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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Blog El Peatón | Blogs El Espectador</title>
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        <title>«Pedro Páramo»: en busca de la madre</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pedro-paramo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Unas cuantas palabras sobre «Pedro Páramo», de Juan Rulfo, y la travesía de Juan Preciado.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">«¡Ay, vida, no me mereces!»</p>



<p>Por más que me digan que la búsqueda de Juan Preciado en «Pedro Páramo» es la del padre, mis ojos lo seguirán viendo por el camino que lleva a Comala detrás de la madre. Ella no tiene el mismo protagonismo en la novela que el personaje de Susana San Juan, revestido de un aire unas veces sagrado y otras del inútil y aborrecible aire del martirio cristiano, pero propicia el viaje del joven hijo luctuoso hasta la Media Luna. Le dice que, cuando encuentre a Pedro Páramo: «No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro» (175).</p>



<p>Pareciera pedirle que vaya a saldar una vieja deuda personal con su padre. El muchacho apenas entra a Comala en compañía de un arriero enrarecido por esa otra forma de la muerte que es la vida, empieza a darse cuenta de que Páramo estará cada vez más lejos, de que por cada paso que dé en sentido a él mayor será la distancia entre los dos. Pero es la voz de Dolores Preciado la que no dejará de escuchar. Nunca. Sus recuerdos han tomado su voz y lo acompañan: «Allá me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz» (180).</p>



<p>La mujer ha urdido la trama por la que su hijo transitará. Es la tejedora mayor en la historia. Su lanzadera lleva el hilo con precisión inusitada. Se aísla más allá del tiempo que desconocemos los humanos y que los personajes del mundo de Rulfo no entienden por irrealidad y lo habitan sin remilgar. En un instante, el hijo escucha la añoranza: «No sentir otro sabor sino el del azahar de los naranjos en la tibieza del tiempo» (191).</p>



<p>El hijo alcanza a escucharla pero lo sorprende la muerte, lo sorprende porque le deja con vida. Su cuerpo ya no siente el cansancio del viaje pero ahora empieza a habitar un lugar distinto donde hace un calor similar al del comal donde se tuesta café o maíz para hacer las tortillas. Ese calor es el de las lágrimas porque ahora Preciado ha tomado el cuerpo de su lector.</p>



<p>«Allá te acostumbrarás a los <em>derrepentes</em>, mi hijo» (218), oigo que le dicen al otro que ahora vive en mí mientras me defiendo frente a esta máquina, mientras mis dedos lloran estas palabras que, si no las escribo, se pudrirían dentro de mí. No vamos a buscar, no vamos a encontrar a tu padre en estas páginas donde ya somos cómplices. Vamos a buscar a la madre, adentro, en la memoria, en lo que llaman alma, siguiendo sus recuerdos como bestias enfermas que se apresuraran a morir en la noche del desierto.</p>



<p>Aún así, muchacho, no olvides que la vida es peor que la muerte. «Sentirás que allí uno quisiera vivir para la eternidad […]. Allí, donde al aire cambia el color de las cosas; donde se ventila la vida como si fuera un murmullo; como si fuera un puro murmullo de la vida…» (231), dice la mujer.</p>



<p>Y desaparece.</p>



<p></p>



<p><strong>Albeiro Guiral</strong><br><a href="https://www.instagram.com/amguiral/">www.instagram.com/amguiral</a></p>



<p></p>



<p><strong>Fuente</strong>:<br>Rulfo, Juan. <em>Obras</em>. Ciudad de México: Fundación Juan Rulfo, 2017.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=110555</guid>
        <pubDate>Tue, 21 Jan 2025 01:21:34 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[«Pedro Páramo»: en busca de la madre]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La Galería de la memoria</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/galeria/</link>
        <description><![CDATA[<p>En el corazón de Santa Rosa de Cabal, el municipio más antiguo de Risaralda, está la Galería, y los sábados allí son los días más bellos del mundo. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>En el corazón de Santa Rosa de Cabal, el municipio más antiguo de Risaralda, está la Plaza de Mercado Los Fundadores. Los sábados en ella (en la Galería, como le conocemos amorosamente los locales) son los días más bellos del mundo. Los más coloridos y festivos, porque los campesinos y las campesinas hacen presencia para abastecerla de sus productos, y de su color. Estamos en cosecha, de modo que también se dan cita los andariegos que buscan “coloca”, los niños y las niñas que traen sus padres a comer helado cada seis meses, y a tomar pintadito y hacerse motilar en la peluquería de doña Lili; las personas del pueblo que van a mercar, a tomar tinto, jugar billar, emborracharse de amor o de aguardiente amarillo; los visitantes y turistas, que no entienden qué pasa, que lo preguntan todo, pero comen chorizo como si no hubiera un mañana.<br><br>Si hay algo que identifique a una persona de Santa Rosa, es que ama a rabiar a su pueblo, y de los millares de palabras que usa al día, la mayoría son para su pueblo, y son palabras de amor. Siempre. Razón por la que preferiría morir antes de ceder su tierra, su autonomía, o de aceptar la gentrificación, aunque desconozca esa palabra.<br><br>En la Galería podrás encontrar restaurantes (si preguntas cuál es el de La Mona te enviarán a más de cinco sitios reconocidos así, todos muy buenos), frutas y verduras de las montañas del municipio, leche de la ribera del nevado Santa Isabel, café, peluquerías, ferreterías, bostezos al por mayor y al detal, rama seca, caléndula para todo mal, encantamientos y amarres, gallinas de pelea y gallinas derrotadas (para el sancocho), millares de especias y tabaco, relojeros, reparadores de sombreros y de sombrillas, ropa vieja y muy nueva, piratas a todo destino, mor; un poeta en cada mesa de café o, en su defecto, una cantante de boleros por metro cuadrado, o un pintor mojando la palabra en la cafeína del Alicachín, del Magar, o de Capri.<br><br>También hay que decirlo, en la Galería aún hay gente que practica el arte milenario de parar el machete en más de 32 especialidades, y a veces lo pone en práctica ante tus ojos, pero esa no es una razón para dejar de visitar la Galería de Santa Rosa de Cabal.<br><br>Foto y texto: <strong>Albeiro Guiral</strong> (<a href="https://www.instagram.com/amguiral/">@amguiral</a> )</p>



<p></p>



<p>Sigue a&nbsp;<a href="https://twitter.com/amguiral">@amguiral</a>&nbsp;en&nbsp;<em>X</em>&nbsp;(antes Twitter).<br>Suscríbete al canal en Telegram de este blog:&nbsp;<a href="https://t.me/elpeaton">t.me/elpeaton</a></p>



<p></p>



<p><em>Publicado originalmente en <a href="https://www.instagram.com/p/C0W4c9or77t/?img_index=10">PlanC Pereira</a>, en diciembre de 2023.</em></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Fri, 01 Nov 2024 20:37:13 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La Galería de la memoria]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Raúl Zurita, el poeta que nos devuelve al Paraíso</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/zurita/</link>
        <description><![CDATA[<p>Raúl Zurita ha sacado la poesía del papel y la ha llevado a la vida, donde pertenece. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Conocí al extraordinario poeta que es <strong>Raúl Zurita</strong>, por su discografía. Y aún hoy no puedo sacarme de la cabeza su voz de viento de los acantilados chilenos, sus poemas cantados con el ritmo de las temibles olas del Pacífico Sur. Conocí a uno de los grandes poetas de la lengua castellana, de Sudamérica ‒como a él le gusta reconocerse‒ por el álbum de rock donde fue vocalista acompañado por la banda <em>Gonzalo y los asistentes</em>: «<a href="https://www.youtube.com/playlist?list=PLsmSVKWkK9kFumhujXdME28xzlKbcgT1g">Desiertos de amor</a>»<em> </em>(2011). Pero esa maravilla que fue escucharlo cantar, leer, declamar como nadie, se acrecentó más y más al acercarme a su obra escrita en papel, en el cielo y en el desierto.</p>



<p>Sí, Raúl Zurita ha sacado la poesía del papel y la ha llevado a la vida, a donde pertenece. Su primer poema lo escribió en su propio rostro. En mayo de 1975, después de haber sido detenido y ofendido por una patrulla de la aborrecible dictadura, entró al baño y se quemó la mejilla con un hierro que había calentado al rojo vivo. Una foto de esa herida, que no era la herida de su piel sino la herida de Chile entero, acompañaría la publicación de su primer libro, <strong><em>Purgatorio</em></strong>, en 1979. Sin embargo, en el documental que le realizó <strong>Alejandra Carmona Cannobbio</strong> en 2018, «<a href="https://drive.google.com/file/d/1IqJeK4UtS-M8Tqpp6gZHOfAkNylEYC-R/view?usp=sharing">Zurita, verás no ver</a>», profundo y demoledor, el poeta aclararía que esa acción no tuvo nada de performance, sino que consistió en la única acción que podía realizar un hombre llevado al borde de la desesperación, por lo que acababa de ocurrirle, y por lo que le venía ocurriendo a su país desde 1973.</p>



<p>Y el 2 de junio de 1982 usó el cielo de Nueva York como página. Escribió, usando cinco aviones como plumas de humo, los quince versos del poema <strong><em>La vida nueva</em></strong><em>, t</em>razados a 4000 metros de altura. Cada verso medía 8 kilómetros aproximadamente, por lo que pudieron ser vistos, leídos, desde amplios sectores de la ciudad. El poema se incluyó en el libro <strong><em>Anteparaíso</em></strong><em>,</em> publicado el mismo año burlando a los burócratas de la dictadura.&nbsp;</p>



<p>Como vemos, el poeta Zurita nace, paradójicamente, con el ascenso de Pinochet, con el arrebato de la esperanza humana por parte de este abominable verdugo. Su obra se va a oponer a esa barbarie, la va a narrar desde adentro, va a llorar a los desaparecidos, los va a nombrar con sus propios nombres, los va a escuchar, muertos como están en fosas comunes en los desiertos, arrojados al mar, y va a llevar sus voces por el mundo, y los van a tener que escuchar cada vez que el poeta sube a un escenario o empieza un recital.</p>



<p>A tres años de haber caído el Régimen Militar, ya en 1993, escribió el verso «ni pena ni miedo» sobre el desierto de Atacama, usando retroexcavadoras, como un recordatorio para sí mismo y para Chile. Las palabras miden 3140 metros y para apreciarlas bien es necesario verlas desde el cielo. Tal vez desde ese cielo que se vuelca en sus poemas sobre el mar y las montañas, que se abalanza sobre el mundo y cae en oleadas para pedir el fin de la ruindad humana.</p>



<p>Es indudable que al hablar de Raúl Zurita hablamos de un poeta que no necesita presentación, no sólo por su vida, permeada por el arte, por la oposición a la violencia, sino porque esa misma vida supo convertirla en su obra. Por eso <strong>sus libros son un testimonio del ser humano, del ser suramericano, si se quiere,</strong> <strong>enfrentado a la transición de un milenio sangriento a otro peor</strong>. Las siguientes palabras, que pronunció en 1995, en un programa de la televisión chilena llamado <em>La belleza de pensar</em>, parecen hoy aplicar para él mismo:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><strong>La poesía es hoy la más frágil y la más poderosa de todas las artes. La más frágil, porque es evidente que está a punto de desaparecer.</strong> Pero ¿en qué contexto está a punto de desaparecer? O sea: vivimos en una civilización donde lo que predomina es el ruido, esta especie de capa que envuelve la tierra, una especie de un rumor generalizado: el rumor de los espectáculos de masa, el rumor de la televisión, el rumor de la publicidad, el rumor de las noticias; donde nada es claramente distinguible al mismo tiempo que podemos estar informados de todo, viendo un noticiario, la CNN, por ejemplo. Incluso saber que eso que estamos viendo está exactamente sucediendo, y al mismo tiempo sustraernos de todo eso y transformarlo todo en un espectáculo; como se ve en cualquier noticiario de televisión, en cualquier diario, que, al lado de un aviso de venta de autos, de un aviso de publicidad, está la foto de los niños muriendo cubiertos de moscas en Ruanda. Todo esto se transforma en un rumor aceitoso que envuelve.</p>
</blockquote>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><strong>Bien, el único arte, que realmente es antitético a eso, es el arte de la poesía</strong>. Ahora, esta civilización está creando al mismo tiempo sus grandes anticuerpos, o sea: sus grandes nostalgias. <strong>Entonces yo creo que estamos asistiendo, al mismo tiempo que a la imposición casi absoluta de este ruido, al surgimiento de poetas absolutamente inmensos, de poetas de grandes, grandes, grandes dimensiones, de grandes alientos</strong>. Y en ese sentido nada tal vez me ha entusiasmado más, en muchos años, que leer a <strong>Derek Walcott</strong>, su <strong><em>Omeros</em></strong>, donde está realmente esto del decir y del escuchar, o sea:&nbsp; esto del comunicar en el sentido más primigenio del término, y creo que en realidad asistiremos cada vez más a la emergencia de poetas de estaturas no vistas, precisamente porque son la antítesis de un fenómeno también de una vastedad enorme. <strong>Creo que surgirán poetas tan vastos, tan intensos, como la vastedad de este ruido que se les opone</strong>. <strong></strong></p>
</blockquote>



<p>Tenía tanta razón: surgieron poetas tan vastos, de estaturas no vistas, como él mismo. Porque en este punto Zurita es un poeta sólo del parangón de Walcott o de <strong>Aimé Césaire</strong>, un poeta sin proporciones que le devuelve a la vida humana parte de su dignidad, <strong>un poeta que, atravesando los círculos dantescos del infierno, nos devuelve al Paraíso</strong>. Por otro lado, él mismo es un argumento vivo de que la poesía de más alta envergadura se está escribiendo en los países que fueron colonias, y si es tan fuerte y golpea tan duro, es porque el dolor de nuestros países es cada vez mayor.</p>



<p>Termino esta carta de amor volviendo al documental antes citado de <strong>Carmona Cannobbio</strong>, de una belleza conmovedora, donde el poeta habla de la razón de ser de la poesía, de sus libros en específico, donde ha sabido narrar, pintar, esculpir, cantar el horror de la dictadura. Me aferro a sus palabras como a una poética, porque creo también, con fervor, que la poesía es la más alta forma de resistencia:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>No siento ningún orgullo de haber escrito los poemas que he escrito. Porque el gran poema sería que estos nunca hubiesen sido escritos, lo que significaría que lo que sucedió nunca sucedió. El gran sueño humano es que algún día los poemas no sean necesarios, porque habrán dejado de existir las causas que hacen a los poemas necesarios. Y ese será el gran poema humano. Y ese será el gran poema humano.<strong></strong></p>
</blockquote>



<p></p>



<h1 class="wp-block-heading"></h1>



<p>***</p>



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<p><strong>Referencias</strong></p>



<p></p>



<p>Zurita, Raúl. <em>Anteparaíso</em>. Madrid: Visor, 2016.</p>



<p>Zurita, Raúl. La belleza de pensar. con Cristián Warnken. Televisión. 1995. 20 de Junio de 2020. &lt;https://www.youtube.com/watch?v=fDqRpKiveDk&amp;list=PLN-KiJJPyLmHu-dB8lvsITTlcze72NCq7&amp;index=4&gt;.</p>



<p>—. <em>Verás cielos en fuga. Antología</em>. Bogotá: Universidad de los Andes, 2016.</p>



<p><em>Zurita, verás no ver</em>. Dir. Alejandra Carmona Cannobbio. 2018. Online.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Sat, 10 Aug 2024 20:06:19 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Leviatán</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/paul-auster/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ha muerto Paul Auster. Ha muerto Leviatán. Hay humo de soledad en el aire.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Ha muerto Paul Auster. Ha muerto Leviatán. Hay humo de soledad en el aire.</p>



<p>En su obra maestra, &#8220;Leviatán&#8221;, Paul Auster nos sumerge en un laberinto literario donde la realidad se entrelaza con la ficción de manera magistral. La historia sigue los pasos de Peter Aaron, un escritor que narra los eventos que llevaron al trágico final de su amigo Ben Sachs, también escritor, brillante y enigmático, que fallece a raíz de la detonación de una bomba en Wisconsin, en plena carretera. La explosión despedaza el cuerpo hasta dejarlo irreconocible e imposible de identificar. Aaron, cuyo teléfono encuentran en uno de los bolsillos del difunto, decide revelar la verdadera historia antes de que la policía exponga su propia versión de los acontecimientos. Moría así <em>El fantasma de la Libertad</em>, el misterioso personaje que se había propuesto bombardear todas las réplicas de las estatuas de la libertad en Estados Unidos.</p>



<p>Oigo la noticia de la muerte del autor y a mi mente viene “Leviatán” y nada más que “Leviatán”. Una novela que desafía las convenciones y nos invita a explorar los rincones más oscuros de la mente humana. A través de una prosa poética evocadora, Auster nos transporta a un mundo donde los límites entre la realidad y la fantasía se desdibujan, y donde la búsqueda de la verdad se convierte en una obsesión que consume a sus personajes, aunque la verdad, como en Moby Dick, no exista y se la persiga a pesar de esta certeza.</p>



<p>Leviatán es una criatura monstruosa que simboliza el caos y la destrucción. En la mitología hebrea es un ser primordial que representa las fuerzas descontroladas de la naturaleza. Auster utiliza esta poderosa metáfora para explorar temas universales como el poder, la corrupción y la lucha entre el bien y el mal, y postular la anarquía como tema central. A través de los actos de Ben Sachs, Auster cuestiona los límites de la libertad individual y la moralidad en una sociedad marcada por la alienación y la desesperanza. ¿Qué significa ser libre en un mundo donde la realidad se desmorona? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por la libertad?</p>



<p>La dualidad es un elemento recurrente en esta novela. Cuenta la historia de un escritor acomodado y mercantil, y la de otro que pierde su vida en el ejercicio de la clandestinidad. Auster nos presenta personajes complejos que luchan con sus propias contradicciones y ambigüedades morales. ¿Qué hay detrás de las máscaras que llevamos puestas? ¿Cómo reconciliamos nuestras múltiples identidades? Estas son las preguntas que acechan a los personajes de &#8220;Leviatán&#8221;, obligándolos a enfrentarse a sus propias sombras y a tomar decisiones que definirán su destino.</p>



<p>Es un libro, pues, que cuestiona la figura del escritor. A través de Peter Aaron, Auster reflexiona sobre el proceso creativo y el sacrificio necesario para dar vida a una obra de arte. ¿Cuál es el papel del escritor en la sociedad? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por la verdad? Estas son las preguntas que atormentan a Aaron mientras busca desentrañar el misterio que rodea la desaparición de Ben Sachs, enfrentándose a sus propios demonios y descubriendo verdades que preferiría no conocer.</p>



<p>Comparada con su Trilogía de Nueva York, &#8220;Leviatán&#8221; destaca por su audacia narrativa y su profundidad temática. Auster nos sumerge en un universo literario más oscuro y provocador, donde las líneas entre el bien y el mal se desdibujan y la verdad se convierte en un concepto elusivo. Es esta ambigüedad moral la que hace que el libro sea una lectura fascinante y perturbadora, capaz de desafiar nuestras convicciones y hacernos cuestionar nuestra propia humanidad.</p>



<p>Con la partida de Paul Auster, el mundo literario pierde a uno de sus gigantes. Pierde a Peter Aaron y a Ben Sachs al mismo tiempo. Pierde a dos escritores en uno. Al que supo vivir en la comodidad de la fama pero que al mismo tiempo estaba convirtiendo a la literatura en un campo minado. Que su Leviatán siga navegando en las aguas turbulentas de la literatura, recordándonos la fragilidad y la grandeza de la mente humana. Que su voz perdure en las páginas de sus libros, inspirando o inquietando a futuras generaciones. Que siga vivo por los siglos de los siglos <em>El fantasma de la libertad</em>.</p>



<p></p>



<p></p>



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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=100304</guid>
        <pubDate>Fri, 03 May 2024 01:32:58 +0000</pubDate>
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        <title>Sólo mueren las personas hermosas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/dazai/</link>
        <description><![CDATA[<p>Apuntes sobre “El declive”, novela breve del escritor japonés Osamu Dazai</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Osamu Dazai fracasó innumerables veces en el arte del suicidio, pero nunca en el de la literatura. Intentó matarse por primera vez a los 18 años, en 1927, ingiriendo barbitúricos. Tres años más tarde, se escapó de su casa materna con Hatsuyo Oyama, una geisha de bajo rango con quien intentó suicidarse de nuevo, arrojándose al mar. Ella murió, pero él no. El mar lo maldijo, dejándolo vivo. Al poco tiempo, su familia acaudalada, decepcionada de las andanzas de su hijo, lo readmitió a pesar de todo y él se casó con Oyama. En 1933 publicó su primer libro, «Tren», su incursión en el género en que sería un maestro sin igual, el <em>watakushi shosetsu</em>, estilo autobiográfico en primera persona.</p>



<p>El 19 de marzo de 1935, después de ser rechazado por un periódico de Tokio donde quería trabajar, intentó ahorcarse, sin éxito. Ese mismo año enfermó de apendicitis y fue hospitalizado en una clínica, donde se volvió adicto al Pabinal, un analgésico que contenía morfina. En octubre de 1936, ingresa a un hospital mental. Durante su estadía, que duró aproximadamente un mes, su esposa lo engañó con su mejor amigo. Cuando se entera, intenta cometer suicidio doble con ella, pero ninguno muere. Se divorcia y pronto vuelve a casarse, ahora con una maestra de escuela, Michiko Ishihara, con quien tendría tres hijos.</p>



<p>El 13 de junio de 1948, Osamu Dazai fue a orillas del canal de Tamagawa con Tomie Yamazaki, su amante del momento, esteticista y viuda de guerra, y por fin sus planes de suicidio tuvieron éxito. El agua del canal, crecido por las lluvias, los engulló y no devolvió sus cadáveres sino hasta el hasta el 19 de junio, cuando los encontraron, el mismo día en que el escritor japonés estaba cumpliendo treinta y nueve años.</p>



<p>No podría decir a ciencia cierta que lo envidio, pero el sentimiento que me despierta su obra se parece bastante a la devoción y me surge, sobre todo con la lectura de su novela <em>El declive</em>, la ansiedad de encontrar por fin las aguas que arrastren mi cuerpo lejos del mundo. Este libro se publicó un año antes de su muerte, en 1947, y está basado en el diario de una de sus lectoras, Shizuko Ōta, con quien intimó tanto hasta el punto de tener una niña con ella.</p>



<p>Kazuko, una joven aristócrata, acaba de padecer un aborto y de divorciarse de su joven esposo a raíz de la imposibilidad de tener hijos con él, cuando, como si fuera poco, muere su padre y debe trasladarse a las afueras de Tokio a cuidar a su madre enferma y en duelo. Naoji, su hermano artista, está en la guerra que acabaría con Japón; cuando regresa a casa, es un borracho que ha perdido toda esperanza en la vida, si alguna vez la ha tenido. Naoji, pues, será un alter ego de Dazai, quien, para este momento, era un alcohólico empedernido y su salud estaba cada vez más deteriorada, a pesar de que no había podido ir a la guerra, dada su tuberculosis. Pero la novela resiste a otro alter ego del escritor; se trata de Uehara, escritor de culto, maestro de Naoji, un inmoral para la sociedad, un ebrio de tiempo completo, que se enamora de Kazuko y, lo peor, la enamora a ella y la deja embarazada.</p>



<p>La joven mujer no creía en el regreso de su hermano de la guerra. Pero ya su madre le había dicho: “Los canallas como él nunca mueren. Sólo mueren las personas tranquilas, hermosas y amables”. Y para sorpresa de todos, muere la madre también, “la última aristócrata de japón”, aún joven, y hermosa, fiel a sus palabras. Y es este el momento en que la literatura y la vida se entrelazan, se hacen una, cuando Kazuko se queda a solas, embarazada de un cretino desconocido, pensando en cumplir sus sueños, a pesar de la desgracia que es su vida. La nota de suicidio que deja su hermano al final del libro sirve también de nota de suicidio del escritor:</p>



<p class="has-text-align-right"><em>Debería haber muerto antes. Sólo un motivo me lo impedía: el amor de mamá. Cuando pensaba en ella, me sentía incapaz de morir. Del mismo modo en que el ser humano tiene derecho a vivir libremente, también tiene derecho a morir libremente cuando lo desee. Sin embargo, siempre he pensado que mientras tu madre viva no debes ejercer tu derecho a morir, pues morir significaría matarla a ella.</em></p>



<p>Lamento decírtelo, Dazai, pero te lo digo porque te siento mi hermano, como dice el personaje de tu novela: “Sólo mueren las personas hermosas” y a pesar de tu suicidio tú hoy estás más vivo que nunca. Esa es la farsa de la vida. Los canallas nunca mueren. </p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right">Dazai, O. (2017). <em>El declive.</em> (M. Bornas, Trad.) Barcelona: Sajalín Editores.</p>



<p></p>



<p></p>



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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=99956</guid>
        <pubDate>Thu, 25 Apr 2024 22:05:49 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/25170216/Dazai.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Sólo mueren las personas hermosas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>&amp;#8220;Días perfectos&amp;#8221;: el comercial más bonito del mundo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/dias-perfectos/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Es de verdad tan conmovedora la última película de Wim Wenders? Un texto de Albeiro Guiral.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-center"></p>



<p>Fui en familia a ver <em><strong>Perfect Days</strong></em> en su estreno. Al salir de la sala, era la única persona que no se mostraba emocionada. Las demás estaban tan conmovidas que sus palabras eran de elogios para <strong>Wenders</strong>, para <strong>Koji Yakusho</strong> y, por supuesto, para los baños de Tokio. En ese momento, no entendía mi desazón. Caminé de regreso a casa con una sensación de angustia indescriptible; había algo en ese filme majestuoso que no entendía, en ese protagonista tan bello e idílico que me molestaba. En los días siguientes, cada vez que pensaba en la película, esa angustia volvía y me engullía. ¿No la había entendido? ¿Cómo no iba a ser una película para un espectador como yo si, entre otras cosas, realiza un homenaje profundo y conmovedor a la fotografía analógica, a las librerías de viejo y a la música rock de los años 60? Sus imágenes de los amaneceres de Tokio me conmovían hasta la médula, y ese sonido envolvente que las acompañaba me aguaba el ojo, pero ¿por qué su historia no me satisfacía?</p>

















<p>Hasta que escuché, por el azar del algoritmo, las palabras de <strong>Leila Guerriero</strong>, en su podcast de la Cadena Ser, que tituló tan bien: <em>Días no tan perfectos</em>, donde manifiesta una desazón parecida a la mía respecto a la película, y gracias a ella pude aclarar mis ideas. Nos dice, a propósito del estilo de vida de Hirayama, que “esa rutina no es el disfrute de lo simple, sino una máscara, la coraza de una defensa solipsista: el hombre, al ser interceptado por el factor humano, se astilla”. Y se hizo la luz. Ella me ayudó a entender que la película está hecha para un determinado público donde no encajo, que se trata de una película para pocos, ¿para gente sana, tal vez?</p>



<p>Por más que Hirayama nos muestre una rutina contemplativa, y por más que el director mismo, en entrevistas, salga a decir que su película es una invitación a la sencillez, este personaje representa males que muchas personas en el mundo padecemos: el aislamiento voluntario, la búsqueda de la soledad y la imposibilidad del llanto, esa fallida necesidad de llorar y las palabras que se ahogan en la garganta y se quedan allí, pudriéndonos por dentro, sin remedio.</p>



<p>Quisiera estar del lado de quienes ven en <em>Perfect Days</em> un llamado a vivir en la contemplación, a vivir una vida austera entre libros y películas analógicas, entre modestos jardines, pero lamentablemente estoy del lado de quienes adoptamos ese estilo de vida, hace ya muchos años, como una medida para protegernos del mundo. Como una renuncia a la vida, dentro de la vida misma, y lamentamos esa decisión segundo a segundo, sin que haya nada qué hacer.</p>



<p>Por último, algunas cuestiones que me dejaron un sinsabor sobre el filme: el capital cultural de Hirayama no habría sido posible sin su familia adinerada, de modo que en la película nos sugieren que él renunció a ella, y prefiere vivir en un barrio pobre, con modestia, pero es innegable que su inclinación por llevar esa misma vida no habría sido posible sin su familia, sin su hermana, quien aparece en una única escena, y es quien se encarga de los cuidados del padre enfermo.</p>



<p>Hasta ahí llega la fábula, porque la realidad es que por más que queramos vivir como Hirayama, tendremos que dedicarnos a ser profesores, empleados de <em>call centers</em> o lavar baños. A estar en aulas, cubículos o baños llenos de mierda. De mierda hedionda, de mierda de verdad y no de la inmaculada apariencia de los baños de Tokio Toilet, que, dicho sea de paso, no son lo general en Japón, sino un cúmulo de diecisiete inodoros públicos diseñados por arquitectos de renombre en Shibuya, un distrito de la capital, quienes llamaron al director alemán, y le pagaron, muchísimo dinero, tanto como para mantener de por vida a un sinfín de Hirayamas, para que produjera el comercial más bonito del mundo.</p>



<p></p>



<p><strong>***</strong></p>



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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=99173</guid>
        <pubDate>Fri, 19 Apr 2024 01:46:25 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/04/18204310/perfect-days-pelicula-Wim-Wenders-01.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[&#8220;Días perfectos&#8221;: el comercial más bonito del mundo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Caballitos de mar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/caballitos-de-mar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Bagatela sobre el pensamiento crítico. El pensamiento crítico lo tiene todo en su contra: en la escuela, son pocos los docentes que lo pregonan, y menos aún quienes lo aplican y profesan con honestidad. En la adolescencia le llaman rebeldía, y los adultos, y peor todavía, los adultos jóvenes envejecidos, miran a quienes se estrellan [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Bagatela sobre el pensamiento crítico.</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><a href="http://www.instagram.com/amguiral"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1076" height="611" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar.jpeg" alt="" class="wp-image-97569" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar.jpeg 1076w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar-150x85.jpeg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar-300x170.jpeg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar-768x436.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar-1024x581.jpeg 1024w" sizes="(max-width: 1076px) 100vw, 1076px" /></a></figure>



<p></p>



<p><strong>El pensamiento crítico</strong> lo tiene todo en su contra: en la escuela, son pocos los docentes que lo pregonan, y menos aún quienes lo aplican y profesan con honestidad.</p>



<p>En la adolescencia le llaman rebeldía, y los adultos, y peor todavía, los adultos jóvenes envejecidos, miran a quienes se estrellan contra el mundo, defendiendo su autonomía, con condescendencia similar a la usada por los eurakas para mirar a quienes todavía resisten a su <strong>barbarie epistémica</strong>, a las secuelas de su ocupación innegable.</p>



<p>En la adultez, lo etiquetan mal. A pensar críticamente le llaman e<em>star en contra de todo sin causa alguna</em>, inclusive a quienes tengan su causa y no necesiten, ni tengan por qué, explicarla, les aíslan y malversan. Hay, por supuesto, cardúmenes de idiotas que no saben por qué pelean, y se les ve en pos de los cachalotes de la colonización mental, sin inmutarse, y aunque estén en su derecho de desaparecer a su modo, como los demás, detrás de un ideal vacío o inexistente, o en las fauces del cetáceo olvido, creo que es digno, al menos, reconocer la existencia de otra especie, mucho menor, que no sabe andar en manada: los <strong>solitarios caballos de mar</strong>, embarazados de sus ideas voluminosas, que cruzan las aguas llamando a sus cosas por su nombre. Al pan, le llaman pan, y no presunto pan, si ante sus ojos lo vieron amasar; y al vino, vino, y no presunto vino, si lo vieron acendrar por días o décadas.</p>



<p>Un caballo de mar le llama genocidio a la ocupación israelí. Un cachalote le responde llamándole antisemita.</p>



<p>Un caballo de mar cree que no hay verdad absoluta. Si lo dice en voz alta, el cachalote le impone a gritos su verdad.</p>



<p>Un caballo de mar llora con gran pesadumbre en las ruinas del busto de su abuela. El ejército cetáceo que lo destruyó le llama resentido.</p>



<p>Otrora, los <strong>librepensadores</strong> se encerraban en su torre, o bebían el veneno con agrado, resultado de una sentencia injusta, pero ya no es tiempo para buscar el martirio. A la tiranía del mundo le conviene el silencio, el suicidio de quienes ejercen el pensamiento crítico o, dicha sea la verdad, el pensar por sí mismos o por sí mismas; incluso, ha hecho la ley para triunfar por encima de quienes no reconocen la autoridad formal de nadie, y en cambio, sí reconocen la autoridad moral de los lejanos maestros que les instaban a buscar adentro las respuestas, pero sin arrodillarse.</p>



<p>Para parafrasear a <strong>Brecht</strong>, ¿qué tiempos son estos en que los maestros sólo salen a luchar si se trata de defender su prima de vacaciones?</p>



<p>A esta altura de mi vida, siento ya haber pagado con creces el llevar en alto esta bandera, rojinegra o negra según quienes todo lo estigmatizan, según los traficantes de la dignidad. Sé ya que el castigo para quienes piensan por sí mismos es la soledad (alguna vez me duermo en el agua pensando en <strong>Felisberto Hernández</strong>, y dentro de mi cuerpo cansado de caballo empieza a andar mi recuerdo de hombre. Escucho el silbido lejano de algún jinete que me invita a seguirlo; entonces, como <strong>Chuang Tzu</strong>, empiezo a dudar si soy un hombre soñando que es un caballito de mar, o un caballito de mar soñando que es un hombre, pero me despierta a tiempo el equino canto de algún colega, a quien agradezco con un gesto, mientras se despide buceando en las profundidades de la noche infinita). Y, sin embargo, entre más corren las aguas, y entre más las corrientes oceánicas quieren llevarme al abismo de la uniformidad capitalista, cuán ínfimo soy, más nado en contra, seguro de que los seres diminutos y aparentemente frágiles son los predadores más feroces, y astutos.</p>



<p><strong>***</strong></p>



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</blockquote>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97568</guid>
        <pubDate>Thu, 14 Dec 2023 17:18:16 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Caballitos de mar]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La luz del regreso</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/la-luz-del-regreso/</link>
        <description><![CDATA[<p>Uno es, en definitiva, lo que ha leído. Uno es la suma de los autores con quienes ha conversado de manera atemporal, con quienes ha construido una amistad verdadera a pesar de que cada uno está muerto para el otro. Y, asimismo, uno es lo que ha caminado, uno es todos los caminos por los [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_96044" aria-describedby="caption-attachment-96044" style="width: 2100px" class="wp-caption alignright"><a href="https://www.instagram.com/amguiral/"><img decoding="async" class="size-full wp-image-96044" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2.jpg" alt="" width="2100" height="1400" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2.jpg 2100w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-768x512.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-1024x683.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-1200x800.jpg 1200w" sizes="(max-width: 2100px) 100vw, 2100px" /></a><figcaption id="caption-attachment-96044" class="wp-caption-text">Foto por <a href="https://www.instagram.com/amguiral/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">el autor</a>.</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify"><strong>Uno es, en definitiva, lo que ha leído</strong>. Uno es la suma de los autores con quienes ha conversado de manera atemporal, con quienes ha construido una amistad verdadera a pesar de que cada uno está muerto para el otro. Y, asimismo, uno es lo que ha caminado, uno es todos los caminos por los que ha derivado sobre la tierra. La historia de los caminos es la nuestra; así como se divaga por un libro que no fue escrito para uno, sino <em>para todos y para nadie</em>, como sentenciara <strong>Nietzsche</strong> como epígrafe de su Zaratustra, también se va por caminos que otrora se trazaron para gentes que ya no están; caminamos por páginas y caminos reescribiendo con nuestras huellas, vamos haciendo un palimpsesto para otros, que aún no son.</p>
<p style="text-align: justify">En mi caso, apenas me fui de mi tierra, empecé a construir, sin saberlo, una poética del regreso. Para paliar el dolor de estar lejos de lo que amo, y de quienes amo, me fui acercando a autores que intentaron regresar por la vía de la escritura. El primer autor en conmoverme, en ese sentido, fue <strong>Robert Walser</strong>, como todo lector de este blog sabrá, como toda amiga mía bien sabe. El autor de <em>El Paseo</em> celebraba el hecho de caminar con tanta claridad, amor y luz, que me contagiaba en cierto grado de esperanza, me hacía creer que una literatura feliz era posible, a pesar del dolor que era germen de la obra de este autor entrañable.</p>
<p style="text-align: justify">Luego llegó a mis manos <em>Amapola y memoria</em>. <strong>Paul Celan</strong> de entrada se convirtió para mí en un poeta esencial. Su dolor, con creces mayor, se me figuró hermano del mío. Él lo había perdido todo por culpa del nazismo; yo empezaba a perderlo por el asedio de los paramilitares. Su dictamen <em>la poesía es una forma de regreso a casa</em> se convirtió para mí en la premisa de mi vida. Creí por esa época que la poesía era la salvación, el regreso verdadero, la fe, pero cayó sobre mí al fin la aclaración de <strong>Adorno</strong>: <em>No se puede escribir poesía después de Auschwitz</em>.</p>
<p style="text-align: justify">Caminando más por la vida, me embarqué, atónito, en el redescubrimiento de <em>La Odisea</em>. De joven, no había sido amigo de la literatura griega -me repele hasta la náusea el helenismo-, pero esta vez me dejé llevar por las olas que hacían a Ulises prisionero. En su tenacidad y artilugios, en su voluntad inquebrantable, en su amor por los suyos, creí yo encontrar las claves del regreso, <em>la luz del regreso</em>, a la que tan bellamente <strong>Homero</strong> se refiere en los primeros cantos. La luz, a la que queremos regresar, y la misma que nos guía mientras volvemos.</p>
<p style="text-align: justify">Sin embargo, hoy que vuelvo a casa después de once años, me doy cuenta de que regresar siempre había sido imposible para mí. Me había sido negado desde el principio. Ítaca ya no es lo que era pues, aunque <strong>Penélope</strong> viajó y volvió conmigo, mi madre ya no está. Mi madre, por quien me sentía vivo, el ser más bello sobre la tierra, la persona que me lo dio todo, incluso la escritura&#8230; Ha vuelto a ser ángel. En aquel abril de 2012 me había ido para siempre. Nunca se vuelve, porque como tan bien lamentó <strong>Lorca</strong>, otro autor adorado de mi poética truncada: <em>yo ya no soy yo, / ni mi casa es ya mi casa.</em></p>
<p style="text-align: justify">¿No ves la herida que tengo<br />
desde el pecho a la garganta?</p>
<p>&nbsp;</p>
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]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=96043</guid>
        <pubDate>Sat, 26 Aug 2023 13:48:50 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-1200x800.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La luz del regreso]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Un almuerzo familiar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/un-almuerzo-familiar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un cuento de Albeiro Guiral &nbsp; Antón llegó a la casa de su hermana antes del mediodía. Mientras ella preparaba café, ojeó la biblioteca, sacó algunos libros y, poniéndolos en el suelo, se sentó a pasar sus páginas, las olía, las ponía a contraluz, las acariciaba. Cuando la mujer llegó con el café, le dio [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>Un cuento de Albeiro Guiral</strong></p>
<p><figure id="attachment_95773" aria-describedby="caption-attachment-95773" style="width: 619px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-95773 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/chejov-familia.jpg" alt="" width="619" height="349" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/chejov-familia.jpg 619w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/chejov-familia-150x85.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/chejov-familia-300x169.jpg 300w" sizes="(max-width: 619px) 100vw, 619px" /><figcaption id="caption-attachment-95773" class="wp-caption-text">Familia Chéjov.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">Antón llegó a la casa de su hermana antes del mediodía. Mientras ella preparaba café, ojeó la biblioteca, sacó algunos libros y, poniéndolos en el suelo, se sentó a pasar sus páginas, las olía, las ponía a contraluz, las acariciaba. Cuando la mujer llegó con el café, le dio la impresión de que su hermano parecía un niño rodeado de juguetes.</p>
<p style="text-align: justify">—No cambias —le dijo, sonriendo.</p>
<p style="text-align: justify">—Ya sabes, no puedo evitarlo.</p>
<p style="text-align: justify">—Oíste, ¿y cómo es eso de que no vas a publicar más?</p>
<p style="text-align: justify">Antón bajó la mirada. Lo tenía decidido, pero se avergonzaba cuando alguien lo cuestionaba, y sentía que aquel día tendría que enfrentarse a los más feroces cuestionamientos. Dio un sorbo al café, y le dijo a su hermana:</p>
<p style="text-align: justify">—No es tanto publicar, sabes… Es escribir lo que no me satisface.</p>
<p style="text-align: justify">—¡Pero tus cuentos son geniales!</p>
<p style="text-align: justify">—Creo que no es justo conmigo todo lo que he tenido que hacer para escribirlos. Quiero una vida tranquila.</p>
<p style="text-align: justify">Cada vez que Antón hablaba de su oficio se volvía sombrío, a la gente le parecía que hablaba como un sepulturero o un embalsamador. Fueron al comedor y se sentaron. Cambiaron de tema, hablaron de cómo le iba a ella en esta nueva etapa de casada, de cómo se iba a llamar el bebé que esperaban; Antón, mirando el vientre inmenso de su hermana, sugirió un nombre.</p>
<p style="text-align: justify">—¡Ni de riesgos! —dijo ella, a carcajadas.</p>
<p style="text-align: justify">—Acéptalo —repuso él, confiado—, Vladimir es un buen nombre.</p>
<p style="text-align: justify">—Lo es, pero no le voy a poner a mi hijo el nombre de un político.</p>
<p style="text-align: justify">—Bah… él no es político.</p>
<p style="text-align: justify">Ella se quedó en silencio, adoptando la actitud sombría de su hermano.</p>
<p style="text-align: justify">—Volviendo al tema —dijo—, si quieres ahora que venga Iván, yo le cuento tu decisión. Se va a poner histérico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">Antón y su hermana fueron a la cocina. Él insistió tanto en que lo dejara ayudarle que ella no pudo evitarlo. Se remangó la camisa y se puso un delantal viejo que encontró en la alacena. Ella se burló de él, quien comenzó a imitarla y así, entre juegos, fueron preparando el almuerzo. Un bistec como el que les preparaba la mamá antes de la cuarentena. Antes de que no la volvieran a ver.</p>
<p style="text-align: justify">Cuando sonó el timbre y vieron al hermano mayor por la ventana con una bolsa de pan en la mano, ya tenían todo listo, puesta la mesa e, incluso, hecho el café de la sobremesa. Sólo tenían que servir. Iván les saludó de abrazo, con una sonrisa ancha y una voz estrepitosa. Les contó que el tráfico estaba insufrible, que la policía lo había interrogado apenas entró a la comuna, que había estado de mal humor hasta que parqueó frente a la casa, cuando vio el jardín.</p>
<p style="text-align: justify">Antón amaba a sus hermanos, sentía que por ellos sería capaz de lo inimaginable, hasta de volverse un criminal si fuera necesario. El almuerzo transcurrió en esa bella calma que sólo interrumpen las risas y las anécdotas, los elogios a la sazón del anfitrión, las invitaciones a almorzar de nuevo en la casa de otro de los comensales.</p>
<p style="text-align: justify">En el momento del café, Antón y la hermana se pusieron serios e Iván lo notó.</p>
<p style="text-align: justify">—¿Qué pasa? —preguntó, preocupado.</p>
<p style="text-align: justify">—Nada grave, esperamos —dijo ella.</p>
<p style="text-align: justify">Antón los miró con una mueca y no fue capaz de decir nada.</p>
<p style="text-align: justify">—Te pido el favor de que lo veas por el lado amable, si lo piensas bien, no es tan grave —siguió diciendo la mujer.</p>
<p style="text-align: justify">Antón bajó la mirada, avergonzado por segunda vez en el día. Iván miró a la hermana a los ojos e insistió. Entonces ella dijo:</p>
<p style="text-align: justify">—Antón no va a volver a escribir, ya lo decidió, se va a dedicar a la fotografía.</p>
<p style="text-align: justify">Iván se sonrió, y con esa voz explosiva tan característica suya, dijo:</p>
<p style="text-align: justify">—¿Al fin y al cabo qué es un cuentista sino un retratista?</p>
<p style="padding-left: 40px"><a href="https://instagram.com/amguiral" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>@amguiral</em></a></p>
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<p dir="ltr" lang="es">Si hay un texto que contenga la esencia de mi blog en <a href="https://twitter.com/elespectador?ref_src=twsrc%5Etfw">@elespectador</a>, de lo que quiero hacer en la vida, es este: <a href="https://t.co/cbZW3nLSXb">https://t.co/cbZW3nLSXb</a></p>
<p>— Albeiro Guiral (@amguiral) <a href="https://twitter.com/amguiral/status/894631304540692480?ref_src=twsrc%5Etfw">August 7, 2017</a></p></blockquote>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Thu, 03 Aug 2023 13:12:58 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Un almuerzo familiar]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
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        <title>Para recordar a Paul Celan</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/recordar-paul-celan/</link>
        <description><![CDATA[<p>Es el lenguaje la espada y la pared del poeta. Lo persigue y lo espera a la vez, animal enloquecido, y antes de que regrese la luz, lo hiere de muerte. La agonía puede tener la duración de la paloma o de la piedra; el aire, lo sabemos bien, lo intuimos como si nos perteneciera [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_93248" aria-describedby="caption-attachment-93248" style="width: 1200px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.instagram.com/amguiral/"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-93248" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Paul-Celan-Albeiro-Guiral.jpg" alt="Un retrato del poeta rumano Paul Celan." width="1200" height="675" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Paul-Celan-Albeiro-Guiral.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Paul-Celan-Albeiro-Guiral-150x84.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Paul-Celan-Albeiro-Guiral-300x169.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Paul-Celan-Albeiro-Guiral-768x432.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Paul-Celan-Albeiro-Guiral-1024x576.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></a><figcaption id="caption-attachment-93248" class="wp-caption-text">El poeta rumano Paul Celan. Foto: Editorial Herder.</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify"><strong>Es el lenguaje la espada y la pared del poeta</strong>. Lo persigue y lo espera a la vez, animal enloquecido, y antes de que regrese la luz, lo hiere de muerte. La agonía puede tener la duración de la paloma o de la piedra; el aire, lo sabemos bien, lo intuimos como si nos perteneciera aquel desasosiego, se ofrece como tumba. Y el humo sube: la reducción del día. Todo se ha acabado sin dejar líquenes en los naranjos.</p>
<p style="text-align: justify">Aunque quisiera mezclar su ceniza con la de su padre, la sequedad de la tierra lamida por el viento se lo impediría. ¿Hay una esperanza para quien vio la muerte a sus ojos azules? ¿Hay algún consuelo para quien aborrece entrar a la tierra que lo escupió a la existencia?</p>
<p style="text-align: justify">Una amapola florece en la boca de su madre.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Se fugó de la muerte</strong>, se fugó del lenguaje. Lo arrastra lejos de nuestros ojos miserables la corriente del sueño.</p>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93247</guid>
        <pubDate>Sat, 14 Jan 2023 19:45:10 +0000</pubDate>
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