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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Wed, 15 Apr 2026 17:05:54 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de aves | Blogs El Espectador</title>
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        <item>
        <title>“Los productores son aliados claves para la conservación en Galápagos” &amp;#124; ENTREVISTA</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/los-productores-son-aliados-claves-para-la-conservacion-en-galapagos-entrevista/</link>
        <description><![CDATA[<p>Atraída por la reconocida biodiversidad de las islas Galápagos, en Ecuador, la &nbsp;bióloga canadiense belga Ilke Geladi llegó al archipiélago. En 2019 empezó a trabajar con la Fundación Charles Darwin y el Ministerio de Agricultura y Ganadería en estudios relacionados a la&nbsp;diversidad de especies y abundancia de individuos de aves&nbsp;en las islas. “En el tema [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>En las zonas agropecuarias de Galápagos, las especies nativas de aves son cada vez más escasas.</em></li>



<li><em>Un estudio encontró que los pequeños agricultores están dispuestos a plantar árboles nativos para crear el hábitat adecuado para las aves.</em></li>



<li><em>Los productores destacaron que las aves les proveen de servicios culturales, como sus cantos o su belleza.</em></li>



<li><em>Además, existe el potencial de que estas especies aporten servicios ecosistémicos, como el control de plagas.</em></li>
</ul>



<p>Atraída por la reconocida biodiversidad de las islas Galápagos, en Ecuador, la &nbsp;bióloga canadiense belga Ilke Geladi llegó al archipiélago. En 2019 empezó a trabajar con la Fundación Charles Darwin y el Ministerio de Agricultura y Ganadería en estudios relacionados a la&nbsp;<strong>diversidad de especies y abundancia de individuos de aves</strong>&nbsp;en las islas.</p>



<p>“En el tema de aves no se ha trabajado tanto como en otras áreas”, asegura en entrevista con&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>. “Sin embargo, es importante trabajar para las aves y para las personas que habitan ahí”, añade.</p>



<p><strong>Leer más |<a href="https://es.mongabay.com/2025/11/amazonia-hongos-bacterias-aire-actividad-humana/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;Infecciones urinarias y de la piel: hongos y bacterias revelan la huella humana en el aire de la Amazonía | ESTUDIO</a></strong></p>



<p>En un estudio reciente, encontró que los pequeños agricultores de las Islas Galápagos desempeñan un papel inesperado en la protección de la biodiversidad única del archipiélago. El&nbsp;<a href="https://besjournals.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/pan3.70177" target="_blank" rel="noreferrer noopener">artículo</a>, publicado en octubre de 2025 en la revista&nbsp;<em>People and Nature</em>, evidenció que&nbsp;<strong>los productores valoran a las aves terrestres nativas</strong>&nbsp;que comparten sus campos y están dispuestos a plantar árboles nativos para crear un hábitat adecuado para estas especies.</p>



<p>En la investigación que lideró Geladi participaron científicos de la Universidad de British Columbia, Canadá; de la Fundación Charles Darwin; y de Conservación Internacional.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266855"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224602/DSC04370.jpg" alt="" class="wp-image-266855" /><figcaption class="wp-element-caption">El pájaro brujo está clasificado como casi amenazado en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Foto: cortesía Ilke Geladi</figcaption></figure>



<p><strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;habló con Geladi sobre la investigación y sobre por qué sus hallazgos son importantes para la conservación del primer Patrimonio Natural de la Humanidad.</p>



<p><strong>—¿Puede describir cómo son las zonas agrícolas en la isla Santa Cruz, que forma parte de Galápagos?</strong></p>



<p>—En Santa Cruz hay una zona agropecuaria de unos 114 kilómetros cuadrados. Queda en la zona de transición, entre la zona baja, que es más seca, y la zona alta. Se asienta en gran parte de lo que era la zona de bosques de&nbsp;<em>Scalesia</em>.</p>



<p>Las fincas grandes son ganaderas y las pequeñas son dedicadas a la producción de frutas, vegetales y café. Allí siembran en temporadas, de acuerdo con el clima, y son bastante diversificadas. En las fincas ganaderas no hay tantos árboles porque necesitan más espacio para las vacas.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266858"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224616/Ilke_measuring-tree.jpg" alt="" class="wp-image-266858" /><figcaption class="wp-element-caption">La científica Ilke Geladi tomando las medidas de un árbol en Galápagos. Foto: cortesía Ilke Geladi</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Qué aves y árboles pudo observar en esas zonas?</strong></p>



<p>—En términos de aves, las que se encuentran en la zona agropecuaria son distintas de las que se encuentran en la zona baja porque el clima y la vegetación son diferentes. La zona alta y la zona agropecuaria tienen más similitudes.</p>



<p>En mi primer estudió en Galápagos encontré que las aves prefieren los árboles nativos. Las vemos mucho en los árboles de&nbsp;<em>Scalesia</em>. En la parte alta, las he visto donde hay cafetillo (<em>Psychotria rufipes</em>), les encanta.</p>



<p>Las aves más comunes de la zona agropecuaria son el pinzón pequeño de tierra (<em>Geospiza fuliginosa</em>), el canario amarillo (<em>Setophaga petechia aureola</em>) y el pinzón carpintero (<em>Camarhynchus pallidus</em>)​. El pinzón cantor verde (<em>Certhidea olivacea</em>) ha disminuido bastante en la zona agropecuaria, creo que por falta de&nbsp;<em>Scalesia</em>, pero eso habría que comprobarlo.</p>



<p><strong>—¿Diría que los agricultores de Galápagos son aliados clave en la protección de aves? Si es así, ¿por qué?</strong></p>



<p>—En el estudio que hice para mi maestría de 2019, uno de los hallazgos principales fue que&nbsp;<strong>en las fincas con más árboles nativos vimos una mayor abundancia de especies de aves y de individuos por especie</strong>. Entonces, si queremos ayudar a las aves en la zona agropecuaria, se puede plantar más árboles nativos. Es necesario trabajar con los productores porque es su terreno y necesitamos su ayuda.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266857"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224611/Farm_Carmen-Vicente.jpg" alt="" class="wp-image-266857" /><figcaption class="wp-element-caption">Las fincas de Galápagos abastecen las necesidades locales de las islas. Foto: cortesía Ilke Geladi</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Qué tipo de servicios ecosistémicos culturales proporcionan las aves a los agricultores?</strong></p>



<p>—En términos de aves no habíamos estudiado antes su importancia desde este punto de vista:&nbsp;<strong>las aves proveen servicios importantes a los productores</strong>. En cuanto a los servicios ecosistémicos culturales, incluye cosas como nada más el existir del ave, algo que también tiene importancia para las futuras generaciones, o el canto en la mañana. Muchos hablaron sobre eso, dijeron que disfrutaban de los cantos.</p>



<p>También están los servicios ecosistémicos reguladores, es decir, el aporte que las aves traen al ecosistema. Los resultados fueron interesantes. Casi todos estuvieron de acuerdo en los servicios culturales, pero en los servicios ecosistémicos reguladores hubo más variabilidad de opinión. Unos decían que eran importantes y mencionaba el control de plagas o la polinización, pero otros no estaban seguros sobre esos aportes.</p>



<p>Además, es importante hablar de lo negativo para buscar soluciones. Los perjuicios dependen mucho de la especie del ave, pero el hallazgo más importante es que bastantes productores señalaron el hecho de que las aves se comen sus cultivos.</p>



<p><strong>—¿Cuáles son los rasgos o características únicas de las aves que prefirieron los agricultores de Galápagos?</strong></p>



<p>—Cuando les preguntaba si les gusta un ave o no, había razones muy particulares para las distintas especies. Eso viene de la relación única que tienen con las aves, porque las observan mucho. Por ejemplo, del cuclillo (<em>Coccyzus melacoryphus</em>) dijeron que les gusta porque indica cuándo vienen las lluvias. Del cucuve de Galápagos (<em>Mimus parvulus</em>) mencionaron que les gusta su canto especial. El papamoscas (<em>Myiarchus magnirostris</em>) es otra ave que casi todos mencionaron por su copetito, les hace reír un poco.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266851"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224535/DSC00172.jpg" alt="" class="wp-image-266851" /><figcaption class="wp-element-caption">Las aves y los agricultores de Galápagos coexisten en la zona agropecuaria. Foto: cortesía Fundación Charles Darwin</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Cuál fue el ave que los agricultores rechazan más y por qué?</strong></p>



<p>—<strong>La única ave que los productores dijeron que no les gustaba fue el garrapatero (<em>Chrotopaha ani</em>)</strong>. Es un ave introducida en Galápagos y algunos dicen que es invasiva. La razón más grande por la que dicen que no les gusta es que ellos afirman que se pelea con las aves nativas y se come los huevitos. Además, es la que más se come los cultivos de los agricultores.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/11/peru-mar-proyecto-repoblamiento-algas-peces-regresan/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Reforestando el mar: los peces vuelven a una playa de Perú gracias a un proyecto de repoblamiento de algas</a></strong></p>



<p><strong>—¿Cuál fue el principal motivo que impulsó a los agricultores a querer plantar árboles nativos en sus tierras?</strong></p>



<p>—Dividí las razones en distintos tipos: instrumentales, es decir, lo que da el árbol, y personales, donde no necesariamente se habla de los beneficios sino de las motivaciones para hacerlo. Vimos que las razones instrumentales eran más motivantes.</p>



<p>La respuesta que más surgió era para tener sombra, pero también nombraron la belleza de los árboles y finalmente señalaron que les motiva sembrar para conservar y proteger la naturaleza.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266852"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224542/DSC00195.jpg" alt="" class="wp-image-266852" /><figcaption class="wp-element-caption">La siembra de árboles nativos podría promover la presencia de más especies y mayor abundancia de aves en la zona agropecuaria. Foto: cortesía Fundación Charles Darwin</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Cuál fue el principal motivo que limitó la voluntad de los agricultores para plantar árboles nativos?</strong></p>



<p>—Fue la falta de terreno. Muchos decían que su terreno es para sembrar y que no tienen espacio para plantar árboles nativos.</p>



<p><strong>—En el estudio, sugieren un enfoque adaptativo para la siembra de árboles. ¿Qué significa esto y qué implicaciones tendría en la economía y la identidad galapagueña?</strong></p>



<p>—Hay varias motivaciones, pero la mayor razón para sugerir esto es que dentro de la zona agropecuaria, la vegetación natural es distinta. Hay un mapa histórico de cómo era la vegetación antes de que lleguen los colonos y el paisaje era distinto. Entonces, no tiene sentido sembrar el árbol nativo&nbsp;<em>Scalesia</em>&nbsp;en todo el territorio. Por eso sugerimos un enfoque adaptativo.</p>



<p>Además, los productores tienen distintas voluntades. Hay que tomar en cuenta que estamos trabajando con ellos y en su terreno. Ellos también deben tener voz con respecto a qué especies les gustaría sembrar y en dónde. También es importante que se involucren en todo el proceso para fomentar la propiedad del proyecto y que sientan que tomaron esa decisión por sí mismos.</p>



<p>La identidad galapagueña fue un hallazgo importante.&nbsp;<strong>Quienes tenían una identidad más marcada señalaban menos perjuicios o percepciones negativas</strong>. Esto influye en la relación que la gente tiene con la naturaleza. Creo que si sembramos más árboles nativos, especialmente en una forma adaptativa donde ellos tienen poder de decisión, contribuiría a una identidad galapagueña más pronunciada.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266853"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224550/DSC00207.jpg" alt="" class="wp-image-266853" /><figcaption class="wp-element-caption">Una agricultora de la Finca La Envidia, en Santa Cruz, Galápagos, recolecta café. Foto: cortesía Fundación Charles Darwin</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Hacen falta incentivos para motivar a los agricultores a sembrar árboles nativos? Si es así, ¿qué tipo de incentivos serían?</strong></p>



<p>—Hay un proyecto con Conservación Internacional de acuerdos de conservación con el que han estado trabajando con algunos productores para sembrar árboles. Sin embargo, lo hacen solo cuando tienen fondos. Los productores dicen que en Galápagos hay bastante dinero para conservación, pero faltan fondos para apoyarlos. Ellos viven de lo que producen en su finca, entonces&nbsp;<strong>es importante apoyarlos en la siembra y monitoreo de árboles a largo plazo</strong>.</p>



<p><strong>—¿Cuál es el vacío de conocimiento más urgente que recomiendan investigar sobre el papel ecológico de las aves en la zona agrícola?</strong></p>



<p>—En el estudio surgió que&nbsp;<strong>no sabemos mucho sobre cómo las aves aportan al control de plagas</strong>. Estudiarlo sería bastante interesante y podría ser un incentivo para ayudar a las aves en esta zona. Hice otro estudio todavía no publicado sobre este tema, pero sigue siendo exploratorio. El control de plagas depende mucho de la cantidad de aves que hay, pero en la zona agropecuaria, la presencia de aves es más reducida que en otras áreas.</p>



<p>Otro estudio importante por hacer es sobre los pesticidas porque no se ha hecho mucho trabajo en esa área. Un estudio de la Fundación Charles Darwin encontró que el uso de pesticidas es variable, no siempre se usa como se debe, por ejemplo, no hay regulación de la cantidad o en los métodos. Tengo curiosidad por conocer cómo esto afecta a las aves, pero también a la salud de los productores.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266856"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224606/DSC04464.jpg" alt="" class="wp-image-266856" /><figcaption class="wp-element-caption">Los agricultores dijeron que las aves les ofrecen cantos, belleza, y servicios ecosistémicos como el control de plagas. Foto: cortesía Ilke Geladi</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Por qué este estudio y sus resultados son importantes para la conservación en Galápagos?</strong></p>



<p>—Lo más importante que surge del estudio es que&nbsp;<strong>los productores son aliados claves para la conservación</strong>, creo que ellos están dispuestos a trabajar con nosotros, con los científicos, pero falta la parte de los incentivos, la gente aprecia la naturaleza, se puede trabajar juntos, es encontrar la manera de hacerlo. El potencial está ahí porque las aves proveen estos servicios ambientales, pero también las valoramos solamente por su valor, no queremos perder eso.</p>



<p>Un resultado del que no hablé todavía y que fue bastante interesante fue que en fincas donde había árboles nativos, los productores querían sembrar más árboles nativos. El primer paso es el más difícil, pero&nbsp;<strong>una vez que ves que los árboles nativos si aportan, puede haber un efecto de bola de nieve, eso da esperanza</strong>.</p>



<p><em><strong>Imagen principal:</strong> una agricultora de la Quinta Luz María, en Santa Cruz, Galápagos, cosecha fruta. <strong>Foto:</strong> cortesía Fundación Charles Darwin</em>.</p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/ana-cristina-alvarado/">LAna Cristina Alvarado</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2025/11/productores-aliados-claves-conservacion-galapagos-entrevista/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122646</guid>
        <pubDate>Sat, 22 Nov 2025 14:00:00 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Ilika y Dasan: los cóndores andinos que ayudaron a descubrir las zonas clave para proteger a su especie</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/ilika-y-dasan-los-condores-andinos-que-ayudaron-a-descubrir-las-zonas-clave-para-proteger-a-su-especie/</link>
        <description><![CDATA[<p>A finales de 2018, mientras recorrían el&nbsp;Páramo de Almorzadero, en Santander, monitores comunitarios encontraron dos&nbsp;cóndores andinos&nbsp;(Vultur gryphus)&nbsp;tendidos en el suelo. Aunque seguían con vida,&nbsp;presentaban signos evidentes de envenenamiento. Tras el aviso oportuno, se logró organizar un operativo que trasladó a las aves al Parque Jaime Duque, en Cundinamarca, donde comenzó su proceso de rehabilitación. Ambos [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>El cóndor andino, una de las aves más emblemáticas y móviles de América, enfrenta amenazas globales que dificultan su conservación, especialmente en Colombia, donde se conoce poco sobre su ecología.</em></li>



<li><em>Una investigación reciente identificó las áreas prioritarias para conservar al cóndor andino en este país, donde se enfrenta a amenazas como envenenamientos, persecución y cacería.</em></li>



<li><em>El estudio reveló que el país cuenta con más de 19 500 kilómetros cuadrados de hábitat adecuado para los dormideros de esta especie, pero más del 30 % está en riesgo debido a impactos humanos severos.</em></li>



<li><em>“Si fallamos en la conservación del cóndor, fallamos como países”, advierte el biólogo José Fernando González, uno de los autores del estudio.</em></li>
</ul>



<p>A finales de 2018, mientras recorrían el&nbsp;<strong>Páramo de Almorzadero</strong>, en Santander, monitores comunitarios encontraron dos&nbsp;<strong>cóndores andinos</strong>&nbsp;<em>(Vultur gryphus)</em>&nbsp;tendidos en el suelo. Aunque seguían con vida,&nbsp;<strong>presentaban signos evidentes de envenenamiento</strong>. Tras el aviso oportuno, se logró organizar un operativo que trasladó a las aves al Parque Jaime Duque, en Cundinamarca, donde comenzó su proceso de rehabilitación. Ambos sobrevivieron y recibieron nombres:&nbsp;<em><strong>Illika</strong></em>, una hembra adulta, y&nbsp;<em><strong>Dasan</strong></em>, un macho juvenil. Antes de regresar a su hábitat —en una liberación celebrada como un hito para la conservación en Colombia—,&nbsp;<strong>fueron equipados con rastreadores satelitales</strong>. Así, casi dos meses después, emprendieron el vuelo de regreso a casa: el páramo.</p>



<p>El objetivo de un grupo de investigadores y organizaciones aliadas era vigilar su estado físico, asegurarse de que seguían activos, sin caídas ni complicaciones posteriores a la intervención y manejo en cautiverio. Sin embargo, los datos recolectados comenzaron a revelar algo más:&nbsp;<strong>información muy valiosa sobre sus patrones de movimiento y comportamiento en libertad.</strong></p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/mision-cientifica-descubrio-fondo-marino-uruguay/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Viaje a las profundidades: la misión científica que descubrió el fondo marino en Uruguay</a></strong></p>



<p>“La hembra se desplazó, en menos de dos días, más de 300 kilómetros”, explica la bióloga María Alejandra Parrado Vargas, investigadora de la organización&nbsp;<a href="https://procat-conservation.org/">PROCAT Colombia</a>. “Llegó hasta el otro extremo, en la Sierra Nevada de Santa Marta, y comenzó a darnos luces para comprender que no estamos hablando de ‘los cóndores de Santander’ o ‘los cóndores de Santa Marta’, ni de poblaciones del centro, sur o norte del país,&nbsp;<strong>sino de una población compartida entre el Caribe y los Andes nororientales de Colombia</strong>”.</p>



<p>Los resultados de este monitoreo, junto con los obtenidos por otros tres cóndores rastreados en Ecuador, fueron publicados en la revista&nbsp;<em>Perspectives in Ecology and Conservation</em>&nbsp;en una&nbsp;<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2530064424000282">reciente investigación</a>&nbsp;<strong>que identifica las áreas prioritarias de conservación para el cóndor andino en Colombia</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_236084"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2022/08/17075318/Ph.-Fausto-Sa%CC%81enz-co%CC%81ndores-silvestres-rehabilitados-con-bandas-alares-para-liberacio%CC%81n.jpg" alt="" class="wp-image-236084" /><figcaption class="wp-element-caption">Dasan e Ilika, cóndores silvestres rehabilitados con bandas alares para su liberación. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<p>“Fuimos desmenuzando la ecología de la especie y aprovechando la información sobre los individuos”, explica José Fernando González Maya, director de PROCAT Colombia. “Nos preguntamos: ‘Bueno, ¿cuáles son esos sitios clave?’. A partir de ahí, empezamos a utilizar la información derivada de todos estos individuos para identificar cuáles eran las principales características que explican por qué los cóndores escogen ciertos sitios y no otros. Es decir, no se reproducen aleatoriamente ni escogen cualquier sitio.&nbsp;<strong>Entonces dijimos: identifiquemos esas particularidades y busquemos dónde se repiten.</strong>&nbsp;De cierta forma, podremos predecir los sitios más importantes para conservar a la especie”.</p>



<p>Los resultados mostraron que Colombia cuenta con al menos&nbsp;<strong>19 571.33 kilómetros cuadrados de hábitat adecuado</strong>&nbsp;para dormideros de esta especie, pero más del 30 % de esta área se encuentra actualmente bajo riesgo de conservación debido a&nbsp;<strong>severos impactos antropogénicos</strong>. Por ello, los especialistas sugieren acciones diferenciadas para cada zona priorizada, de acuerdo con las amenazas potenciales generadas por las actividades humanas.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266116"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/17180955/Condor-silvestre-macho-adulto-usando-dormidero-en-el-paramo-El-Almorzadero-Ph_-Fausto-Saenz--scaled.jpg" alt="" class="wp-image-266116" /><figcaption class="wp-element-caption">Cóndor silvestre macho adulto usando dormidero en el páramo de Almorzadero. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Dormideros seguros para sobrevivir</h2>



<p>El cóndor andino, una de las aves más emblemáticas y móviles de América, enfrenta una amenaza global que pone en riesgo su supervivencia. Su capacidad para recorrer grandes distancias complica la planificación de su conservación, especialmente en países como Colombia, donde su ecología aún es poco conocida, explican los especialistas.</p>



<p>La situación es especialmente grave en este país: desde la década de 1980, el cóndor fue considerado extinto en varias localidades y&nbsp;<strong>hoy se encuentra catalogado como en peligro crítico</strong>. Durante los últimos treinta años, los esfuerzos de conservación se han centrado en reintroducciones y manejo local, pero a decir de los especialistas, estas acciones no han logrado priorizar ni coordinar adecuadamente las medidas necesarias para garantizar la recuperación efectiva de la especie.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_236080"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2022/08/17074209/Ph.-Fausto-Saenz-Hembra-adulta-cuidando-su-huevo-Primer-registro-de-nido-activo-en-2014-en-la-cordillera-oriental-Colombiana-segundo-para-Colombia-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-236080" /><figcaption class="wp-element-caption">Hembra adulta cuidando su huevo. Este es el primer registro de un nido activo en 2015 en la Cordillera Oriental colombiana, y el segundo para Colombia. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<p>“Si fuéramos muy conservadores y parsimoniosos, casi tendríamos que dejar libres todos los Andes para que existieran grandes poblaciones de cóndores”, explica González Maya. “Pero en este caso lo que necesitábamos era priorizar. No podíamos abarcar toda su distribución ni todas sus zonas de vuelo, así que decidimos enfocarnos en aquellas áreas más importantes y críticas:&nbsp;<strong>las zonas reproductivas</strong>. Al asegurar los sitios de anidación, garantizamos que la población pueda sostenerse a mediano y largo plazo, y así plantearnos metas de conservación más realistas”.</p>



<p>Según la investigación —en la que participaron investigadores de organizaciones como The Peregrine Fund, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Industrial de Santander y el Pyrenean Institute of Ecology—,&nbsp;<strong>los cóndores andinos pueden recorrer más de 300 kilómetros en un solo día.</strong>&nbsp;Pero cuando llega el momento de descansar, estas majestuosas aves no eligen cualquier sitio:&nbsp;<strong>prefieren acantilados y laderas montañosas empinadas</strong>, donde encuentran refugio frente a depredadores y el clima extremo. Estos dormideros no solo les brindan seguridad, sino que también les permiten despegar y aterrizar con mayor facilidad.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_236071"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2022/08/17070158/01-Ph_-Fausto-Sa%CC%81enz.JPG-Alejandra-manipulando-co%CC%81ndores-para-instalacio%CC%81n-de-rastreadores-satelitales.jpg" alt="" class="wp-image-236071" /><figcaption class="wp-element-caption">María Alejandra Parrado Vargas manipulando cóndores para instalación de rastreadores satelitales. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<p>“A esto también le sumamos que, generalmente, esta especie utiliza estos sitios para mantenerse alejada de sus principales amenazas,&nbsp;<strong>como los humanos</strong>”, explica Parrado Vargas. Sin embargo, incluso en esos lugares apartados, el impacto humano sigue presente. El caso de Illika y Dasan lo demuestra con claridad. Ambos cóndores mostraron signos de envenenamiento tras alimentarse de carroña contaminada.</p>



<p>“<strong>Allí se encontró un toxicológico que se llama organofosforado</strong>, que es ampliamente usado en el manejo agropecuario, pero también para el control de especies como perros ferales, perros domésticos mal manejados, e incluso pumas en zonas como los páramos”, señala Parrado Vargas.</p>



<p>Los cebos tóxicos, colocados con otros objetivos, terminan afectando a los carroñeros como el cóndor, que llega a alimentarse de estos restos sin distinguir el riesgo.&nbsp;<strong>“Es una práctica ampliamente utilizada y no la hemos visto solo con estos dos cóndores”</strong>, advierte la especialista.</p>



<p>Tomando todo esto en cuenta, el estudio se propuso identificar&nbsp;<strong>Áreas Prioritarias de Conservación&nbsp;</strong>(APC) en Colombia, tomando como base los dormideros confirmados y cruzando esta información con los niveles de amenaza definidos por el<strong>&nbsp;Índice de Huella Humana</strong>&nbsp;(HFI, por sus siglas en inglés). El objetivo no era solo mapear los refugios más usados por la especie, sino convertir esa información en una&nbsp;<strong>herramienta útil para tomar decisiones concretas:</strong>&nbsp;priorizar zonas clave, enfocar esfuerzos de conservación y mitigar con mayor eficacia las amenazas que siguen afectando al cóndor andino en su hábitat natural.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_236073"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2022/08/17072447/Hembra-adulta-Ph_-Fausto-Sa%CC%81enz.jpg" alt="" class="wp-image-236073" /><figcaption class="wp-element-caption">Ilika, hembra adulta. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Rastrear el vuelo del cóndor</h2>



<p>La investigación se realizó dentro de la distribución histórica del cóndor andino en los Andes colombianos,&nbsp;<strong>en un territorio que abarca más de 83 000 kilómetros cuadrados</strong>, entre los 1800 y 500 metros sobre el nivel del mar. Esta extensa área fue definida con base en la información más reciente sobre la presencia y distribución de la especie en el país.</p>



<p>Para identificar los sitios de descanso más relevantes, los investigadores recopilaron datos de tres fuentes clave: el seguimiento satelital de Illika y Dasan, monitoreados en el noreste de Colombia entre 2019 y 2021; el registro de tres cóndores —un macho juvenil y dos hembras subadultas— marcados en Ecuador entre 2014 y 2019, también con transmisores satelitales; y observaciones directas en dormideros comunales y ocasionales, así como en un sitio de anidación, realizadas entre 2014 y 2021 en distintas zonas de los Andes colombianos.https://www.youtube.com/embed/VqEiMrlt5iE?si=bPyB1UzJlA5EfJVn</p>



<p>El seguimiento del vuelo de llika y Dasan&nbsp;<strong>logró más de 4600 registros GPS</strong>, lo que permitió identificar&nbsp;<strong>461 sitios de dormidero en todo el país</strong>. Diez de estos fueron verificados directamente en campo. El análisis reveló un patrón claro: los cóndores prefieren descansar en&nbsp;<strong>acantilados empinados, expuestos al viento y al sol, baja densidad del aire y orientación sur</strong>, como crestas o salientes rocosas.</p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/mercurio-amenaza-tortugas-delfines-tiburones-especies-latinoamerica-l-lecturas-ambientales/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Mercurio amenaza a tortugas, delfines, tiburones y más especies en Latinoamérica | Lecturas ambientales</a></strong></p>



<p>Con base en la información recolectada, los investigadores desarrollaron un modelo espacial que permitió clasificar los dormideros según su probabilidad de uso. Determinaron que aquellos con una probabilidad superior al 43 % reúnen las condiciones ideales para el descanso y la supervivencia del cóndor andino. Estas zonas fueron delimitadas como Áreas Prioritarias de Conservación (APC).</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266118"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/17182921/Captura-de-pantalla-2025-10-17-a-las-11.26.33-a.m.png" alt="" class="wp-image-266118" /><figcaption class="wp-element-caption">Áreas Prioritarias de Conservación (APC) para el Cóndor Andino en Colombia. Los colores representan áreas prioritarias a escala de paisaje. Verde: áreas de bajo riesgo con una alta probabilidad de selección de refugio (APC Tipo I). Amarillo: áreas con riesgos medios para la conservación y alta probabilidad de selección de refugio y áreas con superposición de presión antropogénica (APC Tipo II). Rojo: áreas de alto riesgo para la conservación del Cóndor Andino con alta probabilidad de selección de refugio y alta presión antropogénica (APC Tipo III)</figcaption></figure>



<p>“No se trata simplemente de decir ‘hay que protegerlos’, porque eso se vuelve genérico”, señala José Fernando González Maya, director de PROCAT Colombia. “Es evaluar qué tanto inciden las actividades humanas en esos lugares y, según eso, priorizar: lo que está bien conservado hay que mantenerlo así, y lo que está más alterado es donde tenemos que trabajar más fuertemente con las comunidades humanas”. Así,&nbsp;<strong>la propuesta establece un gradiente de intervención</strong>, que va desde la protección estricta de ecosistemas aún intactos, hasta la implementación de estrategias de manejo participativo en las zonas más afectadas por la actividad humana, sostiene el especialista.</p>



<p>A partir de este enfoque, los investigadores identificaron tres tipos de APC. Las&nbsp;<strong>Tipo I</strong>&nbsp;corresponden a áreas en buen estado de conservación, con amenazas mínimas o naturales, que deben mantenerse tal como están. Las&nbsp;<strong>Tipo II</strong>&nbsp;presentan una presión humana intermedia, pero aún albergan dormideros adecuados, por lo que son aptas para acciones de restauración y manejo socioecológico. Finalmente, las&nbsp;<strong>Tipo III</strong>&nbsp;agrupan zonas con alta presión antropogénica —muchas cercanas a zonas urbanas— y requieren intervenciones urgentes junto a las comunidades locales. Esta clasificación permitió diseñar una hoja de ruta de conservación diferenciada, adaptada a los desafíos específicos que enfrenta la especie en cada territorio.</p>



<p>“Era necesario saber qué condiciones socioeconómicas teníamos en estas zonas para poder hacer acciones de soluciones basadas en la naturaleza, a través de esta especie, y que estas faciliten la mejora en los sistemas del bienestar y la calidad de vida en comunidades”, explica Parrado Vargas.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266121"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/17183255/Casa-en-el-salto-refugio-de-montana-Santander-cerca-a-segundo-nido-activo-del-condor-Andino-en-Colombia_Ph.-Fausto-Saenz.jpg" alt="" class="wp-image-266121" /><figcaption class="wp-element-caption">Casa en el refugio de montaña Santander, cerca del segundo nido activo del cóndor andino en Colombia. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<p>Tras definir las APC, los investigadores visitaron zonas con riesgo medio y alto por impacto humano para observar amenazas locales más específicas. Entrevistaron a comunidades, instalaron cámaras trampa y detectaron factores como la competencia con zopilotes, la presencia de perros ferales y el uso de cebos envenenados. “<strong>Fuimos a ver cómo se relacionaban las comunidades humanas con la especie</strong>&nbsp;a través de sus percepciones y de las interacciones socioecológicas, y si había amenazas más a escala local,&nbsp;<strong>como el envenenamiento, la persecución con disparos o la propia cacería</strong>”, explica Parrado Vargas. Estos hallazgos revelaron dinámicas invisibles en los mapas, pero fundamentales para la conservación.</p>



<p>En resumen, la mayoría de las APC Tipo I —las mejor conservadas— se encuentran en el norte de los Andes y dentro del Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta. En cambio, las Tipo II y III, más afectadas por la actividad humana, se concentran fuera de esta zona y del nororiente andino. Un punto clave es el corredor de páramos de la cordillera Oriental, que atraviesa Cundinamarca, Boyacá, Santander y Norte de Santander: allí se concentra la mayor variedad de zonas prioritarias. Por el contrario, los Andes centrales y del sur ofrecen menos hábitats adecuados para el descanso del cóndor y están más alterados por el ser humano, lo que reduce las áreas Tipo I y aumenta las de mayor intervención.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266119"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/17183109/Perros-en-carronas-experimentales_-paramo-el-Almorzadero_Maria-Alejandra-Parrado-Vargas.png" alt="" class="wp-image-266119" /><figcaption class="wp-element-caption">Perros en carroñas experimentales, en el páramo de Almorzadero. Foto: cortesía María Alejandra Parrado Vargas</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">El futuro del cóndor y las comunidades locales</h2>



<p>Parrado Vargas insiste en que la conservación del cóndor andino no puede limitarse solo a trazar líneas en un mapa. Aunque la creación de áreas protegidas o zonas de manejo es valiosa, considera que las estrategias deben ir más allá.</p>



<p>“A veces vemos como la única herramienta de conservación la definición de áreas protegidas o la delimitación de zonas de manejo, pero efectivamente&nbsp;<strong>hay otras acciones que se pueden hacer también con las comunidades</strong>”, señala.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266122"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/17183436/Capacitacion-monitoreo-participativo-y-gobernanza-comunidad-paramo-el-Almorzadero-como-medio-para-la-conservacion-del-condor-Andino-en-Colombia_Fausto-Saenz.jpg" alt="" class="wp-image-266122" /><figcaption class="wp-element-caption">Capacitación sobre monitoreo participativo y gobernanza con la comunidad del páramo de Almorzadero, con el objetivo de conservar al cóndor andino en Colombia. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<p>Involucrar a las poblaciones locales no solo ayuda a reducir amenazas para la fauna, sino que también puede contribuir a&nbsp;<strong>disminuir la pobreza estructural</strong>, sostiene la especialista. Escuchar sus saberes, integrar sus necesidades y sumar su conocimiento tradicional es clave para construir políticas públicas más justas, efectivas y sostenibles en los territorios donde aún sobrevuelan los cóndores. En eso coincide González Maya.</p>



<p>“La conservación del cóndor es una invitación nacional, es un reto que tenemos como país e incluso como continente”, concluye el especialista. “El cóndor es nuestro emblema, está en nuestro escudo, es el ave nacional y representa a todos los países andinos.&nbsp;<strong>Si fallamos en la conservación del cóndor, fallamos como países</strong>”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266123"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/17183547/Ph-Maria-Alejandra-Parrado-hembra-adulta-en-vuelo.jpg" alt="" class="wp-image-266123" /><figcaption class="wp-element-caption">Hembra adulta en vuelo. Foto: cortesía María Alejandra Parrado Vargas</figcaption></figure>



<p><strong>REFERENCIA</strong></p>



<p><em>Parrado-Vargas, M. A., González-Maya, J. F., Reu, B., Margalida, A., Sáenz-Jiménez, F. y Vargas, F. H. 2024. Identifying priority conservation areas for the Andean Condor in Colombia. Perspectives in Ecology and Conservation.</em></p>



<p><em><strong>Imagen principal:</strong>&nbsp;cóndores andinos en vuelo.&nbsp;<strong>Foto:</strong>&nbsp;cortesía Fausto Sáenz</em></p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/astrid-arellano/">Astrid Arellano</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2025/10/condores-andinos-zonas-clave-conservacion/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
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        <pubDate>Sun, 26 Oct 2025 14:00:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/24162729/Ph.-Fausto-Saenz.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Ilika y Dasan: los cóndores andinos que ayudaron a descubrir las zonas clave para proteger a su especie]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Día Mundial de los Pingüinos: la batalla por conservar a estas extraordinarias aves en Chile, Argentina y Perú</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/dia-mundial-de-los-pinguinos-la-batalla-por-conservar-a-estas-extraordinarias-aves-en-chile-argentina-y-peru/</link>
        <description><![CDATA[<p>Aunque a simple vista no parecen particularmente hábiles, los&nbsp;pingüinos&nbsp;son aves marinas más sorprendentes de lo que se cree. Tienen la capacidad de escalar cerros con una agilidad inimaginable y bajo el agua se transforman por completo para bucear con una destreza que parece que volaran en el mar. Son animales adaptados a vivir en mundos [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Científicos en Chile, Perú y Argentina coinciden en que las amenazas para los pingüinos en Latinoamérica siguen latentes.</em></li>



<li><em>Esto sucede a pesar de varios esfuerzos exitosos realizados por la academia, organizaciones y gobiernos para preservarlos. </em></li>



<li><em>El cambio climático que afecta sus zonas de alimentación, la presencia de especies invasoras en su hábitat y muertes por empetrolamiento son algunas de las amenazas.</em></li>



<li><em>La captura incidental de estas aves marinas en redes de pesca es otro de los peligros que enfrentan.</em></li>
</ul>



<p>Aunque a simple vista no parecen particularmente hábiles, los&nbsp;<strong>pingüinos</strong>&nbsp;son aves marinas más sorprendentes de lo que se cree. Tienen la capacidad de escalar cerros con una agilidad inimaginable y bajo el agua se transforman por completo para bucear con una destreza que parece que volaran en el mar. Son animales adaptados a vivir en mundos opuestos&nbsp;<strong>—la tierra y el océano—</strong>&nbsp;pero donde enfrentan condiciones extremas y&nbsp;<strong>amenazas graves</strong>&nbsp;que los ponen en riesgo.</p>



<p>“Estos son animales impresionantes, ¿cómo logran vivir en estos dos mundos? ¿Cómo logran adaptarse a los distintos cambios?”, se pregunta&nbsp;<strong>Alejandro Simeone</strong>, biólogo chileno que lleva tres décadas estudiando a estas aves marinas. “En la costa del Pacífico tenemos cada tantos años eventos como&nbsp;<strong>El Niño</strong>&nbsp;que generan una gran escasez de alimento para las aves y eso determina que muchas mueran y que su reproducción se interrumpa. Pero después, cuando esas condiciones mejoran,&nbsp;<strong>los pingüinos tienen unas estrategias maravillosas para recuperarse</strong>”.</p>



<p>Sin embargo, esta capacidad de adaptación, desarrollada a lo largo de su historia evolutiva, se ve amenazada por las acciones humanas:&nbsp;<strong>la sobrepesca, la contaminación, los derrames petroleros y la introducción de especies invasoras</strong>&nbsp;alteran su delicado equilibrio natural.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259649"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22193351/MorgenthalerAnnick_PMagallanes.jpeg" alt="" class="wp-image-259649" /><figcaption class="wp-element-caption">Pingüinos de Magallanes (<em>Spheniscus magellanicus</em>), en Argentina. Foto: cortesía Grupo de Aves Marinas de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral</figcaption></figure>



<p>“Durante años nos ocupamos de los problemas que los pingüinos tenían en tierra, por lo que ahora son más visibles y la gente está más consciente de eso. Pero hoy en día el problema pasó a estar en el mar: sus cambios, las interacciones con pesquerías y con contaminantes —que se ven menos, porque hay menos ojos humanos para mirar en el mar—, son la prioridad en la investigación y la conservación”, afirma&nbsp;<strong>Esteban Frere</strong>, biólogo especializado en estas aves en Argentina desde hace cuatro décadas.</p>



<p>Este 25 de abril se conmemora el Día Mundial de los Pingüinos, una fecha para crear conciencia sobre la importancia de la conservación de estas aves marinas. En&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>, te presentamos tres proyectos científicos en Chile, Argentina y Perú que buscan traer esperanza para las especies que habitan en América Latina.</p>



<p><strong>Lee más&nbsp;|</strong>&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/04/proyecto-tiburon-salvar-especies-golfo-de-california/">Proyecto Tiburón: una alianza entre científicas y pescadores busca salvar a estas especies en el Golfo de California</a></p>



<h3 class="wp-block-heading">Chile: los peligros en el mar</h3>



<p>Un asombroso video sumerge al espectador en el mundo oculto de los&nbsp;<strong>pingüinos de Humboldt</strong>&nbsp;<em>(Spheniscus humboldti)</em>. La grabación revela una escena nunca antes vista: un grupo de 50 aves marinas surca el agua coordinando cada movimiento como si se tratara de un ejército. Los pingüinos suben a la superficie para tomar aire y luego sumergirse ágilmente en el fondo marino, a casi 100 metros de profundidad, decididos en su cacería colectiva.&nbsp;<strong>Lo más increíble es que las imágenes de su hazaña fueron capturadas por uno de ellos.</strong></p>



<p>En diciembre de 2022, científicos colocaron cámaras y dispositivos GPS en las plumas de la espalda a seis individuos en&nbsp;<strong>Isla Choros</strong>, al norte de&nbsp;<strong>Chile</strong>. El objetivo era estudiar sus hábitos de alimentación, pero el descubrimiento superó toda expectativa: no sólo confirmaron una estrategia de caza bentónica —es decir, buscan alimento en el fondo marino—, un comportamiento que se había identificado solamente en especies como el pingüino de ojos amarillos&nbsp;<em>(Megadyptes antipodes)</em>&nbsp;y el papúa&nbsp;<em>(Pygoscelis papua)</em>, sino que también captaron la cooperación de las aves y su destreza bajo el agua.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-gestor-del-servicio wp-block-embed-gestor-del-servicio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
https://youtube.com/watch?v=I42_HIp5SjQ%3Fsi%3DMyFJvm76FQ9R0uLC
</div></figure>



<p>“Las islas donde anidan los pingüinos están bastante seguras —son parques nacionales o reservas, donde están tranquilos— pero cuando van al mar a buscar su alimento, se encuentran con la pesca que está removiendo sus presas y provocando algo mucho más grave, que son las redes en las que los pingüinos se enganchan y muchos mueren ahogados anualmente”, describe&nbsp;<strong>Alejandro Simeone</strong>, investigador de la Universidad Andrés Bello, quien ha dedicado 30 años de su vida a estudiar a los pingüinos de Humboldt.</p>



<p>Precisamente, el hecho de que los científicos hayan logrado documentar a grandes grupos de pingüinos cazando juntos&nbsp;<strong>comprueba que existe un riesgo mucho mayor de mortalidad por captura incidental</strong>, ya que una sola red podría atraparlos a todos.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259650"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22193833/Fig-25.jpg" alt="" class="wp-image-259650" /><figcaption class="wp-element-caption">Capturas de pantalla de PenguCam llevada por la hembra de pingüino de Humboldt “Calmita” en su viaje de búsqueda de alimento de un solo día el 2 de diciembre de 2022. El ave atrapó a la mayoría de las presas cerca de la superficie emboscándolas desde abajo. Foto: cortesía Ursula Ellenberg</figcaption></figure>



<p>Estos hallazgos son parte de&nbsp;<a href="https://www.sphenisco.org/images/pdf_dateien/2023/Final_report.pdf">una de sus investigaciones más recientes</a>, realizada en colaboración con la organización&nbsp;<a href="https://www.sphenisco.org/es/ueber-uns-es"><strong>Sphenisco</strong></a>, para la que el académico lideró un equipo que se propuso resolver tres grandes y complejas incógnitas sobre esta amenazada especie:&nbsp;<strong>¿de qué tamaño es la población reproductiva de pingüinos de Humboldt en las islas de Chile? ¿Qué éxito tienen en su reproducción? ¿Cuál es su comportamiento al buscar alimento para sí mismos y sus familias?</strong></p>



<p>Durante las diferentes estaciones reproductivas y de anidación que ocurrieron entre 2021 y 2023, su equipo se alistó para viajar a las principales colonias de anidación en 10 islas de la costa del centro-norte de Chile. En suma, pudieron estimar un total de la población reproductiva de&nbsp;<strong>2511 parejas de pingüinos de Humboldt</strong>. Los científicos reportan una reducción cercana al 50 % en un periodo de cuatro años, con respecto a un estudio previo realizado en 2017.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259651"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22200010/Activos-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-259651" /><figcaption class="wp-element-caption">Ejemplos de nidos activos, mostrando adultos con polluelos (A, C), pareja de adultos (B), adultos con huevos (D). Fotos: cortesía Alejandro Simeone</figcaption></figure>



<p>El escenario es complejo. Según la investigación, las amenazas a estas aves incluyen&nbsp;<strong>interacciones directas e indirectas con la pesca</strong>, así como la posible&nbsp;<strong>construcción de instalaciones portuarias y mineras</strong>&nbsp;cerca de sus áreas reproductivas y de alimentación clave. Estas y otras actividades antropogénicas están causando una rápida disminución en el número de pingüinos de Humboldt.</p>



<p>“A partir de esta investigación, recientemente una de mis estudiantes hizo un trabajo con su tesis de maestría en la cual determinamos tanto el área que los pingüinos usaban como la que utilizan las embarcaciones pesqueras”, explica Simeone. “<strong>Encontramos una superposición, lo que nos da luces acerca de que potencialmente podrían estar compitiendo pingüinos y pesquerías por el alimento</strong>&nbsp;que, por un lado, los pingüinos necesitan para sobrevivir y, por el otro, las pesquerías necesitan para comercializar. Eso podría conducir, con el tiempo, a una escasez de alimento para los pingüinos y esa es nuestra primera preocupación”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259652"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22200229/Instalacion-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-259652" /><figcaption class="wp-element-caption">Procedimiento de aplicación del dispositivo GPS a un pingüino de Humboldt. Fotos: cortesía Maximiliano Daigre</figcaption></figure>



<p>Las investigaciones del proyecto continúan. Sin embargo, Simeone enfatiza la necesidad de fortalecer los esfuerzos de conservación y mejorar la comunicación entre los investigadores y las agencias gubernamentales para enfrentar las amenazas que rodean al pingüino de Humboldt. La pesca tiene una connotación económica importante, pero sobre todo social, por la cantidad de personas que dependen de esa fuente de ingreso, por lo que hay que buscar maneras de manejarla en forma conjunta y con datos científicos, dice el científico.</p>



<p>“Las áreas alrededor de las islas necesitan ser protegidas de manera más efectiva”, concluye Simeone. “La forma en que se están protegiendo esas áreas no está cumpliendo con su misión, porque los pingüinos las ocupan de una forma muy distinta. Puedes dibujar un área alrededor de una isla en un mapa, quedarte tranquilo y pensar que eso está protegiendo a los pingüinos, pero nosotros hemos visto que las áreas que se necesitan para protegerlos son mucho más grandes. Esa información la proveemos nosotros, pero es después el Estado el que tiene que ver cómo se implementa”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259653"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22200350/bote-10-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-259653" /><figcaption class="wp-element-caption">Grupo de trabajo en la Isla Choros, Chile. Foto: cortesía Alejandro Simeone</figcaption></figure>



<p><strong>Lee más&nbsp;</strong><strong>|&nbsp;</strong><a href="https://es.mongabay.com/2025/04/excazadores-cientificos-conservacion-jaguar-mexico/">Tras el rastro del jaguar: excazadores y científicos se unen para obtener una radiografía del amenazado felino en México</a></p>



<h3 class="wp-block-heading">Argentina: los pingüinos contra el petróleo</h3>



<p>A inicios de la década de 1980, un grupo de&nbsp;<strong>jóvenes argentinos</strong>&nbsp;quedó profundamente conmovido por una escena que se repetía con demasiada frecuencia:&nbsp;<strong>pingüinos de Magallanes</strong>&nbsp;<em>(Spheniscus magellanicus)</em>&nbsp;que aparecían empetrolados y varados en las playas, desde Buenos Aires hasta la Patagonia. Alarmados por la situación y la creciente preocupación social, decidieron dedicar sus vidas a estudiar y proteger a esta especie, convirtiéndose en investigadores especializados.</p>



<p>Décadas después, ese mismo grupo —liderado por el biólogo&nbsp;<strong>Esteban Frere</strong>, investigador de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet)— sigue investigando al mar argentino con un símbolo poderoso: los pingüinos de Magallanes, convertidos en centinelas de la salud del océano.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259655"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22200753/Copia-de-Pinguino-Empetrolado.jpeg" alt="" class="wp-image-259655" /><figcaption class="wp-element-caption">Pingüino de Magallanes empetrolado en Argentina. Foto: cortesía Grupo de Aves Marinas de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral</figcaption></figure>



<p>Sus investigaciones, realizadas a lo largo de 900 kilómetros de la costa de la provincia de Chubut,&nbsp;<a href="https://academic.oup.com/auk/article-abstract/111/1/20/5167964?redirectedFrom=fulltext">a partir de 1982 y hasta 1990</a>, estimaron que&nbsp;<strong>más de 40 000 pingüinos morían cada año solo por empetrolamiento crónico</strong>. Más de la mitad eran adultos en edad reproductiva. En respuesta a estos hallazgos y ante la presión de organizaciones no gubernamentales y de la opinión pública, las autoridades provinciales y federales de Chubut tomaron medidas en 1997:&nbsp;<strong>movieron las rutas de los buques petroleros comerciales 20 millas náuticas mar adentro</strong>&nbsp;y exigieron que estos barcos contaran con doble casco. Una ronda adicional de monitoreos realizada en 2001 en los mismos sitios demostró que el número de pingüinos muertos y cubiertos de petróleo&nbsp;<strong>se redujo prácticamente a cero</strong>.</p>



<p>Luego de un último monitoreo realizado en 2009,&nbsp;<strong>los mismos científicos&nbsp;<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0025326X23006288">regresaron en 2022&nbsp;</a></strong>—con el apoyo de&nbsp;<strong>Wildlife Conservation Society</strong>&nbsp;(<a href="https://www.wcs.org/">WCS</a>)— para evaluar los cambios y actualizar la información. La proporción de cadáveres empetrolados descendió del 45 % en promedio en los relevamientos realizados en marzo entre 1982 y 1990 a&nbsp;<strong>aproximadamente 0 % en marzo de 2022</strong>.</p>



<p>“Los resultados fueron impresionantemente buenos”, afirma Esteban Frere, biólogo especializado en aves marinas de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral en Argentina, integrante de ese equipo con cuatro décadas de trabajo.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259659"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22201159/Magallanes-en-agua-1.jpeg" alt="" class="wp-image-259659" /><figcaption class="wp-element-caption">Pingüinos de Magallanes (<em>Spheniscus magellanicus</em>), en Argentina. Foto: cortesía Grupo de Aves Marinas de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral</figcaption></figure>



<p>“Repetir el mismo muestreo que se hizo en 1980 generó más trabajo porque nosotros teníamos 20 años más, no era igual de fácil caminar estos kilómetros de costa en distintos segmentos, pero pudimos ver que casi había desaparecido el empetrolamiento de los pingüinos de Magallanes en Patagonia. Los datos que publicamos en 2023 mostraron una caída abrupta, muy abrupta del número de pingüinos empetrolados”.</p>



<p>Esto se debe a la acción de coordinación de todos los actores, sostiene Frere, quienes pudieron mover las rutas de los buques y mejorar la tecnología para evitar los derrames de petróleo.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259663"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22202322/Equipo.jpg" alt="" class="wp-image-259663" /><figcaption class="wp-element-caption">Equipo colaborativo trabajando en la costa de la provincia de Chubut. Foto: cortesía Grupo de Aves Marinas de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral</figcaption></figure>



<p>Sin embargo, en 2025, la situación sigue siendo preocupante para los pingüinos de Magallanes. Aunque la contaminación por petróleo ya no es la principal amenaza,&nbsp;<strong>el cambio climático y su impacto en las condiciones oceanográficas representan ahora la mayor preocupación</strong>, ya que afectan directamente las fuentes de alimento de estas aves.</p>



<p>“No quiere decir que el problema del petróleo no exista más porque, por ejemplo, se están construyendo nuevas instalaciones en los golfos norpatagónicos, lo cual es riesgoso. Ahí hay una enorme cantidad de pingüinos durante todo el año y además es el área de invernada de una buena parte de la población de pingüinos del sur de la Patagonia”, explica Frere. “Nosotros podemos no oponernos al desarrollo petrolero en nuestro país, sin embargo,&nbsp;<strong>la elección de los lugares fue muy mala</strong>”.</p>



<p>Los golfos norpatagónicos son cerrados, poco expuestos, pero con mucha presencia de fauna marina, escribe el biólogo. “De manera que el mismo emprendimiento, pero un poco más arriba en la zona donde ya está desarrollado el polo petroquímico, sería mucho menos problemático que hacerlo en zonas vírgenes, que es lo que se está haciendo ahora”, concluye.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259664"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22202710/Magallanes-Annick-2.jpeg" alt="" class="wp-image-259664" /><figcaption class="wp-element-caption">En 2025, la situación sigue siendo preocupante para los pingüinos de Magallanes (<em>Spheniscus magellanicus</em>). Foto: Cortesía Grupo de Aves Marinas de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral</figcaption></figure>



<h3 class="wp-block-heading">Perú: erradicar roedores para conservar pingüinos</h3>



<p>No es que la gran mayoría de&nbsp;<strong>pingüinos de Humboldt</strong>&nbsp;<em>(Spheniscus humboldti)</em>&nbsp;habite en la&nbsp;<strong>Isla Chincha Norte</strong>, en&nbsp;<strong>Perú</strong>, ni que esté más protegida o que ofrezca condiciones para la especie que no se encuentren en otras localidades, sino que en esta emblemática isla guanera existe la presencia de&nbsp;<strong>ratas negras</strong>&nbsp;<em>(Rattus rattus)</em>&nbsp;invasoras.</p>



<p>Esta es la primera vez que un grupo de&nbsp;<strong>científicos</strong>&nbsp;propone un&nbsp;<strong>proyecto piloto para la erradicación de una especie invasora y la restauración de las islas</strong>&nbsp;de Perú. La presencia de ratas puede ser de larga data, sin embargo, el posible efecto nocivo de estos roedores en la fauna nativa es un tema poco estudiado y que se había pasado por alto.</p>



<p>“No tenemos registros históricos o cuantitativos de los efectos de los roedores porque es un tema del que se tomó conciencia hace unos 15 años en Perú. Nadie sabe con precisión cómo ingresaron los roedores a la Isla Chincha Norte, pero se convierte en un lugar ideal para empezar el proyecto de erradicación por primera vez en el país”, dice el biólogo marino&nbsp;<strong>Carlos Zavalaga</strong>, director de la Unidad de Investigación en Ecología y Conservación de Aves Marinas de la Universidad Científica del Sur.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259644"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22182531/WhatsApp-Image-2025-04-22-at-11.00.08.jpeg" alt="" class="wp-image-259644" /><figcaption class="wp-element-caption">Un pingüino de Humboldt (<em>Spheniscus humboldti</em>) incubando sus huevos en Isla Chincha Norte, Perú. Foto: cortesía Carlos Zavalaga</figcaption></figure>



<p>Aunque aún se está trabajando en precisar los impactos puntuales en la Isla Chincha Norte, los científicos tienen evidencias de que los roedores sí comen huevos de otras aves marinas en las islas y puntas peruanas, como ha sucedido con el gaviotín inca&nbsp;<em>(Larosterna inca)</em>&nbsp;en Punta San Juan, una zona invadida por ratones y donde también solía haber muchos pingüinos de Humboldt en los años 90, pero que ahora está vacía.</p>



<p>“Tengo la certeza de que&nbsp;<strong>los ratones han estado por siglos en las islas</strong>, es decir, la intervención humana en las islas fue un puente para que estos roedores hayan podido ingresar desde hace mucho tiempo, ya sea la rata negra, los ratones caseros y otro conocido como rata noruega”, dice Zavalaga.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259645"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22182748/WhatsApp-Image-2025-04-15-at-12.32.57-scaled.jpeg" alt="" class="wp-image-259645" /><figcaption class="wp-element-caption">Vista superior de dos trampas Tomahawk utilizadas para capturar a las ratas negras (<em>Rattus rattus</em>). La imagen demuestra la presencia de las ratas en Isla Chincha Norte. Foto: cortesía Carlos Zavalaga</figcaption></figure>



<p>Actualmente, el proyecto que se realiza en colaboración con&nbsp;<a href="https://www.islandconservation.org/"><strong>Island Conservation</strong></a>&nbsp;—una organización global con amplia experiencia en la restauración de islas—, se encuentra en una etapa inicial de desarrollo, con el levantamiento de una línea base enfocada en la identificación de las especies de roedores presentes en la isla, así como su distribución y sus posibles interacciones con las aves marinas. Luego de implementar la erradicación —que está en fase de planeación y en consulta con las autoridades—&nbsp;<strong>se establecerá un sistema de bioseguridad</strong>&nbsp;que evite una futura reinvasión.</p>



<p>Zavalaga explica que este trabajo es especialmente relevante debido al reciente descenso en las poblaciones de pingüinos de Humboldt, causado por el episodio de&nbsp;<strong>gripe aviar</strong>&nbsp;que ocurrió en la costa del Pacífico de Sudamérica, entre finales de 2022 y 2023, y a lo que se sumaron los impactos del fenómeno de El Niño ese mismo año, agravando la alta mortalidad de la especie.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259646"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22183416/WhatsApp-Image-2025-04-15-at-12.28.45-2.jpeg" alt="" class="wp-image-259646" /><figcaption class="wp-element-caption">Vista aérea de la Isla Chincha Norte, en Perú. Foto: cortesía Carlos Zavalaga</figcaption></figure>



<p>“Nosotros sabemos que las ratas no son lo que está ocasionando este declive bastante pronunciado en las aves marinas, porque sabemos que fue la gripe aviar y la falta de alimento”, explica Zavalaga. “Pero sí estamos seguros de que al haber presencia de roedores en las islas, las aves sobrevivientes a la gripe aviar y a El Niño no encuentran las condiciones óptimas para volver a reproducirse, recolonizar y recuperar sus poblaciones previas a estos dos eventos”.</p>



<p>Al tratarse de un territorio desértico con poca disponibilidad de alimento, las ratas también están hambrientas, recuerda Zavalaga, por lo que los nidos de los pingüinos son una oportunidad para ellas. Por lo tanto, las aves podrían simplemente decidir no reproducirse e irse a otros sitios.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_259647"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/04/22183502/WhatsApp-Image-2025-04-15-at-12.28.45-1.jpeg" alt="" class="wp-image-259647" /><figcaption class="wp-element-caption">Integrantes del equipo de la Unidad de Investigación en Ecología y Conservación de Aves Marinas de la Universidad Científica del Sur y de Island Conservation. Foto: cortesía Carlos Zavalaga</figcaption></figure>



<p>“Cuando regresen los pocos pingüinos sobrevivientes y las ratas vayan al ataque,&nbsp;<strong>será un escenario apocalíptico que no está tan lejos de la realidad</strong>”, concluye el especialista. “Entonces, queremos eliminar un factor de los muchos que puede haber y que evite que las aves recolonicen las islas y puntas después de estos eventos catastróficos que ha habido”.</p>



<p><em><strong>*Imagen principal:</strong>&nbsp;un pingüino de Humboldt&nbsp;(Spheniscus humboldti)&nbsp;con su pollo:&nbsp;<strong>Foto:</strong>&nbsp;cortesía Maximiliano Daigre</em></p>



<p><em>El artículo original fue publicado por&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/by/astrid-arellano/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Astrid Arellano</em></a><em>&nbsp;en Mongabay Latam.&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/2025/04/dia-mundial-de-los-pinguinos-conservar-extraordinarias-aves-chile-argentina-peru/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Puedes revisarlo aquí.</em></a></p>



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<p></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=115230</guid>
        <pubDate>Fri, 25 Apr 2025 16:14:49 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Día Mundial de los Pingüinos: la batalla por conservar a estas extraordinarias aves en Chile, Argentina y Perú]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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        <item>
        <title>Chorlo nevado: el ave playera que lucha por sobrevivir a la sequía en el noroeste de México &amp;#124; ENTREVISTA</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/chorlo-nevado-el-ave-playera-que-lucha-por-sobrevivir-a-la-sequia-en-el-noroeste-de-mexico-entrevista/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una&nbsp;antigua salina abandonada&nbsp;es el sitio de anidación de un ave playera que se resiste a desaparecer. En el noroeste de México, la&nbsp;crítica situación de sequía&nbsp;que impacta a esta región del país está alcanzando su hábitat: la&nbsp;Bahía de Ceuta, ubicada en la costa del municipio de Elota, en la zona centro-sur del estado de Sinaloa. El [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>El chorlo nevado (Charadrius nivosus) es una pequeña y amenazada ave playera que, a pesar de la crítica sequía que afecta al noroeste de México, ha demostrado ser resiliente y sigue ocupando el espacio de una antigua salina en el estado de Sinaloa.</em></li>



<li><em>La Bahía de Ceuta, el hogar de esta ave, ha sido estudiada durante casi dos décadas. Este 2024, durante la temporada de anidación más reciente —de abril a julio—, se registraron 110 nidos, sin embargo, sólo unas 20 crías lograron sobrevivir a la deshidratación y la falta de alimento, señala el biólogo Medardo Cruz López, en entrevista con Mongabay Latam.</em></li>
</ul>



<p>Una&nbsp;<strong>antigua salina abandonada</strong>&nbsp;es el sitio de anidación de un ave playera que se resiste a desaparecer. En el noroeste de México, la&nbsp;<strong>crítica situación de sequía</strong>&nbsp;que impacta a esta región del país está alcanzando su hábitat: la&nbsp;<strong>Bahía de Ceuta</strong>, ubicada en la costa del municipio de Elota, en la zona centro-sur del estado de Sinaloa. El suelo árido del lugar que 45 años atrás funcionó para la extracción de sal, es donde las familias de&nbsp;<strong>chorlo nevado</strong>&nbsp;<em>(Charadrius nivosus)</em>&nbsp;ponen sus huevos, de los que salen pequeños polluelos de plumaje muy blanco y con motas cafés que se camuflan con la tierra seca y agrietada.</p>



<p><strong>Medardo Cruz López</strong>&nbsp;ha sido testigo de estos cambios en la zona. En casi dos décadas de trabajo en el sitio, el biólogo ha podido presenciar la degradación del hábitat de reproducción de la especie y el drástico descenso en su población. Todo ello, derivado de la escasez de lluvia, el proceso de sedimentación del sitio y el mal manejo del agua por la agroindustria. Esto ha colocado al ave como una especie&nbsp;<a href="https://dof.gob.mx/nota_detalle_popup.php?codigo=5173091">amenazada</a>&nbsp;bajo la legislación mexicana desde el 2010.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172352/dji_fly_20230610_084402_797_1686412620997_photo_optimized-1536x864-1-1024x576.jpg" alt="Vista aérea de la Bahía de Ceuta y la antigua salina, en Sinaloa, México. Foto: Medardo Cruz López
" class="wp-image-104549" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172352/dji_fly_20230610_084402_797_1686412620997_photo_optimized-1536x864-1-1024x576.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172352/dji_fly_20230610_084402_797_1686412620997_photo_optimized-1536x864-1-300x169.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172352/dji_fly_20230610_084402_797_1686412620997_photo_optimized-1536x864-1-768x432.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172352/dji_fly_20230610_084402_797_1686412620997_photo_optimized-1536x864-1.jpg 1536w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Vista aérea de la Bahía de Ceuta y la antigua salina, en Sinaloa, México. Foto: Medardo Cruz López<br><br>“Muchos de los pollos mueren por falta de agua, por deshidratación y porque no tienen alimento. El gran cambio que he observado desde el 2006 a la fecha, es la degradación del hábitat por la sedimentación y que el flujo de agua ya no es como era hace 19 años”, dice Cruz López, experto en ecología y conservación de aves playeras.Sin embargo, “es una especie que ha demostrado ser muy resiliente porque, a pesar de que las condiciones no han sido buenas en los últimos años, siguen ahí”, agrega el especialista que es integrante del programa Soluciones Costeras, un esfuerzo colaborativo del Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell y la Fundación David &amp; Lucile Packard.En Mongabay Latam conversamos con Cruz López respecto a las amenazas que enfrenta el chorlo nevado y sobre un proyecto que estudia su comportamiento, diseña acciones para mejorar su hábitat y busca garantizar el futuro de la especie en el planeta.</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Cómo es el chorlo nevado?</strong></p>



<p>—El chorlo nevado pertenece al grupo de las aves playeras. En Norteamérica, las aves playeras son el segundo grupo más amenazado y esta especie en particular ha disminuido su abundancia entre los últimos 40 y 50 años. Es un ave pequeña, quizás de entre 15 y 17 centímetros, y pesa alrededor de 35 a 43 gramos.</p>



<p><strong>Se llama así porque su plumaje es de un blanco intenso y muy brilloso.&nbsp;</strong>Es gris en la parte de las alas y la espalda, y presenta unas marcas color negro en el cuello y en la frente, lo que te ayuda a diferenciar cuáles son machos y hembras. Es una especie que encontramos principalmente en playas arenosas y le gustan las salinas abandonadas o lagos interiores, sobre todo, donde hay altas concentraciones de sal.</p>



<p><strong>—¿Qué le parece fascinante de esta especie?</strong></p>



<p>—El chorlo nevado tiene ciertas conductas que se salen de lo convencional. Ambos padres incuban los huevos, pero tienen bien marcado su tiempo: las hembras incuban prácticamente todo el día y los machos hacen cambio de turno por las noches.</p>



<p>Una vez que nacen los pollos, por lo general, las hembras abandonan a la familia. Se van y buscan otro macho para iniciar un nuevo nido —una nueva familia— y los machos se quedan a cargo del cuidado de las crías hasta que son independientes, a los 25 o 30 días.</p>



<p>Estas conductas son muy raras o peculiares, por así decirlo, y es algo que me llamó mucho la atención de la especie. Con el tiempo, entendí que las aves playeras son un grupo que suele tener este tipo de conductas y cuestiones evolutivas muy interesantes.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172501/Esperando-a-sus-hermanos_as-1536x1152-3-1024x768.jpg" alt="Pollo de chorlo nevado (Charadrius nivosus) recién nacido y esperando la eclosión de sus hermanos. Foto: Medardo Cruz López
" class="wp-image-104552" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172501/Esperando-a-sus-hermanos_as-1536x1152-3-1024x768.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172501/Esperando-a-sus-hermanos_as-1536x1152-3-300x225.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172501/Esperando-a-sus-hermanos_as-1536x1152-3-768x576.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172501/Esperando-a-sus-hermanos_as-1536x1152-3.jpg 1536w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Pollo de chorlo nevado (Charadrius nivosus) recién nacido y esperando la eclosión de sus hermanos. Foto: Medardo Cruz López<br></figcaption></figure>



<p><strong>—¿Cómo inició el proyecto con los chorlos nevados de la Bahía de Ceuta, en Sinaloa?</strong></p>



<p>Inició en el 2006, cuando&nbsp;<strong>Clemens Küpper</strong>, un estudiante de doctorado, vino del Reino Unido a trabajar en la Bahía de Ceuta. Se aventuró porque le dijeron que aquí había una población muy interesante de esa especie y en ese entonces algunos colegas estaban iniciando un estudio con ella en otras partes del mundo. Vino, le gustó y regresó en el 2007.</p>



<p>Él necesitaba asistentes de campo. En aquel momento yo estudiaba la licenciatura y, como siempre he sido un poco “metiche” —me gustaba andar por ahí, conociendo diferentes proyectos—, postulé para trabajar con él. Me llamó mucho la atención que alguien viniera desde el otro lado del mundo a estudiar esos comportamientos, para tratar de obtener datos y responder preguntas. Una amiga y yo nos quedamos en el proyecto y, desde entonces, comenzamos a trabajar en la ecología y conservación del chorlo nevado en la Bahía de Ceuta.</p>



<p><strong>—¿En qué consiste el proyecto en la actualidad?</strong></p>



<p>—Yo diría que la principal virtud del proyecto es que ha permanecido por casi 20 años. Desde el 2006 a la fecha, no hemos dejado periodos en los que no se ha estudiado. Tenemos muy bien caracterizada a la población local y tenemos toda la historia de vida de la gran mayoría de los reproductores de chorlo nevado de la Bahía de Ceuta.</p>



<p>Nos mudamos tres meses a trabajar con ellos, a darles seguimiento, a marcar a los individuos para tener datos de supervivencia a través de los años y&nbsp;<strong>hemos sido testigos de los cambios en el hábitat</strong>.</p>



<p>Nuestro trabajo inicia a las cinco de la mañana y, dependiendo de qué tan avanzada está la temporada, tenemos diferentes tareas. En un principio, lo importante es buscar los nidos, porque con eso podremos —en un periodo de dos o tres semanas— capturar a los adultos y saber quiénes son. Les ponemos una combinación de anillos de plástico de colores y cada individuo tiene una combinación única. Normalmente, se captura a los adultos para tomarles medidas de tarso, el peso, el tamaño de las alas y el pico.</p>



<p>Más avanzada la temporada, le damos seguimiento a las familias. Andamos por toda el área —que tiene unas 250 hectáreas— buscando a las familias, para saber quiénes sobreviven. Las jornadas laborales se dividen en eso: buscar nidos, capturar, buscar familias, hacer recapturas y, entre años, tenemos algunos pequeños proyectos o subproyectos que incluyen fotos a los pollos y&nbsp;<a href="https://link.springer.com/article/10.1007/s00265-024-03482-3">dónde se esconden&nbsp;</a><a href="https://link.springer.com/article/10.1007/s00265-024-03482-3">para ver temas de camuflaje</a>.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172544/HembraConAnillos-1536x2048-1-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-104553" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172544/HembraConAnillos-1536x2048-1-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172544/HembraConAnillos-1536x2048-1-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172544/HembraConAnillos-1536x2048-1-1152x1536.jpg 1152w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172544/HembraConAnillos-1536x2048-1.jpg 1536w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /><figcaption class="wp-element-caption">Hembra de chorlo nevado con anillos de identificación. Foto: Medardo Cruz López<br></figcaption></figure>



<p><strong>—¿Por qué la Bahía de Ceuta representa un ecosistema tan importante para el chorlo nevado? ¿Qué es lo que le provee a la especie?</strong></p>



<p>—La Bahía de Ceuta, por sí misma, es un sitio de importancia para la protección de las aves playeras. Forma parte de la&nbsp;<a href="https://whsrn.org/es/whsrn_sites/playa-ceuta/">Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras</a>&nbsp;(WHSRN, por sus siglas en inglés) y es un sitio de importancia regional, porque en una temporada puede llegar a tener hasta 20 000 aves de diversas especies.</p>



<p>En el caso de los chorlos nevados, la gran mayoría —quizás el 80 %— se distribuye en lo que era una antigua salina, que son unas 250 hectáreas.&nbsp;<strong>Lo que antes fue un sistema productivo o un sistema modificado por el humano, actualmente tiene muchos años abandonado y ahora les brinda las condiciones ideales.&nbsp;</strong>No es una zona muy profunda y los chorlos, al ser aves pequeñas, tienen fácil acceso a comida en los charcos, pues hay una alta abundancia de alimentos, sobre todo, cuando hay agua.&nbsp;<strong>Sin embargo, una de las problemáticas es que el agua ha escaseado.</strong></p>



<p>En algún momento, pensamos que la población de Ceuta pudo albergar el 10 % de la población a nivel de México y cerca del 1 % de la población de Norteamérica. Esto es porque tiene las condiciones y tiene alimentos, es una zona que está un poco aislada y no hay mucha gente que entre allí, eso les brinda bastante seguridad porque hay poco disturbio.</p>



<p><strong>—El proyecto lleva casi dos décadas estudiando a la especie, ¿qué diferencias hay entre el inicio y la actualidad?</strong></p>



<p>—En Ceuta, lo que hemos observado en estos casi 20 años es una degradación del hábitat y tiene mucho que ver con los procesos acelerados de sedimentación. Esto ha provocado que se cierre el canal por donde entraba el agua, que ahora se llenó de sedimentos y colonizó el mangle. Cada vez es más complicado que entre el agua a la salina, que es donde se establece la población reproductora de chorlo nevado.&nbsp;<strong>Es una amenaza muy latente</strong>.</p>



<p>Además, los estanques que se utilizaban para la obtención de sal también se han llenado de sedimentos y la profundidad es cada vez menor, porque tenemos un problema con la escasez de agua. Con el calor que hace en esta región, el agua se evapora muy rápido.</p>



<p>Las aves playeras como el chorlo nevado —comparado con otras especies de aves— tienen un ritmo reproductivo más bajo. Normalmente, un ave playera tiene entre tres y cuatro huevos por temporada, mientras que algunas aves terrestres pueden tener hasta 15.&nbsp;<strong>La supervivencia de las crías también suele ser muy baja.&nbsp;</strong>Todo eso, hasta cierto punto, les da una desventaja. Si a eso le sumas el impacto que tienen los hábitats naturales en donde ellas se distribuyen, ya sea para reproducirse o para pasar el invierno, eso le pone un poquito más de amenazas a la especie.</p>



<p><strong>—¿Qué hallazgos tuvo el equipo en la temporada de anidación más reciente?</strong></p>



<p>—Esta temporada fue un poquito rara, porque este año tuvimos una sequía extrema en la región, hubo muy poca agua. De hecho, cuando empezó la reproducción, quedaba un 5 o 10 % de zonas húmedas en lo que era la antigua salina. El agua se fue muy rápido. Entonces pensamos que iba a haber poca respuesta por parte de los reproductores, que muchos no iban a reproducirse, pero fue algo que nos sorprendió bastante. En primer lugar,&nbsp;<strong>tuvimos un muy buen número de nidos: llegamos a un poco más de 110</strong>&nbsp;en los tres meses que dura la temporada reproductiva.</p>



<p>Otra cosa que nos sorprendió, fue que<strong>&nbsp;tuvimos un buen número de crías que sobrevivieron hasta su etapa de independencia</strong>, es decir, que pudieron volar y que se pudieron mover a otros lugares para alimentarse. Creemos que esto sucedió, en parte, porque en las dos primeras semanas de mayo, hubo eventos de mucha neblina en las mañanas. Pensamos que, con esa pequeña cantidad de agua o humedad que los pollos pudieron obtener de la vegetación,&nbsp;<strong>tuvimos un buen número de crías que lograron sobrevivir a la sequía extrema</strong>.</p>



<p><strong>Llegamos, al menos, a unas 20 crías</strong>. Parece un número bajo —y lo es— pero pensamos que no iba a sobrevivir ninguno, porque la situación fue muy crítica. Otro evento que tuvimos fue una lluvia muy temprana a causa de un huracán que llegó por el Golfo de México y nos trajo un poco de agua a esta región. Eso nos dio la oportunidad de tener casi un mes más de agua, lo que hizo que repuntara el número de crías sobrevivientes.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="594" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172618/WhatsApp-Image-2024-08-16-at-5.18.38-PM-1024x594.jpeg" alt="Crías hermanas de chorlo nevado (Charadrius nivosus). Foto: Medardo Cruz López
" class="wp-image-104554" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172618/WhatsApp-Image-2024-08-16-at-5.18.38-PM-1024x594.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172618/WhatsApp-Image-2024-08-16-at-5.18.38-PM-300x174.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172618/WhatsApp-Image-2024-08-16-at-5.18.38-PM-768x446.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172618/WhatsApp-Image-2024-08-16-at-5.18.38-PM.jpeg 1215w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Crías hermanas de chorlo nevado (Charadrius nivosus). Foto: Medardo Cruz López<br>—¿Están buscando alternativas para brindar agua a los chorlos?—Sí, de hecho tenemos un par de años o más con esa idea: ¿qué pasa si nosotros les brindamos pequeñas fuentes de agua? El problema es que es complicado llevarla. No nos movemos en auto por las zonas, simplemente dejamos el vehículo en una parte y de ahí caminamos y exploramos sin usar el vehículo para evitar pisar crías y disminuir la perturbación. Este año decidimos hacer una pequeña prueba piloto con contenedores de agua, para saber si en realidad las aves los usarían o no. Usamos charolas que se utilizan para germinación, que miden unos 60 por 20 centímetros y tienen una altura de cuatro o cinco centímetros. Pusimos seis en total y, a cada una, le pusimos tres litros de agua cada tres días, para ver si las aves las utilizaban.</figcaption></figure>



<p>Desafortunadamente, no pusimos las cámaras trampa, pero cuando hicimos las búsquedas de las familias, a algunas las veíamos cerca de los contenedores con agua. Cuando nos acercamos a rellenar, les pusimos también un poco de tierra y nos dimos cuenta de que se veían huellas de chorlos. Entonces parecía que sí los estaban utilizando. Creemos que algunas crías sobrevivieron porque tomaban agua, al menos, una o dos veces en los contenedores. Los chorlos son muy territoriales y el detalle es que sólo había dos grupos de tres contenedores y había dos familias que se apoderaron de la zona y no dejaban que otros se acercaran. Eran peleas para que no llegaran a invadirles el territorio, pero nos dimos cuenta de que puede que eso funcione en un futuro.</p>



<p><strong>—¿Qué logros y retos tiene de frente el proyecto?</strong></p>



<p>—<strong>Se logró la protección del sitio el año pasado.&nbsp;</strong>En colaboración con nuestros amigos de&nbsp;<a href="https://pronatura-noroeste.org/?gad_source=1&amp;gclid=Cj0KCQjw5ea1BhC6ARIsAEOG5pxoJ8WaMZP6xWxQ14zirvBYi4rY48vXfmVcRKxy_2BuVvqKt_sd2WkaArAnEALw_wcB">Pronatura Noroeste</a>&nbsp;y el gobierno municipal de Elota —donde está la Bahía de Ceuta—, se estuvo trabajando&nbsp;<a href="https://pronatura-noroeste.org/bahia-ceuta-paso-historico-proteccion-ambiental/">para decretar el Área Natural Protegida</a>&nbsp;y ahora está por cumplir un año, en septiembre. Eso nos hizo muy felices porque ayuda mucho para conservar el hábitat no sólo del chorlo, sino de muchísimas especies que se ven por estos rumbos. Esa era una de las prioridades dentro de los retos.</p>



<p>Pero también tenemos la degradación del hábitat y por eso hay que trabajar para mejorar las condiciones para las aves playeras. Al lograrlo, también ayudará en temas de pesquerías. En un futuro cercano, queremos hacer la restauración de alguno de los estanques, para darles un poco más de profundidad y reconectar los flujos hidrológicos que se tenían antes. Ese es uno de los grandes retos.</p>



<p>El agua trae mucha vida y es más bonito ver esos sitios con agua y llenos de aves, que zonas con puro polvo que, con el viento, termina en las comunidades y provoca enfermedades. Ese también es un reto: involucrar mucho más a las comunidades, porque finalmente ellos son los usuarios, y deben tener el conocimiento de por qué es importante conservar estos sitios.</p>



<p><strong>—¿Actualmente se está trabajando en red con otros equipos que estudian al chorlito nevado en otras regiones del país?</strong></p>



<p>—¡Claro! De hecho, tenemos la&nbsp;<strong>Red de Monitoreo del Chorlito Nevado en México&nbsp;</strong>(<a href="https://whsrn.org/es/construyendo-una-red-colaborativa-para-conservar-el-chorlito-nevado-charadrius-nivosus-en-mexico/">CHORLNEV</a>), la cual tengo el honor de coordinar desde hace algunos años. Colaboramos con algunos otros amigos, de muchos años, para obtener datos, para apoyar económicamente en acciones de manejo o de conservación en otras poblaciones. Trabajar en red te facilita mucho estandarizar la toma de datos, así puedes comparar tus acciones a nivel de especie o del hábitat. Esa es la única manera de tener datos confiables e información más precisa.</p>



<p>Tenemos colaboraciones en Ensenada y San Quintín, en otras regiones de la península de Baja California, como Guerrero Negro, y en la parte del Alto Golfo, en el Delta del Río Colorado. Más abajo, en Sonora, en la Bahía Lobos. En Jalisco hay una pequeña población y en la parte centro de México, estuvimos trabajando algunos años en Texcoco. También hemos trabajado en Puebla, en Laguna del Carmen, y en los últimos tres o cuatro años, en Yucatán. Pero además colaboramos en Estados Unidos con la gente del Zoológico de San Diego, con la gente de San Francisco, Oregón, Utah y en Florida.</p>



<p>Todos tenemos un fin común que es la conservación de la especie.<strong>&nbsp;La idea es que pueda continuar en este planeta.&nbsp;</strong>Es muy bonita e interesante y no se vale que, por el desarrollo y por cosas que hacemos los humanos, estemos perdiendo la biodiversidad.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172707/dji_fly_20210523_073748_182_1669181740140_photo_optimized-1536x864-1-1024x576.jpg" alt="Taller de capacitación y estandarización de métodos de monitoreo del chorlo nevado y colocación de receptores-GPS. Foto: Medardo Cruz López
" class="wp-image-104555" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172707/dji_fly_20210523_073748_182_1669181740140_photo_optimized-1536x864-1-1024x576.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172707/dji_fly_20210523_073748_182_1669181740140_photo_optimized-1536x864-1-300x169.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172707/dji_fly_20210523_073748_182_1669181740140_photo_optimized-1536x864-1-768x432.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/16172707/dji_fly_20210523_073748_182_1669181740140_photo_optimized-1536x864-1.jpg 1536w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Taller de capacitación y estandarización de métodos de monitoreo del chorlo nevado y colocación de receptores-GPS. Foto: Medardo Cruz López<br>—Ante un panorama tan adverso respecto a la sequía en México, ¿qué esperanza tiene respecto al futuro del chorlo nevado?—En la región noroeste de México tenemos una problemática con las sequías extremas, sin embargo, las aves y los chorlos nevados nos han enseñado que son muy resilientes. Ellos están allí, luchando por permanecer. Es un poco preocupante, sobre todo, por el mal manejo que se le da al agua.Vivo en Mazatlán, en donde la gente lava las banquetas con el chorro de agua de la manguera. Hay una inconsciencia de la gente que no sabe lo que cuesta potabilizar y poner esa agua en sus puertas, mientras que hay otros organismos de la vida silvestre que batallan con la escasez del agua. En Sinaloa, el tema del riego para la agricultura —de la que vivimos prácticamente— es muy malo y no han avanzado, es mucha el agua que se desperdicia y no se aprovecha realmente en los cultivos.Es un panorama que sí nos preocupa y lo que estamos tratando de hacer son pequeñas acciones para revertir lo que está pasando y ayudar un poco a la fauna y flora de esta región. El chorlo nevado es el pretexto, es la especie sombrilla para proteger a muchas más especies y su hábitat.Debemos ser un poco más empáticos, menos depredadores con los organismos y entender que cuidar a la naturaleza nos beneficia a todos.</figcaption></figure>



<p><em><strong>*Imagen principal:</strong>&nbsp;Cría de chorlo nevado (Charadrius nivosus) con su anillo de identificación.&nbsp;<strong>Foto:</strong>&nbsp;Luke Eberhart-Hertel</em></p>



<p><em>El artículo original fue publicado por&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/by/astrid-arellano/"><em>Astrid Arellano</em></a><em>&nbsp;en&nbsp;Mongabay Latam.&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/2024/08/chorlo-nevado-ave-playera-que-lucha-por-sobrevivir-sequia-mexico-entrevista/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Puedes revisarlo aquí.</em></a></p>



<p><em>Si quieres leer más sobre&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/list/pueblos-indigenas/"><em>pueblos indígenas&nbsp;</em></a><em>en Latinoamérica, puedes revisar&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/list/pueblos-indigenas/"><em>nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/"><em>Twitter</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/"><em>Instagram</em></a><em>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Medio ambiente</category>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=104548</guid>
        <pubDate>Fri, 16 Aug 2024 22:28:57 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Elizabeth Kerr: la fascinante y poco conocida historia de la científica que recolectó más de 500 aves en Colombia a inicios del siglo XX</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/elizabeth-kerr-la-fascinante-poco-conocida-historia-la-cientifica-recolecto-mas-500-aves-colombia-inicios-del-siglo-xx/</link>
        <description><![CDATA[<p>Mientras investigaban para una expedición, un equipo de científicas colombianas encontró información sobre la señora Kerr, una norteamericana que a principios de 1900 recorrió el Valle de Magdalena y el Chocó en busca de la avifauna colombiana. Las investigaciones sobre Kerr indican que esta exploradora, considerada la primera ornitóloga en Colombia, estuvo en ese país [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<div class="bulletpoints">
<ul>
<li><em>Mientras investigaban para una expedición, un equipo de científicas colombianas encontró información sobre la señora Kerr, una norteamericana que a principios de 1900 recorrió el Valle de Magdalena y el Chocó en busca de la avifauna colombiana.</em></li>
<li><em>Las investigaciones sobre Kerr indican que esta exploradora, considerada la primera ornitóloga en Colombia, estuvo en ese país entre los años 1906 y 1912.</em></li>
</ul>
</div>
<p>El nombre de <strong>Mrs Kerr —señora Kerr—</strong> aparecía apenas como una referencia en el libro <em>La distribución de la avifauna en Colombia: una contribución a un estudio biológico de América del Sur</em>, escrito por Frank Chapman en 1917. Específicamente, en una breve descripción de las “colectas auxiliares” de aves que se habían hecho en Colombia a principios del siglo XX.</p>
<p>Este trabajo científico buscaba entonces sumar especies a las investigaciones que hacía Chapman, como líder de las expediciones promovidas por el Museo Americano de Historia Natural, para estudiar la biodiversidad de Colombia.</p>
<figure id="attachment_241397" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-241397 size-full" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140340/4_Team-in-tent-lab-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores.jpg" sizes="auto, (max-width: 2048px) 100vw, 2048px" srcset="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140340/4_Team-in-tent-lab-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores.jpg 2048w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140340/4_Team-in-tent-lab-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-768x512.jpg 768w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140340/4_Team-in-tent-lab-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-1200x800.jpg 1200w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140340/4_Team-in-tent-lab-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-1536x1024.jpg 1536w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140340/4_Team-in-tent-lab-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-610x407.jpg 610w" alt="" width="2048" height="1365" /><figcaption class="wp-caption-text">Trabajo en el laboratorio. En la foto Jessica Díaz, Juliana Soto, Natalia Ocampo-Peñuela, Estefanía Guzmán, Daniela García. Foto: Memo Gómez.</figcaption></figure>
<p>“Fue la eureka histórica encontrar esta inicial de ‘Mrs’, pues nos indicaba que era una mujer”, dice la ornitóloga Juliana Soto, científica del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt y estudiante de doctorado en la Universidad de Illinois, en Urbana-Champaign, Estados Unidos. Soto recuerda que encontró ese dato mientras revisaba el libro de Chapman durante la preparación de una expedición al Valle de Magdalena, como parte de los cinco recorridos programados a los lugares visitados hace 110 años por los expedicionarios del  Museo Americano de Historia Natural.</p>
<p>Este hallazgo llevó al equipo de mujeres del proyecto <strong><em>Expediciones BIO Alas, cantos y colores</em> </strong>—iniciativa del Instituto Alexander von Humboldt y del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia— a buscar información sobre aquella mujer que tan solo figuraba con su apellido en un documento escrito por un naturalista un siglo atrás.</p>
<p>Lo que encontraron fue la historia de la primera mujer que viajó por Colombia colectando aves y mamíferos. “Como teníamos programada esta expedición, vimos que era una gran oportunidad para saber más de su trabajo. Así encontramos un lugar que ella potencialmente habría recorrido y organizamos la expedición para estudiar las aves, pero también rescatar la memoria de esta mujer cuya historia había estado escondida entre los libros”, cuenta Soto.</p>
<figure id="attachment_241395" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-241395 size-full" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140329/7_Sooty-ant-tanager-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores.jpg" sizes="auto, (max-width: 1504px) 100vw, 1504px" srcset="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140329/7_Sooty-ant-tanager-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores.jpg 1504w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140329/7_Sooty-ant-tanager-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-768x708.jpg 768w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140329/7_Sooty-ant-tanager-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-610x562.jpg 610w" alt="" width="1504" height="1386" /><figcaption class="wp-caption-text">En la imagen <em>Sooty ant tanager</em> llamada comúnmente piranga hormiguera sombría. Foto: Natalia Ocampo-Peñuela.</figcaption></figure>
<p>El resultado ha sido una expedición en Tolima, integrada por cinco mujeres ornitólogas, quienes además acaban de publicar <strong><em>El otrora legado invisible de Elizabeth L. Kerr, naturalista de principios del siglo XX, y sus aportes a la ornitología colombiana</em>,</strong> una investigación científica que cuenta la historia de Kerr y del recorrido que realizaron las cinco científicas en el año 2020.</p>
<p><strong>Lee más |</strong> <a href="https://es.mongabay.com/2023/04/conferencia-del-agua-de-la-onu-latinoamerica/" data-wpel-link="internal">Latinoamérica en la Conferencia del agua de la ONU: ¿Qué promesas asumieron los países y qué temas quedaron pendientes?</a></p>
<h3>Una pionera de la ornitología en Colombia</h3>
<p>En el libro de Chapman se contaba que en 1908 el Museo Americano había comprado de una mujer americana, la señora Elizabeth Kerr, 194 aves que ella había colectado en Colombia, al oeste de Honda, en el Valle de Magdalena y en las laderas orientales de los Andes Centrales, a una altitud de 3000 pies (914.4 metros).</p>
<p>El documento también menciona que “posteriormente la señora Kerr fue comisionada para colectar especímenes en el Valle de Atrato y las 200 aves colectadas por ella y catalogadas de acuerdo a los lugares que visitó, son las únicas recolectadas de esta región, excepto aquellas que fueron colectadas por Miller y Boyle en Dabeiba y Alto Bonito”. Los detalles contados en el libro de Chapman fueron solo el inicio de una serie de descubrimientos que las investigadoras colombianas hicieron sobre Kerr.</p>
<figure id="attachment_241404" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-241404 size-full" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140545/2_Team-birding-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores.jpg" sizes="auto, (max-width: 2000px) 100vw, 2000px" srcset="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140545/2_Team-birding-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores.jpg 2000w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140545/2_Team-birding-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-768x576.jpg 768w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140545/2_Team-birding-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-1536x1152.jpg 1536w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140545/2_Team-birding-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-610x458.jpg 610w" alt="" width="2000" height="1500" /><figcaption class="wp-caption-text">El equipo de ornitólogas en pleno trabajo de observación de aves. Foto: Natalia Ocampo-Peñuela.</figcaption></figure>
<p><strong>“Ella no fue parte de una expedición sino que andaba sola, era una recolectora <em>freelance</em> de aves que luego vendía.</strong> Es impresionante que una mujer, a inicios de 1900, viajara sola en la selva, pues, además, los lugares que ella visitó son, incluso hoy en día, de difícil acceso”, cuenta Natalia Ocampo-Peñuela, investigadora del Instituto Humboldt; profesora de la Universidad de California, en Santa Cruz, Estados Unidos y líder del proyecto <em>Expediciones BIO Alas, cantos y colores</em>.</p>
<p>Soto, Ocampo y el equipo de mujeres involucradas en el proyecto, se embarcaron en una búsqueda de información para conocer a esa mujer que en entre 1906 y 1912 —según los datos encontrados— se internaba en la selva de Colombia con un rifle al hombro, algo de comer, una carpa y algunos otros utensilios para sobrevivir sola en el “paraíso de los naturalistas”, como llamó a Colombia en un artículo autobiográfico que escribió en 1912 en Collier’s Magazine. “Tal abundancia de formas animales no he encontrado en ningún otro lugar”, sentencia Kerr en el artículo autobiográfico <em>Una mujer naturalista: un relato personal del trabajo y la aventura de una mujer coleccionista en el desierto de la América tropical</em>.</p>
<p>“Una mujer debe tener dos cualidades para ser una naturalista exitosa. Debe amar la naturaleza y no debe tener miedo”, escribe Kerr al empezar su artículo, como una descripción de su valentía al recorrer sola los bosques tropicales de Colombia.</p>
<p>La búsqueda de información llevó a las investigadoras a encontrar otros documentos que han dado alguna información sobre esta pionera cuyo legado y aportes a la <strong>ornitología y la mastozoología permanecieron prácticamente ocultos durante más de un siglo.</strong></p>
<p>“Desde el Museo Americano nos mandaron las fotos de los especímenes que recolectó Elizabeth Kerr y en la correspondencia de Frank Chapman encontraron un set de cartas enviadas entre Kerr y Chapman. Fue emocionante ver las cartas escritas a mano por Kerr, y leer sobre esta enigmática persona”, agrega Ocampo-Peñuela.</p>
<figure id="attachment_241414" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-241414 size-full" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173809/14_Lanscape-locality-expedition_Natalia-Ocampo.jpg" sizes="auto, (max-width: 2000px) 100vw, 2000px" srcset="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173809/14_Lanscape-locality-expedition_Natalia-Ocampo.jpg 2000w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173809/14_Lanscape-locality-expedition_Natalia-Ocampo-768x576.jpg 768w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173809/14_Lanscape-locality-expedition_Natalia-Ocampo-1536x1152.jpg 1536w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173809/14_Lanscape-locality-expedition_Natalia-Ocampo-610x458.jpg 610w" alt="" width="2000" height="1500" /><figcaption class="wp-caption-text">Paisaje en el Valle del Magdalena, donde se realizó la expedición. Foto: Natalia Ocampo-Peñuela.</figcaption></figure>
<p>Historias de cómo pasaba las noches subida en un árbol en “compañía de monos” debido a la presencia cercana de alguna “bestia salvaje”; de cómo viajaba desde Cartagena, donde tenía una casa, hasta su cabaña junto al río Atrato para quedarse semanas buscando aves en este lugar, son parte del artículo que escribió para la revista Colliers. En este artículo también se puede leer una descripción detallada de la “especie más rara y más difícil de cazar que encontró en Colombia”: el jabiru (<em>Mycteria Americana</em>). Además, describe los planes que tenía de hacer una expedición por la Costa del Pacífico hacia la zona de San Blas, donde “ningún hombre blanco ha entrado jamás”.</p>
<p>“Cuando leía esos documentos, sobre todo el artículo autobiográfico en esta revista, me emocioné porque describe todo muy bonito. Creo que el mundo, por mucho tiempo, negó la posibilidad de este tipo de percepciones de las mujeres, no solo las capacidades técnicas y profesionales que podamos tener, sino también la sensibilidad de interpretar y ver el mundo que es, creo, único y diferente al de los hombres”, dice Juliana Soto cuando habla del artículo de Kerr y las cartas a Chapman.</p>
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<h3>Siguiendo los caminos de Kerr</h3>
<p>Según las investigaciones de las científicas colombianas descritas en el documento académico que acaba de ser publicado, Kerr estuvo durante dos periodos capturando aves y mamíferos en Colombia, además que colectó algunas especies en México y Costa Rica.</p>
<p><strong>Durante la primera etapa, entre 1906 y 1907, la norteamericana recorrió el Valle del Magdalena y los Andes Centrales cerca de Tolima.</strong> “La mayoría de los especímenes están etiquetados como provenientes del Tolima (departamento en Colombia), y Honda (pueblo del Tolima), o Valle de Magdalena (ecorregión). Unos pocos especímenes comparten la localidad 20 millas al oeste de Honda”, se menciona en el paper que publicaron las ocho científicas del proyecto Expediciones BIO Alas, cantos y colores .</p>
<figure id="attachment_241405" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-241405" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06145036/El-legado-de-Elizabeth-Kerr.png" alt="" width="607" height="493" /><figcaption class="wp-caption-text">En la imagen se muestra las localidades de recolección de aves y los especímenes colectados y descritos por Kerr alojados en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, EE. UU. Fotos: P. Sweet / AMNH.</figcaption></figure>
<p>Además de los 194 especímenes adquiridos por Chapman, en la base de datos del Museo Americano se encuentran 280 ejemplares recogidos por Kerr en esta zona, que corresponden a 128 especies.</p>
<p>Y ha sido esta misma zona la que recorrieron cinco científicas colombianas en el 2020, un equipo conformado solo por mujeres para recordar y en cierta forma rendir homenaje a la expedicionaria norteamericana que sin tener formación científica ni ser una naturalista entrenada se atrevió a desafiar los cánones de su época. Se trata de una historia fascinante que se escribió en un tiempo en el que a las mujeres no se les permitía participar de las actividades científicas ni de muchas otras actividades consideradas solo para hombres.</p>
<p>“Lo que más nos impresiona es el coraje de esta mujer, la valentía de ir sin miedo a estas selvas y quedarse sola durante días y semanas en estos bosques. Impresionante, porque además en ese tiempo no había hombres que hicieran lo mismo, pues siempre iban en equipo”, señala Ocampo-Peñuela, líder de la expedición de las cinco científicas del Instituto Humboldt, de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad del Tolima.</p>
<p>Para Ocampo-Peñuela, quien en el momento de la expedición tenía siete meses de embarazo, “fue una experiencia fascinante” integrar una expedición formada solo por mujeres, en la que “todo funcionaba como un reloj”. La ornitóloga del Instituto Humboldt comenta que las expediciones científicas siempre son mixtas o está integrada por una mujer rodeada de muchos hombres, por lo tanto, esta experiencia ha sido muy gratificante, sobre todo —dice Ocampo-Peñuela— por las mujeres más jóvenes que participaron del viaje.</p>
<figure id="attachment_241402" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-241402 size-full" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140532/3_Team-in-field-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-1.jpg" sizes="auto, (max-width: 1365px) 100vw, 1365px" srcset="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140532/3_Team-in-field-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-1.jpg 1365w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140532/3_Team-in-field-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-1-768x1152.jpg 768w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140532/3_Team-in-field-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-1-1024x1536.jpg 1024w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06140532/3_Team-in-field-Proyecto-Expediciones-BIO-Alas-cantos-y-colores-1-610x915.jpg 610w" alt="" width="1365" height="2048" /><figcaption class="wp-caption-text">Juliana Soto-Patiño y Jessica Díaz recorriendo los bosques del Valle del Magdalena. Foto: Memo Gómez.</figcaption></figure>
<p>Para la expedición al Valle del Magdalena, el equipo de 12 integrantes, en su mayoría mujeres, se dividió en dos grupos. Uno de ellos visitó el lugar al que originalmente viajó Chapman. El otro equipo, formado por cinco mujeres, se dirigió a la localidad que recorrió Elizabeth Kerr. “Estuvimos cuatro días en una finca donde la gente nos acogió con mucho cariño y mucha ayuda. Fue muy bonito el hecho de reconocer las capacidades que como mujeres tenemos en la ciencia y en el trabajo de campo”, comenta Soto.</p>
<p>La segunda ruta de Kerr fue por el Pacífico Norte de Colombia, zona que carecía de representación en la colección del Museo Americano de Historia Natural, razón por la que Chapman le encomendó esa tarea a Kerr. Fue en este viaje que exploró el valle del río Atrato y colectó aves y mamíferos de varias localidades de los departamentos de Bolívar, Córdoba, Magdalena y Chocó.</p>
<p><strong>La mayoría de los especímenes datan de 1912, pero alrededor de 70 están fechadas entre 1909 y 1911.</strong> Chapman informa sobre 200 especímenes, pero la base de datos del museo tiene alrededor de 400 individuos de unas 200 especies. “Las exploraciones de Kerr de las dos regiones en Colombia, y en particular los especímenes obtenidos del Chocó, siguen siendo de las pocas investigaciones sobre la avifauna de este remoto e inaccesible territorio increíblemente diverso”, se indica en la investigación sobre la vida y el trabajo de la naturalista norteamericana.</p>
<p>No se debe dudar de las habilidades de tiro de Kerr —dice en la investigación académica publicada recientemente. Sus especímenes incluyen una miríada de especies que son difíciles de observar y fotografiar. “Sus colecciones incluyen tinamús, aves rapaces, tucanes, hormigueros e incluso el escurridizo y enigmático cuco terrestre de vientre rufo (<em>Neomorphus geoffroyi</em>), que tiene muy pocas observaciones en Colombia”, menciona el documento.</p>
<figure id="attachment_241419" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-241419 size-full" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173835/19_Coccycua-minuta_Natalia-Ocampo.jpg" sizes="auto, (max-width: 2098px) 100vw, 2098px" srcset="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173835/19_Coccycua-minuta_Natalia-Ocampo.jpg 2098w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173835/19_Coccycua-minuta_Natalia-Ocampo-768x614.jpg 768w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173835/19_Coccycua-minuta_Natalia-Ocampo-1536x1229.jpg 1536w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173835/19_Coccycua-minuta_Natalia-Ocampo-2048x1638.jpg 2048w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173835/19_Coccycua-minuta_Natalia-Ocampo-610x488.jpg 610w" alt="" width="2098" height="1678" /><figcaption class="wp-caption-text">Coccycua minuta o cuco ardilla menor, otro de los especímenes colectados en el Valle del Magdalena. Foto: Natalia Ocampo-Peñuela.</figcaption></figure>
<p>Para Soto, los recorridos que hizo Kerr por las dos regiones de Colombia —el Valle del Magdalena y el Pacífico Norte—  fueron parte  del “rompecabezas” que inició Chapman con las expediciones organizadas por el Museo Americano. “Me gusta considerarlo como un rompecabezas que se logró armar con muchas piezas, algunas fueron las expediciones de Chapman, pero además, y aquí me gusta hacer la analogía de lo que significaron las piezas de Kerr, porque pueden haber sido solo unas fichas pero si lo vemos a nivel geográfico, ella aportó con dos regiones que, en términos de biodiversidad, son muy importantes, sobre todo la región del Pacífico Norte que en ese momento, y aún hoy, son selvas prístinas de acceso complejo”.</p>
<p>Y es justamente esta segunda ruta de Kerr el siguiente proyecto de las investigadores del Instituto Humboldt, quienes no solo van en busca de la avifauna colombiana, sino que también quieren seguir abriendo las puertas para que más mujeres se dediquen a la ciencia y para que se continúe desterrando las limitaciones que incluso ahora, en pleno siglo XXI, se imponen a muchas mujeres científicas.</p>
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<h3>El legado de Kerr</h3>
<p>“El Valle del Magdalena ha representado mucho en mi carrera desde que empecé a estudiar biología, porque mis primeras aproximaciones al trabajo con las aves se dieron en esta zona. Todo mi aprendizaje como bióloga y ornitóloga empezó aquí”, dice Estefanía Guzmán-Moreno, ornitóloga de la Universidad del Tolima, que integró el equipo de las cinco científicas de la expedición por la ruta de Kerr.</p>
<figure id="attachment_241411" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-241411 size-full" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173754/11_Transport-towards-forest-site_Natalia-Ocampo.jpeg" sizes="auto, (max-width: 1280px) 100vw, 1280px" srcset="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173754/11_Transport-towards-forest-site_Natalia-Ocampo.jpeg 1280w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173754/11_Transport-towards-forest-site_Natalia-Ocampo-768x576.jpeg 768w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173754/11_Transport-towards-forest-site_Natalia-Ocampo-610x458.jpeg 610w" alt="" width="1280" height="960" /><figcaption class="wp-caption-text">Transporte a través del bosque. En la foto Juliana Soto, Jessica Díaz y Memo Gómez. Fotografía: Natalia Ocampo-Peñuela.</figcaption></figure>
<p>En las cinco expediciones del proyecto <em>BIO Alas, cantos y colores</em> participaron jóvenes científicas de los lugares que iban a recorrer. En el caso del Valle de Magdalena, en el que se dirigieron a la localidad de Honda, en Tolima, donde Kerr estuvo hace más de cien años, Guzmán-Moreno acompañó la expedición.</p>
<p>“Para mí fue una sorpresa saber que Elizabeth [Kerr] estuvo aquí hace más de cien años y que además fue una de las personas que más especímenes ha colectado en el departamento de Tolima”, agrega la joven ornitóloga. Era increíble imaginarme cómo eran los bosques en ese momento —dice Guzmán-Moreno— pues ahora son bosques bastante intervenidos por diferentes actividades humanas.</p>
<p>Siempre hemos querido enviar mensajes para destacar el trabajo de la mujer en la ciencia —comenta Soto— sobre todo para que las jóvenes y niñas tengan referentes que nosotras no hemos tenido.  En la época en la que vivió Kerr —agrega— las condiciones sociales definían los roles de las mujeres como amas de casa e incluso no tenían el derecho al voto. Sin embargo, así como sucedió con Elizabeth Kerr, hay otros ejemplos de mujeres que empezaron de muchas maneras a romper con esos estereotipos. “Sin duda era muy difícil que las mujeres fueran aceptadas socialmente en este tipo de actividades, pero poco a poco se fueron abriendo caminos para que nosotras pudiéramos dedicarnos a estas profesiones”.</p>
<p>Natalia Ocampo-Peñuela agrega que cuando descubrieron la historia de Kerr lo primero que pensó fue que debía ser contada para que otras mujeres en la ornitología tuvieran también la misma inspiración de una mujer recolectando aves en tiempos en los que a las mujeres no se les permitía participar en esas actividades científicas. <strong>“Era darle a las niñas y mujeres que vienen detrás de nosotros ese modelo a seguir que nosotras no tuvimos”.</strong></p>
<figure id="attachment_241418" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-241418 size-full" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173829/18_Momotus-aequatorialis-and-bird-guide_Natalia-Ocampo.jpg" sizes="auto, (max-width: 2000px) 100vw, 2000px" srcset="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173829/18_Momotus-aequatorialis-and-bird-guide_Natalia-Ocampo.jpg 2000w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173829/18_Momotus-aequatorialis-and-bird-guide_Natalia-Ocampo-768x576.jpg 768w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173829/18_Momotus-aequatorialis-and-bird-guide_Natalia-Ocampo-1536x1152.jpg 1536w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173829/18_Momotus-aequatorialis-and-bird-guide_Natalia-Ocampo-610x458.jpg 610w" alt="" width="2000" height="1500" /><figcaption class="wp-caption-text">Un especimen de <em>Stilpnia cyanicollis</em>, conocida como tangara cabeciazul​. Foto: Natalia Ocampo-Peñuela.</figcaption></figure>
<p>Ocampo-Peñuela menciona que aún existe el sexismo como parte del sistema, y que las mujeres aún tienen que luchar para ser reconocidas por sus logros. “Todavía hay mucho en el sistema que se debe cambiar para que las mujeres se sientan bienvenidas en un sistema académico científico y que no sientan como que no forman parte en las mismas condiciones que los hombres”. Incluso menciona que alguna vez a ella le dijeron que debía dedicarse a otra actividad.</p>
<p>Sin embargo, dice Ocampo, está en aumento la cantidad de mujeres que se dedican a carreras como biología o ecología. “Todavía nos falta algunas décadas para que las mujeres lleguemos a posiciones de liderazgo de forma equitativa con los hombres, pero cada vez estamos entrenando y apoyando más mujeres. Veo que vamos en una trayectoria positiva y creo que las niñas ahora están mucho más inspiradas en estudiar carreras de ciencia”.</p>
<p>El paisaje que vio Kerr hace más de cien años ha cambiado en Colombia, dice Ocampo-Peñuela, muchas de las especies que recolectó ya no están, hay deforestación y los bosques que describe Kerr en el Valle del Magdalena ahora son zonas agrícolas. Sin embargo, durante la expedición por los caminos de la norteamericana, las científicas colombianas recolectaron 89 especies y 26 de ellas eran las mismas que recolectó Kerr en 1907.</p>
<figure id="attachment_241408" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-241408 size-full" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173738/8_Lab-working-at-night_Juliana-Soto.jpg" sizes="auto, (max-width: 1500px) 100vw, 1500px" srcset="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173738/8_Lab-working-at-night_Juliana-Soto.jpg 1500w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173738/8_Lab-working-at-night_Juliana-Soto-768x1024.jpg 768w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173738/8_Lab-working-at-night_Juliana-Soto-1152x1536.jpg 1152w, https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/04/06173738/8_Lab-working-at-night_Juliana-Soto-610x813.jpg 610w" alt="" width="1500" height="2000" /><figcaption class="wp-caption-text">Trabajo de laboratorio en el campo. De izquierda a derecha: Natalia Ocampo-Peñuela, Estefanía Guzmán, Juan Pablo Bueno, Laura Gómez, Jessica Díaz, Daniela García. Fotografía: Juliana Soto.</figcaption></figure>
<p>“Hay muchas fincas, muchas casas y sobre todo mucha agricultura. El paisaje ha cambiado bastante, sin embargo, en esa pequeña expedición encontramos una ave endémica de Colombia y tres de distribución restringida. Aunque ha cambiado mucho el paisaje todavía en esos relictos de bosque quedan algunas especies importantes para la conservación”, menciona Ocampo.</p>
<p>El último registro que encontraron de Elizabeth Kerr fue una carta de Chapman enviada en mayo de 1913. Lo qué pasó con ella después se desconoce, pero las investigadoras colombianas están decididas a seguir indagando sobre esta mujer considerada la primera ornitóloga en Colombia, además de buscar a otras pioneras que quizás permanezcan incógnitas o apenas mencionadas en medio de cientos de páginas de investigación científica escritas por hombres.</p>
<p><em><strong>Imagen principal</strong>: El equipo del proyecto Expediciones BIO Alas cantos y colores. <strong>Foto:</strong> Instituto Humboldt.</em></p>
<p class="story-contents__font-paragraph "><i>El artículo original fue publicado por </i><a href="https://es.mongabay.com/by/yvette-sierra-praeli/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><i>Yvette Sierra Praeli</i></a><i> en Mongabay Latam. </i><a href="https://es.mongabay.com/2023/04/elizabeth-kerr-primera-ornitologa-en-colombia/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><i>Puedes revisarlo aquí.</i></a></p>
<p class="story-contents__font-paragraph "><i>Si quieres leer más sobre </i><a href="https://es.mongabay.com/list/pueblos-indigenas/"><i>pueblos indígenas </i></a><i>en Latinoamérica, puedes revisar </i><a href="https://es.mongabay.com/list/pueblos-indigenas/"><i>nuestra colección de artículos.</i></a><i> Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam, </i><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/"><i>puedes suscribirte al boletín aquí</i></a><i> o seguirnos en </i><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/"><i>Facebook</i></a><i>, </i><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/"><i>Twitter</i></a><i>, </i><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/"><i>Instagram</i></a><i> y </i><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/"><i>Youtube</i></a><i>.</i></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94236</guid>
        <pubDate>Tue, 18 Apr 2023 18:32:56 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Elizabeth Kerr: la fascinante y poco conocida historia de la científica que recolectó más de 500 aves en Colombia a inicios del siglo XX]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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