUERTA-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-109551" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Gloria Helena Rey </strong></p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Reportera y primera mujer en ganar el <em>Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar</em>. Fue corresponsal en América Latina de la AP, jefe de oficina de AFP, y corresponsal de la BBC de Londres, y de los diarios españoles La Vanguardia y El Periódico.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-14 wp-block-paragraph"><strong><em>&#8220;El valor de la verdad&#8221;,</em> del hindú Mahatma Gandhi.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">He leído mucho a Gandhi porque me alimenta el alma. ¿Qué es la verdad? En el libro dice que es la voz interior que nos habla. Para descubrir la verdad hay que ser humilde y para penetrar en el corazón de ese océano que es la verdad, hay que decidirse a no ser nada, dice. Sobre Miguel Hernández, mi poeta popular favorito, hay mucho más que la <em>&#8220;Nana de las cebollas&#8221;.</em> Amé este poema que me sé de memoria: <em>&#8220;Mis ojos, sin tus ojos no son ojos/son dos hormigueros solitarios/ y mis manos sin las tuyas varios, intratables espinos a manojos/</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque no escriba tan bien como García Márquez, amo a Borges, porque es profundo y muy culto. También a Máximo Gorki, el escritor ruso.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="768" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/Z-MEJOR-LIBRO-GLORIA-HELENA-REY-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-109552" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Adriana Martínez-Villalba</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Directora de la Biblioteca Nacional de Colombia</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-15 wp-block-paragraph"><em><strong>“Biblioteca Vorágine”</strong></em>, <strong>homenaje al colombiano José Eustasio Rivera.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En Calamar, Guaviare, a dos horas de San José, está la Biblioteca Pública Municipal José Eustasio Rivera, una de las 1.558 bibliotecas públicas que hay en todo el país. En el centro, sobre una mesa, están exhibidos los diez tomos que conforman la <em>&#8220;Biblioteca Vorágine&#8221;</em>, decorados con unas hojas y unos dibujos de hormigas hechos por las lectoras y lectores de este lugar. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A comienzos del siglo XX, de ahí, de Calamar, gran parte de la población indígena fue secuestrada y esclavizada para trabajar en las caucherías, tema que denuncia Rivera en La vorágine. Aún se recuerda su paso por este pueblo mientras escribía el libro. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A cien años de la publicación de la novela, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y la Biblioteca Nacional de Colombia lideraron la conmemoración de este centenario. Una de las tantas acciones fue esta Biblioteca Vorágine, que se pueden <a href="https://www.bibliotecanacional.gov.co/es-co/actividades/actividad-cultural/exposiciones/exposicion?Expo=3">leer en línea </a>y en todas las bibliotecas públicas —muchas de ellas, como la biblioteca de Calamar, la recibieron con inmenso entusiasmo—, al tiempo que se despertó un diálogo sobre la emergencia climática, el racismo y el extractivismo, pero también sobre la esperanza y la resistencia de los pueblos originarios. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La <em>&#8220;Biblioteca Vorágine&#8221;</em> incluye la obra de Rivera y nueve títulos más que dan cuenta de los múltiples horizontes de sentido que se encuentran en sus páginas: su riqueza literaria, los testimonios del holocausto cauchero, el sentido de la identidad nacional, los difusos límites territoriales, la representación de distintas poblaciones.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="819" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/A-BIBLIOTECA-NACIONAL-819x1024.jpg" alt="" class="wp-image-109573" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="682" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/12/Z-MEJOR-LIBRO-LA-VORAGINE-1-1024x682.jpeg" alt="" class="wp-image-109609" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y ustedes, los lectores, ¿Cuál fue el mejor libro que leyeron en 2024?</strong></p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
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        <pubDate>Sun, 22 Dec 2024 12:31:49 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Cuál fue el mejor libro que leyó en 2024?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
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        <title>Clarice Lispector (1920-1977)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/sin-categoria/clarice-lispector-1920-1977/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Vivir no es reportable”, escribió Clarice Lispector, y sin embargo haría de su vida un cuento para contar. Su madre fue contagiada de sífilis por unos soldados bolcheviques que la habían violado, y Clarice fue concebida bajo ciertas peculiaridades propias de una época que no mucho conocía de esta enfermedad. En medio de esta revolución [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Vivir no es reportable”, escribió Clarice Lispector, y sin embargo haría de su vida un cuento para contar. Su madre fue contagiada de sífilis por unos soldados bolcheviques que la habían violado, y Clarice fue concebida bajo ciertas peculiaridades propias de una época que no mucho conocía de esta enfermedad. En medio de esta revolución en la que ya había sido asesinado el abuelo, los padres de Clarice abandonan Ucrania con sus tres hijos, huyendo hacia Moldavia para luego cruzar la frontera, e instalarse de paso en la capital rumana, donde conseguirían pasaportes rusos que les permitieron viajar a la tierra brasileña de Maceió.</p>
<p>Cuando Clarice tiene 5 años sus padres deciden instalarse en Recife, Pernambuco, donde cada miembro de la familia sería rebautizado con un nombre portugués. Chaya Pinjasivna se convertía así en Clarice, conservando su apellido Lispector. Un tiempo después se mudarán a la que fuera la ciudad que sintió propia, la paradisiaca Rio de Janeiro.</p>
<p>Cuando Clarice tenía 10 años su madre fallece, y será también por esta época cuando empieza a explorar el mundo de las palabras, apropiándose del idioma portugués, y presentando varios de sus escritos y cuentos al <em>Diario de Pernambuco. </em>Es así como la futura gran escritora comenzaría su carrera literaria siendo rechazada en múltiples ocasiones, y las revistas no se decidían a publicarla arguyendo que sus cuentos carecían de un contenido dramático, y que eran más una descripción de sensaciones. Pero es que al parecer para Lispector escribir era otra cosa distinta de lo que anteriormente se había escrito: “Escribir es tratar de entender, es tratar de reproducir lo irreproducible.”</p>
<p>En la adolescencia ya Clarice se había convertido en una lectora voraz, siendo importantes las lecturas de algunos escritores nacionales como Machado de Assis, Eça de Queiroz, Jorge Amado, además del ruso Fédor Dostoievski. Pero especialmente recuerda la fuerte impresión que de niña le dejaría el libro <em>Las travesuras de Naricita</em>, de Monteiro Lobato, libro del cual comenta: “Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí algunas líneas maravillosas, lo cerré de nuevo, me fui a pasear por la casa, lo postergué aún más yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad.”</p>
<p>El padre de Clarice quería darle a sus hijos una educación de élite, y aunque su oficio vendiendo ropa no lograra cubrir los gastos de una educación formal; pero fue gracias al promedio obtenido en las calificaciones de bachillerato que Clarice consiguió matricularse en la Facultad de Derecho Nacional de la Universidad de Brasil. Al interior de la academia Lispector tendría que soportar una fuerte presión, tratándose de la única judía y una de las tres mujeres que integraban la facultad.</p>
<p>Clarice ya había presentado algunos escritos a periódicos y revistas, pero sería a los 21 años cuando publicaría su primera obra, <em>Cerca del corazón salvaje, </em>y que le valdría el reconocimiento de ganar el Premio Graça Aranha a la mejor novela.</p>
<p>Durante sus años estudiantiles conocería a quien sería su esposo, el diplomático Maury Gurgel Valente, un católico, y por lo cual resultaba complicada la relación ante los ojos de ambas familias, pero de quien se enamoraría convirtiéndose como en su escudera, y acompañándole en sus tantos viajes alrededor del mundo. “Es casi imposible evitar que el exceso de amor haga que uno actúe como tonto. Solo el tonto puede amar demasiado”, escribió. Es así como los próximos 15 años serían un recorrer constante, una falta de estabilidad, instalándose varias veces en Inglaterra, París, Berna, y teniendo que apartarse no solo de su familia y sus amigos sino también de su trabajo periodístico, en el cual ya empezaba a sobresalir. Pero ella tuvo clara su apuesta. Escribió: “La vida es para ser vivida intensamente como el amor, que tiene que ser experimentado hasta la última gota sin ningún temor.”</p>
<p>Durante la Segunda Guerra Mundial Lispector trabajó en hospitales como voluntaria con el cuerpo de enfermeras de la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB), asistiendo a los soldados brasileños heridos.</p>
<p>“Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano, y es solitario”, escribió la mujer que ya empezaba a desistir de su condición de acompañante, y parece ser que la rutina de viajar acabó sumiéndola en el aburrimiento: “En realidad no sé escribir cartas de viaje, en realidad ni siquiera sé viajar.” Pero a pesar de haberse convertido en una mujer que vivía a la sombra de un hombre, y de que nunca dejaría de añorar su vida en Brasil, Clarice no abandonó su pasión por narrar, y fue así como en 1946 publicó su segunda novela: <em>El lustre.</em></p>
<p>Unos años después, en Berna, Clarice tiene a su primer hijo, y unos meses tarde estará de regreso con su esposo a tierras brasileñas. Nuevamente en Rio de Janeiro, Lispector vuelve a hacer la apuesta, dedicando parte de su tiempo a la labor periodística y escribiendo columnas para el diario local, y que firmaba bajo el seudónimo de “Teresa Quadros”.</p>
<p>Para 1949 publica <em>La ciudad sitiada, </em>y en 1952 el libro titulado <em>Algunos cuentos, </em>para luego volver a emprender viaje al lado de su marido, esta vez con destino a la capital estadounidense, y en donde para el año de 1953 tendría a su segundo hijo. Un año más tarde, en 1954, el público francés se interesó en su primera novela, y la obra sería traducida y publicada, teniendo como portada una ilustración de Henri Matisse.</p>
<p>En Estados Unidos estuvo casi ocho años, y desde allí continuaría enviando cuentos y artículos a revistas brasileñas, hasta que en 1959 se divorcia de su marido y regresa finamente a la tierra de sus orígenes. Residenciada en Rio de Janeiro, Clarice Lispector reclamará su independencia abriéndose camino como una reportera y escritora consagrada. Esto recomendaba a las demás mujeres: “La vida no es cine, y es muy difícil ‘usar’ la excentricidad. La excentricidad es un deseo desesperado de agradar. El instinto de las mujeres las avisa de ‘hasta dónde pueden llegar’ en su deseo de agradar. ¿Has pensado alguna vez en el esfuerzo enorme que la excentricidad exige de una mujer? Casi un esfuerzo físico para mantener algo antinatural. Después de algunas horas se ve</p>
<p>en el rostro de la excéntrica su enorme cansancio, sus ganas de volver a casa… ¿Qué es la excentricidad? De manera general, la exageración. ¿A los hombres les gusta el perfume? La excéntrica se baña en perfumes… ¿El escote es bonito? Ella entonces se desnuda. ¿Entrar con seguridad en una sala es elegante? Entonces vamos a hacer una entrada teatral. ¿La naturalidad es agradable? Entonces vamos a fingir naturalidad confundiéndola con la vulgaridad. ¿A los hombres les gusta el ‘compañerismo’? Entonces vamos a beber como un hombre, a decir palabrotas y a demostrar que estamos por encima de esa cosa ridícula que es una mujer educada. La excentricidad es un esfuerzo que termina en tristeza.”</p>
<p>A comienzos de 1960 publica el exitoso libro de cuento <em>Lazos de familia, </em>y un año más tarde publicará <em>La manzana en la oscuridad</em>, obra aclamada por el público y que unos años después tendría su adaptación teatral. Sin embargo sería en 1963 cuando Lispector maravillaría al mundo dándonos a conocer su obra más reconocida: <em>La pasión según G.H.</em> Escrita a vuelo de pájaro, de un solo tirón, y concluida en un par de meses, la novela cuenta la historia de una mujer que queda perpleja frente al hallazgo casual de una cucaracha, suceso tras el cual experimentará un profundo cuestionamiento existencialista. Porque sus palabras tendrán siempre ese matiz inquietante que desafía el asombro de lo cotidiano: “Siento una claridad tan grande que me anula como persona común y corriente. Es una lucidez vacía, ¿cómo explicarlo?, algo así como un cálculo matemático perfecto que, sin embargo, no se necesita. Y no entiendo aquello que entiendo.”</p>
<p>Para finales de la década de los sesenta Clarice se dedica a publicar notas personales en el diario <em>Jornal do Brasil</em>, donde contará acerca de la cotidianidad brasilera y de sus aventuras propias, permitiendo que el público la conociera a través de sus escritos, y revelándonos piezas de su intimidad y los seres y las cosas que rodeaban su vida, como su perro Ulisses al que haría famoso por haberlo citado en un sinnúmero de artículos.</p>
<p>Sin embargo para dejarse ver más allá de las palabras Clarice Lispector resultaba ser una presencia enigmática, casi fantasmal. No le gustaba conceder entrevistas, y una vez las aceptaba, solía contestar de manera enfática, sustancial, lacónica, casi diríamos que monosilábica. Su personalidad solitaria, nostálgica, depresiva, engrandecía esa imagen de la poetisa atormentada por el delirio de la palabra.</p>
<p>Esta figura poseída por la poesía se vería engrandecida luego de que se quedara dormida con un cigarrillo en la mano, provocando un incendio que le ocasionaría quemaduras por todo su cuerpo y especialmente en su mano derecha, en la cual habría terminado por perder su movilidad. Admirada también por su belleza exótica, las cicatrices que le dejaron el siniestro episodio acabarían por acrecentar su condición depresiva. Pero a esta mujer no tenía por qué preocuparle en últimas su belleza física cuando se sabía ciertamente poderosa: “¿Eres ‘moralmente’ tan anticuada que consideras la vanidad femenina una frivolidad? Ya deberías saber que las mujeres quieren sentirse guapas para sentirse amadas. Y querer sentirse amada no es una frivolidad. Si piensas que ‘has nacido’ así y que no tiene remedio, ten la seguridad de que estás desistiendo de algo muy importante: de propia capacidad de atraer. ¿Quieres saber algo? La obesidad tiene remedio. El pelo sin vida tiene remedio. Una cara sin gracia tiene remedio. ¿La solución? La solución es no ser una mujer desanimada y triste. Y la otra solución es tener como objetivo ser ‘tu misma’, pero más atractiva, y no alcanzar un tipo de belleza que nunca podría ser el tuyo.”</p>
<p>Hacia comienzos de los años setenta Clarice publica varios libros de cuentos infantiles, dedicándose también a dictar conferencias y charlas en diferentes institutos y universidades, pero especialmente sirvió como traductora de una cantidad de obras que gracias a ella los lusófonos pudieron conocer. Conocía el inglés, el francés y el español, además del hebreo y el yiddish que hablaba con fluidez, e incluso se atrevió traduciendo algunos libros escritos en ruso. En español apenas se tiene un registro, se trata del cuento <em>Historia de los dos que soñaron, </em>de Jorge Luis Borges, y que publicarían en el <em>Jornal do Brasil.</em></p>
<p>Para Lispector lo que importaba era dejarlo por escrito, dejar en el papel eso que le dictaba su alma: “Escribo porque me resulta un placer que no puedo traducir. No soy pretenciosa. Escribo para mí, para sentir mi alma hablando y cantando, a veces llorando.”</p>
<p>La originalidad de su estilo es indudable, y de hecho lo peculiar de su expresión narrativa será su distintivo propio. Es difícil no identificar cuando un texto, un poema principalmente, fue escrito por la pluma convulsa de Clarice Lispector. Pareciera que muchas de sus líneas, dispersas, confusas, entreveradas, responden al método empleado también por James Joyce y Virginia Woolf (autores con los que mucho se le ha asemejado) conocido como el “libre fluir de la conciencia”, y a pesar de que la autora confesara que es plenamente consciente de lo que escribe y al momento en que lo escribe. Así describe esta experiencia: “Tengo miedo de escribir, es tan peligroso. Quien lo haya intentado, lo sabe. Peligro de revolver en lo oculto y el mundo no va a la deriva, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que colocarme en el vacío.”</p>
<p>Emocional y emotiva, trascendente y compleja, en Lispector aflora el lirismo y una prosa dinámica, inquietante, conflictiva y siempre marcada por la profundidad. Solía usar la primera persona, y en sus historias lo primordial no será la trama como sí ahondar en el interior de los sentimientos, sensaciones y afectos de sus personajes. Es por esto que sus personajes gozan de esa misma profundidad psicológica y que sus comentarios sean siempre tan suspicaces, reflexivos y acertados, centrándose en develar sus pensamientos y dejando así que sea el lector quien concluya sobre la personalidad de cada uno. A través de sus personajes la autora indagaba por la esencia del ser como tal y el autoconocimiento, la vida y asimismo la muerte, la infancia y la vejez, la soledad y el amor, la maternidad y lo femenino.</p>
<p>Su obra era ya motivo de análisis cuando la autora aún estaba con vida, y hoy día, siendo la escritora latinoamericana más leída y afamada a nivel mundial, y una de las más buscadas en Internet, Clarice Lispector no para de suscitar una conexión particular con las nuevas generaciones y un entusiasmo cariñoso entre las nuevas poetisas.</p>
<p>“La realidad no tiene sinónimos”, escribió. Y es que, moviéndose entre lo real y lo fantasioso, Lispector pareciera muchas veces divagar, por lo que varios críticos vacilan al no saber dónde ubicar su fascinación, siendo que tantas veces parece como tan tonta y otras tantas deslumbra por su indudable originalidad: “Escribo sin la esperanza de cambiar nada. No cambiar nada… Porque en el fondo no estamos tratando de cambiar las cosas. Estamos queriendo florecer.” Algunos dirán que leerla es enfrentarse a una lectura compleja. Ella misma declaraba que lo suyo, respecto al estilo, era una cuestión de “no-estilo”. Porque lo cierto es que su estilo, propiamente, es difícil de encasillar, ya que su capacidad para explorar el lenguaje en vertientes insospechadas hacen que esta autora sea imposible de clasificar. Carece, pues, de género: “El género ya no me atrapa”, dirá en <em>Agua viva. </em></p>
<p>Metalingüísta, le llamarían algunos. Creadora, ella supo transgredir e interrogar el lenguaje mismo, irrumpiendo en sus reglas más básicas, y permitiéndose comenzar por ejemplo una de sus novelas con una coma y finalizándola con dos puntos. Y es por esa prosa irreverente, renovadora, única, que Clarice Lispector es elevada a la categoría de Guimarães Rosa y a otros importantes escritores en lengua portuguesa de la segunda mitad del siglo XX, ubicándosele en la tercera fase del modernismo conocida como la “Generación brasileña del 45”.</p>
<p>Reportera, periodista, traductora, escritora de novelas, cuentos, libros infantiles y poemas, Lispector constituye un ejemplo de la mujer decidida a encarar el destino que desde niña se fijaría, y no tuvo reparos en que su propuesta pudiera no convencer, rompiendo con los estilos y maneras tradicionales y constituyéndose como un estilo definitivamente propio, sincero y peculiar. No tuvo miedo de presentar su propuesta, y a pesar de que esta no correspondiera a lo acostumbrado, y tal vez de allí la admiración que despierta por su manera única y libre de escribir. “Lo indecible me será dado solamente a través del lenguaje.”</p>
<p>En sus escritos Lispector también servirá como un ejemplo que insiste en la formación intelectual de la mujer, instándola a que se conozca y cumpla poderosa con su vocación propia, sin pretender responder obsecuentemente a los cánones impuestos por la sociedad: “¿Nunca leíste de pequeña el cuento de una princesa muy guapa pero que por la maldición de un hada mala no podía abrir la boca sin que le salieran sapos, lagartos y ratones? Pues la manera moderna de que salgan ‘sapos y culebras’ de la linda boca de una joven es decir muchas tonterías con los labios perfectamente maquillados. Pero esto no sucede por la maldición de un hada mala, sino por la ignorancia, por falta de cultura. Una de esas ‘princesas’ modernas, al escuchar una conversación sobre Hemingway, preguntó: ‘¿Cuál es la última película que ha hecho?’ Leer es una costumbre que todo el mundo debería tener. No queremos decir con eso que todos lean ‘cosas difíciles’. Incluso una revista bien informada -y bien leída- puede ser una fuente de cultura que al menos evite ‘sapos y culebras’.”</p>
<p>Sus manuscritos y la biblioteca con todos sus libros y algunos documentos personales como correspondencia, se conservan disponibles en los archivos de la Fundación Casa de Rui Barbosa y en el Instituto Moreira Salles, ubicados ambos en Rio de Janeiro.</p>
<p>Clarice Lispector murió de cáncer de ovario a los 56 años de edad en su amada Rio de Janeiro, meses antes de haber publicado su última novela. Al día siguiente, sábado, era su cumpleaños, por lo cual postergaron su entierro para el domingo. Su cuerpo fue cubierto por un manto de lino blanco, y sería sepultada bajo el ritual de la religión judía ortodoxa. Sus restos reposan en el cementerio de Cajú. En su lápida se lee su nombre de pila, cuyo significado es “La hija de Pinkhas”. Alguna vez escribió: “Al final, ¿qué importa más: vivir o saber que se está viviendo?”</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-90372" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/06/281.-CLARICE-LISPECTOR-291x300.jpg" alt="CLARICE LISPECTOR" width="291" height="300" /></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                    <category>Sin categoría</category>
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        <pubDate>Sat, 20 Apr 2024 06:15:18 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Clarice Lispector (1920-1977)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
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        <title>Dejad que los libros vengan a mí (Un llamado a la industria editorial)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/dejad-los-libros-vengan-llamado-la-industria-editorial/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Solemos olvidar las miserias de otras épocas, en parte porque la literatura, la poesía y las leyendas celebran a aquellos que vivieron bien y olvidan a quienes se ahogaron en el silencio de la pobreza” (Irene Vallejo, &#8220;El infinito en un junco&#8221;) Hay un cuento de Clarice Lispector que me encanta: “Felicidad clandestina”. Así empieza: [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><strong><em>“Solemos olvidar las miserias de otras épocas, en parte porque la literatura, la poesía y las leyendas celebran a aquellos que vivieron bien y olvidan a quienes se ahogaron en el silencio de la pobreza”</em></strong> (Irene Vallejo, &#8220;El infinito en un junco&#8221;)</p></blockquote>
<p>Hay un cuento de Clarice Lispector que me encanta: “Felicidad clandestina”. Así empieza: <em>“Ella era gorda, baja, pecosa y con el pelo excesivamente crespo, medio pelirrojo. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras seguíamos siendo planas. Por si fuera poco, se llenaba los dos bolsillos de la blusa, sobre el busto, con caramelos. Pero tenía lo que a cualquier niña devoradora de historias le habría gustado tener: un padre que era dueño de una librería”.  </em></p>
<p>La protagonista anhela que esa niña odiosa le preste uno de sus libros. Bien pudo ser la historia de la misma Clarice por las condiciones de pobreza en que su familia judía llegó a Brasil en 1922 –ella con 12 años- huyendo del caos, el hambre y la guerra racial que se vivía en Ucrania hace un siglo. (Cualquier parecido con el presente nos demuestra que la Historia tiene el poder maléfico de auto reciclarse).</p>
<ul>
<li><em>—<strong>“Era un libro grueso, Dios mío, era un libro como para quedarse a vivir con él, comiéndoselo, durmiéndoselo. Y absolutamente por encima de mis posibilidades. Me dijo que pasara a su casa al día siguiente y me lo prestaría”.</strong></em></li>
</ul>
<p>El relato toca la realidad de aquellas personas sin dinero para comprar libros. Porque no es lo mismo tener un libro que le pertenece a uno –como los carritos o las muñecas de la infancia- a tener uno que, después de leído, toca devolverlo, bien sea a la biblioteca o a su dueño. Un libro al que uno pueda regresar cuando se le dé la gana, sin tener que pedir permiso; rayarlo o subrayarlo si quiere, dejarlo en el regazo por mero placer o usarlo para espantar el tedio de viajar en Transmilenio -¡lo que al lector se le ocurra!-, sin tener que pedir permiso o ser multado por arruinarlo.</p>
<ul>
<li><em>—“<strong>El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diabólico”. </strong></em></li>
</ul>
<p>De niño no tuve libros propios –los leía en la pequeña biblioteca del barrio vecino-, en tanto mis textos escolares fueron de segunda mano, comprados en las antiguas casetas de San Victorino, algunos en condiciones lamentables, como si hubiesen sobrevivido a la <em>Guerra de los mil días</em>. Pero fui feliz y aprendí con ellos. Recuerdo con especial afecto el de <em>Español sin fronteras</em> 7: en sus páginas descubrí que quería ser periodista. Tenía 14 años, hacía séptimo grado. Era 1985.</p>
<p>Muchas veces capé catequesis por irme a leer sentado en unas butaquitas de colores; no recuerdo una felicidad infantil más grande que aquella. Prefería leer en vez de escuchar al padrecito Carlos, que fumaba cigarrillos a escondidas y tenía una novia que lo visitaba en la casa cural vistiendo su jardinera azul de cuadros; sigo creyendo que él le hacía las tareas.</p>
<p>No pocas veces sentí el deseo de robar algún libro pero no lo hice. De viejo me pasa que los presto y prestados se quedan.</p>
<p>Estas últimas semanas he vuelto a tener sentimientos encontrados, por la noticia que trae el periódico a seis columnas: desmantelada organización criminal dedicada a la piratería de libros en Bogotá. Según el reporte policial, el material incautado –avaluado en $27 mil millones- tenía como destino el mercado negro en ocho localidades de Bogotá, entre ellas Ciudad Bolívar y La Candelaria. Ninguna del norte en todo caso.</p>
<p>Llamé al secretario de la Cámara Colombiana del Libro, Manuel José Sarmiento, quien me confirmó el daño tan tenaz que la mafia le causa a la industria editorial. Las pérdidas anuales ascienden a $181 mil millones por piratería, más o menos el 20% de la venta legal, estimada en $891 mil millones, con una producción de 17 mil títulos al año.</p>
<p>Me cuenta que los libros más pirateados son los técnicos/científicos ($92 mil millones, que incluye el mercado ilegal por internet -PDFs-y fotocopiado); seguidos por los libros de interés general y literatura -novela, cuento y poesía- ($54 mil millones) y los textos escolares ($35 mil millones).</p>
<p>Al revisar dicho reporte, surgió mi contradicción: qué bien que castiguen a los hampones que se lucran con lo ajeno pero muy bueno también que estemos leyendo literatura, en medio del grito desesperado “porque ya nadie lee”. Cuando se señala las localidades del sur como el destino de libros piratas, significa que el hambre literaria, como el hambre biológica, no distingue estrato. Sólo que un pobre no tiene los $50 mil, $60 mil u $80 mil que puede costar en promedio un libro, ni siquiera los $25 mil de una edición económica.</p>
<p>El doctor Sarmiento me hace una aclaración necesaria. <em>“La piratería es una vagabundería inaceptable. Ahí no hay ningún Robín Hood queriendo divulgar la literatura”. </em>De hecho, en una época los mismos delincuentes le confesaron lo rentable que resultó el negocio en comparación con el narcotráfico por la relación riesgo-beneficio, ya que al pirata no se le perseguía como a otros delincuentes. Él sabe de lo que habla, pues lleva 27 de sus 62 años dedicado a la industria editorial y la lucha contra la piratería. Considera además que &#8220;la extinción de dominio a los bienes dedicados a la  piratería es un punto de quiebre de este fenómeno delictivo en Colombia&#8221;.</p>
<p>Y tiene toda la razón. No está bien pagar $10 mil pesos que cuesta un libro de mala calidad en el marcado negro -la impresión es pésima, les faltan hojas y se desbaratan con solo mirarlos-, atentando contra los derechos de autor y una industria legal que sí paga impuestos, genera empleos y apoya a los escritores.</p>
<p>Sin embargo, y sin querer exculpar a los delincuentes, -¡faltaba más!- hay quienes todavía se preguntan porque en Colombia el libro sigue siendo un artículo de lujo, destinado a una élite con poder adquisitivo, inalcanzable para el grueso de la población, como la muchacha del cuento. Para alguien que gana el salario mínimo, o menos, un libro equivale a  la comida de una semana.</p>
<p>¿Fue ahí donde la cultura criminal de lo <em>chiviado</em>  encontró su caldo de cultivo para florecer?</p>
<p>Aunque la comparación parezca tonta, se podría decir que pasamos de los libros prohibidos por la iglesia católica (que a través del <em>index liborum prohibitorum</em> vetó durante casi 400 años aquellas publicaciones que “dañaban la moral cristiana”) a los libros vedados para quien no tiene con qué comprarlos, sin otro camino que pedirlos en préstamo.</p>
<p>“<em>En aquel tiempo no existía todavía el comercio de libros, y solo podías conseguirlos copiándolos tú mismo (y para eso necesitabas ser un escriba profesional) o arrebatándoselos a otros como botín guerra (y para eso necesitabas derrotar al enemigo en peligrosas batallas), </em>nos recuerda Irene Vallejo en “El infinito en un junco: la invención de los libros en el mundo antiguo”, página 69.</p>
<p>Consulté a los que saben: ¿Cómo lograr que pobres y ricos tengan la oportunidad de comprar el mismo libro? Un debate parecido se planteó ya sobre la boletería para ingresar a la Feria del Libro de Bogotá.</p>
<p><strong>Felipe Ossa</strong>, gerente de la Librería Nacional, se pregunta: <em>“¿Los libros son caros con respecto a qué? ¿Cuánto vale una boleta para fútbol? ¿Una ida a una discoteca?  ¿Una botella de aguardiente?&#8230; Esto de los libros caros es una cuestión cultural. Una excusa para no leer. Muchos libros se consiguen en ediciones económicas; las ediciones de bolsillo, por ejemplo. Por otra parte, no es fácil que todos los libros sean baratos cuando muchos son importados y se pagan en euros o dólares”. </em></p>
<p>La escritora <strong>Piedad Bonnett</strong> concuerda con él en que <em>“lo ideal son las bibliotecas de bolsillo, que aspiran a la democratización del libro. Las editoriales sacan primero los libros en edición corriente y luego, cuando son exitosos, los convierten en bolsillo”,</em> pero ella reconoce igualmente que detrás “hay un problema comercial”. <em>“Lo ideal -asegura- es la biblioteca pública, que da acceso a todo tipo de lector, pone el libro en todas las manos. El libro de segunda es otra opción. Que las grandes bibliotecas privadas lleguen finalmente a manos de los que no pueden comprar”.</em></p>
<p>A propósito de lo último que dice ella,  en “El infinito en un junco” (página 336) encuentro una idea filantrópica para nuestro tiempo: “<em>Durante toda la Antigüedad, pesaba sobre los ricos la obligación no escrita de gastar parte de su riqueza en la comunidad (…) Si un millonario rácano necesitaba un suave empujón para abrir la bolsa, los plebeyos acudían a la puerta de su casa a cantarle coplas sarcásticas y a burlarse de él”</em>.</p>
<p>Desde otra esquina,<strong> Natalia García, </strong>editora de Penguin Random House, argumenta: <em>“No es tan simple como bajar precios y ya. Hay que tener en cuenta todo el modelo de negocio que hay detrás de una editorial. Más que un tema de pobres o ricos, también es cuestión de aprender a usar los recursos que existen, como las bibliotecas públicas. Bogotá cuenta con una red muy buena. Hoy en día se pueden alquilar libros digitales o físicos sin ningún costo”. </em></p>
<p>Lo de abaratar los libros para hacerlos accesibles a más gente se me ocurrió por una amiga chef. Me perdonan las editoriales y los autores si la comparación resulta tonta, odiosa, atrevida, o todas las anteriores. El restaurante de Carolina queda a seis cuadras de mi casa: ella optó por vender más almuerzos a precios módicos que menos almuerzos a precios impagables. La comida es deliciosa, casera y balanceada; la gente hace fila para comer allí. Hoy, por ejemplo, por $12 mil, comeré bandeja con filete de robalo en salsa marinera, ensalada de la casa, crema de tomate y jugo de maracuyá. Carolina madruga tres veces a la semana a Corabastos (ella preferiría comprarles directamente a los campesinos para evitar la intermediación) y adquiere los alimentos más frescos para consentir a su clientela. En otro restaurante ese plato costaría $15 mil o más.</p>
<p>¿Qué tal si un día editoriales y libreros madrugan a buscar fórmulas para redefinir precios en aras de una verdadera democratización libresca?</p>
<p>Claudia Cañas, de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes, ACLI, dice: <em>“El acceso al libro es un derecho de los ciudadanos. Es importante que en Colombia se empiece a hablar de una Ley del Libro, como la hay en Francia o España, por ejemplo. Se requiere de una política de Estado. Cuando eso se dé, vamos a tener protección para el libro como bien cultural, para las librerías como espacios culturales, para los libreros como gestores culturales y, muy seguramente, así lograremos un equilibrio para la circulación del libro en el país&#8221;.</em></p>
<p>Colombia tiene una Ley del Libro obsoleta (Ley 98 de 1993, cuando ni siquiera había celulares) que debe ser ajustada a esta era globalizada, no sólo en términos fiscales y parafiscales. La norma habla, por ejemplo, de Colcultura y Adpostal -dos entes ya desaparecidos- y en cambio nada menciona sobre el precio fijo del libro, tema que en Europa se volvió crucial tras el embate de multinacionales como Amazon, la librería en línea más grande del planeta.</p>
<p>Eso sin contar que la siguiente guerra será contra la inteligencia artificial. Lo resumió preocupado el escritor <a href="https://elpais.com/opinion/2023-09-26/delincuencia-artificial.html">Sergio Ramírez</a> en su columna habitual de El País de España: &#8220;Los <i>chatbots</i>, tales como el GPT  (&#8230;) al ser alimentados con obras literarias son capaces luego no solo de recordarlas literalmente, sino de recrearlas, y reproducir los contenidos y estilos para escribir obras paralelas que se parezcan a las originales, en el lenguaje característico del autor. Es decir, un inspirado o descarado plagio&#8221;.</p>
<p>Volviendo a nuestra realidad, el Congreso de la República, tan dado a promulgar ciertas leyes inútiles, nos debe la actualización de la Ley del Libro. Una ley que desestimule todas las formas perversas de piratería y plagio, y convierta los libros en un elemento/alimento de primera necesidad de la canasta familiar. Una ley que brinde estímulos para la creación de librerías y bibliotecas donde no las hay -¡en Riohacha, siendo capital de departamento, no existe una sola librería!-. Una ley que fomente la lectura en todos los espacios posibles, incluso en los hogares, para rescatar a esos lectores que se perdieron en el camino de la vida porque en el colegio se enseñó a temerles a los libros en vez de a amarlos. Y, lo más importante, se requiere una ley que ponga en el centro del universo literario a los lectores y a los autores (especialmente a los escritores colombianos, que no siempre ven compensado su esfuerzo creativo con las regalías que reciben), porque sin ellos –los que escriben y los que leen- la industria editorial no existiría.</p>
<p>Soñemos con el día en que los libros se vendan como pan caliente en Colombia. Porque la lectura le agrega significado a la vida, una dicha que millones no han probado. La chica del cuento de Clarice Lispector lo sabía:</p>
<ul>
<li><em>—<strong>“La felicidad siempre sería clandestina para mí. (…) Ya no era una niña con un libro: era una mujer con su amante”.</strong></em></li>
</ul>
<p><strong>LAPIDARIO SEMANAL </strong></p>
<p><strong>Lunes:</strong> &#8220;Tengo que averiguar quién demonios soy&#8221; le dice, a sus 80 años, el legendario director de cine Martin Scorsese a la revista GQ. ¡Ya somos dos, míster Martín!</p>
<p><strong>Martes:</strong> Estatua de Gabo fue develada en plaza de la Aduana, con ocasión de la Feria del Libro de Barranquilla, dice El Heraldo. ¡Mil estatuas más para honrar al creador de Macondo!</p>
<p><strong>Miércoles:</strong> “Le dijo a su esposa que se iba a comprar cigarrillos y no volvió: lo encontraron 30 años después”, titula el diario Página 12 de Argentina. ¡Qué! ¿Regresó por los fósforos?</p>
<p><strong>Jueves: </strong>Titular típico de Semana: <em>“Aida Victoria Merlano soltó al aire dura confesión sobre Verónica Alcocer: ´Petro debe tenerlas bien puestas´”.</em> ¿Incursionan los Gilinski en el porno-periodismo? En la misma semana sacan un titular caído del cielo: <em>“Las dos oraciones que se le deben rezar a Dios para tener paz mental”. La necesitan en esa revista. </em></p>
<p><strong>Viernes:</strong> Una mujer sexi y atea que quiere acostarse con un sacerdote con cara de pecado. La protagonista mira a la cámara interpelando al televidente. De ella sabemos que usa el sexo para llenar los vacíos de su corazón. —&#8221;¿Quieres acostarte con el padre o quieres acostarte con Dios?&#8221;, le pregunta la terapeuta. Las dos temporadas de la serie británica <a href="https://www.youtube.com/watch?v=L3iqdpYoZNU"><strong>Fleabag </strong></a>están en Prime Video.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Fleabag - Trailer Oficial Español | Amazon Prime Video España" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/L3iqdpYoZNU?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
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        <pubDate>Sun, 01 Oct 2023 00:41:14 +0000</pubDate>
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