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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Carrera Diplomática y Consular | Blogs El Espectador</title>
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        <title>SER EMBAJADOR NO ES UN DERECHO SINO UNA RESPONSABILIDAD QUE EXIGE EXCELENCIA: Carta al señor Presidente de la República, Gustavo Petro Urrego* </title>
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        <description><![CDATA[<p>Excelentísimo señor Presidente: Respecto a sus declaraciones recientes sobre los requisitos para que una persona pueda ser nombrada como embajador de Colombia, así como las afirmaciones sobre la Carrera Diplomática y Consular de la República, es pertinente, señor presidente, aclarar importantes asuntos. En primer lugar, no, señor presidente, ser hijo(a) de un obrero no otorga, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Excelentísimo señor Presidente:</p>



<p>Respecto a sus declaraciones recientes sobre los requisitos para que una persona pueda ser nombrada como embajador de Colombia, así como las afirmaciones sobre la Carrera Diplomática y Consular de la República, es pertinente, señor presidente, aclarar importantes asuntos.</p>



<p>En primer lugar, no, señor presidente, ser hijo(a) de un obrero no otorga, por sí solo, el mérito para ser embajador<strong>,</strong>&nbsp;del mismo modo que tampoco lo otorga ser hijo de un político o de un industrial. El mérito lo tiene la persona, y ese mérito se cultiva, se construye y se gana; no se hereda ni es un regalo.</p>



<p>Desafortunadamente, señor presidente, parece usted no ser distinto a Iván Duque, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, o a los demás expresidentes: todos han desestimado la Carrera Diplomática cuando les incomoda para nombrar a sus allegados, pero no dudan en utilizarla cuando necesitan que esos mismos diplomáticos de carrera hagan el trabajo de las personas que nombran y que desconocen el oficio.</p>



<p>Y créanos que se equivoca, señor presidente, la Carrera Diplomática no es “blanca”. Muy pocos de sus miembros son descendientes directos de europeos, o llevan apellidos de origen italiano, alemán, o cualquier otro extranjero, sin que eso descalifique a quien los tenga para ingresar a la Carrera por mérito. La Carrera es diversa, y su verdadero valor está en el conocimiento, el servicio y la experiencia, no en el origen social, en el apellido, ni en la cercanía al poder.</p>



<p>Colombia, según el censo de 2018, está compuesta casi en un 90% por mestizos, seguidos de afrodescendientes e indígenas, y la Carrera Diplomática refleja no solo esta realidad étnica, sino también al país en términos de género, de origen regional y estrato socioeconómico. Ahora bien, si no es aún más diversa, la responsabilidad no recae en las y los diplomáticos de Carrera. Esa es una deuda histórica de su Gobierno y de todos los anteriores, que no han hecho lo suficiente para ampliar la base de acceso. La responsabilidad recae en sus Cancilleres y en quienes los precedieron, no en quienes hemos ingresado por concurso público abierto, compitiendo con transparencia y mérito.</p>



<p>¿Quiere usted, señor presidente ser realmente inclusivo? Pues, a cambio de nombrar embajadores, con los gastos que ello representa, por un periodo poco mayor a un año, que es lo que queda de este Gobierno, ya que los Embajadores tienen en cada cambio de Gobierno la obligación de presentar su renuncia protocolaria al nuevo Presidente, lo que se debería hacer es, por una parte, ampliar el número de cupos en la convocatoria actual al Curso Anual de Formación Diplomática y, por otra, nombrar a los embajadores de Carrera que se han preparado toda una vida para el ejercicio del cargo. Con acciones como esas le abrirá la puerta a muchos jóvenes de todos los orígenes para competir de manera transparente en un concurso público de méritos, y aquellos que ocupen los primeros puestos por excelencia académica posterior a un año de estudios, podrán ingresar a la Carrera Diplomática y Consular para, después de más de dos décadas, cuando estén formados y tengan la experiencia, opten por mérito a ser embajadoras(es) de la República, cumpliendo exactamente el mismo proceso que hemos surtido todos quienes hoy&nbsp;&nbsp;pertenecemos a la Carrera.</p>



<p>Con esa medida, que solo requiere de la voluntad de su Gobierno y la firma de la señora ministra en una resolución, podrá además neutralizar el pretexto que han usado los Gobiernos anteriores y este, de que los funcionarios de Carrera no somos suficientes para cubrir todos los cargos y que, por esa razón, han debido nombrar a políticos o sus familiares, presentadores de televisión, hermanas de artistas, hijos de empresarios, entre otros.</p>



<p>Ahora bien, ¿afirmar que todos los diplomáticos de Carrera son excelentes? Por supuesto que no. Como en cualquier cuerpo profesional, hay personas que no están a la altura del honor que representa servir al Estado colombiano. Pero son la excepción, no la regla. Y si algo habría que revisar en los requisitos para ser embajador(a) de Colombia, no es para flexibilizarlos, sino para hacerlos aún más estrictos.</p>



<p>Representar al país no es un derecho automático para nadie, ni siquiera para quienes pertenecemos a la Carrera, y mucho menos para quienes son nombrados por fuera de la Carrera. Es un privilegio, un honor y una inmensa responsabilidad que debería reservarse a quienes puedan servir a Colombia con dignidad, competencia y profundo respeto por sus instituciones.</p>



<p>Ser embajador no debe seguir siendo una recompensa familiar o política. Debe ser el resultado de décadas de servicio al Estado por parte de personas que han recorrido el camino difícil, visitando con constancia y usando incluso sus propios recursos para asistir a los colombianos en adversas circunstancias, detenidos, enfermos; organizando jornadas consulares en fines de semana interminables, enfrentando los retos del sistema de pasaportes y de las limitaciones tecnológicas en los tramites; diseñando y ejecutando, muchas veces con recursos económicos propios, iniciativas para las comunidades en el exterior, embajadores y cónsules que enfrentan las más diversas situaciones de emergencia, con escasísimos recursos y apoyo, para salvaguardar los derechos de los colombianos en su vida e integridad, así como para preservar y defender los intereses de la Nación. Ser embajador debe ser un honor para quienes han dedicado su vida al servicio diplomático profesional, han invertido en estudiar más, aprender nuevos idiomas y formarse en temas especializados, con la única finalidad de servir mejor al país y ejecutar la política exterior de Estado, no para otros intereses.</p>



<p>Ahora bien, señor presidente, no todos los nombramientos políticos son malos. De hecho, la mayoría son personas íntegras y bien intencionadas. El problema no es su calidad humana: el problema de la mayoría es que no conocen el trabajo. No saben qué es una Nota Verbal, ni cómo se redacta, ni por qué importa; no conocen las formas diplomáticas, ni entienden que no se negocia igual que en el sector privado; muchos se frustran con las restricciones legales que regulan el gasto público y no comprenden que sus actos comprometen al Estado. En resumen, aunque tengan las mejores intenciones y sean personas decentes y respetables, no son idóneas para el cargo porque no tienen la formación ni la experiencia para ello.</p>



<p>Usted, señor presidente, y sus antecesores, parecen desconocer el enorme costo en recursos públicos que implican las largas curvas de aprendizaje que sus nombrados deben recorrer. Tampoco, cuántos errores y pérdidas para el Estado evitamos las y los diplomáticos de Carrera, normalmente en silencio y a menudo ganándonos la antipatía de nuestros jefes, simplemente para proteger la institucionalidad y la dignidad del país.</p>



<p>Reducir los requisitos para ser embajador no solo constituye una falta de respeto hacia quienes hemos ingresado y ascendido mediante concursos públicos, evaluaciones anuales, cursos rigurosos y exámenes de ascenso. Significa también abrir más la puerta para que el próximo Gobierno, como lo han hechos todos, nombre a más “amigos”, premiando vínculos políticos o familiares en lugar de capacidades profesionales. Usted, señor presidente, estaría haciéndole el favor más grande a los Gobiernos que lo precedieron y a los que seguirán: concretar el deterioro del servicio exterior, la crisis de su profesionalización y de su especialización. Estaría mancillando un régimen, que aún debe seguir consolidándose, construido con esfuerzo por hijas e hijos de obreros, de maestros, de contadores, de campesinas, de bachilleres, de economistas, de miembros de las FFMM, de amas de casa, etc., e integrado por personas que se han formado por décadas con denuedo para representar con dignidad y responsabilidad a Colombia y a los colombianos.</p>



<p class="has-medium-font-size">¿Sabe usted, señor presidente, cuántos de nosotros venimos de universidades públicas? ¿Cuántos terminamos nuestros estudios en universidades privadas gracias a becas de excelencia académica o a créditos del ICETEX? ¿Sabe usted que el 100 % de los diplomáticos de Carrera somos, bilingües y que casi todos somos políglotas? ¿Que la mayoría tenemos una o varias maestrías, cuando no doctorados? La Asociación Diplomática y Consular -ASODIPLO- le ha solicitado en varias ocasiones una reunión para que usted conozca los miembros de la Carrera, para que sepa la calidad de profesionales con que cuenta el Servicio Exterior de Colombia, con quienes cuenta usted como Jefe de las relaciones internacionales del país.&nbsp;No somos una élite privilegiada; somos colombianos y colombianas que nos hemos formado para servir a Colombia con responsabilidad y compromiso y que gracias a la Carrera Diplomatica y Consular, pudimos llegar a pertenecer al servicio exterior sin tener padrinazgos políticos ni apellidos “ilustres”.<img decoding="async" class="wp-image-117315" style="width: NaNpx" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/22203732/WhatsApp-comparacion-Image-2025-06-22-at-7.14.28-PM-2.tiff" alt="Funcionarios del servicio exterior: Carrera y Libre nombramiento o provisional."></p>



<p>Por eso, señor presidente, lo que pedimos no es un favor: es respeto. Respeto por un sistema de acceso al servicio público que ha sido construido con inmenso esfuerzo por quienes hacemos parte de él, con años de servicio lejos de casa y de nuestras familias. Respeto por una vocación que no busca aplausos ni cámaras, sino resultados para Colombia. Respeto por quienes hemos entregado nuestra vida a defender los intereses del país en los lugares más complejos del mundo. Porque, dicho sea de paso, los destinos difíciles están normalmente cubiertos por las y los diplomáticos de Carrera, y lo hemos hecho con entrega y compromiso; y bien sea en Viena o en Puerto Obaldía, en Beirut o Tel Aviv, en Barinas o en París, en Tokio o en Esmeraldas, nuestra visión es el Estado y las y los colombianos en el exterior.</p>



<p>Fíjese, señor presidente que usted está transitando por el mismo camino que recorrieron esos Gobiernos que, con tanta razón, critica por su falta de respeto y dignidad hacia el servicio público. Está repitiendo la historia que prometió cambiar, pues bien recordamos sus promesas de campaña, y en el proceso, está ignorando y desvalorizando a cientos de servidores y servidoras que hemos dedicado nuestras vidas, profesional y personalmente, al Estado colombiano, a quienes habiendo ingresado por mérito al servicio exterior, somos ejemplo vivo de cómo se reparan desigualdades. Presidente, está usted cayendo en el mismo desprecio por la institucionalidad, en la misma lógica clientelista de otros gobiernos, en el mismo daño profundo a un servicio exterior que merece ser fortalecido, no destruido.</p>



<p>Y esto lo escribe alguien que viene por un lado de una rama familiar con algo más de holgura, pero que, por otro, es orgullosamente nieta de una mujer humilde: una señora de los tintos en la Caja Agraria. Mi abuelita, de origen campesino, no tuvo diplomas ni títulos, pero tuvo algo que usted hoy desprecia: dignidad, esfuerzo y un amor inmenso por su familia. Con su trabajo silencioso y sacrificios enormes, sirviendo café y lavando grecas mientras otros tomaban decisiones, logró lo que parecía imposible: que sus hijos estudiaran, que soñaran con un futuro mejor. Mis primos y yo somos parte de ese sueño. Mis colegas de la Carrera Diplomática son la concreción de su esfuerzo y de los sueños de sus madres, padres y abuelos; sueños y logros que hoy, usted, señor presidente parece querer desconocer.</p>



<p>*<strong>Mónica Beltrán Espitia</strong>, es Ministra Plenipotenciaria de la Carrera Diplomática y Consular, profesional en Finanzas y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia y master en Ciencia Política, con especialización en Estudios de Mujeres, de la Universidad de Ottawa. Actualmente se encuentra en situación administrativa de disponibilidad, siendo su anterior designación la de Ministra Plenipotenciaria en la embajada de Colombia en Canadá.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>**<em> Las opiniones expresadas en los blogs corresponden a sus autores</em>.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=117313</guid>
        <pubDate>Mon, 23 Jun 2025 11:31:00 +0000</pubDate>
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        <title>CARRERA CONTRA LA CORRUPCIÓN: UNA APUESTA POR LA INSTITUCIONALIDAD*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/carrera-contra-la-corrupcion-una-apuesta-por-la-institucionalidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>La Carrera Diplomática —al no depender de cuotas ni padrinazgos— permite tener una visión de Estado de largo plazo. Esa visión no siempre coincide con la inmediatez de los intereses partidistas, pero es la que garantiza la continuidad institucional y la defensa del interés nacional más allá de los ciclos electorales.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>En Colombia, hablar de lucha contra la corrupción suele remitirnos a titulares escandalosos, promesas de mano dura o reformas legales que rara vez se implementan con eficacia. Hay, sin embargo, una herramienta poderosa —silenciosa, técnica, sostenible— que sigue siendo subvalorada: el fortalecimiento de las carreras administrativas. Esta estrategia, tan simple como revolucionaria, no solo ha demostrado ser eficaz, sino que constituye una de las vías más sólidas para garantizar la estabilidad institucional, reducir el clientelismo y proteger la democracia. Paradójicamente, también es una de las menos promovidas —y a veces, deliberadamente obstaculizada— por los gobiernos.</p>



<p><strong>Más allá del mérito: una lógica distinta de poder</strong></p>



<p>El mérito, como principio rector, no implica una superioridad moral. Los funcionarios de carrera no somos santos ni héroes. Somos, ante todo, profesionales que accedimos a cargos por medio de concursos públicos, no de favores ni lealtades. Nuestra única lealtad es, en general, con la ciudadanía y con los intereses permanentes del Estado. Esta lógica rompe de forma radical con las dinámicas que han gobernado históricamente el acceso al poder en Colombia: el clientelismo y el nepotismo.</p>



<p>El clientelismo fue, según una narrativa extendida, un “mal necesario” que permitió desescalar la violencia política histórica entre liberales y conservadores a través de acuerdos como el Frente Nacional. El poder se transaba. El problema no era solo ético, sino estructural: se vaciaba de contenido la participación democrática. El voto se convirtió en una moneda devaluada que compraba favores, contratos, servicios públicos. El ciudadano no votaba para cambiar, sino para sobrevivir.</p>



<p>Con el tiempo, surgieron proyectos que prometieron acabar con esa lógica. Pero muchos simplemente reemplazaron la transacción por la lealtad personal a un caudillo. Al clientelismo se le opuso el nepotismo, donde lo importante ya no era negociar beneficios, sino demostrar fidelidad incuestionable a un líder o a una causa. Ambas formas son distintas caras de una misma moneda: restringen el acceso equitativo al poder y erosionan la democracia.</p>



<p>Frente a estas dinámicas, las carreras administrativas ofrecen otra ruta. Una ruta menos espectacular, pero más duradera. Una que no depende del favor del poderoso de turno, ni de la transacción circunstancial, sino de la preparación, la competencia y el servicio público. Mientras el clientelismo necesita que las personas pidan favores y el nepotismo exige que sigan ciegamente un mandato, las carreras administrativas permiten que los derechos se ejerzan sin intermediarios.</p>



<p><strong>La Carrera Diplomática y Consular: un caso particular</strong></p>



<p>Las carreras administrativas no son populares con los gobiernos que demuestran su rechazo evitando que sean convocadas a concurso público. Pueden pasar años antes de que abra una convocatoria y, una vez abierta, pueden pasar otros tantos años antes de que se complete su proceso. La Carrera Diplomática y Consular debe convocarse anualmente por ley. Esa obligación formal dificulta maniobras dilatorias, por esto, el rechazo de los políticos se materializa de otras maneras, usualmente, tratando de deslegitimar a sus integrantes.</p>



<p>Cada nuevo gobierno, sin importar su color, parece repetir el mismo libreto: acusa a los diplomáticos de carrera de ser adversarios, de pertenecer a la oposición. Las etiquetas cambian, pero el patrón se mantiene pendularmente: la derecha nos tilda de ser de izquierdas; la izquierda, de ser de derecha. Lo que incomoda no es, por supuesto, la ideología, ya que lo que guía nuestros actos es la legalidad; lo que incomoda es la autonomía.</p>



<p>Para la lógica política, que gira en torno a la transacción o la lealtad, resulta desconcertante que haya funcionarios que no deban su cargo a pactos políticos, que no necesiten pagar favores para mantenerse. Que, sencillamente, estén ahí para hacer su trabajo.</p>



<p>Es necesario hacer énfasis en esto: los funcionarios de carrera estamos dedicados a servir, no somos un obstáculo, ni un lastre para los gobiernos. Las carreras administrativas son una herramienta poderosa para gobernar bien. Están constituidas por profesionales entrenados para transformar las decisiones políticas legítimas en acciones sostenibles, técnicas y alineadas con los intereses permanentes del país. No nos oponemos al poder democrático; lo canalizamos de forma efectiva.</p>



<p>La naturaleza misma de la Carrera Diplomática —al no depender de cuotas ni padrinazgos— permite tener una visión de Estado de largo plazo. Esa visión no siempre coincide con la inmediatez de los intereses partidistas, pero es la que garantiza la continuidad institucional y la defensa del interés nacional más allá de los ciclos electorales.</p>



<p><strong>Fortalecer las carreras, democratizar el Estado</strong></p>



<p>Las carreras administrativas, como espacios de mérito, son también vehículos de inclusión. La Carrera Diplomática y Consular ha avanzado, gracias a la acción de sus propios integrantes —especialmente a través de la Asociación Diplomática y Consular -ASODIPLO— en reducir barreras de entrada para jóvenes de todo el país. Hoy existen asignaciones económicas para los estudiantes del curso de formación gracias a la acción de la Asociación que además estableció un programa de becas para personas en situación de vulnerabilidad y solicitó la modificación del concurso para que sea posible presentar las pruebas escritas en todo el territorio nacional.</p>



<p>Aún falta mucho por trabajar en la inclusión, tanto en esta como en muchas de las carreras administrativas del estado, pero hemos logrado avances significativos para democratizar el servicio exterior colombiano. Somos los mismos diplomáticos de Carrera quienes hemos luchado porque la representación del país en el mundo no dependa del apellido o del padrino político, sino del talento y del compromiso de quienes, desde distintos orígenes, quieren servir a Colombia con dignidad.</p>



<p><strong>El futuro de la diplomacia colombiana</strong></p>



<p>La Carrera Diplomática y Consular no pertenece a ningún gobierno. Es patrimonio de todos los colombianos, es una herramienta para quienes están dispuestos a comprometer su vida con la construcción del Estado. Defenderla no es un acto de corporativismo, sino de responsabilidad democrática. Es por ello que existe una preocupación creciente por la reducción del número de plazas: para el próximo concurso de ingreso; los cupos se disminuyeron de 40 a 25.</p>



<p>Esta disminución no es un simple ajuste técnico. Significa, en la práctica, un mayor margen para la discrecionalidad, un retroceso en la lucha contra la provisionalidad y una oportunidad perdida para fortalecer la institucionalidad con más funcionarios de carrera. La única forma sostenible de reducir los nombramientos provisionales —tan propensos a la inestabilidad y al clientelismo— es aumentando el número de servidores que ingresan por mérito.</p>



<p>Las carreras administrativas no deben ser una excepción dentro de la administración pública, sino una regla. La lógica del mérito debe extenderse, no recortarse. Y toda decisión que la debilite debe ser vista como una alarma institucional.</p>



<p>Las carreras no son perfectas, pero su aporte a la democracia es fundamental: el acceso por méritos, la continuidad institucional, el compromiso con el interés general. Esa es la verdadera carrera contra la corrupción. No se corre esa carrera con discursos, sino con instituciones fuertes. No se gana con líderes providenciales, sino con profesionales comprometidos. Y no se sostiene desde la improvisación, sino desde la convicción profunda de que el poder debe estar al servicio del bien común.</p>



<p>No quiero dejar escapar esta ocasión para hacer una invitación indispensable a la luz de lo que se ha mencionado en este texto: Todos los colombianos pueden y deben apropiarse del Estado; una forma de hacerlo es velando por las carreras administrativas y participando en ellas. Por ello cabe extender una invitación a todas las personas interesadas en el servicio público, a quienes sueñan con representar al país y construir instituciones fuertes, a los jóvenes de todas las regiones de Colombia que creen en el poder transformador del mérito, los invitamos a presentarse al próximo concurso de ingreso a la Carrera Diplomática y Consular. Toda la información está disponible en la página de la Academia Diplomática Augusto Ramírez Ocampo. Este puede ser el primer paso de una vida dedicada al servicio del Estado.</p>



<p>*Carlos Arturo García Bonilla: Ingeniero de la Universidad Industrial de Santander con maestría en Educación. Primer Secretario de la Carrera Diplomática y Consular de Colombia, actualmente es Cónsul de Colombia en Sao Pablo, Brasil.&nbsp;</p>



<p>**<em> Las opiniones expresadas en el blog corresponden únicamente a los autores y no comprometen a la Asociación Diplomática y Consular de Colombia -ASODIPLO, ni al Ministerio de Relaciones Exteriores. </em></p>



<p></p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
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        <pubDate>Wed, 07 May 2025 16:57:18 +0000</pubDate>
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        <title>¿QUÉ QUEREMOS LOS DIPLOMÁTICOS?*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/queremos-los-diplomaticos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Son muchas cosas las que queremos los diplomáticos y siempre es arriesgado intentar hablar en nombre de un grupo; sin embargo, hay algunas cosas que considero que son constantes, no sé si unánimes, pero definitivamente mayoritarias entre los miembros de la carrera diplomática y consular de Colombia. Me atrevo a asomarme a estas cosas porque [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p class="p1">Son muchas cosas las que queremos los diplomáticos y siempre es arriesgado intentar hablar en nombre de un grupo; sin embargo, hay algunas cosas que considero que son constantes, no sé si unánimes, pero definitivamente mayoritarias entre los miembros de la carrera diplomática y consular de Colombia.<span id="more-98826"></span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Me atrevo a asomarme a estas cosas porque he tenido la oportunidad de compartir en dos de los principales espacios que agrupan a los diplomáticos de carrera: la Asociación Diplomática y Consular de Colombia “ASODIPLO” que agrupa a la mayoría desde hace más de 42 años y la Unión de Diplomáticos de Carrera “UNIDIPLO” de más reciente creación y de carácter sindical. Estas dos agremiaciones, desde sus propios espacios y naturaleza, buscan el fortalecimiento y la profesionalización del servicio exterior colombiano.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">ASODIPLO, con una labor de gran constancia, trabaja desde el prestigio y posicionamiento que le da su larga trayectoria con importantes logros para el fortalecimiento de la Carrera en Colombia y desde el peso intelectual que ha obtenido mediante publicaciones como este blog y la revista Orbis, así como mediante la participación de sus miembros en congresos, foros, actividades académicas, etc. UNIDIPLO, de creación más reciente, utiliza otras herramientas dada su naturaleza jurídica, como la presentación del pliego de peticiones ante la mesa de negociación del Ministerio de Relaciones Exteriores en calidad de sindicato de los funcionarios de carrera diplomática. </span></p>
<p class="p2"><span class="s1">La labor de estas agrupaciones, y lo que los diplomáticos hemos exigido en tales espacios o por otros medios, no se reduce simplemente a aspiraciones de mejoras laborales como salarios más altos o más vacaciones o privilegios especiales. Considero que nuestras preocupaciones se pueden agrupar en tres líneas principales:</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">1. Herramientas para hacer nuestro trabajo.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Disponer de un cuerpo diplomático profesional y no proporcionarle herramientas es equivalente a disponer de un ejército entrenado y enviarlo a la guerra sin armas o con armas que no funcionan bien. Son muchos los casos en los que tenemos que enfrentarnos a este tipo de situaciones, el más notorio, probablemente, sea el de la atención consular.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Pasa con demasiada frecuencia que nuestros connacionales acuden a los consulados para hacer un trámite y este no se puede efectuar porque no hay sistema. El Sistema Integral de Trámites y Atención al Ciudadano “SITAC” es obsoleto y falla constantemente. Es comprensible que los usuarios, que a veces viajan horas para hacer sus trámites, se sientan frustrados cuando no son atendidos debido a estos fallos. Nosotros compartimos esa frustración, especialmente porque somos quienes debemos dar la cara frente a ella. ASODIPLO se ha reunido varias veces con diferentes administraciones de la Cancillería para solicitar una solución efectiva y ha publicado análisis y estudios al respecto; esto también es parte del pliego de peticiones de UNIDIPLO. Con ello lo que demostramos es que queremos hacer mejor nuestro trabajo: atender las necesidades de los colombianos en el exterior, y no podemos hacerlo si no tenemos las herramientas para ello.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Este problema no se limita a lo consular. Ocurre también que tenemos a veces un ejército que se prepara para luchar y luego no es enviado a la batalla. Una de las labores de los diplomáticos es realizar un ejercicio minucioso de análisis para establecer la posición del país frente a un tema que puede ser de vital importancia, lo lamentable es que cuando llega el momento de la negociación internacional, muchas veces no podemos asistir porque nos niegan la comisión. La ausencia de nuestros diplomáticos en estos espacios se convierte en un retroceso para el país. La ausencia no suele ser la mejor forma de ganar una batalla.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Estos y otros ejemplos son aún más incomprensibles si tenemos en cuenta que el año pasado Cancillería devolvió una parte sustancial de su presupuesto no ejecutado. Entonces, está claro que, por un lado no disponemos de herramientas apropiadas para hacer nuestro trabajo y, por otro lado, se cuenta con el presupuesto para adquirir estas herramientas, pero no se emplea. Creo que todos, funcionarios y usuarios, estamos de acuerdo en la importancia, en la necesidad de que se estos recursos se inviertan en proporcionar las herramientas apropiadas para atender a los colombianos y para defender los intereses de Colombia.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">2. Profesionalización del servicio exterior.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">El término “profesionalización” puede sonar ambiguo ya que sugiere que no existen personas con título universitario en el servicio exterior. Lamentablemente, ocurre; sin embargo, no se trata de esto. Que se entienda el alcance de lo que significa un servicio exterior profesional, ha sido una de las labores constantes y más productivas de la Asociación Diplomática -ASODIPLO. La profesionalización del servicio, se refiere a la necesidad de contar con funcionarios especializados y dedicados a una labor, en contraste con la asignación a dedo de personas que desempeñan ocasionalmente esa labor sin un conocimiento especializado o una dedicación específica a ella. En general, se refiere a la creación de carreras en las funciones públicas.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Con frecuencia se habla de la asignación de embajadores que no son de carrera. Al respecto, la constitución de Colombia es clara: los cargos de embajador son de libre nombramiento y remoción, y corresponde al presidente designar a las personas para estos cargos siempre que cumplan con los requisitos para ello (uno esperaría que estos requisitos sean por lo menos los que se exigen para ingresar al rango más bajo de la carrera diplomática: ser colombiano y no tener doble nacionalidad, contar con un título profesional y hablar un segundo idioma de uso diplomático).</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Sin embargo, el problema no se limita a la designación de embajadores, que está amparada por la ley. Es la designación de diplomáticos en todos los otros rangos lo que se convierte en una práctica injustificable y velada. En todos los servicios exteriores se cuenta con embajadores que no son de carrera, pero en ningún servicio diplomático serio se tienen funcionarios diplomáticos provisionales en todos los rangos. Basta con mirar la diplomacia de Estados Unidos o Brasil, por poner un par de ejemplos. Siguiendo con la analogía del ejército, esto es equivalente a designar como coronel o mayor a alguien que no tiene el menor entrenamiento o experiencia en combate y enviarlo a la batalla solo porque es de mi círculo de amigos: lo más probable es que obtenga una derrota.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">El ingreso a la carrera diplomática y consular de Colombia se hace por concurso de méritos. Esto significa que los diplomáticos de carrera no tenemos deudas con uno u otro político o partido. Tenemos una deuda con el Estado y un compromiso con nuestro país, y por ello tenemos la autonomía y la capacidad para ponernos al servicio de nuestros connacionales sin distinguir colores políticos. Como cualquier cuerpo de carrera, servimos a nuestros conciudadanos bajo los lineamientos que establece cada gobierno y controlamos y vigilamos que la administración de los recursos públicos sea democrática. Es por ello por lo que la Asociación Diplomática y Consular de Colombia -ASODIPLO, ha dedicado varias décadas a la profesionalización del servicio exterior y por lo que uno de los puntos del pliego de peticiones de UNIDIPLO es el aumento de cupos de ingreso a la carrera diplomática: para que más colombianos puedan acceder a ella por mérito y así contemos con más funcionarios cuyo único compromiso sea con el país.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">3. Fortalecer la política exterior de Colombia.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Nuestro trabajo es defender los intereses de Colombia en el escenario internacional y asistir a los colombianos en el exterior. Los puntos anteriores: contar con herramientas adecuadas y profesionalizar el servicio exterior, le apuntan directamente a nuestro interés en fortalecer la política exterior de Colombia. Son muchas las cosas que suman a este propósito y que los diplomáticos hemos solicitado desde hace tiempo: transparencia en la administración de recursos, celeridad en los procesos, fundamentación en la toma de decisiones. Este último punto es de vital importancia para nuestro país.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Si bien es cierto que muchos de los aspectos de la diplomacia requieren de reserva, también es cierto que esta reserva se emplea muchas veces en forma equívoca para favorecer una opacidad en los procesos del Ministerio. Esta falta de transparencia hace que muchas decisiones parezcan arbitrarias e inconsecuentes, en todos los niveles. Tenemos demasiada discrecionalidad en muchos de los procesos y así no es difícil que se presenten situaciones ambiguas. Un ejemplo es la asignación de destinos de los diplomáticos. ¿Cuáles son los criterios para que se asignen? ¿Por qué algunas solicitudes son atendidas y otras son ignoradas incluso cuando presentan las mismas condiciones?</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Queremos una Cancillería que responda a los desafíos actuales de la diplomacia, una Cancillería fortalecida y modernizada, un Ministerio con procesos claros, con rutas institucionalizadas, con procesos de toma de decisiones basados en evidencia científica, una cancillería participativa y democrática abierta a todo el país, y no solo a unos cuantos, que cuente con los recursos necesarios para atender las necesidades de los colombianos y para defender los intereses de Colombia con fuerza, con solidez, con eficiencia. Esto es, principalmente, lo que queremos los diplomáticos.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">*Carlos García, es Ingeniero Químico con maestría en Eduación y estudiante de doctorado en Pensamiento Complejo. Primer Secretario de Carrera Diplomática y actualmente coordinador de divulgación y selección para el ingreso a la Academia Diplomática.</span></p>
<p>** Las opiniones expresadas en el blog corresponden únicamente a los autores y no comprometen a la Asociación Diplomática y Consular de Colombia “ASODIPLO”.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98826</guid>
        <pubDate>Thu, 28 Mar 2024 16:18:51 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿QUÉ QUEREMOS LOS DIPLOMÁTICOS?*]]></media:description>
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                            </item>
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        <title>INSTANTÁNEAS DE RODRIGO PARDO GARCÍA PEÑA*</title>
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        <description><![CDATA[<p>Se escribirá mucho en memoria de Rodrigo Pardo, gran colombiano cuya temprana partida ha lamentado el país entero.  Estas líneas son sólo para recordarlo en aspectos particulares de su actuación como canciller. El presidente Samper tuvo el acierto de anunciar su nombramiento antes de asumir, con lo que cortó de plano con intrigas y expectativas. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Se escribirá mucho en memoria de Rodrigo Pardo, gran colombiano cuya temprana partida ha lamentado el país entero.  Estas líneas son sólo para recordarlo en aspectos particulares de su actuación como canciller. El presidente Samper tuvo el acierto de anunciar su nombramiento antes de asumir, con lo que cortó de plano con intrigas y expectativas. Había tensiones y malestar en la cancillería. Un buen número de quienes habían concursado y cumplido con todos los requisitos para ingresar al servicio diplomático orbitaba por los pasillos sin saber de su destino. No los querían nombrar y alguien se había inventado la tesis de que pertenecían a una lista de elegibles que había caducado. Bajo el nuevo canciller se logró la incorporación de todos, y de contera el ministro Pardo también logró la reclasificación de la nomenclatura en el servicio civil, con lo que puso a los terceros y segundos secretarios diplomáticos en los grados que correspondían a las funciones y categoría del empleo. Léase aumento de salarios.<span id="more-98416"></span></p>
<p>Algunos funcionarios querían que al nuevo ministro se le hiciera llegar una carta un poco pedante en nombre de la Asociación Diplomática, que otros consideraban inoportuna: había que dejar que las sábanas se enfriaran y que el nuevo incumbente se acomodara antes de caerle con pretensiones y sugerencias. Un semi plebiscito interno acordó la mesura, y para sorpresa de todos fue el propio canciller Pardo el que invitó a las directivas de la Asociación Diplomática a un saludo protocolario. En ese evento se deslizaron dos grandes ideas que coincidían totalmente con nuestro pensar. Una era que la cancillería no resistía ya más reformas y reestructuraciones; y, la otra, lo que Pardo llamó “la revolución de las cosas pequeñas”. Algo que cumplió a cabalidad. Se rodeó de excelentes académicos, patrocinó todo lo que fuera el desarrollo institucional y la formación de los diplomáticos y poco a poco revivió en todos los recintos de San Carlos el espíritu de servicio y el compañerismo que son tan necesarios para el descargo eficiente de funciones.</p>
<p>Uno de los problemas con que tuvo que lidiar estrenando su cargo tuvo que ver con el Concordato con la Santa Sede, firmado en 1973. A partir de la carta de 1991 siempre ha existido la idea de adecuarlo a las nuevas disposiciones constitucionales. El canciller se encontró con un proyecto de reforma elaborado por algún asesor ya olvidado, y lo envió a la Oficina Jurídica para concepto. Yo había quedado encargado por unos días y al ver el proyecto tuve que enviarle al ministro un memorando urgente en el que le garantizaba que se estudiaría a fondo el proyecto, pero que no teníamos antecedente alguno y que un tratado, por ser en esencia una expresión de una coincidencia de voluntades en asumir un compromiso jurídico internacional, no podía reformarse unilateralmente. El proyecto que le habían ensartado era una nota rupestre dirigida al Nuncio Apostólico, en la que sin preámbulo alguno se le informaba que el pacto quedaba modificado en los términos de la misma nota. El lenguaje que campeaba en el proyecto era deslenguado. Baste con señalar que en lugar de sacerdotes, clérigos o prelados se usaba la expresión “curas”, que probablemente no fuera muy del agrado de la Santa Sede.</p>
<p>Apenas leyó el memorando el canciller me llamó y sin misterio alguno me comentó que en unos minutos llegarían los juristas Carlos Holguín y Fernando Hinestroza para tratar el tema, y que no había antecedentes de esa peculiar negociación. Los asesores se habían llevado todo. No tuvimos más que unos cinco minutos para preparar la entrevista. Quedé sorprendido por el aplomo del canciller. Tenía cara de mandarín, inescrutable. Escuchó con atención todo lo que le expusieron y de vez en cuando me daba indicaciones, a las que yo asentía con aire de estar bien empapado del asunto.  Logramos navegar en ese torbellino sin naufragar.</p>
<p>Agrego a este sencillo homenaje una anécdota. El canciller Pardo me encargó de la Academia Diplomática, un gran honor. Le dediqué muchos meses, pero un día tuve que enviarle un escrito en el que le agradecía la deferencia pero le hacía saber que me había rebajado el sueldo, que de por si era exiguo. Resulta que el funcionario al que remplacé siguió devengando el salario del director de la Academia, y el 50% de ese salario como ñapa de prima técnica, no por capacidades sino por el cargo. Yo seguí recibiendo un salario muy inferior, correspondiente a un cargo fantasma en planta global, pero me desmocharon un 20% que recibía como prima asignada al coordinador de tratados.</p>
<p>La solución que se ingenió alguien fue que para compensar la rebanada del salario me reconocieran una prima técnica por capacidades, equivalente al 20% del salario, no del cargo que desempeñaba, sino del que figuraba en nómina.  Yo llevaba unos diez años reclamando esa prima por capacidades, que es de índole personal y no depende de la posición, señalando que en la cancillería había una clara discriminación, pues a quien le dieran un cargo le regalaban el 50% del salario como prima técnica, mientras que a quienes demostraban poseer títulos, estudios y experiencia, los blanqueaban o negreaban equitativamente en cuanto a designaciones en cargos de peso, y tampoco les reconocían la prima por capacidades.</p>
<p>La paradoja es que tuve que enviarle al canciller otro memorando para agradecerle el reconocimiento de la prima, pero declinándola. Observé que como sólo me reconocían el 20% del salario significaba que se me consideraba 30% más bruto que los especímenes que por simple razón del cargo recibían el 50%.  Hubo un cocktail esa noche y ese caballero serio pero con gran sentido del humor que era Rodrigo Pardo me saludó y con gracia y sorna me dijo que había solucionado el problema nombrándome embajador.</p>
<p>En cuanto al Concordato, pertenece al elenco de las indefiniciones de la realidad colombiana, aquellas cosas que son como Hepatodrem, que hay que preguntar si se tiene y para qué sirve. Entre otros, el tratado de extradición con los Estados Unidos, las morrocotas de oro del galeón San José y el regreso del Tesoro Quimbaya; la órbita sincrónica geoestacionaria;  la ruta del Sol, la doble calzada a Girardot, el túnel de la línea y el metro de Bogotá; o las máquinas tapahuecos y los 40 camiones carro tanque para regar de agua la Guajira.</p>
<p>Rodrigo Pardo ingresa al Valhalla colombiano, el de los personajes que han dado lustre a la República. Siempre lo recordaremos.</p>
<p>*José Joaquín Gori Cabrera. Embajador de Carrera (r), doctor en jurisprudencia de la Universidad del Rosario, especializado en Derecho Internacional Público de la misma universidad; egresado del <em>Foreign Sevice Programme</em> de la Universidad de Oxford y catedrático de derecho de los tratados y derecho internacional.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
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        <pubDate>Tue, 27 Feb 2024 17:16:26 +0000</pubDate>
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        <title>LECCIONES DE MANUAL: EL DIPLOMÁTICO PROFESIONAL*</title>
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        <description><![CDATA[<p>El pasado 7 de octubre se adelantaron las pruebas escritas del concurso de ingreso a la Carrera Diplomática y Consular de Colombia, lo cual marca un año más en uno de los procesos más transparentes y meritocráticos en el país. Sea hace tres décadas o hace poco más de un año, quienes hemos pasado por [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>El pasado 7 de octubre se adelantaron las pruebas escritas del concurso de ingreso a la Carrera Diplomática y Consular de Colombia, lo cual marca un año más en uno de los procesos más transparentes y meritocráticos en el país. Sea hace tres décadas o hace poco más de un año, quienes hemos pasado por dicho concurso creemos en el mérito, aspiramos a que la diplomacia del país sea conducida por diplomáticos profesionales y tenemos la firme convicción de que la vocación de servicio es lo que define al buen funcionario público.</p>
<p><span id="more-96895"></span></p>
<p>Como estudiante del Curso de Capacitación Diplomática y Consular para ingresar a la Carrera Diplomática y Consular colombiana en el 2024, a menudo me cuestiono sobre qué es lo que hace a un buen diplomático.  Aunque solo la experiencia podrá responder a esta pregunta, quienes apenas damos nuestros primeros pasos en la diplomacia no debemos cesar en la búsqueda de respuestas.</p>
<p>En esta ocasión, quisiera traer a colación un manual que ha servido como guía para diplomáticos durante los últimos 80 años. <em>La Diplomacia</em> de Harold Nicolson propone algunas ideas sobre lo que constituye ser un buen diplomático, refiriéndose, por supuesto, a un diplomático profesional. Nicolson fue un hombre de su época y debe leerse como tal. Sin embargo, aunque <em>La Diplomacia</em> fue impreso por primera vez en 1939, contiene lecciones que siguen vigentes.</p>
<p>Una tesis central del libro resalta que siempre será deseable que la política exterior de un país sea manejada por profesionales entrenados en su oficio. Así como la construcción de un importante puente debería delegarse a los ingenieros más capaces, la conducción de los asuntos internacionales de un Estado debería delegarse a quienes más se han preparado para tal fin. Esto es algo que no solo han entendido las grandes potencias de nuestra época, sino también numerosos países en nuestra región.</p>
<p>Esto no hace referencia solo a los conocimientos y la experiencia del funcionario. Un diplomático profesional tiene numerosas ventajas que deben ser consideradas: no tiene la presión de conseguir éxitos apresurados; no se deja asaltar por convicciones, simpatías e impulsos; es respetuoso de las formalidades y convenciones de la diplomacia; no tiende a causar ofensa cuando pretende inspirar afabilidad; y no corre el riesgo de enviar informes a su gobierno que prioricen su perspicacia y buena gestión por encima de hechos sinceros y balanceados.</p>
<p>Colombia ha tenido grandes embajadores que no han sido necesariamente diplomáticos profesionales y que, a pesar de ello, han tenido gran mérito y una larga formación. El hecho reside en que los diplomáticos profesionales son quienes se han formado académicamente de forma exhaustiva, pero, además, se han formado durante toda una vida para servir a su país. Como en otras profesiones, el buen diplomático es juzgado no solo por su brillantez, sino sobre todo por su rectitud. El diplomático profesional, como cualquier persona, desea ser visto como hombre o mujer de honor por parte de aquellos a quienes respeta. Esto ha derivado en un espíritu de cuerpo que privilegia el mérito y la buena gestión.</p>
<p>A su vez, la idea del diplomático profesional, concebida dentro del servicio civil, ha sido diseñada para ser apartidista. Su lealtad es últimamente con el Estado y, a partir de allí, con el gobierno que ha sido elegido para liderarlo. La labor del funcionario profesional consiste entonces en poner su experticia a disposición del gobierno, sea cual sea, brindarle consejo y, de ser necesario, levantar objeción. Sin embargo, si tal consejo es descartado por el ministro, es deber y la función del funcionario profesional ejecutar su instrucción.</p>
<p>Lo anterior refleja la existencia de un contrato implícito entre gobierno y servicio civil. El segundo debe servir a todo gobierno constitucional sin importar su partido o ideología y, a cambio, se espera que el primero conceda su confianza a todos los funcionarios públicos, independientemente de sus supuestas orientaciones políticas. Sin duda alguna, Colombia aún tiene mucho por aprender de este contrato, el cual a su vez permite mantener la memoria institucional y la continuidad de nuestra política exterior. Además, es de gran utilidad que, cuando un tomador de decisión se enfrente a una visión emocional o sentimental sobre la política exterior, pueda acudir al consejo de un funcionario capacitado y puesto a su disposición para dicho fin.</p>
<p>Suma también que el diplomático profesional debe ser concebido como un servidor del pueblo, no como una figura ajena y lejana. El diplomático sirve al ministro de Relaciones Exteriores, quien es nombrado por el presidente, quien a su vez es elegido por el pueblo. Adicionalmente, la ciudadanía puede tener la plena seguridad de que el diplomático profesional está allí para servirle, pues ha dedicado su vida a esa labor y no mediarán en su trabajo las transacciones políticas partidistas.</p>
<p>Esto me  lleva a revisar un punto central en la propuesta de Nicolson, quien propone también que el arte de la negociación y la diplomacia requiere una combinación de ciertas cualidades especiales. Nicolson afirma que estas no se hallan en el político promedio, tampoco en el ciudadano promedio, porque requieren de toda una vida de trabajo y preparación para llegar a ser perfeccionadas. Aunque fueron planteadas hace más de 80 años, siempre resulta útil recordar aquellos valores a los que aspira el diplomático profesional en el desarrollo de su profesión y le permiten desempeñar su labor con éxito.</p>
<p>El diplomático ideal debe tener <strong>veracidad</strong>, es decir, debe esforzarse por no dejar ninguna impresión incorrecta sobre la mente de aquellos con quienes trata, lo cual requiere de un escrupuloso cuidado para evitar la sugerencia de lo falso o la supresión de lo verdadero. El diplomático ideal también debe tener <strong>precisión</strong>, sea tanto en exactitud intelectual como moral. Aparte de sus conocimientos, el diplomático profesional destaca porque se guía durante toda su vida por los métodos y procedimientos diplomáticos, usualmente escritos.</p>
<p>Una tercera cualidad esencial del diplomático profesional es la <strong>calma</strong>. Se espera que el diplomático no muestre irritación y que evite toda animosidad y predilección personal, todo entusiasmo, prejuicio, vanidad, exageración, dramatización e indignación moral. Son estos vicios propios del ser humano, comúnmente vistos en la política, y requieren una vida de entrenamiento que solo tendrá el diplomático profesional para ser moderados. A su vez, la cualidad de la calma debe expresarse en dos direcciones. Primero, el diplomático ideal deberá tener <strong>buen temperamento</strong>, o al menos debe tener la capacidad de mantener su mal temperamento bajo perfecto control. Segundo, el diplomático ideal debe ser extraordinariamente <strong>paciente</strong>.</p>
<p>Para Harlod Nicolson, tal vez la virtud más importante que debe tener un diplomático es la <strong>modestia</strong>. La vanidad en el funcionario puede llevarlo a descartar el consejo o las opiniones de aquellos que tienen más experiencia y conocimientos sobre un país o un tema específico. La vanidad lo deja vulnerable ante las adulaciones o ataques de aquel con quien negocia. La vanidad lo lleva a tomarse de manera muy personal la naturaleza y los propósitos de sus funciones. Peor aún, la vanidad puede prevenir que un embajador reconozca que no entiende la situación que está tratando. Entre los defectos diplomáticos, la vanidad personal es sin duda el más común y el más desventajoso.</p>
<p>Finalmente, la última gran cualidad del diplomático ideal es la <strong>lealtad</strong>. Nicolson dirá que el diplomático profesional es gobernado por diferentes tipos de lealtades que incluso pueden entrar en conflicto. Le debe lealtad a su Estado, a su gobierno, a su ministro, a su ministerio y a su propio personal. Así mismo, debe una lealtad diferente al gobierno frente al que está acreditado o a la contraparte con la que negocia. Solo un funcionario experimentado aprende a manejar estas lealtades y a saber priorizarlas a partir de lo que se espera de él.</p>
<p>Existen varios trabajos que hablan sobre la relación entre profesionalización del servicio exterior y desempeño de la política exterior como ‘¿Qué diplomacia necesita Colombia?’ de Tickner, Pardo y Beltrán del 2006, ‘Los diplomáticos colombianos y la toma de decisiones de la política exterior de Colombia’, de Puyana del 2008, ‘La Cancillería  y el servicio exterior colombiano’ en la Misión de Política Exterior de Colombia de 2010 o ‘Percepción de la política exterior colombiana desde un enfoque biologista de género’ de Monroy del 2016. No obstante, sería necesario realizar nuevas investigaciones sobre este tema y analizar cómo se ha afectado gracias a los cambios domésticos, regionales e internacionales que han sucedido en los últimos años.</p>
<p>Como se explicó previamente, Nicolson señala la veracidad, la precisión, la calma, el buen carácter, la paciencia, la modestia y la lealtad como las siete virtudes que debe tener el diplomático ideal. El lector puede preguntarse dónde se dejan entonces los conocimientos, la hospitalidad, la inteligencia, el discernimiento, la prudencia, el encanto personal o la destreza. Concluyo este texto adhiriéndome a una de las grandes conclusiones de Nicolson en su libro: “En momento alguno las he olvidado. Las doy por supuestas”.</p>
<p>*David Greiffenstein Palacios es internacionalista y politólogo de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente adelanta el Curso de Capacitación Diplomática y Consular 2023 para quienes aspiran a ingresar a la Carrera Diplomática y Consular de Colombia.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=96895</guid>
        <pubDate>Sat, 21 Oct 2023 15:38:50 +0000</pubDate>
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