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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Carlos Roberto Pombo Urdaneta | Blogs El Espectador</title>
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        <title>De chicha y enchichados: La historia de los odios políticos en Colombia</title>
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        <description><![CDATA[<p>Un nuevo libro cuenta que la chicha y las chicherías, herencia indígena del periodo colonial, ayudaron a escribir la historia de la violencia política durante el siglo pasado. La radio y la oratoria hicieron su parte. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-5a0067b30be14ee73a5f7a86064f2d7c"><strong><em>“Colombia ha sido un país desangrado por una violencia alentada por líderes políticos, religiosos y sociales”:</em> Carlos Roberto Pombo, historiador.</strong></p>



<p>Este libro debería leerse en colegios y universidades.&nbsp;Aparece en un momento clave en que los odios políticos andan desatados no solo en Colombia, sino en el mundo.</p>



<p>Ubíquese en los años 30 del siglo XX. Imagine que Colombia es una persona. Piense en una criatura que, chicha&nbsp;o aguardiente en mano, se tambalea de la borrachera, mientras en la otra mano sostiene un arma; un machete, por decir algo. Esa persona departe con otras en una chichería de cualquier pueblo o ciudad, pongamos Bogotá. Todas escuchan a través de la radio los feroces discursos de unos políticos también feroces. En la mente de los radioescuchas hay sed de venganza. Los azules quieren comerse vivos a los rojos: conservadores y liberales son el agua y el aceite. Hay que hacerse matar. &nbsp;</p>



<p>El libro&nbsp;<em>“Discordia y progreso: La primera mitad del siglo XX en Colombia”&nbsp;</em>recorre los acontecimientos, buenos y malos, que van desde la Guerra de los Mil Días hasta el Frente Nacional. Su autor, el historiador Carlos Roberto Pombo, actual presidente de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá, propone una tesis novedosa, según la cual tres elementos contribuyeron a la sinrazón: el consumo de licor, la oratoria política cargada de sectarismo y la radio que llegó para amplificar esos discursos y alborotar a las masas.</p>



<p>Fue&nbsp;“la guerra civil no declarada entre el Partido Liberal y el Partido Conservador”, anota en el prólogo el escritor Juan Esteban Constain.&nbsp;<em>“No todos las muertes tuvieron una motivación política”</em>, aclara el historiador.</p>



<p>El Frente Nacional viene siendo el&nbsp;<em>mea culpa</em>&nbsp;de los dos partidos políticos tradicionales por los desmanes que ocasionaron, aunque al final lo que hicieron fue alternarse el poder. &nbsp;</p>



<p>Incluso se ejercía violencia contra los propios copartidarios. <em>“En algunos casos la filiación política de las víctimas no interesaba a los victimarios. Eso explica por qué hubo numerosas masacres llevadas a cabo por liberales donde los muertos eran liberales, y lo mismo ocurrió con aquellas perpetradas por conservadores donde los muertos eran conservadores”, </em>escribe el autor:</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-fac21378e46600c14c614b13d5ca35f3"><strong><em>“La venganza alimentó, en gran medida, las masacres registradas durante la Violencia. La mayoría de ellas (…) para vengan la muerte de parientes ocurridas en hechos anteriores”: Carlos Roberto Pombo, autor del libro “Discordia y progreso”.</em></strong></p>



<p>Dicha confrontación tiene su génesis en la Guerra de los Mil Días, por cuenta del malestar que produjo en los liberales el gobierno conservador de Rafael Núñez, y en el que fue clave la intromisión de la iglesia y la fuerza pública. <em>“El ejército y la policía (…) intervinieron en política, tomaron partido más de una vez, intentaron usurpar el poder, e incluso dieron el golpe de Estado del 13 de junio de 1953”,</em> explica el historiador.</p>



<p>Se necesitaron tres tratados para poner fin, en 1902, a la Guerra de los Mil Días que dejó a Colombia “sumida en la ruina económica”. Se habla de entre 80 mil y 300 mil muertos en una Colombia con apenas tres y medio millones de habitantes.</p>



<p>Hay quienes piensan que la Violencia comenzó en las elecciones de 1930&nbsp;<em>“cuando el clero descalificó al candidato Olaya Herrera”,</em>&nbsp;que las ganó, lo&nbsp;que <em>“desató la persecución de los liberales triunfantes contra los conservadores vencidos”.</em>&nbsp;Un dirigente liberal ofreció&nbsp;<em>“generosas dosis de aguardiente y de cocaína”</em>&nbsp;a los campesinos, que gritaban:&nbsp;<em>¡”Godos miserables, somos nosotros los que ahora estamos en el poder!”.</em></p>



<p>La iglesia era la niña díscola metiendo la cucharada cuando todavía se le permitía.&nbsp;Los curas católicos hacían política con la sotana puesta.&nbsp;<em>“Monseñor Miguel Ángel Builes (…) llegó a afirmar desde el púlpito (…) que ser liberal era pecado”. “…el liberalismo es esencialmente malo”, </em>dijo en la pastoral de 1931.</p>



<p>Cuenta el autor que el mismo sacerdote publicó una proclama en el diario El Siglo, de filiación conservadora:&nbsp;<em>“Si sois cristianos y católicos, A VOTAR POR LOS CANDIDATOS QUE DEN GARANTIAS A VUESTRA RELIGIÓN, a vuestras creencias, y aún más, que no entreguen después la patria misma a los poderes extraños, a la Rusia soviética, al comunismo internacional”.</em></p>



<p>En 1936, la reforma a la&nbsp;Constitución&nbsp;del 86 separó&nbsp;Iglesia y Estado,&nbsp;y trajo la libertad de cultos.&nbsp;<em>“Los conservadores, defensores a ultranza de la iglesia católica, llegaron a afirmar que la Reforma había remplazado una Constitución cristiana por una atea”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-63c06e29817193ceb11083c655f8bb63"><strong><em>&nbsp;“No volvió a oírse un disparo. Solamente el ruido seco de las hojas de acero contra los huesos. Y el rodar de cabezas por el suelo y de troncos decapitados”:&nbsp;</em></strong><strong>Del libro “Discordia y progreso”.</strong></p>



<p>La obra abunda en detalles sobre uno de los capítulos más sangrientos de nuestra historia: la huelga de las bananeras (1928), que terminó en matanza: cien muertos y 238 heridos. El general Cortés Vargas, borracho lo mismo que su tropa, ordenó abrir fuego contra los trabajadores de la United Fruit Intenational.</p>



<p>Jorge Eliécer Gaitán pronunció un discurso en defensa de las víctimas.&nbsp;<em>“El señor Cortés Vargas con los de la United, sus amigos, se encerró en el cuartel a emborracharse. (…) cientos de vidas caen bajo la metralla asesina. La orden la había dado un hombre ebrio”.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="640" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/10104433/PORTADA-LIBRO-DISCORDIA-Y-PROGRESO-640x1024.jpg" alt="" class="wp-image-121253" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/10104433/PORTADA-LIBRO-DISCORDIA-Y-PROGRESO-640x1024.jpg 640w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/10104433/PORTADA-LIBRO-DISCORDIA-Y-PROGRESO-187x300.jpg 187w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/10104433/PORTADA-LIBRO-DISCORDIA-Y-PROGRESO-768x1229.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/10104433/PORTADA-LIBRO-DISCORDIA-Y-PROGRESO.jpg 921w" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Una tragedia alimentada por el licor</strong></p>



<p>Según el autor, otro factor determinante de la violencia fue la dieta de los trabajadores colombianos, que<em>&nbsp;“a principios del siglo XX era completamente inadecuada. Deficiente en nutrientes esenciales, calorías y proteínas, estaba sobrecargada de carbohidratos, en especial el alcohol contenido en la chicha” (…) con lo cual no solo estaban desnutridos, sino frecuentemente alcoholizados”.</em></p>



<p>A casusa de las borracheras, en el combate fluvial de Los Obispos (1899) perdieron la vida 500 soldados, entre ellos cinco generales.</p>



<p>Con tal grado de irresponsabilidad, el general Benjamín Herrera ordenó que los soldados&nbsp;<em>“derramaran el aguardiente y demás licores en los estancos y las tiendas”,</em>&nbsp;al entrar a una plaza, antes o después de una victoria. Luego, para atajar el consumo, el presidente Pedro Nel Ospina subió el precio del alcohol, pero esto trajo más disturbios, como ocurrió la Bogotá de 1923:&nbsp;<em>“más de doscientas personas envalentonadas se dirigieron a varias chicherías, especialmente a la conocida como El Nuevo Ventorrillo, le arrojaron piedras, rompieron sus vidrios y cometieron otros desmanes”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-762aeeac4d4715e39848f5596857e763"><strong><em>&nbsp;(…) a machetazos murieron varios miles de colombianos”: </em>Carlos Roberto Pombo, historiador.</strong></p>



<p>El licor también se usó para motivar a la gente a votar en elecciones.Yasí, en 1904 en Riohacha, tuvo lugar un fraude histórico: “El chocorazo de Padilla”.&nbsp;<em>“Políticos de todas las tendencias repartían gratuitamente chicha y otras bebidas embriagantes durante los comicios, para motivar a los electores”.</em></p>



<p>Laureano Gómez, conservador él, decía que&nbsp;<em>“el fraude electoral desencadenaba la violencia política</em>”, y López Pumarejo, liberal él, aducía que la violencia electoral&nbsp;<em>“era inherente a la naturaleza misma de los partidos”.</em></p>



<p>En el crimen del General Rafael Uribe Uribe el licor hizo su festín, el 13 de octubre de 1914, a manos de dos artesanos después de emborracharse en&nbsp;<em>“dos oscuras chicherías del centro”</em>&nbsp;de Bogotá.&nbsp;<em>“A la una y media de la tarde, sobre la acera oriental del Capitolio, los carpinteros tasajearon con cólera y sevicia al líder liberal”.&nbsp;</em>Por aquella época se consumían unos 35.000 litros de chicha al día y&nbsp;<em>“las chicherías eran los sitios de esparcimiento más populares en Bogotá”.</em></p>



<p><em>“Chicha va y chicha viene, hasta que al amanecer, ya muy enchichados, los carpinteros Galarza y Carvajal fueron a comprar unas hachuelas y a la entrada del Capitolio mataron a hachazos al general. El asesinato del líder liberal generó un impacto muy grande en Bogotá, que no llegaba a los 120 mil habitantes”,</em>&nbsp;rememora el investigador durante una charla. &nbsp;</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Radio y alcohol: mezcla explosiva</strong></p>



<p>El libro contiene un detallado inventario de hechos de sangre atribuibles alcohol, incluidos los llamados “duelos de honor”.</p>



<p>Sobre&nbsp;<em>El Bogotazo</em>&nbsp;dice el autor:&nbsp;<em>“La mezcla explosiva de la violencia con el alcohol y las alocuciones políticas desafortunadas, transmitidas por radio durante toda la jornada”,</em>&nbsp;fueron elementos fatales.&nbsp;La gente, armada de fusiles, pistolas, machetes y garrotes,&nbsp;<em>“se dedicó al saqueo y al pillaje en el centro de la ciudad”.</em></p>



<p>A su manera, Manuel Marulanda, el guerrillero conocido con el alias de Tirofijo, para entonces vendedor de quesos, contó que supieron la noticia por la radio. “… todo el mundo se echó a la plaza a oír el único radio que había y que era del otro jefe liberal…&nbsp;<em>“…sacó la radio para que todo el mundo oyera la algarabía que las emisoras formaron. (…) los vivas al partido y los mueras a Laureano salían de más adentro, traían las tripas prendidas. Los vivas y los mueras fueron creciendo y andando solos: nombrando alcalde y destituyendo policías, pidiendo armas y asaltando almacenes para tomar aguardiente. Tres días, los reglamentarios de todo duelo, se estuvo bebiendo y gobernando”.</em></p>



<p>Tras el asesinato de Gaitán, por decreto el gobierno prohibió&nbsp;<em>“la fabricación y el expendio de la chicha y productos similares”.</em></p>



<p>Por fortuna, en medio de estos tragos amargos, el país pudo avanzar de manera admirable.&nbsp;<em>“La sociedad colombiana fue capaz (…) de crear la civilidad necesaria para contrarrestar esa violencia”.&nbsp;</em>La obra habla ampliamente de esa otra cara amable.</p>



<p>Al aterrizar en la página 270 de este magnífico libro, me quedo preguntando si hoy, pleno siglo veintiuno, las redes sociales y ciertos políticos en campaña están repitiendo la historia con su violencia verbal: ayer se hablaba se sectarismo, hoy se habla de polarización. Aunque es una obra sobre el pasado, se convierte en un espejo para el presente.</p>



<p>Nos queda&nbsp;la ilusión de que el encono de los odios pueda extinguirse para seguir avanzando como nación. &nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121249</guid>
        <pubDate>Sun, 12 Oct 2025 12:45:40 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <item>
        <title>El libro que nos pide pasar la página de La Violencia para construir civilidad</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-libro-que-nos-pide-pasar-la-pagina-de-la-violencia-para-construir-civilidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Sabemos con certeza desde cuándo empezamos a matarnos los colombianos entre nosotros y cuál es el inventario real de la barbarie? ¿Importa más el número de muertos que nuestra voluntad para torcer ese trágico destino? ¿Hasta cuándo vamos a cargar con el luto sin cambiar la historia?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Carlos Roberto Pombo, autor del libro “Demografía, violencia y urbanización”. Fotografías: cortesía Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá. </em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-36b27c17a8aa30369be7a8a89915d1ca"><strong><em>&#8220;Cuando se impone la civilidad, emergen la solidaridad y la fraternidad. Y cuando vence el conflicto, se expanden por las calles la agresión y la desesperanza&#8221;:</em> Carlos Roberto Pombo, escritor. </strong></p>



<p>¿Podemos encontrar razones para no seguir matándonos? </p>



<p>Siempre he tenido curiosidad por saber quién escribe y quién valida la Historia oficial de Colombia, la historia verdadera que se les debe contar a los chicos en los colegios y a los muchachos en la universidades.</p>



<p>Un nuevo libro, que se puede descargar gratuitamente desde internet, desvirtúa la fama de pueblo violento que nos persigue desde <em>La Violencia</em> (ese periodo que se alarga entre 1948 y 1964); fama que los propios colombianos hemos alimentado, hay que decirlo, y que hemos dejado crecer por cuenta de nuestra versión muy criolla de las siete plagas de Egipto: guerrillas, narcos, paramilitares, disidencias, bandas criminales, delincuencia común y, últimamente, crimen trasnacional.</p>



<p>Me viene a la mente la frase que pronunció el padre <a href="https://x.com/ComisionVerdadC/status/1301582417011105792?lang=es">Francisco de Roux</a>, siendo presidente de la Comisión de la Verdad: “Si hiciéramos un minuto de silencio por cada una de las víctimas del conflicto armado, el país tendría que estar en silencio durante 17 años”: Esa regla de tres totaliza casi diez millones de seres humanos: Haga de cuenta como si un día desaparecieran todas las personas de Bogotá y de&nbsp;algunos de sus municipios vecinos.&nbsp;</p>



<p>Cuesta creer algo semejante, porque no siempre se tienen cifras oficiales ni confiables sobre nuestra propia Historia, somos más bien esa sociedad que se mueve a sus anchas en el terreno de las especulaciones. La época de <em>La Violencia</em> es el mejor ejemplo. Existe al menos una docena de versiones sobre el saldo final de víctimas que la bronca entre liberales y conservadores arrojó a los cementerios durante esos dieciséis años.</p>



<h2 class="wp-block-heading"></h2>



<p>No obstante, alienta saber que todavía hay en el país un espacio para la esperanza y que, sin negar nuestro pasado luctuoso, podemos abrazarlo con una mirada más optimista que nos permita cambiar el chip de la derrota colectiva. Se lo escuché el otro día al arquitecto bogotano Carlos Roberto Pombo Arquitecto, quien es además experto en el desarrollo histórico, físico y demográfico de Bogotá: “La narrativa de que somos un país violento nos ha nublado la posibilidad de construir una ciudadanía y una civilidad más eficaces. Entendemos la civilidad como ese sentimiento profundo que permite la relación armónica entre ciudadanos&#8221;. </p>



<p>Bajo esas consideraciones, y con paciencia de relojero, este hombre se dio a la tarea de investigar por qué hay tantos datos, y tan contradictorios entre sí, sobre la violencia política; también indagó si aquel fenómeno social llenó a Bogotá de familias de desplazados o qué otras causas alentaron las migraciones del campo a las ciudades. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>El primer hallazgo sorprende: las víctimas de la violencia bipartidista no habrían sido 300 mil, ni siquiera 200 mil, que son las cifras más altas que se conocen, sugeridas por los respetadísimos sociólogos Eduardo Umaña Luna, Germán Guzmán Campos y Orlando Fals Borda en su documentada obra “La Violencia en Colombia” (1988).</p>



<p>“Fueron 48 mil los muertos”, dice un categórico Carlos Roberto Pombo ante un atestado auditorio del Parque Museo El Chicó de Bogotá donde presentó su libro <strong>“Demografía, violencia y urbanización”</strong>, que compila los resultados y análisis de sus pesquisas, publicación que cuenta con el respaldo de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá, que hoy preside.</p>



<p>Para llegar a esta conclusión, se basó en los estudios que hicieron para el Banco de la República los economistas Adolfo Meisel y Julio Romero, quienes cuantificaron el número de homicidios entre 1945 y 1969, al reconstruir la demografía (datos de población) del período 1938-1973, valiéndose de técnicas estadísticas con rigor metodológico.</p>



<p>Como soporte el libro aporta 33 gráficas y ocho tablas elaboradas por el autor.</p>



<p>Atravesar las 142 páginas de esta obra permite conocer, entre otras cosas, las razones que llevaron a que la población de Bogotá se multiplicara por cinco en la década de 1960 (época en que, además, <a href="https://www.elespectador.com/bogota/opinion-demografia-de-la-violencia-y-la-urbanizacion">aumentó la esperanza de vida</a><strong> </strong>en el país), y más que nada para entender donde se cruzan la historia de Colombia y la historia de Bogotá, que es la historia de un país que poco a poco se ha ido desprendiendo de su alma rural para abrazar un espíritu más urbano, con lo bueno y lo malo que eso supone. &nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>“La migración a las ciudades obedeció principalmente a la diferencia de ingresos que percibían los trabajadores del campo y los de la ciudad&#8221;: Carlos Roberto Pombo.</strong></h2>



<p>El otro tema central del libro tiene que ver con esta pregunta: ¿Fue <em>La Violencia</em> la causa principal -o la única causa- que disparó el crecimiento demográfico de Bogotá?&nbsp; Otra vez la respuesta de Pombo es un rotundo no. Lo relata así: <em>“La inmigración a la ciudad empezó en 1938, es decir que fue anterior al periodo conocido como La Violencia, y aunque no se excluye este fenómeno, no fue la causa principal de estos flujos migratorios”.</em></p>



<p>Nos acostumbraron a contar los muertos, nos volvimos expertos en inventariar nuestros dolores;&nbsp;al final del día, tal vez las cifras no importen tanto, porque lo que debe importar son las vidas que se pierden para que no se sigan perdiendo. Lo dijo en 2020 el padre de Roux: “No quiero que hablemos de números, cada una de esas personas es básicamente una campesina, un indígena, su sangre quedó en nuestra tierra, cada uno de ellos era la esperanza de sus comunidades”.</p>



<p>Entonces, tal vez sea hora de pasar la página: dejar a los muertos en paz y más bien ponernos a buscar razones mayores para no seguir matándonos, que es lo que propone Carlos Roberto Pombo con su libro: avanzar en la construcción de una nación civilizada. En otro de sus<em> libros, “Bogotá asediada siglo XIX”, </em>afirma lo siguiente: <strong>“La civilidad, que es fraternidad y solidaridad, es el antídoto certero contra la violencia”.  </strong></p>



<p>Entre tanto, podemos agradecer que una generosa Bogotá, con todo y sus problemas, siga abierta de par en par para los extraños de todas partes.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-bd57a05eca499e77394deb1c632542c9"><strong>Descargue gratis <a href="https://www.construyendocivilidad.com/Componente%20poblacional/Conflicto%20-%20civilidad/%20Demograf%C3%ADa:%20violencia%20y%20urbanizaci%C3%B3n">aquí</a> el libro “Demografía, violencia y urbanización”, tercer tomo de la colección<em>&nbsp;</em>“Construyendo civilidad”.&nbsp;</strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=116035</guid>
        <pubDate>Sun, 25 May 2025 13:03:08 +0000</pubDate>
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