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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Civilidad | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Construcción de ciudadanía III. Lo público y lo privado.</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_98929" aria-describedby="caption-attachment-98929" style="width: 225px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-98929" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-A-225x300.jpg" alt="Bocas de Ramos, Tumaco (Foto: JMCHB)" width="225" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-A-225x300.jpg 225w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-A-113x150.jpg 113w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-A.jpg 720w" sizes="(max-width: 225px) 100vw, 225px" /><figcaption id="caption-attachment-98929" class="wp-caption-text">Bocas de Ramos, Tumaco (Foto: JMCHB)</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un debate histórico acompaña el tema, tanto de la definición como del límite, entre lo público y lo privado, por tanto no entraremos en honduras que no nos competen, ya que lo que buscamos con estos artículos es redefinir el concepto de ciudadanía en el Pacifico colombiano, particularmente en el nariñense, donde, como se ha leído en las dos columnas anteriores, pesa, tanto en el sustrato individual como en el colectivo, el abandono estatal, la desidia política y el desamparo de los derechos fundamentales a un mínimo vital de vida digna, representado en agua potable, vivienda, salud, entre muchos otros más, cobrando especial relevancia la protección y salvaguarda de la vida, máxime cuando el narcotráfico impera por causas no difíciles de exponer, siendo más una consecuencia que una causa en sí misma de toda la violencia que se vivencia en este territorio.</p>
<p>Lo privado se entiende, generalmente, como todo aquello que tiene que ver con lo doméstico, de puertas para adentro, como dirían los viejos; y lo público compete a todo aquel relacionamiento con los otros en el campo de un ejercicio democrático de toma de decisiones, que van desde las diarias hasta las más importantes, como son elecciones o demás sistemas de participación. Aquí, en resumidas cuentas, campean la democracia heredada y el liberalismo que busca garantizar los derechos de los individuos, sin desconocer que su evolución ha permitido reconocer los derechos sociales, económicos y hasta de los Pueblos, buscando la salvaguarda de la soberanía y la autodeterminación de los mismos.</p>
<p>Pero lo privado y lo público conviven permanentemente, no se excluyen, como erróneamente muchos piensan, particularmente los servidores públicos que opinan sin entender su posición como garantes de la responsabilidad endilgada al Estado para que garantice la armonía entre todos los ciudadanos; tampoco como muchos ciudadanos creen, que al amparo de sus garantías individuales desconocen de facto la responsabilidad social que los cubre por ser, precisamente, parte de una sociedad determinada.</p>
<p>Los bienes, por tanto, pueden ser de naturaleza pública o privada, y ambos merecen el respeto por parte de los demás, como un amparo logrado en las revoluciones burguesas, pero también como la posibilidad de que exista un reparto equitativo y justo de la riqueza generada, en el caso del Estado, como parte esencial de su existencia, y en los privados como una forma solidaria frente a los demás. La felicidad y la seguridad, por tanto, devienen del consenso mutuo que debe desprenderse de entre lo público y lo privado, aunque como se ve en la actualidad, los intereses individuales, amparados en fortísimas corporaciones internacionales, desconocen lo público o se aprovechan de ello para generar mayor riqueza para sí mismos, caso Monsanto, con el tema de las semillas y los saberes colectivos acumulados durante siglos, por solo mencionar un ejemplo.</p>
<figure id="attachment_98930" aria-describedby="caption-attachment-98930" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-98930" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B-300x200.jpg" alt="Roberto Payán, Carnavales (Foto: Alcaldía Municipal de Roberto Payán, Facebook)" width="300" height="200" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B-768x512.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B-1024x683.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B-1200x800.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-B.jpg 2048w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-98930" class="wp-caption-text">Roberto Payán, Carnavales (Foto: Alcaldía Municipal de Roberto Payán, Facebook)</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo anterior genera un problema inevitable, ya que el Estado se ve reducido a esos intereses, muchas veces ayudados por los medios de comunicación que han sido acaparados por esos grupos económicos o de interés, ante una ciudadanía que no ha sido empoderada en sus obligaciones y que ha devenido mendicante frente a la Cooperación Internacional y frente al Estado mismo, no como la lucha reivindicatoria de su autonomía y de la búsqueda del pago de una deuda histórica que nadie desconoce, sino como subsidiaria de unos recursos que luego serán cobrados en un claro detrimento con todo el territorio.</p>
<p>Además, una ciudadanía que, como se ha mencionado ya, ha sido objeto de toda clase de vejámenes y abandonos, no está preparada para asumir una responsabilidad política autónoma, por eso no existen representantes de sus organizaciones en los estamentos estatales, ni mucho menos en los organismos donde se toman decisiones trascendentales en el orden nacional.</p>
<p>Y llevado al plano de lo cotidiano, la desidia por el Estado, fruto de ese abandono y de las permanentes muestras de corrupción, hace que no se asuma un papel real como ciudadano; al contrario, la problemática se agudiza, ya que al no verse representado en lo público, todo lo que de ahí devenga no se respeta, desde el simple hecho de botar cuanta basura hay a las calles o bajo las construcciones palafítica, pasando por el irrespeto a las normas básicas de convivencia, como son el uso de andenes, respeto a los semáforos o a las vías peatonales, hasta la total indiferencia por el cuidado de las ciudades o pueblos que habitamos.</p>
<figure id="attachment_98931" aria-describedby="caption-attachment-98931" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-98931" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C-300x138.jpg" alt="Iscuandé (Foto: Alcaldía de Santa Bárbara – Iscuandé, Facebook)" width="300" height="138" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C-300x138.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C-150x69.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C-768x354.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C-1024x472.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C-1200x553.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/CONSTRUCCIÓN-DE-CIUDADANIA-III-C.jpg 1600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-98931" class="wp-caption-text">Iscuandé (Foto: Alcaldía de Santa Bárbara – Iscuandé, Facebook)</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tumaco es un claro ejemplo de ello; hay mucha queja por parte de todos quienes habitamos en ella, pero no hay un empoderamiento real y efectivo para generar una cultura ciudadana que parta de los propios particulares; el Estado, mirado como una alteridad que no nos corresponde, obra con indiferencia y, ante los graves problemas que aquejan al puerto, los pequeños asuntos parecen dejados al garete del propio ciudadano que, careciendo de la formación necesaria en sus derechos, desconoce también los de los demás, generando una especie de caos que se resume en la célebre frase “Es que estamos en Tumaco”, como mencionamos en la columna anterior.</p>
<p>Libertad y responsabilidad, por tanto, no pueden escindirse si queremos forjar una ciudadanía empoderada que sea capaz de lograr su propia cultura de vida en sociedad, es necesario que lo público y lo privado lleguen a un consenso que permita tanto el respeto por los derechos individuales como la responsabilidad que le compete al Estado frente a sus asociados como de éstos frente a sus obligaciones con los demás y con éste. Así se logrará forjar una cultura ciudadana que sea coherente con las particularidades que nos acompañan,</p>
<p>Para ello hace falta una comunicación efectiva que permita logras esos consensos que buscan una sociedad feliz, equitativa y justa; ese distanciamiento entre lo público y lo privado, tanto desde el campo de los derechos como de las responsabilidades, hacen que estemos en una especie de estancamiento social, además, porque muchas de esas representatividades están captadas por muchos grupos que al ciudadano del común no le dicen nada, de tal manera que es necesario partir del colegio para formar en una democracia más real a niños y jóvenes, para así, en un futuro mediato, tener verdaderos ciudadanos críticos y empoderados con su entorno.</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
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        <pubDate>Thu, 04 Apr 2024 13:05:42 +0000</pubDate>
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        <title>Construcción de ciudadanía en el Pacífico nariñense II.</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_98730" aria-describedby="caption-attachment-98730" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-98730" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-A-300x169.jpeg" alt="Roberto Payán, puerto (Foto: JMCHB)" width="300" height="169" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-A-300x169.jpeg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-A-150x84.jpeg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-A-768x432.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-A-1024x576.jpeg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-A-1200x675.jpeg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-98730" class="wp-caption-text">Roberto Payán, puerto (Foto: JMCHB)</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>El concepto de ciudadano traspasa lo puramente jurídico para comprenderse desde lo sociológico, ya que, según el primero, son ciudadanos quienes cumplen unos requisitos mínimos, como haber nacido en determinado país o llegar a cierta edad para poder adquirir los derechos inherentes a la misma, como el sufragio, por citar un ejemplo; en el plano sociológico, el concepto toma un cariz mucho más profundo, entendido, si se quiere, desde la sociabilidad cotidiana.</p>
<p>En cuanto a la civilidad, por mucho tiempo se comprendió como el conjunto de obligaciones que tienen los habitantes de un determinado lugar para con los demás, tanto naturales como jurídicos, de tal manera que la civilidad decantó en la cívica o la urbanidad, que no pasó de ser una bonita materia donde se enseñaban algunas normas de comportamiento, generalmente venidas de un estatus o clase determinada, siempre la dominante, que buscaba preservar sus maneras de abolengos y distinciones, tal y como lo hacía la ya añeja Urbanidad de Carreño, con la que se educaron nuestros ancestros.</p>
<p>Desde luego que ambas hacen alusión al conjunto social de donde se vive o se nace, lo que para los griegos era la Polis, pero es mucho más allá de la ciudad entendida como la estructura material que la compone, sino que hay un entendimiento espiritual, si se quiere, respecto a lo que se considera esa agremiación que nos permite disfrutar de los demás, incluida la familia, la barriada, los amigos, todo lo que puede existir en un determinado entorno, hasta el punto que, en las últimas décadas del siglo XX, aparece el medio ambiente como parte integrante y principal de las ciudades.</p>
<p>La civilidad ha pasado por diferentes procesos: cuando caen las antiguas formas de relacionamiento, el ser humano asume una actitud desde su propia individualidad, además porque esa individualidad se va imponiendo sobre lo convencional social que se busca superar, pasando, desde luego por un sentimiento gremial que poco a poco ha sido desbaratado por el individualismo. Es así como los valores van mutando, lo que antes era considerada una actitud cívica, levantarse al entrar una persona mayor a un recinto, por ejemplo, ahora se considera un acto de subordinación o de humillación por parte de generaciones más individualistas y menos protocolarias.</p>
<figure id="attachment_98731" aria-describedby="caption-attachment-98731" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-98731" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-2-300x169.jpg" alt="Draga rÍo Telembí (Foto: JMCHB)" width="300" height="169" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-2-300x169.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-2-150x84.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-2-768x432.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-2-1024x576.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-2-1200x675.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-2.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-98731" class="wp-caption-text">Draga rÍo Telembí (Foto: JMCHB)</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>La ciudadanía, entendida desde el postulado de la pertenencia a una comunidad en donde hay identificación de caracteres, nexos culturales comunes, pero aún más, también la comprensión de la necesidad del ejercicio de los derechos, así como de obligaciones que aparecen gracias a esa relación, permiten comprender que, ciertamente, traspasa lo puramente formal para convertirse en una categoría necesaria para el relacionamiento humano y con el entorno.</p>
<p>Y lo anterior requiere conductas determinadas, nuestros padres o nuestros abuelos no botaban un papel a la calle porque era impropio de una persona cívica, nosotros y algunos jóvenes no lo hacemos porque afecta nuestro entorno más próximo, inclusive hoy por hoy muchos no lo hacemos porque pensamos en cuidar el medio ambiente, en cuidar el planeta en que vivimos, de tal manera que esta civilidad se ha generalizado, es más universal, en la medida que hay una preocupación común por un tema determinante dentro de nuestra propia existencia.</p>
<p>Hay un relacionamiento también de los términos con la apropiación, de tal manera que lo usual, frente a lo público, puede que sea considerado como “de todos” o como “de nadie”; en ambas se corre el riesgo de la indiferencia o el abuso, en la medida que no existe el ánimo del cuidado o del respeto por lo que puede ser de utilidad pública, obras, monumentos, parques, papeleras, andenes, etc., que fueron hechos pensando en todos quienes habitamos ese entorno. El “de todos” o de “nadie” se convierten en términos vacíos igual de peligrosos para nuestro propio quehacer cotidiano, ya que todos necesitamos movilizarnos, pasear en un parque, utilizar un bebedero, emplear un semáforo.</p>
<p>En la ciudadanía, por tanto, debe existir un equilibrio pleno entre los derechos y las virtudes, ya que ambas permiten universalizar y contextualizar nuestro puesto en el plano del relacionamiento social, por eso el concepto de ciudadanía es una abstracción que busca ser entendida desde la puesta en práctica de nuestra conducta en la cotidianidad. Al plano de la indiferencia, se antepone el plano de la responsabilidad, comprendida ésta como la posibilidad de entender al otro éticamente. De tal manera que la responsabilidad se amplía, nuestros actos y los de los demás pueden afectarnos, de ahí depende entonces nuestro obrar.</p>
<figure id="attachment_98732" aria-describedby="caption-attachment-98732" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-98732" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-BASURAS-300x147.jpg" alt="Playas de El Morro, después de un fin de semana. " width="300" height="147" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-BASURAS-300x147.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-BASURAS-150x73.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-BASURAS-768x376.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-BASURAS-1024x501.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-BASURAS-1200x588.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/CIVILIDAD-II-BASURAS.jpg 1407w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-98732" class="wp-caption-text">Playas de El Morro, después de un fin de semana.</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el artículo anterior hablamos de como el Estado no garantiza realmente los derechos de los ciudadanos; esta es una verdad que se puede apreciar en una simple visita a cualquier pueblo del Pacífico colombiano. Los servicios básicos, como el acceso al agua potable, no están garantizados, tampoco la salud, ni la educación, ni la vivienda; de tal manera que lo que debe generarse en el territorio es un nuevo concepto de ciudadanía, que permita comprender que la apropiación de éste nos lleve a la responsabilidad de pensar nuestra convivencia con los demás desde nuestro propio entorno.</p>
<p>Lo normal en el territorio del Pacífico nariñense es que nuestros ríos y playas estén llenos de basura, en este sentido podemos decir que no existe una garantía del Estado para preservar el medio ambiente, pero también existe nuestra responsabilidad -siempre pensada éticamente a través del otro – de cuidar nuestro propio entorno, de sentir la apropiación de la ciudad como la casa de todos, y así quizá nuestro ejercicio ciudadano mejore. Quizá el no lanzar una botella al mar no va a salvar el planeta, pensado como un acto individual; pero si se convierte en una costumbre social, lo más seguro es que nuestro entorno permanezca mucho más sano.</p>
<p>En Tumaco, casi todos los días salía a trotar en un espacio deportivo, sin embargo, hay un punto donde todos los residentes de los barrios vecinos sacan su basura a la pista de trote, creí que con el tiempo dejarían de hacerlo, ya que de manera inesperada la administración municipal ha hecho una limpieza de las zonas verdes; sin embargo, no ha sido así, la basura está ahí todos los días. Cuando veo a señores y señoras, que llegan inclusive en sus motos a llevar la basura, pienso en que no es únicamente el Estado el encargado del cuidado de los bienes de la ciudad, sino que somos nosotros quienes debemos garantizar su buen uso y cuidado, sin embargo, lo que opera es el sentimiento individual, ya que pensamos en nuestro propio bien pero no en el de los demás.</p>
<p>La basura es solo un tema que se me viene a la cabeza por lo recurrente. Pero, pensando siempre en el otro como responsabilidad, está el cruce de semáforos en rojo, el uso de andenes para motos, el empleo de los andenes como garajes particulares, el robo y daño de señales de orientación, el uso indebido del espacio público… No sé, quizá en algo estamos fallando cuando decimos “Es que estamos en Tumaco”.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98729</guid>
        <pubDate>Thu, 21 Mar 2024 13:04:44 +0000</pubDate>
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