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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Cien años de soledad | Blogs El Espectador</title>
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        <title>García Márquez no quería morir un jueves… y murió en Jueves Santo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/garcia-marquez-no-queria-morirse-un-jueves-y-murio-en-jueves-santo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Al igual que uno de los personajes de “Cien años de soledad”, Gabriel García Márquez murió un Jueves Santo, en Ciudad de México. Era un día como hoy, 17 de abril, de 2014.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Gabriel García Márquez. Foto: cortesía The Douglas Brothers.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-7e4dfcbe49944dc6626d96f22cbd4f6a"><strong>&#8220;Yo no entierro a mis amigos&#8221;: </strong>Gabriel García Márquez.</p>



<p>Gabriel García Márquez amaba tanto la vida que siempre refunfuñó sobre la muerte. &nbsp;</p>



<p>Quería vivir cien años y tal vez más, a juzgar por un párrafo que escribió en sus memorias, <em>Vivir para contarla,</em> página 508: <em>“Germán Vargas, que era el guardián del santoral, informó que el 6 de marzo próximo yo iba a cumplir veintisiete años. En medio de los buenos augurios de mis amigos grandes, me sentí dispuesto a comerme crudos los setenta y tres que me faltaban todavía para cumplir los primeros cien”.</em> Pero murió de 87, faltando 13, ese enigmático número de la mala suerte.  </p>



<p>Al cumplir 68, le hizo esta confesión a la periodista Ana Cristina Navarro de la <a href="https://www.rtve.es/noticias/20140418/gabriel-garcia-marquez-maestro-del-realismo-magico-si-tenia-quien-leyera/911160.shtml#:~:text=%22La%20muerte%20es%20una%20trampa,de%20uno%2C%20sino%20cuando%20llega.">RTVE de España</a><strong>:</strong> <em>&#8220;La muerte es una trampa, es una traición,&nbsp;que le sueltan a uno sin ponerle condición. Para mí es muy serio el hecho de que esto se acabe prácticamente sin ninguna participación de uno, sino cuando llega. Creo que es injusto&#8221;.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Entrevista a Gabriel García Márquez TVE 1995" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/2FW4K2Npjlg?start=24&#038;feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>La muerte se lo quiso llevar antes pero Gabo le hizo el quite. Las amenazas contra su vida iban en serio. En marzo de 1981&nbsp;<a href="https://elpais.com/diario/1981/03/27/internacional/354495609_850215.html">pidió asilo</a> en la embajada de México en Bogotá, durante el gobierno represivo de Julio Cesar Turbay Ayala. <em>“El escritor colombiano se refugió en la noche del miércoles en la residencia de la embajadora mexicana en Bogotá, María Antonia Santos, a quien solicitó protección por considerar que estaba siendo perseguido por las autoridades militares colombianas”</em>, informó el diario El País de España.</p>



<p>En <em>Una vida</em>, la biografía oficial, escrita por Gerald Martin, se lee lo siguiente: <em>“… empezaba a llegar a oídos de García Márquez que el gobierno trataba de vincularlo al movimiento guerrillero M-19, que a su vez se relacionaba con Cuba, e incluso había rumores de que podían intentar asesinarlo”</em>. Según Martín, en una columna de prensa Gabo reveló que &#8220;estaba en la lista negra del MAS, un escuadrón de la muerte de ideología reaccionaria&#8221;.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="654" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16120944/GABO-UNA-VIDA-654x1024.jpg" alt="" class="wp-image-114553" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16120944/GABO-UNA-VIDA-654x1024.jpg 654w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16120944/GABO-UNA-VIDA-192x300.jpg 192w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16120944/GABO-UNA-VIDA-768x1203.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16120944/GABO-UNA-VIDA.jpg 890w" sizes="(max-width: 654px) 100vw, 654px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Flores amarillas por si las moscas</strong></p>



<p>En la misma biografía hay dos anécdotas relacionadas con aquel día de octubre de 1982 cuando se anunció que García Márquez era el nuevo Premio Nobel de Literatura.</p>



<p><em>“Cuando Alejandro Obregón apareció aquella mañana para quedarse en casa de su viejo amigo y vio el caos que se había desatado, lo primero que pensó fue: ´¡Mierda, Gabo se murió!´”.</em></p>



<p>La otra anécdota se refiere a una declaración de doña Luisa Santiaga, su madre, quien “<em>siempre había albergado la esperanza de que Gabito no ganara nunca el premio porque estaba segura de que su hijo moriría poco después. Su hijo, acostumbrado a esta clase de excentricidades, le dijo que llevaría rosas amarillas a Estocolmo para protegerse de todo mal”.</em></p>



<p>Y así lo hizo.</p>



<p>“…dejó la rosa amarilla que llevaba en el asiento y se dirigió a recoger el galardón, expuesto por unos instantes a una desgracia inimaginable sin la protección de aquella flor totémica mientras atravesaba el inmenso escenario con los puños apretados”. (<em>Una vida</em>, página 485).</p>



<p>El propio Gabo, viendo lo majestuoso de aquel evento, mientras avanzaba por la alfombra roja, habría dicho, según Plinio Apuleyo Mendoza: “Mierda, ¡esto es como asistir uno a su propio entierro!”. (Una vida, página 484).</p>



<p>Esa obsesión con el tema de la muerte, lo mismo que el amor y la soledad, atraviesa toda su obra. “La larguísima vejez de Úrsula Iguarán, ciega y medio loca, exagera la de doña Tranquilina”, escribió Mario Vargas Llosa en <em>Historia de un deicidio</em>.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="674" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16121052/GABO-VIVIR-PARA-CONTARLA-674x1024.jpg" alt="" class="wp-image-114555" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16121052/GABO-VIVIR-PARA-CONTARLA-674x1024.jpg 674w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16121052/GABO-VIVIR-PARA-CONTARLA-197x300.jpg 197w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16121052/GABO-VIVIR-PARA-CONTARLA-768x1168.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16121052/GABO-VIVIR-PARA-CONTARLA-1010x1536.jpg 1010w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16121052/GABO-VIVIR-PARA-CONTARLA.jpg 1347w" sizes="(max-width: 674px) 100vw, 674px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-d03207eb097ef7b00cb3b4f05c2e5cc2"><strong>“La abuela Tranquilina Iguarán había muerto dos meses antes ciega y demente, y en la lucidez de la agonía siguió predicando con su voz radiante y su dicción perfecta los secretos de familia. (…) Mi padre cubrió el cadáver con azabaras preservativas para un pudrimiento apacible”.</strong> (Página 413 de <em>Vivir para contarla</em>, la autobiografía de García Márquez).</p>



<p>Alrededor de la muerte, la realidad y la ficción se juntaron de maneras extrañas. Por ejemplo, el escritor murió un Jueves Santo (17 de abril del 2014), lo mismo que Úrsula Iguarán, matrona de la estirpe Buendía en <em>Cien años de Soledad.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="542" height="833" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16121226/GABO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD.jpg" alt="" class="wp-image-114557" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16121226/GABO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD.jpg 542w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16121226/GABO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD-195x300.jpg 195w" sizes="auto, (max-width: 542px) 100vw, 542px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Gabriel García Márquez alcanzó la inmortalidad, que solo le es concedida a los genios que son capaces de suplantar a Dios a través de la escritura.</h2>



<p>Casi veinte años antes de publicada la novela, García Márquez había escrito: <em>“El jueves no sirve ni siquiera para morir”, </em>que así lo recordó el escritor Gustavo Tatis <a href="https://www.eluniversal.com.co/cultural/2018/04/17/gabo-el-jueves-no-sirve-para-morirse">en este escrito</a><strong>.</strong></p>



<p>“Yo creo que el jueves no sirve ni siquiera para morir. Entregarnos al gozo de la muerte después de haber molido los minutos de tres días fecundos, productivos, es -más que una simplicidad- una tontería”, escribió García Márquez. Y en su desmesura imaginativa sugirió que es más conveniente morir un viernes, un día que él percibía en 1948, como un día que por “su&nbsp;carácter luctuoso, la vulgaridad de morir puede resultar una definitiva manifestación de elegancia”. (Gustavo Tatis, <em>El Universal</em>).</p>



<p>Su hijo Rodrigo García Barcha en el libro &#8220;Gabo y Mercedes: Una despedida&#8221;, relata que aquel 17 de abril un pájaro muerto apareció sobre el sofá el día en que murió, como si hubieran regresado las aves desorientadas que se estrellaron contra las paredes de la casa de los Buendía, en <em>Cien años de Soledad</em>, cuando Úrsula amaneció muerta, precisamente el mismo día en que Jesús oficiaba la última cena, el lavatorio de los pies y la oración en el huerto de Getsemaní.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="552" height="846" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16121303/GABO-Y-MERCEDES.jpg" alt="" class="wp-image-114559" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16121303/GABO-Y-MERCEDES.jpg 552w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/16121303/GABO-Y-MERCEDES-196x300.jpg 196w" sizes="auto, (max-width: 552px) 100vw, 552px" /></figure>



<p>Gabito murió un Jueves Santo pero resucita cada vez que un lector abre cualquiera de sus libros; luego nadie puede negar que la literatura, a su modo, obra milagros, y que Gabriel García Márquez alcanzó la inmortalidad, que solo le es concedida a los genios que son capaces de suplantar a Dios a través de la escritura y al morir se juntan con los demás dioses en el Olimpo.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em><strong>Próximo domingo:</strong> El lado oscuro de Mario Vargas Llosa</em>.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=114550</guid>
        <pubDate>Thu, 17 Apr 2025 13:01:44 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[García Márquez no quería morir un jueves… y murió en Jueves Santo]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>El manuscrito ensopado.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/el-manuscrito-ensopado/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hoy 6 de marzo, cuando se celebra un nuevo aniversario del nacimiento de Gabriel García Márquez, publico este relato imaginario, basado en una anécdota real narrada por el mismo autor de la novela que aquí se menciona, la misma que todos conocen y quieren como a su creador. Previamente fue publicada en Mil Inviernos, sito literario virtual el 19 de abril de 2014.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p><strong>Nota preliminar: </strong>Hoy 6 de marzo, cuando se celebra un nuevo aniversario del nacimiento de Gabriel García Márquez, publico este relato imaginario, basado en una anécdota real narrada por el mismo autor de la novela que aquí se menciona, la misma que todos conocen y quieren como a su creador. Previamente fue publicado en la revista <em>Carátula </em>(fundada por el escritor Sergio Ramírez) el 1 de octubre de 2013, así como en el sitio <em>Mil Inviernos</em>, el 19 de abril de 2014.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="990" height="556" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/06074346/los-alcoriza-y-los-gabo.webp" alt="" class="wp-image-112508" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/06074346/los-alcoriza-y-los-gabo.webp 990w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/06074346/los-alcoriza-y-los-gabo-300x168.webp 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/06074346/los-alcoriza-y-los-gabo-768x431.webp 768w" sizes="auto, (max-width: 990px) 100vw, 990px" /><figcaption class="wp-element-caption">Luis y Janet Alcoriza con Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha.</figcaption></figure>



<p>Era una noche de domingo, típica por cierto, con ese melancólico ambiente perceptible en el aire caliente. Un clima de felicidad interrumpida por la certeza de la proximidad de la mañana del lunes y las responsabilidades inherentes. El invitado de los Alcoriza, leía la última línea de la historia, que había mantenido en vilo durante meses al matrimonio hispano-austriaco residenciado en Cuernavaca, “las estirpes condenadas no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.&nbsp;</p>



<p>El silencio fue impresionante, interrumpido sólo por las luciérnagas que morían achicharradas por su propia incandescencia de cuando en cuando. Mercedes no pudo evitar lanzar una mirada temblorosa a su marido. Acaso, sería mala la novela? Pero todo cambió cuando Luis Alcoriza, en uno de sus arrebatos tradicionales, celebró con una palabrota&nbsp;&nbsp;acompañada de un puñetazo sobre la mesa de madera, luego corrió a abrazar a su amigo para congratularlo. El escritor sólo pudo agradecer y reiterar una dedicatoria sobre el manuscrito.&nbsp;</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Ni en cien años, me desprendería de semejante tesoro –dijo Luis emocionado.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Ni en cien años de soledad -agregó su esposa Janet, quien ya corría presta por cuatro cervezas para celebrar. La atmósfera de repente era liviana, como un jueves en la tarde.</li>
</ul>



<p>La última frase quedó resonando como martilleo en la cabeza del escritor. En medio de la euforia no perdió tiempo y la anotó en medio de las palabras finales de su proyecto de libro.&nbsp;</p>



<p>Días más tarde, Esperanza Araiza, mejor conocida como&nbsp;<em>Pera</em>, quien oficiaba de copista mecanógrafa del novel escritor colombiano, leía entre las sacudidas del autobús el mismo fragmento y quedó con esa expresión infantil de júbilo detenido. Pera había decidido colaborar con el desconocido novelista, no tanto por el salario, que era más bien escaso, sino porque reconocía en aquel hombre joven con voz de viejo y acento Caribe, un talento desmesurado, una prosa que hacía mucho tiempo no le despertaba tantas emociones juntas y que difícilmente algún otro escriba podría repetir.&nbsp;</p>



<p>El final era perfecto para la monumental historia, la misma que ella pacientemente había pasado en hojas limpias, traduciendo los garabatos manuscritos, descifrando las notas de pie de página, los tachones y enmendaduras. Lo que no seguía convenciéndola era el título, “La Casa” era demasiado sencillo, era como grabar en pocos números la placa de identificación de un edificio de magnífica arquitectura. En cambio, esa frase que observó debajo del final, subrayada y entre comillas, le parecía mucho más apropiada para el título, de hecho, le haría esa observación al autor. En todo caso, se consideraba orgullosa y satisfecha de ser una de las primeras personas en leer la portentosa novela, la emoción casi le hace olvidar su parada obligada, así que tuvo que gritar entre sonrisas al conductor para detener el automotor. Afuera la esperaba una lluvia ventiada casi horizontal, de esas groseras que abofetean y escupen de frente.</p>



<p>La sonrisa se desdibujó cuando al bajar, se desparramaron los folios entre los charcos del aguacero. Por instantes no supo qué hacer, se le cruzaron varios pensamientos a la vez, que todo se había borrado, el escritor no podría recobrar cada preciosa palabra, se perdería para siempre uno de los mejores cierres de novela alguna en la historia, la humanidad ignoraría por su culpa una obra maestra, se condenaría en la última paila de los infiernos, posiblemente el diablo ni siquiera quisiera aceptarla, lo seguro es que perdería el preciado empleo -no rumunerado, de mecanógrafa de genio literario.&nbsp;</p>



<p>Como pudo y ante la mirada curiosa de los ocupantes de otro autobús que paró enfrente, recogió las hojas empapadas, algunas de las páginas del manuscrito estaban totalmente ensopadas. Presa del pánico corrió en dirección de su casa y no sabía si el rostro seguía recibiendo la carga de la pertinaz lluvia ó era una corriente incontrolable de lágrimas.</p>



<p>Al llegar a casa, sólo atinó a poner cada página en el suelo seco. Mientras tiró en un rincón la ropa mojada, buscó la vieja plancha que ahora tendría un mejor uso que alisar las telas arrugadas, sería el mejor arma en defensa de la literatura. Luego y todavía en ropa interior, mezcló premura y paciencia, para secar las hojas con su vieja plancha, con el pulso preciso y el tiempo indicado, para secar y no quemar los folios, operación delicada que la dejó exhausta. Luego y satisfecha con el resultado, sacó su gran herramienta, la máquina Remington en donde comenzó a pasar el manuscrito en limpio. La última hoja fue la más afectada por el agua, había quedado totalmente ensopada y la anotación final manuscrita borrada por completo.&nbsp;</p>



<p>Menos mal <em>Pera</em> tenía una memoria proverbial y jamás podría olvidar esa nota hecha a mano por un hombre, pero que parecía dicha por una mujer. </p>



<p><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p>En lo que sigo llamando Twitter me encuentran como @dixonmedellin y exploro el cielo azul en Bluesky&nbsp;como @dixonacostamed.bsky.social</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="990" height="556" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/06074346/los-alcoriza-y-los-gabo.webp" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/06074346/los-alcoriza-y-los-gabo.webp 990w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/06074346/los-alcoriza-y-los-gabo-300x168.webp 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/06074346/los-alcoriza-y-los-gabo-768x431.webp 768w" sizes="auto, (max-width: 990px) 100vw, 990px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=112506</guid>
        <pubDate>Thu, 06 Mar 2025 12:54:52 +0000</pubDate>
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        <title>Gabriel García Márquez era Piscis y les tenía terror a los astrólogos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/gabriel-garcia-marquez-era-piscis-y-eso-lo-explicaria-todo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Gabo era un Piscis: nació un día como hoy, 6 de marzo de 1927. Encendamos 98 velas en memoria del escritor que vive eternamente en sus libros. ¿Era García Márquez la encarnación de Melquiades, o viceversa?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Gabo y su esposa Mercedes Barcha </em>(f<em>otografía del Centro Gabo)  y Melquiades (personaje de la serie &#8220;Cien años de soledad&#8221; de Netflix). </em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-489d6e611cb325a0e55d781869daea26"><strong><em>“En todo artista anida siempre una disensión esotérica: cuando la vida lo zarandea ferozmente, anhela el sosiego; cuando le es dada la tranquilidad, añora con nostalgia las tensiones”:</em></strong> Stefan Zweig, escritor austriaco. (<em>El mundo de ayer</em>). </p>



<p><em>“</em>Cien años de soledad<em> es un libro totalmente pisciano, porque Piscis rige la magia y lo trascendente”,</em> sentencia el astrologo bogotano Mauricio Puerta, <em><a href="https://spreaker.onelink.me/A4NZ/dhql1atd">El señor de las cartas astrales</a></em><strong><em>,</em></strong> con quien converso telefónicamente<strong>.</strong></p>



<p>Entonces me pongo a pensar: ¿Habría dejado de ser el genio que fue, si Gabo&nbsp;nace bajo otro signo?</p>



<p>Paciencia, ya podrán sacar conclusiones.</p>



<p>Así como Gabriel García Márquez es un personaje más dentro de su <em>Crónica de una muerte anunciada</em>, lo es también en <em>Cien años de soledad</em>, pero no por la mención que hace de sí mismo casi al final de la obra. <em>“Aquel fatalismo enciclopédico fue el principio de una gran amistad. Aureliano siguió reuniéndose todas las tardes con los cuatro discutidores, que se llamaban Álvaro, Germán, Alfonso y <strong>Gabriel</strong>, los primeros y últimos amigos que tuvo en la vida”.</em></p>



<p>No por esa mención, repito. Desde hace rato venía alimentando la sospecha de que Gabo era el gitano Melquiades. O Melquiades es Gabo, como quieran verlo, y por razones no precisamente literarias, sino más bien esotéricas, por así decirlo, relacionadas con la superchería y su personalidad de hombre tímido e introvertido (que así lo describieron quienes lo conocieron, aunque otros le endilgaron la fama de arrogante); aquel que estaba destinado a convertir la realidad en algo fantástico, y convencernos de lo contrario gracias a su pluma prodigiosa. Con su <em>realismo mágico</em> embrujó a los señores de la academia sueca, que en 1982 lo elevaron al Olimpo de los escritores al concederle el Premio Nobel de las letras.</p>



<p>He venido recogiendo pruebas sobre las que quiero hablarles.</p>



<p>Todo comenzó cuando leí una frase del escritor que llamó mi atención: <strong><em>“Mi signo es Piscis y mi mujer es Mercedes. Esas son las dos cosas más importantes que me han ocurrido en la vida, porque gracias a ellas, al menos hasta ahora, he logrado sobrevivir escribiendo”</em>.</strong> (‘Retratos y autorretratos’, 1973)</p>



<p>Ahí, en el hecho de haber nacido un día como hoy, 6 de marzo, de hace 98 años, bajo el signo Piscis, están las claves de estas pesquisas. De mil formas se ha dicho lo importante que fue para él su esposa, la Gaba (Mercedes Barcha), pero nadie se ha preguntado qué tuvo que ver su signo zodiacal con su consagración literaria y cómo conecta en esta historia el personaje de Melquiades.</p>



<p><em>“Melquiades es de las entrañas del misterio que es Piscis”,</em> añade Mauricio Puerta, que ha sido el astrólogo de cabecera de políticos y celebridades. Lleva más de 50 años haciendo cartas astrales. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/05155813/A-MAURICIO-PUERTA-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-112479" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/05155813/A-MAURICIO-PUERTA-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/05155813/A-MAURICIO-PUERTA-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/05155813/A-MAURICIO-PUERTA.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Mauricio Puerta, astrólogo colombiano, en su apartamento de Bogotá. Primero fue antropólogo y en un trabajo de campo conoció Tierradentro, Cauca, se enamoró de este territorio ancestral y lo convirtió en su segundo hogar. Desde allí ha contribuido a impulsar los sueños de la comunidad Nasa. Es su deseo morir en este lugar mágico, donde también fue enterrada su señora madre. </em></p>



<p>Gabo fue un auténtico Piscis. Dice Mauricio Puerta: <em>“Piscis es el signo de las EMES: la <strong>Magia</strong>, el Misterio, los <strong>Milagros</strong>, la Meditación, el <strong>Misticismo</strong>, los Movimientos de solidaridad, la Metafísica que está Más Allá de lo físico&#8230; Es el signo <em>de personas que, como Gabo, viven en otro mundo, como en el País de las Maravillas</em>. Piscis también es el signo de las ESES… <strong>Soledad</strong>, sensibilidad, sexto sentido, si quisimos, sueños…”.</em></p>



<p>Desde la página uno de la novela ya conocemos a Melquíades: <em>”… gitano corpulento de barba montaraz y manos de gorrión” que llega a Macondo cada mes de marzo</em> (mismo mes en que Gabo llegó al mundo en 1927), y sorprende a sus habitantes con <em>“una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia”.</em></p>



<p>Esta descripción puede emparentar a Gabo con el personaje por algo que dijo de sí mismo una vez: <em>“Soy escritor por timidez. <strong>Mi verdadera vocación es la de prestidigitador,</strong> pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco que <strong>he tenido que refugiarme en la soledad de la literatura</strong>. Ambas actividades, en todo caso, me conducen a lo único que me ha interesado desde niño: que mis amigos me quieran más”. </em>(‘Retratos y autorretratos’, 1973).</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-f1d5237f638a54442c1ae0f2f0068bbd"><blockquote><p><strong>&nbsp;</strong><em><strong>“El que no tenga Dios, que tenga supersticiones”:</strong> </em>Gabo en <em>El olor de la guayaba</em>.</p></blockquote></figure>



<p>Dice el <a href="https://twitter.com/CentroGabo/status/1765055433180578210">Centro Gabo</a> que <em>“por superstición Gabo no revelaba las ideas de sus libros”</em>, excepción hecha en 1997 con <em>En agosto nos vemos, </em>su novela póstuma que se publicó en 2024, a diez años de su muerte.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="ldKNMb9XAq"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/no-lean-agosto-nos-vemos/">No lean “En agosto nos vemos”…</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;No lean “En agosto nos vemos”…&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/no-lean-agosto-nos-vemos/embed/#?secret=F9Qgp4lbuY#?secret=ldKNMb9XAq" data-secret="ldKNMb9XAq" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>Su personalidad de hombre de premoniciones y corazonadas quedó manifiesta en las conversaciones que sostuvo con el periodista Plinio Apuleyo Mendoza y consignadas en el libro <em>El olor de la guayaba</em>. Página 119: <em>“Mientras haya flores amarillas nada malo puede ocurrirme. Para estar seguro necesito tener flores amarillas (de preferencia rosas amarillas) o estar rodeado de mujeres”,</em> le dijo a su amigo.</p>



<p>Curiosamente, el escritor asociaba el oro y el color oro con la mierda y los malos presagios, por lo que según reveló nunca llevaba puestas pulseras, cadenas, anillos o relojes de oro, ni había en su casa objetos con ese metal.</p>



<p>Su hermana Aida, autora del libro <em>Gabito, el niño que soñó a Macondo, </em>confirmó el asunto en un reportaje que le concedió al periodista <a href="https://www.eluniversal.com.co/suplementos/facetas/aida-garcia-marquez-y-el-nino-que-sono-macondo-126670-ITEU214914">Gustavo Tatis</a>, de El Universal de Cartagena. Eso fue en 2013, un año antes de la muerte del escritor en su casa de México.</p>



<p><em>“</em><em>Gabito es muy supersticioso”,</em> dijo ella.</p>



<p>Tatis revela el posible origen de esa personalidad. <em>“Entre los guajiros y los sucreños que conforman sus ancestros maternos y paternos, hay matices de supersticiosos. Mientras entre sus familiares guajiros es común dialogar con los muertos, entre los familiares sucreños, es común reencontrarse con los fantasmas de los muertos”.</em></p>



<p>Lo corrobora el astrólogo Mauricio Puerta: <em>“Los nativos Piscis son quienes tienen la más sincera tendencia religiosa en la más alta acepción del término”.</em></p>



<p><em>Dijo Aída: “Alguien dice que la familia García Márquez es una partida de locos” (…) “</em><em>Pero entre los locos nacen genios como Gabito”.</em></p>



<p>Gabo sentía curiosidad, incluso cierto respeto y hasta temor, por la astrología, los horóscopos y las cartas astrales, por lo que podríamos relacionar esto con otro  hecho: en <em>Cien años de soledad</em>, Melquiades se queda a vivir con la familia Buendía y en casa de ellos escribe los pergaminos en sánscrito donde está se descrito el destino de cada miembro de la familia… de la misma forma que la gente acude a la lectura de la carta astral para conocer su destino, con base en la hora y fecha de su nacimiento. </p>



<p>Podemos decir entonces que <em>Cien años de soledad</em> es una extensa carta astral que anticipa el final de los Buendía. Del mismo modo que Melquiades se adelanta al futuro con sus pergaminos, García Márquez anticipó el futuro, que es este presente, a través del mismo personaje: <strong><em>“´La ciencia ha eliminado las distancias´, pregonaba Melquiades. ´Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de casa´”.</em></strong><em></em></p>



<p>También sabemos que fue Melquiades quien, contrariando a Úrsula, introdujo a José Arcadio Buendía hasta la obsesión en el conocimiento de la alquimia, definida por la Real Academia Española como el <em>“conjunto de especulaciones y experiencias, generalmente de carácter esotérico, relativas a la transmutación de la materia, que influyó en el origen de la materia”,</em> y en las que la astrología desempeña un papel importante.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-bddac0b3ba5968af3a88b010f10f5ca9"><blockquote><p><strong><em>“No hay nada de este mundo ni del otro que no sea útil para un escritor”: </em></strong><em>(Página 265 de Vivir para contarla, su autobiografía).</em></p></blockquote></figure>



<p>En una ocasión, Gabo visitó al astrólogo Mauricio Puerta en su apartamento de Bogotá. Sucedió que en la revista <em>Semana</em> del 3 de mayo de 1993, él predijo que ese año matarían al narco Pablo Escobar, lo que efectivamente ocurrió el 2 de diciembre. La anécdota la cuenta Gabo en su libro <em>Noticia de un secuestro. </em>Publicada en 1996, la obra relata un capítulo de horror de la violencia que Pablo Escobar y <em>Los Extraditables</em> desataron en el país a principios de 1991.</p>



<p><em>—<strong>“García Márquez me dijo: sólo vengo a entrevistarlo, no quiero que me diga nada de mi signo porque yo le tengo terror a eso”,</strong></em> recuerda Puerta más de treinta años después.</p>



<p>Y es que la astrología fascinaba y asustaba con la misma intensidad al escritor, tanto que un personaje como <em>Nostradamus</em>, el famoso médico vidente francés, capturó su atención, hasta convertirse en el referente para dar vida a <em>Melquiades</em>.</p>



<p>En el libro <em>“Tras las claves de Melquiades”</em>, su hermano Eligio García Márquez sugiere que quince años antes de publicarse <em>Cien años de soledad</em>, Gabo había retratado <em>“la figura de Melquiades, y sus artes adivinatorias”, </em>en dos columnas de opinión que escribió para el diario El Heraldo, de Barranquilla, una bajo el seudónimo de <em>Septimus </em>(tomado del personaje de “La señora Dolloway”, la novela de Virginia Wolf), y la otra escrita bajo el seudónimo del vidente de Aviñón.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-41c6fc03ea7ba996bdc4115e02e871a9"><blockquote><p><em>“Nostradamus, el enigmático y cabalístico poeta a quien se le dio nada menos que por hacer profecías versificadas, en grande escala y en tal estado de desorganización, que solo después de realizados los hechos puede conocerse la exactitud de los vaticinios”:</em> Gabo, citado por Eligio García Márquez en <strong>“Las claves de Melquiades”.</strong></p></blockquote></figure>



<p>Así que desde 1950 ya rondaba en su mente Melquiades, <em>“aquel ser prodigioso que decía poseer las claves de Nostradamus”,</em> como se lee en la novela. &nbsp;</p>



<p>“<em>Más aún:</em> –escribió Eligio- <em>el propio García Márquez reconoció con posterioridad que Melquiades estaba inspirado en este personaje misterioso del siglo XVI. Lo dijo en Cartagena de Indias, en abril de 1992, a bordo del barco francés Melquiades, que había arribado a la ciudad, en una misión cultural…”.</em></p>



<p>Eligio añade que Gabo leyó la vida de aquel hombre mientras estudió en el internado de Zipaquirá, en Cundinamarca.</p>



<p>En algún momento de <em>Cien años de soledad</em> nos enteramos de que Melquiades muere durante una epidemia en Singapur pero regresó luego a la vida y a Macondo, porque no puede soportar la soledad, y de paso prepara una bebida que cura a todos los habitantes de la peste del olvido.&nbsp;</p>



<p>García Márquez, que renegó de la muerte y la convirtió en uno de los temas centrales de su obra, murió por otra peste del olvido que la ciencia conoce con el nombre de <a href="https://www.pares.com.co/post/los-a%C3%B1os-m%C3%A1s-tristes-de-gabo-cuando-ya-no-se-acordaba-ni-de-su-nombre">Alzheimer</a> <em>&#8220;cuando ya no se acordaba ni de su nombre&#8221;.</em> Pero no se equivoquen, porque en realidad nunca murió. Gabo vive en sus libros y seguirá vivo hasta donde la memoria de los vivos alcance para recordarlo y celebrarlo. &nbsp;</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=112470</guid>
        <pubDate>Thu, 06 Mar 2025 12:34:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Gabriel García Márquez era Piscis y les tenía terror a los astrólogos]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Gustavo Petro es o no es Aureliano Buendía?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/gustavo-petro-es-o-no-es-aureliano-buendia/</link>
        <description><![CDATA[<p>El presidente de la República tiene al país engolosinado hablando de él. Cuatro escritores colombianos afilaron sus plumas. La culpa la tienen Gabriel García Márquez y Aureliano Buendía.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p>Hay escritores de izquierda y los hay de derecha. Es probable que existan también escritores apáticos en cuestiones políticas. En tiempos convulsos la tibieza del centro no parece una buena idea. </p>



<p>Por estos días, en que los ánimos están caldeados, en los medios compiten el verbo y la verborrea, el análisis y las acusaciones, los juicios y la defensa…</p>



<p>Uno de esos escritores, Carlos Granés, sacó toda su artillería discursiva contra el presidente Gustavo Petro, en un medio nacional y en otro internacional. Todavía nos encandila  lo sucedido durante el primer consejo de ministros por televisión.<em> “Lo que más me impresiona de todo este debate</em> –me dijo una internauta- <em>es que la gente crea que hay que diagnosticar al presidente, en lugar de entender el problema”.</em></p>



<p>En su columna<em> &#8220;Petro tuiteando en Macondo&#8221;, Granés, </em>un escritor de derecha<em>, </em> interpretó a su manera la obra de un escritor de Izquierda (Gabriel García Márquez), dejando clara su aversión al mandatario. Lo hace en <em>La Silla Vacía</em>, portal con una clara postura <em>antipetrista</em>, que además vigila al poder y a los poderosos. Una versión exprés del mismo artículo apareció en el diario ABC de Madrid.</p>



<p>Abreviando el cuento, Granés dijo que al presidente le está sentando mal su obsesión por la lectura. Habla del <strong><em>“efecto misterioso que tienen las novelas en la cordura o la locura de los lectores”,</em></strong><em> </em>se refiere a <em>Don Quijote</em> y de cómo<em> “a Alonso Quijano se le secó el cerebro de tanto leer historias de caballería”; </em>señala que a Petro<em> “se le difuminaron las fronteras entre la realidad y la fantasía” </em>y arguye que confunde a Colombia con Macondo, al tomar al coronel Aureliano Buendía como su <em>“alter ego ficticio” </em>en el mundo real.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="400" height="270" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185100/AURELIANO-GRANES.jpg" alt="" class="wp-image-111623" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185100/AURELIANO-GRANES.jpg 400w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185100/AURELIANO-GRANES-300x203.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-2b2cd956235c42c3a885d2f7b8be5bd3"><em>“<strong>Ambos encarnan el peor delirio de todos, el que necesita para materializarse la inmolación de los otros, el que demanda la concurrencia de pueblos, de ejércitos, de naciones enteras”, </strong></em>dice Carlos Granés sobre Gustavo Petro y Aureliano Buendía.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="531" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14165925/A-LIBRO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD.jpg" alt="" class="wp-image-111602" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14165925/A-LIBRO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14165925/A-LIBRO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD-169x300.jpg 169w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<p>Muchas cosas hay para rebatir lo dicho por el antropólogo social bogotano. Diré algunas antes de cederles la palabra a tres escritores (<strong>Daniel Ángel, John Jairo Junieles y Javier Correa</strong>), quienes accedieron a dar su opinión sobre el tema.</p>



<p>Hay lectores, millones, obsesionados con la obra de Gabo (especialmente con <em>Cien años de soledad</em>), y todavía no se nos ha vaciado la cabeza por leerlo y releerlo; al contrario, la lectura puede hacer más lúcida a la gente. O menos tonta, para no parecer pretensioso.</p>



<p>Es incorrecto decir que <em>Aureliano Buendía</em> es un alter ego ficticio, pues todos los personajes de Gabo tienen sustento en la realidad, dicho por él mismo y reafirmado por Mario Vargas Llosa en su “<em>Historia de un deicidio”.</em> El coronel encarna al propio abuelo del escritor y al general Rafael Uribe Uribe, un hombre de ideas liberales. El propio Gabo es <em>Melquiades</em> o <em>Melquiades </em>es Gabo, como quieran, y eso está demostrado tanto en la biografía de Gerald Martin como en <em>Las claves de Melquiades</em>, el libro que escribió el hermano del Nobel, Eligio García Márquez.</p>



<p>Leer a Gabo implica comprender su pensamiento político (plasmado en sus novelas, cuentos y columnas), para poder entender el poder que su literatura ha ejercido sobre los lectores y, de manera particular, sobre algunos gobernantes, no solo en Colombia. Se sabe de su amistad entrañable con varios presidentes. La lista de poderosos atraídos por su magnetismo y extasiados con sus libros está en la misma biografía para quien quiera darse por enterado.  </p>



<p>Así que es fácil comprender, en parte, las razones de Gustavo Petro para invocarlo de tanto en tanto en sus discursos. En un país donde poco se lee —la mayoría sigue viendo con desdén la literatura—, qué bueno que un político, ¡un presidente de la República!, reivindique con sus guiños el placer de la lectura, así sea para que algunos columnistas le den palo. Todo debate es sano, necesario y nos espabila.</p>



<p>Cierro con esto: En la página 440 de <em>Cien años de soledad</em> hay una frase que se me antoja reveladora:<strong> <em>“No se le había ocurrido pensar hasta entonces que la literatura fuera el mejor juguete que se había inventado para burlarse de la gente…”.</em></strong></p>



<p>Es posible, por qué no, que también el presidente esté usando la literatura como un juego de niños para quitarle grandilocuencia y acartonamiento a sus discursos. Si es así, caímos en su juego: Petro tiene al país engolosinado hablando de él, para bien y para mal.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>DANIEL ÁNGEL,</strong> escritor y profesor de literatura &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184916/AURELIANO-ANGEL-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-111617" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184916/AURELIANO-ANGEL-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184916/AURELIANO-ANGEL-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184916/AURELIANO-ANGEL.jpg 972w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-292e37a8bd76d2a5caa9620a5e24c6af"><strong><em>Un hombre que persigue incansablemente el objetivo de su vida siempre será tildado de loco, de utópico.</em></strong></p>



<p>Los personajes de la ficción literaria deben tener rasgos opuestos, deben ser multidimensionales. No pueden ser enteramente buenos (¡qué pereza!) o enteramente malos (¡qué amargura!). Deben ser parecidos a los seres humanos, pues es el lugar de donde provienen. Actuar con bondad, pero también con crueldad, según transcurran los acontecimientos de la narración. Esto pasa cuando son personajes buenos, complejos, no como los de la <em>María</em> de Jorge Isaacs, planos y sin fondo; a diferencia de los personajes de García Márquez, que son profundos, misteriosos, humanos.</p>



<p>Los personajes de García Márquez pueden mentir con la misma facilidad con la que arriesgan su vida por una verdad. Son implacables cuando la situación lo amerita, pero también se acobardan en los momentos menos indicados. En especial el coronel Aureliano Buendía, que es uno de los personajes más entrañables de la literatura mundial: un hombre que arriesga su vida por sus ideales; que sucumbe al frenesí de la violencia buscando “la justicia” y, de este modo, pareciera que enloquece. Un hombre que persigue incansablemente el objetivo de su vida siempre será tildado de loco, de utópico.</p>



<p>Y en esta persecución puede cometer cualquier cantidad de desmanes. Por supuesto, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, se parece al coronel Aureliano Buendía, porque es humano, y así como hace cosas buenas, también las hace mal. Esto no quiere decir que el personaje de ficción sea moralmente superior a otro personaje, simplemente es, y punto. Es decir, que si uno quiere comparar a un ser humano con, por ejemplo, <em>El Quijote de la Mancha</em>, podría hacerlo en buen sentido: <em>“Una persona que lucha incansablemente por la justicia, por los desposeídos”,</em> como también puede hacerlo en el sentido peyorativo: <em>“Era un loco que jamás pudo ver la realidad mientras todo el mundo se burlaba de él”.</em></p>



<p>Así pues, qué bello que un ser humano se parezca a un personaje de la ficción: humano, errado, amoroso, terco, silencioso y, ante todo, mortal, porque cuando un personaje literario sabe que morirá o muere, nos enseña a los demás que cada lucha, que cada segundo de nuestras vidas ha valido la pena.</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>JOHN JAIRO JUNIELES</strong>, escritor y periodista del Caribe colombiano</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="914" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184950/AURELIANO-JUNIELES-914x1024.jpg" alt="" class="wp-image-111619" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184950/AURELIANO-JUNIELES-914x1024.jpg 914w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184950/AURELIANO-JUNIELES-268x300.jpg 268w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184950/AURELIANO-JUNIELES-768x861.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14184950/AURELIANO-JUNIELES.jpg 1351w" sizes="auto, (max-width: 914px) 100vw, 914px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-7745e4815286dfe20b9c84f1287c4a17"><em><strong>El Libertador no hubiera logrado lo que alcanzó, si no se hubiera inspirado en escritores como Voltaire y Diderot</strong></em>.</p>



<p>Carlos Granés es un destacado analista, gran investigador, y sus libros los recomiendo para conocer muchos colores de ese arcoíris infinito que es nuestra realidad. Sin embargo, da la impresión que rechaza todo aquello que &#8220;simpatice&#8221; con la izquierda ideológica, y esa posición por supuesto arroja una sombra de duda sobre sus argumentaciones.</p>



<p>Por ejemplo, Petro expresa que se inspira en Aureliano Buendía, el personaje de <em>Cien años de soledad</em>, para hacer la revolución que pregona. Bolívar, el Libertador, no hubiera logrado lo que alcanzó, si no se hubiera inspirado en escritores como Voltaire y Diderot; en el mismo sentido, alguna vez le escuché personalmente a García Márquez comentar que Mitterrand -el expresidente francés socialista que abolió la pena de muerte en su país- le dijo que Jean Valjean, personaje principal de la novela <em>Los miserables</em> de Víctor Hugo, era uno de sus héroes personales.</p>



<p>Ahora, los cambios sociales necesitan un acompañamiento colectivo, es inevitable, sobre todo en sus inicios, antes de que lleguen las leyes. Me acuerdo de H.E. Luccock, que decía: <em>&#8220;Nadie puede silbar una sinfonía. Se necesita toda una orquesta para tocarla&#8221;</em> Y lo mismo pasa con cualquier transformación social. &nbsp;</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>JAVIER CORREA CORREA</strong>, escritor, periodista y catedrático</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="688" height="693" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185014/AURELIANO-CORREA.jpg" alt="" class="wp-image-111621" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185014/AURELIANO-CORREA.jpg 688w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185014/AURELIANO-CORREA-298x300.jpg 298w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14185014/AURELIANO-CORREA-150x150.jpg 150w" sizes="auto, (max-width: 688px) 100vw, 688px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-0197083584c8c17ad4e88756a0996055"><em><strong>Necesitamos más Quijotes y más Aurelianos. </strong></em></p>



<p>Me gusta el juego que puedes hacer en respuesta, por aquello de los alter ego. Estoy seguro de que necesitamos más <em>Quijotes </em>y más <em>Aurelianos</em>. </p>



<p>La dialéctica explica que a partir de las contradicciones se avanza, una vez estas son detectadas y superadas. La situación actual en Colombia no me atrevo a calificarla de crisis, sino de oportunidades para que el futuro del país siga fundado en el cambio y no en la perpetuación de la injusticia. De Alonso Quijano &#8211;<em>El Quijote</em>&#8211; y del coronel Aureliano Buendía -el macondiano- aprendí que la supuesta locura es necesaria para imaginar otros mundos y que la terquedad es también clave para construirlos.</p>



<p>Todavía creo con firmeza en el gobierno del Cambio, pese a las dificultades actuales.&nbsp;</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=111597</guid>
        <pubDate>Sun, 16 Feb 2025 12:23:39 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/14190554/AURELIANO-PORTTADA-FINAL.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Gustavo Petro es o no es Aureliano Buendía?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Es Carolina Sanín la Lisa Simpson de la literatura colombiana?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/es-carolina-sanin-la-lisa-simpson-de-la-literatura-colombiana/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Eres tú, Carolina Simpson? Respuesta cortés a la crítica que hizo la escritora bogotana sobre la serie &#8220;Cien años de soledad&#8221;, de Netflix. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-large-font-size"><strong>Gabo se anticipó y descifró a Colombia mejor que muchos en este país.</strong></p>



<p><em>“Me pareció realmente una porquería”. “Mierda de perro que estás haciendo pasar por oro”.</em></p>



<p>Palabras mayores. Son de Carolina Sanín hablando de&nbsp;<em>“Cien años de soledad”</em>, la serie, no el libro, del que es una adoradora, como yo.</p>



<p>Carolina Sanín vio apenas dos episodios (son 8) de <em>“Cien años de soledad”</em> y eso le bastó para derramar toda su inquina contra la serie de Netflix. Se repite en la escritora bogotana el pecado del colombiano promedio que juzga el contenido de un artículo habiendo leído nada más que el titular.</p>



<p>Como espectadora estaba en todo su derecho de no ver los seis capítulos restantes de la primera temporada, de la misma forma que nadie está obligado a terminar de leer un libro si lo defraudan los primeros párrafos. </p>



<p>Pero en su rol de crítica literaria, alguien con autoridad y formación, se le imponía la obligación (¿deber ser?) de ver la serie completa si el objetivo era hacer un análisis responsable, juicioso. (Carolina: la producción tiene dos directores. Del capítulo 4 al 6 dirige la colombiana Laura Mora; lo poquísimo que viste lo dirigió el argentino Alex García, como conté <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/yo-vi-lo-que-usted-no-vio-en-macondo/">aquí</a>).</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="U23eNTEcuD"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/yo-vi-lo-que-usted-no-vio-en-macondo/">Yo vi lo que usted no vio en Macondo</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;Yo vi lo que usted no vio en Macondo&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/yo-vi-lo-que-usted-no-vio-en-macondo/embed/#?secret=PjSBJx3Zzt#?secret=U23eNTEcuD" data-secret="U23eNTEcuD" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>En líneas generales, concuerdo con ella en que hubo demasiada pereza a la hora de traducir el libro al lenguaje cinematográfico (las escenas de sexo, por ejemplo, que en el papel son poesía alucinante, en la pantalla se desperdician), pero los calificativos de Sanín son inapropiados. Hablar desde la rabia de alguna manera rebaja nuestra opinión.</p>



<p>No entendí la relación que quiso establecer, en términos audiovisuales, entre un gallo muerto y la flacidez de un falo. Para que una película sea como la obra misma, toca poner a un buen lector a que lea el libro en televisión. Ella lo haría maravillosamente, y hablo en serio. </p>



<p><em>“Esta porquería”.</em> <em>“Esta porquería”. “Esta porquería”.</em> Lo repite tres veces durante su <a href="https://www.youtube.com/watch?v=NkgUz_wzPoc">monólogo </a>para revista Cambio. Y al final, habiendo encontrado por fin otros sinónimos, se confiesa rabiosa por haber dedicado dos horas de sus vacaciones <em>“a ver esa basura”,</em> de la que no se salva ni el guion, (<em>“pésimamente escrito”</em>, dice); ni los actores y menos las luces.  <em>“Aburridísima, tediosa, imposible”. </em></p>



<p>Creo que no vimos la misma serie.</p>



<p>Lo que choca a sus detractores es el tonito de mamá que regaña, aunque esta vez lo hace dulzonamente. Nadie niega que sabe de lo que habla, aunque uno no siempre esté de acuerdo con ella, como cuando dice que&nbsp;<em>“Cien años de soledad”&nbsp;</em>no es una novela histórica. Yo digo que sí lo es (Mario Vargas Llosa dijo que es una novela de caballería <em>&#8220;con un sustrato real, histórico social&#8221;</em>); es el espejo, bellamente escrito, donde nos podemos ver como sociedad. </p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a9af64fd577d5df35e6c1ee62ee812a"><strong>&#8220;La historia de Colombia está dramatizada a través de dos acontecimientos históricos principales: la guerra de los Mil Días y la matanza de los jornaleros del banano que tuvo lugar en Ciénaga en 1928&#8221;, </strong>dice Gerald Martin, biógrafo de Gabo, en <em>&#8220;Una Vida&#8221;</em> (página 339). </p>



<p>¿O, acaso, no es cierto que las broncas entre liberales y conservadores explican muchos males pasados y presentes de esta patria? Una imagen poderosa es aquella en que los conservadores ordenan pintar de azul todas las casas de Macondo.</p>



<p>¿No es esa una forma de decir que en Colombia la política y los políticos se han impuesto muchas veces a las malas? Ya sea mediante el robo de elecciones, como cuando subió al poder, con trampa, Misael Pastrana; con decretos anti derechos humanos (caso del <em>Estatuto de Seguridad</em> de Turbay Ayala), o con articulitos metidos a la fuerza a la Constitución para favorecer la reelección de Álvaro Uribe. Creo que Gabo se anticipó y descifró a Colombia mejor que muchos en este país.<strong></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading"></h2>



<p>No menos cierto es que sus posturas, las de Carolina Sanín, son las de una persona que quiere provocar para no pasar desapercibida. Lo hace adrede. Lo de jugar con su cabellera mientras habla también me parece provocador, además de sexi, casi lujurioso.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/09095129/A-SANIN-4-1024x576.jpeg" alt="" class="wp-image-110141" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/09095129/A-SANIN-4-1024x576.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/09095129/A-SANIN-4-300x169.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/09095129/A-SANIN-4-768x432.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/09095129/A-SANIN-4-1536x864.jpeg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/09095129/A-SANIN-4.jpeg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Es nuestra Lisa Simpson, aquella niña de ocho años <em>“con gran inteligencia, curiosidad y ambición”.</em> De la familia Simpson <strong>es quien mayor conocimiento intelectual tiene, <em>“especialmente en temas académicos”</em>.</strong> Sobresaliente como estudiante, <em>“le encanta leer, escribir en un diario y hacer tareas escolares”</em>, aparte de ser una enamoradiza <em>“de los chicos que piensan como ella”.</em></p>



<p>La hermana de Bart es la chica bonita y pila de la que uno se hubiera enamorado fácilmente en el colegio. Casi puedo imaginar que a Carolina le han sobrado pretendientes, pues ese binomio belleza-inteligencia es un estímulo potente en una era de banalidades, aunque en este mundo machista muchos caballeros (no yo) las preferirían brutas, calladas y sumisas.</p>



<p>No puedo hablar sobre la personalidad de Carolina Sanín. Sobre la de Lisa me remito a lo que publicó el diario <a href="https://www.elmundo.es/album/f5/mira/2016/12/06/583835e0e2704e59308b45c2_3.html">El Mundo </a>de España, que define su personalidad como narcisista.</p>



<p><em>“La mediana de la familia Simpson siempre busca ser el centro de atención, ser superior a los demás (sobre todo a sus hermanos y compañeros del colegio) y no soporta la competencia. También está continuamente preocupada por el éxito ilimitado, por el poder, por ser la más brillante&#8230; Si no están convencidos de que Lisa tiene un trastorno narcisista o megalómano, revisen, por ejemplo, ese capítulo en el que todos creen que Maggie es superdotada, o cuando Lisa se convierte en presidenta de EEUU”.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="531" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/11121528/A-LIBRO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD.jpg" alt="" class="wp-image-110237" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/11121528/A-LIBRO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/11121528/A-LIBRO-CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD-169x300.jpg 169w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<p>Decir que la serie produce <em>“daño espiritual”</em> a los lectores de la obra o reducirla a <em>&#8220;mezcla entre profesor Yarumo y telenovela&#8221;</em> me pareció exagerado. Sin embargo, aceptando que algo de melodrama tiene, es posible entonces que de manera póstuma guionistas y productores hayan cumplido uno de los sueños del maestro Gabriel García Márquez, a juzgar por esta frase suya que recoge el <a href="https://centrogabo.org/gabo/contemos-gabo/9-apuntes-de-gabriel-garcia-marquez-sobre-la-television">Centro Gabo</a>: </p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-60ec785f53a3df1455e1099534dd90da"><em><strong>“Siempre he querido escribir telenovelas. Es una maravilla. Llega a muchas más personas que un libro. Supón que un libro vende exageradamente un millón de ejemplares en un año. En una sola noche una telenovela puede llegar a cincuenta millones de hogares en un solo país. Entonces, para alguien como yo, que solo quiere que lo quieran por las cosas que hace, es mucho más eficaz una telenovela que una novela”</strong></em>: Gabriel García Márquez.</p>



<p>Las cifras demuestran el rotundo éxito de la serie (<a href="https://forbes.co/2024/12/16/actualidad/cien-anos-de-soledad-contribuyo-mas-de-225-mil-millones-de-pesos-colombianos-a-la-economia-del-pais">$225 mil millones </a>en ganancias para Colombia) y, quizás lo más importante, mucha gente apática hoy está acercándose, quizás por primera vez, a la obra de Gabo. <em>“Las ventas del libro &#8216;Cien años de soledad&#8217; han crecido 300% por el boom de la serie”,</em> tituló <a href="https://www.larepublica.co/ocio/las-ventas-del-libro-cien-anos-de-soledad-han-crecido-300-por-el-boom-de-la-serie-4024522#:~:text=En%20unidades%2C%20'Cien%20a%C3%B1os%20de,se%20han%20vendido%20300.000%20copias.">La República</a><strong>.</strong></p>



<p>Tampoco estoy de acuerdo cuando habla de los “<em>sentimientos parricidas”&nbsp;</em>de los hijos de Gabo. Que ellos estén sacando provecho de la herencia del papá es lo que cualquier hijo haría, ¿no?, porque bobos no son, y no encuentro nada reprochable en ello, aparte de la envidia, buena o mala, que los demás podamos sentir.</p>



<p>En este punto confieso que me encanta nuestra Carolina Simpson. O Lisa Sanín, como les guste más. Me encanta porque es ella con sus poses. Me encanta porque es estudiosa y hace crítica en una época en que la mayoría traga entero, y pocos escritores se arriesgan a decir lo que piensan: por lo general, se protegen entre ellos, alabándose mutuamente, recomendándose mutuamente, incluso cuando no hay motivo de recomendación (un buen tema para tocar próximamente). </p>



<p>Me encanta ella porque la imagino riéndose antes de encender la cámara del celular, sabiendo que del otro lado la mitad de la gente está lista a ensalzarla y la otra mitad dispuesta a llevarla en hombros&#8230; a la hoguera.</p>



<p>No voy a negar que me produce placer escucharla. Perdonen si parece una declaración de amor.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Alquimia al revés, monólogo de Carolina Sanín | CAMBIO" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/NkgUz_wzPoc?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=110118</guid>
        <pubDate>Sun, 19 Jan 2025 14:11:45 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Es Carolina Sanín la Lisa Simpson de la literatura colombiana?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Cien Años de Soledad, la serie.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/cien-anos-de-soledad-la-serie/</link>
        <description><![CDATA[<p>(A modo de respuesta al escritor Sergio del Molino) Nota preliminar: Reproduzco la columna de opinión que he publicado con mi nombre de pila en el periódico&nbsp;El Correo del Golfo. Muchos años después, frente a una pantalla audiovisual, el Coronel Aureliano Buendía, habría de rememorar aquel libro que su padre le leyó de pequeño, “Cien [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="920" height="613" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/24071113/Laura-Mora-y-Claudio-Catano-100-anos-de-Soledad.avif" alt="" class="wp-image-109730" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/24071113/Laura-Mora-y-Claudio-Catano-100-anos-de-Soledad.avif 920w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/24071113/Laura-Mora-y-Claudio-Catano-100-anos-de-Soledad-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/24071113/Laura-Mora-y-Claudio-Catano-100-anos-de-Soledad-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 920px) 100vw, 920px" /><figcaption class="wp-element-caption">La Directora Laura Mora con el actor Claudio Cataño en un momento de la filmación de la serie &#8220;Cien años de Soledad&#8221; (imagen de Netflix). </figcaption></figure>



<p><strong>(A modo de respuesta al escritor Sergio del Molino)</strong></p>



<p><strong>Nota preliminar</strong>: Reproduzco la columna de opinión que he publicado con mi nombre de pila en el periódico&nbsp;<em>El Correo del Golfo</em>.</p>



<p>Muchos años después, frente a una pantalla audiovisual, el Coronel Aureliano Buendía, habría de rememorar aquel libro que su padre le leyó de pequeño, “<em>Cien años de Soledad</em>”. Para ser más precisos, cincuenta y siete años después de otro episodio digno de novela, cuando una pareja remitió la mitad de un manuscrito a una editorial, porque el dinero no alcanzaba para enviarla totalmente y la esposa le dijo al escritor “Ahora lo único que falta es que la novela sea mala”. Pero la novela no fue mala, fue mucho más que buena, la gran obra que partió en dos la literatura mundial desde su primera edición en 1967.&nbsp;</p>



<p>Nunca se había realizado una versión audiovisual de “<em>Cien años de Soledad”,</em>&nbsp;por lo cual el lanzamiento en la plataforma&nbsp;<em>Netflix,</em>&nbsp;de una serie de 16 capítulos dividida en dos partes, cuyos ocho primeros capítulos ya se pueden ver, se convierte en un verdadero acontecimiento cultural. Ahora bien, a quien no le pareció mala esta serie televisiva, sino horrorosa, fue al escritor español Sergio del Molino, quien en una columna publicada en el periódico&nbsp;<em>El País</em>, la compara con un anuncio interminable de café<a href="//3CA9F2FE-D734-473D-9227-0006C76191B4#_ftn1"><sup>[1]</sup></a>. Su crónica que arrasa al&nbsp;<em>Macondo&nbsp;</em>audiovisual, como si fuera una segunda epidemia de la terrible epidemia del olvido, me ha motivado a escribir mi propio testimonio al frente de la pantalla.</p>



<p>Desde la otra orilla, en este caso del espectro crítico, pero también físico, pues me encuentro en Bogotá, esa ciudad cuyo frío fue el peor descubrimiento para el joven caribeño Gabriel García Márquez, con absoluto respeto por la opinión contraria, debo decir que no comparto lo manifestado por Sergio del Molino.</p>



<p>Mi primera reflexión es que el espectador no debe comparar la serie con la novela, porque resulta injusto con dos obras de arte que tienen un lenguaje particular y una manera diferente de llegar a su destinatario. Una obra de las características de&nbsp;<em>Cien años de Soledad</em>, es imposible de copiar en otro tipo de formato, pero no por ello, hay que denostar una versión tan bien elaborada en lo cinematográfico, que desde su presentación advierte que está inspirada en ese clásico. No es una copia o una caricatura, es un respetuoso y cuidadoso homenaje.</p>



<p>Se ha escrito mucho, sobre la reticencia de Gabriel García Márquez para que “<em>Cien años de Soledad</em>”, fuera llevada a la pantalla grande, en vida recibió varias ofertas millonarias desde Hollywood, pero sabiamente las rehusó, sabía que era imposible en una cinta de dos o cuatro horas, sintetizar la compleja historia de varias generaciones de la familia Buendía, tampoco se podía imaginar a un Paul Newman o un Robert Redford interpretando sus personajes en inglés.</p>



<p>Como lo han expresado Rodrigo García Barcha y Gonzalo García Barcha, productores de la serie, seguramente su padre, el autor de la novela, estaría viéndola y estaría contento, porque se respetaron tres principios básicos, que fuera una serie y no una película, en español y filmada en Colombia. Para cumplir los deseos del premio Nobel de literatura 1982, se conformó un equipo colombiano, alrededor de una producción que no es de Hollywood, es latinoamericana y especialmente colombiana hasta la médula.</p>



<p>Valoro mucho que una producción nacional se atreva, desde la humildad y el desparpajo a presentarnos su visión de Macondo, para lo cual se construyó una ciudadela en el Departamento del Tolima, se filmó en escenarios increíblemente bellos como las salinas de Manaure (en la Guajira colombiana), en una fotografía increíble como la que se aprecia al inicio del capítulo cuarto. Los personajes hablan con el acento de la gente nacida en el Magdalena y esas regiones de la Ciénaga Grande, a pesar que los actores son de diferentes regiones de Colombia, país que lleva su diversidad hasta en la lengua.&nbsp;</p>



<p>El desfile de talento latinoamericano es impresionante, desde la dirección de Laura Mora y Alex García, el guion de Natalia Santa, Camila Brugés, el puertorriqueño José Rivera, la música de Camilo Sanabria y Juancho Valencia (les recomiendo escuchar la banda sonora, con esas impresionantes gaitas y flautas de millo), la fotografía a cargo de la mexicana Sarasvati Herrera y el caleño Paulo Pérez. En cuanto al reparto actoral, deseo destacar a Susana Morales, Marco Antonio González, Viña Machado, la impresionante Marleyda Soto y decirle a Claudio Cataño, que su rostro era el que siempre me había imaginado del Coronel Aureliano Buendía. Sincera felicitación a la productora colombiana&nbsp;<em>Dynamo</em>.</p>



<p>En lo personal, la serie me ha servido para rememorar episodios olvidados de un libro, al que primero llegué obligado por una tarea de colegio y al que regresé años más tarde para caer atrapado en su arquitectura narrativa. Pero también me he dado cuenta de algo, que Úrsula Iguarán, aquella esposa lúcida y aterrizada en medio de la imaginación desbordada de su esposo José Arcadio, no es otra que Mercedes Barcha, la misma que se encargó de la administración y los gastos del hogar, mientras su marido llenaba páginas y páginas con historias que mezclaban realidad y fantasía, eso que terminaron llamado realismo mágico.&nbsp;</p>



<p>Laura Mora, la extraordinaria realizadora colombiana, quien comparte la dirección de la serie con el argentino Alex García López, lo ha explicado bien en un reportaje en&nbsp;<em>El Espectador&nbsp;</em>de Bogotá, al decir que su intención es que la serie sea un complemento al libro, que ha intentado plasmar en imágenes la belleza poética de la novela y en mi opinión lo ha logrado en su lenguaje cinematográfico, de planos largos y amplios, con una puesta en escena coral en la cual vemos desarrollar a los personajes encarnados en actores que no han resultado pequeños a tan descomunal reto.</p>



<p>Estoy seguro que gracias a esta magnífica serie, llegarán miles o quizás millones de lectores nuevos a la novela, para encontrar la fuente original de donde se alimentó esta adaptación. Muchos jóvenes que van a llegar por gusto y curiosidad, esos nativos digitales a quienes resulta tan difícil el asombro, no como los de mi generación, que tuvimos que leerla en el colegio, por obligación y no la entendimos. Me encantaría que Sergio del Molino, le diera una segunda oportunidad a esas estirpes macondianas condenadas en su escrito, mientras se toma un delicioso café colombiano.</p>



<p>Aprovecho para desearles a los lectores una feliz navidad y si quieren un buen regalo, pueden dárselo viendo esta serie inspirada en un verdadero clásico literario y si todo este ruido les motiva a leer&nbsp;<em>Cien años de Soledad</em>, el regalo será múltiple.</p>



<p><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p>En lo que antes se llamaba Twitter a la hora del recreo me encuentran como @dixonmedellin&nbsp;</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="//3CA9F2FE-D734-473D-9227-0006C76191B4#_ftnref1"><sup>[1]</sup></a>&nbsp;Para el lector que desee revisar la crítica de Sergio del Molino se puede leer aquí:&nbsp;<a href="https://elpais.com/television/2024-12-13/cien-anos-de-soledad-en-netflix-una-serie-horrorosa-un-interminable-anuncio-de-cafe.html">https://elpais.com/television/2024-12-13/cien-anos-de-soledad-en-netflix-una-serie-horrorosa-un-interminable-anuncio-de-cafe.html</a></p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="1920" height="1080" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/24071304/100-anos-de-soledad-2.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/24071304/100-anos-de-soledad-2.jpg 1920w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/24071304/100-anos-de-soledad-2-300x169.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/24071304/100-anos-de-soledad-2-1024x576.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/24071304/100-anos-de-soledad-2-768x432.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/24071304/100-anos-de-soledad-2-1536x864.jpg 1536w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=109729</guid>
        <pubDate>Tue, 24 Dec 2024 12:14:32 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/24071304/100-anos-de-soledad-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Cien Años de Soledad, la serie.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Yo vi lo que usted no vio en Macondo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/yo-vi-lo-que-usted-no-vio-en-macondo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Como lector/espectador, y sin ánimo de hacer espóiler, tomé estos apuntes a lo largo de los ocho episodios de la primera de las dos temporadas de &#8220;Cien años de soledad&#8221;. Veamos si coincidimos.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Imágenes: Netflix.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-a5cf2de8a48e23d737302435138e66bf"><em>“La presencia obsesionante del sexo en </em>Cien años de soledad<em> tiene connotaciones faulknerianas, no tanto por la principalísima función que el sexo cumple en ambos mundos, sino, más bien, por el carácter anómalo y trágico que adopta en ellos: el equivalente de los fornicadores descomunales de García Márquez son los degenerados sexuales de Faulkner”:</em> <strong>Mario Vargas Llosa en “García Márquez: Historia de un deicidio”.</strong></p>



<p>De cine, sé lo más importante: que me gusta verlo.</p>



<p>Y desde que existe Netflix, tengo paciencia para las buenas series y me encanta maratonear. Mi debilidad son las películas, series o miniseries basadas en libros.</p>



<p>Recuerdo con especial afecto seis adaptaciones: <em>“Cóndores no entierran todos los días”</em> (1984), &nbsp;la novela de Gustavo Álvarez Gardeazábal &nbsp;(con ese actorazo que fue Frank Ramírez); <em>“Crónica de una muerte anunciada”</em> (1987), novela corta de García Márquez, donde la colombiana Vicky Hernández (<em>Clotilde Armenta</em>), compartió set con Antony Delon (<em>Santiago Nasar)</em>; Lucía Bosé, (<em>Plácida Linero</em>) y Ornella Muti, (<em>Ángela Vicario</em>); <em>“Los pecados de Inés de Hinojosa”</em> (1988), de Próspero Morales Pradilla, con Amparo Grisales y Margarita Rosa de Francisco; <em>“La Vorágine”</em> (1990), en la cual Armando Gutiérrez es el poeta <em>Arturo Cova</em> y Florina Lemaitre es <em>Alicia</em>, su amante; “<em>La casa de las dos palmas”</em> (1990), de Manuel Mejía Vallejo, con Gustavo Angarita (<em>Efraín Herreros</em>) y Carolina Trujillo (la bruja <em>Francisca García Muriel</em>) y Satanás (2007), basada en la novela de Mario Mendoza, donde el mexicano Damian Alcázar representa a Campo Elías Delgado, tristemente célebre por la masacre del restaurante Pozzetto, ocurrida el 4 de diciembre de 1986 en Bogotá.</p>



<p>Digo esto para señalar que Colombia ha tenido arte y parte en la producción para el cine y la televisión de grandes obras de la literatura colombiana. <em>“Cien años de soledad”,</em> con el sello Netflix, ya forma parte de esa tradición.</p>



<p>Mis apuntes:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>La serie tiene dos directores, (la colombiana Laura Mora y el argentino Álex García López), pero fíjense bien, en los créditos finales no aparecen los nombres de ambos, sino que cada uno es director de episodios intercalados, así: Alex García dirigió los episodios 1, 2, 3, 7 y 8. Y Laura Mora: los episodios 4, 5 y 6. Es natural preguntarse por qué ella asumió tres capítulos y él cinco, y cómo se llegó a esa decisión. &nbsp;Es decir, ¿no hicieron equipo para la dirección de los ocho capítulos? ¿Esto es algo que sucede con frecuencia? ¿No crea esto una especie de ruptura?</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Gracias a Netflix, hoy podemos decir que<em> “Cien años de soledad</em>” es nuestra mejor novela de época.&nbsp;Ambientación, vestuario y construcciones nos transportaron al siglo XIX colombiano.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>En la parte donde más sentí que Macondo es Colombia (o viceversa), fue en el episodio 5, dirigido por Laura Mora, cuando al final suena la <em>Cumbia sampuesana</em>, del compositor José Joaquín Bettin, en la interpretación original del Conjunto Típico Vallenato. Sería bueno que para los ocho capítulos restantes se tenga en cuenta la música del Caribe, el vallenato en particular, por <a href="https://www.elespectador.com/cromos/famosos/cien-anos-de-soledad-es-un-vallenato-de-400-paginas-gabo">algo que dijo</a> una vez Gabo: <em>“Cien años de soledad es un vallenato de 400 páginas”.</em></li>
</ul>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Cumbia sampuesana original" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/8B3KZLmRhuE?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-913e4e1125ea3f5369f394abfd105c6f"><em>&#8220;Sus hijos lo ven apenas en las noches, cuando sale de su escritorio, intoxicado de cigarrillos, después de jornadas extenuantes de ocho y diez horas frente a la máquina de escribir, al cabo de las cuales algunas veces sólo ha avanzado un párrafo del libro”:<strong> </strong></em><strong>Mario Vargas Llosa en “García Márquez: Historia de un deicidio”.</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Pienso que la producción habrá triunfado si los no lectores se acercan por primera vez a la obra de Gabriel García Márquez, como lo señala el escritor <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/william-ospina/sonar-con-los-ojos-abiertos">William Ospina</a>, en su columna de <strong>El Espectador.</strong></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Lo más poético: el episodio 8 con las flores amarillas lloviendo sobre Macondo y el pueblo entapetado con ellas.&nbsp;El realismo mágico derrotando a los escépticos del cine. Escenas que por su belleza vale la pena repetir.</li>
</ul>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Imagen del Instagram de <a href="https://www.instagram.com/callmeakima?igsh=MTZ1YXBrMmFpcjFxbg==">Akima</a> </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="934" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18210805/Z-Z-REBECA-934x1024.jpg" alt="" class="wp-image-109439" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18210805/Z-Z-REBECA-934x1024.jpg 934w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18210805/Z-Z-REBECA-274x300.jpg 274w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18210805/Z-Z-REBECA-768x842.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18210805/Z-Z-REBECA.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 934px) 100vw, 934px" /></figure>



<ul class="wp-block-list">
<li>Me gustó el casting: más talento que rostros bellos, alejando a la serie de los estereotipos telenovelescos, con personajes más cercanos a lo que en realidad somos los colombianos. Una <a href="https://vt.tiktok.com/ZS6LAnWYQ">Rebeca</a>, por ejemplo, en la piel de la actriz <a href="https://www.instagram.com/callmeakima?igsh=MTZ1YXBrMmFpcjFxbg==">Akima</a> Maldonado, con sus rasgos indígenas, nada tiene que envidiarle a la belleza supuestamente correcta que impone la industria. </li>
</ul>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="780" height="565" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18172344/Z-Z-AURELIANO.jpg" alt="" class="wp-image-109409" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18172344/Z-Z-AURELIANO.jpg 780w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18172344/Z-Z-AURELIANO-300x217.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18172344/Z-Z-AURELIANO-768x556.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 780px) 100vw, 780px" /></figure>



<ul class="wp-block-list">
<li>El actor Claudio Cataño, siendo bogotano, sorprende por su interpretación del hombre costeño que es Aureliano Buendía.&nbsp;Creo que se merece un premio a mejor actor y la caleña Marleyda Soto (Úrsula Iguarán), otro a mejor actriz.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Esperaba un Melquiades con más fuerza. Quizás menos humano, más sobrenatural, si se quiere. Mientras avanzaba entre capítulos tuve una extraña visión durante la peste del insomnio que azotó a Macondo: soñé que Peter Jackson (director de la trilogía de <em>El señor de los anillos</em>, escrita por J.R.R. Tolkien), dirige una versión para cine de <em>“Cien años de soledad”. </em>Sería interesante ver cómo Hollywood, con su extraordinario baúl de efectos, interpreta el realismo mágico. &nbsp;Es más: ¿Se imagina la bellísima versión animada del japonés Hayao Miyazaki? Ojalá me leyeran los hijos del maestro Gabo. </li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Con Macondo ya construido en el municipio de Alvarado, Tolima, podrían filmarse otros relatos de Gabo, como <em>“La hojarasca” </em>y <em>“La mala hora”,</em> que prepararon el camino para <em>Cien años de soledad</em>, o convertirlo en un destino literario, añadiendo una librería con la obra del autor colombiano y los personajes vestidos a la usanza, como si fuera nuestro mundo mágico, no de Disney, sino de Macondo.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Me pregunto si es posible rodar una versión de <em>“Cien años de soledad”</em> sin acudir a la voz en off. Yo creo que el narrador fue un recurso obligado para recitar partes de la obra que el cine es incapaz de mostrar. ¿Cómo remediarlo? Simple: hay que leer el libro para recuperar nuestra capacidad de asombro. En los pergaminos del gitano Melquiades, escritos en sanscrito, nada hablan de una maldición para quien no lo haga&#8230; pero&nbsp;no se confíen porque uno nunca sabe.&nbsp;Otro recurso interesante: ver la serie en un idioma distinto al español y subtitulada. A mi parecer, suena genial en francés. </li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>La  serie me llevó, otra vez, al ensayo de Mario Vargas Llosa: <em>“García Márquez: Historia de un deicidio”</em>, magnífica autopsia literaria a la obra del escritor colombiano, que vale la pena leer. </li>
</ul>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="440" height="680" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18172223/Z-Z-DEICIDIO.jpg" alt="" class="wp-image-109406" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18172223/Z-Z-DEICIDIO.jpg 440w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18172223/Z-Z-DEICIDIO-194x300.jpg 194w" sizes="auto, (max-width: 440px) 100vw, 440px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-d3069cc169a9e1eb7673c0e6cf3e8e93"><em>“El que quiera saber qué opino, que lea mis libros. En </em>Cien años de soledad<em> hay 350 páginas de opiniones”: </em><strong>Mario Vargas Llosa en “García Márquez: Historia de un deicidio”.</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Macondo ya existe. Dan ganas de vivir allí o al menos pasar una noche en casa de los Buendía, la cual evoluciona hasta alcanzar su esplendor. Les recomiendo el reportaje que hizo <em><a href="https://www.nytimes.com/es/interactive/2024/12/09/espanol/cultura/cien-anos-soledad-netflix-serie.html?campaign_id=42&amp;emc=edit_bn_20241217&amp;instance_id=142425&amp;nl=el-times&amp;regi_id=192692173&amp;segment_id=185925&amp;user_id=7e6b73118bff5515037ec9eb882a040e#commentsContainer">The New York Times</a></em> en español, con datos interesantes sobre el detrás de cámaras.&nbsp;</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Sin embargo, se alcanza a percibir cierta claustrofobia, la pequeñez de la aldea, por el mismo aislamiento en que se encuentra, aún a pesar de que el coronel salió de allí para promover 32 guerras sin ganar ninguna. ¿Faltó imaginación o presupuesto para ampliar un poco el mundo?  Quizás en la segunda parte haya sorpresas.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>La violencia, la sangre, las balas, todo gratamente muy real, para que conste que llevamos matándonos desde siempre.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>La muerte, al igual que el sexo, son dos temas centrales en la obra de Gabriel García Márquez. En la serie los difuntos se ven demasiado reales, dentro y fuera de sus ataúdes. Los maquilladores hicieron un trabajo espléndido. ¿Qué tal Prudencio Aguilar como alma en pena?</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>He leído que algunos espectadores lloraron con la serie. No lloré y eso que soy fácil de conmover. ¿Se les puso vidrioso el ojo? </li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Disiento con lo dicho por el escritor Efraím Medina, quien <a href="https://www.lanuevaprensa.com.co/component/k2/serie-mata-libro">en este artículo</a> de <em>La Nueva Prensa</em> dice que <em>&#8220;no hay cosa más estúpida, dañina e inútil&#8221; </em>que comparar la serie con el libro. Para quienes hemos leído con placer la obra nos es imposible evitar los paralelos.&nbsp; Y no, no somos idiotas, apreciado Efraím. Pensamos distinto que es distinto. </li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Mi calificación del libro: 10 sobre 10. Mi calificación de la serie: 8.7 sobre 10. </li>



<li>PD: No comeré tierra como Rebeca, pero me produce ansiedad la espera de seis meses para el estreno de la segunda parte (junio de 2025).&nbsp;</li>
</ul>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18172418/Z-Z-AFICHE-CIEN-ANOS-SOLEDAD-819x1024.jpg" alt="" class="wp-image-109410" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18172418/Z-Z-AFICHE-CIEN-ANOS-SOLEDAD-819x1024.jpg 819w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18172418/Z-Z-AFICHE-CIEN-ANOS-SOLEDAD-240x300.jpg 240w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18172418/Z-Z-AFICHE-CIEN-ANOS-SOLEDAD-768x960.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/18172418/Z-Z-AFICHE-CIEN-ANOS-SOLEDAD.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=109403</guid>
        <pubDate>Thu, 19 Dec 2024 12:27:36 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Yo vi lo que usted no vio en Macondo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Ver o no ver “Cien años de soledad”: Esa es la cuestión</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/ver-o-no-ver-cien-anos-de-soledad-esa-es-la-cuestion/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Es cierto eso de que los libros siempre son mejores que las películas? ¿Será “Cien años de soledad” la excepción a la regla? El estreno mundial de la serie de Netflix coincide con los 10 años de la muerte de Gabriel García Márquez.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-0ddc5bf2a1cc44fa70f8bba21d6447b6"><strong>“No se le había ocurrido hasta entonces que la literatura fuera el mejor juguete que se había inventado para burlarse de la gente”: </strong>Cien años de soledad, página 440.</p>



<p>Esta es una joya que no se presta. Ocupa un sitio especial en la biblioteca y en mi corazón.</p>



<p><em>“Cien años de soledad”</em> es de esas novelas que se dejan leer con agrado. La he leído tres veces con las mismas ganas, y con resaltador en mano. En cada lectura he ido construyendo un Macondo personal, por así decirlo. Con cada lectura descubro detalles que no vi antes y vuelvo a sorprenderme, como si fuera el pequeño Aureliano deslumbrado al conocer el hielo.</p>



<p>Todo colombiano debería leer <em>“Cien años de soledad”</em> siquiera una vez en su vida. Me explico: Gabriel García Márquez es el único Premio Nobel de Literatura que tiene Colombia. Es una pena que haya compatriotas ajenos a esta exquisita radiografía de lo que somos, nuestro realismo trágico. Dicho sea de paso, veo muy lejana la posibilidad de que en los próximos 20 o 30 años tengamos un segundo Nobel de las letras.&nbsp;Los genios nacen una vez cada siglo, digo yo. Así que si el escritor de Aracataca nació en 1927, es posible que hasta ahora esté naciendo o por nacer un futuro genio literario.</p>



<p>Crecí amando a Gabo, que así le decimos confianzudamente sus lectores. Que murió en 2014 es algo que no creo. Lo encuentro muy vivo y vigente cuando abro sus libros, porque los genios son inmortales. Miren a Homero, miren a Cervantes.</p>



<p>No me alegré cuando salieron con el cuento de que harían una serie sobre la familia Buendía. —<em>“Por qué tienen que arruinar las cosas buenas inventándoles una versión paralela”, </em>pensé. Eso puede salir muy mal. O quizás no.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-0f596097d58afbe7c536c94b7b3c3d52"><strong>“Úrsula pasó la tranca en la puerta decidida a no quitarla en el resto de su vida. “Nos pudriremos aquí dentro”, pensó. “Nos volveremos cenizas en esta casa sin hombres, pero no le daremos a este pueblo miserable el gusto de vernos llorar”:</strong> Cien años de soledad, página 205.</p>



<p>Aprovecho mi molestia para darles un consejo: Lean primero el libro y después sí vean la serie de Netflix que se estrena el 11 de diciembre. El libro contiene nada más que 20 capítulos. Un capítulo por día en una sentada y habrá terminado sus 471 páginas antes de acabar el año, empezando hoy. En todo caso, no se necesita un siglo. Los cien años del título aluden al periodo que va de la segunda mitad del siglo diecinueve a la primera mitad del siglo veinte, tiempo en que Colombia (perdón, Macondo) estuvo imbuido en guerras civiles, maldiciones, matanzas y enigmas.</p>



<p>En líneas generales, me gustó la adaptación que hizo Netflix de <em>“Pedro Páramo”,</em> la obra del mexicano Juan Rulfo. Digamos que el guión respetó el texto original y añadió una bella fotografía, además de unos escenarios muy reales donde la muerte se siente cerquita. Comala es un pueblo y en esa medida la película retrata a ese pueblo, pero jamás consigue trasplantar la poética <em>Rulfiana </em>al cerebro del espectador. La belleza del texto se pierde, por más de que pongan a los actores a recitar líneas casi al pie de la letra.</p>



<p>Entonces, no estoy muy seguro de que me vaya a gustar la adaptación de <em>“Cien años de soledad”.</em>&nbsp; Me asusta que hagan de una gran novela una telenovela. Macondo es un universo, una versión literaria de la Creación con C mayúscula, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, pero en lugar del patriarca Abraham y su esposa Sara, aquí la historia nos habla del amor entre dos primos: el patriarca José Arcadio Buendía y la matriarca Úrsula Iguarán, y las sietes generaciones que les precedieron, entre ellos el coronel Aureliano Buendía (segunda generación) y los diecisiete Aurelianos, ((tercera generación), que tuvo con distintas mujeres, y así hasta el fin de la estirpe.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-95e89f11630548106f06639b0af2f0ca"><strong>“Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra”:</strong> Cien años de soledad, página 23.</p>



<p>Quiero y no quiero ver <em>“Cien años de soledad”</em>. No quiero para no presenciar cómo descuartizan una obra maravillosa y desdibujan a los personajes que parí en mi imaginación. Pero sí quiero verla precisamente para darme la razón. Lo anticipó Gabo, un año antes de ganarse el Nobel, refiriéndose a otra cuestión en uno de sus <em>Doce cuentos peregrinos</em> (La Santa, 1981): <em>“Lástima que haya que filmarlo”, decía. Pues pensaba que en la pantalla perdería mucho de su magia original”. &nbsp;</em></p>



<p>No quiero saber qué rostro le pusieron Melquiades, el gitano que regresó de la muerte <em>“porque no pudo soportar la soledad”,</em> ni a los <em>“cetáceos de piel delicada con cabeza y torso de mujer”</em> que vivían más allá de la ciénaga grande.</p>



<p>No quiero ver a José Arcadio hablando solo, mientras Úrsula y los niños se parten el espinazo en la huerta de la casa, y luego a la misma Úrsula abochornada viendo por primera vez a un hombre desnudo, <em>“tan bien equipado para la vida, que le pareció anormal”.</em></p>



<p>No quiero ver a la bisabuela de Úrsula sentada en un fogón encendido y con quemaduras que <em>“la dejaron convertida en una esposa inútil para toda la vida”</em>, por los tiempos en que el pirata Francis Drake asaltó a Riohacha. </p>



<p>He recreado en mi mente a Pilar Ternera, la iniciadora sexual de dos de los hombres de la segunda generación, a cada uno de los cuales le da un hijo; a la india Visitación, a Rebeca, que comía tierra por vicio, a Fernanda del Carpio, <em>“seleccionada como la más hermosa entre las cinco mil mujeres más hermosas del país”</em>; a Petra Cotes y Mauricio Babilonia con las mariposas amarillas revoloteando a su paso.</p>



<p>Me emociono incluso al escuchar la canción que compuso en 1969 el peruano Daniel Camino Díez Canseco, en boca del mexicano Oscar Chávez.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Oscar Chavez ¬ Macondo (En vivo)" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/GXdv44TpDQw?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<h2 class="wp-block-heading"><strong>Lean primero el libro y después sí vean la serie que estrena Netflix el 11 de diciembre. </strong></h2>



<p>No quiero matar en mi imaginación &nbsp;a las hermanas Amaranta y Rebeca —enamoradas del mismo hombre, el italiano Pietro Crespi—; a Santa Sofía de la Piedad, que <em>“degolló con un cuchillo de cocina el cadáver de José Arcadio Segundo para asegurarse de que no lo enterraran vivo”</em>, o a José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo, que <em>“despertaban al mismo tiempo, sentían deseos de ir al baño a la misma hora, sufrían los mismos trastornos de salud y hasta soñaban las mismas cosas”</em>.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff9eef683d92f8a3d9cc68995a912de9"><strong>“Si no volvemos a dormir, mejor (…) Así nos rendirá más la vida”: </strong>Cien años de soledad, página 56.</p>



<p>Me pregunto cómo hicieron creíble la peste del insomnio en que <em>“los unos veían las imágenes soñadas por los otros”</em>, hasta que <em>“nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir”, </em>o el nacimiento del hijo de Amaranta Úrsula y Aureliano Babilonia, cuya cola de cerdo <em>“cartilaginosa y en forma de tirabuzón con una escobilla de pelos en la punta”</em>, confirma la maldición que pesa sobre los Buendía a causa del incesto, o los tres mil muertos echados al mar como constancia de que la <em>Masacre de las bananeras</em> (1928) no fue cuento, aunque los muertos en la vida real fueron menos.</p>



<p>Gabo lo explicó a su manera a la televisión británica en 1990: </p>



<p><em>“Lo que pasa es que 3 ó 5 muertos en las circunstancias de ese país, en ese momento debió ser realmente una gran catástrofe y para mí fue un problema porque cuando me encontré que no era realmente una matanza espectacular en un libro donde todo era tan descomunal como en&nbsp;</em>Cien años de soledad<em>, donde quería llenar un ferrocarril completo de muertos, no podía ajustarme a la realidad histórica. Decir que todo aquello sucedió para 3 ó 7 muertos, o 17 muertos… no alcanzaba a llenar ni un vagón. Entonces decidí que fueran 3.000 muertos, porque era más o menos lo que entraba dentro de las proporciones del libro que estaba escribiendo. Es decir, la leyenda llegó a quedar ya establecida como historia”. </em>El testimonio está en el sitio web <em><a href="https://www.colombiainforma.info/la-masacre-de-las-bananeras-en-cien-anos-de-soledad-cuando-el-realismo-magico-le-gano-a-la-historia-oficial">Colombia Informa.</a></em></p>



<p>No quiero presenciar el duelo a muerte entre José Arcadio Buendía y Prudencio Aguilar y tampoco es necesario entrar a la tienda de Catarino, que <em>“aprovechaba la ocasión para acercarse a los hombres y ponerles la mano donde no debía”,</em> ni saber cómo se ve <em>Francisco el Hombre</em>, que <em>“derrotó al diablo en un duelo de improvisación de cantos”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-ea677c66e99094ccf1021c3a46633a08"><strong>“Tenemos seis hijas más… y Aurelito pone sus ojos precisamente en la única que todavía se orina en la cama”:</strong> Cien años de soledad, página 87.</p>



<p>Pero tal vez sí quiero ver <em>“Cien años de soledad”,</em> la serie, para salir de dudas. ¿Cómo hicieron, por ejemplo, las escenas de cama (es decir, de hamaca), con José Arcadio y Rebeca? Cómo llevaron a la pantalla este tremendo párrafo: <em><strong>“Ella tuvo que hacer un esfuerzo sobrenatural para no morirse, cuando una potencia ciclónica asombrosamente regulada la levantó por la cintura y la despojó de su intimidad con tres zarpazos, y la descuartizó como a un pajarito”.</strong></em></p>



<p>En el tráiler apenas hemos visto al pelotón de fusilamiento con que empieza la novela, la imagen de José Arcadio, amarrado al árbol de castaño con signos de evidente locura o al padre Nicanor Reyna levitando tras beber una taza de chocolate, pero ese fugaz Macondo no me pareció colombiano, ni por las voces, mucho menos por la apariencia de los personajes. Tal vez estoy pidiendo más de lo que el cine pueda dar, o tal vez, por un par de segundos, estoy juzgando a las&nbsp;carreras una producción de 16 capítulos.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-0f8230e36dc94cff734b7196794b2a42"><strong>“Poco después, cuando el carpintero le tomaba las medidas para el ataúd, vieron a través de la ventana que estaba cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas”</strong>: Cien años soledad, página 166.</p>



<p>Sí quiero ver “Cien años de soledad” para ver cómo el cine interpretó lo que pensaba el escritor sobre las penas de amor o la muerte, ambas cuestiones retratadas en la persona de Remedios, <em>“la criatura más bella que se había visto en Macondo”</em>, a quien hasta la pubertad tocaba <em>“vigilarla para que no pintara animalitos en las paredes con una varita embadurnada de su propia caca” </em>y, además,la prueba garciamarquiana de que de amor si se muere, pues ella además <em>“seguía torturando a los hombres más allá de la muerte”,</em> la cual ocurrió al elevarse al cielo <em>“entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella”.</em></p>



<p>Fue una de las escenas que más canas&nbsp;le sacó a García Márquez, según <a href="https://www.facebook.com/CentroGaboOficial/videos/as%C3%AD-cuenta-gabriel-garc%C3%ADa-m%C3%A1rquez-el-ascenso-de-remedios-la-bella/2182491401994073">contó alguna vez</a>. <em>“Me sentía fracasado tratando de que Remedios, la Bella subiera al cielo y que fuera creíble. Entonces, salí al jardín a respirar y estaba corriendo un gran viento. Había una chica que lavaba en la casa, (…) tratando de prender las sábanas en el alambre y no lo lograba, (…) la encontré enredada en aquellas sábanas mojadas que estaba tratando de tender a secar… regresé y esa fue la solución. La puse a doblar una sábana y la sábana se la llevó. Lo creí yo y lo creyeron ellos (los lectores)”.</em></p>



<p>Empiezo hoy mismo la cuarta lectura de <em>“Cien años de soledad”, </em>a lo mejor así se me abra el apetito para darle una oportunidad a la serie. ¡Y, entonces, que Gabito perdone a todos desde el más allá por profanar el realismo mágico!</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Cien años de soledad | Avance oficial | Netflix" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/mPCN1irKfkc?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=109062</guid>
        <pubDate>Sun, 08 Dec 2024 13:11:32 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/06190811/Z-CIEN-ANOS.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Ver o no ver “Cien años de soledad”: Esa es la cuestión]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El día que García Márquez me avergonzó (Y Festival Gabo 2023 en Bogotá)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/dia-garcia-marquez-me-avergonzo-festival-gabo-2023-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>&#8220;Yo aprendí a escribir cuentos, escribiendo noticias; es decir, escribiendo crónicas y reportajes&#8221;: Gabo. Los artesanos del centro de Bogotá están agradecidísimos con Netflix. Me cuentan que desde que comenzó el rodaje de “Cien años de soledad” se dispararon las ventas en el Pasaje Paul (más antiguo que el Pasaje Rivas y funciona al lado [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<ul>
<li><em>&#8220;Yo aprendí a escribir cuentos, escribiendo noticias; es decir, escribiendo crónicas y reportajes&#8221;: Gabo.</em></li>
</ul>
</blockquote>
<p>Los artesanos del centro de Bogotá están agradecidísimos con Netflix. Me cuentan que desde que comenzó el rodaje de “Cien años de soledad” se dispararon las ventas en el Pasaje Paul (más antiguo que el Pasaje Rivas y funciona al lado de este desde 1860). La lista de artesanías​ ​ y chucherías para ambientar Macondo es larga: totumas, calabazos, cestería, esteras, reatas de fique, sopladoras, chorotes de barro, lazos, cabuyas, cucharones y cucharas de madera, bateas, pilones, cobijas de lana virgen…</p>
<p>Quisiera saber si consiguieron las sábanas de bramante para hacer que Remedios, la bella, se eleve por los cielos, <em>“transparentada por una palidez intensa”</em>. No es una escena fácil de lograr; de hecho, llevar el libro a la pantalla me sigue pareciendo el suicidio del realismo mágico. Sabemos que <a href="https://www.infobae.com/america/cultura-america/2019/03/11/gabriel-garcia-marquez-vs-netflix-por-que-gabo-se-negaba-a-que-se-filme-cien-anos-de-soledad/"><strong>Gabo se opuso a la idea </strong></a>en vida con un argumento simple pero contundente: <em>“…literatura es literatura y cine es cine”.</em><em> (…) En literatura, por mucho que se describa, el lector siempre tiene la posibilidad de llenar un margen de imaginación que queda&#8221;.</em></p>
<blockquote>
<ul>
<li><em>“Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerones y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria”.</em> (Página 271).</li>
</ul>
</blockquote>
<p>Si logran hacer algo decente con la ascensión de la bella Remedios, -tan bella que volvía locos a los hombres- a lo mejor Gabito no se revolcará en sus cenizas, allá en el Claustro de La Merced, de la Universidad de Cartagena, donde reposan junto con las de su esposa, Mercedes Barcha, “La Gaba”. Preferiré siempre el realismo mágico del papel al realismo sorpresa de Netflix con personajes carnudos y huesudos que cercenarán para siempre la imagen que cada lector formó en su cabeza sobre los Buendía. Un consejo: lean la novela antes del estreno de la adaptación cinematográfica.</p>
<p>Leí “Cien años de soledad” ya viejo –¡gracias pandemia bendita!-  pero conocí a Gabo siendo bachiller, cuando nos tocó leer “El otoño del patriarca”. Escribí una sinopsis para la clase de Español y obtuve 4.5 sobre cinco, a pesar de que no entendí un carajo. Mis compañeros de grupo entendieron menos, porque ni siquiera leyeron medio párrafo. Hicimos trueque: mi nombre en la maqueta de la clase de Electricidad por sus nombres en mi ensayo literario. Todos quedamos felices, pero más feliz quedé yo que desde entonces le declaré mi amor a los libros; nos volvimos inseparables.</p>
<p>Al pasar los años, entendí que el sistema educativo ha sido en parte responsable de tantas generaciones que crecieron odiando la lectura. Obligar a otro a leer es amputar la imaginación. La lectura debe ser un acto gozoso. Los libros deben estar al alcance de las personas, a la espera de que cada cual reciba el llamado, sin imposiciones.</p>
<blockquote>
<ul>
<li>Dijo <strong>Jorge </strong><strong>Luis Borges: </strong>“La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”:</li>
</ul>
</blockquote>
<p>Luego vi al Gabo de verdad en 1988 por una visita escolar al periódico <strong>El Espectador.</strong> Hacía décimo grado. Fue una grata coincidencia, de la que quedó una foto en blanco y negro, (recuperada por don Rodrigo Dueñas, entonces jefe de Fotografía), donde aparece el escritor firmando autógrafos a quienes nos acercamos a saludarlo junto a aquel muro que franqueaba la entrada a la redacción del periódico, en la Avenida 68 con Calle 23.  Gabo ingresó como reportero  en enero de 1954, (cuando las oficinas estaban en la Avenida Jiménez con 4ª) con un sueldo de 900 pesos mensuales, que le alcanzaban <em>“para vivir a sus anchas”</em> y ayudar a sus padres, según cuenta Jacques Gilard en el prólogo del libro “Ente cachacos”, uno de los dos volúmenes que reúnen su obra periodística.</p>
<p><em>“El Espectador era un modesto vespertino de dieciséis páginas apretujadas, pero sus cinco mil ejemplares mal contados se los arrebataban a los voceadores casi en las puertas de los talleres, y se leían en media hora en los cafés taciturnos de la ciudad vieja”,</em> cuenta Gabo en “Vivir para contarla”.</p>
<p>En su inconclusa autobiografía relata además su primera lección de reportero <em>“una tarde en que cayó sobre Bogotá un aguacero que la mantuvo en estado de diluvio universal durante tres horas sin tregua”. </em></p>
<p><em>“De pronto, Guillermo Cano pareció despertar de un sueño sin fondo, se volvió hacia la redacción paralizada y gritó: —Este aguacero es noticia”.</em></p>
<p>Quienes vivimos en la capital sabemos que Gabito no se equivocó con el asunto del diluvio bogotano: cíclico, noticioso, capaz de avinagrar el genio al más paciente, como si fuera la antesala del apocalipsis, si se me permite la exageración.</p>
<p>Debo decir con modestia que <strong>El Espectador</strong> se convirtió también en el diario de mis amores, allá me crie periodísticamente –fui redactor en los años 90, con un sueldo inicial de $50 mil- y donde tuve los mejores maestros, incluyendo a Gabo, que ya que retirado del oficio me dio una lección que todavía recuerdo con cierta vergüenza.</p>
<p>En enero de 1992 conversamos por teléfono. Todavía no existían los celulares. Conseguí su número privado con ayuda de la <em>secre</em> de los directores del periódico, Fernando y Juan Guillermo Cano, quienes asumieron la dirección después de que Pablo Escobar ordenó asesinar a don Guillermo Cano.</p>
<p>No se imaginan cuántas veces ensayé el encabezamiento del saludo:</p>
<p>—¿Maestro?</p>
<p>—¿Premio Nobel?</p>
<p>—¿Señor escritor?</p>
<p>—¿Eminencia?</p>
<p>Yo tenía 21 años, él 64. Me volví un ocho, no sabía cómo dirigirme a alguien que había bajado desde el Olimpo de los grandes escritores. Se me ocurrió una solución rápida: a la persona que contestara (ya fuera su esposa o de pronto alguna empleada) le preguntaría qué calificativo usar antes de pronunciar su nombre, con tan mala suerte que al terminar de marcar los siete números de su apartamento en Bogotá, desde el teléfono verde de disco de la redacción, me contestó el mismísimo Gabriel García Márquez.</p>
<p>—¿A la orden?, dijo él.</p>
<p>Su voz inconfundible me infundió un miedo que vuelvo a revivir al escribir estas líneas.</p>
<p>—Don Gabriel, le habla Alex Velásquez​,​ de​ ​ El Espectador. Me siento honrado de escuchar su voz. (Ni siquiera recuerdo si dije mi nombre; ¡para lo que importaba…!).</p>
<p>Solía responder según el interlocutor.  A sus amigos entrañables normalmente les preguntaba <em>&#8220;¿cómo está la vaina?&#8221;</em>, me cuenta su primo Óscar Alarcón, escritor y periodista.</p>
<p>—Otras veces saludaba con un  <em>&#8220;Quiubo compadre&#8221;. </em></p>
<p>Mi saludo debió sonarle a pura lambonería, me sentí ​​​enjuagado por un sudor frío, mientras revisaba la conexión de la grabadora al teléfono para registrar sus respuestas y después transcribirlas. Fui al grano cuando preguntó  en qué me podía servir.</p>
<p>—Queremos entrevistarlo para que nos cuente los recuerdos y anécdotas de sus épocas de colegio y lo que piensa hoy acerca de la educación.</p>
<p>—No​ es necesaria la entrevista​​. Lea las columnas que escribí en el periódico. Ahí está todo lo que quiere saber —respondió un poco irritado.</p>
<p>Regañado, apenado y abrumado, pedí que la Tierra me tragara; me puse  como un tomate, agradecí no tenerlo de frente, mientras fijaba con desazón la mirada en la hoja tamaño carta con la lista de preguntas que él jamás conoció… menos mal. Pagué la novatada y todavía no me lo perdono, de la misma manera que no se le perdona a un redactor una falta ortográfica. (Confieso haber escrito en mis inicios el nombre del aeropuerto Olaya Herrera con h en el primer apellido y sin h en el segundo, por la época en que los enviados especiales dictaban sus notas por teléfono, y yo era auxiliar en la sala de redacción).</p>
<p>Tenía la obligación de prepararme. No es suficiente con inventar una lista de preguntas. El buen reportero se documenta para no preguntar pendejadas o cuestiones que el personaje haya dicho de antemano. En una frase: me sentí decepcionado de mí mismo. ¡Pero la lección la recibí de un Premio Nobel de Literatura… y ese oso nadie me lo quita!</p>
<p>Me despedí con un lánguido: <em>“Gracias, maestro, así lo haré. Ha sido usted muy amable”.</em> Y de una corrí al centro de documentación, pedí las notas de archivo y me puse a leer al autor más importante de Colombia; desde entonces no he dejado de leerlo. Lo leo y lo releo con la emoción de la primera vez, y en cada lectura descubro algo que no vi antes. Asumo que Gabito sigue escribiendo desde el más allá, pues ya anunciaron que su nuevo libro,<a href="https://hjck.com/libros/es-garcia-marquez-en-estado-puro-sobre-en-agosto-nos-vemos-la-obra-postuma-del-escritor-cb20"> <strong><em>“En agosto nos vemos</em></strong></a><em>”, </em>se publicará en abril del 2024, año en que se conmemoran ochenta  desde cuando atravesó las puertas de <strong>El Espectador</strong> y don Luis Gabriel Cano dijo, atemorizado: <em>“Está tan flaquito y pálido que se nos puede morir en la oficina”.</em> (“Vivir para contarla”)</p>
<p>Con el tiempo supe que detestaba las entrevistas y las grabadoras; prefería <em>&#8220;la pobre libretita de notas para que el periodista vaya editando con su inteligencia a medida que escucha, y le deje a la grabadora su verdadera categoría de testigo invaluable&#8221;.  </em>Leyéndolo a él me enamoré más del periodismo. Quien quiera ser buen periodista debería leer <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/cronica-de-una-historia-inconclusa-sobre-cronica-de-una-muerte-anunciada/">Crónica de una muerte anunciada</a>, <em>Noticia de un secuestro</em> o <em>Relato de un náufrago</em>, uno de los reportajes que escribió a su paso por la capital.</p>
<p>Bogotá está en deuda con Gabo. Su nombre no brilla como debiera en esta ciudad. Le debemos, por ejemplo, un gran monumento; ya que no se nos ocurrió ponerle su nombre a una de las estaciones de TransMilenio, ¿qué tal si las estaciones del Metro llevan por nombre los títulos de sus novelas? Imagínense: ¡Estación La hojarasca! ¿No les parece poético? Ahora bien: fue todo un acierto haber trasladado el <a href="//festivalgabo.com/"><strong>Festival Gabo</strong></a> a Bogotá. No se pierdan la décimo primera edición del 30 de junio al 2 de julio, donde además se reconocerá lo mejor del periodismo iberoamericano con el <strong><a href="https://premioggm.org/">Premio Gabo 2023</a>.</strong></p>
<p>A propósito de mi fallida entrevista, recordé que Gabo hizo parte de la llamada “Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo”, integrada por diez intelectuales y científicos colombianos; de dicha experiencia nos legó un texto maravilloso titulado “Por un país al alcance de los niños”, que al parecer ningún presidente de la República ni ministro de Educación ha leído, porque nada ha cambiado después de tres décadas.</p>
<blockquote>
<ul>
<li><em>“…nuestra educación conformista y represiva parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos, en lugar de poner el país al alcance de ellos para que lo transformen y engrandezcan. Semejante despropósito restringe la creatividad y la intuición congénitas, y contraría la imaginación, la clarividencia precoz y la sabiduría del corazón, hasta que los niños olviden lo que sin duda saben de nacimiento: que la realidad no termina donde dicen los textos, que su concepción del mundo es más acorde con la naturaleza que la de los adultos, y que la vida sería más larga y feliz si cada quien pudiera trabajar en lo que le gusta, y solo en eso”.</em></li>
</ul>
</blockquote>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=95239</guid>
        <pubDate>Sun, 25 Jun 2023 18:24:13 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/FOTO-CON-GABO-EN-EL-ESPECTADOR.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El día que García Márquez me avergonzó (Y Festival Gabo 2023 en Bogotá)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Francisco Porrúa, editor de ciencia-ficción</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/francisco-porrua-editor-ciencia-ficcion/</link>
        <description><![CDATA[<p>Nota preliminar: Este artículo se publica en simultánea con el  Sitio de Ciencia-Ficción A Francisco Porrúa se le recuerda mucho durante este año, fue el primer editor de Cien Años de Soledad, cuando trabajaba en la Editorial Suramericana en Buenos Aires, un hombre que tuvo el olfato (todos los sentidos) para entender que estaba ante [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_57603" aria-describedby="caption-attachment-57603" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-57603 size-medium" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/07/editor-cien-anos-soledad-francisco-porrua-1495539137257-300x168.jpg" alt="BARCELONA 19 09 2001 VIERNES LIBROS FRANCISCO PACO PORRUA EDITOR DE CIEN ANOS DE SOLEDAD DE GABRIEL GARCIA MARQUEZ FOTO FERRAN NADEU NEG 226404" width="300" height="168" /><figcaption id="caption-attachment-57603" class="wp-caption-text">Francisco Porrúa, editor y traductor.</figcaption></figure></p>
<p><strong>Nota preliminar</strong>: Este artículo se publica en simultánea con el  <a href="https://www.ciencia-ficcion.com/varios/firmas/f20170716.htm%20">Sitio de Ciencia-Ficción</a></p>
<p style="text-align: justify;">A Francisco Porrúa se le recuerda mucho durante este año, fue el primer editor de <em>Cien Años de Soledad</em>, cuando trabajaba en la <em>Editorial Suramericana</em> en Buenos Aires, un hombre que tuvo el olfato (todos los sentidos) para entender que estaba ante un trabajo genial. La edición de 1967, cada vez adquiere mayor dimensión, pues sin duda estamos ante el verdadero clásico de las letras en español en el siglo XX y lo que llevamos del XXI, por lo cual equivale a hablar de la primera edición del <em>Quijote</em> o cualquiera de las grandes obras literarias de la humanidad.<span id="more-57602"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Paco Porrúa, como le trataban sus amigos (en la literatura, uno termina siendo amigo indirecto de sus creadores), era español, nacido en Galicia, pero buena parte de su vida la pasó en Argentina, en donde estudió filosofía, pero quizás lo más importante en donde leyó a Julio Verne y H. G. Wells, impregnando su espíritu del gusto por la fantasía y en especial por la ciencia-ficción. Gracias a su conocimiento del inglés y el francés, pudo leer en sus lenguas originales a los autores que para mediados de siglo, eran los referentes del género de la anticipación científica. Especialmente quedó fascinado con los libros de Ray Bradbury, que ya catalogaban como “el poeta de la ciencia-ficción”, así que se empeñó en traducirlo y publicarlo en español.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-57811" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/07/Elhombreilustrado-166x300.jpeg" alt="elhombreilustrado" width="166" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;">Porrúa fue más allá, decidió fundar en 1955, <strong><em>Ediciones Minotauro</em></strong>, entidad que al igual que su referente mitológico, es un nombre legendario entre los lectores de ciencia-ficción en español. Compró los derechos de varios autores imprescindibles como el ya mencionado Bradbury y J. R. R. Tolkien, de quien publicó toda su obra. Porrúa hacía las traducciones, así que su papel no solo fue desde la dirección de su editorial, sino que tuvo un trabajo de coautoría (un buen traductor, es quien transmite las mismas sensaciones de quien puede leer una obra en su lengua original). Gracias a <em>Ediciones Minotauro</em> pudimos conocer a escritores como Aldiss, Le Guin, Stapledon, Sturgeon, Ballard, entre muchos otros y lo hizo no solo a través de sus libros, sino en los cuentos que publicaba en la revista que bautizó con el mismo nombre de su editorial y que existió durante algunos años en la década de los sesenta.</p>
<p style="text-align: justify;">Porrúa también impulsó la creación de ciencia-ficción en nuestro idioma, editando a autores hispanoamericanos, especialmente argentinos, como Angélica Gorodischer o Carlos Gardini. Uno de sus grandes hitos literarios, es la edición de <em>Crónicas Marcianas</em> de Bradbury con el célebre prólogo de Jorge Luis Borges, que de hecho, fue el primero de una extensa colección que sigue hoy día, cuando la editorial pertenece al <em>Grupo Planeta</em>, pero que sigue con el estímulo a los autores en nuestro idioma, gracias a un premio que se ha institucionalizado.</p>
<p style="text-align: justify;">Porrúa era un hombre literario, que gustaba de asumir diferentes pseudónimos para las empresas que se proponía. Este año lo celebramos por haber editado <em>Cien Años de Soledad</em>, portento de novela que finalmente pertenece al género fantástico, pues no de otra forma puede entenderse el llamado “realismo mágico”. Sobre esta novela cumbre, que había sido rechazada por una conocida editorial española, Francisco Porrúa alguna vez declaró: “La publicación ya estaba decidida con la primera línea, con el primer párrafo. Simplemente comprendí lo que cualquier editor sensato hubiera comprendido en mi lugar: que se trataba de una obra excepcional”.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-57812" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/07/cien-años-300x187.jpg" alt="cien-an%cc%83os" width="300" height="187" /></p>
<p style="text-align: justify;">Paco Porrúa, un hombre renacentista en nuestro presente. Porrúa confesaba que si bien su vocación fue la de editor (vocación extraña, reconocería), su trabajo físico fue el de traductor, actividad que realizaba en jornada nocturna, de cinco de la tarde a cinco de la mañana. Este noctámbulo de la creación, dejó este mundo en 2014 a los noventa y dos años en Barcelona. El colmo de su discreción, es que si uno busca su biografía en Wikipedia, aparece sin su fotografía, alguien debería modificar eso, no? Un hombre que hizo tanto, se merece al menos que su imagen se conozca, incluso contra su modesto parecer.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En Twitter en ocasiones saludo a los Franciscos como <a href="https://twitter.com/Dixonmedellin">@dixonmedellin</a></p>
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        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
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        <pubDate>Sun, 16 Jul 2017 12:12:04 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Francisco Porrúa, editor de ciencia-ficción]]></media:description>
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