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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Bacon y la ciencia moderna Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Francis Bacon, los grandes descubrimientos geográficos y el nacimiento de la ciencia moderna. 400 años después de su muerte.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/francis-bacon-los-grandes-descubrimientos-geograficos-y-el-nacimiento-de-la-ciencia-moderna-400-anos-despues-de-su-muerte/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hace 400 años, en 1626, murió el filósofo inglés Francis Bacon, uno de los padres de la Revolución científica del siglo XVII. En este artículo muestro cómo los grandes descubrimientos fueron fundamentales para el planteamiento de su  proyecto  y para el nacimiento de la ciencia moderna. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">“Bacon ambicionaba claramente ser un Colón intelectual</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">dispuesto a trazar de nuevo el mapa del saber”.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">PETER BURKE.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este epígrafe de Peter Burke relaciona el descubrimiento de América y el nacimiento de la ciencia moderna. A decir verdad, la filosofía natural o conocimiento de la naturaleza que es lo mismo, es impensable sin los efectos que produjo el llamado descubrimiento en Europa, especialmente, porque la hazaña de Colón y los futuros navegantes y exploradores resquebrajaron la vieja concepción del mundo, la pusieron en jaque y produjeron una revolución del pensamiento que fue indetenible: el resultado, entre muchos otros, fue la ciencia moderna y el encumbramiento de la técnica, pilares básicos de la modernidad y del mundo técnico-científico que vivimos hoy.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que quiero mostrar en este artículo es la relación entre el encuentro con el nuevo continente, y el proyecto científico del filósofo inglés Francis Bacon. En la primera, mostraré la presencia del descubrimiento de América en la obra de Bacon y su relación con su proyecto científico, en la segunda, aludiré sucintamente al proyecto de Bacon de la gran “restauración”, el cual consiste justamente en llevar a la mente del hombre, por medio del método, la estructura misma del mundo, sus regularidades y sus leyes.  Incluiré algunas valoraciones más sobre su legado. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="1024" width="863" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/libro-Bacon.jpeg?quality=60&amp;w=650" alt="" class="wp-image-134596" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/libro-Bacon.jpeg 973w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/libro-Bacon.jpeg?resize=253,300 253w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/libro-Bacon.jpeg?resize=768,911 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/libro-Bacon.jpeg?resize=863,1024 863w" sizes="(max-width: 863px) 100vw, 863px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Primera parte: América en el corpus baconiano.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La mención más conocida que hace Bacon sobre América, se encuentra en su libro póstumo “La Nueva Atlántida” de 1627. Como es bien sabido, la Nueva Atlántida es la utopía técnico-científica de Bacon, la cual consiste en una nueva sociedad, ubicada en una isla, a semejanza de la antigua Atlántida mencionada en las obras de Platón, gobernada por una especie de sacerdotes científicos, que han construido un orden social, estable y armónico, y de grandes avances tecnológicos. En la Nueva Atlántida Bacon se refiere a América como “la gran Atlántida”, y menciona que esta es una cultura que entró en decadencia debido a una gran inundación y explica, de manera muy curiosa, que los indígenas sobrevivientes del Nuevo Mundo usan plumas en la cabeza debido a que convivieron mucho tiempo con las aves en las altas montañas, donde no llegó el agua de la inundación. Bacon pensaba que en América había habido un segundo diluvio, el cual había minado la civilización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora, en la Nueva Atlántida de Bacon, en su propia utopía, aparece ya una prefiguración del avión, del teléfono y otros inventos para mejorar la vida humana. Lo más impresionante es que en un folio destinado a ese mismo libro Bacon sostiene que los fines de la ciencia eran:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“La prolongación de la vida, la restitución de la juventud en algún grado, la curación de las enfermedades consideradas incurables, la mitigación del dolor, modos de purgarse más fáciles y menos desagradables, el incremento de la fuerza y de la actividad, el incremento de la habilidad para sufrir tortura y dolor, la alteración de la complexión, de la gordura y la delgadez; la modificación de la estatura, la modificación de las características físicas, el acrecentamiento y la exaltación de las capacidades intelectuales, el trasplante de cuerpos dentro de otros cuerpos, la creación de especies nuevas, el trasplante de una especie dentro de otra especie, la creación de instrumentos de destrucción, así como de guerra y venenos; la aceleración del tiempo de maduración […]; aceleración del tiempo de la germinación” (W., V., pp. 415-416. Supresiones son mías, D.P).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como puede verse, aquí hay resonancias de proyectos actuales como la lucha contra la vejez y las enfermedades, las cirugías estéticas, la modificación del cuerpo y el cambio del fenotipo, la manipulación genética que permite acelerar la maduración de las frutas y hasta la creación de nuevas especies. La pregunta que puede plantearse es: <strong>¿qué llevó a Bacon a plantear tan magnos y ambiciosos proyectos para la ciencia? L</strong>a respuesta no se entiende sin los nuevos cambios ocurridos en los siglos XV y XVI. Veamos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primero de ellos son <em>los grandes descubrimientos geográficos</em> que se iniciaron en el siglo XV con la exploración de las costas de África, el descubrimiento de América, la vuelta al mundo en 1521 por Magallanes y Juan Sebastián El Cano y el asentamiento de Inglaterra en Norteamérica con lo cual se da inicio al imperialismo inglés. Todos estos hechos produjeron lo que se ha llamado el “Sistema-mundo”. Igualmente &#8212;y este sería el segundo hecho- no hay que olvidar que es en esta época donde, según Marx, se da la “acumulación originaria del capital”, que le permitió a Inglaterra acumular la riqueza, gran parte de ella proveniente de América, tal como lo mostró Marx. El capitalismo inglés está a la base de la llamada <em>economía mundial</em>…es su prefiguración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tercer hecho fundamental tiene que ver con los <em>avances técnicos de la época</em>, cuyo espíritu se venía forjando en el temprano Renacimiento y, específicamente, desde el inicio de las Cruzadas y el despertar de la Europa latina con las exploraciones del Mediterráneo en el intento de recuperar los lugares sagrados de Oriente. La navegación de la época necesitó de los avances en las técnicas y los descubrimientos y la lucha por los dominios geográficos requirieron de un nuevo armamento bélico, etc., lo que llevó al invento del astrolabio, la brújula, el re-descubrimiento para Europa de la pólvora. A ello hay que sumarle el invento de la imprenta en 1451 por Gutenberg. Los efectos de estos inventos quedaron plasmados en Bacon cuando dice:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“…Vale la pena tomar nota de la fuerza, la virtud y las consecuencias de los inventos, especialmente manifiestas en aquellos tres inventos desconocidos de los antiguos y cuyo origen, aunque reciente, es oscuro e ignoto; me refiero a la <strong>imprenta, la pólvora y la brújula</strong>. Estas tres cosas han cambiado la faz del mundo y las condiciones de la vida humana: la primera en el campo de las letras, la segunda en el ámbito de la guerra y la tercera en la navegación” (NO., I, 129; W., VIII, 162)<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y dentro de “estas tres cosas que han cambiado la faz del mundo”, hay que recalcar que “esta revolución en la navegación hizo posible la derrota de la armada invencible y la colonización de Norteamérica” (Hill, 1980, p. 86), lo que fortaleció la convicción de <em>Bacon de la necesidad de poner el saber al servicio de la acción, la transformación del mundo y el poder de los Estados.</em> Esto sólo fue posible porque:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“La cultura europea era llevada así a una ruptura definitiva con aquella tesis de la inferioridad de la técnica respecto a la ciencia, y del trabajo manual respecto del intelectual, que había gozado de tanta vigencia en la civilización clásica y en la del medioevo” (1966, p. 139)<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El cuarto hecho fundamental producto de esta “ampliación de la experiencia histórica”, que luego derivará en <em>experiencia directa sobre el mundo por medio del experimento y la observación,</em> es lo que podemos denominar “la crisis de la forma-vida-medieval”. Ese naufragio o crisis cosmovisionaria es consecuencia de las anteriores transformaciones. Éste puede explicarse así: con la <em>des-provincialización del Viejo Mundo</em> lo que sucede es <em>un estremecimiento en la forma como ese mundo se auto-comprende.</em> En efecto, las capas intelectuales europeas se sacuden, pues la manera como habían entendido el mundo, a pesar de viejas premoniciones sobre la existencia de tierras desconocidas, cambia. El descubrimiento no sólo muestra otros seres, otra naturaleza, sino que produce eruditas (y a veces hasta disparatadas) discusiones teológicas. Europa ya no puede explicar todo como lo hacía antes: empezando por la <em>creación</em> misma, pues llegó a pensarse en varias y sucesivas creaciones para poder explicar la existencia de América. Surgieron preguntas teológicas como ¿en qué día había creado Dios a América? ¿En un octavo día? Y dado que la naturaleza (flora, fauna, geografía) del Nuevo Mundo no correspondía en gran parte, o no era igual, a la europea, ¿cómo había surgido ésta?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué tiene que ver todo esto con Francis Bacon, el canciller inglés, el “padre de la filosofía experimental” como lo llamó Voltaire</strong> (1993, p. 61)<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>, el mismo que tanto contribuyó al nacimiento del espíritu científico en la modernidad temprana y a la configuración espiritual del <em>mundo técnico-científico</em>?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como todo hombre es hijo de su tiempo, al decir de Hegel, Bacon no fue la excepción. Estos hechos le permitieron prefigurar una nueva época; le mostraron que la forma como la filosofía y la ciencia tradicional entendían y explicaban el mundo ya no servía para los nuevos tiempos:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<em>Es el momento en el que los descubrimientos de nuevas tierras, con la consiguiente dilatación de los confines del mundo, facilita el &lt;experimentar&gt; y hasta cierto punto palpar con la mano la limitación de las doctrinas de los antiguos” (Rossi, 1966, p. 69).</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir, el siglo XVI y todo lo que trajo, <em>produjo inseguridad y desconfianza</em>; cuestionó el corpus del saber que había regido hasta entonces- entre ellos el de Aristóteles- y llamó, con urgencia, a la necesidad de reformularlo. La inseguridad que trajo lo nuevo fue la gestora del <em>método</em> en el siglo XVII. En otras palabras, fue la ola de <em>escepticismo</em> producida por los descubrimientos geográficos la que puso en cuestión el saber existente. El escepticismo puede ser considerado el mejor antídoto contra el dogmatismo y significa, en sí mismo, la duda sobre las posibilidad de construir el conocimiento. Sin embargo, el hombre de las postrimerías del Renacimiento no renuncia a la posibilidad de conocer, sino que se propone una reforma del saber. De ahí que el propio Bacon se halla propuesto superar el escepticismo. Y para ello realizó la nueva propuesta: si lo que sucedía no era nada más ni nada menos que la crisis de la episteme antigua y cristiana para entender y comprender la realidad, de lo que se trataba era de buscar <em>seguridad en el método</em>. Eso explica justamente que el siglo XVII sea el siglo del método. Bacon se erigió en un portavoz de la época, por eso, como dice Peter Burke, “ambicionaba claramente ser un Colón intelectual dispuesto a trazar de nuevo el mapa del saber”. Si Colón había ampliado el horizonte del mundo, Bacon se proponía ampliar el horizonte del saber.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta aserción pone de presente dos aspectos que ya se han mencionado: el primero, el impacto de los grandes descubrimientos sobre la mentalidad de Francis Bacon; el segundo, como consecuencia de ese impacto, la necesidad de crear un nuevo mapa del saber. Bacon, pues, era plenamente consciente de que “la verdad es hija de su tiempo” (W., VIII, p. 117), por eso el Nuevo Mundo implicaba <strong>una mayor ampliación de la experiencia y del saber:</strong> Dice Bacon:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No se debe subestimar el hecho de que las largas navegaciones y viajes (que se han incrementado en nuestros días) han mostrado y permitido descubrir en la naturaleza muchas cosas que podrían arrojar nueva luz a la filosofía […]<em>,</em> y esas navegaciones han permitido también ser conscientes de los ‘límites extremos del Viejo Mundo’, a la vez que <em>han hecho crecer al infinito la masa de los experimentos”</em> (NO., I, 72; W, VIII, p. 104).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al respecto es preciso tener en cuenta que:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a>“Durante unos cien años, prácticamente todos los informes y especímenes que transformaron los conocimientos europeos sobre las plantas, los animales y la geografía entraron en Europa a través de España y Portugal. Resulta difícil imaginar el torrente de datos que inundó Europa procedente del Nuevo Mundo. Las noticias sobre nuevas plantas, animales, minerales y medicinas, y los informes sobre nuevos pueblos, lenguas, ideas, observaciones y fenómenos llegaron a saturar la capacidad de procesamiento del Viejo Mundo. Lo que se produjo fue un auténtico exceso de información que exigía revisar las ideas sobre el mundo natural y elaborar nuevos métodos de organización del conocimiento”.</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa plena conciencia de la época y de sus efectos sobre la ampliación de los conocimientos, le permitieron a Bacon irse formando la idea fundamental del progreso, una teoría que si bien Bacon no formuló detalladamente, pues esto sólo sucedió en el siglo XVIII ilustrado, sí contribuyó a su formación, tal como sostiene Jhon Bury (2009, pp. 60-72). Esto parece ser claro en Bacon cuando sostiene:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Considérese también la diferencia existente entre la vida humana en algún país muy civilizado de Europa y alguna región especialmente salvaje y bárbara del Nuevo Mundo; se encontrará a ésta última tan inferior a la primera, que se podrá decir con razón, que &lt;&lt;el hombre es un dios para el hombre&gt;&gt;, no sólo por la ayuda que puede hacer a otro hombre, sino por la diferencia de su condición” (NO., I, 129).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La alusión de Bacon a “alguna región especialmente salvaje y bárbara del Nuevo Mundo”, así como a “algún país muy civilizado de Europa” sirvió de parámetro para medir el desarrollo de América. Así, ésta apareció, a través de una ficción temporal, que negaba la coexistencia espacial de los dos mundos, como el “pasado” de Europa, un pasado que debía seguir un proceso lineal hasta alcanzar el desarrollo civilizatorio de su cultura. Esa ficción temporal donde todo un continente es bárbaro y otro es superior, está a la base de la idea de progreso e implica, necesariamente, la idea de que la humanidad asciende por unas mismas etapas de perfeccionamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La época de los grandes descubrimientos no sólo impresionó a Bacon por los nuevos experimentos y conocimientos que arrojó, sino que alimentó también su <em>conciencia geopolítica</em>, entre ellas, el proyecto imperial de Inglaterra, pues el canciller no sólo era consciente del poder político que el conocimiento producía, sino que sabía de la utilidad de este conocimiento para el Estado, por eso toda su vida promulgó la estatalización del saber y su institucionalización con el fin de acrecentar el poder de la comunidad política:</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;“El Dios de Bacon era un monarca absoluto, el divino legislador y juez cuyas leyes gobernaban el mundo. La importancia suprema del conocimiento del mundo natural residía, para Bacon, en su capacidad para enseñarnos estas leyes, las verdaderas reglas de la sociedad [<em>policiy] (</em>Martin<em>,</em> 2011, p. 435)<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir, Bacon realizaba una analogía entre el reino celeste y el reino terrestre, entre ciencia y orden político, entre ciencia y geopolítica, en este último caso, “ampliar las fronteras del imperio era un deber, que había sido descuidado en la filosofía política anterior a la suya propia” (White, 2006, p. 357)<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La impresión que produjo en Bacon la “ampliación de la experiencia”, por todo lo acontecido en el siglo XVI- y sucintamente ilustrada en los tópicos anteriores- quedaría plasmada en la carátula de su obra <em>Novum Organum</em>. Esa imagen es importante porque confirma lo que se ha dicho previamente, pero también porque arroja un aspecto importante en la filosofía reformadora de Bacon: <em>su fundamentación en la religión cristiana.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="316" height="436" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/columnas.jpg" alt="" class="wp-image-134595" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/columnas.jpg 316w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/columnas.jpg?resize=217,300 217w" sizes="(max-width: 316px) 100vw, 316px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Las columnas de Hércules</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la figura se ven las dos columnas de Hércules que representan los obstáculos a superar y el límite navegable desde la Antigüedad. Esta alusión al mundo antiguo era habitual en Bacon quien justamente había escrito su libro <em>La sabiduría de los antiguos</em> (1609), mostrando cómo alegóricamente ellos transmitían un saber que se había perdido en el transcurrir de la civilización. De hecho, Bacon pensaba que había más saber en la antigüedad que en la misma Grecia y Roma.&nbsp; En la imagen hay un barco que regresa del océano; en el fondo, puede verse otro barco dentro del mar. El primer barco ha cruzado las columnas del “Non Plus ultra”, que justamente significa el obstáculo, el “no más allá”. Pero este “no más allá” ahora ha sido superado, ha sido cruzado. Por eso debajo aparece la inscripción bíblica “Multi pertransibunt et augebitu scientia”, de Daniel 12: 4. Pues bien, lo que aparece aquí son los logros de la navegación gracias a los inventos técnicos y lo que esta conjunción permitió, esto es, ir más allá de los límites, lo cual significa justamente para el canciller “acrecentar el saber”, el aumento de los conocimientos del mundo a lo cual debe corresponder el aumento del globo intelectual. Sin embargo, esto aún requiere ser sistematizado y es ahí donde el método juega un papel fundamental. Esta relación es explícita en el aforismo 129 del primer libro del <em>NO</em> cuando sostiene:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No debe ser olvidada la profecía de Daniel sobre las postrimerías del mundo: &lt;Muchos pasarán y el conocimiento será incrementado&gt; significando que está determinado por el destino, es decir, por la providencia, que la exploración del mundo (que aparece ya completamente realizada o en curso de completarse mediante tantas y tantas lejanas navegaciones) y el avance de las ciencias se producirán en la misma época” (W., VIII, 93) [T].</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;Es decir, la referencia aquí a “the lats ages of the world”, a la providencia y al destino, implica la asunción por parte de Bacon de una profecía donde la “exploración del mundo” y religión no entran en conflicto. Es más, lo que Séneca había dicho al escribir: “Vendrán siglos en que el Océano abrirá sus barreras y aparecerá una vasta comarca; Tetis descubrirá nuevos Orbes y no será Tule la última tierra”, fue interpretado por Bacon, en sus <em>Ensayos,</em> como “Una profecía del descubrimiento de América” (E., p. 155). Todo esto sólo prueba que la ampliación de la experiencia es el camino que permitirá instaurar el reino del hombre en la tierra, para lo cual se necesita una <em>reforma del saber.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿En qué consistía la reforma propuesta de Bacon?: Bacon la llamó, simplemente, La gran restauración. El texto apareció en 1620 con ese título. Y aquí hay que decir que la mayoría de personas conoce el <em>Novum Organum</em> que traduce justamente “nuevo método”, sin embargo, el Novum Organum es tan sólo una parte de la obra magna de Bacon, que contaba con seis partes, entre ellas, una muy importante: la historia natural. Ahora, <strong>¿por qué Bacon llamó a su proyecto la gran restauración?</strong> La respuesta es sencilla: la misión de la nueva ciencia consiste en restaurar el conocimiento que Adán ya tenía de la naturaleza en el paraíso. Es decir, la misión de la ciencia es restaurar el saber que el hombre tenía del mundo antes de la caída del Edén.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primer argumento de Bacon está relacionado con el problema del peligro del conocimiento, del deseo de saber, y de su relación con la caída. Esto lo va a reiterar en varias de sus obras. Bacon sostiene: “…esos hombres no advierten o consideran que no fue el conocimiento puro de la naturaleza y el mundo”, lo que dio ocasión a la caída. Esto es así porque una vez acabada la creación Dios puso al hombre en el jardín para que trabajara en él. Este trabajo consistía en la mera <em>contemplación.</em> Y es aquí cuando Bacon empieza a introducir en su interpretación de la Biblia aspectos que delatan sus intenciones científicas<a href="#_ftn6" id="_ftnref6">[6]</a>. De hecho, Bacon re-<em>semantiza</em> el concepto de contemplación pues sostiene que el trabajo de contemplar es aquél “orientado solamente a ejercicio y experimento” (AS, p. 52). Es decir, en el paraíso el hombre ya se dedica a experimentar. Sin embargo, aclara que esa experimentación sólo era hecha por deleite, y</p>



<p class="wp-block-paragraph">“no a satisfacer una necesidad, <em>pues no habiendo entonces rebeldía de la criatura ni sudor de la frente, por fuerza la ocupación del hombre tuvo que ser materia de deleite en el experimento, y no materia de esfuerzo para la utilidad”</em> (AS, p. 52; W., VI, p. 137)<em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué más hacía el hombre en el paraíso? Bacon sostiene que su misión era la visión y la imposición de nombres a las cosas. El hombre puso nombre a las criaturas, las nombró con palabras, las cuáles no son más que “imágenes de las cosas” (AS, p. 40). Esos nombres eran puestos por Adán según “las propiedades” de las mismas, lo cual implica que él tenía un conocimiento de ellas. Es más, Bacon llama a este acto del nombrar “ciencia natural” (P., p. 22). Así las cosas, en el canciller, en el mismo Edén hay ya ciencia natural y experimento. Sólo que la ciencia es saber desinteresado, pues en estricto sentido, el hombre no tiene necesidad alguna y no requiere de un saber utilitario para satisfacerlas. ¿Qué fue lo que produjo la caída, entonces? Bacon sostiene que no fue el conocimiento natural el que la indujo, sino el deseo del hombre de conocer el bien y el mal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El segundo argumento que Bacon usó para legitimar la ciencia natural, fue la famosa teoría de los dos libros: &nbsp;La biblia y la naturaleza. las Escrituras, revelan la voluntad de Dios, y luego las creaturas, manifiestan su poder. No hay contradicción entre ambos, pues entre más conozco la omnipotencia divina plasmada en la naturaleza, en su obra, más se acrecienta la fe.&nbsp; Galileo usaría un argumento similar en su defensa ante la iglesia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bacon consideraba, entonces, que restaurar el saber adánico era el fin de la ciencia, pero en realidad sus argumentos religiosos pueden parecer más una excusa, porque no hay nada que autorice a pensar que el hombre cree nuevas especies, nuevos seres, con lo cual estaría suplantando el poder de Dios. Bacon ideo, en realidad, proyectos prometeicos, donde el hombre debe crear a partir de la misma naturaleza, buscando siempre el bienestar humano, y la satisfacción de todas sus necesidades. En Bacon la ciencia se pone al servicio del dominio del mundo, pues ésta debe permitir “todas las cosas posibles”. Sin embargo, para lograrlo se requieren varias cosas.</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Una crítica radical del sistema de saber precedente, especialmente, del saber escolástico, pretencioso, y especulativo.</li>



<li>Una crítica de las falsas doctrinas y las malas demostraciones, entre ellos, la lógica del silogismo tradicional, y su forma ergotista de argumentar</li>



<li>La superación del escepticismo.</li>



<li>La creación de un nuevo método, es decir, la inducción, pero superando las limitaciones de la inducción tradicional. Este método no era otra que cosa que la reglamentación de la experiencia, por medio de tablas de presencia, de ausencia, de grado, y muy especialmente, por medio de exclusiones o instancias contradictorias, pues a la verdad se llega más fácil por medio del error.</li>



<li>La necesidad de realizar <em>experimentos</em>, ya fuera para poner a prueba una hipótesis, ya fuera por mera curiosidad (lucíferos).</li>



<li>Sin embargo, el logro de los grandes proyectos que Bacon le otorgó a la ciencia, no podía hacerse sin encontrar las leyes de la naturaleza, leyes que Bacon llamó Formas. Sólo con las formas era posible el imperio humano sobre el universo.</li>



<li>De ahí que, en Bacon, en estricto sentido, la inducción es un medio para encontrar las formas y son éstas las que permiten crear obras, aumentar el poder del Estado y construir el imperio humano sobre el universo.</li>



<li>Por eso, sin formas no hay obras, ni superación de las necesidades humanas.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">Digamos que Bacon llegó a las leyes, pero no a su matematizacion, sin embargo, dio pasos para la superación del viejo concepto de forma entendida como sustancia y creó una teoría alternativa de la materia, la materia plegable, con la cual se avanzó en discusiones fundamentales para el pensamiento científico. Por lo demás, Bacon impulsó la elaboración de historias naturales, la fundación de instituciones para promover la ciencia, la elaboración de enciclopedias, la institucionalización de la investigación, recuperó el saber de artesanos o las artes mecánicas e impulsó el nuevo espíritu técnico-científico de la modernidad. Él produjo, como lo reconoció después Inmanuel Kant en la crítica de la razón pura, “una verdadera revolución del pensamiento”, revolución inspirada entre otras cosas, por el descubrimiento de América.&nbsp;</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Esa influencia es puesta de presente por Farrington cuando dice: “Los inventos técnicos habían sido notablemente frecuentes en las postrimerías de la Edad Media, y su efecto acumulativo era tal ahora que hacía vislumbrar la posibilidad de una total transformación en las condiciones de vida humana. Es dicha posibilidad la que ocupa el primer lugar en los pensamientos de Bacon” (1971, p. 15).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Rossi, P. (1966). <em>Los filósofos y las máquinas. 1400-1700.</em> Barcelona: Editorial Labor, S.A.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> Voltaire. (1993). <em>Cartas filosóficas,</em> Barcelona: Altaya.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> Martin, J. (2011). “Una filosofía natural reformada”, en: F. Bacon, La gran restauración&nbsp; <em>&nbsp;</em>(<em>Novum Organum),</em> Madrid: Tecnos. (pp. 431-487)</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> White, H.B. (2006.) “Francis Bacon”, en: <em>Historia de la filosofía política</em> (Leo Strauss &amp; Joseph Cropsey, compiladores<em>),</em> México: Fondo de Cultura Económica, pp. 350-367. Véase, igualmente, White, H.B., (1968). <em>Peace Among the willows: The Political Philosophy of Francis Bacon,</em> La Haya.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> Sobre el papel de la caída en el surgimiento de la ciencia moderna y la concepción de Bacon véase Harrison, P. (2007). <em>The Fall of Man and the Foundantions of Science,</em> Cambridge: Cambridge University Press, pp. 172-186.&nbsp;&nbsp;</p>
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        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
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        <pubDate>Wed, 28 Oct 2026 14:47:22 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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