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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Cancillería Colombia | Blogs El Espectador</title>
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        <title>LAS PRIMERAS MUJERES DIPLOMATICAS EN COLOMBIA *</title>
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<p class="has-text-align-right">Con aprecio y agradecimiento a la embajadora Fanny Margarita Moncayo y a la memoria de la embajadora Melba Martínez López, DEP**</p>



<p>Desde el 5 de mayo de 2023, cuando se aprobó en la cancillería la formulación e implementación de la Política Exterior Feminista de Colombia, hemos tenido en el Palacio de San Carlos, sede central del Ministerio de Relaciones Exteriores, varios eventos conmemorativos de la mujer en la diplomacia, como por ejemplo, los celebrados por la Asociación Diplomática y Consular de Colombia (ASODIPLO), la propia entidad, o la conferencia de la viceministra de Costa Rica, embajadora Lydia Peralta Cordero, sobre los referentes femeninos en la diplomacia de carrera de su país.</p>



<p>Es un tema que me apasiona, porque como dice un amigo, soy más feminista que varias mujeres que él conoce y me considero abanderado de la causa de la equidad de género. Por lo mismo, me he venido haciendo una pregunta necesaria, el nombre de la primera mujer diplomática en Colombia y al ser funcionario de carrera, en particular, quién habría sido la primera colega de carrera diplomática y consular.</p>



<p>Es cierto que hemos tenido varios hitos importantes, como el nombramiento de la primera ministra de relaciones exteriores, Noemí Sanín, en 1990 por parte del expresidente César Gaviria o que una mujer hasta la fecha, sea la persona que ha estado durante mayor tiempo al frente de un ministerio, María Ángela Holguín, quien fue canciller durante ocho años consecutivos en los dos mandatos del ex presidente Juan Manuel Santos (2010 – 2018). Varias mujeres han sido jefes de la Cartera de Relaciones Exteriores y en el momento en que preparaba esta nota, se anuncia la designación de Laura Sarabia Torres como nueva canciller de la administración del presidente Gustavo Petro.</p>



<p>Sin embargo, no solemos destacar a las pioneras del ejercicio diplomático en el país. Gracias a otra investigación, relacionada con la novela <em>La Vorágine</em> y su versión cinematográfica, me encontré con una figura determinante en la literatura colombiana, la poeta Gertrudis Peñuela Eslava, más conocida como Laura Victoria, madre de la destacada actriz colombiana Alicia Caro, quien descolló en el cine mexicano. Gracias al renombre que tuvo con sus primeros libros de poesía, especialmente <em>Llamas Azules</em> (1933), Gertrudis Peñuela fue designada como canciller en la embajada de Colombia en México en 1939, país en donde se radicó y falleció a los 99 años.</p>



<p>Posiblemente el de Gertrudis Peñuela Eslava, sea el primer caso de una escritora colombiana, nombrada diplomática en el extranjero. Sin olvidar a la renombrada dramaturga barranquillera Amira de la Rosa, quien en las décadas de los cuarenta y cincuenta, se desempeñó en varias oportunidades como agregada cultural en la embajada de Colombia en Madrid y cónsul en Sevilla. Un antecedente interesante, es el de la pionera escritora y periodista, Soledad Acosta de Samper, quien en 1892 fue delegada por Colombia en el <em>IX Congreso Internacional de Americanistas</em>, celebrado en Huelva (España).</p>



<p>Ahora bien, la primera embajadora de Colombia acreditada ante otro país fue una mujer realmente admirable, Esmeralda Arboleda Cadavid, abogada liberal, nacida en Palmira, Valle del Cauca, una de las líderes del movimiento sufragista en nuestro país, en el que se unió a otra referente del feminismo colombiano, Josefina Valencia Muñoz, conservadora, hija del poeta Guillermo Valencia y hermana del expresidente Guillermo León Valencia. Sobre estas pioneras en la lucha por el sufragio femenino, se ha estrenado la película “<em>Estimados Señores</em>” dirigida por Patricia Castañeda, cinta que recomiendo ampliamente.</p>



<p>Las dos mujeres fueron diplomáticas, pero por situaciones opuestas. Mientras Josefina Valencia apoyó el gobierno del militar Gustavo Rojas Pinilla y fue designada jefe de la misión ante la UNESCO, Esmeralda Arboleda fue abierta opositora de la dictadura, en las elecciones de 1958 resultó elegida senadora por el Valle del Cauca, la primera mujer en serlo y el presidente Carlos Lleras Restrepo la designó en 1967 como embajadora de Colombia ante el gobierno de Austria. Arboleda continuaría prestando servicios diplomáticos, puesto que en 1980 fue relatora especial de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el estatus de la mujer en el Comité Económico y Social.</p>



<p>A propósito del General Rojas Pinilla, en 1957 condecoró a dos funcionarias de la Cancillería por veinte años de servicio, Isabel Casteblanco de Quintero y Mercedes Ramírez de Beltrán, es de suponer que había otras damas en diversos cargos, pero seguramente no en un gran número. Ahora bien, para 1967 cuando Esmeralda Arboleda era nuestra única embajadora, en el servicio consular encontramos como vicecónsul en Hamburgo a Gloria Gómez, en Filadelfia, la cónsul de primera Cecilia Pérez, en Los Ángeles la cónsul de primera Clara Muñoz. En Roma se encontraba como tercer secretario Beatriz Mendoza, destacada funcionaria, a quien todavía recordamos.</p>



<p>En el mismo año 1967, algunas mujeres se hallaban en cargos intermedios directivos en lo que ahora llamamos planta interna (Bogotá), como en la Sección de Reclutamiento y Adiestramiento, Marymelba de Marroquín, en la Sección de Mecanografía, la Supervisora Administrativa Isabel de Garcés, en la Sección de Biblioteca Julia Sánchez Murcia o en la Sección de Almacén y Mantenimiento, Hersilia Camacho.</p>



<p>La Carrera Diplomática y Consular de Colombia, luego de una serie de intentos frustrados a lo largo del siglo XX, tuvo su arranque formal en 1969, cumpliendo lo previsto en el Decreto 2016 de 1968, orgánico del servicio diplomático y consular, fue así como el 22 de febrero de 1969, se presentaron 11 aspirantes para cuatro cargos de segundo secretario y 39 aspirantes para cuatro cargos de tercer secretario y en este punto, es necesario destacar un importante hallazgo: De los ocho cargos diplomáticos por concurso, cinco fueron para mujeres, a saber, para el rango de tercer secretario: Patricia Koppel Durán (quien obtuvo el mayor puntaje), Ruth Kalstern y para segundo secretario: Dory Sánchez Franco, Luisa Mantilla y Ligia Buitrago Cuéllar. Es un importante hito, hoy cuando se propugna por la equidad, que, en el primer concurso meritocrático en la Cancillería, la mayoría de quienes obtuvieron el derecho de entrar al año de prueba en el ministerio fueran mujeres.</p>



<p>Ahora bien, la primera embajadora de carrera, que llegó a ese rango fue Ligia Londoño Ocampo, conforme el Decreto 1775 del 29 de agosto de 1988, quien se desempeñó en el cargo ante el gobierno de Barbados y fue decana (directora) del entonces Instituto Colombiano de Estudios Internacionales, antecedente de la Academia Diplomática.</p>



<p>Tuve el privilegio de trabajar en mis inicios, con dos de las primeras diplomáticas de carrera, la embajadora Fanny Margarita Moncayo Duque, quien con la embajadora María Victoria Díaz de Suárez ingresaron en la cuarta promoción de 1972. La embajadora Fanny Moncayo era la Subsecretaria de Comunidades Colombianas y Asuntos Consulares, cuando yo me encontraba en mi año de prueba y en mi segunda salida al exterior trabajé con la embajadora Melba Martínez López, DEP, quien fue la única mujer que ingresó en la tercera promoción en 1971.</p>



<p>Precisamente la embajadora Moncayo me ha recordado otros nombres ilustres de mujeres, que, aunque no pertenecieron a la carrera diplomática, tuvieron un importante desempeño en el servicio exterior colombiano, como Ninon Millán, embajadora en Jamaica y Virginia Obregón, embajadora en Egipto. A todas las mujeres pioneras en la diplomacia en Colombia, un reconocimiento especial que ojalá sus nombres no caigan en el olvido, pues sin duda ellas son referentes permanentes de nuestra carrera diplomática y consular y de las conquistas de los derechos de equidad de género en la historia del país.</p>



<p><strong>*Dixon Moya: &nbsp;</strong>Diplomático colombiano de carrera en el rango de Embajador, se desempeña en la Dirección de Mecanismos de Concertación e Integración Regionales de la cancillería. Escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano <em>El Espectador</em>, en el cual escribe de todo un poco: <a href="http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/">http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/</a>&nbsp; En X @dixonmedellin</p>



<p><strong>**</strong>Este artículo, no habría sido posible, sin la colaboración de la bibliotecóloga Claudia Esperanza Gómez, quien me facilitó la consulta de las <em>Memorias al Congreso</em> en la biblioteca del Ministerio de Relaciones Exteriores. De igual forma, mi reconocimiento a los embajadores Camilo Reyes, Vicky Senior, Carlos Arturo Morales, Luz Stella Jara, José Ignacio Mejía, así como a los colegas Yomar González, Rubén Darío Agudelo y de manera especial a quien va dedicada esta modesta nota.</p>



<p>***<em>Las opiniones expresadas en el blog corresponden únicamente a los autores y no comprometen a la Asociación Diplomática y Consular de Colombia -ASODIPLO</em>.</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img decoding="async" width="1500" height="996" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31180047/Actualizado-Embajadora-Melba-Martinez-en-celebracion-en-Nicaragua-del-20-de-julio-con-arte.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31180047/Actualizado-Embajadora-Melba-Martinez-en-celebracion-en-Nicaragua-del-20-de-julio-con-arte.jpg 1500w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31180047/Actualizado-Embajadora-Melba-Martinez-en-celebracion-en-Nicaragua-del-20-de-julio-con-arte-300x199.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31180047/Actualizado-Embajadora-Melba-Martinez-en-celebracion-en-Nicaragua-del-20-de-julio-con-arte-1024x680.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31180047/Actualizado-Embajadora-Melba-Martinez-en-celebracion-en-Nicaragua-del-20-de-julio-con-arte-768x510.jpg 768w" sizes="(max-width: 1500px) 100vw, 1500px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
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        <pubDate>Mon, 03 Feb 2025 13:00:00 +0000</pubDate>
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        <title>INSTANTÁNEAS DE RODRIGO PARDO GARCÍA PEÑA*</title>
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        <description><![CDATA[<p>Se escribirá mucho en memoria de Rodrigo Pardo, gran colombiano cuya temprana partida ha lamentado el país entero.  Estas líneas son sólo para recordarlo en aspectos particulares de su actuación como canciller. El presidente Samper tuvo el acierto de anunciar su nombramiento antes de asumir, con lo que cortó de plano con intrigas y expectativas. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Se escribirá mucho en memoria de Rodrigo Pardo, gran colombiano cuya temprana partida ha lamentado el país entero.  Estas líneas son sólo para recordarlo en aspectos particulares de su actuación como canciller. El presidente Samper tuvo el acierto de anunciar su nombramiento antes de asumir, con lo que cortó de plano con intrigas y expectativas. Había tensiones y malestar en la cancillería. Un buen número de quienes habían concursado y cumplido con todos los requisitos para ingresar al servicio diplomático orbitaba por los pasillos sin saber de su destino. No los querían nombrar y alguien se había inventado la tesis de que pertenecían a una lista de elegibles que había caducado. Bajo el nuevo canciller se logró la incorporación de todos, y de contera el ministro Pardo también logró la reclasificación de la nomenclatura en el servicio civil, con lo que puso a los terceros y segundos secretarios diplomáticos en los grados que correspondían a las funciones y categoría del empleo. Léase aumento de salarios.<span id="more-98416"></span></p>
<p>Algunos funcionarios querían que al nuevo ministro se le hiciera llegar una carta un poco pedante en nombre de la Asociación Diplomática, que otros consideraban inoportuna: había que dejar que las sábanas se enfriaran y que el nuevo incumbente se acomodara antes de caerle con pretensiones y sugerencias. Un semi plebiscito interno acordó la mesura, y para sorpresa de todos fue el propio canciller Pardo el que invitó a las directivas de la Asociación Diplomática a un saludo protocolario. En ese evento se deslizaron dos grandes ideas que coincidían totalmente con nuestro pensar. Una era que la cancillería no resistía ya más reformas y reestructuraciones; y, la otra, lo que Pardo llamó “la revolución de las cosas pequeñas”. Algo que cumplió a cabalidad. Se rodeó de excelentes académicos, patrocinó todo lo que fuera el desarrollo institucional y la formación de los diplomáticos y poco a poco revivió en todos los recintos de San Carlos el espíritu de servicio y el compañerismo que son tan necesarios para el descargo eficiente de funciones.</p>
<p>Uno de los problemas con que tuvo que lidiar estrenando su cargo tuvo que ver con el Concordato con la Santa Sede, firmado en 1973. A partir de la carta de 1991 siempre ha existido la idea de adecuarlo a las nuevas disposiciones constitucionales. El canciller se encontró con un proyecto de reforma elaborado por algún asesor ya olvidado, y lo envió a la Oficina Jurídica para concepto. Yo había quedado encargado por unos días y al ver el proyecto tuve que enviarle al ministro un memorando urgente en el que le garantizaba que se estudiaría a fondo el proyecto, pero que no teníamos antecedente alguno y que un tratado, por ser en esencia una expresión de una coincidencia de voluntades en asumir un compromiso jurídico internacional, no podía reformarse unilateralmente. El proyecto que le habían ensartado era una nota rupestre dirigida al Nuncio Apostólico, en la que sin preámbulo alguno se le informaba que el pacto quedaba modificado en los términos de la misma nota. El lenguaje que campeaba en el proyecto era deslenguado. Baste con señalar que en lugar de sacerdotes, clérigos o prelados se usaba la expresión “curas”, que probablemente no fuera muy del agrado de la Santa Sede.</p>
<p>Apenas leyó el memorando el canciller me llamó y sin misterio alguno me comentó que en unos minutos llegarían los juristas Carlos Holguín y Fernando Hinestroza para tratar el tema, y que no había antecedentes de esa peculiar negociación. Los asesores se habían llevado todo. No tuvimos más que unos cinco minutos para preparar la entrevista. Quedé sorprendido por el aplomo del canciller. Tenía cara de mandarín, inescrutable. Escuchó con atención todo lo que le expusieron y de vez en cuando me daba indicaciones, a las que yo asentía con aire de estar bien empapado del asunto.  Logramos navegar en ese torbellino sin naufragar.</p>
<p>Agrego a este sencillo homenaje una anécdota. El canciller Pardo me encargó de la Academia Diplomática, un gran honor. Le dediqué muchos meses, pero un día tuve que enviarle un escrito en el que le agradecía la deferencia pero le hacía saber que me había rebajado el sueldo, que de por si era exiguo. Resulta que el funcionario al que remplacé siguió devengando el salario del director de la Academia, y el 50% de ese salario como ñapa de prima técnica, no por capacidades sino por el cargo. Yo seguí recibiendo un salario muy inferior, correspondiente a un cargo fantasma en planta global, pero me desmocharon un 20% que recibía como prima asignada al coordinador de tratados.</p>
<p>La solución que se ingenió alguien fue que para compensar la rebanada del salario me reconocieran una prima técnica por capacidades, equivalente al 20% del salario, no del cargo que desempeñaba, sino del que figuraba en nómina.  Yo llevaba unos diez años reclamando esa prima por capacidades, que es de índole personal y no depende de la posición, señalando que en la cancillería había una clara discriminación, pues a quien le dieran un cargo le regalaban el 50% del salario como prima técnica, mientras que a quienes demostraban poseer títulos, estudios y experiencia, los blanqueaban o negreaban equitativamente en cuanto a designaciones en cargos de peso, y tampoco les reconocían la prima por capacidades.</p>
<p>La paradoja es que tuve que enviarle al canciller otro memorando para agradecerle el reconocimiento de la prima, pero declinándola. Observé que como sólo me reconocían el 20% del salario significaba que se me consideraba 30% más bruto que los especímenes que por simple razón del cargo recibían el 50%.  Hubo un cocktail esa noche y ese caballero serio pero con gran sentido del humor que era Rodrigo Pardo me saludó y con gracia y sorna me dijo que había solucionado el problema nombrándome embajador.</p>
<p>En cuanto al Concordato, pertenece al elenco de las indefiniciones de la realidad colombiana, aquellas cosas que son como Hepatodrem, que hay que preguntar si se tiene y para qué sirve. Entre otros, el tratado de extradición con los Estados Unidos, las morrocotas de oro del galeón San José y el regreso del Tesoro Quimbaya; la órbita sincrónica geoestacionaria;  la ruta del Sol, la doble calzada a Girardot, el túnel de la línea y el metro de Bogotá; o las máquinas tapahuecos y los 40 camiones carro tanque para regar de agua la Guajira.</p>
<p>Rodrigo Pardo ingresa al Valhalla colombiano, el de los personajes que han dado lustre a la República. Siempre lo recordaremos.</p>
<p>*José Joaquín Gori Cabrera. Embajador de Carrera (r), doctor en jurisprudencia de la Universidad del Rosario, especializado en Derecho Internacional Público de la misma universidad; egresado del <em>Foreign Sevice Programme</em> de la Universidad de Oxford y catedrático de derecho de los tratados y derecho internacional.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
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        <pubDate>Tue, 27 Feb 2024 17:16:26 +0000</pubDate>
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