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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Carlos Fernando Galán | Blogs El Espectador</title>
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        <title>¿Y dónde está el piloto&amp;#8230; de Bogotá?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/y-donde-esta-el-piloto-de-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Bogotá está llena de problemas pero afortunados nosotros, los bogotanos, que tenemos el &#8220;segundo mejor alcalde de Suramérica&#8221; (¿?). Un burgomaestre que llenó la ciudad de semáforos y “policías acostados”. El paro motero versus la proliferación de motocicletas revela desorden y falta de visión. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Imagen tomada de la red social TikTok</em> durante el paro motero. </p>



<p></p>



<p>Podría meter las manos al fuego: No creo que exista una sola familia en Bogotá donde no haya al menos una persona que tenga moto o se movilice en una.</p>



<p>Les cogí miedo a esas máquinas desde principios de los años noventa, y eso que recién estrenaba mis veinte. Debía entregarle algo a mi jefa en par patadas. Un compañero de la oficina se ofreció a llevarme: —<em>Gracias, pero no, prefiero vivir</em>, le agradecí con amabilidad.</p>



<p>No sé cómo diablos me dejé convencer. Era la época del caos en la Carrera Décima y mi amigo <em>serpenteó </em>como loco por la Séptima entre buses y carros, entre smog y más smog, hasta llegar a nuestro destino en la quinta porra. </p>



<p>No valieron mis súplicas para que le mermara a la velocidad. Era demasiado joven y bello para morir. —<em>Fresco, deje sus nervios</em>, me decía toteado de la risa. Por fin llegamos, yo con el credo en la boca, él burlándose de mí; para mis adentros prometí jamás volverme a encaramar en un bicho de esos. Quedé curado y purgado a la vez, dos por el precio de uno con semejante susto. No he roto la promesa desde entonces. Sin más opción, prefiero como Armando: un rato a píe y otro andando. &nbsp;</p>



<p>Pero al que no quiere caldo, la vida se encarga de darle ración extra. Una de mis hijas acaba de comprarse una motocicleta, contra mi voluntad, claro. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>Sufro lo indecible porque como conductor de vehículo particular sé desde el siglo pasado lo temeraria que es esta ciudad, la Bogotá de mis amores, que es también la Bogotá de mis terrores.</p>



<p>Y así, aterrorizado, debe estar el alcalde Carlos Fernando Galán, con una ciudad en obra negra, (1200 frentes de obra, según sus propias palabras); accidentes con muertos por doquier en las vías, el caos vehicular por cuenta de los moteros que se rebelaron por la medida de prohibir el pasajero (parrillero), durante cinco días (30 de octubre al lunes festivo 3 de noviembre) y, para completar, una posible revocatoria de su mandato en marcha.</p>



<p>Según la Alcaldía Mayor, la decisión se tomó por la fiesta de <em>Halloween</em> que se presta para accidentes y delitos. Yo creo que la causa fue otra. El jueves y el viernes Bogotá fue sede de la cumbre por el Día Mundial de las Ciudades 2025, de ONU Hábitat. El alcalde, con buena intención pero mal cálculo, quería mostrar una ciudad ordenada (que no existe) y el jueves los ciudadanos quedamos metidos en trancones, los estudiantes obligados a la virtualidad y cientos de ciudadanos varados y echando <em>quimba</em> hacia sus casas.</p>



<p>Los y las motociclistas son consecuencia de dos fenómenos: la sobrepoblación y las ciudades mal planeadas. Arremeter contra ellos, violando el derecho a la libre locomoción (artículo 24 de la Constitución), sin ponerse en sus zapatos, es culparlos por los errores de terceros, de gobernantes que planifican <em>a la topa tolondra,</em> sin atender la raíz de los males presentes, ni anticiparse a los futuros.</p>



<p>Bogotá adolece esencialmente de falta de visión urbana.</p>



<p>Bogotá es una suma de problemas nuevos que se agregan a los viejos sin que haya soluciones reales a la vista. Además, se toman medidas sin que nadie chiste nada y, muchas veces, sin que las autoridades las expliquen de antemano. ¿Por qué Galán llenó a Bogotá de semáforos en las glorietas y de “´policías acostados” en algunas avenidas, además de separadores sin sentido? “Aquí en Suba en un kilómetro puso 16 semáforos”, me cuenta un amigo profesor. “El alcalde render”, así lo llama mi vecino en Facebook.</p>



<p>Señor alcalde y señor secretario de Movilidad: Las glorietas están hechas para que la ciudad fluya, para entrenar la pericia de los conductores y para educarlos en el conocimiento de las normas de tránsito. Nada mejor que una glorieta para que un ciudadano se gradúe de buen conductor. Por algo dicen que quien aprende  manejar en Bogotá, ninguna ciudad le quedará de grande. </p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>A los concejales de Bogotá se los ve metiéndose en asuntos de la nación, no en los de la ciudad que los eligió para cuidar sus intereses.</strong></h2>



<p>Poner semáforos en estas intersecciones es necedad sin necesidad, es invertir recursos que pueden asignarse a otros menesteres. ¿Quién desde el Concejo de Bogotá le hace control político a estas decisiones y al costo que asumimos los ciudadanos vía impuestos? Los concejales brillan por su ausencia, a algunos se los ve metiéndose en asuntos de la nación, no en los de la ciudad que los eligió para cuidar sus intereses y los de sus habitantes.</p>



<p>Tampoco se entiende cómo es que hay puntos de ciertas avenidas donde la velocidad máxima es de 30 kilómetros. En una ciudad con un tráfico caótico y un parque vehicular creciente, lo que se espera del alcalde y de su Secretaría de Movilidad son medidas audaces que permitan un tráfico fluido, en vez de relentizado. &nbsp;Las esperas en las glorietas cuando el semáforo se pone en rojo, sin que haya vehículos del otro lado, significa pérdida de tiempo, consumo innecesario de gasolina y más contaminación&nbsp;&nbsp;Alguien dígale al señor alcalde cuánto tiempo pierden los ciudadanos, embutidos en el tráfico, entre semáforo y semáforo.</p>



<p>La solución no es emprenderla contra&nbsp;motociclistas y parrilleros. El problema es planificar un sistema de transporte moderno que no obligue a los ciudadanos a comprar motocicleta o desplazarse en una para ir al trabajo. Mientras el alcalde saca pecho con una primera línea de Metro, a la que faltan más de dos años para ser útil, ya en la ciudad se debería estar hablando de qué sigue después de esa primera parte. ¿O qué: pasarán otros cien años?</p>



<p>Aun así tengo mis dudas después de releer el libro “País Posible”, donde Ernesto Rojas, ex director del DANE, retoma el concepto de “la ciudad de los 15 minutos” (creado por el profesor colombiano Carlos Moreno), por una razón sencilla: “En las grandes ciudades los desplazamientos largos e indignos han acabado con el tiempo para la vida en familia, la creatividad, el intercambio social y la diversión”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="984" height="555" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/01071711/PORTADA-PAIS-POSIBLE.jpg" alt="" class="wp-image-121973" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/01071711/PORTADA-PAIS-POSIBLE.jpg 984w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/01071711/PORTADA-PAIS-POSIBLE-300x169.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/01071711/PORTADA-PAIS-POSIBLE-768x433.jpg 768w" sizes="(max-width: 984px) 100vw, 984px" /></figure>



<p>Y eso no es todo. El doctor Rojas agrega: “Han fracasado&nbsp;los costosos intentos de construir autopistas urbanas y de ampliar la red vial. Las obras faraónicas de redes de metro han consumido millones de dólares sin haber solucionado el problema de la movilidad urbana; por el contrario, podría pensarse que lo han agravado por haberse convertido en una invitación a extender el perímetro de las ciudades y a adquirir más automóviles”.</p>



<p>Me lleno de optimismo cuando el experto afirma que “la inmediatez entre los lugares de residencia y los de las actividades sociales permitirá la adopción de modos de transporte más amables con la ecología. Se volverá popular el uso de senderos peatonales, de los canales especializados para el tránsito de bicicletas y el empleo de patinetas y motocicletas eléctricas”, como ya estamos viendo hoy en la capital.</p>



<p>En 2038, Bogotá “celebrará” el quinto centenario de su fundación, ojalá para entonces los tantos males de hoy, sean apenas un mal recuerdo. Pero vuelvo a ser pesimista, porque Naciones Unidas ya hizo un pronóstico tajante: <a href="https://www.un.org/es/desa/2018-world-urbanization-prospects">“Las ciudades seguirán creciendo, sobre todo en los países en desarrollo”. </a>Para 2050, el 68% de la población vivirá en zonas urbanas, “por lo que el desarrollo sostenible dependerá cada vez más de que se gestione de forma apropiada el crecimiento urbano, especialmente en los países de ingresos medios y bajos…”.</p>



<p>Una segunda protesta, en la misma semana, para cuestionar el modelo urbano de Bogotá, como lo registra <a href="https://www.elespectador.com/bogota/protesta-durante-el-dia-mundial-de-las-ciudades-cuestiona-modelo-urbano-en-bogota">esta nota</a> de <strong>El Espectador</strong>, demuestra que la gente se está cansando de que otros decidan su destino. El letargo de décadas está dando paso a ciudadanos con un rol activo para incidir en las políticas públicas, como toca.</p>



<p>Sí, señor alcalde del presente y señores alcaldes del futuro, les hablan a ustedes, a ver si se pellizcan.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121919</guid>
        <pubDate>Sat, 01 Nov 2025 12:11:37 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Y dónde está el piloto&#8230; de Bogotá?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Bogotá se derrumba y el alcalde de rumba (hasta las 5:00 a.m.)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/bogota-se-derrumba-y-el-alcalde-de-rumba-hasta-las-500-a-m/</link>
        <description><![CDATA[<p>Al extender el horario de rumba hasta las 5:00 de la mañana, se podrían ampliar también los problemas de inseguridad de la ciudad. ¿Qué necesidad? Bogotá necesita orden, no más relajo. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Theatron es uno de los iconos de la rumba bogotana. Foto: Theatron.co</em></p>



<p>Esta alcaldía resultó peor que un guayabo. Y pensar que faltan dos años para pasar este trago amargo.</p>



<p>Cuando las encuestas no favorecen, los alcaldes y sus asesores siempre tienen un plan B para que su imagen suba, literalmente, como la espuma (de cerveza). Titula <strong><a href="https://www.elespectador.com/bogota/alcaldia-de-bogota-ampliaria-horario-de-rumba-ahora-ira-hasta-las-500-am-bogota-noticias-hoy">El Espectador:</a></strong> “Alcaldía de Bogotá ampliaría el horario de rumba: ahora irá hasta las 5:00 a.m.”, con el argumento de frenar las fiestas ilegales.</p>



<p>Es decir, a la hora en que una parte de la ciudad madruga a ponerse overol y delantal —esa población a la que el sueldo no alcanza para incluir la diversión en la canasta familiar—, otra parte estará ebria y <em>atajando pollos</em> con los primero rayos de sol… o las primeras gotas de lluvia; nunca se sabe, porque el clima de la ciudad es tan impredecible como el burgomaestre.  </p>



<p>Suspendió el racionamiento, a pesar de&nbsp;los embalses no estar todavía a tope, ni siquiera con los diluvios de estos días. Pero nos querrá embriagados –y a otros <em>enviagrados y moteliando</em>&#8211; para así no tener que pensar ni chistar sobre los problemas reales de la ciudad.</p>



<p>Ampliar la rumba no es una buena idea. Todo lo contrario, me parece una medida peligrosa teniendo en cuenta los graves problemas de criminalidad que afronta la capital, que dentro de poco estará 2.600 metros más cerca viendo estrellas, por  las lagunas mentales que traerán las borracheras prolongadas. </p>



<p>Extender el horario de la rumba, bajo la premisa, por ejemplo, de que habrá más empleo y dinamismo de la economía capitalina, también equivale a aumentar el horario de trabajo a los ladrones, a quienes viven del microtráfico y a todos aquellos malhechores que se lucran en complicidad con la Bogotá noctámbula.</p>



<p>Con formalizar la rumba hasta las 5:00 de la mañana vía decreto, no se van a acabar los <em>amanecederos,</em> como ingenuamente cree el alcalde; esos sitios clandestinos existen desde siempre y sobre ellos nunca ha habido control efectivo por parte de las autoridades. En ese mundo subrepticio no todo es rumba sana. De alguna manera, se les legaliza en vez de desmantelarlos, que es lo que toca, en lugar de darles la razón.</p>



<p>Preocupa que no hay un proyecto de ciudad para estos cuatros años que corren, salvo el afán de inaugurar el metro elevado de Bogotá, como si fuera la panacea,  cura milagrosa para todos los males, aunque ahora entiendo que se hizo elevado porque hay que mostrarlo para ganar réditos políticos en el futuro.</p>



<p>Se improvisa sobre la marcha y al son que toquen las encuestas. Cuando el señor alcalde quiere desviar la atención, entonces caza peleas con el señor presidente, y <em>Juan Pueblo</em>, como pelota de tenis, toma partido por el uno o por el otro, olvidando que lo que pasa o no pasa en la ciudad también es culpa es de nosotros los ciudadanos, que pudiendo hacer uso de los mecanismos de participación para protestar, preferimos ahorrarnos la fatiga, como Jaimito, el cartero. Y mientras tanto, la prensa se muestra más complaciente con el alcalde que con el presidente.  </p>



<p>Repito como loro <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/alcalde-feita-bogota-empieza-g/">lo que escribí en 2023:</a> <em>“La gente es fea por su mal comportamiento, su falta de empatía y civilidad (ese sentimiento fraterno que nace de mi hacia el otro y nos permite cambiar el entorno). Se necesita una cátedra urgente de bogotanismo en barrios y colegios. (…) Bogotá carece de amor propio y eso explica tantos males. Antanas Mockus, bogotano con sangre lituana, entendía nuestro desequilibrio colectivo pero rechazamos su cura. (…) el turista valora más la ciudad que los propios lugareños”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="WqLrJxmpRA"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/alcalde-feita-bogota-empieza-g/">El alcalde para mi feíta Bogotá empieza por G</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;El alcalde para mi feíta Bogotá empieza por G&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/alcalde-feita-bogota-empieza-g/embed/#?secret=aAikYbFRHA#?secret=WqLrJxmpRA" data-secret="WqLrJxmpRA" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>Sin civilidad no hay convivencia, y sin convivencia no hay solidaridad: Una ciudad <em>desfraternizada</em> se convierte en la ciudad del “¡sálvese quien pueda!”. Y así estamos: cada cual cuidándose como puede.</p>



<p>Aun así, el alcalde se empecina en patrocinar el relajo con horario de rumba extendido, incentivando de paso que se abran nuevos negocios de estos donde hoy no los hay. Es decir, la diversión nocturna –con amanecida incluida- y los excesos que se derivan de aquella-, tienen mayor prioridad en la agenda oficial que la propia seguridad ciudadana. Por excesos me refiero también al ruido, ese factor de contaminación ambiental que se suma a la contaminación lumínica, en contra de la recién aprobada “ley del ruido”, (<a href="https://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=175161">Ley 2450 de 2025</a>).</p>



<p>Sí, yo también <em>tuve 20 años y un corazón vagabundo</em>, pero no tenía problema en rumbear hasta la 3:00 de la mañana, incluso hasta la 1:00 a.m., cuando nos adaptamos  a la <em>ley zanahoria</em> del alcalde Mockus; ah, si mal no recuerdo, en pandemia los borrachitos se iban a dormir a las 11:00 de la noche. Y aquí estamos: quizás con menos licor en el hígado y menos aspirinas en la cabeza.  </p>



<p>Pero es entendible que el alcalde quiera imponer una medida populista, pues así se <em>echa al bolsillo</em>, por decirlo coloquialmente, a la industria del entretenimiento nocturno; es decir, a un sector amplísimo de la población y el comercio: gastrobares, hoteles y moteles, taxistas y, obviamente, a los rumberos, los propios y extraños, que aquí encuentran una variadísima oferta para pasarla <em>very nice.</em></p>



<p>Los problemas de Bogotá no son pocos –en una <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/hay-alcalde-en-bogota/">entrada anterior del blog</a> me referí a varios de ellos- e igual diagnóstico hizo <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/cristina-nicholls/bogota-en-crisis">Cristina Nicholls Ocampo</a>, a través de una columna que tituló “Bogotá en crisis”: <em>“No hay una cuadra de Bogotá que no esté adornada por desechos de todo tipo, ni hablar de las inundaciones por el taponamiento de las alcantarillas”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="I2tLfxUc9u"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/hay-alcalde-en-bogota/">¿Hay alcalde en Bogotá?</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;¿Hay alcalde en Bogotá?&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/hay-alcalde-en-bogota/embed/#?secret=xNTIJsGKOr#?secret=I2tLfxUc9u" data-secret="I2tLfxUc9u" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>Pero al parecer, las preocupaciones de la Alcaldía Mayor son otras. Parece ser que el alcalde y quienes le hablan al oído están más angustiados con las decisiones que tome su hermano, Juan Manuel, hoy precandidato a presidente de la República. Lo dice <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/galan-coquetea-con-una-candidatura-dispersa-que-rine-con-su-hermano/">La Silla Vacía</a><strong>, </strong>no yo: <em>“… en Bogotá, donde su hermano Carlos Fernando Galán es el alcalde, la aspiración es vista como inconveniente.</em> <em>(…) No nos parece conveniente que sea candidato. Como tampoco es conveniente que sea precandidato y director del partido al mismo tiempo”, dice una fuente de la Alcaldía de Bogotá a condición de no ser citada. El mensaje es repetido por otras tres fuentes de alto nivel cercanas al alcalde. Carlos Fernando Galán le dijo a La Silla que no puede pronunciarse por la prohibición de participar en política de funcionarios electos”.</em> </p>



<p>No se pronuncia él pero sí sus funcionarios. ¿Cómo se llama eso?</p>



<p>Ese portal político reproduce también una declaración de cuando todavía Carlos Fernando Galán no era alcalde: “No sería fácil en términos de opinión. Si él toma esa decisión, la gente vigilará al centímetro lo que hace la Alcaldía, y con razón, para garantizar que esta no se ponga al servicio de nadie”, dijo.</p>



<p>Por ahora necesitamos con urgencia que el alcalde se ponga al servicio de Bogotá, que para eso le dieron el puesto. Los medios deberían ser menos complacientes y los ciudadanos más exigentes. Porque mientras la ciudad se derrumba, el alcalde promueve la rumba, parodiando el famoso grafiti. ¿Qué necesidad de crearnos más problemas?  </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=114830</guid>
        <pubDate>Tue, 22 Apr 2025 13:51:45 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Bogotá se derrumba y el alcalde de rumba (hasta las 5:00 a.m.)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <item>
        <title>¿Hay alcalde en Bogotá?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/hay-alcalde-en-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>La ciudad está 2.600 metros más cerca de las estrellas, pero también del caos en seguridad, movilidad, contaminación y cultura ciudadana. No solo de Metro vivirá Bogotá, señor alcalde. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-67b8a2b29bff43d275205fa8e74e3488"><strong>El 47% de los ciudadanos desaprueba la gestión del alcalde, según la última encuesta Invamer Poll.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-df0cdb720ed4a770877567cdb7c632fe"></p>



<p>¿No hay quien viva en Bogotá, no hay quien la gobierne?</p>



<p>Bogotá parece una ciudad de zombis, con el perdón de todos y de mí que soy uno más, aunque a veces me siento extraño habiendo nacido aquí, en una casa que —todavía me acuerdo—, se inundaba cuando llovía, y <em>pescaditos </em>pero no de oro flotaban en el ambiente. Era la época de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=BrodrCHKu_o"><em>Las Señoritas Gutiérrez</em>,</a> las solteronas más famosas de la ciudad y de la televisión. </p>



<p>La ciudad es tan distinta pero tan igual. Tan distinta porque los niños ya no juegan en la calle: con la pandemia aumentó el número de mascotas y de la calle se adueñaron los perros y su popó; y tan igual porque no ha dejado de ser el arca de los diluvios. La misma ciudad lúgubre en invierno que encontró Gabriel García Márquez a su llegada. <em>“En los tranvías y orinales públicos había un letrero triste: ´Si ni le temes a Dios, témele a la sífilis´”,</em> escribió en <em>Vivir para contarla.</em> Hoy los perros han cogido la calle de orinal y cagadero público. Y se le teme al <em>raponero</em>, no a Diosito.</p>



<p>Tampoco nosotros hemos cambiado. Somos como autómatas. Vivimos porque toca vivir, vamos porque toca ir, regresamos porque toca regresar. La ciudad se mueve indiferente a sus problemas. Ansiosa. Desinteresada. Indolente. Inclemente. Insolente. Y todo lo terminado en ente. Sí, a veces también, demente.</p>



<p>Somos apáticos y abandonados, incapaces de sentir amor verdadero por la capital. </p>



<p>Los días de lluvia son terribles, pero ya nos acostumbramos al caos que trae el agua, y con ella la <em>sorbedera</em> de mocos, porque todos andan apestados por estos días y toca gritar “a metros Satanás” para que no le estornuden a uno en su cara. El que viaja en Transmilenio, va condenado. Los virus son como un mal alcalde: Nadie se salva de ellos ni bañándose con las siete hierbas amargas, porque agua tampoco hay.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-8de5adf3cc37b0bfbb100df0c9ede17a"><strong><em>“Alcalde Galán, traiga el agua a Bogotá y no humille al pueblo”:</em> presidente Gustavo Petro en su discurso del Día Cívico en la plaza de Bolívar.</strong></p>



<p>Los aguaceros bogotanos son apocalípticos pero hay racionamiento de agua. ¿Cómo explicarlo? El sistema de alcantarillado colapsa y a nadie se le ocurre pensar que tal vez sea hora de actualizarlo, pero eso debe costar un ojo de la cara y nos terminarán arrancando los dos ojos vía impuestos. Reflejo de una ciudad mal hecha, sin la debida planeación urbana.</p>



<p>El sistema de tuberías actual corresponde a una Bogotá antiquísima, no a esta que crece desordenadamente. A eso súmele que el sistema de basuras colapsa los sistemas de drenaje de la ciudad. Ahí estamos pintados nosotros y nuestro chiquero. </p>



<p class="has-text-align-right has-contrast-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-5c48670acff29225c0aa4097bc06a2fb"><em><strong>Nos rajamos en cultura ciudadana. </strong>Sobre la pared se lee este aviso: &#8220;Prohibido botar basura. Multa reglamentada en la ley 1801 de 2016. Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana. Comparendo ambiental&#8221;. </em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1015" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23195908/ALCALDE-GALAN-BASURA-REDUCIDA-1024x1015.jpg" alt="" class="wp-image-113436" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23195908/ALCALDE-GALAN-BASURA-REDUCIDA-1024x1015.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23195908/ALCALDE-GALAN-BASURA-REDUCIDA-300x298.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23195908/ALCALDE-GALAN-BASURA-REDUCIDA-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23195908/ALCALDE-GALAN-BASURA-REDUCIDA-768x762.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23195908/ALCALDE-GALAN-BASURA-REDUCIDA.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Bogotá es de las ciudades más vulnerables al cambio climático.</strong></h2>



<p>Las propiedades horizontales se pasan por la faja el decreto de racionamiento, gracias a que cuentan con tanques de almacenamiento, pero carecen de conciencia ambiental.</p>



<p>Si “el 68,3% de los predios en Bogotá corresponden a propiedad horizontal”, algo así como 36 mil conjuntos residenciales, según <a href="https://www.elespectador.com/bogota/bogota-la-ciudad-que-se-densifica-y-crece-hacia-el-cielo-con-los-conjuntos-residenciales-bogota-noticias-hoy">este artículo </a>de <strong>El Espectador</strong>, la pregunta que debemos hacer es la siguiente: ¿Quiénes sí cumplen con el Decreto 334 de 2024 sobre ahorro de agua?</p>



<p>¡Qué llueva, qué llegue, aunque en Bogotá no haya vírgenes ni cuevas! El otro día llovía y yo veía hacia el cielo, porque estaba seguro de que se vendría abajo con todo y Dios, y San Pedro, y los ángeles, y los arcángeles y los querubines. En todo caso, sería lindo un espectáculo semejante antes del fin del mundo, solo para estar seguros de que la Biblia no decía mentiras.</p>



<p>La semana pasada cayeron rayos y centellas por mi casa. Yo estaba en la salita leyendo, esperando la descarga de un rayo dentro de mi vaso con limonada de té verde. &nbsp;Era como un simulacrito del Apocalipsis pero sin la Gran Ramera, la mujer vestida de púrpura y escarlata, a la que San Juan describe en los capítulos 17 y 18 del libro de las Revelaciones.</p>



<p>Una vecina sacó un balde gigante. Alguien le vino con el cuento de que llovían maridos y ella se lo creyó, como le cree al alcalde. Le toca porque votó por él. Afuera es invierno, pero en su casa de ella es verano. Ustedes entienden, no se hagan.</p>



<p>En Bogotá pasan cosas graves pero nosotros no espabilamos: hablo de quienes aquí nacimos y también de los calentanos que vinieron a chupar frío y se amañaron.</p>



<p>Bogotá es incomprendida. Nos falta entendimiento y civilidad. Cada ciudadano habla un lenguaje diferente y por eso la ciudad no avanza como debería hacerlo; somos la torre de Babel, cemento y hormigón. Si avanzara con decencia, mis abuelitos habrían alcanzado a montar en Metro.</p>



<p>Estamos tan dormidos como el alcalde, pero al burgomaestre tampoco se le puede achacar la culpa de todo. ¿Qué pasa con los ediles y los alcaldes menores de cada localidad? A ellos también debemos reclamarles, pero nadie lo hace. Es casi seguro que ni usted se acuerda de por quiénes votó. Falta vigilancia y control ciudadano. Una fuente me advierte que la Secretaría de Ambiente cuenta apenas con tres gestores de participación local (funcionarios que trabajan en territorio con las comunidades), para moverse por veinte localidades.</p>



<p>Gina Martínez, una rola que ama a Bogotá y usa el <em>sumercé</em> con orgullo, me echa un cuento interesante. “Con la Constitución del 91, pasamos de una democracia representativa a una democracia participativa. Pero la ciudad desconoce esos instrumentos de participación y por lo tanto no hace uso de ellos; por ejemplo, la medición de Capital Social, que sirve para evaluar la confianza de los ciudadanos con sus instituciones. El Concejo de Bogotá y las Juntas Administradoras Locales (JALes) son las que mayor desconfianza generan. Si el Concejo pierde sus atribuciones de control político y coadministración, dejando todo en manos del alcalde de turno, la gestión pública desfallece”, dice mi amiga.</p>



<p>En un acto de verdadera transparencia, el alcalde mayor debería promocionar estos instrumentos de medición.</p>



<p>Se discute, por ejemplo, la importancia de los humedales, en contra de quienes quieren llenar la ciudad de ladrillo y cemento. Del medio ambiente va quedando un tercio. Nos roban el verde de la ciudad, y mientras tanto la prensa habla de robos a mano armada, bombas, granadas de fragmentación o petardos, bandas criminales y microtráfico. No hablemos ya de los petardos humanos, sin civismo, sin cultura.  </p>



<p>Está en riesgo la seguridad ciudadana, pero también la seguridad hídrica, la seguridad alimentaria y hasta los mapas de riesgo sobre zonas inundables que se alteran para levantar construcciones. “La ciudad sí se puede desarrollar pero de manera sostenible, con respeto por los humedales. El problema no es el ambiente. El problema es no ser respetuosos con el ambiente”, añade Gina. &nbsp;</p>



<p>En lugar de anticiparnos al cambio climático, destruimos o empeoramos lo que hay. Por emisiones de gases de efecto invernadero y aumento en las precipitaciones, se sabe que Bogotá es de las ciudades más vulnerables al cambio climático, pero es temprano para saber a cuántas personas afectará en el futuro la migración climática. ¿Qué se está haciendo para prevenir?</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>¿Prensa complaciente?</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong><strong>&#8220;El 2024 cerró con la cifra de homicidios más alta en ocho años: 1.204 muertos, un 11% más que el año anterior&#8221;, dice <em><a href="https://elpais.com/america-colombia/2025-03-24/los-guardianes-del-orden-la-propuesta-de-la-alcaldia-de-bogota-que-pone-en-primera-fila-a-exmilitares-y-expolicias-para-combatir-la-inseguridad.html">El País</a></em>.</strong></strong></h2>



<p><em>“¿Qué pasa con lo que nos corresponde hacer como ciudad? ¿Con la inteligencia? ¿Tres explosiones en tres semanas en el mismo lugar, cómo se explican? ¿Para qué sirvieron los operativos, los allanamientos, los decomisos y demás?”</em>. Ahí le habla, señor alcalde, un cortés Ernesto Cortés desde las páginas de El Tiempo, un diario que en líneas generales, al igual que otros medios, ha sido complaciente/benevolente con usted y su administración. La pauta oficial nos expone a los ciudadanos a recibir información sesgada, y ante eso: ¿Quién podrá defendernos? Pero es entendible porque, además, Galán fue empleado (editor político) de aquella casa editorial.</p>



<p>Formo parte del 47% que desaprueba la gestión del alcalde, según la última encuesta Invamer Poll, contra el 44% que la respalda.<strong><strong> </strong></strong>Pero nadie le pide cuentas. Todos se van por las ramas, como si se dirigieran a un fantasma, temerosos de decirle en su cara que la ciudad le está quedando dos tallas más grande.</p>



<p>Pareciera que la prensa y el Concejo de Bogotá andan felices con lo que hay. Y lo que hay es un desorden como el de mi casa antes de que llegue Carolina a ayudarme. Un día les hablaré de ella, que es mi paño de lágrimas. A ella, que es cartagenera y cocina como Leonor Espinosa, le doy quejas de mi ciudad. Y ella, tan bonita, me da la razón, porque también la sufre. Ojalá también me la diera el señor alcalde. Sería buena idea invitarlo a almorzar un día de estos.</p>



<p>A veces pienso que alcalde no hay. El que aparece por ahí de vez en cuando es un espectro al que le gusta cazar peleas con el presidente de la República, como si el precandidato a la presidencia fuera él y no su hermano Juan Manuel.</p>



<p>El alcalde no se responsabiliza de nada; en vez de eso, en actitud escuelera, amenazó a los maestros con descontarles del salario si salían a marchar en Día Cívico y vigilarlos para ver si van a clases. Si su papá viviera, que fue ministro de Educación y abogaba por las reformas sociales, junior no se comportaría con esta actitud antidemócrata. Lástima que doña Gloria Pachón ya no esté en edad para reprenderlo.</p>



<p>Insistió para hacerse elegir, con la seguridad como bandera, y está saliendo con un chorro de babas, que tampoco alcanzan para llenar los benditos embalses.</p>



<p>Ah, pero llámenlo a hablar del Metro de Bogotá, ese otro espectro, y ahí si el el doctor Carlos Fernando Galán está presto, como si dentro de un momentico nos fuéramos a montar en él, sabiendo que lo inauguran hasta el 14 de marzo de 2028, si nada falla. Como esto es Colombia, están demorados en decirnos que hay que correr los tiempos, como hago yo cada vez trasteo el reloj de la alcoba a la sala.  Perdonen lo aguafiestas. </p>



<p>Los bogotanos estamos desentendidos de lo que pasa en Bogotá. Parecemos alcaldes todos. Ni siquiera somos conscientes de la advertencia que hizo dos años atrás la directora del Instituto Nacional de Cancerología: En 2030 el cáncer habrá aumentado un 30% en Bogotá, a causa, entre otros motivos, de la feroz polución. <a href="https://www.elespectador.com/bogota/cada-dia-habra-mas-cancer-para-2030-aumentara-en-un-30-carolina-wiesner-del-instituto-nacional-de-cancerologia">Lo leí en <strong>El Espectador</strong> </a>en 2023.</p>



<p>Es posible que mucha gente muera de cáncer de pulmón sin haber fumado jamás en su vida. Y ni hablemos de los dramas adicionales que traería el cambio climático.</p>



<p><em>“En la ciudad, en cinco años se registró que 15.600 hombres y 23.800 mujeres viven con cáncer. Y cada año 8.000 mujeres y 6.300 hombres reciben el diagnóstico. Son los datos más recientes recopilados por el INC”,</em> dijo la doctora Carolina Wiesner.&nbsp;</p>



<p>Sigamos creyendo que la contaminación únicamente la causan automóviles, buses y motocicletas. Yo creo que las construcciones y el crecimiento desordenado de la ciudad contribuyen al problema, pero de eso tampoco se habla.</p>



<p>Quiero irme de Bogotá donde pueda respirar aire limpio, antes de morir ahogado por el smog. Sin embargo, Gina me para en seco. “La Sabana de Bogotá no es una opción porque allá tampoco hay agua. La inseguridad hídrica es consecuencia de la urbanización descontrolada y la suburbanización”.</p>



<p>Tampoco hablamos de las malas construcciones, los edificios en altura que le quitan luminosidad y calidad de aire al vecindario, ni de los adefesios (como <a href="https://www.elespectador.com/bogota/los-detalles-detras-del-edificio-angosto-de-la-calle-26-con-carrera-30">este edificio angosto</a> de la calle 26 con carrera 30), que son herencia del ex alcalde Petro, a través del Decreto 562 de 2014.</p>



<p>La ciudad está patas arriba (y no me refiero únicamente a las múltiples obras en la vía). Como estamos en año preelectoral, los políticos empiezan a salir de sus cuevas para echarse culpas o ganar indulgencias con avemarías ajenas. Bogotá es lo de menos, los votos es lo de más. Se lanzó el exalcalde Enrique Peñalosa, pero no al río Bogotá: Dijo que la culpa de la escasez de agua es de Petro, al que un día culparán también de la lluvia pertinaz para exonerar a San Pedro.</p>



<p>El alcalde va perdiendo otro año, lo que es más grave que la última derrota de mi Millos 3-2 contra Santafé. La prueba de su deficiente labor está en los titulares o en las asambleas de copropietarios: inseguridad por doquier, caca de perro por doquier, basuras por doquier. Podríamos escribir un poema. O el cuento de <em>“El bello durmiente”</em>, título que le otorgó el exconcejal Juan Carlos Flórez.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="640" height="427" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23143558/ALCALDE-GALAN-2.jpg" alt="" class="wp-image-113393" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23143558/ALCALDE-GALAN-2.jpg 640w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23143558/ALCALDE-GALAN-2-300x200.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Carlos Fernando Galán &#8211; Foto tomada de la cuenta del alcalde en la red social X.</em></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>¿Un Metro a la medida de aspiraciones presidenciales?</strong></p>



<p>El alcalde se la pasa hable que hable de un Metro inexistente, como si fuera el niño ilusionado con el regalo que le han prometido desde enero para Navidad, pero faltan tres años para que llegue ese Papá Noel.</p>



<p>Cuando se inaugure la primera línea del susodicho, y se haga el primer viajecito, él ya no será inquilino en el Palacio Liévano; seguramente estará en campaña por la presidencia de la República para 2030, y al igual que sus antecesores, viajará en el tiempo para sacar pecho y reclamar lo suyo. Todos dirán: <em>´Este Metro es mío de mí´.</em> Pero si un día un terremoto lo echa abajo, ese Metro no tendrá ni papi ni mami.  </p>



<p>No sé por qué permitimos un Metro que afecta el paisaje de la ciudad. Nos cogieron elevados. No quiero ser ave de mal agüero, pero me aterra lo que pasaría el día que la tierra se mueva. Siento vértigo al ver aquella megaestructura que lo sostendrá. Subamos al TransMiCable de Ciudad Bolívar para prepararnos psicológicamente.</p>



<p>Dizque un Metro elevado nos permitirá disfrutar la arquitectura y el paisaje bogotanos, alegan algunos. ¡Bah! ¿Cuáles? Lo único que contemplamos, cual autómatas, son los teléfonos móviles. Porque lo más bonito de la ciudad, que es el verde de las montañas, cada vez se ve menos por culpa de tanto edificio, incluyendo a los esperpénticos. El día menos pensado nos taparán el sol con un dedo.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="400" height="400" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23190945/ALCALDE-GALAN-METRO.jpg" alt="" class="wp-image-113413" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23190945/ALCALDE-GALAN-METRO.jpg 400w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23190945/ALCALDE-GALAN-METRO-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/23190945/ALCALDE-GALAN-METRO-150x150.jpg 150w" sizes="auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Carlos Fernando Galán &#8211; Foto tomada de la cuenta del alcalde en la red social X.</em></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La ciudadanía debe ejercerse a pesar de los gobernantes.</strong></h2>



<p>Usarán el Metro de Bogotá como lema de campaña presidencial, acuérdense de mí. Por ahí ya vi las imágenes del ex presidente Juan Manuel Santos y Claudia López, cada cual por su lado y ambos con el casco puesto. Alquilemos balcón para ese momento, porque con ellos trepados el día inaugural no habrá espacio para los demás.</p>



<p>Ser bogotano es ser quejoso. Nos quejamos de todo y por todo, de la lluvia, del sol y del frío, de San Pedro y de Dios, pero no les exigimos a los políticos, en buena parte culpables de los males. A ellos les podríamos reclamar, ¿a Dios dónde? Dicen por ahí que la gente tiene los gobernantes que se merece porque son los que elige. Hagamos reseteo, porque la ciudadanía debe ejercerse a pesar de los gobernantes.</p>



<p>Me crucé con la vecina veraneante en el ascensor. “A mí, Galán no me ha hecho nada. Y ese es el problema, que no he hecho nada por mí, ni por la ciudad. Y yo sí voté por él. Era él o el candidato <em>gomelo</em>. Cuando llegué a la mesa de votación, recuerdo que dije: ´Sálvanos Señor´. Espero que un día escuche mis plegarias”.</p>



<p>Bogotá está <em>manga por hombro.</em> La culpa es del alcalde y de nosotros. De nosotros y el alcalde. ¿Están de acuerdo? </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113387</guid>
        <pubDate>Mon, 24 Mar 2025 12:25:41 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Hay alcalde en Bogotá?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Corrigiendo a Angélica Lozano</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/corrigiendo-a-angelica-lozano/</link>
        <description><![CDATA[<p>Dijo la senadora Angélica Lozano durante su intervención en el Women Economic Forum Colombia 2025 lo siguiente: “El doble rasero, el doble estándar que padecemos las mujeres en cualquier ámbito laboral y en particular en esto, es total. Les voy a dar un ejemplo: la inseguridad en Bogotá, cuando Claudia era alcaldesa decían: le quedó [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Dijo la senadora Angélica Lozano durante su intervención en el<a href="https://www.youtube.com/watch?v=IOPic4wPhQw&amp;t=24157s"> </a><strong><a href="https://www.youtube.com/watch?v=IOPic4wPhQw&amp;t=24157s">Women Economic Forum Colombia 2025</a> </strong>lo siguiente:</p>



<p>“El doble rasero, el doble estándar que padecemos las mujeres en cualquier ámbito laboral y en particular en esto, es total. Les voy a dar un ejemplo: la inseguridad en Bogotá, cuando Claudia era alcaldesa decían: le quedó grande. Ahora que la inseguridad está peor, dicen: &nbsp;es un problema estructural, es un problema nacional”.</p>



<p>Le aconsejo a la senadora y exprimera dama de Bogotá, revisar muy bien los análisis y cubrimientos a la seguridad de la capital del país durante la alcaldía de su esposa, Claudia López.</p>



<p>Le recuerdo a la congresista que a la llegada de Claudia López a la Alcaldía se acogió y se aplaudió la propuesta de la entonces mandataria de la ciudad para que se dejara de mirar la seguridad de la capital como si Bogotá fuese una isla, y se abordara este asunto bajo una mirada de ciudad región, para lo cual es necesario unir esfuerzos con los municipios vecinos y con Cundinamarca, porque bien lo dijo la entonces alcaldesa, que era un tema estructural, y una cosa nacional, punto de vista con el que todos estuvieron de acuerdo y nadie refutó.</p>



<p>Es más, recuerdo la rueda de prensa que dio Claudia López junto al gobernador de <a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/las-malas-amistades-del-rey-de-cundinamarca/"><strong>Cundinamarca</strong></a> de ese entonces, Nicolás García y el alcalde de Soacha de ese momento, Juan Carlos Saldarriaga, anunciando que la seguridad la trabajarían conjuntamente porque era un tema estructural e hicieron un llamado al presidente Iván Duque y a la Fiscalía porque además era un asunto nacional.</p>



<p>Fue gracias a este esfuerzo que se dieron las primeras capturas a los integrantes de ‘Los Camilos’; ‘Los Maracuchos’ y al Tren de Aragua.</p>



<p>Por supuesto que la seguridad de Bogotá es un asunto estructural que involucra a los municipios vecinos, lo mismo que a Cundinamarca y que está relacionado con los asuntos de violencia del país. Se lo dijo durante la administración de Claudia López y se lo repite ahora, con Carlos Fernando Galán como alcalde de la ciudad, aquí no hay doble rasero.</p>



<p>Recuerdo además que cuando la exalcaldesa Claudia López, con cifras en mano le exigió a la justicia no ser benevolente con la delincuencia y poner tras las rejas a quienes reincidían en el delito, lo aplaudimos, porque para nadie es un secreto que muchos de los ladrones de celulares, bicicletas, billeteras, etc., son puestos en libertad el mismo día en que la policía los captura.</p>



<p>Otra cosa es que a la senadora Angélica Lozano como buena política que le encantan las adulaciones, sea intolerante a la crítica y a las observaciones que se hacen desde la opinión pública</p>



<p>Entiendo que la congresista puede estar muy molesta porque la opinión pública cumplió con su papel de veeduría ciudadana y evidenció lo que estaba saliendo mal durante la Alcaldía de Claudia López, por supuesto, resaltando los aciertos como es su deber, pero, con ojo crítico y no con mirada aduladora, pero eso ya es problema de Angélica Lozano.</p>



<p>Así como se le exigió resultados a Claudia López en materia de seguridad ciudadana, así mismo se le está exigiendo a Carlos Fernando Galán. Aquí nadie está tapando la realidad de una ciudad donde el hurto a mano armada tiene atemorizado a los bogotanos. &nbsp;</p>



<p>Le aconsejo a la senadora Angélica Lozano bajar la guardia, tomar un vaso con agua y entender que cuando una persona se introduce en el mundo de la política y la función pública, se convierte en objeto de crítica constante porque su oficio está sometido a la veeduría ciudadanía, así que mejor cálmese congresista porque desde la opinión pública seguiremos observando lo que hacen tanto usted como todos quienes están en el ejercicio de la política.</p>



<p>Por supuesto, se aplaudirá cuando se lo merezcan, pero así mismo se les criticará cuando sea necesario. </p>



<p>Aquí no hay doble rasero, senadora Angélica Lozano, aquí lo que hay es carencia de rigor y poca objetividad en su análisis.</p>



<p><strong><a href="https://blogs.elespectador.com/category/oscar-sevillano/">Oscar Sevillano</a></strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=112669</guid>
        <pubDate>Sun, 09 Mar 2025 23:29:57 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/09184435/2PRWOZRVNFHPXHAAXBYQS7PCEI.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Corrigiendo a Angélica Lozano]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Sevillano</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Bogotá está hecha una caca… de perro</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/bogota-esta-hecha-una-caca-de-perro/</link>
        <description><![CDATA[<p>Bogotá está en pleno festival (de popó) de canes, y no hablemos ya de otros excrementos. En la ciudad hay un problema serio de excretas —y no precisamente por esa gente que habla mucha shit—, lo que agrava la contaminación y es una amenaza para la salud pública. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>El que quiere al perro, quiere su caca y la recoge.</p>



<p>Bogotá está hoy en manos del hampa y del popó de perros. Pero, de una vez aclaro, no tengo nada en contra de los animales para que los animalistas no se vayan a quejar. Mi rabia tiene que ver con los otros animales, los de dos patas.</p>



<p>En mis tiempos a la gente mala gente le decían: <em>“¡Usted es una caca!”. </em>Eso son hoy muchos ciudadanos con la ciudad y con sus mascotas. Felices paseando con sus perros y muchos —porque los he visto— haciéndose los desentendidos a la hora recoger sus inmundicias. Disimulan que hablan por celular. Viéndolos desde la ventana, me pregunto: ¿así son en sus casas&#8230; o peor?</p>



<p>Miran hacia todas partes, haciéndose los locos, como si buscaran <em>pispirispis</em> en el ambiente –no sé qué es eso, pues tampoco los he visto- y cuando ven que nadie los observa… ¡saz! Huyen de la escena dejando la <em>plasta</em> como prueba del crimen.</p>



<p>Porque no recoger el excremento es un crimen penalizado con multa económica (alrededor 170 mil pesos, más cinco fines de semana de trabajo comunitario), no con cárcel (por ahora). Es lo que establece el Código Nacional de Policía y Convivencia en su artículo 124.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Hay sobrepoblación animal en Bogotá, además de la humana?</strong></h2>



<p>Señor alcalde Galán: ¿A qué organismo de la Alcaldía le podemos preguntar cuántas toneladas de excremento de perros se producen a la semana o al mes en la capital? Otra duda: ¿Hay más perros que humanos en la ciudad? Pareciera que sí. Por donde vivo hay gente con tres, cuatro ¡y hasta cinco mascotas en apartamentos de menos de menos de 60 metros! ¡Dios mío: comparo eso con el hacinamiento carcelario ¿Hay sobrepoblación animal en Bogotá, además de la humana?</p>



<p>Por donde pase, señor alcalde, hay caca de perro. Dese una vueltecita y verá. Aquí abro paréntesis: Noto muy ansioso al burgomaestre por ser él quien estrene el metro de Bogotá y se tome la primera foto (en las cuentas alegres, la fecha es el 14 de marzo de 2028, lo que significa que no será él quien lo estrene (de ahí la importancia del autobombo mediático que vemos por estos días hasta en la sopa), distrayendo la atención sobre&nbsp;problemas urgentes que tiene la ciudad, como el del popó, por ejemplo. </p>



<p>Deposiciones en el parque, en la acera, en las áreas verdes, incluso en las zonas comunes de edificios y conjuntos residenciales. Nadie se compadece de las señoras del aseo que deben lidiar con la caca ajena. Ya no se puede ir a un parque porque están minados. Es un peligro echarse sobre el pasto con la novia, porque se corre el riesgo de quedar vuelto miércoles un domingo. En las excretas o heces fecales conviven microbios, parásitos y huevos de parásitos causantes de enfermedades, lo que hoy es un problema de salud pública invisibilizado.</p>



<p>En otra época uno mataba el tiempo en los parques porque no había dinero para mejores planes. Ese plan era de los más románticos. No deberíamos permitir que se extinga. ¡Recojan la popó, carajo, no sean caca!</p>



<p>Un artículo de <strong>El Espectador</strong> (2023), refiriéndose a <a href="https://www.elespectador.com/salud/bacterias-fecales-en-las-aceras-estarian-contaminando-los-hogares-de-nueva-york/">Nueva York</a> informaba que en la caca de los perros –y supongo que en los orines también- hay bacterias que ingresan a nuestros hogares a través de la suela de los zapatos. Quienes hicieron el estudio recomiendan a la gente dejar los zapatos a la entrada, algo que hicimos en la pandemia, ¿se acuerdan? O podemos convertirnos al budismo que invita a quitarse los zapatos al ingresar a lugares sagrados. Y la casa de uno lo es.</p>



<p></p>



<p>El otro día, mientras veía en Netflix la serie “Maniac” —muy buena por cierto, sobre enfermedades mentales, la recomiendo— me pareció hasta tierno ver, al principio y al final, un robot recogedor de popó. ¿Por qué aquí a nadie se le ha ocurrido la idea para ahorrarles la fatiga a los propietarios de canes? ¡Qué se compren un perro y a la vez un robot! Los podrían adquirir los consejos de administración de la Propiedad Horizontal con cargo al bolsillo de los tenedores de mascotas.</p>



<p>En Medellín ya existe una empresa que convierte esos desechos en <a href="https://www.agronegocios.co/tecnologia/eco-poop-convierte-los-desechos-de-mascotas-en-abono-organico-2899601">abono orgánico</a>. Recolectan e inactivan los patógenos contenidos en los excrementos. <em>“Capturamos 2200 Kg de gas carbono, liberando 63 Kg de oxígeno por tonelada de excremento procesado, ayudando así a la disminución del calentamiento global”, </em>dicen en su página web.</p>



<p>Señores concejales: Hagan algo para poner orden en la ciudad. &nbsp;¿Qué está haciendo la Alcaldía de Bogotá? ¿Qué tienen que decir las secretarías de Salud y de Medio Ambiente al respecto? ¿Cuál es el papel de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos, UAESP, en esta materia (en esta materia fecal)? ¿Hay alguna competencia del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal, IDPYBA?</p>



<p>Porque, me cuentan, las peleas entre vecinos han llegado a límites absurdos. <em>“Con mi perro nadie se mete”</em>, gritan algunos justificándose, desentendidos con la indirecta.</p>



<p>Pregunta un vecino afligido en internet: <em>“Si el perro del vecino siempre que lo suelta se caga en la puerta de mi casa, y él la recoge porque yo le digo, pero se repite la situación casi todos los días, ¿Qué se puede hacer?”.</em></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Estamos llegando al punto en que los derechos de los humanos acaban donde empiezan los de las mascotas. </strong></h2>



<p>Una amiga me cuenta que en un festival gastronómico, al norte de la ciudad, vio situaciones que le dañaron el fin de semana: perros haciendo sus necesidades al lado de quienes se alimentaban, perros olisqueando mesas, (algo parecido sucede en ciertos restaurantes); niños haciendo fila para usar el rodadero, lo mismo que amos para lanzar a sus perros. Estamos llegando al punto en que los derechos de los humanos acaban donde empiezan los de las mascotas. </p>



<p>Lo que debería ser un plan de disfrute y esparcimiento en familia termina convertido en pelotera de vecindario. <em>“Tenemos inteligencia artificial, pero no inteligencia ciudadana. Tenemos normas de convivencia pero no sabemos convivir”,</em> me dice ella, atrapada en su indignación.</p>



<p>No sé si gente energúmena envenene perritos hoy para vengarse de los malos vecinos. Recuerdo que eso ocurría en el barrio de mi infancia. A <em>Lassie</em>, que era un alma de Dios, chiquitita ella, la loca de la cuadra le echó algo en una comida. Otro crimen impune. </p>



<p>Sale este titular en la prensa: <em>“Estudiante de Bogotá podrán prestar su servicio social ayudando animales”.</em> Ojalá no pongan a esos muchachos a recoger la caca de los perritos a cambio de una nota. Que la ayuda consista en educar a los amos.</p>



<p>Tener un perrito me parecía encantador cuando era niño y ahora me parece un encarte porque, me confieso, no tengo paciencia, ni tiempo para cuidarlos. Comprar o adoptar uno para someterlo al estrés del encierro me parece inhumano.</p>



<p>Además, los ladridos son otro lío por contaminación auditiva en horas impropias, con afectación de la tranquilidad y el sueño ajenos. &nbsp;A la hora de mis lecturas, hay concierto perruno, mezclado con lamentaciones, y todo lo que puedo hacer es preguntarme qué estoy pagando.</p>



<p>Los perritos no tienen la culpa. Son inocentes de cualquier cosa que se les acuse. Yo los absuelvo de todo pecado pero no me pongan a cuidar uno. Los animales son los otros, ya lo dije. Con un chasquido de dedos el perrito o el minino entienden.&nbsp;</p>



<p>Las personas, en cambio, necesitan un policía ahí, encima a toda hora, porque el sentido común no les alcanza para actuar debidamente. Es cuestión de civilidad, lógica e higiene, todo lo cual forma parte de habitar con otros un mismo territorio.</p>



<p>Pero este es el mundo al revés y por eso mismo en Alcázares (localidad de Barrios Unidos), pusieron este aviso: <em><strong>“¡Señor perro: eduque a su amo!”.&nbsp;</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/12143345/ALCAZARES-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-111544" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/12143345/ALCAZARES-1024x768.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/12143345/ALCAZARES-300x225.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/12143345/ALCAZARES-768x576.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/12143345/ALCAZARES.jpg 1040w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=111510</guid>
        <pubDate>Wed, 12 Feb 2025 12:48:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Bogotá está hecha una caca… de perro]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <item>
        <title>Las guerras del agua en Bogotá: Relato apocalíptico</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/las-guerras-del-agua-en-bogota-relato-apocaliptico/</link>
        <description><![CDATA[<p>Bogotá adquirió el calificativo de tierra caliente y el hedor cundía por todas partes. Lo peor estaba por suceder. Cuento distópico de una ciudad apocalíptica.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-7dccfacff8bf8fdd350bbd39bc3e2ae8"><strong>&#8220;Cuando los ángeles lloran, lloverá&#8221;</strong> (Grupo <a href="https://www.youtube.com/watch?v=IRMrqO03pik"><em>Maná</em></a>)</p>



<p class="has-text-align-right"><strong>Advertencia: </strong>Este cuento contiene escenas que pueden herir la sensibilidad del lector. </p>



<p>Los ángeles habían dejado de llorar sobre la ciudad. </p>



<p>Se levantó a las 6:00 a.m. como de costumbre, y, tras observar que el bebé dormía plácido, fue directo al baño. Abrió el grifo para lavar sus dientes y pegó un grito de los mil demonios cuando vio que no salía ni gota de agua. De la rabia, se arrancó un poco de pelo. La boca seca le sabía a sangre, se sentía como la superficie de una lija. Sudó frío y secó el sudor con un pañuelo sucio.</p>



<p>A través del espejo inteligente, un artefacto de última generación comprado por <em>Amazon</em>, constató la noche de perros que pasó. Apenas durmió tres horas mal dormidas; era evidente que estaba flaco, ojeroso, cansado pero todavía con ilusiones. Saldría, como siempre, a las siete menos cuarto para enfrentar la monotonía de los horribles días grises bogotanos. Era un lunes 31 de agosto del año 2099.</p>



<p>Sobre el mismo espejo, tras un chasquido de dedos, proyectó la primera plana de <strong>El Espectador</strong>, para ver qué decían las noticias. Y las noticias decían que el Alcalde Mayor huyó la noche anterior con su amante ante la amenaza de linchamiento por la mala gestión del racionamiento del agua. Con Bogotá al garete, las autoridades ofrecieron una jugosa recompensa por la captura del burgomaestre.</p>



<p>De la noche a la mañana, la capital de Colombia retrocedió 200 años y las costumbres de antes estaban de vuelta. En hogares y baños públicos se instalaron  letrinas secas, que en vez de agua funcionaban con tierra. </p>



<p>En otras noticias, la periodista Victoria Devil, tataranieta de la “reina amarillista”, Viqui Devil, anunciaba que el calor y la sequía seguían matando bogotanos y que de China venía un barco cargado de bacinillas a bajo costo, porque también las <em>micas</em> estaban en tétrico furor. El contenedor traía además un ejército de robots de compañía, a tamaño real, para personas solitarias.</p>



<p>El mayor problema de la metrópoli eran la escasez de agua, los calores intensos que sancochaban gente en vivo y en directo, y los colados en el recién inaugurado servicio público de carros voladores autónomos. Desde 2080, la temperatura era de 30 grados centígrados. Bogotá era tierra caliente y la gente cubría sus vergüenzas con cualquier trapo. Se lamentaban de la ineptitud de sus antepasados, pues nadie hizo nada para impedir este infierno ambiental. La muerte acechaba a los dos millones de habitantes. </p>



<p>Si bien en 2050 se encontró una cura para el cáncer, ahora la gente moría, principalmente, por olas mortales de calor y afecciones cardiopulmonares, debido a la alta concentración atmosférica de ozono tóxico. Un dispositivo acoplado al torrente sanguíneo monitoreaba la salud en tiempo real, pero los médicos no podían salvar a nadie a distancia, ya que la corrupción mantenía a Bogotá en el atraso. </p>



<p>Ancianos morían en la calle de agotamiento por calor; los paros cardiacos y los accidentes laborales se volvieron frecuentes entre quienes debían trabajar al aire libre. Los trabajos en vía pública solo se hacían de noche y la vida se volvió&nbsp;nocturna. Daba pavor salir de día a la calle. </p>



<p>En otros países, se crearon centros de enfriamiento: los pacientes eran sumergidos en tinas heladas o acostados sobre bloques de hielo para bajarles la temperatura antes de que el golpe de calor los matara. O se les aplicaban inyecciones de fluidos fríos. En Bogotá, un lujo así estaba a años luz, gracias a la burocracia y el desgreño.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-left">Con todo, nadie sospechaba que lo peor estaba por suceder.&nbsp;</h2>



<p>Los páramos Chingaza, Guerrero y Sumapaz, se transformaron en semi-desiertos, y los embalses tenían menos del 10% de reservas para salvar a los últimos sedientos. Ni el <em>Indio Amazónico,</em> que atendía desde el más allá con sus menjurjes y charlatanería, revivido por la Inteligencia Artificial, pudo ver la doble tragedia que se venía. En cuestión de días se desataría el acabose.</p>



<p>—No quedará piedra sobre piedra, ni <em>cachaco</em>, ni <em>rolo</em>, ni forastero como testigo, presagiaban los catastrofistas.</p>



<p>A través del espejo, Alejandro Olmos observó con desdén las bacinillas chinas y recordó que debía comprar la suya. La quería blanca y esmaltada, en contra de su voluntad.</p>



<p>Así, sin bañarse los dientes, sin beber su café diario y sin preparar el primer tetero del día, se vistió rápidamente, se sentó en la sala, se puso las gafas de última generación que reemplazaron los teléfonos móviles, y se conectó con el supermercado más cercano. El bebé seguía durmiendo como un bebé. Eran él y el niño, pues su pareja se había largado un mes atrás, sin dar explicaciones. La señora de por días no llegaba.</p>



<p>Sin necesidad de abrir la boca, pidió un litro de agua, pero el dependiente, sin necesidad de abrir la boca, le hizo saber que solo podía venderle una botella de las pequeñas y nada más.</p>



<p>—Una por día, una por persona. Nada más. El decreto es claro —le gritó. Y pase por ella, porque el domiciliario murió ayer de insolación.</p>



<p>—Tocará, respondió de mala gana Alejandro Olmos. Los 350 mililitros de agua debían alcanzar para cepillarse los dientes, bañarse las partes nobles, preparar el tetero y hervir el tinto para mojar el pan duro que guardaba desde hacía quince días.</p>



<p>Alejandro Olmos se dirigió a su biblioteca y vio que allí estaban su viejo revólver, su máscara antigás y la biografía del poeta José Asunción Silva. Agarró primero la máscara. Los dos círculos de vidrio a la altura de los ojos funcionaban como cámara a control remoto para controlar las cosas de la casa. Un filtro al interior de la máscara permitía respirar aire limpio, y un diafragma de voz circular de metal permitía comunicarse con otras personas, además de que un pequeño tubo, conectado a un botellín, dispensaba agua, eso cuando podía llenarlo.&nbsp;</p>



<p>Ajustó la máscara a la cabeza como casco y salió de su apartamento en Chapinero Alto. Observó la misma escena: gente de todas las edades yendo de un lado hacia otro, conectada al mismo artefacto incómodo, como si la ciudad estuviera en medio de una guerra química.</p>



<p>La mañana de aquel lunes lucía letalmente tranquila. Bogotá estaba irreconocible, toda gris: el cielo, el suelo y los rostros de las personas. Grises también los cerros orientales, convertidos en un peladero, por los sucesivos incendios forestales del último medio siglo. El cielo azul se transformó en naranja a causa del fuego y el humo formó nubes negras, como en la canción de <em>Los de adentro</em>, que ya nadie cantaba. El verde desapareció, y ahora el aspecto lúgubre y desértico de Bogotá daba miedo. Parecía, en parte, el escenario de <em>Mad Max Fury Road</em>, sin los mutantes. Algunas familias pudientes se largaron a tiempo.</p>



<p>Donde alguna vez estuvo la iglesia de Monserrate, se instaló un Gran Ojo para monitorear el cambio climático; pero eran mentiras, porque más que nada se usaba para vigilar secretamente a los ciudadanos; solo a las autoridades les estaba permitido el acceso al lugar. Desde el cerro, el Gran Ojo lo sabía todo, incluso si alguien había cambiado de sexo, porque tenía el poder, mediante escáner, de ver su presente y el pasado de las personas, algo realmente perturbador.&nbsp;</p>



<p>Después de una fila de hora y media en el supermercado, la cajera leyó el chip en el brazo izquierdo de Alejandro Olmos y, muy enojada por hacerle perder el tiempo, le informó que con ese número de registro alguien más reclamó la dosis diaria del preciado líquido. Con el pañuelo sucio limpió el sudor frío. Su chip fue <em>hackeado</em>. Los hackers encontraron en las guerras del agua un negocio lucrativo, pues mediante el robo de información obtenían agua suficiente para sobrevivir y la de sobra para revenderla a las <em>Mafias del Agua</em>, una red peligrosa que se extendió por todo el continente, fundada por los disidentes del <em>Tren de Aragua</em>. El agua se vendía hasta cinco veces más de su valor real, que de por sí era impagable para los más vaciados.</p>



<p>Angustiado, el hombre empezó a andar sin saber hacia dónde. Le echaba un ojito al bebé a través del visor de la máscara. Observó que la criatura seguía durmiendo y la señora de por días no daba señales de vida.</p>



<p>Siguió caminando. Se hizo leer el chip en otros lugares y la respuesta fue la misma: —<em>“No nos haga perder el tiempo, señor”. </em>En muchos negocios, a puerta cerrada, colgaron el mismo letrero: <em>“No hay agua, no insista”. </em>Pero las neveras estaban repletas de gaseosas y jugos artificiales. Las únicas autorizadas para disponer de agua y desperdiciarla a su antojo eran las empresas embotelladoras, que pagaban impuestos altos para permitirse tal desfachatez en medio de aquel caos.</p>



<p>En cuestión de días los bares quebraron y no hubo una gota de licor más. La sobriedad empeoró el drama, y ya no hubo agua ni para preparar guarapo. Chicha tampoco<strong>. </strong>Se dieron cuenta que a palo seco, y sin literatura, la vida era  desdichada. </p>



<p>Ofreció su reloj ultra inteligente a cambio de una botella de agua a quienes llevaban la suya con recelo. No consiguió más que insultos. Ya nadie robaba celulares o billeteras. Los ladrones en moto despojaban&nbsp;del agua a quien daba <em>papaya.</em></p>



<p>—<em>Tengo un bebé por Dios,</em> suplicaba Olmos, sin recordar en su desespero que invocar a Dios servía de poco, pues en el año 2040 los científicos probaron su inexistencia, y en adelante curas y pastores debieron buscar otros oficios para no morirse de hambre.</p>



<p>Sin un lugar para Dios sobre la Tierra, los capitalinos volvieron a adorar <em>Chibchacum</em>, el <em>dios muisca de la lluvia y el trueno</em>, al cual le levantaron un monumento y un altar en el centro de la plaza de Bolívar, en lugar de la estatua del Libertador, de quien ya nadie recordaba por qué era famoso. <em>Chibchacum, </em>enfermo de los oídos, no escuchó sus ruegos.</p>



<p>Siguió caminando, cual zombi, hasta llegar al Nuevo Parque Nacional, donde los árboles fueron reemplazados por columnas de cemento que funcionaban como fuentes de agua.</p>



<p>En esa Bogotá, que otra vez se asemejaba a una aldea, la vida ya no tenía sentido. Sonrió sin muchas ganas cuando un ex sacerdote, en mitad del parque, aseguró ser la reencarnación del padre Francisco Margallo. El hombre batió su sotana negra percudida y maloliente en medio de aquel calor infernal antes de escupir una profecía: <em>“El 31 de agosto de un año que no diré sucesivos terremotos destruirán Santafé”. </em>Con las insolaciones aumentaron los trastornos mentales y ocurrió lo impensable: las iglesias se transformaron en manicomios, donde los ex curas, convertidos en loqueros, cuidaban de los enfermos pero de lejitos.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-left">Sin agua para preparar los alimentos, cundió la inanición.</h2>



<p>Como alma que lleva el diablo, Alejandro Olmos continuó hacia el sur por la desierta Avenida Circunvalar.&nbsp; De vez en cuando se detenía para observar al bebé que nada que se despertaba. Y la señora de por días nada que llegaba.</p>



<p>Se respiraba un aire nauseabundo, de halitosis y sobaquina, que empeoraba con el hedor de la caca humana, pues mucha gente defecaba en la calle ante las largas filas en las letrinas públicas. De niño, los abuelos le contaron a Alejo que en otro tiempo llovía tanto en Bogotá que la gente era feliz empapándose en las calles, los adultos cantaban bajo la lluvia, las niñas hacían figuritas con el granizo y los niños construían barquitos de papel, que navegaban desde Chapinero hasta Ciudad Bolívar, y viceversa.</p>



<p>Otros, sin embargo, renegaban por las inundaciones.&nbsp; Los que más odiaban aquellos diluvios eran los pobres, porque sus casas de pobres se inundaban y perdían sus corotos de pobres.</p>



<p>Todo era distinto ahora. Imagínese: No llovía desde la muerte del último Papa, que murió de pena moral cuando le dijeron que Dios fue inventado por el hombre, y no al revés. Las lluvias tropicales se habían desplazado hacia los países del norte. Los arco iris se borraron para siempre y una granizada era prehistoria faltando poco para la llegada del año 3000. En Navidad ya nadie podía mirar los peces bebiendo en el río, porque los peces y el río se murieron con la última lluvia ácida.</p>



<p>El río Bogotá corrió la misma suerte de los demás: fue canalizado cuando se secó. La muerte, al igual que la porquería y los olores irrespirables, aparecían por doquier, en el norte y en el sur, al oriente y al occidente. Donde ricos y donde pobres.&nbsp;</p>



<p>La ciudad estaba irreconocible, pero los políticos mañosos no. Esa gentuza traficaba votos por agua. Se hicieron gestiones ante la NASA con el fin de adquirir la tecnología necesaria para bombardear las nubes y hacer llover, con tan mala suerte que se robaron los equipos al llegar al aeropuerto.&nbsp; En 1948, se provocó artificialmente la lluvia por vez primera, por medio de anhídrido carbónico, el cual disparado a la nube producía su enfriamiento y condensaba el vapor de agua, haciendo llover. &nbsp;</p>



<p>Alguien propuso crear unos “pozos romanos”, como lo hicieron veintiún siglos atrás en la Antigua Roma. Tocaba excavar sobre las rocas de los cerros orientales para obtener y almacenar el agua lluvia… pero entre tanto anémico no hubo quien hiciera esa tarea. &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="585" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-1024x585.jpg" alt="" class="wp-image-105603" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-1024x585.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-300x171.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-768x439.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-1536x877.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>—¡Maldita sea! ¡A ningún alcalde se le ocurrió desarrollar sistemas para almacenar la lluvia cuando la hubo! —refunfuñaba Alejandro Olmos, que se rasgó la camiseta de la Selección Colombia, rojo de la ira. El año anterior ganamos la <em>Copa Universal de Fútbol </em>por primera vez en la historia, durante el campeonato que se realizó en la Luna en el año 2098. Los hinchas colombianos se pusieron eso de ruana por allá.</p>



<p>Los pocos ricachones que quedaban en Bogotá, recibían el agua a domicilio, gracias a un decreto del alcalde marrullero ahora en fuga. Los que no tenían en qué caerse muertos debían&nbsp;recogerlas en las pilas, y no siempre alcanzaba para todos.</p>



<p>También por decreto se transformó la razón social de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, pues el agua dejó de llegar a las casas y a los conjuntos residenciales, así que baños e inodoros pasaron a mejor vida, así también en escuelas públicas y hospitales. Se prohibió la irrigación de sembrados y cultivos dentro del Distrito, el riego de árboles y plantas en jardines, antejardines y zonas verdes y el lavado de vehículos automotores en residencias, estaciones de servicio, fábricas y centros comerciales. Se decretaron multas y arrestos para los infractores.</p>



<p>Quienes no perdieron el empleo, ahora debían vigilar las fuentes de agua, con apoyo del SMAD para evitar alteraciones del orden hídrico. De esa manera revivió el oficio&nbsp;de los aguadores y prosperó el negocio de la cría de burros para cargarla. Reinó la envidia. Los envidiosos les disparaban adentro a los burros, metiéndoles el revólver por el culo, como si hubieran tomado la idea de <em>La mala hora</em>, una novela que en otro siglo escribió un tal Gabriel García Márquez, del que nadie sabía nada, porque la gente se olvidó de los libros, ¡qué desgracia tan grande! &nbsp;</p>



<p>Los <em>avivatos</em> hicieron su agosto de enero a diciembre. Se disparó la venta de abanicos y ventiladores para sofocar los fuertes calores a la sombra, la venta de pañuelos especiales para reutilizar el sudor y la venta de sombrillas con pequeños chorros de aire para protegerse de las altas temperaturas.</p>



<p>A esas alturas el agua era ya un bien suntuoso, más caro que la gasolina, más caro que cualquier cosa. Las señoras lavaban la ropa en lavaderos comunales y a la intemperie bañaban a los niños menores de cinco años, una vez por semana, como mucho. Tocaba madrugar para coger turno; quien no madrugaba por pereza pagaba para que le guardaran el puesto, en los lavaderos y en las pilas.</p>



<p>La Secretaria de Obras autorizó la construcción de duchas públicas y canales en las calles para que circularan los desechos humanos, a la vista de todos, como antaño, pues no todas las casas contaban con letrina. La gente debía hacer filas enormes desde las 4:00 de la mañana para acceder a las duchas, usando el sistema de pico y placa por reconocimiento facial. La lucha de clases se libraba ahora en estos lugares. La gestión clasista del agua privilegió a los ricos sobre los pobres: los primeros se “duchaban” cada quince días con totuma y los segundos cada mes sin totuma. De resto, cada quien debía ingeniárselas para bañarse lo esencial.</p>



<p>Los carrotanques daban prioridad a los barrios ricos, y si quedaba, que no quedaba, se pensaba en los demás. Se pagaban cifras astronómicas por botellas de agua y hasta el sexo se usó como moneda de cambio, un lujo reservado para la gente adinerada, aunque con los malos olores el sexo dejó de ser una prioridad.</p>



<p>Al principio, los ricos tenían duchas aparte de los pobres y por lo general cercanas a sus residencias, pero los pobres se juntaron al grito de <em>“El pueblo unido jamás será vencido”</em> (una consigna que no se escuchaba desde tiempos inmemoriales) y a la gente de bien le tocó de mala gana juntarse con la plebe.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-left">El precio de los limones, usado ahora como desodorante, se puso por las nubes, y se acudió a los sahumerios y las hierbas aromáticas para mantener aireadas las casas, que por lo general olían a diablo.</h2>



<p>La Secretaría de Salud ordenó esterilizar a todas las mascotas para controlar la población y dar prioridad a los humanos con un mínimo vital de agua por familia. Un concejal del Partido Anti-Animalista, presentó un proyecto de acuerdo para poner a dormir a perros y gatos, pues le parecía inaudito que en los albores del siglo veintidós fueran más importantes los animales que las personas, pero los del Partido Animalista se rebelaron, encadenándose, para impedir la matazón. Ganó la ultraderecha. Y no se salvó ni la perra del alcalde, a la que abandonó en su huida.</p>



<p>La verdad es que había mil problemas en qué pensar: por ejemplo, definir el manejo que se le daría al espacio aéreo con la llegada de los primeros autos voladores para evitar atascos y accidentes. Entonces, Monserrate fue habilitado como aeropuerto privado destinado a las primeras aeronaves autónomas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="585" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-1024x585.jpg" alt="" class="wp-image-105602" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-1024x585.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-300x171.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-768x439.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-1536x877.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Como consecuencia del excesivo calor, la sequía y las aguas contaminadas, la peste mental cayó sobre la ciudad. La población parecía loca, yendo de un lado a otro, con angustia reactiva y depresión. La agresión y psicopatías complejas se apoderaron de los habitantes, y los que no morían por la peste, morían a manos de los otros desquiciados. Las ratas sedientas empezaron a salir de sus nidos para morir en calles y avenidas, y el olor a cadaverina empeoró la epidemia. De los dos millones de personas, se pasó a 120.000, hasta que la población se redujo a tres mil, que ese era el número de habitantes hacia 1623. Ningún anciano y ningún niño quedó vivo. &nbsp;El Estadio <em>El Campin</em>, <em>Corferias </em>y el <em>Movistar Arena</em> se transformaron en hospital, morgue y cementerio, respectivamente.</p>



<p>Por pura intuición masculina, Alejandro Olmos pensó que era buena idea subir a Monserrate, a pesar de que el acceso estaba restringido a particulares. A 3152 metros de altura, la muerte no lo alcanzaría, pensó. Quitándose la máscara antigás, emprendió el ascenso a pie. Exhausto, sudando a cántaros, con muchos kilos de menos y las piernas temblando, llegó hasta la cima del cerro, más cerca de las estrellas y del cataclismo,&nbsp;y vio que allí estaba el Alcalde Mayor de Bogotá bebiendo <em>Coca Cola</em> en bermudas, guayabera y gafas de sol de las costosas, tomado de la mano de su esposo, el de Alejandro, del que no tenía noticias desde hacía un mes.</p>



<h2 class="wp-block-heading">—No me crean tan marica —exclamó con evidente rabia, y ambos se percataron de su presencia antes de que pudieran abordar el avión de pasajeros impulsado por motores de hidrógeno, que los llevaría al desierto amazónico brasileño. &nbsp;</h2>



<p>Alejandro Olmos recordó la jugosa recompensa por entregar al funcionario, pensó que era dinero suficiente para garantizarse agua para el resto de su vida y la del bebé que adoptaron en un viaje a Palestina. Y hablando de la criaturita, se colocó de afán la máscara antigás y observó a la señora de por días, una mujer menuda y de baja estatura con el niño en brazos, gritando enloquecida, como si el pequeño estuviera muerto. Y en efecto el pequeño ya estaba en el más allá. Murió deshidratado de tanto llorar. Cuando Olmos creía que él dormía, en realidad veía una imagen congelada, pues también hackearon su máscara.</p>



<p>Se despojó de ella otra vez. Con ira e intenso dolor, sacó su revólver <em>Smith &amp; Wesson</em>, y verificó el número de balas. ¡Dos! Disparó primero la del alcalde. Sudó frío y limpió el sudor con el pañuelo, antes de disparar la segunda bala en su propio corazón,&nbsp;emulando a Silva, su poeta favorito. Eran las seis de la tarde de ese jueves 31 de agosto, la hora en que se cumplió la maldición del padre Margallo. <em>&#8220;Entonces hubo relámpagos, voces y truenos, y un gran temblor de tierra. ¡Nunca antes, desde que la humanidad existe, había habido un&nbsp;terremoto&nbsp;tan grande!&#8221;</em>. (Apocalipsis 16:18). </p>



<p>De los tres mil habitantes de Bogotá, ninguno sobrevivió, salvo quien esto escribe. Siri me despertó a tiempo de aquella pesadilla. </p>



<p>Entonces, encendí la radio: el alcalde Carlos Fernando Galán anunció el regreso de los cortes diarios de agua, debido al bajo nivel del embalse de Chingaza por los calores intensos. Me metí a la ducha; tan de malas, que se fue el agua. Mojado y enjabonado, me asomé a la ventana y el único burro al que vi fue al vecino que lavaba su carro con manguera, mientras que la pareja del 405 se alejaba, tomados de la mano, con el bebé palestino en su cochecito. En ese momento quitaron la luz. Y aquí estoy, en el peor de los mundos, preguntándome por qué los ángeles no quieren llorar sobre Bogotá.</p>



<p class="has-medium-font-size">(TODAVÍA NO ES EL <strong>FIN&nbsp;</strong>PERO ESTÁ CERCA SI NO HACEMOS LO CORRECTO)</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7f472a40ea1b005c182cbb55b919546d"><strong>Nota: Este autor no utiliza inteligencia artificial (IA) en la escritura de sus textos. Sin falsas modestias, con mi IN (Inteligencia Natural) me basta. Todavía soy un humano que escribe para humanos. Ejerzo mi derecho a pensar y por lo tanto me niego a que una máquina remplace mi cerebro. Las imágenes de este relato sí fueron creadas con ayuda de IA.</strong></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=105598</guid>
        <pubDate>Sun, 22 Sep 2024 13:01:52 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193634/APOCALIPSIS-PORTADA.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Las guerras del agua en Bogotá: Relato apocalíptico]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¡Hablemos mal de Bogotá!</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/hablemos-mal-de-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Escribo esta columna a medida que recorro la ciudad. ¡Ay, Bogotá! Me haces pasar unas vergüenzas. Tan fácil que es amarte, tan fácil que es odiarte.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>El día comenzó espléndido. ¡Hoy no llueve!, me doy ánimos. Porque hay días que amanezco como el poema de José Asunción Silva: quejoso de todo y de todos. Debe ser que tengo, como el título del mismo, <em>El mal del siglo</em>. Y dice así:</p>



<p class="has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-b66b7e94742ba97b581fb0d25a5deb73"><em>El paciente:</em><br>Doctor, un desaliento de la vida<br>que en lo íntimo de mí se arraiga y nace,<br>el mal del siglo… el mismo mal de Werther,<br>de Rolla, de Manfredo y de Leopardi.<br>Un cansancio de todo, un absoluto<br>desprecio por lo humano… un incesante<br>renegar de lo vil de la existencia<br>digno de mi maestro Schopenhauer;<br>un malestar profundo que se aumenta<br>con todas las torturas del análisis…</p>



<p class="has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-06ab2169ab8ec0cbe205d29be733a41e"><em>El médico:</em><br>—Eso es cuestión de régimen: camine<br>de mañanita; duerma largo, báñese;<br>beba bien; coma bien; cuídese mucho,<br>¡lo que usted tiene es hambre!…</p>



<p>Le hice caso a mi doctor. Me gusta caminar la ciudad bajo mi propio riesgo. Obvio no lo hago de noche. Tendría que estar loco. O borracho. Porque borracho cualquiera se despoja de sus cobardías o mea en cualquier pared.</p>



<p>Dicen que cuando Manuelita Sáenz llegó a Bogotá, esta ciudad le pareció poca cosa.&nbsp;En una corta convalecencia, vi por Netflix los 60 capítulos de la serie sobre Bolívar que hizo Caracol y en el episodio 49, ella dice: <em>“Yo nunca me imaginé Bogotá así.</em> (Se la imaginaba) <em>más imponente, elegante</em>, (…) <em>porque si la han nombrado capital debería ser por su grandeza”.</em></p>



<p>Pues, querida <em>Libertadora del Libertador</em>, la ciudad es lo que es y estamos de acuerdo en que, tanto ayer como hoy, le falta señorío. &nbsp;</p>



<p>Veo está ciudad desde el quinto piso de mis 53 marzos. La veo y no lo creo. Porque veo lo bonito y veo lo feo, lo tremebundo y lo bondadoso.  Lo tremebundo aparece cada día en la primera página del <em>Q´Hubo.</em> ¿Y lo bondadoso? Intento buscar agujas en un pajar.</p>



<p>Veo basura arrumada en cada esquina. La gente cochina en la calle es gente cochina en la casa. ¿Será por eso que ya nadie invita ni a onces santafereñas? Hablar mal de Bogotá es hablar de nosotros y nuestros malos comportamientos. </p>



<p>Bogotá es el basureo de todos y el cagadero de las mascotas. Me pregunto si hay más animales que habitantes. Sumen perros, gatos y ratas. Ah, y los pajaritos enjaulados. ¿Qué crimen cometerían esos pobres? Tener alas y no poder usarlas: una desgracia. Como el que tiene piernas pero le pide permiso a un pie para mover el otro. La pereza nos habita. Y la pereza es un pecado capital.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-96d85454be2752ecd1261894fa72c918"><blockquote><p><strong>&#8220;&#8230; lo que soy sería insoportable si no pudiera acordarme de lo que fui&#8221;:</strong> Fernando Pessoa, El libro del desasosiego. </p></blockquote></figure>



<p>Recuerdo que de niño me gustaban los animales, incluidos las tortugas, las babosas y los pollitos de colores. Recogía perritos de la calle y los escondía debajo de la cama; cuando la abuela los descubría, a regañadientes los aceptaba para evitar mis berrinches. El problema fue crecer. </p>



<p>De adulto, me siento incapacitado hasta para cuidar una planta. Debo decir con vergüenza que varias murieron deshidratadas en la sala, victimas no del cambio climático si no de mis olvidos. Me recrimino e incrimino como <em>El asesino de matas</em>. Estoy escribiendo un cuento a manera de descargos.  </p>



<p>¿Oyen ladrar los perros? A toda hora los escucha uno ladrar. En serio: ¿Cuántos perros hay en Bogotá? Yo veo perros por doquier. Uno mordió a mi hermana. </p>



<p>—<em>Que no se preocupe, que el animalito está vacunado contra la rabia</em>, fue la única razón que le mandaron con un vecino. ¿No les parece que urge un censo animal? Hacia 1.856 había en la ciudad 7.350 animales entre vacas, ovejas, cabras, caballos, mulas, burros y marranos, sin contar perros, gatos, gallinas u otras aves.</p>



<p>Deberían enseñarles a ser educados. Estoy hablando de los dueños, por supuesto. ¡Pero no! Ahí está la dama del perrito que lo saca a pasear por la zona verde y nunca recoge sus porquerías (las del perrito), porque ella va entretenida con su cháchara telefónica. ¡Tan de buenas que no le han robado ese aparato!</p>



<p>Deseo que nazca otro Mockus destinado a la política –no importa que también se baje los pantalones para que le paren bolas- y suba de Alcalde para terminar lo que aquel empezó. En cultura y civismo perdimos el año desde antes de que llegaran los chapetones. Si le hubiéramos hecho caso a Antanas, esa gente sacaría la basura el día que toca, y los otros desadaptados usarían el puente en lugar de hacerle fieros a la muerte.&nbsp;</p>



<p>Los excrementos animales se están convirtiendo en un problema de salud pública. De domingo a domingo hay miércoles por donde uno camine, en las calles, incluso en las zonas comunes de ciertos edificios. ¿Cuánto excremento animal produce esta ciudad al día porque del otro ni hablemos?</p>



<p>Lo siento mucho por las señoras del aseo. La gente cree que ellas son sus criadas y las de sus mascotas. Hay cierto tipo de esclavitud en esto que llaman “vida moderna”: sucede ante los ojos de todos y nadie dice nada. Las señoras del aseo son las esclavas de la dejadez ajena. —<em>Para eso les pagan</em> —dice la gente indolente. Indolente y cochina, ya se dijo.</p>



<p>Hay mucho ruido en la ciudad. Hacen ruido el señor de los aguacates con su megáfono, las motos y las bicicletas eléctricas, los bici-taxis con sus motores y sus bafles a todo volumen, -se adueñaron además de los carriles para bicicletas-, y la señora del quinto que le taconea a la del cuarto a las 6:30 de la mañana, y en la asamblea anual todos nos enteramos del chisme. Las mismas quejas cada año, como disco rayado, hacen más tediosas esas asambleas de copropietarios, y nada cambia; así somos ¿y qué? Nos gusta malvivir. Dichosos los que todavía viven en casas con zaguán y patio. A esos los envidio.</p>



<p>Figúrense: Anoche llegó un nuevo inquilino al 503. Y se puso a romper la pared a las 10:00 de la noche. En la asamblea de año entrante propondré que repartan copias del manual de convivencia… o tapones para los oídos, lo que sea más efectivo contra esta falta de consideración.</p>



<p>Hasta los perros hacen ruido y no me dejan leer. Odio las dictaduras pero apoyo el uso del bozal.</p>



<p>Atravesé toda la ciudad para escribir esta columna, montado en uno de los articulados de Transmilenio. Somos el sándwich entre el tranvía de los tatarabuelos y el Metro que, ¡si están de buenas!, verán nuestros tataranietos.</p>



<p>En mi barrio construyeron un colegio más alto que mi edificio. Los niños tienen derecho a estudiar pero a mí me quitaron el derecho a contemplar los cerros orientales. Ver tanto ladrillo me enferma. De viejito me tocará vivir en un potrero. El ladrillo nos roba la alegría de la contemplación. Creo que a partir de esta idea (los cerros sepultados por el acero y el hormigón) podría escribirse una novela distópica sobre la Bogotá del año 2100. O una “ficción especulativa”, como llama Margareth Atwood a la ciencia ficción.</p>



<p>¿Vieron? Ya no hay que ir al Salto del Tequendama para quitarse la vida, como antaño. La ciudad se llenó de deportistas extremos: llevan casco y conducen a mil mientras leen algo en el smartphone. Como siga aumentando la venta de motocicletas, aumentará el número de suicidas y potenciales asesinos.</p>



<p>En el centro un loco amenaza con sacar su cosa delante de todos si no le dan monedas. Acudan a la “ficción especulativa” para imaginar el final.</p>



<p>Veo gente contenta porque muchos venezolanos se están devolviendo para su tierra. Desde Caracas, me dice un amigo que de Colombia hacia abajo ningún país quiere a sus compatriotas. Se están yendo para Estados Unidos o España, donde nos odian a los <em>sudacas</em>.  </p>



<p>Me regreso en Transmilenio. Un perrito sube con su ama. Todos se enternecen. El perrito orina los zapatos de una pasajera. Las caras de ternura se evaporan con la orina del perrito.&nbsp;Ya no es tan lindo.</p>



<p><em>—&#8221;Señor, señor: lleva la maleta abierta&#8221;.</em> Todavía hay almas caritativas. El <em>señor señor</em> era yo, siempre despistado, creyendo que en esta ciudad no hay ladrones, como en el cuento de Gabo. &nbsp;</p>



<p>Se sube un muchacho tan flaco, tan flaco, que se me olvidó el chiste. Dice que hace magia y que es el sobrino del Mago Lorgia. Cuenta que su tío cobra 18 millones de pesos por función. Hace un truco: le entrega la baraja a un pasajero, le dice que escoja una carta y la hace aparecer en la pantalla de su celular. Casi nadie le presta atención. Pide aplausos. <em>“El que no aplauda lo desaparezco. Lo pongo al lado de Petro”. </em>Nos paraliza la inseguridad y nos polariza el mago con sus chistes flojos.</p>



<p>¿Por qué permitimos que haya niños vendedores en la calle? Otro crimen sin castigo. ¿Hasta cuándo?</p>



<p>Un bici-taxi se volcó a dos cuadras de mi casa. La señora grita por su pierna. El marido le cayó encima. Semanas atrás, también en mi barrio, otro armatoste de esos mató a un viejito. La barbarie salió en el <em>Q´hubo.</em> ¿Quién responde? ¿Por qué ni el Concejo ni el alcalde han reglamentado ese servicio de transporte? Señor burgomaestre Galán: ¿Está esperando una tragedia mayor?</p>



<p>La gente se arremolina alrededor de los accidentados. <em>“Bogotá era un poblacho chismoso”,</em> dice Vallejo en la biografía de José Asunción Silva, refiriéndose a la aldea que éramos a finales del siglo XIX. Pues, querido escritor, la costumbre de comer prójimo está en los genes.  </p>



<p>A propósito del poeta bogotano, cada niño que nazca en Bogotá debería ser arrullado por sus padres con <em>“Los maderos de San Juan”,</em> y no con el <em>“Arrurú mi niño, duérmete ya, que tengo qué hacer, lavar los pañales y hacer de comer”, </em>entre otras cosas porque la gente ya no lava pañales, y en vez de tener hijos, quieren tener perros y gatos. Poetas y poetisas: hay que escribir canciones de cuna para las mascotas: según Fenalco, en Bogotá hay alrededor de 7.275.000 y 3.564.750 son perros y perras. ¿Habrá <em>perres</em>?</p>



<p class="has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-99b6535d69bdfdb09ee43114b7b0a31a"><em>¡Aserrín!<br>¡Aserrán!<br>Los maderos de San Juan<br>piden queso, piden pan,<br>los de Roque<br>alfandoque<br>los de Rique<br>alfeñique<br>¡triqui, triqui, triqui, tran!<br>¡triqui, triqui, triqui, tran!</em></p>



<p>Observo la capital desde el mirador de la Avenida Circunvalar (la misma que lleva a Monserrate, adonde Manuelita debió encaramarse para admirar no su grandeza pero si lo mucho que ha crecido) y me pregunto si en esta Metrópoli los bogotanos albergamos nuestras 7 maravillas antiguas y modernas. </p>



<p>Me aviento con un listado exprés: El Chorro de Quevedo, La Quinta de Bolívar, Monserrate, el barrio Teusaquillo, la iglesia de San Francisco –la más antigua de Bogotá, data de 1.575, cuando éramos la capital del Nuevo Reino de Granada-; el TransMiCable de Ciudad Bolívar, el Colegio Mayor de San Bartolomé, el Museo Nacional, la Estación de la Sabana, el centro cultural Gabriel García Márquez y la Biblioteca Virgilio Barco. ¡Perdón, hice trampa! Bogotá es una maravilla por donde se le mire, pues yo como digo una cosa, digo la otra. Invito a los lectores a dejar su propio listado en los comentarios.  </p>



<p>Pensé mal, porque otra vez se largó a llover. No tengo paraguas. Perdí tantos que les perdí el afecto a esos artefactos; prefiero guarecerme por ahí, que para eso llevo siempre conmigo un buen libro. ¡Y un buen libro lo salva a uno de lo que sea: hasta del mal del siglo! </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=101706</guid>
        <pubDate>Sun, 09 Jun 2024 16:02:50 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/06/09105807/A-PORTADA-BLOG.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¡Hablemos mal de Bogotá!]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El alcalde de Bogotá,la obviedad y los feminicidios</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/el-alcalde-de-bogotala-obviedad-y-los-feminicidios/</link>
        <description><![CDATA[<p>Según el observatorio de feminicidios en Colombia y la información difundida por medios reconocidos, la cifra oficial indica que, en Colombia, se reportan aproximadamente cuatro feminicidios cada semana.<br />
Este dato refleja una realidad alarmante y enfatiza la urgencia de implementar medidas efectivas para prevenir y combatir la violencia de hacia las mujeres y la violencia basada en género en el país.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-luminous-vivid-amber-background-color has-text-color has-background has-link-color wp-elements-2f358ad9ba2a88ee1072ba549bf3036d" style="font-size:0rem">¿Para que sirven los discursos de siempre?</h2>



<p>Respetado alcalde Carlos Fernando Galán.Desde la iniciativa del feminismo Artesanal que propuse  hace más de una década, y como ciudadana comprometida con múltiples formas de activismo, me dirijo a usted no solo para expresar una inquietud, sino también para convocar a una reflexión colectiva sobre sus recientes declaraciones que instan a las mujeres a identificar a potenciales agresores en sus vidas.</p>



<p> Esta sugerencia, aunque bienintencionada en su prevención, parece desatender las décadas de labor exhaustiva que hemos emprendido como movimiento feminista.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-secondary-color has-primary-background-color has-text-color has-background has-link-color wp-elements-1f65bdb4b64f812abccca1e5a4e5bf66"><strong>El feminismo ha sido vanguardista en la prevención de la violencia de género, generando espacios de acción y profunda reflexión sobre el feminicidio. </strong></p>



<p><strong>Hemos psico educado y mantenido diálogos incansables sobre este azote que, en Colombia, se manifiesta con una frecuencia alarmante: decenas de mujeres asesinadas, en su mayoría por hombres en quienes confiaban y que prometieron amarlas. Surge entonces el interrogante: ¿Por qué se nos plantea algo tan evidente? La prevención es una tarea que hemos asumido con pasión, pero la responsabilidad no puede recaer exclusivamente en las mujeres.La cuestión fundamental es qué están haciendo los gobiernos y Estados para disminuir los feminicidios. No se debe culpar a ninguna mujer por confiar, amar o intentar construir un vínculo, independientemente de su naturaleza afectivo-sexual.</strong></p>



<p><strong> </strong>No es viable vivir en burbujas ni exiliarnos a un mundo utópico para eludir el peligro. </p>



<p class="has-primary-color has-secondary-background-color has-text-color has-background has-link-color wp-elements-c3bf0e8bcfa7f5b3e78c9a5ef6f9b804"><strong>La propuesta debe ser educar a los hombres, crear espacios donde las mujeres puedan aprender no solo sobre educación psicológica sino también sobre defensa personal.</strong> </p>



<p>La defensa personal es un derecho humano, pero el aprendizaje es un privilegio de clase, y la mayoría de nosotras no poseemos los recursos económicos para acceder a él. Nos inundan con discursos sobre el autocuidado y protocolos frente a las víctimas mortales, pero ¿qué herramientas concretas de autocuidado nos proporcionan los Estados, gobiernos, líderes de poder e instituciones ?</p>



<p>Es ilógico sugerir que la solución sea que las mujeres aprendan a detectar a sus posibles asesinos. No estamos sugiriendo que debamos descuidar la prevención, pero aceptar tal premisa no es equivalente a consentir que se nos informe lo obvio sin ofrecer soluciones prácticas.</p>



<p><strong> Requerimos programas de acción que otorguen a las mujeres herramientas, procesos y oportunidades para vivir una vida genuinamente libre y productiva, Putamente libre donde podamos ejercer control y decisión sobre nuestras existencias.</strong></p>



<p class="has-secondary-color has-primary-background-color has-text-color has-background has-link-color wp-elements-18928c4d736ad6780a770399e52b8e66">Recordemos que, cuando denunciamos, a menudo no somos escuchadas; cuando solicitamos ayuda, frecuentemente somos ignoradas. </p>



<p>Es momento de que la alcaldía eduque a la sociedad civil , los funcionarios , a la policía y quienes están en el poder deben autoeducarse como lideres políticos.</p>



<p class="has-luminous-vivid-orange-color has-contrast-background-color has-text-color has-background has-link-color wp-elements-31e2563e52d8c3cbb57a4dc0241d9d76">Ese debería ser el punto de partida, no exigir a las mujeres que sean las encargadas de prevenir la violencia de la cual son víctimas. </p>



<p>Según el observatorio de feminicidios en Colombia y la información difundida por medios reconocidos, la cifra oficial indica que, en Colombia, se reportan aproximadamente cuatro feminicidios cada semana. Este dato refleja una realidad alarmante y enfatiza la urgencia de implementar medidas efectivas para prevenir y combatir la violencia  hacia las mujeres y la  basada en género en el país.</p>



<p>Con respeto y esperanza.</p>



<p class="has-contrast-color has-cyan-bluish-gray-background-color has-text-color has-background has-link-color wp-elements-fe51f2dbf85d206cae60385ff91aaf2d">Mar Candela Comunicadora para las resistencias y periodista para el desarrollo humano </p>
</blockquote>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=101511</guid>
        <pubDate>Sat, 01 Jun 2024 18:23:25 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/06/01131625/foto_0000000120200103120848-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El alcalde de Bogotá,la obviedad y los feminicidios]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mar Candela</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El alcalde para mi feíta Bogotá empieza por G</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/alcalde-feita-bogota-empieza-g/</link>
        <description><![CDATA[<p>“En ninguna ciudad del mundo me he sentido tan forastero como en Bogotá”: Gabo. De Bogotá se dice que alguna vez fue el pueblo de las tres efes: frío, feo y fétido. Tengo la impresión de que fea ha sido siempre, menos cuando la llamaban Muequetá, Bacatá o La gran laguna de Humboldt. Fea desde [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right"><strong><em>“En ninguna ciudad del mundo me he sentido tan forastero como en Bogotá”:</em></strong> Gabo.</p>
</blockquote>
<p>De Bogotá se dice que alguna vez fue el pueblo de las tres efes: frío, feo y fétido. Tengo la impresión de que fea ha sido siempre, menos cuando la llamaban Muequetá, Bacatá o La gran laguna de Humboldt. Fea desde antes que yo naciera y desde antes que nacieran mis padres y los de ellos, que, por cierto, ninguno nació acá; la violencia entre rojos y azules los trajo como plumas desorientadas que el viento lleva a cualquier parte. Pero aclaro algo para no herir susceptibilidades: nada más subjetivo que los conceptos de belleza y fealdad. Como dijo <em>El Principito</em>: <em>“Lo esencial es invisible a los ojos”.</em> Y lo esencial es que soy un orgulloso rolo, mitad boyacense, mitad llanero.</p>
<p>Crecida sin una adecuada planificación, Bogotá es desorden y dejadez en lo urbanístico y en lo arquitectónico. Hay quienes dicen que el desbarajuste comenzó después de <em>El Bogotazo. </em>No soy urbanista ni arquitecto pero lo que mis ojos ven no me agrada. Podría ser mejor, que así lo quería don <a href="https://archivobogota.secretariageneral.gov.co/noticias/hombre-le-cambio-la-cara-bogota">Karl Brunner</a>. Si Bogotá fuera un cuadro sería el <em>Guernica</em> de Picasso nada más que por sus tristes blancos, negros y grises. El norte en general es más agraciado que el sur, pero sin el <em>glamour</em> de las grandes metrópolis del tercer mundo, digamos una Buenos Aires, un Santiago o el DF mexicano.</p>
<p>Quien diga que Bogotá es candidez y dulzura,  sólo conoce de la 72 para allá -a lo sumo desde la 26- pero desconoce El Amparo, Patio Bonito o el Palo del Ahorcado, allá, en los márgenes, donde los tugurios crecen como la maleza, allá donde la policía no arrima y los taxistas menos…  No sé qué término es peor: si marginales o barrios subnormales.</p>
<p>En unos sectores hay más feúra que en otros, como si la hubieran hecho de afán y siguiera a medio hacer. Cada alcalde hace lo que se le da la gana y, de remiendo en remiendo, la volvieron una colcha de retazos. <em>“Fea sí… pero el amor es ciego”</em>, dice mi amiga Gina Martínez, que la defiende a capa y espada. “Sólo nos faltan las cuatro estaciones pero no las del Transmilenio”.</p>
<p>Tal vez no hay Bogotá fea sino mal arreglada. O difícil de ver. Como esas señoras desaliñadas que salen a la esquina en rulos, chanclas y piyama; o  esos señores barrigones y descamisados con un palillo en la boca un domingo cualquiera. Ni siquiera el mapa de nuestra ciudad es bonito, ¿a qué se les parece? No sé, ¿quizás tiene la forma de un hígado?</p>
<p>Antonio Caballero fue más tenaz en sus apreciaciones. <em>“¿No podía hacer Dios un mundo donde no existiera Bogotá? (…) Había olvidado como es la gente de fea y numerosa. El mundo es como es”,</em> escribió en <em>Sin remedio,</em> su única novela, tan vigente después de cuarenta y tantos años.</p>
<p>La gente es fea por su mal comportamiento, su falta de empatía y civilidad (ese sentimiento fraterno que nace de mi hacia el otro y nos permite cambiar el entorno), porque nadie sabe dónde queda este lugar o el otro. Se necesita una cátedra urgente de <em>bogotanismo</em> en barrios y colegios. En la ciudad de todos, al forastero lo tratan con cierto desdén los otros forasteros (menos al extranjero). En un descuido lo envían a uno para donde no es; de direcciones nada sabemos, de su historia menos.  Bogotá carece de amor propio y eso explica tantos males. Antanas Mockus, bogotano con sangre lituana, entendía nuestro desequilibrio colectivo pero rechazamos su cura. Es un hecho incontrovertible que el turista valora más la ciudad que los propios lugareños.</p>
<ul>
<li style="text-align: right"><span style="color: #0000ff"><em>“Bogotá, ciudad flamen entregada al culto de un dios desconocido. Bogotá, ciudad nictálope envenenada de sombras y tinieblas que convierten cada casa en un burdel, cada parque en un cementerio, cada ciudadano en un cadáver aferrado a la vida con desesperación. Bogotá, clítoris monstruoso que te desangras en las bienaventuranzas de tu extraño y promiscuo delirio. Bogotá, ciudad de vesánicos y mendigos destruidos por las caricias de un suplicio terebrante, horda de despojos humanos que son la promesa de una hecatombe. Bogotá, rostro de la infamia. Bogotá, sin escritores que te busquen y te inventen. Bogotá: yo tampoco puedo hacer nada por ti</em>”.</span> (La ciudad de los umbrales, Mario Mendoza).</li>
</ul>
<p><span id="more-96900"></span></p>
<p>Yo no he visto jamás el cielo completamente azul ni las noches enteramente estrelladas. Siempre veo nubes y desde niño me pongo a buscarles formas. ¿Es la contaminación o la hipermetropía mía? Estrellados nosotros: poco solidarios, cero compasivos, indiferentes con el habitante de las intemperies. Eso sí, con el costo de vida 2600 metros más cerca de las estrellas, ¡ala, carachas!</p>
<p>Tal debió ser el impacto de Gabriel García Márquez para escribir lo que escribió en sus memorias:</p>
<p><em>“Bogotá era entonces una ciudad remota y lúgubre donde estaba cayendo una llovizna insomne desde principios del siglo XVI. Me llamó la atención que había en la calle demasiados hombres de prisa… de paños negros y sombreros duros. En cambio no se veía ni una mujer de consolación, cuya entrada estaba prohibida en los cafés sombríos (…) En los tranvías y orinales públicos había un letrero triste: ´Si no le temes a Dios, témele a la sifilis´”. </em> A propósito, a comienzos del siglo XX había más asilos (10) que hospitales (4), e innumerables chicherías.</p>
<p>Bogotá ha cambiado. Es una criatura bipolar: <em>palos</em> de sol seguidos por <em>palos</em> de lluvia, a veces con el cielo cayéndose en granizadas; ni que hablar de las inundaciones. Un día de estos va a nevar. Las solteronas aguardan la promesa del día que lloverá maridos. Hay empate técnico y aun así muchos se quejan de soledad: 4,12 millones de mujeres contra 3,79 millones de hombres, según el DANE.</p>
<p>El <a href="https://wilchesespecieurbana.blogspot.com/2007/01/el-himno-de-bogot.html?m=1">himno</a> oficial necesita una actualizadita. No sabía, por ejemplo, que en 2024 cumplirá 50 años y que su letra la escribió un poeta boyacense y su música un compositor antioqueño. Muy raro eso, ¿no? La primera estrofa dice: <em>“Tres guerreros abrieron tus ojos / a una espada, a una cruz, y a un pendón / desde entonces no hay miedo en tus lindes /ni codicia en tu gran corazón”. (bis)”.</em> Dizque los tres guerreros fueron Jiménez de Quesada, Sebastián de Belalcázar y Nicolás de Federman.</p>
<p>Al contrario de esa letra, estamos llenos de miedo y de codicia. El uno producto de la inseguridad y la otra promotora de las inequidades. Le tememos al <em>Tren de Aragua</em>, la megabanda criminal venezolana que lleva ocho años entre nosotros. Se adueñaron del microtráfico y eliminaron a otros malandros. Se habla de casas de pique donde pican personas, como pican gallinas en los piqueteaderos. Causan pavor las historias de los embolsados que antes fueron desmembrados. Dicen que van casi 80 desde 2019; algunos de esos cadáveres flotaron en el río Bogotá.</p>
<p>En <em>Sin remedio</em>, Caballero les echó su pulla a los codiciosos:</p>
<p style="text-align: center"><em>“No cantaré del norte las bellezas</em></p>
<p style="text-align: center"><em>pues la belleza injusta es vil patraña:</em></p>
<p style="text-align: center"><em>el lujo, la opulencia, la riqueza</em></p>
<p style="text-align: center"><em>pueden cegar pero jamás engañan.</em></p>
<p style="text-align: center"><em>Voy a cantar al sur y su pobreza</em></p>
<p style="text-align: center"><em>sus trucos, y sus artes, y sus mañas</em></p>
<p style="text-align: center"><em>el sur de los sufridos bogotanos</em></p>
<p style="text-align: center"><em>que tienen muchos pies, y muchas manos”.</em></p>
<p>Hay desigualdad hasta en la manera cómo se reparten geográficamente las inmundicias, porque los rellenos sanitarios siempre quedan al lado de las casas de los pobres, a quienes les toca convivir sin chistar con la basura de todos. Sepan: los olores pútridos de cuando colapsó Doña Juana en 1997, extendiendo su pestilencia por 900 barrios, no fueron percibidos adonde están las santas: Santa Ana y Santa Bárbara. Aquellas señoras ni deben saber que el río Tunjuelo o las curtiembres de San Benito huelen a pescado, sobras y desechos industriales.</p>
<p>En esta ciudad el que nace rico muere rico y el que nace pobre muere pobre, a menos de que se gane la lotería o se apropie de lo ajeno, como hizo don Gonzalo Jiménez de Quesada, el flamante fundador, que de todas maneras murió arruinado, enfermo de lepra, en Mariquita, de 80 años. <em>&#8220;Aunque ordenó en su testamento que se rezaran misas por su alma pecadora, no dejó con qué pagarlas&#8221;,</em> relata Caballero en otro de sus libros: <em>“Historia de Colombia y sus oligarquías”.</em></p>
<p>A Caballero le dolía la miseria del sur, y se las quiso mostrar a los del norte, adónde él pertenecía, porque era un burgués con espíritu proletario, ¿o al revés?</p>
<p><em>“Y esas barriadas escalonadas de casuchas, al sur, también prohibidas, y perseguidas duramente por el acueducto y por la policía, son barriadas fantasmas… (…) Las llagas amarillas que devoran los cerros, donde antes hubo encenillos y arrayanes, y robles y cerezos, cedros y borracheros y altas palmas de cera, se llaman areneras, receberas, chircales”.</em></p>
<p>Recordé el diálogo de una vieja caricatura española donde hablaban dos urbanistas:</p>
<p>—Mira, derribaremos todos estos hermosos pinos y construiremos imponentes edificios.</p>
<p>—Magnífico, —respondió el otro: Lo llamaremos El Pinar.</p>
<p>Pasó lo mismo y sigue pasando en ésta, la ciudad de los ilustres José Asunción Silva, Rafael Pombo y José María Vargas Vila. Amputaron humedales para levantar moles con ascensores donde viajan algunos salvajes que no se saludan entre sí; cunden los apartamentos-alcancías donde perros gigantes conviven con humanos y estos últimos van con sus amos dentro del ascensor, y los demás residentes por las escaleras ladrando de rabia porque el mundo se volvió al revés. A eso le llamamos la modernidad, y de modernidad se sigue llenando la urbe con sus dinosaurios de cemento, algunos auténticos adefesios.</p>
<p>Al crecer la ciudad, no solo dejó de ser pueblerina sino que perdió su inocencia para vivir de las apariencias.</p>
<p><em>“En Bogotá existía la costumbre de la ´penitencia´, la invitación que se le hacía al visitante para compartir el almuerzo o la cena con la esperanza de que no aceptara, muchas veces como forma de ocultar la avaricia o la pobreza”,</em> se lee en el libro <em>“Historia de la vida privada en Colombia”. </em> Ya no es cierto eso de que “más vale llegar a tiempo que ser invitado”. Llegue usted a tiempo, temprano o tarde, igual corre el riesgo de que ni un vaso de agua le ofrezcan.</p>
<p>De los chircales que alude Caballero en su novela, la <a href="https://spotify.link/cH62oDRtTDb">HJCK </a>rindió un homenaje a Martha Rodríguez, considerada una pionera de la realización de documentales antropológicos en América Latina. <em>“… la familia de Alfredo, María y sus doce hijos viven esa realidad que se encubre, que se niega: como ellos, una población aproximada de cincuenta mil personas sobrevive de la elaboración primitiva de ladrillo en los latifundios urbanos que rodean la ciudad de Bogotá. El obrero, desalojado por la miseria y la violencia política, traslada su estatus de siervo bajo un amo del latifundio agrario al latifundio urbano. En manos de un señor terrateniente, respaldado por un régimen, los chircales escapan de todo control laboral o estadístico”. </em>Escuchar a la cineasta es descubrir una Bogotá no contada.</p>
<p>¡Ay, mi feíta Bogotá! Amo tus fríos de los mil demonios, tus soles que sancochan humanos, tus lluvias torrenciales que me agrian el genio, tus vientos que pasean la mugre como pequeños huracanes; amo tus cráteres porque ya no tengo que ir a la Luna, amo el aroma a café y chocolate de la zona industrial y amo tu belleza interior fascinadora, que bulle en museos, galerías, librerías, teatros y bibliotecas.</p>
<p>¡Ya no hay cachacos, caray! Cuidemos las montañas y la Sabana de Bogotá, no sea que desaparezcan también.</p>
<p>Feíta y todo, hoy siete machos la cortejan de día y de noche. Le prometen lo divino y lo humano para conquistarla. Y ella,  desbaratada y cansada de tanta charlatanería, sigue vestida y alborotada con lo del Metro. Ni que fuéramos grandes y bobos, mejor que nos pongan a volar en globo, como antaño, porque Transmilenio, que causó sensación empezando el 2000, ahora nos causa pavor.</p>
<p><em>“El Dorado”</em> que no encontró Jiménez de Quesada con su desmedida ambición, lo encuentran cada cuatro años, con otro tipo de tesoros, los que quieren ser alcaldes. Las ges lideran las encuestas para trastear sus corotos al Palacio Liévano: la G de Galán Carlos Fernando y la G de Gustavo Bolívar. Hay quienes dan por ganador al primero y lo quieren ver saliendo en hombros el 29 de octubre <em>“para que se acabe la vaina”.</em> Lo bueno de ganar en primera vuelta: nos ahorramos un dinero y otro domingo perdido.</p>
<p>Fíjense que cuando el gobierno colombiano es de derecha, el alcalde es de izquierda o de centro. Con presidente zurdo, la tendencia podría revertirse a partir del 1º de enero.</p>
<p>¿Por quién pienso votar?  ¡Pin una, pin dos, pin tres! Espero que gane el que tenga la ge de Generoso con los más pobres, la ge de Guerrero para hacer cumplir la ley contra el hampa, la ge de buen Gusto para desafear la ciudad y la ge de Gentil para que sea amable y educado con los ciudadanos y nunca se les salga la g de Gamín (que todos llevamos dentro) cuando lo llamen a rendir cuentas.</p>
<p>Bogotá, la de mis amores, y Bogotá, la de mis terrores: te quise, te quiero y te querré, así hablen a tus espaldas.</p>
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<h2><strong>LAPI – DIARIO </strong></h2>
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<p><strong>Lunes:</strong> “Leyva respaldó a Petro y le sugirió al embajador de Israel <em>pedir excusas a irse</em>”. (¡Por favor, cierra la puerta al salir!)</p>
<p><strong>Martes:</strong> “En 2026 se tiene que ir. Sale o lo sacamos”, dijo Alejandro Gaviria sobre el presidente Petro. (¡En las redes sociales todos somos intelectuales y machos!)</p>
<p><strong>Miércoles:</strong> “Los polémicos insultos de Javier Milei contra el papá Francisco podrían afectar su candidatura”, dice El País. (¡La ira santa caiga sobre ese bocón, extremista y mechudo!)</p>
<p><strong>Jueves:</strong> “Los Gilinski quedaron viendo un chispero. Almacenes Éxito quedó en manos de compañía salvadoreña”, titula Publimetro. (¡Pierdan una, señores!)</p>
<p><strong>Viernes:</strong> Los de Avianca cambiaron la A del logo por la a minúscula. (¿Será por aquello de su minúsculo “buen” servicio?)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=96900</guid>
        <pubDate>Sun, 22 Oct 2023 00:38:55 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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