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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Australia | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Las Suffragette</title>
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        <description><![CDATA[<p>Las mujeres no eran dignas de ocupar altos puestos políticos, y ni siquiera resultaban idóneas para apoyar alguna ideología o un candidato desde las urnas. Era así como se pensó desde siempre, tratándosele a la mujer finalmente como a una incapaz. Algunos avances y progresos se habían obtenido en el siglo XIX, como el derecho [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Las mujeres no eran dignas de ocupar altos puestos políticos, y ni siquiera resultaban idóneas para apoyar alguna ideología o un candidato desde las urnas. Era así como se pensó desde siempre, tratándosele a la mujer finalmente como a una incapaz. Algunos avances y progresos se habían obtenido en el siglo XIX, como el derecho a que las mujeres casadas dispusieran por sí mismas de sus propios bienes sin la intervención de ningún tutor, y así también el derecho de participar con su voto en elecciones de poca importancia y a poder ser miembros de consejos escolares.</p>
<p>Ya para 1876 Hubert Auclert pretendió incluir a las mujeres para que estas pudieran votar y ser votadas, para lo cual creó The Rights of Women, y que para 1883 sería rebautizada como Women’s Suffrage Society. Y años más tarde, ad portas de culminar el siglo, Millicent Fawcett intentaría impulsar la propuesta del sufragio, para lo cual fundó la Unión Nacional de Sociedades de Sufragio Femenino (NUWSS).</p>
<p>Fawcett argumentaba de forma lógica y convincente, cuestionando cómo era posible que las mujeres tenían que acatar leyes que nunca tuvieron la oportunidad de crear y ni siquiera cuestionar. La idea quería presentarse de manera dialogada y pacífica, pero no tan pacífica sería la propuesta activista y desafiante de Emmeline Pankhurst, quien junto a sus hijas Sylvia y Christabel fundaría desde Inglaterra un movimiento más radical, conocido como la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU).</p>
<p>El WSPU surge como una división al interior del partido de Fawcett, cuando muchas descontentas se cansaron de reuniones y redacciones de misivas, para volcarse a las calles y hacer una presencia pública que en algunos casos llegaría a ser un actuar desmedido y extremo. Surgen así las <em>Suffragette, </em>que es como se les conocería a las mujeres que conformaban esta sociedad un poco más extremista, y quienes estaban decididas a combatir por sus ideales y así tuvieran que poner por el frente su propio pellejo.</p>
<p>Estaba claro que la pelea era la misma, pero la diferencia radicó en la manera de encararla. El método de las <em>Suffragette </em>era, por no decir más, de armas tomar. Habían dejado las manifestaciones pasivas para convertirse en un grupo cada vez más numeroso de mujeres comprometidas con generar un impacto mucho más contundente y así hacerse escuchar. Y la sociedad muy pronto tuvo que hacerles caso y reparar en ellas, toda vez que empezaron las primeras infracciones severas de la ley.</p>
<p>En 1905 dos <em>Suffragettes </em>serían multadas por emitir improperios durante un debate político del Partido Liberal, prefiriendo ser llevadas a prisión antes que tener que pagar la multa. Este gesto que dejaba en ridículo a las autoridades generó simpatía en muchas personas que ya empezaban a congeniar con las estrategias de las <em>Suffragettes</em>, y quienes tenían por lema: <em>“Deeds, not words!” </em>(“Hechos, no palabras”).</p>
<p>A partir de ese momento se hicieron comunes los encarcelamientos, y en un periodo de ocho años más de un millar de mujeres tuvieron su paso por las cárceles inglesas después de haber roto con las leyes, desobedecido normas sociales, y sobre todo por haber participado de revueltas incendiarias y varias conductas vandálicas. En 1906 el <em>Daily Mail </em>acuñó el término de <em>Suffragettes </em>para diferenciarlas del movimiento pacífico que lideraba Emmeline Pankhurst.</p>
<p>Para 1913 los hombres, es decir, quienes decidían por todos, entendieron que ya era demasiado con tanta huelga de hambre, y principalmente porque muchas de estas mujeres estaban empezando a correr riesgos letales al abstenerse de ingerir alimentos. En vano fue tratar de obligarlas a que probaran bocado, y fue entonces cuando se les ocurrió crear una ley en donde el sistema se deshiciera de su responsabilidad de cuidar por la salud de estas detenidas, y ante los primeros síntomas de desnutrición las condenadas serían puestas en libertad, para que una vez recuperadas de su salud tuvieran que ser devueltas a las cárceles. A esta ley un tanto tramposa se le conocería de varias formas, siendo más conocida popularmente como la <em>Ley del gato y el ratón.</em></p>
<p>Un episodio fatídico representó el punto máximo de las medidas extremistas que las <em>Suffragette </em>estuvieron dispuesta a asumir. Sucedió en 1913 durante una corrida de caballos en la que participaba el equino del rey George V, y a Emily Davison no se le ocurrió una mejor manera de protestar, que atravesándosele en el camino a una bestia de doscientos kilos que corría precipitada a más de ochenta kilómetros por hora, queriendo de esta forma tal vez detener su marcha, pero de cualquier forma estropear la carrera del caballo real. Emily moriría a causa de la embestida.</p>
<p>En el marco de la Gran Guerra hubo una especie de tregua, como un alto al fuego, ya que los intereses nacionales se consideraron superiores a otras causas, y la mujer parece que tendría que asumir un destino en pro del país, de la misma forma como los hombres enfrentarían la guerra convirtiéndose en soldados. Fue así como ambos movimientos decidieron dejar de lado estas protestas y reclamos, que de cualquier forma parecían asuntos internos frente a las amenazas nacionales, y las mujeres tendrían que ocuparse de algunas labores agrícolas que desde siempre estuvieron a cargo de los hombres, y muchas volcarse al trabajo en las fábricas que producían toda clase de material bélico, para de esta forma poder mantener el sustento económico nacional.</p>
<p>En 1915 se destacó la labor de las <em>Suffragette </em>cuando dos de ellas, enfermeras de profesión, sirvieron como fundadoras de lo que terminó siendo el Endell Street Military Hospital, ubicado de manera improvisado en una antigua nave industrial cerca al distrito céntrico londinense de Covent Garden, y en donde un grupo notorio de desinteresadas sufragistas preparadas en medicina prestarían su ayuda a soldados y militares heridos. El hospital llegó a contar con casi 600 camas, y dicha labor conseguiría no solo que muchas personas miraran de otra manera a las hasta entonces agitadoras <em>Suffragette, </em>sino además que acabada la guerra, y dado sus logros en Francia, la War Office les ofreció a varias doctoras retornar al Reino Unido para montar un hospital que hiciera parte del cuerpo médico del Ejército Británico, el Royal Army Medical Corps (RAMC).</p>
<p>Una vez terminada la guerra, la Representation of the People Act fijaría la edad de los 21 años para que el varón pudiera votar, y permitió un primer paso respecto al voto femenino, dándole la posibilidad a las mujeres mayores de 30 años que fueran propietarias de algún predio estimado en cierto valor, o que contaran con algún título académico, para que estas pudieran presentarse en las urnas. Un escaño más lo consiguieron en 1928 cuando se le concedió el derecho al sufragio a las mujeres mayores de 21 años que hubieran participado activamente durante la Primera Guerra Mundial.</p>
<p>Algunos consideran que la presencia y el actuar de las <em>Suffragette </em>podría haber sido contraproducente y que incluso llevó a retrasar el proceso. Sea como fuera, de esta forma fue que el Reino Unido se convirtió en el octavo país del mundo en permitirle a sus mujeres ser partícipes de las elecciones en las urnas. Gracias a la labor de Kate Sheppard, Nueva Zelanda sería el primer país en aprobar el sufragio femenino en 1893, seguido de Australia en 1902, y Finlandia en 1906. Notar que Estados Unidos esperaría hasta 1919, y las francesas tendrían que esperar aún más, y apenas acabada la Segunda Guerra Mundial le dejarían a sus mujeres presentarse en las votaciones.</p>
<p>A las <em>Suffragette </em>las estamos viendo recientemente en películas, series, libros y documentales que han querido recordar a estas mujeres y destacar la importancia que tuvieron para la gran conquista que todavía hoy seguimos sin obtener, que es la de conseguir emparentar en todos los espacios de nuestras vidas la condición, indiferente, de haber nacido hombre o haber nacido mujer.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-90634" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/07/260.-LAS-SUFFRAGETTES-300x158.jpg" alt="LAS SUFFRAGETTES" width="300" height="158" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 26 Jan 2024 18:57:21 +0000</pubDate>
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        <title>Katharine Hepburn (1907-2003)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/katharine-hepburn-1907-2003/</link>
        <description><![CDATA[<p>Nació en Connecticut, en una familia prestante, acaudalada, de padres que abogaban por ciertos cambios de la estructura social, de pensamiento reformista. Su madre era una destacada activista feminista que llegó a dirigir la Asociación de Sufragio Femenino de Connecticut, y que lideraba campañas de advertencia respecto al deber de controlar la natalidad. En su [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Nació en Connecticut, en una familia prestante, acaudalada, de padres que abogaban por ciertos cambios de la estructura social, de pensamiento reformista. Su madre era una destacada activista feminista que llegó a dirigir la Asociación de Sufragio Femenino de Connecticut, y que lideraba campañas de advertencia respecto al deber de controlar la natalidad. En su infancia Katharine asistiría junto a ella a varias manifestaciones y mítines que despertarían desde niña su visión progresista y liberal. Esta crianza, que Hepburn agradece haber tenido, le inculcaría la libertad de pensamiento y la llevaría desde niña a empaparse de historia, arte y cultura, compartiendo con sus padres las obras de Ibsen o George Bernard Shaw y entablando debates sobre temas políticos y sociales. Le gustaba llevar el pelo corto como los hombres y que le llamaran “Jimmy”, como si fuera un niño; imitaba a los varones vistiendo pantalones de hombre, y sería su padre quien la pondría a la par del macho respecto a las destrezas físicas, enseñándole a nadar, bucear, cabalgar y luchar, y a practicar deportes como el tenis y el golf, este último en el que lograría algunas conquistas menores. Pero gustaba del cine y del teatro, quería ser actriz. Sus primeras tentativas vendrían por iniciativa propia, una vez convocara a algunos vecinos y montara ella misma pequeñas piezas teatrales, por las que cobraba una entrada a los padres por valor de 50 centavos, y cuyo recaudo estaba destinado a la comunidad del Pueblo Navajo. Un suceso marcaría la vida entera de la que un día se convertiría en la estrella más grande de Hollywood de todos los tiempos. Sucedería en abril de 1921, cuando Katharine encontró a Tom, su hermano más querido, colgado de una soga y sin vida, en un episodio que nunca se dilucidó si se trató de un juego fallido o de un ahorcamiento voluntario. La actriz asumiría la fecha del cumpleaños de su hermano como la fecha de su nacimiento, y tendrían que pasar setenta años para que develara el secreto que todos desconocían. La tragedia la llevó a abandonar sus estudios en la Kinswood-Oxford School para tomar clases privadas, y tres años más tarde volvería al claustro académico luego de haber ganado una beca en el Bryn Mawr College. Cuatro años más tarde se graduaría como Licenciada en Historia y Filosofía y, al día siguiente, sin espera, decidida, viajó a Baltimore para realizar su vocación más honesta de convertirse en actriz. De inmediato encontró un papel en la obra teatral, <em>The Czarina</em><em>, </em>y cuya actuación fue tildada por la crítica como “notable”, y a pesar de que su voz un tanto chillona generara descontento en los espectadores. Para solucionar este inconveniente, Hepburn se desplaza a New York y trabaja su fonética con un profesor particular, afianzándose en dicción y pronunciación y encarando cada vez más segura el camino hacia el estrellato. Su temperamento impulsivo y dominante le valdrían desde su debut el apócope de “La Zarina”. En su segunda obra de teatro su actuación no fue para nada convincente y no le permitieron seguir haciendo parte del proyecto. Interpreta a una colegiala en un obra de poco éxito, y un par de semanas después, a sus 21 años, abandonará los tablados para contraer matrimonio con un hombre ocho años mayor, Ludlow Ogden Smith, antiguo compañero universitario y empresario de Filadelfia, y con quien pronto comprendería que lo suyo no era el hogar, los planes de familia, la relación matrimonial, y no vacilaría para regresar a los escenarios, interpretando un personaje en la obra de teatro <em>Holiday,</em> y con la cual estaría comprometida durante los siguientes seis meses. Katharine le daría prioridad a su carrera, y a pesar de que las obras en las que participaría durante los siguientes tres años tuvieran críticas como: “Se ve un espanto, su actitud es inaceptable y no tiene talento”; y aquel director que se excusaría de no contratarla: “Para ser brutalmente sincero, usted no era muy buena”. Poco a poco la relación de pareja comenzó a enfriarse, y luego de cuatro años acabarían por divorciarse, pero esto no fue impedimento para que mantuvieran una estrecha relación de amistad hasta la muerte de Ludlow, en 1979. Hepburn confesaría sentirse siempre apoyada por su primer y único marido, y que incluso sería éste quien precipitaría su decisión de separarse, alentándole a continuar con su deseo más anhelado. “Fue él quien quizás preparó el camino para la ruptura al decirme que con mi talento podría conseguir lo que me propusiera.” En sus memorias, la actriz confiesa haberse aprovechado de alguna forma de este amor, comportándose con Ludlow como “un terrible cerdo.” Desde su divorcio, Katharine Hepburn asumió la tarea única de convertirse en actriz, renunciando a volver a casarse, y mucho menos a concebir hijos. En 1932 la obra <em>The warrior’s husband </em>significó el despegue de su carrera. El personaje requería estar en una condición física óptima, ya que desde el primer acto tendría que saltar de una escalera, llevando al hombro un ciervo y vistiendo una diminuta túnica color plata. La crítica del momento diría acerca de la prometedora actriz: “Han pasado muchas noches desde la última vez que una actuación tan brillante iluminó la escena de Broadway.” La obra se presentó durante tres meses en el Teatro Morosco, en Broadway; y sería en una de sus funciones donde un cazatalentos repararía en ella y la propondría a la famosa productora RKO para la película <em>A bill of divorcement</em><em>. </em>El director, George Cukor, creyó ver en Hepburn a “una extraña figura… no se parecía a nadie que hubiera oído jamás”, confesando que fue el movimiento fluido que hizo la actriz al tomar un vaso ése gesto natural que acabaría por convencerlo: “Pensé que era muy talentosa en ese movimiento.” El productor, el reconocido David O. Selznick diría que fue un “enorme riesgo” el jugársela con una actriz completamente desconocida. Pese a todo esto, y convencida de su talento, la actriz no tendría reparo en pedir en su contrato un salario de U$6.000 mensuales, y decir que venía ganando menos de U$500 mensuales con la compañía teatral. La productora consideró que finalmente su apuesta era por una actriz distinta, un poco salida de lo convencional, desafiante, y no perdería el juego, ya que la película sería un éxito en taquilla y la actriz protagonista, debutante, recibiría el aplauso del público y de la crítica, y por lo que RKO le propondría a Hepburn para que firmara con ellos un contrato a largo plazo. A partir de ese momento el director George Cukor se convertiría también en su amigo, y en su larga trayectoria alcanzarían a compartir el rodaje de una decena de películas. Ese mismo año, con su segunda película,<em> Christopher strong, </em>la actriz sería considerada por la crítica como “una personalidad distinta, firme y auténtica”, y a pesar de que la película no generara mayores ingresos de taquilla. A esta película le siguió <em>Morning glory</em>, de ese mismo año, y en donde la actriz le dio vida a la aspirante a actriz, Eva Lovelace, y cuyo guion vio de casualidad sobre el escritorio de un productor, y al echarle una ojeada pensó que el papel le sentaría como anillo al dedo, por lo que no dejó de insistir para que se lo dieran a ella. No se equivocó, siendo así que, con apenas 26 años, y tras filmar apenas tres cintas, Katharine se alzaba con la codiciada estatuilla del Oscar (ceremonia a la que asistiría solamente en una ocasión). Todo parecía indicar que su carrera, que apenas comenzaba pero en la que ya se había consagrado en lo más alto, prometería en adelante un sinfín de éxitos y por el resto de su vida. Y así parecía luego de encarnar ese mismo año a Jo en la adaptación cinematográfica de <em>Little women</em><em>, </em>que no sólo se convertiría en uno de los grandes éxitos de la industria del cine hasta el momento, sino que le valdría el reconocimiento a la Mejor Actriz en el Festival de Cine de Venecia. Se sintió alcanzar la cumbre con este papel, uno de sus preferidos de toda su carrera, y esto dijo de su interpretación: “Desafío a cualquiera a que sea tan buena ‘Jo’ como yo lo fui.” Y pese a que todo parecía ya un camino de rosas, los siguientes filmes constituyeron un verdadero fracaso en taquilla y la imagen de la gran actriz de Hollywood comenzó a decolorarse. En 1934 filmará con RKO la película <em>Spitfire, </em>en la que será una de sus peores interpretaciones<em>. </em>Respecto a esta película, Hepburn confiesa haber conservado el poster publicitario pegado a las paredes de su cuarto, como un recordatorio de “humildad”. Para ese momento se le ocurrió que podría ponerse a prueba como actriz si regresaba a demostrarlo en vivo y sobre las tablas de un escenario de teatro. Fue así como aceptó el ofrecimiento de un director teatral venido a menos, y por un sueldo irrisorio se comprometió con la obra <em>The lake, </em>que en un comienzo se presentó en Washington, DC, y unas semanas después en New York, y que no resultó para nadie atractiva, deslustrando aún más la carrera actoral de Katharine. No aceptó continuar con una gira de burlas, negándose a llevar la obra a Chicago y prefiriendo pagar al director U$ 14.000 por renunciar a su contrato. RKO le propone protagonizar dos películas que no lograron ningún tipo de trascendencia: <em>The little minister </em>de 1934, y al año siguiente el drama romántico <em>Break of hearts</em><em>. </em>Ese mismo año cobra nuevos bríos luego de interpretar a una mujer codiciosa que aspira escalar en su estatus social en la película <em>Alice Adams, </em>uno de sus roles favoritos, y que le valió su segunda nominación a los Premios de la Academia. A Hepburn se le dio la posibilidad de ser ella quien eligiera su próximo proyecto, y para 1935 comparte por primera vez el plató con Cary Grant en la película <em>Sylvia Scarlett, </em>de su amigo el director George Cukor, y que no gozaría del agrado del público pese a las tantas expectativas. Al año siguiente un par de películas que tampoco tendrían éxito: <em>Mary of Scotland</em><em>, </em>y en donde Hepburn encarnaría a la legendaria María Estuardo, y la película <em>A woman rebels</em><em>. </em>Ese mismo año audicionó para el papel de Scarlett O’Hara en lo que se convertiría en un clásico del Séptimo Arte: <em>Lo que el viento se llevó. </em>El productor David O. Selznick le confesaría más tarde que la descalificó porque le faltaba el poderío sexual de otras actrices, y “no puedo ver a Rhett Butler persiguiéndote durante doce años”. Parecía que en su carrera se avecinaba el debacle. Esto no sólo por la falta de espectadores que antaño colmaban los cines para ir a verla, sino porque su personalidad estaba chocando con el público y quizás esta fuera también la razón de su descontento. Su carácter imponente desafiaba continuamente a la prensa, mostrándose en ocasiones irrespetuosa en sus declaraciones, y negándose muchas veces al cariño de los fanáticos que se acercaban a ella para pedirle un autógrafo. No gustaba de dar entrevistas, y por estos motivos era conocida en el gremio como “Katharine de Arrogancia”. La caracterizó siempre el hacer las cosas a su manera, saltándose protocolos y riñendo con el sistema que regía en el Hollywood de aquel entonces, confrontando a periodistas y rechazándolos para que no estuvieran entrometiéndose en sus intimidades, y siguiendo unas costumbres que poco contrastaban con la clásica y superficial estrella de cine. No le gustaba asistir a galas y en pocas ocasiones visitaba un restaurante, y sin embargo confesaría que siempre disfrutó secretamente el que los medios no la hubieran olvidado nunca. Nadie podría negar que se trataba de toda una celebridad, pero no por ello gozaba del aprecio de todos. A muchos les parecía escandalosa sus maneras un poco masculinas, que reflejaba en un estilo de vida en donde conducía camionetas, solía prescindir de maquillaje y vestía ropa informal, poco glamurosa, descomplicada y de un estilo más bien varonil, y que siempre acababa imponiéndose como una moda entre las tantas mujeres que veían en Hepburn el vivo ejemplo de la mujer empoderada y reconocida en un mundo timoneado por hombres. De hecho, el Consejo de Diseñadores de Moda de Estados Unidos le otorgó un premio en reconocimiento a su destacada influencia dentro del ámbito de la moda femenina. Siempre dijo abiertamente lo que opinaba con respecto a cualquier asunto, y esto le valdría más de un contradictor y enemigo: “Soy una personalidad como así también soy una actriz. Muéstrame a una actriz que no sea una personalidad y me mostrarás a una mujer que no es una estrella.” Apoyaba las ideologías de políticos socialistas -aunque nunca se confesara partidaria de los ideales comunistas-, y desde inicios de la década de los cuarenta sería incluida en el listado del Comité de Actividades Antiestadounidenses por mostrar su oposición al brote fanático de anticomunismo. No se andaba con medias tintas, defendía abiertamente a las minorías y a todo tipo de pensamiento liberal. Se mostraba a favor del derecho al aborto, y se preocupaba, como su madre, por el control de la natalidad y por el sufragio femenino. “Yo soy atea y eso es todo. Creo que no hay nada que podamos saber excepto que debemos ser amables con los demás y hacer lo que podamos por otras personas”, dijo en una entrevista. Era practicante de los principios de <em>Reverencia por la vida</em> descritos por el Nobel de Paz Albert Schweitzer, pero no promulgaba ninguna doctrina ni creía en el “más allá”, y por su firmeza en estas declaraciones contestatarias, la Asociación Humanista Estadounidense la premiaría con el Humanist Arts Award. Una dama notablemente elegante, espigada, cuello fino y pómulos angulosos, un poco ajeno a la belleza impactante de otras actrices coetáneas, y sin embargo su plus estaría siempre en su espíritu imponente y en el poderío que desplegaba con su talento. Su voz sería uno de sus mayores distintivos, una voz como de emperatriz, afianzada en sus textos, convencida de lo que debía decir y a pesar de que hiciera de tímida, y siempre verosímil. Sus movimientos medidos, inteligentes y enérgicos, ya fueran pausados o ágiles. Te hacía reír. Era cómica, chistosa cuando tenía que serlo, dramática todo el tiempo. Diferente, femenina, muy mujer, a la que se le notaba eso que llamamos pasión. Se mezclaba al extremo en cada uno de los proyectos en los que participaba, y en ocasiones se pasaba de entrometida sugiriendo a los guionistas o proponiéndole al director cómo debía dirigir y al vestuarista cómo vestirla. Escenografía, iluminación, fotografía, tenía que ver con todo y en especial con lo suyo: actuar. Calculadora, ensayaba cada uno de sus gestos y desplazamientos; no olvidaba jamás sus textos, e incluso se le reconocía porque solía memorizar también las líneas de sus compañeros de reparto, de los cuales alguno diría: “Trabajo, trabajo, trabajo. Puede trabajar hasta que todos caigan rendidos.” Se hacía controladora y muchos de sus compañeros se quejaban de su talante de “mandona”, y una de sus amigas la comparaba con una “maestra”. “Choco con gente tan peculiar de alguna manera, aunque no termino de entender por qué. Por supuesto, tengo un rostro angular, un cuerpo angular y, supongo, una personalidad angular que golpea a la gente.” Para ese entonces la actriz se definía como una “persona yo, yo y yo.” Pese a todo esto, nadie dijo nunca que no mantuvo siempre un sentido de cordialidad y compostura, culta, irónica y controvertida, humana y humilde. Debido a su creciente impopularidad, Katharine abandona Hollywood y el cine para probarse nuevamente en las tablas, esta vez en la adaptación teatral de la novela <em>Jane Eyre</em>, con la que realizaría una exitosa gira por el país, pero la cual no se presentaría nunca en Broadway. Para ese momento Howard Hughes, el dueño de RKO -productora con la que la actriz había realizado la mayoría de sus filmes-, puso los ojos en la estrella más incandescente de la industria, y fue entonces cuando comenzaron un intenso amorío. El magnate llegaría incluso a proponerle matrimonio, pero la actriz había tomado la determinación de enfocarse únicamente en sus proyectos laborales y no ceder nunca más a la tentación de casarse, y así lo cumplió. Pese a su determinación, las siguientes cuatro películas serían nuevamente un fracaso en taquilla: en 1937 <em>Quality Street </em>y <em>Damas del teatro </em>(esta última coprotagonizada por Ginger Rogers), y para 1938 de nuevo junto a Cary Grant en la comedia <em>Bringing up baby (La fiera de mi niña), </em>y <em>Vivir para gozar, </em>de ese mismo año<em>.</em> Luego de esta seguidilla de tropiezos el público no la perdonaría y sería incluida por la crítica como una de las actrices consideradas por la industria como “veneno de taquilla”. Para ese momento también se romperá la relación que venía manteniendo con Hughes, y así mismo no quiso involucrarse en una quinta decepción, rechazando la próxima película con RKO y pagando U$75.000 como sanción por incumplimiento de contrato. Esta jugada solamente podía permitírsela quien tuviera el poder y la fortuna de Katharine Hepburn, que para 1938 ya Columbia Pictures le habría ofrecido protagonizar por tercera vez junto a Cary Grant, esta vez en la película basada en la obra teatral <em>Holiday</em>, una comedia que la crítica calificaría de forma benévola, pero que alcanzó un buen número en taquilla. El siguiente proyecto que le ofrecían empezaba a mostrar una reducción considerable de su salario, por lo que prefirió ausentarse de momento de los estudios de cine para batirse otra vez de cara al público. En 1940, con la obra teatral <em>The Philadelphia story</em><em>, </em>Katharine regresará victoriosa para demostrar la gran actriz que parecía haberse perdido en los años anteriores. Junto a James Stewart, la obra se iría de gira por varios Estados logrando más de 400 funciones, y un tiempo después una segunda gira lograría presentarse cientos de veces más, convirtiéndose en una de las obras más exitosas de la década que recién comenzaba, y logrando batir récord de taquilla en el emblemático Radio City Music Hall. Tanto fue el éxito de la obra, que la RKO se animó a llevarla al cine al año siguiente, valiéndole a Hepburn una tercera nominación al Oscar, así como el New York Film Critics Circle Award en la categoría de Mejor Actriz. La crítica del momento consagraba así su redención: “Volvamos hacia atrás, Katie, todo está perdonado.” Esta apuesta representó para Hepburn un verdadero resurgimiento: “Le di vida y ella me dio de nuevo mi carrera”, diría respecto a su personaje, para luego seguir apostándole al mundo teatral con la exitosa obra <em>Sin amor</em>, un guion escrito para ella y que fue por dieciséis semanas consecutivas un contundente éxito taquillero. En 1942 Hepburn se da el lujo de elegir su siguiente proyecto, esta vez con la Metro Goldwyn-Mayer, sin sospechar que más allá del éxito que le valdría su cuarta nominación al Oscar, la gran conquista tras el filme <em>La mujer del año </em>sería la aparición de quien sería su coprotagonista en otras tantas películas, y así también como en la vida real, en una extraña relación amorosa que se prolongó por más de 25 años, hasta la muerte del actor. Spencer Tracy tenía 41 años cuando conoció en el plató a su compañera de reparto, una actriz siete años menor que ella, de talante lésbico y con sus uñas sucias, diría tiempo después. Por otro lado, a la coprotagonista le pareció enseguida un tipo “irresistible”. Sea como fuera, la pareja congenió, y en adelante la vida de ambos estaría estrechamente ligada. Hepburn parecía querer de un hombre en su vida, como alguien a quién cuidar, y quizás lo más conveniente sería un colega, un hombre casado, y con quien tuviera un compartir que, muchos cuestionan, no trascendió nunca a los asuntos carnales. La carrera actoral de Hepburn durante la década de los cuarenta declinó considerablemente, en gran parte por entregarse a los cuidados de su compañero sentimental, un tipo ansioso que no podía dormir y que tenía problemas con la bebida. La pareja evitaba ser vista en público, queriendo en lo posible preservar su intimidad. Y a pesar de que la relación era conocida por todos, y año tras año un motivo diferente de escándalo, Tracy permaneció casado, y por su parte Katharine jamás intervendría en su matrimonio, manteniéndose alejada de la esposa de Tracy y respetando siempre un distanciamiento, que incluso mantendría al no asistir al entierro de quien también fuera el amor de su vida. A pesar de que no convivieron juntos, la pareja parece haber llevado una historia de amor de la que igual quedará el registro fílmico que los unió en nueve películas. El amorío serviría como una excusa para que los hombres se mantuvieran al margen y no anduvieran codiciando a la actriz, y a ambos serviría para desmentir en parte lo que tanto se especuló siempre sobre sus inclinaciones sexuales: que ambos eran homosexuales. Lo cierto es que Katharine estaba “ciegamente enamorada” del actor, tal cual lo diría una de sus más íntimas amigas, y así también lo confesaría ella, luego de que se atreviera a tocar en público el tema de su amor con Tracy, y toda vez que la esposa de éste falleciera. Ella lo consentía como a un hijo depresivo, desdibujando esa actitud de mujer independiente y empoderada que todos conocían, y siguiendo los caprichos de un ser al que Katharine definió como a un hombre “torturado”, pero al que nunca dejó de amar. “Fue un sentimiento único el que tuve por Spencer. Habría hecho cualquier cosa por él”, confesó. Decía no saber por qué su tanto amor por este hombre, y que no supo ciertamente cuáles eran los sentimientos de Tracy hacia ella: “Sólo puedo decir que nunca podría haberlo dejado… pasamos 27 años juntos que fueron para mí la felicidad absoluta”. Por haber trascendido las pantallas, esta larga aventura es recordada como una de las más legendarias del cine. La evidente química desprendida entre Tracy y Hepburn parecía desbordarse a todas luces desde el telón de la pantalla. El público lo notó desde el primer encuentro y así mismo la industria, por lo que sería la Metro Goldwyn-Mayer la que tomó ventaja reuniéndolos en 1942 para la película <em>La llama sagrada. </em>Un año más tarde Hepburn figuró en un simple cameo en la película <em>Stage door canteen</em><em>. </em>Un año más tarde protagonizó el filme de alto presupuesto, <em>Dragon seed, </em>y para 1945 vuelve a reencontrarse con Tracy en la exitosa película basada en la obra teatral <em>Sin amor. </em>En 1946 grabó <em>Undercurrent</em><em>, </em>y un año después se desplaza al Viejo Oeste estadounidense para rodar su cuarta película con Tracy: <em>The sea of grass, </em>y que al igual que las otras películas donde aparecían juntos, ésta también sería un éxito en taquilla tanto a nivel nacional como internacional. Ese mismo año, luego de exigirse en el piano para interpretar a Clara Schuman en el filme <em>Song of love, </em>Hepburn empezaría a destacarse como una figura progresista, al declararse opositora del creciente movimiento anticomunista que estaba gestándose en Hollywood. Estas declaraciones la alejaron de las salas de cine por nueve meses, hasta que se le ofreció remplazar a Claudette Colbert en la película <em>State of the Union</em><em>, </em>de la cual ya estaba enterada dado que el coprotagonista sería su adorado Spencer Tracy. El éxito estaba garantizado, y para 1949 reaparecerían juntos y por tercer año consecutivo en una película que Katharine definió “perfecta para Tracy y para mí”: <em>La costilla de Adán. </em>Por ese entonces la actriz se mudaría a California, y allí daría inicio a una relación sentimental con el que fuera su representante, Leland Hayward, quien pese a estar casado le propondría a Hepburn que se divorciaría de su mujer si ella accedía a casarse con él. La relación duró cerca de cuatro años, tiempo en el cual la actriz, convencida de empeñar sus esfuerzos vitales para consagrarse en su carrera, no declinó en su promesa de permanecer alejada de los compromisos matrimoniales: “Me agradaba la idea de ser una personalidad autónoma”, manifestó años más tarde, consciente de que la maternidad implicaba dedicar un tiempo con el que ella, sencillamente, no contaba en esta vida que eligió: “Habría sido una madre terrible… básicamente porque soy un ser humano muy egoísta.” En enero de 1950 encarna al personaje de Rosalind en la obra de Shakespeare, <em>As you like it, </em>queriendo demostrarse a sí misma que podía batirse con lo más clásico de la dramaturgia: “Es mejor probar algo difícil y fracasar que actuar segura todo el tiempo”, decía luego de haber celebrado casi 150 funciones en el Teatro Cort de New York. Y pese a esto de probar nuevas cosas, a partir de entonces se dedicará a interpretar, casi con exclusividad, personajes que le sentarán perfectamente ya que parecieran retratarla a ella misma. En 1951 se desplazará al Congo y rodará junto a Humphrey Bogart su primera película en Technicolor, <em>The African Queen, </em>experiencia de la cual luego publicaría unas breves memorias, con anécdotas como aquella de que estuvo a punto de abandonar el rodaje por haber enfermado de disentería. Por esta interpretación Hepburn sería nominada por quinta vez a los Premios Oscar, y representó su primer éxito de taquilla desde la vez que se vio con su coprotagonista predilecto en <em>The Philadelphia story. </em>En 1952 volverá la fórmula ganadora Hepburn-Tracy con el filme <em>Pat and Mike</em>, que sería como todas las demás en las que estarían juntos un gran éxito de taquilla y una de las más recordadas del dúo ganador. Esta actuación le significaría a Katharine una nominación al Globo de Oro a la Mejor Actriz Comedia-Musical. Ese mismo año se trasladará a West End, Londres, y estará durante las próximas diez semanas participando de la obra escrita por George Bernard Shaw, <em>The millionairess. </em>Pese a confesarse nerviosa al comienzo de cada función, la obra sería un éxito en taquilla, e incluso la actriz intentó de forma infructuosa que la propuesta fuera llevada al cine. En ese momento se tomará dos años de descanso antes de retomar para 1955 con la película <em>Summertime, </em>un film grabado en Venecia y cuyo personaje ya parecía la apuesta reiterada de Hepburn, la de una mujer solterona y solitaria que encontrará su aventura de amor, y pese a lo cual recibiría una vez más la postulación para el Premio de la Academia, y para muchos la mejor interpretación de su carrera. Yendo y viniendo entre el teatro y el cine, al año siguiente se embarca en otro proyecto sobre las tablas, realizando una exitosa gira por Australia con la compañía teatral Old Vic, encarnando a Portia en <em>The merchant of Venice, </em>a Kate en <em>The taming of the shrew </em>y a Isabella en <em>Measure for measure. </em>Al año siguiente volverá a ser nominada al Oscar por la película que protagonizaría junto a Burt Lancaster, <em>The rainmaker</em>, y en donde nuevamente hacía de una “solterona necesitada de amor” y a la que ya el público reconocía con facilidad. Se estaba dejando encasillar en el mismo y repetido papel y ella lo sabía de sobra: “Me estaba interpretando a mí misma. No fue difícil para mí recrear a esas mujeres porque yo soy la tía soltera.” A Katharine se le criticó muchas veces su falta de versatilidad al momento de elegir sus papeles, por lo mucho que se parecían y contrastaban con su personalidad y hasta con su vida. Pocas veces se alejó de la mujer refinada, adinerada, a veces antipática, fuerte, segura de sí misma, inteligente, y sin embargo vulnerable en cierto grado y hasta el punto de ser humillada, en lo que algunos decían se trataba de “la fórmula para el éxito de Hepburn.” Ella misma admitiría que en su momento empezó a sentirse cómoda con cada uno de estos personajes y así lo reconoce en una entrevista: “Creo que soy siempre la misma. Tenía una personalidad muy definida y me gustaba el material que mostrara esa personalidad.” Ese mismo año de 1956 rodaría la que fuera considera por ella misma como la peor película de su vida, la inmemorable adaptación de la comedia <em>Ninotchka, </em>y que se titularía <em>The Iron Petticoat</em>, y un año después volvería al refugio seguro de Tracy protagonizando otra película juntos después de cinco años sin compartir el set: <em>Desk set. </em>Se distanciará dos años de las pantallas para reaparecer en la adaptación al cine de la novela de Tennessee Williams, <em>Suddenly, last summer, </em>y en donde compartiría el protagónico junto a la también legendaria Elizabeth Taylor, y que Hepburn describió como una “experiencia completamente amarga”. Filmada en Londres, la actriz no supo entenderse con el director Joseph L. Mankiewicz, y acabaría escupiéndole el rostro como una forma de manifestar su descontento en medio de una pelea. A pesar de la amarga experiencia, el filme sería aplaudido por el público y la crítica, y una vez más Katharine sorprendía al ser nominada al Premio Oscar por su interpretación de la siniestra Violet Venable. Este momento representó el momento de maduración de la actriz, que según su biógrafo describirá como “el período en el que realmente fue hacia sí misma”. “Se creo a sí misma para sobrevivir y prosperar en Hollywood. Y para ello tuvo que reinventarse no una, sino varias veces”, comentaría algún crítico, resaltando la capacidad de Hepburn para caer y ponerse de pie, soñar y frustrarse, sobreponerse, reinventarse y volver a triunfar una y otra vez, ser todas las mujeres en el cine y en la vida misma. “Ese terrible personaje que yo inventé”, sería como se describió. Vuelve al teatro presentándose con éxito en el American Shakespeare Theatre de Stratford, Connnecticut, encarnando a Beatrice en la obra teatral <em>Much ado about nothing, </em>a Viola en <em>Twelfth night </em>y a Cleopatra en <em>Antony and Cleopatra. </em>En 1961 Tennessee Williams escribió el guion de <em>The night of the iguana </em>pensando en que la actriz podría darle vida a su personaje, pero a pesar de sentirse alagada, Katharine fue honesta al rechazar la propuesta por no sentirse identificada con un papel que a la postre acabaría interpretando Bette Davis. Para 1962 Hepburn decidió aceptar un salario muy por debajo de lo que acostumbraba, queriendo desafiarse en la versión cinematográfica de <em>Long day’s journey into night, </em>basada en la obra teatral de Eugene O’Neil. Este papel sería uno de los que más le costaría interpretar, así como uno de sus preferidos y para varios el mejor de su carrera. El filme tuvo gran éxito y de nuevo sería nominada a la codiciada estatuilla de la Academia, y así mismo sería candidata en la categoría de Mejor Actriz en el Festival de Cine de Cannes. Hepburn dijo que esta película era “la más grande obra que este país haya producido jamás”. Katharine se confesaba orgullosa por haberle dado vida a Mary Tyrone, una adicta a la morfina y que ella describiría como “el papel femenino más desafiante en el drama estadounidense.” En la década de los sesenta Katharine ya no estaría tan activa como hasta entonces, y esto no porque le faltaran los alientos ni menos las ganas de continuar rodando películas y presentándose en los más destacados escenarios de todo el mundo, sino para cuidar la frágil salud de su inseparable amigo, quien debido a una enfermedad cardiaca se notaba cada vez más cercano a la muerte. Katharine se mudó a casa de Tracy ya que éste vivía solo desde hacía varios años, y a pesar de que nunca se divorciaría. Rodarían una última película juntos y la que fuera también la más exitosa de todas, <em>Guess who’s coming to dinner</em><em>, </em>y a cuya grabación Spencer Tracy sobreviviría apenas dos semanas. Hepburn tuvo que esperar 34 años para que esta vez se alzara con su segunda estatuilla del codiciado premio, dedicándolo por supuesto a la memoria de Tracy, cuyo nombre no dejó de figurar nunca arriba en la pantalla, por debajo del nombre de Katharine Hepburn y porque así mismo ella lo deseaba. Katharine confesaría después de sus ochenta años que aún no se había atrevido a ver la película. Luego de hacer una pausa durante meses, la actriz retoma su vida y elige uno de los tantos guiones que le ofrecieron durante su ausencia, y es así como la veremos en la Abadía de Montmajour, al sur de Francia, junto a Peter O’ Toole en la película <em>The lion of Winter, </em>encarnando a la legendaria Leonor de Aquitania y en un rol que consideró como “fascinante”, y que para muchos superaba todos sus trabajos anteriores. El filme estuvo opcionado a ganar el Oscar en casi todas las categorías, incluyendo a la Mejor Actriz, siendo ésta la tercera vez que Hepburn se alzaba con el premio, y esta vez por segunda vez consecutiva. Antes de terminada la década la veremos en <em>The madwoman of Chaillot</em><em>, </em>para luego retomar las tablas de Broadway en un musical sobre la vida de Coco Chanel, un reto en el que tendría que cantar, siendo que no era ése su fuerte. Sin embargo la obra tuvo una gran acogida y la crítica sería benévola con ella: “Lo que carecía en eufonía lo compensaba en agallas.” Katharine confiesa con su ironía particular que esta sería la primera vez que se sintió amada y apoyada por el público, y su actuación le valió una nominación al Premio Tony en la categoría a la Mejor Actriz de Musical. Reacia en un principio a participar en filmes para la televisión, la mayoría de sus proyectos en adelante se concentrarían en este género. En 1973 la veremos debutando en la pantalla chica con una producción de Tennessee Williams, <em>The glass Menagerie. </em>Todos querían verla desde sus casas, el rating registró lo más alto en audiencia y su papel de la trastornada Amanda Wingfield le valdría la nominación al Premio Emmy. Un año después, y ya más cordial y abierta con el mundo, Hepburn sorprende a todos presentándose a la gala de los Premios Oscar por vez primera en su vida. Lo haría para entregar a Lawrence Weingarten el premio en memoria de Irving Thalberg. El público se puso de pie tan solo verla, y ella aprovechó para bromear: “Estoy muy contenta de no haber escuchado a nadie gritar: ‘ya era hora’”. Dos años más tarde probaría de nuevo en esta modalidad con la película <em>Love among the ruins, </em>y esta vez sí se alzaría con el Premio Emmy. Antes de regresar al tablado con la obra <em>A matter of gravity, </em>Hepburn rodará junto a John Wayne la película de vaqueros <em>Rooster Cogburn. </em>Durante su gira sufriría una fractura de cadera, pero siguió presentándose en vivo en una silla de ruedas, y para ese mismo año es condecorada con el People’s Choice Award. En 1978, luego de tres años de ausencia, regresa al cine para filmar el fracaso que representó la película <em>Olly olly oxen free, </em>y en la cual Hepburn confesó haber participado ya que en una de las escenas su personaje tendría que montar en globo. Porque uno podría imaginar que esto era lo único que le faltaba a Katharine Hepburn en la vida, pero no, porque todavía quedaría un sinnúmero de triunfos y homenajes. En 1979 regresa a la televisión con la última película que rodaría con el director George Cukor, <em>The corn is green</em>, esta vez en Gales, y por la que sería nominada por tercera ocasión en los Premios Emmy. Ese año, indiscutible para cualquiera, la gran estrella es incluida en el Salón de la Fama del American Theatre, además de haber sido laureada por el Sindicato de Actores con un premio por su Trayectoria. Por aquellos días Katharine comenzaría a mostrar indicios de Parkinson, pero esto no la detendría para seguir cosechando éxitos, y la enfermedad no logró afectarla más que si acaso al final de sus días con un ligero cabeceo continuo, más no así sus capacidades mentales y cognitivas. La actriz decide tomarse un tiempo, y por esos días presenciará una obra teatral presentada en Broadway y de la cual quedaría prendida. Se propuso llevar al cine la producción <em>On golden pond </em>por la intensidad de sus personajes, una pareja de ancianos haciendo hasta lo imposible por sobrellevar sus días, y cuyo personaje femenino parecía ideal para ella. La actriz Jane Fonda era quien tenía los derechos de la obra, y sería ella misma quien le ofrecería el papel a Hepburn para que compartiera el protagonismo con su padre, el ya veterano y aclamado Henry Fonda. A los 74 años vemos a Katharine sumergiéndose en Squam lake y cantando a todo pulmón, exigiéndose a todo nivel, y su actuación destacaría nuevamente como una de las mejores de su carrera, representando para ella su cuarto Premio Oscar, y hasta el día de hoy la única en conseguir tal hazaña. Recibió su segunda nominación al premio BAFTA y en taquilla la película sería también un éxito, convirtiéndose en la segunda película con más espectadores del año de 1981. Inagotable, ese mismo año interpreta sobre el escenario a una alentada anciana en la obra teatral <em>The west side waltz, </em>y por la que sería nominada por segunda vez al Premio Tony. El <em>The New York Times </em>comentaba por esos días: “Una cosa misteriosa que incuestionablemente ha aprendido a hacer es a respirar vida en líneas que no la tienen.” La estrella que era Katharine brillaba con más luz que todas las demás de esa constelación hollywoodense, y así lo demostró una encuesta llevada a cabo por la revista <em>People, </em>que una vez más y por elección del público la homenajeaba con el People’s Choice Award. En 1984, junto a Nick Nolte, protagonizará una comedia negra que parecía prometer pero que en realidad quedaría para el olvido, y un año después se propone producir un documental sobre la vida de su querido Spencer Tracy. “He tenido suerte, he amado y he sido amada. ¿Verdad, Spencer?”, decía delante de las cámaras a un busto de arcilla del actor. Los años siguientes estaría dedicada a películas para la televisión que tuvieron poca trascendencia pero que mantuvo siempre activa a la actriz, que luego de culminar un proyecto amenazaba una y otra vez con que esta vez sí que sería el último. Y sin embargo regresaba una y otra, y otra vez. Su papel en <em>Mrs. Delafield wants to marry </em>de 1986 le valdría otra postulación al Emmy, y para 1988, ya casi octogenaria, compartirá el plató con su sobrina nieta en la comedia <em>Laura Lansing slept here</em><em>. </em>Para 1991 el mundo se enterará de sus más secretas revelaciones luego de la publicación de sus memorias, y que durante ese año encabezaría el listado de los <em>best-seller</em>: <em>Me: stories of my life. </em>Allí nos contaría sobre una relación furtiva con el realizador John Ford, un hombre casado, alcohólico y depresivo por el que cambiaría toda vez conociera al tipo casado, alcohólico y depresivo que era Spencer Tracy. En 1992 regresa a la televisión compartiendo el set de grabación con Ryan O’Neal en <em>The man upstairs</em><em>, </em>actuación que le valdría la nominación al Globo de Oro. Ya pasados los ochenta años la leyenda viva continuaba todavía muy viva, y así lo muestra en el documental que realizaron sobre ella en 1993, <em>All about me</em>, y en donde aún se le notaba enérgica practicando el tenis y nadando, desenvolviéndose con encanto en una nueva pasión que la tenía obsesionada, la de pintar, y mostrando una faceta más reposada para darse finalmente a conocer sin las obsesiones del pasado. Para ese momento comenzarían los achaques de la vejez, y sin embargo en 1994 la veríamos en su última aparición televisiva en la película <em>One Christmas</em><em>, </em>por el que recibiría una nominación al Premio del Sindicato de Actores, para despedirse de las cámaras ese mismo año, a sus 87, con <em>This can’t be loved</em>, y en donde junto a la compañía de Anthony Quinn, Katharine interpretaría a un personaje poco exigente que para muchos volvería a tratarse de sí misma, y que incluso estaría inspirada en su propia vida. Ese mismo año, seis décadas después de haber ganado su primera estatuilla del Oscar, aparecerá por última vez en <em>Love affair</em><em>, </em>siendo esta la única vez que participará en una película con un rol secundario, aparte de aquel cameo de la película<em> Stage door canteen. </em>No descansó hasta el día de su retiro, luego del cual se trasladó a Old Saybrook, Connecticut, y durante sus últimos años estaría en compañía de su biógrafo de cabecera, Scott Berg, a quien le estaría contando durante casi dos décadas los pormenores de su vida con todas sus principales anécdotas, y que sería recogido en un libro publicado, según lo convenido por Hepburn, una vez ya estuviera ella muerta: <em>Kate remembered</em><em>. </em>En 1996 una neumonía la llevaría a ser hospitalizada, y para el año siguiente se vio en un estado que a muchos le pareció crítico, mostrando unos primeros indicios de demencia senil. Sin embargo viviría más de un lustro para gozar de los tantos honores que el mundo le tenía reservado por sus tantos méritos. En 1999 el American Film Institute reconoce en esta actriz a la “mayor estrella femenina de todos los tiempos en la historia de Hollywood.” Abrazaba un final glorioso: “No le temo a la muerte. Debe de ser maravillosa, como un largo sueño.” Y resulta difícil imaginar que algún día moriría, que, si no era ella, nadie más podría alcanzar la eternidad. Cuesta creer que así fue, que a mediados de 2003, a los 96 años, Katharine Hepburn muere en Fenwick, Connecticut, debido a un tumor maligno en su garganta. Conforme a lo que había manifestado, no se llevó a cabo ninguna clase de ceremonia religiosa, y según lo dispuesto por su voluntad sus restos serían inhumados en el Cedar Hill Cemetery, en Hatford, junto a los de su hermano Tom. También había dicho que sus pertenencias fueran subastadas y tras lo cual la familia recaudaría casi seis millones de dólares. Después de su muerte el presidente George W. Bush dijo que Hepburn “será recordada como uno de los tesoros artísticos de la nación”. Y de ella se dijo ya todo: que su estilo de vida “rompió el molde” de lo convencional en la industria de Hollywood, aportándole “una nueva visión de las mujeres”, representando de cualquier forma a la “mujer moderna” del siglo XX. “Hay mujeres, y además está Kate. Hay actrices, y además está Hepburn”, apuntaban los periódicos. “Una mujer asertiva de la que las mujeres puedan aprender y observar”, diría la prensa; y un director comentaba así sobre su legado principal: “Lo que nos trajo fue un nuevo tipo de heroína -moderna e independiente-. Era hermosa, pero no se fio de eso.” Finalmente destacar esta otra nota: “Más que una estrella de cine, Katharine Hepburn fue la santa patrona de las mujeres estadounidenses independientes.” La consagración la obtendría luego de 66 años de carrera, tras la cual aparecería en 52 películas (8 de ellas para la televisión) y en más de una treintena de obras teatrales. Se permitió explorar distintos géneros y representar las más exigentes piezas de los principales dramaturgos estadounidense de su época y de los clásicos de todos los tiempos. Doce veces candidata al Premio de la Academia, Katharine Hepburn con sus cuatro estatuillas es la más ganadora de todos los tiempos. Insuperable, la número uno, sobran los motivos para reconocer en Katharine Hepburn a la más grande estrella del cine. Ícono cultural, ejemplo de feminidad, Hepburn es sin dudarlo una de aquellas mujeres que cambiaron al mundo debido a su influencia ejemplar dentro de su género. Y así se lo hizo sentir el mundo cuando estaba viva y también después de muerta. Unos días después de su muerte, y durante toda una noche de julio, las calles y los teatros de Broadway apagarían sus luces como un tributo que le rendían a la reina de las actrices. Parques y avenidas que llevan su nombre, monumentos que la recuerdan, instituciones en pro del movimiento feminista, la Medalla Katharine Hepburn que es otorgada cada año a las “mujeres cuyas vidas, trabajo y contribuciones encarnen la inteligencia, el manejo y la independencia de la actriz ganadora de cuatro premios Oscar”. Libros, artículos, reseñas, películas, obras teatrales, documentales y biografías sobre ella. Su obra está expuesta en galerías y exhibiciones, como ocurre permanentemente en el Centro de Artes Culturales Katharine Hepburn, lugar de formación actoral y un museo que recuerda a la actriz, o en la Biblioteca de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Biblioteca Pública de New York en donde se mantiene la principal colección de pertenencias de la mítica actriz. Su imagen aparece en un sello postal que homenajeaba a las “Leyendas de Hollywood”, y en el 2015 el British Film Institute compiló el enorme material completo de todo su inmenso legado. ¿Premios? Los ganó todos, y en todas partes, y repitió muchas veces, dejándonos también las mejores películas de todos los tiempos. Colmada de todos los honores, decía satisfecha de una vida envidiable por cualquier mortal: “Me gusta la vida y he sido muy afortunada, ¿por qué no habría de ser feliz?”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 22 Sep 2023 19:34:00 +0000</pubDate>
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        <title>Florence Nightingale (1820-1910)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Criada en la fe anglicana, Florence testimoniaba desde niña que Dios le había hecho un llamado claro y desde entonces mantendría en firme su vocación: se convertiría en enfermera. Cuenta que a sus 17 años, mientras se encontraba en Embley Park, escuchó con claridad ese llamado divino que signaba su misión y su destino. Es así como contrariando la voluntad de sus padres y de las costumbres del momento, donde la mujer estaba consagrada a la crianza de los hijos y al cuidado de su marido, Florence consigue estudiar enfermería, y antes de cumplir sus 25 años ya es una capacitada en su campo. Dado su condición de clase alta, y gozando de un dote mensual de 500 libras que le proveía su padre, Florence no prestó importancia a dos propuestas matrimoniales que tuvo por aquella época, y prefirió dedicarse al cultivo de su propio intelecto, por lo que en busca de experiencias y conocimientos realizó viajes por Francia, Italia, Suiza, Grecia, siendo muy significativa su experiencia en tierra de los faraones. De este viaje escribirá algunas memorias acerca de la riqueza cultural egipcia, además de testimoniar ese llamado divino, cuando relata que estando en Tebas había sido “llamada a Dios”, y cinco días más tarde en El Cairo nos cuenta: “Dios me llamó en la mañana y me preguntó si haría el bien en su nombre, sin buscar reputación.” En 1851 se interesó por los tratamientos de asistencia que los luteranos adelantaban con la Institución Kaiserswerth del Rin para el Entrenamiento Práctico de Diaconisas. Allí permaneció durante cuatro meses recibiendo un entrenamiento que inspiraría y fortalecería su vocación de enfermera, y luego se acercaría a las Hermanas de la Caridad del hospital Saint Germain, cerca de París, donde continuaría sus prácticas como voluntaria. En 1853 es nombrada como superintendente del Instituto para el Cuidado de Señoras Enfermas con sede en Londres. En octubre de 1854 Nightingale y un grupo de treinta ocho enfermeras voluntarias a las que ella había entrenado, y entre las que se contaba su tía Mai Smith, partieron con destino hacia el Imperio Otomano, concretamente donde se llevaba a cabo la conocida Guerra de Crimea. Las heroínas atravesaron más de quinientos kilómetros del mar Negro, desde Balklava, en Crimea, y hasta llegar a la base de operaciones británicas del cuartel de Selimiye, en Scutari, actualmente el distrito de Üsküdar, en Estambul. Florence denunció las pésimas condiciones en las que estaban siendo atendidos los heridos, muchos de ellos muriendo por la falta de higiene y la propagación de enfermedades infecciosas como el tifus, la fiebre tifoidea, la cólera y la disentería. Resaltó la falta de ventilación y la precariedad de los sistemas de desagüe sanitarios como otro causante que afectaba el buen desempeño. Un sistema carente de recursos, equipamiento y medicamentos, instalaciones hacinadas de pacientes, y un tratamiento que la experimentada enfermera consideraba inadecuado. La enfermera tomó cartas en el asunto, y luego de su estancia en Crimea el índice de mortalidad disminuyó considerablemente de un 42% a un 2%, y todo gracias a su gestión médica. Apenas llevaba poco más de un año y ya su labor, destacada por todos, le valió el reconocimiento de una asamblea convocada con el ánimo de homenajearla, y en la cual se recogerían fondos para el entrenamiento de nuevas auxiliares de enfermería. Por esos días el diario <em>The Times </em>le dedicó un artículo en el cual se refería a ella como a un “ángel guardián”, y cómo su presencia había contribuido enormemente en la salud y el cuidado de los enfermos. Florence adquirió una fama a nivel mundial, conocida como “La dama de la lámpara” (apodo que surge del poema <em>Santa Filomena </em>que Henry Wadsworth Longfellow le dedicaría), por ser su costumbre la de salir con una lámpara para dar sus rondas nocturnas y vigilar a sus pacientes enfermos. Sin embargo Florence no gustaba de adulaciones y prefirió siempre mantenerse anónima, en una labor clandestina, y fue así como queriendo evadir la prensa que la ensalzaba, regresó a Inglaterra bajo el nombre falso de Miss Smith. Una vez en Londres, Nightingale presenta un detallado informe a la Comisión Real para la Salud en el Ejército, justificando las razones de tanta mortandad en los campos de asistencia y evaluando un listado de reformas que sería pertinente ejecutar. Hacia 1857 Florence comenzará a sufrir un trastorno depresivo que fue acrecentándose con el pasar de los años, y a pesar de que en varias ocasiones se vio en la obligación de guardar reposo, nunca desaprovecharía su vitalidad, y su condición psicológica no le impidió continuar con sus tantas empresas. En 1858 presentó una serie de informes detallados respecto a la condición sanitaria en las zonas campestres de la India, proponiendo varias iniciativas ante la Comisión Real, y que luego de haber sido tomadas en consideración y haber sido aplicadas, redujo la mortandad de los soldados y luego de una década pasaron de reportar de 69 a 19 muertos por cada mil hombres. Disponiendo de un fondo de 45.000 libras, para 1859 Florence inaugura en el hospital Saint Thomas la Escuela de Entrenamiento Nightingale, y que en la actualidad se llama Escuela Florence Nightingale de Enfermería y Partería, haciendo parte del King’s College de Londres. Seis años más tarde las primeras enfermeras egresadas comenzarían a trabajar en la Enfermería Liverpool Workhouse, y pasado un tiempo ya se habían dispersado por toda Gran Bretaña. Además ayudaría en la construcción del hospital Real Buckinghamshire de Aylesbury, y no solamente recogiendo fondos sino también en la planeación del mismo, proponiendo un modelo moderno con sistema de ventilación, corredores amplios, escaleras y armarios, y la dotación más completa que permitiera operar en las mejores condiciones. Para ese año de 1859 da a conocer sus <em>Notas sobre enfermería: qué es y qué no es, </em>un libelo pionero en cuanto a su contenido, y que sirvió como una pieza fundamental en la enseñanza de la enfermería, convirtiéndose en un texto obligatorio en las escuelas de formación. En algunas de sus notas se lee: “La observación indica cómo está el paciente, la reflexión indica qué hay qué hacer, la destreza práctica indica cómo hay que hacerlo. La formación y la experiencia son necesarias para saber cómo observar y qué observar; cómo pensar y qué pensar.” Este escrito no sólo sustenta el pensamiento y la filosofía del oficio de auxiliar de enfermería, sino que además reivindicó la figura de la enfermera, a quien solía tratársele como a una subalterna ignorante y desconocedora de la ciencia médica, y en adelante la imagen de la enfermera empezó a ser vista con gran respeto, dándole a su oficio el puesto digno que merece en nuestra historia, y no en vano se le conoce como la “fundadora” de la enfermería. También escribió <em>Notas sobre hospitales </em>y <em>Notas que afectan la salud, la eficiencia y la administración hospitalaria del Ejército Británico. </em>Nightingale tendría la fortuna de tener un padre educado en Cambridge que la instruyó en filosofía e historia, la llevó a descubrir a Euclides y a Aristóteles y a interesarse por asuntos políticos, además de enseñarle algunos idiomas como el italiano, el griego y el latín, pero lo que resultó más inusual es que también haya interesado a su hija por el mundo de las ciencias exactas, especialmente la aritmética, la geometría y el álgebra. De niña, Florence coleccionaba conchas marinas y llevaba registros minuciosos, anotaciones y un sistema organizado de listas y tablas y que un día la llevarían a calcular con precisión los fenómenos sociales a partir de mediciones de análisis estadísticos. Aficionada a las matemáticas, a Florence se le reconoce haber presentado sus informes estadísticos por medio de representaciones visuales y gráficos que expliquen la información. Para presentar sus datos se valió del método práctico de un gráfico circular, que hoy es conocido como diagrama de área polar o como “Diagrama de la rosa de Nightingale”. Por medio de estos diagramas Florence ilustró a los miembros del parlamento británico respecto a la mortandad de los soldados en las instalaciones que dirigía durante la Guerra de Crimea, facilitando la comprensión de los tradicionales reportes estadísticos que muchos no entendían. En 1859 Florence Nightingale es la primera mujer en ser elegida como miembro de la Royal Statiscal Society, así como miembro honorario de la American Statiscal Association. Para 1860 Florence introduce el servicio de enfermería a domicilio en Inglaterra e Irlanda, logrando de esta manera llegar a cada rincón donde hiciera falta la presencia de una enfermera. Esta iniciativa fue el fundamento para que cuatro décadas después de su muerte se constituyera el Servicio Nacional de Salud Británico. En 1860 saca a la luz una obra de 829 páginas dividida en tres volúmenes, <em>Suggestions for thought to searchers after religious truth, </em>un escrito que es considerado como su propia “teodicea”, y en donde se permite preguntarse cómo es posible la existencia de un Dios que condena a sus hijos a una eternidad de castigos infernales, mostrando su inclinación a ese pensamiento de la época al que se llamó “reconciliación universal”. De dicho libro se destaca el ensayo titulado <em>Cassandra, </em>donde se permite interrogar a la mujer que pese a tener una buena formación educativa básica, finalmente se somete a perpetuar la tradición de dedicar su vida a las labores del hogar. Tampoco quiso ser monja, pero su entrega al servicio desinteresado por el prójimo fue plena; y ya sea por una fuerte convicción religiosa, ya sea por la moral imperante, varios historiadores se atreven a afirmar que Florence se mantuvo casta durante toda su vida. Se entregó a un destino en el que creyó siempre con convicción férrea, el destino de amparar a los débiles, preguntándose además si su labor habrá sido en vano y su voz desoída, tal como le sucedía al personaje mítico de la princesa troyana Casandra. Solía rodearse de hombres y preferir la compañía masculina, siendo notable su amistad con Charles Dickens y con John Stuart Mill, e incluso se refería a sí misma como a un “hombre de acción” o un “hombre de negocios”. Sin que fuera su propósito, Nightingale sentó las bases para el naciente movimiento feminista, sirviendo como un ejemplo de la mujer que responde con autodeterminación, rebelándose a cumplir con sumisión un destino que otros eligen por ella y sin que le importara fallar a las más arraigadas costumbres patriarcales. Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja, dice haberse inspirado en el trabajo de Nightingale durante la Guerra de Crimea: “A pesar de que soy conocido como el fundador de la Cruz Roja y el promotor de la Convención de Ginebra, es a una dama que todo el honor de esa convención es debido.” Para 1870 se encargó de instruir a Linda Richards, quien sería enviada a Estados Unidos y en donde sería conocida como la “Primera enfermera entrenada de América”, consiguiendo difundir el legado de Nightingale a territorio norteamericano y hasta llegar a tierras japonesas. Adelantada a su época, y antes de la aparición de Louis Pasteur, para 1880 ya Florence había redactado un par de escritos donde examinaba a fondo la necesidad de tomar medidas higiénicas y de sanidad para combatir y eliminar los gérmenes. Hacia 1882 la reputación de las “ruiseñores” (término con el que se les conocía a las enfermeras educadas en la Escuela de Entrenamiento Nightingale, dado que Nightingale significa “ruiseñor”) gozaban de gran prestigio por su alto grado de conocimiento, su dedicación y compromiso, además de la pasión que les fue inculcada por su labor, y muchas de estas enfermeras terminaron dirigiendo centros hospitalarios en Gran Bretaña y Australia. En 1883 Florence recibe la Real Cruz Roja de manos de la reina Victoria, y una década más tarde se creará el Juramento Nightingale, que es el que deben rendir los graduandos de enfermería. Para 1887 ya su escuela contaba con más de quinientas enfermeras graduadas y más de cuarenta se habían convertido en directoras de hospitales. En 1907 recibe la Orden de Mérito del Reino Unido, convirtiéndose en la primera mujer en recibir dicha distinción, y un año más tarde le serían otorgadas las Llaves de la Ciudad de Londres. Dicen que en sus labores había sido contagiada por la fiebre tifoidea, que había contraído brucelosis, y aparte de un trastorno depresivo con el que tuvo que lidiar durante toda su vida; pero finalmente su trabajo como enfermera llegaría a su fin, y esto sólo podría ser posible si le visitara la muerte. Sucedió en agosto de 1910, a la edad de 90 años. Discreta como fue en vida, después de muerta la familia impidió que le enterraran en el prestigioso cementerio de Westminster, al lado de figuras notables como Isaac Newton o Rudyard Kipling. En 1912 el Comité Internacional de la Cruz Roja reconocerá cada año a los más destacados auxiliares de enfermería con la Medalla Florence Nightingale. En 1915 se erigió en Waterloo Place, en Londres, el Monumento de Crimea, y en donde podemos apreciar su figura esculpida. En el Hospital Saint Thomas de Londres se encuentra el Museo de Florence Nightingale, donde actualmente funciona la primera escuela de enfermería fundada por esta pionera, además de otro museo en la casa de su hermana, Claydon House, propiedad de National Trust, y otro museo más en Estambul, en la torre más al norte de las Barracas de Selimiye. La antigua Constantinopla también la honrará en 1954 con una placa de bronce suscrita en el pedestal del Memorial a la Guerra de Crimea en el cementerio Haydar Pashá, y que dice lo siguiente: “A Florence Nightingale, cuyo trabajo cerca de este cementerio un siglo atrás trajo alivio al sufrimiento humano y sentó las bases de la enfermería como profesión.” También en Estambul encontramos cuatro hospitales que llevan su nombre, y entre ellos el hospital privado más grande de Turquía. Los luteranos la consideran una “Renovadora de la sociedad”, su nombre figura en entre las celebraciones del Calendario de Santos luterano, y en la comunión anglicana se la homenajea con un día festivo de su año litúrgico. Así también son varias las fundaciones a nivel mundial que llevan su nombre. En Anápolis, Brasil, se destaca la escuela de enfermería Florence Nightingale, y su leyenda ha quedado plasmada en novelas, obras teatrales, documentales, biografías, películas, cómics y series televisivas. Una nave espacial de la serie <em>Star Trek </em>lleva su nombre, también tiene su <em>servant </em>en el juego para <em>Smartphones, Fate Grand Order, </em>y cuyo personaje figura como alguien con el poder de curar a los enfermos. A pesar de que no le gustaba ser fotografiada, y menos retratada en pintura, su imagen portando una lámpara entre los heridos de la Guerra de Crimea se ha vuelto icónica y han sido varios los pintores que han evocado a Florence Nightingale a través de este cuadro. Su efigie también apareció en los billetes que circularon en el Reino Unido desde 1975 y hasta 1994. Queriendo mantener vivo su legado, el Día Internacional de la Enfermería se celebra el día de su cumpleaños, y en el aniversario de su natalicio, dado un trastorno neurológico que pudo afectarla a lo largo de su vida, se instauró el Día Internacional de la Concienciación de las Enfermedades Neurológicas e Inmunológicas Crónicas. Queda un recuerdo de su voz, cuando fue registrada en una grabación fonográfica de 1890 y que es conservada por la British Library Sound Archive. La escuchamos decir: “Cuando ya no sea siquiera una memoria, tan sólo un nombre, confío en que mi voz podrá perpetuar la gran obra de mi vida.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 06 Jan 2023 07:03:19 +0000</pubDate>
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        <title>Los lagos y acuíferos más grandes del planeta   </title>
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        <description><![CDATA[<p>Del lado de los lagos tenemos al Lago Superior como el más grande del mundo, con una extensión de casi 80.000 Km2. En segundo lugar está el Lago Victoria, seguido por otros dos pertenecientes al sistema de los Grandes Lagos de Norteamérica, el Hurón y el Michigan. El sexto puesto lo ocupa el lago africano [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Del lado de los lagos tenemos al Lago <strong>Superior</strong> como el más grande del mundo, con una extensión de casi 80.000 Km2. En segundo lugar está el Lago <strong>Victoria</strong>, seguido por otros dos pertenecientes al sistema de los Grandes Lagos de Norteamérica, el <strong>Hurón</strong> y el <strong>Michigan</strong>. El sexto puesto lo ocupa el lago africano de <strong>Tanganica</strong>, y muy cerca lo acompaña el lago siberiano del <strong>Baikal</strong>. El Lago <strong>Aral</strong>, que más parece un mar y que se le conoce como tal, ocupa el séptimo puesto.</p>
<p>Del lado de los acuíferos la extensión subterránea de agua dulce más grande del mundo está bajo la parte oriental del desierto del Sahara. <strong>El Sistema Acuífero de Piedra Arenisca de Nubia</strong> cubre más de dos millones de Km3, y se estima que puede contener cerca de 150.000 Km3 de agua. También al <strong>Norte del Sahara</strong> hay escondida una gran reserva de agua con más de 1.000.000 de Km3 de extensión. Y hacia el suroeste de Libia la Cuenca de <strong>Murzuq</strong> cuenta con un poco más de 700.000 Km3. Y es también bajo el continente africano donde se encuentran las vastísimas cuencas de <strong>Illuermenden </strong>y <strong>Taoudeni</strong>.</p>
<p>Al interior de Australia, y ocupando una cuarta parte del subsuelo, la <strong>Gran Cuenca Artesiana</strong> es la única fuente de agua pura confiable para gran parte del país. Además de la reserva de casi 400.000 Km3 que comprenden las aguas subterráneas de<strong> Canning Officer</strong>.</p>
<p>El tercer lugar lo ocupa el gigantesco reservorio natural que se extiende por debajo de la superficie suramericana: <strong>El Acuífero Guaraní</strong> constituye una de las fuentes más prístinas de agua dulce de nuestro planeta.</p>
<p>En Norteamérica hallamos el gigantesco y sobreexplotado <strong>Acuífero de Ogallala</strong>, y en Asia el <strong>Acuífero</strong> <strong>Saudí</strong> está conformado por otros acuíferos ocultos bajo el sector sur de la península arábiga.</p>
<p>Fuente: latercera.com / univision.com</p>
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        <author>Bastián Baena</author>
                    <category>300 GOTAS</category>
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        <pubDate>Fri, 02 Feb 2018 07:28:39 +0000</pubDate>
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        <title>Cenotes, los hoyos de agua   </title>
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        <description><![CDATA[<p>En algunas regiones encontramos como una especie de pozos naturales a los que se les ha clasificado con el nombre de cenotes. Los más famosos los ubicamos a lo largo de las penínsulas de la Florida y de Yucatán, así también como hacia el otro extremo del mundo, en las prometedoras tierras australianas. Los cenotes [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>En algunas regiones encontramos como una especie de pozos naturales a los que se les ha clasificado con el nombre de cenotes. Los más famosos los ubicamos a lo largo de las penínsulas de la Florida y de Yucatán, así también como hacia el otro extremo del mundo, en las prometedoras tierras australianas.</p>
<p>Los cenotes se formaron durante los glaciares del Pleistoceno, en una época donde el nivel de los mares bajó considerablemente. Constituyen una compleja red fluvial subterránea donde el agua marina (de mayor densidad) acaba mezclándose con el agua dulce. A partir de cierta profundidad, el agua dulce entra en contacto con agua salada, en un proceso que recibe el nombre de haloclina.</p>
<p>En maya traduce “hoyo con agua”. Es literal. Se trata de un lago de origen cárstico, es decir, originado por meteorización química de algunas rocas solubles en agua como la caliza y el yeso. Cavernas con una estructura circular. Concavidades, dolinas, cámaras subterráneas que durante milenios se fueron llenando del agua infiltrada por las lluvias. A medida que el agua asciende en el interior de estos avernos, las estructuras de su techo comienzan a fragmentarse para abrirle paso al agua que quiere aflorar sobre la superficie.</p>
<p>Es así como los cenotes más jóvenes son aquellos que aún permanecen subterráneos, al semidescubierto, en el interior de una gruta. Con el paso del tiempo el agua hará colapsar su cúpula y el viejo cenote revelará los colores genuinos del agua alterada por efectos de la haloclina.</p>
<p>Lugares sagrados para la civilización maya, y en donde incluso se llevaban a cabo rituales de sacrificios humanos, están siendo rellenados con escombros o convertidos en pozos sépticos, el lugar a donde una nueva sociedad acude para celebrar el ritual de no saber qué tratamiento darle a sus residuos y desechos.</p>
<p>Fuente: xenotes.com / aquaworld.com</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-57188" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/06/cenotes.jpg" alt="Fotografía: aquaworld.com" width="275" height="183" /></p>
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        <author>Bastián Baena</author>
                    <category>300 GOTAS</category>
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        <pubDate>Wed, 21 Jun 2017 02:40:49 +0000</pubDate>
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