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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de bbc | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Diana Spencer “Princesa de Gales” (1968-1997)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/diana-spencer-princesa-gales-1968-1997/</link>
        <description><![CDATA[<p>“La Honorable”, título nobiliario de cuna de Diana Spencer, una aristócrata británica que nació muy cerca de la familia real inglesa, y de la cual años más tarde pasaría a ser una pieza fundamental. Tras la muerte de uno de sus hermanos, el matrimonio de sus padres empieza a deteriorarse y para 1967 la pareja [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“La Honorable”, título nobiliario de cuna de Diana Spencer, una aristócrata británica que nació muy cerca de la familia real inglesa, y de la cual años más tarde pasaría a ser una pieza fundamental.</p>
<p>Tras la muerte de uno de sus hermanos, el matrimonio de sus padres empieza a deteriorarse y para 1967 la pareja decide divorciarse. Cada quien encontraría otra pareja y fue así como Diana tendría una infancia en donde a momentos la pasó con su madre y su padrastro, y en otras ocasiones con su padre y su madrastra. Ella misma diría que recuerda su infancia como “muy infeliz”, y “muy inestable, todo.”</p>
<p><em>Lady Di</em>, es así como sería conocida luego de que a su padre se le concedió el título de noble, y de esta misma forma el mundo la conocería después. Sus estudios básicos quedarán a cargo de una institutriz, y a los 9 años sería internada en el instituto femenino Riddlesworth Hall School, y a los 14 años se uniría a sus hermanas en el West Heath Girls’ School.</p>
<p>No se destacó por ser una estudiante ejemplar. De calificaciones promedio, los intereses de Diana estarían más abocados al deporte y al arte, destacándose por sus interpretaciones al piano, sus dotes para el baile y sus buenas condiciones físicas para la natación y el buceo.</p>
<p>Para 1978 la niña acostumbrada a los privilegios se confrontaría ante un mundo más realista, mudándose a la capital inglesa, donde compartiría un departamento con su madre y algunos amigos. Por esta época la noble princesita estaría dedicada a ejercer algunos oficios que no figuraban antes en el prontuario de las reinas, más allá de los cuentos de hadas en donde la princesa, como es el caso, trabajará en labores de limpieza, anfitriona de fiestas, niñera, profesora de piano y asistente de guardería. Un accidente en esquí haría que Diana se alejara de una de sus grandes pasiones que era la de bailar. También tomaría algún curso de cocina, pese a lo cual no solía tomarse el tiempo para poner en práctica lo aprendido.</p>
<p>Para 1979 la madre de Diana premiaría la dedicación de su hija comprándole un departamento en el Coleherne Court en Earls Court con motivo de la celebración de sus 18 años.</p>
<p>Diana y Carlos se conocieron en 1977, cuando ella tenía 16 años y él estaba por cumplir los 30. Para ese momento era a su hermana a quien el príncipe pretendía, pero el destino terminaría por hacerlo mirar de soslayo y reparar en la joven doncella a la que parecía lucirle mejor la corona real.</p>
<p>La invitó a que lo viera jugar al polo, la llevó de paseo en sus yates de lujo, y le presentó sus mansiones y las otras posesiones que esperaban por ella si es que se decidía a darle el sí.</p>
<p>El príncipe la llevó ante sus padres, y los reyes quedarían encantados con aquella cándida rubiecita que llevaba en su sangre la estirpe de lejanos parientes reales de la Casa de los Estuardo por medio de Carlos II de Inglaterra, además que Carlos y Diana descendían de la Casa de los Tudor a través de Enrique VII de Inglaterra.</p>
<p>El noviazgo fue corto. Para comienzos de 1981, en el castillo de Windsor, el príncipe le propuso a Lady Di que fuera su esposa, y dos semanas después el mundo entero conoció a esa joven y simpática aristócrata que había conquistado al príncipe de Gales, legítimo sucesor y heredero al trono de Inglaterra, hijo de Isabel II, y a quien presentaba como a la futura reina de la Corona británica.</p>
<p>Diana abandonó su trabajo como asistente de guardería (siendo así la única novia real que hubiera tenido un trabajo) y se mudó a Clarence House, lugar de residencia de la Reina Madre, pero al poco tiempo se trasladaría al palacio de Buckingham para ponerse al frente con los preparativos de una boda de ensueño, y tras lo cual se convertiría en la primera mujer inglesa en casarse con el próximo sucesor al trono desde que Jacobo II y Anne Hyde contrajeron nupcias unos 300 años atrás.</p>
<p>Ella misma eligió su anillo de compromiso. Lucía esplendorosa, con un vestido de casi 8 metros de largo que hoy estaría valorado en unas 35.000 libras esterlinas. La boda, debido a la gran cantidad de asistentes, se realizó en la catedral de San Pablo de Londres, en cuyas puertas esperaban más de 600.000 espectadores para ver desfilar a los recién casados, y que a través de las pantallas sería presenciada por más de 750.000 televidentes alrededor del mundo. Al momento de los votos, Diana equivocó el orden de los nombres de su futuro marido, pero más revuelo causaría el que no asumiera el acostumbrado “voto de obediencia” que tradicionalmente la reina rinde ante su rey.</p>
<p>Una vez oficiada la boda, y con tan solo 20 años, Lady Di adquiría el título oficial de “Princesa de Gales”, convirtiéndose en la tercera mujer con más poder dentro de la Corona, luego de la Reina Isabel II y de la Reina Madre. Unos años después Isabel mostró la inclusión plena de Diana a su familia legándole la dinástica reliquia conocida como la “Tiara del nudo del amante de la reina María”, o también como la “Tiara de los enamorados de Cambridge”, además de concederle la insignia de la Orden de la Familia Real de la Reina Isabel II.</p>
<p>En 1982 la princesa anuncia que en su vientre anida el segundo en la sucesión al trono después de su padre, un varón al que ella misma eligió el nombre de William de Sussex, y que estuvo a punto de interrumpir esta línea sucesoria luego de que Diana sufriera un accidente al caer por unas escaleras. Para ese entonces ya la princesa comenzaba a mostrar su descontento con ese estilo de vida que parecía haberle sido impuesto. Años más tarde confesó que ella misma había provocado el accidente en un intento por generarse un aborto, ya que se sentía “tan inadecuada” para la responsabilidad de ser hija del futuro rey de los ingleses.</p>
<p>Por aquellos años Diana Spencer comenzaba a ser uno de los focos más apetecidos de los lentes de los paparazis y su vida parecía ser narrada por la prensa mundial como si se tratara de un reality show. Los fotógrafos la asediaban a donde fuera, siendo retratada infraganti en una playa mientras lucía un bikini en estado de gravidez, y por lo cual Isabel se pronunciaría llamándolo “el día más negro en la historia del periodismo británico.”</p>
<p>Antes de que llegara su segundo hijo, Lady Di tuvo que reponerse de una tremenda depresión, para finalmente dar a luz al príncipe Harry, que nacería en 1984, y cuya presencia en la vida de sus padres haría que la pareja fortaleciera sus lazos.</p>
<p>La princesa quiso encargarse con dedicación a la tarea de educar a sus hijos, para lo cual eligió el modelo que creyó lo más conveniente para su formación intelectual, social y cultural: la normalidad. Diana procuró que los privilegiados herederos del trono conocieran de primera mano las necesidades de su pueblo y se confrontaran ante la enfermedad y la vejez, para lo cual solía llevarlos a visitar hospitales, orfanatos, hogares geriátricos y centros de rehabilitación, educándolos en valores humanistas y despertando en ellos una filosofía filantrópica.</p>
<p>Así mismo quiso que su educación académica no gozara de mayores privilegios, por lo cual William y Harry asistieron a escuelas secundarias de Londres, luego de que en su infancia hubieran sido formados por institutrices escogidas por su propia madre. Diana llevaba a sus príncipes al colegio como lo haría cualquier otra madre en todas partes del mundo.</p>
<p>Ella misma se encargaba de vestirlos con las prendas que cualquier niño inglés del común portaba según la moda del momento, los llevaba a comer a restaurantes de comida popular o a pasear por parques públicos, y planeaba salidas y vacaciones a lugares concurridos donde sus hijos pudieran también sentirse como un turista más y llevar la infancia de un niño común y corriente, una vida normal.</p>
<p>La princesa de Gales comenzaría sus labores al interior de la Corona representando a la reina en sus viajes internacionales, visitando los reinos de la Mancomunidad y ganándose el cariño de las personas a las que saludaba, así como el de la prensa que la seguía a donde fuera y sabía contar su historia como si de una princesa encantada se tratara.</p>
<p>Muy pronto sus intereses filantrópicos comenzarían a romper con el molde tradicional de la princesa alejada de la realidad social de su pueblo, y es así como la veríamos emprendiendo campañas de todo tipo y definitivamente poco convencionales al tratarse de tan distinguido personaje.</p>
<p>Es por esto que el mundo la vio abrazando a un paciente con SIDA en un intento por demostrar que no hay una amenaza de contagio de la enfermedad por un simple contacto físico, ayudando de esta forma en la desestigmatización de estos pacientes. Luego de haberse reunido en Sudáfrica con Nelson Mandela diría: “El VIH no hace que sea peligroso conocer a las personas. Puedes estrecharles la mano y darles un abrazo. Dios sabe que lo necesitan.” Así también apoyó a las personas infectadas con lepra y, sin escrúpulos, y pese a que su suegra mostrara su disgusto y le recomendara dedicarse a “algo más placentero”, Lady Di declaró: “Siempre ha sido mi preocupación tocar a las personas con lepra, tratando de mostrar con un simple acto que no se les vilipendia, ni se les repugna.”</p>
<p>La caridad de la princesa era llevada a distintas problemáticas: creó centros de asistencia y rehabilitación para drogadictos y albergues para personas sin hogar, porque “merecen un comienzo decente en la vida”, acusaría. De la misma forma apoyó las causas benéficas para discapacitados físicos y enfermos de cáncer, y prestó un interés particular en la salud mental y en las enfermedades psicológicas: “Se necesita profesionalismo para convencer a un público que duda de que debe aceptar entre ellos a muchos de los diagnosticados como psicóticos, neuróticos y otros enfermos que las comunidades victorianas decidieron que debían mantenerse fuera de la vista en la seguridad de las instituciones mentales.”</p>
<p>Entre sus tantas causas altruistas se le recordará principalmente por haber sido una abanderada en la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona, y cuya participación sirvió para la aprobación del Tratado de Ottawa, y así también para que dicho emprendimiento ganara luego de su muerte el Premio Nobel de la Paz. A Diana la vimos con un chaleco antibalas caminando por los territorios minados en Angola, y ante las dificultades que acarreaba la extrema protección de tan aventurada princesa, el Ministerio de Defensa británico declararía que Lady Di se trataba de una “bala perdida”.</p>
<p>En algún momento confesó: “Me resulta difícil hacer frente a las presiones de ser princesa de Gales, pero estoy aprendiendo a sobrellevarlo.” Pero nada de eso. El pueblo creía en su princesa y adoraba como venía encarando su propuesta de renovar la Corona de los ingleses. Diana había cautivado a todo el mundo. Su sencillez, carisma y una timidez que no dejaba de lado, harían que el pueblo inglés estuviera encantado con la futura reina; su popularidad lograba el tope, y para entonces también se había consagrado como una agraciada figura pública internacional.</p>
<p>Sin embargo en su vida personal, al interior de los palacios, en la intimidad de su alma de princesa, las cosas no parecían contar la misma historia de cuento de hadas. Todo el mundo lo sabía: la relación entre Diana y Carlos nunca marchó del todo bien, y las discrepancias y disconformidades irían acentuándose con el pasar de los años.</p>
<p>La diferencia de edad generó un distanciamiento natural, y aparte de que Carlos nunca dejaría de querer a su exnovia, Camilla Parker Bowles. Fue así como después de cinco años de casados la pareja decide distanciarse. El príncipe reanudó su relación con Camilla, a quien en alguna ocasión Diana encararía personalmente para señalarla de haber sido la causante de que su matrimonio se viniera a pique. “Bueno, éramos tres en este matrimonio, así que estaba abarrotado”, diría años más tarde. Por su parte, la princesa se involucraría en una relación amorosa con un antiguo profesor de equitación de quien se sentía enamorada.</p>
<p>En adelante sería pelear por la custodia de los hijos, incriminar al otro de infidencias y deslices, como el que se le achacaba a Diana con uno de sus guardaespaldas, con un jugador de rugby, con un coleccionista de arte, con un inversor privado, y cualquier otra excusa para justificar de parte y parte la inevitable separación.</p>
<p>Las familias intentaron reconciliarlos pero fue inútil. El mundo empezó a conocer los detalles íntimos de la Corona y que serían develados a través de entrevistas. Diana declaró para la BBC que Carlos “me hizo sentir tan inadecuada en todas las formas posibles, que cada vez que salía a tomar aire, él me empujaba hacia debajo de nuevo.” La princesa aprovecharía para denunciar la discordia subrepticia que existía entre ella y la familia real, e incluso se atrevió a manifestar que Carlos no era una persona idónea para encarar un día los asuntos de un rey, proponiendo sin temor una monarquía que intimara más con la gente, por lo que en adelante muchos la conocerían como “La princesa del pueblo”.</p>
<p>Todos conocimos entonces la historia de una princesa solitaria encerrada en su jaula dorada, atormentada por la depresión y la bulimia, realizándose cortes en la piel, por lo que muchos han coincidido en que la princesa sufría un cuadro de trastorno límite de la personalidad.</p>
<p>Para ese momento ya Diana había denunciado el acoso permanente que sentía por parte de la prensa y los paparazzis. Sin embargo sus revelaciones, y el tema que se avecinaba con el complicado divorcio de dos futuros monarcas, harían que su imagen se convirtiera en la comidilla diaria de la prensa nacional e internacional. La princesa se había rebelado y ahora parecía emprender una batalla a solas contra uno de los más poderosos imperios de la historia.</p>
<p>Ya nadie quería insistir, y absolutamente todos recomendaban el definitivo divorcio legal, siendo así que para 1996 la pareja finalmente concreta su separación oficial. Firmaron un acuerdo en el que pactaban no dar a conocer detalles de su divorcio ni hacer públicas sus historias matrimoniales. La princesa recibió lo que hoy representarían unos 33 millones de libras esterlinas, y una dote anual de 400.000.</p>
<p>La princesa conservó sus dominios y siguió viviendo en el Palacio de Kensington. Mantuvo las mejores relaciones con la familia real, tratando de que sus hijos no se distanciaran de sus abuelos ni de las responsabilidades que como príncipes les competían. En todo caso la princesa tendría que regresar la “Tiara de los enamorados de Cambridge” a Isabel, gesto que realizó sin presentar objeción alguna.</p>
<p>Al momento de la separación Diana renuncia a su título de “Su Alteza Real”, quedándose con el que el mundo prefería: “Princesa de Gales”. Ya Diana había sido advertida por el rey consorte, Felipe, el esposo de Isabel, quien la amenazó diciéndole: “Si no te portas, mi niña, te quitaremos el título.” Y a lo que ella respondió: “Mi título es más antiguo que el tuyo, Felipe.” Y es que su hijo seguía conservando su derecho legítimo como aspirante al trono, por lo que la madre pudo seguir disfrutando de las prebendas conferidas a los demás miembros de la familia. Diana comenta que siendo un niño su hijo William le diría respecto a la pérdida de su título: “No te preocupes, mamá, te lo devolveré algún día cuando sea rey.” De esta manera Lady Di se convertía en la primera princesa no real de la historia de la Corona inglesa.</p>
<p>Luego de su divorcio la princesa dejó de lado su participación en más de cien instituciones benéficas, lo que no significaba que abandonara sus tareas filantrópicas. Su figura llena de esplendor era noticia de rutina, toda vez que le veíamos en orfanatos y asilos para ancianos, en hospitales y centros de rehabilitación, en la inauguración de una biblioteca o de una academia artística, y como imagen de decenas de campañas que apoyaran cualquier iniciativa por hacer de este mundo un mundo más llevadero.</p>
<p>Ella por sí misma se había convertido en un referente de la belleza femenina, y así también un ícono de la moda, el glamur, la sofisticación, y una delicada y sencilla elegancia que deslumbraba a cualquiera. Muchos se atreven a destacarla como la mujer más famosa y la más fotografiada en la década que comprende entre 1980 y 1990.</p>
<p>En 1983 el Ejército de Liberación Nacional de Escocia atentó contra su vida por medio de una carta bomba que por fortuna sería descubierta. Para 1987 sería condecorada con la Libertad Honoraria de la Ciudad de Londres, y un año más tarde se convertiría en patrona de la Cruz Roja Británica. Ese mismo año de 1988 la inagotable y enérgica princesa asistió a casi doscientos eventos, superando esa cifra con el doble de compromisos para el año de 1991.</p>
<p>Con Carlos tendría que viajar por los cinco continentes, donde visitaron figuras notables como el Papa, el Dalai Lama y a varios gobernantes, jeques árabes, presidentes y primeros ministros. En 1992, en India, se recuerda el encuentro que tuvo con la monjita de Calcuta que se convertiría también en su amiga, la conocida ya en todo el mundo como la Madre Teresa. Ese mismo año se entrevistó en Francia con François Mitterrand, y un año más tarde, cansada de trasegar, anunció que desistía de tanto ir y venir porque anhelaba “hacer un regreso parcial”. Sin embargo un año después la veríamos saludando al emperador japonés Akihito y a su esposa Michiko mientras inauguraban en Tokio el Hospital Nacional de Niños, y más tarde continuaría su peregrinaje a solas por Rusia, Bélgica, Suiza, Italia, Nepal, Zimbabue, Argentina…</p>
<p>La princesa fue galardonada y condecorada de premios alrededor del mundo. Unos días antes de su fatal accidente, había estado visitando Bosnia y Herzegovina, y así se la hubiera pasado de no haber sido por ese encuentro fatídico.</p>
<p>Hacia 1996 Diana habría estado involucrada en una relación con el británico de origen pakistaní, el cirujano cardiaco Hasnat Khan, con quien tuvo una relación de casi dos años y que supieron ocultar a los medios. Se desconoce el porqué de su final, pero muchos sugieren que este corto romance con quien Diana llamaba <em>“Mr. Wonderful”</em> habría representado para la princesa el “amor de su vida”.</p>
<p>Muy pronto comenzaría un romance con Dodi Al-Fayed, un millonario que la invitaría a visitar a su familia en el sur de Francia, y en donde a través de paseos en su yate Jonikal de 60 metros e invitaciones de todo tipo, no solo sabría ganarse el cariño de la princesa sino también el afecto de sus hijos.</p>
<p>El 31 de agosto de 1997, en París, en la costa norte del río Sena, Dodi Al-Fayed y la Princesa del pueblo atravesaban en coche el túnel del Pont de l’Alma. El conductor conducía a alta velocidad tratando de escabullirse y dejar de largo la multitudinaria y asfixiante caravana de paparazzis, que en un intento por captar alguna fotografía de la pareja acosaban sin tregua persiguiendo al coche. El conductor dejó atrás la caravana pero no pudo esquivar una bifurcación al interior del túnel y el automóvil impactó de frente contra el concreto. Al accidente solamente sobrevivió el guardaespaldas de Diana, quien en esta oportunidad no pudo hacer nada para custodiarla.</p>
<p>Millones de personas en todo el mundo siguieron a través de las pantallas el funeral de una princesa, y el rating de audiencia televisiva alcanzó un pico inédito logrando una cifra récord de espectadores.</p>
<p>En adelante Lady Di cobraría un aura mítica, y su muerte se vería envuelta en una serie de escándalos y controversias que sugerían un asesinato planeado por parte de la Corona, conspiraciones de todo tipo, y toda clase de teorías como la de cortar los frenos del coche para ocasionar el accidente.</p>
<p>La Reina Isabel se tomó un par de días para pronunciarse en público, acompañando de cerca al par de príncipes huérfanos, mientras preparaba un funeral discreto, y que tendría que cambiar por reclamo del pueblo a un verdadero funeral de Estado, celebrado en el Palacio de Buckingham y con todos los honores que merecía cualquier reina. Personalidades de todo el mundo asistieron a su funeral y muchos otros emitieron sus comunicados de pésame a los seres más cercanos a la difunta. Le pusieron entre sus manos un rosario que le había dado la Madre Teresa. Fue velada en la Abadía de Westminster y en todo momento el féretro permaneció cerrado, el cual había sido escoltado por la marcha penosa de sus dos hijos que lo secundaban junto a su padre, el Duque de Edimburgo y el hermano de Diana.</p>
<p>Uno de los momentos más emotivos sería cuando el amigo personal de Diana, el afamado músico británico Elton John, interpretaría por primera vez en vivo la famosa canción que dedicaría a la princesa: <em>Candle in the wind 1997. </em>El éxito de la canción logró un impacto en ventas, y las utilidades fueron destinadas a impulsar las causas benéficas que defendía Diana. Así también muchos de sus vestidos y varias de sus pertenencias serían subastados en Londres y New York, y el dinero recogido de las ganancias tendría el mismo propósito.</p>
<p>Su entierro sería finalmente en privado, y hoy sus restos descansan en alguna isla cercana al continente europeo. La herencia que en su momento dejaría a sus hijos sería un poco más de 20 millones de libras esterlinas. Muchos serían los homenajes, condecoraciones, títulos y distinciones que le serían conferidos de manera póstuma. Son varias las películas, series, libros y documentales que nos cuentan sobre su historia. Su presencia en el mundo parecería aún latente, su cuento de princesa real, del pueblo, una princesa que rompió los cánones y tradiciones milenarios, ha servido como fuente de inspiración para millones de mujeres en el mundo que no nacieron para ser reinas, pero que entienden de gobernarse.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 12 Apr 2024 06:53:26 +0000</pubDate>
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        <title>Sylvia Plath (1932-1963)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/sylvia-plath-1932-1963/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Morir es un arte, como cualquier otra cosa. Yo lo hago excepcionalmente bien. Lo hago para sentirme hasta las heces. Lo ejecuto para sentirlo real. Podemos decir que poseo el don. Las voces de la soledad, las voces de la tristeza golpean mi espalda inevitablemente. Soy un jardín de agonías rojas y negras. Las bebo, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Morir es un arte, como cualquier otra cosa. Yo lo hago excepcionalmente bien. Lo hago para sentirme hasta las heces. Lo ejecuto para sentirlo real. Podemos decir que poseo el don. Las voces de la soledad, las voces de la tristeza golpean mi espalda inevitablemente. Soy un jardín de agonías rojas y negras. Las bebo, odiándome a mí misma, odiándome y temiéndome.”</p>
<p>A los 8 años publicó su primer poema. Una niña aventajada, con vocación artística, facilidades para la pintura, el piano y la escritura, estudiante ejemplar con calificaciones sobresalientes. Aquella niña quedaría marcada por la muerte de su padre, un hombre que era experto y autoridad en el asunto de los bichos e insectos, y quien murió luego de padecer una penosa agonía. Lo más destacado de esta muerte no sería propiamente la ausencia paterna, sino la frialdad con la que la esposa asumió la pérdida, dejando una fuerte impresión en la pequeña el hecho de que su madre no hubiera llorado ni siquiera durante el velorio.</p>
<p>Nunca cesó en su actividad de escribir, iniciándose con el hábito de un diario que no pararía de contarnos sus desventuras y logros hasta el día de su muerte. Ya en la adolescencia sabía lo que era un corazón roto debido a una infidelidad, cuestionándose por el rol que como mujer parecía corresponderle, que era el de su misma madre, quien había renunciado a sus sueños para dedicarse a la crianza de los hijos, pero que ciertamente no parecía se tratara del destino poético que esperaba por Sylvia: “Mi gran tragedia es haber nacido mujer.”</p>
<p>De aquella época se destacan el poema <em>Papi, </em>además de un relato corto que publicó en el instituto en la revista <em>Seventeen, </em>y que tituló <em>And summer will not come again, </em>y años después, en la universidad, publicado en la revista <em>Mademoiselle, </em>la historia que bautizó <em>Sunday at the mintons </em>le valdría su primer reconocimiento.</p>
<p>Estudió en la Smith College de Massachusetts, y sus buenos resultados académicos le valieron ganar una Beca Fullbright, beca que permite estudiar en universidades extranjeras, matriculándose finalmente en la Newnham College de Cambridge. Sus trabajos estudiantiles los combinaba con la escritura, interesándose particularmente en la poesía, y publicando algunos de sus escritos en la revista universitaria <em>Varsity.</em></p>
<p>Apenas comenzar la universidad, con tan solo 20 años (diez años antes de su suicidio), Sylvia intentó quitarse la vida por primera vez, episodio que más tarde describiría en su única novela publicada. Ingerir un frasco entero de barbitúricos no fue suficiente para que Plath pudiera quitarse la vida. Como tratamiento, la joven fue internada en el Hospital McLean, institución psiquiátrica que ofrecía como antídoto al estado de permanente congoja aquella revolucionaria terapia electroconvulsiva (TEC) a base de electrochoques.</p>
<p>La depresión maníaca que padecía Sylvia, además de su indudable cuadro clínico de paciente con trastorno bipolar, no era para aquel momento una condición psiquiátrica para la cual se contara aún con medicamentos bien desarrollados, y ni siquiera existía el diagnóstico clínico. Sin embargo la descripción honesta y profunda de lo que sentía ya podía advertirnos de su condición: “Es como si mi vida estuviese mágicamente manejada por dos corrientes eléctricas: alegre, positiva, y desesperadamente negativa; lo que esté corriendo en este momento domina mi vida, la inunda.”</p>
<p>Plath empezó su carrera de profesora dictando clases en su alma mater, y sería allí mismo en Cambridge donde conocería a un poeta que en cuestión de pocos meses lograría convertirla en su esposa. Ted Hughes trabajaba también en Cambridge, y durante casi tres años la pareja sostuvo en el campus universitario su relación y sus empleos, hasta que en 1959 se mudaron a Boston.</p>
<p>La ilusa en el amor, deslumbrada por Ted, escribió en su intimidad los temores que representaban enamorarse: “Aunque el amor llegue un día, me da miedo que tan solo sea esto; y, aunque el amor llegue un día, también me da miedo que sea mucho más.” Para su desgracia, la relación comenzó a deteriorarse muy pronto, toda vez que Sylvia sorprendía a su marido coqueteándole a las alumnas, y desde ese momento los lazos nunca volverían a estrecharse.</p>
<p>En Boston Sylvia tuvo la oportunidad de entablar una breve amistad con la poetisa Anne Sexton, quien no solo compartió su interés literario, sino también sus mismos padecimientos mentales, e incluso la misma manera suicida de acabar con su vida.</p>
<p>La estancia en Boston fue breve, y la pareja decidiría mudarse e iniciar un proyecto familiar en North Twaton, un pequeño pueblo en Devon, cercano a la capital inglesa, y sería allí donde Sylvia daría a luz a su hija llamada Frieda.</p>
<p>Un año más tarde sufrió un aborto que le dejaría secuelas psicológicas pero que finalmente superaría con terapias, y en donde además lograría reconciliarse con su madre. La experiencia del aborto será un tema que aparecerá una y otra vez como recurrente dentro de su poesía.</p>
<p>En 1960 da a conocer su primera recopilación de poesía titulado <em>The colossus (El coloso), </em>un escrito que tuvo el visto bueno de la crítica, pero que entre el público no cobró mayor trascendencia, y un año después le vimos recitar en la BBC el poema en el que tres voces distintas de la feminidad cantan a la maternidad, y que tituló <em>Tres mujeres. </em>A partir de ese momento Plath concibe al poema como a una plegaria, un rezo, una oración que debe declamarse y recitarse siempre en voz alta.</p>
<p>Un año más tarde Sylvia dará a luz a Nicholas, pero esto no consiguió unir a la familia y, todo lo contrario, la pareja terminó por distanciarse a los pocos meses. Ted había comenzado una aventura con la poetisa Assia Wevill, aventura de la que Plath se enteraría, y que acabaría por exacerbar su depresión y su delicada condición psiquiátrica.</p>
<p>Para 1963, cuatro meses antes de su suicidio, Sylvia publicaría su primera y única novela, <em>The bell jar (La campana de cristal)</em>, un relato mitad ficción, mitad autobiografía, y en donde la autora describe su primera confrontación fallida ante la muerte, cuando intentó en vano quitarse la vida a la edad de los 20 años. Por medio del monólogo y de un estilo inevitablemente poético, la novela nos va introduciendo en el vértigo de la locura que padecerá el personaje principal, y sus intentos por sobrevivir a un mundo en el que no encuentra su hábitat y alimento. La primera publicación figuró bajo el seudónimo de “Victoria Lucas”, pero las ediciones póstumas aparecerían ya con el nombre real de la autora.</p>
<p>Sylvia se mudaría con sus dos hijos a Londres, justamente a un departamento que años antes había sido habitado por el poeta y dramaturgo irlandés W.B. Yeats, y por lo que en un comienzo lo consideró como un buen augurio, un símbolo premonitorio de un brillante porvenir como escritora y una mujer decidida a encarar su separación. Sin embargo no sería así, y pese a la determinación de la mujer fuerte que era Sylvia Plath, su estado mental y sus padecimientos psicológicos serían mucho más fuertes, y acabarían por doblegarla. Años antes ya había manifestado su inconformismo ante un destino prefabricado: “Así que empecé a pensar que tal vez fuera cierto que casarse y tener niños equivalía a someterse a un lavado de cerebro, y después una iba por ahí idiotizada como una esclava en un estado totalitario privado.”</p>
<p>Una semana antes de morir, ya Sylvia se notaba confundida, trastornada, deprimida como pocas veces, y así lo testimonia una de sus amigas más cercanas y que estuvo cuidando de ella y de sus hijos durante su última semana de vida.</p>
<p>Sylvia la había llamado para pedirle si podía visitarla y quedarse un par de días en su casa. Al parecer no solo ella sino también sus hijos necesitaban cuidados, por lo que su amiga le brindó posada y se encargó de atender las necesidades de los tres. Dice que por esos días se le veía dormilona, cansada, totalmente descuidada de sus hijos, que para ese momento tenían uno y tres años. “Prefiero no volver a casa”, sería lo que le dijo Sylvia a su amiga luego de haber pasado esa primera noche en el calor de un hogar, y bajo los cuidados de una amiga protectora y de toda su familia. “He intentado no pensar demasiado. He intentado ser natural”, escribió en sus diarios aquella mujer trastornada y que ahora necesitaba reposo.</p>
<p>La amiga leal instaló a Sylvia y a sus hijos destinando la habitación de una de sus hijas para que todos pudieran acomodarse, y por petición de Sylvia fue hasta su casa para traer algunas cosas de uso cotidiano como cepillos de dientes y prendas, además de un libro que la poetisa había comenzado a leer recientemente.</p>
<p>Unos días estuvo Sylvia con sus hijos en la casa de esta mujer, durante los cuales según testimonia, Sylvia se encontraba como perdida, errabunda, hablantinosa, enérgica… En alguna ocasión le enseñó a su amiga las píldoras que empleaba para dormir, y las otras que le servían para reactivarse, siendo así que su comportamiento fuera errático, como un delirante ir y venir entre el gozo y la desdicha. “Si ser neurótica es decir dos cosas mutuamente excluyentes en el mismo momento, entonces soy endemoniadamente neurótica. Estaré volando de una a otra cosa mutuamente excluyente durante el resto de mi vida”, escribió en su momento.</p>
<p>Una tarde la vieron aparecer vestida con un traje azul plateado, maquillada, peinada, sonriente, expectante, y solamente diría muy emocionada que tenía una cita, pero no dio detalles, y antes de salir le dijo a la pequeña Frieda: “¡Te amo!” Parecía una chiquilla ilusionada con el amor, esa que escribió en sus diarios: “He intentado ser ciega en el amor, como las otras mujeres, ciega en la cama, con mi amante ciego, sin buscar, en la densa oscuridad, un rostro ajeno.”</p>
<p>Al día siguiente decidió regresar a casa con sus hijos, y el marido de su amiga se prestó para acompañarla. Será él quien testimonia sobre la terrible congoja que embargaba a la poetisa, quien no paraba de llorar, y así también lo hacían sus dos hijos. Él le pidió que mejor regresara y se estuviera unos días más con ellos en casa, pero Sylvia se rehusó, y aunque no parecía lo más recomendable. “El suelo parecía maravillosamente sólido. Era consolador saber que me había caído y que no podía caer más bajo”, escribiría años atrás.</p>
<p>Al regresar a casa el marido de su amiga le diría a su esposa que no había quedado tranquilo por el estado en el que se encontraba Sylvia, y que le había prometido regresar mañana temprano para saber cómo se encontraba. No hubo necesidad de eso. Antes de las ocho de la mañana el doctor de Sylvia se comunicó con su amiga para enterarla de que ese 11 de febrero de 1963, después de haber preparado el desayuno para sus dos hijos, la poetisa había metido la cabeza dentro del horno y había girado la perilla del gas hasta morir.</p>
<p>Luego su amiga y el mundo se enterarían de que aquella cita era precisamente con Ted, a quien Sylvia le había escrito un comunicado que durante un tiempo se creyó se trataba de una carta de suicidio, pero que el mismo Ted aclaró en el 2010 en un poema titulado precisamente <em>Última carta, </em>y en donde se permite describir los últimos tres días antes de la muerte de su esposa, aclarando que se trataba más bien de una petición de divorcio oficial, donde ella le expresaba su voluntad de mudarse a París, y que Plath calculaba sería recibida por él el día sábado, pero en realidad el correo llegó el viernes, y por lo que algunos creían se trataba entonces de esa nota de suicidio que no esperaba ser todavía leída o que pedía con urgencia un llamado desesperado de auxilio. Apenas leyó la carta, Ted visitó a Plath, y parece ser que la pareja se enfrascó en una discusión, donde finalmente ella acabaría arrojando al fuego la misteriosa nota.</p>
<p>También parece que la noche previa a su suicidio, Plath llamó a casa de Ted y quien contestó sería su amante, y en los diarios de esta amante quedaron evidenciadas las palabras de Ted cuando le habló a Sylvia: <em>“Take it easy, Sylvia”</em>.</p>
<p>Sylvia Plath admiró siempre a Ted Hughes, y aunque distanciada de su estilo, no puede negarse la influencia que su marido tuvo en su escritura, y así también como en los motivos, razones y sentimientos que la volcaban a escribir. A él dedicaría por ejemplo su poema titulado <em>Pursuit.</em></p>
<p>Luego de su muerte, sería el propio Ted quien confesaría algunos otros detalles con su pareja en el libro <em>Birthday letters (Cartas de cumpleaños)</em>, y sería quien estaría a cargo de los escritos de su difunta esposa, y en la edición de estos textos quedará la duda de si intervendría, censuraría o suprimiría algunos pasajes, tal como lo quiso la madre de Plath con varios de sus escritos que le parecían bastante íntimos, personales y reveladores.</p>
<p>Tal parece que Ted sí destruyo algunas piezas valiosas de los diarios personales de la poetisa. Pese a esto, luego de su muerte fueron publicados algunos libros de poemas como <em>Cruzando el agua,</em> <em>Árboles invernales, </em>y uno de sus libros de poemas más conocidos, <em>Ariel, </em>un poemario visceral donde la poetisa se permite confesarse con desgarro pleno, sin pudor, exhibiéndonos la desnudez de su alma atormentada. Y así también se publicaría un libro de cuentos titulado <em>La caja de los deseos.</em></p>
<p>En 1982, casi 20 años después de su muerte, Sylvia Plath se convierte en la primera poetisa en ser homenajeada con el Premio Pulitzer póstumo por el compendio de su obra recogida en el libro titulado: <em>The collected poems (Poemas completos). </em>Un año más tarde serían publicados sus diarios y un tiempo después aparecería otro libro: <em>Johnny Panic y la biblia de sueños.</em></p>
<p>Hoy los avances en la ciencia podrían diagnosticar a Plath dentro del cuadro de trastorno bipolar, pero en vida Plath no pasó de ser una depresiva incomprendida que se creía había sido principalmente afectada por la muerte de su padre, cuando lo cierto es que esta condición mental es también una enfermedad patológica, y de alguna forma así lo revelan los genes de su descendencia: Frieda es una periodista que padece depresión, anorexia y esclerosis múltiple, y por su parte Nicholas se convertiría en un ermitaño que se refugió en la soledad de Alaska, para acabar colgándose de una soga. Curiosa y trágicamente la amante de Ted también se suicidaría para el año de 1969.</p>
<p>Al final, no la escuchó nadie: “Le hablo a dios, pero el cielo está vacío.” Ella solo quería, como todo poeta, contemplar lo bello: “Para mí es más natural estar tendida. Es entonces cuando el cielo y yo conversamos con libertad, y así seré útil cuando al fin me tienda: entonces los árboles podrán tocarme por una vez, y las flores tendrán tiempo para mí.” Treinta años tenía Sylvia Plath cuando decidió meter la cabeza en el horno. Sus restos reposan en West Yorkshire, en el cementerio de Heptonstall.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-90370" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/06/259.-SYLVIA-PLATH-300x144.jpg" alt="SYLVIA PLATH" width="300" height="144" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 19 Jan 2024 06:12:31 +0000</pubDate>
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        <title>Emmeline Pankhurst Goulden (1858-1928)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Emmeline nació en Moss Side, Manchester. Sus relatos de cuna eran los que su madre le narraba del libro <em>La cabaña del tío Tom</em>, lo que no solamente demuestra la tendencia ideológica de su madre, sino además la influencia que desde la infancia tendría respecto al abolicionismo y a los derechos civiles. A los tres años ya leía y se dice que a los nueve ya había devorado <em>La Odisea </em>y los tres volúmenes de <em>La Revolución Francesa</em>, y pese a que sus padres mostraran una tendencia al pensamiento liberal, consideraban que lo mejor para su hija sería aferrarse a la tradición de conseguirle desde joven un marido que velara por ella mientras esta se consagraba a los cuidados de su esposo, los hijos y el hogar, a “crear un hogar atractivo”, como lo diría su padre. En sus memorias Emmeline cuenta de lo frustrante que fue para ella escuchar a su padre decir, creyendo que ella se encontraba durmiendo: “Qué lástima que no naciese muchacho.” No obstante, esto no sería un escollo para que Emmeline se abriera paso por cuenta propia, y recuerda que ya de niña visitó un bazar con el ánimo de apoyar la recaudación de fondos para los esclavos recién liberados de Estados Unidos. También se valió del legado de su padre, quien disfrutaba de interpretar papeles en obras teatrales y declamar poesías, despertando en su hija el histrionismo que le sirvió muchísimo como futura oradora. A los 14 años ya había heredado de sus padres la pasión por la política, la necesidad de hacerse escuchar y discutir sobre los abusos de las leyes y de su falta de igualdades, y es por esto que desde su adolescencia pasaría a formar parte del movimiento sufragista. Sucedió un día en el que su madre se dirigía a una reunión donde haría presencia Lydia Becker, editora de la <em>Women’s Suffrage Journal, </em>y a la que su madre estaba inscrita, y luego de acompañarla a dicha reunión su vocación se esclarecería: “Dejé la reunión como una consciente y confirmada sufragista”, confesó en sus memorias. Un año después fue enviada a la capital francesa para iniciar su formación en la École Normale de Neuilly, donde recibiría una formación en bordado, contaduría y química, a parte de algunos estudios relacionados con las artes. Antes de cumplir sus 20 años ya se encontraba casada con Richard Pankhurst, un abogado 24 años mayor que ella, y con quien a lo largo de la siguiente década establecería una familia conformada por cinco hijos. Ella le había propuesto que convivieran sin la necesidad de formalizar su matrimonio, pero a él no le pareció conveniente para su mujer, si es que ella quería dedicarse a la actividad pública. Pese a esto Richard era famoso por su pensamiento liberal y por ser un enérgico defensor de los derechos de las mujeres, y en especial por su lucha para que estas pudieran votar. Ambos creían que la mujer no estaba para convertirse en una “máquina del hogar”, por lo que contratarían a una sirvienta que ayudara con los cuidados de la casa, y de esta manera Emmeline podría explayar sus capacidades sin los limitantes que le impondría la crianza exclusiva de sus hijos. En 1886 la pareja se establece en Londres, donde Richard se lanzará sin éxito al Parlamento mientras Emmeline ayudará con las finanzas del hogar montando una tienda de telas a la que llamó <em>Emerson &amp; Company. </em>Por otro lado su hogar ubicado en Russel Square serviría como el epicentro de reuniones de activistas, y así también como el refugio para algunas mujeres necesitadas del auxilio de los Pankhurst. Las diferencias al interior de la National Society for Women’s Suffrage (NSWS) era notoria. La división estaría en que una parte consideraba que el proceso debía ser paulatino, concediéndoles en principio el derecho del voto a mujeres solteras y a las viudas, ya que en el caso de las mujeres casadas sus esposos “votaban por ellas”. Finalmente para 1888 el movimiento acaba disolviéndose en varias organizaciones independientes o afiliándose a algunos partidos políticos. Es así como, junto a su esposo, en 1889 los Pankhurst fundarían en su propia casa el movimiento Women’s Franchise League (WFL), entidad encargada de promover las causas del sufragio femenino, pero también otras iniciativas como la igualdad de derechos laborales para las mujeres y otros derechos que valía la pena revisar, como los tocantes al divorcio y a las herencias. Un año después la organización llegó a su fin, y Emmeline, interesada en los movimientos de izquierda y las ideologías socialistas, quiso continuar su activismo político, esta vez militando en el Partido Laborista, pero no sería aceptada por la condición natural de ser mujer. La tienda de telas de Emmeline no logró despegar, y el trabajo de abogado de Richard no iba muy bien, por lo que en 1893 decidieron regresar a Manchester, donde Emmeline comenzó a trabajar de lleno en distintos movimientos feministas, convirtiéndose en miembro activa de la Women’s Liberal Federation (WLF). A través del Comité de Asistencia para Desempleados, Emmeline trabajó como <em>Poor law guardian </em>en Chorlton-on-Medlock, pudiendo enterarse de las penosas condiciones que viven los pobres en los <em>workhouses, </em>aquellos asilos donde supuestamente se les brindaba algún tipo de apoyo pero cuya realidad sería muy distinta. Denunció el trabajo de niñas menores de siete años que fregaban corredores interminables, mujeres embarazadas haciendo oficios pesados “casi hasta que sus bebés llegaban al mundo”, un ambiente donde proliferaba la epidemia de la bronquitis, y un descuido en todos los niveles y por lo que Emmeline se sintió ciertamente tocada y comprometida: “Estoy segura que todo esto fueron potentes factores en mi educación como militante.” En adelante Pankhurst se destacó por su labor y sus denuncias sirvieron para reformar la <em>Poor Law </em>(Ley de los Pobres). Estando en Suiza recibe un lacónico comunicado de su esposo que le telegrafiaba: “No me encuentro bien. Por favor regresa a casa, mi amor.” La esposa no alcanzaría a llegar y recién estaba por abordar el tren que la llevaría a Manchester cuando se enteró en un periódico sobre la muerte de su marido. La muerte de Richard la llevaría a tomar un empleo en el registro civil de Chorlton, donde se mudaría con sus hijos a una casa más pequeña y trataría de pagar las deudas que había heredado de su difunto esposo. Sin embargo este trabajo le permitió a Emmeline enterarse de otros tantos abusos perpetrados a la mujer, y de seguir ampliando su visión sobre las injusticias que padecen en todos los ámbitos. Para 1900, al ser nombrada como parte de la Junta escolar de Manchester, Pankhurst seguiría recopilando historias que sumaría a su causa, y en un grito de independencia reabrió su tienda de telas, esperanzada en que esta vez le sirviera como la fuente de ingresos con la cual mantener a su familia. No conforme con la blandura de los movimientos a los que pertenecía, en 1903 Emmeline y un grupo de sufragistas más radicales fundan la Women’s Social and Political Union (WSPU), cuyas banderas serían las mismas de promover el sufragio femenino, y que sería recordada por su lema: <em>“Deeds, not words” </em>(“Acciones, no palabras”). La organización, conformada exclusivamente por mujeres, se declaraba un movimiento independiente y desligado de cualquier partido político. Al comienzo recogerían firmas en apoyo a su causa y publicarían artículos respecto al tema en un boletín llamado <em>Votes for Women</em>; celebrarían mítines políticos y debatirían en debates públicos con proclamas y discursos en favor del sufragio femenino, pero pasado un tiempo el movimiento empezó a contar con cierto reconocimiento por sus métodos de protesta no muy pacíficos. Uno de los mayores opositores con los que se encontró el WSPU fue nada menos que el influyente político Winston Churchill, y de esta misma forma serían ridiculizadas e incluso llegarían a sufrir agresiones físicas, como aquella tarde de invierno de 1908 en la que Emmeline recibió una lluvia de huevos y una pedrada oculta en una bola de nieve que lastimaría su tobillo. Pese a todo esto para ese año ya el WSPU congregaba a medio millón de activistas, quienes se convocaron en el Hyde Park para reclamar en masa por el derecho al voto femenino. Después de estas revueltas, y como sería costumbre, Emmeline sería llevada a prisión, y durante su juicio le recalcó a la corte: “No estamos aquí por ser infractoras de la ley; estamos aquí por nuestros esfuerzos de convertirnos en hacedores de leyes.” Creía con convicción en que su lucha era legítima. Saboteaban actos públicos, rayaban las paredes de los edificios, asaltaban propiedades de políticos y mandatarios, se batían físicamente contra los policías, rompían ventanas a su paso e incendiaban negocios, fábricas y establecimientos comerciales. Para 1906, luego de un artículo publicado en el <em>Daily Mail, </em>Pankhurst y su grupete de revoltosas pasarían a ser conocidas como las <em>suffragettes, </em>una manera despectiva de llamar a estas rabiosas y radicales sufragistas. “Finalmente somos reconocidas como un partido político: nos encontramos en el centro de la política y somos una fuerza política”, serían las declaraciones de Emmeline tras uno de sus tantos arrestos. Y es que muchas fueron las ocasiones en las que no sólo Emmeline sino también sus tres hijas, Christabel, Adela y Sylvia -también militantes de la WSPU- serían detenidas y encarceladas. Para 1907 Pankhurst y sus hijas iban y venían de un lado a otro, participando de convenciones y foros y dictando charlas, conferencias y discursos, en una batalla incansable por sacar adelante los proyectos de ley que permitiera por fin el anhelado voto femenino. Al interior de los precintos carcelarios Emmeline quedaría horrorizada del trato penoso que se le daba a las reclusas, describiendo cómo se sintió luego de su primer confinamiento de seis semanas: “Como un ser humano en el proceso de ser transformado en una bestia salvaje.” Denunció las plagas que abundaban al interior de estos recintos, la poca comida suministrada, y “la tortura civilizada del confinamiento solitario y en silencio absoluto.” Había pues encontrado el método perfecto para hacerse escuchar, y era así como no tenía temor de regresar una y otra vez tras las rejas. Carecía de miedo, y es por esto que en 1909 abofeteó un par de veces a un policía, solamente como un pretexto para ser enviada otra vez a prisión, porque según explicaba “la condición de nuestro sexo es tan deplorable que es nuestro trabajo romper la ley para llamar la atención hacia las razones por las que hacemos lo que hacemos.” Un reportero le preguntó si por defender su causa estaría dispuesta a pasar un largo período encarcelada, a lo que ella respondió sin vacilar: “Oh, sí, por supuesto. Sabes, no sería tan terrible y además sería una valiosa experiencia.” Es así como en 1910 llegaría uno de los sucesos más sonados de sus tantos escándalos, en un episodio conocido después como el “Viernes Negro”, cuando en luego de una protesta frente al Parlamento, Emmeline, junto a más de cien agitadoras, serían llevadas a prisión. Unos días más tarde de este suceso Emmeline tendría que vivir la muerte de uno de sus hijos, quien desde hace unos años se encontraba paralítico, y apenas unos días más tarde la veríamos dando un discurso en Manchester frente a más de cinco mil personas; el Partido Liberal, acostumbrado a abuchearla, mantuvo silencio y no se atrevió a sabotear a Pankhurst durante su intervención. Era tanta su actividad pública, que en 1912 Pankhurst fue arrestada una docena de veces, y las acciones del WSPU llegaron a ser tan extremas que incluso causaron la muerte de Emily Davison, quien sería arrollada por un caballo de carreras perteneciente al rey Jorge V, cuando esta saltó al hipódromo queriendo colgar del jinete un polémico letrero. Pankhurst había encontrado en el vandalismo una forma de hacerse escuchar y hacer valer su voz: “Nos tienen sin cuidado vuestras leyes, vamos a continuar esa guerra como lo hicimos en el pasado; pero no seremos responsables de la propiedad que sacrifiquemos o del perjuicio que la propiedad sufra como resultado. De todo ello será culpable el gobierno que, a pesar de admitir que nuestras peticiones son justas, se niega a satisfacerlas.” Por esa época, ya una experta en prisiones, Emmeline y sus amigas encontrarían otra herramienta poderosa que utilizarían a partir de ese momento: la huelga de hambre. Las <em>suffragette </em>se harían famosas en todo el país por mantener prolongadas huelgas de hambre, a lo que las autoridades tendrían que interceder valiéndose de prácticas que a la larga serían desaprobadas y repudiadas por la misma sociedad. “Escenas repugnantes de violencia tenían lugar a casi cada hora del día, mientras los doctores iban de celda en celda efectuando su horrible trabajo”, declaraba Pankhurst. Para evitar que las reclusas murieran de inanición, las presas eran amordazadas con fierros de acero que se empleaban para abrirles la boca, y a través de sondas les introducían el alimento a las irreverentes presidiarias. Se cuenta de una ocasión en la que un par de guardias intentaron ingresar a la celda donde permanecía Pankhurst, y esta los amenazó sosteniendo una jarra de terracota mientras les advertía: “Si alguno de ustedes se atreve a dar un paso adentro de esta celda, me defenderé.” Muchos años más tarde Emmeline describiría en su biografía el espanto de estas experiencias: “Mientras viva, nunca podré olvidar el sufrimiento que experimenté durante esos días, cuando los gritos taladraban mis oídos.” En 1912 las autoridades intervinieron las instalaciones de la WSPU y se llevaron presa a Emmeline, quien sería sentenciada un año más tarde a pagar tres años de prisión, achacándosele un atentado con una bomba explosiva. Su hija Christabel, leal militante del movimiento, huyó a París, y desde allí continuó impulsando las actividades del WSPU. Pankhurst siguió empeñada en hacerse oír dejando de comer, y durante los años siguientes fue enviada a prisión y nuevamente puesta en libertad a los pocos días, y esto debido a su mal estado de salud. Por esos días sería promulgada la ley conocida como <em>Cat and Mouse Act</em>, la cual otorgaba la libertad para aquellas <em>suffragettes</em> que se encontraran en delicado estado de salud debido a las prolongadas huelgas de hambre. Las revolucionarias se aprovecharían de esta ley para causar una explosión con pólvora y gasolina que por fortuna no pasó a mayores; una de ellas lanzó un hacha contra el carruaje en el que viajaban los tres más altos dignatarios de Asquith; una rasgó el cuadro de la <em>Venus del espejo</em> de Velásquez como una forma más de protesta; incendiaron una empresa de refrigerios en Regent’s Park, así como un invernadero de orquídeas en Kew Gardens, el buzón de correo y un vagón de tren; una colocó un letrero en el carruaje del Primer Ministro que decía: “Voto para las mujeres”, y el mismo mensaje dejaron escrito sobre el césped rociado con ácido de un campo de golf en el que jugaban los miembros del Parlamento. Emmeline se ocultaba empleando disfraces e incluso se dice que llegaría al punto de contratar a un grupo de mujeres <em>ninjas</em> para que la defendiera. Para 1913 varios miembros de la WSPU estaban descontentos con los extremismos a los que había llegado el movimiento, por lo que muchos abandonaron la organización, y entre estos sus hijas Adela y Sylvia. Llegada la Primera Guerra, Emmeline entendió que su compromiso estaba primero en defender a Inglaterra contra el “peligro alemán”, por lo que haría una pausa en su lucha para consagrar sus esfuerzos en favor de los intereses nacionales, impeliendo a los jóvenes a que se alistaran a las filas de los ejércitos, e integrando un movimiento de ayuda a la causa conocido como <em>White Feather </em>(Pluma Blanca). “Cuando sea el momento correcto, renovaremos la lucha… pero en estos momentos debemos dar lo mejor de nosotros para vencer a un enemigo común”, dijo Emmeline, quien nunca dejaría de defender su actuar durante la época de la guerra, sosteniendo que en ese momento sus fuerzas debían volcarse a otros asuntos, ya que “esto era militancia nacional. Como sufragistas no podíamos ser pacifistas a ningún precio.” Durante la guerra Emmeline se preocupó por asistir a los huérfanos, viudas y madres solteras, para lo cual fundó una casa de adopción en Campden Hill, donde aparte se dictaban clases para niños a la luz del Método Montessori. Interesada por ayudar a cualquiera, Emmeline adoptó a cuatro niños, siendo ya casi una sexagenaria que apenas podía valerse por sí misma. Alguien le preguntó cómo se atrevía a adoptar a cuatro niños en una situación precaria como la suya, a lo que ella respondió: “Querido, me sorprende no haber adoptado a cuarenta.” En 1914 escribe sus memorias tituladas <em>My own story, </em>donde nos enterará de varios detalles de su vida y de su lucha. Con el afán de recaudar fondos y difundir aún más su mensaje, en 1916 viaja a Canadá, Estados Unidos y Rusia, donde tendría la oportunidad de entrevistarse con el Primer Ministro del país de los zares, Alexander Kerensky, y de quien diría después en declaraciones al <em>New York Times </em>que se trataba del “fraude más grande de todos los tiempos modernos”, y no congeniando con sus ideologías y pensamiento sentenció que Rusia podría “destruir la civilización.” Acabada la guerra un acta del Parlamento británico concedió el derecho al voto a las mujeres mayores de 30 años, y esto porque se estimaba un gran número de viudas menores de esa edad y que pudieran significar un grande caudal electoral determinante en cualquiera de las elecciones. Más de ocho millones de mujeres quedarían beneficiadas con la ley, que además permitía la representación femenina en el Parlamento, y para 1919 Nancy Astor se convirtió en la primera mujer en integrar y hacer parte del Parlamento inglés, luego de haber salido ganadora en las elecciones de Plymouth Sutton. Para ese momento Pankhurst se enfocó más en alentar el nacionalismo de la Unión Británica, defendiendo el orgullo del Impero, un Imperio con “gran potencial económico”, según decía, pero cuyo poder sugería fuera empleado para otros fines: “Si tan solo usáramos ese potencial adecuadamente podríamos erradicar la pobreza y terminar con la ignorancia.” En adelante se dedicó a viajar por Norteamérica e Inglaterra alertando sobre las consecuencias de las ideologías bolcheviques, y volvería a retomar su actividad política luego de que se aprobara la ley que habilitaba a las mujeres, presentando su candidatura a la Cámara de los Comunes. A pesar de que eran muchas las mujeres que querían postularla como su representante, Emmeline consideró que sería mejor opción apoyar la candidatura de su hija Christabel, pero a pesar de los muchos esfuerzos -como aquel episodio en el que Emmeline daría un discurso bajo la lluvia-, Christabel perdería por una franja muy reducida frente a su oponente del Partido Laboral. Esta derrota decepcionó profundamente a Emmeline, y de esta manera terminaba el WSPU, que para ese entonces había transformado su nombre por el de Women’s Party. En 1922 se muda a Toronto con sus cuatro hijos adoptivos, y queriendo seguir haciendo parte de la lucha en todos los frentes, se une al Consejo Nacional Canadiense para Combatir las Enfermedades Venéreas. En 1925 regresará a Inglaterra con ánimos renovados, y en un acto de lo más contradictorio, para 1926 se unirá al Partido Conservador, gesto que no le perdonarán nunca el Partido Laborista y así también como el Partido Liberal. En 1927 es elegida en Stepney para que sea ella la candidata del Partido para ocupar un escaño en el Parlamento de Whitechapel and St George’s, pero debido a sus problemas de salud, y sumado a un escándalo reciente con su hija Sylvia, Pankhurst se retiraría de la contienda y se mudaría a descansar en un asilo de ancianos ubicado en Hampstead. Finalmente, en 1928, y a pocos meses de que el sufragio femenino fuera extendido a todas las mujeres mayores de 21 años, la más grande luchadora inglesa en esa batalla fallecía <em>ad</em> <em>portas</em> de cumplir setenta años. Sus restos reposan en Londres en el cementerio de Brompton, y su entierro, anunciado en la prensa mundial, contó con la asistencia de un sinnúmero de personas que acudieron a despedirla. El periódico <em>New York Herald Tribune </em>se refirió a Pankhurst como “la más notable agitadora social de la primera parte del siglo XX y la suprema protagonista de la campaña de emancipación electoral de las primeras mujeres.” Su leyenda cobró más forma a través de los distintos homenajes y de los que divulgarían su vida y lucha por medio del arte. Un año después de su muerte su retrato fue añadido a la National Portrait Gallery, y un año más tarde se le conmemoró con una estatua dedicada a ella y ubicada en el Jardín de la Torre Victoria, en el corazón de la capital inglesa. A Emmeline Pankhurst Goulden se le compara con personajes de la talla de Martin Luther King, Jean-Jacques Rousseau y otras figuras notables que serían cruciales para los movimientos que lideraban. En 1974 la BBC contó su vida en una mini-serie titulada <em>Shoulder to shoulder. </em>En 1987 se inauguró en Manchester un museo en una de las casas que habitó, y que estaría destinado a reuniones de mujeres que se congregaban para discutir todo tipo de asuntos políticos, económicos y sociales. En 1999 la revista <em>Time </em>incluyó a Emmeline Pankhurst en su listado de las “100 personas más importantes del siglo XX”, justificando su elección con el argumento de que “ella moldeó una idea de mujeres para nuestra época; impulsó a la sociedad hacia una nueva estructura de la cual ya no podía haber vuelta atrás.” En el 2002 en una encuesta realizada por la BBC sobre los “100 Grandes Británicos”, Pankhurst estaría ubicada para los ingleses en el puesto número 27. En la película de Walt Disney, <em>Mary Poppins, </em>se le rinde un discreto tributo cuando se le menciona en la canción <em>Sister Suffragette”. </em>En el 2015 se estrenó la película <em>Suffragette, </em>donde Meryl Streep encarnará y le dará vida al personaje mítico de Emmeline Pankhurst Goulden. Una mujer incansable, que cuestionaba cómo era posible una sociedad en la que eran los hombres quienes hacían las leyes, leyes tanto para hombres como para mujeres, y en donde ellos siempre se verían privilegiados y favorecidos. “Tomemos unas cuantas de esas leyes y veamos qué hay que decir al respecto desde el punto de vista de las mujeres”, proponía la cabeza de las <em>suffragette.</em></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 24 Mar 2023 06:54:27 +0000</pubDate>
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